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Dios Creador

El documento describe la creación del mundo según la Sagrada Escritura, detallando los seis días de creación y el descanso de Dios en el séptimo. También aborda la interpretación de la creación por los Padres de la Iglesia, destacando la doctrina de la creación ex nihilo y la relación entre Dios, el Verbo y la creación. Finalmente, se menciona la enseñanza del Magisterio sobre la creación como un acto libre de Dios que establece un orden y bondad en el mundo.

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Dios Creador

El documento describe la creación del mundo según la Sagrada Escritura, detallando los seis días de creación y el descanso de Dios en el séptimo. También aborda la interpretación de la creación por los Padres de la Iglesia, destacando la doctrina de la creación ex nihilo y la relación entre Dios, el Verbo y la creación. Finalmente, se menciona la enseñanza del Magisterio sobre la creación como un acto libre de Dios que establece un orden y bondad en el mundo.

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DIOS CREADOR

1. La creación según la Sagrada Escritura

El primer día se separan la luz de las tinieblas. El segundo se escinden las aguas del cielo (las
nubes) de las aguas de la tierra (mares, océanos, ríos). El tercero se separan los mares y océanos
de la tierra firme y las plantas. El cuarto se crean el sol, la luna y las estrellas, de modo que
puedan diferenciarse el día y la noche. El quinto se crean las aves y los peces. El sexto se crean
los animales terrestres y el ser humano, hombre y mujer, aunque la forma en que se narran estos
acontecimientos varía en función del capítulo del Génesis que empleemos. Según el Génesis 1,
después de haber creado a los animales terrestres, Dios crea al ser humano, macho y hembra, a
imagen suya y como culminación de su obra. En cambio, según el Génesis 2, Dios crea primero
al hombre modelándolo en arcilla, después planta el jardín del Edén (con el árbol de la vida y el
árbol de la ciencia), más tarde da vida a los animales con la intención de que sirvan de compañía
al hombre, quien les va dando nombre uno a uno, y finalmente, viendo que ninguno de los
animales es semejante al hombre, le hace caer en un sueño profundo y tomando una de sus
costillas saca de ella a la mujer o varona. Para cerrar el ciclo el séptimo día Dios bendice su
creación y descansa1.

Pero citemos textualmente lo que dice la sagrada Escritura en el Génesis 1, 1s:

Día 1: Dijo Dios: «Sea la luz.» Y fue la luz.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, las
tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de
las aguas.
Dijo Dios: «Sea la luz.» Y fue la luz. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de
las tinieblas. Llamó a la luz «día», y a las tinieblas llamó «noche». Y fue la tarde y la
mañana del primer día.
(Génesis 1,1-5)

Día 2: Dios creó el cielo y el firmamento

Luego dijo Dios: «Haya un firmamento en medio de las aguas, para que separe las aguas
de las aguas.» E hizo Dios un firmamento que separó las aguas que estaban debajo del
firmamento, de las aguas que estaban sobre el firmamento. Y fue así. Al firmamento
llamó Dios «cielos». Y fue la tarde y la mañana del segundo día. (Génesis 1,6-8)

Día 3: Dios creó la tierra, el mar, la hierba y las plantas

1
GONZÁLEZ HERNANDO IRENE. La creación, Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. II, nº 3,
2010, 11-19.
Dijo también Dios: «Reúnanse las aguas que están debajo de los cielos en un solo lugar,
para que se descubra lo seco.» Y fue así. A la parte seca llamó Dios «tierra», y al
conjunto de las aguas lo llamó «mares». Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios:
«Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol que dé fruto según su
especie, cuya semilla esté en él, sobre la tierra.» Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba
verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está
en él, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana del tercer
día. (Génesis 1, 9-13)

Día 4: Dios creó el sol, la luna y las estrellas

Dijo luego Dios: «Haya lumbreras en el firmamento de los cielos para separar el día de
la noche, que sirvan de señales para las estaciones, los días y los años, y sean por
lumbreras en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra.» Y fue así. E hizo
Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que señoreara en el día, y la
lumbrera menor para que señoreara en la noche; e hizo también las estrellas. Las puso
Dios en el firmamento de los cielos para alumbrar sobre la tierra, señorear en el día y en
la noche y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y
la mañana del cuarto día. (Génesis 1,14-19)

