EL ELEFANTE QUE QUERÍA VOLAR Ella estiró su largo cuello y miró al cielo.
Ella estiró su largo cuello y miró al cielo.
Había una vez un pequeño elefante llamado Toto que era muy
Había una vez un pequeño elefante llamado Toto que era muy Toto sonrió. Se dio cuenta de que no necesitaba volar para ser
curioso y siempre le gustaba soñar con cosas increíbles. Un día , especial. Toto sonrió. Se dio cuenta de que no necesitaba volar para
curioso y siempre le gustaba soñar con cosas increíbles. Un día,
ser especial.
mientras paseaba por la selva, vio a los pájaros volando por el cielo.
mientras paseaba por la selva, vio a los pájaros volando por el cielo. Era único tal como era, un elefante feliz y curioso.
Era único tal como era, un elefante feliz y curioso.
—¡Qué divertido debe ser volar! pensó Toto, moviendo sus grandes
—¡Qué divertido debe ser volar! —pensó Toto, moviendo sus grandes Desde ese día, Toto dejó de intentar volar y se dedicó a explorar la
orejas. selva, Desde ese día, Toto dejó de intentar volar y se dedicó a explorar
orejas.
la selva,
Así decidió que quería volar como los pájaros. Se acercó a su amigo, ayudando a sus amigos con su gran trompa y disfrutando de todas
Así decidió que quería volar como los pájaros. Se acercó a su amigo, las ayudando a sus amigos con su gran trompa y disfrutando de todas
el mono Marcelo, y le dijo: aventuras que encontraba en el suelo.
el mono Marcelo, y le dijo: aventuras que encontraba en el suelo.
—¡Quiero volar! Y así, Toto descubrió que ser uno mismo era la mejor manera de ser
—¡Quiero volar! Y así, Toto descubrió que ser uno mismo era la mejor manera de ser
feliz.
Marcelo se rió y le respondió: feliz.
Marcelo se rió y le respondió:
—Pero, Toto, ¡los elefantes no pueden volar! Tienes orejas grandes,
—Pero, Toto, ¡los elefantes no pueden volar! Tienes orejas grandes,
pero no alas.
pero no alas.
Toto no se rindió. Se acercó a su amiga, la jirafa Lili, y le pidió
ayuda. Toto no se rindió. Se acercó a su amiga, la jirafa Lili, y le pidió
ayuda.
—Lili, ¿cómo puedo volar?
—Lili, ¿cómo puedo volar?
El tren de colores —¡Claro! —contestó la Rana, saltando de alegría.
—¡Claro! —contestó la Rana, saltando de alegría.
Había una vez un tren mágico que vivía en un hermoso valle lleno
de Había una vez un tren mágico que vivía en un hermoso valle lleno Así, Colorín, el Conejo y la Rana siguieron su camino, parando en
flores. Este tren se llamaba Colorín y tenía vagones de todos los cada Así, Colorín, el Conejo y la Rana siguieron su camino, parando en
colores: flores. Este tren se llamaba Colorín y tenía vagones de todos los cada
colores:
lugar para recoger nuevos amigos: el pato, la tortuga y hasta
rojo, azul, verde, amarillo y morado. una lugar para recoger nuevos amigos: el pato, la tortuga y hasta
rojo, azul, verde, amarillo y morado.
una mariposa. Cada uno se subió a un vagón de un color diferente.
Un día, Colorín decidió hacer un viaje especial. Quería visitar a una mariposa. Cada uno se subió a un vagón de un color diferente.
todos los Un día Colorín decidió hacer un viaje especial. Quería visitar Finalmente, Colorín llegó a una colina donde todos sus amigos se
a todos los
sentaron Finalmente, Colorín llegó a una colina donde todos sus
animales del valle y llevarles alegría. Así que partió muy feliz, haciendo
amigos se sentaron
animales del valle y llevarles alegría. Así que partió muy feliz, haciendo
sonar su silbato.
juntos. Miraron el hermoso paisaje y se dieron cuenta de que,
juntos. Miraron el hermoso paisaje y se dieron cuenta de que,
sonar su silbato.
aunque eran diferentes, cada uno era especial.
Primero llegó a la casa del conejo. aunque eran diferentes, cada uno era especial.
Primero llegó a la casa del conejo.
—¡Qué hermoso es viajar juntos! —dijo Colorín.
