La mejoría de la economía en la Grecia antigua, la democracia política instaurada en el Siglo va. C.
,
y el contacto de los griegos con otros pueblos, hicieron surgir nuevas necesidades que la educación
tradicional no cubría: educar a los jóvenes, hijos de clases acomodadas, para adquirir habilidades
relacionadas con el uso público de la palabra (oratoria, retórica, dialéctica), y participar con éxito
en la vida social, sea para defender problemas particulares ante los tribunales de justicia o influir
en la asamblea del pueblo y obtener puestos públicos mediante la capacidad de hablar con
elocuencia para enfrentar a sus adversarios y con la oratoria que les daba fuerza argumentativa
persuasiva, estaban capacitados para "llegar a convertir una buena causa en mala". Los sofistas,
pedagogos ambulantes, iban de ciudad en ciudad y, a partir de observaciones de otros pueblos y
culturas, colectaban información, además, de enseñar gramática y retórica para la mejor expresión
pública de los jóvenes. Daban ideas sobre el origen de la civilización y el lenguaje; interpretaban a
los poetas, los mitos, la religión. El ciudadano joven adquiria cierta cultura a cambio de una paga
económica. Argumenta F. Montes de Oca (1997) que los sofistas vestían de púrpura y su aparición
en las poblaciones era todo un acontecimiento que sacudía a la juventud.
Por centrar su esfuerzo en la eficacia, en el convencimiento, en la persuasión, los sofis-tas se
centraron en la técnica provechosa para obtener el éxito o propósito buscado, y se desinteresaron
del saber y la búsqueda de la verdad de los primeros filósofos. Esto les valió que Sócrates y Platón
los percibieran con desconfianza. Desde entonces el término sofista tuvo un sentido peyorativo,
despectivo.
Los principales sofistas fueron: Protágoras, Hipias, Gorgias, Calicles y Critias.
Eran escépticos y críticos de las tradiciones. Tal vez el contacto con otras culturas y las dis-putas
entre las posiciones de los presocráticos les llevó a negar la verdad de todas ellas. Sin embargo, no
aportan soluciones, aunque si devaluaron los anteriores problemas. Ahora su atención se centra en
el hombre, el conocimiento y la cultura. Tenemos una temáti ca humanista que se instaura en la
filosofía.
Varios autores sostienen que la postura de los sofistas fue relativista. Aunque el término
relativismo es de origen moderno, subyace en los sofistas. El principal sofista Protagoras sostuvo:
"El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son
en cuanto que no son".
Al parecer, cada sujeto decide acerca del ser o no ser de las cosas. Protágoras y los sofis tas, señala
Navarro (p. 33), liberan a la palabra de las obligaciones con la verdad o con la justicia en aras de
centrarse en la pura eficacia persuasiva. Con los sofistas, ya no hay una verdad externa al sujeto,
sino que dependerá de cómo lo perciba cada individuo. Y podrá haber tantas verdades como
sujetos en el mundo. Entonces la verdad sería relativa a cada hombre, o si hay consenso (acuerdo)
a cada colectivo. Y eso será cierto para cada individuo o para cada grupo. Esto es inquietante si se
aplicara al campo ético con los términos "bueno" y "malo". Lo que te aparezca a ti, así es para ti; y
lo que me aparezca a mí, así es para mi.
VIRTUD Y CONOCIMIENTO (SOCRATES)
Es dificil hablar de Sócrates (470-399 a. C.), pues sabemos que no escribió nada.
Hay fuentes indirectas que nos dan imágenes de Sócrates y su pensamiento.
El historiador y ensayista antiguo Jenofonte, nos habla de un pensador común y corriente, un
hombre del pueblo.
El escritor de comedias griegas, Aristófanes, ofrece una imagen ridiculizada de nues-tro autor en su
obra Las nubes. También Platón ha sido una fuente para conocer el pensamiento de Sócrates, pues
fue su discípulo. La imagen que ofrece de su maes-tro es idealizada. Platón escribió diálogos y los
de su etapa de juventud son en su mayoría socráticos, pues ubica en ellos a Sócrates como el
protagonista de los mismos. Sócrates siempre permaneció en Atenas, excepto por obligaciones mi-
litares que cumplió fuera de ahí y donde mostró gran resistencia al frío; mostrando bravura salvó la
vida al herido Alcibíades, dice F. Montes de Oca (1997).
Continuó el humanismo de los sofistas e hizo suya la inscripción ubicada en el Templo de Delfos:
"Conócete a ti mismo", porque una vida humana sin examen, no merece la pena vivirse.
El núcleo de la actividad filosófica de Sócrates fue el diálogo, el cual entendió como la búsqueda
cooperativa y desinteresada de la verdad, que no pretende vencer a otro ni convencerlo, sino
llegar a la verdad de la cosa misma, tema u objeto.
El diálogo lo practicaba en la plaza pública donde los ciudadanos tenían derecho a usar la palabra,
la argumentación, en total libertad. Se desarrollaba mediante preguntas y respuestas sobre un
problema o cuestión. Los interlocutores responden y la finalidad es esclarecer la verdad sobre lo
que se habla hasta llegar a determinar "qué es. No se trata de persuadir o convencer al otro sino
mostrar que se tiene la razón si la cosa misma se ha puesto de manifiesto a los participantes.
