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Significados Swinger - Aguilar Et. Al - 2016

La tesis investiga los significados que los sujetos swinger en Chile atribuyen a sus prácticas sexuales, revelando que se posicionan en una dicotomía frente a las normas sociales, al mismo tiempo que las desafían. A través de un estudio cualitativo con dos participantes, se identifican aspectos únicos de la práctica swinger relacionados con la fantasía, los celos y la concepción de la pareja. Este trabajo busca contribuir a la comprensión de una temática poco explorada en el contexto chileno y en el ámbito de la psicología.

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Significados Swinger - Aguilar Et. Al - 2016

La tesis investiga los significados que los sujetos swinger en Chile atribuyen a sus prácticas sexuales, revelando que se posicionan en una dicotomía frente a las normas sociales, al mismo tiempo que las desafían. A través de un estudio cualitativo con dos participantes, se identifican aspectos únicos de la práctica swinger relacionados con la fantasía, los celos y la concepción de la pareja. Este trabajo busca contribuir a la comprensión de una temática poco explorada en el contexto chileno y en el ámbito de la psicología.

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Significados que sujetos swinger, en

Chile, asignan a sus prácticas.


Tesis para optar al grado de Licenciado en Psicología.

Autores:
Constanza Aguilar
Francisca García
Denisse Godoy
Diego Rodríguez.

Equipo Docente:
Dra. Marcela González
Dra. Luisa Castaldi
Psi. Bryan González.

Diciembre, 2016.
Resumen:
Dadas las condiciones históricas, se han visibilizado diversos tipos de prácticas sexuales
alternativas a la monogamia. Estas prácticas, en particular la swinger, han sido escasamente
investigadas. En esta tesis se presentan los resultados de una investigación realizada con dos
sujetos swinger mayores de 18 años, en una relación y pertenecientes a la V región. Este estudio
cualitativo se basó en los significados de los sujetos acerca de su participación en el mundo
swinger. Los principales hallazgos evidencian que los sujetos swinger se posicionarían ante las
normas sociales en dicotomía, ya que responden a ellas a la vez que las quebrantan en el plano
sexual. Pese a lo anterior, la práctica swinger presenta aspectos únicos en aquello que se refiere a
la fantasía, celos, roles de género, así como la concepción de la relación de pareja y la
sexualidad.
Palabras clave: Swinger, sexualidad, sexo, pareja, normas sociales.

Abstract:
Given the historical conditions, different types of sexual practices have been seen as
alternatives to monogamy. These practices, particularly the swinger, have been barely
researched. In this study we present the results of a research conducted with two subjects over 18
years of age, in a relationship and belonging to the V region. This qualitative study was based on
the meanings of the subjects about their participation in the swinger world. The main findings
show that the swinger subjects would position themselves in dichotomy before the social norms,
since they respond to them while they break them in the sexual field. In spite of the above, the
swinger practice presents unique aspects about fantasy, jealousy, gender roles, as well as the
concepts of relationship and sexuality.
Key words: Swinger, sexuality, sex, relationship, social norms.
Índice:

Introducción Página 1
Marco Teórico Página 2
Marco Metodológico Página 5
Resultados Página 8
Figura 1: Sujeto social y Constructos sociales Página 8
Figura 2: Singularidad del sujeto Página 10
Figura 3: Relación de pareja Página 12
Figura 4: Género y Sexualidad Página 17
Figura 5: Mundo swinger Página 18
Discusiones Página 25
Conclusiones Página 34
Referencias Bibliográficas Página 36
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Introducción:
El declive de la modernidad, referido a la transición entre la creencia en un mundo
cognoscible a través de la razón, caracteriza la transición a la posmodernidad. Esta sustituye
verdades absolutas por interpretaciones subjetivas de la realidad (Daros, 2015; Terrén, 1999). Tal
tensión se refleja en aspectos de la experiencia tanto subjetiva como social del sujeto que son
relevantes para la presente investigación. Tales elementos se asocian a la moral, la sexualidad,
las relaciones amorosas, además de la función de la familia como dispositivo (Velásquez, 2012).

Durante casi dos mil años, la sexualidad ha sido considerada algo desagradable y, los
estudios sobre esta, poseían un enfoque biomédico debido al aumento de las enfermedades de
transmisión sexual (Giraldo 2003; en Monsalve, 2009). Sin embargo, la sexualidad abarca más
ámbitos que lo reproductivo, como las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el
erotismo, la vinculación afectiva y el amor (Organización Panamericana de la Salud, 2006, en
Ruiz, 2011). Respecto a esto último, el psicoanálisis propone la existencia de anudamientos
particulares que permiten al sujeto anclarse a una relación (Yela, 2002 en Ruiz, 2012).

El enfoque sociológico propone que la sexualidad en la pareja atraviesa períodos de


crisis en los que se buscaría homogeneizar las prácticas y en el que primaría un concepto de lo
moral y lo normal (Serna, 2012). En relación a lo anterior, las parejas swinger surgen como algo
distinto respecto de la monogamia, que en este estudio será comprendida como “ser sexualmente
activo con solo una persona, quien ha accedido a ser sexualmente activo solo contigo” (Terri,
Conley, Zieglers, Moor, Matsick, & Valentine, s.f., p. 4). Los involucrados deciden entonces,
por mutuo acuerdo, ejercer su libertad sexual y practicar el intercambio de pareja (Bueno,
Gómez, Martínez, Orejuela, Piedrahita, Renza, Zúñiga, 2010). Con el pasar del tiempo, la
práctica swinger se ha masificado, reflejo de ello es la conformación de la Asociación
Norteamericana de Clubes Swingers, cuyo director ejecutivo, manifiesta que: "Swinger es un
estilo de vida donde no existe la inhibición sexual, donde las parejas son emocionalmente
monógamas, pero se interrelacionan sexualmente con otras parejas" (en Monsalve, 2009, p. 45).
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El campo de estudio en que se enmarca este trabajo es el de la investigación psicológica.


En función de esto, Davidson (2010) asegura que las personas que exploran relaciones abiertas
se enfrentan a conflictos internos al experienciar emociones y miedos que su propia ideología les
dice que no deberían tener. Según Macklin (1987, en Davidson, 2010), algunas personas en
relaciones no tradicionales experimentarían dificultad en encontrar terapeutas que no los juzguen
por su estilo de vida. En este sentido, esta investigación ofrece a la psicología y a las ciencias
sociales, una aproximación a la comprensión de subjetividades que no han tenido un lugar en el
campo investigativo. Asimismo, la relevancia de esta investigación excede el interés de la
psicología clínica, pues el análisis del fenómeno permite explorar zonas de la realidad social que
no han sido investigadas en nuestro país y que igualmente son escasas a nivel internacional
(Vaillancourt y Few-Demo, 2014).

El objetivo que guía el quehacer investigativo de este estudio busca comprender los
significados que los sujetos swinger atribuyen a sus prácticas. Con base en el objetivo expuesto,
se utiliza el método de estudio de caso, centrado en el sujeto como unidad de análisis. Este lleva
a cabo a través de entrevistas semiestructuradas a sujetos swinger que se encuentran en una
relación de pareja; todos ellos mayores de 18 años y de la quinta región.

Marco Teórico:
En relación a los cambios respecto a la concepción de la vida en pareja monogámica,
surgen nuevas formas de satisfacción y sexualidad. Dentro de estas, se instalaría el fenómeno
swinger, que para Olivera (2014) se relaciona con la etimología de la palabra, que en inglés
significa oscilar o cambiar, y podría traducirse al español como libertino. Esto daría a entender
que los sujetos traspasan los límites morales para lograr ciertos estados de placer. Diversos
autores afirman que estas prácticas surgieron en el ejército norteamericano a mediados de los
años 50’, como un consentimiento para mantenerse resguardados de la infidelidad. Los soldados
accedían a que amigos hicieran visitas de carácter sexual a sus esposas, con el fin de que estas no
se vieran en la necesidad de ser infieles (Bueno et.al, 2010). Otra versión señala que los inicios
se asocian a un juego donde los soldados norteamericanos en Filipinas “ponían dentro de un
sombrero las llaves de sus habitaciones, y al azar intercambiaban sus parejas. De ahí que la
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cerradura y las llaves formen parte de la simbología del movimiento” (Revista Minuto Uno en
Bueno et al, 2010, p. 30-31). Sin embargo, estas teorías son solo presunciones históricas.

Líneas de investigación sociológica han tratado de explicar la función social de la


práctica swinger como una irrupción frente a los vestigios de represión sexual, derivados de
prácticas naturalizadas en la sociedad como la monogamia (Sánchez, 2008; Hurtado & Serna,
2011; Orejuela, Pidrahita, & Faizuri, 2012). Producto de la transición a la posmodernidad, el
modelo de familia nuclear se ha ido tensionando (Velásquez, 2012), ante lo cual se ha observado
una inclinación hacia un goce o placer sexual que lleva a buscar en el otro – o en sí mismo –
esa satisfacción de órgano que se sitúa en el cuerpo, más allá de lo emocional (Lipovetsky en
Daros, 2015). Otras teorías sugieren una relación entre este fenómeno y lógicas
político-económicas como el discurso capitalista neoliberal en relación a la noción de poder
adquirirlo todo (Hurtado & Serna, 2011). Así, la práctica swinger colocaría el sexo fuera de los
parámetros sociales monogámicos, cambiando los conceptos tradicionales de la relación hombre-
mujer (NASCA 2004 en Monsalve, A. 2009).

Estas nuevas prácticas amorosas han sido estudiadas, pero encuentran en distintos autores
diversas significaciones. A pesar de ello, las más comunes son aquellas que indica que estas
parejas intentan una solución particular al problema del adulterio, recurrente en la sociedad
occidental donde las parejas se mantendrían en una aparente monogamia, (Monsalve, 2009). Al
respecto Ons (2012) comenta lo siguiente:

En la época actual conviven las exigencias de goce con el control extremo y ello se manifiesta de
manera expresa en la lógica swinger, ya que en el supuesto libertinaje subyace un intento por
controlar la sexualidad del otro y evitar la infidelidad.

