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El Olfato

El olfato, ubicado en las fosas nasales, es el sentido que permite captar olores, aunque su función es menos prominente en humanos en comparación con otros mamíferos. Este sentido se activa cuando partículas odorosas se disuelven en la mucosa nasal, generando impulsos nerviosos que se envían al cerebro para interpretar los olores. A pesar de los avances en la comprensión del sistema olfativo, aún persisten misterios sobre cómo se codifican y clasifican los olores.
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El Olfato

El olfato, ubicado en las fosas nasales, es el sentido que permite captar olores, aunque su función es menos prominente en humanos en comparación con otros mamíferos. Este sentido se activa cuando partículas odorosas se disuelven en la mucosa nasal, generando impulsos nerviosos que se envían al cerebro para interpretar los olores. A pesar de los avances en la comprensión del sistema olfativo, aún persisten misterios sobre cómo se codifican y clasifican los olores.
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EL OLFATO

El sentido del olfato reside, específicamente, en las fosas nasales, que se ubican
detrás de la nariz y por encima de la boca.
Este es el sentido que nos permite captar los olores. Comparado con las funciones de
la visión y el oído, el olfato ocupa un lugar secundario en nuestra vida. Y si lo medimos
con el sentido del olfato de otros mamíferos, como los perros, el del humano aparece
como un sentido básico y primitivo. Sin embargo, nuestro olfato es el sentido más
sensible de todos, ya que se estimula con concentraciones sorprendentemente bajas
de moléculas de alguna sustancia.

Como vimos antes, el olfato y el gusto están interrelacionados, y esto explica por qué
el olfato participa en la estimulación del apetito y las secreciones digestivas. Además,
el olfato actúa como un detector que nos advierte de peligros como los gases tóxicos o
venenosos, o los alimentos en descomposición.

La nariz

Es el órgano por el cual respiramos y por el que se introducen todas las sustancias
olorosas que recibimos desde el exterior. Pero el sentido del olfato reside,
específicamente, en las fosas nasales, que se ubican detrás de la nariz y por encima
de la boca. Estas son dos cavidades separadas por un tabique, que en su parte
anterior está cubierta por una membrana mucosa llamada epitelio olfativo, y en su
parte posterior presenta una mucosa nasal, donde hay células que sirven de soporte
a los receptores del olfato. La parte interna de la nariz se encuentra recubierta por una
membrana llamada pituitaria, la que tiene dos zonas: la amarilla u olfatoria, que es
donde se encuentran las células receptoras del olfato que envían los estímulos al
bulbo olfatorio; y la pituitaria rosada o respiratoria, por donde circula el aire que
entra y sale de los pulmones.

¿Cómo olemos?

Para que un cuerpo tenga olor es necesario que despida pequeñas partículas y que
estas entren a la nariz y se disuelvan en la mucosidad pituitaria. Esta mucosa contiene
alrededor de cinco millones de células receptoras y estas, a su vez, tienen de seis a
veinte finísimos cilios. En este punto las moléculas odorosas activan las
terminaciones nerviosas de los cilios de las células receptoras, generando impulsos
nerviosos. Estos son conducidos a través de las fibras de las células receptoras hasta
los bulbos olfatorios, donde se conectan con los nervios olfatorios, que los llevan a
las zonas olfativas del cerebro. Aquí se genera la sensación de olor correspondiente a
lo que hemos percibido a través de nuestra nariz.

La intensidad de los olores depende de la mayor o menor cantidad de partículas


volátiles emitidas. Así, si se deposita sobre la mucosa un cuerpo oloroso, eso no
determinará la sensación olfativa, pues es necesario que se encuentre dividido en
pequeñísimas partículas mezcladas con el aire.

El misterio de los olores

El acto de percibir sustancias químicas como olores era un misterio que, hasta hace
poco, derrotaba la mayoría de las tentativas para resolverlo. Esto, porque cuando los
científicos trataron de explorar los detalles del sistema olfatorio, se encontraron con el
obstáculo de que ninguno de los métodos que habían probado ser útiles en el estudio
de la visión, oído o gusto, parecía funcionar. Los olores no pueden ser medidos
usando la escala que se usa para medir la longitud de onda de la luz o la frecuencia de
sonidos.

Además, era muy poco lo que se sabía acerca de las sustancias a las cuales el
sistema olfatorio responde. Se sabe que estamos rodeados por moléculas odoríferas
que proceden de las flores, la tierra, los animales, los alimentos, la industria u otros
humanos; pero cuando queremos describir estos innumerables olores, a menudo
recurrimos a analogías tales como, "huele como una rosa" o "huele como amoníaco".

Sin embargo, con ayuda de la biología y de la genética molecular este problema se ha


ido transformando en fuente de mucho interés científico. Así, se ha descubierto que
existe un gran número de células receptoras diferentes, que posibilitan el
reconocimiento de 400.000 a 500.000 tipos de moléculas olorosas. Y este
descubrimiento también demostró que existen casi 1.000 tipos de receptores, lo que
resultó sorprendente, ya que las investigaciones anteriores consideraban solo 20 tipos
de receptores.

Los científicos actualmente están centrados en ver cómo la información acerca de los
olores es codificada en el cerebro, como una plataforma para el entendimiento general
de cómo funcionan los diversos mecanismos cerebrales.

Algunas afecciones a la nariz


 Sinusitis: es la inflamación de la mucosa de los senos paranasales. Se manifiesta
por un fuerte dolor de cabeza y el fluido constante de secreciones purulentas. Por lo
general, es la complicación de un catarro.
 Pólipos: son tumores benignos que aparecen en las membranas mucosas
irritadas, por catarros frecuentes. Cuando obstruyen la fosa nasal o producen dolor
deben ser extraídos quirúrgicamente.
 Rinitis: afecta a la mucosa nasal y produce estornudos, obstrucción, secreciones
nasales y en ocasiones falta de olfato. Suele ser muy persistente y dependiendo de la
causa puede dar síntomas solo en temporadas concretas, como la rinitis alérgica (al
polen o al polvo).

¿Sabías que?
 El ser humano es capaz de detectar hasta diez mil olores; pero las estructuras
olfativas se van degenerando con la edad. Los niños suelen distinguir más olores que los
adultos.
 La nariz se desarrolla aproximadamente desde la semana 11° a la 15° de
gestación. Incluso antes de que esté completamente formada, el bebé ya es capaz de
responder a la presencia de distintos olores.

Tipos de olor
Como hemos visto, las sensaciones olfatorias son difíciles de describir y de clasificar. A
pesar de que se han formulado teorías y clasificaciones al respecto, todavía no existe un
consenso. La teoría estereoquímica es una de las más conocidas, e indica la existencia de
siete olores primarios: alcanfor, almizcle, flores, menta, éter, acre (avinagrado) y podrido.
Esta teoría dice que cada molécula de un olor en particular se ajusta con una sola forma de
la superficie de los cilios olfativos; es decir, que las formas de los cilios están determinadas
de tal modo que encajen en ellas solo una molécula odorosa. Algo así como el mecanismo
de cerradura y llave. Esto explicaría por qué el olfato se adapta a un mismo olor cuando
estamos en contacto con él durante cierto tiempo.
De todas maneras, las investigaciones para determinar los tipos de olores continúan, y
todavía podremos encontrarnos con sorpresas sobre el sentido del olfato.

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