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Psicología Ambiental

El documento es el primer volumen de 'Psicología Ambiental', que compila experiencias, diálogos y perspectivas académicas sobre la influencia del entorno en el comportamiento humano. Incluye varios capítulos que abordan temas como la percepción de microcontaminantes, la habitabilidad del espacio público, y el desapego territorial en la migración. Este trabajo busca contribuir al entendimiento y aplicación de la psicología ambiental en contextos contemporáneos, especialmente en Colombia.

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Diego Hernández
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Psicología Ambiental

El documento es el primer volumen de 'Psicología Ambiental', que compila experiencias, diálogos y perspectivas académicas sobre la influencia del entorno en el comportamiento humano. Incluye varios capítulos que abordan temas como la percepción de microcontaminantes, la habitabilidad del espacio público, y el desapego territorial en la migración. Este trabajo busca contribuir al entendimiento y aplicación de la psicología ambiental en contextos contemporáneos, especialmente en Colombia.

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PSICOLOGÍA

AMBIENTAL
Volumen I.
Experiencias, diálogos y
perspectivas académicas

Willian Sierra-Barón
Katy Luz Millán-Otero
Óscar Navarro Carrascal
–editores académicos–
Psicología Ambiental
Psicología Ambiental
Volumen I

Experiencias, diálogos
y perspectivas académicas

Willian Sierra-Barón
Katy Luz Millán-Otero
Óscar Navarro Carrascal
–editores académicos–
Asociación Colombiana de Facultades de Psicología, Ascofapsi

Junta Directiva Ascofapsi


Presidente: Nelson Molina Valencia, Universidad del Valle
Vicepresidente: Oscar Utria Rodríguez, Universidad de San Buenaventura Bogotá
Secretaria: Yadira Martínez de Biava, Universidad Simón Bolívar
Tesorera: Idaly Barreto Galeano, Universidad Católica de Colombia
Vocal: Rodrigo Mazo Zea, Universidad Pontificia Bolivariana Medellín
Presidente: Diego Restrepo Ochoa, Universidad CES

Presidencia Saliente. Universidad Pontificia Bolivariana. Rodrigo Mazo.

Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o método sin


autorización escrita de ASCOFAPSI.

Psicología ambiental (Obra Completa)


ISBN: 978-958-53940-2-5

Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas


ISBN: 9978-958-53940-3-2

Bogotá D. C., 2022

Coordinación editorial: ASCOFAPSI. Astrid Triana Cifuentes

Corrección de estilo: José Gabriel Ortiz Abella

Diseño gráfico: Precolombi EU, David Reyes


CONTENIDO

Prólogo.............................................................................. 12

Capítulo 1. Psicología Ambiental:


¿qué es y para qué?.. .......................................................... 18
Óscar Navarro Carrascal
Willian Sierra-Barón
Katy Luz Millán-Otero

Introducción..................................................................... 20

Origen y definición de su objeto......................................... 23


Preocupaciones ambientales
y comportamientos ecológicos.......................................... 26
Adaptación a los riesgos ambientales................................ 34
Aproximación al rol del psicólogo ambiental....................... 40

Conclusiones................................................................... 46
Referencias..................................................................... 48
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Capítulo II. Percepción, conocimiento y valoración


de los microcontaminantes por parte de dos grupos
de cultivadores. Perspectiva psicoambiental....................... 60
Henry Granada E.

Introducción..................................................................... 62
1. Representaciones sociales del agua............................... 68

1.1. Percepción, conocimiento y valoración:


su carácter complementario............................................. 68
1.2. El caso del agua....................................................... 71

2. La RS del riesgo........................................................... 74

2.1. La RS del riesgo: la contaminación acuática................ 80

Conclusiones y recomendaciones....................................... 96
Referencias..................................................................... 99

Capítulo III. La habitabilidad del espacio público urbano.. 104


Pablo Páramo
Andrea Burbano

Introducción..................................................................... 105

Historia social urbana...................................................... 106


Motivaciones para el uso del espacio
público urbano................................................................ 107
La socialización............................................................... 108
Las tensiones en el espacio público.................................. 110
La educación cívica.......................................................... 113
Generización del espacio público...................................... 113
Cognición espacial........................................................... 116
Apropiación..................................................................... 117
Prevención del delito a través del diseño espacial............... 119

8
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Contenido

El diseño de prácticas culturales de convivencia


ciudadana....................................................................... 123
Un enfoque interdisciplinario y metodológicamente
mixto de la investigación sobre el espacio
público urbano................................................................ 126

Conclusiones................................................................... 126
Referencias..................................................................... 129

Capítulo IV. El desapego territorial


como propuesta conceptual para explicar
la migración transnacional voluntaria................................ 138
Marco Alexis Salcedo Serna

Introducción..................................................................... 139

La push-pull theory como modelo explicativo de la


migración transnacional voluntaria y sus limitaciones.......... 141
“Desapego territorial” como causa propuesta
de masivos movimientos migratorios voluntarios................ 152

Conclusiones................................................................... 160
Referencias..................................................................... 163

Capítulo V. El lugar: la unidad de análisis


de la Psicología Ambiental.. ............................................... 172
Irma Yaneth Gómez
Pablo Páramo

Introducción..................................................................... 173

El problema epistemológico.............................................. 175


La aproximación metodológica.......................................... 177
El concepto de lugar........................................................ 178

9
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Los no-lugares................................................................. 183

La dimensión afectiva y fenomenológica: apego al lugar...... 185


La dimensión cognoscitiva: identidad del lugar................... 189
La dimensión conductual: apropiación del espacio.............. 191
Propuesta de un modelo integral del concepto de lugar....... 193
Categorías emergentes resultados del análisis
documental..................................................................... 195

Discusión........................................................................ 196
Referencias..................................................................... 197

Capítulo VI. La construcción ecointeractiva


de conocimiento en los ambientes virtuales
de aprendizaje................................................................... 204
Jesús Armando Fajardo Santamaría
Ana Cristina Santana Espitia
Carlos Andrés Caldas Quintero

Introducción..................................................................... 206

El aprendizaje en casa: enfrentar una terminal


de computadora o interactuar socialmente......................... 206
Ambientes de aprendizaje: cognición situada
y andamiaje del pensamiento............................................ 211
Los ambientes virtuales de aprendizaje
como situaciones de interacción triádica........................... 216
Ciclos de actividad y prácticas socioculturales
de aprendizaje en línea.................................................... 223
Chat 3.0: un enfoque integrado de la actividad
en contextos virtuales de aprendizaje................................ 230

Referencias..................................................................... 231

10
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Contenido

Capítulo vii. Hacia la construcción de una relación


empática entre la sociedad y la naturaleza.
Un aporte interdisciplinario a la Psicología Ambiental....... 238
Hernán Alberto Villa Orrego
Nora Helena Villa Orrego

Introducción..................................................................... 239

La Psicología Ambiental como punto de partida.................. 243


Una mirada a la relación sociedad-naturaleza
desde el derecho, la economía y la psicología.................... 248
Retos de la psicología frente a los principales
problemas del deterioro ambiental y la contaminación........ 253
Una postura interdisciplinaria desde la educación
y la comunicación frente a los problemas
medioambientales, un aporte
a la Psicología Ambiental.................................................. 258

Conclusiones................................................................... 267
Referencias..................................................................... 269

11
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PRÓLOGO
C
uando a uno lo invitan a hacer un prólogo, le hacen un
reconocimiento sobre algún aspecto o la totalidad de
lo que se escribe en el libro. Esto es lo que me sucedió
cuando recibí esta invitación que, sin duda, agradecí de
inmediato; sin embargo, al momento me hice dos preguntas: ¿qué
contar en el prólogo? y ¿quién iba a leerlo? Antes de responder a la
primera pensé en la segunda, porque dependiendo de quién lo leye-
ra así debería ser el escrito. A esta pregunta era fácil responderme,
porque un prólogo en un libro que trata temas muy variados, y para
especialistas, lo más probable es que el lector se acerque a este con
la intención de encontrar respuestas a un problema concreto y deje
de lado otros temas que se abordan en el mismo.
Ante este presupuesto, me propuse colaborar con un texto que,
aunque se centrase propiamente en el libro, me permitiera tratar
algunas ideas sobre lo que pienso de la Psicología Ambiental. Esta
joven disciplina, pero con más de 60 años de antigüedad, ha apor-
tado mucho conocimiento a cómo los seres humanos son influidos
por el medio ambiente y cómo el medio ambiente es influido por su
conducta. Aunque este último punto en menor medida, salvo por los
estudios de preocupación ambiental, que al día de hoy se centran en
el cambio climático.
La primera etapa de la Psicología Ambiental, aproximadamente
hasta los años 90 del pasado siglo, la disciplina estaba interesada fun-
damentalmente en cómo la arquitectura y el urbanismo influían en el
comportamiento. En esos momentos, la búsqueda de conocimiento

13
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

se centraba principalmente en la relación medio ambiente-com-


portamiento, donde la variable independiente es el ambiente y la
dependiente la conducta, poniendo de moda los mapas cognitivos, la
satisfacción residencial, el apego al lugar, la conducta en los ambientes
hospitalarios, etc. Es decir, de alguna forma se traicionó el espíritu
del nacimiento de la Psicología Ambiental que se originó huyendo de
la investigación básica en psicosocial y cayó en ese mismo problema.
En las décadas de 1950 y 1960 se desarrollaba una investigación
básica que era considerada por muchos jóvenes investigadores, como
irrelevante en el sentido de su escaso valor aplicado. Esta circunstancia
dio lugar a nuevas disciplinas orientadas por el problema en vez de
por la teoría, y bajo esta orientación nació la Psicología Ambiental.
Sin embargo, el carácter aplicado que se buscaba en los primeros mo-
mentos no fue alcanzado, probablemente, porque muchos de aquellos
heterodoxos investigadores en Psicología Ambiental provenían de la
Psicología Social que criticaban y disponían de unas herramientas
bien aprendidas en su forma de trabajar. Es fácil pensar, por tanto, que
su orientación a la hora de establecer el problema a investigar fuera
la variable independiente el estímulo (el ambiente) y la dependiente
la conducta.
Sin embargo, a partir de la década de 1990 comienza a ser
importante el estudio del impacto de la conducta en el ambiente,
en especial al estudiar la conducta ecológica responsable. Hay pre-
cedentes muy interesantes sobre el comportamiento proambiental,
por ejemplo, puede encontrarse alguna referencia procedente de la
Sociología (Dunlap y Van Liere) y de la Psicología del Aprendizaje
(Cone, Hayes y Geller). Los temas proambientales comienzan a tener
importancia en esta década y se pone el énfasis en el valor aplicado
de la Psicología Ambiental especialmente en torno al desarrollo sos-
tenible y posteriormente al cambio climático.
Si uno mira las revistas científicas especializadas observa que, si
bien muchos temas importantes de las primeras décadas, como mapas
cognitivos, apenas si aparecen en las publicaciones actuales, otros

14
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Prólogo

de esa época siguen estando vigentes como satisfacción residencial


y apego al lugar, alcanzando una mayor frecuencia de publicaciones
actualmente aquellos que tratan sobre el papel restaurativo de los
espacios y la preocupación ambiental.
Esta visión de conjunto que tengo del desarrollo de la Psicología
Ambiental me permite acercarme a un libro complejo como el que
tengo entre manos. Su título, Psicología ambiental. Experiencias,
diálogos y perspectivas de investigación, ya indica bajo qué materia se
cobija todo lo que en él se recoge, pero permítaseme que haga unos
comentarios generales al volumen y otros específicos a su organización
y algunos de los temas que trata.
Este libro recoge un conjunto de investigaciones empíricas y
reflexiones sobre cuestiones, me atrevería a decir, epistemológicas
y metodológicas sobre la Psicología Ambiental. Las investigaciones
empíricas han sido llevadas a cabo mayoritariamente por investi-
gadores colombianos, lo que muestra el interés por este campo en
Colombia. Algunos libros, numerosos artículos y la actividad docente
llevada a cabo desde esas latitudes son conocidos en el mundo de la
disciplina. Me viene a la memoria aquellos números de Cuadernos
de Psicología (1984 y 1994) en los que se publicaron excelentes traba-
jos de latinoamericanos y se tradujeron otros tantos de importantes
psicólogos ambientales como Canter, Proshsansky, Stokols, etc., sin
duda una aportación importante al mundo hispanoparlante de la
Psicología Ambiental.
El libro se abre con una presentación de la Psicología Ambiental
en general y luego aparece un gran apartado con doce capítulos bajo
el título de “Contribuciones derivadas de la investigación”, la mayoría
de ellas trabajos empíricos sobre temas muy diversos; cabe destacar
cuatro capítulos sobre el medio construido en los que se incluyen
los espacios públicos urbanos y la vivienda. Otros tantos relaciona-
dos con la preocupación ambiental, los problemas ambientales y la
conectividad, es decir, temas que se corresponden con la corriente
principal de la disciplina en la actualidad. Dos de los otros capítulos

15
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

restantes versan sobre intervenciones en ámbitos específicos y otro da


cuenta de un estudio bibliométrico de las publicaciones recientes de
la disciplina. En síntesis, se puede afirmar que este libro ofrece en este
aspecto un buen repertorio de investigaciones sobre los temas que se
abordan tradicionalmente desde la Psicología Ambiental.
Finaliza el libro con seis capítulos que han sido agrupados por los
compiladores en torno al título “Aportaciones académicas”. Los temas
tratados en este apartado resultan muy variados, tanto por el objeto de
estudio como por la forma de tratar cada uno de ellos. En este bloque
el lector puede encontrar reflexiones interesantes que pretenden, en
general, aproximarse a la Psicología Ambiental desde perspectivas muy
diferentes. Sin duda es en este apartado donde se revisan y articulan
conocimientos que generan escuela y, por tanto, fundamentales en
el contexto de un libro repleto de experiencias empíricas.
Teniendo en cuenta que los temas se han organizado destacando
la investigación empírica frente a la reflexión teórica, que se encuentra
situada al final del libro, me he permitido pensar que el texto se orienta
más hacia la investigación e intervención que a la propia reflexión
teórica. Esta es una opción que puede ser válida como cualquier otra,
ya que depende del objetivo de los compiladores. No obstante, esto
no debe implicar que se olvide el principio básico de Kurt Lewin de
que “no hay nada más práctico que una buena teoría”.

Juan Ignacio Aragonés


Profesor Emérito
Universidad Complutense de Madrid

16
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CAPÍTULO 1
P sicología A mbiental :
¿qué es y para qué ?

Óscar Navarro Carrascal1


Willian Sierra-Barón2
Katy Luz Millán-Otero3

1
Psicólogo, Doctor en Psicología Social y Ambiental de la Universite de Paris
V (Rene Descartes). Profesor de Psicología Social y Ambiental, Université
de Nîmes, Francia. oscar.navarro_carrascal@[Link]
2
Psicólogo, Magíster en Educación. Docente–investigador, líder del “Grupo
de investigación Sintropía”. Universidad Surcolombiana, Neiva, Colombia.
[Link]@[Link], Orcid [Link]
3
Psicóloga, Magíster en Estudios Socioespaciales, estudiante de Doctorado en
Ciencias Sociales, Universidad Católica Luis Amigó, Medellín, Colombia.
[Link]@[Link]. Orcid 0000-0002-8895-7098.
R esumen
Pensar las experiencias, diálogos y perspectivas de investigación en la Psico-
logía Ambiental obliga partir de lo básico e intentar responder qué es y para
qué. Los orígenes de la Psicología Ambiental se entretejen en disciplinas como
la Psicología Social, la Psicología Cognitiva y la Psicología del Desarrollo,
alcanzando en la actualidad una identidad epistemológica distintiva a estas
disciplinas. ¿Qué es, entonces, la Psicología Ambiental? Es una disciplina
que estudia las interrelaciones entre el comportamiento del individuo con
el ambiente natural y construido. Algunos de los temas centrales de estudio
son las preocupaciones ambientales, los comportamientos ecológicos y la
adaptación a los riesgos ambientales. El para qué de la Psicología Ambiental
se focaliza en los contextos que puede emprender un psicólogo en ámbitos
como el educativo, organizacional, el diseño arquitectónico entre otros. Las
acciones a desarrollar van desde el diseño social en estructuras arquitectónicas
a la exploración de las relaciones persona ambiente en los diferentes espacios.
En este sentido, el perfil ocupacional del profesional se configura de manera
amplia en escenarios de investigación e intervención mediante la gestión,
coordinación y consultorías enmarcados en el enfoque psico-socio-ambiental.

Palabras clave: Psicología Ambiental, objeto de estudio, comportamiento


proambiental, riesgos ambientales, rol del psicólogo.

19
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Introducción
Los problemas relacionados con el medio ambiente han estado desde
siempre en el centro de las preocupaciones sociales, dado sus efectos
sobre la salud y el bienestar. En ese sentido, se han convertido en
objeto de trabajos científicos, pero también de debate político. De
esta manera, las relaciones de las personas con su entorno constituyen
un objeto de interés para las ciencias sociales, las ciencias de la salud
y, en particular, para las ciencias psicológicas. ¿Cuál es la definición
del medio ambiente? ¿Qué estatus epistemológico se le atribuye?
¿Cuáles son las perspectivas para comprender las relaciones entre el
comportamiento humano y el medio ambiente? Estas son algunas de
las preguntas a las cuales busca responder la Psicología Ambiental.
El punto de partida de este enfoque es el hecho que la experiencia
humana es simplemente tributaria del entorno en el cual tiene lugar,
es decir, de las condiciones materiales y de las normas sociales de
ocupación. Este texto introductorio busca sintetizar algunas reflexiones
teóricas y metodológicas alrededor de las preguntas sobre la relación
de las personas y sus entornos.
El término “medio ambiente” se ha utilizado a menudo como
sinónimo del medio con el que está asociado, refiriéndose al signi-
ficado de “entorno” de un organismo. Los diccionarios definen este
término como “el conjunto de condiciones naturales y culturales
que pueden influir en las actividades humanas” (Flückiger y Klaue,
1991, p. 11). Sin embargo, ya no se trata de un entorno “externo”
al individuo (como lo entiende la corriente conductista basada en
el esquema clásico de estímulo-respuesta), sino de un entorno que
es aprehendido, conocido y vivido por él con la ayuda de puntos de
referencia socioculturales históricamente construidos. De hecho, el
individuo ya no depende de la influencia de los elementos físicos de
su entorno (como propone la ecología, por ejemplo), sino que es el
actor principal en el desarrollo de su conocimiento sobre el medio
ambiente (Flückiger y Klaue, 1991). Al hablar del medio ambiente,

20
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

no se hace referencia únicamente a los aspectos físicos del mismo. La


dimensión social constituye no solo el marco de la interacción entre los
individuos y su entorno, sino también el objeto de la interacción, esto
equivale a equiparar la experiencia ambiental y la experiencia social.
Como resultado, desde su nacimiento la Psicología Ambiental ha
sido influenciada por una perspectiva social o molar de la relación
de los individuos con su entorno, inspirada en particular por Kurt
Lewin y su teoría de campo. Sin embargo, un enfoque individualista
o molecular ha proporcionado una gran cantidad de teorías y trabajos
de investigación, estableciendo otra tradición de investigación en esta
disciplina. Así, un llamado paradigma sociocultural de la Psicología
Ambiental (Pol, 1993) aborda al sujeto como un agente social más
que como un individuo aislado y en este sentido, busca y crea sig-
nificados en el entorno estando en constante relación con él. Estos
significados no se construyen circunstancialmente, están modulados
por la cultura. Por lo tanto, los objetos ambientales se convierten en
objetos sociales reales a través de los problemas sociales y políticos
cada vez más importantes en los que se centran.
El enfoque ambiental en Psicología ha demostrado una poderosa
capacidad explicativa, incluso predictiva, del comportamiento huma-
no. La Psicología Ambiental se basa en la idea de que gran parte de la
experiencia humana depende de dónde tenga lugar. Las sensaciones,
recuerdos y sentimientos del pasado y el presente están vinculados a
experiencias vividas y estas, a su vez, están vinculadas a los lugares en
los que se desarrolla la existencia. Somos los lugares que fuimos, los
lugares que ocupamos, somos los lugares que vivimos, esta experiencia
intuitiva es la base de la Psicología Ambiental.
El entorno como tal transmite significados que son parte integral
del funcionamiento cognitivo, conductual y social. Asimismo, la re-
lación con un espacio dado es, más allá del presente y dependiente
de su pasado y del futuro, objeto de percepciones, actitudes y com-
portamientos desplegados en él, adquiriendo todo su significado en
referencia a la dimensión temporal (Moser, 2003). En este sentido,

21
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

el objetivo de la Psicología Ambiental es estudiar las interrelaciones


entre el individuo y su entorno físico (a través de la territorialidad) y
social (mediante las identificaciones sociales), con referencia a las di-
mensiones espaciales y temporales de dichas relaciones (Moser, 2009).
El medio ambiente, los problemas relacionados con este y los
conflictos que se generan, constituyen un tema importante para la
psicología (Rouquette, 2003). La polisemia propia de este objeto y la
diversidad de nociones relacionadas generan confusión en su defini-
ción. El interés común que la Psicología Ambiental y la Psicología
Social tienen por este tema genera interesantes colaboraciones y de-
bates sobre qué es y cómo abordarlo. En efecto, las relaciones de la
Psicología con el medio ambiente siempre han sido contradictorias:
por un lado, el medio ambiente constituye una fuente de interés y
de variables potencialmente explicativas del comportamiento hu-
mano, como por ejemplo al interroarse por el papel de lo aprendido
y de lo innato en desarrollo humano. Por otro lado, la tradición de
la investigación en psicología ha ido borrando gradualmente todo
rastro de elementos del contexto, basándose en teorías explicativas
nacidas mayoritariamente en laboratorio, negando las características
socioespaciales del entorno en el que realmente las conductas ocurren
(Bonnes y Secchiaroli, 1995).
No fue sino hasta la década de 1960 que surgió una corriente de
investigación en psicología que consideraba heurísticas las variables
ambientales. Desde sus orígenes, la Psicología Ambiental ha tenido
que posicionarse claramente en relación con la Psicología Social para
estudiar las cuestiones ambientales, teniendo en cuenta las carac-
terísticas socioespaciales de los lugares. Así, por ejemplo, un cierto
número de trabajos de investigación se han interesado en la cuestión
del desarrollo de hospitales psiquiátricos para mejorar la atención a los
pacientes (Ittelson, 1960; Izumi, 1957), esta orientación se dirigió en
gran medida hacia los usos de los lugares sociales, con los conceptos
de privacidad, densidad social, entre otros (Ittelson et al., 1970).

22
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

Origen y definición de su objeto


En el origen de la Psicología Ambiental se encuentra una reflexión
que combina la Psicología Social, la Psicología Cognitiva y la Psico-
logía del Desarrollo. Las principales corrientes teóricas interesadas
en los aspectos ambientales fueron entonces lideradas por Lewin
(1936) y Barker (1968) por parte de la Psicología Social, por Brunswick
(1947, 1957) y Gibson (1979) por el enfoque más cognitivista, y por
Bronfenbrenner (1979) por el interés en el desarrollo humano. Si la
Psicología Social busca comprender y explicar los comportamientos
y conocimientos de los individuos en el marco de las interacciones
sociales, la Psicología Ambiental se interesa en estos mismos compor-
tamientos y conocimientos teniendo en cuenta el contexto, incluyendo
las dimensiones social y física de este. Algunos autores considerarán
la Psicología Ambiental como una aplicación de la psicología social y
hablarán de una “psicología social del medio ambiente” considerándola
como “débilmente paradigmática (es decir, poco reproducible) y de
gran relevancia” (Rouquette, 2006, p. 16), relevancia que se debe a
que responde a problemas sociales actuales. Sin embargo, algunos
autores consideran que no es por estar en contacto con la realidad y
por intentar dar respuesta a problemas sociales que la Psicología Am-
biental es solo un campo de aplicación de la Psicología Social (Moser,
2009). De hecho, la Psicología Ambiental parte del postulado que
“el individuo percibe e interactúa con un entorno caracterizado por
aspectos tanto físicos como sociales que están íntimamente ligados.
El entorno no es independiente de los aspectos sociales que ayudan
a caracterizarlo” (Moser, 2009, p. 21). Por tanto, la dimensión social
es parte integrante del medio ambiente, lo compone. El medio am-
biente constituye así no solo un objeto de conocimientos y acciones,
sino también la condición para la construcción de estos mismos
conocimientos y acciones.
Como se expresa al inicio de esta reflexión, se parte de la idea de
una experiencia sensible del entorno aceptando que, en cierto modo,

23
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

somos los lugares que habitamos, porque todo comportamiento, toda


experiencia humana, tiene lugar en un espacio determinado. El me-
dio ambiente constituye el marco en el que los individuos viven y se
desarrollan, dotándolos de identidad y ubicándolos social, económica
y culturalmente. El entorno “habla” de las personas, de sus valores y
sus intereses. La Psicología Ambiental:

Estudia al individuo en su contexto físico y social con el fin de


identificar la lógica de las interrelaciones entre el individuo y su
entorno, destacando las percepciones, actitudes, evaluaciones
y representaciones ambientales, por un lado, y las conductas
y comportamientos ambientales que las acompañan, por otro
lado (Moser, 1991).

Fischer et al. (1984) definen la Psicología Ambiental como el


estudio de las interrelaciones entre el comportamiento individual y
el medio ambiente construido y/o natural. Stokols y Altman (1987)
la definen como el estudio del comportamiento y el bienestar huma-
no en relación con el entorno físico, entorno en el que siempre está
presente una dimensión social. Por lo tanto, la Psicología Ambiental
se ocupa de los efectos de las condiciones ambientales sobre el com-
portamiento individual, así como de la forma en que el individuo
percibe y actúa sobre el medio ambiente. En definitiva, la Psicología
Ambiental estudia las interrelaciones del individuo con el entorno
en sus dimensiones física y social, teniendo en cuenta su carácter
temporal y cultural (Moser, 2003, 2009).
Una mirada rápida al desarrollo histórico de la disciplina permite
identificar cuatro períodos (Fleury-Bahi, 2010; Moser, 2009; Pol,
1993). Un primer período entre 1900 y 1950 en el que precursores
como Brunswick, Tolman y Lewin allanaron el camino para la toma
en cuenta del contexto en la explicación de la conducta. Brunswick
fue el primero en utilizar el término “psicología ecológica” con énfasis
en los procesos y representaciones perceptuales individuales. Tolman,

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VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

por su parte, aboga por un enfoque global que tenga en cuenta los
procesos mediadores y la construcción de mapas mentales, estructuras
cognitivas relacionadas con el espacio. Lewin, por su parte, propuso el
enfoque de la ecología psicológica y, en particular, la noción de espa-
cio vital. Una segunda etapa entre las décadas de 1950 y 1960 cuando
Barker y Wright, estudiantes de Lewin, continuaran con un enfoque
ecológico en psicología. Se conocerá en esta época la noción de sitios
conductuales (Behavior setting), siguiendo los experimentos llevados
a cabo en la Midwest Psychological Field Station en Kansas, que los
define como verdaderas unidades ecológicas que incluyen tanto los
comportamientos como las características físicas de los lugares. Este
es el nacimiento del enfoque transaccional en psicología. Una tercera
etapa durante las décadas de 1960 y 1970, en la que se conocen los
primeros desarrollos aplicados de la disciplina, con Proshansky, Ittelson
y Rivlin, entre otros. En este periodo, el interés particular se centra
en los efectos del entorno físico en la salud y, particularmente, en el
tratamiento de las enfermedades mentales. En este mismo período
aparece el trabajo de Lynch sobre la imagen de la ciudad. Desde 1970
se viene hablando del nacimiento oficial de la Psicología Ambiental,
a través de trabajos que conjugan, entre otros, la Psicología Cogniti-
va y los métodos experimentales; por ejemplo, el trabajo de Gibson,
quien propone que el entorno ofrece oportunidades y limitaciones
(affordances), determinando así el comportamiento.
A raíz de estos trabajos, la disciplina cuenta con un conjunto de
teorías y modelos metodológicos importantes y relevantes, que permi-
tirán dar respuesta a cuestiones específicas. Después de la década de
1970, los problemas relacionados con la calidad del medio ambiente
y sus efectos sobre la salud y el bienestar humano se convirtieron en
temas importantes. En este momento aparece una creciente preo-
cupación también por los efectos sobre el medio ambiente global,
generada por la información científica que llama la atención sobre
los efectos del modelo de desarrollo económico y tecnológico sobre el
medio ambiente, sobre la reducción de recursos, la destrucción de la

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

biodiversidad y los efectos sobre el clima, entre otros. Desde la década


de 1980, el desarrollo sostenible se ha convertido en un referente para
países y organizaciones. Actualmente se da la alerta sobre los efectos
del calentamiento global, sobre la proliferación de desastres, la escasez
de recursos y su causa antropogénica. En este sentido, la Psicología
Ambiental se interesará por los factores que promueven un cierto
número de comportamientos denominados proambientales o que
cumplen con los objetivos de un desarrollo respetuoso con el medio
ambiente y la naturaleza. Se abre una nueva etapa en la historia de
la disciplina, que Pol (1993) denomina Psicología Ambiental “verde”.

Preocupaciones ambientales y
comportamientos ecológicos
Se han identificado varias dimensiones psicológicas en la literatura
de la Psicología Ambiental para explicar la realización de conductas
proambientales (Bonnefoy et al., 2010). Primero, hay comportamientos
deseables u observados, como los llamados comportamientos ecológi-
cos (Kaiser, 1998; Tapia et al., 2013), comportamientos de frugalidad
y austeridad (De Young, 1990), de altruismo y solidaridad (Schultz,
2001; Pol, 2002) o de equidad. Luego están las variables predictivas
de estos comportamientos como la orientación hacia el futuro (Co-
rral-Verdugo et al., 2017; Demarque et al., 2011; Joreiman et al., 2004),
las normas ambientales (Schultz et al., 2000), las emociones ambien-
tales (Kals et al., 1999), el sentimiento de competencia/eficiencia
(Geller, 2002), las creencias ambientales (Sierra-Barón et al., 2021) y
el conocimiento ambiental (Saza-Quintero et al., 2021). Finalmente,
existen trabajos que se interesan por las repercusiones psicológicas
de estos comportamientos proecológicos en términos de felicidad,
restauración psicológica (Vand den Berg et al., 2003), espiritualidad
(Navarro y Fleury-Bahi, 2017) o calidad de vida (Tapia et al., 2017).
Según Stern (2000), el comportamiento proambiental se puede
definir según dos criterios: por el impacto de la conducta, que puede

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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

ser directo (reciclar desechos) o indirecto (apoyar asociaciones eco-


lógicas) y según la intención expresada por el individuo, es decir, si
la conducta se desarrolla con la intención de proteger el medio am-
biente o no. Kollmuss y Agyeman (2002), definen el comportamiento
proambiental como “un comportamiento adoptado por un individuo
que decide conscientemente minimizar sus impactos negativos en los
entornos naturales y construidos” (p. 240). De esta manera, se pueden
identificar cuatro categorías de comportamiento proambiental (Stern,
2000): participación activa en una organización o en un evento de
defensa del medio ambiente, apoyo a organizaciones ambientales,
comportamientos desarrollados en el ámbito privado (reciclaje,
elección de medios de transporte, ahorro de energía, consumo) y
comportamientos que influyen en los procesos productivos de una
empresa u organización.
El contexto organizacional ha resultado de especial interés en
el estudio del comportamiento proambiental en el lugar de trabajo
(CPT). Al respecto Sierra-Barón y Meneses (2018) realizan una
revisión identificando tendencias conceptuales y teóricas recientes
planteando que en términos globales el CPT es un conjunto de “ac-
tividades y conductas del empleado en el contexto laboral que buscan
disminuir el impacto negativo sobre el medioambiente, el cual puede
ser causado tanto por las actividades propias de las organizaciones,
como por los empleados en sus actividades personales” (p. 224). Sin
embargo, la literatura muestra que estos diferentes tipos de compor-
tamientos proambientales están débilmente correlacionados entre sí.
Es decir, un individuo estará dispuesto a adoptar un comportamiento
en relación con un aspecto de la protección ambiental, pero puede
ser indiferente a otros aspectos (Bonnefoy et al., 2010; Sierra-Barón
y Meneses, 2018).

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Valores y actitudes proambientales

Clásicamente en Psicología, el estudio de la conducta se asocia con


el de las actitudes que, hipotéticamente, la subyacen. En Psicología
Ambiental la investigación sobre actitudes y valores que explican los
comportamientos ambientales ha sido importante. Algunos autores
apoyan la idea de la existencia de una variación común entre las ac-
titudes relativas a diferentes aspectos del entorno (Stern y Oskamp,
1987; Van Liere y Dunlap, 1981), mientras que otros señalan una
fuerte heterogeneidad que cuestiona la existencia de una actitud
ambiental general (Heberlein, 1981). Las diferentes herramientas de
investigación utilizadas hacen referencia a distintos conceptos que
pretenden reflejar una actitud a favor del medio ambiente. Así, la
“conciencia ecológica” como valor, medida por la escala del “Nuevo
paradigma ambiental” desarrollada por Dunlap y Van Liere en 1978,
ha sido objeto de numerosas reelaboraciones y desarrollos (Bertoldo
et al., 2013; Corral-Verdugo et al., 2008; Fleury-Bahi et al., 2014).
Otros conceptos como el de “altruismo antropocéntrico” o incluso
“altruismo-egoísmo ambiental” buscan entender la preocupación por
la preservación del medio ambiente (Bonnefoy et al., 2010; Hughey
et al., 1985; Van der Pligt et al., 1986). Otro enfoque se refiere a los
llamados valores fundamentales y trata de explicar cómo los valores
religiosos (Eckberg y Blocker, 1989), el materialismo vs idealismo
(Inglehart, 1990) o los valores de la clasificación de Rokeach (1967),
pueden explicar las actitudes a favor del medio ambiente.
Varios estudios subrayan el papel mediador de las actitudes entre
valores y comportamientos proambientales. Pero algunos estudios han
demostrado que la relación entre actitudes y comportamientos está
modulada por la naturaleza de los comportamientos considerados
(Hines et al., 1987; Stern y Oskamp, 1987) y en particular por factores
mediadores externos al individuo como el costo del equipo necesario
para la realización de las conductas o la dificultad para adoptar una
conducta (De Young, 1990). La información y el conocimiento sobre

28
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

la relevancia y efectividad de diferentes comportamientos juegan un


papel significativo, como por ejemplo en el caso de la adopción de
comportamientos de ahorro energético (Kempton et al., 1985). Así,
se deben tener en cuenta factores contextuales porque un indivi-
duo también actúa según el lugar y la situación, y es probable que
se comporte de diferente manera dependiendo de si se encuentra
dentro de una asociación, en el trabajo, en un lugar público o priva-
do, por ejemplo. Asimismo, los determinantes del comportamiento
proambiental pueden variar según la categoría de comportamiento
o incluso dentro de la misma categoría. Por lo tanto, existen muchos
predictores potenciales de comportamiento proambiental. Y aunque
las actitudes preceden a la acción, no están vinculadas sistemática-
mente a la conducta.

Comportamiento proambiental y el dilema ecológico

El dilema social representa una elección entre la acción llevada a


cabo en un interés puramente individual y la acción llevada a cabo
por el bien común (Dawes, 1980; Moser, 2009). Numerosas investiga-
ciones han demostrado que el individuo es bastante capaz de actuar
en el interés común, restringiendo el consumo, ahorrando energía,
por ejemplo. Sin embargo, sea cual sea la situación, por lo general es
más fácil y beneficioso para el individuo a corto plazo involucrarse
en un comportamiento individual y egoísta. En el caso de recursos
limitados, el comportamiento altruista suele ser más costoso, más
difícil y menos gratificante. Así, el dilema social puede analizarse
refiriéndose a los siguientes tres aspectos conductuales: cooperación
o comportamiento orientado a ganancias compartidas; individualis-
mo o comportamiento orientado al beneficio personal; competencia
o comportamiento orientado al beneficio personal sobre el beneficio
de los demás.
Según el modelo de la “trampa” social (Platt, 1973), la mayoría
de las situaciones ambientales ofrecen elecciones de comportamiento

29
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

caracterizadas por recompensas a corto plazo con pérdidas a largo


plazo, refiriéndose a la dimensión temporal del problema. El individuo
cede a recompensas inmediatas que, sin embargo, conllevan costos
progresivos (uso de pesticidas, agotamiento de los recursos naturales,
por ejemplo). Este modelo es particularmente relevante en la medida
en que toma en cuenta expresamente la dimensión temporal larga e
imprecisa que caracteriza la evolución de los recursos. Ayuda a explicar
la falta de entusiasmo mostrado por el individuo para comportarse
de forma altruista ante una amenaza que afectará a las generaciones
futuras. En otras palabras, es difícil lograr la aceptación de las medidas
de protección que penalizan al individuo cuando los efectos negativos
que pueden evitarse solo se sentirán a largo plazo.
Para Vlek y Keren (1992), el dilema ecológico tiene cuatro dimen-
siones: el dilema diario riesgo-beneficio se trata de determinar el nivel
más alto de beneficio que permita un nivel aceptable de riesgo; el
dilema del tiempo es elegir entre preservar los recursos naturales a largo
plazo o aprovecharlos hoy; el dilema espacial, referido a la cuestión
de saber en qué medida deben reducirse las condiciones locales de
confort en favor de condiciones más globales; y finalmente el dilema
ecológico común que se opone a los beneficios locales a corto plazo y
los beneficios globales a largo plazo. De acuerdo con Montada y Kals
(2000), tratar de motivar a los individuos a comportarse de manera
ecorresponsable enfatizando el interés personal a largo plazo no es
una estrategia efectiva, porque una fuerte distancia temporal referida
a los valores individuales podría estar asociada con comportamientos
que no están necesariamente adaptadas a los problemas ambientales
actuales (Brügger et al., 2011). En conclusión, como plantea Moser
(1993), los problemas ambientales no solo están relacionados con las
relaciones entre el hombre y el medio ambiente, también son proble-
mas afines con las relaciones entre miembros de un mismo sistema
social. Así, los problemas ambientales que no son causados ​​por el
individuo tomado en su singularidad, serán difíciles de resolver al

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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

mantenerse el enfoque en el individuo y si no se toma en cuenta el


sistema social en su conjunto.

¿Comportamiento proambiental o sustentable?

Hacia fines de la década de 1990, dada la importancia del concepto


de sostenibilidad, el concepto de comportamiento proambiental
fue reemplazado por el de “comportamiento sustentable”, porque el
primero solo se refería a aspectos fisicoquímicos del medio ambien-
te, mientras que el segundo también abarca términos económicos,
políticos y sociales. De esta manera, el comportamiento sustentable
se define como “el conjunto de acciones efectivas, deliberadas y an-
ticipadas que resultan en la preservación de los recursos naturales,
incluyendo la integridad de las especies animales y vegetales, así como
el bienestar individual y social del presente y futuras generaciones
humanas” (Corral-Verdugo y Pinheiro, 2004, p. 10).
Los componentes del comportamiento sostenible son acciones
de equidad, altruistas, austeras y comportamientos proecológicos. La
equidad implica distribuir equitativamente los recursos y tratar a los
demás sin favoritismos, como una forma de justicia que corresponde a
los derechos y leyes naturales (Corral-Verdugo et al., 2010). El altruis-
mo consiste en actuar a favor de los demás de forma desinteresada,
es decir sin esperar nada a cambio (García et al., 2007). Cuando se
habla de austeridad, se trata de evitar intencionadamente el consumo
innecesario de recursos, utilizándolos con prudencia. Finalmente, los
comportamientos proecológicos constituyen un conjunto de accio-
nes deliberadas y efectivas que cumplen con los requisitos sociales e
individuales y resultan en la protección del medio ambiente natural
(Corral-Verdugo et al., 2010). Cabe señalar que el comportamiento
ecológico es valorado en casi todas las culturas (Corral-Verdugo, 2012)
y se considera que está más presente en unos individuos que en otros
(Tapia et al., 2013).