Queda excluida la polémica o rivalidad competitiva. Se debe respetar la no-contradicción y
transitar de forma articulada y con-sistente de las premisas a la conclusión extraída. Por ayudar a
los jóvenes a "dar a luz la verdad", mediante la destreza en la técnica de preguntar de Sócrates,
estamos ante un "parto espiritual" análogo al arte de las comadronas que ayudan a las mujeres a
dar a luz a sus hijos. A este método se le conoce como mayéutica. El saber al que se llegaba debia
fijarse en una definición de lo esencial de la cuestión. Esta forma de interrogan-tes, era continua se
enzarzaba con los jóvenes en discusiones filosóficas y los inducía a seguir hurgando.
Sócrates no instruyó en doctrinas o saberes, sino inculcó en el alma del joven una prác-tica para
intentar sacar de sí mismo el saber, del cual internamente ya era capaz. Esto es, lo ayudó a
filosofar, a pensar, a llegar a un saber esencial de una cuestión. Un saber no establecido
previamente. Se distingue de los sofistas y retoma las antiguas preocu paciones de los filósofos
presocráticos de inquirir la verdad.
También utilizó la ironía, porque al preguntar se asumía como ignorante ("No sé más que una cosa,
y es que no sé nada") y da al interlocutor el papel del que sabe y por tan-to, ha de responder. Con
su técnica de preguntar, sabe cómo ha de seguir formulando las siguientes preguntas y el
interlocutor termina confesando su propia ignorancia, de-volviendo la palabra a Sócrates. Varios
diálogos platónicos ahí concluyen; Sócrates ha abierto o problematizado una cuestión que a veces
las personas banalizan.
Sócrates es considerado el padre de la Ética, pues se planteó desde la filosofía qué son y para qué
son los valores morales: ¿qué es el valor?, ¿qué es la amistad?, ¿qué es la jus tícia? Acepto como
valiosas las virtudes cardinales propias de su cultura griega antigua que han perdurado
hasta nuestros días.
En la imagen de Platón, Sócrates se presenta ocupado en la tarea de poner a prueba a sus
conciudadanos en incansables conversaciones, exhortándoles a un estilo de vida justo. En el centro
de su filosofia se encuentra la cuestión del bien y de la virtud (arete).
En la concepción griega la virtud (o areté) es la aptitud específica que le corresponde a una cosa,
por su esencia. El bien es la aptitud específica del alma humana.
A veces nos confundimos con saberes aparentes sobre lo que son el bien y la virtud para nosotros.
De ahí la importancia del "Conócete a ti mismo". El examen del logos o ra zón, nos puede ayudar a
un saber práctico, un conocimiento del bien y del mal. El bien del hombre consiste en su propio
orden y armonía y, para ello, hay que cuidar el alma. Un conocimiento del bien nos debe llevar a
ser buenos. "Nadie comete una injusticia voluntariamente (a sabiendas)". Pero mucha gente se
preocupa, no por cuidar el alma, sino por acumular riquezas, gloria y prestigio.
Sócrates fue acusado de no creer en los dioses oficiales e introducir nuevas di-vinidades y
corromper a la juventud. En la Apologia se expresa su proceso ante los tribunales. Fue condenado
a morir bebiendo cicuta, un veneno extraído de una planta.
En el fondo no queremos otra cosa que el bien, incluso aunque nos equivoquemos en relación con
la naturaleza de éste. Descubrió esta tendencia fundamental en el hom-bre. Hay que conocer los
medios que conducen al orden y la armonía del espíritu. La moderación en las pasiones, la justicia
con los semejantes, son prácticas de la virtud que contribuyen a nuestro bien. Necesitamos seguir
al logos, apoyarnos en él para ob-tener el bien. Aristóteles resumió en tres enunciados la moral
socrática:
1. La virtud es lo mismo que el conocimiento.
2. El vicio es ignorancia.
3. Nadie hace el mal voluntariamente.
TEORÍA DE LAS IDEAS Y ALEGORÍA DE LA CA-VERNA (PLATÓN)
Esta teoría es con mucho la más importante de las teorías de Platón. Incluso, es lo que ha llegado a
entenderse por "platonismo".
Platón (427-347 a.C.). Su verdadero nombre fue Aristocles. Su sobrenombre "Platón" significa "de
anchas espaldas", por su fuerte complexión. De família aristocrática. Nace en Atenas. Le dieron la
mejor educación. Sus intereses desde muy joven fueron la poesía y la política. A la primera
renunció al conocer a Sócrates y convertirse en su discípulo. Respecto de la segunda, quiso aplicar
sus ideas políticas utópicas al influir en la educación del familiar del tirano Dionisio de Siracusa,
pero en dos ocasiones fracasó y regresó a su ciudad a fundar la Academia, en memoria al héroe
Academo; permaneció ahí durante 40 años. Esta escuela puede ser considerada como la primera
universidad del mundo. Despreció la democracia de Atenas por condenar a Sócrates. Su
desencanto lo hizo autoexiliarse. Viajó a Megara y asistió a las clases de Euclides. Después viajó a
Egipto donde aprendió algo de ciencia y mucho de mitología; la historia de la Atlántida - ¿verdad o
sueño?- es de origen egipcio. Y señala Xirau (1964) que aparece por vez primera en Critias y Timeo,
ambas, obras de Platón. En Sicilia conoció la escuela órfico-pitagórica; sus integrantes dejaron
profunda huella en él. La comunidad de sabios le transmitió una gran pasión por la geometría y
determinó sus creencias sobre la inmortalidad del alma. En la Academia se enseñaba matemáticas,
geometría, astronomía, zoología, botánica. Murió a los 80 años.
