Meditaciones sobre el Vía Crucis desde la perspectiva de una mujer puertorriqueña
Dra. María Arrillaga – Viernes Santo 2019
Introducción
Vírgenes puertorriqueñas
Querida Virgen de Belén, Virgen de la Leche que con tus pechos amamantaste al
niño Jesús, nutriéndolo así para la bendita vida que le esperaba. Llegaste alrededor
de 1493 a nuestra Isla. Mucho se dice de ti, como que te encontraron en un pozo de
un Monasterio, pero lo que más me agrada es que los monjes oían cantos cómo de
ángeles a tu alrededor durante los amaneceres sanjuaneros.
Nuestra Señora, Virgen de la Divina Providencia, Virgen boricua, “Patrona
principal de toda la nación puertorriqueña” acompáñanos en este caminar con la
Cruz de tu Hijo.
Primera Estación
Jesús sentenciado a muerte
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo.
Ha sufrido mucho. El abandono de sus discípulos en el huerto de los olivos. La
entrega y traición de Judas Iscariote.
Conociendo la injusta y triste sentencia a muerte de su hijo Jesús, su madre, María,
su corredentora, medita sobre la profecía de Simeón, “este niño está puesto para
caída y elevación en Israel. … Mientras a ti (María) una espada te atravesará el
alma”.
Hay pocas profetisas en las Escrituras, se cuentan cinco con dos consideradas
profetisas falsas.
De ahí la gran importancia de Ana, quien prácticamente vivía en el templo
ayunando y orando en espera del Mesías. Al reconocerlo su alma entró en júbilo y
les hablaba a todos y todas sobre el niño que sería la redención de Jerusalén.
Es posible que la casi ausencia de profetisas apuntara a discriminación de las
mujeres para expresarse. Demos gracias a Dios que Ana superó todo lo que debía
para estar allí en el momento de la presentación en el templo de Jesús.
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Padre nuestro; Ave María y Gloria.
Segunda Estación
Jesús es cargado con la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo
Se abraza a la cruz, para Él signo de amor al prójimo. Lleva a cuestas nuestros
pecados y la esperanza de que aprendamos a vivir superando nuestras dificultades.
Todos cargamos con una cruz. Meditemos, sin embargo, en los quehaceres e ideas
de Luisa Capetillo, una gran mujer puertorriqueña. (1879-1922) Fue escritora,
lectora en las fábricas de tabaco, sufragista, sindicalista, vegetariana y defensora
del amor libre. “El amor debe ser absolutamente libre, tanto para la mujer como
para el hombre; sin la libertad absoluta, el amor es prostituido (…) la inmoralidad
es la prostitución, es el celibato forzado de una mujer; es la venta del cuerpo
femenino; es la sumisión de la esposa; es la mentira del marido hacia la que ha
cesado de amar. El amor libre no puede ser fuente de inmoralidad puesto que es
una ley natural; el deseo sexual tampoco puede ser inmoral toda vez que es un
deseo natural de nuestra vida física. Si la sexualidad fuera inmoral también lo
serían el hambre, el sueño y todos los fenómenos fisiológicos que rigen el cuerpo
humano”.
Luisa Capetillo es conocida como la primera mujer que vestía pantalones y fue
arrestada en Cuba, en 1917, por ello. “Doña Luisa Capetillo, Con razón o sin
razón, Ha armado tremendo lío, con su falda pantalón”. Luisa fue la madre de tres
hijos.
Algunas mujeres en la historia han vestido como hombre por la necesidad de
acceder a varios espacios. Recordemos el ejemplo de Santa Juana de Arco.
Sobre todo, recordemos el encuentro entre Jesús y la Samaritana en el Capítulo 4
del Evangelio según San Juan. La Samaritana había convivido con cinco hombres.
Jesús le habla con palabras de misericordia y la invita a un camino de conversión;
porque el verdadero amor libre se fundamenta en la fidelidad y el sacrificio. Jesús
nos invita a todos a ese mismo camino.
Padre nuestro; Ave María y Gloria.
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Tercera Estación
Jesús cae por primera vez
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo
Es una cruz pesada. Jesús va desfalleciendo luego de tanto dolor, la flagelación, la
corona de espinas, los insultos y agravios de parte de los soldados y el pueblo no
creyente.