Día 5: Dios creó los animales marinos y las aves

Dijo Dios: «Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en el
firmamento de los cielos.» Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo ser
viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su especie, y toda ave alada
según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y los bendijo Dios, diciendo: «Fructificad
y multiplicaos, llenad las aguas en los mares y multiplíquense las aves en la tierra.» Y
fue la tarde y la mañana del quinto día. (Génesis 1,20-23)

Día 6: Dios creó a los animales terrestres y al ser humano

Luego dijo Dios: «Produzca la tierra seres vivientes según su especie: bestias, serpientes
y animales de la tierra según su especie.» Y fue así. E hizo Dios los animales de la tierra
según su especie, ganado según su especie y todo animal que se arrastra sobre la tierra
según su especie. Y vio Dios que era bueno. Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a
nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del
mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se
arrastra sobre la tierra.» (Génesis 1,24-26)

Día 7: Dios descansó de todo el trabajo que había hecho

Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos. El séptimo día
concluyó Dios la obra que hizo, y reposó el séptimo día de todo cuanto había hecho.
Entonces bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra
que había hecho en la creación. (Génesis 2,1-3)

2. La creación en los Padres de la Iglesia

En este apartado queremos desarrollar la doctrina de los Padres de la Iglesia que


influyeron en el pensamiento de san Agustín, al momento de tratar sobre la creación.
Como Agustín es uno de los últimos Padres de la Iglesia, por lo tanto, cuenta con una
gran influencia por parte de sus antecesores.

a. Taciano.

Comienza resaltando la trascendencia del Dios creador, al que no escapa nada de lo


creado. «nuestro Dios no tiene principio en el tiempo; siendo él solo sin principio, es el
creador de todo el universo… Creador de los espíritus inmateriales y de las formas de la
materia misma. Dios es Padre de las cosas invisibles y sensibles. Le conocemos a través
de su creación y alcanzamos lo invisible de su poder por sus creaturas»2.

b. Teófilo

Contra la concepción de que la materia es eterna, presenta la doctrina de la creación ex


nihilo como doctrina específica del cristianismo: «Dios lo hizo todo de la nada, y
deshace la concepción de una materia eterna, al afirmar que nada puede ser coeterno
con Dios. Enfatiza también la libertad absoluta de Dios, cuando afirma: sin necesidad de
nada, quiso crear al hombre, para que fuera conocido a través de todas las cosas. Para el
hombre también hizo el mundo»3.

c. San Justino
2
SAYÉS J. A. Teología de la Creación, palabra, Madrid, 2002, 64- 65.
3
SAYÉS J. A. Teología de la Creación, palabra, Madrid, 2002, 66.
Parte de una teología del Logos, dice «que Dios ha organizado las cosas por su logos,
que concibió para esta obra. La generación del Logos parece ser la acción por la que,
Idos, antes de crear, pro su poder y su voluntad emite al Verbo como artífice de la
creación»4.

d. San Ireneo

Su doctrina esta centrada principalmente en refutar el dualismo gnóstico y la idea


pesimista de la creación, con una argumentación bíblicamente fundamentada en la
historia de la salvación, en la que no solo elabora la unidad del AT con el NT, sino que
identifica una unidad entre el Dios creador y redentor en clave cristológica. Su teología
es sobre todo inspiración paulina, de modo que la idea paulina de la recapitulación de
todas las cosas en Cristo será la clave de su grandiosa concepción de la cristología5.

Marción había manifestado que el Dios revelado por Cristo es distinto del Dios del
Antiguo Testamento. En respuesta Ireneo argumenta que Dios es uno y que una es
también la economía reveladora, porque un mismo y único Verbo de Dios es el que
preside la revelación en el Antiguo y el Nuevo Testamento.

La creación, por tanto, es el presupuesto necesario de la encarnación y no fruto de una


caída original. La materia no es eterna, sino que es fruto de la creación de la nada que
Dios ha hecho: «atribuir a la materia de los seres creados a la potencia y a la voluntad de
Dios de todas las cosas es creíble, aceptable y coherente. Es aquí donde puede afirmarse
con razón que lo imposible para loso hombres es posible para Dios. Los hombres no
pueden hacer una cosa a partir de la nada, sino únicamente a partir de una materia que
ya existe. Dios supera a los hombres en que él mismo aporta la materia de su obra, que
previamente no existía»6. Defiende claramente la liberad de Dios al crear.

