Fallo
Fallo
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considerarlo partícipe secundario del delito de
extorsión en grado de tentativa (arts. 26, 29 inc. 3°,
40, 41, 42, 44, 46, 54 y 168 del Código Penal y 530 y
531 del Código Procesal Penal de la Nación). V.-
IMPONER a HUGO ROLANDO BARREIRO el cumplimiento, por
el término de la condena, de la regla de conducta
establecida en el inc. 1° del art. 27 bis del Código
Penal, esto es, fijar residencia y someterse al
cuidado de un patronato. VI.- CONDENAR a CLAUDIO OSCAR
ÁLVAREZ a la pena de DOS (2) AÑOS DE PRISIÓN CUYO
CUMPLIMIENTO SE DEJA EN SUSPENSO y LAS COSTAS DEL
PROCESO, por considerarlo autor penalmente responsable
del delito previsto por el art. 43 bis de la ley
25.520 -redacción según ley 27.126- (arts. 26, 29 inc.
3°, 40, 41 y 45 del Código Penal y 530 y 531 del
Código Procesal Penal de la Nación). VII.- IMPONER a
CLAUDIO OSCAR ÁLVAREZ el cumplimiento, por el término
de la condena, de la regla de conducta establecida en
el inc. 1° del art. 27 bis del Código Penal, esto es,
fijar residencia y someterse al cuidado de un
patronato. ”
II. Contra ese pronunciamiento, interpusieron
recursos de casación los doctores Santiago Finn,
defensor de Marcelo Sebastián D´Alessio; Luis Alonso
Martínez, defensor público de Claudio Oscar Álvarez;
Tatiana Carla Terzano, defensora de Rolando Hugo
Barreiro; así como Diego C. Álvarez Bognar y Gustavo
Daguerre Báez Peña, defensores de Juan Ignacio Bidone.
III. a) La defensa de Marcelo Sebastián D
´Alessio fundó su recurso en ambos supuestos del Art.
456 del C.P.P.N.
Entendió que el tribunal no hizo una correcta
interpretación de las pruebas incorporadas al sumario.
Consideró que ni Gabriel Traficante ni el
testigo Gabriel Garcés contaron toda la verdad de lo
acontecido; y que los chats que este último dice haber
tenido y presentó no se compadecían con sus dichos.
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penal; y porque tampoco obró con “obstinación y
agresividad”.
Solicitó que se dicte la absolución de su
defendido porque su conducta no se encuadra con el
tipo legal por el cual se lo acusó y, en subsidio, se
imponga el mínimo legal para la figura penal por la
cual resultó condenado.
Hizo reserva del caso federal.
b) La defensa pública de Claudio Oscar
Álvarez se agravió de la arbitraria determinación del
monto de la pena impuesta a su defendido ya que evaluó
que se trató de una primera condena y que debió
haberse aplicado el mínimo legal.
Consideró que la enunciación de agravantes ha
sido arbitraria porque se basó en actos sobre los
cuales Alvarez no tuvo ningún control y que la
circunstancia de que haya sido personal de
inteligencia es una característica propia del delito
que se le imputa, por lo que se le imprimió una doble
penalidad.
Expresó que existieron atenuantes que no
fueron considerados por el “a quo”, esto es, la
ausencia de antecedentes, que su conducta procesal fue
ejemplar, colaboró con la investigación y la falta de
educación formal que tuvo. A ello sumó que es padre de
seis hijos, que vive con cinco junto a sus cuatro
nietos, que siempre estuvo al servicio de la
administración pública y que la valoración de la
precaria situación económica de Álvarez no fue
debidamente merituada en la sentencia.
Solicitó que se revoque la sentencia
recurrida y que se imponga una nueva pena por el
mínimo legal previsto para la norma en análisis.
Hizo reserva del caso federal.
c) La defensa de Rolando Hugo Barreiro
cuestionó el rechazo del planteo de nulidad efectuado
por esa parte en virtud de la formulación del alegato
por la querella, puesto que esta última no formuló
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Bidone y se quejaron de que el “a quo” utilizó
información proveniente de una causa en trámite por
ante el Departamento Judicial de Dolores, iniciada con
posterioridad a la presente y que “construyó un patrón
de conducta a partir de algo que iba a suceder
después”.
Consideraron que el tribunal omitió valorar
testimonios; que tampoco trató todas las
circunstancias enumeradas y detalladas en el alegato
de esa parte y que tampoco se refutaron las
explicaciones brindadas por Bidone en el juicio.
Se refirieron a la desformalizada forma de
trabajo de Bidone que, a su criterio, no permite
construir la complicidad que se le adjudica y que
resulta arbitrario también asignarle una
intencionalidad de ocultamiento a la información
solicitada por el nombrado.
Entendieron que no existen pruebas sobre la
realización de tareas de inteligencia previas
encomendadas por Bidone y se agraviaron de la
interpretación del tribunal con respecto a los pasajes
aéreos que habría adquirido D´Alesio para su
defendido.
Señalaron que el tribunal en reiteradas
oportunidades se refirió a hechos que sucedieron
después del “caso Traficante”, como la reunión con el
senador Espínola.
Ponderaron que no existió el delito de
extorsión por intimidación, toda vez que la producción
del mal anunciado no dependía de D´Alessio, con lo
cual la amenaza que requiere la figura del Art. 168
del C.P. se encontraba ausente.
Evaluaron que, en atención a la garantía “in
dubio pro reo” resulta imposible encuadrar la conducta
desplegada por Bidone en el Art. 43 bis de la ley
25.520.
Refirieron que no se acreditó en autos que
Juan Ignacio Bidone haya llevado adelante una conducta
que encuadre en el delito de abuso de autoridad. Al
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La parte indicó que se construyó la
culpabilidad de D´Alessio sin poner el foco en lo que
ocurrió durante la audiencia oral y que Traficante
nunca se sintió atemorizado por la conducta de D
´Alessio.
Solicitó que se valoren las cuestiones
soslayadas por el tribunal oral, que resultaron ser un
análisis insuficiente de las pruebas que otorgó a los
testimonios de autos, soslayando otras pruebas y que
se absuelva a su defendido.
Adujo que el tribunal oral no efectuó una
determinación de la pena basada en las constancias de
la causa ni tuvo en cuenta el impacto que provocó en
las personas y en su grupo familiar la privación de la
libertad de D´Alessio, que no puede agravarse su
conducta por las especiales condiciones jurídicas que
revestían los otros partícipes, que también resultó
arbitrario valorar “el perjuicio causado a la víctima
y que la condena de ejecución condicional era la
opción más razonable.
Por su parte el señor Fiscal General, doctor
Mario A. Villar solicitó que se rechacen los recursos
de casación presentados por la defensa y que se
confirme el fallo impugnado.
El representante del Ministerio Público
Fiscal entendió que el planteo de nulidad efectuado
por la intervención de la parte querellante en la
oportunidad prevista en el Art. 393 del C.P.P.N. se
relaciona con los derechos de la víctima previstos en
la ley 27.372 y con la tutela judicial efectiva del
art. 25 de la Convención Americana de Derechos Humanos
(con jerarquía constitucional conforme el Art. 75 inc.
22 de la Constitución Nacional), a lo que se suma que
no se advierte el perjuicio que dicha situación le
ocasionó al recurrente.
Consideró que no se afectó en el caso el
principio de congruencia, toda vez que no se violó el
derecho de defensa del imputado Bidone al no haberse
producido alteración en la necesaria correlación que
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registros de llamadas entrantes y de salientes… no se
justificaban por su supuesta vinculación a la causa
del ´Triple Crimen´, ya que siquiera había conservado
competencia para seguirla investigando” y que
constituía un eslabón indispensable en la maniobra de
D´Alessio, aumentando con su conducta las
posibilidades de quebrantamiento de la norma del autor
y disminuyendo la capacidad de defensa con la
presentación de dichos registros.
Se refirió al agravio de atipicidad del
delito previsto en el Art. 43 bis de la ley 25.520 y
entendió que carece de sustento, así como tampoco
puede considerarse que no existió tipicidad en el
delito de abuso de autoridad, señalado por la defensa
de Bidone, en razón del cargo que éste detentaba y de
la prueba agregada al debate oral.
Finalmente, manifestó que los agravios
relacionados con la desproporcionalidad de las penas
impuestas por el tribunal sentenciante no superan el
estándar casatorio.
En la oportunidad prevista en los arts. 465,
último párrafo, y 468 del CPPN, la querella y la
defensa de Juan Ignacio Bidone presentaron por escrito
las breves notas sustitutivas incorporadas al Sistema
Lex 100.
Superada dicha etapa, quedaron las
actuaciones en estado de ser resueltas.
Efectuado el sorteo de estilo para que los
señores jueces emitan su voto, resultó el siguiente
orden sucesivo de votación: doctores Mariano Hernán
Borinsky, Javier Carbajo y Gustavo M. Hornos.
El señor juez doctor Mariano Hernán Borinsky
dijo:
I. Inicialmente, corresponde señalar que los
recursos de casación interpuestos resultan formalmente
admisibles, toda vez que la sentencia recurrida es de
aquellas consideradas definitivas (art. 457 del
C.P.P.N.), las partes recurrentes se encuentran
legitimadas para impugnarla (art. 459 del C.P.P.N.),
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Ante la negativa de la víctima, para
reforzar el amedrentamiento y asegurar el pago, el 7
de noviembre de 2016 D’Alessio le envió a Traficante,
mediante el sistema de mensajería instantánea
WhatsApp, un mensaje el cual contenía un listado de
llamadas telefónicas correspondientes al teléfono de
la víctima, haciéndole creer que se trataba de
información recabada en la causa nro. 595/2016 del
registro del Juzgado Nacional en lo Penal Económico
nro. 6 cuando, en rigor, el listado había sido
facilitado a D’Alessio por el fiscal Bidone, quien lo
obtuvo con días de anticipación en claro abuso de su
autoridad, no sólo por el modo del que se valió de ese
documento sino por el uso que más tarde le brindó.
También, para reforzar el carácter
intimidatorio de su exhortación inicial, D’Alessio se
valió de sus propios contactos con personas que a la
vez resultaban ser allegadas de su víctima. Durante el
período referido, se comunicó tanto en forma
telefónica como presencialmente con Juan Pablo Di
Pierro y Gabriel Garcés. En esas instancias, el
imputado exhibió a ambos sus influencias con personas
poderosas, con organismos públicos nacionales e
internacionales, sus armas y parte de la información
que manejaba. Para todo ello se sirvió de la
colaboración de Rolando Hugo Barreiro. Y desde ya, les
hizo saber a uno y otro que él tenía el poder de
digitar los designios de la causa de la ´Mafia de la
Aduana´ y las noticias periodísticas que se
publicarían y vincularían a Traficante con aquella.
El 29 de noviembre de 2016 D’Alessio mantuvo
una extensa comunicación telefónica con Traficante,
durante la cual procuró mostrarse como la única
persona que podía impedir su inminente detención y el
escarnio público que en consecuencia sufriría. A
cambio, D’Alessio le demandaba el desembolso de una
suma de dinero cuyo monto fue ajustando sobre la
marcha, a resultas de la mismísima conversación.
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garantías de la víctima, consagrados en la ley 27372,
modificatoria del Código Procesal Penal de la Nación
(ley 27.063) que, en este punto central, se imponen
como estándar mínimo de reconocimiento legislativo de
derechos que, por interpretaciones judiciales, jamás
podrá ser perforado. En su texto se plasma que, amén
del derecho a constituirse en parte querellante y
ejercer los derechos procesales propios de ese sujeto
del proceso, la persona particularmente ofendida por
un delito tendrá derecho a: examinar documentos y
actuaciones; aportar información y pruebas durante la
investigación; ser escuchada antes de cada decisión
que implique la extinción o suspensión de la acción
penal, entre otros.