Whitehead ha mencionado la convicción ampliamente compartida en la historia de que toda la
filosofía occidental es una colección de notas a pie de página sobre la obra filosófica de Platón. Sus
preocupaciones, cuestiones, debates, especulación y argumen-tos son parte de cuestiones
fundamentales de la historia de la filosofía, señala Navarro, (2009, p. 42). Sus escritos suelen
dividirse por los especialistas en tres periodos.
políticas utópicas al influir en la educación del familiar del tirano Dionisio de Siracusa, pero en dos
ocasiones fracasó y regresó a su ciudad a fundar la Academia, en memoria al héroe Academo;
permaneció ahí durante 40 años. Esta escuela puede ser conside-rada como la primera universidad
del mundo. Despreció la democracia de Atenas por condenar a Sócrates. Su desencanto lo hizo
autoexiliarse. Viajó a Megara y asistió a las clases de Euclides. Después viajó a Egipto donde
aprendió algo de ciencia y mucho de mitología; la historia de la Atlántida - ¿verdad o sueño?- es de
origen egipcio. Y señala Xirau (1964) que aparece por vez primera en Critias y Timeo, ambas, obras
de Platón. En Sicilia conoció la escuela órfico-pitagórica; sus integrantes dejaron profunda huella
en él. La comunidad de sabios le transmitió una gran pasión por la geometría y determinó sus
creencias sobre la inmortalidad del alma. En la Academia se enseñaba matemáticas, geometría,
astronomía, zoología, botánica. Murió a los 80 años.
Whitehead ha mencionado la convicción ampliamente compartida en la historia de que toda la
filosofía occidental es una colección de notas a pie de página sobre la obra filosófica de Platón. Sus
preocupaciones, cuestiones, debates, especulación y argumen-tos son parte de cuestiones
fundamentales de la historia de la filosofía, señala Navarro, (2009, p. 42). Sus escritos suelen
dividirse por los especialistas en tres periodos.
Recordemos que los presocráticos buscaron el fundamento o principio para explicar el origen de la
naturaleza. Mientras Heráclito centró su reflexión en el cambio ince-sante que impedía la ciencia y
nos limitaba a un conocimiento incierto y aproximado, Parmenides sostuvo la inmovilidad del ser y
lo identificó con lo verdaderamente real, estable y eterno. Los sofistas por su parte se mostraron
escépticos o pusieron en duda la posibilidad de conocer la verdad.
Sócrates y Platón buscaron conceptos universales, saberes válidos para todos.
Platón afirma la tesis: Sí es posible el conocimiento de la verdad por encima de las diversas
opiniones subjetivas. Los llamados diálogos de juventud con frecuencia son ejercicios de dialéctica
y hasta de retórica para oponerse en voz de Sócrates como pro-tagonista a lo que consideró el
funesto relativismo de los sofistas. Por eso los hace blanco de su interrogatorio a través de algún
personaje. Lo que quiso enfatizar es la filosofía no como un saber doctrinal sino como cierta
actividad.
Platón consideró que hay posibilidad de conocimiento que no depende de factores
circunstanciales.
El contar con un saber seguro, aceptable para todos los hombres, nos permitiría juzgar acciones,
comportamientos humanos, y códigos de los distintos estados.
Muchos textos de Platón los formuló en forma de diálogo, esto fue una novedad en su tiempo. En
tales diálogos aparecen con frecuencia narraciones ficticias, fantásticas, historias mitológicas,
analogías, metáforas, símiles. No hay que olvidar que Platón nunca perdió su vena poética. No
obstante, ello en ocasiones ha dificultado su interpretación.
Un tema fundamental para Platón fue encontrar una forma de vida feliz para los hombres, tanto en
su vida individual como en la vida social; el hombre auténtico y el Estado auténtico; y la vida
virtuosa en ese espacio. Y la vida justa. Pero reflexiona que antes se requiere conocer qué es el
bien, la virtud, la justicia. Y si ese saber es posible. Previo a ello Platón consideró necesaria una
teoría del conocimiento donde se explicaran los orígenes de nuestras ideas, afirma Xirau (1964, p.
50).
Se interesó en indagar sobre las esencias (eidos) de las cosas, lo que él llamó la cosa en sí.
Considera Xirau (Op. Cit.) que, para la moral y la teoría del Estado, Platón necesitó una metafisica.
Empleo los elementos que se hablan venido desarrollando en la historia de la filosofía griega.
La postura de Heráclito, sobre el flujo constante de las cosas, quedó como base de su concepción
del mundo sensible. Y señala F. Montes de Oca (1997, p. 43).
"Las posturas de los eleatas, el nous de Anaxágoras, las especulaciones pitagóricas sobre los
números, la posición de Parménides y la filosofía socrática de los conceptos formaron parte de su
metafisica en su teoría del conocimiento que fue su 'teoría de las ideas!"
La teoría de las ideas ha sido muy estudiada. Fue evolucionando en el pensamiento de Platón, a
medida que el filósofo maduraba, pues él mismo atendió algunas críticas. Al principio, tuvo una
expresión acrítica y muy metafórica. Posteriormente la teoría en cuestión tuvo una fase crítica.
Presentaremos una versión que considera los elementos que Platón sostuvo y mantuvo con ella.