Entre Dios y la creación no hay más mediador que el Verbo. El Verbo se halla ya
implantado en toda la creación como Verbo de Dios que dispone y gobierna todas las
cosas y que se ha hecho hombre en los últimos tiempos. Ve al Verbo operando ya al
inicio de la humanidad, de modo que, bajo su iluminación, la humanidad nace, crece y
madura hasta la plenitud de los tiempos. En la encarnación, la humanidad se hace
4
SAYÉS J. A. Teología de la Creación, palabra, Madrid, 2002, 66.
5
Cf. SAYÉS J. A. Teología de la Creación, palabra, Madrid, 2002, 69.
6
IRENEO DEL LION. Contra los Herejes. Exposición y refutación de la falsa gnosis, en Revista
teológica límense, vol. XXXIV, 2000, Lima, 2, 10, 4.
cuerpo de Cristo. Dado que el Padre el incognoscible, el Verbo es el que nos lo revela.
«el Padre, a quien ninguno de nosotros puede ver ni circunscribir, es conocido por el
Verbo, y como es inefable, este nos lo da a conocer» 7. Igual que el Verbo, el espíritu
Santo existía desde toda la eternidad y ambos son como las manos de Dios, con las que
el Padre forja todas las cosas.

Para Ireneo, la materia es buena por la creación y lo es también el hombre; pero en la


creación se halla ya presente el Verbo de Dios que, tras el pecado, viene a recapitular
todo. El mal y el dolor no proceden de un Dios malvado, sino del hecho de que la
creación no está aún acabada y del hecho de que el hombre introdujo en el mundo la
semilla del mal.

3. La creación en el Magisterio

De acuerdo con el Catecismo, Agustín sostiene que Dios es el origen de todo lo


existente, tanto en el cielo como en la tierra, abarcando lo visible y lo invisible. Para él,
la creación representa la base sobre la cual se edifican los planes divinos de salvación,
siendo el punto de partida de la historia redentora que encuentra su máxima expresión
en Cristo. «Inversamente, el Misterio de Cristo es la luz decisiva sobre el Misterio de la
creación; revela el fin en vista del cual, "al principio, Dios creó el cielo y la tierra"
(Gn 1,1): desde el principio Dios preveía la gloria de la nueva creación en Cristo
(cf. Rm 8,18-23)»8.

«En el principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1,1): tres cosas se afirman en estas
primeras palabras de la Escritura: el Dios eterno ha dado principio a todo lo que existe
fuera de Él. Solo Él es creador (el verbo "crear" —en hebreo bara— tiene siempre por
sujeto a Dios). La totalidad de lo que existe (expresada por la fórmula "el cielo y la
tierra") depende de Aquel que le da el ser»9.

Dios crea “de la nada”

7
Adv. Haer. 4, 6, 3.
8
Catecismo n. 280
9
Catecismo n. 290
«Creemos que Dios no necesita nada preexistente ni ninguna ayuda para crear» 10. La
creación tampoco es una emanación necesaria de la substancia divina 11. «Dios crea
libremente "de la nada»12

«¿Qué tendría de extraordinario si Dios hubiera sacado el mundo de una materia


preexistente? Un artífice humano, cuando se le da un material, hace de él todo lo que
quiere. Mientras que el poder de Dios se muestra precisamente cuando parte de la nada
para hacer todo lo que quiere»13.

Dios crea un mundo ordenado y bueno

Porque Dios crea con sabiduría, la creación está ordenada: "Tú todo lo dispusiste con medida,
número y peso" (Sb 11,20). Creada en y por el Verbo eterno, "imagen del Dios invisible"
(Col 1,15), la creación está destinada, dirigida al hombre, imagen de Dios (cf. Gn 1,26), llamado
a una relación personal con Dios. Nuestra inteligencia, participando en la luz del Entendimiento
divino, puede entender lo que Dios nos dice por su creación (cf. Sal 19,2-5), ciertamente no sin
gran esfuerzo y en un espíritu de humildad y de respeto ante el Creador y su obra (cf. Jb 42,3).
Salida de la bondad divina, la creación participa en esa bondad ("Y vio Dios que era bueno [...]
muy bueno": Gn 1,[Link].21.31). Porque la creación es querida por Dios como un don
dirigido al hombre, como una herencia que le es destinada y confiada. La Iglesia ha debido, en
repetidas ocasiones, defender la bondad de la creación, comprendida la del mundo material 14.

