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Aiden Bates - Serie Ciudad Lobo 02 - Montaña Rocosa

Danny y Mike, una pareja de hombres lobo, enfrentan una crisis cuando Mike recibe una llamada de su manada en Colorado que amenaza su relación y la vida de Danny. Deben regresar a Colorado, donde las tradiciones de los hombres lobo chocan con la modernidad, y las decisiones sobre la manada se vuelven cruciales. La tensión entre ellos aumenta cuando Mike intenta imponer su autoridad como alfa, lo que lleva a un conflicto sobre su futuro juntos.

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Aiden Bates - Serie Ciudad Lobo 02 - Montaña Rocosa

Danny y Mike, una pareja de hombres lobo, enfrentan una crisis cuando Mike recibe una llamada de su manada en Colorado que amenaza su relación y la vida de Danny. Deben regresar a Colorado, donde las tradiciones de los hombres lobo chocan con la modernidad, y las decisiones sobre la manada se vuelven cruciales. La tensión entre ellos aumenta cuando Mike intenta imponer su autoridad como alfa, lo que lleva a un conflicto sobre su futuro juntos.

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RESUMEN

D anny y Mike han estado acoplados durante casi un año, y parece que las cosas no podrían ser
mejores para ellos. Cuando Mike recibe una llamada de su an gua manada en Colorado, comete un
error que no solo pone en peligro su relación, sino que amenaza la vida de Danny. La pareja debe
regresar a Colorado, donde la tradición del hombre lobo se enfrentará a las adaptaciones modernas y
las familias tendrán que decidir qué significa “manada” para ellos.
CAPÍTULO UNO

L os ojos de Danny se abrieron de golpe. La primera sensación que le llegó fue la de estar en casa.
Estaba caliente debajo de las mantas, en los brazos de Mike, sin nada entre ellos excepto un poco de
sudor. La sensación trajo una pequeña y mida sonrisa a su cara. Así de cerca, el olor de alfa, de su alfa,
era abrumador. No hace mucho eso le habría molestado. Habría ido a otra habitación para evitarlo.
Habría dormido en el sofá o incluso en el sillón. Ahora, felizmente, se dio la vuelta, de modo que él y
su compañero estaban pecho con pecho, y se acercó más.
Mike se rió un poco. —Alguien se siente cómodo esta mañana, — murmuró, apretando su mano
alrededor de Danny. —¿Todo bien?
—Estamos juntos en la cama y a salvo, —señaló Danny. —Estoy muy bien. —Besó el mentón de su
alfa. —Los dos tenemos el día libre. Ya sabes lo que eso significa.
Mike se rió y retorció para que Danny estuviera encima de él, como otra manta. No necesitaban
mantas extras en el calor de julio, pero eso no los detuvo a ninguno de los dos. —¿Sin pantalones el
lunes?
—Y aquí estaba yo pensando que ibas a arrastrarme a Westchester … —se rió Danny. Besó a Mike,
sólo por un momento. —Podemos no tener pantalones el lunes, si quieres.
—Quiero, —dijo Mike, pasando sus manos por la espalda de Danny. Cuando llegaron a la curva del
trasero de Danny, se detuvo. —Quiero, — dijo otra vez.
Danny dejó caer sus piernas a un lado, así estaba a horcajadas sobre su alfa. —¿Alguna vez no
quieres?
Mike fingió considerar la idea. —En realidad no.
Danny se puso de espaldas a él, ya medio duro sólo con el tono burlón de Mike y su olor
embriagador. La verdad es que no necesitaba mucha preparación, no con Mike. Había reducido sus
supresores, una vez que Mike se había apareado con él, y ahora tomaba lo justo para evitar sus
calores. Como omega apareado, podría estar listo para tomar su alfa en segundos.
Sin embargo, eso no significaba que no le gustara jugar, y a Mike le había gustado jugar tanto como a
Danny. Podían burlarse uno al otro durante horas, acariciándose, besándose y masturbándose, antes
de que sus necesidades se volvieran demasiado exigentes. Ahora Danny se hundió sobre Mike,
empalándose en un movimiento lento y fluido que dejó a Mike gimiendo y agarrándose a las sábanas.
Danny amaba el sexo como un omega incluso más de lo que había amado el sexo cuando había
estado suprimiendo su lado de hombre lobo, y eso era decir mucho. Incluso le encantaba tener el
nudo de su pareja en él después, el po de abrazos forzados que tenían que compar r cuando el nudo
de Mike se hinchaba dentro de él y los mantenía unidos hasta tres horas a veces. Aún se resis a a
algunas cosas. Todavía no estaba dispuesto a soportar los calores y el embarazo no era parte de su
visión del futuro, ni siquiera en sus sueños más descabellados, pero la vida que habían construido
para ambos estaba resultando ser muy buena. Pudo haber luchado para aparearse, con todas las
connotaciones que lo acompañaban, pero no abandonaría a Mike por nada del mundo.
Una vez que Mike pudo dejar a Danny, la pareja se levantó. Danny preparó el café y Mike el
desayuno, por la doble razón que Danny cocinaba para ganarse la vida y, por tanto, debía ser
excusado en su día libre y, además, que él no incluiría suficiente carne. Se ducharon y luego se
instalaron para tener una intensa sesión de video.
La pareja estuvo cerca de tres horas viendo —The drunk series — cuando sonó el teléfono de Mike.
Los hizo saltar a los dos. El agente de Mike sabía que no debía llamarlo los lunes y no había mucha
gente en Nueva York que tuviera el número de Mike. Danny manejaba la mayoría de sus contactos
sociales.
Intercambiaron miradas. —¿Debería dejarlo ir al buzón de voz? — preguntó Mike.
Danny se tragó el nudo que surgió en su garganta. Algo en esta llamada no le sonó bien, pero agitó la
cabeza. —Cualquiera que llame probablemente lo esté haciendo por una razón importante.
Mike puso una mueca de dolor. —Eso es lo que temo. —Cogió su teléfono de la mesa lateral. —
¿Hola? —Se detuvo, dejando hablar a la otra persona. —Oh. Oh Dios mío. ¿Estás seguro? —Pausa.
Cuando Danny lo miró, pudo ver que Mike se había puesto pálido. —Sí. Escucha, ahora es un poco
más complicado. Estoy apareado, y mi omega - —Se cortó cuando una ráfaga de ruido salió del otro
extremo del teléfono. —Sí. Hablaré con él, veré qué podemos hacer. —Colgó el teléfono y se volvió
hacia Danny.
—Es la manada de San Isabel, ¿no? —preguntó Danny. Su cuerpo estaba frío ahora; buscó una
manta.
Mike asin ó. —Es por mi papá, Danny. Era el chamán. Dice que mi padre está enfermo. —Tragó de
nuevo. —Muy enfermo. Como, mortalmente enfermo.
Danny se levantó del sofá sin darse cuenta de que lo había hecho. —Lo siento mucho, Mike. —Él
mantuvo la manta envuelta alrededor de él mientras se acercaba para frotar los hombros de su alfa.
—Tiene que ser di cil para oírlo; sé lo mucho que quieres a tu padre.
—Fue un gran padre, ¿sabes? —Mike se apoyó en su tacto. — Quiero decir, él siempre estuvo ahí
para mí.
Cuando el resto de la manada me dio la espalda, se quedó a mi lado. Todavía me trataba como a un
alfa, me daba tareas y me dejaba llevar a cabo las tareas de la manada como cualquier otro alfa que
fuera mayor de edad. —Respiró hondo. —Me pregunto quién se hará cargo tras él.
Danny se mordió el interior de su mejilla, pero dejó las manos donde estaban. —¿Importa?
Había sido un error decir eso. Lo sospechó tan pronto como las palabras salieron de su boca, pero
cuando Mike se giró para enfrentarse a él, obtuvo confirmación. —¿Importa? ¿Importa eso? ¡Claro
que importa, Danny! Nuestros ancestros trabajaron durante generaciones para construir esas
manadas. Se las arreglaron para unir ese grupo aunque…
Danny dio un paso atrás. —¿Aunque qué? —Cerró los ojos, como si eso fuera a impedir que Mike
dijera las palabras que Danny temía escuchar de su boca.
Mike debe haberse dado cuenta de algo, ya sea en su tono o en su olor, porque se echó atrás. —No
importa. El punto es que elegir al líder equivocado podría deshacer todo por lo que nuestros padres
trabajaron.
Por eso querían que nos apareáramos en primer lugar.
Danny se dio la vuelta y se dirigió hacia la cocina. No sabía qué hacer con las manos. No sabía si debía
empezar a arrancarse el cabello ahora o evitar el esfuerzo y empezar a rasgarse las venas. —Pero no
lo hicimos. Tomamos otras decisiones.
—Tomaste otras decisiones, —Mike lo siguió hasta la cocina de la cocina. —Estaba dispuesto a
seguirte la corriente.
—¿Es por eso que estabas dispuesto a aparearte conmigo? —Danny cogió un plato del fregadero,
pero lo dejó otra vez. No podía obligarse a mirar a su alfa. —¿Porque pensaste que tendrías una mejor
oportunidad de apoderarte de la manada de Colorado si volvías a tener a tu prome do, a tu
compañero bajo control?
Mike golpeó una pared. —¿Cómo puedes preguntarme eso? Por el amor de Dios, Danny, mi padre se
está muriendo. ¿Podrías tal vez no hacer que todo se trate de , por una vez? —Sus hombros se
hundieron cuando la pelea se le fue de las manos. —Lo siento. Eso no fue justo por mi parte.
Danny lo miró fijamente. —Debes haber pensado de algún modo que lo era o no lo habrías dicho. —
Respiró hondo y dejó salir el aire, lentamente. —Pero es tu padre. Tienes que irte.
—Nosotros tenemos.
Danny se echó atrás. —No. De ninguna manera. No puedo volver allí, Mike. Me matarán. Lo que hice,
lo que soy, es una sentencia de muerte. ¡Tú lo sabes!
Mike cerró los ojos. —Te conseguiré una habitación en un motel, al menos hasta que veamos cómo
van las cosas. Pero te quieren allí. Bueno, quieren a mi omega allí. No saben que eres tú. Sé que enes
miedo. Sé que crees que quieren atraparte, pero Danny, ahora eres mi amigo. No van a levantar la
mano contra un omega apareado, no sin ir contra el alfa del omega. Y no me van a hacer eso. Es mi
padre. Es nuestra manada.
—¡Puedes ir y volver! —Danny se dio la vuelta otra vez. —Esto no necesita involucrarme. Diles que
me fui. Diles que estoy enfermo. Diles que fui secuestrado por babuinos rabiosos.
—Danny. —Mike suspiró. —No me obligues a exigírtelo.
La cabeza de Danny se disparó. —No lo harías. —Le había permi do a Mike aparearse con él, después
de más de una década de esconderse de cada licántropo que encontraba e incluso de poner plata en
su propio cuerpo, porque confiaba en Mike. Confiaba en que Mike no usaría su condición de alfa, y el
poder que conllevaba, para dominarlo de la misma manera que el padre de Mike había dominado a su
padre.
Mike agarró su barbilla y giró la cara de Danny, así que tuvo que mirarlo a los ojos. —No si no tengo
que hacerlo. —Sus ojos azules se clavaron en los de Danny. —Es importante, Danny.
—Al menos vale la vida de un Omega. —Danny agitó la cabeza. — Nuestras vidas están en juego.
Mike inclinó la cabeza por un segundo, y luego la levantó. Cuando lo hizo, sus ojos habían cambiado
de humanos a lupinos. Sus caninos se habían alargado, y su olor se había intensificado de una manera
que no tenía nada que ver con el sexo. —¡Omega! —explotó, y la cicatriz en el cuello de Danny
palpitó. —Vendrás conmigo a las erras de la manada en Colorado. Es una orden de tu Alfa y
obedecerás. —Sus palabras llegaron con una fuerza contra la mente, el corazón y el alma de Danny;
una fuerza que podía jurar que era sica.
No es que Danny tuviera intención de darse la vuelta así como así. A pesar de que cada ins nto en su
cuerpo exigía que se rindiera, que le desnudara el cuello a su Alfa, y que se some era ante cualquier
cas go que su Alfa pensara que era adecuado para tal desobediencia, apretó los dientes y se echó para
atrás, luchando contra todo lo que Mike le estaba lanzando. —Vete a la mierda.
Mike se estremeció, pero se recuperó rápidamente. Se me ó en el espacio de Danny y agarró más
fuerte la mandíbula de Danny. —¡Omega! —rugió, agarrándolo lo suficientemente fuerte como para
las marlo. — ¡Obedecerás!
Danny empujó hacia atrás hasta que le sangró la nariz, goteando sangre por la barbilla, pero no pudo
ganar. Esta vez no. Gruñendo, asin ó.
Mike le devolvió el gruñido, empujándolo al suelo y deslizándose al dormitorio. Danny yacía en el
suelo, sangrando y luchando contra las lágrimas. Esto fue lo que consiguió por bajar la guardia. Esto
fue lo que obtuvo por reducir su dosis de supresores. Esto fue lo que consiguió por dejar que un alfa
se le acercara, sin importarle que lo montara. Esto fue lo que obtuvo por someterse a la reclamación
por la que, para evitarla, había huido a Nueva York.
Había come do un error e iba a pagar por ello. Mike podría haberse salido con la suya esta vez, y
podría haber pensado que había ganado la guerra. Ciertamente había puesto a su omega en su lugar,
le había mostrado quién era el jefe, pero, al hacerlo, Mike había mostrado sus verdaderos colores. Tal
vez Mike había tenido éxito en forzar a Danny a regresar a Colorado, pero eso iba a ser todo.
Cuando Danny estaba seguro de que podía moverse sin sollozar, se puso de pie y se arrastró al
dormitorio. —Danny, lo siento, —Mike lo intentó.
—No, no lo haces. —Danny se mofó. —Debería haber sabido que llegarías a esto tarde o temprano,
Alfa.
—No seas así, Danny. No habría tenido que hacer eso si te hubieras rendido y aceptado lo que
necesitaba.
—Lo que tú digas, Alfa. —Danny no se atrevía a mirar a Mike, así que echó un vistazo a las alforjas de
la moto. Justo como él esperaba, vio que Mike había me do algo de ropa de Danny en una de ellas. Ni
siquiera se le iba a permi r elegir su propia ropa.
Mike puso los ojos en blanco y agitó la cabeza. —Bien, pórtate así. Voy a ser generoso y dejaré que
pases por casa de Marie y recojas algunos supresores para el viaje, ya que estamos fingiendo que
alguna vez he sido el po de alfa que te deja hacer cualquier cosa. Estate fuera en diez minutos. —Salió
furioso de la habitación y luego del apartamento.
Solo por el momento, Danny bajó la cabeza y miró a su alrededor. Nunca volvería a ver esta
habitación o este apartamento. Luego, me ó la mano en el cajón de los calce nes. En lo profundo de
ese cajón, envuelto en una bufanda de seda azul, había una intrincada caja de madera tallada. Dentro
de esa caja estaban su cuchillo de plata y sus viejos anillos de plata para los pezones.
Habían pasado nueve meses desde que dejó que la plata tocara su piel, una vez que dejó que Mike lo
reclamara. Ahora ardía, como se suponía que iba a arder. Siseó contra el dolor, pero no se detuvo. En
vez de eso, me ó el cuchillo en la vieja vaina dentro de su chaqueta y cambió sus anillos de pezón
habituales. Se acostumbraría al dolor con el empo, y le ayudaría a concentrarse en resis r a su alfa. No
tenía que funcionar para siempre. Tenía que funcionar el empo suficiente. Luego se subió a la Harley
de Mike y se fue a casa de Marie.
Su amiga saltó cuando lo vio. —¿Qué diablos te pasó?, —preguntó, mirando de Danny a Mike y
viceversa.
—Mi Alfa me puso en mi lugar, —le dijo Danny antes de que Mike pudiera inventar algo. —Me resis .
La cara de Mike se retorció de asco. —Realmente eres un pequeño gilipollas egoísta, ¿lo sabías?
Nunca debí emparejarme con go.
Una pequeña parte de Danny sin ó que su corazón se estaba rompiendo. El resto de él sabía que no
podía permi rse ese lujo. —El sen miento es mutuo, Alfa, —dijo, con una voz tan fría como pudo
reunir.
—Lás ma que sea demasiado tarde para hacer algo al respecto.
Mike le observó con desprecio y se dio la vuelta. —Pobre pequeño Omega, su alfa no está dispuesto
a abandonarlo.