En su teoría de las ideas distingue el nivel de lo sensible, es el nivel de las cosas y los fenómenos
que son captados por nuestros sentidos y registrados por nuestro cerebro como datos: rojo,
blanco, cuadrado, círculo, esférico, sonidos, sabores, olores, etcétera; es el mundo de las
apariencias de las cosas que se nos aparecen. De ellas nos formamos opiniones (doxa) que pueden
ser verdaderas o falsas. Estamos ante un conocimiento sensible, el cual puede ser probable o
plausible, o simplemente fantástico o imaginativo. Por ejemplo, si observamos a un perro
desconocido que viene hacia nosotros a gran velocidad, ladrando y mostrando sus dientes, nuestra
acción probablemente sea correr, escondernos, o buscar un objeto para protegernos. Es un
conocimiento sensible que nos ayuda a cuidar nuestra integridad. Pero también alguien puede ir
manejando en carretera y percibir un pequeño oasis, por los efectos de la luz solar sobre el terreno
pavimentado. Estamos ante una ilusión óptica. Ambos están en el nivel de la doxa y no siempre son
verdaderos. A veces los sentidos nos engañan.
El mundo sensible es el mundo del cambio continuo, de la generación y la corrupción. Todo está de
paso: el árbol da flor que se convierte en fruto y después cambia y si no se corta y se consume, se
corrompe, se pudre. Ese fruto ya no es lo que era. Las cosas tienen como una velocidad interna,
una potencia que las crea, las desarrolla, y las destruye. ¿Cómo definir lo que es pasajero si no
podemos fijarlo? Los glaciares, las plantas, las montañas, las personas, somos mudables, fugaces,
pasajeros. Un día llegará nuestro fin. Platón busca explicar este vertiginoso cambio y para ello
postula su teoría de las ideas, la cual afirma que es posible conocer estructuras inteligibles de la
realidad.
Tales formas o ideas de lo real no pueden ser conocidas por nuestros órganos de los sentidos, sino
por nuestro entendimiento a través de la dialéctica.
Solo a través de la ciencia (episteme) podemos alcanzar la verdad. La episteme es el conocimiento
por el cual se alcanza saber lo que son las cosas en sí mismas.
La episteme es una armadura intelectual por la cual el entendimiento conoce las formas de lo real.
Las ideas o formas son las esencias no de las cosas, sino de los géneros que permiten definir el
modo de ser de lo que es. Existen en sí y por sí, y nos permiten obtener definiciones. De forma
sumaria: lo opinable (que ocurre sobre lo sensible) es a lo cognoscible (por el entendimiento y
razonamiento), como la copia es a aquello de lo que es copiado. Para usar una imagen.
Las ideas o formas se obtienen identificando los grandes géneros y subgéneros de cada objeto del
pensamiento considerado, y su diferencia específica hasta encontrar ese concepto universal, tarea
que ya había iniciado Sócrates. Y es a través de la dialéctica como cada humano puede encontrar lo
que de alguna manera estaba en su entendimiento, donde por un proceso adecuado de preguntas
y respuestas puede hallar.
Para Platón, conocer es recordar. Tal era el sentido de la prueba matemática so-bre un teorema
geométrico hallada por el esclavo de Menón. Cuando Sócrates le planteaba preguntas claras y
adecuadas, corrió el velo de un olvido.
También Platón llama eidos a esas formas. Es por el intelecto, por el razonamiento, por el cual se
pueden conocer, no por los sentidos. Considera los objetos matemáticos como un conocimiento
intermedio entre lo sensible y lo inteligible. Platón sostiene un grado máxi-mo y más perfecto de
conocimiento: el contemplar por el entendimiento las esencias o ideas en sí mismas mediante la
dialéctica. Juzga que las ideas están ordenadas jerárquica-mente, y en la cima se encuentra la idea
del bien, pues ésta ilumina todas las demás ideas. Siguen la belleza y la verdad. Vienen después las
ideas geométricas, de las que no vemos aquí más que imitaciones imperfectas y deformadas. Más
abajo se encuentran los tipos innumerables de las especies terrestres. Más abajo aún las ideas de
las cosas más comu-nes y vulgares. Nuestro autor elaboró una alegoría para explicar su
pensamiento sobre la teoría de las ideas. A continuación, una sinopsis de T. Honderich (2001, pp.
158-159).
Alegoría de la caverna
En el libro vi de la República, Platón representa a las personas sin instrucción filosófica como
prisioneros, encadenados desde el nacimiento, en el fondo de una caverna, inca-paces de ver nada
salvo una serie de sombras que se mueven y a las que toman por la entera realidad. El mundo
fuera de la caverna representa a las formas, y la huida de los prisioneros del fondo de la cueva es
una imagen del proceso de iluminación filosófica.
Los símbolos son claros. Lo que se refleja en el fondo de la caverna es el mundo de som-bras, de
copias de la realidad exterior. Las cadenas simbolizan los prejuicios que nos impiden buscar la
verdadera realidad que en la alegoría, está en el exterior. Las sombras son el engañoso mundo de
las sensaciones que tomamos como la realidad. Los prisione-ros que con gran esfuerzo logran
romper sus cadenas y salir de la caverna representan a aquellos que contemplan la verdadera
realidad externa a la caverna y la relación de los objetos externos con los internos proyectados en
el fondo de la caverna. Al retornar y contar lo que han visto, provocan burlas y desconfianza; y son
atacados y desean matar-los, en alusión a lo que hicieron a Sócrates. Es la figura de quien filosofa.
Las sensaciones son un reflejo secundario de la realidad externa.
Es el alma la que ayuda a abandonar el ámbito de las sensaciones. A continuación pre-sentamos un
fragmento del Fedón, de Platón donde nuestro autor expone la situación del alma y del cuerpo.
Después de leerlo, realiza las siguientes actividades.