En suma, no caben dudas de que atento al
estado de las cosas el querellante no podría integrar
legítimamente una incriminación que no formuló
previamente, es decir, no podrá realizar un formal
pedido de pena en la instancia prevista por el art.
393 del ritual. Por lo demás, corresponde que conserve
todas las potestades que le son conferidas en su
condición de particular ofendido por el delito que
aquí se juzga, con esa única limitación. Lo que así se
resuelve”.
El “a quo” ante un similar planteo de nulidad
efectuado en ocasión del debate oral por la defensa de
Barreiro, luego del alegato de la querella, indicó que
“conforme con el criterio sentado en orden a que el
querellante no podía integrar legítimamente una
incriminación que no formuló previamente y que por lo
tanto no podía realizar un formal pedido de pena en la
instancia prevista por el artículo 393 del ritual,
toda vez que durante su alegato de clausura el Dr.
Charró supo conducirse con arreglo a las previsiones
plasmadas por este Tribunal mediante el resolutorio de
fecha 15 de marzo de 2021, sumado a que el novel
planteo nulificatorio de la Dra. Terzano carece de
argumentos novedosos que propicien la reconsideración
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ejerza su derecho a ser oída, como una concreción de
la garantía de tutela judicial efectiva, reconocida en
el Art. 25 de la Convención Americana de Derechos
Humanos (que posee jerarquía constitucional conforme
el Art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional) y tal
como lo disponen los Arts. 79 y 80 del C.P.P.N. y 80
del C.P.P.F.
Cabe resaltar la doctrina sentada por nuestra
Corte Suprema de Justicia de la Nación según la cual
la declaración de nulidad procesal requiere un
perjuicio concreto para alguna de las partes, pues no
procede su declaración en el solo interés del formal
cumplimiento de la ley (cfr. Fallos 295:961; 298:312;
311:1413; 311:2337; 324:1564 y 328:58, entre muchos
otros), resultando inaceptable en el ámbito del
derecho procesal la declaración de la nulidad por la
nulidad misma (cfr. Fallos 303:554; 322:507; 342:624 y
343:168 -entre muchos otros-).
Las nulidades tienen un ámbito de aplicación
restrictivo, no son un fin en sí mismas pues se
requiere la producción de un gravamen cierto que lleve
a justificar una decisión contraria a la adoptada en
la sentencia (cfr. en lo pertinente y aplicable, causa
nro. 14.447, caratulada “Cuevas, Mauricio Isabelino
s/recurso de casación”, reg. 15.972.4 rta. 12/11/11;
causa nro. 9538, caratulada “Paita, Ricardo Alberto y
otro s/recurso de casación”, reg. 755.4, rta.
17/05/12; causa nro. 15.148 caratulada “Palombo,
Rodolfo Oscar y otros s/recurso de casación”, reg.
191/14, rta. 26/02/2014; causa FCR
9400939/2011/TC1/1/CFC1 caratulada “Carrera Ganga,
Walter Gabriel s/recurso de casación”, reg. 1009, rta.
29/05/2015; causa FSA 12272/2015/TO1/CFC1 caratulada
“Cantaluppi Daisy Cristhiane y otra s/recurso de
casación”, reg. nº 743/17.4, rta. 19/06/17; causa FMZ
14895/2013/TO1/5/CFC2 caratulada “Ortiz Donadell
Gerardo Saúl s/ recurso de casación, reg. nº 461/18.4,
rta. 9/5/2018; causa CFP 2637/2004/TO3/CFC39, “Nerone,
Rolando Oscar y otros s/ privación de libertad
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imputación que pesa sobre aquél, a cuyo tenor deberá
disponer de todas las herramientas necesarias para
poder probar y alegar contra la acusación que se le
formula. La violación a esta regla se verifica ante la
ausencia de identidad fáctica entre el suceso por el
que el imputado resulta condenado y el enunciado en la
acusación intimada -ne est iudex ultra petita-.
De modo que, de la correlación que debe
existir entre los términos en que quedó sustanciada la
acusación y el contenido de la sentencia, se erige la
formulación de este principio, que excluye el aspecto
vinculado con la subsunción típica —iura novit curia—
y en virtud del cual la sentencia debe tener por
objeto el mismo hecho imputado y no uno diverso. Lo
relevante así es que el factum descripto en la
sentencia ha de ser congruente con el contenido en el
requerimiento de elevación a juicio.
En síntesis, lo que aquí interesa es que la
sentencia condenatoria recaiga sobre el mismo hecho
que fue objeto de acusación, y que tanto el imputado
como su defensor pudieron considerar, pues si no
sucediera de ese modo se estaría privando al imputado
del derecho de probar, contradecir y alegar sobre el
suceso que se le atribuye, vulnerándose así la
garantía de la defensa en juicio (art. 18 de la
Constitución Nacional).
No existe vulneración al principio de
congruencia en aquellos casos en que del análisis de
las actuaciones se desprende que los sucesos que le
fueran enrostrados al imputado desde el inicio de
estas actuaciones son los mismos que los contenidos en
el requerimiento fiscal de elevación a juicio y en el
alegato posterior al juicio, de manera tal que la
plataforma fáctica se mantiene inalterada -como se
advierte en el sub lite-.
Como así también no existe violación al
derecho de defensa en juicio si el imputado contó a lo
largo de todo el proceso y durante la audiencia de
debate con la posibilidad de ejercer su defensa
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extorsión (cfr. Art. 167 del C.P.), al cual también
adscribió sentido social la acusación…”.
En efecto, cotejada la plataforma fáctica
descripta en el requerimiento de elevación a juicio
formulado por el fiscal y la acusación articulada en
los alegatos finales de juicio y, finalmente, en la
sentencia condenatoria, cabe concluir que la
materialidad fáctica que surge de ellos ha sido
siempre, sustancialmente, la misma. Por lo tanto,
corresponde descartar el agravio de la defensa en este
punto.
IV. Sentado ello, corresponde a esta Alzada
determinar si la decisión del Tribunal Oral en lo
Criminal Federal N° 2 de esta ciudad por medio de la
cual condenó a Marcelo Sebastián D´Alessio, Hugo
Rolando Barreiro, Claudio Oscar Alvarez y Juan Ignacio
Bidone, constituye un acto jurisdiccional válido
derivado del análisis lógico y razonado de las pruebas
allegadas al sumario en observancia al principio de la
sana crítica racional o libre convicción (art. 398 del
C.P.P.N.) o, por el contrario, si presenta una
conclusión desprovista de fundamentación o con
motivación insuficiente a partir de una errónea y
arbitraria valoración de las pruebas runidas durante
el proceso (art. 404, inc. 2, del C.P.P.N.), tal como
afirman las defensas de los imputados en sus recursos
de casación.
A tal fin, se evaluará el acierto o error del
tribunal “a quo” a la hora de valorar la prueba y
tener por debidamente comprobado el hecho y la
responsabilidad penal de los nombrados en el párrafo
precedente.
El tribunal sentenciante analizó en detalle
los distintos encuentros y contactos efectuados entre
los involucrados los días 2 de noviembre de 2016 y 9
de diciembre de 2016.
El día 2 de noviembre de 2016 el “a quo” tuvo
por acreditado el inicio del plan criminal pergeñado
por D´Alessio a partir de su encuentro con Gabriel
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antenas por tratarse de una congestión o no haberse
producido activación del celular por parte de D
´Alessio.
El día 7 de noviembre de 2016 el “a quo”
señaló que luego de diversos intercambios por vía
telefónica, correos electrónicos y Whatsapp entre
Traficante y D´Alessio (directos e indirectos por
intermedio de otras personas), D´Alessio le mandó a
Traficante un listado de llamadas entrantes y
salientes de este último, diciéndole “esto es una
prueba de amor”, lo que a entender de Traficante
significó que debía “ceder a sus pedidos”, y que a su
vez le causó “mucho miedo, mucho terror, no sabía qué
hacer”.
Dicha circunstancia surge de los dichos del
damnificado y de la captura de pantalla de su teléfono
celular (incorporada a la audiencia oral) que da
cuenta del listado indicado, el que fue requerido por
Bidone como Fiscal del Departamento Judicial de
Mercedes por intermedio de la Oficina de Gestión de
Información Tecnológica dependiente de la Fiscalía
General de Mercedes del Poder Judicial de la Provincia
de Buenos Aires.
El listado referido se corresponde con la
conversación que habían mantenido Traficante y D
´Alessio el día 2 de noviembre, en que le había
manifestado que debía pagar una suma en dólares para
eliminar un listado de llamadas entrantes y salientes
de su número, lo cual, según interpretaron los jueces,
“se trató de una puesta en escena pergeñada para
engañar a la víctima acerca de la existencia de una
investigación en su contra y convencerlo de que D
´Alessio era, en última instancia, el único capaz de
desvincularlo….”.
El testigo Gabriel Garcés confirmó en la
audiencia oral que el día 25 de noviembre de 2016
recibió una llamada telefónica que no respondió y
luego un Whatsapp de quien dijo ser Marcelo D´Alessio,
quien le pidió que respondiera su llamada; como no le
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firmada por Daniel Santoro, que se titula “Aduana:
investigan si un millonario es el jefe de la banda del
cuñado de De Vido. Negociados con los contenedores
inmovilizados por Gómez Centurión. Dos imputados por
el juez Aguinsky apuntaron contra el ex despachante de
aduana Gabriel Traficante” y en la nota se hacer
eferencia a los contactos de Traficante, su “alto
nivel de vida”, su pareja, su lugar de residencia y su
rol en diversas personas jurídicas.
Se agregó como prueba al debate una
conversación efectuada el día 29 de noviembre de 2016
entre D´Alessio y Traficante, que este último grabó,
de la que surge el siguiente diálogo:
Minuto 15.09:
- “si vos me decís que podes parar todo hoy
yo creo que sí, porque todo lo que sea foja reservada
yo lo puedo sacar a la recalcada puta madre que lo
pario…”.
- “vos me das tu palabra de honor y para mi
ya esta Gaby, no te vas a escapar Gaby... todo es seis
seis gambas... dame tres ahora... si vos me decís que
si, así no tengas la plata en Buenos Aires… yo lo
resuelvo lo resuelvo ¿sabes en cuanto? en una hora y
cuarto y después si, juntémonos mañana, nos damos un
abrazo, juntemos con Garcés para que también ese chico
te aclare a ver que tuvo una hora y media charlando
con nosotros... se puso nervioso porque vio los
muñecos que estaban conmigo no sé qué le pasó se
volvió loco no se que le pasa…”.
- “...me pasan el informe que hay dos
vehículos vuelta en tu casa ya te lo digo espera
Gaby… hay un auto que es un Peugeot doscientos siete
compact patente k.n.q seis ocho cuatro ese auto esta a
nombre de la metropolitana gobierno ciudad de buenos
aires y el otro auto… es un gol rojo que también debe
estar laburando la metropolitana para la policía
federal…”.
Minuto 26.34:
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cosmovisión de decir por que lo mandan a hacer un
laburo, no lo mandan a hacer un laburo”.