—¡Hola, Conejo! —dijo Colorín—. ¿Te gustaría un paseo en mi —¡Qué hermoso es viajar juntos! —dijo Colorín.
tren?—¡Hola, Conejo! —dijo Colorín—. ¿Te gustaría un paseo en mi
tren?
—¡Sí! —respondieron todos—. Los amigos traen colores a nuestra
vida. —¡Sí! —respondieron todos—. Los amigos traen colores a nuestra
—¡Sí! —saltó el Conejo—. Me encanta viajar. vida.
—¡Sí! —saltó el Conejo—. Me encanta viajar.
Y así, Colorín y sus amigos aprendieron que la alegría de compartir
Juntos se montaron en el vagón rojo y recorrieron el valle. Después, Y así, Colorín y sus amigos aprendieron que la alegría de compartir y
Juntos se montaron en el vagón rojo y recorrieron el valle. Después, viajar juntos era el mejor color de todos. Desde ese día, el tren
Colorín se detuvo en el río donde vivía la rana. viajar juntos era el mejor color de todos. Desde ese día, el tren
Colorín se detuvo en el río donde vivía la rana. mágico siguió recorriendo el valle, llevando sonrisas y amistad a
mágico siguió recorriendo el valle, llevando sonrisas y amistad a
—¡Hola, Rana! —llamó—. ¿Quieres venir con nosotros?
—¡Hola, Rana! —llamó—. ¿Quieres venir con nosotros?
todos los rincones.
todos los rincones.
La semilla mágica de Luna que creciera que creciera
Había una vez una niña llamada Luna que vivía en una casa con rápido, aprendió a disfrutar el proceso de cuidarla día a día.
rápido, aprendió a disfrutar el proceso de cuidarla día a día.
Había una vez una niña llamada Luna que vivía en una casa con
un hermoso jardín. Un día, su abuela le regaló una pequeña Hasta que un día, cuando salió al jardín, vio un pequeño brote
un hermoso jardín. Un día, su abuela le regaló una pequeña Hasta que un día, cuando salió al jardín, vio un pequeño brote
semilla. verde asomándose de la tierra. ¡La semilla había comenzado a
semilla. verde asomándose de la tierra. ¡La semilla había comenzado a
—Esta es una semilla mágica, le dijo la abuela. Si la plantas y la crecer! Luna saltó de alegría.
crecer! Luna saltó de alegría.
—Esta es una semilla mágica —le dijo la abuela—. Si la plantas y la
cuidas con paciencia, crecerá algo muy especial. Con el paso del tiempo, el brote creció y creció, hasta convertirse en
cuidas con paciencia, crecerá algo muy especial. Con el paso del tiempo, el brote creció y creció hasta convertirse en un
Luna, emocionada, corrió al jardín y plantó la semilla en la tierra un hermoso girasol que brillaba al sol. Luna estaba muy feliz, y su
Luna, emocionada, corrió al jardín y plantó la semilla en la tierra hermoso girasol que brillaba al sol. Luna estaba muy feliz, y su
suave Todos los días la regaba con agua y se sentaba a esperar... abuela le sonrió. abuela le sonrió.
suave. Todos los días la regaba con agua y se sentaba a esperar...
pero nada sucedía. —¿Ves, Luna? Con paciencia y cuidado, lograste que algo
pero nada sucedía.
—¿Ves, Luna? Con paciencia y cuidado, lograste que algo
—¿Por qué no crece? —se preguntaba Luna, un poco impaciente. maravilloso creciera.
—¿Por qué no crece? —se preguntaba Luna, un poco impaciente. maravilloso creciera.
Pasaron los días, y aunque Luna cuidaba la semilla, no veía ningún Y así, Luna aprendió que la paciencia nos ayuda a esperar con
Pasaron los días, y aunque Luna cuidaba la semilla, no veía ningún Y así, Luna aprendió que la paciencia nos ayuda a esperar con
cambio. Empezó a sentirse desanimada, pero su abuela la animaba. calma, porque las cosas buenas llegan cuando menos lo esperamos.
cambio. Empezó a sentirse desanimada, pero su abuela la animaba. calma, porque las cosas buenas llegan cuando menos lo esperamos.
—Tienes que tener paciencia, Luna. Las cosas buenas llevan tiempo.
—Tienes que tener paciencia, Luna. Las cosas buenas llevan tiempo.