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Para Tapia et al. (2017), el comportamiento sustentable tiene un


impacto tanto en el entorno físico como social, por lo que la investi-
gación debe combinar otras variables no estudiadas previamente. Es
el caso de la espiritualidad, campo que abre nuevas oportunidades
de investigación y que puede llevar no solo a dar explicaciones sobre
los procesos vinculados al comportamiento ecológico, sino también
a la promoción de comportamientos generadores de bienestar. La
espiritualidad y sus beneficios personales para la salud, el bienestar y
la felicidad, es una manifestación de un entorno que puede ser tras-
cendente. Además, la espiritualidad trae beneficios ambientales al estar
vinculada al altruismo, la frugalidad y el interés por la conservación
de la naturaleza (Corral-Verdugo et al., 2015). Sin embargo, el estudio
de la espiritualidad religiosa ha arrojado resultados opuestos, ya que
las creencias religiosas (judeocristianas, por ejemplo) no favorecen las
preocupaciones ambientales. Schultz et al., (2000) encontraron que
las personas con fuertes creencias bíblicas obtuvieron puntuaciones
muy bajas en la escala de preocupación ambiental, lo que parece
ser una constante transcultural, ya que no hay variación entre varios
países estudiados, sobre la religión cristiana. Tarakeshwar et al., (2001)
también encontraron que las posiciones teológicas más conservadoras
están asociadas con preocupaciones ambientales bajas. Sin embargo,
la santificación de la naturaleza está asociada con una mayor preo-
cupación ambiental y el deseo de involucrarse personalmente en la
causa ambiental y la protección de la naturaleza. Si la espiritualidad
y la relación con la naturaleza parecen vinculadas de manera bastante
positiva, este no es el caso entre la religiosidad y la relación con la
naturaleza. Kanagy y Willits (1993) muestran, por ejemplo, que las
actitudes proambientales están ligadas a la frecuencia de participación
en los servicios religiosos, en el sentido de que cuanto más asiste la
persona a los lugares de culto, menos actitudes proambientales se
desarrollan (Fleury-Bahi, 2009).
Un estudio realizado en colaboración entre los equipos de inves-
tigación de la Universidad de Nantes (Francia) y de la Universidad

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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

de Sonora (México), permitió abordar la cuestión y, utilizando un


modelo de ecuaciones estructurales, se mostró el papel mediador de
los comportamientos sustentables entre espiritualidad no religiosa
y bienestar (Navarro et al., 2020) (figura 1). En efecto, este tipo de
comportamiento tendría un importante poder explicativo sobre el
bienestar, es decir que, ser justo, altruista, proecológico y frugal,
genera satisfacción y bienestar subjetivo (Corral et al., 2011).

Figura 1. Modelo de ecuaciones estructurales: conexión con


la naturaleza, espiritualidad no religiosa, comportamiento
sustentable y bienestar (muestra mexicana)

Spirituality

.31 .28

Connectedness .30 Sustainable


to nature behaviour

.09 .27
Personal
wellbeing

Nota: Goodness of fit indices: X² = 132.232 (73 df), p =.000, BNNFI =,93, BBNNFI = ,96,
CFI =,97, RMSEA =,06.
Fuente: Navarro et al. (2020)

De hecho, algunos autores han demostrado que adoptar una


actitud proambiental y tener un comportamiento responsable con
el medio ambiente, favorece al individuo que a su vez experimenta
bienestar emocional (Amerigo et al., 2013). Navarro et al., (2020) han
destacado el poder explicativo de una dimensión psicológica llamada
“conexión con la naturaleza”, no solo sobre el comportamiento eco-
lógico, sino también sobre el bienestar o la satisfacción con la vida.

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Por tanto, existe un vínculo entre la conexión con la naturaleza, el


comportamiento ecológico y el bienestar.

Adaptación a los riesgos ambientales


Durante décadas, los riesgos ambientales han generado un interés
científico, político y social, debido a su impacto en el bienestar de las
personas. Actualmente, la evidencia de cambios ambientales signifi-
cativos y la aparición de eventos naturales extremos, de alto impacto
en la vida de las sociedades humanas, ocupan la escena político-me-
diática y científica internacional. El análisis de riesgos y la prevención
de desastres se han convertido en un campo disciplinario que nutre
las ciencias sociales y humanas como la economía, la geografía, las
ciencias políticas, la antropología y, por supuesto, la psicología. Ante
el importante costo en vidas humanas que generan estos eventos,
surge la pregunta inevitable de la desigual capacidad de respuesta
de instituciones y sociedades para hacerles frente. Asimismo, algunos
grupos humanos viven en áreas caracterizadas por una degradación
ambiental particularmente marcada. Las actividades industriales, en
particular, pueden causar cambios ambientales significativos y que
pueden ser la causa de varios tipos de contaminación a escala local
y global, causando problemas de salud pública. También pueden ser
fuente de accidentes tecnológicos. Estos eventos, condiciones nega-
tivas y disruptivas del medio ambiente con un fuerte impacto en la
salud y el bienestar, se denominan riesgos ambientales. Que se trate
de cambios globales y desastres a gran escala o de contaminaciones
locales, o incluso una combinación de ambos, estos riesgos se definen
según su impacto en la calidad de vida de las poblaciones expuestas
de manera diferenciada a los riesgos, y con diferentes capacidades de
acción para protegerse, para adaptarse (Navarro, 2017).
Puesto que la calidad de vida da cuenta del bienestar subjetivo y
la satisfacción con las condiciones de vida (Moser, 2009), los riesgos
ambientales tienen un impacto directo en ella ya que perturban el

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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

desarrollo tranquilo de la vida cotidiana, así como la posibilidad de


satisfacer las expectativas de las personas para realizar sus proyectos.
Moser (2009) distingue dos tipos de enfoques sobre la definición de
las condiciones de bienestar: un primer enfoque centrado en los equi-
pamientos a los que tienen acceso los individuos (salud, educación,
ocio, transporte), y un segundo enfoque centrado en la valoración por
parte del individuo, su satisfacción con los aspectos objetivos de la
calidad de vida. Así, la probabilidad de que un evento se convierta en
amenazante y perturbador depende de las características del evento
en sí, pero también de la forma en que es percibido, valorado por los
individuos: las características del evento, en primer lugar, porque la
evaluación de la peligrosidad de un riesgo solo es posible cuando el
individuo o el grupo humano están realmente expuestos a ellos. La
variabilidad de juicio ante el riesgo depende de la variabilidad de
la exposición, que es desigual según las condiciones de vida social
y ecológica. La percepción por parte de los individuos, en segundo
lugar, porque un evento puede ser considerado susceptible de generar
malestar, según la evaluación que los individuos hagan del mismo,
siendo esta evaluación dependiente de variables disposicionales, pero
también sociales, incluso culturales. Esta evaluación es el resultado
de un conjunto de condiciones e información y conduce a juicios
sobre la peligrosidad de las situaciones.
Según Moser (2009), tres tipos de evaluaciones pueden interve-
nir en la definición de la amenaza: evaluación por comparación con
daños ya incurridos previamente, evaluación anticipada de peligros
potenciales y evaluación realizada según las posibilidades percibidas de
enfrentar la amenaza. De esta manera, la exposición y la experiencia
son variables que influyen en la valoración del riesgo, así como la va-
loración de los recursos personales y sociales, materiales y simbólicos
para afrontarlo. La evaluación de riesgos constituye una experiencia
psicológica y un proceso social complejo.
Existe cierto consenso en la literatura en torno a una fórmula
que se ha convertido en clásica para definir y evaluar el riesgo, como

35
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

resultado de la combinación de la amenaza y la vulnerabilidad. Es


decir, el riesgo corresponde a la probabilidad de que un peligro se ma-
terialice y a la gravedad de las consecuencias que este puede ocasionar
(Leplat, 2006; Fleury-Bahi, 2008, 2010). Por lo tanto, se entiende aquí
por amenaza la probabilidad o incluso la posibilidad de que ocurra
un evento peligroso. La vulnerabilidad se refiere al hecho de que es
probable que una persona o un grupo de personas se vean afectados
por un evento peligroso. La vulnerabilidad “se refiere a una cierta
fragilidad, una cierta propensión a sufrir daños, y se aplica a todos
los objetos del mundo social y natural” (Metzger et al., 2010, p. 240).
El riesgo sería producto de la magnitud y características de la
amenaza y del grado de vulnerabilidad. La vulnerabilidad se refiere a
las condiciones previas al evento que hacen que la propensión a sufrir
daños sea más o menos importante. El concepto de vulnerabilidad
denota una condición o característica de los individuos que enfrentan
situaciones particulares, individuales o colectivas. Una definición
general de vulnerabilidad en el campo de los riesgos ambientales la
presenta como la propensión de una determinada sociedad a sufrir
daños ante la manifestación de un fenómeno natural o antrópico.
Esta propensión varía según el peso de determinados factores que es
necesario identificar y analizar ya que inducen un determinado tipo
de respuesta por parte de la sociedad (D’Ercole et al., 1994). Esta
definición alude a la vulnerabilidad material o funcional, porque
subraya condiciones de vida estructurales que debilitan la calidad
de vida de las poblaciones y que son prerrequisitos para el riesgo. En
este sentido, se habla de vulnerabilidad social, porque es producto de
las desigualdades sociales, dado que son los factores sociales, incluso
económicos y políticos, los que configuran la susceptibilidad de los
grupos a los riesgos más que su capacidad de afrontamiento (Brooks,
2003). Por tanto, la vulnerabilidad incluye las desigualdades espacia-
les específicas de determinadas comunidades, las características del
entorno construido, la calidad y el nivel de urbanización, las tasas
de crecimiento y la vitalidad económica (Cutter et al., 2003). Como

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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

resultado, lo social y lo biofísico interactúan para producir la vulne-


rabilidad de un territorio y sus habitantes. Asimismo, también se ha
reconocido el papel central de las condiciones socioeconómicas en
los juicios y creencias sobre los riesgos para la salud (Vaughan, 1995).
En resumen, la vulnerabilidad se considera como la combinación de
tres componentes: la exposición diferencial a las amenazas ambienta-
les, la sensibilidad (susceptibilidad, predisposición) diferencial a las
mismas y la capacidad diferencial para responder a dichas amenazas,
para adaptarse o recuperarse de los impactos.
Esta relación desigual o diferencial con los riesgos ambientales
depende de las condiciones objetivas, pero también subjetivas, propias
de la pertenencia social y cultural, lo que hace que determinadas
categorías de personas sean más vulnerables que otras. Las desigual-
dades socioambientales que subyacen a la vida social y las condicio-
nes históricas básicas se vuelven más complejas por los juicios de los
individuos sobre su propia vulnerabilidad, juicios que en ocasiones no
corresponden a la evaluación formal realizada por las instituciones
(expertos, autoridades). El hecho de ser o de considerarse vulnerable o
no ante una amenaza, constituye un objeto complejo de conocimien-
to científico y denota una relación desigual de los individuos con el
conocimiento, con la realidad, marcada por relaciones intergrupales
a veces complejas. Así, una aproximación a la vulnerabilidad desde la
Psicología Ambiental se refiere a la vulnerabilidad percibida, es decir,
a la valoración que los individuos hacen de su propia vulnerabilidad.
Esta valoración es producto de las condiciones objetivas de vida, de la
vulnerabilidad estructural que se acaba de mencionar, pero también
es función de otros factores que es necesario identificar. En otras pa-
labras, el estudio de la vulnerabilidad percibida requiere comprender
los mecanismos socio-cognitivos y afectivos involucrados en la cons-
trucción del juicio y la acción, así como los aspectos contextuales, las
condiciones de vida material y social que también determinan estos
mecanismos. En síntesis, el nivel de vulnerabilidad percibida depen-
de de cinco factores clave (Moser, 1998; Navarro y Michel-Guillou,

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

2014): 1) el grado de exposición a un riesgo; 2) la sensación de pérdida


de control o de medidas de protección; 3) el sentimiento de pérdida
de posibilidades de evitar o anticipar las consecuencias negativas; 4)
las atribuciones causales, creencias ingenuas y teorías ingenuas que
explican las amenazas ambientales; 5) la familiaridad con el entorno
y la amenaza por su proximidad física, social y temporal.
Por tanto, se considera necesario introducir un enfoque psico-am-
biental del análisis de la vulnerabilidad para dar mayor pertinencia
a la gestión de riesgos ambientales. Se observa que en ocasiones los
riesgos, tal como los definen los expertos, fruto del conocimiento
formal, están lejos de los riesgos tal como los perciben o aprehenden
los habitantes no expertos, producidos por el conocimiento social o
el conocimiento del sentido común (Fischhoff et al., 1978; Slovic,
Fischhoff y Lichtenstein, 1980). El conocimiento social de los riesgos
ambientales determinará las decisiones y acciones de adaptación. Este
marco de referencia sociocultural define las tendencias sociales, los
juicios que los individuos hacen sobre la situación, el nivel de peligro,
la importancia de la amenaza, su capacidad de respuesta individual
o colectiva, así como las medidas propuestas por las autoridades, de
su eficacia. De ahí la importancia de conocer y tomar en cuenta
este conocimiento social para construir acciones institucionales de
prevención y reconstrucción más relevantes y adaptadas, porque
lamentablemente es un hecho que existe una distancia demasiado
grande entre los sistemas de apreciación (científica), de gestión
(política) y de percepción (social) de múltiples situaciones de riesgo
para las sociedades, que provocan dificultades en la gestión de crisis
y hacen que estas sociedades sean aún más vulnerables (Navarro y
Michel-Guillou, 2014; Navarro, 2017).
La Psicología Ambiental ha estado interesada desde hace mucho
tiempo en el conocimiento del sentido común en la evaluación de
riesgos. Así, las teorías psicológicas se han utilizado para estudiar
cómo las personas evalúan (aspectos cognitivos) o sienten (aspectos
afectivos) situaciones de riesgo y cómo se comportan frente a estos. El

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VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

llamado enfoque psicométrico se considera el paradigma dominante


en la investigación sobre la percepción social del riesgo, paradigma
desarrollado en particular por Slovic, Lichtenstein y Fischoff (Fischoff
et al., 1978) sobre la base del trabajo de Tversky y Kahneman (1974).
Este enfoque intenta explicar la aversión que ciertos individuos tienen
hacia ciertos riesgos y su indiferencia hacia otros, es decir, intenta
identificar y formalizar los factores que explican la variabilidad inte-
rindividual de los juicios frente a los riesgos.
El enfoque psicométrico también está interesado en las diferencias
entre las opiniones de expertos y no expertos sobre una misma situación
o producto peligroso, es decir, la influencia de la naturaleza y formas
de conocimiento. La evaluación se realizaría según tres criterios: el
número de personas expuestas, el carácter catastrófico del riesgo y su
carácter familiar o desconocido. Siguiendo el trabajo en este enfoque,
Slovic (1992), propone cuatro categorías de riesgos según su conoci-
miento y su controlabilidad: riesgos desconocidos pero controlables
(drogas, por ejemplo), riesgos conocidos y controlables (tabaquismo,
comida chatarra, alcoholismo, por ejemplo), riesgos conocidos pero
incontrolables (accidentes, por ejemplo) y riesgos desconocidos e
incontrolables (tecnologías médicas, nucleares y / o genéticas, por
ejemplo). El enfoque psicométrico ofrece un modelo de la relación
entre percepción de riesgo y comportamiento de riesgo basado en un
nivel de análisis intraindividual e interpersonal, según la clasificación
de Doise (1986). La idea general es que la percepción de riesgos re-
sulta de una combinación de factores generando un patrón común a
los individuos e identificable mediante el uso de una metodología: la
psicometría, que permite identificar y aislar invariaciones.
Otros enfoques conviven con el paradigma psicométrico para
intentar estudiar el conocimiento social de los riesgos ambientales.
Las teorías socioculturales, por ejemplo, buscan explicar cómo las
sociedades construyen (historia), analizan (sociología) y adminis-
tran (economía) los peligros que enfrenta la humanidad (Douglas y
Wildavsky, 1982). Las teorías psicosociales, a su vez, explican cómo

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

los factores sociales, culturales y relacionales influyen en la forma en


que los individuos se representan y dan sentido al riesgo (Joffe, 2003).
La premisa básica es que los riesgos se construyen socialmente y, por
tanto, la vida social ofrece un marco de lectura de la realidad que
orienta la acción. Este marco organizado fundamentalmente por el
pensamiento social ha sido ampliamente abordado a través de la teoría
de las representaciones sociales (Moscovici, 1976). Esta dimensión
psicosocial es particularmente relevante en el análisis de la evaluación
y gestión de riesgos, en particular al integrar el conocimiento del
sentido común expresado en las representaciones sociales, además
de los enfoques psicológicos clásicos. Pero este enfoque debe fortale-
cerse para abordar la complejidad de los temas relacionados con los
riesgos ambientales, porque también parece necesario integrar una
dimensión ambiental para dar un lugar importante al contexto, al
entorno de vida, muchas veces olvidado. De esta manera, el enfoque
psico-ambiental (Navarro y Michel-Guillou, 2014) tiene como objetivo
identificar cómo los factores psicológicos, sociales y culturales, pero
también las condiciones materiales de vida, la dimensión espacial y
la identificación o apego a los lugares, determinarán la evaluación
del riesgo, la vulnerabilidad percibida y las estrategias de adaptación.

Aproximación al rol del psicólogo ambiental


Uno de los grandes desafíos de la Psicología Ambiental, como campo
aplicado, tiene que ver con la definición de su quehacer en distintos
contextos, es decir precisar claramente cuál es el rol de los psicólo-
gos ambientales. Sin duda alguna, los procesos de investigación y
formación en Psicología Ambiental en el mundo están ampliamente
difundidos, con más desarrollos claro está, en algunos lugares más
que en otros. Un número cada vez más importante de revistas cien-
tíficas divulga resultados de investigación que se adelantan en el
abordaje de problemas derivados de las relaciones entre el ser huma-
no y el ambiente natural y construido. Entre las revistas con mayor

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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

reconocimiento en publicaciones en el campo están el Journal of


Environmental Psychology, Environment and Behavior, Environmental
Education Research, Journal of Architectural and Planning Research,
Management of Environmental Quality: An International Journal, The
Environmentalist, Frontiers in psychology (environmental psychology)
y PsyEcology.
Los procesos de investigación también han permitido que se
consoliden agremiaciones y redes de investigadores como la división
34 de la Asociación Americana de Psicología (APA) (Society for
Environmental Population and Conservation Psychology), Interna-
tional Association People-Environment Studies (IAPS), Association
pour la Recherche en Psychologie Environnementale (Arpenv), la
British Environmental Psychology Society (BrEPS), Environmental
Design Research Association (EDRA), Asociación de Psicología Am-
biental (Psicamb), Associação Brasileira de Psicologia Ambiental e
Relações Pessoa-Ambiente (Abrapa), el Grupo de trabajo Ambiental
de la Sociedad Interamericana de Psicología, el Nodo de Psicología
Ambiental de la Asociación Colombiana de Facultades de Psicolo-
gía (Ascofapsi). Entre los grupos de investigación más reconocidos
en Psicología Ambiental se encuentran el “Grupo de investigación
Delincuencia, Marginalidad y Relaciones Sociales” de la Universidad
del País Vasco, el “Grupo de investigación Persona-Ambiente” de la
Universidad de la Coruña, el “Grupo de investigación en Psicología
Social, Ambiental y Organizacional” de la Universitat de Barcelona
(PsicoSAO), el “Grupo de investigación en Psicología Ambiental
(Gipsamb)” de la Universidad de Castilla-La Mancha, el “Laboratorio
de Psicología Ambiental” de la Universidad de Brasilia, el “Grupo
de investigación Pedagogía Urbana y Ambiental” de la Universidad
Pedagógica Nacional y el “Grupo de investigación Sintropía” de la
Universidad Surcolombiana.
En cuanto a la formación en Psicología Ambiental el portal web
de la división 34 de la APA presenta un listado de programas de for-
mación en el mundo que incluyen cursos en el campo ([Link]

41
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

[Link]/division-34/about/resources/graduate-programs).
Sin embargo, es importante destacar que son escasos los programas
de posgrado con denominación específica en Psicología Ambiental.
Algunos casos de posgrados orientados en español son el máster en
Intervención y Gestión Ambiental: Persona y Sociedad, ofrecido por
la Universidad de Barcelona (España), el doctorado y la maestría en
Psicología con Residencia en Psicología Ambiental de la Universidad
Nacional Autónoma de México, el doctorado y la maestría en Psicolo-
gía–Línea Psicología Ambiental y de la Sustentabilidad de la Univer-
sidad de Sonora (México), la maestría y el doctorado en Educación
de la Universidad Pedagógica Nacional (Colombia) y la maestría en
Psicología Ambiental de la Universidad Surcolombiana (Colombia).
En lo relacionado con el ejercicio profesional de la Psicología
Ambiental, está en proceso de crecimiento (Sierra-Barón, 2021a,
2021b). Al respecto Swim et al. (2009) describieron varios aspectos
relacionados con la manera a través de la cual, los psicólogos pueden
ayudar con distintos problemas que se derivan de cambio climático.
Entre los elementos más representativos que se proponen, el psicólogo
puede aportar al desarrollo del entendimiento del comportamiento
de las personas ante el cambio climático, así como diseñar y probar
intervenciones que ayuden a limitar los efectos de este fenómeno. Por
su parte, Gifford et al. (2011), plantean, que si bien muchos psicólogos
ambientales laboran como investigadores (reconociendo el valor de la
teoría y la investigación), otros se enfocan en la aplicación del cono-
cimiento, es decir, se desempeñan como consultores o ejercen cargos
en los que se desarrollan políticas o resuelven problemas locales, así
el ejercicio del psicólogo ambiental se orienta hacia el mejoramiento
del entorno construido y la superación de los problemas de la sosteni-
bilidad en los ambientales naturales (locales y globales). Estos autores
destacan como rasgos distintivos de la Psicología Ambiental tanto en
la investigación, como en la práctica (ejercicio laboral): i) mejorar el
ambiente (entorno) construido y la adecuada gestión de los recursos
naturales; ii) estudiar entornos (ambientes) cotidianos; iii) considerar

42
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

como una entidad holística a las personas y el ambiente (entorno); iv)


reconocer el rol activo de las personas frente al ambiente (entorno), el
cual es moldeado por ellos y v) el trabajo conjunto con otras discipli-
nas. La tabla 1 muestra una descripción de los contextos/problemas y
algunos de los tópicos y elementos de abordaje de Psicología Ambiental
propuesta por Gifford et al. (2011).
Así, es evidente la pertinencia y relevancia del rol del psicólogo
ambiental en contextos del ambiente construido (residencial, barrios
y ciudades), natural (gestión de recursos, construcción social de la
naturaleza, problemas ambientales) educativos, organizacionales, di-
seño arquitectónico y uso de las nuevas tecnologías de la información
y comunicaciones.

Tabla 1. Contextos/problemas y tópicos / elementos


de abordaje de la Psicología Ambiental

Contexto / Problema Tópicos / Elementos de abordaje

Psicología de la gestión de recursos. Conservación de energía y agua dulce, gestión de


reciclaje y contaminación.

Psicología ambiental residencial. El hogar como entorno que tiene estructura física
(casa, apartamento, etc) y significado (hogar).

Psicología ambiental de barrios y Exploración de relaciones persona-ambiente en las


ciudades. ciudades, lugares públicos, el vecindario, la comu-
nidad y las calles.

Psicología ambiental educativa. Incidencia de características físicas de las escuelas


y los entornos de aprendizaje sobre los procesos de
interacción de estudiantes y maestros.

Psicología ambiental del lugar de Relaciones entre el entorno físico y el trabajo, el


trabajo. rendimiento, el comportamiento social, la salud y el
estrés, así como la vida después de la etapa laboral.

Psicología ambiental natural. El entorno natural como estímulo, fuente de aprecia-


ción estética, creativa y espiritual que da soporte vital
a la especie, como restaurador y guía en el diseño y
la planificación de principios de vida.

La construcción social de la na- Procesos perceptivos, cognitivos, afectivos, sociales,


turaleza, el medio ambiente y los culturales y simbólicos acerca del medio ambiente
problemas ambientales. y la naturaleza.

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Contexto / Problema Tópicos / Elementos de abordaje

Psicología ambiental y diseño ar- El diseño social como forma de crear estructuras
quitectónico. (edificios, casas, etc.) que se adapten mejor a sus
ocupantes.

Medio ambiente y tecnologías de la Efectos de los cambios producidos por la revolución


información y las comunicaciones. en la tecnología de la información sobre la sosteni-
bilidad ambiental.

Nota: Elementos basados en Gifford et al. (2011).

Estos elementos presentados permiten ubicar el rol protagónico


del Psicólogo Ambiental ante las urgencias medioambientales de hoy,
que se fundamenta en sus rasgos distintivos y que ayuda a constituir un
perfil ocupacional. La tabla 2 muestra una aproximación descriptiva
a algunas competencias4 del psicólogo ambiental:

Tabla 2. Competencias del Psicólogo Ambiental

Tipo Competencia

Conocer los fundamentos epistemológicos y metodológicos de la


Psicología Ambiental y su relación con otras ciencias y disciplinas
científicas (Sociales y Humanas, Ambientales, Educación, de la Salud,
Ingeniería, Ecología, Arquitectura y Urbanismo).

Reconocer los problemas ambientales que caracterizan la relación


individuo-entorno, sus implicaciones culturales, económicas, polí-
ticas, así como sus posibilidades de intervención.

Cognitivas Conocer las distintas influencias ambientales que influyen en el


comportamiento humano.

Identificar los factores intrínsecos y extrínsecos que influyen en el


comportamiento sustentable.

Reconocer los procesos que movilizan la promoción de comporta-


mientos sustentables.

Explicar las problemáticas psico-socio-ambientales en ambientes


naturales y construidos.

4
Se fundamentan en el documento Perfil por competencias del profesional en
Psicología (2013), del Colegio Colombiano de Psicólogos.

44
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

Tipo Competencia

Proponer y dirigir investigaciones e intervenciones que propendan


por el fomento del bienestar y la calidad de vida en distintos contextos
en ambientes naturales y construidos.

Implementar aportes científicos de la Psicología Ambiental para la


resolución de problemas psico-socio- ambientales en los distintos
contextos.

Analizar información científica y de política pública pertinente y


actualizada, que le permita desarrollar procesos de intervención
ajustada a las necesidades de los contextos.
Procedimentales Proponer, dirigir y desarrollar proyectos, estrategias, programas y
acciones de intervención que procuren resolver problemas psico-so-
cio-ambientales en ambientes naturales y construidos.

Implementar métodos de medición y evaluación en Psicología Am-


biental, que permitan conocer e intervenir las realidades psico-so-
cio-ambientales (entrevistas, técnicas de observación, cuestionarios
de autorreporte, medidas objetivas, entre otros).

Aplicar los principios éticos, deontológicos y normativos que orientan


y regulan los procesos de investigación e intervención en Psicología
Ambiental.

Nota: Basado en Colpsic (2013).

En adición a lo anterior, el perfil ocupacional del Psicólogo Am-


biental podría configurarse en términos de:

• Investigador en instituciones de educación superior, grupos


y centros de investigación y demás organizaciones públicas
y privadas.
• Experto en gestionar y direccionar equipos interdisciplinarios
de investigación o intervención que propendan por el abor-
daje científico y aplicado de problemas como la protección
del ambiente (natural y construido), el diseño urbano, la
prevención del delito, la promoción de la convivencia ciu-
dadana, y el diseño espacial (escuelas, hospitales, hogares
de paso, cárceles, etc.).

45
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

• Asesor y consultor en organizaciones públicas o privadas


de procesos de investigación o intervención en temas como
movilidad urbana, diseño y educación de los ciudadanos
en el espacio público y la formación para la conservación y
mitigación de los efectos del cambio climático.
• Coordinador de proyectos de investigación, evaluación e inter-
vención que tengan como objetivo el fomento del desarrollo
humano, la calidad de vida y el bienestar desde el análisis
de la seguridad ciudadana, la planeación y gestión urbana.
• Gestor y promotor de políticas ambientales desde el enfoque
psico-socio- ambiental.

Conclusiones
La concepción de los autores de la Psicología Ambiental como disci-
plina que estudia científicamente la relación entre los individuos y el
medio ambiente, la pone en el centro del estudio de los problemas y
las preocupaciones ambientales. De hecho, cuando el medio ambiente
se convierte en un problema para los individuos, las sociedades, las
autoridades y los grupos buscan responder, adaptarse a él. Ya sea un
riesgo particular o el entorno global y sus efectos en la calidad de vida
de las sociedades, muchas disciplinas están interesadas en comprender
estos fenómenos para apoyarlos, dar respuestas, incluso soluciones.
Y aunque en general los análisis movilizan las ciencias naturales o
las ingenierías, entre otras ciencias, porque muchas veces se trata de
comprender, o incluso modelar el entorno y estas manifestaciones
físicas, siempre es necesario cuestionar también las elecciones de
los individuos, sus percepciones y comportamientos con respecto
a los temas estudiados, lo que configura el objeto de estudio de la
Psicología Ambiental.
Se tiene la impresión de que, en el estudio de las cuestiones
ambientales, los seres humanos, el comportamiento individual o
colectivo, generalmente están ausentes de estos análisis o en el mejor

46
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?

de los casos integrados de manera anecdótica o incluso intuitiva


por los “expertos”. Un enfoque interdisciplinario es, por definición,
necesario para estudiar los problemas ambientales o, de manera más
amplia, la relación de los seres humanos con su entorno. Esta es una
característica fundamental de nuestra comprensión de la Psicología
Ambiental, a saber, su carácter necesariamente interdisciplinario
debido a la naturaleza de su objeto (Moser, 2003).
Hablar de comportamiento es evidentemente reductor. Es nece-
sario, según el caso, definir y operacionalizar exactamente a qué se
refiere. La mayoría de las veces es la toma de decisiones de las personas
lo que está en juego. En el campo de la toma de decisiones frente a los
riesgos, los primeros estudios en psicología de la toma de decisiones
en situación de incertidumbre tomaron como referencia la teoría de
la utilidad esperada, basada en una lógica formal que rápidamente
resultó incompatible con el comportamiento de las personas (Bargh
et al., 2012). Las motivaciones obedecen a una racionalidad bastante
intuitiva y determinada por un conjunto de factores cognitivos, afec-
tivos, socioculturales y ambientales. Las investigaciones en psicología
muestran que los seres humanos se orientan en una doble tendencia:
por un lado, la aversión al riesgo que los lleva a evitar situaciones pe-
ligrosas, y por otro lado la búsqueda de la realización de su potencial,
lo que induce conductas de riesgo. Por lo tanto, es poco probable que
el razonamiento formal se utilice en la vida cotidiana o en situaciones
de emergencia. Estos comportamientos están más bien determinados
por automatismos. La pregunta es si las respuestas a las emergencias
son apropiadas para la situación o no; así, las situaciones de riesgo se
caracterizan por una exacerbación de los afectos. Este aspecto emocio-
nal es particularmente importante para procesar información y tomar
decisiones en una emergencia. El trabajo en Psicología Ambiental ha
demostrado que el afecto es un factor esencial en la evaluación del
riesgo, determinando su valoración y ponderación. El afecto refleja la
interacción del sistema emocional y la representación del problema.

47
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Esto último depende de factores socioculturales que subyacen a la


evaluación de riesgos.
En síntesis, la Psicología Ambiental y su conocimiento científico
de los procesos cognitivos, emocionales y socioculturales, aporta un
conocimiento fundamental (con trascendencia interdisciplinaria)
para la comprensión e intervención de los problemas ambientales,
contribuye a la experiencia en la toma de decisiones en una situación
de riesgo y/o incertidumbre, en la adaptación frente a los problemas
ambientales; así como en la toma de decisiones específica para todas
las categorías de personas involucradas, expertos, grupos sociales y
autoridades.
Como primera aproximación en el tipo del rol y perfil del psi-
cólogo ambiental, es necesario desarrollar estrategias y acciones que
permitan contrastarlo con las realidades del ejercicio profesional de
este campo aplicado. Sin embargo, queda a consideración de quienes
desarrollan enseñanza o investigación en el campo, continuar visibili-
zando sus bondades. No cabe duda de que hoy, más que nunca, el rol
de psicólogo ambiental y su pertinencia en los desafíos que imponen
las urgencias medioambientales y sus efectos sobre los individuos,
grupos y organizaciones, reclaman el desarrollo de este campo y por
supuesto su ejercicio profesional.

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58
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CAPÍTULO II
P ercepción ,
conocimiento
y valoración de los
microcontaminantes por parte
de dos grupos de cultivadores .
P erspectiva psicoambiental

Henry Granada E.1

1
Psicólogo, magíster en Proyectos de Desarrollo Social. “Grupo de investiga-
ción en Ambiente y Desarrollo Humano”. Universidad del Valle. GAMHA.
Contacto: [Link]
R esumen
El artículo toma como elemento teórico clave las representaciones sociales,
describiendo brevemente los procesos cognitivos que las componen y su ca-
rácter de integralidad. Profundiza brevemente en las representaciones sociales
del agua en general y de la microcontaminación en particular. Posteriormente,
con base en dos estudios empíricos, analiza la manera como tales grupos
establecen relaciones con la naturaleza y el papel que el agua juega en su
intercambio económico: la agricultura. Se concluye que: 1) para ambos grupos,
el agua y su calidad no es prioritaria frente a las exigencias de agroquímicos
en sus cultivos; 2) que los efectos dañinos sobre la salud personal es tenida en
cuenta en sus efectos inmediatos, visibles, pero no en el largo plazo; 3) que
los efectos sobre la salud ecosistémica, aunque se conozcan, no juegan papel
importante en sus decisiones; 4) en el caso colombiano al menos, aunque la
información proporcionada a la población sobre agroquímicos lo hacen, por
lo general, las multinacionales del caso, dentro de ciertos lineamientos, se
puede sensibilizar y promover la adopción de cambios de interés en las prác-
ticas agrícolas por parte de los cultivadores; 5) finalmente, se recomiendan
ciertas acciones encaminada hacia el compromiso de la universidad en su
rol social crítico pero propositivo con la temática.

Palabras clave: representaciones sociales del agua, microcontaminación, sa-


lud humana y ambiental, procesos cognitivos básicos, percepción del riesgo.

61
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Introducción
Resumiendo información pertinente de diferentes estudios, González
(2012) indica que el agua cubre las ¾ partes de la superficie de la
Tierra. Sin embargo, añade, de esta cantidad el 97% es salada y se
encuentra especialmente en océanos y mares. Solo el 3% es dulce y
de esta el 1% se encuentra en ríos y lagos. El restante 2% se halla en
estado sólido en latitudes cercanas a los polos. Sin embargo, ya en los
años 70 del siglo pasado, se consideraba que el 50% del agua dulce
del planeta estaba contaminada. Estos datos escuetos muestran un
nivel de la problemática del agua a nivel mundial.
En la Conferencia Internacional del Agua realizada en Dublín,
en 1996, se convocó a la realización de prácticas y procesos de gestión
del agua en los diferentes niveles y ámbitos territoriales. Reconociendo
desde esa época la problemática asociada con ese recurso se expresaron
algunas recomendaciones que se circunscriben al terreno tecnológico
y de gestión; en resumen, son las siguientes:

• Realizar la gestión de recursos hídricos desde la base y a


partir de la escala de cuenca hidrográfica.
• Propender la optimización del abastecimiento de agua para
diversos usos con conocimiento adecuado del balance hídrico.
• Focalizar la gestión de la demanda con base en políticas
de ecoeficiencia, recuperación de costos y tecnologías más
limpias.
• Tener en cuenta la provisión de un acceso equitativo a
recursos hídricos.
• Establecer una coordinación de políticas hídricas, meca-
nismos regulatorios y arreglos institucionales y normativos.
• Utilizar el enfoque intersectorial para la toma de decisiones
(González, 2012).

62
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

A este contexto global no es ajena la situación colombiana, aun-


que, a su vez, posea características específicas a nivel regional. En tal
dirección, el periódico de la Universidad Nacional (2011) realiza una
especie de resumen del estado del agua en Colombia. El documento
subraya que, pese a condiciones existentes que pudieran denominarse
privilegiadas comparadas con muchos otros países (páramos, océanos,
tres cordilleras, precipitación hídrica que prácticamente duplica la
de muchos países del mundo, miles de cuencas y grandes ríos con
caudales permanente) la calidad y disponibilidad de la misma no se
compadece con la señalada “abundancia” del recurso.
Beleño (2012), resume algunas de las características concernientes
a la situación mencionada:

1. La oferta del agua en el país no está distribuida en forma


equitativa.
2. Las fuentes que contribuyen al deterioro del agua y al
aumento de la contaminación son diferentes: los sectores
agropecuario, industrial y doméstico son los principales
responsables.
3. Pocos municipios cuentan con alguna forma de tratamiento
de sus aguas (y son deficientes o insuficientes), mientras
la inmensa mayoría no tiene ninguno.
4. La mayor parte del sistema hídrico andino se ha alterado
debido al transporte de sedimentos y sustancias tóxicas.
Son de mencionar los principales corredores industriales
aportantes a tal deterioro: Bogotá–Soacha; Cali–Yumbo;
Sogamoso–Duitama–Nobsa; Barranquilla–Soledad; Mede-
llín–Itagüí; Cartagena–Mamonal.
5. El acceso al agua de calidad se ve afectada por problemas
de distribución (“escasez tecnológica”). Así, poblaciones
de la costa Pacífica y llanura caribeña, a pesar de tener
aguas en diferentes formas no tienen el acceso o, si lo
tienen, no es potable.

63
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

6. Distribución demográfica desigual según presencia del


recurso: muy poca en la Costa Pacífica con promedio
cercano a los 9.000 mm de precipitación anual y alta
densidad en la cuenca compuesta Cauca-Magdalena cuyo
aporte es el 11% y en donde se produce el 85% del PIB.
En consecuencia no es problema de la relación oferta-de-
manda, sino de la gestión regional–local del recurso2 .
7. El cambio climático afecta las cuencas en el país porque se
ven sometidas a ciclos hidrológicos más intensos y menos
espaciados. Sin embargo, se arguye que, más que el mismo
cambio climático, se debe enfocar el asunto en el uso del
suelo, tipo de relación hombre naturaleza y aspectos
como la pobreza. pues su expresión lesiva (incendios por
ejemplo) es perceptible de inmediato mientras que sus
efectos altamente deteriorantes requieren conocimiento
y valoración para la respectiva rehabilitación pues supone
largos plazos cuando se trata de una recuperación espon-
tánea (si no se ha superado el umbral de resiliencia) o
un alto costo financiero y social para una recuperación
inducida.

El 31 de julio, el periódico colombiano El Tiempo (2021) publica


un sumario de diversos puntos de vista sobre la necesidad de hacer
macroesfuerzos para conservar-proteger la megadiversidad del país
si se busca tener seguridad alimentaria y agua apta para el consumo
humano. Cuatro puntos se subrayan: 1) acciones sobre el cambio
climático y la destrucción del hábitat; 2) pérdida de biodiversidad y
funciones ecosistémicas entre las cuales se mencionan las que sus-
tentan actividades vitales para comunidades indígenas, afrodescen-
dientes, campesinos y comunidades pesqueras; 3) Colombia es de los

2
Negrillas del autor.

64
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

países más desiguales de América Latina. Implica luchar contra ese


fenómeno pues la vulnerabilidad a los efectos del cambio climático
la sufren las comunidades más desfavorecidas; 4) incrementar la
conciencia de la problemática pues las actitudes y comportamientos
de los colombianos dejan mucho que desear.
Aunque no están expresados en los documentos mencionados,
factores como la inequidad estructural, la corrupción rampante y el
alto grado de impunidad deterioran este y cualquier otro recurso
natural que se halle a la mano de los grupos, esos sí altamente pode-
rosos (legales o ilegales). En sus propósitos de expansión, adquieren
extensiones de tierras, las vuelven potreros a un ritmo acelerado,
desecan y se apropian de humedales en las planicies, deforestan y
plantan monocultivos y realizan minería a escala semi-industrial, al
menos, entre otros. Parte de este panorama es descrito en la actuali-
dad por Guzmán (2021) y ha sido profusamente señalado respecto al
arrasamiento de la Amazonia.
Guzmán (2021) plantea al respecto del cambio climático que
la ONU publica un informe en el 2022 en el cual se prevé el acele-
ramiento de los efectos desastrosos del mismo, algunos de carácter
irreversible y que agravará “desde la escasez de agua hasta la mal-
nutrición y aumentando significativamente los éxodos masivos y la
extinción de especies” (p. 2).
Lo anteriormente señalado se contextualiza en el impacto general
del modelo hegemónico de desarrollo socioeconómico de país expre-
sado en sus prioridades y la falta de presencia institucional, excepto
la militar, en gran parte del territorio nacional. Es altamente para-
dójico y contradictorio que líneas y hasta políticas de interés social y
ambiental, sean provistas por un Estado que, a su vez, las combate u
obstaculiza con otras que entran en contravía franca. Esto se detecta
cuando se valora el poder y el ámbito de acción del Ministerio de Minas
y Energía, por ejemplo, en comparación con el de medio ambiente.
En el ámbito departamental, la Corporación Autónoma del Valle
del Cauca (CVC, 2015), realiza un breve resumen de las situaciones

65
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

ambientales y señala especialmente las variables críticas y un escenario


de la apuesta institucional los cuales se presentan en la siguiente tabla.

Tabla 1. Situaciones ambientales a nivel departamental (Valle del Cauca)

Componentes
Situaciones Indicadores de estado y presión
escenario
ambientales Variables críticas
Apuesta

Aprovechamiento del • Conflicto por uso de suelo (ha). Cober t ura y


suelo con efectos adver- • Erosión (ha). uso sostenible
sos sobre la sociedad o los • Salinidad (ha). del suelo.
ecosistemas. • Pérdida de cobertura (ha).
• Déficit de espacio público.