Marie agitó la cabeza. —No sé qué está pasando. Creo que es una mala idea que te vayas, pero no
puedo detenerte. Llamaré a Riley's, pero no sé si tendrás trabajo cuando vuelvas.
—No sé si volveré, Marie. —Danny suspiró y luego abrazó a su amiga. —Gracias por todo.
—¿Quieres dejar de ser una maldita reina del drama? —Mike dijo furioso. —Cinco minutos. —Él se
fue.
Marie lo vio irse. —Vaya. Se tomó todas las pas llas para el culo esta mañana.
Danny agitó la cabeza. —Es su padre. Es su manada. Debería haber recordado que la manada
siempre será lo primero para él. —Respiró hondo. —Sólo soy un Omega. A nadie le importa lo que nos
pase.
—A mí me importa.
—Lo siento, —le dijo, y lo dijo en serio. —De una forma u otra, no voy a volver. Aunque la manada no
me mate, no me quedaré con él. —
—Si te vas, morirás. —Se mordió el labio. —Danny, no. Puedes solucionarlo.
Agitó la cabeza. —Si se sale con la suya con esa mierda alfa esta vez, lo hará una y otra vez. No puedo
vivir así. Lo prome . —La abrazó. — Despídete de la gente por mí. Te amo.
Sus cinco minutos se acabaron. Salió del apartamento, apresurándose a alcanzar a su alfa.
Mike los llevó a Buffalo ese día, aún furioso. ¿Por qué demonios Danny tuvo que hacer que usara su
voz alfa? ¿Por qué no se contuvo, aceptar que esto era importante para Mike e ir con él?
Sabía que volver era algo que no le gustaba a Danny, claro. Vale, era más que una cosa; era su mayor
miedo. Mike lo entendió, o al menos entendió que había sido su mayor temor cuando Mike regresó a
su vida.
Sin embargo, no debería seguir siendo un problema. Debería confiar en su alfa lo suficiente para saber
que lo mantendría a salvo, que sería lo más importante en su corazón. Si no podía hacer eso, ¿por qué
se molestó en dejar que Mike se emparejara con él?
No, Mike reflexionó mientras conducía la motocicleta a través de la amplia extensión de la autopista
del Estado de Nueva York, iba a ser un problema. No había estado bromeando cuando le dijo a Danny
que las cosas serían diferentes ahora. Antes, Danny había sido un omega desobediente y sin pareja, y
sí, Danny habría estado en grave peligro por la manada. Ahora estaba emparejado con el hijo del Alto
Alfa, como siempre debió haber sido. Todo estaba saliendo exactamente como sus padres querían
que saliera. No había razón para que nadie tuviera ningún problema.
E incluso si lo hicieran, nadie se enfrentaría a Mike. Si Danny hubiera ido solo, quizás tendría algo de
qué preocuparse. Danny estaba siendo ridículo, y como no podía ver las cosas como Mike las veía, se
había visto forzado a usar su voz alfa.
No había querido hacerlo y, tan pronto como lo había hecho, sabía que las cosas serían diferentes
entre ellos. Mike estaba lo suficientemente enojado como para no pensar mucho en las
consecuencias. Danny no habló, a menos que se le hablara, después de su combate verbal en casa de
Marie, y aunque Mike no estaba viendo rojo cuando llegaron a Buffalo, no se sentía exactamente
conciliador. Consiguió una habitación en un motel con una cama individual y Danny se quedó con el
sofá. Mike consideró hacer un problema de ello, incluso consideró usar su voz alfa para hacerlo venir a
la cama, pero pensó que sería más probable que Danny viniera, una vez que viera que el único que
sufría de su comportamiento era él mismo.
Al día siguiente fue más o menos de la misma manera. Danny no habló más que para decir: —Sí, Alfa
—o —No, Alfa. —Su motel no tenía sofá, así que Danny tomó el suelo.
Mientras Mike yacía en la cama gigante, mirando al techo y escuchando la respiración tensa y
despierta de Danny, se le ocurrió que él y Danny no habían estado tanto empo sin hacer contacto piel
con piel desde que se habían acoplado. No fue un desastre, todavía no, pero hizo que se diera cuenta
de que había cambiado las cosas entre ellos. Tal vez Danny debería haber cedido y haber sido más
considerado con las necesidades de su alfa, pero Mike había tomado la decisión de anular el libre
albedrío de Danny.
También le demostró a Danny que nunca debería haberse emparejado con él. Lo dijo en medio de la
ira, frustrado por el comportamiento rebelde y malhumorado de Danny. No lo dijo en serio, pero lo
dijo.
Lo había dicho y Danny había respondido. Mientras que las palabras de Mike habían sido dichas en el
calor de la ira, las de Danny habían sido dichas con todo el hielo y el veneno de alguien que había
experimentado la traición más profunda posible. Cuando Mike forzó a Danny a ceder, Danny se
arrepin ó de la decisión de emparejarse con Mike.
En ese momento reconoció que era demasiado tarde para arreglarlo, al menos para él. Mike se
levantó de la cama y corrió hacia el baño, vomitando en el inodoro cuando se dio cuenta de que
Danny veía su relación como un error fatal. Danny, en vez de amar a su alfa, se sentía encadenado a
una prisión permanente.
Si Mike hubiera estado en el baño vomitando y llorando hace una semana, Danny habría estado allí
en un abrir y cerrar de ojos. Ahora, sin embargo, Mike sólo podía esperar a que las lágrimas se
aplacaran antes de enjuagarse la boca y volver a la cama solo.
No pensó que podría arreglar esto.
El día siguiente los llevó hasta Hartsel. Podrían habérselo tomado con más calma, pero él no quería
perder ni un minuto con su padre moribundo. Había sacrificado el amor y la compañía de Danny por
los últimos momentos de su padre; más le valía disfrutarlos, aunque esa no hubiera sido su intención.
Hartsel estaba en las afueras de las erras de la manada. Puede que las cosas se rompieran
irremediablemente con Danny, pero también podría darle a su compañero un gesto de buena fe y
comenzar esta nueva fase de su relación con una nota posi va. Muchos alfas tenían omegas que sólo
visitaban una vez a la semana, o con menos frecuencia si los omega sobrevivían. Estaría bien. De
alguna manera la excusa sonó falsa incluso en su propia mente, así que no lo dijo en voz alta y sólo
consiguió la habitación del motel.
Y, como gesto extra, consiguió una habitación con dos camas.
Danny no dijo nada cuando vio la segunda cama. Tampoco le dio las gracias a Mike cuando
consiguieron la habitación del motel. Se sentó en el borde de una de las camas, con las manos en el
regazo y los ojos en el suelo.
—Voy a ir a las erras de la manada, —le dijo Mike. Su voz sonaba fuerte en la pequeña habitación, y
Danny saltó, pero no dijo nada. Mike siguió adelante. —No sé cuánto empo estaré fuera, pero
hablaremos cuando vuelva. —Caminó hacia la puerta y se detuvo antes de irse.
Había tantas cosas que quería decirle a Danny ahora mismo. Siento que estemos peleando, pero por
favor trata de verlo desde mi punto de vista. Lo siento, sé que lo que hice fue tu mayor miedo y te
prometo que no lo volveré a hacer. Por favor, no te preocupes, ya verás, todo va a salir bien. Yo te
quiero. No dijo nada de eso. Él y Danny no habían hablado desde Nueva York. No sonaría verdadero
salir con la charla dulce ahora, especialmente considerando que Danny todavía estaba enfadado.
Las cosas mejorarían cuando Mike regresara más tarde, demostrando que todo era seguro y que
Danny no tenía de qué preocuparse. Entonces Danny se calmaría, superaría sus temores y podrían
empezar a reconstruir su relación. No volvería a ser lo que había sido, pero no era como si pudieran
librarse el uno del otro. Tenían que encontrar una forma de hacer que funcionara de alguna manera.
Salió por la puerta, se subió a su motocicleta y se fue.
El viaje duró alrededor de media hora, más o menos, y si no fuera a visitar a su padre moribundo,
podría haber puesto a Mike de mejor humor. Él y algunos de los otros jóvenes alfas se fueron de fiesta
a Hartsel a veces, una manera de pasar el empo. Hartsel no era una ciudad grande, pero había más
maneras de causar problemas que la vida bajo la atenta mirada de su padre, y el camino de regreso a
casa tenía un aire nostálgico.
A medida que se acercaba al centro de las erras de la manada, podía sen r los ojos de los demás
sobre él. Trató de no sen rse incómodo. Técnicamente no había hecho nada malo, después de todo. Le
había dicho a su padre que quería descansar un poco después del último trabajo, y que si la manada
necesitaba algo, le llamaran. Papá había aceptado.
Vale, técnicamente aparearse con un Omega sin permiso de la manada se consideraba malo, pero
ese po de cosas pasaban todo el empo. Y la manada había desaprobado su fracaso a la hora de
dominar a Danny, así que deberían estar contentos como cerdos en el barro por el estado actual de
las cosas.
Mike sabía la verdad, por supuesto. El problema no era con Mike, sino con Danny y en lo que se
había conver do. En el momento en que huyó y tomó supresores, negó su naturaleza omega, se convir
ó en un anatema para la manada y el propio Mike enfrentó el cas go al asociarse con él. Pese a todo lo
que hizo Mike, Danny no estaba agradecido.
Mike agitó la cabeza para despejarla, deteniendo su motocicleta y estacionándola cerca de una vieja
cabaña de troncos. Mike también se lo había buscado, en gran parte. Tal vez Danny debería haber sido
más comprensivo, pero Mike le había dejado creer a Danny que nunca volverían a Colorado.
Podía intuir a la manada mirando. Lo dejaron cocerse durante diez minutos antes de aparecer.
Cuando los primeros miembros de la manada salieron de la línea de árboles, Mike sin ó como si su
estómago hubiera sido golpeado por el fuego de los cañones. Cinco hombres lobo salieron de la línea
de árboles y marcharon, con el padre de Mike a la cabeza. Abel Royce era un hombre alto, y caminaba
con la espalda recta y la cabeza bien alta. Sonrió, sólo un poquito, mientras se acercaba a su hijo y
extendía sus brazos. —¿Qué tal un abrazo para tu viejo?
Mike se tambaleó hacia delante, su mente inestable, y abrazó a su padre. —Papá, —jadeó. —¿Estás
bien?
—Las cosas que un hombre ene que hacer para recibir una visita de su hijo en estos días, —Abel se
rió, moviendo su cabeza. —Necesitaba verte, Mike. Nosotros, —añadió, señalando a los otros alfas
más an guos, —necesitábamos verte.
Mike respiró hondo. Había sido engañado por su propio padre. Traicionó a Danny, el hombre que
amaba, por un truco. —La llamada suele funcionar, señor. —Forzó una sonrisa, intentando ser lo más
calmado y tranquilo que podía. Podrían oler el miedo, después de todo. —Te dije que estaría
disponible si me necesitabas.
Abel puso una mano enorme en el hombro de Mike. Mike se encontró recordando todo lo que Abel
había hecho con esa mano. —Sé que lo hiciste, hijo. Sé que lo hiciste. —Señaló hacia la cabaña con su
otra mano. —Tengamos una charla, ¿por qué no?
Mike se dejó llevar al refugio por su padre. La cabaña había
sido el hogar de su padre durante toda la vida de Mike. Abel lo había compar do con su omega
favorito, una chica con los ojos más oscuros que Mike había visto. Ya se había ido, murió en el parto
un par de años antes de que Mike se fuera, y ningún omega nuevo había tomado su lugar como
favorito. Mike se paró junto a su vieja silla, un asiento cerca de la puerta, hasta que todos los alfas
más an guos se establecieron.
Conocía a estos hombres. Conocía a la mayoría de ellos desde siempre, Clive Bu rell, Larry Peters y
John Phillips. El único recién llegado al círculo ín mo de su padre era Randall DeMill, ex Alto Alfa de la
manada de Grand Mesa y padre de Danny. Mike estudió a Randall ahora, tratando de encontrar
cualquier parecido entre el alfa y su hijo, pero la única similitud que podía ver era en la altura y los
anchos hombros.
Randall lo miraba con igualmente franca curiosidad. La pareja nunca había estado unida. Randall
había trabajado duro para restaurar su reputación después de que Danny se fugara, pero Mike
siempre había tenido la impresión de que el ex Alto Alfa lo despreciaba un poco por no haber ido tras
Danny y … hecho algo, Mike no sabía qué.
—Siéntate, Mike, —instó Abel, acercando la silla de Mike al fuego. Fue un honor técnicamente, pero
Mike no podía quitarse de encima la sensación de que estaba sentado al borde de un precipicio. —
Hablemos un poco.
—¿Sobre cómo sen ste que tenías que men r para traerme aquí?
Estaba aterrorizado por , papá.
—Sé que lo estabas, hijo. —Abel tomó su mano y la apretó por un segundo. —Sé que lo estabas, hijo,
y lo siento. Esperemos que podamos dejarlo todo atrás.
—¿Dejarlo todo atrás?
—Admi ste que te apareaste mientras no estabas, Mike. —Clive era el chamán de la manada, y a
Mike no le importaba mirarlo porque él era el que había dicho las men ras. —Te olvidaste de algunos
detalles.
—¿Pensaste que al final no lo descubriríamos? —Randall agitó la cabeza y retorció la boca con
desprecio. —Quiero decir, muchos alfas se van y se vuelven locos. Hay un omega con el que me
encontré mientras estaba fuera, haciendo lo del lobo solitario, quiero decir que sembré mi avena
salvaje una o dos veces, pero no puedo entender por qué sigues adelante y te apareaste con el omega
que te dejó drogado y seco.
Mike tragó. Su cuerpo se había desgarrado en un sudor frío. —Una cosa llevó a la otra. Ninguno de
los dos buscaba exactamente aparearse nadie buscaba aparearse menos que Danny, supongo.
—¿Danny? —Randall parpadeó.
—¿Tu hijo? —¿Mike parpadeó. —¿Mi compañero?
—¿Le pusiste nombre a tu omega? —Randall arrugó su nariz. —Eso es un poco raro. Muestra
demasiado apego, si quieres mi opinión. Pero sabías que la manada no lo permi ría. He oído hablar de
lo que ha hecho desde que se fue.
—Estoy bien con eso. Ya lo hemos discu do. Es mi amigo, y regresó a Colorado por mí, aunque sabía
el riesgo que corría.
Abel suspiró. Su cara cayó en una profunda sombra. —En endo que pienses que eso es algo especial,
Mike. En endo eso. Y tal vez lo que tenías era de verdad, no lo sé. La cosa es que, con los hombres
lobo, se trata de algo más que de dos individuos. Tenemos que pensar en las líneas de sangre, en la
manada. No podemos seguir nuestros propios corazoncitos.
Es por eso que nuestros apareamientos se hacen con la manada en mente.
—En endo que este omega es bonito, —dijo Larry, cruzando las piernas. —Ya veo por qué piensas
que es una buena idea, pero Mike, es una mala no cia.
—Era lo suficientemente bueno hace once años, —Mike disparó de vuelta, inclinándose hacia
adelante. Su pulso se aceleró en sus oídos. Todos sonaban perfectamente razonables, pero Mike
podía sen r la amenaza bajo sus palabras.
—Eso fue antes de que alguien pudiera saber que era defectuoso, —dijo Randall. —Por el amor de
Dios, ¿y si esa enfermedad se transmite?
—Él no quiere hijos. —Mike se mordió la lengua. Sabía que había dicho demasiado.
—Eso es monstruoso. —Abel se echó hacia atrás. —Es un monstruo.
—Es un po normal que sólo quiere vivir su vida, —suspiró Mike, de pie. —Eso es todo.
—No estoy seguro de si podemos dejar que lo haga, —le dijo John, inclinándose hacia adelante. —
Tendremos que hablar con los dos y averiguarlo.
Mike no esperó para hacer preguntas. Se subió a su moto y condujo de vuelta a Hartsel en la mitad
del empo que le había llevado alejarse, pero no le sirvió de nada. Aunque Danny, obviamente se había
resis do, a juzgar por la sangre alfa que salpicaba el lugar, no estaba en ninguna parte.