Luna decidió escuchar a su abuela. Cada mañana regaba la
Luna decidió escuchar a su abuela. Cada mañana regaba la
semilla, hablaba con ella y le daba cariño. Aunque a veces quería
semilla, hablaba con ella y le daba cariño. Aunque a veces quería
La manzana de Nicolás encontrado ese día y realmente quería comerla. Pero también pensó en
encontrado ese día y realmente quería comerla. Pero también pensó en
Había una vez un niño llamado Nicolás que vivía en una granja Sofía y en lo feliz que estaría si se la daba.
Había una vez un niño llamado Nicolás que vivía en una granja Sofía y en lo feliz que estaría si se la daba.
llena de árboles frutales. A Nicolás le encantaba recoger frutas y
llena de árboles frutales. A Nicolás le encantaba recoger frutas y Con una sonrisa, extendió la mano y le ofreció la manzana a su amiga.
Con una sonrisa, extendió la mano y le ofreció la manzana a su amiga.
su favorita era la manzana roja, grande y jugosa.
su favorita era la manzana roja, grande y jugosa. —Toma, Sofía. Puedes quedarte con esta.
—Toma, Sofía. Puedes quedarte con esta.
Un día, mientras caminaba por el huerto, encontró una manzana
Un día, mientras caminaba por el huerto, encontró una manzana Sofía abrió los ojos con sorpresa.
perfecta, la más hermosa que había visto. Brillaba al sol y parecía Sofía abrió los ojos con sorpresa.
perfecta, la más hermosa que había visto. Brillaba al sol y parecía
—¿De verdad? ¡Gracias, Nicolás! —dijo muy emocionada.
deliciosa.
—¿De verdad? ¡Gracias, Nicolás! —dijo muy emocionada.
deliciosa.
Sofía le dio un gran mordisco a la manzana y luego le ofreció un poco a
—¡Es la manzana más grande que he visto! —exclamó Nicolás,
Sofía le dio un gran mordisco a la manzana y luego le ofreció un poco
—¡Es la manzana más grande que he visto! —exclamó Nicolás,
Nicolás. Así, el chico se sintió contento al ver lo feliz que estaba su amiga.
emocionado.
Nicolás. Así, el chico se sintió contento al ver lo feliz que estaba su amiga.
emocionado.
Aunque al principio pensó que extrañaría la manzana, se dio cuenta de
Justo cuando estaba a punto de darle un mordisco, vio a su amiga Sofía Aunque al principio pensó que extrañaría la manzana se dio cuenta de
Justo cuando estaba a punto de darle un mordisco, vio a su amiga que compartirla lo hacía sentir aún mejor.
Sofía que compartirla lo hacía sentir aún mejor.
que caminaba por el sendero. Sofía parecía un poco triste.
que caminaba por el sendero. Sofía parecía un poco triste.
Desde ese día, Nico aprendió que compartir con los demás no sólo hace
Desde ese día, Nico aprendió que compartir con los demás no sólo hace
—¿Qué te pasa, Sofía? —preguntó Nicolás. felices a quienes reciben, sino también a quienes dan. Y así, siempre que
—¿Qué te pasa, Sofía? —preguntó Nicolás. felices a quienes reciben, sino también a quienes dan. Y así, siempre que
encontraba una fruta especial, recordaba lo bien que se sentía ser generoso
—Hoy no tuve suerte recogiendo manzanas —respondió ella—. encontraba una fruta especial, recordaba lo bien que se sentía ser generoso
—Hoy no tuve suerte recogiendo manzanas —respondió ella—. con los demás.
No encontré ninguna y tenía muchas ganas de comer una. con los demás.
No encontré ninguna y tenía muchas ganas de comer una .
Nicolás miró la manzana que tenía en sus manos. Era la única que había
Nicolás miró la manzana que tenía en sus manos. Era la única que
había
La verdad de Carlitos Carlitos se quedó pensando toda la noche. Sentía una pequeña tristeza en
Carlitos se quedó pensando toda la noche. Sentía una pequeña tristeza en
Había una vez un niño llamado Carlos, al que de cariño le decían su corazón. Sabía que había hecho algo mal y que no había sido honesto.
Había una vez un niño llamado Carlos, al que de cariño le decían su corazón. Sabía que había hecho algo mal y que no había sido honesto.