Aprovechamiento del • Variación de caudal y precipitación. Gestión inte-


agua (negrilla del au- • Caudal asignado de fuentes superfi- gral del recur-
Aprovechamiento

tor) con efectos adversos ciales y subterráneas. so hídrico.


sobre la sociedad o los • Variación de niveles en el acuífero.
ecosistemas • Coliformes totales y fecales en fuen-
tes superficiales y subterráneas.
• Concentración de nitratos y cloruros,
conductividad eléctrica en el agua
subterránea.

Aprovechamiento de los • Fauna amenazada/exótica e inva- Gestión inte-


recursos naturales con sora. gral de la bio-
efectos adversos sobre la • Flora amenazada/exótica e invasora. diver sid ad y
biodiversidad. • Ecosistemas amenazados/fragmen- de los servicios
tados. ecosistémicos.

Manejo inadecuado y • Vertimientos. Calidad


vertido de residuos lí- ambiental ur-
quidos contaminantes bana y rural.
en el suelo o cuerpos de
agua (s. p. m.).

Generación, manejo o • Residuos sólidos ordinarios gene-


Contaminación

disposición inadecuada rados.


de residuos sólidos. • Residuos de demolición y construc-
ción (RCD) generados.

Generación, manejo o • Residuos peligrosos (Respel) gene-


disposición inadecuada rados.
de residuos peligrosos.

Emisiones contaminan- • Emisiones a la atmósfera generados.


tes a la atmósfera (gases,
partículas o ruido).

66
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

Componentes
Situaciones Indicadores de estado y presión
escenario
ambientales Variables críticas
Apuesta

Escenarios de afec- • Ocupación del territorio. Desarrollo


tación o daño por • Usos y actividades. territorial
Riesgo

inundaciones, avenidas acorde con


torrenciales, movimien- sus limitacio-
tos en masa, sismos e nes y poten-
incendios forestales. cialidades.

Fuente: Corporación Autónoma del Valle del Cauca (2015).

Es bastante difícil caracterizar los impactos directos, indirectos y


“neutros” de las situaciones mencionadas sobre el agua y su calidad,
pues, al fin y al cabo, el ecosistema tiene vasos comunicantes en todos
los subsistemas que lo componen. Sin embargo, se pueden identificar
aquellos más pertinentes, con el fin de señalar la enorme presión
y las diferentes fuentes de afectación (generalmente negativa) que
recibe el patrimonio hídrico, cuyas características coinciden con las
mencionadas en el primer documento sobre la situación en la zona
andina. En síntesis, el estado crítico, o mejor multicrítico, del agua
no se puede ignorar y cada vez son más los indicadores cualitativos
que desmoronan la vieja creencia según la cual se vive en un país
privilegiado en agua: contaminación focalizada, contaminación difusa,
deterioro de riveras y de bosques de galería, pérdida de humedales,
poca o nula disposición de agua potable en hogares, sobreexplotación
y contaminación de acuíferos por parte de agroindustria y ganadería
extensiva especialmente en suelos de pendiente, entre otros. Sumado
a estas consideraciones, se debe señalar que se descendió del puesto
6 al 24 en la tabla mundial de agua, según su uso adecuado para la
vida humana y salud ecosistémica.
Swim et al. (2011) señalan que los propósitos y actividades humanas
que producen deterioro sobre los ecosistemas suelen producir cambios
acumulativos que se expresan, algunos en crisis, otros gradualmente,
pero ambos en formas altamente nocivas (y quizás irreversibles). Estas
consecuencias, unidas al efecto del cambio climático en marcha cada

67
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

vez más evidente, aceleran sus efectos sobre los diferentes recursos
que tiene el planeta. El agua, su disposición y calidad, se incluye en
este apartado, por supuesto.
Lo mencionado tiene una relación especial con lo que las
ciencias sociales y, especialmente la psicología social ambiental, ha
denominado las representaciones sociales del agua (RSA). Estas
representaciones pueden entenderse en sus tres procesos sociocogni-
tivos claves como son la percepción, el conocimiento y la valoración y
posteriormente se relacionan con el objeto de trabajo: el agua.

1. Representaciones sociales del agua


Aunque en la literatura pertinente se suele hablar de estos procesos
cognitivos que componen aspectos fundamentales de las RS de ma-
nera separada, se es consciente de que su funcionamiento obedece
a un sistema de acción y retroalimentación. En ese sentido, es con-
veniente introducir el esquema de procesos cognitivos básicos y su
complementariedad.
Con base en Barberi (2011), Gifford (1997), Granada (2002,
2004, 2021), Holahan (1995). Moser (2007) y Veitch y Arkelin (1995)
se elabora el siguiente resumen sobre tales procesos.

1.1. Percepción, conocimiento y valoración:


su carácter complementario
Los procesos básicos que se proponen como mediadores o moduladores
entre las situaciones ambientales y las respuestas simples o complejas de
los sujetos se han clasificado en percepción, conocimiento y valoración
ambientales. Sobre cada uno de ellos se hace el resumen ilustrativo y
se comentan aspectos en donde sus funciones se complementan, pues
el principio básico que anima al autor en particular, y psicólogos en
general, es no fragmentar aquellos procesos que suelen ocurrir como

68
VOLVER A INICIO
Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

un todo y que, además, generan circuitos de retroalimentación que


superan abiertamente un modelo lineal (Flores y Herrera, 2010).
El proceso mediador de las actitudes o valoración ambiental se
define como la disposición permanente que hace pensar, sentir y
comportarse en forma especial, ya sea de aceptación o rechazo, hacia
aspectos significativos del ambiente con el que se interactúa de una
forma directa (inmediata) o indirecta (mediata o evocada) (Granada,
2002). En este proceso se enfatiza el componente afectivo que se
relaciona de manera dinámica y dialéctica con los demás. Esto sig-
nifica que en ocasiones el sujeto humano se deja llevar por aspectos
mediatos y, en otros, de carácter inmediato. Esta situación conlleva
a que en momentos haya un desacuerdo entre lo que se piensa con
lo que se siente o con lo que se hace frente a algún aspecto definido
del entorno (Holahan, 1995).
Este proceso se caracteriza cuando se explica cómo se efectúa
la interacción entre aspectos del medio ambiente y la actitud de los
sujetos frente a los mismos dentro de un contexto cultural. En tal
interacción se encuentra implícito el conocimiento de tres aspectos:
conocer (cognitivo) que hace referencia a percibir y pensar; sentir
(afectivo) que enfatiza los sentimientos y las emociones; y hacer algo
(conativo), el cual se basa en la acción o respuesta a los dos procesos
mencionados.
Es importante resaltar que este proceso tiene un papel muy im-
portante en cuanto al sujeto en su desarrollo como un todo integral y
en cuanto este cambie su forma de interactuar con el medio ambiente
tomando conciencia de que la clave está en preservarlo y cuidarlo y
no en el hecho de consumir indiscriminadamente, aunque entidades
públicas o privadas lo estimulen (consumismo).
El proceso mediador de percepción del ambiente es diverso y a la vez
unitario. Por medio de este los diversos estímulos ambientales con que
se encuentra el individuo o el grupo por todas partes se organizan para
formar un cuadro coherente e integrado del mundo. La percepción
ambiental implica conocer el ambiente físico inmediato a través de

69
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

los sentidos, el cual comprende el almacenamiento, la organización


y la reconstrucción de imágenes de las características ambientales
que no están a la vista en el momento. Todas las actividades diarias
dependen de la capacidad de las personas para percibir en forma
exacta los diferentes ambientes que hacen parte de su vida, y esa
forma de percepción (proceso activo) a su vez afectan las actitudes y
la conducta ambiental.
En este proceso la diferencia radica en que los individuos reciben
los diferentes estímulos del medio ambiente y los organiza a través
de los procesos perceptuales para formar un cuadro coherente e
integrado del mundo y, una vez este cuadro se organiza, se elabora
el conocimiento del ambiente para finalmente desarrollar las actitu-
des. Este proceso se realiza de forma activa dado que el ambiente es
muy complejo y el individuo debe explorarlo, ordenarlo y clasificarlo
según los estímulos sensoriales que reciba. Es importante señalar
que los conocimientos y actitudes afectan la percepción misma de
nuevas (incluso de las mismas) situaciones pues la experiencia previa
(conocimiento y valoración) re-ordena y canaliza selectivamente los
contenidos y ritmos de las subsiguientes percepciones.
El proceso mediador del conocimiento ambiental es aquel que es-
tudia la forma en que el individuo modela las imágenes mentales del
ambiente geográfico en el que se desarrolla. Este proceso implica el
almacenamiento, la organización, reconstrucción y evocación de las
imágenes de las características ambientales que no están presentes en
el momento. Cada individuo tiene un mapa mental personal y único
del ambiente, el cual guarda una relación significativa con la forma
personal de utilizarlo; esto se traduce en que esta relación contiene
elementos de significado personal que conforman su conocimiento
del ambiente.
Los mapas mentales se han desarrollado especialmente respecto
del ambiente urbano en que habitan o se relacionan los individuos
o los grupos (Lynch, 1960). Se identifican originalmente cinco tipos
básicos de elementos: las sendas que son las vías por donde la gente

70
VOLVER A INICIO
Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

transita, los bordes que son los elementos lineales tales como muros
o límites de urbanización, los distritos que son los sectores medianos
o grandes de una ciudad, las zonas de confluencia que son los puntos
estratégicos de la ciudad hacia y desde donde las personas se desplazan
como glorietas, plazas, parques y, por último, los hitos que son los
puntos que se observan desde un sitio lejano, como las torres o los
letreros. Sin embargo, la técnica también se aplica en conglomerados
menores que las ciudades grandes (Granada y Carmona, 2009) y en
contextos rurales (Vargas y Toro 2016), generalmente más dispersos
en cuanto distribución habitacional, encontrándose aspectos equi-
valentes en cuanto a la funcionalidad referida a la identificación,
reconocimiento y pertenencia territoriales. Hitos tales como páramos,
cerros, tomas del agua, sitios de riesgo, entre otros, señalan esta re-
presentación espacio-territorial.
El papel de complementariedad de los procesos en cuanto al
sujeto visto como un todo integral es relevante porque se pueden
diseñar ambientes más legibles, con partes que se reconozcan de
inmediato y puedan ser representadas fácilmente. Esta imagen que
el público tiene de su contexto (urbano o rural), por ejemplo, ayuda
a la realización de actividades de forma tal que todos los habitantes
desean participar. Así mismo, la legibilidad y familiaridad incentivan
la producción de sentimientos de identidad y apego al lugar cuando
el ambiente se valora positivamente.

1.2. El caso del agua


El siguiente aparte se basa en gran medida en el trabajo de Navarro
(2009) y su investigación sobre RS del agua y sus usos en contextos
de conflictos en la Sierra Nevada de Santa Marta, puesto que sus co-
mentarios y hallazgos son altamente pertinentes al tenor del presente
tema. En varios momentos y con base en los datos tanto empíricos
como bibliográficos, la importancia de las RSA y los procesos cogni-
tivos asociados a las mismas, se alinderan en la dirección que tiene

71
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

este artículo. A continuación, se resumen algunos de los puntos clave


mencionados en tal trabajo.

• El autor señala que los conflictos en torno al recurso hídrico


son cada vez más importantes en la diplomacia científica
y política mundial. Asegura también que la existencia de
diferentes concepciones (si responden a una forma elaborada
dentro de la sociedad) o, se agrega aquí, las nociones (visiones
intuitivas, tradicionales o no expertas) en torno al agua, ins-
piran y determinan formas de relación, usos y evaluaciones
en torno al recurso.
• En el caso del agua se han identificado dos tipos de creencias
que expresan valoraciones distintas: una de tipo «utilitarista»
que considera el agua como un recurso ilimitado; otra de
índole «ecologista» que concibe el agua como un recurso
limitado que debe ser conservado (Corral-Verdugo et al.
2003; Martínez et al. 2002). Sin embargo, en este momento
la RSA continúa siendo la de recurso.
En el mismo sentido se ha encontrado que la visión utilita-
rista se caracteriza por una concepción fragmentada de la
naturaleza (ciclo del agua) y una percepción “doméstica” del
recurso, al contrario de una concepción integrada del agua
en la naturaleza en la visión ecologista. La existencia de
relaciones diferenciadas con respecto al agua, entre grupos
de usuarios de una misma cuenca, explica la existencia de
conflictos entre estos. En efecto, lo que puede verse como
una simple “diferencia de intereses”, especialmente econó-
micos, guarda en el fondo una cuestión más compleja que
amerita un enfoque más integral. Además de las condiciones
“objetivas” del conflicto (localización, medios técnicos de
explotación o de acceso y usos inadecuados del agua y los
efectos en todo el recorrido de la cuenca), se abordaron los

72
VOLVER A INICIO
Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

elementos “subjetivos”, es decir, las percepciones entre los


grupos y las atribuciones con relación a los valores y a los usos
del agua. Este enfoque contribuye a la comprensión de la
manera en que los grupos se “ven” unos a otros con relación
al agua, las atribuciones de las responsabilidades sobre el
estado actual, y las posibilidades de actuar para mejorar las
condiciones de la fuente en la región (Navarro, 2014, p. 99)
• Estas percepciones y atribuciones entre los grupos, en rela-
ción con el estado del agua, encuentran sus raíces en una
dimensión sociocognitiva organizadora de estos procesos: la
representación social del agua. Del mismo modo, un con-
junto de representaciones sociales encuentra su sentido en
una dimensión más integradora denominada “ideológica”
(Flament y Rouquette 2003). En tal sentido, se han identi-
ficado algunos elementos normativos ideológicos (al parecer
universales) en la RSA: vida y salud (Navarro 2009, 2014).
• En consecuencia, las representaciones sociales influyen en
las percepciones y evaluaciones relacionadas con el objeto
de representación (el agua en este caso) e influyen de igual
manera en las relaciones que se construyen con esta. Por
otra parte, estas representaciones afectan las percepciones
de “los otros”, en relación con el objeto de representación.
Efectivamente, el marco normativo que debe existir en la
representación social afecta, no solo la propia evaluación de
situaciones y eventualmente los comportamientos con rela-
ción al objeto, sino también las actitudes y comportamientos
de los demás que pueden, o no, pertenecer al mismo grupo
(Deschamps y Moliner, 2008). Esto explica la existencia de
tensiones intergrupales en relación a un objeto dado y más
concretamente sobre un objeto de conflicto, como es el caso
del agua y más ampliamente de los objetos ambientales o del
propio ambiente y el territorio.

73
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

En dirección similar, Moser et al. (2005) comparan las diferentes


RSA en diferentes sociedades (países) y señalan la importancia teórica
y metodológica del concepto para identificar, entender y explicar varias
de las diversas formas de valorar el agua, especialmente en cuanto el
ahorro, la adhesión a cierta normativa y la atribución de limitación.

Figura 1. Percepción de la calidad del agua

Contexto ambiental Individuo Contexto social

Percepción de la calidad del agua

Estado de habituación Estado de alerta

Evaluación
Percepción de la posibilidad
de controlar la situación

Imposibilidad Inefectividad del Control individual Control colectivo o


Fatalismo control eficiente institucional eficiente

Protección Compromiso con la


Inacción
individual protección ambiental

Percepción del resultado y


(Re) Orientación del comportamiento

Fuente: Moser et al. (2005)

2. La RS del riesgo
Tanto para Cárdenas (2008) como para Pérez (2017) el riesgo es un
constructo que se basa en la determinación de lo que la sociedad con-
sidera en cada momento como normal y seguro. Sin desconocer los

74
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

aspectos “objetivos”, materiales, registrables del fenómeno, coinciden


en focalizar el análisis en el componente subjetivo o de construc-
ción. El primero de los autores insiste en que el riesgo es la medida,
la determinación limitada del azar según su percepción social. Sin
embargo, los valores dominantes en una sociedad (aspecto cultural e
ideológico, el macronivel de las RS) desarrollados entre quienes, por
su organización, poder económico, político o social pueden hegemo-
nizar (persuasiva o impositivamente) con su propia RS de los recursos
(entre ellos el agua) a los habitantes de una región o país. En esa
medida, entonces, las acciones sociales encaminadas a la resolución
de problemas, si tienen como prioridad fundamental la ganancia o
los beneficios a cualquier costo, tales acciones se llevan a cabo a corto
plazo y derivan en un encadenamiento y acumulación de riesgos mi-
radas a largo plazo. En parte, así se construye la realidad del riesgo.
Una sociedad que asume el riesgo como probabilidad de que su-
ceda lo improbable de lo calculado, (o incluso asumiendo el desastre
como probabilidad sobre regiones físicas y humanas) no solo no amplía
el rango de seguridad, sino que convierte el azar y la incertidumbre
en los sellos distintivos de nuestra época. En este sentido, además de
considerar las condiciones “objetivas” (geológicas, cobertura vegetal,
variabilidad del clima, pendiente de las cuencas), el concepto de cons-
trucción social del desastre tiene, al menos, otras dos dimensiones:

a. La capacidad sociocultural y tecnológica de tomar deci-


siones que aumenten vulnerabilidades, disminuyan la
capacidad de control y aumenten la probabilidad de los
desastres (ejemplo: la deforestación incrementada con
sus múltiples efectos hasta llegar a un punto crítico es
que la misma naturaleza no puede regenerar lo que se
le ha quitado. Por otro lado, “rehabilitar” el ecosistema
deteriorado resulta tan costoso que el presupuesto del
país no puede dedicarle las sumas necesarias para ello).

75
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

b. La imagen creada y mantenida por los diferentes medios


dominantes como prensa, radio, TV y redes sociales en
donde la sociedad valora lo económico como el bienestar
que soporta bien su calidad de vida y al que se deben
sacrificar, o al menos subordinar, otros componentes de
la vida social y natural porque es la cuota del “desarrollo”.
Si, además, este desarrollo solo es posible mantenerlo
e incrementarlo a través del consumo, ningún planeta
puede dar cuenta de los niveles exponenciales que cada
vez se exigen (o se requieren, según los teóricos de esa
“doctrina”) para mantener y acrecentar tal desarrollo.

Esta imagen y sus atributos circulan, tiene asideros en las actua-


les y nuevas generaciones y legitima las acciones en ese sentido. Sin
embargo, podría hablarse de un segundo imaginario, una segunda
racionalidad no dominante, pero sí emergente, alimentada por com-
ponentes institucionales como algunas universidades, organizaciones
internacionales, movimientos sociales (campesinos, étnicos, ONG y
sociedad civil no necesariamente organizada). Esta confronta, critica y
propone iniciativas no solo para mitigar, sino para cambiar el modelo
de desarrollo presente por otro en donde los valores sean diferentes,
alimenten políticas diferentes y la calidad ambiental (como la calidad
del agua especialmente) no sea una externalidad, sino un atributo
esencial, regulante y regulado de la nueva forma de relación socie-
dad-sociedad y sociedad naturaleza. El ocupar el país un segundo lugar
en la cantidad y calidad de conflictos socioambientales en América
Latina denota la fuerza que se está desarrollando en territorios tanto
geográficos como semánticos en los cuales la inversión extranjera o
nacional, especialmente en el campo de la minería, era la varita má-
gica de apertura de diferentes formas de apropiación de los recursos
sin que su discusión fuera siquiera pensada como lugar de la crítica
institucional. Quienes lo hacían eran tildados de “enemigos” del
desarrollo o ambientalistas románticos.

76
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

La conciencia de una naturaleza intervenida por la acción del


hombre ligada a los intereses de la sociedad industrial en una
relación económica costo-beneficio, permite conclusiones
catastróficas como la de que las sociedades actuales son vulne-
rables y propensas a desastres irreversibles. Estas conclusiones
son derivadas de la constatación de los efectos contaminantes
que producen sobre los ríos y mares los desechos provenientes
de las industrias químicas, papeleras, cementeras, siderúrgicas
etc. La lluvia ácida efecto de los vertidos gaseosos contaminan-
tes, la perforación de la capa de ozono, el efecto invernadero
como peligro ecológico generalizado a nivel planetario, y el
calentamiento global, entre muchas otras situaciones actual y
potencialmente desastrosas, permite advertir que el riesgo es
un constructo social e histórico, resultado de un pensamiento
racional e ilustrado que originalmente tenía como propósito
reducir la indeterminación, el azar y la fatalidad asumida en las
sociedades preindustriales como efecto de la fortuna, decisión
de la divinidad o a la acción perversas de un destino ineludible.
(Cárdenas, 2008, p. 5).

Sin embargo, y paradójicamente, hay que advertir que este opti-


mismo anclado en la racionalidad científica y tecnológica se encuentra
muy lejos de una reducción de la vulnerabilidad. Más bien, por el
contrario, la expansión ilimitada del dominio racional y su puesta al
servicio del logro de los valores dominantes mencionados ha multi-
plicado los peligros y el sentimiento de amenaza sobre la naturaleza
y, por ende, sobre cada ser humano:

Con la pretensión de realización de los fines de la modernidad


–libertad, bienestar, progreso– a través de una racionalidad fina-
lística, crece así mismo la incontrolabilidad de las consecuencias
perversas de una modernización que se aleja (justamente) de

77
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

los principios normativos de la modernidad mencionados arriba


(Beriain, 2000).

Además, se legitiman posibilitando su expansión y la aceleración


de consecuencias negativas para la calidad del ambiente (Pérez et al.,
2010).
Por su parte, Wallace-Wells (2019), continúa la línea crítica ante-
rior y señala que los problemas graves respecto al agua y los océanos
se esperan para menos de 50 años por parte de los países, incluso los
desarrollados: el agotamiento paulatino de los acuíferos subterráneos,
la poca disposición de agua superficial (y el proceso de contaminación
y deterioro que no se disminuye a ritmos eficaces) y el aumento de
vulnerabilidad y muerte de arrecifes muestran un efecto catastrófico
ecosistémico sobre la calidad de vida de las regiones del mundo,
aunque en diferente grado.
Se puede observar, entonces, que a “las amenazas comunes del
medio físico se integran las amenazas construidas socialmente, producto
de la intervención intensiva y negativa del hombre sobre su entorno”
(Cárdenas, 2008, párr. 6). Empero es de enfatizar que la naturaleza
también posee capacidades restauradoras y que segmentos impor-
tantes de la sociedad desarrollan actividades generalmente desde lo
local-regional cuya sinergia puede convertirse en fuerza importante en
el panorama de la relación sociedad-sociedad y sociedad-naturaleza.
Esto da lugar para que sentimientos como la desesperanza aprendida
no ocupen un lugar privilegiado o único en el espacio del futuro so-
cioplanetario que pudieran facilitar el nicho a cierta visión fatalista.
Así mismo, y desde el foco de esta última mirada y tendencia los
desastres, deben entenderse como procesos sociales predominantemen-
te y no solo como eventos disruptivos, incontrolables y repentinos de la
naturaleza. Implica entender el desastre como un proceso y analizar
entonces las condiciones sociales y naturales en las que emerge. Por
supuesto, tal actitud requiere un profundo conocimiento de la historia
de los grupos humanos y su territorio, aspectos que aluden al proceso

78
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

de “construcción social del riesgo” y a la noción de ciclo continuo


del riesgo del cual el desastre en un momento. En consecuencia, la
vulnerabilidad es producto, con excepciones notables, de las prácticas
sociales y de las condiciones de riesgo acumulado históricamente los
cuales aumentan la vulnerabilidad creando la noción de desastres en
potencia o en vía de realización. La expresión popular después de
ocurridos muchos de los desastres lo resumen: “se veía venir… y no
se hizo nada para evitarlo”.
Esta manera de entender la noción de desastre es apoyada por
Ojeda y López (2016), cuando afirman que el riesgo de desastre es
un fenómeno que involucra factores ambientales y geológicos, pero
también económicos, políticos, culturales, sociales y psicológicos. Por
ello el concepto de construcción social del riesgo de desastre implica
diálogo entre diversas disciplinas y saberes populares. En síntesis:
transdisciplinariedad.

Con esta premisa, los estudiosos han transitado de la idea del


desastre natural, al concepto de desastre como proceso social.
Ulric Beck (1998) ha señalado que la sociedad actual, la cual
ha denominado como “sociedad del riesgo global”, los esquemas
de seguridad se han invalidado no solo por la incertidumbre
que producen las condiciones en las que se toman las grandes
decisiones, sino por el impacto que a nivel de las personas y
su modo de vida tiene la disgregación social que genera la in-
dividualización institucionalizada. Este fenómeno facilita que
se desprendan conceptos tales como la biografía del riesgo y
la biografía del peligro, que buscan explicar las formas que ha
tomado el riesgo en nuestra sociedad (Cárdenas, 2008, p. 8).

Finalmente, es de anotar que Ojeda y López (2016), apoyándose


en resultados de Beck, 2010; Douglas, 1996 Tierney, 2014 afirman
que el concepto de construcción social del riesgo tiene tres variables
básicas: las amenazas físicas que provocan los desastres, los procesos

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

sociales como causas de la vulnerabilidad y los mecanismos cognitivos


por medio de los cuales se define lo que es aceptable y riesgoso en
una sociedad.
Sin embargo, sorprendentemente, así como se puede hablar y
verificar el riesgo como construcción social, también se puede hablar
y afincar otro “riesgo”: el de la construcción de la esperanza como
afrontamiento del fatalismo y la inmovilización. Eso se puede colegiar
del reto que formula Escobar (2018) cuando habla que “otro posible
es posible”.

2.1. La RS del riesgo: la contaminación acuática


En este punto se toman dos aspectos importantes de la contaminación
acuática. La primera se trata de la contaminación convencional o
focalizada y la segunda de la microcontaminación.

2.1.1. La contaminación convencional o focalizada

Flores (2009) señala que, entre los problemas socioambientales más


inquietantes en la época contemporánea, se encuentra el del uso in-
adecuado del agua. Hablando de México menciona aspectos como:
desperdicio y contaminación; consideran que probablemente en la
actualidad no hay río que se encuentre limpio, pues la mayoría con-
tienen desechos industriales, agrícolas o ganaderos; aguas negras de
los poblados y ciudades. Atribuye como causa básica de esta situación
a la falta de educación y supone que la misma debe comenzar en
la infancia. Así mismo, Hernández (2018) invoca su investigación
realizada en la región de Chiapas en donde estudió la percepción
de la población e instituciones del municipio de Tonalá sobre la
contaminación de arroyos urbanos. La cercanía a la zona del río y
el tiempo de residencia fueron dos factores relevantes que afectan
dicha percepción.
Aunque acepta el papel importante que juega el constructo de RS
para entender y sugerir soluciones al problema de la contaminación

80
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

acuática, tiene en cuenta sin embargo que son pocas las investigaciones
realizadas en tal sentido. Menciona seis, entre las cuales se destaca la
de Moser, et al. (2005) en la medida que relaciona los aspectos cru-
ciales de nuestro constructo fundamental, las RS, con las ideologías
y las prácticas como aspectos diferentes, aunque interdependientes.
En todas las investigaciones referidas se subraya un lugar común:
la importancia de las RS para comprender las relaciones que las co-
munidades establecen con el agua y la valoración posterior de algunos
de sus impactos, al menos los más cercanos
Retomando el estudio de Navarro (2014) mencionado al inicio de
este artículo, es importante señalar dos aspectos pertinentes: el tipo
de participantes y las inferencias que se pueden hacer del resumen de
sus hallazgos visible en sus conclusiones, aunque su objetivo no era
la RS del agua, pero sí la noción de mal uso y el tipo de atribuciones
de ese mal uso de la misma.

En cuanto al primer punto en el estudio se entrevistaron 201


personas usuarios de una misma cuenca proveniente de la
vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta: 76 citadi-
nos (universitarios, empleados, comerciantes y amas de casa
de diferentes barrios y zonas residenciales de la ciudad de
Santa Marta); 66 campesinos de la región, un primer grupo
(n = 24) habitantes de la mediana montaña y pertenecientes a
una asociación de agricultura ecológica y un segundo grupo
(n = 42) de trabajadores de las fincas bananeras; 59 indígenas
pertenecientes a las tres familias de la Sierra (koguis, wiwas y
arhuacos). El punto común entre estos sujetos es el habitar la
misma región y compartir los mismos recursos de agua. Sin em-
bargo, se diferencian por sus marcos y estilos de vida, la historia
y tipos de ocupación de sus territorios, es decir, por sus marcos
socioculturales y ambientales de referencia. Estas diferencias
favorecen la aparición de conflictos de acceso y uso del territorio

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

y específicamente del agua, fundamentadas en las diferentes


concepciones y prácticas del recurso (Navarro, 2014, p. 100).

En cuanto al segundo punto, el autor concluye que los temas


permitieron identificar una escala entre los “buenos” y los “malos”
usuarios del agua que opone a los citadinos con los grupos que viven
en el medio rural, lo que genera importantes implicaciones en la
manera como los grupos atribuyen responsabilidades con relación
a la degradación de la fuente de la Sierra, y sobre las consecuencias
sobre su vida en general. Así pues, a los citadinos se les considera
“malos” usuarios y a los indígenas, “buenos” usuarios; y entre los dos
se encuentran los campesinos.
Estos resultados muestran de nuevo una oposición entre el medio
rural y medio urbano, puesto que los grupos que viven en el medio
rural juzgan de manera negativa los usos que hacen del agua quienes
viven en el medio urbano. En efecto, los campesinos piensan que los
indígenas hacen un mejor uso del agua que los citadinos; de igual
manera, los indígenas consideran que los campesinos hacen un me-
jor uso del agua que los citadinos, incluso si, proporcionalmente, sus
resultados están por debajo de la media, es decir, que los indígenas se
muestran más críticos con el uso que los otros grupos hacen del agua.
Los juicios que se hicieron sobre el uso del agua en los otros usua-
rios de una misma fuente que alimentan las relaciones intergrupales
están en relación con, por lo menos, tres aspectos: en primer lugar,
los valores asignados a los otros usuarios en función de la fuente. Por
ejemplo; los citadinos son vistos como malos usuarios, lo que está en
relación con los valores que se les asignó; ellos descuidan y banalizan
el agua, lo cual genera cierta irresponsabilidad en torno a su uso. En
general se le asigna a los campesinos valores económicos y se destaca
la importancia del recurso para su subsistencia y a los indígenas valores
culturales respetuosos con el medio ambiente.
Con base en los dos puntos mencionados, se pueden reconocer
algunos aspectos de interés para el objetivo del presente documento:

82
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

1. Las RS de valoración del agua y sus usos parecen estar


muy ligadas a la los marcos socioculturales construidos
con base en la experiencia y tradición de habitar los terri-
torios los cuales: 1) se convierten en referencia fuerte para
las comunidades indígenas; 2) de mediano valor para los
campesinos aunque señalando que el grupo agroecológico
tiene más afinidad con el indígena en cuanto aprendizaje
y valoración de la protección del agua; y 3) finalmente el
grupo citadino cuya referencia territorial es prácticamente
nula: el agua es un “servicio” por el cual se paga y ese
pago general el derecho al uso (y al abuso!).
2. Desde esa óptica y de la percepción de la cantidad nece-
saria de agua y de las actividades en las cuales se utiliza,
se juzgó a los citadinos como derrochadores y cierta
irresponsabilidad en el tratamiento del agua: no es por
ignorancia, sino intencionalmente que no se la cuida y
ahorra. Los dos grupos restantes señalan que los cam-
pesinos usan la que necesitan (aunque señalan algunas
costumbres de no cuidado como dejar llaves abiertas o
no tratar vertimientos). Los restantes grupos coinciden en
atribuir a los indígenas un mejor trato del agua y añaden
que practican ciertas creencias que acentúan el respeto
por el ambiente.
3. En la medida que la atención y valoración del agua sea más
“respetuosa” menor riesgo de contaminación (al menos
intencional) se encuentra. El conocer los nacimientos,
su transcurso y propiedades hasta desembocar en otro
río o en el mar, permite una relación de antes, durante
y después, que difícilmente el citadino puede percibir,
quizá conocer solo fragmentariamente y por ello mucho
menos valorar su importancia. Las nociones ecológicas
para ahorro y cuidado del agua para los habitantes de la
ciudad son menos eficaces que las multas (en segmentos

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

bajos o medios); para los campesinos, mientras de “arriba”


no venga la contaminación y pueda perjudicar su salud
o cultivos, tienen menos importancia que ocurra. Para
quienes se sienten parte de la naturaleza y con responsa-
bilidad por cogestionar el cuidado, el valor de la calidad
del agua puede ser un elemento intrínseco.

De todas maneras, las consideraciones anteriores son debatibles y


requieren investigación más sistemática y prolongada para convertir
estas inferencias (aunque con apoyo empírico) en hipótesis y quizá
“hechos sociales” bien consolidados. Por ahora no superan el nivel
de enunciados fértiles y plausibles.

2.1.2. La microcontaminación

Gomes et al. (2020) consideran que la presencia de contaminantes


emergentes ha sido reconocida de manera consistente a nivel mundial
como problema de importancia. Se los define como la presencia de
materiales o químicos encontrados en el ambiente y con un rastro
de concentraciones que puede poseer un potencial, percibido o real,
de riesgo para el sistema compuesto por el hombre, el ambiente y la
salud animal. Es de interés señalar que en esta definición el factor
subjetivo (percepción del riesgo) y objetivo (aspecto real del riesgo)
tienen relevancia. En el mismo sentido se pronuncia Cuenca (2019),
cuando se propone conocer las características de los contaminantes
emergentes, los motivos de la preocupación actual y algunas de las
formas de su afrontamiento para el cuidado de la salud.
La problemática de los microcontaminantes reside en algunas
razones especiales: 1) sustancias orgánicas o inorgánicas que, debido a
su toxicidad, persistencia y bioacumulación pueden inducir un efecto
negativo en seres vivos o en el medio ambiente; 2) se encuentran en
concentraciones muy bajas (mg/l o incluso ng/l) y que no se eliminan

84
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

en tratamientos secundarios convencionales; 3) provienen de fuentes


múltiples, son muy numerosas y de variadas características.
Pacheco (2019) ha mostrado la pertinencia de realizar investi-
gaciones sobre el efecto de las drogas ilícitas en las aguas residuales
puesto que con la metodología de la epidemiología de alcantarilla
puede conocerse el efecto de estos componentes en el medio y en la
salud pública. Por su lado la Univesitat de Barcelona. (2017) realizaron
un estudio en el cual se afirma que:

en cursos de agua de Europa, Asia, Australia y América del Sur


hay niveles altos de los compuestos fungicidas que se dispersan
en los cultivos agrarios (arroz, avena, trigo, patata, ajo y cítricos,
etc.). Por otra parte, los antidepresivos también se encuentran
habitualmente en ríos urbanos de todo el mundo, así como en
ambientes marinos y de agua dulce. Estos productos químicos
llegan finalmente al medio acuático –no son depurados comple-
tamente en los procesos de tratamiento de aguas residuales– y
pueden acumularse en el cerebro de algunos peces. Aunque
son habituales las pruebas de la toxicidad de nuevos compues-
tos químicos, hasta ahora no era bien conocido el efecto de las
mezclas de diferentes toxinas. (p. 6).

La mayoría de las vías fluviales urbanas del mundo reciben un


cóctel de contaminantes –desde la escorrentía agrícola hasta las aguas
residuales humanas– con concentraciones de medicamentos especial-
mente los antidepresivos. Esta observación merece un comentario
especial, pues la información disponible señala que tal consumo
aumenta a medida que la calidad ambiental de las ciudades grandes
decrece y el estrés ambiental subsiguiente es más difícil de controlar o
requiere adaptaciones psicosociales de alto costo: sensación de pérdida
de privacía, dificultades en la movilidad, inseguridad en los espacios
públicos, percepción de pérdida de control social e incertidumbres
variadas y cotidianas que pueden ser elevadas (Granada y Carmona,

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

2009). Es relevante enfatizar en consecuencia que el deterioro de la


salud mental cada vez mayor y en diferentes estratos poblacionales,
afectada por el también deterioro de calidad de la salud mental (psi-
cosocial) se correlaciona con el deterioro del ambiente, especialmente
en lo relacionado con la calidad del agua por efectos de la micro-on-
taminación. Además, la tendencia a medicalizar la enfermedad y sus
síntomas (patrocinada por las multinacionales farmacéuticas) acre-
cienta el problema y lo convierte en asunto de salud pública global.
Patiño et al. (2014) plantean que los microconataminantes emer-
gentes son compuestos de distinto origen y naturaleza que habían
pasado desapercibidos (al menos en España) debido a su baja concen-
tración y sobre los cuales no hay regulación específica. Muchos de
ellos se comportan como disruptores endocrinos provocando efectos
negativos sobre la salud y el medio. Se encuentran presentes en las
aguas ya que las plantas de tratamiento residual convencionales no
están diseñadas para su eliminación. Esta misma dirección es apoyada
por Pérez (2017) quien, en el contexto español, diferencia entre los
efectos directos e indirectos de tal contaminación. Específicamente, en
relación con los medicamentos, señala como efectos directos cuándo
estos, sin modificaciones importantes, son vertidos a los afluentes. Los
efectos indirectos ocurren cuando son consumidos, metabolizados
y luego excretados. Aunque ambas formas tienen efectos negativos
sobre la calidad del agua y el ecosistema del cual firma parte, “los
fármacos no son percibidos como fuente importante de contamina-
ción, especialmente aquellos que no requieren receta, de uso común
en los hogares” (Pérez, 2017, p. 4).
Como síntesis de presencia de los contaminantes provocan la pre-
sencia de estos microcontaminantes tienen los siguientes orígenes: 1)
prácticas agropecuarias (fertilizantes, pesticidas…); 2) origen urbano
y vertederos de residuos sólidos (productos farmacéuticos, higiene y
cuidado personal); 3) actividades del sector industrial en el que se usa
un gran número de compuestos orgánicos (disolventes, desengrasantes,
pigmentos, conservantes, agentes de limpieza).

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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

Ahora bien, enfatizando en las consecuencias y vista ciertas cau-


sas relevantes, a partir de la década de 1990 se empiezan a advertir
algunos de sus efectos entre los cuales se subrayan los siguientes: 1)
mutaciones genéticas en aves marinas y peces; 2) tumores y lesiones
en peces; 3) presencia de fertilizantes en el agua; 4) modificación
de características del agua (olor, color, turbidez, sabor). Esta misma
constatación es apoyada por Gil et al. (2012) cuando expresan la
importancia creciente del asunto y la tendencia a formar parte de las
preocupaciones de los científicos y los gobiernos contemporáneos.
Los contaminantes del agua se convierten en problema acuciante
y su solución requiere acciones convergentes de los diferentes actores
sociales. Indica también que los principales orígenes de la contamina-
ción se encuentran en las actividades industriales, pecuarias, agrícolas
y domésticas, agregando de modo especial la contaminación produ-
cida por actos terroristas, especialmente derrames de hidrocarburos.
En cuanto los microcontaminantes explicita sus propiedades como
pequeñas concentraciones persistentes y con efectos amplios sobre
la calidad del ambiente señalando el efecto especial de los metales
pesados a la vez que considera como de alta nocividad (cualitativa y
cuantitativamente) el caso de los plaguicidas.
Por su lado y en la misma dirección, Patiño et al. (2014) mencionan
que los microcontaminantes (o contaminantes emergentes) no han
sido objeto de especial interés puesto que, a pesar de sus características
altamente perjudiciales (toxicidad crónica, disrupción endocrina y
bioacumulación) su naturaleza y relativa novedad los han hecho pasar
desapercibidos. Se consideran aún emergentes, por cuanto no han
sido aún regulados (o apenas en proceso de serlo). Señalan también
y esto es de alto interés para el tema siguiente, que “los estudios sobre
contaminantes emergentes son relativamente escasos y recientes, por
lo que los conocimientos acerca de su presencia e impacto sobre la
salud humana y el medio ambiente se encuentran aún en fase de
desarrollo” (Patiño et al. 2014, p. 3).

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Ahora bien, conocidas de manera general pero relativamente


precisa las características y efectos de los microcontaminantes, lo
reciente de sus estudios en el campo de la investigación científica y
las moderadas y poco contundentes acciones de control o mitigación
por parte de los gobiernos, ¿cuál es la percepción, conocimiento y
valoración que sobre su riesgo manifiestan los habitantes concernidos?
Al respecto se resumen dos casos con fines especialmente ilustrativos.

[Link] Caso 1: los cultivadores de papa

El informe elaborado por Vargas y Toro (2016) indica que el problema


ambiental identificado y que dio lugar al estudio fue la presencia de
agroquímicos en el río Cauca, en el tramo comprendido entre su
nacimiento en el departamento del Cauca y La Virginia, departamen-
to de Risaralda. De los plaguicidas encontrados (clorpirifos, 2-4-D,
Aldicarb, Carbofura y Hexazinona), la mitad están prohibidos en
Europa por sus riesgos para la salud humana y la de los ecosistemas.
Sin embargo, en Colombia aún está permitido su uso lo cual puede
afectar el ecosistema mismo y la aparición de enfermedades crónicas
en el largo tiempo, por ejemplo, el cáncer.
A través de la recolección y análisis de información secundaria
se logra un espacio de contextualización que permitió posteriormen-
te la realización de talleres en sectores de la comunidad de interés
(cultivadores de papa). En estos, se pudieron conocer los diversos
momentos del ciclo del cultivo, el uso de agroquímicos y la expresión,
por parte de los cultivadores participantes, de la necesidad de cono-
cer más a fondo las características de los agroquímicos usados y sus
efectos sobre la salud del ecosistema (suelos, agua, fauna) y la salud
humana. Posteriormente se aplicó una encuesta en la cual se buscaba
sistematiza el conocimiento de las prácticas agrícolas y la percepción
del riesgo por parte de los cultivadores. Esta actividad se llevó a cabo
en el departamento del Cauca, municipio de Totoró, corregimiento
Gabriel López, vereda Chascales.