Dios transciende la creación y está presente en ella: Dios es infinitamente más grande
que todas sus obras (cf. Si 43,28): "Su majestad es más alta que los cielos" (Sal 8,2), "su
grandeza no tiene medida" (Sal 145,3). Pero porque es el Creador soberano y libre,
causa primera de todo lo que existe, está presente en lo más íntimo de sus criaturas: "En
él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17,28). Según las palabras de san Agustín,
Dios es superior summo meo et interior intimo meo ("Dios está por encima de lo más
alto que hay en mí y está en lo más hondo de mi intimidad") (Confessiones, 3,6,11).

Dios mantiene y conduce la creación

Realizada la creación, Dios no abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y


el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su
término. «Dios guarda y gobierna por su providencia todo lo que creó, "alcanzando con
fuerza de un extremo al otro del mundo y disponiéndolo todo suavemente" (Sb 8, 1).

10
Concilio Vaticano I: DS 3022
11
DS 3023-3024
12
Concilio de Letrán IV: DS 800; Concilio Vaticano I: DS 3025
13
Catecismo 296
14
Catecismo 299
Porque "todo está desnudo y patente a sus ojos" (Hb 4, 13), incluso cuando haya de
suceder por libre decisión de las criaturas»15.

4. LA CREACIÓN SEGÚN SAN AGUSTÍN

En su primera obra, el De Genesi contra manichaeos, redactado en Tagaste en 388, él se


había propuesto responder las objeciones que le presentaban los maniqueos a partir del
texto bíblico de la creación. Viendo que no se podía comprender de manera literal el
comenzó del Génesis, recurrió con mucha frecuencia a hacer con frecuencia una
exégesis alegórica para interpretar aquello que parecía imposible de explicar desde un
sentido literal. Sin embargo, esta iniciativa le había dejado una sensación de fracaso. Es
por ello que entre los años 400 y 414, mientras escribía el De Trinitate, inicio
paralelamente la redacción de los doce libros del De Genesi al Litteram. Estos libros
han sido titulados sobre el Genesis en un Sentido Literal, esto quiere decir, no está
escrito en forma alegórica, sino de acuerdo a la realidad de los acontecimientos 16.

En su escrito Del Génesis a la letra, Agustín emprende la exégesis del libro del Génesis.
Ello le permitirá exponer su visión sobre la creación ex nihilo. Manifiesta que crear, en
sentido propio, es "hacer todo de la nada, y es así que se dice «En el principio creó Dios
el cielo y la tierra»"30. Esto significa que Dios crea todo lo que es de la nada absoluta
(ex nihilo), sin que haya una materia previa para efectuar la obra creadora 31. «todo lo ha
creado de la nada, la materia informe y los demás seres modelados con ella» 17. No
obstante, el Maestro de Hales advierte del riesgo que se corre al malentender el
significado de la expresión nihil: ser creado es ser hecho de la nada en el sentido que la
creatura llega al ser después de no haber sido en absoluto 32, y no en el sentido que el no-
ser sea la materia ex qua Dios crea a los entes33, como si la nada fuera una sustancia
real, pues en ese caso la potencia divina no sería más que un agente demiúrgico al estilo
platónico18.

15
Concilio Vaticano I: DS, 3003
16
Cf. OROZ R. J – GALINDO R. J. A. El pensamiento de San Agustín para el hombre de hoy II.
Teología Dogmática, Edicep, Valencia, 2005, p. 268.
17
SAYÉS J. A. Teología de la Creación, Palabra, Madrid, 2002, 74. De Gen Contra Man 1, 6, 10

18
Verónica Benavides, La influencia de San Agustín en la doctrina de la creación de Alejandro de Hales,
scielo, Teol. vida vol.56 no.1 Santiago mar. 2015, 1- 15.
«Partiendo de los primeros versículos del Génesis, Agustín afirma que la expresión “En
el principio hizo Dios el cielo y la tierra” (Gn. 1,1) se refiere al Hijo en tanto origen de
todo lo que nace a la existencia, mientras que “dijo Dios hágase” alude al Hijo como
Verbo, forma perfecta que no cesa de hablar a las creaturas para sacada de su estado de
imperfección»19.