A partir de lo anterior, se podría explicar que el swinger busca responder al deseo sexual
más allá de lo que la normatividad propone. Dentro de esta lógica ocupa un lugar central la
acción de mirar. En esta práctica, observar al otro durante el intercambio pareciera ser central. Al
respecto Ruiz (2012) señala que:
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Hay un goce en el ver, en una pulsión escópica que permite a que cada quien reivindique su
fantasía, pero que de cierta forma es controlada, es decir, podría significarse como una forma
racionalizada de pensarse la infidelidad, emergida en nuevas formas de disfrute, de apalancar, de
anudar, una relación (p, 19).

Con respecto a esto último, una nueva forma de anudar la relación de pareja y que
permitiría al sujeto anclarse a la misma, podría darse a través de la idealización del otro. A lo
anterior se añade la propuesta de Freud acerca de una elección de objeto donde el inconsciente
determinaría cómo escogemos nuestras parejas (Ruiz, 2012, p.8-9). Al respecto Velásquez
(2012) señala que: “se requiere para el amor que se enlacen estos dos elementos: la imagen y el
objeto de la satisfacción, que también podemos llamar objeto del goce sexual.” Sin embargo,
cuando la idealización del otro o el mismo amor cae, este anudamiento se debilita. El amor,
entonces, pareciera ser “un proceso dinámico que está en continuo cambio a lo largo del curso de
la relación” (Yela, 2002, p.31 en Ruiz, 2012, p.6).

Frente al desencuentro, cada pareja buscaría una solución, siendo una de ellas la práctica
swinger. Al respecto, Velásquez (2012) propone que se estaría generando una pérdida de límites
en la diferenciación sexual, es decir, una equiparación entre lo femenino y lo masculino. Esto se
denominaría unisex: todos iguales bajo el modo hombres, una forma de gozar caracterizada por
una separación entre amor y goce. Algunas líneas del psicoanálisis se refieren a esto a como goce
fálico; relacionado este al placer sexual dirigido al propio cuerpo como objeto, donde se arraiga
la satisfacción y en el que la subjetividad del otro queda relegada a un nivel accesorio (Darim,
2013).

En relación a lo ya expuesto, resulta interesante rescatar la aproximación que realizan


Vaillancourt y Few-Demo (2014) en el plano relacional-social, concluyendo en su investigación
que las parejas swinger mantienen la relación y estabilidad de sus matrimonios a través del
establecimiento de reglas similares a la fidelidad monogámica. Por otra parte, las nuevas formas
de comprender la vida en pareja, y las prácticas que emergen desde ella, pasan a constituir un
tópico importante para la psicología clínica. Investigaciones en torno a la temática swinger son
un aporte que complementaría el trabajo con pacientes, debido a que posibilitarían que el
psicólogo se desprendiera de prejuicios o preceptos morales propios. Además, podría ayudar al
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paciente a explorar significados por los que ha sido influenciado y la forma en que se sujeta a
estos. Lo último, según Gómez (2009), permitiría señalar que aunque el mundo swinger otorgue
una estructura simbólica a través de su sistema de valores, la condición subjetiva de los
involucrados les permitía un anclaje particular. Sin embargo, esta noción no debe confundirse
con individualidad, ya que “las condiciones particulares del sujeto en el estilo de vida swinger
[...] están siempre atadas a la manera en que se anudan con el otro” (Gómez, 2009, p.3). En este
sentido el autor afirma que, en su singularidad, el sujeto es atravesado por la cultura y/o por los
valores que ha adoptado de acuerdo a su experiencia.

En función de lo revisado, este estudio vendría a contribuir en la comprensión de la


temática swinger, la cual hoy se encuentra limitada. La mayoría de los textos y artículos
revisados corresponden a literatura proveniente de Norteamérica y Gran Bretaña. Estas
investigaciones abarcan temáticas como las dinámicas relacionales dentro de las parejas swinger
o realizan un análisis crítico de los beneficios y contras de la monogamia y la no-monogamia.
Esta investigación, pretende ser un aporte respecto al vacío que existe en Chile en cuanto a esta
temática refiere, además de centrar la atención de la información en la comprensión de los
significados de los sujetos swinger.

Marco metodológico:
La ligazón entre lo psíquico, lo vincular y lo social, explicada anteriormente, así como la
relevancia para la psicología de este estudio, es que se torna interesante reconocer, desde el
relato de sujetos swinger, aquellas prácticas que escapan de la norma social y otorgarles un lugar
para ser analizadas. En relación a lo anterior, la pregunta de investigación y los objetivos que
guiaron esta tesis son: “¿Qué significados atribuyen a sus prácticas los sujetos swinger?”

Objetivo General:
- Comprender los significados que los sujetos swinger atribuyen a sus prácticas.

Objetivos específicos:
- Identificar las prácticas que realizan los sujetos swinger.
- Describir las prácticas realizadas por los sujetos swinger.
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- Analizar los significados que los sujetos swinger otorgan a sus prácticas.

Definimos la base epistemológica de la presente investigación como cualitativa, debido a


que no se pretende la generalización de los resultados. Además se considera la sociedad y la
especificidad humana como objetos de conocimiento, ambos en movimiento afectados en una
dimensión histórica. Esta configura tanto la subjetividad individual como la social (González,
1997). El contexto epistemológico, este estudio se sitúa en el paradigma del Construccionismo
Social, el cual según Donoso (2004), es una perspectiva que permite enfocarse en el individuo y
su particularidad en una cultura. A partir de su subjetividad y experiencias, se puede constituir
una realidad ligada al lenguaje. Además, esta perspectiva epistemológica asigna importancia al
discurso, donde se considera: “el habla y los textos como acciones situadas, articuladas y
co-construidas en la interacción social” (Pérez, 2005, p.94).

Siguiendo con la lógica referida anteriormente, en la presente investigación se llevó a


cabo un estudio de caso intrínseco. Su objetivo es lograr un entendimiento de un(os) caso(s) en
su particularidad y en su carácter ordinario. Se seleccionaron dos casos para esta investigación
que, en su particularidad, tanto las similitudes como las variedades son importantes para intentar
un mejor entendimiento de la temática. Este estudio de caso basa su análisis en el sujeto y no en
el fenómeno, es por esto que el objetivo de esta investigación apunta a comprender las
significaciones de los participantes en torno a esta práctica (Denzin y Lincoln, 2012). Cabe
destacar que el Estudio de Caso puede amoldarse a investigaciones de tiempo limitado y de corto
alcance, características del presente estudio. Finalmente, permite la revisión previa de teoría que
posteriormente se articula con el discurso del sujeto.

En el marco de esta investigación, no se han encontrado estudios en Chile relacionados


con la temática, lo que según Namakforoosh (2005), justifica un estudio exploratorio para
incrementar el grado de conocimiento respecto a la práctica swinger. Los criterios de selección
de participantes son la mayoría de edad, lugar de residencia (V región), que se encuentren en una
relación (convivencia - matrimonio) y que participen en el mundo swinger. A partir de los
criterios se logró el contacto con dos sujetos (hombre y mujer), a través de contactos clave. Esta
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muestra de estudio se clasifica como no probabilística o dirigida: “se selecciona los participantes
por uno o varios propósitos y no pretende que los casos sean representativos de la población”
(Baptista et al, 2006, p. 171). Los participantes de las entrevistas firmaron un consentimiento
informado, en el cual se estipulan los objetivos y el alcance de la investigación. Además, dicho
documento especifica que los sujetos son libres de cambiar de opinión, retirarse del proceso, y
reservar información, entre otras consideraciones éticas, como el resguardo de su anonimato.

Debido a lo anterior, el instrumento de recolección de información utilizado es la


entrevista semi-estructurada. Esta se caracteriza por ser: “Una conversación que tiene una
estructura y un propósito (...) Busca entender el mundo desde la perspectiva del entrevistado, y
desmenuzar los significados de sus experiencias” (Álvarez-Gayou, 2003, p.109). Cuando se opta
por entrevistas semi-estructuradas, se debe tener presente que: “tienen una secuencia de temas y
algunas preguntas sugeridas. Presentan una apertura en cuanto al cambio de secuencia y forma
de las preguntas, de acuerdo con la situación de los entrevistados” (Álvarez-Gayou, 2003, p.
111). Esto ofrece la posibilidad de rescatar el discurso, significantes y significados de los
participantes. Esta modalidad permite orientar la conversación, profundizar en ella y brindar
flexibilidad al entrevistado. Es por esto que, al estar trabajando con contenido de carácter
simbólico (el significado personal que cada participante le asigna a su vivencia), se decidió
realizar un análisis de contenido, pues permite describir elementos de ciertas conductas,
trabajarlos, calificarlos o categorizarlos (Martín, s/f). Es necesario mencionar que al estar
trabajando con datos subjetivos, no existiría una única forma de interpretar los mismos. Por esto,
lo importante es cómo se analiza la información obtenida y las interpretaciones que los
investigadores otorgan (Krippendorff, 1990).

Los procedimientos realizados a lo largo de esta investigación están relacionados con la


revisión bibliográfica del trabajo final de grado, revistas online, libros especializados en la
temática swinger, artículos, entre otros. Con base en esto, se definieron los sujetos de estudio y
fueron contactados. Se permitió que los propios participantes escogieran la locación, por lo que
ellos optaron por un lugar a puertas cerradas. Posteriormente, las entrevistas fueron transcritas
para ser leídas, analizadas, codificadas, bajo el modo axial, de manera individual. Los factores
involucrados en este proceso serán presentados en el apartado de resultados. El análisis de cada
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uno de los códigos fue triangulado entre los investigadores. Es importante indicar que se realizó
el mismo proceso con las categorías, las cuales se expondrán en imágenes esquemáticas en los
resultados.