CAPÍTULO DOS

D anny luchó lo más duro que pudo, pero eran demasiados y él sólo uno. Seis alfas, mirando
fijamente y riendo hasta que Danny le clavó una garra a uno en el cuello. Entonces ya no se reían más.
Su primer temor había sido la violación, pero no parecían estar muy interesados en meterse en sus
pantalones una vez que lo habían sujetado. Una pareja hizo comentarios y amenazas, pero al final no
pareció que quisieran estar en una posición vulnerable a su alrededor, y él no pudo evitar sen rse bien
al respecto. No se había encontrado a gusto desde que sonó el teléfono de Mike, pero se sin ó bien
por eso.
Lo subieron a la parte trasera de una camioneta, del po que tenía la tapa baja sobre el área de carga,
y lo encadenaron a ocho puntos de sujeción diferentes. Debieron haber modificado la cama
específicamente para este po de cosas. Se dio cuenta cuando le cerraron la tapa.
Trató de concentrarse en los diferentes giros y vueltas que daba el camión, para evitar entrar en
pánico o perderse en su rabia. No funcionó tan bien. No se le había permi do viajar mucho como un
cachorro, y en Nueva York no había sido capaz de desarrollar ese po de habilidad. Ahora no podía
evitar arrepen rse de esa laguna en sus habilidades.
No es que no supiera exactamente adónde iba. Iba a la manada de San Isabel, a las residencias
conjuntas con la manada de Colorado, combinadas ambas cuando su padre casi lo vendió al padre de
Mike. Se habría sen do más cómodo si hubiera sabido cómo salir, pero ¿de qué le serviría? Moriría si
tuviera que vivir separado de Mike, a menos que fuera acoplado con un alfa más fuerte. Y moriría si la
manada decidiera que sí.
En cierto modo, fue algo liberador. De cualquier manera que lo mirara, el final era el mismo. No había
forma de que cambiara eso, no si quería seguir siendo él mismo. Así que si iba a morir, sin importar lo
que hiciera, no tenía nada que perder.
Cuando llegaron a las erras de la manada, se resis ó lo suficiente como para no hacer sospechar a sus
captores. Lo llevaron a una pequeña cabaña, donde se encontró encadenado a una pared en la
oscuridad. Lo dejaron completamente ves do, gracias a Dios, pero no le dejaron comida ni bebida.
Después de un par de horas, un anciano omega entró en la habitación. El omega llevaba pantalones
de chándal pero no mucho más, y su pelo blanco colgaba en trenzas hasta la cintura. Unos ojos azules
penetrantes, como los de Mike, le miraban. —Tu Alfa está preocupado por ti.
—Mike, —dijo Danny, apoyándose contra la pared. —Tu nieto.
El omega inclinó su cabeza una vez; un reconocimiento. —Cree que estás en peligro.
Danny resopló. —Lo estoy. Y no hay ningún alfa al que le importe una mierda un omega cuando se
trata de eso. Al final del día, ni siquiera somos personas para ellos.
El hombre mayor levantó una ceja. —Tienes opiniones fuertes para alguien que ha vivido fuera de su
propia cultura por más de una década.
Danny sacudió sus cadenas. —¿Cuántos alfas has puesto en estas? ¿Cuántos alfas son llevados de
vuelta después de huir? —Intentó levantarse, pero sus cadenas eran demasiado cortas para permi
rselo.
—Tenemos reglas. Todas las sociedades enen reglas. —Se ablandó.
—Todos tenemos que hacer sacrificios para que la sociedad funcione, Omega.
Danny respiró hondo. —Mi nombre es Danny.
—¿Tu Alfa te nombró? —El Omega se retiró. —Eso es raro.
—Yo me puse nombre. —Danny levantó la cabeza.
El Omega se detuvo. Abrió la boca y luego la volvió a cerrar. — Danny, —dijo finalmente. —¿Cuándo
decidiste que necesitabas un nombre?
Danny dudó. —Todo el mundo necesita un nombre. No puedes exis r, como una en dad, sin un
nombre. ¿Cómo te llamas a mismo? —
—Alfa me llama Omega. —Por primera vez, el Omega miró hacia abajo.
—No es lo que pedí. —Danny mantuvo su tono suave, pero no miró para otro lado.
El omega se quedó en silencio. —Solía llamarme Aaron, —dijo.
—Pero no… no… no he pensado en ello desde antes de emparejarme.
—Aaron, —dijo Danny, cambiando para hacer las cadenas más cómodas. —¿Por qué viniste aquí esta
noche, Aaron?
La cara de Aarón cambió cuando Danny dijo su nombre, cayendo por lo menos veinte años. —Mi Alfa
me pidió que viniera y me sentara con go. Los Omegas no llevan bien la soledad.
Danny suspiró. —No. —Golpeó su pie un par de veces. —Tienes preguntas.
—¿Te escapaste durante diez años y luego te apareaste con el mismo alfa del que te escapaste?
Danny soltó una risita amarga. —La cosa más tonta que he hecho. El último error, también.
—¡Estuviste desamparado hasta los 20 años, Danny! ¿Cómo pudiste pensar que aparearse sería un
error?
Danny no tenía la sensación de que Aaron estuviera bromeando. Sabía que la mayoría de los lobos
tradicionales habrían pensado que un omega de su edad, no apareado, habría sido miserable. —
¿Tienes idea de qué clase de vida vivía en Nueva York, Aaron? —Cerró los ojos y sonrió ante el
recuerdo. —Era… tenía un trabajo. La gente me llamaba por mi nombre, tenía amigos. Decidía adónde
iba y qué hacía. Yo… ayudaba a la gente, a veces. —Abrió los ojos y miró a Aarón. —Cuando ese po,
Rick, fue y empezó a matar gente, luché contra él.
Aaron agitó la cabeza. —Los Omegas no pelean.
—Lo hago. Lo hice. Y fue agradable, sabiendo que yo estaba a cargo de si vivía o moría. No un imbécil
que sólo pensaba en mí como un agujero caliente, ¿sabes?
Aaron suspiró y levantó una silla. —Así no es como piensan de nosotros.
Danny sonrió con suficiencia. —Así es exactamente cómo piensan de nosotros. Nos han enseñado
que no debemos tener nombres. No debemos hablar entre nosotros, no debemos interactuar con
nadie más que con nuestros alfas. Somos ú les para criar alfas y para el entretenimiento, eso es todo.
—Una buena manada se basa en una buena base, sólo tan buena como los jóvenes que la atraviesan,
—respondió Aarón. —Son las omegas las que crían a los cachorros durante sus años de formación. No
somos sólo entretenimiento, somos vitales. Por eso tu pecado es tan grave. Golpea en el corazón de la
manada.
Danny suspiró y volvió a cerrar los ojos. —Porque un Omega queriendo hacer algo más que tener
cachorros es un pecado.
—La manada necesita cachorros, muchacho.
—Dáselos a alguien que los quiera, entonces. Prefiero estar muerto.
—Sacudió sus cadenas. —Pronto lo estaré, también.
—Crees que la decisión ya está tomada.
—Creo que no voy a volver con un alfa que usó su voz alfa para forzarme a regresar a una manada
que quiere matarme. —Danny agitó la cabeza. —No importa lo que decida la manada.
Aaron agitó la cabeza. —Danny, estás embarazado. No puedes irte sin más.
Danny se rió. —No estoy embarazado. He estado en control de natalidad durante once años, estoy
con supresores. No estoy embarazado.
Aaron extendió una mano por un segundo, pero la retiró antes de que pudiera tocar a Danny. —Es
muy nuevo. No estás muy avanzado; puede que no te des cuenta todavía, especialmente si te has
envenenado de esa manera. Pero Omega - Danny - estás embarazado. Vas a tener cachorros para tu
alfa.
—No. —Danny se encogió, alejándose de Aaron. —No. No, no,
no, no. Deshazte de él. Haz que desaparezca. No voy a hacer esto, no lo haré.
Aaron parpadeó. —Esta es una ocasión alegre, Danny. Es, al menos, un cachorro nuevo, que será
tuyo. Además, influirá en la decisión de la manada. Se lo diré a mi hijo.
—No quiero esto. ¡No lo quiero!
La cara de Aaron se endureció. —Los hombres lobo no pueden darse el lujo de querer o no querer.
Sólo hay una manada, Omega. Trata de recordar eso. —Se levantó y se fue.
Ahora que Danny estaba solo, podía dar rienda suelta a su pánico. No sentía nada diferente en sí
mismo, nada que indicara que había cambiado de alguna manera ni ningún otro indicio de embarazo,
pero eso no significaba nada. Había estado empujando esa parte de sí mismo por más de una década,
y probablemente no sabría que estaba embarazado hasta que comenzara el trabajo de parto. Nunca
había querido tener hijos, y ahora que había llegado al peor momento de su vida, su cuerpo había
conspirado para añadir una patada extra mientras estaba en el suelo.
Al crecer, una vez que se descubrió que era un omega en lugar del alfa que su padre quería y
valoraba, se le enseñó que ese era su único propósito en la vida. Se suponía que criar cachorros,
preferiblemente alfas, era una ocasión alegre, pero Danny nunca había dejado de estar disgustado
con la idea. Todo sobre el cuerpo Omega le había repelido. Odiaba los impulsos que su cuerpo le
imponía, la necesidad de contacto sico o el aumento de la libido. Había encontrado formas de
suprimir o satisfacer la mayoría de esos síntomas omega, sólo para que éste volviera a morderlo.
Todo lo que odiaba de ser un omega podía deslizarse en la idea del embarazo. Ser un omega se
trataba de la pérdida de control, la pérdida de la personalidad, y nada representaba más la pérdida de
control de la persona que el embarazo. Podía recordar a su papá, antes de que su papá muriera, y
cómo la manada lo había tratado cada vez que había estado embarazado. Lo último que su papá le
dijo a Danny fue: —No dejes que te hagan esto, cachorrito.
Y ahora aquí estaba él.
Le habían quitado el cuchillo. Podría haber resuelto todo el problema si le hubieran dejado el
cuchillo, cortado el pequeño parásito y ahorrado a la manada la moles a de matarlo.
¿Cómo se sen ría Mike? Por un lado, no debería importarle. Mike lo había arrastrado hasta aquí, lo
había forzado a viajar en la moto hasta su muerte, como la perrita buena que secretamente siempre
había querido.
Mike lo había traicionado.
Al mismo empo, Danny aún lo amaba. Danny recordó la ternura con la que Mike lo había tratado en
Nueva York, cuando se conocieron por primera vez. Ninguno de los dos había buscado aparearse, sólo
habían estado trabajando juntos para eliminar una amenaza. Las cosas habían ido bien, y Mike había
tratado a Danny como si fuera una persona. Como si importara. Tal vez Danny debería haberlo
pensado mejor, tal vez debería haber mantenido la guardia alta y haberse ido a otro lugar hasta que el
alfa caliente se fuera de la ciudad, pero ya era demasiado tarde. Estaba enamorado y ahora estaba
embarazado.
Mike probablemente estaría feliz, pensó Danny con una mirada maliciosa hacia la puerta. Se
alegraría de haber conseguido atar a su indeseado omega de esta manera, forzarlo a llevar una vida
adecuada como aparentemente siempre quiso. Eso era lo que los alfas querían, cachorros y lugares
para poner sus partes.
Dios, Danny había sido increíblemente estúpido.
Lágrimas cayeron de sus ojos al piso de erra. ¿A quién estaba engañando? No iba a haber un
cachorro. Puede que amara a Mike, pero Mike se había vuelto contra él. No iba a volver a ningún alfa,
ni ahora ni nunca. Y aún tenía la plata en los pezones. Aunque cambiara de opinión, se arrastrara de
vuelta a su Alfa con la cola entre las piernas y se some era a su propia supresión, la plata ya estaba
envenenando al pequeño cachorro en lo profundo de su vientre.
Finalmente, la única manera de que un omega masculino diera a luz era en forma de lobo. Danny no
podía cambiar, ya no. No lo había intentado, pero sabía que no era capaz. Tendrían que sacar al
cachorro de su cuerpo, así que, auque él podría conseguir un aplazamiento de nueve meses en su
sentencia de muerte, todos los caminos todavía conducían al mismo lugar.
Miró fijamente a la oscuridad durante un rato. Echaba de menos Nueva York. Echaba de menos a
Marie. Echaba de menos a Mark. Incluso extrañaba a Silas, a pesar de que habían pasado meses desde
que hablaron. Extrañaba su trabajo.
Se es ró lo mejor que pudo. La nueva posición no cambió nada. Tal vez sería bueno si lo hiciera, pero
los deseos no hacen las cosas. Danny siempre había sido el po de persona que forzaba los cambios, no
se quedaba sentado deseando que las cosas sucedieran.
No durmió nada esa noche. Al día siguiente, Aaron regresó a la cabaña. Sus labios estaban doblados
en una sombría línea. —Tu alfa quiere hablar con go.
—No es que pueda detenerlo. —Danny miró hacia otro lado.
Aaron suspiró. —Está preocupado por , Omega.
—Danny.
—Se acabó, Omega. Lo intentaste, pero se acabó. Sólo
sométete a tu des no y verás que la vida es mucho más fácil.
—Así no es la vida, es sólo la existencia. Y no vale la pena. —Danny se frotó las sienes. —Si no vas a
ser de ayuda, ¿puedes dejarme en paz? No quiero ser grosero, pero estoy mirando el cañón de un
arma y no lo haces más fácil.
Aaron frunció el ceño. —¿Qué quieres decir con mirar el cañón de un arma?
—El cachorro no cambia nada, Aaron. Mike me rechazó antes de que nos fuéramos. —Se sacudió las
cadenas. —Asegúrate de contarlo cuando lleves cuentos.
Aaron palideció. —Parece muy preocupado por tu bienestar, para alguien que ha rechazado a su
omega.
—Pregúntale a él. Pregúntale exactamente qué dijo cuando estábamos fuera del apartamento de
Marie. Tengo toda la intención de recordarle esas palabras. —Respiró hondo. —En endo que no tengo
derechos, ninguno. Pero, diablos, si no voy a pelear en cada paso del camino.
Aarón lo miró fijamente durante un largo momento. —Esto cambia las cosas.
—Lo sé. Pero Aaron, no importa. —Se rió. —Cambia las cosas por tu parte, pero no por la mía.
Aaron salió de la cabaña, moviendo la cabeza. Danny estaba solo otra vez. Sabía que no lo estaría por
mucho empo.
Mike encontró un rastro en el claro que habían preparado para el juicio. —Cálmate, hijo, —le dijo
Abel. —Estarás bien. Te ha dado un poco de vuelta un bonito omega; no es gran cosa. Sucede.
Encontraremos un compañero más adecuado para y podremos seguir adelante, como si esto nunca
hubiera pasado.
Mike puso los ojos en blanco. —No lo en endes, papá. Le obligué a venir aquí. Creía que yo lo
mantendría a salvo. Como mi compañero, como mi omega, tenía derecho a creer que yo lo
mantendría a salvo. Esto es mi culpa.
—No tenía derecho a creer que actuarías contra la manada, — gruñó Randall. —Está recibiendo lo
que se merece. Estás haciendo lo correcto.
Mike miró a Randall. —Él es tu hijo, —señaló. —¿No has estado un poco preocupado por él?
—Es un omega. —Randall hizo un gesto con la mano. —No vale nada, hay docenas más. Obviamente
es defectuoso. Si hubiera sabido que estaba jodido así, lo habría ahogado antes de que tuviera la
oportunidad de avergonzar a nuestra manada.
Esto atrajo miradas de Abel y del resto de sus consejeros, no sólo de Mike. —Estoy seguro de que
sólo estás hablando así por la emoción, Randall, —dijo Abel después de un segundo. —En cualquier
caso, Randall ene razón en que este Omega no importa. Hay otros.
—Ni siquiera quiere verme, papá. —Mike se mordió el labio. —No me habla, no me deja hablar con
él.
Randall resopló. —¿Qué clase de alfa necesita permiso de su omega para hacer algo?
Cinco alfas fuertes aparecieron por un sendero lateral, llevando a Danny. Mike se adelantó. Danny se
veía horrible. No había dormido, no se le había peinado el pelo y no se le había permi do cambiarse la
ropa rota y ensangrentada. Aún así, el rebelde Omega levantó la cabeza y dejó que su desa o se
notara en su cara mientras era arrastrado ante las manadas que había abandonado hacía más de una
década.
El abuelo de Mike le siguió, acompañado por un puñado de otros omegas. Mike parpadeó y, hasta
Abel parecía perturbado. —¿Por qué hay tantos omegas en este juicio? —preguntó.
El abuelo miró largo y tendido a Mike. —El Omega dice que su Alfa lo ha repudiado.
Mike bajó la cabeza. Maldita sea. Pensó que Danny era demasiado listo para sacar a relucir su lucha.
—Fue una discusión, —dijo. — Intercambiamos palabras. Eso es todo. Sabes que no quise decir eso.
—Eso es una mierda. —Danny se mofó y miró con desprecio al Alto Alfa y a sus consejeros con la
espalda recta y la cabeza alta. —Mi Alfa me ha repudiado, y no quiero que vuelva.
Randall dio una sonrisita malvada. —¿En endes que esto elimina cualquier protección que pudieras
tener en esta manada?
—Nunca había tenido protección en esta manada. Tú lo sabes, yo lo sé, todos aquí, menos Mike, lo
saben. —El labio de Danny se curvó y Mike pudo ver los moretones en su omega mientras movía sus
brazos encadenados. —Todos sabemos cuál será el veredicto. Acabemos con esto de una vez.
El abuelo se adelantó de nuevo. —Antes de hacer cualquier
anuncio, debe saberse que el omega está embarazado.
Danny miró tan bruscamente al abuelo que debería haberle dañado. —Irrelevante.
—De acuerdo, —asin ó Randall, mientras Mike se tambaleaba hacia atrás. —A los cachorros nacidos
de una cosa como él no se les podía permi r vivir de todos modos.
—Esos serían tus nietos, —dijo Abel, volviéndose ahora para mirar directamente a Randall. —Los
nietos que tanto deseabas hace diez años.
Mike se adelantó, buscando a Danny, pero Clive lo detuvo. —Lo repudiaste, —dijo el viejo alfa en su
oído. —No puedes.
—¡Pero está embarazado! —¡Con mi cachorro! —Mike se volvió hacia el amigo de su padre. —¿Qué
se supone que debo hacer? — —Exactamente lo que el consejo decida y nada más, —le dijo Clive.
Abel aclaró su garganta. —Omega, —dijo, —eres consciente de que si no recuperas a tu alfa, tú y tu
cachorro moriréis.
—Soy consciente. —Se encogió de hombros. —Es como dijo Randall, algo como yo no se puede
permi r que se reproduzca de todos modos. Sabía lo que pasaría tan pronto como se me ordenó
volver aquí. Mi alfa me ordenó morir.
—Eso no es verdad, —Mike le devolvió el golpe. —¡Deberías haber estado a salvo, como mi
compañero!
—Eso es una mierda y lo sabes. —El labio de Danny se frunció con desprecio, y un murmullo surgió
entre la mul tud ante la audacia del Omega. —Irrumpieron en la habitación de nuestro motel no más
de cinco minutos después de que te fueras y me secuestraron. Mira cuánto te respetan como alfa,
cuánto respeto me mostraron como tu pareja. Te dije lo que pasaría, y usaste tu voz alfa para que
sucediera de todos modos. Este es el resultado que querías - un omega muerto, sin cachorros, de
vuelta en el redil de la manada que te trató como a un perro durante diez años. ¿Es todo lo que
esperabas que fuera, Alfa?
—¡Basta! —Abel se adelantó, con la cara roja. Mike no podía decir si Abel estaba más enojado por la
acusación de Danny sobre el trato de la manada hacia su hijo, o por la acusación de Danny sobre el
trato de Mike hacia él. —¡Ningún omega le habla así a un alfa!
—¿Qué vas a hacer, Alto Alfa? —Danny se rió. —¿Matarme? —Le dio la espalda a los alfas y se dirigió
a los omegas. —Es posible vivir de otra manera. Durante diez años no tuve ningún alfa, nadie que me
empujara o me obligara a arrodillarme y fue increíble. No hay razón por la que no puedan tener lo
mismo. Libérense. Corran. Corran tan lejos y tan rápido como puedan, porque ya no enen que ser
esclavos.
Abel se abalanzó, golpeando a Danny contra el suelo. —Enciérrenlo, —exigió el Alto Alfa a los
guardias. —Que no haya un omega a menos de 100 metros de su cabaña.
El abuelo se volvió hacia Abel. —¿Y qué hay del embarazo?
Los guardias se llevaron el Omega inconsciente mientras Mike los veía irse. Debería haber detenido a
su padre. No debería haber dejado que su padre le hiciera daño a su omega, pero ¿qué podría haber
hecho?
Danny había provocado deliberadamente a Abel.
Sólo que ahora, ahora había más omegas mirando. Habían estado entre los árboles, escondidos todo
el empo. Miraron fijamente a sus alfas, con los ojos muy abiertos por la conmoción, el horror y la
acusación. —Se supone que los alfas no deben golpear a los omegas, —con nuó el abuelo, con la cara
imperturbable. —Especialmente a los omegas embarazados.
—No pareció molestar, en absoluto, a su compañero, —señaló Randall.
—¡Su compañero es un inú l! —El abuelo rugió, entrando en el círculo de los alfas. —¡Su compañero
lo trajo aquí para que muriera! ¿Qué clase de alfa es, de todos modos? —El abuelo volvió a los
Omegas. —Así no es como debería ser nuestra manada.
Uno por uno, los Omegas se fueron. Los alfas intercambiaron miradas, inseguros de lo que acababa
de pasar, pero Abel se encogió de hombros. —Sigamos con esto. No podemos dejar que un puñado de
omegas decidan cómo se lleva la manada, después de todo. Creo que todos hemos visto que el omega
en cues ón no es apto para llevar adelante una vida. —
—Así que déjenlo ir, déjenlo volver a Nueva York, —instó Mike. —Él tampoco quiere estar aquí. Es
una situación en la que todos ganan.
Su padre le miraba con compasión. —Lo repudiaste. ¿Por qué te importa lo que le pase?
—Realmente no lo repudié. Quiero decir, sí, estábamos teniendo una pelea. No quería volver aquí,
pensó que la manada lo querría muerto. —Miró a su alrededor. —Resulta que tenía razón. No merece
ser cas gado porque fui lo suficientemente estúpido como para caer en un engaño. — Entrecerró los
ojos a su padre. —Hubiera venido, si me lo hubieras pedido.
Honestamente, quiero decir. No con un truco de cobarde.
La mul tud retumbó. Su padre gruñó un poco. —Cuida tu tono, muchacho, —dijo Abel. —No olvides
que tú también estás sobre una fina capa de hielo. Has estado separado de la manada durante nueve
meses, apareándote con un inadecuado omega…
—¡El omega que elegiste para mí! —Rugió Mike. —Y ahora
quieres cas garlo por tratar de no morir, y a mí por obedecerte.
—Quiero cas garlo por ir en contra de las necesidades de la manada. No tenía derecho a dejar la
manada en primer lugar, y ahora no es el compañero adecuado para el hijo del Alto Alfa. —Abel entró
en su espacio. —¿O planeas retarme para el puesto, muchacho?
—Todo lo que quiero, todo lo que he querido desde que me casé con Danny, es ser un buen
compañero. El vínculo entre compañeros se supone que es la base de la manada. Me llamaste y me
hiciste traicionar a mi pareja, y ahora voy a perder mi única oportunidad de ser padre. Una
oportunidad que ni siquiera había conocido. —Respiró hondo cuando se dio cuenta de en lo que había
caído. —No sabía que estaba embarazado, y ahora no me aceptará de nuevo.
John se forzó a sí mismo entre el padre y el hijo. —Eso para otro momento, —dijo. —Por ahora, la
pregunta es qué hacemos con él. Tradicionalmente, un omega embarazado no puede ser dañado. Ya
rompiste esa tradición una vez cuando saltaste sobre el Omega y lo noqueaste. —John le dio a Abel
una mirada punzante. —Si ejecutas a un omega embarazado, te arriesgas a enfadar a todos los
omega.
Randall se mofó y agitó la mano. —¿Qué van a hacer, agitar sus colas hacia nosotros de una manera
enfadada? Por favor. Un omega enojado es como un ga to enojado. Gracioso. —Algunos de los otros
alfas se rieron con él.
Mike reconoció a esos alfas. Eran todos de la manada de Grand Mesa, la manada de Randall, antes
de que se combinaran las manadas. Frunció el ceño. De repente, muchas de las opiniones de Danny
sobre la tradición y los alfas tenían más sen do.
Pero Larry estaba hablando ahora. —No sé cómo fue en Grand Mesa, pero un verdadero alfa no
necesita forzar a su omega, Randall. El viejo Omega tenía razón. Toda nuestra dinámica social se basa
en la idea de que los alfas protegen a sus omegas. No les hacemos daño y empezamos familias
seguras juntos. Les enseñamos que el embarazo es un momento sagrado y especial. No podemos dar
la vuelta y dañar a un omega embarazado.
—Este no es un omega embarazado cualquiera. —Otro alfa se adelantó. Mike pensó que su nombre
podría ser Pete. —Es un criminal, un subversivo. Ya lo escuchaste. ¡Él instó a los Omegas a dejarnos a
todos!
¡Eso sería un suicidio para ellos y para la manada!
—Tal vez la manada no debería exis r si no podemos dar a nuestros omegas una razón para
quedarse, aparte de la fuerza y el terror, — argumentó un alfa más joven con cabello oscuro. —Por el
amor de Dios, ese po tenía tanto miedo de ser parte de la manada que preferiría morir. —Se frotó un
corte a lo largo de su bíceps, y Mike se dio cuenta de que debía ser uno de los alfas que fue enviado a
traer a Danny. —Yo digo que lo dejemos vivir e intentemos hacerlo mejor.
—¿Tu omega guarda tus bolas en un bolso en la mesita de noche? —Randall agitó la cabeza. —Tu
padre debería avergonzarse de oírte hablar así. Los alfas están a cargo, los omegas obedecen. Así es
como siempre ha sido y así será. Si los omegas no se pueden poner a la cola, depende de su alfa el
obligarlos.
—Nadie va a obligar a Danny. —Mike aclaró su garganta.
—Técnicamente, no es un problema. —Clive se me ó en medio del claro. —Su alfa lo repudió, y dijo
que no lo aceptaría de vuelta. Sin contacto sico con su pareja, un omega morirá en pocos meses. Este
omega no vivirá lo suficiente para que su cachorro llegue a término. La única pregunta es si lo
matamos rápido o dejamos que su cuerpo omega haga el trabajo por él.
¡Oh Dios!. Mike se aferró a sus entrañas. No podía soportar la idea de perder a Danny, sin importarle
algo como la enfermedad omega. — Necesito hablar con él, —dijo, alejándose.
—Tienes que dejarnos hacer nuestro trabajo, —dijo su padre. — Siempre podríamos aparearlo con
un alfa más fuerte.
—Ningún otro alfa lo aceptaría. —Randall agitó la cabeza. —Tú lo viste. Nadie se aparearía con
basura como esa.
Abel lo miró con ira, pero no pudo negarlo. —Entonces es inú l, supongo. Lo haremos sen r lo más
cómodo posible. El resto es inevitable.
El resto de la manada se dispersó, habiendo sido dispensado el juicio. —Tengo que verlo, —dijo Mike
otra vez. —Déjame ir a hablar con mi compañero. Puedes estar ahí, asegurarte de que no pase nada
raro, pero tengo que ir a hablar con él. Tal vez pueda convencerlo de que me acepte el empo
suficiente como para dejar vivir al cachorro. —
Abel lo miró con ira. —Sabes que sólo sería temporal. —Él suspiró. —Hazlo a tu manera, sin
embargo. Si eso es lo que quieres hacer. Pero no uses tu voz alfa con él. Es una orden.
—No hay problema. Después de este desastre, nunca la volveré a usar. —Parpadeó con lágrimas.
El alfa con el corte en el brazo lo llevó a la cabaña donde Danny
estaba siendo retenido. Estaba lejos de cualquier otra cabaña, en lo profundo del bosque, y Mike se
estremeció al ver lo aislado y desolado que parecía. Entró, aunque no lo dejaron solo con su pareja.
Danny se había despertado, aunque todavía parecía una mierda. — ¿Vienes a hacer el trabajo tú
mismo?
Mike se enfureció con la acusación, aunque adivinó que no era inmerecida. —No me dijiste que el
control de natalidad falló.
—No lo sabía. —Danny estaba encadenado a la pared. Mike quería llorar. —Aaron me lo dijo anoche.
—¿Aaron?
—Tu abuelo.
—Oh. —Ahora que tenía a Danny frente a él, no tenía ni idea de qué decir. Se aclaró la garganta y se
movió de un pie a otro. —Danny, lo siento.
No quería que nada de esto pasara.
—Pero sabías que lo haría. —Danny sonaba exhausto, e incluso la brillante espuma de mar de sus
ojos parecía oscurecida. —No eres estúpido, Mike. Sabías que este era el resultado más probable. Han
querido mi sangre durante años. —Volteó la cabeza.
—Están dispuestos a dejarte vivir lo suficiente para dar a luz, —dijo. —Quiero decir que tendrías que
aceptarme de nuevo, pero…
—No. —Danny cerró los ojos. Mike podía ver que tenía dolor de cabeza, pero los grilletes no le permi
an hacer nada para aliviarlo.
—¡Danny, piensa en nuestro cachorro!
—Lo hago. —Danny lo miró con ira. —Y si es un omega, ¿eh? ¿Y si este cachorro resulta ser un
omega?
—Entonces será un bello y maravilloso Omega que hará de un Alfa un hombre muy feliz algún día.
Como tú me haces a mí.
—Que no tendrá nombre propio, y que tendrá que vivir el resto de su vida sabiendo que mataste al
que lo dio a luz. —Agitó la cabeza. — Gracias, pero no, gracias.
—No te he levantado una mano, y no planeo hacerlo. —Mike agitó la cabeza. —No puedes culparme
por esto.
—Me obligaste a venir aquí. El resultado siempre habría sido el mismo. —Trató de secarse algunas
lágrimas en el hombro, pero no pudo hacerlo. —Preferiría que me mataras de inmediato.
—Maldita sea, tómame de vuelta. Nos da empo para encontrar una salida. —Siseó Mike. —¡Danny,
por favor!
—Esto no es algo que se pueda arreglar. —Danny estaba llorando, pero aún así agitó la cabeza. —Te
amo. Adiós, Mike.
CAPÍTULO TRES