La sentencia aclaró que, acto seguido, D
´Alessio identificó a Barreiro como un ex agente de
la AFI y agregó: ”sigue manejando, sigue manejando
quilombos, sigue manejando internas, sigue manejando
puterío, sigue manejando plata, sigue manejando
negocios en el RENAR, sigue manejando de todo... a
Rolo le dan instrucción de caminar el camina debe
caminar a diez tipos el está debe estar mirando a diez
tipos a la vez si no más eso lo puedo arreglar”.
-”...vamos a ir por pasos, vamos a hablar
primero a Aguinsky, segundo al fiscal, tercero a la
SIDE, cuarto Santoro. Esos son los pasos que tengo que
hacer mañana uno por uno ¿okey?, cuídame y yo te
cuido, no me menciones con tus amigos”.
- “...ya veo como es el show de los abogados
y ganan todos los abogados con tu culo. Es fácil ser
puto con culo ajeno, ¿viste?”
- “le digo a ver anda como interlocutor
válido le digo y vamos a solucionar este tema porque
este tema o lo cortamos de raíz hoy o va. diez veces
peor de acá a una semana es más nos vamos a cortar los
huevos por que no lo solucionamos antes. Porque cada
día que avanza es peor gordo, cada día que avanza me
encuentro con... eh a ver si lo arreglamos el jueves,
el jueves no existía el testigo reservado que ¡oh
casualidad! habló y ni siquiera sabemos si
efectivamente habló o lo metieron en la causa como que
habló. Es Argentina, a vér, ¿vos no tenes idea las
cosas que se hacen?, vos no tenes idea las cosas que
se hacen… yo arreglaría al juez al fiscal…”.
Ante la negativa de Traficante, quien exponía
que no podía pagar el dinero exigido, D’Alessio
contestó: ”...bueno ¿cuánto querés que ofrezca? Nos
juntamos mañana...a ver llegar libre a juicio en un
juzgado federal te sale ochocientos mil dólares,
llegar libre al juicio oral, no zafar del juicio oral,
llegar libre al juicio oral te sale ochocientas lucas,
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- “...tengo que sacarle el informe reservado
de ...el de la mina lo tengo que borrar y como son
reservados todavía no pasaron a campo oficial lo puedo
sacar pero el tipo no me va a pedir menos de dos
gambas”.
- “...los teléfonos te los hago yo te los
trabajamos esta noche borro todo se van todos a la
puta madre que los pario te borro los... mil servicios
te lo borro”
- “...escúchame gordo eh... a ver yo hasta
doscientos te presto yo doscientos tiro cien y cien y
a Santoro no hay que ponerle un centavo… le digo que
se comió pescado podrido... eh tengo más que...(i)...
pa’ que me crea, tengo más que ...(i)... para que me
crea por lo menos no va a continuar”.
- “...si no tenemos sustento los teléfonos
no tenemos, sustento los WhatsApp, no tenemos sustento
en un porongo y encima tenemos que te miran con buenos
ojos rubios de ojos celestes eh los dos tipos que se
encargan del tema, es más lo van a hacer mierda al que
te quiera ir a denunciar, que también es una muestra
de poder que con vos no se jode…”.
Dicha transcripción y la pericia de la
División Acústica de Gendarmería Nacional, en la que
se informó que existe correspondiencia entre la voz de
uno de los participantes de la charla y D´Alessio
(agregadas al debate oral) fueron analizadas, con
razonabilidad, por el “a quo”, quien indicó que “el
imputado pretendía construir en la psiquis de la
víctima la idea de ser él su única escapatoria. Era D
´Alessio quien podía, conforme expone en estos
mensajes, arreglar con el Juez, con el Fiscal, con el
periodista Santoro y con los servicios de inteligencia
–´Rolo´ Barreiro… el mensaje era claro: el pago tenía
que concretarse ese mismo día, porque cada día que
pasaba, la situación se volvía más complicada”.
Por otra parte, el mismo día 29 de noviembre
se realizó una reunión en la oficina de D´Alessio
entre éste y Garcés, probada mediante mensajes de
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“el imputado hacía nuevamente gala de su poder de
eliminar información que aparentemente comprometería a
Traficante”.
Estas últimas llamadas también fueron
peritadas -pericia y transcripciones agregadas al
juicio oral- y se concluyó su correspondencia con la
voz del imputado.
En la sentencia recurrida se analizaron los
mensajes que Traficante dijo que D´Alessio le había
enviado: uno que transcribía una conversación entre
quien se identifica como “Marcelo Aguinsky” a “D
´Alessio”, en el que, según señaló el “a quo”, D
´Alessio “exhibía el poder que supuestamente tenía
sobre el juez”, dando a entender que él tenía la
verdadera disposición respecto al avance de las
investigaciones.
Otro mensaje que analizó el “a quo” fue aquel
recibido por correo electrónico por Traficante, que
rezaba “El tiempo corre….”
El tribunal sentenciante consideró las
capturas de pantalla aportadas por Traficante
correspondientes al día 4 de diciembre de 2016, donde
constan una serie de mensajes recibidos desde el
abonado “Marcelo Dalessio 3”, enviados a las 21.42 que
indica “Mañana estoy hasta el mediodía en un
operativo. Voy a estar coordinando acciones con Rolo.
Va a estar en zona. Yo te lo presento!! El se va a
poner a tu disposición” y a continuación una imagen
que habría enviado el mismo contacto con gran cantidad
de armas de grueso calibre con el texto “Mirá lo que
encontramos el sábado” y luego, ante la negativa de
Traficante a la reunión D´Alessio dijo “Mirá, tenemos
que juntarnos mañana. A las 10 nos hablamos”.
El día 5 de diciembre de 2016 los jueces de
la instancia previa determinaron, en función de las
pruebas aportadas, que D´Alessio llamó a Traficante
vía whats app y luego de entablada la comunicación, le
dijo “Avisanos si alguien te está apretando. Nosotros
nos encargamos que entren muy rápido en razones”. El
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amenazas e intimidaciones que realizó, en búsqueda de
su quiebre emocional, y en definitiva, de su voluntad.
El análisis y los efectos que tuvieron cada una de
ellas fueron estudiados con profundidad en los
párrafos que anteceden”.
Los magistrados de la instancia precedente
entendieron que “…De lo que no caben dudas, es que
D’Alessio tuvo el pleno señorío de cada una de esas
facetas de la maniobra criminal: pudo decidir qué
hacer, cómo y cuándo. Tanto del modo en que emprendió
las conversaciones (personales o telefónicas) con la
propia víctima, los ejes sobre los que versaron sus
promesas de males inminentes, los encuentros con
allegados de Traficante y la utilización de medios de
comunicación para amedrentar al nombrado, entre
otros”.
En cuanto a Hugo Rolando Barreiro, en la
sentencia se determinaron diversos momentos en que
efectuó su aporte al hecho principal desplegado por
Marcelo Sebastián D´Alessio.
En una primera etapa, conforme señaló el
testigo Di Pierro, D`Alessio iba a su casa en el auto
junto con una persona que era muy parecida a Barreiro.
En un segundo momento, Barreiro participó en
la reunión que tuvieron D`Alessio, Garcés y otras dos
personas en la oficina del primero, sita en el
complejo “Las Toscas”, conforme indicó el testigo
Gabriel Garcés, quien le atribuyó la frase “´Gabriel
La tiene que poner´ porque si no van a ir presos él y
su mujer”. Esta circunstancia también se tuvo por
corroborada por uno de los audios aportados, en el que
D´Alessio afirma que estaba en un procedimiento y que
“..a las 5 de la tarde voy a estar yo con `Rolito`de
la SIDE y todos los muchachos…”.
Un tercer elemento tomado en cuenta por el “a
quo” se vincula con la conversación efectuada entre D
´Alessio y Traficante el 5 de diciembre de 2016,
ocasión en la cual el primero lo llamó desde el
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había presentado a Barreiro como su mano derecha y que
se lo había robado “de la AFI” y que había tenido una
reunión en “Las Toscas” y D´Alessio lo había
identificado como “Rolo” o “Rolito”; así como de los
dichos de Rolando Graña, quien mencionó que D´Alessio
“lo refería a Barreiro para tratar ciertas
cuestiones”.
En cuanto a los nexos entre Barreiro y los
otros imputados, el tribunal indicó que él generó los
vínculos entre Álvarez, Bidone y D´Alessio, los cuales
fueron necesarios para desarrollar la maniobra
investigada.
Se tuvo en cuenta también que Alvarez y
Barreiro se comunicaron telefónicamente en más de
sesenta oportunidades el segundo semestre de 2017 y
que hablaron el 9 de enero de 2016; así como que que
Barreiro participó de la reunión mantenida por D
´Alessio, Bidone y el señador Carlos Mauricio
Espínola.
Por ello, el tribunal tuvo por acreditado que
“Barreiro realizó diversos aportes a la maniobra
criminal desplegada por D’Alessio, todas ellas
orientadas a incrementar su capacidad de intimidación
tanto por su poderío físico como por sus antecedentes
profesionales. Desde ese lugar acompañó a D’Alessio en
un vehículo en el que exhibían balizas aparentando ser
de una fuerza de seguridad al presentarse en
reiteradas oportunidades en el domicilio de Di Pierro
para hacer llegar mensajes extorsivos a Traficante,
intervino activamente en la reunión entre D’Alessio y
Garcés en el edificio de Las Toscas orientada a
reforzar la exigencia dineraria a la víctima, brindó
su equipo de telefonía celular a D’Alessio para que
éste enviara mensajes urgiendo al damnificado a
reunirse, facilitó los contactos entre D’Alessio y
los demás involucrados en los hechos investigados y,
evidentemente, constituyó una pieza del engranaje
activado por D’Alessio en la extorsión a Traficante.”
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indagatoria y del oficio que oportunamente contestó al
juez Rodríguez.
Se agregó al debate una impresión del correo
electrónico enviado el 4 de noviembre de 2016 a las
9:37 horas por Bidone desde su casilla oficial al
funcionario de la OFITEC Alejandro Páez Centeno
“Asunto: Urgente - IPP 09-02-1608-14 “Aquino Oliveira
s/homicidio…”. buenos días Ale. necesito urgente (mas
urgente que los anteriores) listado de la línea Claro
1166921865 desde el 1ero. de septiembre a la fecha con
antena. gradcias”.
El pedido fue remitido por Paez Centeno a la
compañía en cuestión con la leyenda “2 HORAS JUICIO
ORAL” y respondido el mismo día. Dicho pedido se hizo
bajo el Nro. de IPP correspondiente a una causa
“Aquino Oliveira”, que no correspondía a la Fiscalía a
cargo de Bidone y en la que había tenido una
colaboración en la instancia de juicio.
No resulta controvertido que el listado de
llamadas recibido fue incorporado a fs. 2508/65 de la
IPP 09-00-268351-08, correspondiente a una pesquisa
orientada a aprehender a un prófugo (Ibar Esteban
Pérez Corradi) en la causa conocida como “el triple
crimen de General Rodríguez”.
Al respecto, la testigo Marcela Beatriz
Falabella –Fiscal de juicio, con quien colaboró Bidone
en la causa-, señaló que la intervención y
colaboración del fiscal con la captura del nombrado
finalizó con fecha 18 de febrero de 2016, luego de
aceptada la declinatoria de competencia en favor del
Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal
Nro. 1 de esta ciudad.
El testigo Garozzo, secretario del último
tribunal mencionado, indicó que Bidone tuvo una
actitud colaborativa con él apenas recibido el
expediente, pero que nunca supo sino hasta más
adelante que el fiscal había conservado para sí un
legajo o desprendimiento.