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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

Se resumen a continuación los principales resultados obtenidos:


- Los factores que inciden en la selección de agroquímicos son:
efectividad (37%); precio y tradición (20%) y el rendimiento (18%). Es
de observar que, según el reporte, el factor salud para el ecosistema o
salud humana no juega papel en el momento de la decisión. Se puede
afirmar, en este caso, que la percepción, conocimiento y valoración
del agroquímico está configurado por su utilidad pecuaria/financiera
y cualquier otra consideración es secundaria. Así aparece la aplicación
de agroquímicos como la más importante estrategia de manejo de
los cultivos. Además, los beneficios asociados a su uso se resumen
en: efectividad en el manejo de plagas, productividad y calidad del
producto. Estas expresiones (Vargas y Toro, 2016) así lo confirman:

“Son efectivos, no permiten que se dañe el cultivo, este no se


arriesga y no se pone en riesgo el capital…”.
“son efectivos y más productivos teniendo en cuenta la
cantidad de agroquímicos aplicados y la continuidad con que
se hace…”.
“… sacar un producto de buena calidad, buena producción…”.
“El cultivo no se pierde y se gana dinero…”.
“Buena producción y la papa está libre de cualquier plaga…”.
“Rendimiento, se siembra un bulto y se espera cosechar
40…” (p. 33).

Sin embargo, a pesar del reconocimiento de tales beneficios, algu-


nas desventajas como la contaminación del suelo y aguas, perjuicios
para la fauna y para la salud humana no dejan de reconocerse:

“Perjudiciales para la salud, contaminación del medio ambiente,


las aguas…”.
“Desventaja para la salud porque se aplica constantemente…”.
“Es malo, se enferma uno y los hijos salen enfermos…”.

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

“Afectación para la salud, hay más enfermedades…la gente


no dura…”.
“Los productos son muy costosos…”.
“Salinización de los suelos, los suelos se vuelven depen-
dientes…”.
“La salud de los que aplican los agroquímicos porque los
absorben. El ambiente, contaminan los animales (aves, ganado)
y las plantas…”.
“Acaba con los animales, especialmente los pájaros (coica),
ranas, sapos, guabinos (peces)… Antes abundaban, ahora no
hay nada…hay químicos muy fuertes…” (p. 33).

Existen varios elementos para considerar a estas alturas: se reco-


noce el carácter integral de los efectos nocivos (fauna, flora, suelos,
agua, salud humana) pero el grado de conocimiento sobre los meca-
nismos de contaminación y su efecto sobre el entorno es más o menos
global, grueso, aún centrado en la experiencia perceptual aunque se
convierte luego en conocimiento, tradición y valoración.
La RS de los agroquímicos como beneficiosos para el cultivo y
su destino son totalmente claros; la misma claridad parece tenerse
respecto de los efectos nocivos. Sin embargo, ante la seguridad que
requiere cultivo y comercialización como actividad económica
sustancial y la no existencia o no conocimiento de alternativas que
compitan con los agroquímicos, hace aparecer como inevitable su uso
jerarquizando esta valoración a la del costo para la salud y entorno
mencionados. Además, parece que tienen algunos modos de control
o mitigación de tales efectos negativos, como se verá luego, lo cual
quita fuerza a la segunda representación: nocividad. La continuidad
de préstamos agrícolas, la aceptación de los intermediarios y de los
consumidores, la seguridad subjetiva de la venta y la prevención del
riesgo de plagas son condiciones determinantes para la continuidad
de las prácticas descritas. Cualquier efecto nocivo sobre la calidad de

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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

las aguas y efectos diversos es prácticamente ignorado o, al menos,


completamente subordinada.
Las aceptaciones del riesgo acerca de los agroquímicos están
mediadas, además de grandes factores como la cultura (la tradición
en el uso, la influencia de los vecinos y amigos que refuerzan un
espacio semántico común sobre los riesgos), la oferta y “asesoría”
de las compañías vendedoras de los insumos (eficacia, rendimiento,
duración, costo… ya que los cuidados en el uso corren por cuenta
de los compradores), por los procesos cognitivos que nos interesan:
percepción, conocimiento y valoración observándose una continua
y recíproca regulación entre ellos configurando un procesos integral
aunque diferenciable en momentos. Es claro en este reporte que se
toma de los autores en cuestión:

Frente a estas percepciones sociales frente al riesgo en cuanto


a los agroquímicos es importante identificar los factores que
contribuyen a esta idea. En el caso para identificar un producto
como riesgoso se tiene en cuenta las características físicas de los
productos como el olor y la consistencia, igualmente la rapidez
con la que actúan los productos, así como el precio de los mis-
mos. En este sentido si un producto tiene un olor más fuerte
y una consistencia más densa frente a otro se lo considera más
peligroso, así como si al momento de aplicar se puede ver una
acción inmediata o en un lapso corto, e igualmente entre más
costoso sea el producto se asume que será más efectivo para el
tratamiento del cultivo” (p. 37).

Se puede encontrar, entonces, una especie de conciencia co-


lectiva de autoinmunidad adquirida que actúa en la mejor manera
que se le atribuye a las RS, como reguladora y casi normativa de las
relaciones entre las familias, los cultivadores y los agroquímicos en
sus diferentes momentos de aplicación. Fortalece una sensación de
que los controles usados para evitar efectos sobre la salud humana

91
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

han sido relativamente eficaces, aunque no tanto sobre la salud de


los ecosistemas. Esta conciencia-sensación de autoinmunidad juega
un papel adaptativo, pues rechaza información que vaya en contra
de los “principios” adquiridos y permite resistir factores de estrés y
culpabilidad psicosocial al ubicar los posibles “casos” en contra de la
convicción como falta de mayor cuidado en la protección por parte
de los usuarios del caso.
Así mismo, en la práctica, la fabricación de su propia ropa protec-
tora contra la contaminación, el lavarse convencionalmente manos
y cuerpo, el no tener cuidado séptico apropiado con los empaques,
el irse de la faena a la tienda, muestran una subvaloración de los
efectos que, al no ser evidentes en lo inmediato ni en el corto plazo,
se desplazan hacia y alimentan la sensación que denominada autoin-
munidad adquirida.
Sin embargo, como a partir de los años 1970, se introdujeron
variedades de papa (ICA San Jorge, Capiro, Sabanera roja) y luego
otras que requerían mayor cuidado agroquímico (Vargas y Toro, 2016)
el recorrido de los usos de agroquímicos se intensificó y se hizo cada
vez más necesario. Es de anotar, empero, que la situación frente a la
casi atávica sensación de autoinmunidad ha comenzado a variar en la
medida que actividades educativas realizadas por el Servicio Nacio-
nal de Aprendizaje (SENA) ha enseñado a identificar, caracterizar y
atribuir propiedades a los agroquímicos como afectantes de la salud
humana y ecosistémica (contaminación de suelos y efectos a largo
plazo, aguas, aparición de cáncer en algunos habitantes, disminución
drástica de flora y fauna).
Esta acción ha logrado en mucha parte que varias de las percep-
ciones arraigadas, los conocimientos con base en la experiencia, la
repetición, la asesoría de los vecinos o de las empresas del sector y las
valoraciones subsiguientes con la cuales se ejercía la adaptación al
medio, al mercado y a los demás habitantes del lugar, se empiecen a
modificar y se creen porosidades en esta membrana protectora (subje-
tivamente): la inmunidad. Los cambios en la sensibilidad (valoración)

92
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

y conocimiento especialmente, crean canales de modificaciones en


lo que anteriormente se consideraba prácticamente inamovible. La
jerarquía previa del núcleo “beneficioso” de la RS sobre los agroquí-
micos empieza a desplazarse hacia la valoración mayor de los efectos
“nocivos” y abre la posibilidad de buscar y aplicar alternativas como
se observó en el taller del 27 de octubre del año 2018 en el cual se
aceptó, por parte de la comunidad de Chuscales, la puesta en práctica
de alternativas al uso del monocultivo de la papa, introducción de
variedades dentro del cultivo y realizar tres experiencias piloto para
evaluar posteriormente sus resultados.

[Link] Caso de cultivadores de Baja California (México)

Arellano y et al. (2009) documentan el estudio realizado en la zona


de Baja California, el cual tiene como fin conocer y analizar la per-
cepción del riesgo con base en los principios de la toxicología intui-
tiva y las características de exposición a mezclas de contaminantes
en los residentes de dos sitios: estuario del río Colorado y el valle de
San Quintín. A través de un cuestionario aplicado 166 residentes lo-
gran clasificar tres elementos de la percepción del riesgo: exposición
laboral, exposición ambiental y efectos en la salud. El cuestionario
tiene en cuenta cuatro criterios de exposición a los contaminantes:
tipos, grados, niveles e intensidad. En el resumen de sus resultados
señalan que los residentes vulnerables a sufrir efectos en la salud por
exposición a mezclas de contaminantes y su discernimiento del riesgo
están relacionados con las características de exposición, ya que solo
perciben (selectividad “adaptativa”) padecimientos agudos y excluyen
los crónico-degenerativos. La percepción del riesgo está mediada por
el ingreso salarial y la escolaridad; los trabajadores agrícolas no de-
tectan efectos de tipo crónico en la salud como efecto de exposición
a las mezclas contaminantes.
La aplicación de altos volúmenes de agroquímicos ha producido
beneficios como cosechas de alto rendimiento y beneficio económico

93
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

para la región. Sin embargo, el pasivo ambiental no sido muy estu-


diado ni precisado. Entre los efectos conocidos están: deterioro del
suelo, agotamiento de los mantos freáticos, pérdida de cobertura
vegetal natural, pérdida de biodiversidad y el deterioro tanto de los
trabajadores ligados a las labores como de las personas residentes en
sitios aledaños al cultivo.
Arellano y et al. (2009) indican que la interpretación de los resul-
tados lo harán dentro de los lineamientos de lo que llaman noción
de toxicología intuitiva. Su cercanía con la noción de RS es bastante
cercana y merece dedicarle unas líneas de análisis. Se la define como:

Un concepto desarrollado por psicólogos sociales el cual da


cuenta de cómo una audiencia lega o inexperta comprende y
reacciona de manera diferente a un grupo de expertos. Dichas
diferencias se basan en diversas suposiciones, concepciones y
valoraciones que subyacen en las discrepancias de opiniones
entre expertos y legos sobre los riesgos químicos. Por ejemplo,
si se involucra un sentido primario como el olfato, tacto o no, la
población inexperta puede percibir los riesgos intuitivamente y
no objetivamente. La asignación de riesgos se da, entonces, con
base en sesgos que pueden excluir las probabilidades y valora-
ciones de peligros basados en la cuantificación empírica (…),
Sin embargo, la creación de las disciplinas de la toxicología y
de la valoración del riesgo no elimina los juicios subjetivos por
parte de los científicos para inferir los riesgos químicos para
la salud humana, lo cual señala la necesidad de llevar a cabo
estudios que examinen los elementos intuitivos o subjetivos en
los juicios sobre los riesgos, tanto de expertos como de legos,
indagando sobre sus conceptos, suposiciones e interpretaciones3.
Los resultados de este tipo de estudios han mostrado amplias

3
Lo subrayado es del autor.

94
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

diferencias entre legos y expertos y entre expertos que trabajan


en las industrias, en la academia y en el Gobierno” (Arellano
y et al, 2019, p. 293).

El párrafo anterior es importante por varias razones: 1) acepta


que la función de una “epistemología natural” se realiza sobre varios
aspectos de la vida de los no expertos y que ese ejercicio es parte “natu-
ral” en la identificación, percepción, conocimiento y valoración de los
riesgos químicos; 2) los considera un objeto de estudio legítimo en la
media que esas percepciones (representaciones en el lenguaje) operan
sobre las decisiones dela vida cotidiana, aunque pueden transformarse
en parte por la educación; 3) los juicios intuitivos no son exclusivos de
los no expertos pues varios estudios señalan que también se encuentran
en inferencias que realizan los expertos; 4) Además, y es de lo más
interesante, entre los científicos mismos se encuentran diferencias en
sus suposiciones, concepciones e interpretaciones (componentes de
las RS) y que están afectadas por el entorno (laboral al menos) en el
cual se desempeñan.
De esta manera, se puede afirmar que la naturaleza no es un libro
abierto y sin misterios al método científico convencional, sino que,
aún en el ejercicio de este, existe la interpretación y la variada lectu-
ra. Al fin y al cabo, son sujetos sociales los que hacen investigación.
Aunque el presente trabajo es rico en análisis y comparaciones
con otros estudios, dada la extensión que tendría hacerlo en este
momento y dentro del objetivo circunscrito del presente documento,
se resumen los hallazgos más relevantes señalados por los autores de
ambos trabajos:

a. Los participantes en el estudio son vulnerables a los efectos


en su salud por exposición laboral y ambiental a mezclas
de contaminantes aun cuando no perciban el riesgo a largo
plazo en el mismo sentido que mencionan los expertos.

95
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

b. La percepción de efectos a futuro no incluye las enfer-


medades crónico-degenerativas y se limita a las molestas:
asma y alergias, es decir, de mayor impacto “intuitivo”.
c. La escolaridad es una variable mediadora importante en
la percepción de los riesgos. El nivel de escolaridad de
los participantes es bajo, lo cual obstaculiza la detección
del riesgo por exposición crónica a las mezclas de con-
taminantes.
d. La baja escolaridad anotada contribuye a una deprivación
cultural lo cual, unido al tiempo que permanecen en
dichas labores, permite la reproducción social de prácticas
que ponen en riesgo su salud.
e. La contaminación de los acuáticos prácticamente pasa
desapercibida. Su papel de transmisor y conductor no es
tomado muy en cuenta por los pobladores.

Conclusiones y recomendaciones
Brevemente se pueden resumir algunos de los puntos clave de este
documento de la siguiente manera.
Las RS, especialmente en lo relacionado con el proceso de valora-
ción del agua, están influidas no solo por su percepción, conocimiento
y valoración (lo cual conforma un circuito retroalimentado), sino que
están afectadas y a veces determinadas, por el componente ideológico
y cultural. A estos se les considera procesos supracognitivos ligados
fundamentalmente a los modelos de vida y desarrollo social que se
implementan a través de los diferentes dispositivos tanto públicos
como privados que ostentan poder: educación formal, medios ma-
sivos de información, presiones a través de tratados internacionales,
concesión o no de créditos para proyectos “certificados” etc. lo cual
ha promovido y legitimado una especial forma de relación sociedad
naturaleza que impide u obstaculiza visiones alternativas al llamado
“desarrollo”.

96
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

Como consecuencia de lo anterior. y aunque es de suma impor-


tancia llegar a afectar las políticas públicas pertinentes, el componente
más dinámico de transformación es el de los movimientos sociales
grupales / comunitarios tal como lo revela su incremento en los úl-
timos 10 años en América Latina y específicamente en Colombia.
En tal sentido aparece un ethos para la universidad y la investigación
en especial: difundir, debatir, cogestionar conocimiento científico y
técnico con los diferentes sectores sociales. Este sería su destinatario
requerido lo cual implica, entre otras cosas, que las publicaciones y
artículos (sin demeritar su rigor y publicación indexada) deberían
evaluarse no solo por su circuito académico de citas y revistas de
nivel alto, sino por su impacto a mediano y largo plazo en los proce-
sos sociales pertinentes. Así, la producción sobre fenómenos locales
también tendría su lugar en el espacio académico y no simplemente
se consideraría subordinada o excluida con relación a las producciones
“académicas”.
El conocimiento “intuitivo” mencionado más arriba o el saber
tradicional de grupos y comunidades regulan una parte importante de
la vida social, no solo en el campo, sino en la ciudad. En tal sentido es
un activo social y cultural y se convierte en objeto de investigación y
de transformación legítimos. El acercamiento del saber académico y
social (no experto) implica cogestión institucional-social y la posibi-
lidad de transformaciones recíprocas. Generalmente el conocimiento
no experto (académicamente hablando) tiene una validación por
la experiencia y permanencia de ciertos circuitos de causas-efectos
relativamente predecibles. Con el signo de la incertidumbre actual,
estos circuitos pueden colisionar y enturbiar la referencia anterior
como conductos de prácticas variadas.
Así mismo el conocimiento de los mecanismos que subyacen a los
procesos (los de tipo químico y su efecto sobre organismos y el medio)
no están al alcance de los saberes comunes y el acceso a los mismos
cualifica el saber y puede influir sobre cierta racionalidad en la toma
de decisiones posteriores. Si la ciencia-técnica genera cierta confianza

97
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

en la comunidad, no desaparecen necesariamente sus valores, pues


tal vez se relativizan y empiezan a aceptar otras formas de gestión del
saber diferentes a las tradicionalmente conocidas. Esto, por supuesto
requiere enfoque y prácticas territoriales. El GRAN CAMPUS univer-
sitario se agranda, se reestructura y gana indefinidamente un espacio
al cual siempre se le ha reclamado a la universidad especialmente en
el campo socioeconómico y empresarial: está “apartada de la realidad”.
Implicaciones administrativas y curriculares no escapan a este tenor y
la relación de triple desarrollo ESTADO-EMPRESA-UNIVERSIDAD
puede potenciar enormemente el aspecto misional de la universidad
si se incluye un cuarto actor: COMUNIDADES.
En los casos estudiados de la microcontaminación se establecen
ciertas convergencias aun siendo diferentes los contextos geográficos
y territoriales: la RS, especialmente la valoración positiva de los agro-
químicos prevalece ante algunos de sus efectos negativos también
conocidos. Los “beneficios” de la práctica con agroquímicos, en cuanto
multidimensionales y a corto plazo (calidad del producto, venta más
asegurada, productividad, menor esfuerzo…) significan la superviven-
cia como mínimo y a veces superávit financiero a nivel familiar lo cual
se impone ante la segunda situación. En esta, los efectos “nocivos”
suelen ser más de tipo intergeneracional, a mediano o largo plazo,
minimizables de “alguna manera” y modulada por la producción
social de una especie de protección o “inmunidad social aprendida”
que actúa como defensora, en el contexto de la cotidianidad, de los
efectos del estrés y preocupaciones graves que implicaría la obliga-
toriedad de la prestación del debido cuidado a los efectos negativos.
Esta forma de actuar representa una adaptación familiar y colectiva
ante el conflicto cuya solución adecuada y sustentable implicaría el
cambio cualitativo de las prácticas aceptadas. Y esta adaptación be-
neficia a los grupos económicos que producen y comercializan los
agroquímicos mientras perjudica la salud pública, la productividad
de los usuarios y la calidad del ambiente (suelos, aguas, flora, fauna.)
que se sintetiza en biodiversidad.

98
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Percepción, conocimiento y valoración de los microcontaminantes…

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103
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CAPÍTULO III
La habitabilidad del espacio
público urbano 1

Pablo Páramo2
Andrea Burbano3

1
Para el primer autor: trabajo resultado del proyecto de investigación El ca-
minar como experiencia de aprendizaje de la ciudad, dentro de la línea de
investigación espacio público, del “Grupo Pedagogía Urbana y Ambiental”,
de la Universidad Pedagógica Nacional.
Para la segunda autora: trabajo resultado del proyecto de investigación El
espacio público como hábitat: su análisis desde la perspectiva de género, dentro
de la línea de edificación y patrimonio construido y gestión del territorio,
del “Grupo Representación Gráfica”, de la Universidad Colegio Mayor de
Cundinamarca.
2
Pablo Páramo obtuvo su título de Ph.D. en Psicología Ambiental del Centro
de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, (CUNY). Ac-
tualmente se desempeña como profesor del Doctorado Interinstitucional en
Educación de la Universidad Pedagógica Nacional. “Grupo de Investigación
Pedagogía Urbana y Ambiental”. Orcid: [Link]
3
Andrea Burbano, es Ph.D. en Estudios Territoriales por la Universidad de
Caldas (Colombia) con postoctorado en Territorio y Espacio en el Ámbito
Latinoamericano, por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla –
BUAP (México). En la actualidad es profesora de planta de la Universidad
Colegio Mayor de Cundinamarca. “Grupo de Investigación Representación
Gráfica”. Orcid: [Link]
R esumen
El hábitat del espacio público explora las distintas dimensiones que desde la
Psicología Ambiental se vienen desarrollando como campos de investigación:
la historia social urbana, las motivaciones para el uso del espacio público
urbano, la socialización, las tensiones que se presentan entre los distintos
actores que buscan su apropiación, la educación cívica, la generización del
espacio público, la percepción sobre el espacio y los efectos del nuevo diseño
de los espacios públicos sobre la cognición, los mecanismos mediante los que
los individuos y los grupos sociales buscan su apropiación, la prevención del
delito a través del diseño espacial urbano, y el diseño de prácticas culturales
de convivencia ciudadana. Se destaca el enfoque interdisciplinario y me-
todológicamente mixto de su estudio y se proponen algunas preguntas de
investigación para el campo disciplinar.

Palabras clave: espacio público, hábitat urbano, urbanismo, psicología


ambiental

Introducción
El espacio público ha sido a lo largo del tiempo escenario de activida-
des culturales, deportivas, religiosas, sociales, políticas, de experiencias
individuales y en consecuencia, objeto de investigación desde perspec-
tivas antropológicas (Hall, 1973); de género (Burbano, 2016a; 2016b;
2017; Ortiz, 2007), sociológicas (Goffman, 1971), arquitectónicas y
urbanísticas (Gehl y Svarre, 2013), ideológicas (Irazábal, 2008) y de

105
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

particular interés de la Psicología Ambiental (Low, 2005; 2006; Carr,


et al, 1992; Páramo, 2007; Páramo y Burbano, 2019; 2021; Valera,
2012). Es el escenario en el que se cruzan diferentes aspectos de la vida
urbana, como la economía, el urbanismo, la búsqueda de la equidad,
la sociabilidad, el deporte, el género y las relaciones entre la ciudad
y el medio natural. Quizás esto es lo que ha llamado la atención de
investigadores de diferentes disciplinas y a los planeadores y gestores
de las ciudades, en los últimos años (Burbano, 2014).
La exploración del espacio público ha originado varias líneas de
investigación. Este capítulo recoge aquellas que son de interés par-
ticular de la Psicología Ambiental al revisar la literatura publicada
en este campo, para estimular la producción de investigación de los
estudiosos de la relación entre las personas y el ambiente construido.

Historia social urbana


Desde la mirada de la historia social urbana se analiza el papel que
ha jugado el espacio público en las diversas prácticas sociales que
han caracterizado la vida en público. En este sentido, se reconoce la
importancia de la historia sobre la perspectiva del uso que se hace de
los lugares públicos para traerla a presente mediante estatuas, placas
conmemorativas, fuentes de agua, fotografías itinerantes, imágenes
sobre las paredes con el fin de motivar el despliegue de las dimensiones
cognoscitivas, afectivas y conductuales hacia los distintos lugares que
conforman la ciudad y de esta manera fortalecer la identidad urbana
(Páramo y Cuervo, 2009, 2013).
Hayden (1999), Donovan (2002), Páramo y Cuervo (2009, 2013),
Remesar et al. (2012) y Salazar y Frechilla (2006), han realizado
estudios históricos que muestran cómo la gente común a lo largo de
la historia usa y experimenta el espacio público dejando huellas, las
cuales contribuyen al simbolismo que conlleva diversos elementos
espaciales y lugares, y en consecuencia a una mayor apropiación
de dichos lugares y a fortalecer la identidad urbana. Estos estudios

106
VOLVER A INICIO
La habitabilidad del espacio público urbano

proponen diseños espaciales y la creación de lugares y monumentos


que contribuyan a este recuerdo de la memoria, a través de la repre-
sentación en los muros de la ciudad (Vidal et al. 2012), de las prácticas
cotidianas del pasado, o mediante exposiciones itinerantes de fotogra-
fías históricas, que buscan fortalecer la identidad urbana a través del
contacto con la historia social que puede ser leída mediante distintos
elementos simbólicos situados en el espacio público de las ciudades.
Por tanto, el espacio público es vital en la recuperación de la
memoria histórica colectiva de la ciudad, en las conmemoraciones
que se llevan a cabo y en las manifestaciones, lo que contribuye a la
configuración de la identidad de su gente y que incluye sus dimen-
siones política, social y cultural.
Varios elementos del espacio público contribuyen a educar sobre
la historia de la ciudad a partir de monumentos a personajes ilustres,
calles en las que se dieron lugar acontecimientos importantes, plazas,
ríos, etc. Estos elementos se han erigido a la memoria de Bolívar, San
Martín, Juárez, Lincoln, Cromwell o Napoleón, así como otros más
controvertidos en América Latina como Colón. Se echa de menos,
sin embargo, las historias perdidas de ciudadanos comunes (mujeres,
niños, esclavos) que contribuyeron a la conformación de la cultura y al
surgimiento de las prácticas culturales que definen a la ciudadanía hoy.

Motivaciones para el uso del espacio público urbano


Una de las áreas de investigación más exploradas desde la Psicología
Ambiental sobre el espacio público urbano ha sido los usos que hacen
las personas de los distintos lugares o escenarios urbanos de acceso
libre. Al explorar las motivaciones por las cuales las personas hacen uso
de los espacios públicos urbanos, Carr et al. (1992) por ejemplo, cen-
tran su trabajo en identificar las motivaciones que tienen las personas
para realizar actividades en ambientes urbanos abiertos. Entre estas
motivaciones está el clima y la topografía del terreno evidenciando
la fuerte influencia que ejerce el clima en las distintas estaciones o

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

la lluvia para sacar a las personas de las actividades al aire libre. La


vida pública simbólica es otra motivación importante; los significados
compartidos que ocurren y se construyen en público, las experiencias
espirituales de una sociedad, la celebración de eventos pasados, como
días sagrados o nacionales, y eventos históricos de diversa índole que
son celebrados en distintas culturas. Debido a la herencia filogené-
tica, la tendencia a unirse con lo natural, con las fuentes de agua y
zonas verdes que se encuentran en parques urbanos, es otra fuerza
importante que motiva a los individuos a buscar estos elementos en
la ciudad. Los campos verdes, lagos, ríos, parques y árboles en las ca-
lles constituyen el elemento natural de las ciudades. Estos elementos
desempeñan una función restauradora al ofrecer oportunidades para
que diferentes individuos y grupos experimentan estados de relajación
y satisfacción. Entrar en contacto con estos elementos del espacio
público, alivia, además, el estrés del trabajo al brindar oportunidades
de relajación, contemplación, recreación y contacto social. Del mismo
modo, afirman los autores, las personas utilizan los espacios públicos
en busca de estimulación; satisfacen su curiosidad por lo desconocido
visitando lugares novedosos o llamativos, como ferias, o viajando a
lugares donde el paisaje es desconocido.
No obstante, estas motivaciones tradicionales han ido cediendo
al interés por la reivindicación de derechos a través de la protesta y
manifestaciones de diverso tipo con las que se busca llamar la atención
de los gobiernos y la sociedad sobre distintos intereses de diferentes
actores, para quienes la calle se constituye en el escenario propicio
en el cual conseguir los fines que pretenden, dando lugar un área de
investigación particular como se muestra más adelante.

La socialización
El espacio público es el escenario de la expresión social y simbólica
de diferentes individuos y grupos sociales en la medida en que juega
un papel importante como oferente para las interacciones sociales y la

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La habitabilidad del espacio público urbano

convivencia por lo que planeadores, gestores urbanos e investigadores


se han preocupado por proyectarlo para que sea habitable, tomando
en consideración ciertas condiciones tanto físicas como psicológicas
que se logren conjugar. Entre las físicas, la accesibilidad, la presencia
de zonas verdes, una buena iluminación, fuentes de agua y mobilia-
rio urbano. Y entre las psicológicas, brindar sensación de seguridad,
libertad, inclusión social, identidad, brindando oportunidades para
los encuentros sociales (Páramo y Burbano, 2013). El espacio público
debe ser el escenario de prácticas como la socialización, la protesta,
la lúdica, el deporte y el entretenimiento, el arte callejero, y demás
expresiones culturales que contribuyen a su apropiación y a la cons-
trucción de ciudadanía. Es en este sentido que las propiedades con
que cuentan los espacios públicos pueden aportar para que estos
sean habitables y contribuir a la calidad de vida de las personas. Los
espacios exitosos tienen personas ocupándolos permanentemente.
Jane Jacobs caracteriza la vida urbana a partir del encuentro
entre extraños que aunque superficiales, resultan satisfactorios para
los individuos (Jacobs 1961). Esta autora hizo aportes al Manual de
Psicología Ambiental (Proshansky et al. 1978), dando evidencia de la
vida en la calle, mostrando las dinámicas creadas por la interacción
entre vecinos, generando un sentimiento de apoyo al individuo en la
comunidad y conduciendo a la confianza. Esta confianza, dice Jacobs,
se forma con el tiempo a partir de pequeños encuentros entre personas
que se mueven por las aceras dándole importancia a las aceras para
este tipo de encuentros casuales e informales.
Por su parte, Moser (1992) hace ver que la vida social en la calle
ofrece aspectos positivos y relaciones de calidad asociadas a una ex-
periencia agradable y un descanso de los diferentes estresores urbanos
que identifica en su obra.
Desde la perspectiva del urbanismo, el nuevo urbanismo ha
intentado encontrar un compromiso con la vida social a escala de
barrio. Ha proporcionado las instalaciones que la gente necesita, co-
mo escuelas, bancos, centros de salud y parques, a los que se puede

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

acceder a pie, en bicicleta o en transporte público entre una comu-


nidad y otra (Duany y Speck 2009), a lo que algunos han llamado
ciudad de 30 minutos por el ágil acceso a los distintos equipamientos
que la ciudadanía necesita. Ha habido varias experiencias importantes
con este objetivo. En Barcelona, ​​por ejemplo, en la transformación
planificada por Bohigas en 1985 (Maragall et al. 2004), hubo una
política eficaz de transformación de la calle y el espacio público.
El objetivo era revertir gradualmente la tendencia dominante de la
supremacía de los vehículos privados. Potenciar el uso social de la
calle es un intento de encontrar un equilibrio 50/50 entre uso público
y privado (Esteban 1998; FAD 2009). En Cúcuta (Colombia), han
introducido algo llamado “el centro comercial a cielo abierto”, que
trata de mantener las ventajas de un centro comercial en términos de
seguridad en una vía principal al tiempo que garantiza el libre acceso
a distintos lugares. Estas experiencias han propiciado la transformación
paulatina de la calle, buscando el equilibrio entre el espacio para los
vehículos y las aceras para los ciudadanos, al tiempo que se busca
reducir las emisiones contaminantes de los vehículos. La reducción de
los espacios circulatorios se utiliza para disuadir el uso del automóvil
particular a favor del transporte público y promover espacios públicos
para peatones y el desarrollo de actividades culturales.

Las tensiones en el espacio público


En los últimos años, en algunas ciudades de Estados Unidos y de
Latinoamérica, el espacio público se ha convertido en un escenario
de confrontación ([Link] Licona, 2017). Aquí,
las diferencias sociales se marcan y generan tensión en las ciudades,
razón por la cual estas dinámicas ahora prevalentes en muchas capi-
tales del mundo dan lugar a que los psicólogos ambientales se hayan
volcado a explorarlas.
En un gobierno totalitario uno de los primeros derechos que se
pierde es el de reunirse y hablar en público. Los toques de queda es

110
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La habitabilidad del espacio público urbano

el mecanismo al que recurren algunos gobiernos para controlar a la


sociedad, ya sea por cerrarle vías de comunicación a la oposición o
para controlar actos vandálicos. Además, muchos eventos trágicos
para la sociedad como los asesinatos de líderes políticos, estudiantes
o policías, población negra producto de la discriminación, ocurren
en un espacio público, lo que ha llevado a generar temor de salir a
la calle.
Aunque el espacio público a menudo se presenta como de todos,
en el sentido de que se es igual, se comunica y ejerce el derecho a la
ciudadanía, la realidad muestra un escenario diferente disputado por
sus personajes: vendedores ambulantes, participantes de movimientos
sociales, artistas, constructores, empresarios, mujeres y hombres de
diferentes condiciones, todos luchando por su apropiación (Benítez
y Páramo, 2021).
El espacio público en América Latina ya no es el lugar de re-
uniones sociales y mucho menos de recreación. Ahora es el lugar
donde se manifiesta el orden y las actividades que allí se desarrollan
tienden a ser criminalizadas. También es el espacio utilizado con
fines económicos, de movilidad y, en muchos casos, donde se lleva
a cabo la delincuencia.
Low (2009), Irazábal (2008), Moser (2012), Berroeta y Vidal
(2012), Páramo (2014) y Licona (2017, 2007) han señalado las tensiones
que surgen hoy en estos escenarios: la lucha como lugar de trabajo,
un escenario para la expresión artística o el arte urbano, que algunos
llaman grafiti y otros vandalismo, protestas callejeras contra las polí-
ticas gubernamentales y la defensa de la democracia, asociadas con
actos vandálicos sobre los bienes patrimoniales, el transporte público
y con acciones políticas que buscan desestabilizar los gobiernos.
El espacio público es un requisito previo para la expresión de
diferentes manifestaciones y la esencia de una sociedad que pretende
ser verdaderamente democrática. En tiempos de crisis, se convierte
en un escenario único para mostrar los deseos de la población a los
gobiernos y al resto de la sociedad, exigiendo el reconocimiento de

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

ciertos grupos de esa población. En América Latina, ha habido ins-


tancias importantes en las que el espacio público, como escenario
de la democracia, ha jugado un papel muy importante; por ejemplo,
las grandes manifestaciones de las madres en la Plaza de Mayo en
Argentina, contra Pinochet en Chile, contra Banzer en Bolivia, contra
Rojas Pinilla en Colombia, contra la guerrilla Farc, o más reciente-
mente contra Duque por su reforma tributaria.
Las plazas y calles principales se han convertido en escenarios de
protesta y reivindicación de los derechos de la ciudadanía; la sociedad
tomando las plazas y las calles ha contribuido al cambio de políticas
y al cambio de regímenes totalitarios. No solo en América Latina,
sino en todo el mundo, la protesta en el espacio público a lo largo del
tiempo muestra, sin duda, la forma en que las plazas y calles se han
convertido en los grandes escenarios para el ciudadano manifestante.
Esto se puede ver en las movilizaciones de la Primavera Árabe que
comenzaron en 2010 y en los movimientos sociales en China en la
plaza de Tiananmen en 1989; en los nuevos movimientos sociales
en Europa (15 M en la Puerta del Sol de Madrid, plaza Cataluña en
Barcelona, ​​plaza Syntagma en Atenas y, de forma más violenta, los
conflictos raciales-religiosos-étnicos pero básicamente la exclusión
social ‘sutil’ en las calles de los suburbios de las ciudades francesas).
También el diseño del espacio público, o la falta de este, a
menudo resulta en desigualdades de género provocadas por la se-
gregación que puede resultar en ataques a las mujeres (Valentine,
1989). Excluye a las personas por motivos de edad, marginando a los
niños, adolescentes y ancianos. También priva de derechos a través
del estatus socioeconómico, excluyendo a los más pobres del acceso
al transporte a los sitios culturales y del contacto con la naturaleza,
entre otras cosas. La mayoría de la población se ve afectada por las
condiciones de inseguridad que viven quienes viven en estas ciudades
(Cuevas y Gómez 2014).
Otras tensiones en el espacio público que han venido siendo ana-
lizados desde la Psicología Ambiental incluyen la privatización de los

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La habitabilidad del espacio público urbano

espacios públicos; el desarrollo de centros comerciales que excluyen a


los pobres y a los jóvenes (Jiménez, 2014), la creación de comunidades
cerradas (Borja 2003); y el cerramiento de parques públicos.

La educación cívica
El espacio público también está siendo visto como un recurso para la
educación del ciudadano y de ahí la importancia de utilizarlo como
escenario de estudio para la Psicología Ambiental. Esta perspectiva
reconoce que la ciudad y los lugares públicos pueden ofrecer valiosas
oportunidades educativas para aprender las reglas de convivencia entre
extraños (Páramo, 2013).
La construcción teórica de la ciudad como lugar de experiencias
educativas que contribuye a la formación del ciudadano permite definir
un núcleo de problemas, en el marco de la urbanidad, asociada a una
serie de comportamientos que, se espera, los individuos sostengan para
garantizar la convivencia. Desde esta perspectiva se explora el papel
del espacio público en la protesta ciudadana, el género, la equidad,
la sociabilidad, la movilidad, la historia de las prácticas culturales, el
crimen, la habitabilidad, la calidad de vida, como dimensiones que
intervienen para que la ciudad pueda ser educadora de sus habitantes.
Los comportamientos que se asocian a la formación del ciudadano,
dan lugar al estudio de las prácticas sociales que se sitúan en el espacio
público de la ciudad que, desde un abordaje comparativo, se busca
extender al ámbito latinoamericano.

Generización del espacio público


Otra línea de investigación desde la Psicología Ambiental explora la
relación entre el género y el espacio urbano para dar cuenta de las
formas mediante las cuales se percibe el espacio y las representaciones,
imaginarios o maneras de relación que desde el género se fundan con
los extraños en la ciudad, las representaciones sociales y mecanismos
de apropiación diferenciados del espacio, la segmentación de roles

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

en el espacio público y privado, y la planeación y gestión urbana del


espacio. A partir de lo anteriormente señalado, se busca evidenciar la
segregación que han tenido las mujeres, y las desigualdades de género
por las que han tenido que pasar en el espacio público.
Los estudiosos del género han hecho notar que, a las mujeres se
les enseña, desde la infancia, que deben asumir comportamientos, y,
por ende, comportarse de manera distinta a los hombres, en conse-
cuencia, sus actitudes también deben reflejar esta distinción cuando
tienen interacción con el espacio. Las diferencias que saltan a la
vista, cambian histórica y culturalmente, de acuerdo con categorías
tales como la edad, la generación, la clase social, pero también a la
religión y el rol que tienen en la sociedad. En este contexto, merece
que se indague por las vivencias de las mujeres en el espacio público
y los mecanismos de interacción que sostienen con desconocidos en
los distintos ambientes de la ciudad.
Los trabajos en este campo de conocimiento del género y el espa-
cio, han dado evidencia de las dificultades y los retos a los que se en-
frentan las mujeres en la cotidianidad, que se asocian en gran medida
con su edad, su generación, orientación sexual a la que pertenecen,
lugar de habita y otros aspectos individuales y culturales que distin-
guen a las identidades masculina y femenina junto con la división de
trabajos como muy bien describe Franck (2002). Las investigaciones
realizadas por Drucker y Gumpert (1997) y Burbano (2014a, b, c), por
ejemplo, tratan de explicar las diferencias de género en relación con
los usos del espacio público desde la tradición cultural e histórica,
lo que muestra que los espacios de mujeres se han emparejado con
espacios privados, y los espacios públicos siguen siendo el espacio de
los hombres. En este sentido, existe una oposición simbólica entre la
casa y el resto del mundo. El ámbito femenino es opuesto al masculino,
que se traduce en la vida pública, mientras que el rol de la mujer, y
su lugar, se ha asociado tradicionalmente al espacio privado, es decir,
la casa. Asumir que el lugar de las mujeres está en la espacialidad
privada, afecta notablemente las maneras en que se diseña, proyecta, y

114
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La habitabilidad del espacio público urbano

utiliza el espacio. Esto hace significativos y comprensibles los espacios


privados, dado que tienen como esencia los patrones sociales que han
sido impuestos tradicionalmente a las mujeres; por lo que, el espacio
público se gestiona y planifica, principalmente desde la perspectiva
de la apropiación masculina (Duncan, 1996).
Lo anterior, se considera el resultado de la predisposición a dividir
sexualmente los espacios asimétricos entre lo público y privado, que
perdura en la actualidad, en una variedad de expresiones en los países
latinoamericanos. La mencionada dicotomía, restringe la movilidad
de las mujeres en el espacio público e impide su participación plena
desde su rol de trabajadoras y ciudadanas.
La observación sistemática de la vida cotidiana muestra que el
espacio público no es neutral. El uso del espacio público por parte de
las mujeres en su vida diaria, como tomar el transporte público para
ir al trabajo o moverse por la calle, muestra que están restringidas en
cuanto a dónde, cuándo y cómo pueden usar estos espacios. El acoso
al que recurren algunos hombres controla el lugar de las mujeres en
el espacio público. Comportamientos como los elogios picantes, el
abuso en el transporte público o el robo de teléfonos celulares muestran
que una vez que las mujeres están en público, y no acompañadas por
hombres, no pueden reclamar su derecho a la privacidad o la segu-
ridad como lo hacen los hombres. Los factores antes mencionados
constituyen las principales razones por las que las mujeres prefieren
los centros comerciales a las calles (Burbano, 2014a; 2014b).
En consecuencia, en Panamá, actualmente se está estudiando
una ley que prohíbe este tipo de comentarios de acoso. Ciudad de
México, Río de Janeiro y Medellín tienen vagones de metro exclusivos
para mujeres. Acosar a las mujeres en lugares públicos es una prueba
de que las mujeres todavía se definen y perciben en términos de su
sexualidad y no disfrutan del derecho a la privacidad. El miedo a esta
agresión es el principal argumento que se aduce para la desconfianza
hacia los extraños y la imposibilidad de circular sin miedo por las
calles a cualquier hora del día (Pineda, 2007).

