0% encontró este documento útil (0 votos)
51 vistas7 páginas

Casamiento

El documento describe una escena en una habitación llena de flores donde una madre, su hija y la abuela interactúan en un ambiente cargado de tensiones familiares y reflexiones sobre la vida. La madre se queja de las interacciones sociales y la superficialidad de las fiestas, mientras la hija lidia con sus propias inseguridades y la reciente ruptura con su novio. A medida que la conversación avanza, se revelan las dinámicas familiares y el deseo de conexión entre las tres generaciones.

Cargado por

Marcela G
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
51 vistas7 páginas

Casamiento

El documento describe una escena en una habitación llena de flores donde una madre, su hija y la abuela interactúan en un ambiente cargado de tensiones familiares y reflexiones sobre la vida. La madre se queja de las interacciones sociales y la superficialidad de las fiestas, mientras la hija lidia con sus propias inseguridades y la reciente ruptura con su novio. A medida que la conversación avanza, se revelan las dinámicas familiares y el deseo de conexión entre las tres generaciones.

Cargado por

Marcela G
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Habitación llena de flores. Hay arreglos florales y floreros.

Un espejo cuerpo
completo. Una mesa y dos sillones individuales lado a lado. En la mesa, una botella
de vino y otra de champagne, varias copas, carteras y maquillaje también. Una caja
de champagne cerrada y una jarra con agua. Un biombo con ropa colgando. Hija
(26) sentada en el sillón de la izquierda, descalza con unos zapatos de taco junto a
ella en el piso y un vestido de fiesta corto. En el otro sillón, la Abuela (85) viste un
vestido con un chal, sus zapatos casi que no tocan el suelo. La Madre (55) parada al
lado de la mesa sirviéndose una copa de vino.

Hija: Mamá no tomes más.


Madre: Hay que esconder estos acá (señala el champagne) La rata de tu suegra se
va a llevar todo a su casa seguro…
Hija: No es mi suegra ma-
Madre: Se lo guarda para las fiestas seguro. Y si por lo menos nos invitaran. Mirá,
mejor que no. Una vez me bastó, uno los invita a su casa y.. ¿para qué? “Ay te traje
un arrolladito”, no quiero un arrolladito comprado del Coto. El arrollado más seco
que probé en mi vida. Decí que me atraganté ahí nomás y que vino tu padre sino
mira lo que le hubiera dicho…
Hija: Nunca te guardás nada igual.
Mamá: (sigue, no la escuchó) Si no fuera por tu padre…

La Hija toma su cartera y busca entre sus cosas.

Madre: En fin uno los invita y vienen con eso. Para eso no traigas nada…encima
que me someto a tener una conversación frívola… ¿por qué tenemos que tener ese
tipo de conversaciones? ¿Eh? ¿Me querés decir? (Mira a la Hija por primera vez en
al escena)

La Hija levanta sus hombros mientras sigue buscando.

Madre: : Claro vos tampoco te das una idea nena… sos tan jóven. Pero cuando
llegas a esta edad te das cuenta que ya no queres hablar con nadie (Toma un largo
trago de la copa) No queres pretender que el arrolladito no está seco y que el jamón
crudo no es del mes pasado. No tengo ganas de decirle que bueno que está cuando
hubiera preferido que no traigas nada. Hubiera preferido no ahogarme con la masa
seca que vamos a guardar en la heladera para que quede finalmente disecada y
luego lo tiremos a la basura.

La Hija encuentra un frasquito con pastillas. Lo mira a la luz. Lo mueve. La abuela al


lado de ella ronca.

Madre: No quiero ir a la verdulería y que me pregunten los vecinos, ¿Cómo


estuvieron las fiestas? Y mentirles con una sonrisa hermosa y contarles como
disfrute con mis hijos y con sus parejas y con sus familias que por fin pude conocer.
Que me pase toda la cena pensando en una eternidad comiendo arrolladitos
empujados por un trago de vino si es que logro tomarme algo antes de que el resto
se lo termine tratando de pasar la conversación igual de atascada que la masa en
mi estómago.

La Hija vacía el contenido del frasco en su mano.

Madre: Ya no tengo la edad de quedarme con las ganas de decir algo. Ya bastante
sufrí en mi vida. Por suerte ustedes me salieron bien mirá.