D anny trató de mantenerse despierto. Luchó contra el sueño con todo lo que tenía. ¿Quién sabía
lo que le harían si bajaba la guardia? Sabía que tenía una fuerte voluntad, pero ni siquiera él podía
resis r el peso combinado de un largo y miserable viaje, la falta de comida o agua, el choque mental y
emocional de enterarse de su embarazo y, finalmente, el asalto sico del Alto Alfa.
El Alto Alfa, que además era el padre de Mike. Lo que, en términos humanos, lo conver a en el suegro
de Danny.
Qué familia, pensó mientras dormía. Es cierto que la familia significaba algo diferente para un
hombre lobo de lo que significaba para un humano, pero había aprendido a pensar en ella como si
conllevara ciertas obligaciones mientras había estado en Nueva York. Una estúpida debilidad más que
había detectado, junto con pensar que podría tener una relación a largo plazo que no terminaría en
desastre.
Dormía, y el sueño traía consigo sueños. Él se lo esperaba. Habían pasado días, en realidad, desde
que rozó su mano desnuda contra la piel de su alfa. Un toque omega necesitado, necesitado de
contacto para prosperar. Un omega apareado necesitaba tener contacto sico frecuente con su pareja
o moriría. La necesidad de un omega embarazado sólo aumentaba, y Danny sabía que sus sueños eran
el primer síntoma de su enfermedad omega.
Hasta cierto punto, los sueños eran una distracción bienvenida. En sus sueños, no estaba solo y
encadenado a una pared en una cabaña oscura y húmeda. En sus sueños, podía retroceder a un
momento en que las cosas estaban bien, o cuando creía que las cosas estaban bien, por lo menos.
Podía dejar que su mente volviera a hacer el amor con su alfa en su pequeño dormitorio de Nueva
York, mirando a través de la ventana mientras la nieve caía sobre la sucia calle de abajo. En el mundo
despierto podía estar tembloroso y miserable, pero en su mente estaba envuelto en los brazos del
hombre que amaba, al que siempre había amado.
Por supuesto, no podía durar. Se despertó unas horas después del amanecer, cuando Mike regresó a
su cabaña. ¡Dios, la diferencia entre el sueño y la realidad! Las andrajosas ropas de Danny estaban
empapadas de sudor y, vergonzosamente, se debía a los sueños, pero no había nada eró co en que su
distanciado alfa viniera a estar de pie en su espacio. — ¿Cómo estás? —preguntó Mike, con las manos
en los bolsillos.
—Oh, estoy de perlas. —Danny parpadeó hacia Mike y decidió que la luz era demasiado brillante en
este momento. Volvió a cerrar los ojos. — ¿No puedes dejarme morir en paz?
Mike se acercó más. El guardia a su lado le siguió. A Mike no se le permi ría tocarlo bajo ninguna
circunstancia. Danny no estaba seguro de qué lado se suponía que debía estar el guardia, y se sentía
demasiado nervioso para preocuparse en este momento. —Preferiría que no murieras, pero no te lo
voy a poner fácil. Piénsalo, Danny.
—Omega. —Danny no podía abrir los ojos. —Los Omegas no enen nombres aquí.
—Díselo a los cinco que desaparecieron anoche. —La voz de Mike se endureció. —Después de tu
pequeño discurso, después de que vieran como te arrastraban, aparentemente cinco omegas
decidieron ver si podían hacer lo que hiciste. Desaparecieron anoche, cubrieron muy bien sus huellas.
No han sido olfateados más allá de Hartsel. Es casi como si una bruja los hubiera hecho desaparecer o
algo así.
Danny abrió los ojos. —¿No sería eso un golpe de suerte?, —dijo, inyectando tanta maldad en su voz
seca como pudo reunir. Mike no podía estar haciendo lo que Danny creía que estaba haciendo. Debe
estar delirando, alucinando con algún po de mensaje codificado de su alfa. Mike se había apuntado a
esta mentalidad de —la manada lo es todo — que los alfas de San Isabel estaban vendiendo, lo habían
vendido y lo habían colgado para que se secara.
Excepto que Mike lo miraba fijamente, casi forzando a Danny a mirarlo a los ojos, y Danny tuvo que
admi r que esto no era una alucinación. Ni siquiera su cerebro desquiciado soñaría con sus ropas
manchadas y sucias, después de todo. Una vez que Danny se encontró con los ojos de Mike y dejó que
se conectaran de verdad, Mike le hizo un pequeño guiño con la cabeza, uno que al guardia le costó
mucho notar.
El mensaje era claro.
Marie estuvo aquí, en Colorado. Era demasiado tarde para ayudar a Danny, no es que hubiera ayuda
para él de todos modos, pero tal vez esos cinco omegas podrían tener una vida mejor que cualquier
cosa que la manada pudiera ofrecerles.
—Parece que eres todo un fuego, —con nuó Mike. —Tu padre
está muy enojado por todo esto. Supongo que la mayoría de ellos vienen de la manada de Grand
Mesa.
Danny resopló. —Como si él lo supiera. —A veces Danny se preguntaba si Randall veía alguna
diferencia entre los omegas, o si simplemente notaba el aroma omega y dejaba de ver algo más.
—Tu padre no es realmente tu aliado aquí, ¿verdad? —Mike agarró la única silla del lugar, una cosa
vieja y desvencijada que apenas podía sostener el peso de un hombre. —Nunca había sido tan
gilipollas antes de irme a Nueva York.
Danny miró a la puerta. —Es un alfa. No le va a gustar mucho que los Omega salgan de su lugar, no
cuando eso significa perder algo del poder que ene sobre otra persona.
—Aún así… quiero decir que al menos debería preocuparse por su propia carne y sangre.
Danny se rió, sin importarle si sonaba amargado. —Randall no ene hijos omega. Tiene hijos alfa y ene
bienes muebles. Habría sido uno de los primeros en empezar a pedir mi sangre cuando me fui. —Se
inclinó hacia atrás, dejando que su cabeza golpeara contra la pared. Empezó a sudar, pero no sentía
nada de calor. Otro síntoma, supuso. Pensó que tendría más empo.
—Suena bastante bien. Si te odiaba tanto, ¿por qué te presentó como la moneda de cambio para
unir las manadas? —Mike dijo.
—No vio mucha diferencia entre nosotros los Omega. Vio que encajaba en el perfil de lo que te
gustaba.
—No creo que estés a salvo cerca de él.
Danny puso los ojos en blanco y agitó la cabeza. Su alfa olía tan bien que quería lamerlo, quitarle la
ropa y tenerlo en el suelo de la cabaña y al diablo con los tes gos, pero no podía hacerlo. Podría
sobrevivir lo suficiente como para dar a luz si lo hiciera, pero no ganaría nada.
Los grilletes que lo atornillaban a la pared también eran una gran pista.
—No creo que esté a salvo cerca de ninguno de vosotros. Creo que lo probaste cuando dejaste que
tu padre me noqueara. —Sonrió con suficiencia. —Randall es el único que dirá abiertamente que los
omegas son basura, pero todos vosotros me muestran que lo piensan.
—No creo que seas basura. —Mike se acercó, y Danny tuvo que morderse el labio para no rendirse a
él. —Sabes que no lo creo. —Respiró hondo y lo soltó lentamente. —Danny, mira. Lo siento mucho. Si
pudiera retroceder en el empo y volver atrás, lo haría. Nunca debí forzarte a este viaje. Nunca
debería…
Danny no intentó luchar contra las lágrimas que salían de sus ojos.
—Nunca debí haberme apareado. Lo sé.
—Bueno, no es como si te hiciera feliz. Odias todo lo que conlleva. —Mike se levantó. —Odias
hacerte el listo, harás todo lo que esté en tu poder para evitar cualquier cosa que te recuerde que
eres un omega o incluso un lobo. Nunca me has dejado ver a tu lobo. Sales al bosque como si fuera un
cas go.
—Me quedé con go, —le dijo Danny. Debería callarse. Las palabras llegaban demasiado tarde, no
iban a cambiar nada, pero él siguió adelante. —Compar a mi cama con go, todas las noches. Aunque al
principio fue di cil, compar mi cama. Estaba aterrorizado, y resulta que estaba jus ficado, pero te
amaba. Estaba dispuesto a abrirme a . Compar mi hogar y mi vida con go. Y yo era feliz. Hasta el
último minuto en Nueva York, era más feliz que nunca. —Grandes y gordas lágrimas rodaron por la
cara de Danny, y no le importó quién lo vio. Iba a morir delirante y sucio; la dignidad era una broma.
—Danny, quédate conmigo. —Mike también estaba llorando. —No res todo por la borda porque hice
algo estúpido. ¡Esto no es algo de lo que puedas volver! ¡Este es nuestro cachorro!
—Nuestro cachorro estaba condenado antes de dejar Nueva York, Mike. —Dejó que las yemas de sus
dedos le rozaran el pecho y confió en que Mike sabría lo que quería decir. —Aunque cambiara de
opinión, no ayudaría al cachorro. —Se le levantó un sollozo en la garganta.
—Danny… —Mike se dio la vuelta. —Tiene que haber algo que podamos hacer. Si me aceptas de
nuevo, podemos encontrar una forma de escapar de nuestros errores de alguna manera.
—Alejarte de tus errores. Bueno, un alfa sí. —Sonrió con
suficiencia. —Ese es todo el problema en primer lugar, ¿no?
Mike dio algunos pasos hacia adelante, rándose de su propio cabello con frustración. Danny se
encogió contra la pared. No pudo defenderse, pero el guardia intervino. Puso una mano en el brazo de
Mike y lo sacó. —Es como dijo Noah, —dijo el guardia mientras se llevaba a Mike. —Un verdadero alfa
no necesita forzar las cosas en su omega.
Danny se desplomó contra el suelo. Adivinó que había sobrevivido, ¿pero por cuánto empo?
Entonces algo le llamó la atención. Allí, en las marcas de las rozaduras dejadas en la erra por los
zapatos de Mike, había un pequeño objeto de metal: la llave de los grilletes de Danny. Es ró la pierna.
¿Sería lo suficientemente larga para alcanzarlo?
Le costó un poco de trabajo, y podría haber jurado que el ruido de las cadenas alertaría a sus
guardias, pero nadie entró a ver cómo estaba. Después de que se aseguró de que no lo
interrumpieran, desbloqueó sus grilletes y los colocó silenciosamente en el suelo.
Le costó un poco ponerse de pie. Sus piernas temblaban por el hambre y la deshidratación, pero se
las arregló. No le ayudaría mucho, pero al menos saldría en sus propios términos.
Respiró hondo e intentó captar el rastro de sus guardias. Cuando ls recogió, no pudo evitar sonreír.
Todos habían estado apostados cerca del frente de la cabaña. La choza, afortunadamente para Danny,
tenía ventana trasera. Abrió la ventana trasera y, al no chirriar, trepó por ella. Unos segundos
después, estaba en el bosque.
Danny no era exactamente bueno en el bosque. Su padre no había visto el sen do de enseñar a los
omegas a cazar o a sobrevivir por sí mismos, y de todos modos sólo conocía las erras de Grand Mesa.
Esto era San Isabel, un lugar que no conocía bien. Si no tenía cuidado, terminaría justo donde había
empezado.
Mike había insinuado, no tan su lmente, que Marie estaba en Hartsel. Hartsel, si Danny recordaba
correctamente, estaba en algún lugar al norte y un poco al este de las erras de la manada. Lo
buscarían allí, pero también lo buscarían por las carreteras porque era, en el corazón, un urbanita y
eso era lo que la gente de la ciudad haría.
Pero había un arroyo. Ese arroyo, recordaba Danny de su úl ma huida, lo sacaría y lo alejaría de las
erras de la manada. Una vez que estuviera fuera de la erra de la manada, podría conseguir ayuda, tal
vez. Vale, no tenía ni idea de en quién podía confiar, pero se le ocurriría algo una vez que estuviera en
un lugar más seguro que aquí. De cualquier manera, el agua que llevaba ocultaría su olor, hasta Danny
lo sabía.
Escuchó el agua y se dirigió hacia ella, tropezando con las ramas en la oscuridad. En cierto modo,
sabía que no debería tener problemas. La luna proveyó luz más que suficiente para que sus ojos de
lupino la vieran, y tenía la gracia de un hombre lobo. Simplemente no estaba en la condición sica
adecuada para manejarlo, y ya no le importaba.
Una vez que llegó al arroyo, lo primero que hizo fue caer de rodillas y beber. Sus captores no le
habían proporcionado nada de agua, y sus carceleros aparentemente pensaron que no era necesario
ya que él era un hombre muerto caminando. No habría sobrevivido tanto empo sin ella, si hubiera
sido humano. Tal como estaba, me ó la cabeza en el arroyo y sorbió, sin importar lo mojado que
estuviera o lo fría que pudiera estar el agua.
Cuando pensó que ya no podía beber más, se levantó y empezó a caminar de nuevo. No sabía cuánto
empo le llevaría salir de las erras de la manada, pero no podía darse el lujo de perder el empo.
En otra ocasión podría haber encontrado el viaje aterrador. Nunca había sido un faná co del bosque,
y después de su fuga, sólo lo asoció con el trauma de volar. Esta noche, sin embargo, sólo podía
recordar todas las excursiones que había hecho con Mike. Mientras tropezaba por el lecho del arroyo,
húmedo y tembloroso por el frío, su mente se desvió a la semana que había pasado cerca de Saratoga
con Mike hace sólo un par de meses.
Las hojas acababan de salir a la luz en ese entonces, y Mike había estado ansioso por sacar las suyas y
afirmar su masculinidad contra algunos árboles o algo así. Danny no veía el sen do, tenían árboles en
el Central Park, pero había ido con él y tuvo que admi r que el viaje hasta allí había sido hermoso. Él y
Mike habían estacionado la bicicleta en un pequeño campamento y arrastrado una manta por un
sendero, y Danny había desnudado a su alfa en ese mismo momento, en el bosque, bajo el sol, donde
cualquier excursionista aventurero podía encontrarlos.
Danny se había llevado a Mike a la boca entonces, y si Danny quería, todavía podía sen r a su alfa allí,
caliente y pesado y un poco salado en la lengua. Mike era generosamente proporcionado incluso sin la
adición del nudo, y la mayoría de los humanos se habrían sen do incómodos cuando les empujaba en
la parte posterior de la garganta, pero Danny era un omega. Sus cuerpos fueron construidos para ese
po de cosas y había sido la primera vez que Danny lo había apreciado de verdad.
Volvió en sí mismo cuando entró de nuevo en el arroyo. Genial. Ahora estaba hambriento, cansado,
enfermo y cachondo, en vez de sólo hambriento, cansado y enfermo.
Se pasó una mano por el estómago. Mejor no pensar en eso, en lo que había debajo de sus
tonificados abdominales. No quería, pero como estaba solo en la oscuridad y todo eso, podía admi r
ante sí mismo que la idea le estaba alcanzando. Sabía que Mike había estado haciendo un gran
sacrificio al tomar un compañero que no quería tener hijos.
El cachorro que llevaba podría haber sido bueno. Si se hubiera dado cuenta de que volvería a Nueva
York, si Mike no hubiera decidido hacer valer su poder alfa, si hubieran podido encontrar una manera
de ayudarle a dar a luz sin tener que cambiar. Nunca se había visto a sí mismo como padre, pero tal
vez, en otro momento y lugar, él y Mike podrían haber sido buenos padres para un niño pequeño.
Mike le había ayudado a escapar. En cierto modo, Mike aún lo amaba.
Quería sentarse bajo las ramas de uno de los árboles gigantes y llorar. No podía permi rse el lujo de
hacer eso; tenía que seguir moviéndose. Sólo el miedo a ser atrapado, a ser arrastrado de vuelta, lo
mantuvo erguido, pero funcionó. Danny puso un pie delante del otro y se movió por el lecho del
arroyo.
Eran sobre las cuatro de la mañana cuando salió a Windmill Drive. Justo cuando estaba listo para
encontrar un garaje para pasar la noche, un coche de policía se detuvo a su lado. —Chico, pareces
estar en muy mal estado, —le dijo el ayudante del sheriff. El hombre era mayor, del po de los abuelos,
y olía perfectamente a humano. —¿Puedo llevarte al hospital?
Danny podría haberle besado. —Nada de hospital, gracias. Sólo necesito hacer una llamada.
El alboroto cuando Danny escapó fue mejor descrito como histórico. Mike deseaba que Danny
estuviera allí para verlo con él, porque a Danny le encantaban ese po de cosas. A veces el po miraba el
canal C-Span sólo para interrumpir a los polí cos; se diver ría con la tormenta de fuego que estaba
ocurriendo en este momento.
Por supuesto, Danny no estaba allí, porque Mike había arruinado todo y lo había rado a la basura,
pero aún así, sin embargo, habría apreciado el derre miento de todos los alfas más an guos,
especialmente puesto que la úl ma fuga de Danny se produjo tras una rebelión omega a gran escala.
Eso le habría dado a Danny algo de lo que pavonearse. Todo el mérito fue de Danny, y no había nadie
en San Isabel que no lo supiera. Algunos de los omegas no apareados se habían apartado por
completo. El resto había organizado una especie de retirada de sus afectos, una especie de huelga de
la que Mike estaba seguro de que había oído hablar en alguna obra an gua, y sus alfas ya estaban sin
endo el pellizco.
Danny había bromeado con que los alfas eran sexuados, pero Mike lo había escrito como parte de su
“cosa” con los alfas. A Mike le gustaba el sexo tanto como a cualquiera, pero había tenido diez largos
años para acostumbrarse a no tenerlo. Ninguno de los alfas apareados había necesitado hacer eso
antes, y no les sentaba bien. Ya había habido seis peleas entre alfas, que requerían cubos de agua fría
para terminarlas.
Randall culpó a Mike, y a través de él, a Danny. —Si hubieras controlado tu espalda omega cuando
debías, nada de esto habría pasado, —dijo, moviendo un dedo en la cara de Mike.
Mike se preguntaba cuáles serían las consecuencias de arrancarle el dedo. No creía que a Danny le
importara. Danny no había hablado mucho de sus padres mientras habían estado juntos, y Mike
estaba empezando a entender que no era porque echara de menos a su padre. —Lo siento, tal vez si
no hubieras hecho la vida tan desagradable para tus propios Omegas, tu hijo Omega no habría
desarrollado tal odio hacia los Alfas.
El alfa mayor gruñó, entrando en el espacio personal de Mike. — ¿Qué fue eso?
—Es obvio para cualquiera que hable con Danny. El chico prendería fuego alegremente a cada alfa
que encuentre si pudiera salirse con la suya. También me odiaba cuando me conoció. Me imagino que
debe haber tenido algunas malas experiencias y oye, ¿dónde está su papá de todos modos? —Mike
sonrió, mostrando los dientes. Fue una provocación que aprendió de Danny, pero no le importó.
Ahora mismo, no le importaría meterse en una pelea con Randall. Tal vez entonces el alfa mayor
dejaría de atacar tanto a Mike como a Danny con todos los que le escucharan.
—Mi relación con mis omegas no es asunto suyo, —dijo Randall con los ojos planos.
—Tengo que admi r que tengo curiosidad. —Mike no había
oído a Abel acercarse, pero su padre se unió a la confrontación ahora. — Escuché que el guardián del
Omega fue encontrado muerto, con un cuchillo de plata en el pecho.
—Muy triste, —soltó Randall, agitando una mano. —Estoy seguro de que estaba profundamente
afectado. Escucha. El hecho es que todos nuestros omegas se han vuelto completamente
inmanejables, y es enteramente porque ese omega defectuoso no fue sacrificado cuando debería
haberlo sido.
Mike frunció el ceño. —No es como si fuera a vivir mucho empo.
—¡Ese no es el punto! El punto es que da un terrible ejemplo. Nunca fue puesto en su lugar, ¡y ahora
los otros omegas están en un estado de rebelión! ¿Cómo planeas dominarlos, Alto Alfa?
Abel soltó un pequeño gruñido de advertencia. —Bueno, pensé en ver qué querían. No significa que
les daré todo, pero después de ver a ese omega - después de entender que mi propio cachorro no
nacerá porque el omega que lo lleva preferiría morir antes que dejar que se críe en esta manada -
bueno, creo que probablemente es hora de pensar si nuestros caminos están realmente en equilibrio.
—Eres débil, Alfa. —Randall agitó la cabeza. —Fue un error unir nuestras manadas.
—Pero lo hiciste. —La voz de Abel tenía el inconfundible anillo de acero detrás. —Y te some ste,
formalmente. Te sugiero que no lo olvides, Randall.
Randall se fue furioso, gruñendo. Un par de sus lacayos de Grand Mesa le siguieron. —Vas a tener
problemas con él, —le dijo Mike a su padre.
—Me desafiará por el liderazgo. —Abel vio a su an guo compañero irse. —Esperaba que fuéramos
co-alfas cuando las manadas se fusionaran, pero después de que tu omega se fugara, eso no fue
realista. Está irritado por la posición secundaria desde entonces. —Abel giró la cabeza para mirar
directamente a Mike. —Ayudaste a tu chico a escapar.
Mike pudo haber men do. No le habría hecho ningún bien y respetaba demasiado a su padre como
para insultar su inteligencia. —Él es mi omega. Dijimos algunas cosas y se lo tomó literalmente, pero
nunca dejé de pensar en él como mi omega. No desde que me lo mostraste, hace empo.
Abel asin ó un par de veces, con una pequeña sonrisa alrededor de sus labios. Nunca había sido un
padre demasiado cariñoso, la responsabilidad de llevar una manada pesaba mucho sobre él, pero
Mike nunca había dudado del amor de su padre y ahora no lo hacía. —Estabas protegiendo a tu
Omega lo mejor que podías.
—Lo amo, papá. —Mike suspiró. —En endo que eso no cuenta mucho por aquí, pero lo amo. —Se
pasó una mano por el pelo. —Ojalá pudieras conocerlo como yo lo conozco. Es diez veces más listo
que cualquier alfa, y nunca lo he visto retroceder. Incluso intentó luchar contra mi voz alfa.
—Eso debe haber dolido. Especialmente si estaba embarazado en ese momento. —Abel miró
fijamente a la distancia. —Mira. Él es todo a lo que la manada se opone.
—Mucha gente ha dicho lo impresionados que están por él, papá.
—Mike se frotó la nuca. —Sé que nunca debí traerlo de vuelta aquí. Honestamente pensé que estaría
bien que la gente lo dejara pasar por mí. Porque soy tu hijo, porque soy su compañero, porque al final
hicimos lo que la gente quería que hiciéramos.
—Pero lo hiciste. Y yo también tengo mucha culpa por eso. No tenía ni idea de que los omegas eran
infelices, que se necesitaría una pequeña chispa para desencadenar algo así. —Él suspiró. —Cuida tu
espalda, Mike.
Randall es un idiota, pero ene aliados.
Mike sonrió. —Gracias, señor.
Recuperó su moto y abandonó las erras de la manada. No era tan ingenuo como para pensar que no
le seguían, así que condujo a sus perseguidores a una alegre persecución antes de perderlos en las
colinas.
Le llevó una hora y media conducir hasta Colorado Springs. Él había querido quedarse más cerca,
para mantener las cosas en Hartsel, pero Colorado Springs era una ciudad más grande y sería menos
probable que hubiera hombres o sus aliados fisgoneando. Encontró el hotel del que Marie le había
hablado en un mensaje de texto y subió corriendo las escaleras hasta la habitación que ella le había
indicado.
Marie abrió la puerta antes de que él pudiera llamar, porque las brujas podían hacer eso. —Estoy
rodeada de hombres lobo, —le siseó ella. —¡Y estos están recién llegados del bosque! ¡No estoy
seguro de que estén domes cados!
Mike entró en la habitación. El olor de Omega pudo haberlo
derribado, era tan fuerte. La razón de eso no hacía falta ser un genio para averiguarlo. Los cinco
omegas desaparecidos se habían acurrucado en una cama, tratando de hacer contacto piel a piel con
un pálido y sudoroso Danny.
Dios, pero Danny se veía horrible. Le habían quitado la ropa. Alguien lo había lavado, también, lo que
sólo podía ser para beneficio de todos, dado que había sido dejado en su propia suciedad durante su
cau verio.
Enfermedad omega. Era una enfermedad rara. Un omega nunca elegiría morir de esta manera; era
doloroso y humillante y probablemente el peor camino que una persona podría tomar. Mike lo había
visto unas cuantas veces, cuando un alfa se cansó de su omega y abandonó a la pobre criatura. La
mayoría de los alfas eran demasiado buenos para hacerle eso a alguien con quien se habían apareado,
incluso si ya no estaban enamorados de ese omega.
—Es la primera etapa, —dijo un omega mucho más joven, un niño de unos catorce años. Mike dio un
paso atrás involuntariamente. Si el niño había visto lo suficiente como para saber que se trataba de las
primeras etapas, lo había visto suceder lo suficiente como para reconocer los síntomas. Lo que
significaba que lo había visto pasar mucho más de lo que Mike lo había hecho. —Todavía está
bastante lúcido. Creo que puede tener hambre.
—¿Puede comer? —Mike le preguntó a Marie.
—¿Me lo preguntas a mí? Humano. —Se hizo señas con la mano. — Literalmente sólo trabajo aquí.
Eso es todo. Si lo atrapas en un buen momento, dale sopa o algo, supongo.
Mike se estremeció. —Yo podría…
—No sin permiso, —dijo el más viejo Omega.
Marie suspiró. —Oí lo que dijiste. Y tú estabas peleando, pero maldición, Mike. Te dije que no le
rompieras el corazón. —Agitó la cabeza y se volvió. —Condúcelo a un momento de lucidez y luego lo
llevaré de vuelta a casa. Encontraré una manera…
—¿Y qué pasa con el resto? —preguntó Mike, moviendo un pulgar hacia el montón de omegas. Uno
de ellos había entrado en su plena forma de lobo, aparentemente en un intento de mantener caliente
a Danny.
—Tratamos de mantenerlo cómodo, —explicó el chico. —No podemos darle lo que necesita, pero
podríamos retrasar lo inevitable.
Mike se mordió el labio, pero se acomodó al lado de la cama para esperar.
Danny se despertó de lo que parecía un sueño muy bueno después de unas horas. Ninguno de los
otros omegas mostró vergüenza por su obvia excitación, a pesar de que Danny mismo se sentía
incómodo. Mike tuvo la impresión, aunque nadie dijo nada, que si él y Marie no hubieran estado en la
habitación no habría habido ningún problema. —Estás aquí, — dijo Danny.
—Estoy aquí. —Se ró del cuello y miró los omegas. —¿Les importaría darnos un poco de privacidad?
Marie frunció el ceño. —Mike…
—Si quisiera forzarlo, lo habría hecho donde ese po de cosas aparentemente están bien. —Mike
cerró los ojos. —Sólo quiero tener una conversación vagamente privada con mi compañero, ¿de
acuerdo?
Las omegas se desprendieron de la cama en lo que parecían grumos. El que estaba en forma de lobo
dejó mechones de sí mismo, derramando pieles extra mientras caminaba. El grupo no se fue, pero se
retiraron a un rincón lejano y esperaron. Mike supuso que tomaría lo que pudiera.
—Tú me ayudaste. Al final. —Danny lo miró a los ojos. —Gracias.
—De nada. Fue una pequeña cosa, ya que yo causé todo esto.
Danny, escucha. Sé que ya lo he dicho, pero siento haber hecho esto. Siento tanto, tanto haberte
forzado a venir aquí. Nunca jamás volveré a usar mi voz alfa con go.
Danny puso una mueca de dolor. —Mira, quiero creerte. Lo hago. ¿Pero quién ene una herramienta
a su disposición que no usa? —Su respiración sonaba forzada, cansada.
—Alguien que ve el daño que puede hacer. Danny, por favor. Déjame trabajar para arreglar esto.
Iremos a casa a Nueva York, todo se arreglará. Descubriremos cómo evitar que eso vuelva a pasar. —
La mano de Danny tembló cuando salió de debajo de las sábanas. — ¿Por qué debería confiar en ?
—Porque he aprendido la lección, Danny. Todo lo demás que está pasando, lo resolveremos. Ahora
mismo, eres la única cosa en mi vida que importa. Haré lo que sea para mantenerte conmigo.
Danny miró hacia Marie y los Omegas. Todos ellos parecían
estar conteniendo la respiración. Cuando Marie le hizo un pequeño gesto con la cabeza, Danny se
mordió el labio. —Todavía estoy incómodo con esto, —dijo. —No con o en él, ni en . Pero yo tampoco
quiero morir. — Miró hacia abajo y luego miró a Mike a través de sus pestañas. —Y te amo, Mike.
—¿Incluso después de todo?
—Sí. Incluso después de todo.
Marie llevó a los omegas a una habitación con gua. Mike apenas les prestó atención. Se quitó la ropa
cuidadosamente antes de deslizarse entre las sábanas, envolviendo su cuerpo alrededor del de Danny.
Danny estaba demasiado enfermo para cualquier po de sexo en ese momento. Era suficiente con que
Mike lo sostuviera en sus brazos, con la piel desnuda tocándose en cada punto posible y revolcándose
en el aroma del otro. Oficialmente, sólo los omegas se enfermaban por falta de contacto con sus
compañeros. Ellos eran los únicos que tenían síntomas, los únicos que morirían por su pérdida.
Mike argumentaría ese punto. Puede que no tuviera los síntomas sicos, y puede que no haya sido
capaz de decir: —Esto es lo que está mal conmigo, —pero ahora que se encontró envolviendo el
fuerte cuerpo de Danny con el suyo propio, se dio cuenta de que todo dentro de él se sentía mil veces
mejor. Podría enfrentarse a diez enemigos, ahora que tenía su omega en sus brazos.
CAPÍTULO CUATRO