Meditemos sobre la cruz que le tocó a la insigne escritora francesa Christine de
Pisan, quien, como Jesús, logró levantarse. Nació en Venecia de familia
acaudalada. (1364-1429) Pasó a vivir a Francia luego de una oferta que le hizo el
Rey Carlos V a su padre a quien admiraba por sus conocimientos. Luego de muerto
el Rey, la familia sufrió por falta de los estipendios que recibían. Poco después
murió su esposo, hallándose viuda con dos hijos, una hija y su madre a los
veinticinco años. Christine describe su tribulación al verse desamparada como
tantas emigrantes. Así describe su desdicha: “Había caído en el valle de la
tribulación”. Luchó contra su infortunio describiendo en su obra Visiones los
múltiples abusos que sufrió durante catorce años. Encontró su sustento por medio
de la palabra escrita. Dedica un poema a su hijo, Jean du Castel: No tengo otro
tesoro, hijo, que te dará riquezas, sino buenos consejos. Te los doy con la
esperanza que los seguirás. Su hija fue monja en la Abadía Real de Poissy, donde
Christine se refugió cuando las tropas borgoñesas habían ocupado París. Escribió
salmos alegóricos, poemas a la Virgen y Las horas de la contemplación de la
pasión de nuestro Señor. Su obra magna es La ciudad de las mujeres, acaso
inspirada por La ciudad de Dios de San Agustín. Llegó a ser testigo de la vida de
Santa Juana de Arco y la coronación de Carlos VII, rey de Francia.
Padre nuestro; Ave María y Gloria.
Cuarta estación
Jesús encuentra a su madre
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Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo.
Miradas se unen en amor profundo. Lágrimas de parte de su madre santísima al ver
a Jesús destrozado y portando su leño. Es María la Mujer vestida de sol, con la
luna a sus pies y coronada con una corona de doce estrellas. Y estando encinta
clamaba con dolores de parto. (Apocalipsis 12) Recuerda, María, al niñito Jesús
arropado en pañales, adorado por ángeles y magos, todo para nuestra redención.
Saludemos, respetemos y amemos a todas nuestras madres, dadoras de vida.
Seamos devotos de la Virgen, bendecida con tantos nombres e imágenes tales
como Nuestra Señora de la Divina Providencia y la Virgen de Belén, ambas
boricuas. Pidámosle a la Virgen, como buena madre que es, que ampare a todas y
todos aquellos que lo necesiten; tales como a los enfermos, los deambulantes, los
desempleados, los forasteros, los migrantes. Que ampare también a las víctimas de
abuso sexual de cualquier edad y a los culpables de tan horrible pecado que
interceda por su conversión.
Padre nuestro; Ave María y Gloria
Quinta estación
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu Santa Cruz redimiste el
mundo.
Aunque fuera obligado, el Cirineo representa la caridad, alguien que puede darnos
la mano cuando lo necesitemos.
Según la Santa y Doctora alemana, Hildegarda de Bingen:
“La caridad abunda en todo,
Desde las profundidades hasta las estrellas,
Es amada en todo, porque el Rey supremo le dio el beso de la paz”.
Que la caridad nos ayude a eliminar la trata de personas; es decir, todo tipo de
esclavitud contemporánea, la prostitución, el terrorismo, la violencia en general,
así como la violencia doméstica.
Padre nuestro; Ave María y Gloria.
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Sexta estación
La verónica enjuga el rostro de Jesús
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo.
“Tu rostro buscaré Señor, no me ocultes tu rostro”. (Salmo 26, 8-9) Ejemplo de
valentía, compasión, la Verónica nos ofrece el ejemplo de mujeres piadosas a
quien Jesús recompensa con la efigie de su santa faz.
Según Santa Teresa de Ávila: “Para pagarnos es tan mirado, que no hayáis miedo
que un alzar de ojos con acordarnos de Él deja sin premio”. Camino de perfección,
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Padre nuestro; Ave María y Gloria.
Séptima estación
Segunda caída de Jesús
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo.
Recaer en el pecado, la tristeza, el cansancio para llevar la cruz de la vida.
Necesitamos ayuda de la oración, los sacramentos, de la misericordia de Dios para
levantarnos de nuevo.