Resultados:
La siguiente sección presenta los resultados de la investigación. La unidad de estudio de
este apartado son los sujetos investigados y sus significaciones en torno a su práctica. El material
se expondrá en imágenes esquemáticas que reflejan las relaciones entre los códigos y las
categorías elaboradas. De esta forma, los datos se agrupan en cinco categorías: Sujeto social y
expectativas sociales; Singularidad del sujeto; Relación de pareja; Género como regulador de
prácticas y Mundo swinger.

En la figura 1 se presenta la categoría Sujeto social y expectativas sociales, la cual


pretende abordar la relación entre los investigados y aquellas perspectivas que definen lo
deseable para la vida en sociedad. La importancia de esta categoría reside en que tales
expectativas derivan de normas sociales a las que los participantes se encuentran sujetos, pero
con las que entran conflicto debido a sus prácticas swinger.

Figura 1: “Sujeto Social y expectativas sociales”

La noción de normalidad refiere a la vida cotidiana de una persona en la sociedad, y a la


que se asocian obligaciones correspondientes a etapas de la vida. Lo normal para los sujetos
entrevistados es todo lo comprendido en actividades que no consideran el mundo swinger. Así
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para Jaime1 la vida familiar aparece como sinónimo de vida normal: “hacíamos encuentros [...] la
noche y al otro día nos juntábamos con los hijos, vamos a la playa, una vida normal” (Entrevista
Jaime, ¶ 56).
[2]
De manera similar, para Margarita la normalidad se asocia a la vida en familia,

estándares sociales de escolarización y trabajo: “Vemos mucha pornografía [...] pero en la vida
cotidiana somos personas comunes y corrientes, que trabajamos, yo estudio además, tenemos un
hijo, es como todo relativamente cotidiano, tradicional” (Entrevista Margarita, ¶ 1). Tras dar
cuenta respecto de la relación sugerida entre lo que caracterizan como normal (familia,
escolarización, trabajo) y lo no-normal (realización de encuentros sexuales, ver mucha
pornografía), es posible comprender la relación de influencia propuesta entre los prejuicios
respecto a la práctica swinger y la subjetividad de los investigados. Esto se presenta con énfasis
en el discurso de Margarita al momento de preguntarle: “¿Mantenerlo en privado es un resguardo
social?”. A lo que ella responde: “Por resguardo personal [...] de que tienes familia, de que tienes
un trabajo normal, de que todavía acá en Chile hay prejuicios con respecto a la sexualidad”
(Entrevista Margarita, ¶ 51).

No tengo que darle explicaciones a nadie, mis gustos sexuales son míos [...], pero tenemos un hijo
y no me gustaría que el día de mañana... mi hijo... nos viera como... raro a nosotros, porque
estamos con otras parejas... como pucha ‘mis papás se supone que es hombre y mujer, y resulta
que mi mamá tiene fotos con otra tipa... o con otro tipo que no es mi papá’ (Entrevista Margarita,
¶ 53).

La preocupación para Jaime se relacionaría con la manera en que la sociedad caracteriza


y da un lugar a los/as swinger: “Mucha gente tiene una idea del swinger, dicen ‘ah, el swinger no
está en Chile’ no po, [...] la gente tiene ese prejuicio, o piensa que pura gente de plata… o puros
minos, digamos” (Entrevista Jaime, ¶ 167).

En la figura 2 se presenta la categoría singularidad del sujeto, la cual articula aquellas


significaciones relacionadas con la experiencia de los investigados. Lo anterior se asocia a las

1
Pseudónimo dado al participante masculino para propósitos de esta investigación.
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significaciones que otorga Margarita con respecto a sus prácticas y la razón tras la elección de las
mismas.

Figura 2: “Singularidad del sujeto”

La entrevistada responde a diferentes problemáticas y cuestionamientos que surgen en


torno a códigos como la sexualidad, la fantasía y los límites personales. A continuación, se
presentan las razones de la participante en relación al comienzo de su práctica swinger. Esto
surge como respuesta a la interrogante planteada sobre: “¿Quién fue el primero que quiso
participar en este mundo?”. Margarita especifica aquello que la ata al goce corporal y a la
fantasía, siendo esta última una construcción individual que se vive en pareja:

Yo diría que a él, [...] empezó como el tema de la pornografía [...] yo creo que por ahí va la
curiosidad, así como ‘oye, ¿tú estaríai con otra mujer?’ [...] así como, de a poco, conversándolo.
Pero nunca creí que te va a llegar a pasar que... que vai a estar realmente con otra mujer
(Entrevista Margarita, ¶ 9).

En función de lo anterior, para Margarita, la fantasía pareciera haber jugado un rol


significativo en sus inicios en la exploración sexual swinger. Las situaciones descritas por la
participante surgen en la fantasía como una posibilidad, lo que habría facilitado el llevarlas a
cabo dado el contexto:
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Mi primer encuentro con una mujer, que fue a los 18 (silencio breve) en donde wow, la primera
vez igual así es como chocante, porque... te empezai a cuestionar ¿cómo llegué a esto?, ¿por qué
pasó? Si yo tengo mi pareja hombre [...] y siempre me habían gustado los hombres (Entrevista
Margarita, ¶ 5).

De este modo, el concretar la fantasía significó para ella un cuestionamiento sobre sí


misma y su sexualidad, dejando en entredicho sus límites tras haberlos traspasado. En este
sentido, los códigos fantasía y la exploración sexual se opondrían a los límites personales que
restringen el accionar de Margarita:

[Respecto a fiestas swinger] Están todos sin ropa o todos tocándose, eso tampoco quiere decir que
tengai que aceptar a todos, porque yo muchas veces le he dicho a algunas personas que no me
toquen [...] siempre es como bajo tus límites (Entrevista Margarita, ¶ 25).

Lo anterior posibilita una vinculación entre las expectativas sociales y la


heteronormatividad. Esto permite la construcción de un sujeto que asimila sus prácticas y
significantes, influidos por nociones que emanan de lo social.

La figura 3 representa la categoría de la relación de pareja. Son parte de esta todos los
aspectos de la vida compartida con aquel otro significativo y que parecen relevantes para los
investigados.
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Figura 3: “Relación de pareja”

Los aspectos sexuales de la pareja abarcan los encuentros coitales, los que se
relacionarían con la sexualidad personal del sujeto. Al realizar este alcance sobre la interrelación
entre la sexualidad personal y los aspectos sexuales de la pareja, resulta aclaratorio volver sobre
lo expuesto respecto de la fantasía, la exploración y los límites personales. Esto dado que tales
asuntos, si bien conciernen a la particularidad de un sujeto, se encuentran relacionados con la
forma en que estos se desenvuelven en su vida en pareja.

En el discurso de Jaime, el concepto de sexualidad es empleado como un sinónimo de


sexo: “Nos conocimos cuando… ella era virgen. Cero… cero sexualidad, y ahí empezamos a
evolucionar. Eh… en el sentido, ¿cómo puede haber influido? La pornografía” (Entrevista Jaime,
¶ 48).

Para Margarita, en cambio, este mismo concepto se asocia con el autodescubrimiento


sexual. Esta exploración de sí mismo ayudaría a la pareja a comunicarse mejor en el ámbito de la
vida sexual: “¿Qué significa la sexualidad? […] Conocerse uno mismo y poder dar a conocer a la
otra persona, que es lo que te gusta sentir y cómo te sientes más cómoda dentro de... del sexo”
(Entrevista Margarita, ¶ 15). “Yo [...] te podría decir que (risa) conozco cada punto sensible en
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mi cuerpo [...] hay muchas personas que por miedo a prejuicios no lo comentan, o que prefieren
no hacerlo y son más tradicionales” (Entrevista Margarita, ¶ 13). “Otras compañeras de la
universidad o del trabajo, [...] muchas que no saben... experimentar orgasmos, [...] nunca se han
masturbado ellas mismas [...] no conocen su cuerpo” (Entrevista Margarita, ¶ 13).

A partir de lo anterior se comprende que el conocimiento que Margarita dice tener acerca
de su propio cuerpo le facilitaría transmitir a su pareja la forma en que ella disfruta su
sexualidad. Este saber contribuiría a la satisfacción que experimenta en su vida sexual. Para
Jaime, por su parte, el sexo en la pareja representa un aspecto fundamental. Con respecto a su
experiencia personal indica: “Lo más importante pa’ nosotros [...] el sexo. Nosotros, es
fundamental” (Entrevista Jaime, ¶ 42) . Bajo su concepción, la vida sexual de la pareja se
potenciaría cada vez que esta realiza un encuentro swinger, pues avivaría la fantasía y la
complicidad: “Si nosotros vamos [...] un fin de semana a un encuentro swinger, [...] llegamos a la
casa y nuestra relación [...] se afiata más” (Entrevista Jaime, ¶ 32).

Para Margarita, la regularidad y la satisfacción sexual también cumplirían un papel


importante dentro de la relación de pareja. Con respecto a su experiencia personal relata: “Somos
como... muy... muy de piel, te podría decir que nosotros tenemos sexo 7, 8 veces a la semana [...]
entonces se disfruta todo al máximo, [...] llevamos una vida súper activa sexualmente”
(Entrevista Margarita, ¶13).

Otro código que se identifica en solo a partir del discurso de Jaime es de posesión y
placer. Este aspecto formaría parte de los intercambios sexuales. Además, tendría que ver con
una preocupación por el quehacer sexual del otro experimentado como placer; un morbo, como
es definido por él mismo: “Como que estai disfrutando y todo pero estai pendiente de que lo que
está haciendo tu pareja [...] igual es tu mujer la que está con otro hombre” (Entrevista Jaime, ¶
64).