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Sobre este último punto en la resolución
analizada se consideró la declaración del testigo
Carpanetto, único usuario de la fiscalía asignado por
la Dirección Nacional de Migraciones para realizar
compulsas en los registros del organismo, quien dijo
que Bidone a sus espaldas efectuó diversas consultas
de personas con su nombre y usuario, entre los que se
encuentran las enviadas los días 11 de noviembre de
2016, 10 de agosto y 20 de septiembre de 2017 con
relación a los movimientos migratorios de Gabriel
Traficante, sobre las cuales Carpanetto explicó que no
había ninguna investigación en curso contra Traficante
en la dependencia en la que él prestaba funciones.
Con respecto a la explicación de Bidone
acerca de las actividades de investigación que habrían
llevado adelante Alvarez, Barreiro y D´Alessio, el
tribunal aclaró que los colaboradores que se
desempeñaban en su Fiscalía no tenían conocimiento de
ello.
No resulta motivo de controversia que el
registro de llamadas de Traficante recibido por Bidone
fue entregado por este último a D´Alessio, quien se lo
remitió a la víctima luego de haberle dicho que “debía
pagar ochenta mil dólares a fin de eliminar los
llamados entrantes y salientes de su número”, y para
ello D´Alessio tuvo que valerse de dicho documento.
Habida cuenta lo indicado, el “a quo” indicó
que así Bidone “se tranforma en un personaje principal
de la maniobra… era quien garantizaba y facilitaba
acceso a información y documentos para los cuales
necesariamente se requería de un pedido judicial
formal… Utilizaba las herramientas puestas a
disposición del cargo público que ocupaba con la
finalidad de contribuir en los delitos liderados por D
´Alessio”.
Los magistrados analizaron también el informe
suscripto por Claudio Oscar Álvarez que luce a fs.
2412 del legajo fiscal de la IPP 09-00-268351-08,
dirigido al Sr. Fiscal Juan Bidone, en el que se
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último, era “escuchar propuestas concretas de
proyectos para la lucha contra el narcotráfico”, lo
que tuvo como una demostración más del vínculo que los
unía, que excedía a cualquier colaboración con un
agente de inteligencia.
En cuanto a la relación entre Bidone y
Barreiro; y Bidone y Alvarez, el “a quo” señaló, con
fundamento en la prueba agregada al juicio oral, que
estaba desprovista de “cualquier tipo de formalidad y
marco institucional”, y aclaró que los elementos
probados y valorados en el debate no encuentran
contradicción con aquéllos colectados durante la
instrucción de la causa nro. 88/2019 del Juzgado
Federal de Dolores, incorporada por lectura, en la
cual se investigan maniobras de similares
características a la aquí denunciada.
En función de todo ello, el tribunal concluyó
que “Bidone conocía a quién le estaba facilitando el
listado de Traficante, para qué lo hacía…”.
En lo que respecta a la intervención de
Claudio Oscar Alvarez, se tuvo por probado que “en su
condición de miembro orgánico de la Agencia Federal de
Inteligencia, suscribió y entregó un informe dirigido
al entonces Fiscal a cargo de la Unidad Fiscal de
Instrucción de Delitos Complejos del Departamento
Judicial de Mercedes, Dr. Juan Ignacio Bidone, y que
éste, a su vez, lo incorporó dentro del legajo de las
actuaciones del legajo fiscal formado en el marco de
la IPP 09-00-268361-08 caratulada ´Pérez Corradi Ibar
Esteban y otros s/privación ilegal de la libertad y
triple homicidio calificado´”, que se instruía con
carácter reservado.
Se acreditó debidamente que esa pieza
documental fue suscripta por Álvarez y entregada en
mano a su destinatario, y que dicha actuación y
relación entre el agente de inteligencia y el fiscal
de instrucción no contaba con la venia de ningún
funcionario de la Agencia Federal de Inteligencia
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Federal de Inteligencia, y que dicho vínculo desembocó
en el informe definitivo, el cual como mínimo es
creación parcial del imputado Álvarez, quien lo
suscribió en carácter de agencia de inteligencia de la
Agencia Federal de Inteligencia para ser entregado
directamente y sin intermediarios al imputado Bidone,
en aquélla época todavía en ejercicio del rol de
Fiscal del Departamento Judicial de Mercedes”.
A la luz de todo lo expresado y de los
elementos de prueba reseñados, se observa que el
tribunal de juicio ha valorado acertadamente el cuadro
probatorio reunido en autos en contra de los imputados
Marcelo Sebastián D´Alessio, Hugo Rolando Barreiro,
Claudio Oscar Álvarez y Juan Ignacio Bidone para
rechazar los distintos cuestionamientos esgrimidos por
sus defensas.
Al respecto, cabe recordar que las defensas
cuestionaron diversas circunstancias analizadas y
evaluadas por los magistrados de la instancia
precedente, como ser la veracidad de los testimonios
de los testigos Di Pierro y Garcés, los videos
aportados por este último.
Sobre el particular el Fiscal General ante
esta instancia, Mario A. Villar, al valorar los
testimonios de los nombrados -postura que comparto-,
destacó que la defensa de Barreiro, al intentar
desacreditar en términos meramente dogmáticos los
testimonios de los testigos -que en el término de
oficina también fueron cuestionados por la defensa de
D´Alessio-, “ha tratado de introducir ciertas dudas
respecto de la veracidad de sus testimonios. Sin
embargo, no se ha comprobado por elemento objetivo
alguno que existiera de parte de los testigos alguna
animadversión hacia los condenados, por lo que la
aserción de la defensa no se halla sustantada en
ninguna medida, sino más bien resulta ser una
construcción absolutamente subjetiva y carente de
apoyo lógico, que sólo ha tenido en miras intentar
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versión diversa a la plasmada en la sentencia, aunque
omiten efectuar en sus recursos de casación una
crítica concreta y razonada de cada uno de los
elementos que componen el cargoso plexo probatorio
reunido en autos en contra de sus asistidos.
Las partes tampoco ha brindado argumentos
novedosos ni suficientes con el fin de demostrar -ni
se advierte- error o desacierto en el razonamiento
seguido por el tribunal a quo, ni la arbitrariedad en
la valoración de la prueba que alegan en su
presentación recursiva.
Cabe aquí señalar que sus cuestionamientos
constituyen una reedición de aquellos formulados en
similares términos durante la celebración del juicio,
que fueron atendidos y descartados por el tribunal de
mérito en el fallo bajo examen con fundamentos
suficientes y razonables que no han sido conmovidos
por los impugnantes.
En cuanto al principio de “in dubio pro reo”
traído por las defensas, corresponde precisar que la
falta de certeza o las dubitaciones que tornen
aplicable el principio “favor rei” para dar solución
al conflicto penal deben encontrarse ancladas en el
análisis conjunto de todos y cada uno de los elementos
de juicio incorporados al legajo para desarrollar la
tarea intelectual que debe seguir el órgano
jurisdiccional respetando los principios que la rigen.
En otras palabras, la duda o falta de certeza debe ser
el resultado del juicio de valor integral del plexo
probatorio. De adverso, no puede ser el producto de
puras subjetividades ni del estudio aislado de
determinados componentes que integran el universo
probatorio.
En el caso, las críticas ensayadas no han
logrado conmover la fundamentación efectuada en el
fallo impugnado respecto de la participación de los
condenados en los sucesos investigados y, por ello, la
valoración probatoria efectuada por el a quo impone
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su defendido y que D´Alessio no tenía control sobre
las causas judiciales en las que aquél había sido
mencionado; que sus propuestas eran “burdas” y que en
definitiva lo que hizo fue “ofrecer un servicio”.
La defensa de Bidone coincidió en plantear
que no se dieron en el caso los requisitos típicos de
la figura de extorsión toda vez que la producción del
mal anunciado no dependía de D´Alessio. También
consideraron que este último desistió voluntariamente
de su accionar en los términos del Art. 43 del C.P.
La figura de extorsión, prevista por el Art.
168 del Código Penal, reprime a quien “…con
intimidación o simulando autoridad pública o falsa
orden de la misma, obligue a otro a entregar, enviar,
depositar o poner a su disposición o la de un tercero,
cosas, dinero o documentos que produzcan efectos
jurídicos”.
En el supuesto en estudio el “a quo” condenó
a Marcelo Sebastián D`Alessio como autor penalmente
responsable del delito de extorsión en grado de
tentativa (Arts. 42 y 168 del C.P.); y a Juan Ignacio
Bidone y Hugo Rolando Barreiro como partícipes de
dicha figura legal. Afirmó que el plan abarcó tanto
actos de intimidación como simulaciones de autoridad
pública.
Ya he tenido oportunidad de indicar que en
este delito en particular, aparecen comprometidos dos
bienes jurídicos distintos: la propiedad y la
libertad.
Conforme ello, la extorsión, en sus distintas
figuras, ataca la libre determinación de la persona,
pero la ofensa a la libertad es sólo un medio para
consumar la ofensa a la propiedad, que es la que el
legislador argentino tuvo en consideración para elegir
el título delictivo correspondiente al delito.
La doctrina mayoritaria concuerda en que en
las hipótesis de extorsión el desplazamiento de la
cosa se produce por la actividad de la misma víctima,
pero con su voluntad viciada por coerción. En la
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Ricardo Núñez agrega que “… La simulación de
autoridad y la invocación de falsa orden de ella deben
ser, como la intimidación, determinantes de la
disposición patrimonial por parte de la víctima. Ambas
operan a través del error de ésta acerca de que es la
autoridad la que le exige una disposición patrimonial
que sabe que no le corresponde hacer. A la conciencia
de la ilegitimidad de la disposición que tiene la
víctima, el autor opone la intimidación que implica el
acto o la orden obligante de autoridad…” (NUÑEZ,
Ricardo, Derecho penal argentino, Bibliográfica Omeba,
Buenos Aires, 1967, p. 259).
Rodolfo Moreno (h.) ya explicaba que “… para
la extorsión es preciso que se verifique la
intimidación, esto es, la violencia moral, las
amenazas. El Código no dice qué clase de intimidación
será preciso que se emplee para que se considere
ejecutado el delito, lo que significa que toda aquella
que pueda verosímilmente impresionar a una persona y
hacerla realizar el acto perseguido, debe considerarse
suficiente …” y que “… La forma es lo de menos,
bastando que se ofrezca ocasionar un mal que determine
a la víctima o pueda determinarla a hacer lo que se le
indica con el objeto de evitarlo …” (MORENO, Rodolfo
(h.), El Código Penal y sus antecedentes. Tomo V, H.
A. Tommasi, Buenos Aires, 1923, p. 160).
En el mismo orden de ideas Sebastián Soler
expresa que “… la intimidación puede alcanzarse por
cualquier medio, directo o indirecto, inmediato o
mediato, e inclusive por la amenaza de una omisión, en
la medida en que la acción sea obligatoria. Para
juzgar de su idoneidad, se deben tomar en cuenta estos
dos criterios: a) Cuando se ha alcanzado efectivamente
el objeto, no puede dudarse de la idoneidad con
respecto al sujeto al cual la amenaza estaba dirigida.
A ese fin, debe tenerse presente que la idoneidad del
medio no se mide sobre la base de la capacidad de
crear un peligro real, sino el temor de un peligro, y
para ello puede bastar la apariencia. […]; b) Cuando
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persecución por parte de agencias estatales, los que
eran graves e idóneos para infundirle temor.
Asimismo, la exigencia dineraria por parte de
D´Alessio era ilegítima.