Navarro (2009, p. 51) sostiene que se ha malinterpretado a Platón al decir que sostuvo dos
mundos, el mundo "de las ideas" y "el mundo de las cosas", y las primeras las con-sideró como
cosas "divinas" que existirían autónomamente en un orden de realidad superior y trascendente
con respecto al "mundo sensible"4. Las ideas no son cosas, sino la estructura formal en virtud de la
cual las cosas "sensibles" son lo que son. Por la dialéctica se pone al descubierto tal estructura.
Burnyeat (B. Magee, 1995, p. 27) acuerda al señalar que Platón al abordar las preguntas: "¿Qué es
la justicia?", "¿Qué es la belleza?", no está pensando en el aquí ni en el ahora, son preguntas
generales. Está inmerso en generalidades, usamos "mundo de las ideas" como el "reino de las
genera-lidades invariables".
La ciencia no reside en las sensaciones, solo por el razonamiento sobre las sensaciones se puede
descubrir la verdad y la ciencia. Solo la ciencia tiene por objeto "conocer lo que existe tal como
existe. Las ideas, garantizan los conocimientos de la ciencia. Las cosas sensibles participan por
imitación de las ideas o formas. Además, considera que el auténtico conocimiento es el que se
utiliza, por eso menciona que quien sabe tocar la flauta es el que conoce lo que es la flauta. El uso
incluye también la producción. Esta noción es típica de los griegos.
Algunos comentarios finales sobre este contenido temático. Podemos identificar la pre-ocupación
de Platón para fundamentar la ciencia o episteme, pues es dificil encontrarla en el mundo de la
doxa donde todo está cambiando constantemente. Debemos pasar del mundo de las apariencias si
deseamos buscar la verdad. Ello requiere gran esfuerzo intelectual. Una vez hallado el saber
epistémico, podemos contar con criterios autén ticos para juzgar, por ejemplo, las acciones. La
República contiene su utopía política acerca de cómo debería ser un Estado auténtico. Inicia con la
indagación acerca de qué es justicia. Identifica las partes del alma individual: concupiscible
(orientada por los de-seos y mejorada con la templanza y moderación), la irascible (orientada hacia
el coraje, la pasión y mejorada con la fortaleza), y la racional (orientada hacia la reflexión y el ra-
zonamiento, y mejorada por la sabiduría). Con base en esto, la justicia individual es que cada parte
del alma realice la función que le corresponde mejorada por la virtud. Poste riormente, integra
estamentos sociales de acuerdo con la parte del alma predominante en cada integrante del Estado.
La justicia será que cada quien realice la tarea social que le corresponde. El estamento productor
deberá producir los bienes materiales para todos los integrantes del Estado. El segundo estamento,
el de los guardianes, debían proteger a todos. Y el estamento de los filósofos debía gobernar con la
idea de bien co-mún como reguladora para el Estado. La justicia radica en que cada hombre realice
con excelencia la función que le corresponde de acuerdo con el estamento al que su alma
predominante le hace pertenecer. Una vez identificada la idea de justicia, se convierte en un
criterio regulador para juzgar las acciones y todos los casos respectivos.
La idea de que aprender es recordar puede parecer extraña, pero B. Magee (1995) nos recuerda
que los filósofos idealistas modernos han argumentado que ha de haber un conocimiento innato, o
ideas innatas. Casi todas las grandes religiones creen algo pa-recido. También refiere al eminente
pensador N. Chomsky, quien opina que nacemos con una gramática programada en nuestros
cerebros. Platón llegó a sostener la exis-tencia del alma antes del nacimiento la cual encamina en
un cuerpo y esto a través de una serie de reencarnaciones.
Un problema crítico que ha surgido a esta teoría lo plantea Ferrater Mora (1986). Pode-mos
preguntar de qué cosas hay ideas. Podemos responder: de la justicia, de la virtud. La justicia
perfecta nos permite entender lo que se aproxima o no a "ser justo". Lo mismo ocurre con la idea
perfecta de virtud. Pero en el Parménides surge la pregunta acerca de si puede haber idea sobre el
fuego, o sobre cosas vulgares como la suciedad y los pelos. Platón vacila pues podría haber tantas
ideas como clases de cosas. Y entonces las ideas se multiplican. Y si cada objeto tiene partes,
también a cada una le correspon-dería una idea. Esto llevó a Platón a reducir el reino de las ideas a
clases de ideas como la unidad, la pluralidad. Es decir, señaló que hay que centrarse en los grandes
géneros, aunque ahora su teoría de las ideas la redujo a una teoría de los universales, pero ello va
alejando el mundo sensible del inteligible.
TEORÍA DE LAS CUATRO CAUSAS (ARISTÓTELES)
Aristóteles (384-322 a. C.) nació en Estagira, pequeña ciudad dominada por los macedonios. Su
padre, Nicómaco era médico de cabecera de Amintas, Rey de Macedonia. Un antepasado,
Esculapio Nicómaco, fue uno de los grandes médicos del mundo antiguo, lo que en parte explica su
interés por los fenómenos naturales del mundo físico, y su espíritu realista.
A los dieciocho años viajó a Atenas para ingresar a la Academia de Platón donde permaneció casi
veinte años hasta la muerte de su admirado maestro.
Después fue tutor de Alejandro Magno. Retornó a fundar su propia escuela, el Liceo. Sus
seguidores eran llamados los peripatéticos porque obtenían sus explicaciones paseando por los
jardines.
Aristóteles fue un organizador científico; en su escuela se elaboró material sobre filosofía, historia
de la filosofía, ciencias naturales, medicina, historia, archivos antiguos, política, filología, retórica,
poética, ética, arte. Muere a los 62 años en Calcis. Pidió que lo enterraran junto con los huesos de
Pitias, su primera esposa fallecida.