D anny se despertó en los brazos de su alfa. No estaba seguro de cómo sen rse al respecto. Parte
de él se sin ó genial. Esa parte se sin ó completa de nuevo, se sin ó como si pudiera levantarse y correr
mil millas o tal vez luchar contra otro grupo de seis alfas sólo por el placer de ver su sonrisa alfa.
Otra parte se sin ó derrotada. Si Mike había estado tan dispuesto a usar su voz alfa para traerlo aquí,
sabiendo cuáles serían las consecuencias, entonces probablemente la usaría de nuevo, y una vez que
Danny hubiera dejado que Mike le diera ese mordisco reivindica vo, se habría vuelto impotente contra
ella. No quería morir, pero no quería vivir bajo el pulgar de un alfa.
¿Qué parte era más fuerte?
Mike le sonrió cuando Danny se movió. —Hola, precioso. Me alegra ver cómo se te abren los ojos.
Danny dudó antes de responder, sin saber qué decir. En vez de eso, miró hacia otro lado, y se sentó.
—¿Qué sigue?
Mike se alejó, sólo un poquito. —Iba a decir que tú y yo tomamos esos omegas que convenciste de
dejar la manada y todos regresamos a la Gran Manzana. Pero no creo que hayamos terminado aquí.
—Probablemente tengas razón. —Danny se frotó la cara. —Van a venir por nosotros.
—Bueno, despertaste una especie de rebelión omega en toda la manada, cariño. Esos cinco se
fueron. Los otros se están resis endo a sus alfas. Completamente. Llevó todo un día antes de que los
alfas se pusieran nerviosos. —Mike le sonrió irónicamente.
—¿Todos ellos? —Danny sin ó cómo la sangre se le escapaba de la cara. —¿Incluso los Omegas de
Grand Mesa?
—Randall parecía más imbécil de lo normal, así que sí, supongo que sí. Lo último que supe es que
algunos de ellos se habían escondido con mi abuelo. Er, Aaron. —Tragó. —Voy a tener que
acostumbrarme a eso.
Danny se rió a pesar de sí mismo. —Ellos también lo harán. —Se levantó de la cama. —Él va a venir
por nosotros.
—Creo que lo hará. Pero Danny, prefiero que no intentes pelear.
Quiero decir, estás embarazado. ¿No deberías estar vomitando o algo así?
Danny buscó las alforjas de la moto de Mike y agarró unos vaqueros. —¿Cómo te las has arreglado
para vivir tanto empo sin saber nada del embarazo, Alfa? Honestamente. —Agitó la cabeza. —No
todos se enferman. Y estoy muy, muy al principio. —Miró hacia otro lado. — Demasiado pronto para
encariñarse, lo que probablemente sea bueno.
—Danny, —suspiró Mike, cruzando la habitación. Puso sus manos sobre el estómago de Danny, y
todo su cuerpo se sin ó más caliente. —Sí, empezar una familia con go sería genial. Y no voy a negar
que ya me siento un poco protector con el pequeño mordedor de tobillos. Deberíamos hablar con un
experto antes de descartarlo, ¿de acuerdo? — Besó los labios de Danny, un beso casto que se sin ó
casi limpio. —Me preocupa que luches por , no por una pequeña colección de células que podrían
conver rse en nuestro hijo, si está sano.
Danny se derri ó contra el cuerpo de Mike. —Tengo miedo, —dijo, apoyando la cabeza contra el
hombro de su alfa. —No veo buenos resultados aquí.
Mike lo besó de nuevo. —Estamos juntos. Vamos a resolver nuestra mierda, toda nuestra mierda, y
eso nos hará más fuertes. No voy a decirte que no pelees. Ni siquiera voy a pedirte que no pelees.
Sólo digo que preferiría que no lo hicieras porque estoy preocupado por .
—Haremos lo que tengamos que hacer. —Cerró los ojos. —Si tenemos que pelear, quiero recuperar
mi cuchillo.
—Estoy seguro de que nadie más quería tocarlo. ¿Cómo conseguiste un cuchillo de plata?
Danny se retiró. —Era de mi papá. —Volteó la cabeza. —Es el que usó… —Luchó contra una ola de
lágrimas.
—Espera, ¿tu padre se suicidó? —Mike tomó las manos de Danny, suavemente.
—Odiaba la vida, para cuando murió. Randall no era un buen
alfa. —Respiró hondo. —Él seguía dando vueltas por el valor de pres gio de tener tantos omegas en su
establo, ¿sabes? Dejaba que papá llegara al punto de la enfermedad omega y luego lo traía de vuelta,
sólo para empezar el ciclo de nuevo. Papá siempre estaba embarazado: nunca era bueno. No creo que
más de tres de sus cachorros hayan sobrevivido. — Levantó la barbilla. —Era la única forma en que
podía tener control sobre su vida.
Mike asin ó. —De acuerdo. Vale. Lo siento mucho, Danny. Siento mucho que hayas tenido que vivir
con eso. Y supongo que muchos de tus problemas enen más sen do ahora. No es que los omegas no
sean tratados mal en general, pero parece que Randall realmente los odia. Y enes una razón muy
específica - no es sólo un resen miento generalizado, esto es lo que te han enseñado a esperar. —Pasó
su mano por el pelo de Danny. —Siento mucho haberte dado alguna razón para pensar que eso te
estaba sucediendo de nuevo.
Danny olfateó, luchando contra las lágrimas de nuevo. —Mike, no soy sólo yo. Toda la manada de
Grand Mesa es así. Y San Isabel no está mucho mejor. Quiero decir que tu abuelo se sorprendió
cuando le pregunté su nombre.
—Va a mejorar, —prome ó Mike. —Ya está mejorando. Y no vamos a dejar que nos lleven, ¿de
acuerdo? Ni nosotros, ni los otros Omega.
Tenemos a Marie, sabemos lo que hacemos y vamos a ganar. — Danny forzó una sonrisa. —Hazlo a
lo grande o vete a casa.
—Claro que sí. —Mike bajó las manos a las caderas de Danny. Era un gesto familiar, un gesto que
había hecho miles de veces, y Danny no lo detuvo. Él no quería hacerlo. —Probablemente quieras una
ducha. Te limpiaron lo mejor que pudieron, pero sé cómo te sientes sobre lavarte. —
Danny asin ó. Dudó, con la mente desgarrada, y luego agarró la mano de su alfa. —¿Vienes?
Mike le miró a los ojos. —¿Seguro que quieres que lo haga?
Danny se las arregló para sonreír un poco. —Bueno, has estado revolcándote en el bosque durante
días, y es verano.
Mike no necesitaba que se lo dijeran dos veces.
Al principio, todo lo que Danny quería hacer era usar la ducha para su propósito. Apestaba, y ahora
que lo pensaba reconocía que el embarazo le había afilado la nariz mucho más de lo normal, algo que
las mujeres humanas también experimentaban a veces. Tomó el jabón y la toallita y se frotó cada cen
metro de sí mismo hasta que su piel se enrojeció, y luego se dio la vuelta y lavó a Mike también.
Entonces Mike le sonrió y le lavó el pelo, y Danny se convir ó de un omega nervioso y con náuseas en
un charco de felicidad, casi ronroneando al hombre lobo en cues ón de segundos. Siempre había
disfrutado cuando alguien jugaba con su cabello, parte de la razón por la que lo mantenía corto, y
Mike agregó un pequeño masaje en el cuero cabelludo que calentaba y relajaba todos los músculos
del cuerpo de Danny casi tan pronto como las manos de Mike lo tocaban.
Danny dio un pequeño gemido de satisfacción, y Mike lo besó. — ¿Así?, —le preguntó su alfa. —¿Te
sientes bien?
Danny puso su mano en el pecho de Mike, pasando sus dedos por los pectorales de su compañero.
—Siempre lo hace, —dijo, contento más allá de las palabras.
—¿Puedo hacer otra cosa?
Danny asin ó, y Mike le besó en el cuello. Dejó que sus manos se acercaran a los pezones de Danny,
Danny no se había dado cuenta antes de que alguien le había cambiado los anillos plateados de los
pezones por algo menos tóxico mientras estaba inconsciente; sospechó que había sido Marie, quien le
había sugerido la plata en primer lugar en su día. Debería estar enojado por eso, porque alguien hizo
cambios por él sin su consen miento, pero ahora mismo estaba demasiado feliz como para
preocuparse. Además, había querido hacerlo de todos modos, por si no era demasiado tarde.
Danny había estado completamente blando cuando fue al baño, pero se puso más duro de lo que
nunca había estado cuando su alfa le tocó la piel mojada y recalentada. Eso podría ser por los efectos
persistentes de la enfermedad omega, sabía, o podría ser el resultado de su embarazo. Fuera lo que
fuera, Danny estaba siendo presionado contra los azulejos y jadeando, mientras Mike probaba su piel
recién limpia y amaba cada segundo de ello.
Mike no daba oral muy a menudo. Lo hacía más que la mayoría
de los alfas, eso era seguro, pero no era algo que se le pasaba por la cabeza regularmente, y Danny
aceptó eso de él. Ahora mismo, sin embargo, mientras la boca caliente y húmeda de Mike se cerraba
alrededor de la cabeza de su polla con la lengua girando alrededor de la corona, Danny pensó que el
mundo podría acabarse si no se lo hacía al menos una vez a la semana. —Mike, —susurró, agarrando
el pelo de su compañero. —No te detengas.
Mike lo miró, una gota de agua pegada a una de sus estúpidas pestañas largas, y guiñó el ojo. Danny
recibió el mensaje. No tenía intención de detenerse.
Llevó a Danny tan lejos como pudo, con la can dad justa de succión para prenderle fuego al mundo
de Danny.
Danny gimoteó, tratando de no animarse y me éndose en la boca de su alfa mientras la mamada con
nuaba. No quería que terminara, pero tampoco sabía cuánto empo más podría durar. Todo se sentía
mucho más fuerte, mucho más caliente, mucho más pesado ahora, y su cerebro no podía procesar
todas las señales. Incluso el olor de Mike parecía más intenso que la úl ma vez que tuvieron sexo. —
Mike, —advir ó. —Estoy cerca. —
Mike no lo alejó. Sólo miró a Danny, adorándolo, y eso fue suficiente. Danny se corrió y Mike se
quedó donde estaba hasta que le sacó la úl ma réplica. Luego se levantó y besó a Danny, amable pero
todavía apasionado. —Eres tan hermoso, Danny, —declaró. —Tan increíblemente hermoso. Ojalá
todos pudieran verte así, ver lo hermoso que te ves cuando te corres, pero eres todo mío. Todo mío,
Danny. Y yo soy todo tuyo.
—Somos el uno del otro. —Danny besó a Mike. El sabor de sí mismo en la lengua de Mike le dio un
poco de emoción. —¿Quieres…
Su alfa agitó la cabeza. —No. Estoy bien. —Se sonrojó. —Sólo quería hacerte sen r bien, has estado
tan incómodo úl mamente, sicamente.
Vamos, no has comido en días. Marie trajo comida.
Marie había traído tor llas, con una tor lla de espinacas para Danny (a la plancha) y algo para Mike
que parecía que tenía suficiente grasa para lubricar un motor. Una vez que la pareja comió, se vis eron
y mandaron llamar a Marie y a los otros omegas.
Los otros seis se presentaron de nuevo en la sala y tomaron asiento. Los omegas miraron a Mike con
cierto temor, pero miraron a Danny como si fuera algo especial. Como si fuera una especie de
salvador o héroe, y no supieran cómo sen rse al respecto. Se aclaró la garganta y explicó donde
estaban, contando su historia sin adornos.
Selena se levantó. Ella era la mayor de las omegas, una linda jovencita que casi con toda seguridad se
había bau zado con el nombre de una personalidad de los medios sociales. Ella venía de la manada de
Grand Mesa, no es que la recordara de esos días. —¿Qué quieres que hagamos?, —le preguntó.
—Es tu elección, Selena, —le dijo con una sonrisa. —Parte de ser un omega libre significa tomar tus
propias decisiones todo el empo que puedas. No puedo prometerte que será perfecto. No puedo
prometerte que no te atraparán, o que no te harán daño si te atrapan. Lo que puedo prometerte es
que una vida libre vale cada riesgo.
Uno de los otros habló. Este probablemente era su medio hermano, estaba bastante seguro. El niño
era el más joven de los fugi vos, sólo tenía catorce años, y habría costado mucho para un niño tan
joven alejarse. Incluso se parecía un poco a Danny, aunque Danny pensó que podría haber estado
proyectando un poco. —¿Y las opciones son?
Marie le ró una uva a Danny, pero miró al niño. —Eres el hijo de Randall, ¿verdad, Brandon?
Brandon se sonrojó. —¿Tan obvio?
—Digamos que hay un parecido familiar. —Mike puso sus manos sobre los hombros de Danny y le
acarició. —Vuestras opciones son volver a la manada y esperar que no se enojen demasiado.
Considerando que el resto de los Omegas están organizando una protesta en este momento, tus
probabilidades son buenas. O puedes irte a otra ciudad y arriesgarte.
—O, —con nuó Mike, la voz retumbando profundamente en su pecho mientras Danny se recostaba
contra él, —puedes quedarte y pelear con nosotros. Estoy nervioso por eso. Eres joven. Algunos de
vosotros sois muy jóvenes. Pero no voy a prohibirlo. —Puso sus brazos alrededor de la cintura de
Danny y le dio un pequeño apretón. —Hace un empo aprendí que tratar de evitar que un omega
pelee, por lo general me duele más que si hubiera hecho las cosas bien la primera vez. Ninguno de
vosotros estáis aquí porque sois del po de los que se sientan y dejan que las cosas les pasen.
—Quiero pelear. —Selena se levantó. —Encontrarán la forma
de cazarnos a todos, de la misma forma que lo hicieron con Danny, si no lo hacemos.
Brandon estaba a su lado. —Estoy dentro. —Puede que termine mal, pero no voy a dejar que me
cojan sin hacer todo lo que esté en mi poder para luchar.
Danny puso una mueca de dolor. Podía adivinar de qué estaba huyendo Brandon.
Los otros tres se levantaron, uno a uno, y declararon sus intenciones de luchar también. —A mí me
parece que tenemos un ejército, —dijo Marie. —Este es el asunto. Podemos mantener estas dos
habitaciones seguras. No estoy tan tranquila con ningún otro lugar. Sé que es di cil para un lobo estar
dentro todo el empo.
Uno de los otros omegas, Danny pensó que su nombre podría ser Sco , levantó una mano vacilante.
—No te lo tomes a mal, ¿pero cómo lo sabes? Eres buena en lo que haces, pero sigues siendo
humana.
Danny se rió. —Cuando llegué a Nueva York, me encontró otro Omega libre. Él fue quien me
presentó a Marie. Y aprendió lo que sabe de otra persona. Hay humanos que saben de nosotros. Ellos
pueden ayudarnos. Y podemos ayudarlos.
Mike se rió. —Lo sé, va en contra de todo lo que has oído. No te preocupes; ninguno de los dos está
a punto de sugerir que todos salgamos en las no cias de la noche y nos convirtamos en lobos ante la
cámara. No hay muchos aliados, pero hay humanos buenos y sólidos en los que podemos confiar.
Marie miró a todos ellos. —Además, el pobre Danny era tan nuevo en la ciudad cuando lo conocí que
pensé que iba a explotar cada vez que mirara hacia arriba y viera rascacielos en vez de árboles.
Créeme, lo he visto antes.
Danny recordaba esos días. —Me he adaptado, —dijo, presionando sus manos contra su pecho en
fingida inocencia. —Mira, no quiero fingir que esto no va a ser una lucha dura, pero vamos a hacer lo
que podamos para ganarla.
Todos los omegas asin eron. Entendieron lo que estaba en juego.
Danny se volvió hacia Mike. —Supongo que tenemos trabajo que hacer.
Mike se tomó un minuto para sentarse en el cuarto que él y Danny habían compar do. Necesitaba un
descanso, sólo por un minuto. Había hecho todo lo posible para poner cara de valiente, pero la
realidad de la situación era que estaban un poco jodidos. Tenían un puñado de omegas que
probablemente nunca habían visto combate real, tenían a Danny - que defini vamente podía pelear,
pero cuya mera presencia cerca de algo tan peligroso como un corte de papel llevó a Mike a la
distracción, tenían a Marie, y tenían a Mike. No tenían armas de ningún po, más allá de lo que la
naturaleza les había dado. No tenían inves gación sobre su enemigo, ninguna en absoluto.
Sabía que Randall probablemente atacaría en algún momento. No había forma de que pudieran
permanecer ocultos para siempre. ¿Cuántos alfas podría traer Randall con él? Si sólo era Randall, Mike
no tenía de qué preocuparse. Podría derribar a Randall incluso dormido. Ya tenía suficiente ira y resen
miento acumulado contra el padre de su omega -ya ni siquiera podía pensar en la palabra padre- que
creía que no necesitaría a los demás.
Pero Randall tenía aliados. Tenía alfas de Grand Mesa de ideas afines, alfas a quienes se les había
enseñado que sus caminos eran los correctos, y que cualquier cosa diferente sería castrarse a sí
mismos. Tenía alfas más débiles de San Isabel, también, alfas que pensaban que tenían algo que ganar
manteniendo a otros hombres lobo abajo.
Abel le había dado a Mike permiso tácito para dejar las erras de la manada, para rescatar a su Omega
y regresar a Nueva York. Al menos, así fue como Mike interpretó las palabras de su padre. No le había
dado permiso para jugar al tren de rescate con un grupo de omegas fugi vos, o para quedarse y luchar
contra el alfa que se había conver do en su segundo al mando. ¿Abel daría la bienvenida a la
oportunidad de eliminar a un subordinado rebelde, o se resen ría con su hijo rebelde por darle a
Randall la excusa que necesitaba?
Luego estaba el bebé. Mike aún no había tenido la oportunidad de sentarse a pensar en el bebé.
Habían cambiado los anillos en los pezones de Danny a algo seguro mientras estaba inconsciente, más
como precaución para él durante su enfermedad que por precaución para el bebé, pero el resultado
final fue el mismo. Todavía no había perdido al bebé, así que lo más probable era que el embarazo
siguiera siendo viable.
Si todo iba bien y él y Danny sobrevivían a la pelea, Mike iba a ser padre.
No se había atrevido a pensar que vería el día, y aún así no se atrevía a confiar en que eso sucedería.
Su supervivencia era demasiado variable. Y Danny… bueno, Danny no estaba exactamente en las
nubes sobre todo el asunto. ¿Cómo podría, con razón, entusiasmarse por el bebé cuando sabía que su
pareja sólo podía ser ambivalente al respecto?
Al mismo empo, él y Danny harían un hermoso cachorro de lobo juntos. Su hijo se llevaría todo el
cerebro de Danny y toda la fuerza muscular de Mike, toda la gracia y el encanto de Danny y todo el
carisma y la resistencia de Mike.. Podría hacer más fuegos ar ficiales a medida que el niño creciera,
pero él quería que su hijo tuviera la fuerza de Danny, mientras crecía en un mundo tan peligroso.
La llegada del otro padre de su cachorro lo sacudió de su ensueño. —¿Qué enes en mente? —Danny
le preguntó, viniendo a pararse frente a él.
—Nada, —dijo Mike, encogiéndose de hombros. —Todo. No lo sé. No ha habido oportunidad de
sentarse a pensar desde que todo esto empezó.
—Háblame de ello. —Danny se quitó el pelo de los ojos. —Sólo deseo que…
Mike agarró la mano de Danny. Tenía mucho que hacer. —¿Desear qué?
—Ojalá tuviéramos más empo.
—Te preocupan las cosas con el bebé.