En función de lo expuesto es posible comprender la articulación propuesta entre la


relación de pareja y la singularidad de esta. Esta particularidad es comprendida como aquello
propio de la pareja que se construye a partir de la convivencia. Dentro de los espacios
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compartidos, para Jaime se encuentra la participación en el mundo swinger, la cual depende del
momento en que esté la pareja en su relación. El sujeto se refiere a esto al señalar que no siempre
se encuentra participando en el mundo swinger: “Nosotros tenemos un hijo chico [...] yo estaba
en la universidad, ella también está en la universidad […] No es… no nos dedicamos cien por
ciento a eso” (Entrevista Jaime, ¶ 18).

En cuanto a la intimidad de pareja, un factor en común entre los sujetos entrevistados es


la relación que tiene cada uno de ellos a nivel emocional con su pareja. Para ellos mantenerla
estable estaría por sobre la participación en el mundo swinger. Con respecto a lo anterior, Jaime
señala que: “Lo más importante es nuestra relación [...] si nosotros estamos bien todo funciona
[...] nosotros ya llevamos ocho años en esto ¿cachai? Y… si de repente [...] dos meses tres meses
que no hacemos nada es porque nosotros lo decidimos” (Entrevista Jaime, ¶ 10).

Para Margarita, por su parte, es necesario que en la intimidad de pareja se establezca la


separación entre el sexo y el romance, donde este último sería lo propio de la pareja:

La finalidad es tener sexo con otras parejas, pero eso no involucra sentimientos, ni que te vas a
enamorar de la otra persona [...], porque tú ya tienes tu pareja, ese es como tu lado romántico, [...]
lo que nosotros encontramos en swinger fue sexo, nada más (Entrevista Margarita, ¶ 5).

Los fragmentos anteriores evidencian la relevancia que asignan los sujetos a salvaguardar
la intimidad de pareja. Considerando esto los celos e inseguridades emergerían ante aquellas
situaciones que podrían transgredir la intimidad. Ahora bien, cabe distinguir que para Jaime, si
bien los celos y la inseguridad existirían, estos parecieran manifestarse en el temor de perder a la
pareja tras ser superado en rendimiento sexual por otro:

Por el respeto que se tienen entre la pareja que le digai [...] ‘Lo hizo súper rico, lo hizo mejor que
tú’, oh, ahí [...] te vai a la cresta po, porque supuestamente es tu pareja y de ahí empieza la
inseguridad ‘pucha, le gustó más con él y se va a ir con él.’ Igual te da como ese miedo
(Entrevista Jaime, ¶ 234).
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En el discurso de Margarita, en cambio, los celos son significados en la experiencia


subjetiva y se relacionarían con distintos aspectos de la sexualidad:

A mí me dan celos cuando él pone mucho interés en alguna persona y [...] él también me ha
manifestado que se ha sentido celoso o incómodo de cuando yo estoy con otra persona y ese otro
hombre está muy interesado en mi (Entrevista Margarita, ¶ 23).

Además, surgirían en Margarita inseguridades en relación a la propia imagen física en


comparación al cuerpo de los demás, lo que para ella sería causante de angustia:

Yo creo que es un prejuicio personal no más, pero es que hay gente que es muy guapa (risa),
entonces yo le digo a él: ‘Es que son muy guapos,[...] nosotros no somos tan guapos, somos
personas más normales’ ¿cachai? Unos kilitos de más (Entrevista Margarita, ¶ 66).

Otro aspecto en el que coinciden es que la conversación y toma de decisiones, son un


pilar que sostiene la relación de pareja. A través de esto, se protege la relación de la amenaza que
causan los celos al establecer límites tolerables por la pareja. Al respecto Jaime indica:

Si yo vi que ella hizo algo que a mí no me parece ¿cachai? No voy a ir y le voy a decir ahí en el
momento ‘oye mira lo que hiciste, desubicada.’ No, todo se conversa, nosotros tenemos muy
buena comunicación, al otro día [...] ‘mira cuando tengamos otro encuentro, [...] no quiero que
hagai esa pose’ (Entrevista Jaime, ¶ 60).

De la misma manera, para la investigada parece fundamental el mantener una


comunicación que se centre en todos los aspectos que vivencia la pareja:

Va por un tema de comunicación... nosotros siempre hemos tenido excelente comunicación, en


todo aspecto: vida A y lado B [...], entonces fundamentalmente va por eso. De hablarnos lo que
sentimos si es que estamos conformes, si es que estamos cómodos (Entrevista Margarita, ¶ 7).

Nosotros después de cada encuentro [...] conversamos: ‘¿qué es lo que te gustó? ¿Qué es lo que
no? ¿Te sentiste cómodo o no?’ Porque en el minuto no es la idea tampoco, estar como peleando
o discutiendo algún tema, si estás con otras personas (Entrevista Margarita, ¶ 23).
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Sin embargo, la buena comunicación que los sujetos swinger señalan tener con su
respectiva pareja, no sería suficiente. Para ellos se requeriría el establecimiento de normas y
límites que regulen la acción de los sujetos durante el intercambio. Para Jaime sería necesario no
solo establecer reglas que protejan la relación, sino también que los intercambios se lleven a cabo
con otras parejas estables. Ante esto Jaime señala que:

Para que la pareja no se deteriore po, porque si tú no respetai… y yo le digo: ‘eh, yo no quiero
que tú le di, por decirte, besos a él’ [...] Y si ella no lo respeta o yo no lo respeto, se va a
ocasionar un problema po, tienen que existir esas reglas para que hayan parámetros (Entrevista
Jaime, ¶ 90).

En el caso de Margarita, los límites representarían una forma de resguardar a la pareja de


posibles conflictos que podrían conducir al quiebre sentimental: “Hemos sabido de parejas que
se han separado por el swinger... que no son capaces de establecer límites [...] Si no que ellos,
más por fuera, vuelven y buscan.... con la persona que estuvieron” (Entrevista Margarita, ¶ 23).

En el extracto recién expuesto es posible apreciar que para la entrevistada una causa en la
separación de una pareja se relacionaría con su incapacidad para establecer límites, lo que
permite vislumbrar la relevancia de estos en su experiencia subjetiva como swinger. Estas reglas
actuarían como un resguardo frente a los celos y las inseguridades que se generan en ella. Tales
fisuras se verían protegidas tras la idea de que la comunicación sería capaz de salvaguardar la
relación. Todo lo anterior resulta esclarecedor respecto de la manera en que se desenvuelve en la
relación de pareja. Esto dado que la investigada pareciera asignar relevancia al hecho de
reconocerse como sujeto único y particular antes de involucrarse en una relación.

A continuación, se describirá la categoría referida al género como regulador de prácticas,


el cual tendría que ver con las significaciones sobre las diferencias en las apreciaciones sociales e
individuales en el swinger acerca del quehacer sexual de la mujer. (figura 4). Esta categoría
surge exclusivamente del discurso de Jaime.
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Figura 4: “Género como regulador de prácticas”

Uno de sus códigos sería el de género y sexualidad, este implica que el investigado se las
arregla para poder aceptar aquel quehacer sexual de la mujer que se iguala a su concepción que
él posee sobre la libertad sexual masculina: “Todos estamos claros que es sexo, pero hay muchas
personas que piensan que: ‘ah, porque… ella es swinger [...] es maraca.’ No po, ella no lo es, ella
está respetando a su pareja” (Entrevista Jaime, ¶ 140).

Cuando no estábamos involucrados en este mundo, yo era más machista […] celoso po, machista
en ese sentido de que: ‘ella es mi mujer y es mujer nomás po’ [...] pero después te dai cuenta que
no po, ella también tiene deseos sexuales, la tarea de una mujer no es cómo satisfacer al hombre
nomás po, ella también tiene que satisfacerse [...] Si ella quiere estar con otro hombre, tiene ese
bichito ¿por qué no po? (Entrevista Jaime, ¶ 154).

Yo en mí me digo: ‘no po’, no le ha gustado con ninguno más que conmigo [...] ‘no po, ¿cómo le
va a gustar más con otro hueón que conmigo?’ [...] Eso lo sabe ella nomás [...] para el hombre es
distinto yo encuentro, porque el hombre… no sé, es como más caliente ¿cachai? Vai a tirar, con
cualquier mina po [...] no es como: ‘ah, con esta es más rico’ o esto, ¿cachai? Es sexo nomás
(Entrevista Jaime, ¶ 244).

Jaime, además atribuye a la mujer swinger características excepcionales a las adjudicadas


a las mujeres que se sitúan fuera de la práctica. Esto implica una caracterización de la mujer
swinger que lleva a comprender que esta se posicionaría por fuera de las normas estandarizadas
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de la sociedad con respecto al rol femenino. El entrevistado define a la mujer swinger con una
connotación masculina:

Supuestamente las mujeres swinger […] si está viendo a su pareja con otra mina quiere decir que
no piensa igual a las otras minas ¿cachai? Pero son como un poco más rudas las mujeres swinger
¿cachai? Les gusta harto el sexo, por eso son swinger ¿cachai? A lo mejor la mujer normal puede
tener más sentimientos ¿cachai? Pero si la mujer es swinger sabe que cuando va a tirar es a tirar
nomás [...] sería como más, más hombre (Entrevista Jaime, ¶ 248).

Es interesante desarrollar la relación que surge entre las expectativas sociales y el género
como regulador de prácticas sexuales. Esta implicaría que la construcción de género delimitaría
el quehacer sexual que le corresponde a cada cuerpo, extrayendo tales reglas desde los
constructos sociales que se establecen en torno al binomio hombre-mujer.

La figura 5 presenta la categoría: mundo swinger. Esta integraría distintos aspectos de la


vida de los sujetos dentro del mundo swinger y se relaciona de forma directa con la práctica
misma.