Carlitos. Vivía en una pequeña aldea y le gustaba jugar con sus amigos
Carlitos. Vivía en una pequeña aldea y le gustaba jugar con sus amigos Al día siguiente, volvió al parque con la pelota en la mano. Buscó al niño
todo el día. Al día siguiente, volvió al parque con la pelota en la mano. Buscó al niño
todo el día. que la había dejado y lo encontró jugando con sus amigos.
que la había dejado y lo encontró jugando con sus amigos.
Un día, mientras jugaba en el parque, vio una pelota muy bonita que
Un día, mientras jugaba en el parque, vio una pelota muy bonita que —Perdón, esta pelota es tuya. La tomé ayer sin pedir permiso, pero quiero
—Perdón, esta pelota es tuya. La tomé ayer sin pedir permiso, pero quiero
había dejado otro niño cerca del tobogán. La pelota era tan brillante y
había dejado otro niño cerca del tobogán. La pelota era tan brillante y devolvértela —dijo Carlitos, con la cabeza un poco agachada.
colorida que Carlitos no pudo resistirse. La tomó y se la llevó sin decirle devolvértela —dijo Carlitos, con la cabeza un poco agachada.
colorida que Carlitos no pudo resistirse. La tomó y se la llevó sin decirle El niño sonrió.
a nadie. El niño sonrió.
a nadie.
—¡Gracias! Me había dado cuenta de que la había perdido. No te
Al llegar a casa, su mamá le preguntó: —¡Gracias! Me había dado cuenta de que la había perdido. No te
Al llegar a casa, su mamá le preguntó:
preocupes, ¡qué bueno que me la devolviste!
—¿De dónde sacaste esa pelota? preocupes, ¡qué bueno que me la devolviste!
—¿De dónde sacaste esa pelota?
Carlitos sintió que un gran peso se levantaba de su corazón. Se sentía
Carlitos sintió un cosquilleo en la panza. Sabía que no era suya, pero no Carlitos sintió que un gran peso se levantaba de su corazón. Se sentía
Carlitos sintió un cosquilleo en la panza. Sabía que no era suya, pero no mucho mejor por haber dicho la verdad. Y así, aprendió que ser honesto
mucho mejor por haber dicho la verdad. Y así, aprendió que ser honesto
quería meterse en problemas.
quería meterse en problemas. no sólo hacía que los demás confiaran en él, sino que también lo hacía no
sólo hacía que los demás confiaran en él, sino que también lo hacía
—Es... mía —dijo bajando un poco la voz. sentirse bien consigo mismo.
—Es... mía —dijo bajando un poco la voz. sentirse bien consigo mismo.
Su mamá lo miró con cariño, pero sabía que algo no estaba bien.
Su mamá lo miró con cariño, pero sabía que algo no estaba bien.
—Carlitos, siempre es mejor decir la verdad. No importa lo que pase, la
—Carlitos, siempre es mejor decir la verdad. No importa lo que pase, la
honestidad es lo más importante.
honestidad es lo más importante.
El día de lluvia de Sofía
Era un día lluvioso y Sofía, una niña muy alegre, no podía salir a jugar
Era un día lluvioso y Sofía, una niña muy alegre, no podía salir a jugar
al parque. Al principio, se sintió un poco triste porque había planeado
al parque. Al principio, se sintió un poco triste porque había planeado
una jornada de aventuras al aire libre, pero luego tuvo una idea brillante.
una jornada de aventuras al aire libre, pero luego tuvo una idea brillante.
—¡Puedo jugar adentro! —exclamó Sofía con una sonrisa.
—¡Puedo jugar adentro! —exclamó Sofía con una sonrisa.
Comenzó a hacer manualidades, pintó un cuadro colorido y organizó una
Comenzó a hacer manualidades, pintó un cuadro colorido y organizó una
búsqueda del tesoro en su casa. Cada vez que encontraba un objeto,
búsqueda del tesoro en su casa. Cada vez que encontraba un objeto,
saltaba de alegría.
saltaba de alegría.
Sofía se dio cuenta de que, aunque el clima no era el que esperaba, aún
Sofía se dio cuenta de que, aunque el clima no era el que esperaba, aún
podía encontrar alegría y diversión en casa. Al final del día, se sintió feliz
podía encontrar alegría y diversión en casa. Al final del día, se sintió feliz
y orgullosa de su creatividad.
y orgullosa de su creatividad.
El viaje de la tortuga Tita brillaba bajo el sol, y sus amigos la esperaban.
brillaba bajo el sol, y sus amigos la esperaban.
