SEGUNDA ESTACIÓN – JESÚS CARGA CON SU CRUZ
V. TE ADORAMOS OH CRISTO Y TE BENDECIMOS
R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO Y A MI PECADOR.
Del Evangelio según san Juan 19, 16-17
Entonces [Pilato] se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo
con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota).
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
Pilato entrega a Jesús en las manos de los jefes de los sacerdotes y de los
guardias. Los soldados le ponen sobre la espalda un manto púrpura y en la cabeza
una corona de espinas. Durante la noche se burlan de él, lo maltratan y lo
flagelan. Después, en la mañana, lo cargan con un pesado madero, la cruz sobre la
que son clavados los ladrones, para que todos vean cómo acaban los
malhechores. Muchos de los suyos escapan y lo dejan solo.
Jesús esperaba su cruz. Sabía que había nacido para morir y eligió el camino de
Getsemaní hacia el Calvario. Cristo escogió el camino de la cruz, para la salvación de
la humanidad. La sombra de la cruz siempre estuvo en su camino. De manera
recurrente orientó su rostro hacia Jerusalén y nos asegura que, cuando la cruz
llegue a nuestras vidas, nos dará también la fuerza, así como él supo llevarla en
silencio y con resignación, así aprendamos nosotros a sobrellevar cuanta dificultad
se transforma para nosotros en cruz.
Una enfermedad terminal, un hijo enfermo o atrapado en el vicio del alcohol y las
drogas, un matrimonio a la deriva, lleno de infidelidad, incomprensión, de
irrespeto, un problema económico, el desempleo, entre tantas otras adversidades
que se nos presentan en la vida, son cruces que cargamos en algún momento de
nuestra existencia; sin embargo nuestra humanidad es incapaz de entender que el
sufrimiento es una forma de llegar a la salvación y caemos en la indiferencia hacia a
Dios, perdemos la Fe y el llevar nuestra cruz se transforma en un suplicio que al
contrario de unirnos al Padre, más nos distancia y continuamos renegando y
cargando nuestro pesado madero sin saber hasta cuándo.
Es preciso detenerse a contemplar el Vía Crucis para poder comprender el
sufrimiento por el que atravesó Nuestro Señor, para entender que sólo así el cargar
nuestra cruz se hará fácil y tolerante, esto no es más que renunciar a nosotros
mismos y aceptar la voluntad del Padre; tal como lo dice el evangelio: «El que
quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga»
(Mt 16, 24).
Este negarse a sí mismo es abandonarse en la voluntad de Dios, haciendo a un lado
nuestra voluntad humana. De esta manera cualquier problema por más duro que se
presente, no representará carga alguna para quien sabe ver en el Vía Crucis, el
martirio de llevar la cruz, a sabiendas que con Fe y Confianza en Cristo todo yugo es
ligero.
Consientes de esto el cargar la cruz se sintetiza en: “...un modo de sufrir, que
consiste en no detenerse a ver de parte de quién nos vienen los sufrimientos, como
tampoco el ver lo que se sufre.”, esto es seguir adelante sin desfallecer, sin renegar,
sin tambalear, aferrados al madero tal como Jesús, con el corazón y los ojos del
alma puestos en El.
Hermanos, cargar la cruz no es algo sencillo. Es difícil. La cruz es pesada. Y, por
supuesto, en ocasiones se vuelve muy pesado. Las cruces son ásperas y duras.
Solemos preguntarnos a veces, ¿por qué se nos ha impuesto a nosotros, esta
carga? ¿Qué hemos hecho para merecer tanto sufrimiento y dolor? No nos parece
justo, ¿verdad? Cuando llega nuestra cruz, a veces nos rebelamos. Creemos que
algo está mal y nos preguntamos ¿por qué las personas malvadas parecen
prosperar y las que son justas sufren? Y aparece el “¿Por qué yo?" "¿Por qué no
alguien más?"
Pero tengamos cuidado porque podemos estar cargando cruces que no son
nuestras, cruces que nos esclavizan y no nos permiten ser libres y felices. Estamos
muchas veces abrazados fuertemente a una cruz que en vez de redimirnos nos
vuelve esclavos, nos destruyen a nosotros y a quienes nos rodean. El vicio del
alcohol y las drogas, el adulterio, los deseos desenfrenados de placer y de poder, la
obsesión por otra persona, el aguantar el maltrato físico y psicológico de otra
persona. Esa no son cruces que Dios te manda, son cruces pesadas que tu estas
cargando y que en vez de acercarte a Dios te separa más de él, te destruyen a ti y a
las personas que tanto amas. Dios te pide que cargues con su Cruz, pero la Cruz de
Cristo no es una cruz que te destruye y que no puedas cargar.
Pidamos hoy en esta estación al Señor, que nos de fuerza para cargar con esa cruz
que tanto nos aflige y preocupa y que podamos tener fuerza para renunciar
aquellas que no son nuestras y nos vuelven esclavos. Que el Señor nos ayude en
esta vía sacra de nuestras vidas. Amen.
PADRE NUESTRO…
DIOS TE SALVE…
GLORIA AL PADRE…
DULCE MADRE ESPEJO DE LUZ QUE TRISTE LLORASTE AL PIE DE LA CRUZ, AL PADRE
CLAMASTE EN TU SOLEDAD, SOCORRENOS MADRE EN NUESTRA NECESIDAD.
BENDITA Y ALABADA SEA LA PASIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y
LOS DOLORES Y LAGRIMAS DE SU SANTISIMA MADRE AL PIE DE LA CRUZ.
POR TUS SANGRIENTOS PASO…
JESUS POR TODOS TUS PASOS…