Figura 5: “Mundo Swinger”


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Forma parte de esta categoría de análisis la subcategoría de división de lado A y lado B,


referida a la escisión entre la vida normal y la vida swinger. A partir de la existencia de tal
separación, el secreto que implicaría formar parte del lado B (swinger), representaría un atractivo
para los entrevistados, el cual se relacionaría con una serie de significaciones sobre qué es y en
qué consiste ser swinger.

Un código de la subcategoría mencionada anteriormente es la separación del mundo


swinger. Esta funcionaría como un resguardo para la relación de pareja. Para Jaime esta
separación implicaría situar dentro del mundo swinger el placer sexual aislado de aspectos que
considera parte de la vida normal-familiar: “El lado A queda aparte, yo no te pregunto:
‘¿Cuántos hijos tienes?’ [...] No es algo que me incumba… me interesa que lo pasemos bien en
el ámbito sexual” (Entrevista Jaime, ¶ 171).

La entrevistada parece asignar el carácter de anexo al lado B respecto del lado A. Al


respecto señala que aunque surjan problemáticas en la relación, producto de la práctica swinger,
compete de manera exclusiva a la pareja resolverlas en su intimidad: “En la vida cotidiana somos
personas comunes y corrientes, que trabajamos, yo estudio además, tenemos un hijo, [...]
solamente que tenemos como el lado B que es este mundo swinger” (Entrevista Margarita. ¶ 1).
“En el minuto no es la idea tampoco estar como peleando [...], porque la vida sexual entre tu
pareja y tú, tienes que arreglarla en otro momento” (Entrevista Margarita. ¶ 23).

Como ya adelantamos, a partir de la separación entre lado A y lado B aparece la idea del
secretismo en el mundo swinger, la que refiere al hecho de mantener el mundo y la práctica
swinger en secreto. Este carácter oculto conllevaría, en palabras de Jaime, a que el morbo sea
parte del mismo: “No creo que los swinger quieran ser descubiertos. (Silencio) Así como yo
andar por la vida diciendo: ‘Ah, soy swinger.’ No, es como ese morbo de hacerlo oculto”
(Entrevista Jaime, ¶ 122).

Margarita afirma que aquello que la atrae de la práctica swinger sería su condición tabú
en la sociedad. Esto permitiría salir de la cotidianidad junto a su pareja y mantener una
complicidad respecto al secreto que ambos comparten:
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Está lejos de llegar a ser un tema cotidiano y yo creo que eso es lo que más te llama la atención
[...] que todavía es un tema tabú, porque ya cuando sea algo cotidiano [...] a lo mejor ya no te va a
parecer tan agradable, porque todos lo van a hacer [...] Entonces es como un bichito, la curiosidad
de que tú puedes experimentar con tu pareja, sin que el resto sepa, ya cuando todos anden
haciendo lo mismo, ya no te va a gustar, lo vas a encontrar fome (Entrevista Margarita, ¶ 70).

De esta manera, se explicitan las significaciones de los participantes en torno a aquello


que cada uno considera como parte esencial y definitoria del mundo swinger. Dentro de la
subcategoría Qué es y en qué consiste ser swinger, se encuentra el código caracterización del
mundo swinger. Este se constituiría por aspectos generales de la comunidad y que los sujetos
sitúan a la base de su práctica. Para Jaime parece significativo enfatizar que la comunidad
swinger es más amplia de lo que se piensa y que esta tendría un efecto transformador en el
pensamiento de sus integrantes. Además, sería un lugar donde las parejas podrían experimentar
su sexualidad: “El swinger, es más amplio que todas las personas piensan [...] cualquier persona
puede ser swinger. Nosotros nos hemos encontrado con vecinos swinger” (Entrevista Jaime,
¶118).

¿Qué le vai a decir a tu familia o a tus hijos? ‘Ah no, es que yo soy bisexual’… es más difícil [...]
Acá no hay discriminación ¿cachai? Esa es la idea po, [...] si yo en el lado A era homofóbico por
decirte, acá no podí ser homofóbico, no puede ser así porque son todos libres (Entrevista Jaime, ¶
126).

Para Margarita, en cambio, lo que más se destacaría es la variedad de personas con las
que es posible encontrarse y con las que puede experimentar su sexualidad. Esto la llevaría a
tener una sensación de libertad constante que no podría sentir en la vida cotidiana, lo que
trasciende al sexo. Lo anterior se reflejaría en las conversaciones que se mantienen en ese
entorno: “Millones de parejas de diferentes edades, diferentes gustos [...] entonces todos quieren
conocer la mayor cantidad de gente, porque en la vida normal no se ve po’, no es un tema que
uno pueda conversar así como si nada” (Entrevista Margarita, ¶ 5). “Puedes experimentar, pero
sintiéndote libre [...], yo creo que por ahí va (risa)... no sé cómo es el análisis psicológico que
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hacen ustedes de las conversaciones [...] O sea yo en el swinger experimento la mayor variedad”
(Entrevista Margarita, ¶ 35).

Cuando es privado, siempre hay show eróticos, [...] presentaciones de imágenes sexuales... eh...
no te digo que hay penetración ahí [...] pero sí hay morbo... mucha piel [...] todos andan en busca
de conquistar al otro [...] hay lugares... adaptados para que estén las parejas (Entrevista Margarita,
¶ 25).

La caracterización del mundo swinger que los sujetos realizan estaría permeada por su
experiencia en la práctica swinger. Esta referiría a lo relacionado con el intercambio de pareja y
el quehacer sexual. Para Jaime, la práctica swinger le permite disfrutar su sexualidad estando
con otras mujeres sin tener que ser infiel a su pareja: “Yo no necesito engañar a mi mujer…
porque puedo estar con otras mujeres […] he estado con más de veinte mujeres […], puedo
disfrutar esa sexualidad entonces ¿para qué la voy a engañar? Si puedo perder eso” (Entrevista
Jaime, ¶ 96).

Señala, además, que la satisfacción sexual luego de un encuentro no es lo más


importante, a la vez que establece una distinción entre el sexo con terceros y con su pareja:
“Puede que una pareja no te haya satisfacido totalmente […] pero te llevaste la raja con esa
pareja, […] a lo mejor después puede ser mejor po, porque tú cuando estás con otra pareja
sexualmente no funcionas igual que como cuando estás con tu pareja” (Entrevista Jaime, ¶192).

Por su parte, Margarita concordaría en que no es lo mismo tener relaciones


sexuales con otro hombre: “Fue después del primer full, que como que te cuestionai un poco si
realmente querí estar con otro hombre o no, porque [...] no se comporta igual que tu pareja, no
hace las mismas cosas que tu pareja” (Entrevista Margarita, ¶ 45).

En función de lo que se ha expuesto respecto de la necesidad de resguardar la relación de


lo que escapa a lo sexual, un recurso al que recurre Margarita sería evitar comparar su
experiencia sexual durante el intercambio de aquella que vive con su pareja:
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No trato de... recordarme mucho de cómo fue la experiencia sexual, ni ponerla en comparación a
cómo es mi relación sexual con mi pareja […] porque es como que te vai más en lo sentimental:
‘es que él es cariñoso, es que me gustó que me tocara’ […] Es como el momento, se vive, se
disfruta, bacán, listo (Entrevista Margarita, ¶ 7).

Sin embargo, aunque sea algo solo del momento, Margarita enfatiza que la idea es que
durante el intercambio disfruten todos los participantes: “Es que disfrute tu pareja también [...]
no es que solamente: ‘Ay ya, vas a cambiar y vas a estar con esa persona y tú con esa persona y
listo.’ No, es como un juego entre todos” (Entrevista Margarita, ¶ 23).

No obstante, si bien se busca vivir una buena experiencia junto a otra pareja, la
entrevistada expresa que esto no siempre ocurriría: “Preferimos estar siempre en el mismo lugar
por un tema de seguridad […] porque no todos los encuentros son felices” (Entrevista Margarita,
¶ 31). Para ella, los encuentros con parejas swinger serían algo esporádico, pues llevarlos a cabo
de forma habitual podría implicar que el disfrute sexual sea mayor con otros: “No es siempre que
compartimos en el lado B, porque no es […] un vicio, porque al final disfrutai más con otras
personas que estando con tu propia pareja [...] Es como... cada dos meses, cada tres meses.”
(Entrevista Margarita, ¶ 13).

A pesar del énfasis en la libertad al que los sujetos investigados refieren en relación a la
práctica swinger, esta no podría sostenerse sin los límites y reglas que la regulan. Para Jaime,
sería una condición fundamental el respeto ante la palabra no: “Tú te metí a una página swinger
te dice que él no es no, esa es su regla principal. […] Si tu pareja te pide hacer algo y tú no lo
quieres hacer, no nomás po” (Entrevista Jaime, ¶ 70).

El discurso de Margarita coincide con el de Jaime, ya que ambos identifican que no se


puede obligar a una persona ejercer alguna práctica swinger: “Si tú vas a ir, no te están obligando
a que tu vayas […] Una de las reglas como fundamentales del swinger, es que el no, es no. Sí, no
te pueden obligar a hacer algo que tú no quieres” (Entrevista Margarita, ¶ 23).

Si bien la práctica swinger aparece como libre de prejuicios, transformadora y como un


lugar de encuentro con distintos sujetos y cuerpos, existirían de igual forma criterios para realizar
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la elección de pareja para el intercambio. En relación a esto Margarita recalca la importancia de


llevarse bien con la otra pareja como algo que trascendería al atractivo físico:

Nosotros hablamos todo, desde que nos contactamos con una pareja... ya: ‘¿qué te parece a ti?’
‘¿Qué opinai tú?’ [...] Conversai con ellos, si es que... te agrada su forma de ser, porque a veces
hay parejas, que no te agradan, o sea hay personas que no te llaman la atención más allá de un
aspecto físico (Entrevista Margarita, ¶ 7).