Había una vez una tortuga llamada Tita que soñaba con llegar al
Había una vez una tortuga llamada Tita que soñaba con llegar al —¡Lo lograste, Tita! —gritaron. —¡Lo lograste, Tita! —gritaron.
lago brillante que estaba al final del bosque. Todas las mañanas
lago brillante que estaba al final del bosque. Todas las mañanas Tita aprendió que, aunque el camino sea lento, la perseverancia
veía a sus amigos, como el conejo y el pájaro, correr y volar hacia Tita aprendió que, aunque el camino sea lento, la perseveranci a
veía a sus amigos, como el conejo y el pájaro, correr y volar hacia puede llevarte a lugares maravillosos.
puede llevarte a lugares maravillosos.
el lago.
el lago.
—Yo también quiero llegar —decía Tita.
—Yo también quiero llegar —decía Tita.
Un día, decidió que era hora de intentarlo. Así que, con su pequeño
Un día, decidió que era hora de intentarlo. Así que, con su pequeño
caparazón y su gran determinación, empezó a caminar. Poco a poco,
caparazón y su gran determinación, empezó a caminar. Poco a poco,
avanzaba, aunque a veces se sentía cansada.
avanzaba, aunque a veces se sentía cansada.
En el camino, encontró a sus amigos descansando. El conejo le dijo:
En el camino, encontró a sus amigos descansando. El conejo le dijo:
—Tita, ¿por qué no te quedas aquí? No llegarás al lago tan
—Tita, ¿por qué no te quedas aquí? No llegarás al lago tan
rápido.
rápido.
Pero Tita sonrió y respondió:
Pero Tita sonrió y respondió:
—No importa si me toma tiempo. Lo importante es seguir adelante.
—No importa si me toma tiempo. Lo importante es seguir adelante.
Después de mucho esfuerzo, Tita finalmente llegó al lago. El agua
Después de mucho esfuerzo, Tita finalmente llegó al lago. El agua
La fiesta sorpresa de Lía muestra a través de pequeños gestos y sorpresas.
muestra a través de pequeños gestos y sorpresas.
Lía, una pequeña ardilla, quería hacer algo especial por su mejor
Lía, una pequeña ardilla, quería hacer algo especial por su mejor
amigo, el ratón Miguel, que siempre la ayudaba a recolectar nueces.
amigo, el ratón Miguel, que siempre la ayudaba a recolectar nueces.
Así que decidió organizarle una fiesta sorpresa para su
Así que decidió organizarle una fiesta sorpresa para su
cumpleaños.
cumpleaños.
Lía se puso a trabajar. Invitó a todos los amigos del bosque: el
Lía se puso a trabajar. Invitó a todos los amigos del bosque: el
pato, la tortuga y el conejo. Juntos prepararon juegos, globos y,
pato, la tortuga y el conejo. Juntos prepararon juegos, globos y,
por supuesto, una deliciosa torta de nuez.
por supuesto, una deliciosa torta de nuez.
El día de la fiesta, todos se escondieron detrás de los arbustos,
El día de la fiesta, todos se escondieron detrás de los arbustos,
esperando que Miguel llegara. Cuando Miguel apareció, todos
esperando que Miguel llegara. Cuando Miguel apareció, todos
gritaron:
gritaron:
—¡Sorpresa! ¡Feliz cumpleaños, Miguel!
—¡Sorpresa! ¡Feliz cumpleaños, Miguel!
Miguel se sorprendió y su cara se iluminó de felicidad.
Miguel se sorprendió y su cara se iluminó de felicidad.
—¡Gracias, amigos! ¡No sabía que me querían tanto!
—¡Gracias, amigos! ¡No sabía que me querían tanto!
Lía y sus amigos se dieron cuenta de que la verdadera amistad se
Lía y sus amigos se dieron cuenta de que la verdadera amistad se
Tomás y su mejor amigo Rolo Desde ese día, Tomás aprendió que los amigos siempre están
Había una vez un niño llamado Tomás, que vivía en una casita ahí, en los momentos buenos y en los momentos no tan buenos.
cerca del bosque. Tomás era muy alegre, pero a veces se sentía Rolo no solo era su perro, era su mejor amigo.
un poco solo porque no tenía con quien jugar. Y así, Tomás y Rolo siguieron compartiendo muchas
Un día, mientras jugaba en el jardín, escuchó un ladrido suave. aventuras, demostrando que la verdadera amistad siempre trae
Al voltear, vio a un perro pequeño y peludo que lo miraba con alegría, incluso en los días difíciles.
ojos brillantes. ¡Era un perrito muy simpático! Tomás sonrió y
el perrito movió su colita rápidamente.