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Parece que la discusión latinoamericana sobre género, aún ne-


cesita delimitarse temáticamente para visibilizar este tema y que la
investigación continúe agregando a los aportes teóricos. En los últi-
mos años se ha buscado aportar evidencias sobre el rol de la mujer
en el espacio, destacando precisamente las desigualdades al abordar
las necesidades espaciales de las mujeres frente a las de los hombres.
Se han cuestionado los límites entre espacialidad pública y privada,
ya que en esta última las mujeres desarrollan muchas actividades de
carácter público y logran una superposición de ambos ámbitos. Aun-
que ha habido algunos avances, Veleda da Silva (2007) concluye, sin
embargo, que no es suficiente mirar un eje separado de la espacialidad
o como resultado de la producción de diferentes espacios geográficos.

Cognición espacial
La cognición espacial es una dimensión importante en la investi-
gación urbana al explorar la orientación espacial, la navegación y
el desplazamiento que hacen las personas cuando se mueven por el
espacio público de la ciudad. La investigación explora el proceso por
el cual se llega a una representación espacial, conocida como mapa
cognitivo (Navarro y Rodríguez, 2017), y su aplicación a la orientación
espacial (Páramo y Burbano,2019), a la imagen formada por los indi-
viduos en la ciudad, la manera en que resuelven la tarea de encontrar
una ruta, cómo se orientan las personas con necesidades espaciales
(ciegos, sordos, ancianos y personas con dificultades cognitivas), y
estudios transculturales que examinan las diferencias sociales en las
representaciones urbanas (Gärling, 2005; Navarro y Rodríguez, 2015).
Al enverdecer espacios y agregarles colorido, por ejemplo, en los
cruces de avenidas, las personas se muestran más felices, confiadas
y atraídas por estos sitios. Se observa que con diseños ambientales
sencillos se puede aumentar el nivel de bienestar subjetivo entre los
residentes urbanos (Negami, Mazumder, Reardon y Ellard, 2018).

116
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La habitabilidad del espacio público urbano

En este campo o línea de investigación ha dominado el interés


en indagar por las maneras mediante las cuales se construyen las
representaciones del ambiente urbano (Ríos-Rodríguez et. al, 2021),
se elaboran las percepciones urbanas y experiencias relacionadas, y
la forma en que se guarda esta información, se recobra y se emplea.
En una dirección similar se viene estudiando la manera como está
evolucionando el espacio público al introducir grandes imágenes, can-
tidad de información mediante avisos publicitarios y diferentes tipos
de medios electrónicos, lo cual viene incidiendo en la estimulación
visual de los transeúntes y cambiando los patrones cognitivos como
se interpreta y percibe el espacio público (Feng y Xu, 2017). Como
soporte metodológico se han introducido diferentes instrumentos
para medir las percepciones del espacio público mediante diversas
dimensiones que incluyen la legibilidad, complejidad, riesgo de
crimen, iluminación, naturalización, entre otras (Ho y Tung, 2020).
La información recopilada en este campo de investigación se
traduce en la mejora de la gestión del espacio público, en el diseño
de mapas para turistas y de rutas de transporte, señalización en la
ciudad, denominación de pueblos, formas de enseñar la orientación
espacial, la creación de una gramática espacial, etcétera.

Apropiación
Un mecanismo que ayuda a dar sentido a los espacios, a fortalecer la
identidad con la ciudad y que ha dado lugar también a diversos estudios
en Psicología Ambiental es la apropiación que hacen los individuos
de los lugares, los cuales transforman a través de diferentes formas de
acción (Korosec-Serfaty, 1976; Pol, 2002b; Rivlin, 2007; Masso et al.,
2017 y Valera-Vidal, 2017). Dentro de estas se observan actividades
como deportes, prácticas religiosas, música, protestas o simplemente
ubicarse en un lugar público para pasar el tiempo. Recientemente, las
ciudades han organizado conciertos en parques, flashmobs y festivi-
dades. Han fomentado la gastronomía en los parques y la pintura de

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

grafitis como expresión artística en determinadas paredes, generando


actividades que buscan la cohesión social, la identidad, el apego y la
apropiación de la ciudad.
Grupos de jóvenes de España y varios países de América Latina
han estado interviniendo, al empoderar dinámicas de población
vulnerable e invitando a las personas a hacer que las cosas sucedan
en lugares donde no suceden o construir temporalmente lo que se
necesita. Por ejemplo, demarcando zonas para peatones, llamando la
atención sobre los huecos en las calles que presentan riesgos tanto para
los peatones como para los conductores, disfrazándose de elementos
de tránsito para mostrarles a los conductores que no deben estacionar
en algún lugar, poniendo sofás en las calles para que los peatones
puedan descansar, o ubicando instrumentos musicales para que mú-
sicos transeúntes puedan interpretar alguna pieza musical alegrando
el tránsito de peatones. Se trata de propuestas que buscan impulsar
actividades que les permita a los ciudadanos apropiarse de la ciudad.
Resulta de particular interés la conformación de sociolugares
públicos como mecanismos sociales de apropiación del espacio (Pára-
mo, 2017), que reflejan el interés de los ciudadanos de apropiarse los
espacios públicos y evitar los centros comerciales o sociolugares como
restaurantes, cafeterías, iglesias, bares o discotecas, los cuales si bien
juegan un papal importante en la socialización de muchas personas,
son excluyentes de quienes no tienen dinero para consumir dentro
de ellos o no sentirse parte de ellos y no permiten una apropiación.
Se hace referencia a aquellos lugares que se crean por coyunturas
particulares en periodos cortos de tiempo y, en buena medida, de ma-
nera espontánea en los espacios públicos urbanos a cielo abierto, en
los que se manifiestan distintas formas de sociabilidad. El concepto de
sociolugar público se funda en las relaciones que se generan de manera
interpersonal, las cuales se sitúan en una dimensión espacial, donde
se despliega una multiplicidad de funciones psicológicas, sociales,
políticas, de entretenimiento e intelectuales, posibles de evidenciarse
en espacios públicos. Referentes de los análisis que se han realizado

118
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La habitabilidad del espacio público urbano

sociolugares públicos se pueden observar cuando se llevan a cabo las


“carreras prohibidas” de automóviles, generadas en horas de la noche,
en distintas zonas de la ciudad, así como el encuentro entre quienes
desean pasear a sus mascotas en parques, la dinámica social que se
despliega a partir de la venta de café en algunas esquinas, los cuen-
teros, los juegos de ajedrez en las calles o en los parques, entre otras.
A partir de la noción se busca capturar las prácticas de socialización
que se sostienen en las ciudades como mecanismo de apropiación
del espacio o como mecanismo de resistencia de los individuos a la
privatización del espacio, a la concentración de las personas en los
centros comerciales y al diseño homogéneo, monótono y aparente-
mente neutral del espacio público de las ciudades.

Prevención del delito a través del diseño espacial


La inseguridad viene afectando la calidad de vida y la socialización;
las familias desean vivir en conjuntos residenciales cerrados, ciudades
seguras, funcionales e incluyentes. La inseguridad no solo es una
amenaza para la convivencia y la seguridad personal, sino también
un desafío para la consolidación de la democracia y el Estado de
derecho. Si bien, las ciudades fueron construidas inicialmente para
proporcionar seguridad a todos sus habitantes, en la actualidad se
asocian más con el peligro que con la seguridad (Bauman, 2006). El
abandono de ciertos lugares los hace proclives a diversas conductas
antisociales, vandálicas y violentas que afectan el paisaje urbano, el
patrimonio de la ciudad y ponen el riesgo el transitar de los ciudadanos.
Cuando se descuidan áreas que por sus condiciones arquitectó-
nicas y urbanísticas no proporcionan las óptimas condiciones que
permitan un desarrollo urbanístico y en consecuencia la interacción
social, las convierte en focos de inseguridad y da lugar a condiciones
propicias para materializar una acción delictiva, creando un ambiente
de desconfianza social y de abandono por parte de los ciudadanos de
estos lugares (Dammert y Paulsen, 2005).

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Con base en la revisión que hace Aristizábal (proyecto en de-


sarrollo) sobre la prevención del delito mediante el diseño espacial,
uno de los elementos centrales para la prevención del delito y victi-
mización es mediante el mejoramiento del diseño espacial. Según
Ceirano, Sarmiento y Segura (2009), la estrategia de prevención del
delito mediante el diseño ambiental, conocida como Cpted (por sus
siglas en inglés) se define como un conjunto de estrategias tendien-
tes a intervenir en el espacio público para tornarlo más seguro. La
estrategia incluye mejorar la iluminación, reforzar la accesibilidad de
las calles y a los barrios, sanear los terrenos abandonados, mediante
la intervención arquitectónica y funcional de las áreas, con lo que se
configuran espacios seguros para facilitar su apropiación.
De acuerdo con Clarke (1997) estas medidas se encuentran
encaminadas a prevenir la delincuencia; abarca la gestión, diseño o
adecuación del entorno de forma sistemática y permanente, y hace
que el crimen sea más difícil y arriesgado para los delincuentes. Es
decir, la implementación de medidas efectivas, eficientes contribuye
a disuadir el comportamiento delictivo, al menos en los denominados
delitos de oportunidad (Stephens, 1999, p. 183).
Al respecto, Rau (2005) describe la prevención situacional como
un conjunto de estrategias de aplicación práctica de prevención del
crimen que buscan reducir las oportunidades de cometer delitos de
oportunidad, así como reducir el temor de las personas y aumentar
la cohesión social. A partir de la implementación de este tipo de es-
trategias se reducen y se desestimulan las oportunidades de cometer
delitos de oportunidad al aumentar el riesgo del delincuente de ser
sorprendido y a la vigilancia informal realizada por los habitantes.
Este planteamiento no está libre de críticas en la medida en que
con medidas como las mencionadas antes supone incrementar el
control social mediante la arquitectura, generando una especie de
panóptico a gran escala, como el descrito por Jeremy Bentham (Ortiz
et al., 2006). Sin embargo, lo que se pretende mediante este tipo de
intervenciones es llevar a cabo una vigilancia activa y preventiva, a

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La habitabilidad del espacio público urbano

través de la eliminación de áreas consideradas hostiles o proclives a


la comisión del delito, transformando los espacios públicos en sitios
defendibles en los que se consiga el apego la identidad y la apropia-
ción con el lugar (ver capítulo 16 de Gómez y Páramo del volumen
II de esta obra). La evidencia ha mostrado que en aquellos sectores
de la ciudad donde los vecinos colaboran en embellecer sus calles y
fachadas, las tasas de criminalidad y violencia bajan drásticamente
(ecoosfera, 2018).
No se busca exclusivamente reducir el delito en términos cuantita-
tivos u objetivos sino la disminución de la percepción de inseguridad
(Jasso, 2018). De esta manera, las estrategias de planificación que
vinculan el diseño arquitectónico, la iluminación, la visibilidad, la
óptima disposición de mobiliario, así como la configuración de lugares
para el esparcimiento y la convivencia, que generan identidad y apego
a los lugares públicos serán efectivas en materia de prevención y en
la disminución de la percepción de inseguridad.
Ya lo decía Jane Jacobs (1961) “una calle bien utilizada es apta
para ser segura. Una calle desierta es apta para ser insegura”. La au-
tora (1962) acuña el término de “ojos en la calle” refiriéndose a las
características del espacio urbano que permite la implementación de
una vigilancia natural por parte de los habitantes de un determinado
sector. Manifiesta que los lazos de amistad, así como el contacto que
establecen las comunidades, se asocian directamente con la seguri-
dad del espacio urbano. Jacobs (1962), en su libro Muerte y vida de
las grandes ciudades sostiene que una calle es segura si reúne tres
requisitos: ha de haber una clara demarcación entre lo que es espacio
público y lo que es espacio privado; debe haber ojos en la calle, ojos de
los que se pudieran considerar propietarios de las calles (vendedores,
tenderos, etc.); y las aceras deben estar en uso continuo, que permita
aumentar el número de ojos en la calle.
El arquitecto Newman recoge las ideas de Jacobs sobre la vigilan-
cia natural, dándole una nueva perspectiva a lo que llamó espacios
defendibles. El autor menciona tres causas generadoras de conductas

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

antisociales: el anonimato de sus habitantes, como consecuencia de


la sobrepoblación en algunas áreas residenciales; la falta de vigilan-
cia, la cual se realiza de forma natural desde la parte interna de las
edificaciones y la inexistencia de rutas alternativas por diseños tipo
laberinto (Newman, 1996).
Según Newman (1972), el “espacio defendible” es un modelo para
ambientes residenciales que inhiben el delito por medio de la creación
de la expresión física de una comunidad social que se defiende a sí
misma. El objetivo del espacio defendible es crear un ambiente en
el que el sentimiento de territorialidad latente y de comunidad de
los residentes pueda traducirse en su responsabilidad para garantizar
un espacio habitable seguro, productivo y bien mantenido (Newman,
1973).
En síntesis, la prevención del crimen a través del diseño ambiental
se basa en cinco principios básicos según Dammert y Paulsen (2005):

1. La vigilancia natural consiste en la habilidad de ver y ser


visto y de sentir confianza en el espacio urbano por sus
características físicas y las personas que lo habitan.
2. El reforzamiento territorial o lazo de afecto que establece
el habitante con su entorno y por lo tanto lo cuida.
3. El control natural de accesos que consiste en la apropiación
territorial de los accesos por parte de la comunidad civil
de manera espontánea por su uso o marcación.
4. El mantenimiento del espacio público mediante planes
de manejo ambiental para asegurar la sustentabilidad de
la estrategia.
5. La participación comunitaria que conlleva la incorporación
de la comunidad en el diagnóstico, diseño, ejecución y
evaluación de la estrategia.

A pesar de estos planteamientos es poco el desarrollo que han te-


nido estas propuestas en los centros urbanos en torno a la seguridad de

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La habitabilidad del espacio público urbano

los espacios públicos. Quizás el mayor avance ha sido la introducción


de cámaras de video en avenidas para controlar el tráfico, identificar
actores criminales y disuadir el delito, con importantes resultados.
No obstante, ante el temor a los robos, actos terroristas, la xenofobia
y otros factores sociales y económicos, han proliferado los conjuntos
habitacionales cerrados en los que sus residentes no tienen que salir
a la calle casi que por ningún motivo afectando la vida social, con lo
que además se abandona el desarrollo del espacio público (Gluck and
Low, 2017). La exacerbación del miedo a través de los medios y de las
empresas constructoras y de vigilancia busca conseguir compradores
para sus conjuntos cerrados y contratos de vigilancia privada.

El diseño de prácticas culturales


de convivencia ciudadana
La convivencia ciudadana demanda que los habitantes de una ciudad
adopten formas de comportamientos que reconozcan la diferencia,
el respeto por el otro, el cuidado del medio ambiente y del patrimo-
nio, la solidaridad, las relaciones armoniosas entre las personas, las
normas de tránsito, prácticas que contribuyen al sostenimiento de
la vida en la ciudad, entendidas como Comportamientos Urbanos
Responsables (CUR) (Páramo, 2010; 2013). Los CUR implican
actividades que propenden por una convivencia ciudadana a partir
de las reglas de comportamiento que hacen posible la vida en comu-
nidad. Esto incluye todos aquellos comportamientos que facilitan
la organización social: el cumplimiento de las normas de tránsito
(señalización, respeto a los peatones, ceder el paso a las ambulancias
y bomberos); privilegiar el uso del transporte público y la bicicleta;
cuidar el espacio público, incluidos los monumentos, como un bien
común; participar en proyectos que afecten al medio urbano (natu-
ralizar la ciudad); seguir las reglas de convivencia entre extraños, no
fumar en lugares públicos, actuar solidariamente con quien esté en
apuros; pagar los impuestos que requiere la ciudad, etc. Así, entonces,

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

los CUR sostienen las relaciones interpersonales de los ciudadanos


y acentúan la habitabilidad de los espacios públicos en la medida en
que se la a autorregulación siguiendo las reglas que contribuyen a la
convivencia y transmitiendo este aprendizaje a otros.
Para ello, es fundamental formar a las personas en las reglas de
convivencia. El comportamiento guiado por reglas es un mecanismo
vinculado a los procesos de aprendizaje. En el entendido que la ciudad
es un escenario de formación, las reglas que guían los CUR sostienen
un rol importante a partir del punto de vista educativo que permiten
alcanzar la convivencia, en tanto, median las diferentes formas de
relacionarse con los extraños, desde el reconocimiento del “otro” y la
búsqueda de la autorregulación sobre el propio comportamiento. Las
reglas, como descripciones verbales fundan relaciones entre el indi-
viduo con el ambiente, otras personas u objetos y una consecuencia,
y que, para el espacio público, generan la ocasión de relacionarse de
forma apropiada con el “otro” (por ejemplo: en una situación en la que
una persona se encuentra en dificultades, suministrarle ayuda; si está
con resfriada, o la COVID-19, use el tapabocas para evitar contaminar
a los demás; si no se detiene ante la luz roja de un semáforo, puede
generar un accidente, etc.). Las investigaciones que se han realizado
al respecto dan orientaciones acerca de la importancia de valernos
de la enseñanza de las reglas para formar a las personas en el espacio
público (Páramo, 2010; Páramo y Contreras, 2018).
La promoción de reglas que promueven los CUR se constituyen
en el mecanismo mediante el cual se diseñan macrocontingencias
y metacontingencias en las cuales múltiples comportamientos inde-
pendientes, en el primer caso, e interdependientes en el segundo,
de diferentes personas, actúan en cohesión social, recibiendo tanto
beneficios individuales como colectivos (Glenn, et. al, 2016).
Algunos ejemplos de lo que podría llevar a una metacontingencia
son: el aviso ubicado en la parte trasera de algunos vehículos: “¿Cómo
conduzco? Llame al 757, sin cargo”; registrar y publicitar el monto
total de impuestos recaudados por la ciudad en pantallas gigantes en

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La habitabilidad del espacio público urbano

las calles o terminales de transporte, mostrando qué obras están finan-


ciando; publicar índices de accidentes de vehículos acompañados de
las normas de tránsito que deben seguirse; mostrar gente común que
demuestre un CUR positivo y enviarlos a las estaciones de televisión
para que sean transmitidos como indicadores de convivencia.
Si bien las reglas se enseñan para influir en la forma de relacio-
narse con otras personas u objetos, su propósito principal es enseñar la
autorregulación, de ahí su importancia para enseñar y apoyar prácticas
culturales deseables para una buena calidad de vida en la ciudad.
Así, las reglas presentes en el repertorio verbal del individuo median
la relación del individuo con la sociedad sin necesidad de controles
externos. En muchas ciudades, por ejemplo, las tarifas de transporte
público se pagan, aunque no sea necesario presentar el boleto, los
vehículos ceden paso a los peatones, la basura se recicla, se utilizan
puentes peatonales, las calles se cruzan en las esquinas, se recogen
las heces de los perros, las compras se pagan de forma automática en
el supermercado, etc., todo sin controles externos. Los individuos se
regulan a sí mismos siguiendo reglas que contribuyen a las prácticas
sociales de convivencia.
A finales del siglo pasado, Bogotá realizó un experimento masivo
durante la administración del alcalde Mockus (1995-1998), que bus-
caba educar a la ciudadanía difundiendo reglas que contribuyen a la
calidad de la vida urbana. Se llamó “Ciudadano Cultural”. Centrán-
dose más en un objetivo de diseño de macro y metacontingencias,
Páramo (2015; 2017) desarrolló este enfoque a través de experimentos
de campo en dos ciudades de Colombia con resultados prometedores.
De esta manera, los espacios públicos pueden verse como esce-
narios de educación cívica en los que las reglas de convivencia entre
desconocidos pueden ser aprendidas mediante macro y metacon-
tingencias que garantizan su sostenibilidad en el tiempo (Páramo y
Burbano, 2021).

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Un enfoque interdisciplinario
y metodológicamente mixto de la investigación
sobre el espacio público urbano
Una tendencia importante en los estudios de psicología ambiental,
que se ha observado desde sus inicios, es el carácter interdisciplinario
y mixto en el enfoque metodológico de la investigación (Gifford,
2016). Como señalan Bechtel y Churchman (2002); Uzzell y Romice
(2003) y Romice y Uzzell (2005), es muy positivo romper barreras
disciplinarias en la solución de proyectos ambientales, y en sus inter-
venciones urbanísticas.
Los estudios sobre espacio público en los que se basa este capítulo
utilizan, a manera de ejemplo, diferentes estrategias metodológicas
de investigación: estudios descriptivos; etnográficos; experimentos
de campo; estudios correlacionales; investigación-acción; estudios de
caso, entre otras estrategias, apoyados en técnicas también diversas de
recolección de información cualitativa y cuantitativa como entrevistas
en profundidad, registros sistemáticos del comportamiento, muestreo
temporal de experiencias en vivo, revisiones documentales, registro
de imágenes, cuestionarios, georreferenciación (SIG), y análisis de la
información recolectada mediante análisis estadístico de datos cuan-
titativos con apoyo de programas de cómputo como SPSS, HUDAP, y
cualitativo, como [Link]. Gracias a este enfoque multimétodo, se con-
sigue una mayor validez y una mayor comunicación entre disciplinas.

Conclusiones
El tema central de este capítulo ha sido el desarrollo teórico aplicado
por la Psicología Ambiental para abordar la experiencia urbana del
espacio público. Los aportes de la Psicología Ambiental evidencian
la importancia de este campo de conocimiento en la solución de
problemas urbanos y en su contribución a mejorar la calidad de vida
urbana. Como afirmó Moser (2012), no basta con vivir al lado de

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La habitabilidad del espacio público urbano

alguien; es necesario vivir juntos compartiendo “urbanidad” y creando


las condiciones para vivir en comunidad.
No obstante, estos importantes avances en la comprensión de los
asuntos sociales de la experiencia en los espacios públicos, surgen
varios problemas que requieren ser abordados desde la investigación.
La construcción teórica y la intervención social deben abordarse en
la perspectiva de la experiencia psicológica de la ciudad frente a las
condiciones en que se vive actualmente en las ciudades, los efectos
del cambio climático, las migraciones ya sea producto de este fenó-
meno o las condiciones políticas. Otros temas por explorar incluyen la
búsqueda de la equidad espacial, la promoción de reglas compartidas
que puedan facilitar las relaciones entre extraños en ciudades cada
vez más globalizadas, el impacto del desarraigo de las poblaciones
desplazadas y su identidad en el lugar, etc. Del desarrollo teórico debe
surgir un campo de investigación. Esto debería promover un mayor
desarrollo en la integración de teorías a través de metaconceptos,
especialmente en un campo interdisciplinario como la psicología
ambiental. Los trabajos de Pol (2002a) y Wiesenfeld y Sánchez (2002)
representan una buena guía del papel de los psicólogos ambientales
en las intervenciones urbanas que llevan a cabo las instituciones pú-
blicas en equipos interdisciplinarios de urbanistas, arquitectos y, por
supuesto, los miembros de la comunidad.
Nuevos fenómenos se observan en los espacios públicos de las
ciudades: la computación ubicua que le permite ahora a las perso-
nas trabajar con sus computadores en cualquier lugar, entre ellos los
espacios públicos, gracias a la red gratuita de Wi-Fi dispuesta para
ser usada por parte de los ciudadanos en varias ciudades; el apego
a los celulares, aislando a los individuos de contactos sociales; un
mayor número de mujeres en los espacios públicos en comparación a
décadas anteriores, gracias a la educación y sanción a la cosificación
y a la censura al acoso; mayor aceptación a las demostraciones de
afecto entre parejas del mismo sexo; aumento de personas sin hogar
o habitantes de calle en gran parte de las ciudades, situaciones que

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

retan a los psicólogos ambientales para orientar sus investigaciones


en los próximos años.
Pero la pandemia por la que atraviesa el mundo en el momento
en que se publica este libro plantea retos adicionales para la investi-
gación en la Psicología Ambiental. De lugares de encuentro social,
escenario de confrontación de ideas, reivindicación de grupos sociales
o divertimento, los espacios públicos pasaron a ser lugares de miedo
al contacto con otras personas por la posibilidad de contagiarse de
una enfermedad que puede ser mortal, la COVID-19, o popularmente
conocido como coronavirus.
Como se mencionó al inicio de este capítulo, el acceso a los espa-
cios públicos es por excelencia una manifestación de la democracia
donde cualquiera puede tener acceso a ellos y a manifestarse. Su
restricción es considerada una afrenta contra el derecho a movilizar-
se, a los derechos y las libertades de residencia, circulación, reunión
de los que gozan los individuos. El espacio público contribuye a los
procesos democráticos al servir de escenario para la protesta, pero,
además, para igualar a las personas. Hace una contribución importante
a los procesos de democratización de la sociedad al crear espacios
que facilitan los encuentros entre las personas, independientemente
de su condición económica y sus roles sociales; sin lugar a dudas, el
espacio público nos iguala. Sin embargo, dada la dinámica actual
de la sociedad producto de la COVID-19, las investigaciones están
llamadas a tener en cuenta nuevas variables para dar evidencia y re-
flexionar sobre lo que ocurre en la crisis actual del espacio público,
de esta manera, sumar a las que desde una perspectiva tradicional
del espacio público se ha venido desarrollado (Gehl y Svarre, 2013). A
partir de la experiencia reciente que muestra efectos en los procesos
de socialización en los espacios públicos de las ciudades, dado que
se ha restringido la socialización, será necesario incorporar nuevas
preguntas de investigación: ¿Qué efectos tendrá a mediano y largo
plazo el miedo a una enfermedad por contagio físico sobre las distintas
prácticas sociales que han venido caracterizando la vida en público?

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La habitabilidad del espacio público urbano

¿Cómo se transformarán las distancias sociales de las que habló Hall


(1973)? ¿Cambiará el tipo de contacto entre las personas, se elimina-
rán los besos, los saludos de mano, la distancia personal, las ventas
callejeras, la alimentación en sitios públicos? ¿Qué actividades de las
que se desarrollaban en espacios abiertos como el ejercicio físico y
distintas fuentes de recreación se quedarán en los hogares?

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137
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CAPÍTULO IV
El
desapego territorial
como propuesta conceptual
para explicar la migración
transnacional voluntaria

Marco Alexis Salcedo Serna1

1
Docente asociado de la Universidad Nacional de Colombia, sede Palmira.
Integrante del “Grupo de Estudios Neoinstitucionales (GEN)” de la misma
universidad. Correo electrónico: masalcedos@[Link]–orcid: https://
[Link]/0000-0003-0444-703X
R esumen
El siguiente texto está centrado en circunscribir el modelo explicativo de
un proyecto de investigación doctoral sobre las causas de las migraciones
transnacionales voluntarias. A través del concepto de “desapego territorial”,
el texto cuestiona la visión racionalista y económica que ofrece la teoría de
los factores de expulsión-atracción para explicar la migración de ciudadanos
pertenecientes a territorios integrados bajo la rúbrica de “tercer mundo” hacia
otros territorios concebidos como “primer mundo”, y a cambio subraya en la
trascendencia simbólica, política y existencial que muchos de esos ciudadanos
le conceden al simple hecho de vivir en países que representan geosímbolos
de “poder” y “civilización”, sin importar las condiciones concretas de vida
que puedan tener en los países receptores.

Palabras clave: migración transnacional, identidad social, emociones,


territorios, Latinoamérica.

Introducción
Este documento es producto de un estudio preliminar realizado en el
marco de una investigación doctoral, para evaluar la viabilidad empí-
rica de una hipótesis general que se plantea como posible explicación
de las intensas migraciones transnacionales de ciudadanos latinoa-
mericanos a otros países receptores, como los de la Unión Europea o
los de Norteamérica, agrupados comúnmente en la categoría geopo-
lítica de primer mundo. El documento se limita a ofrecer una mayor

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

precisión del modelo explicativo que se emplea en una investigación


empírica que se desarrolla, posteriormente, con metodología mixta
sobre las causas de estas migraciones y cuyos ulteriores resultados de
los análisis de los datos recolectados se presentarán en otros textos
a publicar. El presente documento está centrado en circunscribir el
contexto de descubrimiento del proyecto general de investigación
doctoral, en el que se emplea un marco de comprensión que inte-
gra tres categorías de análisis diferentes: la vergüenza como factor
motivacional, la identidad social del migrante y las significaciones
políticas de los territorios.
Este esfuerzo de delimitación de un marco de comprensión
que se ubica en la intersección de los estudios de las migraciones
transnacionales con la emoción, es posible gracias a una primera
indagación empírica no sistemática que se realiza sobre el asunto,
fundamentada con la revisión de literatura hecha sobre el tema. El
estudio preliminar consiste en la realización de una entrevista no
estructurada, de estudios de casos múltiples con enfoque biográfico
narrativo, cuyas preguntas guías son las siguientes: ¿Por qué ha mi-
grado? ¿Qué diferencias encuentra entre vivir en su país de origen y
vivir acá (país de acogida)? ¿Cómo le ha ido aquí (país de acogida)?
¿Piensa regresar a su país de origen? En este estudio preliminar solo
es necesario entrevistar doce migrantes transnacionales, asentados en
Estados Unidos y España (7 colombianos, 3 mexicanos, 1 argentina,
1 estadounidense); esta cantidad mínima de participantes voluntarios
se debe a que lo que importaba en este primer acercamiento empí-
rico no era la validez de las conclusiones a las que se llegaban con
los datos recolectados, sino el poder heurístico que tenían los relatos
de las personas interrogadas para establecer los conceptos y las hipó-
tesis guías que orientarán la posterior investigación empírica, como
también para fijar las categorías que se emplearán para el análisis del
fenómeno a abordar y finalmente para evaluar la pertinencia de la
tradición teórica en la que se podía integrar el modelo propuesto y

140
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El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

que ha dado origen a las primeras intuiciones causales del problema


de investigación.
Esta experiencia permite establecer que no solo es factible una
perspectiva de análisis sobre el fenómeno migratorio basada en la
relación migración-emociones, desarrollado desde un enfoque bio-
gráfico, sino que la dimensión emocional parece ser tan fundamen-
tal para entender por qué muchos asumen un proyecto migratorio
transnacional voluntario que sorprende la hegemonía que aún sigue
teniendo el modelo de la push-pull para explicar las causas de las
diferentes migraciones existentes, cuando emociones como la nostal-
gia, la ambición, la angustia, la esperanza, el miedo, el orgullo, etc.,
parecen ser mejores predictoras de este fenómeno que argumentos
racionales que evalúan objetivamente la calidad de vida de un país
en contraste con otro.

La push-pull theory como modelo


explicativo de la migración transnacional
voluntaria y sus limitaciones
El desplazamiento de grandes colectivos humanos de un sector de
la geografía del planeta hacia otros lugares corresponde a uno de
los fenómenos sociales más importantes de nuestra época histórica
(Massey et al, 1993; Wolf, 2018). Se está en lo que Castles y Miller
(2014) denominan The age of migration: “un periodo durante el cual
la migración internacional se ha acelerado, globalizado, feminizado,
diversificado y progresivamente se ha politizado” (p. 10). Aunque la
migración de colectivos humanos a otros lugares ha sido algo om-
nipresente en todas las épocas y culturas humanas, Castles y Miller
(2014) aseguran que ha sido una constante en la época moderna los
desplazamientos y reubicaciones de grandes cantidades de personas.
En los tiempos actuales tiende a prevalecer una forma de migración
denominada free migration (Castles y Miller, 2014), en la que progre-
sivamente y de manera voluntaria personas provenientes de ciertas

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

naciones se reasientan a largo plazo en lugares alejados de sus fron-


teras nacionales. Este es el fenómeno migratorio que tanto ocupa a
las agendas políticas y a los medios de comunicación. Virtualmente
todas las naciones del mundo, tienen que tratar con el flujo continuo
de personas cruzando sus fronteras internacionales, sin que estén
viviendo situaciones extremas en su territorio que justifiquen su des-
plazamiento (Green y Staerkle, 2013; Massey, 1999).
El fenómeno migratorio ofrece múltiples niveles de análisis, pero
según Portes (1999) las investigaciones al respecto se han centrado
ante todo en cuatro aspectos: los orígenes de la migración, la direccio-
nalidad y continuidad de los flujos de inmigrantes, la utilización del
trabajo de inmigrantes y la adaptación sociocultural de los migrantes.
Interesa, por lo pronto, comprender las direcciones que tienen los
flujos de la free migration de las últimas décadas. Es decir, resulta
importante entender, entre otras cuestiones, por qué las migraciones
internacionales se están dando fundamentalmente hacia ciertos países
que corresponden a las grandes naciones industrializadas del mundo
y no hacia otras naciones (King, Black, Collyer, Fielding, y Skeldon,
2010; Massey, 1999). Variadas respuestas se podrían brindar a estas
inquietudes (Massey, 1999; Arango, 2000). Sin embargo, sobre la
migración tiende a prevalecer una individual rational-choice theory
(King, 2012: 13), una concepción instrumental, individual y racional
de las causas, denominada the push-pull theory, la teoría de los factores
de atracción y repulsión en la migración (Kline, 2002, Mazzarol y
Soutar, 2002; Massey, Arango, Hugo, Kouaouci, Pellegrino y Taylor,
1993). De acuerdo con esta teoría, los inmigrantes, en tanto seres
racionales, evalúan los riesgos, peligros y carencias que se dan en
sus lugares de origen y en la búsqueda racional de nuevas oportuni-
dades, o en su huida de una situación política conflictiva, eligen los
países y las ciudades que ofrecen subsanar esas dificultades. En otras
palabras, cualquier tipo de migración sería efecto de un conjunto
de factores que inducen a las personas a trasladarse a nuevos lugares
y abandonar sus viejos hogares. Entre los push factors, factores que

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El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

empujan hacia nuevos lugares, se encuentra la ausencia de trabajo en


el país de origen, pocas oportunidades de ascenso social, primitivas
condiciones tecnológicas en el país, la desertificación de los suelos,
hambrunas, epidemias, violencia, malas condiciones del sistema de
seguridad social, desastres naturales y persecución política (King,
2012). Y los pull factors son contrarios a los factores que expulsan, por
lo que halan a los individuos hacia un lugar; los pull factors tornarían
atractivo un lugar para emigrar, y entre dichos factores se encuentran
múltiples oportunidades de trabajo, mejores condiciones de vida,
libertad política y religiosa, educación, optimo sistema de seguridad
social, etc. (King, 2012). En resumidas cuentas, emigrar les permite,
objetivamente, a los sujetos mejorar sus condiciones materiales de
vida y obtener garantías de supervivencia al no ser perseguidos por
sus credos políticos, religiosos o por su condición étnica o racial.
El modelo de push-pull, tal como lo indica King (2012), “refleja
el paradigma económico neoclásico, basado en los principios de
maximización de la utilidad, elección racional, factor diferencial
de precios entre regiones y países, y movilidad laboral” (p. 13). Y a
pesar de lo antiguo de este modelo, todavía sigue siendo la perspec-
tiva predominante en las ciencias sociales para explicar el fenómeno
migratorio (Moreno y Vallejo 2005), por lo que debe esperarse que la
opinión pública, especialmente de los países receptores, se encuentre
orientada desde lo que ella indica, tomando así decisiones en torno a
la inmigración a partir de sus presupuestos.
Ahora bien, el paradigma neoclásico de la migración voluntaria
configura una teoría cuya validez se da por sentado en la mayoría de
los debates públicos en los medios y, aún en portales especializados
de migración, por lo que sus presupuestos son pocas veces puestos en
duda, al considerarse que sus pruebas empíricas son de mero sentido
común.

No hay duda de que la migración voluntaria de un país pobre


a uno rico casi siempre beneficia al migrante individual, que

143
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

fácilmente puede encontrarse a sí mismo ganando en una hora


lo que ganaría en un día en el país de origen (Newland, 2003,
párr. 16).

Sin embargo, este paradigma de las causas de la migración, en


los últimos diez años ha sido objeto de variadas críticas (Arango
2000; Todaro y Smith 2006) que resaltan las limitaciones que tiene
para explicar todos los orígenes, la intensidad, la direccionalidad y la
continuidad de los flujos migratorios actuales y el tipo de sujeto que
se convierte en migrante transnacional de forma voluntaria.
Entre los principales cuestionamientos que caben destacar se
encuentra, en primer lugar, la cuestión de los orígenes del flujo
migratorio: la teoría neoclásica de la migración tiene dificultades
para explicar la tasa de migración relativamente alta hacia los países
europeos occidentales de ciudadanos pertenecientes a países que
comparten estándares de vida y salarios relativos muy similares a los
de Europa occidental (Kurekova, 2011). En el mismo sentido, y con
respecto al tema de la seguridad, Roca y Sánchez (2013) ha subraya-
do con respecto a las solicitudes de asilo de ciudadanos externos a la
comunidad europea que las autoridades de migración se topan con
muchos casos de sujetos que provienen de países seguros, pero que
aun así intentan ingresar de diversas maneras a la Unión Europea,
en búsqueda de niveles de seguridad en Europa de los que ya gozan
de donde proceden.
En segundo lugar, está la cuestión de los países de acogida elegi-
dos por los migrantes voluntarios: la teoría neoclásica de la migración
conlleva a que se haga un énfasis excesivo en las diferencias que se
dan entre países en aspectos socioeconómicos, desconociendo que
muchos flujos migratorios son más intensos hacia países con meno-
res índices de desarrollo económico en comparación con otros. Por
ejemplo, la tasa de migración de ciudadanos de Slovenia es más alta
hacia la República Checa que hacia los países europeos occidentales
que tienen sueldos diferenciales muchos más altos (Olejárova 2007),

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VOLVER A INICIO
El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

por lo que se concluye que aunque los elementos socioeconómicos


importan “existen otros factores que determinan la decisión de migrar
y su dirección” (Olejarova, 2007, p. 45).
En tercer lugar, está la cuestión de quiénes son las personas
migrantes transnacionales voluntarias: la teoría neoclásica de la
migración lleva a suponer que son los más pobres quienes emigran,
y provienen de los países más pobres del mundo. Sin embargo, la
capacidad de emigrar se asocia con los costos y, por lo tanto, no son
los individuos más pobres los que emigran ni los países más pobres
que envían la mayor cantidad de mano de obra (De Haas, 2008; Faist,
2012; Massey et al. 1998). Según el estudio de Kurekova (2011), los
patrones de migración observados tienden a ser en forma de joroba:
las tasas de migración se aceleran con el crecimiento de la riqueza del
país, ya que más individuos u hogares pueden financiar la migración.
Luego, a medida que el país continúa desarrollándose, las tasas de
emigración disminuyen y los incentivos para migrar tienden a desapa-
recer. Aún hay un aspecto que puede resultar muy sorprendente para
quien adopta un modelo comprensión racional e instrumental del
fenómeno migratorio (búsqueda de mejor calidad de vida y garantías
de supervivencia): un sector importante de la población migrante vo-
luntaria, parcialmente cuantificado, emigran a países industrializados
abandonando sus países que le has permitido satisfacciones reales y
efectivas de necesidades asociadas a la educación, seguridad, al trabajo,
la salud e inclusión social. Como en el ejemplo que trata Moreno
y Vallejo (2005) en su investigación de los procesos de aculturación
de los inmigrantes, un gran número de estos son sujetos con forma-
ción universitaria (WorkBank, 2011), con posibilidades reales o con
experiencias efectivas de haberse integrado al sistema laboral de su
país de origen, pero que han preferido emigrar a un país europeo o
a Norteamérica para ocupar puestos de trabajos no demandados por
la población de acogida, dedicándose a una economía sumergida, en
condiciones laborales precarias. ¿Por qué emigran entonces personas
con formaciones altas hacia países industrializados y se sostienen en

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

los países receptores elegidos cuando, en muchos casos, no logran


ejercer su profesión y en cambio se sostienen laborando en trabajos
despreciados por los nativos?
Y finalmente está la cuestión de los beneficios que obtienen las
migrantes transnacionales voluntarios. Una de las implicaciones que
trae la teoría neoclásica de la migración es que lleva a suponer que
el migrante va a lograr obtener en el país de acogida claros beneficios
económicos y sociales que en su país de origen no podría obtener.
Aunque los estudios actuales no desmienten la existencia de algunos
beneficios económicos y sociales para los inmigrantes, ni historias
personales de triunfo económico, ascenso social y mejoramiento
general de la calidad de vida construidas a partir del traslado de una
nación a otra (Camarota 2012), sin embargo, los datos iniciales que
existen sobre esta cuestión están indicando que las compensaciones
que obtienen los inmigrantes para ellos y para sus hijos con el traslado
a los países más industrializados del planeta, son notoriamente más
bajas de lo esperado. Es decir, los datos registrados por varios estudios
sociales, económicos y políticos (Borja y Castell, 2000; Martínez et
al, 2007; Turper et al, 2015) no indican que en los países receptores
como los de la Unión Europea o en Norteamérica, en su gran mayoría
los inmigrantes encuentran mejores condiciones de vida, amplias y
muy generosas ayudas estatales, en fin, múltiples beneficios sociales,
laborales y económicos, que no obtendrían si se mantuvieran en el
país que nacieron. Aunque los estudios que se han venido realizado
implican predominantemente cuadros comparativos con la población
nativa del país receptor y no con la población de origen del inmi-
grante, la literatura académica al respecto (Borja y Castell, 2000;
Gustafsson, et al 2006; Green y Staerkle, 2013; Martínez et al, 2007;
Porthe et al, 2009; Sobral et al, 2010; Turper et al, 2015), muestra
que los inmigrantes enfrentan su proyecto migratorio casi siempre en
condiciones adversas permanentes, expuestos diariamente a escenarios
de vulnerabilidad material, acrecentados en ocasiones por entornos
hostiles hacia su presencia física en el lugar.