«nos dice que los nombres “cielo y tierra” denotan toda la creación: espiritual y corporal. Por
“cielo” entiende a los seres espirituales: los santos ángeles que, aunque mudables, fueron creados
en perfección y bienaventuranza desde siempre. Por “tierra” entiende a la creatura corporal.
Finalmente, supone que la expresión “tinieblas y abismo” menta el carácter informe de lo aún no
convertido al Creador. El “hizo Dios” indica el acto de informar la materia, la que por carecer
intrínsecamente de forma tiende a la nada, pero en tanto formada imita al Verbo eterno, con
quien el Padre pronuncia todas las cosas. El Verbo es substrato misterioso de todas las formas
que vemos en el mundo visible. Él llama hacia sí a las creaturas para hacerlas a imitación suya,
en un movimiento de conversión que es información. El “hágase” es palabra incorpórea,
pronunciada, desde luego, en un plano inefable donde es concebido lo que habría de existir en el
espacio-tiempo: El Verbo siempre está unido al Padre, y por Él el Padre pronuncia eternamente
todas las cosas, no con sonido de voz, ni por un pensamiento que transcurre en el tiempo, sino
por la luz de su Sabiduría»20.

Para Agustín Dios realizó toda su obra creadora en un solo instante (simul). Pero
continúa la de conservación y providencia a través de los siglos. En el primer momento
creó la materia informe y caótica y depositó en ella todos los gérmenes de dónde irán
saliendo los seres, conforme al modo y tiempo que previo y determinó en el primer
momento de la creación. De esta manera, la acción creadora de Dios se extiende a todas
las cosas presentes y futuras. Unas, como los minerales, las creó en el primer momento
en la forma que siempre habían de tener. Otras, como los vivientes, en germen, de
manera causal y potencial, para que fuesen llegando sucesivamente a la existencia
cuando les llegase su hora. Tenemos así una creación a la vez simultánea y sucesiva21.

Para Agustín, la creación implica que el universo, tanto visible como invisible, no surge
de la misma esencia de Dios ni proviene de una materia preexistente. En un acto único,
Dios otorga la existencia, permitiendo que lo que antes no era, llegue a ser. Esto se
relaciona con la idea metafísica de la contingencia radical, donde Agustín identifica la
característica esencial del mundo creado: su constante transformación, reflejo del paso
del no ser al ser. Mientras las criaturas existen en un estado de cambio, Dios permanece
inmutable.

19
Alfredo MALUF, Creación y razones seminales en san Agustín, Studium. Filosofía y Teología 32
(2013) 255-263, 255- 257.
20
Alfredo MALUF, Creación y razones seminales en san Agustín, Studium. Filosofía y Teología 32
(2013) 255-263, 255- 257.
21
FRAILE G. historia de la Filosofía II. El Cristinaismo y la filosof´pia patrística, primera escolástica,
BAC, Madrid, 2006, 215.
San Agustín conocía la teoría hilemórfica, pero para explicar el modo de la creación
acude a la teoría estoica de las razones seminales, que quizá conoció a través de Plotino.
A las formas o ideas ejemplares existentes en la mente dicha corresponden los gérmenes
o razones seminales que Dios introduce en el seno de la materia informe, y que se van
desarrollando en ella cuando les llega el tiempo determinado por Dios22.

Esta teoría agustiniana no debe interpretarse en sentido evolucionista. Las cosas no


salen unas de otras por transformación de las especies, sino que todas y cada una fueron
crea- das por Dios en el primer momento. Todas y cada una tienen su propia «razón
seminal» en la materia primitiva. Y cada una de ellas va saliendo de su propio germen a
su debido tiempo, cuando se dan las condiciones causales requeridas23.

La creación del hombre

Hay en San Agustín una indudable influencia del platonismo, aunque sin los excesos
que encontramos en Orígenes. Acepta que el hombre es un compuesto de cuerpo y
alma: «El hombre no es ni sólo cuerpo ni sólo alma; cuando ambos están unidos a la
vez, entonces es hombre»24. No acepta la idea de que las almas existan antes de la vida
ni la doctrina de la transmigración propuesta por Orígenes. Aunque se aparta de la
postura común entre los escritores cristianos, como Lactancio, quien sostiene que el
alma es creada directamente por Dios, adopta el traducianismo. Sin embargo, lo hace
principalmente por razones vinculadas a la fe en el pecado original, pues si cada alma
fuera creada directamente por Dios en cada individuo, sería imposible justificar la
transmisión del pecado de Adán. Según su perspectiva, solo el traducianismo, al afirmar
que el alma se origina en los padres, puede explicar esta herencia del pecado25.