—Hola, ¿cómo te llamas? —le preguntó Tomás.
El perrito ladró feliz y Tomás decidió llamarlo Rolo.
Desde ese momento, Tomás y Rolo se volvieron inseparables.
Corrían juntos por el jardín, exploraban el bosque cercano y,
por las noches, Rolo se acurrucaba junto a él para dormir.
Un día, mientras jugaban a las escondidas, Tomás se resbaló
en el barro y se raspó la rodilla. Se sintió muy triste y empezó
a llorar un poco.
Rolo, al verlo, corrió hacia él y lamió su mejilla suavemente.
Luego, trajo una pequeña rama, como diciéndole: "¡Vamos a
jugar otra vez!".
Tomás rió y se dio cuenta de que, aunque se había lastimado,
con Rolo a su lado todo era mejor. Se levantó, limpió sus
lágrimas y juntos siguieron jugando.
La lechera y el cántaro de leche Por el camino empezó a pensar lo que haría con el dinero
que le darían a cambio de la leche.
-Compraré un centenar de huevos. O no, mejor tres pollos.
¡Sí, compraré tres pollos!
La muchacha seguía adelante poniendo cuidado de no
tropezar mientras su imaginación iba cada vez más y más
lejos.
-Criaré los pollos y tendré cada vez más, y aunque
aparezca por ahí el zorro y mate algunos, seguro que tengo
suficientes para poder comprar un cerdo. Cebaré al cerdo
y cuando esté hermoso lo revenderé a buen precio.
Entonces compraré una vaca, y a su ternero también….
Pero de repente, la muchacha tropezó, el cántaro se
rompió y con él se fueron la ternera, la vaca, el cerdo y los
pollos.
Moraleja: Es importante hacer las cosas paso a
paso y no adelantarse a los hechos.
Había una vez una muchacha con un cántaro de leche en
la cabeza.
Caminaba ligera y dando grandes zancadas para llegar lo
antes posible a la ciudad, a donde iba para vender la
leche que llevaba.
El cuervo y el zorro
Se encontraba un cuervo posado en un árbol y tenía en el pico
un queso. Atraído por el olor, se acercó un zorro y le dijo:
- ¡Buenos días, caballero Cuervo! ¡Gallardo y hermoso eres en
verdad! Si el canto corresponde a la pluma, te digo que entre
los huéspedes de este bosque tú eres el Ave Fénix.
El cuervo, al oír esto, no cabía en la piel de gozo, y para hacer
alarde de su magnífica voz, abrió el pico, dejando caer la
presa.
La tomó el zorro y le dijo:
- Aprende, señor mío, que el adulador vive siempre a costas del
que le atiende; la lección es provechosa; bien vale un queso.
El Cuervo, enfadado, juró, aunque algo tarde, que no caería
más en la trama.
Moraleja: No hay que caer en la vanidad y
dejarse llevar por la adulación de los demás.
El joven y el lobo -Por favor, vengan y ayúdenme; el lobo está matando a las
ovejas.
Pero ya nadie puso atención a sus gritos, y mucho menos
pensar en acudir a auxiliarlo. Y el lobo, viendo que no había
razón para temer mal alguno, hirió y destrozó a su antojo
todo el rebaño.
Moraleja: A quien mucho miente, ya nadie le
creerá nada.
Un joven pastor, que cuidaba un rebaño de ovejas cerca
de una villa, alarmó a los habitantes tres o cuatro veces
gritando:
-¡El lobo, el lobo!
Pero cuando los vecinos llegaban a ayudarle, se reía
viendo sus preocupaciones. Mas el lobo, un día de tantos,
sí llegó de verdad. El joven pastor, ahora alarmado él
mismo, gritaba lleno de terror:
El pato y la luna
Un pato nadaba por el río en busca de peces y en todo el día no
había encontrado ninguno. Cuando llegó la noche, vio el reflejo
de la luna en el agua, pensó que era un pez y se sumergió para
capturarlo. Los otros patos lo vieron y empezaron a reírse.
Desde entonces, el pato sintió tanta vergüenza y timidez que,
incluso cuando veía un pez bajo el agua, no hacía nada para
capturarlo, y de ese modo se murió de hambre.