A pesar de lo anterior, el cuerpo en la práctica swinger emergería como una arista más
del análisis, ya que permitiría apreciar la forma en que el sujeto lidia con sus propios prejuicios
ante el cuerpo del otro. Para Jaime la variedad de cuerpos con los que ha concretado encuentros
sexuales han tenido una influencia:

Por ejemplo, yo que tengo [...] 28 años, he estado con mujeres de 60 años, he estado con mujeres
de 18 años. [...] Y de repente tu pensai, pucha: ‘¿una mujer de 60 años? No, no.’ Pero se dio y fue
buena po, fue una buena experiencia, fue igual como si hubiera sido una cabra [...]. Aquí no
importa la edad, o sea, no importa… los kilos [...] tratar de evitar esos prejuicios ¿o sea que
porque es muy gordita no va a tener buen sexo? No po [...], aquí podí tener altos, bajos, ¿cachai?
De todo po, más gorditos, que es pelao (Entrevista Jaime, ¶ 200).

En cambio, para Margarita, el asunto del cuerpo surge como una inquietud experimentada
al comparar la propia imagen con la de otros. De esta manera, emerge la angustia de exponerse
ante otros debido a la expectativa de belleza, aunque esta es rápidamente salvaguardada por el
carácter personal y subjetivo de cada pareja:

Pero si cuesta un poquito eso de... de estar mostrando libremente tu cuerpo (silencio breve)
también yo creo que es un prejuicio personal no más, pero es que hay gente que es muy guapa
[...] Nosotros hemos estado con parejas que son, ultra top model... y parejas que son común y
corrientes como nosotros [...] y te agrada tanto, tanto la otra pareja, que no te preocupai de eso.
Yo por lo menos, no me guío tanto por lo físico, así como perfecto (Entrevista Margarita, ¶66).

A pesar de lo anteriormente señalado, nos encontramos con que los sujetos entrevistados
reconocen la presencia de ciertos Prejuicios dentro del swinger. Estos se asocian a prácticas que
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los miembros de la comunidad no aprobarían. Jaime comenta cómo él y su pareja se sintieron


aludidos por estos en algún momento: “A nosotros primero nos cuestionaban porque éramos muy
jóvenes. La mayoría de la población swinger es más adulta. Ahora ya, te digo, ya hace como un
año atrás están entrando hartos jóvenes” (Entrevista Jaime, ¶ 134).

Margarita describe algo similar, en relación a su estado civil, el que no tendría buena
acogida en la comunidad swinger:

Los que nos conocen, saben que somos reales, porque muchos que no te creen que eres una pareja
real [...] ‘Si no estay casado, no soy pareja real’ [...] ‘Ah es que ustedes no son pareja, ustedes
conviven no más.’ Hay muchos prejuicios también de eso (Entrevista Margarita, ¶ 64).

Así también manifiesta que no solo las parejas convivientes tendrían problemas de
inclusión, sino también quienes no están en una relación, pero que desean participar de la
dinámica swinger: “Los terceros, en este mundo, no son muy aceptados. Porque todos dicen que
son hombres pajeros que buscan sexo fácil, pero escondidos de las esposas [...] es como decir, se
la llevan gratis” (Entrevista Margarita, ¶ 55).

A partir de lo expuesto a lo largo de este apartado, se comprende cómo la práctica


swinger de los investigados pareciera sostenerse y movilizarse en función del atractivo que
representa el carácter de secreto que esta proporciona. Los entrevistados se ven atraídos por la
idea de hacer algo a escondidas del resto de la sociedad, hecho que se instalaría en el goce sexual
que experimenta cada uno de ellos con su pareja. Pareciera que para los sujetos el lado A
encarnaría un mundo en el que sería imposible transgredir lo considerado correcto, ante lo que
emergería el lado B (swinger) como un espacio donde sería posible desobedecer tales mandatos,
pero con el costo de aislar la subjetividad. Sin embargo, aún en este lado B se preserva el ideal
romántico de pareja, al menos en su dimensión emocional. Por lo anterior, emergen las
inseguridades que llevan a la necesidad de establecer normas y límites que mantengan las
inseguridades a raya y preserven la estabilidad de la relación de pareja.
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Discusiones:
A continuación, se presentan las discusiones teóricas llevadas a cabo a partir de los
resultados producidos e interrogantes del equipo investigador. Además, se realiza una evaluación
de la pertinencia de la técnica utilizada, las fortalezas y las limitaciones de los resultados.

Siguiendo a Davidson (2010), la importancia de la investigación acerca de una práctica


diferente de la monogamia radica en que transgrede la norma social, la que pareciera no ser
suficiente para muchos sujetos. La inmediatez de la sociedad actual permearía distintos ámbitos
de la realidad subjetiva y social, entre estos se encontraría lo amoroso. La posibilidad de una
infinidad de compañeros sexuales aparece como la salida más recurrente ante el deseo del
cuerpo. Sin embargo, se vería limitado por el deseo de un compañero sentimental. Este último
estaría asociado a un tipo de vínculo monogámico, ya que podría unirse con la representación
social de la sexualidad la que se ha transformado, pasando a ser validada cada vez menos en su
función de lo reproductivo, a ser asociada con placer y autodescubrimiento. El cuestionamiento
se centraría, entonces, en la sexualidad como un eje fundamental y en cómo lo sexual jugaría un
rol fundamental en el cambio social. Algo como esto es propuesto por Freud al situar la
sexualidad como un aspecto constitutivo del ser humano (Aguinis, 2007). De acuerdo a lo
anterior cabe preguntar si acaso podría la sexualidad incidir en la concepción social de la
relación de pareja. Esto se debe a que esta última ha cambiado a través de la historia, pasando de
una función económica a la complementariedad romántica. Hoy se observa la caída del ideal
romántico en pos de la libertad e igualdad en pareja, así como un énfasis en la búsqueda de
honestidad en el otro.

Con base en lo anterior, la práctica swinger se resistiría a lo considerado correcto,


mientras que bajo la perspectiva psicoanalítica serviría a la mantención del ideal amoroso
(Velásquez, 2012). Como sujetos swinger, tanto Jaime como Margarita se definen en
contraposición de lo normal, lo que se relacionaría con aspectos de la vida como el trabajo, los
hijos, entre otras (Entrevista Margarita, 2016, ¶ 1) (Entrevista Jaime, 2016, ¶ 56). Por su parte, en
relación a lo no-normal, encontramos la experimentación homosexual de Margarita, la que
implicó cuestionamientos internos acerca del porqué tales actos se podrían contraponer a sus
creencias de sí misma (¶ 5). A partir de esto, pareciera que ante la transgresión de la norma
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ocurriría un quiebre subjetivo que requeriría autorizar conscientemente su ocurrencia. La


investigada considera que asumir su bisexualidad abiertamente no es algo aceptable por la
sociedad, siendo la práctica swinger la que le habría permitido experimentar y explorar su
orientación sexual. Tras análisis realizado un resultado de esta investigación sería que la práctica
swinger se instauraría como un medio para transgredir la norma.

En relación a la caída del ideal amoroso, se sugiere un nexo entre la sexualidad individual
y la de pareja. La práctica swinger promovería un espacio de intimidad en que la pareja da a
conocer sus deseos y temores, lo cual facilitaría generar un espacio placentero (Galindo, s.f.).
Para Margarita la autoexploración implica comunicar al otro qué es lo que espera del encuentro
sexual (¶ 15). Para Jaime, por su parte, el sexo se identifica como la base de la relación de pareja
(¶ 42). Entonces, relacionarse adecuadamente en el plano sexual pareciera implicar satisfacción
en todos los aspectos de su vida, así como garantizar la fidelidad, la estabilidad y la felicidad del
compañero sexual. Para Giddens (2003, en Orejuela, 2013), este aspecto se trataría de una
liberación de la sexualidad y por la sexualidad, ahora convertida en una cualidad de los
individuos y de sus transacciones con otros. Esto se aprecia cuando Margarita señala que en su
relación todo se disfruta al máximo debido a la amplia actividad sexual que se da en ella (¶ 13).
Un segundo resultado, entonces, sería que la práctica swinger pareciera ser la respuesta para
aquellas parejas en las que lo primordial en la relación es el sexo . Sin embargo, surge el
cuestionamiento de cuán eficiente sería el énfasis en lo sexual para mantener una relación libre
de desencuentros.

Frente a la interrogante anterior, una respuesta posible sería que la exploración sexual y
el encuentro coital son solo algunos de los componentes que favorecen la relación y su
satisfacción (Galindo, s.f.). Aquí es donde surge la fantasía como un aspecto que posibilitaría no
solo la alimentación de lo autoerótico sino que al mismo tiempo se acepta, se comparte y se
concreta en la pareja swinger. Se propone, entonces, como tercer resultado que la práctica
swinger se caracterizaría por una relación particular con la fantasía, la que se vincula con aquello
que la pareja determina factible. En relación a esto, Jaime expresa que la visualización constante
de pornografía ha influido en las fantasías sexuales con su pareja (¶ 48). Para Margarita, por su
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parte, la curiosidad de explorar otros ámbitos de lo sexual comenzó a partir de situaciones


hipotéticas en las que ella y su pareja se cuestionaron qué tan lejos podrían llegar (¶ 9).

Otro aspecto de la fantasía se articularía, según el psicoanálisis, con aspectos


estructurales correspondientes a la posición sexuada de los sujetos, de esta última no parecerían
ser conscientes. En el caso del sujeto en posición masculina aspira a que el otro consienta su
fantasía y de esta forma sostiene su deseo; así crea una mujer que no existe y la hace su pareja
como objeto de goce (Velásquez, 2012). Esto se evidencia en lo que Jaime afirma en relación a
la mujer swinger, quien para realizar esta práctica sexual debería igualarse al hombre en disfrutar
del intercambio sexual sin involucrar sentimientos (¶ 248). Esto permitiría la creación de un
sujeto femenino que se iguale al goce de la fantasía masculina.