Todavía no puedo cambiar, Mike. Si no puedo cambiar, no puedo dar a luz. No es que vayan a saber
cómo hacerle una cesárea a un hombre lobo en el Presbiteriano de Nueva York, e incluso si lo
supieran, no sabrían por dónde empezar a cortar a un po. —Frunció el ceño. —No estoy seguro de por
dónde empezar a cortar.
—Hola. —Mike apretó suavemente las manos de Danny. —Lo resolveremos. Tenemos empo, ¿de
acuerdo? Mientras tanto, ¿qué hay de ese omega? ¿Brandon?
Danny se rió. —Es como si tuviera un mini-yo.
—¿Verdad? Me gusta él. ¿Es de tu papá…?
Danny se retorcía. —No estoy seguro. Es di cil de decir. Puede ser, el parecido está ahí. No sé cuántos
años tenía cuando papá murió, así que tal vez. Pero es un valiente, eso seguro.
—Me gusta cualquier cosa que me recuerde a . —El teléfono de Mike sonó, haciendo que ambos
hombres lobo se separaran. —Maldita sea. —Se sacó el teléfono del bolsillo y lo miró. —Número
desconocido.
Bueno, eso es ú l. —Él lo contestó. —¿Hola?
—¿Mike Royce? —La voz del otro lado era profunda, pero joven y familiar.
—Oye, eres uno de esos pos que tenían vigilando a Danny. —Mike sin ó que sus problemas se
elevaban cuando vio el color de Danny.
—Sí. Mi nombre es Noah. Estoy… escuchando. No me siento cómodo con lo que Randall DeMill ha
estado diciendo, ¿sabes? En endo que era un Alto Alfa y todo eso, y sé que ene derecho a opinar, pero
estoy preocupado por todos ustedes. No… no estoy dispuesto a quedarme sentado. Quiero ayudar, y
estoy bastante seguro de que todavía están en la zona.
Mike dudó. —Puedes entender por qué estoy un poco indeciso. —
Oh sí. Quiero decir, yo también estaría nervioso. ¿Qué tal en un lugar neutral? Me reuniré con go, en
algún si o en público. Nada de juegos.
Mike dudó. Si Noah estaba huyendo, estaba tomando un riesgo terriblemente grande incluso
llegando al grupo de Colorado Springs. —Hay un Pancake Haus cerca de la salida de la I-25, —dijo
finalmente. —Estaré allí. Trae las cosas de Danny, si puedes ponerles las manos encima. Ese cuchillo
suyo ene valor sen mental.
—También ene valor sen mental para mí, —se quejó Noah. —Es la primera vez que me cortan con
plata. Está en la parte de atrás de la camioneta de Phil; puedo conseguirlo. Te veré allí en dos horas y
media.
Mike terminó la llamada y explicó lo que le había pasado a los demás. No hace falta decir que nadie
quería dejarlo ir solo. — Esencialmente es un suicidio, —le dijo Marie. —Noah podría ser un buen po,
pero también podría ser seguido. Es todo eso de que vosotros sois rastreadores natos lo que me está
volviendo loco, amigo.