146
VOLVER A INICIO
El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

Varios estudios se pueden citar para detallar lo dicho anterior-


mente. Por ejemplo, con respecto a la situación de los inmigrantes
en el mercado laboral sueco, estos fueron los hallazgos del estudio
de Gustafsson y Zheng (2006).

Se estudiaron grandes muestras de hombres y mujeres inmi-


grantes, así como de hombres y mujeres autóctonos, durante el
período comprendido entre 1978 y 1999 observando sus rentas
anuales… Los resultados muestran que, aunque los ingresos
de las personas nacidas en otros países se deterioran frente a
los de la población autóctona… no ocurre lo mismo entre los
jóvenes originarios del noroeste de Europa y de América del
Norte. Los inmigrantes no europeos… son más vulnerables que
la población autóctona al estado de la economía en términos
de tasa de desempleo (p. 79).

En otro estudio de Porthe et al. (2009), que pretendió describir


las características de situación laboral de inmigrantes irregulares en
España y su relación con la salud, encontraron:

… elevada inestabilidad laboral; ausencia total de empodera-


miento en tanto no cuentan con un marco de protección legal;
elevada vulnerabilidad agudizada por su situación legal y su
estatus de inmigrante; nivel de ingresos insuficiente y más bajo
que el del resto de los compañeros; ausencia total de derechos
laborales y escaso poder para exigir mejores condiciones; y
finalmente un tiempo de trabajo extenso y a un ritmo acelera-
do. …La precariedad laboral en este colectivo podría definirse
como «extrema». Si estos trabajadores continúan expuestos a
tales condiciones de precariedad, las repercusiones sobre su
salud podrían ser mayores (p. 113).

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VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Los hallazgos de Porthe et al (2009), coinciden, además con la


investigación realizada por Martínez et al (2007) de la inmigración en
España sobre los principales problemas percibidos por los inmigrantes,
que son carencia de dinero, de trabajo y de vivienda, dificultades que
pudieron haber tenido en mayor o en menor grado en sus lugares de
origen, pero con la diferencia que en sus países dispone de amplias
redes de apoyo (padres, familiares, amigos) que les habrían ayudado
a mitigar esas carencias. En otro estudio, de Algan et al. (2010) en
el que realizaron un análisis comparativo en términos de situación
laboral, ganancias económicas y educación de inmigrantes de primera
y segunda generación en Francia, Alemania y Reino Unido, se llega
a la siguiente conclusión:

El más importante mensaje de este trabajo es que hay clara


indicación de que, en cada país estudiado, la participación en
el mercado laboral de la mayoría de los grupos de inmigrantes,
así como de sus descendientes es en promedio mucho peor que
el de la población nativa (p. 27).

Estas condiciones de vulnerabilidad de los inmigrantes se han


visto incrementadas últimamente por la crisis económica que han
enfrentado algunos países europeos y los Estados Unidos. Sin embargo,
la llegada de inmigrantes continúa en alza.

En plena crisis económica y con elevadas tasas de paro, los


países del sur de Europa se han ido transformando en países
receptores de inmigrantes a lo largo de la segunda década de
los 80. Grecia, Italia, Portugal y España, de ser lugares de paso
o salas de espera para los inmigrantes norteafricanos que quería
dirigirse a otros países centroeuropeos, se han transformado en
el final del trayecto de numerosos inmigrantes (Martínez et al,
2007, p. 106).

148
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El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

A la cuestión de la vulnerabilidad material en que se encuentran


grandes cantidades de inmigrantes en los países receptores, se suma
ahora el creciente rechazo que está generando su presencia en las
sociedades receptoras. “Alusiones a amenazas están omnipresentes en
la retórica anti-inmigrante diseminada en la esfera pública: los inmi-
grantes son representados como “inundando” el país, “quitando” los
trabajos a los ciudadanos, abusando del sistema de seguridad social,
socavando los valores nacionales” (Green y Staerkle, 2013, p. 864).
Este rechazo de la sociedad ha conllevado a que se produzcan
cambios en las políticas y leyes de acogida de inmigrantes en la mayo-
ría de los países receptores por lo que las acciones de exclusión social
ya no son producidas solamente por algunos sectores minoritarios y
radicales de la sociedad considerados como xenofóbicos y racistas,
sino también por el mismo Estado. En las últimas décadas, según lo
afirma Roca y Sánchez (2013) es el estado liberal e ilustrado europeo
el que paradójicamente está creando el desamparo, operando para la
producción institucional del desamparo sobre un grupo social. En los
investigadores sociales del asunto hay relativo consenso; “en todos los
países ha habido problemas con la integración de los inmigrantes y sus
hijos” (Algan et al, 2010, p. 8). De este modo, se puede afirmar que
los estudios no muestran que la mayoría de los inmigrantes obtengan
mejores condiciones de vida para su supervivencia (Sobral et al. 2010),
lo que pone en cuestión la mentalidad instrumental y material como
factor causal que ha determinado el proyecto migratorio.
En un estudio realizado por Roca y Sánchez (2013) de la política
de asilo en Suiza se indica que lo que parece ha sorprendido más al
Gobierno suizo son los resultados que han obtenido con las políticas
de retorno y disuasión de inmigrantes que no se encuentran en situa-
ciones de riesgo en sus países de origen, circunstancia que reafirma
la necesidad de comprender de otra manera las causas del fenómeno
migratorio de los ciudadanos provenientes de países calificados como
tercermundistas. El Gobierno suizo ha aplicado políticas que buscan
limitar los recursos destinados a apoyar a los demandantes de asilo

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VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

de modo tal que las condiciones de vida de los inmigrantes que no


clasifican como refugiados y que se encuentran ya presentes en un
país europeo sean tan poco atractivas que prefieran decidir abandonar
el territorio de la unión. A cambio de lo esperado, no ha surtido el
efecto deseado la amenaza de la miseria en la que podrían caer los
migrantes recalcitrantes; lo que estas políticas han propiciado es el
incremento de “sin-papeles”, de inmigrantes ilegales en territorio suizo.
Si la motivación para la migración no forzada (local o interna-
cional) estuviera centrada en objetivos de consecución de una mayor
calidad de vida y de mejores garantías de supervivencia del individuo
y su familia, resulta paradójico que sujetos provenientes de países
seguros, en vez de acogerse a planes de retorno, opten por convertir-
se en inmigrantes ilegales, con clara conciencia de que tendrán en
Europa una vida en la clandestinidad, la cual implica sobrellevar una
existencia de gran precariedad para ellos y sus hijos. “Un ejemplo es
el caso de un emigrante que había aceptado un regreso voluntario
pero que, habiendo perdido 20 kilos, cambió de opinión cuando las
autoridades le anunciaron que tendría que irse a los 15 días siguien-
tes” (Roca y Sánchez 2013, p. 49). ¿Por qué estos sujetos que pueden
tener opciones de vida en su país de origen se encuentren dispuestos
“al sacrificio supremo” (Roca y Sánchez, 2013, p. 48), motivados a
“quedarse a toda costa” (Roca y Sánchez, 2013, p. 48), en territorio
europeo en condiciones extremas de precariedad (sin sistema social,
ni garantías de ninguna clase) y no toman la opción más racional que
sería la del retorno a sus países?
Lo mencionado hasta el momento indica que hay la necesidad
de reconocer la incidencia de otros push factors para comprender las
migraciones no forzadas, que podrían ser tan o en su conjunto quizá
más importantes que los elementos socioeconómicos que resalta el
modelo neoclásico de la migración. A título de ejemplo, Olejárova
(2007) afirma que otro push factor poco analizado es lo que ella

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VOLVER A INICIO
El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

denomina “la cultura de migración” que se cultiva en ciertos países,


a diferencia de otros. Verbigracia, dice Olejátova (2011), en el caso de
la República Checa, la actitud general negativa hacia el que migra y el
fuerte lazo con la patria parece crear una “cultura de la no migración”,
mientras que Eslovaquia parece ser caracterizada por una “cultura de
la migración” (p. 2). En ese mismo sentido, Kurekova (2011) asegura
que la investigación sobre la migración Este-Oeste demanda un nuevo
enfoque que dé mayor énfasis a los países emisores reconociendo la
importancia de las variables institucionales específicas de cada país y
las diferentes vías de transición, que hasta la fecha se han pasado por
alto. Es decir, para Kurekova (2011) la migración en Europa Central
y del Este necesita ser estudiada dentro de procesos globales más
amplios y debe ser evaluada como parte integrante de la caída del
modelo socialista que trajo consigo el cambio socioeconómico y la
reestructuración política y económica.
Estos aspectos indicados, muestran que para explicar lo que Aran-
go, citado por Martínez et al. (2007), ha venido a denominar como
sistema migratorio, es decir, la asociación que se establece entre una
región receptora y un conjunto de países emisores de emigración, es
ineludible un modelo explicativo alternativo. Como lo señala Rus-
sell King (2012), hay “la necesidad de un enfoque interdisciplinario
para estudiar y teorizar sobre la migración” (3), dado que “el enfo-
que clásico ha entrado en un estado de crisis, desafiado por nuevas
ideas, conceptos e hipótesis” (Massey et al, 1998, p. 2). Según lo
reporta Castles (2014), el modelo de comprensión instrumental de
las motivaciones que propician el movimiento migratorio voluntario
internacional, comienza progresivamente a ser sustituido por unas
nuevas perspectivas del tema, que demandan “incorporar el estudio
de la inmigración dentro de los procesos globales de transformación
social, económica y política y dentro de las biografías de las vidas en
curso de los inmigrantes” (Castles y Miller, 2014, p. 3).

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

“Desapego territorial” como causa propuesta de


masivos movimientos migratorios voluntarios
En la investigación de Sánchez y Salgado, citada por Roca y Sánchez
(2013), se encuentra un caso que muestra algunas de las implicaciones
que trae la adopción de una perspectiva no racional-instrumental para
entender la migración no forzada. Los autores de la investigación citan
el caso de un africano subsahariano quien explica a los entrevistadores
porque él no quiere retornar a su país de origen, a pesar de las difíciles
condiciones de vida que enfrenta en Suiza.

Toda la familia contribuyó para que yo pudiera irme, las expec-


tativas son muy elevadas, muchas esperanzas en mí. El regreso
es difícil porque es un fracaso, y si tuviéramos la posibilidad de
ganarnos la vida, y no hubiéramos triunfado, vale. Pero estamos
frente a un muro…, y no somos capaces de regresar. Preferimos
sufrir en la sombra que vivir el fracaso delante de la familia
(Roca y Sánchez, 2013, p. 49).

De acuerdo con lo indicado por el sujeto entrevistado, su principal


expectativa en su proyecto migratorio voluntario no es triunfar, en el
sentido de lo que significa dicho término en el mundo actual: obte-
ner gran reconocimiento dentro de la sociedad occidental y amasar
una gran fortuna que le permita llevar un estilo de vida con grandes
satisfacciones económicas y materiales. Probablemente puede resultar
aceptable para este africano no triunfar al modo occidental porque
el apego a su propio estilo de vida africano, su modo de vida étnico,
le determine otras satisfacciones en el que la dimensión económica
podría ocupar un lugar menos determinante y central que el que se le
otorga en las sociedades industriales capitalistas occidentales. Su gran
expectativa es “ganarse la vida” en Suiza, lo cual significa simplemente
“vivir en Europa”. El africano subsahariano entrevistado no repudia
su condición étnica o racial, o las raíces culturales que recibió de su

152
VOLVER A INICIO
El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

familia; lo que se esfuerza en evitar es sobrellevar su existencia en


su patria, como si sus potencialidades como ser humano inevitable-
mente se marchitaran si permaneciera en su tierra. Pareciera como
si de alguna manera todos los sacrificios que realiza para permanecer
en territorio europeo se justificarán por constituirse ese mero hecho
de “estar en Suiza” en una situación que lo dignifica ante los ojos
de sus familiares y sus compatriotas. Su familia contribuyó, no para
tener un hijo de su comunidad étnicamente distinto a ellos, a un otro
étnico, sino para tener a uno de ellos, a un mismo de su comunidad,
con una vida más honrosa y digna que la que sobrellevan ellos en su
propia nación. En este caso descrito pareciera que el quid del asunto
está en la cuestión existencial de “dónde se vive la vida”, no “cómo
se vive”, “de qué” o “en qué condiciones”.
Para poder comprender estas declaraciones, cabe recordar lo
que desde hace tiempo es conocido por la psicología ambiental, que
los espacios son territorios emocionales (Corraliza, 1998; Jiménez y
Cieza 1986). Es tan relevante esta relación entre emoción y espacio
que ha originado una de las líneas de análisis de mayor desarrollo
investigativo en esta área de la psicología (Corraliza, 1998; Jiménez
y Cieza, 1986; Manzo, 2003). Como lo señala Manzo (2003):

Existe un extenso y creciente cuerpo de literatura que explora


la naturaleza y los matices de las relaciones emocionales de las
personas con los espacios. Esto incluye escritos sobre el sentido
del lugar, el apego al lugar y la identidad del lugar (p. 48).

Un concepto que resalta ese vínculo emocional de las personas


con el espacio y que es de común uso en la Psicología Ambiental es
el de “apego al lugar” (place attachment), un término utilizado para
nombrar la nostalgia que ocasionan determinados espacios en los in-
dividuos. Este concepto se ha considerado clave para explicar diversos
tipos de experiencias humanas con los entornos físicos, como la sen-
sación de bienestar individual y colectivo en determinados contextos

153
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

(Vada, Prentice y Hsiao, 2019; Rollero y Piccoli, 2010), la aceptación


de leyes ambientales (Hernández et al 2010), la adopción de conduc-
tas proambientales (Song y Soopramanien, 2018), las preferencias en
los diseños urbanos que propicien una sensación de mejor ambiente
urbano (Shao y Lio, 2017), el rol del afecto hacia el ambiente en la
satisfacción de la vida o en la reafirmación de los lazos comunitarios
(Hidalgo y Hernández, 2001; Kyle, Mowen y Tarrant, 2004).
Ahora bien, Manzó (2003) llama la atención que las investigacio-
nes empíricas que analizan la relación del afecto con el espacio se han
hecho desde la noción de “hogar”, centrada en entornos residenciales,
desde una visión despolitizada de las experiencias del individuo con
su entorno y desde el supuesto que prevalece en el sujeto el afecto
positivo hacia ese espacio que concibe como su hogar, fuente por ello
de añoranzas y nostalgias cuando por alguna razón debe alejarse de
él. En esa vía va por ejemplo el concepto de desarraigo, un concepto
de común uso en las ciencias sociales para analizar y anticipar las
problemáticas psicológicas que pueden enfrentar las personas que
han decidido migrar de su entorno de origen a otro que le resulta
ajeno (Molano, 2003; Lasso, 2013). El término de desarraigo supone
que los migrantes en general padecen un doloroso proceso de ruptu-
ra con su tierra, un tipo de desgarro existencial que origina fuertes
sentimientos de extrañeza vital que toca todas las fibras de su ser,
hasta el punto que durante un largo tiempo se encuentran en riesgo
del “marchitamiento de su vida ocasionados por un entorno donde
se le hace ver y sentirse distinto” (Lasso, 2013, p. 44). Manzo (2003)
califica esta visión general sobre la conexión espacio-emoción como
producto de sesgos teóricos que han limitado la comprensión de un
fenómeno tan complejo y multifacético como es el de las relaciones
emocionales de las personas con los lugares, un fenómeno que es
dinámico y que solo se da “dentro de un entorno sociopolítico más
amplio” (Manzo, 2003).
Consecuente con lo anterior, y como guía analítica para el desa-
rrollo de un proyecto de investigación empírica sobre la migración

154
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El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

transnacional voluntaria, se propone aquí un concepto que va en


contravía de los supuestos que según Manzo (2003) han dominado los
estudios que analizan la relación emoción-espacio. Ese concepto es el
de “desapego territorial”, un término que se acuña para nombrar una
práctica emocional de distanciamiento y hasta de franca hostilidad
hacia todo lo que representa cierto espacio políticamente diferencia-
do en la geopolítica mundial con el que el individuo tiene vínculos
identitarios ineludibles, como es el país en el que nació y se crió el
sujeto. El concepto nombra un modo de vincularse emocionalmente
con el territorio que define su nacionalidad de origen y que contraría
los procesos sociales que desde la teoría de la identidad social de Henri
Tajfel y John Turnerl se ha documentado en la psicología social como
las conductas de favoritismo endogrupal (Tajfel y Turner, 1979).
En el marco de la teoría de la identidad social, distintos estudios
empíricos en psicología social (Tajfel y Turner, 1978; Tajfel y Tur-
ner, 1979; Turner, Brown, y Tajfel, 1979; Zubieta, 2004; Marques y
Páez, 1999; Hogg y Abrams, 1988) han señalado que los sujetos per-
tenecientes a un grupo realizan esfuerzos sostenidos por preservar o
incrementar el carácter positivo de la categoría con la que el sujeto se
identifica, lo que los lleva a favorecer, beneficiar o valorar mejor todo
lo que representa su grupo, y a cuestionar, menospreciar o infravalorar
lo perteneciente a otros grupos, especialmente contra aquellos que se
dan conflictos por el reconocimiento social (Turner, 1975), aunque
también se puede dar contra grupos con los que hay una lucha por
recursos instrumentales para la supervivencia (Sherif y Sherif, 1953).
Este esfuerzo opera como un sesgo cognitivo; corresponde en propie-
dad a un prejuicio que se intenta racionalizar con hechos objetivos y
que tiene como objetivo, como cualquier prejuicio, salvaguardar la
autoestima de la imagen de sí mismo (Fein y Spencer, 1997). Dicho
en otros términos, “las personas estarán motivadas para establecer
diferencias positivas a favor del endogrupo en sus comparaciones con
exogrupos relevantes con el fin de lograr identidad social positiva y
un mejor autoconcepto” (Rojas, García y Navas, 2003, p. 101)

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

El concepto de “desapego territorial” se emplea aquí para des-


cribir el reverso del favoritismo endogrupal, aplicado para categorías
de diferenciación grupal que se relacionan específicamente con la
identidad espacial, no con la étnica, no con la racial. Es decir, refleja
un sesgo cognitivo altercentrista o exogrupal (Montero citado por
Rojas, García y Navas, 2003), en palabras de Tajfel (1978, p. 83) una
“distintividad endogrupal”, pero de carácter negativa, que conduce a
los sujetos a cuestionar, menospreciar o infravalorar lo que política-
mente representa vivir en un entorno con el que el sujeto se encuentra
vinculado identitariamente (Salcedo, 2020). El concepto nombra el
estado de ánimo que se da en un individuo cuando concluye que el
espacio que debe habitar para el desarrollo pleno de sus potenciali-
dades humanas no es el entorno jurídico-político en el que nació y
ha vivido durante cierto tiempo.
Como se ve, es notable su diferencia con el término de desarrai-
go, el cual refiere a un conjunto lógico de reacciones emocionales
que surgen en quienes enfrentan un proceso de pérdida de su hogar
(Molano, 2003; Lasso, 2013). La cuestión que anuncia este concepto
de desapego territorial y que le confiere su sentido es que remite a la
ausencia de ese duelo que debería darse en quien ha tendido raíces
en un sitio y decide luego trasladarse a otro sitio para empezar de
nuevo; por el contrario, al migrar a otro espacio parece darse en el
individuo una sorprendente reacción de liberación, de felicidad, como
de quien al fin ha podido encontrar el lugar para poder ser en este
mundo. En última instancia, lo que este término viene a indicar es
que no hay que suponer que el desarraigo es un problema inherente
a los movimientos migratorios de las personas, especialmente para
el caso de sujetos que se suman a masivas migraciones transnaciona-
les no forzadas, en las que hay evaluar hasta qué punto se dan estos
procesos de duelo por pérdida del hogar.
Este supuesto que trae apareado el concepto propuesto, la redu-
cida o mínima existencia de duelo por pérdida del hogar que podría
darse en muchos migrantes transnacionales, es sin duda difícil de

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El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

explicar desde los presupuestos de la push- pull theory. Una disposi-


ción emocional como esa que lleva a muchos sujetos pertenecientes
a una comunidad a creer, sin que medien condiciones extremas
que así lo muestran, que el suelo para echar raíces no es donde ha
germinado o brotado como sujetos sino en otra tierra que identifica
en el horizonte de sus sueños, no se explica como producto de un
análisis racional objetivo de las circunstancias de vida que tienen en
su país de origen, ni siquiera como efecto de un malestar personal
comprensible por el tipo de experiencias biográficas negativas que ha
tenido en su entorno de origen que objetivamente no le ha permi-
tido ni le garantiza la satisfacción de requerimientos vitales básicos
para la vida plena en sociedad. Más bien, el estado de ánimo que
comporta esta cuestión del desapego territorial se puede interpretar
como resultado de la apropiación que hace el individuo de lo que se
conoce en los estudios migratorios como “cultura migratoria”. Esto
es, la internalización que hacen miembros de una sociedad de la
creencia de que es la migración, tanto interna como internacional,
el medio más efectivo, o quizás el único, para concretar aspiraciones
individuales o familiares (París, 2010; Rivero, 2015).
La cultura migratoria es una predisposición colectiva, según lo
menciona Margolis (1993), motivada por diversos factores de orden
histórico, cultural y socioeconómico, y se considera está en la base
del desapego territorial por las siguientes razones: En primer lugar, la
Teoría de la identidad social enseña que las evaluaciones del propio
grupo son de naturaleza relativa y comparativa (Rojas, García y Navas,
2003, p. 101; Tajfel y Turner, 1979). Ello quiere decir que los sesgos
endogrupales no se deciden por lo que objetivamente posibilite un
grupo en particular para sus miembros sino por la comparación que se
hace con otros grupos relevantes en dimensiones valoradas. Las con-
ductas de favoritismo endogrupal no surgen entonces si en el contraste
que se hace la valoración del grupo propio resulta damnificada, más
allá de lo que en sí mismo este ofrezca o niegue a quienes poseen su
membresía. En segundo lugar, la teoría de la identidad social señala

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

que el factor con mayor efecto modulador del sesgo endogrupal y la


discriminación exogrupal es el prestigio o el valor del propio grupo
comparándolo con otros grupos, en otras palabras, el estatus que tie-
ne el grupo por el poder que efectivamente ostenta y se le reconoce,
con el consecuente grado de dominio o subordinación que de ese
poder se deriva ante otros grupos. Es, entonces, la jerarquía en que
se encuentra el grupo propio la que motiva la discriminación endo-
grupal y no en sí mismo lo que acontece al interior del grupo. Según
la TIS, si las personas no logran encontrar atributos en los que su
grupo «salga ganando» con respecto al exogrupo, la identidad social
resultante de la comparación es inadecuada o insatisfactoria, porque
las comparaciones entre el endogrupo y el exogrupo resultan nega-
tivas. Una de las consecuencias de una identidad social inadecuada
[es] que los miembros del grupo subordinado tiendan a menospreciar
al endogrupo y a manifestar actitudes positivas hacia el exogrupo
dominante…, es decir, muestran altercentrismo o sesgo exogrupal
(Rojas, García y Navas, 2003, p. 102).
En tercer lugar, y nuevamente según la Teoría de la Identidad
Social (TIS), las comparaciones negativamente discrepantes entre
endogrupo y exogrupo (en las que el propio grupo sale “perdiendo”),
aunque se pueden constituir en razones para motivar a muchos su-
jetos para migrar de su país de origen, pueden también constituirse
en razones para motivar a otros a permanecer en él. Abandonar el
endogrupo hacia otro de mayor estatus es solo una de las estrategias
que adoptan los miembros de grupos jerarquizados sometidos a
continuas comparaciones negativas (Rojas, García y Navas, 2003).
Tajfel y Turner (1979) señalan desde 1979 que la movilidad social al
interior del grupo era también una alternativa que tenían los indivi-
duos cuando no estaban satisfechos con las condiciones impuestas
para su vida y querían sus miembros mejorar su estatus social ante
los demás. Tajfel y Turner igualmente revelan como otra posibilidad
la lucha por el cambio social como alternativa cuando sus miembros
concluían que su situación insatisfactoria era inmodificable con las

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El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

actuales condiciones que rigen las relaciones interpersonales. Según


lo indican Rojas, García y Navas (2003), esta búsqueda por la trans-
formación de las relaciones sociales que se dan en el interior del
grupo se realizaba como estrategia para competir con otros grupos
eliminando los aspectos problemáticos que se dan el grupo, fuente de
una valoración negativa con otros. Y aún quedaría otra estrategia: la
creatividad social, en la que los individuos reinterpretan las caracte-
rísticas del propio grupo valoradas negativamente para que adquieran
una distintividad positiva, ya sea estableciendo nuevas categorías de
comparación o cambiando el exogrupo de comparación (Rojas, García
y Navas, 2003, p. 102).
Como resulta obvio decirlo, irse de su país fue para los migran-
tes transnacionales voluntarios la mejor alternativa para enfrentar
cualquier tipo de dificultad que tenían o para alcanzar sus propósitos
en su vida. Lo que no resulta claro es por qué las otras soluciones
que se acaban de describir (movilidad social interna, cambio social
o creatividad social) no fueron una alternativa real para sus vidas,
especialmente cuando la opción de migrar del país ha sido una
elección masiva de miembros de un colectivo que han dispuesto de
posibilidades reales para concretar en su lugar de origen sus metas
existenciales. El desapego territorial, como efecto de la apropiación
individual de una fuerte cultura migratoria que se da en el entorno
que se encuentra el sujeto, es entonces una respuesta posible a esa
inquietud, que en el decir popular colombiano se conoce como “falta
de amor por la tierrita”.
Finalmente, hay que subrayar que los planteamientos hechos
sobre la manera de comprender las causas de la migración transna-
cional no forzada llevan a percibir el desapego territorial como un
fenómeno individual en la vida de las personas que trasciende una
conducta puntual, la de migrar. Esto porque se considera que el vín-
culo emocional general que establece alguien con su país de origen,
además de poder estar motivando conductas como la migratoria,
también podría estar decidiendo sus antecedentes más lejanos, como

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

el anhelo migratorio, cuando vivir en otro país es solo un propósito


existencial difuso a concretar en algún momento futuro de su vida, al
igual que la manera cómo el futuro migrante transnacional desarrolla
cotidianamente su vida en su país natal, tal como se desprende de
los estudios que la Psicología Ambiental ha realizado sobre la tras-
cendencia que tiene el place attachment en el fortalecimiento de los
vínculos comunitarios que se dan en determinados espacios (Billig,
Kohn, y Levav, 2006; Fried, 1963; Hidalgo y Hernández, 2001; Kyle,
Mowen, y Tarrant, 2004).
El fenómeno del desapego territorial, igualmente, puede producir
sus efectos en cómo asume el ya próximo migrante transnacional los
preparativos que son necesarios para abandonar su país e instalarse
en el destino final, y hasta en lo que acontece posteriormente a la
llegada del país seleccionado, como el tipo de relación que el migran-
te decide tener con su lugar de origen, una vez ya se ha integrado a
la nueva sociedad de acogida. De esta manera, el concepto amplía
el panorama de los ámbitos que se pueden analizar de la vida del
migrante transnacional voluntario, en el antes, durante y después de
la migración, a través de diversos indicadores que se presuponen son
consistentes con el fenómeno del desapego territorial.

Conclusiones
La push-pull theory ha supuesto que el inmigrante potencial o efectivo
encuentra algo de orden negativo en su lugar de origen, que no lo
observa en otros lugares, y que por ese motivo adopta la resolución
de abandonar el lugar en el que él y probablemente su familia ha
vivido desde su nacimiento. Aunque este supuesto puede resultar
aceptable, se plantea aquí que la push-pull theory yerra en concebir
al migrante transnacional como un mero calculador racional que
analiza objetivamente dos territorios distintos, evaluando sin sesgo
alguno los beneficios o perjuicios que puede obtener por permanecer
en un lugar o en otro. En oposición a este supuesto se dice aquí que,

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El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

antes que analistas racionales, los seres humanos son sujetos políticos,
cuya visión de mundo refleja la educación sentimental ética y polí-
tica que ha recibido desde su infancia, por lo que sus apreciaciones
reproducen los sesgos cognitivos que conlleva el punto de vista desde
el cual el sujeto juzga su realidad (Massey et al. 1998). De este mo-
do, las preferencias y anhelos de los migrantes transnacionales hacia
determinados territorios, con los que pueden inicialmente no haber
tenido experiencias directas y concretas pero que conocen través de
intermediarios (familiares, medios de comunicación, amigos, etc.), y
la consecuente conducta espacial que adoptan, de desplazarse de su
nación de origen hacia un país otro, se puede haber originado en la
comparación que hacen de las vivencias, reconocimientos simbólicos
y privilegios efectivos que tienen quienes viven o se encuentran ju-
rídicamente vinculados a un determinado espacio, en contraste con
lo que viven y padecen quienes como ellos están atados a su lugar
de origen.
Desde la perspectiva que aquí se analiza este fenómeno social, el
proyecto migratorio se comprende como una forma de proyecto de
vida en el mundo contemporáneo que procura subsanar una condi-
ción identitaria carente de enaltecimiento sociopolítico, fundamen-
talmente de sujetos que han nacido en algún país del orbe con muy
poca visibilidad en la geopolítica mundial. En estos casos se tendería
a emprender la aventura de migrar, trasladándose y manteniéndose
en un enclave central del escenario político mundial, como ejercicio
necesario para dignificar su existencia humana. Algunos análisis rati-
fican esta interpretación, los cuales relacionan los sentimientos nega-
tivos de nativos de determinados lugares del mundo hacia su propio
territorio como reflejo de la “nueva forma de racismo” (Stolke, citado
por Iglesias, 2007, p. 344) que se practica en el siglo XXI. En tanto
el viejo racismo ha perdido densidad y se convirtió en políticamente
incorrecto, en su reemplazo ha emergido uno nuevo que realiza “una
suerte de solapamiento categorial entre raza y territorio nacional”
(Iglesias, 2007, p. 344). Lo que resulta inquietante de estos discursos

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

que vinculan fuertemente cultura y civilización con territorio, es que


han sido apropiados por los mismos sujetos que son objetos de exclu-
sión social, quizá gracias a los medios de comunicación occidentales
que legitiman todos los días la ideología de que hay territorios en el
mundo en el que se asientan comunidades culturalmente inferiores,
porque “son/están atrasadas, (y)... su cultura los mantiene en el sub-
desarrollo tecnológico y en la inadaptación social” (Iglesias, 2007, p.
344). Estos sentimientos de autodesprecio están probablemente vin-
culadas a determinados narrativas que se han construido con respecto
a lo que representa cada centro poblacional humano, narrativas que
jerarquizan las localidades y sus formas de vida concomitantes y que
hacen de algunos de estos lugares muy deseables para vivir, y otros
en extremo despreciables.
Si esta interpretación es adecuada, la migración trae una prome-
sa, la de recuperar la sensación de valor existencial, sensación que te
habilita para simplemente poder vivir. Es decir, los sujetos plenamente
convencidos de su insignificancia social y política al pertenecer a un
grupo social que no constituyen un geosímbolo de poder en la escena
mundial podrían empezar a tramitar su vida desde una condición
existencial que Martín Seligman denominó “impotencia adquirida”.
Sujetos o comunidades enteras incapacitados para alterar los efectos
adversos que generan los discursos de la exclusión a los que son so-
metidos, convencidos de su atraso y de sus insuficiencias, pierden “la
capacidad de formular un proyecto, e incluso de dominar su propio
destino” (Roca y Sánchez, 2013, p. 48). Así, “cuando las dificultades
llegan, estos sujetos prefieren abandonar antes que lanzarse en una
lucha sentida como inútil y decepcionante” (Beti, 2011, p. 152). Y frente
tales circunstancias, emigrar es la única salida sensata para poder vivir,
trasladarse a los núcleos poblacionales urbanos o las grandes capitales
del mundo, muy enaltecidos por las retóricas propagandísticas que
los centros de poder emplean para sí mismos.
Por lo tanto, la migración transnacional voluntaria, lejos de ser
una mera consecuencia de una valoración racional del individuo de

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El desapego territorial como propuesta conceptual para explicar la migración

las menoscabadas condiciones objetivas que tiene en su país, puede


constituirse en una respuesta existencial a un sentimiento generali-
zado de vergüenza colectiva por lo que representan, ante la falta de
confianza en sí mismos para responder adecuadamente a los desafíos
que enfrentan como sociedad. Este sentimiento correspondería a
una forma de desprecio por sí mismos, lo cual incentiva formas de
desapego hacia los anclajes fundamentales de la identidad social,
una distancia emocional que ha sido además cultivada desde ciertas
ideologías segregacionistas que niegan lo que es diferente, que buscan
producir lo que Zygmunt Bauman denominó el “asesinato categorial”
(citado por Sobral et al, 2010, p. 32).

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VOLVER A INICIO
CAPÍTULO V
El lugar : la unidad de análisis de
la P sicología A mbiental

Irma Yaneth Gómez1


Pablo Páramo2

1
Doctora en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional; magíster
en Psicología con énfasis en Psicología de las Organizaciones y el Trabajo
de la Universidad Católica de Colombia; especialista en Psicología de la
Seguridad y Salud en el Trabajo de la Universidad de San Buenaventura
sede Bogotá; especialista en Gerencia de Recursos Humanos de la Konrad
Lorenz; psicóloga de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz y técnico
profesional en Administración de Empresas – Inpahu. Vinculación laboral
con la Fundación Universitaria Konrad Lorenz. Orcid: [Link]
0001-8069-8151?lang = es
2
Ph.D en Psicología (Ambiental) The City University of New York, [Link]
University of Surrey; psicólogo Universidad Católica de Colombia. Profesor
del Doctorado Interinstitucional en Educación, Universidad Pedagógica
Nacional. [Link]
R esumen
El interés en la presente investigación está en explorar la posibilidad de
integrar en un solo concepto la manera en la que los individuos construyen
su relación con el entorno espacial, para lo cual se realiza una investigación
documental de la literatura a partir de cuatro conceptos afines: 1) el de esce-
nario de conducta desde la óptica de la psicología de lugar (Canter, 1977),
2) la apropiación del espacio (Vidal y Pol, 2005), 3) el apego al lugar y 4)
la identidad del lugar (Vidal, Berroeta, Masso, Valera y Peró, 2013). Meto-
dológicamente se usa la estrategia de muestreo en cadena o Bola de Nieve
(Rincón y Barreto, 2011) y como resultado de la información recolectada, se
diseña una propuesta de modelo de lugar como unidad central de análisis
de la Psicología Ambiental.

Palabras clave: lugar, sociolugares, apego, identidad, apropiación.

Introducción
La noción de lugar es central en la comprensión del comportamiento,
toda vez que desde distintas disciplinas como la Geografía (Tuan,
1977 y Relph, 1976), la Psicología Ambiental (Canter, 1977, Gustaf-
son, 2001), la arquitectura (Najafi y Shariff, 2011); Haramoto, 1994) y
otras Ciencias Sociales, han llevado a reconocer que las interacciones
del individuo con el espacio y con otros individuos, mediadas por
dimensiones espaciales resultan centrales para entender y predecir
buena parte del comportamiento de las personas.

173
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

El lugar es un concepto transversal a diversas disciplinas y de


allí su importancia en la teorización del territorio hoy en día. Para
Canter (1986), el lugar es la unidad de análisis para distintas áreas
de la Geografía y del territorio; para las discusiones de género, el ur-
banismo, la pedagogía urbana, la Sociología, el diseño espacial y la
Psicología Ambiental, en razón a que las personas siempre sitúan su
comportamiento en un lugar y se ven influenciadas por la naturaleza
de ese lugar, sus condiciones espaciales, las reglas que lo regulan y los
roles que se espera ocurran dentro de ellos. Este reconocimiento ha
posicionado al concepto de lugar como una aproximación para dar
cuenta de esa diversidad tanto física como simbólica, tanto individual
como colectiva, de la experiencia con el espacio.
Sin embargo, la teoría sobre las relaciones con el entorno físico se
ha caracterizado por su atomismo y la multiplicidad de microteorías
que tratan de capturar la experiencia vivida con el espacio, por lo que
hay un acuerdo entre los investigadores en la necesidad de buscar
formulaciones más generales, que contribuyan a un desarrollo teóri-
co, que no solamente se limiten a recoger datos, o desde otro punto
de vista, a realizar intervenciones, modelo intervencionista que ha
caracterizado el desarrollo de las disciplinas que estudian el espacio
en los últimos años. Para el propósito de este capítulo, el interés está
en explorar la posibilidad de integrar en un solo concepto la manera
como los individuos construyen su relación con el entorno espacial,
para lo cual se hace una revisión y reflexión de la literatura a partir de
cuatro conceptos afines: el de escenario de conducta, desde la óptica
de la psicología de lugar (Canter, 1977), la apropiación del espacio
(Vidal y Pol, 2005), el apego al lugar (Altman y Low, 1992; Chawla,
1992) y la identidad del lugar (Proshansky, Fabian, y Kaminoff, 1983;
Vidal, Berroeta, Masso, Valera y Peró, 2013), para lograr una definición
más amplia e integral siguiendo el principio de la síntesis conceptual,
el cual establece que deberán buscarse conceptos integradores, y que
es mejor tener pocas teorías para explicar muchos fenómenos de un

174
VOLVER A INICIO
El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

campo de conocimiento, que múltiples teorías para explicar pocos,


lo que ha caracterizado a las ciencias sociales en general.