Según Velázquez (2012), en cambio, el sujeto en posición femenina daría todo por
complacer al otro, el sujeto daría todo y desea ser el único objeto de amor para con quien se
relacione, además de concebirse como un objeto de deseo para el otro con el que fantasea. Esta
simultaneidad sería una posibilidad que la práctica swinger permitiría y podría ser una de las
razones por las que interesaría a las mujeres. Es posible vislumbrar esto cuando Margarita dice
que una vez que su compañero mencionó la idea de que ella estuviese con otra mujer, a partir de
la visualización de videos pornográficos, comenzó a planteárselo como una posibilidad (¶ 9). Sin
embargo, hay excepciones donde algunos sujetos en posición femenina encontrarían una
solución a su goce desde lo masculino, identificándose con este y dejando de lado el propio a la
estructura. Cabe preguntarse, entonces, si es que en el mundo swinger se buscaría igualar el
modo de goce para ambos sexos, generando que en el discurso existiera solo uno: el goce
masculino.

Mientras el goce parece posicionarse bajo la premisa de igual para todos,


simultáneamente presenta una exigencia de control con respecto al otro con el y del que se goza.
Esto se puede apreciar en la práctica swinger, ya que en medio de la libertad sexual se
establecería una forma de control del cuerpo del otro y un énfasis en el resguardo de la
infidelidad (Ons, 2012). Lo anterior se evidencia en los significados de Jaime quien señala que si
algo de lo que su mujer realiza durante el intercambio le molesta, se puede conversar y establecer
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reglas para que no se repita (¶ 60). El entrevistado señala que la relación swinger trae como
beneficio el poder estar con otras personas aparte de la pareja sin tener que perder nada de la
relación misma (¶ 96). La infidelidad se presentaría como un riesgo para la ganancia sexual y la
estabilidad emocional de la pareja.

De esta forma, la práctica swinger pareciera libre de falta; lo que simbolizaría una
panacea de lo sexual-emocional que permitiría al sujeto vivir completo. Para Margarita, el
resguardo de la infidelidad se puede garantizar mediante el cuidado de los tiempos en que se
participa del mundo swinger, de modo que no llegue a significar más placer el intercambio que la
relación con la propia pareja (¶ 13). A partir de todo el desarrollo de esta idea, aparece el cuarto
resultado que indicaría que la práctica swinger sería significada como un medio para resguardar
la relación de pareja de la infidelidad. Con base en lo anterior, Jaime señala que su pareja no
estaría siendo infiel al realizar intercambios sexuales con otros hombres, siempre y cuando lo
haga bajo su consentimiento y vista, lo cual significa que lo respeta (¶ 140). Ante esto, surge la
interrogante de si la libertad sexual podría garantizarle al sujeto que la relación esté exenta de
infidelidades.

Siguiendo con lo anterior, Margarita afirma que la comunicación tras cada encuentro es
esencial para reestructurar los límites de cada integrante de la pareja (¶ 23). Para que la práctica
swinger se mantenga como resguardo de la fidelidad, sería necesario el constante acuerdo entre
las parejas sobre sus propios límites y reglas. Retomando la idea de vivir una sexualidad
separada del amor, que no pusiese en cuestionamiento el vínculo de pareja, Ons (2012) señala
que el swinger buscaría domesticar el goce. Se intentaría de esta forma llevar a cabo una
sexualidad sin consecuencias para refrenar lo incontrolable del cuerpo del otro.

Pareciera ser que lo esencial de la fidelidad se encuentra ligado a lo sentimental, lo cual


sería exclusivo de la pareja. Ante esto, ambos sujetos coinciden en que una solución, en cada uno
de sus casos, es la comunicación constante. De esta forma, como quinto resultado surge que la
práctica swinger no sería suficiente para proteger a la pareja, por tanto la comunicación
aparecería como un factor fundamental para sostener su funcionamiento. En la medida en que la
comunicación podría evitar los desencuentros que la práctica swinger generaría. Con base en los
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análisis se elabora la interrogante con respecto a si esta práctica produciría un control total y no
solo sexual del otro, además de cuestionarse si es que podría llegar a ser perjudicial para la
pareja.

Por otra parte, si bien el swinger aparece como una medida para evitar la infidelidad, la
pareja instalaría una forma de obtener placer sexual bajo prácticas consensuadas. Este acuerdo
implica que la práctica estaría sujeta a condiciones que permitirían que se desarrolle de manera
exitosa y que no se vea amenazada la estabilidad de pareja. Esto requiere que las condiciones
hayan sido respetadas y posean efectividad, lo que no siempre se logra, pudiendo derivar en una
ruptura. Además, la pretensión de control consciente podría enraizar la fantasía en el sujeto, lo
que lo llevaría inconscientemente a desear transgredir esta forma de prevención (Orejuela, 2012).
Respecto a esto, Margarita expresa que ha sabido de parejas que se han separado en mundo el
swinger, y atribuye esto a la falta de límites en la relación (¶ 23). Por su parte, Jaime afirma que
las reglas de la comunidad sirven para que la pareja no se deteriore (¶ 90).

Esta exigencia acerca del cumplimiento de las reglas da cuenta de una ética swinger,
caracterizada por reconocer que el límite del goce propio es el deseo del otro: “Haz lo que
quieras, si el otro lo permite y sin molestar a nadie’” (Orejuela, 2012 p. 63). En este sentido, el
entrevistado señala que una de las reglas básicas del mundo swinger es que el no, es no y debe
respetarse en cualquier circunstancia (¶ 70). Por su lado, Margarita afirma que no por asistir a
una fiesta swinger significa que tenga que aceptar a cualquier persona que quiera tocarla (¶ 25).
De esta forma, el sexto resultado muestra que la práctica swinger se resguardaría del
desencuentro a través de las normas generales de la comunidad y las de la pareja. Fromm (1984)
plantea que “no solo la capacidad de desobediencia es la condición de la libertad; la libertad es
también la condición de la desobediencia” (p.18). Bajo esta lógica el sujeto swinger pareciera
estar escindido en su libertad, encontrándose fuera de la norma social, pero manteniendo
obediencia a las reglas del mundo swinger.

Retomando la idea del respeto que existiría en esta comunidad se establece que para ser
parte de la misma el sujeto debería liberarse de sus prejuicios. De acuerdo a esto Olivera (2014)
plantea que: “Las parejas que practican intercambio son menos racistas, menos sexistas y menos
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heterosexistas” (p.9). Con respecto a esto Jaime señala que en el mundo swinger hay que dejar de
lado los prejuicios de la vida cotidiana, como la homofobia o el machismo, ya que estos no se
condicen con los postulados de esta práctica, donde todos son libres (¶ 126). La concreción del
intercambio de pareja no estaría guiada solo por lo físico, sino que también se basaría en la
personalidad de los sujetos (¶ 7 y 66). Así mismo, Jaime afirma que el buen sexo con otra
persona no está determinado por su edad o por su peso (¶ 200). Entonces, el séptimo resultado se
relacionaría con que la práctica swinger se presenta como una instancia que liberaría de
prejuicios a los sujetos que se adscriben a ella.

A pesar de lo anterior, los entrevistados relatan que sí existe cierta discriminación


relacionada a otros aspectos. Margarita comenta que los terceros no son aceptados en este tipo de
práctica pues son considerados personas que buscarían sexo fácil a escondidas de las esposas (¶
55). Además, menciona que algunas personas en el mundo swinger no consideran como una
pareja real a quienes no estén casados (¶ 64). Jaime, por su lado, manifiesta haber experimentado
cuestionamientos por parte de otros swingers cuando se inició en esta práctica por haber
participado siendo joven (¶ 134). Así, se podría concluir que si bien la práctica swinger se
mostraría como liberadora de prejuicios como la homofobia o estereotipos físicos, no estaría
totalmente exenta de estos.

En consecuencia con lo planteado en el párrafo anterior, cabría suponer un incremento de


la exploración sexual a una edad más temprana. Debido a esto es que establecer un estilo de vida
sexual y de roles de género que parecieran ser los únicos aceptables socialmente; dejaría afuera
nuevas formas de experimentar la sexualidad, lo cual resalta las grietas del tabú (Sanchez, 2008).
Junto con esto se ha vislumbrado un giro en el concepto de amor, lo que ha repercutido en la
forma de gozar referido a lo corporal, donde: “la culpa por gozar -pese a la prohibición- muda su
lugar por la culpa por gozar demasiado poco” (Ons, 2012). Esta nueva exigencia hacia el goce
demandaría de la pareja relaciones sexuales más completas, frecuentes, mutuamente placenteras,
conteniendo una sexualidad más pasional. Estas funcionarían como sostén de una buena parte del
vínculo, el cual solo se habría concebido como posible en una relación extramarital (Sánchez,
2008).
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Lo anterior pareciera ser posible en la relación swinger, ya que dentro de esta comunidad
la exploración sexual femenina es aceptada y discutida abiertamente, lo que permitiría a la pareja
explorar su sexualidad. En relación a esto, Margarita relata que dentro de la comunidad, las
conversaciones escapan de lo cotidiano, aclarando cualquier interrogante sobre asuntos sexuales
que surja (¶ 5). El penúltimo resultado que se construye sería el que indica que la práctica
swinger se significaría como un medio liberador de la sexualidad femenina en tanto permite
explorar la misma libre de juicios. Un aspecto que juega un rol importante en esto es el de la
masturbación femenina, la cual sería un factor que ayudaría a la mujer a conocer su propio
cuerpo y experimentar orgasmos con mayor facilidad. Margarita señala que muchas veces las
mujeres se prohiben explorar su cuerpo debido al miedo de verse enjuiciadas socialmente y
muchas que sí lo hacen no lo comentan por las mismas razones (¶ 13).