Moraleja: No hay que preocuparse de la opinión
de los demás.
El zorro y la cigüeña Ofendida, la señora Cigüeña decidió desquitarse por la
humillación del señor Zorro, y para ello, lo convidó a comer
a su casa. El señor Zorro dijo:
—¡Enhorabuena! Para los amigos siempre tengo tiempo.
A la hora de la cita, el señor Zorro se presentó en casa de
la señora Cigüeña, hizo todas las reverencias del caso y se
sentó a la mesa, donde encontró la comida servida.
La señora Cigüeña había preparado un sabroso guisado,
servido en un recipiente de cuello largo y embocadura
muy angosta, por donde solo ella podía pasar su pico,
mientras que el señor Zorro no podía introducir su hocico.
Así, el señor Zorro, el mismo que se daba ínfulas de
importante, tuvo que regresar a casa humillado, con las
orejas gachas, el rabo entre las piernas y, claro, el
estómago vacío.
Moraleja: no hagas a los demás lo que no quieres
que te hagan a ti.
Sucedió que un día el señor Zorro quiso dárselas de
importante e invitó a comer a la señora Cigüeña. El menú
no era otra cosa que un sopicaldo, una sopa con pocos
sólidos que comer, la cual fue servida en un plato llano.
Como es de esperarse, la señora Cigüeña no pudo comer
debido a la forma y extensión de su pico, en cuanto que el
señor Zorro, con su lengua, lamió todo el plato a gusto.
El avaro y el oro
Un avaro que tenía muchas riquezas, las vendió todas para
comprar con el dinero una única pieza de oro. Para que no se
perdiera y la durara para siempre, el avaro la enterró próxima
a una pared antigua y todos los días iba a cerciorarse de que
siguiera allí, sin notar que un vecino siempre lo veía pasar.
Curioso, el vecino fue un día a aquel lugar para descubrir el
misterio. Cuando vio que se trataba de un tesoro, lo desenterró
y se robó la pieza de oro.
Al día siguiente, el avaro encontró el agujero vacío, y se
lamentaba de lo que había perdido.
Pero otro vecino lo vio, y al conocer el motivo de sus
lamentaciones, le dijo:
—Agradece que no ha pasado nada grave. Toma una piedra,
sepúltala en el agujero y haz de cuenta de que el oro sigue allí.
Da lo mismo si es oro o no, porque por tu avaricia, jamás le
ibas a sacar provecho.
Moraleja: No acumules cosas por acumularlas.
Estas no tienen valor por su apariencia, sino por su
utilidad y provecho.
Las vacas que dan leche con sabor “Solucionar”, esa era su idea.
El profesor Chucrut investigó el tema durante muchos años,
mientras destacaba por otros inventos. Alimentó a una
vaca solo con chocolate, pero no dio resultado y quedó
súper acelerada la pobre.
A otra le dio kilos de azúcar, pero solo le salieron caries. A
otra la llenó de manjar hasta que se volvió vegetariana de
puro odio al manjar.
“¿Será algo de la mente?”, pensó el inventor.
Entonces pintó a una vaca de color frutilla, pero nada.
Después pintó a una amarillo —por la vainilla, no por el
plátano—, pero tampoco.
Entonces subió a una vaca a un helicóptero, para ver si
después daba leche batida. Pero no. La pobre vaca se
mareó y nada más. La leche salió normalita y el pobre
animal no pudo pararse durante dos días.
Fue entonces que las vacas se organizaron para protestar,
porque estaban aburridas de los abusos del profesor. Y
desde ese día declararon una huelga y dieron pura leche
en polvo.
Ustedes conocen esa canción de las vacas que dan leche
con chocolate y leche condensada.
Bueno, hay muchos científicos que han quedado
traumados desde niños intentando lograr esto, hasta que
llegó Hans Fritz Chucrut para solucionar este problema.
El burro canelo La madre había preparado para su hijo querido lo que más le
gustaba: atole de maíz tierno, con piloncillo y canela. Cuando
se lo sirvió, caliente y oloroso, el hijo hizo la más absurda
Tras un día de camino para encontrar al hijo que regresaba
pregunta de cuantas había hecho:
del colegio después de algunos años de ausencia, el padre tuvo
el primer disgusto. —Madre, ¿cómo se llama esto?