La circunstancia de que D´Alessio hubiera
podido, o no, concretar los males anunciados, aducida
por las defensas en la instancia previa y reiterada en
esta etapa casatoria, no integra el tipo penal y ha
sido debidamente refutada por el “a quo”.
Los sentenciantes señalaron que “no es
necesario que el mal que se amenaza sea posible de
realizar por parte del sujeto activo para que se
configure la extorsión, puesto que ´en la extorsión la
intimidacion en los definitorio, y no la factibilidad
de realización del objeto de la intimidación´”.
En tal sentido, la idoneidad de las amenazas
no debe ser medida sobre la capacidad de crear un
peligro concreto, sino sobre el temor de dicho
peligro, como ocurrió en el caso en estudio. Ello,
toda vez que la figura en análisis no requiere que se
trate de un anuncio intimidante relacionado a un mal
de cumplimiento efectivo, tal como aducen las partes.
En cuanto a la explicación que formula una de
las recurrentes respecto a que D´Alessio no intimidó
a Traficante, sino que se trató de un “ofrecimiento de
servicio”, el Fiscal General ante esta instancia
señaló que ”ello es simplemente un eufemismo que no se
corresponde ni siquiera de manera fragmentaria con los
comportamientos ejecutados por D`Alessio”. Por lo
demás, dicho planteo no encuentra asidero ni en los
dichos de la víctima, quien refirió el temor que le
causaban las manifestaciones de D´Alessio, ni en el
resto del plexo probatorio reseñado en el presente.
Sobre este marco, las intimidaciones
proferidas hacia Traficante en los sucesos
investigados, deben calificarse como idóneas para
configurar el requisito de intimidación exigido por la
figura del artículo 168 del C.P.
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los comentarios sobre los operativos en los que
participaban los imputados y las menciones a los
contactos que tenía D`Alesio. También deslizaron la
posibilidad de que Traficante y su esposa perdieran la
libertad y que formaría parte de crónicas
periodísticas.
D´Alessio hizo saber a Traficante que él
tenía la posibilidad de evitar que se incorporaran a
la causa judicial indicada elementos de trascendencia
y que aparecieran en los diarios. Ello, con la
condición del aporte por parte de la víctima de una
suma en dólares americanos que subía a medida que
pasaban los días y que era individualizada en los
encuentros y en las llamadas entre ellos.
A fin de sustentar sus afirmaciones D´Alessio
se valía también de la exhibición de registros a los
testigos y de capturas de pantallas con conversaciones
que supuestamente mantenía con el juez de la causa.
Así las cosas, el comienzo de ejecución de
las maniobras descriptas, tuvo lugar en la mencionada
reunión del día 2 de noviembre de 2016, momento a
partir del cual, a decir del “a quo”, “D`Alessio
colocó a Traficante en una situación configurativa del
riesgo o peligro de padecer una concreta afectación de
su patrimonio… desde ese momento, todos los hechos que
se sucedieron… no hicieron otra cosa que perfeccionar
exponencialmente el plan criminal iniciado el 2 de
noviembre, culminando de ese modo con la acción,
fortalecida una y otra vez en virtud de cada nuevo
aporte….”.
Todo lo hasta aquí afirmado echa por tierra
los planteos de los recurrentes referidos a la falta
de tipificación de la figura prevista y reprimida por
el Art. 168 del C.P.
Ahora bien, al ser el tipo penal un delito de
resultado, y toda vez que el autor y los partícipes
del suceso no alcanzaron a conseguir la disposición
patrimonial de la víctima a fin de consumar su
ejecución, la extorsión quedó en grado de tentativa.
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siguiente, que de lo contrario dejaría todo como
estaba.
Conforme todo lo indicado, lo mencionado en
el párrafo precedente no puede tomarse en forma alguna
como un desistimiento válido por parte de D`Alessio,
sino que lo expuesto por la defensa constituye tan
sólo una interpretación distinta a lo afirmado por el
“a quo” que no tiene asidero –ni lo logra explicar- en
el cuadro probatorio que consta en autos.
En virtud de lo expuesto, corresponde
rechazar el agravio invocado por hacerse incurrido en
el desistimiento previsto en el art. 43 del C.P.
La defensa de Bidone consideró que en
atención a la garantía de “in dubio pro reo” resulta
imposible encuadrar la conducta desplegada en el art.
43 bis de la ley 25.520. Evaluó que no se acreditó en
autos que éste haya llevado adelante una conducta que
encuadre en el delito de abuso de autoridad, puesto
que confió en la imagen que vendía D´Alessio y que
tampoco violó las prerrogativas de la ley 14.442.
Con relación a la figura prevista en el Art.
43 bis de la ley 25.520, dicho artículo castiga a todo
funcionario o empleado público que no cumpla con el
Art. 15 bis de la misma ley, en cuanto establece que
“toda relación o actuación entre la Agencia Federal de
Inteligencia, y funcionarios o empleados de cualquiera
de los poderes públicos federales, provinciales o
locales, vinculados a las actividades reguladas por la
presente ley sólo podrán ser ejercidas por el Director
General o el Subdirector General o por el funcionario
a quien se autorice expresamente dicha actividad”.
La defensa consideró que, en contra de lo que
dice la sentencia, no se ha podido acreditar con
exactitud el vínculo que se dio entre Claudio Alvarez
y Juan Ignacio Bidone, ya que el “a quo” enunció
diversas hipótesis y aclaró que no pudo establecer
cuál es la que realmente aconteció.
La parte indicó que la ley 25.520 regula las
distintas actividades o funciones de los organismos de
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En el suceso en estudio el “a quo” consideró
fundadamente en virtud de las pruebas detalladas “ut
supra” que Claudio Oscar Alvarez “en su condición de
miembro orgánico de la Agencia Federal de
Inteligencia, suscribió y entregó un informe dirigido
al entonces Fiscal a cargo de la Unidad de Delitos
Complejos del Departamento Judicial de Mercedes, Dr.
Juan Ignacio Bidone, y que éste, a su vez, lo
incorporó dentro de las actuaciones del legajo fiscal
formado en el marco de la IPP 09-00-268351-08
caratulada ´Pérez Corradi Ibar Esteban y otros
s/privación ilegal de la libertad y triple homicidio
calificado´” y que dicha pieza fue suscripta por
Alvarez y entregada en mano a Bidone, sin que dicha
actuación y relación entre ambos contara con la venia
del Director General o Subdirector General de la
Agencia Federal de Inteligencia, ni de ningún otro
funcionario autorizado, exigencia legalmente
establecida (Art. 15 de la ley 25.520).
Más aún, los jueces indicaron expresamente
que se aplicó la figura del Art. 43 bis de la ley
25.520 -residual- y no el Art. 43 ter puesto que no se
ha logrado acreditar con el grado de certeza necesario
para una sentencia de condena que Alvarez haya
realizado acciones de inteligencia prohibida
descriptas en dicho tipo penal.
En el mismo sentido que el tribunal oral, el
señor Fiscal General ante esta instancia, Dr. Mario A.
Villar, refirió que “más allá de la fecha en la que
dicho informe fue confeccionado y entregado por el
agente Álvarez a Bidone, lo cierto es que la relación
que circunscribió su actuación estaba expresamente
vedada o, mejor dicho, no se encontraba expresamente
autorizada como lo demanda el tipo penal”, extremo que
no se encuentra controvertido por la defensa.
Cabe recordar que dicho informe de
inteligencia incluso tenía la firma personal y el
número de DNI de Álvarez, lo que también controvierte
los términos de la Ley Nacional de Inteligencia.
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la desempeñan obren dentro del marco legal pertinente
sin desviaciones impropias, tanto en sentido subjetivo
tratando de sacar provecho personal, como en el
sentido objetivo que reclama su estricto cumplimiento
dentro del ámbito normativo que delimita su
competencia, evitando que su accionar se convierta en
arbitrario o ilegítimo” (TAZZA, Alejandro, Código
Penal de la Nación Argentina Comentado’. Parte
Especial. Tomo III, Rubinzal-Culzoni, Buenos Aires,
2018, ps. 147 y ss)” (cfr. C.F.C.P., Sala IV, causa
CFP 11370/2009/PL1/CFC3, caratulada: “Salas, Carlos
Lisandro s/recurso de casación”, Reg. Nro. 2121/19.4,
rta. el 22/10/2019 -pronunciamiento contra el cual la
defensa interpuso recurso extraordinario federal que
fue declarado inadmisible según Reg. Nro. 2506/19.4,
rta. el 05/12/2019- y causa FMZ 2250/2017/TO1/24/CFC8
“Aguilera Maldonado, Daniel Orlando y otros s/recurso
de casación”, Reg. 376, rta. 8/4/2021, contra el cual
la defensa interpuso recurso extraordinario federal
que fue declarado inadmisible según Reg. 844 del
10/06/2021).
Con los parámetros aludidos, los agravios
impetrados por la defensa de Bidone no pueden
prosperar.
En efecto, la obtención por dicho funcionario
público del listado de llamados entrantes y salientes,
abusando para ello de su cargo como titular de la
Unidad Fiscal de Delitos Complejos del Departamento
Judicial de Mercedes, con conocimiento de que sería
entregado a un extraño para su uso con propósitos
ilegítimos constituyó una orden contraria a las leyes
y a los deberes requeridos por la función que cumplía.
La defensa planteó que Bidone no actuó con
dolo, sino que fue víctima del engaño pergeñado por
Marcelo D´Alessio en la creencia que lo hacía con un
funcionario público que colaboraba con sus pesquisas,
lo cual respondió a un accionar omisivo de carácter
involuntario incompatible con la figura en análisis.
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aún después de haber perdido competencia sobre la
causa principal y sin el conocimiento de ninguno de
los integrantes de su oficina judicial ni de sus
superiores.
Por lo tanto, corresponde homologar el
temperamento condenatorio adoptado por el
sentenciante, en tanto quedó acreditado que Bidone
obró con conocimiento y voluntad de la situación,
máxime si se considera el cargo de representante del
Ministerio Público Fiscal de la Provincia de Buenos
Aires que ostentaba, lo cual tampoco posibilita
atender a los reclamos de la defensa en cuanto a que
actuó con culpa.
No resulta atendible que un funcionario de la
jerarquía que ostentaba Bidone actuara como lo hizo
puesto que era “desprolijo, descuidado que en su afán
por investigar hasta fue imprudente…”, tal como señala
la parte.
Así, el dolo con el cual obró Bidone quedó
confirmado por los motivos expuestos, toda vez que el
encartado no podía desconocer el contenido y alcance
de la normativa que rige su actividad y aducir que
ello ocurrió por su obrar imprudente.
En consecuencia, la atribución de
responsabilidad y la calificación legal impuesta por
el tribunal sentenciante a Bidone constituye una
conclusión fundada que deriva de un análisis lógico,
integral y crítico de la totalidad del material
probatorio reunido en el proceso.
Por lo indicado, cabe confirmar el decisorio
que con el grado de certeza apodíctica que requiere
todo pronunciamiento condenatorio, concluyó en la
responsabilidad que le cabe a Bidone con relación a la
tipificación en orden a los delitos previstos en el
art. 43 bis de la ley 25.520 y art. 248 del C.P., ello
en concurso ideal con su participación necesaria con
el delito de extorsión en grado de tentativa (Arts.
42, 44, 54 y 168 del C.P.).
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quienes les otorga una disminución considerable de
pena.
El Tribunal, luego de valorar las pruebas
reseñadas “ut supra”, consideró que la conducta de
Bidone se encuadró en el primero de los supuestos y de
Barreiro en el segundo. Por consiguiente, los condenó
en calidad de partícipes primario y secundario,
respectivamente.