«Con todo, hay en Agustín una tendencia dualista (que, quizá, se ha exagerado un tanto)
en la consideración de la dimensión concreta del sexo. San Agustín, como veremos más
adelante, si llama a la concupiscencia pecado en algún caso, es por metonimia, porque
proviene y conduce al pecado»26. El dualismo en el pensamiento de Agustín se
manifiesta especialmente en la primacía que otorga al alma, considerándola la parte
superior del ser humano, mientras que el cuerpo ocupa un lugar secundario. Con
22
FRAILE G. historia de la Filosofía II. El cristianismo y la filosofía patrística, primera escolástica, BAC,
Madrid, 2006, 215.
23
FRAILE G. historia de la Filosofía II. El cristianismo y la filosofía patrística, primera escolástica, BAC,
Madrid, 2006, 216.
24
AGUSTÍN. DE Civitatae Dei, 17, 7.
25
SAYÉS J. A. Antropología del hombre caído, el pecado original, 115.
26
SAYÉS J. A. La Creación. El misterio del hombre, Edicep, Valencia, 2007, 108.
frecuencia, sostiene que el alma emplea el cuerpo como un instrumento. Sin embargo,
un aspecto clave de su doctrina es el enfoque centrado en el pecado dentro de su
teología de la gracia, donde enfatiza más la dimensión relacionada con la caída del
hombre que su elevación espiritual. Además, reinterpretó la dicotomía entre la carne y
el espíritu, presentada por San Pablo, desde una perspectiva antropológica, en lugar de
limitarla a un contraste estrictamente teológico.

En todo caso, en la teología de Agustín no encontramos un dualismo radical: el cuerpo


es fundamentalmente bueno por haber sido creado por Dios y el alma no es una realidad
divina que provenga de Dios por emanación, sino una realidad también creada

la creación y el tiempo

El tiempo ha empezado con el mundo 27. Decir que el mundo ha sido creado no es
precisamente señalarle un origen temporal, un principio en el tiempo; es reconocer que,
por el hecho de ser creado en el tiempo, está compuesto de cambio, nacimiento y
muerte; y, puesto que está compuesto así, no existe absolutamente, no tiene en sí mismo
·SU principio; la existencia temporal que es la del universo, remite a un Principio
absoluto, Necesario, Eterno, de que depende. Es esta dependencia radical, la que traduce
la idea de Creación.

No lo creó en el tiempo, sino con el tiempo. El tiempo empezó en el momento mismo en


que el mundo comenzó a ser. El tiempo es la medida del movimiento, y no pudo, por lo
tanto, haber tiempo antes de que hubiera cosas mudables28.

Todas las cosas de este mundo no son, pues, más que por Dios. Y en este sentido el
Universo es creado. Dios es, pues, anterior a las criaturas, pero con anterioridad
ontológica, no cronológica. Esto es lo que San Agustín expresa todavía con palabras de
claridad y precisión notables.

Dios es anterior a la creación o tiempo. «No ·precedes en el tiempo -dice dirigiéndose a


él, San Agustín- tú precedes al tiempo; pues si en el tiempo tú precedieses al tiempo, no
precederías todo el tiempo. Pero tú precedes todos los tiempos pasados, desde la altura
27
Joseph MOREAU, El tiempo y la creación según San Agustín, ESPIRITU 13 (1964) 104-117, 1-5
28
FRAILE G. historia de la Filosofía II. El cristianismo y la filosofía patrística, primera escolástica, BAC,
Madrid, 2006, 214.
de tu eternidad presente; y tú dominas todos los tiempos por venir, precisamente porque
están por venir, y cuando ya habrán llegado pasarán, pero Tú eres siempre el mismo, y
tus años no fallar~ nunca. Nunca se van ni vienen tus años, pero los ·nuestros se van y
vienen; es preciso que se vayan para que otros vengan. Tus años son todos a la vez,
porque son -estables, no se van empujados por los que llegan, porque no pasan; pero los
nuestros no serán todos (su número no estará completo) más que cuando todos habrán
pasado y cuando ya nosotros no existiremos. Tus años no son más que un día y tu día no
es este día, sino un siempre hoy. Un hoy que no se coloca antes de un mañana, como
tampoco sucede a ayer: tu hoy es la eternidad. Por ello es coeterno a Ti Aquel que Tú
engendraste diciendo: Te he engendrado hoy. Tú has hecho todos los tiempos; por tanto,
antes que todos los tiempos Tú existes; pero antes de todos los tiempos no hay tiempo29.

«¿Qué es, pues, el tiempo? -pregunta San Agustín-. Si nadie me lo pregunta, lo sé, o por
lo menos imagino saberlo. Pero si he de contestar a quien me lo pregunta, ya no lo sé.>
Del tiempo se puede decir que nada nos es más familiar ni más incomprensible. Por lo
menos tenemos a su respecto una certeza: «que no habría ningún pasado, si nada pasase;
nada futuro, si nada viniese; nada presente, ni nada fuese30.