Oremos por nuestro Santo Padre Francisco, nuestro arzobispo Roberto, por
mayores vocaciones sacerdotales. Oremos para que pronto pueda haber diaconisas
como en el principio del cristianismo. En palabras de Santa Teresa del Niño Jesús,
Doctora de la iglesia, que aparecen en su autobiografía, Historia de un alma: Ser tu
esposa, mi Jesús; ser carmelita; ser, a través de mi unión contigo, madre de almas,
¿ciertamente debe ser esto suficiente? Aun así, siento todavía la llamada de más
vocaciones; Deseo ser guerrera, sacerdote, apóstol, doctora de la iglesia, mártir-
No hay hecho heroico que no desee llevar a cabo. Me siento tan atrevida como un
cruzado, lista para morir por la iglesia en un campo de batalla.
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Padre nuestro; Ave María y Gloria.
Octava estación
Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste el
mundo.
En el camino de la cruz muchas mujeres siguieron a Jesús y lloraron por Él. Llorar
a impulsos del amor divino purifica el alma. Es un don de Dios, que solo a grandes
almas se concede. San Francisco de Asís lloraba por sus pecados.
Meditemos sobre la escena de Jesús en casa de Simón el fariseo, donde una mujer
pecadora llegó con un frasco de alabastro lleno de perfume. Llorando, bañó los
pies de Jesús con sus lágrimas. Luego los secó con sus cabellos, los besó y derramó
sobre ellos el perfume.
Santa Catalina de Siena dedica un extenso apartado de su Diálogo a “La doctrina
de las lágrimas”. “Quiero que sepas que toda lágrima procede del corazón, pues no
hay miembro en el cuerpo que tanto quiera dar gusto al corazón como los ojos”.
Con tus lágrimas
Riegas
La tierra de tu alma
Nacen flores
Y aromas
De vida eterna.
Padre nuestro; Ave María y Gloria.
Novena estación
Jesús cae por tercera vez
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo.
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Juliana de Norwich fue la primera mujer en escribir en lengua inglesa. (1373-1416)
Fue anacoreta y mística. Obtuvo visiones durante toda su vida las cuales relata en
el texto Revelaciones. La pasión de Cristo es el foco inicial de las revelaciones.
Vio a Dios en un punto y comprende que Él está presente en todas las cosas, que lo
ha hecho todo y lo ha hecho bien. En medio de la visión se sorprende al
comprender que ningún pecado era evidente. Aún así sentía que lo único que la
mantenía alejada del profundo amor que sentía por Jesús era el pecado. Jesús le
habla y le asegura que el pecado es necesario, pero todo acabará bien. Toma estas
palabras con el significado de que el pecado es la causa de todo sufrimiento.
Meditando estas palabras llegamos a la conclusión de que las caídas de Jesús, en
especial la tercera caída, la más dolorosa, se debe a las caídas humanas en el
pecado. Jesús cae por tercera vez por su sufrimiento y cansancio. Cae también en
reparación por aquellos y aquellas que pecan.
Padre nuestro; Ave María y Gloria.
Décima estación
Jesús despojado de sus vestiduras
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste el
mundo.
No es sólo el dolor que sufre Jesús con la ropa rasgándole sus heridas. Se trata de
la vulnerabilidad de la desnudez. Se trata de la pobreza, el no tener nada.
Meditemos sobre la vida y obra de Julia de Burgos, poeta puertorriqueña. Julia
publicó sólo tres libros que la inmortalizaron. Aun así, era muy pobre. Dice que
recorrió toda la Isla tratando de vender sus libros y no logró hacerlo. Fue víctima
de violencia doméstica de parte de alguien a quien amaba. Al final, la encontraron
muerta en una calle de Nueva York y la enterraron donde se entierra a la gente sin
nombre. Hoy día descansa en su pueblo de Carolina.
“¡Río Grande de Loíza!
Alárgate en mi espíritu y deja que mi alma se pierda en tus riachuelos para buscar
la fuente que te robó de niño y en un ímpetu loco te devolvió al sendero. Enróscate
en mis labios y deja que te beba, para sentirte mío por un breve momento”.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
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Décima primera estación
Jesús es clavado en la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo.