En contra de lo afirmado por la parte, el “a
quo” se expidió debidamente sobre la responsabilidad
de Bidone relativa a la entrega de los registros de
llamadas entrantes y salientes a D´Alessio, los que
había solicitado en una causa en la cual ya no tenía
competencia, así como de su conocimiento de que dicha
entrega era indispensable para que el nombrado pudiera
continuar con sus maniobras intimidatorias.
En ese marco se insertó la colaboración de
Bidone, que importó, tal como indicó el señor Fiscal
General de casación, “un mejoramiento objetivo de las
condiciones en que se iba a desarrollar el plan
delictivo, es decir, con su conducta aumentó las
posibilidades de quebrantamiento de la norma del autor
y disminuyó, entonces, la capacidad de defensa que
hubieran sido predispuestas o no, debido a que la
exhibición tanto a Traficante como a Di Pierro de
tales registros de llamadas y migratorios fue
fundamental para dotar de versimilitud la historia
presentada por D`Alessio…”.
En el supuesto en análisis, Bidone era el
único funcionario público que tenía competencia para
poder conseguir dichos registros y se valió de su
posición para solicitarlos ilegítimamente y de las
argucias que se describieron en el presente, con lo
cual se satisface el grado de participación dispuesto
por el tribunal sentenciante y cuestionado por la
parte.
Consecuentemente, el aporte brindado por
Bidone en el caso resultó una contribución
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La defensa de Bidone se agravió de que no se
le impuso una pena de ejecución condicional y que al
habérsele aplicado una pena de inhabilitación, ello
constituye un castigo suficientemente grave que no
puede dejar de ser mensurado al momento de merituar el
quantum punitivo. Dijo que no surge de las constancias
del debate que el accionar de su asistido haya
reforzado el tenor de las amenazas proferidas a la
víctima ni que ello haya provocado un daño en
particular. Se refirió a que su defendido carece de
antecedentes penales, ha estado siempre a disposición
del tribunal y ha prestado colaboración activa en
todas las investigaciones que pesan sobre él.
Finalmente refirió que Bidone se encuentra suspendido
en sus funciones desde marzo de 2020, percibiendo el
60% de su sueldo y que vive con su esposa -que padece
patología oncológica- y tres de sus cinco hijos, uno
menor de edad, en un inmueble alquilado y que es
sostén de todos ellos y de su madre viuda.
A la luz de las críticas efectuadas por las
defensas, en la tarea de mensuración de la pena, el
tribunal al momento de imponer un determinado quantum
punitivo puede recurrir a circunstancias que
fundamentan la punibilidad y establecer su grado
(cfr., C.F.C.P., Sala IV, votos del suscripto, en lo
pertinente y aplicable, causa FSM 13799/2015/TO1/CFC5,
caratulada “Gil, Daniel Alberto y otros s/ recurso de
casación”, reg. nº 691/19.4, rta. —por unanimidad— el
17/4/2019; causa FGR 14295/2014/TO1/CFC3, caratulada
“Vaughan, Daniel Alberto y otros s/ recurso de
casación”, reg. nº 540/19.4, rta. —por unanimidad— el
3/4/2019; causa FCB 46301/2016/TO1/CFC1, caratulada
FCB “Gramajo, Edgar Javier s/ recurso de casación”,
reg. nº 207/19.4, rta. —por unanimidad— el 27/2/2019,
causa FCB 22018557/2013/TO2/CFC2, caratulada
“Ferreyra, Rodrigo y otros s/ recurso de casación”,
reg. nº 192/19.4, rta. —por unanimidad— el 26/2/2019,
resolución que se encuentra firme; causa FSA
19084/2016/TO1/CFC2, caratulada “Gomez, Natalia
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además tuvo una incidencia que excede del ámbito
privado y alcanza a la sociedad en su conjunto como
depositante de su confianza en las instituciones
públicas… la gravedad de los hechos aquí juzgados y
sus consecuencias revisten, como hemos dicho, una
inusitada lesión que trasciende claramente la esfera
de lo individual. No se puede perder de vista que
D’Alessio invocó a representantes de los tres poderes
del Estado, y que demostró tener incidencia sobre
ellos, viéndose comprometidos y afectados diversos
eslabones de la vida institucional y, por ende,
pilares del sostenimiento de la democracia de nuestro
país”.
En la resolución se destacó negativamente
“la persistencia de la maniobra en aras de perjudicar
a la víctima por cualquier medio, el cuantioso monto
de la exigencia dineraria, el grave daño personal,
familiar, social y laboral irrogado, sino que también
debe ponderarse de este modo la participación de
funcionarios públicos en el injusto legal
investigado”.
En particular, en la sentencia se indicó que
en la maniobra ejecutada Marcelo Sebastián D’Alessio
“tuvo una mayor intervención respecto de sus
consortes, fue quien tuvo el total dominio del hecho y
contaba con la capacidad de emprender o detener el
curso causal de las acciones en contra de Traficante,
como así también, se habrá de considerar la
persistencia de la maniobra, su extensión en el
tiempo, la agresividad y la obstinación por perjudicar
a la víctima por cualquier medio, pactando para ello
diversos encuentros con la víctima y personas
allegadas a él. En esa misma línea, la naturaleza de
los medios empleados, en el sentido de haber invocado
una supuesta connivencia con representantes de órganos
estatales -en particular el Poder Judicial de la
Nación- no puede ser ignorada. D’Alessio no sólo
utilizó maliciosamente una conversación supuestamente
mantenida con un magistrado del fuero en lo penal
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experiencia como ex agente de la Agencia Federal de
Inteligencia y puso su específica formación y
conocimiento a disposición, precisamente, de la
comisión del delito”.
Con relación a Claudio Oscar Álvarez, en la
sentencia se indicó que “no sólo era funcionario
público sino que, además, integraba el Sistema de
Inteligencia Nacional por ser agente orgánico de la
Agencia Federal de Inteligencia. Se colige de ello que
su deber de salvaguarda de la ley 25.520 y sus
modificatorias, era sin dudas mayor a la de otros
funcionarios y su infracción a la norma, mucho más
dañina. También la entidad, incidencia y contexto de
las relaciones entabladas será valorado de forma
negativa, en términos de extensión del daño y gravedad
de la infracción atribuida”.
Los magistrados evaluaron los informes
socioambientales de los imputados y dijeron que “no se
encontraban inmersos en una difícil o complicada
situación económica, por lo que los alejan por
completo del estereotipo de autor con inconvenientes
para motivarse en la norma penal”.
En el caso de Marcelo Sebastián D’Alessio,
verificaron que “es una persona de 50 años de edad,
tiene último domicilio en un barrio privado que,
además de garantizar la totalidad de las comodidades
habitacionales que pueden esperarse, es una muestra
del alto nivel de vida que tenía previo a su
detención. No refirió situaciones de vulnerabilidad
social o económica previas y se ha desempeñado desde
temprana edad a nivel laboral, siendo económicamente
estable con diversos emprendimientos económicos
vigentes al momento de los hechos”.
Al referirse a Juan Ignacio Bidone, los
sentenciantes mensuraron que tiene “48 años y es
abogado. Goza de un nivel socio económico bueno y es
Fiscal -actualmente suspendido- del Departamento
Judicial de Mercedes de la provincia de Buenos Aires.
Sobradas eran sus capacidades de motivarse y ajustar
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responsable del delito de extorsión en grado de
tentativa (arts. 12,19, 29 inc. 3°, 40, 41, 42, 44, 45
y 168 del Código Penal y 530 y 531 del Código Procesal
Penal de la Nación).
En lo que respecta a Juan Ignacio Bidone, la
pena tres años y ocho meses de prisión, inhabilitación
especial por el plazo de cuatro años, accesorias
legales y las costas del proceso, por considerarlo
partícipe necesario del delito de extorsión en grado
de tentativa en concurso ideal con los delitos de
abuso de autoridad y aquel previsto en el art. 43 bis
de la ley 25.520 -redacción según ley 27.126-, estos
últimos en calidad de autor(arts. 12, 19, 29 inc. 3°,
40, 41, 42, 44, 45, 54, 168 y 248 del Código Penal y
530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación).
En lo que guarda relación con Hugo Rolando
Barreiro, la pena de dos años de prisión cuyo
cumplimiento se deja en suspenso y las costas del
proceso, por considerarlo partícipe secundario del
delito de extorsión en grado de tentativa (arts. 26,
29 inc. 3°, 40, 41, 42, 44, 46, 54 y 168 del Código
Penal y 530 y 531 del Código Procesal Penal de la
Nación).
Finalmente, a Claudio Oscar Álvarez la pena
de dos años de prisión cuyo cumplimiento se deja en
suspenso y las costas del proceso, por considerarlo
autor penalmente responsable del delito previsto por
el art. 43 bis de la ley 25.520 -redacción según ley
27.126- (arts. 26, 29 inc. 3°, 40, 41y 45 del Código
Penal y 530 y 531 del Código Procesal Penal de la
Nación).
En lo referente a las quejas de la asistencia
técnica de D´Alessio, ésta no ha logrado demostrar la
existencia de óbice alguno en valorar como pauta
agravante el alto grado de responsabilidad que
distinguió a D´Alessio de los restantes miembros de la
empresa delictiva. En efecto, en virtud de lo expuesto
por el “a quo” y la maniobra que fue descripta a lo
largo del presente, dicha circunstancia no puede ser
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el proceso de determinación de la pena, por lo cual no
se hará lugar a sus planteos.
Distinta es la situación de Juan Ignacio
Bidone, en cuyo caso, tal como afirma su defensa, se
advierte que el “a quo” omitió considerar algunas
circunstancias como atenuantes y tomó como agravantes
elementos que en el supuesto en estudio no debieron
haber funcionado de ese modo.
Así acontece con relación a la especial
consideración que el “a quo” dirigió a la función que
cumplía Bidone, la cual se encuentra expresamente
prevista en la figura del art. 248 del C.P. por la que
fue condenado.
Los magistrados tampoco han evaluado que
junto con la pena de prisión de efectivo cumplimiento
asignada a Bidone también se le ha impuesto una
inhabilitación especial por el plazo de cuatro años,
precisamente por el cargo público que ostentaba.
Lo mismo ocurre con “la falta de necesidad
económica” señalada por los jueces de la instancia
precedente, que se contrapone con los extremos
expuestos por la defensa en su recurso de casación y
que no han sido debidamente considerados en la
sentencia.
Por ende, en virtud de lo señalado, así como
a lo expresado por la partes en oportunidad de
presentar breves, se advierte que la decisión
impugnada se aparta de las constancias de la causa y
presenta una fundamentación tan solo parente,
equiparable a la ausencia de fundamentación, lo que
configura un supuesto de arbitrariedad de sentencia
(Fallos: 338:435, 338:68, 331:1090, 331:36,330:4983,
330:4903, entre muchos otros.
Consecuentemente, entiendo que debe hacerse
lugar parcialmente al recurso de casación deducido por
la defensa de Juan Ignacio Bidone, y en consecuencia
anular parcialmente la sentencia impugnada únicamente
en lo que respecta al monto de la pena de prisión
impuesta al nombrado.