Si me represento el tiempo como se hace de ordinario en la vida corriente, en las


relaciones sociales, refiriéndonos al almanaque, o según se lo representa el científico,
especialmente el astrónomo, el tiempo aparece como una magnitud, una cantidad
medible, en la cual se pueden distinguir etapas. El tiempo representado ~e descompone
ahora, en tres partes: el pasado, el presente, el futuro. Pero de estas tres partes, una, ,el
pasado, ya no ·existe; la o~ el futuro, todavía no existe; ni una ni otra existen; ¿cómo
puede plantearse, pues, la pregunta de medir lo que no existe?31

Aún queda el presente: pero esta hora este minuto se descompone a su vez en un pasado
y en, un futuro; no hay finalmente presente sino en límite fugitivo entre pasado y futuro.
Para que esté presente fuese una magnitud medible, se requeriría una cierta extensión,
espacio; o, si se reduce a un punto, que por lo menos se pudiese situar este punto. Pero
no es así. Un presente que se pudiese situar; que no cayese en el pasado, Ya no sería
tiempo, sino eternidad. «Si, pues; para que el presente sea tiempo, debe perderse en el
pasado -concluye San Agustín (Con!. X, 14, 17)- ¿cómo se dice de él que es?, ya que la

29
Joseph MOREAU, El tiempo y la creación según San Agustín, ESPIRITU 13 (1964) 104-117, 1-5
30
Joseph MOREAU, El tiempo y la creación según San Agustín, ESPIRITU 13 (1964) 104-117, 1-5
31
Joseph MOREAU, El tiempo y la creación según San Agustín, ESPIRITU 13 (1964) 104-117, 1-5
condición para que sea es que ya no será. No $e le puede decir tiempo si no porque se
va al no ser»32

5. LA INTERPRETACIÓN DEL HEXAMERÓN Y LAS RAZONES


SEMINALES

Siguiendo la exégesis agustiniana, unas creaturas fueron terminadas en los seis díasy
otras preformadas seminalmente, de un modo invisible, potencial y causal, como futuro
aún no hecho33 . Pues bien, en esta creación ya están presentes las rationes seminales,
conformando un mundo pletórico de energía y fuerza (vis), llamado a desplegarse en el
tiempo. Así como en la semilla está invisiblemente lo que en sucesión temporal será
árbol, el mundo ha cobijado todas las creaturas en un amanecer primero. Dichas
creaturas, concebidas por el Creador, fueron presentadas en seis días, que no signifi can
sucesión temporal sino orden causal. A esta obra le seguirá la que conocemos y vemos
sucederse con el correr de “los días solares”. Así, de una manera obró Dios entonces,
cuando concluyó su labor, y de otra ahora; por lo tanto, cabe decir que aún trabaja

En este cuadro, en el que se pintan dos fases de la creación, el Hiponense logra


complementar otros dos relatos disímiles, esta vez referidos a la creación del hombre.
En efecto, por un lado, el hombre es creado el día sexto, varón y hembra, “a imagen y
semejanza de Dios” y, por otro, Adán es formado del polvo de la tierra y de su costado,
Eva9 . Pues bien, también aquí hay un obrar que se constituye sobre otro. Uno,
espiritual y atemporal, en el que se forma la sustancia del alma; otro, corporal y
temporal, en el que se forma el cuerpo de Adán del limo de la tierra. En la primera
creación, la especie humana es potencia causal, no engendrada por progenitores, pues el
hombre no vino a la vida aún, como habría de advenir en un futuro el género homo, tal
como lo conocemos ahora10. Ese hombre, en palabras de Agustín, no existió en edad
perfecta, ni como infante, ni como feto en el vientre, ni siquiera como simiente.
Empero, fue hecho a imagen de Dios y según razón causal.

32
Joseph MOREAU, El tiempo y la creación según San Agustín, ESPIRITU 13 (1964) 104-117, 1-5
33
Terminados el día primero fueron los ángeles, los cuatro elementos del mundo y el alma del hombre
antes de ser insufl ada en el cuerpo de Adán. Preformados fueron las semillas de los vivientes que habrían
de advenir en los siglos y el cuerpo de Adán con el cual se formaría el primer hombre.
Ahora bien, las creaturas visibles, a su vez, se llevan en sí a sí mismas, “como de
nuevo”, invisiblemente “en una cierta oculta virtud generativa”, a modo de copias de
aquellos gérmenes primeros incoados en el mundo 34 . Digamos que una vez formados
los primeros organismos vivos, la creación pasa a ser procreación, en virtud de esas
ratios que cada viviente lleva en sí mismo y que obran conduciendo la génesis y
desarrollo de la prole. En palabras de nuestro pensador: “no con masa de magnitud
corporal sino con virtud causal”.