Este autor tuvo gran influencia en la tradición filosófica, junto con Platón. Fue una au-toridad;
verdadera enciclopedia del Mundo Antiguo y una referencia indiscutible en buena parte
de la Edad Media.
Para nuestro pensador, la filosofía nace a partir del sentimiento de admiración ante naturaleza.
Sentimos asombro de las cosas que suceden y no comprendemos por qué ocurren. Creemos que
hay mecanismos por los cuales suceden como suceden. Buscamos explicaciones. Algunas de éstas
son teóricas. Aristóteles calificó los diferentes saberes en tres campos, señala Navarro (2009, p.
67).
El saber productivo, que es técnico y remite a la "fabricación" de cosas útiles. Pensemos en las
distintas técnicas para sembrar un producto alimenticio. Estos saberes satisfacen necesidades para
mantener la vida.
El saber práctico, que es ético-político y remite a la acción libre o electiva, porque bus-ca la virtud,
la regla de la "buena acción". Incluiría los saberes para educar a los jóvenes a efecto de llegar a ser
ciudadanos responsables en la vida social. Contribuyen a la posibilidad de una "vida buena" y al
ejercicio de la libertad.
El saber teórico, referido al conocimiento del modo de ser, el fundamento de las cosas mismas.
Investiga las leyes de lo real. Aristóteles llama a este saber Filosofía primera. Posteriormente
Andrónico de Rodas la nombró Metafísica. La ciencia del ser en cuanto ser.
Una estudiosa de Aristóteles, Martha Nussbaum menciona (B. Magee, Entrevista: 1995, 42) cómo
en Aristóteles hay una búsqueda generalizada de la estructura de las explicaciones en las
investigaciones teóricas, así como de los principios más básicos que estén mejor fundamentados
que los demás. Aristóteles se inscribe en esta labor. Parte de la experien-cia, de la percepción
sensorial del mundo, de las apariencias; además, considera nuestras concepciones y dichos
populares (p. 39).
Por medio del lenguaje expresamos conceptos, creencias y dichos populares.
Por ejemplo, sobre el tiempo, el movimiento, el cambio, sobre la vida. Así que hay que empezar a
analizar desde ahí y revisar si hay contradicciones en nuestras creencias, mantenemos aquellas que
a la vez afirman y niegan un predicado de un sujeto. Nos apoyamos en esta ley de la lógica llamada
principio de No contradicción.
Aristóteles ubica en categorías y géneros el objeto de conocimiento, pues ello es indis-pensable
para hacer ciencia teórica, e identifica la diferencia específica, por ejemplo, en su clásica definición
de hombre como "animal racional", donde el género es "animal" y la diferencia específica es
"racional". La diferencia específica apunta al rasgo o característi-ca esencial de hombre que lo
distingue de los demás animales.
Una caracteristica esencial es aquello por lo cual un ser es lo que es. Racional es esencial a
humano.
Una característica accidental es aquella que puede tenerse, pero el no tenerla no mo-difica el ser
en cuestión. Tener el cabello lacio no es esencial a humano.
También ha reflexionado sobre la dificultad de captar el ser en cambio permanentes. Es muy dificil
hacer ciencia sobre esto. Así que busca en la experiencia "núcleos de estabi-lidad" para obtener
precisión o claridad y tener la posibilidad de un discurso cientifico.
Aristóteles busca que el entendimiento capte lo que hay de universal en la experiencia.
El intelecto del hombre tiene la facultad de comprender y captar los principios funda-mentales.
Algunos de los primeros filósofos de la naturaleza en el inicio de la filosofía, llegaron a decir que lo
que son las cosas en realidad es materia, porque les parecía que la materia era lo más persistente
de todo. Relata M. Nussbaum:
Veían que los árboles, los niños, los animales surgían de la materia, y que cuando morian, lo que
quedaba de ellos seguía siendo materia. De ello con-duyeron que la materia era el principio básico
subyacente al cambio; y al parecer concluyeron también que la materia era además lo que son las
cosas en realidad (1995, p. 46).
Varios de ellos identificaron el principio material (agua, aire, tierra, o fuego) del que procede toda
la realidad.
La materia y todas las cosas fisicas son vistas como el sustrato o soporte del cambio o movimiento:
una piedra puede convertirse en una barda o muro, en una cabeza co-losal, en un cimiento de un
edificio. El análisis que realiza Aristóteles del cambio es el siguiente. No es creado, ni susceptible
de detenerse el movimiento en el universo. La materia, o cuerpos físicos, no ocupan
definitivamente su lugar propio y natural, que sería el reposo, por eso no cesa el cambio en la
naturaleza. Incluye el movimiento local (cambio de lugar o posición) de los animales, o de los
astros, y cualquier proceso de cambio y transformación desde el más radical como la aparición,
nacimiento, o desapa-rición de las cosas, o la muerte de los seres vivos y hasta los cambios de las
propiedades accidentales. El cambio o movimiento lo interpreta como signo de imperfección. La
materia puede cambiar porque no tiene plena y completa posesión de su ser. Las cosas fisicas, en
la medida en que tienen materia, no son enteramente lo que son, no poseen en su ser una manera
plena y completa: parte de su ser está solo en potencia. Puede realizarse o no la potencia.
Al "poder de cambiar de los seres le llamó potencia.
Una bellota tiene en potencia el poder ser un roble si tiene las condiciones para con-vertirse en
roble: siembra, agua, luz solar. Pero si alguien destruye la bellota, no podrá convertirse en roble.