—Yo también estoy nervioso por eso, —le dijo Mike. —Por ello no estoy dispuesto a tener ninguno
de los omegas, incluyendo a Danny, en ningún lugar cerca de donde podría estar un alfa. —Es
demasiado peligroso.
—Si te perdemos, perdemos a nuestro único alfa, —dijo Selena.
—Y si perdemos a Marie o Danny y a mí, estáis como en un arroyo.
No sabes adónde ir o qué hacer desde aquí. —Mike agitó la cabeza.
—Así que escribo las direcciones, —sonrió Danny. —No es que no haya hecho el viaje antes.
—Te ene ahí, alfa, —se rió Brandon, escondiendo su risa detrás de su mano.
—Sé amable, Brandon, —regañó Sco .
Qué tal esto, —propuso Marie, interviniendo entre los grupos de hombres. —Danny se va con Mike,
porque se preocupará mientras Mike no esté y al menos así Mike podrá vigilarlo.
Mike giró la cabeza y miró a Danny. —¿Te preocuparías?
—Se me conoce por preocuparme. —Frunció los labios. —¿Serás capaz de mantener el fuerte contra
Randall si viene en busca de pelea?
—No tengo miedo. —Marie cogió una bolsita de tela, atada con un cordel. —Resis remos.
—Está bien, supongo que me rechazaron. —Mike se pasó la mano por el pelo. —Quiero que os
quedéis dentro, mantened las cor nas cerradas y las luces apagadas. No sé si ayudará, pero seguro
que no puede hacer daño.
—Lo tengo, —dijo Selena. —Estaremos bien.
Con eso, Danny sacó a Mike del hotel.
The Pancake Haus era como cualquier otro Pancake Haus en el país, con una decoración pseudo-
bávara y música de banda oompah tocando suavemente en un pequeño sistema de sonido. Mike
odiaba el lugar, pero le gustaba la comida. Hoy, sin embargo, la comida era sólo para mostrar. Su
estómago estaba demasiado anudado como para dejarlo comer, incluso deliciosos panqueques de
patata con puré de manzana.
Danny puso una cara rara. —Si alguna vez hubo alguna duda de que este es tu hijo, esto lo resuelve,
—dijo. —Las patatas fritas con tocino se ven bien.
—Eso es una obra de arte, Danny, —le dijo Mike. —Has sido un chef elegante de Nueva York por
mucho empo, necesitas aprender de nuevo a qué sabe la comida de verdad.
Danny empujó el plato de Mike con su tenedor. —¿Cenizas viejas y trampas de grasa sin lavar?
Exactamente. —Mike revolvía su comida, pero no podía obligarse a comer. —Bueno, tal vez he estado
en Nueva York demasiado empo, también. —Sin ó a Danny tenso a su lado. —Hora del espectáculo,
supongo.

Noah resultó ser el joven alfa de pelo oscuro que había hablado a favor de los omegas durante el
juicio-espectáculo de Danny. Los vio entre la mul tud de inmediato y se sentó en su mesa, de espaldas
a la puerta. — Buenas tardes, —saludó. —Me alegra ver que te ves mejor. —Puso una mueca de
dolor. —Sabes, cuando enviaron a seis de nosotros para que te trajéramos, pensamos que era un
poco exagerado, ¿sabes? Quiero decir, ¿seis alfas para traer un Omega? —Se volvió hacia Mike. —Nos
quitó un buen pedazo a todos y cada uno de nosotros. Te lo estoy diciendo, era bastante
impresionante.
Danny sonrió, mostrando los dientes. —Gracias.
—Necesito disculparme. Hice lo que me dijeron, pero no entendí lo que estaba pasando. No debería
haber sido parte de eso y ojalá no lo hubiera sido. —Noah respiró hondo y Mike sin ó que algo lo
golpeaba en la rodilla. —Necesitarás eso, de cualquier manera.
Mike dejó que Danny se lo llevara. Le haría sen rse mejor, y de todos modos le resultaba más fácil
tocar la plata. —Sabes, si te unes a nosotros, no vas a poder volver a la manada, —dijo mientras
Danny escondía su cuchillo en su lugar habitual.
—Tendré que lidiar con eso. —Noé lo miró con ojos oscuros y ensombrecidos. —No puedo vivir
como parte de esa manada. No después de lo que he visto ahora, no con lo que he oído. Y no con
Randall DeMill corriendo por ahí. —Le disparó a Danny media sonrisa. —Muchos de los lobos de
Grand Mesa han sido geniales. Buenos chicos. Pero ese DeMill, ¿y las cosas que llama “tradiciones”?
No quiero ser parte de eso. Puedo ir a
Nueva York e intentar empezar por allí, o puedo ir a otro si o. No lo sé, lo resolveré. Pero he
terminado.
Mike apretó el tenedor en su mano. Todo se estaba saliendo de control. Sólo quería ver a su padre
una úl ma vez antes de morir, y luego quería rescatar al amor de su vida de su propio error. Ahora
parecía que estaba co-liderando una pequeña rebelión de la manada, lo que no quería hacer.
A veces pasaban cosas, lo quisiera o no. No podía oler ningún engaño en el alfa más joven, y
necesitaban la ayuda. —Bien. Ven con nosotros. Estamos en un hotel no muy lejos.
El viaje hasta el hotel duró unos diez minutos, y eso fue sólo por el tráfico. Cuando llegaron, Mike
casi se cae de la moto conmocionado ante la escena que lo recibió. El estacionamiento estaba lleno de
policías. No menos de diez coches de policía, y una unidad de la escena del crimen, bloqueando la
entrada principal.
Marie mantuvo al grupo de fugi vos a un lado del estacionamiento, en una esquina. Tenía
documentos falsos, proporcionados por Mark en Nueva York, que aseguraban al mundo que ella era la
tutora legal temporal de los cinco menores, pero ninguno de los niños podría llevar adelante una men
ra tan grande. No ahora, y no bajo el po de estrés que la situación actual causaba.
Cuando Mike se acercó, notó que el grupo de fugi vos era más pequeño de lo que esperaba. —
¿Dónde está Brandon? —Preguntó Danny, con voz áspera. —¿Y Sco ?
—Mataron a Sco . —Marie tembló tanto mientras hablaba que
Selena tuvo que sostenerla, una tarea que Danny asumió de inmediato. —
Vinieron, diez de ellos. Había demasiados. Luchamos, tan duro como pudimos. Sco estaba … su líder le
arrancó la garganta. Con sus dientes. — Enterró su cara en el pecho de Danny. —¿Quién hace eso?
Noah y Mike se miraron fijamente el uno al otro por un momento.
—Randall, —dijeron, al unísono.
—¿Tiene Randall a Brandon? —preguntó Danny. Mike podía darse cuenta, por el tono de su voz, que
estaba tratando de sonar gen l. Tenía un éxito limitado.
Selena asin ó. —Se sacrificó para salvarme. —Se echó a llorar y Noah la tomó en sus brazos. —
Encargó a su propio padre que me salvara, y se lo llevaron.
Mike se alejó. No iba a perderlo, no así. Era un lobo adulto con experiencia; no iba a alborotar en un
lugar público como éste. Pero quería hacerlo. Podía sen r como su cuerpo se esforzaba por cambiar,
amenazando con reventar las costuras. —Lo mataré, —juró. —Pero primero. —Sacó su teléfono y
llamó a su padre.
Abel contestó el teléfono de inmediato. —Mike, ¿qué pasa?
Mike gruñó. —¿Qué pasa? Te lo diré -
Danny le quitó el teléfono. —Randall DeMill ha atacado un hotel en medio de un área humana
poblada, a plena vista de los humanos, y ha matado a un omega. A la vista, —añadió, con énfasis, —de
los humanos. La policía humana se ha involucrado, porque otras personas lo han hecho.
Mike gruñó, y Danny sonrió mientras escuchaba la respuesta del Alto Alfa. —Estaremos encantados
de tener ayuda. Te veremos allí. —Se volvió hacia Mike. —Hay un lugar en el desierto de los Spanish
Peaks. Cree que habrán ido allí.
—Entonces ahí es adónde vamos. —Mike sin ó que su brazo se movía y lo forzó a retroceder. —Voy a
conver r su piel en una alfombra.
Danny palmeó la empuñadura de su cuchillo. —Te ayudaré.

CAPÍTULO CINCO

D anny fue hasta Spanish Peaks. Tenía un vago recuerdo del lugar.