La Hija cuenta las pastillas en su mano.

Madre: (al ver a la hija con las pastillas) Bueno bastante bien…. (Toma un trago
largo de la copa) La verdad es que a mi edad ya no tengo ganas de hablar por que
sí…

La Hija la mira y mete las pastillas en el frasco. Se queda con una.

Madre: No tengo ganas de conversar con gente porque sí… si los dos sabemos que
hablamos porque estamos uno al lado del otro… los dos hablamos porque es lo que
hay que hacer. Porque a la gente le asusta el silencio, como si les asustaran las
cosas que podrían pasar si hay silencio.
La Hija busca un vaso. Se sirve agua de una jarra.

Madre: Cuanto mucho vas a escuchar lo que dice tu cabeza. Capaz pensas algo… a
muchos no les vendría mal. (Toma un trago de la copa)

La Madre se mira el vestido. La Hija toma la pastilla y luego el vaso de agua. Luego
toma el chal que tiene su abuela puesto y la tapa mejor.

Madre: Bueno uno lo que hace por los hijos mirá… aguanta cada cosa. Todo porque
los queremos ver felices, yo me pongo este vestido horrendo y me voy a aguantar
que me digan que me queda bien, cuando todos sabemos que no…. ¿Sabés qué se
pone tu suegra? (Sigue tomando)
Hija: No es mi suegra mamá.
Madre: Ay cierto! Cierto la suegra de tu hermana… vos no… tu suegra nunca traería
un arrollado a casa… tu suegra no… que lindo chico Tomi… ¿Qué pasa que no
llegó todavía? (Mira a la hija)
Madre: ¿Y ese vestido? ¿No te ibas a poner el vestido azul?
Hija: No me gusta el azul.

Madre: (tocándole la tela de la falda del vestido, la mira de arriba abajo) ¿No es muy
rosa?

La madre suelta el vestido y se gira a tomar una copa. Toma pero ya no tiene más.
Al mismo tiempo, la Hija gira la cabeza para el otro lado, viéndose al espejo de
costado. Mira su vestido. La madre abre otra botella con un sacacorchos. El ruido
hace que la abuela despierte.

Abuela: (a Madre) Nena…


Madre: Ay, ¡hay que darle pastilla!
Abuela: (a Madre) Nena…

La madre va a la mesa y agarra el frasco que dejó la Hija.

Madre: (a Hija moviendo un frasco de pastillas) ¿Son estas?


Hija: No, esas son las mías (Se para y guarda el frasco en su cartera)
Abuela: (a Hija) Nenita…

La Madre busca en la mesa las pastillas. Busca entre las carteras, las copas y las
botellas.

Madre: Cierto que acá estamos todos locos…Yo Abuela: ¡Vos nena! (a la Hija)
prefiero tomar… (Tira la copa de vino tinto en la
mesa) ¡Ay mi vino!
Hija: ¡Mamá! (va hacia la mesa y comienza a limpiar mientras la Madre se sirve otra
copa)
Madre: Hija dejá que yo te ayudo… antes de que tu hermana venga y vea este
desastre (Se apoya en la mesa) ¡Ay que torpe! Me manché mirá…
Hija: Anda al baño a lavarte ma…

La madre sale al baño. La hija termina de limpiar.

Hija: ¿Mamá le diste las pastillas? (En dirección al baño) No me escucha, ¡Mamá!
(cansada, a la abuela) ¿Te dio las pastillas?
Abuela: No.
Hija: ¿No las tenes vos?

La abuela (sorda) no contesta. Mira para adelante como si esperara algo.


La hija busca en la cartera negra grande y saca un blíster de pastillas y un frasco.
Saca las pastillas y se las da a la abuela con un vaso de agua. La abuela se toma
las pastillas.

Abuela: Gracias nena, igual a tu padre. Mirate la cara, igualita… (la abuela se tapa
con el chal, la Hija sonríe)
Abuela: ¿Dónde estará tu papá ahora?
Hija: No sé…
Abuela: Debe estar por venir, ¿no?
Hija: Seguro…
Ruidos del baño.

Hija: (al baño) Mamá… ¿estás bien?