Con el alcance dado a la noción de razón seminal, Agustín se anticipa a la genética: en


términos biológicos, los genes contienen patrones que, a modo de información codifi
cada, rigen el diseño orgánico y funcional de todo organismo vivo. En efecto, los genes
de la moderna biología son, en su lenguaje, esas “misteriosas razones seminales” que,
desde la creación del mundo, rigen cual normas perennes lo que adviene a la
existencia35; ellas son expresión de número y medida, y determinan el modo de ser de
cada viviente. Leamos nuevamente a Agustín:

“hay una razón oculta de vejez en el cuerpo del joven o de juventud en el del niño,
aunque no se ve con los ojos, como se palpa la niñez misma en el niño o la juventud en
el joven, pero se colige por otro cierto conocimiento que existe en la naturaleza algo
latente por lo que prorrumpen al exterior los números (o virtudes) ocultos…”36.

A través de estas potencias invisibles se cumple el mandato “creced y multiplicaos”;


ellas, con su poder generativo, actúan a título de causas segundas dando lugar a nuevos
nacimientos, en un dinamismo constante que hace a la creación continuada.

Al cosmos griego subsistente y eterno, Agustín opone un cosmos contingente que, en su


dinamismo, revela la acción de las causas segundas. Por ello, cabe hablar de una
memoria ínsita en la naturaleza, participación de la mens divina que sigue creando y
ordenando todo.

También las razones causales van especificando y constituyendo a los seres vivientes
sobre una diversidad y ordenación jerárquica que, como vimos, ya quedó instituida en
aquel día en el que Dios iba presentando los seres que creaba.

34
Cf. S. AGUSTÍN, De génesis ad litteram, VI, 10, 17, p. 867.
35
Cf. S. AGUSTÍN, De Trinitate, III, 8, 13 (en Obras de san Agustín, t. V, texto bilingüe, introducción y
notas de L. ARIAS, Madrid, BAC, 1948, p. 280).
36
S. AGUSTÍN, De génesis ad litteram, VI, XVI, 27, p. 881.
La idea de una legalidad en las entrañas de la naturaleza, imperada por leyes ocultas que
obedecen a una Inteligencia o Logos –presente en el mundo antiguo a través del
estoicismo y el neoplatonismo14– es asumida por Agustín con brillantes intuiciones,
inspiradas, desde luego, en el paradigma bíblico-creacionista.

He aquí el orden de las cosas que el joven de Casisiaco admiraba con alma de fi lósofo y
converso. En el universo brillan las leyes del Artífi ce, quien, aunque trascendente al
mundo, lo administra y dirige con orden, número y medida. No es casual que en sus
escritos abunden las referencias al Libro de la Sabiduría, entre las que se destaca aquella
que reza casi poéticamente: “Ordenaste todo con medida, número y peso” (Sab 11, 21).
Los números están impresos en los seres; ellos son principio de orden, proporción y
perfección; la materia es informada en base a números; los cuerpos son números en
tanto unidad que imita a la suprema Hermosura; en fi n, las razones seminales son
números ocultos y los seres corpóreos son números visibles15 . La creatura recibe un
ser participado de Quien es dador de todo peso, número y medida, estando más allá de
todo número y medida. Es así como la creación reproduce pálidamente las razones
eternas según las cuales fue formada. Dios es creador e incoador, no sólo de las cosas
formadas, sino de las que se han de formar. Esto signifi ca que el relato de los seis días
es la prefi - guración de un suceder temporal y secuencial, preconcebido en una
eternidad fontal. Es la presencia continua y secreta de la Sabiduría que: “Siendo
inmutable todo lo renueva” (Sb 7, 27).37

6. TODAS LAS CRIATURAS HAN SIDO CREADAS BUENAS


7. LA CREACIÓN DEL HOMBRE: CUERPO Y ALMA
8. LA CREACIÓN DE LOS HOMBRES A PARTIR DE ADÁN

37
Alfredo MALUF, Creación y razones seminales en san Agustín, Studium. Filosofía y Teología 32
(2013) 255-263, 258- 260.

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