Randall había llevado a todo el grupo de Grand Mesa a visitar San Isabel, cuando había ofrecido a
Danny como parte de un tratado. La rabia de Danny no disminuyó en absoluto durante el viaje de dos
horas, que debería haber sido un viaje de dos horas y media, pero no era como si un accidente los
matara.
Randall nunca había usado mucho a Danny. Danny no había pensado mucho en eso cuando era un
cachorro. Pensaba que era normal. A medida que crecía, la indiferencia de su padre le irritaba. El
comportamiento de su padre hacia su otro padre había dolido más. Cuando papá se había suicidado -
la única manera de escapar - Danny había jurado que no tendría la vida que tenía su papá.
Randall tenía otras ideas. El hecho de que hubiera llevado a su Omega al suicidio no parecía haberle
afectado. Danny no habría sabido que los alfas se suponía que tenían que proteger o apreciar a sus
compañeros si no fuera por las viejas historias, mitos que había descartado hace mucho empo.
Todo eso era ruido de fondo, una línea constante de rabia que le ayudó a resis r el señuelo de su
sangre y el miedo en su corazón cuando se fue hace tantos años. Tal vez Randall no había ido tras él a
propósito. Tal vez sí, o tal vez había aprovechado la oportunidad que se le presentó cuando Danny
apareció en su puerta. Pero Randall había intentado atacar a Danny, destruirlo por escapar del cargo
que Randall le había definido.
Y cuando eso no funcionó, cuando Danny salió con su alfa, Randall se llevó a Brandon.
Se había llevado a Brandon, pero también había matado a Sco . Danny no conocía a Sco desde hacía
más de un día, pero sabía que Sco era un chico dulce e inteligente que quería ser enfermero y ayudar
a la gente. Ahora Sco estaba muerto. Hizo daño a Marie, aunque sea ligeramente. Hizo daño a Selena
y a los otros dos omegas.
El padre de Mike, Danny pensó que su nombre era Abel, les había ofrecido los servicios de la manada
de San Isabel para recuperar uno de los suyos. Más tarde, Danny pensaría en las implicaciones de esa
declaración. Ahora mismo, cuando la moto entró en un aparcamiento, sólo quería sangre. Sangre alfa,
y mucha.
Por un segundo, pensó que podría haberlo conseguido. Cogió el familiar aroma de alfa en la brisa,
escondido entre las sombras de los árboles, pero un momento de consideración le dijo que estos no
eran su padre y sus hombres. Los olores de estos lobos llevaban los minerales de este lugar en vez de
las notas a las que estaba acostumbrado. Esta era la manada de San Isabel, la manada del padre de
Mike.
La mitad de los hombres estaban en forma de lobo. Aquellos que caminaban sobre dos patas lo
hacían en formas que iban desde totalmente humanas hasta algo directamente salido de las malas
películas de terror. Abel parecía lo suficientemente humano, si acaso de acero, mientras caminaba
hacia los neoyorquinos. —Hijo, —dijo, asin endo a Mike. Se volvió hacia Danny. —Danny.
Un murmullo se oyó entre los hombres de Abel y entre los neoyorquinos. Era la primera vez en la
historia que un alfa mayor, y además el Alfa Mayor, se dirigía a un omega que no era el suyo en
público. También se dirigió a Danny por su nombre. La facción de Grand Mesa habría explotado con la
idea, si hubieran estado allí. —Señor, —saludó Mike, con un respetuoso asen miento. —Gracias por
llamar.
Danny hizo una pequeña reverencia, mostrando tanto respeto como lo haría un alfa.
—Debí haberme dado cuenta de lo que estaba haciendo, y no lo hice. Cualquier cosa que quieras
hacerle, Alfa, es tu decisión. Nadie levantará la mano contra . Si lo atrapamos, haremos todo lo posible
para traerlo vivo. —Sonrió, una expresión aterradora en una cara como esa. — Sin embargo, no
prometo nada.
La sonrisa de respuesta de Mike era idén ca a la de su padre, todo lobo. —Tienes que hacer lo que
enes que hacer. Encontrémoslo.
Abel gruñó algo a su manada que Danny sólo podía entender a medias, y la manada de San Isabel se
dispersó. Danny se alejó de los demás. No podía pensar con tantos perfumes alfa a su alrededor,
apenas podía respirar. Necesitaba encontrar el nte familiar del cobre y el pincel seco que
normalmente asociaba con su manada na va.
Dio unos pasos más y luego unos pasos más. —Lo tengo, —anunció, esperando que Mike pudiera
oírlo. Luego se fue corriendo.
El olor de su padre zigzagueaba entre los árboles, al sur y al
suroeste de donde se habían encontrado con los alfas de San Isabel. Randall había sido cuidadoso, y
había estado haciendo esto por mucho empo. Conocía estos bosques mejor que Danny, pero Danny
estaba más que decidido a llevar a su padre ante la jus cia. No iba a permi rse fracasar. Siguió el
sendero durante cinco millas, entretejiendo árboles y sobre senderos de ciervos y subiendo por la
mitad de un acan lado antes de tener que admi r que el aroma se había enfriado.
Quería pisotear, gritar y gritar, aullando frustrado. No hizo nada de eso. En vez de eso, cerró los ojos
e intentó concentrarse. Era esencialmente un extraño aquí en este bosque, pero había estado en
situaciones similares antes. Solía perderse todo el empo en Nueva York antes de descubrir la ciudad. Y
también había cazado en Manha an, buscando el po de depredador que quería hacer de la vida un
infierno para el humano normal o el humano paranormal. No importaba.
Siempre que el villano quería sacudirlo, subían. No funcionó en Nueva York, y no iba a funcionar aquí.
Danny levantó la vista. Incluso ahora, a la tenue luz de la noche, Danny podía ver el camino de ramas
dobladas dejadas por un hombre del tamaño de su padre.
Siguió el camino durante otras tres millas, hasta que se detuvo. Danny se detuvo, su cuchillo de plata
en la mano. El rastro había terminado, pero aún podía oler a Randall. —¿Qué pasa, Randall?, —llamó.
—¿Demasiado cobarde para enfrentarse a un pequeño omega
embarazado?
El chasquido de una sola rama detrás de él fue toda la advertencia que recibió antes de que manos
fuertes lo agarraran. Una mano le agarró el pelo, rando de su cabeza hacia atrás y exponiendo su
garganta. El otro lo agarró con fuerza por el pecho para que no pudiera moverse. — Demasiado listo
para caer en cualquiera de tus estúpidos juegos mentales omega, —siseó Randall en su oído. —
Realmente enes a toda la manada en un buen lío.
Danny luchó contra el pánico. No le serviría de nada. Esto no era un ogro. Este era sólo un alfa y uno
más viejo. —Gracioso. Todo lo que se necesitaba era que una persona dijera: —No, prueba otra cosa y
de repente nadie estaba dispuesto a aguantar tu mierda, Randall.
Randall lo empujó lejos, rastrillando las garras en la espalda de Danny. Se mordió el grito; esas garras
dolían. —¡Me llamarás Alfa!, — escupió.
—Nah. —Danny tosió, sin éndose caliente, sangre húmeda goteando por su espalda. —Nunca fuiste
un gran alfa. Controlabas a tu familia a través del miedo y el dolor, y controlabas a tu manada a través
de cuentos de hadas sobre una jerarquía mí ca. —Se agachó, preparándose para saltar. —Nótese mi
uso del empo pasado aquí.
—Sabes que ese idiota que se apareó con go no te echará de menos cuando te haya matado. —
Randall trató de rodear a Danny, moviéndose hacia su izquierda. —Cogerá uno de esos omegas más
bonitos y jóvenes. Los vírgenes… ¿qué, pensaste que no sabía de todos esos otros hombres que
dejaste tocarte cuando llegaste a Nueva York?
—Sé que es un hecho que no te importa. —Danny miraba los ojos de su padre. Siguiendo sus manos
nunca había hecho mucho bien; le gustaba fingir y te atrapaba todo el empo. Tenías que mirarle a los
ojos para darte cuenta de lo que estaba tramando. —Todos hicieron un buen trabajo tratando de
separarnos, pero eso no va a pasar.
—Hasta que tus huesos sean cenizas. Como esa puta de Omega que te tuvo.
Danny vio rojo. —¡No puedes hablar así de él!
—Era mío. Puedo hablar de él como quiera. No veo por qué están tan preocupados; él los quería
menos que yo. —Randall le saltó encima a Danny con la intención de darle un golpe mortal.
Danny dio un paso al costado y cortó con el cuchillo de plata. Aterrizó con un buen corte en el cuello.
No era suficiente para matar, pero si la forma en que aullaba Randall era un indicio, dolía como el
demonio. — No le culpo. Le forzaste.
—No puedes forzar a un Omega. —Randall saltó de nuevo, su enorme brazo arqueándose para
golpear.
La rabia de Danny explotó en un aullido y un estallido de dolor insoportable. Sentía como si cada
hueso de su cuerpo explotara, se es rara, se remodelara. Gritó mientras sus órganos internos se
reorganizaban, su cuerpo haciéndose más largo y delgado y más fuerte. Su cara dolió más cuando
todo su cráneo se es ró y alargó.
El proceso entero tomó tres segundos aterradores, aunque para Danny se sin ó como una eternidad.
No había cambiado en doce años, quizás más - no desde que decidió que encontraría una manera de
evitar la vida de un omega para siempre. Ahora se agachó entre los restos de sus ropas, todo el
bosque vivo para sen r, su ser humano no tenía palabras para describirlo. Gruñó, sus mandíbulas
abiertas y listo para cerrarle el pico a su padre.
Randall sonrió con suficiencia. —Así que eres un lobo después
de todo. Pensé que habías encontrado una manera de matar eso.
Lo haría, si pudiera. Danny trató de hablar, pero su hocico no formaba las palabras. Tenía la forma
equivocada. Todo lo que salió fue un largo y bajo gruñido que terminó en un malicioso gruñido con un
chasquido, justo en el final. Danny no esperó a ver si su padre podía entender su intención. Se lanzó a
la acción.
Probablemente debería haber sido torpe en esta forma, estando fuera de prác ca y todo eso. De
hecho, Randall claramente esperaba que cayera como un pez fuera del agua. En vez de eso, el ins nto
llevó a Danny hacia delante, sin tropezar. Cuando Randall se quitó del camino del salto de Danny,
Danny se giró en el aire y le cogió el tobillo con la mandíbula. Randall rastrilló con sus garras el
costado de Danny, y supo que eso le dolería más tarde. Por ahora, esquivó la peor parte del golpe y le
clavó sus propias garras en la garganta a su padre.
Danny notó algo en la técnica de lucha de Randall. Su padre, a pesar de todas sus posturas, sólo
parecía estar dispuesto a usar un arma: sus garras. O no podía o no quería cambiar. No cambiaría su
boca para poder usar su poderosa mordida, no cambiaría sus piernas para darle el doble de garras.
Sólo usaría las garras al final de manos muy humanas, no aumentaría su volumen con las formas
intermedias.
A pesar de todas sus burlas de Danny por no haber cambiado en tanto empo, era Randall quien tenía
más miedo de su lobo.
Danny usó eso a su favor. Se agachó entre las piernas de su padre para hacerle tropezar y luego le
arañó la espalda. Le mordió las pantorrillas y los talones, y saltó para dejar marcas de garras en la
miserable cabeza calva de su padre. Le arrancó trozos del costado y del muslo de su padre, y le extrajo
aullidos de dolor.
Por supuesto, Randall era un guerrero consumado. Él repar a el dolor casi tan a menudo como lo
daba, pero sus ataques no podían compararse con lo que Danny repar a en su forma de lobo.
Mientras que Randall a veces lograba hacer un buen corte con sus garras, la mayoría de las veces tenía
que contentarse con sus puños. Los hombres lobo pueden notar un trauma smo por objeto
contundente, pero no les afecta. La verdad es que no.
Randall tenía más experiencia peleando con hombres lobo, pero Danny tenía la juventud de su lado.
Ambos tenían suficiente odio y resen miento el uno hacia el otro como para alimentar otras diez
luchas, tanto a nivel personal como por lo que el otro representaba. Randall había recibido algunos
buenos golpes con los puños, y Danny probablemente los sen ría por un empo, pero Danny había
dejado más sangre y una de esas heridas había sido hecha con plata.
Al final, Randall perdió energía demasiado rápido para ganar. Volvió tambaleándose bajo otro ataque
de mordedura saltarina de Danny y tropezó con un tronco, uno sobre el que nunca se habría caído si
hubiera estado en buena forma. Danny se quedó sobre él, cerrando sus mandíbulas alrededor del
cuello de su padre con un agarre ineludible.
La sangre de Randall, teñida con el sabor de alfa y la mancha de odio, la a caliente y amarga en la
boca de Danny. El omega arrancó todo lo que pudo encontrar en el cuello, hueso, car lago, venas y
arterias del alfa. La cara de su padre se retorció con una úl ma mueca de desprecio antes de que la luz
se apagara en sus ojos y él se quedó quieto.
Danny cayó sobre sus caderas, escupiendo carne y hueso. Trató de limpiarse la sangre del hocico,
pero no pudo. Si alguna vez volvía a su forma humana, iba a beber un galón de whisky sólo para
borrar el sabor de su paladar.
El sol se había puesto. Estaba solo con el cadáver del líder de algunos alfas muy reaccionarios. Alfas
que probablemente no estarían muy contentos de encontrar que su demagogo había sido eliminado
por un humilde omega defectuoso.
Al mismo empo, necesitaba hacer saber a los demás que había tenido éxito. Se sentó, echó la cabeza
hacia atrás y aulló por primera vez en su vida.
Durante dos minutos, todo el bosque se quedó quieto. Ni siquiera los grillos hicieron ruido. Entonces
otro aullido de lobo volvió a él, y otro, y otro.
No conocía las voces de esos lobos, pero sabía lo que decían. Esos fueron aullidos de victoria. Se
habían dado cuenta del grito triunfal de Danny y estaban en camino para examinar el bo n.
¿Eran la gente de Danny? Dio vueltas alrededor del cuerpo, su trofeo, y esperó.
Después de media hora, Mike llegó. Se detuvo brevemente cuando vio el cadáver de Randall delante
de él, y luego volvió sus hermosos ojos azules hacia Danny. —¿Danny? —Tragó. —Por favor, dime que
eres tú. —
Danny se quejó. Odiaba el sonido, quería rascarse sus propias cuerdas vocales, pero ¿qué podía
hacer?
—¿Estás… estás atascado?
Danny arañó el suelo.
Mike se mordió el labio. —Cambiaste y ahora no sabes cómo volver. —Agitó la cabeza. Danny no
sabía si su alfa estaba irritado o tratando de ocultar la risa. —Impresionante.
Danny gruñó a su compañero, no en serio, pero lo suficiente como para hacerle saber que no
pensaba que la situación fuera graciosa.
—Piensa bien en los pulgares opuestos y espera el cambio. —Mike ofreció.
Danny suspiró y se sentó. Valió la pena intentarlo. Se concentró en su forma humana, tratando de
recordar cómo se sin ó la úl ma vez que cambió de forma. La mayor parte de lo que recordaba era
dolor; no le había gustado en absoluto.
El cambio fue más rápido esta vez. Dolió más, pero fue más rápido. —Maldita sea, Mike, —murmuró,
limpiándose la boca con una mano sucia.
Mike estaba a su lado en un segundo, ayudándole a ponerse de pie.
—Tengo que decir, Danny, que tu lobo es precioso.
Mike miró el cadáver de Randall. Danny finalmente había cambiado, por primera vez en más de una
década. Esto era grande. Esto era más grande que grande. Y lo hizo para acabar con un an guo Alto
Alfa que se había vuelto corrupto.
Su padre y los otros cazadores de San Isabel llegaron después de otros quince minutos. Algunos de
ellos estaban ensangrentados. El mismo Mike iba a necesitar una muda de ropa. Los seguidores de
Randall no se habían ido en silencio. Uno o dos de los más sabios se habían some do cuando se
enfrentaron a la enormidad de las fuerzas contra ellos. Serían reeducados y reabsorbidos en la
manada si fuera posible. Después de todo, sólo habían estado siguiendo a su alfa.
El resto, por otro lado, había decidido hacer una úl ma toma de posición.
Mike no esperaba mucho de los omegas adolescentes. Los Omegas en San Isabel no habían pasado
mucho empo peleando cuando era niño, y por lo que había aprendido de Danny, los Omegas de la
Gran Mesa se habrían me do en muchos problemas por siquiera pensar en pelear. Sin embargo, todos
estos niños parecían tener buenos ins ntos, porque no necesitaban mucho cuidado cuando las cosas
se ponían feas.
Marie también parecía sen r que tenía algo que probar. Canalizó su energía en rocas y piedras, dando
a la propia erra el mismo po de efecto que la plata. Fue una tác ca sorprendentemente efec va,
especialmente cuando Selena mató a un alfa con un palo afilado y bien colocado.
Y ahora se había acabado. Su padre se acercó a Mike mientras Danny trataba de esconderse detrás
de él. Si Danny se estaba escondiendo por la desnudez o por el hecho de que él, un omega, acababa
de matar a un alfa, Mike no lo sabía. —Hijo, —dijo, y suspiró. —Hoy me has hecho sen r orgulloso.
—Apenas hice nada, señor. —Mike agitó la cabeza. —Quiero decir, Danny fue el que mató a Randall.
Abel frunció su cara como si hubiera olfateado carne rancia. —Si hubiera sabido lo rabioso que era
Randall, nunca habría fusionado las manadas. —Inclinó la cabeza hacia un lado, su cara
enderezándose. —Sin embargo, hubiera querido que nuestros hijos se acoplaran. —Le guiñó el ojo a
Danny. —Estoy bastante seguro de que su hijo mayor es cosa de leyendas. Cualquiera estaría
orgulloso de tener nietos de su linaje. — Extendió una mano.
Danny dudó. Mike trató de no ser obvio acerca de la revisión, pero no podía oler ningún miedo en su
pareja. —Gracias, señor. —Tomó la mano. —Estoy bastante seguro de que no hay otro linaje que yo
consideraría.
Abel sonrió un poco entonces, la extraña conversación parecía haberle dado algún po de consuelo
por la agitación que su visión del mundo había sufrido en los últimos días. Parte de Mike se sin ó mal
por él. El resto de él sabía que el viejo se lo había hecho a sí mismo cuando usó men ras para traer a
Mike y Danny aquí en primer lugar. —Parece que enes una pequeña manada a tu lado, hijo.
Mike no se permi ó saltar, aunque quería hacerlo. No había estado comenzando una manada. Sólo
había estado tratando de hacer lo correcto. Sin embargo, no pensó que decir eso ahora mismo
ayudaría a nadie. —Tal vez, señor. Tal vez.
—Buena suerte con eso, Alfa. No seas un extraño.
Un poco de orgullo corrió por el cuerpo de Mike. Su padre acababa de reconocerlo como un igual.
Nadie podría quitarle un día como éste. — Gracias, señor. Tú tampoco.
—Oh, estaré allí cuando nazca ese bebé, no te preocupes. —Abel guiñó el ojo. —Tal vez lleve a Aaron
conmigo. Necesitarás ayuda, y siempre hemos tenido curiosidad por Broadway. —Con eso, el Alto Alfa
se dio la vuelta y se alejó, seguido por los otros miembros de la manada de San Isabel.
Marie y los otros Omegas miraron a Mike. —¿Qué hacemos ahora?
—Preguntó Selena.
—Todavía tengo un hermano —Danny se aclaró la garganta. —Sería bueno ver si mi padre lo dejó
vivir.
Mike asin ó, sin éndose culpable. —¿Sientes su presencia en alguna parte?
Danny cerró los ojos y olfateó. —Por ahí, —dijo, señalando hacia el oeste.
Les tomó unos veinte minutos encontrar el rastro de Brandon, y otra hora para encontrar la cueva
donde había estado escondido. El joven omega estaba un poco golpeado y aterrorizado, pero cuando
vio a su hermano mayor entrar por la boca de la cueva, su sonrisa pudo haber iluminado una ciudad.
—Randall dijo que sólo uno de ustedes vendría por mí, —dijo y se sonrojó.
—Oye, —le dijo Danny, mientras Mike miraba. —Está bien si estabas asustado, ¿de acuerdo?
Recuerda, me tenían encadenado en esa cabaña. Estaba aterrorizado. —Encontró una llave,
demasiado lejos del alcance de Brandon, y dejó que Mike liberara al Omega. —Vamos. Busquemos
otro hotel.
Cogieron tres habitaciones en un hotel de calidad media en Trinidad. No había razón para ir más
lejos; nadie vendría por ellos ahora. Mike no podía librarse de una cierta can dad de paranoia, pero
sabía que era sólo por la pelea. Habían ganado, estaban bien, y sólo ls tomaría un poco de empo
convencer a su cerebro de dinosaurio de eso.
Él y Danny tenían una habitación para ellos solos. Tal vez fue egoísta ya que Noah y Marie tuvieron
que compar r y los omegas tuvieron que compar r sus camas, pero los omegas dijeron que lo preferían
así y que los dos merecían tener su propio lugar.
—Tienen razón, —sonrió Noah, pasándole a Danny la botella de bourbon que empezó a pedir tan
pronto como encontró unos pantalones. —No hubiéramos podido llevar a cabo todo esto si no fuera
por y tu relación con tu padre, Mike. Y Danny, tú mataste a Randall. Así que, aquí enes.
Mike no podría discu r eso. Danny, resultó que no quería. A Mike le gustaba esta nueva confianza en
su compañero. Le dio ideas. La pareja se retiró a su habitación y antes de que Mike se diera cuenta de
lo que estaba pasando, Danny se había despojado de su ropa prestada apresuradamente y corrió a
ducharse. —¿Cuál es tu daño? —Mike le preguntó.
—Cambié. —Danny agarró el enjuague bucal de cortesía y vació toda la botella en su boca. —
Cambié, y le arranqué la garganta a alguien, y ahora tengo agallas y cosas en los dientes, y sólo quiero
lavarme.
Mike podía entender eso, supuso. —¿Estás bien con eso?
—¡En mis dientes, Mike! —Danny hizo gárgaras antes de con nuar.
—En mis dientes de verdad.
Mike se deslizó en el baño. —Quiero decir, ¿estás de acuerdo con todo lo que pasó?
—¿Quieres decir que he llegado a la conclusión de que me he conver do en un lobo peludo gigante?
¿O haber matado a mi único padre vivo? ¿Quién, ya que estamos, quería matarme? —Danny puso los
ojos en blanco y se me ó en la ducha. —Oh sí. Estoy fenomenal.
Mike agitó la cabeza y se quitó la ropa. —Sé que probablemente no estés emocionado con el cambio.
—No lo planeé. —Danny me ó la cabeza bajo el agua por un momento. El hedor a perro mojado llenó
el aire durante un segundo, y luego se disipó. —No elegí cambiar, Mike. Simplemente sucedió.
Mike suspiró y tomó a su compañero en sus brazos. —Está bien. Era lo que tenía que pasar en ese
momento. Sé que no es el po de cosas que te gustan. Lo hago. Y nueve de cada diez veces enes razón,
somos criaturas sensibles. Necesitamos estar en control de nuestros cuerpos, no al revés.
Danny asin ó, presionando su cara contra el pecho de Mike.
—La cosa es que, justo en ese momento, necesitabas a tu lobo. Tu lobo era lo necesario para luchar
contra Randall y funcionó. A veces nuestros cuerpos saben lo que es mejor. Creo que el truco es
conocer el equilibrio correcto. Es más di cil para nosotros, creo, pero ese equilibrio también es parte
de lo que somos.
Danny suspiró y le miró a los ojos. —Hay tanto… pero, quiero decir, al menos sabemos que puedo
cambiar ahora, ¿verdad? —Mantuvo su tono deliberadamente, locamente neutral. Fue sólo cuando
Danny le dio un apretón de manos en el abdomen que Mike se dio cuenta de lo que quería decir.
—Significa que puedes… que puedes tener ese bebé. Nuestro bebé. Nuestro cachorro, nuestro
pequeño. —Un sollozo escapó de la boca de Mike antes de que pudiera detenerlo. —Jesús, Danny.
Eso es un anuncio de embarazo del demonio.
—¿Qué, la cabeza parcialmente cortada de mi padre? —Danny miró hacia otro lado y se rió, sólo un
poquito. —Todavía estoy un poco… —Cerró los ojos y agitó la cabeza. —¿No estás enfadado?
Mike parpadeó. —¿Por qué iba a enfadarme?
—Nunca planeamos esto.
—Nunca planeamos una manada, tampoco. —Besó a Danny en los labios. —Te deseo y amaré a
nuestro bebé. Haremos que esto funcione, Danny.
Danny volvió esos ojos de espuma de mar hacia él. —Voy a enloquecer mucho. Quiero decir, el
embarazo se trata de perder el control y la autonomía, y esa es mi gran…. cosa. Ya sabes. No sé si
podré manejarlo más de una vez.
—Danny, estoy feliz de que estés conmigo. Una vez es suficiente. Te amo. —Acercó a Danny y lo
abrazó con fuerza.
Después de que Danny sin ó que ya no podía lavarse la piel, por mucho que quisiera, salieron de la
ducha y se retiraron a la cama. Ninguno de los dos se molestó con la ropa. A Danny no le quedaban
mucho en este punto; no quería desperdiciar lo que sí tenía con el sueño. Mike no quería dejar que
nada se interpusiera entre él y su Omega.
Planeaba dormir con Danny en sus brazos, pero Danny tenía otros planes. —Así que. —Mike podía
sen r el rubor de Danny en la oscuridad, caliente contra su propia piel. —Estoy un poco… nervioso,
supongo.
—¿En serio? —Mike se sentó. —¿Quieres un masaje?
Danny se dio la vuelta sobre su vientre. —No del todo lo que pensaba, pero suena genial.
Mike frotó la espalda de su Omega. Le encantaba la forma en que los músculos tensos y anudados de
Danny se derre an como mantequilla bajo su tacto. Le encantaba la sensación de la piel de su pareja
bajo sus dedos, desde la cicatriz de la mordedura de apareamiento hasta el hinchazón de su trasero. Y
le encantaban los sonidos que hacía Danny mientras se revolcaba en la forma en que Mike lo hacía
sen r.
Mike pensó que podría ser perdonado si se excitaba un poco. No habría actuado si no hubiera olido
la excitación de su pareja, pero eso era lo bueno de ser un hombre lobo: podía captar señales no
verbales como esa. Cuando bajó un poco las manos, Danny le dio un pequeño gemido de aliento.
Aquella noche hicieron el amor con suavidad y ternura, algo por lo que ninguno de los dos tenía
paciencia. Pero esta noche era especial. Era diferente, y ambos podían sen rlo. Era el comienzo de
algo.
A la mañana siguiente, llevaron al resto del grupo a desayunar. — Muy bien, —dijo Mike, las manos
envueltas firmemente alrededor de su taza de café. —Voy a ser honesto con vosotros. Mi padre cree
que estamos formando nuestra propia manada y volviendo a Nueva York. —
El resto del grupo lo miró con ojos pacientes, como si esperaran algo más. —¿Y? —Marie incitó,
cuando él no con nuó.
—Y… ¿eso es algo importante? —Lo intentó. —Me imaginé que sería el po de cosas de las que la
gente querría hablar, en vez de tener a un alfa gilipollas que te dijera qué hacer. ¿No es de eso de lo
que se trataba todo el asunto del despegue? Si ni siquiera querías que me afeitara en tu apartamento,
así que pensé que esto sería demasiado.
Selena miró a los demás. —¿Planeas dirigir las cosas como tu padre?
Mike agarró la mano de Danny. —Me imagino que las cosas funcionarán más o menos sola,s a menos
que haya un problema. Me gustaría que los nuevos acoplamientos fueran aprobados por la manada,
obviamente. No querrás que alguien traiga algún idiota a la manada. De lo contrario, quiero decir, es
tu vida.
Danny aclaró su garganta. —En endo que soy parcial. Así que toma lo que digo con un grano de sal.
Pero creo que podríamos hacerlo mucho peor. Demostramos que trabajamos bien juntos para
defendernos y que cuidamos de los nuestros. —Alargó la mano y agarró la de Brandon.
—Creo que suena como un buen plan, —les dijo Brandon. —Estoy a favor.
Uno por uno, el resto de los omegas, Noah y Marie aprobaron el plan. Era oficial. La manada de
Manha an se formó alrededor de una mesa de comedor en Trinidad, Colorado. Mike se sentó y agitó
la cabeza maravillado. La responsabilidad era inmensa, y por un segundo pensó que podría ahogarlo.
Entonces Danny se inclinó y apoyó la cabeza en el hombro de Mike, y la sensación cedió. Esto no iba
a ser un grupo como San Isabel o Grand Mesa. No era sólo responsabilidad de Mike. Estaban juntos en
esto y las cosas sólo podían mejorar a par r de aquí.

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