El problema epistemológico
En su reflexión sobre los fundamentos de la existencia, Aristóteles
descubre que todo lo que existe se encuentra situado espacialmente
en alguna parte. Así comprende que el lugar es una condición nece-
saria del ser. No obstante, la constatación de que no se podía concebir
plenamente el ser sin comprender el lugar hacía necesario demostrar
«la existencia del lugar», enunciando «las razones que la prueban».
El filósofo griego trató entonces de hacer la demostración en el Libro
IV de su Física, creando así una ciencia del lugar. Eratóstenes y Ptolo-
meo son los pioneros en creer que la geografía tenía algo que decir al
respecto. La idea tuvo cierto éxito y eco veinte siglos después, cuando
en 1908 Paul Vidal de la Blache denominó a la Geografía como la
ciencia de los lugares (Mercier, s. f.). No por ello, deja de ser verdad
que la Geografía toma después otros rumbos. Se debe aceptar que
el problema planteado por Aristóteles sigue siendo relevante y que
seguramente la ciencia geográfica debe tener razón en persistir en
este camino. Sin embargo, para que la Geografía pueda contribuir a
la ciencia de los lugares, no le basta conocerlos todos y esto implica
que pueda explicar lo que es un lugar. De allí la utilidad, tanto hoy
como en tiempos de Aristóteles, de una definición y de una teoría
del lugar (Mercier, s. f.).
Algunos de los más importantes investigadores como Rapoport
(1997) se quejaban desde hace ya algún tiempo de la falta de trabajo
teórico en la Psicología Ambiental. De acuerdo con este autor, hay
una acumulación de material, pero este no ha sido sistematizado.
Esta falta de sistematización se debe a la tendencia de ignorar lo que
ya se sabe o se ha dicho. La construcción teórica y la sistematización
de la investigación son requisitos para el progreso de una ciencia.
Además, es necesario crear conceptos que contribuyan a la síntesis y

175
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

a la teoría. Muchos conceptos tienden a ser vistos como específicos


sin que haya intentos de trascender los tiempos o grupos para ser
vinculados con otros grupos o para enfatizar en relaciones generales
del comportamiento con el ambiente y los mecanismos que operan.
Para una síntesis real se hace necesario crear conceptos que puedan
ser vistos como abstrayentes y universales, afirma el autor.
Lo que es más importante para los propósitos de este capítulo,
es que hay una falta de comprensión compartida de acuerdo con la
terminología y en el significado de conceptos. Aunque las definicio-
nes compartidas no son suficientes para el desarrollo de la teoría son
una precondición necesaria. Más aún, las teorías tienen problemas
conceptuales como empíricos y parece que los primeros han sido
descuidados en la Psicología Ambiental a favor de los segundos. Por
otra parte, muchos conceptos utilizados tienen múltiples significados;
parece que cada autor desea colocar su impronta en cada concepto.
Para evitar esto, es necesario, al menos, especificar explícitamente
cómo un concepto está siendo usado en cualquier caso para dar
descripciones objetivas, caracterizaciones y operacionalizaciones de
los numerosos componentes entre el ambiente y el comportamiento.
Si alguna de las llamadas ciencias sociales desea verdaderamente
el estatus de paradigma científico deberá integrar conceptos, crear
teorías verificables y definir problemas comunes de interés para su
comunidad académica.
Un tópico conceptual de interés permanente dentro de la Psico-
logía Ambiental es la definición y desarrollo de su unidad de análisis
¿Es este el escenario de conducta? ¿Es el lugar? ¿Cómo se desarro-
llan los lugares? ¿Cómo adquieren significado para la gente, cómo
se relacionan a los planes de acción de las personas, sus preferencias
y aun a sus reacciones emocionales y bienestar? El lugar es un buen
ejemplo de cómo el concepto ha sido el objeto de diferentes interpreta-
ciones teóricas en el campo. Los conceptos de escenario de conducta
(Barker, 1968; Wicker, 2002) y lugar (Canter 1977; Agnew, 1989;
Gustaffson, 2001), de quienes se hablará más adelante, han tomado

176
VOLVER A INICIO
El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

papeles centrales en la Psicología Ambiental por mucho tiempo. Es-


tos autores intentaron no solo traer el constructo intrapsicológico del
lugar a la psicología ambiental, sino también asignarle una posición
central como constructo principal caracterizando de esta manera el
campo disciplinar.
En todas estas publicaciones ambientales los autores han des-
tacado la necesidad de entender la complejidad de las relaciones
entre la conducta y el medio ambiente y la necesidad de introducir
conceptos molares para describir la interdependencia de la conducta
y el ambiente (Altman y Rogoff, 1987).
Este capítulo da cuenta de la noción de lugar de manera integrada,
al proponer el lugar como una experiencia, además de subjetiva, de
relaciones con los demás y con el espacio en un todo interrelacio-
nado, a partir de tres canales del comportamiento: el emocional, el
cognoscitivo y el motor.

La aproximación metodológica
Con el propósito de rastrear el concepto en la literatura académica
se usó la estrategia de muestreo en cadena o bola de nieve (Rincón
y Barreto, 2011), en donde, a partir de la lectura de unos artículos
iniciales, se identifica, a través de sus referencias, otros artículos
relacionados con las temáticas asociadas al concepto de lugar. Para
esta identificación bibliográfica se revisaron de manera preliminar los
escritos publicados por Páramo, (2002, 2007 y 2008), Canter (1977)
y Mendoza (2010) para posteriormente rastrear las referencias cita-
das por estos dos autores para identificarlas y leerlas. Es aquí donde
se configura la estrategia de bola de nieve propuesta por Rincón y
Barreto (2011). Con esta estrategia se identificaron también las cate-
gorías centrales relacionadas con el concepto de lugar, sobre las que
se profundizará más adelante.
El rastreo de artículos científicos se complementa con la revisión
de bases de datos como Redalyc, Scielo, EBooks, Ebsco, ResearchGate,

177
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Cited Reference Search, Web of Science, Dialnet, además de libros


impresos como The Oxford Handbook of Environmental and Conserva-
tion Psycholgy, de temas preliminares relacionados con: teoría de lugar,
apego, apropiación e identidad y todos los conceptos que emergen a
partir de estas categorías preliminares. Se ubican, inicialmente, 106
artículos de los cuales fueron analizados 60 por su relevancia los que
se incorporaron en el programa informático para análisis de informa-
ción cualitativa ATLAS/ti. Los artículos seleccionados se eligieron
por contener en su título las palabras “lugar”, “apego”, “apropiación”,
“identidad” como palabras clave de búsqueda. Inicialmente, y a medida
que se avanzaba en la revisión de los artículos se fueron encontrando
los términos relacionados con el lugar según iban apareciendo en la
literatura. Una vez codificados los 60 artículos en el ATLAS/ti, se
procedió a agrupar los códigos a partir de su afinidad conceptual y
dimensión comportamental involucrada lo que llevó a la creación 4
grupos de códigos a saber: “Teoría del Lugar”, “Apego”, “Apropiación”
e “Identidad”. A continuación, se describen y analizan las categorías
resultado de la revisión de esta literatura mediante el ATLAS. ti.

El concepto de lugar
En la exploración de los documentos referidos a los resultados de la
revisión de artículos, los principales códigos que resultaron tienen
relación con: la historia, el tiempo, los roles, las reglas y la satisfacción
que las personas generan en los lugares, categorías estas relevantes
para construir una teoría relacionada con el concepto de lugar.
De “lugar” se habla desde 1934 (Mead, 1934; Kelly, 1955; Harré
y Secord 1972). Sin embargo, es desde la teoría de David Canter que
el concepto toma fuerza para la psicología ambiental. De acuerdo
con Canter (1977), la palabra “lugar” tiene muchos significados en el
lenguaje cotidiano y, por ello, se necesita un concepto con un grupo
definido de características psicológicas frente al medio ambiente, pero

178
VOLVER A INICIO
El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

que sea suficientemente amplio para abarcar la variedad de papeles


que nuestro sistema cognoscitivo demanda de él.
Para el libro que se alimenta con este capítulo, el concepto de
lugar es central debido a que es allí donde se dan las interacciones
entre las personas y el ambiente construido y donde se gestan buena
parte de las prácticas culturales. Para llevar a cabo un análisis del com-
portamiento de las personas en situaciones complejas como las que se
observan en el espacio, se requiere según Canter (1977), una unidad
de análisis que atrape la complejidad de las relaciones de la persona
en el ambiente y el desarrollo de conceptos molares que describen
esta interdependencia entre el ambiente y el comportamiento. Esta
unidad de análisis es el lugar, con cuyo concepto, el ambiente deja
de verse simplemente como un conjunto de estímulos que afectan
la conducta y a esta como una reacción a dichos estímulos (Canter,
1977). De este modo, el lugar es un concepto clave que se centra en
la experiencia de los individuos sobre el ambiente físico, enfatizando
en la naturaleza específica del lugar como algo propio de la natura-
leza del comportamiento humano (Ito y Páramo, 2000). Al situar las
acciones en lugares específicos y pretender estudiar estas relaciones
se aumenta nuestra comprensión de las acciones humanas y nuestra
experiencia (Canter, 1986). El Lugar contempla no solo elementos
geográficos sino aspectos que, vistos desde la psicología ambiental,
complementan la interacción del individuo con el ambiente que lo
rodea. Estos aspectos pueden verse reflejados en términos afines que
serán analizados más adelante como el apego al lugar (Altman y Low,
1992), el sentido de lugar (Yi-Fu Tuan, 1977, Agnew, 1989), la iden-
tidad de lugar (Pronasky, 1978, Pronasky, Fabian y Kaminoff, 1983),
la identidad social urbana (Tajfel, 1981), la apropiación del espacio
(Chombart de Lauwe, 1976), a la vez que es complementado con
conceptos como la territorialidad, la privacidad, el espacio personal
y el hacinamiento (Páramo, 2004, 2007).
La teoría del lugar de Canter (1977-1986) ofrece un modelo tran-
saccional sobre las relaciones entre las personas y el ambiente. En

179
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

esta teoría, el término lugar es claramente definido como la unidad


de experiencia ambiental de las personas y la naturaleza del lugar es
considerado como una amalgama de tres componentes: las activida-
des que ocurren en una determinada localización y las razones para
que ocurra; las conceptualizaciones evaluativas o representaciones
que sostienen esas actividades; y las propiedades físicas del lugar en
cuanto son evaluadas en relación a las actividades. Canter enfatiza en
que los fines objetivos o razones que las personas dan para estar en un
lugar particular tienen que ser consideradas en la noción de Lugar.
Aunque no hay diferencias significativas con los aspectos com-
portamentales, afectivos y cognoscitivos del lugar, en las teorías de
Barker (1968), Relph (1976), Yi-Fu-Tuan (1974) y Proshansky (1983),
Canter (1977) enfatiza algunas diferencias, por ejemplo, entre el
escenario de conducta propuesto por Barker (1968) respecto de la
dimensión acción de la teoría del Lugar. En el escenario de conducta
de Barker los humanos son asumidos como organismos que respon-
den pasivamente; las personas responden y están a la merced de su
medio ambiente. Para Canter (1977) por el contrario, las personas son
activas e intencionales; tienen propósitos y tienen metas. El término
actividades en el concepto de lugar de Canter es opuesto al de com-
portamiento en la teoría de Barker para quien basta con observar la
conducta de un individuo para entender lo que hacen las personas
en un lugar; un mapa comportamental no nos dice las razones por
las cuales un individuo está allí.
Dentro del marco de la teoría del lugar, Canter (1977-1986)
introduce el concepto de rol y regla del lugar para mostrar que los
factores sociales y culturales influencian la conceptualización de los
lugares. El rol ambiental es el papel que una persona asume dentro
del ambiente o de la sociedad e influencia sus transacciones con el
ambiente. En otras palabras, el rol ambiental es una caracterización
de las personas sobre las cuales se espera que tengan un rol ambiental
similar y de esta manera conceptualicen y evalúen los lugares de ma-
nera similar. Adicionalmente, las reglas del lugar pueden ser definidas

180
VOLVER A INICIO
El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

como principios aceptados socialmente del uso de: iglesias, estadios,


parques y macro ambientes como las ciudades. Las reglas describen
algunos aspectos de las contingencias que indican la forma de en-
frentarse a los lugares. Las reglas siempre aparecen en un contexto,
y varias señales del lugar sirven como ocasiones que incrementan o
disminuyen la probabilidad del uso de dichas reglas. Las reglas del
lugar también están mediadas por el rol de la persona y las metas que
orientan al rol y viceversa. La idea de las reglas del lugar de Canter
(1977), lo mismo que las de roles se asemejan, sin embargo, recuerdan
el concepto de “programa” en el escenario de conducta de Barker
(1968) en la medida en que focalizan o que enfatizan en las acciones
de las personas como mecanismo para el ajuste de la conducta a las
convenciones sociales que operan en tal escenario. Canter se centra
más en los procesos sociales y psicológicos que capacitan a las personas
para distinguir un lugar de otro en la memoria tanto como para leer
las características físicas y sociales del lugar que son relevantes para
su funcionamiento. Canter enfatiza en cómo los individuos adquieren
significados del lugar con el fin de desempeñarse efectivamente en él
de acuerdo con las reglas de lugar asociados dentro de cada locación
(Canter, 1986).
Aunque Canter (1977), afirma que a nivel psicológico es difícil
diferenciar dónde comienza y dónde termina un lugar, también resalta
que la posibilidad de que existan consensos cognoscitivos entre las
personas es lo que da importancia a la psicología de lugar. Al repre-
sentar sistemas conceptuales es necesario clarificar las facetas de esos
sistemas: ¿qué es lo que se debe describir y explicar si se desea producir
una representación completa? Se debe, por consiguiente, identificar
las unidades de las que está compuesto el sistema cognoscitivo. Esto
implica identificar los lugares que contribuyen más al sistema. Un
edificio o un país, así como una ciudad, pueden considerarse por
diferentes personas como lugares distintos. Habiendo identificado
las unidades de los sistemas cognoscitivos el problema ahora es mos-
trar cómo se relacionan entre sí espacialmente. La identificación e

181
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

interrelación de los lugares necesitan complementarse con una des-


cripción completa de los lugares y de las reacciones de las personas
hacia ellos. Esto implica una exploración de los procesos psicológicos
que afectan la forma en que se describen los lugares. Cada aspecto
del proceso de clasificación requiere procedimientos de investigación
separados para poder producir datos empíricos.
Por su parte, Stokols (1981) parece moverse en la dirección de
Canter. Stokols también tiende a considerar la construcción de lugar
como un paso sucesivo y como un aporte al enriquecimiento del
constructo de escenario de conducta propuesto por Barker, pero en
este caso enfatizando en las implicaciones simbólicas de este nuevo
constructo con respecto a los precedentes. De este modo, los lugares
son vistos como el contexto físico y simbólico de la acción humana,
como componentes de las puertas del escenario de conducta.
A la hora de definir qué es un lugar o qué es el espacio hay mu-
cho menos consenso entre las diferentes perspectivas; sin embargo,
sí se puede afirmar que, al menos en ciencias humanas y sociales,
comparten la idea que no se puede hablar del espacio (ni del lugar)
como algo que preexiste a las cosas y a las relaciones, un contenedor
que se llena. Es decir, que el espacio (y el tiempo) se construye y se
reproduce junto con las relaciones sociales que le dan sentido (Lefebre,
1978; Harvey 1996; Mendoza, 2010).
Esas relaciones sociedad-ambiente se expresan de manera diferente
en el espacio, es decir, que este no es homogéneo; pero, además, esas
relaciones son de orden jerárquico que se expresa también espacial-
mente. De allí, que existan dinámicas de orden global que pueden
actuar como estructuras que se modifican y adaptan en espacios más
concretos. Lo anterior lleva a dos consideraciones importantes: de
un lado, las relaciones espaciales se expresan en diferentes escalas u
órdenes espaciales que interactúan (dimensión interescalar) y de otro,
la forma en que interactúan los elementos en cada escala es particular
(dimensión intraescalar, Santos, 2000). Según Harvey (1996), el lugar
aparece como una referencia escalar en la cual se territorializan esas

182
VOLVER A INICIO
El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

relaciones de una forma mucho más evidente y tangible. Si bien, no


se le puede asignar una escala matemática a las escalas locales, sí es
claro que en ellas las conexiones entre elementos de diferentes orden y
naturaleza se manifiestan como “configuraciones dinámicas dialécticas
e internamente heterogéneas de permanencias relativas dentro de la
dinámica general espacio temporal de los procesos socioecológicos”.
Esta aproximación permite comprender la ciudad como un espacio
formado por muchos lugares: iglesias, plazas, parques, escenarios
deportivos, cafés, etc., (Mendoza, 2010, Páramo 2007).
Esto implica que el lugar es multidimensional y complejo y la
forma de abordarlo debe considerar tal hecho y por ello, se sigue par-
cialmente la propuesta analítica de Agnew, en la medida que considera
como punto de partida esta consideración (Agnew, 1989). De acuerdo
con este autor, el lugar se constituye de tres elementos interactuantes:
localidad (locale), ubicación, y sentido de lugar. El primero de ellos
hace referencia al lugar como un sitio, como un punto de un espacio
mayor o un nodo de una red (dependiendo la aproximación) e incluye
el análisis mismo del lugar en sus propias condiciones: ¿cómo es?,
¿cómo está construido?, ¿cómo está limitado? Por su parte, cuando
se considera al lugar como ubicación, se lo considera en relación con
otras entidades (con otros lugares) o nodos, bien sea del mismo o de
otro nivel. En este caso, se analiza la forma en que el lugar interactúa
dentro de las dinámicas políticas, económicas, culturales, demográficas
o de otra índole dentro de la ciudad. Pero en ambos casos, localidad y
ubicación, se hace referencia al lugar como espacio físico. Finalmente,
el sentido de lugar se refiere a la experiencia de una persona en un
sitio particular (excitación, alegría o incluso tristeza, lo cual define
la experiencia y significado del lugar (Agnew, 1989).

Los no-lugares
La antítesis al concepto de lugar es el de no-lugar propuesto por
Augé (2008) para quien equipamientos urbanísticos del siglo XX

183
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

característicos de la posmodernidad como los centros comerciales,


aeropuertos, autopistas, terminales de transporte, restaurantes de
comidas rápidas, supermercados, son no-lugares en la medida en
que son a-históricos, sin memoria, estandarizados, sin identidad. Las
personas no se vinculan a ellos para conformar su identidad ni se ape-
gan a ellos emocionalmente, no experimentan en ellos un sentido de
lugar. El comportamiento del visitante del no-lugar es estandarizado,
repetitivo, con reglas estrictas para su uso. El usuario, al relacionarse
con los no-lugares, se inscribe siempre en una relación contractual,
de tipo estrictamente funcional: transporte, compra, consumo. El
individuo es anónimo y solitario.
Sin embargo, el concepto no ha dejado de ser controversial por
cuanto algunas personas han venido apropiándose de ellos atribuyén-
doles significado (alguien pidió que sus cenizas fueran esparcidas en
un centro comercial que había visitado toda su vida). Lazzari (2013),
observó que para los adolescentes italianos el centro comercial es un
lugar donde no se encuentran por casualidad ni con el solo objetivo de
comprar algo, sino para socializar, encontrar amigos y divertirse. De
igual forma, el trabajo de Jiménez-Domínguez evidencia un fenómeno
similar en un centro comercial de Guadalajara, al igual que Páramo
(2011) al caracterizar algunos sociolugares en donde evidencia por
ejemplo que un centro comercial en Neiva se ha constituido en el
lugar preferido para los encuentros sociales dado el intenso calor que
se experimenta en esta ciudad durante todo el año. La película La
terminal, protagonizada por Tom Hanks, ilustra la creación o apropia-
ción de un no-lugar para convertirse en un lugar para un individuo.
La teorización sobre el lugar hasta aquí expuesta implica anali-
zar los lugares como espacios socialmente construidos, con lo que
se trasciende estudiarlos únicamente a partir de su dimensión física,
su ubicación y localidad, llevándonos a buscar la integración del
concepto a partir de las tres dimensiones o canales que componen
el comportamiento del individuo: el afectivo, cognoscitivo y motor
o conductual.

184
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El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

La dimensión afectiva y fenomenológica: apego al lugar


En cuanto a la categoría “apego”, en la literatura revisada se evidencia
que en torno a este concepto se asocian nociones tales como: “apego
al lugar”, “sentido de lugar” “vínculo emocional con el lugar”, “sa-
tisfacción de lugar”, “dependencia del lugar”, “arraigo y topofilia”,
además de observarse en la literatura teorías que hablan de apego al
lugar, sus componentes, predictores, estilos, importancia, niveles y
escalas para medir apego al lugar.
En oposición al análisis de los problemas de la conducta en tér-
minos mecánicos y reduccionistas, Relph (1976) explora los lugares
dentro de una aproximación fenomenológica. Él asume la aceptación
tanto de la totalidad como indivisibilidad de la experiencia humana,
a partir del hecho de que tal significado definido por las intenciones
humanas es un componente central de nuestra existencia. Ve el lugar
como un fenómeno del mundo vivido e intenta elucidar la diversidad
e intensidad de la experiencia del lugar. Con este propósito, estudia
la relación entre el espacio y el lugar, los componentes diferentes y
las intensidades de la experiencia del lugar argumentando que hay un
vínculo psicológico profundo entre la gente y los lugares que viven,
experimenta la naturaleza de la identidad de los lugares y las mani-
festaciones de un sentido de lugar y de apego. Al tomar el lugar como
un fenómeno multifacético de experiencia y examinar sus diversas
propiedades como: su localización, el tiempo, el paisaje y el movi-
miento personal, Relph evalúa el grado de esencialidad para nuestra
experiencia y el sentido del lugar. En esta propuesta, el lugar no es
simplemente el dónde de algo, es la localización, más todo aquello
que ocupa tal localización vista como un fenómeno integral y signifi-
cativo. La consciencia del lugar es una parte de la realidad inmediata
aparente; el conocimiento de un lugar es un acto de la experiencia.
Cada ser humano vive, actúa y se autoorienta en un mundo que es
rico y profundamente diferenciado dentro de lugares de los que, a la
vez, parece que se tiene un profundo entendimiento de la constitución

185
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

de los lugares y las formas en las que se experimenta. Los lugares son
aspectos fundamentales de la existencia de las personas en el mundo;
son puentes de seguridad y de identidad para los individuos y para
los grupos de personas.
Por otra parte, los lugares no son experimentados de manera
independiente definidos claramente como entidades que pueden ser
descritas simplemente en términos de su localización o apariencia.
En lugar de esto, son sentidos en un plano oscuro de: escenarios,
paisajes, rituales, otras personas, experiencias personales, preocupa-
ción y cuidado por el hogar, y en el contexto de otros lugares. De esta
manera, el lugar es compatible con una perspectiva transactiva y una
aproximación fenomenológica.
En el argumento de Relph, las emociones humanas acerca de
los lugares se vuelven salientes. Los lugares son elementos básicos en
el ordenamiento de nuestra experiencia del mundo. El significado
básico de los lugares no viene de su localización exclusivamente ni
de las funciones que sirven estos lugares ni de la comunidad que los
ocupa. La esencia del lugar radica en su intencionalidad amplia, que
define los lugares como centros profundos de la experiencia humana.
Para cada individuo hay una asociación profunda inconscientemente
de los lugares donde se nace y crece, donde se vive o donde se han
tenido experiencias de traslado de un lugar a otro (Dixon y Durrheim,
2000). Esta asociación parece constituir una fuente vital tanto de la
identidad individual y cultural a la vez que de seguridad como punto
de partida desde la cual cada uno se orienta en el mundo.
En general, la aproximación fenomenológica al concepto de
lugar presenta una intención holística interesada en el significado
y en una centralidad atribuida a la dimensión espacial y corporal
de la experiencia humana, puntos importantes de partida para una
aproximación molar de una noción compartida de lugar.
A partir de los trabajos de Relph (1976), Altman y Low (1992) se
exploran conceptos de apego al lugar vinculado a las ideas análogas
de topofilia (Yi-Fu-Tuan, 1974). Apego significa un vínculo emocional

186
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El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

afectivo, un estado emocional de pertenencia de una persona con un


lugar, según Seamon, (1982) y Altman y Low (1992). Explorando los
orígenes del apego al lugar, estos autores sostienen la idea de que la
formación de lugares está basada en bases biológicas, psicológicas y
socioculturales. La naturaleza ha moldeado las adaptaciones a am-
bientes particulares (preferencias por ambientes naturales) factores
psicológicos tales como experiencias positivas numerativas, y culturales
(los lugares se incorporan a reglas que gobiernan la cultura a través de
narrativas, símbolos y normas sociales que gobiernan nuestra cultura).
Por una parte, el apego al lugar tiene una fuerte connotación indi-
vidualista; puede ser vista en los términos del apego, es decir, desde
el punto de vista etológico y sus orígenes biológicos (Harlow, 1963),
pero también desde el punto de vista de los estudios de la psicología
del desarrollo con los cuales este constructo se vincula (Bowlby,
1985). Por otra parte, el lugar en términos culturales se relaciona con
asuntos de vecindario urbano, cambio, raza e identidad nacional. En
esta perspectiva el lugar contribuye a la formulación de la identidad
de una persona, grupo o cultura. En términos de roles la identidad
cultural o los lugares compartidos involucran significados compartidos
y consensuados entre individuos.
De nuevo, lo que es notorio en el desarrollo de este concepto es
el componente central de afecto, emoción y sentimientos. La mayor
parte de los artículos de Altman y Low (1992) en su libro se refieren
a esta dimensión comportamental: sentimientos asociados con la
infancia, envolvimiento emocional y sentido de bienestar en lugares.
Lo que es importante para la integración del concepto de lugar
en el trabajo de Altman y Low (1992) es el desarrollo de un análisis
taxonómico preliminar del apego al lugar, el foco en el componente
afectivo del lugar y el propósito del apego del lugar incluyendo la
seguridad de una manera predecible y con fines de control.
En línea con lo anterior, el apego al lugar se refiere a cualquier
relación positiva o negativa que una persona tiene un lugar, a menudo
surge de experiencias complejas de la persona con el lugar, y crear un

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

vínculo emocional con ese lugar (Kyle, Graefe, Manning y Bacon,


2003). En la recreación y el ocio, el apego al lugar se materializa en
las emociones y los sentimientos asociados con un entorno recreativo
(Hidalgo y Hernández, 2001; Moore y Graefe, 1994).
En la misma dirección, cuando se habla del apego al lugar se hace
referencia en la literatura psicologíca al vínculo emocional entre la
gente y sus valores ambientales (Mazumdar, 2005) y es ampliamente
entendido que se originó a partir de la teoría del apego (Bowlby, 1969,
1975, 1980). En su documento conceptual, Tuan (1977) define este
vínculo como “topofilia” o “amor al lugar”. Además, sostuvo que esta
dimensión afectiva varía en intensidad desde un deleite sensorial a
una profunda unión con el lugar.
De acuerdo con Bailey, Kearns, y Livingston, (2012), algunos so-
ciólogos urbanos se han preguntado si el apego al lugar sigue siendo
un fenómeno importante o si la naturaleza del apego ha cambiado. La
“globalización” por ejemplo, ha ido acompañada de mayores niveles de
migración y movilidad residencial, el aumento de la diversidad étnica,
una pérdida de la identidad local, el desplazamiento de las relaciones
cercanas y el mantenimiento de las conexiones distantes gracias a
la tecnología. Desde algunos puntos de vista, estos cambios pueden
resultar en individuos que persiguen vidas sin profundas conexiones
con lugares particulares, la valoración de las libertades asociadas a
la movilidad y el énfasis en las “rutas” en lugar de conseguirlo en las
“raíces” (Gustafson, 2001).
Como se puede observar esta aproximación al apego al lugar
incluye una variedad de ideas análogas, por ejemplo, topofilia, senti-
miento de comunidad, etc., por lo que está de acuerdo con Giuliani
y Feldman (1993) en que tal concepción ocasiona serios problemas.
Como estas autoras escriben: “Tales definiciones del fenómeno son
tan generales que fracasan al explicar la naturaleza de la cogniciones
y afectos que caracterizan los lazos y vínculos psicológicos con los
lugares” (p. 272), así, trabajar con un concepto tan global conlleva
grandes dificultades. Además, como señalan Brown y Perkins (1992):

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El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

“no consideramos que todos los lazos afectivos hacia los lugares
constituyen apego” (p. 28). Si se acepta como definición de apego
al lugar la gran variedad de sentimientos y afectos que las personas
experimentan hacia los lugares, se encuentra con la paradoja de que
sentir apego hacia un lugar puede tratarse de sentimientos opuestos
hacia ese lugar (por ejemplo, sentir nostalgia hacia nuestra ciudad
natal y desear no volver a ella). Los defensores de esta postura son
totalmente conscientes de esta variabilidad, siendo precisamente esta
característica la que les lleva a considerar el apego al lugar como un
concepto global que requiere de mayores precisiones.

La dimensión cognoscitiva: identidad del lugar


De “identidad de lugar” se ha escrito en relación con la definición
de identidad, identidad de lugar e identidad urbana, así como de las
disciplinas desde las que se ve la identidad de lugar y los componentes
de la identidad de lugar. Además, se observan en la literatura cate-
gorías como la “identidad de hogar”, “el espacio simbólico urbano”.
Entre los autores que se refieren al concepto de identidad se en-
cuentran: Proshansky, (1978); Proshansky, Fabian y Kaminoff, (1983);
Harris, Brown y Werner, (1996); Breakwell (1986, 1992, 1993); Lalli
(1992); Valera y Pol, (1994); Valera, (1997); Pol, (1993, 2002); Páramo,
(2008) e Hidalgo, (s.f.).
Por identidad se entiende las características que posee un indi-
viduo, mediante las cuales es conocido. Sin desconocer los aspectos
biológicos que la conforman, buena parte de la identidad personal
se forma a partir de las interacciones sociales que comienzan con la
familia, en la escuela y con la gente que se conoce a lo largo de la
vida. La identidad así construida va a influir en la manera como se
actúa en el mundo (Páramo, 2008). La identidad es una trama cons-
truida por diferentes fibras como la raza, edad, clase social, estado de
salud física o mental, orientación sexual, género, nivel educativo, etc.,
las que en su conjunto constituyen la identidad. Cada una de estas

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

fibras corresponde a un discurso presente en la cultura, y lo que se


es resulta del entramado de todos estos discursos para cada individuo
que trabajan permanentemente construyendo las identidades. Lo que
significa que las identidades no son fijas, no están determinadas por
la naturaleza ni son producto de la accidentalidad. Por el contrario,
parecen resultar de los discursos ideológicos e igualmente de los que
van construyendo las disciplinas científicas. De igual manera, la
identidad se extiende a los objetos y a los lugares por eso se habla de
“mi casa”, “mi auto”, etc.
El concepto de identidad de lugar es desarrollado inicialmente
por Harold Proshansky et al. (Proshansky, 1978; Proshansky, Fabian
y Kaminoff, 1983) para describir el papel que tienen las propiedades
físicas del entorno sobre la estructura de la personalidad, en concreto
sobre la identidad personal. De acuerdo con Hidalgo, (s. f.), como una
subestructura de la identidad personal que, en términos generales,
consiste en las cogniciones sobre el mundo físico en el cual vive el
individuo.
Proshansky, Fabián y Kaminoff (1983) introducen el concepto de
identidad de lugar como una subestructura de la identidad o del self
de la persona compuesta por las cogniciones acerca del mundo físico
en el cual viven los individuos. Esas cogniciones representan: memo-
rias, ideas, sentimientos, actitudes, valores, preferencias, significados
y concepciones del comportamiento y la experiencia. En el centro
de estas cogniciones relacionadas con el ambiente físico, el pasado
del ambiente de una persona se constituye en esta centralidad. La
teoría de identidad del lugar revisada sugiere que un individuo tiene
experiencia con el ambiente físico y procesa este lugar de manera
cognoscitiva. En su intento por presentar la identidad del lugar como
una subestructura cognoscitiva coherente e integrada de la identidad
del sujeto, el lugar es presentado por Proshansky et al. (1983) como
un popurrí de memorias, concepciones, interpretaciones, ideas,
valores, creencias y sentimientos relacionados acerca del escenario
físico específico.

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El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

Tomando también en consideración los componentes cultura-


les y sociales del lugar, los autores argumentan que las propiedades
sustanciales y estructurales de la identidad del lugar varían con el
género, la edad, la clase social, la personalidad y otras descripciones
del individuo. Se hace alusión tangencialmente a las definiciones
sociales de estos escenarios las cuales consisten en normas, conductas,
reglas y relaciones que son inherentes al uso del lugar y el espacio. Y,
aunque los sentimientos se incorporan en su definición de identidad
de lugar es claro que Proshansky et al. (1983) al enfatizar en la na-
turaleza cognitiva del lugar y en los procesos de cómo el lugar está
conectado a los sentimientos y a las conductas, su relación con las
emociones se mantiene de forma vaga.
Para Lalli (1992), una apropiada teoría psicológica sobre identidad
de lugar tiene que especificar el nivel espacial examinado. En este
sentido, propone mantener el término “identidad de lugar” como una
etiqueta para designar al programa de investigación como un todo, y
utilizar conceptos de un nivel medio, como por ejemplo “identidad
urbana”, “identidad social urbana”, “unión social al lugar” y “sentido
de comunidad” para las diferentes conceptualizaciones de la identi-
dad espacial. Se resalta aquí que al concepto de identidad social se
le relaciona con términos como: la historia, la cultura y los roles que
exhiben las personas en los lugares.

La dimensión conductual: apropiación del espacio


Finalmente, la categoría de “apropiación” surge del intento por agru-
par códigos como: “territorialidad”, “pertenencia al lugar”, “ajuste al
lugar” y “reglas del lugar”, sumados a las definiciones de “apropiación”
y “apropiación del espacio”, los componentes de la apropiación y la
relación existente entre apego, identidad y apropiación.
Entre los autores que han escrito sobre el concepto de apropiación
se destacan: Lev Semionovich; Barker (1968); Canter, (1977); Vidal
y Pol, (2005); Hidalgo, (s. f)., Páramo (2007), Korosec-Fersaty (1976).

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

El uso del concepto de apropiación en psicología se remonta a las


visiones marxistas aportadas por la psicología soviética encabezada
por Lev Semionovich Vigotski y continuada por Aleksei Nicolaevich
Leontiev. Desde este punto de vista, la apropiación es entendida como
un mecanismo básico del desarrollo humano, por el que la persona
se “apropia” de la experiencia generalizada del ser humano, lo que
se concreta en los significados de la “realidad”. Este énfasis en la
“construcción sociohistórica” de la realidad, en lo interpsíquico para
explicar lo intrapsíquico, se apoya en la idea de que la praxis humana
es a la vez instrumental y social, y que de su interiorización surge la
conciencia (Vidal y Pol, 2005).
Apropiarse de un lugar implica actuar sobre él para adueñarlo y
transformarlo, es el proceso por el cual se hace “nuestro” un lugar
(Hidalgo, s. f.). Para Chombart de Lauwe (1976), apropiarse de un lugar
no es solo hacer de él una utilización reconocida, sino establecer una
relación con él, integrarlo en las propias vivencias, enraizarse y dejar
la propia impronta, organizarlo y devenir actor de su transformación.
Tomando en cuenta la revisión teórica realizada por Hidalgo, (s.
f.), cuando nos se apropia de un lugar, se actúa sobre él y se modifica a
la nuestra imagen de cada quien, se identifica con ese espacio (Sansot,
1976) y se proyecta sobre él la personalidad, se interactúa con otros
(Canter, 1977), se le defiende de posibles agresores y se controla el
acceso a él (Taylor, Ralph, Gottfredson, and Brower. 1984).
En línea con este planteamiento de la apropiación del lugar, Ko-
rosec-Serfaty (1976), plantea el concepto de apropiación del espacio
afirmando que se trata de un proceso dinámico de interacción de la
persona con el medio a través del comportamiento directo sobre este.
La autora define el concepto de apropiación como el sentimiento de
poseer y gestionar un espacio independientemente de la propiedad
legal, por uso habitual o por identificación. Se puede decir que la
apropiación es un proceso en el que están involucrados uno o varios
sujetos y un objeto inánime (que puede ser un espacio) que está bajo
posesión/dominio del o los sujetos de manera oficial/legal o simbólico/

192
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El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

significativa. Dicho proceso es un fenómeno temporal y dinámico,


cuya manera de presentarse está definida por la cultura del o los
sujetos (Korosec-Serfaty, 1976).
Por su parte, Páramo (2007) afirma que se logra la apropiación
de un lugar cuando se reconocen y adquieren las reglas que regulan
el comportamiento de los individuos en dicho lugar, entendiendo
por regla los enunciados verbales que establecen una relación in-
terdependiente entre la conducta del individuo y sus consecuencias
ante una determinada situación, en este caso el ambiente en el que
se encuentra. Al identificar las reglas del lugar ya sea porque se han
enseñado o porque se han experimentado directamente, el individuo
se apropia del lugar comportándose de la manera como se espera. Este
mecanismo central del aprendizaje humano no es obstáculo para que
los individuos puedan cambiar las reglas de un lugar transformándolo,
por lo que se puede afirmar que los lugares no son fijos o inmutables,
sino que evolucionan.

Propuesta de un modelo integral del concepto de lugar


Una vez llevado a cabo el análisis de contenido de la literatura sobre
el lugar, se realiza a continuación una agrupación de los conceptos
descritos anteriormente a partir de una propuesta de tres canales de
respuesta teniendo en cuenta las principales categorías que emergie-
ron de dicho análisis.
Desde la Antigüedad hay acuerdo entre los filósofos en que las
capacidades humanas están organizadas en tres grupos distintos que
corresponden a la naturaleza humana triple: la voluntad, la com-
prensión y las acciones de un individuo. Los psicólogos modernos
funcionan también dentro de este sistema triple de la conducta. Lo
que pertenece al comportamiento de la voluntad se llama el compor-
tamiento afectivo e incluye afectos, sentimientos, motivos, necesidades
y todo lo que pertenece a la metadireccionalidad de las acciones de
las personas. La respuesta cognitiva se refiere a los pensamientos en

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

presencia del estímulo o la situación, y la respuesta motora o ins-


trumental a las acciones que ejecuta el individuo de forma directa
sobre el ambiente (León, 1971, 2008). Esta visión de los tres canales
ha influenciado a la psicología en varios campos, el de las actitudes
(Eagly y Chaiken, 1998), como en el campo clínico (Lang, 1968). El
de la Psicología Ambiental no sería la excepción, el trabajo de Casakin,
Ruiz y Hernández (2021) está en la misma dirección del presente.
A partir de la revisión teórica realizada en el presente trabajo,
se brinda soporte teórico suficiente para afirmar que el concepto de
lugar debe ser conceptualizado desde sus propiedades físico-espacia-
les donde se integran, como un todo interrelacionado, las categorías
afectivas relacionadas con el apego al lugar, cognitivas relacionadas
con la identidad del lugar y comportamentales o instrumentales rela-
cionadas con la apropiación del lugar. En consecuencia, la categoría
afectiva de apego al lugar se relaciona con el componente emocio-
nal; la categoría cognitiva de identidad al lugar tiene que ver con las
conceptualizaciones valorativas o representaciones que se generan
en relación con la ocurrencia de estas actividades y las propiedades
físicas y, por último, la categoría comportamental, de apropiación al
lugar está relacionada con actividades o comportamientos que allí
se desarrollan.
En la tabla 1 se muestra esa agrupación en estos tres canales de
respuesta producto de las transacciones del individuo con el lugar.

Tabla 1. Categorías emergentes resultados de la investigación documental


Lugar
Afectivo Cognitivo Comportamental
Propiedades
físico Apego Identidad Apropiación
espaciales Emocional. Conceptualizaciones valorativas o Actividades o
que sirven
representaciones que se generan en comportamientos
de escenario
relación con la ocurrencia de estas que allí se desarro-
para:
actividades y las propiedades físicas. llan.

194
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El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

Categorías emergentes resultados


del análisis documental
A partir de la exploración de los aspectos constitutivos e integrativos
de lo que puede considerarse un lugar, se presenta a continuación el
modelo que se propone para integrar, las dimensiones que constitu-
yen la experiencia del lugar, modelo que es sustentado con el soporte
teórico que aquí se presentó. El modelo planteado puede diagramarse
como se muestra en la figura 1.

Figura 1. El concepto de lugar

Espacio físico

APEGO
Afectivo
Cultura Dependencia

Pertenencia Arraigo
IDENTIDAD
APROPIACIÓN SOCIAL
o

Roles
itiv

Conductual
gn
Co

Territorialidad Tiempo
IDENTIDAD
Ajuste
Reglas Individual
Simbólico

Historia Escenario de conducta

El modelo de mugar planteado en el presente capítulo integra


los conceptos extraídos de la revisión teórica realizada: espacio físico,
historia, cultura, tiempo, escenario de conducta, apego, apropiación
e identidad.

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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Discusión
En síntesis, la Psicología Ambiental desde sus inicios ha tratado de
definir una unidad de análisis que ¨atrape¨ la experiencia espacial con
el entorno construido, aunque no a menudo dentro de una perspectiva
teórica unívoca, esta puede ser la del lugar. Como se ha hecho notar
en este escrito, la experiencia del lugar puede verse en términos del
tipo de canal de respuesta involucrado en dicha experiencia con lo
que se ha podido proponer “el lugar” como un concepto integral con
componentes afectivos (apego), cognoscitivos (identidad e identidad
social) y conductuales o instrumentales (apropiación).
Si la Psicología Ambiental va a asumir la noción de lugar como
unidad de análisis para las relaciones de la conducta y el ambiente,
en primer lugar debería buscar una aproximación molar más que
molecular, entendiendo por la primera aquella que comprenda la
historia evolutiva de los individuos como especie, la personal, y los
elementos sociales y culturales que condicionan la experiencia con el
lugar, a diferencia de aproximaciones moleculares que solo especifi-
can las contingencias más inmediatas de dicha experiencia. Es todo
el sujeto (su historia personal, social, cultural) el que experimenta
el ambiente el cual provee elementos físicos localizados y sociales
que contribuyen a delimitar la experiencia con el lugar. Lo que se
experimenta no es simplemente una localización espacial o arquitec-
tónica sino una construcción cognitiva, socio-física y emocional que
tiene sus constituyentes de confort fisiológico y significado cultural.
El lugar no significa estructura física y localización únicamente, se
refiere a actividades o acciones que son asociadas con el lugar, da una
explicación para los sentimientos y concepciones asociadas con tal
lugar sin descuidar los elementos sociales y culturales.
Se propone, entonces, ampliar la noción de Lugar hacia una
visión más integral del comportamiento, con el propósito de anclar
la Psicología Ambiental con las tendencias de la psicología en la com-
prensión molar del comportamiento. Esta propuesta soporta la idea

196
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El lugar: la unidad de análisis de la Psicología Ambiental

de un paradigma unificado para la Psicología Ambiental debido a su


atención en las propiedades organizadas de un sentido sistémico que
debe tener una unidad de análisis, los aspectos emocionales, cogniti-
vos, las conductas manifiestas y de la realidad física que las rodea, al
igual que la perspectiva social y cultural basada en unas propiedades
individuales del contexto en la acción del individuo toman lugar. Así,
esta noción molar del lugar que aquí se propone puede contribuir a
crear consenso entre la comunidad académica, que integre además
otros aspectos que son experimentados por las personas tales como:
espacio personal, territorialidad, hacinamiento, el control ambiental,
los roles y las reglas del lugar.