En el swinger pareciera que el hombre debe ir a la par de estos cambios y ser capaz de
aceptar el deseo femenino y su movilización. De esta forma, se establecería una relación de
igualdad en el derecho a gozar del cuerpo y hacer de él un objeto de satisfacción. Velázquez
(2012) señala que no habría, en la actualidad, una clara diferenciación de las posiciones sexuadas
masculino-femenino. Así, la pareja se establecería bajo una forma que pretende la igualdad de
goce para ambos, como ya se mencionó anteriormente. En relación a esto Jaime señala que el
hombre que se encuentra fuera del mundo swinger es incapaz de reconocer el deseo sexual que
habita el cuerpo de la mujer, posicionándola solo como objeto del placer masculino (¶ 154). Esto
se aprecia también cuando Margarita explicita que aquello que encontró en el swinger solo fue
sexo (¶ 5). De esta forma se establecería la posibilidad para el sujeto en posición femenina de
gozar del otro como objeto de su deseo sexual.

Aunque pareciera ser que el swinger ofrece libertad sexual, esta práctica presentaría
como condición ser un secreto para los sujetos. Este carácter generaría una complicidad en la
pareja, asociada a una sensación de riesgo que avivaría la relación y su sexualidad (Entrevista
Jaime, ¶ 32). En efecto, se trataría de una nueva lógica del amor “en la que se experimenta, se
pone a prueba el compromiso y se buscan emociones intensas” (Orejuela, 2012 p. 49). Así, esta
práctica podría reforzar - a través del secreto - los lazos afectivos estables (Moncayo, 2011 en
Orejuela, 2012). Esto se aprecia cuando Jaime señala que la realización del intercambio swinger
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fortalece la relación de pareja, gracias al morbo que tiene lo oculto (¶ 32 y 122). Con base en lo
anterior, el último resultado señala que la práctica swinger permitiría que la relación de pareja se
compenetre a través de la complicidad que se genera entre los miembros de la misma al tener que
mantener la práctica en secreto.

En esta búsqueda de mayor placer, pareciera ser que subyace un riesgo de que la relación
acabe producto de que el sujeto se encuentre ante un desequilibrio psíquico y emocional. Esto
podría ocurrir al advertir que su pareja puede gozar tanto o más con otro compañero sexual
(Orejuela, 2012). Jaime afirma que se autoconvence de que su pareja no ha tenido una
experiencia sexual más gratificante con otro (¶ 244). De igual forma él cree que si su pareja
disfrutara más con otros, ya lo habría dejado (¶ 234). Margarita, por su parte, dice intentar no
recordar cómo fue la experiencia sexual con otras personas, ni compararla con las que
experimenta con su pareja (¶ 7).

Pese a que el swinger plantea una nueva lógica amorosa, los celos y las inseguridades no
le serían ajenos. Por tanto, la libertad sexual pareciera no garantizar la seguridad de la relación.
La visualización de la pareja durante el intercambio guarda relación con la necesidad de
salvaguardar la inseguridad; de tener control sobre la acción del otro y su cuerpo. Sin embargo,
el mirar proporcionaría mayor placer al acto sexual (Entrevista Jaime, ¶ 64). A partir de lo
anterior, es que Jurado (s/f) se refiere a esto haciendo alusión a las palabras de Freud, quien
relacionó la pulsión escópica con el afán de saber referido al quehacer del otro, mientras este está
disfrutando de un sujeto ajeno a la relación.

Si bien la práctica swinger no es ilegal, representaría para sus participantes un espacio


inmoral, dado que buscarían evitar que su asociación con el mundo swinger sea conocida,
pudiendo así evadir el juicio social (Olivera, 2014). De este modo Margarita señala que, si bien
mantener en secreto la práctica incrementa el placer, también involucraría un riesgo por lo que
debe resguardarse. Así, su principal motivo para no dar a conocer que es swinger sería su hijo,
pues considera posible que este los juzgue (¶ 53) . Respecto a lo anterior, si bien “la expresión
sexual es una fuente significativa de autoconsciencia y la autopercepción de una persona”
(Vaillancourt & Few-Demo, 2014, p.2), pareciera ser que el sujeto swinger se encuentra ante una
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constante tensión entre el ser y el hacer, en la cual se conjugan diversos aspectos que no
responden de manera exclusiva al acto sexual. Esta dicotomía entre el ser libres de manera
oculta; entre disfrutar del secretismo y a la vez verse forzados a mantenerlo en secreto por
presión social hace pensar que quizás tal tensión interna sería una de las principales motivaciones
del sujeto para mantenerse en esta práctica. En concordancia con esta idea, Margarita señala que
si el swinger fuera algo cotidiano, a ella ya no le interesaría, porque todos lo estarían haciendo
(¶70). Para la entrevistada, el swinger sería un lugar donde ella podría explorar su singularidad y
encontrar aquello que la hace diferente al resto.

A modo de evaluación, se piensa que debido al tiempo estipulado para esta investigación
(un año), así como la cantidad de entrevistas realizadas (una por participante), los datos
recolectados no permitieron saturar la información. Sin embargo, este no constituye el interés del
equipo investigador. Se considera que los resultados serían significativos para un estudio
exploratorio basado en el discurso de los sujetos. Además, es necesario señalar que existe
escasez de investigaciones previas para este estudio, por lo que la presente investigación
pretende ampliar el campo de conocimiento con respecto al fenómeno, enfocándose en el
discurso del sujeto.

Considerando la relevancia que tiene para una investigación con un marco


epistemológico construccionista social el reconocimiento del lugar del investigador, es que el
proceso de análisis de datos se realizó - tanto de manera individual, como grupal - a través de
triangulaciones. De esta forma, se intentó articular el discurso de los entrevistados con el trabajo
de análisis del equipo de investigación para producir lo que a lo largo de los apartados anteriores
se ha expuesto. En relación a los objetivos específicos, se evalúa que estos fueron cumplidos en
tanto se identificaron las principales prácticas swinger: el intercambio de pareja; las normas y
reglas por las que rigen y estructuran su relación; el secretismo de la práctica y cómo este
potencia la vida en pareja; la fantasía como un factor fundamental; y la masturbación como
medio de reconocimiento del propio cuerpo y de la satisfacción del mismo.
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Conclusiones:
A través de los apartados anteriores, el equipo investigador ha intentado rescatar las
significaciones y la singularidad del sujeto. A continuación se realizará una evaluación del
objetivo general de investigación, las implicaciones de los resultados y las posibles nuevas líneas
para explorar la temática. De igual modo, se podrá encontrar un resumen general de la presente
investigación, así como también con una breve reflexión final.

En cuanto a la relevancia de esta tesis, podemos decir que en Chile no se encontraron


investigaciones de esta temática. Por otra parte, la mayoría de las procedentes de otros países
tienen un enfoque causal, poniendo en contraste el fenómeno swinger con la normalidad. Con
respecto al objetivo general - comprender los significados que los sujetos swingers asignan a sus
prácticas- el equipo investigador considera que se ha cumplido. Esto debido a que los resultados
y discusiones apuntan a las significaciones y se respaldan en los enunciados de los participantes.
Los investigadores consideran que se debe tener presente que la pretensión de comprender se
limita al contexto específico de los participantes de esta tesis. Por lo mismo, no se pretende la
generalización, ni lograr la comprensión absoluta, ya que es una ambición inacabable debido a la
existencia de tantos significados como sujetos.

En consecuencia con lo expresado en las discusiones, podemos plantear que una


implicancia directa podría ser que se generen desacuerdos con la comunidad swinger. Esto
último, debido a que los resultados expuestos no sean concordantes con los significados de otros
sujetos swinger. Por esto mismo, esta investigación no pretende generalizar ni ser la voz de la
comunidad swinger en Chile. No obstante, a partir de las significaciones rescatadas en este
estudio, se observan nuevas líneas de interés. Dentro de estas se encuentra la relación entre
sujetos swingers y el uso de redes sociales; los sujetos swinger y las nociones de género y,
por último, el control en la relación swinger.

Con base en la revisión bibliográfica realizada, se puede señalar que de los nueve
resultados encontrados, cuatro se condicen con la teoría ya escrita acerca de la relación swinger y
cinco de ellos son un aporte novedoso para la literatura de fenómenos sociales. Estos son los
relacionados con las parejas donde lo primordial es el sexo; aquel que señala que la
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comunicación es fundamental para resguardar la relación; la complicidad como factor avivado


por el secreto de la práctica; la fantasía como elemento que favorece la sexualidad en pareja; y
finalmente, la práctica swinger como medio liberador de la sexualidad femenina.

A modo de resumen general, se puede establecer que suele haber un juicio de contra
norma con el que se califica la práctica swinger. Este se sustenta en estándares sociales que
pretenden definir la normalidad asociándola a la heteronormatividad, la monogamia y la familia;
todos estos últimos como aspectos excluyentes sociales. Se considera que esto no puede
representar una postura fundamentada en las ciencias sociales, en el psicoanálisis y mucho
menos caracterizar el pensamiento de profesionales en psicología. Estas nuevas expresiones de la
sexualidad y el amor necesitan ser comprendidas, antes que enjuiciadas por no cumplir con la
expectativa social de vida en pareja. Este estudio intentó realizar un recorrido por la corriente
psicoanalítica, pero a la vez la antropológica, la sociológica y la histórica con el fin de abarcar
las diversas miradas existentes en relación a esta práctica (Orejuela, 2012). Tal como señala
Braunstein (2005) esto permitiría: “revelar en cada caso [...] la particularidad del deseo” (p. 168
en Orejuela, 2012, p. 59). A modo de cierre, se puede concluir que el deseo del sujeto es
primordial, ya que es lo que orienta la práctica clínica. Esta sería la importancia de los
significados, ya que permitirían rastrear ese deseo y darle un lugar en el espacio clínico.
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