También debemos decir que, sin bellota, no podría haber roble. Por eso el cambio se explica como
la actualización de una potencia.
Los estudiantes en potencia pueden ser profesionistas, o ciudadanos.
Por ello Aristóteles consideró el cambio como una señal de imperfección por buscar adquirir un ser
pleno o una perfección. A esto lo llamó ser en acto.
El roble tiene una plenitud de ser que no tiene la bellota como semilla. Un estudiante que concluye
una carrera ha alcanzado cierta perfección respecto a su estadio anterior de estudiante. Y así con
las demás cosas.
El movimiento se puede considerar como el paso de la potencia al acto en las cosas de la
naturaleza.
El acto es la realización de una potencialidad.
La potencia es la capacidad de una cosa para modificarse; el acto es la realización de esta
capacidad. La semilla en cuanto semilla, está en acto, está realizada; pero contiene al árbol en
potencia. Debemos señalar que todos los seres son al mismo tiempo potencia y acto. El árbol en
cuanto ser vivo está en acto, pero es potencia de llegar a producir semillas y frutos.
Los seres artificiales no tienen en si el principio de cambio. Pensemos en un reloj, en una máquina
excavadora, en un martillo.
Pero Aristóteles no se quedó en la superficie sensorial del materialismo que hemos mencionado de
algunos presocráticos, entre otras razones porque no puede hacerse ciencia de algo que
continuamente está cambiando como son los procesos materiales. En la entrevista con Nussbaum,
B. Magee participa sintetizando con un ejemplo:
Sócrates, dice, no puede ser la materia que compone su cuerpo, porque ésta varía constantemente
de hecho, cambia en su totalidad varias veces durante el curso de la vida de Sócrates. Sin embargo
sigue siendo Sócra-tes toda su vida, de modo que no puede ser sólo la materia de la que se
compone (1995, p. 48).
Crecemos, engrosamos, adelgazamos, y pensamos que tenemos una identidad, creemos ser los
mismos; aunque nuestra materialidad haya cambiado, juzgamos ser los mismos.
Aristóteles va a sostener que los seres fisicos comparten un doble principio: la materia y la forma.
La materia de los seres físicos la constituye su sustrato medible, sopesable, cuantificable.
Por forma quiere significar no figura física, sino esencia (ousia) inteligible que está en la misma
cosa real, pero la captamos por nuestro entendimiento, como en el caso citado de Sócrates. Su
identidad no radica en su materialidad.
La forma es considerada por Aristóteles como una organización, una capacidad o facul-tad de un
ser para ejercer ciertas funciones.
En este sentido, la figura o silueta humana no seria la forma humana pues un ciber po-dría tener
figura humana pero no ser un humano.
El problema para Aristóteles es responder "¿Qué es?, qué son las cosas". Dirá que es aquello sin lo
cual no podría seguir siendo ese mismo ser: su esencia, eidos.
De acuerdo con ello, la forma de un cuchillo es cortar, la forma de un reloj es dar la hora, la forma
de una persona es razonar. Son las funciones esenciales sin las cuales no podríamos hablar de esos
seres.
A diferencia de estas funciones esenciales, los seres físicos pueden tener otros atribu-tos o
características accidentales. Aristóteles les llamó:
Categoría. Es cada una de las maneras fundamentales de decir de alguna cosa que es esto o
aquello. Aristóteles habla de diez: sustancia, cualidad, cantidad, relación, lugar, momento, posición
acción, posesión y pasión. (Navarro, p. 72).
Sustancia. Ousia, esencia, designa la primera de las categorías, la entidad o el "algo de lo que
hablamos. Por ejemplo: "Aristóteles es ser humano. Si no hubiese entidad, no tendría caso señalar
su cantidad, su cualidad, su relación, etcétera.
Accidente. Es todo aquello que pertenece a una cosa, pero no de modo esencial, sino a título
contingente o fortuito. Como decir "Sócrates está sentado".
La sustancia es lo que tiene que ser en sí y no en otro, como por ejemplo Sócrates; la sustancia es
la entidad, el modo primario de decir del ser. Por otro lado, los accidentes de una silla serían su
color, que está en mi cocina, que está frente a la mesa, su altura en centímetros, etcétera.
Los accidentes no tienen ser en si, sino en otros. Son predicaciones de una sustancia. Podría no
tener esas características y seguir siendo el mismo ser, por ejemplo: tener el pelo corto, lacio, ser
grueso de complexión física, estar sentado, estar dormido, ser pintado, ser admirado, estar en
Atenas, tener cincuenta años, ser amigo de Platón. Pero ninguna categoría de accidente existe por
sí misma, sólo existe en alguna sus-tancia, Podemos decir que las categorías expresan diversos
modos de ser. Si Sócrates perdiera su organización para funcionar, estaria muerto. Lo mismo podria
decirse del reloj, o de un hacha que no sirva para cortar. Lo esencial de una cosa es su estructu ra
diferenciadora, su forma, no su materia. Una casa puede ser de madera, de metal, de cristal, de
plástico, pero en tanto conserve su estructura, su forma, seguirá siendo casa. Así, Aristóteles
reflexionó sobre lo que subyace al cambio. Las caracteristicas invariables de un objeto o cosa, la
verdadera naturaleza de la cosa, la forma, el con-junto organizado de capacidades funcionales que
algo tendrá mientras exista. Asi, los materiales no pueden ser lo que algo es, ya que como hemos
visto la materia siempre está cambiando. Señala M. Nussbaum:
(...) nuestro concepto de una cosa es que en tanto en cuanto su estructura funcional permanezca
invariable, siempre podríamos sustituir partes de la materia que la componen sin que por ello
dejáramos de tener la misma cosa en nuestras manos. Podríamos coger un barco y sustituir alguna
de sus placas. En tanto en cuanto conservara su estructura funcional, haciendo la función de un
barco, seguiríamos teniendo la misma entidad (V. Magee, 1995, p. 48).