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II. Asimismo, comparto, en lo sustancial, las
consideraciones efectuadas por el juez Mariano Hernán
Borinsky para rechazar los agravios vinculados con las
nulidades alegadas y concernientes a la intervención
de la parte querellante en la oportunidad prevista por
el art. 393 del CPPN y por la afectación al principio
de congruencia; los referidos a la presunta
arbitrariedad por el factum atribuido de conformidad
con la valoración del material probatorio incorporado
al debate; con la atipicidad de las conductas
reprochadas a D´Alessio y Bidone, en razón de no
haberse satisfecho los elementos que integran el tipo
objetivo del delito de extorsión y por la fecha en la
que Álvarez le entregó el informe de inteligencia a
este último, por no encuadrar en la figura del art. 43
bis de la ley 25.520 -invocados por la asistencia
oficial de D´Alessio y la defensa de Bidone-; al grado
de consumación del delito de extorsión y de
participación que en los sucesos acaecidos les cupo a
los imputados, sobre todo en cuanto a la intervención
de Bidone; al supuesto error de tipo alegado por la
defensa de Bidone para marcar la atipicidad del abuso
de autoridad atribuido; al título de imputación
discernido en la sentencia con relación a los acusados
y, finalmente, a los orientados a cuestionar los
montos de penas judicialmente individualizados, con
excepción del de Álvarez, compartiendo los fundamentos
brindados para hacer lugar pracialmente -en este
aspecto- al recurso de la defensa de Bidone.
En esa inteligencia, me remito a sus fundadas
consideraciones, haciendo solamente las siguientes
apreciaciones.
Con relación a la pretendida aplicación al
caso del principio in dubio pro reo, reclamado por las
defensas, observo de la lectura de la sentencia
impugnada, en lo atingente a la valoración de las
pruebas y a la acreditación del hecho juzgado, que se
encuentra correctamente fundada y no exhibe déficits
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forma libre y sin que esté sujeta a ningún control
posterior en Casación.
Es que el legislador no les ha concedido a
los jueces del juicio la gracia de que, sin motivos,
elijan a discreción la pena a fijar, pues si ello
fuera así, se fomentaría la aplicación de sanciones
arbitrarias y se convertiría a la determinación
judicial de la pena en un feudo inexpugnable del juez.
En efecto, al ejercitar esa atribución los
magistrados de la causa no pueden eximirse de imprimir
el sello de proporcionalidad o razonabilidad que debe
acompañar a toda decisión jurisdiccional,
encontrándose impedidos, por ejemplo, de valorar
circunstancias, elementos o calidades que, en sí
mismas consideradas, ya configuren la acción típica
que se les reprochó.
Tanto el ejercicio excesivo del ius puniendi
estatal, como los casos de indulgencias exageradas o
desmedidas, sin apoyarse en las constancias del
juicio, significan una flagrante violación a la máxima
de razonabilidad que debe respetar toda sentencia
condenatoria y, por tanto, un agravio irreparable a
las garantías del debido proceso legal y de la defensa
en juicio.
Es que no basta para tener por debidamente
individualizada una pena la referencia genérica a las
pautas que marcan los artículos 40 y 41 del Código
Penal, sino que deben explicitarse cada uno de los
parámetros utilizados, particularizándose cada ítem y
precisando en qué sentido se valora, es decir, si a
modo de agravante o de atenuante y, finalmente,
detallando su incidencia respectiva en la sanción,
siendo necesario que se indique -bajo sanción de
nulidad- todo el procedimiento seguido para llegar a
esa determinación (cfr. en este sentido las críticas
de Esteban Righi a la práctica judicial sobre la
materia en Teoría de la pena, ed. Hammurabi, Bs. As.
2001, p. 203), sin que sea posible una doble
valoración de un elemento que ya forme parte del
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En esta línea, he sostenido que es obligación
del juez que actúa en esta vital etapa que tome
conocimiento de la proyección o dinámica del conflicto
al momento de determinar la pena y no solo en el
momento de su comisión (cfr., en lo pertinente y
aplicable, FMZ 11356/2013/TO1/CFC8 “Vargas Méndez,
Patricia y otros s/rec. de casación”, Reg. 558/21, del
3/5/21 y PSM).
Esta posición es sostenida por la mejor
doctrina en la materia, aditándose que “... [l]as
circunstancias personales del autor, tales como
situación familiar, profesión, origen social,
infancia, educación en general, serán de importancia
para determinar la capacidad del autor para reconocer
la antijuridicidad del hecho y para determinarse
conforme ese conocimiento. Para ello (…), para
analizar las necesidades de prevención especial, las
condiciones personales a tomar en cuenta serán las del
momento de la sentencia” (cfr. Ziffer, P. Lineamientos
para la determinación de la pena, Ad-Hoc, Buenos
Aires, 2013, ps. 138 y 139 y D’Alessio, A., Código
Penal, comentado y anotado, parte general, T. I, ed.
La Ley, 1era. ed., Bs. As., 2005, ps. 435 y 436)).
Por lo demás, resulta necesario destacar que
a su respecto, el Ministerio Público Fiscal en las
postrimerías del juicio, había solicitado la
imposición de la pena de tres años y nueve meses de
prisión, inhabilitación por doble de tiempo,
accesorias legales y al pago de las costas del
proceso, por considerarlo partícipe necesario de los
delitos de extorsión en grado de tentativa, en
concurso ideal con el delito de realizar acciones de
inteligencia prohibidas en la ley 25.520, en calidad
de autor, de acuerdo a lo normado por los arts. 12, 29
inc. 3°, 40, 41, 42, 45, 168 del Código Penal y 43
ter, en función de los artículos 5 bis y 16 de la ley
25.520 -según ley 27.126-, y arts. 403, 530 y 531 del
Código Procesal Penal de la Nación.
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42000308/2009/TO1/CFC1, “Trento, Omar Alberto
s/recurso de casación”, Reg. 1201/19 del 12/6/2019)
Por lo demás, tal como se sostiene en el voto
de mi colega de Sala que me precede, los jueces de
mérito tampoco han sopesado adecuadamente que, junto a
la pena de prisión efectiva de tres años y ocho meses,
le impusieron la de inhabilitación especial por el
plazo de cuatro años precisamente a raíz de la calidad
de funcionario público -fiscal- que Bidone ostentaba.
IV. En suma, propongo al Acuerdo:
a) Rechazar los recursos de casación
interpuestos por las defensas de Marcelo Sebastián D
´Alessio y de Hugo Rolando Barreiro, en todos sus
términos, con costas (arts. 530 y cc. del CPPN),
confirmando a su respecto el fallo impugnado.
b) Hacer lugar al recurso de casación
interpuesto por la defensa de Claudio Oscar Álvarez y,
parcialmente, al de la asistencia letrada de Juan
Ignacio Bidone, anular parcialmente los puntos III. Y
VI del pronunciamiento atacado únicamente en lo que
respecta a los montos de las penas de prisión
impuestas a los nombrados y reenviar las actuaciones
al tribunal de origen a fin de que, previa audiencia
de visu con esas partes y con el Ministerio Público
Fiscal, proceda a individualizar sus sanciones en las
formas debidas, sin costas en la instancia (arts. 530
y 531 del C.P.P.N.).
Tener presentes las reservas del caso federal
formuladas.
Ese es mi voto.
El señor juez Gustavo M. Hornos dijo:
I. Corresponde señalar, en primer término,
que los recursos de casación interpuestos por las
defensas resultan formalmente admisibles, toda vez que
la sentencia recurrida es de aquellas consideradas
definitiva (art. 457 del C.P.P.N.), la parte
recurrente se encuentra legitimada para impugnarla
(art. 459 del C.P.P.N.), los planteos realizados
encuadran dentro de los motivos previstos por el art.
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proyecta en el adecuado ejercicio del derecho de
defensa, que es inviolable conforme expresamente lo
declara la Constitución Nacional en el artículo 18. En
el caso de autos, tanto las defensas respectivas, como
los imputados, conocieron efectiva y ampliamente los
hechos enrostrados desde el inicio mismo de la causa y
las posibles calificaciones legales en torno a esa
conducta.
En esta instancia las defensas no concretizan
su perjuicio al no explicar qué defensa se habrían
visto privadas de ejercer, y en qué medida habría
influido en la solución adoptada, conforme la doctrina
de la Corte Suprema in re: Fallos: 310:2085; 311:904 y
2461; razón por la cual este agravio debe ser
rechazado.
En consecuencia, los agravios deducidos
demuestran una mera disconformidad con lo resuelto por
el a quo, sin que pueda advertirse la arbitrariedad
invocada ni la violación a las garantías
constitucionales alegadas.
III. Por lo demás, los juzgadores han
efectuado, en el caso, un examen global y abarcativo
de los distintos elementos probatorios disponibles,
evitando fragmentarlos, de modo de conservar la visión
de conjunto y la correlación que, sin espacio para la
duda, han arrojado certeramente los distintos
elementos de cargo. Esto ha permitido al Tribunal
extraer sus conclusiones a la luz de los criterios de
la sana crítica racional, como correcta derivación de
las constancias de la causa.
Cabe tener presente que las defensas se
agravian por cuanto consideran que el a quo efectuó
una errónea valoración de la prueba obrante en autos,
y cuestionaron la acreditación de los aspectos
objetivos y subjetivos del tipo penal imputado y el
grado de participación atribuido a los encausados.
Sobre dicha cuestión, sólo habré de señalar
que las manifestaciones expuestas en las
presentaciones casatorias no resultan suficientes para
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comunicación para amedrentar al nombrado, entre otros
reseñados en el voto que lidera el acuerdo.
Por su parte, Hugo Rolando Barreiro realizó
diversos aportes a la maniobra criminal desplegada por
D’Alessio, todas ellas orientadas a incrementar su
capacidad de intimidación tanto por su poderío físico
como por sus antecedentes profesionales. Desde ese
lugar acompañó a D’Alessio en un vehículo en el que
exhibían balizas aparentando ser de una fuerza de
seguridad al presentarse en reiteradas oportunidades
en el domicilio de Di Pierro para hacer llegar
mensajes extorsivos a Traficante, intervino
activamente en la reunión entre D’Alessio y Garcés en
el edificio de Las Toscas orientada a reforzar la
exigencia dineraria a la víctima, brindó su equipo de
telefonía celular a D’Alessio para que éste enviara
mensajes urgiendo al damnificado a reunirse, facilitó
los contactos entre D’Alessio y los demás involucrados
en los hechos investigados y constituyó una pieza del
engranaje activado por D’Alessio en la extorsión a
Traficante.
En el caso de Juan Ignacio Bidone, el a quo
acreditó que como fiscal, procuró, para su posterior
utilización extorsiva, elementos que contaban con
información personal de Gabriel Traficante, para lo
cual se valió de una serie de argucias, falsedades,
ocultamientos e irregularidades en el desempeño y
deberes propios del relevante rol institucional que
desempeñaba.
Por último, se probó que Claudio Oscar
Alvarez, en su condición de miembro orgánico de la
Agencia Federal de Inteligencia, suscribió y entregó
un informe dirigido al entonces Fiscal a cargo de la
Unidad Fiscal de Instrucción de Delitos Complejos del
Departamento Judicial de Mercedes, Juan Ignacio
Bidone, y que éste, a su vez, lo incorporó dentro del
legajo de las actuaciones del legajo fiscal formado en
el marco de la IPP 09-00-268361-08 caratulada “Pérez
Corradi Ibar Esteban y otros s/privación ilegal de la
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basta con que el imputado haya logrado hacerse temer,
aunque sea con una amenaza de importancia relativa.
Del análisis de las pruebas obrantes en autos
se puede concluir en favor de la idoneidad del mensaje
extorsivo, así como en favor de “la capacidad
amenazante en sí misma”.