Apenas se habían saludado, el muchacho en lugar de Y mientras esperaba la respuesta se puso a menear el atole con
preguntar por su madre, por los hermanos o al menos por la un circular ir y venir de la cuchara.
abuela, ansiosamente le dijo: —Al menos, si has olvidado el nombre, no has olvidado el
—Padre, ¿y el burro canelo? meneadillo —dijo la madre suspirando.
—El burro canelo… se murió de roña, de garrapatas y de viejo.
Al muchacho se le habían olvidado costumbres y hasta los
nombres de las cosas que lo rodearon desde que nació. ¡Cómo
era posible que para montar pusiera en el estribo el pie derecho!
Pero el asombro del padre fue mayor cuando el chico preguntó
con gran curiosidad si aquello era trigo o arroz al pasar junto
a unos campos sembrados de maíz.
Mientras el muchacho descansaba, el padre sorprendido y
triste informó a su esposa lo ocurrido. La madre no quiso darle
mucho crédito, pero cuando llegó la hora de la cena, la mujer
sintió el mismo desencanto.
El muchacho solo hablaba de la ciudad. Uno de sus maestros
le había dicho que el jorongo se llamaba “clámide”, y el
huarache, el sufrido huarache del arriero, se le llama
“coturno”.
El duendecillo fraile
El ratón y el queso mágico
Un ratón llamado Tito encontró un trozo de queso brillante. Al
comerlo, podía pedir un deseo. Tito deseó una casa llena de
comida, pero se olvidó de los demás ratones. Pronto, su casa se
llenó tanto que ya no podía entrar. Tito se dio cuenta de que
compartir era la verdadera magia y llamó a sus amigos para
disfrutar juntos.
Había una vez tres hermanitas que se mantenían
amasando de noche una faneguita de harina. Un día se
levantaron de madrugada para hacer su faena, y se la
hallaron hecha, y los panes prontos para meterlos en el
horno, y así sucedió por muchos días. Queriendo averiguar
quién era el que tal favor les hacía,
se escondieron una noche, y vieron venir a un duende muy
chiquito, vestido de fraile, con unos hábitos muy viejos y
rotos. Agradecidas le hicieron unos nuevos, que colgaron
en la cocina. Vino el duende y se los puso, y en seguida se
fue diciendo:
«Frailecito con hábitos nuevos,
ni quiere amasar, ni ser panadero».
Esto prueba, niños míos, que como el duendecito hay
Enseñanza: Compartir nos hace más felices.
muchos, que son complacientes y oficiosos hasta que
logran un beneficio, y que una vez recibido, no se vuelven
a acordar de quien se lo hizo.
La estrella que se cayó
El caracol rápido
Un caracol deseaba ser rápido como un conejo. Un día, trató de
moverse deprisa, pero se cansó enseguida. Entonces decidió
seguir a su propio ritmo y así llegó más lejos sin agotarse.
Una estrella cayó del cielo y se sintió triste por no brillar más.
Un niño la encontró y, con su luz, iluminó su camino de
regreso a casa. La estrella se dio cuenta de que aunque
estaba en la tierra, seguía siendo especial.
Enseñanza: No importa dónde estemos, siempre Enseñanza: Todos tenemos nuestro propio ritmo y
podemos brillar. respetarlo nos puede llevar más lejos.
El árbol mágico El cumpleaños del Sr. León
Estaban conversando la jirafa y la elefanta, muy animadas, y
¿sabes de qué hablaban?
Querían celebrar el cumpleaños del señor león e invitar a todos
los animales de la selva.
La paloma y don búho fueron los encargados de avisar por
toda la selva. Al día siguiente, con un sol radiante, se pusieron
a trabajar.
Hicieron un gran pastel para que hubiera suficiente para
"Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un
todos. Formaron una gran orquesta y lo dejaron todo
prado en cuyo centro encontró un árbol con un cartel que
preparado.
decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras
mágicas, lo verás. El monito Tití fue el encargado de ir a buscar al león y su
El niño trató de acertar el hechizo, y probó con familia, que no sabían nada. Cuando llegó, el león se emocionó
abracadabra, super califragilistico espialidoso, tan-ta-ta- mucho y se puso muy feliz.
chán, y muchas otras, pero nada.
Le cantaron el cumpleaños feliz y comenzó la celebración, que
Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por favor, arbolito!!", duró toda una semana.
y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo
estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue haciendo
magia".
Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y se encendió
dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia
una gran montaña de juguetes y chocolate.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener
la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que
"por favor" y "gracias", son las palabras mágicas".