Y lo mismo podríamos pensar de un ser humano, mediante prótesis pueden sustituirse partes del
cuerpo y aún así, seguiría siendo un ser humano. Lo mismo en caso de tras-plante de órganos
como el corazón.
Martha Nussbaum considera que los argumentos aristotélicos son contundentes para re-batir el
materialismo. Cuando a esta especialista en Aristóteles le han preguntado si hay diferencia entre la
posición de Platón y de Aristóteles en relación con las Ideas o Formas, ella considera básico que
para Aristóteles las formas son inmanentes a los seres particula-res, es decir, son lo real captado
por el intelecto, por el entendimiento, por la inteligencia, por la razón. No forman parte de un
mundo separado de las cosas naturales. La inteli-gencia permite "leer dentro" de la naturaleza o lo
que llamamos mundo de las esencias o formas de las cosas. La blancura, la rojez, no son entidades
independientes de los objetos particulares. Y en algunas interpretaciones del platonismo que se
practicó en la Academia, no necesariamente por Platón, llegó a postularse un dualismo entre seres
particulares y un mundo de las Ideas. Esta distinción entre ambos filósofos es central (V. Magee,
1995).
Recordemos que Aristóteles parte en su investigación de la experiencia, de la percep-ción, y al final
regresa a la experiencia para buscar la forma.
Es típica su afirmación: "Nada hay en la inteligencia que no haya pasado antes por los sentidos".
Este análisis aristotélico nos describe el cómo del cambio, el cambio como proceso que va de la
potencia al acto. Pero señala R. Xirau que, en rigor, no acaba de explicar por qué suceden esos
hechos: es decir, explica el cambio pero no las causas de éste. ¿Cuáles son estas causas?
Tal vez debamos incluir el concepto de causa como:
1. Un ente que es capaz de producir a otro ente. Por ejemplo, el movimiento de la mano es la
causa del movimiento del vaso; o los padres son la causa de sus hijos.
2. Alguna cosa o idea es la "razón de ser" de alguna otra cosa o idea. Tal sería el caso de decir que
la ley de la gravedad es la causa de la caída de los cuerpos. Este sentido de causa es el de dar una
explicación de un hecho o evento. (1964, p. 84).
Asi, causa se interpreta como condición de posibilidad del ser, o del por qué de las cosas.
Aristóteles habló de cuatro causas:
Material. Refiere los materiales de que está hecha una cosa. El bronce, el granito, el cristal, el
aluminio, son componentes que participan del ser en las entidades físicas. Pero no vio como
suficiente esta causa, pues una lista de materiales por sí misma no nos dice lo que la cosa es.
Formal. Es el eidos o la forma por la cual un ser es lo que es en el caso de los seres fisicos naturales
(un árbol), o el eidos por el cual se diseña un ser físico no natural (una escultura, una casa, un
reloj). Un rosal crece y se desarrolla porque está estructurado de una determinada manera que
constituye su forma o eidos. El rosal no crece como una araucaria, ni como un pino, tiene su propia
estructura, su propio color y aroma. Una rosa es una rosa, dice un poeta.
Eficiente. Son las exigencias del ambiente y de la forma que empujan" para el desarrollo o
constitución de un ser. En el caso del diseño de una estatua, seria el escultor y sus herramientas
como el cincel para modificar el material a emplear. En el caso del rosal, sería tanto la luz solar, el
tipo de tierra, el abono, el jardinero.
Final. Se refiere al telos o fin hacia el que se dirige la cosa de la que se trate. En el caso de la
estatua sería el propósito o finalidad para la cual se diseñó.
De acuerdo con Aristóteles cualquier ente sensible y perecedero necesita estas cuatro razones o
causas para existir. En el caso de los seres naturales, las causas son intrin-secas, están por así
decirlo en el plan de la naturaleza: la savia, el agua, la especie de rosa, vienen a componer el rosal
o el pino. En el caso de los seres artificiales, las causas son extrinsecas a los objetos, pues
intervienen los seres humanos que participan en su diseño.
Las cuatro causas son cuatro tipos de explicaciones al por qué de las cosas.
Ha habido discusión sobre la causa final, pues muchos autores la han visto como una teleologia (de
telos, fin) en la comprensión de la filosofía aristotélica de que todo ser tiende hacia una finalidad.
M. Nussbaum señala que hay una inadecuada interpretación (p. 52). Los seres vivos siempre se
mueven en una dirección que estimula la continuación de su vida y su desarrollo hacia la forma
madura. Así, las plantas en una variedad de climas y ambientes se moverán hacia el sol y sus raíces
buscarán el agua y la fuente de alimentación. En esto podemos comprender muy bien los
movimientos de las plantas como teleológicos, sin necesidad de plantear misterios. Las plantas y
los árboles crece-rán hacia la luz y el alimento dondequiera que estén. En ello no hay nada
sobrenatural. No podemos decir que las plantas y los árboles tienen metas y deseos, o propósitos.
Aristóteles habló de la forma en la que está organizada la función en las plantas, animales y seres
humanos para ejercer las funciones de la vida que les es propia.