En el caso, tal como señala el a quo, la
conducta analizada resulta típica, en cuanto reúne los
requisitos exigidos por la figura jurídica prevista en
el art. 168 del C.P. En efecto, la amenaza descripta
en autos -las conversaciones, tanto las personales
cómo las telefónicas, con la propia víctima, los ejes
sobre los que versaron sus promesas de males
inminentes, los encuentros con allegados de Traficante
y la utilización de medios de comunicación para
amedrentar al nombrado, entre otras conductas
acreditadas en autos- reúne la característica de
idoneidad requerida por el delito de extorsión, y se
presentó como apta para infundir temor y afectar la
libertad de la víctima.
El déficit de tipicidad sustentado en la
reacción de la víctima y la conclusión a la que
arribaran las defensas en cuanto a la falta de temor
que le causara a Traficante, se presenta carente de
fundamentación.
Por otro lado, la defensa de Bidone planteó
que el encausado no actuó con dolo sino que confió en
que “la imagen pública que D´Alessio vendía”. Al
respecto sólo habré de señalar que resulta claro que
el encausado ha tenido a su alcance razones
epistémicas para conocer del carácter ilícito de su
conducta. Cómo señala el señor Fiscal General ante esta
instancia, Bidone se trataba de un funcionario público
–representante del Ministerio Público Fiscal de la
Provincia de Buenos Aires- de carrera y con suficiente
experiencia y capacidad para saber que previo a
permitir el acceso a un expediente de quien se
presentaba como funcionario público –D´Alessio-,
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acerca de la culpabilidad del acusado (C.S.J.N.
Fallos: 9-290; entre muchos otros).
La duda, en definitiva, debe definirse como
una real situación de equilibrio entre las pruebas de
cargo y de descargo, pero, sin embargo, no sólo este
estado sino también la probabilidad de que, con base
en las comprobaciones de las actuaciones, se ha
cometido un hecho delictuoso y que el imputado es
culpable como partícipe del mismo, impedirán que se
dicte una sentencia condenatoria, ya que para ello el
tribunal deberá obtener la certeza sobre la verdad de
la imputación (cfr.: en igual sentido Vélez Mariconde,
Alfredo: “Tratado de derecho procesal penal”, Ed.
Lerner, Editora Córdoba, t. I, pág. 345 y nota 11,
citado por Cafferata Nores, José I.: “La prueba en el
proceso penal”, págs. 10 y 11).
A la luz de lo expuesto, tal como surge del
análisis realizado en el presente voto, conforme a la
evaluación de las pruebas arrimadas al juicio no es
posible advertir la arbitrariedad en el razonamiento
efectuado en la sentencia en sustento del fallo
finalmente dictado.
A ello corresponde agregar que la posición
expuesta por la defensa muestra simplemente una
discrepancia con la forma en la que el Tribunal a quo
valoró la prueba, toda vez que no funda de manera
fehaciente de qué manera dicha valoración ha sido
errónea, limitándose a señalar que no existe una sola
prueba directa, cuando, como bien ha sido reseñado, la
prueba resulta suficiente para sustentar la imputación
realizada a los recurrentes.
Así las cosas, de la argumentación
concretamente efectuada en la sentencia se desprende
la suficiencia de su fundamentación para arribar a la
conclusión sobre la materialidad y calificación legal
respecto a los hechos juzgados, habiendo sido, por lo
tanto, ligados mediante un razonamiento respetuoso de
las reglas de la sana crítica racional, sin cometer el
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actividad resolutoria; exponiendo las razones que
sustentan la necesidad de imposición de una pena
concreta. Deber que no sólo surge de la Constitución
Nacional (art. 18), sino también de los artículos 123
y 404, inciso 2°) del C.P.P.N., y del propio
ordenamiento material en cuanto establece las pautas
que deben ser merituadas en tal decisión.
Así, el artículo 40 del Código Penal
establece, en lo pertinente, que los tribunales
fijarán la condenación de acuerdo con las
circunstancias atenuantes o agravantes particulares a
cada caso y de conformidad a las reglas previstas en
el artículo 41, en el que se mencionan: “1° la
naturaleza de la acción y de los medios empleados para
ejecutarla y la extensión del daño y del peligro
causados”; y “2° La edad, la educación, las costumbres
y la conducta precedente del sujeto, la calidad de los
motivos que lo determinaron a delinquir, especialmente
la miseria para ganarse el sustento propio necesario
de los suyos, la participación que haya tomado en el
hecho, las reincidencias en las que hubiere incurrido
y los demás antecedentes y condiciones personales, así
como los vínculos personales, la calidad de las
personas y circunstancias de tiempo, lugar, modo y
ocasión que demuestren su mayor o menor
peligrosidad…”.
Tal como se sostuviera en varios precedentes
de esta Sala (cfr. causa nro. 847: “Wowe, Carlos s/
rec. de casación”, reg. nro. 1535.4, rta. el 30/10/98;
causa nro. 1785: “Trovato, Francisco M.A. s/ rec. de
casación”, Reg. nro. 2614, rta. el 31/5/00; y causa
nro. 2901: “Topa, Ariel Fernando y otro s/ rec. de
casación”, reg. nro. 3749.4, rta. el 13/11/01; entre
otras) las mencionadas directrices no se pueden
definir dogmáticamente de modo de llegar a un criterio
totalmente objetivo y casi mecánico, ya que tal
ponderación debe ser realizada en base a variables que
no pueden ser matemáticamente tabuladas desde que nos
hallamos ante un derecho penal de acto, que incluye un
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Para ello, los sentenciantes tuvieron en
cuenta, distintas pautas agravantes y atenuantes al
momento de determinar el monto punitivo de los
encausados.
Así las cosas, corresponde señalar que en la
oportunidad de celebrarse la audiencia de debate, el
señor representante del Ministerio Público fiscal
solicitó que se condenara a Bidone a la pena de la
pena de cuatro años y ocho meses de prisión,
inhabilitación especial por el doble de tiempo,
accesorias legales y al pago de las costas del
proceso.
Ahora bien, el Tribunal a quo, al momento de
determinar el quantum de la pena, consideró que debía
imponerse una pena sustancialmente inferior a la
solicitada por la acusación pública y decidió
imponerle una pena de tres (3) años y ocho (8) meses
de prisión, inhabilitación especial por el plazo de
cuatro años (4), accesorias legales y las costas del
proceso.
Tal decisión se encuentra sustentada de forma
fundada, a la luz de las pautas de mensuración
punitivas fijadas en los arts. 40 y 41 del C.P.
referidas precedentemente.
Para ello, los sentenciantes tuvieron en
cuenta distintas pautas de mensuración. En primer
lugar, consideraron como agravante la modalidad de la
acción, la naturaleza de los hechos y los medios
empleados, y el grado de la afectación al bien
jurídico protegido por la norma.
Así el a quo describió que “nos hallamos ante
una maniobra criminal cuya ejecución involucró a
diversos sujetos con distintos grados de
participación, que deja ver a las claras el enmarañado
designio criminal llevado adelante por Marcelo
Sebastián D’Alessio, Juan Ignacio Bidone -en su
carácter de Fiscal de la provincia de Buenos Aires- y
Hugo Rolando Barreiro en su condición de ex agente de
la AFI que ya no detentaba al momento de los hechos,
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valoración de circunstancias de hecho ya contenidas en
el tipo penal, sino que se suma a una valoración
negativa. En ese sentido, no se puede soslayar el
carácter de funcionario público que revestía Bidone y
la responsabilidad que le fuera depositada por su
función de Fiscal, como así tampoco la pertenencia de
Claudio Oscar Álvarez y de Hugo Rolando Barreiro
-pretérita en su caso- a la Agencia Federal de
Inteligencia”.
Por otro lado, valoró que en autos se vio
afectado seriamente el bien jurídico protegido por la
norma en tanto señaló que la maniobra descripta “no
sólo se trata de un hecho criminal que ha afectado a
la libertad individual de una persona (Traficante),
sino que además tuvo una incidencia que excede del
ámbito privado y alcanza a la sociedad en su conjunto
como depositante de su confianza en las instituciones
públicas”.
Es que, destacó que la acción emprendida por
Juan Ignacio Bidone, la cual se subsume en tres tipos
penales (art. 54 del CPN), ha provocado no solamente
un daño a la víctima, sino que las consecuencias
dañosas se proyectan a los funcionarios que se
desempeñaron en su órbita y, en definitiva, a la
imagen y prestigio del Ministerio Público Fiscal,
institución en la que los ciudadanos depositan su
confianza y cuyo objetivo, opuesto al accionar del
nombrado, es el de velar por la legalidad y defender
los intereses sociales.
También valoró negativamente la conducta del
encausado Bidone posterior al hecho, en tanto intentó
ocultar el delito y entorpecer y desviar la dirección
de la investigación en la etapa inicial.
Además, el a quo tuvo en consideración
distintas pautas relativas a las condiciones
personales de Bidone para fundar el monto punitivo
finalmente dispuesto. Así, consideró que Bidone “posee
48 años y es abogado. Goza de un nivel socio económico
bueno y es Fiscal -actualmente suspendido- del
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reafirma el derecho subjetivo de la víctima que ha
sido violado y demuestra con claridad que el hecho fue
en efecto un crimen (cfr. en ese sentido mi voto en la
causa 24907/2014/TO1/CFC3 de la Sala I C.F.C.P., “O.,
H. L. s/ recurso de casación, Reg. 2123/16.1, rta.
3/11/16; y, en lo pertinente, mi voto en las causas
“DEUTSCH, Gustavo Andrés”, reg. Nº 14842, rta. el 3 de
mayo de 2011; “VILLAREAL, Raúl Alcides y otros
s/recurso de casación”, reg. 1773/2015.4, rta. el
21/09/2015; y, más recientemente, en la causa “BERAJA,
Rubén Ezra s/recurso de casación”, reg. Nº 1255/20,
rta. el 31/07/2020).
El propio hecho de adoptar reglas penales que
establecen estándares de comportamiento implica
categóricamente que las acciones que las violan son
incorrectas, y que tales acciones han de ser
condenadas, denunciadas, repudiadas.
Las expresiones de esta condena y repudio son
el indicador de la validez de las reglas y de la
aceptación de la convicción de que sus quebrantos son
incorrectos e intolerables en la sociedad (en este
sentido, del idioma Inglés, Primoratz, Igor.
"Punishment as Language", Philosophy 64, no. 248
(Cambridge University Press: 1989), 187-205, p. 197).
Así, cabe concluir que las condiciones
personales del sujeto valoradas positivamente por el a
quo, como aquellas circunstancias que rodearon a la
comisión del delito referidas, la naturaleza de la
acción y extensión del daño evidenciado, y las demás
circunstancias valoradas en autos, forman parte no
sólo de la base del juicio de prevención especial sino
que también resultan de importancia tanto para
determinar la gravedad de la infracción a la norma
como para graduar la culpabilidad.
Es que, fueron aquellas circunstancias
objetivas descriptivas de un marco situacional
específico, las valoradas por el a quo con el fin de
determinar el monto de la pena aplicada al caso
conforme a las escalas previstas para los delitos de
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al monto de la pena de prisión impuesta al nombrado y
reenviar al tribunal de la instancia precedente, a sus
efectos, sin costas en la instancia (Arts. 530 y 531
del C.P.P.N.).
III. TENER PRESENTES las reservas del caso
federal.
Regístrese, notifíquese, comuníquese
(Acordada 5/2019 de la C.S.J.N.) y remítase al
tribunal de origen mediante pase digital, sirviendo la
presente de atenta nota de envío.
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