Madre: (en off, desde el baño): Sí, ya voy.

La Abuela mira a la Hija. Le acaricia la mejilla y sonríe. La Madre sale del baño
tambaleándose. Se apoya en la mesa. Toma la copa, pero la copa está vacía.

Madre: Me quedé sin vino… Nos quedamos sin vino… Voy a ir a buscar.
Hija: Ma… espera que-
Abuela: Dejala nena… ya va a volver… (la Madre sale) Nos quedamos las dos
solitas. Escuchame, ¿y vos tenes novio? (La Abuela agarra una copa con un fondo
de champagne. La agarra con las dos manos y la toma)
Hija: Sí abuela… digo sí, tenía.
Abuela: (no escucha) ¿Qué?
Hija: Que tenía.
Abuela: (no la escuchó) Cuando tu papá la trajo a tu mamá no sé… Me pareció bien
que él estuviera feliz. Viste como uno es con sus hijos.

La Hija agarra su copa y toma un trago. Está cansada. Le sonríe a la abuela.

Abuela: Pero mirá que lindas salieron vos y tu hermana. Igualita a tu papá, ¿te lo
dicen mucho? ¿Dónde está tu papá?
Hija: Y…
Abuela: Debe estar por venir, ¿no?
Hija: Seguro…
Abuela (durmiéndose): ¿Y vos tenés novio?
Hija: Tenía abuela…

La abuela toma vino y sonríe.

Hija: No le digas nada a mamá, abuela…


Abuela: Quedate tranquila que yo no cuento nada.
Hija: Bueno, porque mamá no sabe todavía. Tomi no viene.
La abuela cierra los ojos.

Hija: No sé qué pasó. No pasó nada, la verdad. No pasó nada y tampoco había
nada más ahí. Lo quise y supongo que el también me quiso. Cuando nos pusimos
de novios pensaba que iba a estar con él toda la vida. Que tonta, ¿no?

La abuela hace un sonido y asiente.

Hija: No sé, me parecía tan complicado que dos personas se encuentren así. No
pensé que me iba a pasar nunca, sinceramente. Es muy difícil. Y ya sé que el amor
se tiene que trabajar, pero con Tomi era todo tan fácil… tal vez ese era el problema.
¿Podes creer que no peleábamos? (Ríe)

La Abuela se duerme en la silla. La Hija continúa sin darse cuenta.

Hija: Pero ahora me siento… no sé estoy dudando si fue una buena decisión porque
no puedo decirle a mamá que Tomi no viene. Mamá lo ama. A veces pensaba que
ella estaba más enamorada de él que yo.
Tampoco sé cuándo dejé de estar enamorada. ¿En qué estaba pensando que no
me di cuenta que ya no estaba enamorada de mi novio? Es como si hubiera estado
en automático. Como si todo lo que decido lo hago en piloto, y ahora que ya no
tengo a Tomi conmigo… de repente… nadie me dice qué podría hacer, qué poner en
la tele, qué remera me queda mejor, qué gusto de helado pedir… De repente tengo
que pensar en lo que a mi me gusta. No sé qué me gusta. ¿Cómo puede ser que no
sepa cuál es mi gusto de helado favorito?

La Hija agarra una copa. Se sirve vino.

Hija: Siento que las decisiones que tomo son malas. Antes si pedía menta granizada
estaba bien porque a Tomi le gustaba, pero ahora si lo pido es por mí, para mí y ¿si
alguien me dice algo? Capaz la menta granizada no me gusta pero estoy
acostumbrada. Me gustaba saber cuál iba a ser el gusto del helado.
(Toma un trago de la copa) Es como que me siento segura hasta que alguien me
dice algo. Y de la nada siento que todo lo que pensé está mal. De la nada necesito
la opinión de todo el mundo sobre lo que tengo que hacer con mi vida. Y ahora… ¿a
quién le voy a contar? A mamá no, a mamá no le gusta la menta granizada.

La abuela ronca. Suena un celular. La Hija saca el celular de su cartera y contesta.

Hija: Hola (…) No, estoy bien. (…) Enserio…

La Hija se levanta y sale de la habitación, cerrando despacio la puerta para no


despertar a la abuela.

También podría gustarte