Las siete palabras que Jesús emite en la cruz nos conmueven y muestran el camino
a la salvación. Debemos aprender a perdonar. El pecador arrepentido muestra la
compasión de Jesús. Así como con la mujer adúltera, Jesús comprende todo, aun el
pecado. Mujer he aquí a tu hijo… he aquí tu madre. ¡Cuánto quería Jesús a su
madre, la Virgen María! Nos da un modelo de amor para que no desamparemos a
nuestros padres y madres en sus necesidades o ancianidad. Se sentía solo Jesús.
Acompañémonos siempre, sin dar lugar a la tristeza de la soledad. La sed de Jesús
era de nuestro amor. Meditemos el primer mandamiento. Amar a Dios sobre todas
las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Sus tres años de ministerio se
completan en la cruz. Consumado es. No nos quedemos dormidos nunca sin decir:
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
Padre nuestro; Ave María y Gloria.
Décima segunda estación
Jesús muere en la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste el
mundo.
La muerte es el silencio. Jesús va a morar con el Padre.
Meditemos sobre la obra de nuestra benemérita escritora puertorriqueña, María
Bibiana Benítez (1783-1873). Inicia la literatura puertorriqueña en 1833 con la
publicación de “La Ninfa de Puerto Rico”. La crítica oficial mantiene que nuestra
literatura comienza con la publicación del Aguinaldo puertorriqueño en 1843, diez
años después. María Bibiana cuenta con un corpus de variedad y altura donde se
incluye incluso la sensibilidad feminista y una obra dramática La cruz del Morro.
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Ella y su obra han sido sujetas a una conspiración de silencio. Tillie Olsen,
escritora norteamericana, afirma que las dificultades que enfrentan las mujeres para
hacer literatura no son los silencios naturales. La frustración de la vocación, así
como la valoración de su producción han estado sujetas al poder patriarcal. Es de
interés saber que María Bibiana firmaba sus obras muchas veces como “una
mayagüezana”. Jane Austen, afamada escritora británica, nunca incluyó su nombre
como autora de sus obras.
Padre nuestro; Ave María y Gloria.
Décima tercera estación
Jesús es bajado de la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo.
Un soldado atravesó el costado de Jesús de donde manaron sangre y agua. La
espada que había anunciado Simeón atravesó el corazón de María. José de
Arimatea y Nicodemo descolgaron a Jesús de la Cruz. Al pie de la cruz su Madre
recibió en sus brazos y en su regazo maternal el cuerpo inerme de su amado Hijo.
Meditemos sobre como el amor de madre podría compararse a la dedicación de las
maestras que imparten conocimientos y como muchas veces no son reconocidas.
Celestina Cordero, fue hermana de Rafael Cordero, Siervo de Dios, a quien
Francisco Oller inmortalizó en un cuadro que hoy día cuelga en una pared de
nuestro Ateneo Puertorriqueño. Celestina luchó por obtener credenciales y se dice
que tuvo unas 116 discípulas. Ellas fueron innombradas contrario a los alumnos de
su hermano Rafael quien enseñó a José Julián Acosta, Alejandro Tapia y Rivera y
otros próceres puertorriqueños. Celestina fue una maestra negra en tiempos de la
esclavitud. En el cuido y saberes que impartió acaso podría considerarse,
asimismo, Sierva de Dios. ¿Discrimen de género? ¿Discrimen racial?
Padre nuestro; Ave María y Gloria.
Décima cuarta estación
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Jesús es sepultado
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu Santa Cruz redimiste al
mundo.
Mientras sepultaban a Jesús, su madre, María, y las santas mujeres que solían
acompañarlo tales como María Magdalena, Juana, María, madre de Santiago,
observaban llenas de tristeza, matizada con la esperanza de la Resurrección.
Meditemos ahora sobre el sepulcro que suponen los vientres de las madres a cuyos
niños y niñas se les ha negado la vida. Oremos por nuestros niños y niñas, que
nazcan todos y todas saludables para mayor gloria de Dios. Demos gracias a
aquellas personas que cuidan a los discapacitados. Honro la memoria de mi tía
abuela, María Luisa Arcelay, quien dedicó su vida a mi primo, Tinker, víctima de
parálisis cerebral. No podía casi hablar, sus movimientos eran limitados. Así, me
crié con él y entendí lo que era no ser “normal”. María Luisa Arcelay fue, además,
pionera en la industria de la aguja donde consideraba que ayudaba a mujeres
pobres a ganarse la vida trabajando en sus casas, así pudiendo cuidar a sus hijos e
hijas también.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
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