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203
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CAPÍTULO VI
La construcción ecointeractiva
de conocimiento en los ambientes
virtuales de aprendizaje 1

Jesús Armando Fajardo Santamaría2


Ana Cristina Santana Espitia3
Carlos Andrés Caldas Quintero 4

1
Este trabajo fue desarrollado como parte de las actividades del proyecto (PS
2020-02) titulado: La interacción social-afectiva en la formación del pensa-
miento financiado por la Universidad Manuela Beltrán, y de las actividades
contempladas en el Plan de Trabajo Académico de la segunda autora para el
II semestre de 2020.
2
Doctor en Filosofía, Universidad Nacional de Colombia. Magíster en Filoso-
fía, Universidad Nacional de Colombia. Psicólogo, Universidad Nacional de
Colombia. Licenciado en Ciencias Sociales, Universidad Distrital Francisco
José de Caldas. Investigador postdoctoral Fundación Centro Internacional
de Educación y Desarrollo Humano Cinde (Convocatoria 891-2020-Min-
Ciencias). Docente-investigador en Psicología Social Comunitaria de la
Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad Manuela Beltrán, sede
Bogotá. Integrante del “Grupo de investigación bio-psiquismo y sociedad” de
la Universidad Manuela Beltrán. Correo electrónico: [Link]@gmail.
com Orcid: [Link]
3
Doctora en Psicología, Universidad Nacional de Colombia. Especialista en
Pedagogía Pedagógica Nacional. Magíster en Psicología, Universidad Nacio-
nal de Colombia. Psicóloga, Universidad Nacional de Colombia. Integrante
del “Grupo de investigación métodos e instrumentos para las ciencias del
comportamiento” de la Universidad Nacional de Colombia. Investigado-
ra postdoctoral, Pontificia Universidad Javeriana-Bogotá (Convocatoria
848-2019-MinCiencias). Docente de la Escuela de Psicología, Universidad
Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Correo electrónico: [Link]@
[Link] Orcid: [Link]
4
Magíster en Educación, Universidad de los Andes. Psicólogo, Universidad Na-
cional de Colombia. Coordinador Vicerrectoría de Investigaciones Universidad
Manuela Beltrán. Líder miembro del “Grupo de investigación Bio-psiquismo
y sociedad” de la Universidad Manuela Beltrán. Correo electrónico: carlos.
caldas@[Link] Orcid: 0000-0001-5901-8027
R esumen
Los procesos de enseñanza-aprendizaje que ocurren en el marco de ambientes
virtuales no son extensiones simples de la cotidianidad del aula en las escuelas
o colegios, sino que implican una transformación de las prácticas educativas en
la que las personas se enriquecen socioculturalmente. El uso de artefactos que
median la construcción conjunta de conocimiento es la faceta más importante
de la interacción porque articula la actividad conjunta sobre la base de aspec-
tos del entorno próximos disponibles para todos los involucrados. El objetivo
de este capítulo es presentar una alternativa teórica que permita dar cuenta
del proceso de construcción interactiva de conocimiento en los ambientes
virtuales de aprendizaje. En esta propuesta confluyen nociones que forman
parte del consenso académico sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje,
provenientes de la cognición situada, la psicología sociocultural y la psicología
ecológica del desarrollo. En ese sentido, la adquisición del conocimiento se
explica como un logro emergente con base en la actividad compartida en
nichos socioculturales complejos. La propuesta examina intuiciones de las
teorías mencionadas para generar un modelo que describe la actividad virtual
de acuerdo con tres ciclos: puesta en marcha de la interacción, afianzamiento
de la actividad e implementación de habilidades y conceptos. Finalmente, se
presentan líneas promisorias de investigación en el tema.

Palabras clave: ambientes virtuales de aprendizaje, psicología ambiental,


cognición 4E, prácticas socioculturales, docente, estudiante, escuela,
educación, enseñanza, aprendizaje.

205
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Introducción
El aprendizaje en casa: enfrentar una terminal
de computadora o interactuar socialmente
Los eventos recientes ocasionados por la pandemia de la COVID-19
han transformado significativamente la manera como las personas se
involucran en situaciones de enseñanza-aprendizaje. Las restricciones
a la movilidad y a la interacción interpersonal han acelerado un proceso
de revolución cultural que ya desde antes venía produciéndose, en
parte gracias al potencial de las nuevas tecnologías virtuales y móviles
(Bernacki, Greene y Crompton, 2020), pero también en parte porque
el sentido de pertenencia a alguna comunidad de aprendizaje se ha
desanclado del contexto físico del aula debido a las transformaciones
intrínsecas de la sociedad contemporánea (Chavarria González y
Castro Orozco, 2006). El sentido de esa transformación está orientado
hacia la formación de comunidades de aprendizaje virtual (Dennen,
2014) en las que los individuos interactúan en ambientes virtuales de
enseñanza y aprendizaje (Järvelä, 1995).
Al pensar en la experiencia personal de la gente, la llegada
abrupta de la COVID-19 exige a maestros y estudiantes el desarrollo
de habilidades para la interacción virtual, lo que ha generado una
auténtica disrupción en las prácticas socioculturales asociadas a
la enseñanza-aprendizaje, esto es, aspectos que antes se pensaban
como fundamentales para la interacción educativa (p. ej. el control
docente del aula, la instauración de rutinas disciplinarias, etc.), han
pasado a un segundo plano, mientras elementos que antes parecían
relativamente accesorios o en el mejor de los casos facilitadores (la
generación de material didáctico propicio, la planeación de las prác-
ticas en modalidades virtualizadas, etc.), se han convertido en ejes
centrales de la nueva actividad on-line.
Ahora bien, es preciso señalar que la condición de urgencia
manifiesta no implica que los docentes deban renunciar a la idea de
que el aula es la unidad de análisis propicia para reflexionar sobre los

206
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

procesos de enseñanza-aprendizaje (Candela, Rockwell y Coll, 2009).


El asunto es más bien que la interacción educativa en el escenario de
la postpandemia se ha transformado; esto es, se está plenamente en
un momento de transición que se caracteriza por el enriquecimiento
sociocultural de las aulas vía integración virtual.
Este proceso de enriquecimiento de los ambientes de aprendi-
zaje (Rietveld y Kiverstein, 2014) exige una exploración conceptual
profunda. Se trata de un asunto que va más allá de la adecuación de
maestros y estudiantes a prácticas educativas soportadas en nuevos
recursos tecnológicos, en realidad lo relevante es que esas prácticas son
otras, esto es, nuestros modos de interacción en ambientes virtuales
de aprendizaje no son una simple extensión de la cotidianidad del
aula en las escuelas o colegios. Lo que ha ocurrido es que con las
nuevas formas de interacción han emergido nuevas problemáticas,
se han re-estructurado las prioridades de cada aula (el docente y
sus estudiantes en un entorno ahora virtual) y se vislumbran nuevas
posibilidades con el potencial para generar cambios positivos en las
dinámicas de la escuela, proceso que como ya se ha señalado arriba
venía sucediendo desde antes de la pandemia.
Se tienen razones para pensar que la mediación es la dimensión
propicia para la reflexión teórica sobre el enriquecimiento del aula.
Para desplegarlas es preciso presentar una serie de nociones interre-
lacionadas que pueden mejorar nuestra comprensión de la transfor-
mación sociocultural del aprendizaje. En concordancia, se sostiene
que la reflexión teórica puede contribuir a aclarar las facetas de la
actividad de la gente en “reinos de mediación” (Cussins, 2003, p. 155),
que estructuran la interacción intersubjetiva al enseñar o aprender.
En breve, el objetivo de este texto es presentar una alternativa teórica
que permita dar cuenta del proceso de construcción interactiva de
conocimiento en los ambientes virtuales de aprendizaje que a su vez
permita articular nociones que ya hacen parte del consenso acadé-
mico sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje. Cabe señalar que
se trata de una serie de ideas que se relacionan con las propuestas de

207
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

la psicología ambiental, la psicología histórico-cultural y las posturas


recientes del enfoque situado de la cognición.
La primera razón por la cual es necesario reflexionar sobre la
mediación en las nuevas interacciones virtuales de aprendizaje tiene
que ver con la orientación de la actividad del aprendiz. El consenso
académico ha centrado su análisis de la actividad conjunta maes-
tro-estudiantes en el aula porque constituye el contexto básico para
el desarrollo de la interacción educativa (Candela et al., 2009). Es
imprescindible notar que las aulas son más que el simple espacio físico
en el cual se lleva a cabo la clase. Los encuentros intersubjetivos que
ocurren durante la enseñanza-aprendizaje en el aula se articulan en
“itinerarios complejos de personas y artefactos” (Candela et al., 2009,
p. 4) esto es, en trayectorias de actividad coordinada que configuran un
ámbito propio plagado de propósitos, sentidos y motivaciones. Desde
un punto de vista ecológico, puede aseverarse que el aula es, por así
decirlo, un nicho. En el aula cada individuo ejerce sus capacidades
para adaptarse a las posibilidades que el entorno físico provee, a través
del uso de diversos objetos- artefactos que son imprescindibles para
la realización de actividades en compañía de otros (Radford, 2012).
En términos de la Psicología Ambiental (Szokolszky y Read, 2018),
cada aula es un campo que contiene los affordances5 que suscitan la
acción de los seres que interactúan en ella (Rietveld y Kiverstein, 2014).
Así pues, en la escuela tradicional el aula está repleta de arreglos,
artefactos y disposiciones de objetos que juegan un rol dentro de la
actividad cotidiana de los estudiantes y maestros al enseñar y apren-
der. Y no es que simplemente servirse de los objetos del aula para

5
Este término derivado de la obra de Gibson normalmente no se traduce porque
incluye matices que implican diversos conceptos en castellano (facilitar, sus-
citar, posibilitar, etc.) De acuerdo con Rietveld (2014) los “…affordances han
sido entendidos típicamente como las posibilidades motoras que el ambiente
ofrece a las criaturas...:” (Rietveld y Kiverstein, 2014, p. 326) En los análisis
contemporáneos se ha subrayado la conexión estrecha entre los affordances
presentes en el entorno y las capacidades cognitivas situadas del individuo
para aprovecharlos.

208
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

aprender, sino que sin esos artefactos las actividades mismas (sumar
usando lápiz y papel, dibujar un mapa siguiendo un grabado, comple-
tar palabras en un tablero, etc.) que se realizan al enseñar-aprender
dejan de ser posibles. Pero, entonces, ¿cómo es que ha llegado a ser
posible aprender matemáticas, sociales o lenguaje en las condiciones
de aislamiento impuestas por la pandemia? La respuesta es que la
estructuración del nicho ecológico que hace posible la actividad en el
caso de los seres humanos no se reduce a la simple adaptación biológica
a ciertas configuraciones físicas en el entorno como en otras especies,
más allá de eso, el nicho humano “formado y esculpido” (Rietveld y
Kiverstein, 2014, p. 326), por las prácticas socioculturales en las que
se participa, esto es, los ambientes propios, contienen artefactos que
median la actividad individual de acuerdo con normas, costumbres
y usos sociales. En breve, en épocas de virtualización obligada el
aula lejos de desaparecer se ha convertido en una unidad flexible,
un ambiente de aprendizaje con nuevos recursos disponibles para el
quehacer del maestro y el aprendiz.
Así las cosas, el eje de la reflexión se halla en la idea misma de
ambiente de aprendizaje. Hay que examinar si esta nueva disposición
en la que los aprendices se ubican frente a pantallas de ordenador
puede en algún sentido entenderse como constituyendo un ambiente
de aprendizaje, o si en lugar de ello lo decisivo para la estructuración
de los ambientes de aprendizajes es alguna faceta psicosocial que,
aunque nos parezca sorpresivo puede estar presente tanto en los salones
de clase de la escuela tradicional como en los espacios virtuales de
encuentro. El asunto obviamente tiene que ver con establecer si las
personas pueden participar en prácticas de enseñanza-aprendizaje a
través de la pantalla del ordenador. Por curioso que parezca, esta no es
una cuestión tan simple, toda vez que hay, al menos, tres aspectos de
la participación en prácticas educativas que deben tenerse en cuenta:

1. Una práctica educativa es actividad conjunta y en esa medida


supone el establecimiento de interacciones significativas

209
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

y recíprocas entre las personas que participan en ella.


Para decirlo de otra manera, en el acto educativo se crea
un “espacio compartido” (Krueger, 2011), en el que se
despliegan las capacidades de los individuos apoyándose
en todo tipo de artefactos mediadores desde el lenguaje
(Fusaroli, Gangopadhyay y Tylén, 2014) hasta los objetos
virtuales de aprendizaje (OVA) (Rozo Sandoval y Fagua
Fagua, 2011).
2. En las actividades en la escuela se construye conoci-
miento, esto es, cuando se enseña-aprende las personas
re-producen (Montealegre, 2007), esto es, vuelven a crear
en condiciones muy propias de su dinámica social (Burke,
2020), ideas, productos y procesos que son relevantes para
la tradición cultural a la que pertenecen (Kozulin, 2000).
3. Hay criterios normativos que establecen si la actividad del
participante (estudiante-maestro) se ajusta a los requeri-
mientos que la tradición ha delimitado para cada práctica.
En breve, tanto el maestro como el estudiante deberían
poder evaluar el ajuste de sus despliegues, productos e
ideas (Joy Cumming y Maxwell, 1999). En esa medida es
preciso señalar que en el ámbito educativo hay “mejores
prácticas” (Goodsett, 2020) que son las que los participantes
tratan de re-producir para promover diversos desarrollos
personales y comunitarios.

Teniendo en mente estos tres aspectos (el carácter compartido,


la productividad y la adecuación normativa de la actividad educati-
va) es preciso examinar si la interacción a través de pantallas puede
articularse de manera que posea estos rasgos. Nótese que, en el caso
del aula, el análisis ecológico de las interacciones permite asignar
con facilidad dichos rasgos porque: a) el carácter compartido de la
actividad está ligado al despliegue de actividades conjuntas sobre
configuraciones físicas socialmente enriquecidas (affordances), b) la

210
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

productividad se relaciona con el desenvolvimiento de tareas ancladas


a las condiciones específicas de tiempo y espacio del salón de clases
que, por su carácter altamente variado y enriquecido (de nuevo,
por la presencia de affordances enriquecidos socioculturalmente),
exigen adaptación y coordinación con el potencial para crear nuevas
versiones de la herencia cultural que se aprende en la escuela y, c) la
adecuación normativa de la actividad se regula por las interacciones
entre los participantes y a su vez con instancias externas (comunidades
de otras aulas, directivos, etc.) que pueden retroalimentar en tiempo
real o diferido los despliegues realizados por maestros y estudiantes
en el aula.
Desde nuestro punto de vista, es plausible reclamar que aún en
las condiciones restrictivas de interacción (solo a través de pantallas)
exigidas por razones sanitarias las comunidades educativas han logrado
mantener sus rasgos configurando ambientes virtuales de aprendizaje.

Ambientes de aprendizaje: cognición


situada y andamiaje del pensamiento
La idea de que la actividad educativa puede analizarse en términos
ambientales cuenta con antecedentes interesantes en nuestro medio.
La política educativa de la ciudad de Bogotá entre el 2010 y 2014 se
desarrolla bajo la premisa de que se puede reorganizar curricularmente
la escuela atendiendo al ambiente de aprendizaje como unidad de
análisis:

Es así como toma fuerza la concepción de ambiente de aprendizaje


que, como se enuncia en los fundamentos de la reorganización,
es un ámbito de interacción dinamizado por el docente dónde se
potencian los aspectos socioafectivos, cognitivos y físico-creativos,
diseñado con el fin de crear condiciones y circunstancias que
propicien el aprendizaje del estudiante (Guardia Hernández,
2012, p. 15).

211
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

La noción subyacente a esta propuesta en la política pública de


la ciudad descansa en el reconocimiento de que los aprendices se
encuentran naturalmente adaptados a una diversidad de entornos,
algunos de los cuales han sido socioculturalmente arreglados para
promover el aprendizaje: “… Los entornos escolares de desarrollo
humano son aquellos que tienen como marco la escuela, esto es,
ocurren en unas circunstancias que han sido diseñadas para promo-
ver el desarrollo deseable del sujeto…” (Guardia Hernández, 2012,
p. 23). Es indispensable notar que hay consideraciones normativas que
determinan la delimitación de un entorno como ambiente de apren-
dizaje porque “… promueve el desarrollo deseable del sujeto”, esto
es, no cualquier entorno constituye un ambiente de aprendizaje sino
que para su configuración hay que tener en cuenta los lineamientos
socioculturales del “marco escolar” (Guardia Hernández, 2012, p. 25)
en el que se inscriben maestros y aprendices.
Sin embargo, es preciso notar que ese “arreglo” del ambiente
escolar no supone en sentido alguno control centralizado ni de parte
del docente ni de parte de otro agente dentro o fuera del entorno
escolar y se privilegia más bien un enfoque centrado en la actividad
de los participantes:

El ambiente de aprendizaje se entiende como un proceso pe-


dagógico y sistémico que permite entender desde una lógica
diferente los procesos de enseñanza-aprendizaje de la escuela.
Desde esta propuesta se valida al estudiante como sujeto activo
y participante en el ambiente… (Guío Puerto, 2012, p. 27).

Lo que si no hay que perder de vista es que los participantes de


un ambiente de aprendizaje desempeñan diversos roles al participar
en prácticas que se desarrollan en ese entorno. En el caso del salón
de clases de la escuela tradicional, el maestro suele desempeñar di-
versos roles dentro de cada práctica educativa que se emprende. Así,
por ejemplo, puede ser creador de contenido (cuando prepara temas

212
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

para estudiar con los aprendices), mediador (cuando regula y redirige


prácticas emprendidas por los aprendices o derivadas de un plan que
él/ella ha propuesto, facilitador (cuando interviene solo para orientar
dentro de la práctica), etc. Del mismo modo, el comportamiento de
cada aprendiz dentro del aula tradicional sigue una orientación muy
diversa dependiendo no solo de sus características individuales sino de
su rol percibido en la práctica específica que se lleva a cabo en grupo
(guía, creador, solucionador, mediador, etc.) (Villalta y Martinic, 2013).
Ahora bien, es preciso comentar que más allá del contexto co-
lombiano hay una amplia discusión teórica sobre la importancia de
la Psicología Ambiental y más específicamente del análisis ecológico
para entender el desarrollo cognitivo (Szokolszky y Read, 2018). Esa
orientación surge como una alternativa a los modelos dualistas de
análisis del desarrollo:

La teoría metacartesiana que ha motivado la investigación


estándar sobre el desarrollo a lo largo del siglo XX se basó en
totalidades de elementos mutuamente exclusivos y separados
que son tratados como causas del desarrollo. Como resultado la
psicología del desarrollo está basada en dicotomías y problemas
irresolubles, tales como naturaleza versus crianza, desarrollo
separado de la evolución, el individuo separado de otros indivi-
duos y de la cultura… (Szokolszky y Read, 2018, p. 7).

La propuesta de centrar el análisis de lo educativo en la interac-


ción social y con el entorno supone adoptar un punto de vista dentro
del cual no existen las separaciones “abismales” señaladas en la cita
anterior. Se trata de una postura epistemológica en la que la inte-
racción social en el entorno es el objeto de estudio (Segundo-Ortin,
Heras-Escribano y Raja, 2018). Tal postura implica notar que no hay
una brecha insalvable entre maestros y aprendices porque ambos
participan de una práctica en la que sus actividades son complemen-
tarias, no hay una brecha entre el maestro y el entorno porque él/

213
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

ella modifica activamente el ambiente de aprendizaje para promover el


desarrollo del aprendiz y, no hay tampoco una brecha insalvable entre
el aprendiz y su ambiente de aprendizaje porque su comportamiento
se ajusta a los affordances con los cuales, dadas sus capacidades, puede
interactuar; de hecho, el desarrollo en este enfoque ecológico consiste
precisamente en la adquisición de capacidades para interactuar con
otros y el entorno (Gallagher, 2017).
En la actualidad, la noción de ambiente de aprendizaje y de una
manera más general la de nicho sociocultural de la actividad humana
ha llegado a ser el sello distintivo de una integración teórica entre aca-
démicos de diversas áreas. La psicología ecológica se ha situado en el
centro de estos debates porque, como se ha venido mostrando, provee
una serie de intuiciones interconectadas especialmente importantes
para el debate sobre la naturaleza de la mente (Heras-Escribano y de
Pinedo-García, 2018).
Hay, al menos, tres fuentes de esta integración interdisciplinaria
que vale la pena comentar brevemente. En primer lugar, entre los
teóricos de la cognición situada se reconocen ciertos aspectos que son
decisivos para entender la actividad humana, a saber:

a. Se ha destacado la conexión entre la mente y las con-


figuraciones físicas que hacen parte de una práctica
funcionando como artefactos que andamian la actividad
de la gente (Smart, 2018). El concepto de andamiaje es
una de las nociones más interesantes para pensar la vir-
tualidad (Järvelä, 1995), la idea es que hay objetos que
soportan parte de la actividad cognitiva, de manera tal
que la mente humana se extiende sobre esos artefactos
(Merritt, Varga y Menary, 2013).
b. La cognición supone una compleja interconexión entre
las personas y el entorno de modo que puede decirse
que está incorporada en sistemas de prácticas conjuntas
(Krueger, 2011).

214
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

c. Son desarrolladas en tiempo real de una manera en-activa,


esto es, emergen, se despliegan y desarrollan en conexión
con los sucesos que ocurren en línea en el entorno en el
que las personas se encuentran (Rietveld et al., 2018).
d. Las transformaciones del cuerpo de los participantes son
informativas para todos los que participan de tales acti-
vidades, por lo cual se puede decir que la cognición es
corporeizada (Morgan, 2018).

Es preciso anotar que estas 4E (por sus siglas en inglés: extended,


embedded, enactive, embodied) han sido complementadas por el reco-
nocimiento de un quinto (ecological) aspecto que ha sido objeto de
reflexión especialmente entre los filósofos del grupo de Ámsterdam
(Rietveld et al., 2018). Esta segunda fuente interdisciplinaria ha dejado
claro que la actividad humana sucede en un “paisaje enriquecido de
affordances” (Rietveld y Kiverstein, 2014), lo cual significa que cada
ser humano habita nichos ecológicos que se caracterizan mejor cuando
se atiende a las capacidades socioculturales de la especie. La idea es
que, así como otras formas de vida tienen la capacidad de desplegar
ciertos comportamientos ajustándose a los affordances existentes para
esa especie en su nicho, la forma de vida humana supone la adapta-
ción a affordances enriquecidos socioculturalmente. En esa medida,
entre los teóricos ha llegado a ser especialmente popular la idea de
que durante el desarrollo ontogenético los niños pasan por un proceso
de enculturación (Heft, 2013) que los habilita para adecuarse a los
affordances presentes en el nicho sociocultural del que hacen parte.
Es imprescindible notar entonces que lo que delimita el nicho al cual
pertenece una forma de vida son “las maneras de actuar típicas de la
especie” (Rietveld y Kiverstein, 2014, p. 328).
Pero, entonces, esto implica que la proverbial ruptura entre cultura
y naturaleza carece de sentido, lo cual conecta precisamente con la
tercera fuente de integración que se quiere comentar. La psicología
histórico-cultural ha venido insistiendo desde sus orígenes (Kozulin,

215
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

1986) en que la mejor manera de abordar el desarrollo es atendiendo


a la conexión intrínseca entre la interacción del aprendiz con otras
personas y su adquisición de una segunda naturaleza que emerge por
el dominio progresivo del aprendiz de los aspectos de la tradición
cultural a la que pertenece (Fay et al., 2018).
Al pensar las transformaciones en la dinámica enseñanza-aprendi-
zaje debidas a la virtualización casi obligada de la actividad escolar que
se experimenta, es importante este reconocimiento de la enculturación
como proceso ecológico de integración con un nicho socialmente
enriquecido. Más aún, una vez que se notan las conexiones concep-
tuales entre las ideas de la psicología histórico-cultural, la psicología
ecológica del desarrollo y el enfoque de la cognición situada puede
entenderse por qué la idea misma de que se educa en ambientes de
aprendizaje puede ser tan fecunda, básicamente, porque hace posible
entender la transformación individual propia del aprendizaje (encul-
turación) como algo estrechamente relacionado con la adecuación
al entorno que uno alcanza gracias a la práctica cotidiana conjunta
con otras personas.
Esto está intrínsecamente conectado también con la investigación
y conceptualización de los fenómenos psicológicos dentro de la Psi-
cología Ambiental que estudia “... las transacciones entre individuos
y sus escenarios físicos” (Gifford, et al., 2011, p. 440). De hecho,
concierne al nivel de análisis primario de la Psicología Ambiental
que indaga como la interacción social en el entorno incide en los
procesos psicológicos de las personas. En breve, enseñar – aprender
supone la interacción entre tres polos igualmente relevantes (maes-
tro-aprendiz-entorno).

Los ambientes virtuales de aprendizaje como


situaciones de interacción triádica
En el caso de la clase virtual, la interacción social se diferencia sus-
tancialmente del funcionamiento habitual en la modalidad presencial

216
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

(Rozo Sandoval y Fagua Fagua, 2011). La relación interpersonal en el


salón de clases está naturalmente enriquecida por el libre intercam-
bio de emociones, posturas corporales, gestos, iniciativas de acción
o sucesos inesperados dentro y fuera del espacio del aula, pero en
la modalidad virtual el intercambio suele restringirse a lo que cada
agente permite observar a través de la pantalla. Evidentemente el
asunto no es que nos sea imposible intercambiar todos esos aspectos
de manera fluida en la interacción virtual, de hecho las exigencias de
la virtualización obligada han obligado a los desarrolladores a ampliar
el rango de posibilidades expresivas con las que cuentan maestros y
estudiantes al interactuar, la diferencia tiene que ver más bien con
que el encuadre de la actividad educativa es mucho más formalizado
en el sentido de estar sujeto a regulaciones explicitas en el caso de la
actividad en línea. Un ejemplo bastante simple de esta tendencia se
puede notar al analizar el cotilleo entre pares durante una sesión de
clase, si bien en la modalidad virtual los aprendices también cuentan
con herramientas que los habilitan para el cotilleo, p. ej. el chat de
la clase, los grupos de WhatsApp (Keogh y Robles, 2018), este ocurre
de manera colateral al desarrollo normal de la actividad educativa,
al punto que sus participantes suelen pensar en las instancias que los
hacen posibles como “espacios seguros” (Keogh y Robles, 2018, p.
161) diferentes del encuadre normal de la clase.
Quizá precisamente por la formalización del encuadre de la in-
teracción en las clases virtualizadas pueden apreciarse mucho más
esquemática la estructura triádica de la mutua interpretación en los
ambientes de aprendizaje, esto es, el aprendiz (1) sentado ante una
pantalla (2) trata de interpretar las ideas, acciones y expresiones emo-
cionales del docente (3) quien a su vez de manera recíproca frente a
su propia pantalla (2) trata de interpretar los despliegues, expresiones
e ideas de aquella persona a quien está orientando. Es preciso notar
que esta configuración triádica supone la articulación de al menos
tres tipos de actividad mutuamente interconectada, a saber: a) la
actividad comunicativa de los participantes de la práctica educativa,

217
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

b) la actividad exploratoria del aprendiz dirigido a objetos virtuales


observables a través de su propia terminal y c) la actividad instruccional
del docente como creador -implementador de esos objetos virtuales
disponibles para el aprendiz (figura 1).

Figura 1. Estructura tríadica de la interacción


de aprendizaje en entornos virtuales.
Instructor
a

Ac
tiv

tiv
ica

ida
un

di
om

ns
dc

tru
ida

cc
ion
tiv
Ac

al

Aprendiz OVA
(Objetos virtuales
Actividad exploratoria de aprendizaje)

Vale la pena resaltar que este encuadre básico no es exclusivo de


la educación virtualizada, ya desde hace tiempo los investigadores
en el campo educativo han mostrado que el desarrollo de la práctica
educativa en el aula puede entenderse mejor si se atiende a la coor-
dinación triádica de las actividades de quienes participan en ella
(D’Amore y Fandiño Pinilla, 2002). Un examen detallado (analítico en
términos de D’Amore y Fandiño Pinilla, 2002) muestra que el tercer
vértice corresponde al saber acondicionado en la forma de un arreglo
intencional, creado para una situación de interacción específica con
el potencial para promover la adquisición de conocimiento, se trata
de un milieu. Ahora bien, lo más interesante del análisis propuesto
por esto autores es que enfatiza el proceso de adaptación a un entorno
compartido:

218
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

Con milieu, palabra que dejamos sin traducir y que más o


menos tiene el significado de ambiente, se indican todos los
recursos materiales o no, utilizados en el curso de un proceso
de enseñanza y de aprendizaje de un determinado objeto del
saber. El estudiante debe “estructurar” los elementos del milieu
para reconocer el objeto del saber y conquistarlo haciéndolo
propio. Es en este sentido que se suele decir que el milieu puede
constituirse en un obstáculo para el aprendizaje, obstáculo que
es deseado por el maestro que lo utiliza explícitamente para
hacer que el alumno alcance el resultado por él esperado. Del
milieu forman parte también los mismos actores del proceso de
enseñanza y de aprendizaje, sus observaciones, sus roles y sus
tareas (D’Amore y Fandiño Pinilla, 2002, p. 51).

La cita permite entrever una conexión estrecha entre las nociones


de milieu y ambiente de aprendizaje, pero también acerca ese tercer
polo de la interacción educativa al concepto de affordance que se ha
venido discutiendo, toda vez que la descripción del milieu apunta a la
conexión estrecha entre las capacidades del individuo y las posibilida-
des sugeridas por el entorno educativo enriquecido para él por parte
del maestro. La noción de milieu se puede conectar directamente con
las discusiones actuales sobre el concepto de ambiente en Psicología
Ambiental que se caracterizó hasta hace muy poco por su énfasis “…
en los entornos físicos como escenario de investigación objetivada”
(Gifford, et al., 2011, p. 449) y se ha venido reestructurando de una
manera tal que el ambiente es el escenario de la interacción social
en entornos físicos enriquecidos culturalmente “… particularmente
en un mundo cada vez más caracterizado por experiencias indirectas
y virtuales y «realidades» mediadas” (Gifford, et al., 2011, p. 461).
En Psicología hay un modelo teórico que también adopta una
configuración triádica al analizar las situaciones de aprendizaje
para dar cuenta de las transformaciones que generan el desarrollo
intelectual de las personas, se trata de la teoría de la actividad de

219
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

la escuela histórico-cultural (Montealegre, 2007) CHAT (Cultural


Historical Activity Theory, por sus siglas en inglés) ha venido siendo
objeto de interés reciente entre los investigadores (Barab, Evans y
Baek, 2004) en educación porque provee un marco propicio para el
análisis, especialmente en las situaciones de aprendizaje mediado
tecnológicamente (Schiller, 2016).
La teoría de la actividad tuvo origen en los estudios de Vygotsky
acerca de la relación entre aprendizaje y desarrollo (Kozulin, 1986).
Se trata de una propuesta interactiva en la que la adquisición de
conocimiento es explicada con base en la actividad compartida a la
que tienen acceso las personas en el proceso de enculturación. Hay
dos elementos interesantes en la propuesta original de Vygotsky que
resultan de interés para el asunto que aquí ocupa, a saber:
Hay una relación entre aprendizaje y desarrollo en el sentido en
que la adquisición de conocimiento y habilidades en prácticas socio-
culturales preceden a las transformaciones que progresivamente se
consolidan en estructuras estables de comportamiento y conocimiento
en el individuo. En este contexto Vygotsky introdujo la idea de Zona
de Desarrollo Próximo (ZDP) que expresa la tendencia general según
la cual el aprendizaje mediado conduce al desarrollo de habilidades
y conceptos. La fórmula general de esta idea es que: “… la interac-
ción entre las personas que se encuentran en la zona se interioriza;
de esta manera, lo interpsicológico se convierte en intrapsicológico”
(Montealegre, 2007, p. 35). Vale la pena apuntar que la dirección de
esa transformación es consistente con el ajuste progresivo del individuo
a la riqueza cultural de la tradición en la que es educado.
Hay una cierta reciprocidad intrínseca en tanto en la interacción
como en las transformaciones que ocurren sobre los involucrados en
situaciones de aprendizaje. El eje del concepto de mediación está
relacionado con este aspecto. Así, por ejemplo, cuando un niño se
involucra con un maestro en una práctica para aprender a sumar,

220
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

la interacción funciona a tres bandas entre el niño, el maestro y los


objetos usados en la práctica pero, aún más importante, las transfor-
maciones también se producen a tres bandas, esto es, los objetos son
activamente modificados durante la actividad mientras que el niño
y el maestro adquieren habilidades y conocimientos vinculados a la
práctica pero con el potencial para crear nuevas formas de actividad:
“… la actividad semiótica se origina en interacciones físico-materiales
y, al mismo tiempo, tiene efectos materiales en el medio ambiente,
incluidos otros individuos y sus cuerpos” (Norros, 2018, p. 70).
La propuesta original de Vygotsky es adaptada en una versión más
sofisticada por Leontiev y otros investigadores en la extinta Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (Kozulin, 1986) y últimamente ha
sido sistematizada en lo que se conoce como la propuesta CHAT 2.0
desarrollada por Engeström y otros (Barab et al., 2004). Esta nueva
versión enfoca aspectos presentes en las situaciones de interacción
que son relevantes para entender la dinámica de la actividad desple-
gada al aprender-enseñar (figura 2). Se trata de las reglas, de manera
más general los aspectos normativos de la situación; la comunidad,
instanciada en personas e instituciones con quienes interactúa el
aprendiz; y la división de labor, que está relacionada con el modo de
coordinación de la actividad.
Nótese que el triángulo interior (sujeto-comunidad-objeto) se
relaciona estrechamente con la estructura descrita párrafos atrás
para el aprendizaje virtual. Hay que apuntar también que se trata de
un sistema muy concordante con la propuesta filosófica de Donald
Davidson (Davidson, 1999), autor que propuso la triangulación como
una condición necesaria para la emergencia del pensamiento. En su
versión, la triangulación es “… una situación que involucra dos o más
criaturas en interacción simultáneamente con el otro y con el mundo
que comparten” (Davidson, 1999, p. 12).

221
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Figura 2. Estructura del sistema de actividad


en la propuesta de Engeström
Tool

Subject Object Outcome

Rules Division of labor


Community

Fuente: Tomada de Barab et al. (2004, p. 203)

La triangulación davidsoniana permite articular un ataque frontal


a las conceptualizaciones dualistas de la mente, porque bajo dicha
interpretación el conocimiento emerge en contextos interactivos, por
lo cual carece de sentido pensar en una brecha entre el individuo y
su entorno:

Recuérdese que Davidson introduce la tesis de la triangula-


ción para mostrar que si se adopta una perspectiva de segunda
persona se puede dar cuenta de la relación epistémica que hay
entre las creencias y el mundo. La idea básica es la siguiente:
la comunicación exitosa es aquella que permite identificar el
significado de las expresiones del interlocutor, lo cual está en
estrecha relación con identificar lo que cree. Esto, a su turno,
depende de que seamos capaces de identificar los rasgos del
entorno que parecen estar conectados con las creencias y las
expresiones lingüísticas del interlocutor. (Duica, 2014, p. 189)

222
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

Parte de lo que hace que la triangulación interpretativa sea


un escenario claramente antidualista es que el pensamiento
sea entendido como una herramienta pública. Entender la
naturaleza pública del pensamiento corresponde a compren-
der que, de la misma manera que al hablar somos usuarios de
un sistema público de señales (el lenguaje), al pensar somos
usuarios de un sistema público de creencias (el pensamiento)
(Duica, 2014, p. 205).

Así pues, para expresarlo llanamente, lo que sucede en contextos


de triangulación es que el entorno mismo sustenta las concepciones
compartidas que emergen en individuos capaces de interactuar entre
sí y con el ambiente. Valga la insistencia, concebir la generación de
conocimiento en las situaciones de enseñanza aprendizaje como el
resultado de la actividad compartida establece una relación directa
entre los enfoques situados y ecológicos, la filosofía antidualista
contemporánea de la mente y el lenguaje y los acercamientos psico-
pedagógicos sobre lo que sucede al aprender-enseñar.

Ciclos de actividad y prácticas


socioculturales de aprendizaje en línea
Las ideas esbozadas hasta aquí posibilitan proponer esa alternativa
teórica anunciada al principio para dar cuenta de la construcción
interactiva de conocimiento en los entornos de aprendizaje vir-
tualizados. En primer lugar, hay que atender a la idea de que las
transformaciones que conducen del aprendizaje al desarrollo son
progresivas, dado que la ZDP es una constante en todas las situaciones
de enseñanza-aprendizaje, cabe esperar que en el aprendizaje vir-
tualizado el nivel de contacto de los participantes pase por diferentes
momentos que podrían ser muy bien articulados de acuerdo con ciclos
(figura 3).

223
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Figura 3. Propuesta de ciclos de actividad en el aprendizaje


interactivo virtual

Diversos ciclos
de desarrollo

Orientado a la puesta Orientado al Orientado a la


en marcha de la afianzamiento implementación
interación de la actividad de habilidades y conceptos

Instructor
a

Ac
tiv

tiv
ica

ida
un

di
om

ns
dc

tru
ida

cc
ion
tiv
Ac

al

Aprendiz OVA
(Objetos
Actividad exploratoria virtuales de
aprendizaje)

De manera más específica, estos ciclos corresponden con mo-


mentos de la actividad entre quienes interactúan en un ambiente de
aprendizaje virtual. En esa medida, la estructuración de la actividad
de acuerdo con niveles jerárquicos de complejidad ha mostrado ser
una táctica adecuada tanto en investigación (Barab et al., 2004) como
en implementación educativa (Al-Huneini, Walker y Badger, 2020;
Burke, 2020; Dennen, 2014; Schiller, 2016).
Un primer momento importante a considerar tiene que ver con
la puesta en marcha de la interacción, es evidente que cualquiera
de las partes –aprendiz o maestro– puede iniciar el intercambio de

224
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

acuerdo con sus propios propósitos. En la figura 3 se señaliza este


movimiento con flechas y se decide graficarlo empezando por el
vértice del aprendiz para mostrar que su iniciativa de participación
conduce a poner en marcha la actividad del docente sobre los objetos
de aprendizaje, con los que a su vez él mismo interactúa. Es preciso
anotar que estos despliegues pueden ocurrir tanto de manera sin-
crónica como en contextos de interacción diacrónica (en los que el
maestro o estudiante se comunican primero antes de implementar
actividades virtuales o al revés).
El segundo ciclo evidentemente tiene que ver con el afianza-
miento de la interacción planteada y resulta evidente que en muchos
contextos implica la ejecución de operaciones recíprocas a las del
momento de puesta en marcha de la actividad. Así, por ejemplo,
si la interacción virtual dio inicio por un mensaje por chat de un
estudiante solicitando ayuda de un experto en una plataforma, en el
ciclo de afianzamiento algún instructor –docente o maestro que se
involucre en la práctica– se comunicará con él, generando orienta-
ciones respecto a la actividad conjunta en línea. Como se puede ver
en la figura 3, los ciclos de puesta en marcha y afianzamiento son
complementarios. Ahora bien, resulta imprescindible notar que una
vez que la interacción virtual se ha puesto en marcha los movimientos
recíprocos que afianza la actividad generan avances en la adquisición
de habilidades o conocimientos, pero la estabilidad conjunta de esos
adelantos no está garantizada sino hasta que en un tercer momento
la implementación de la actividad está lo suficientemente adelantada
como para permitir una conexión mutua fluida en un espacio com-
partido o we-space (Krueger, 2011) virtual que se ha constituido en el
proceso de enseñanza-aprendizaje. Este último ciclo evidentemente
supone ese uso socialmente articulado de las señales compartidas
(lenguaje), conceptos comunes (pensamiento) y formas de mediación
conjuntas (tecnología).

225
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Un segundo aspecto tiene que ver con el reconocimiento del


carácter transversal de las acciones que el aprendiz o el docente
realizan cuando participan en prácticas de aprendizaje virtual.
Esta es precisamente una de las ventajas más grandes de las teorías
eco-culturales (Carroll et al., 2017; Kiverstein y Rietveld, 2021; No-
rros, 2018; Szokolszky y Read, 2018), puesto que permite entender el
ejercicio flexible de capacidades del individuo en diferentes prácticas
y ambientes de aprendizaje. Así pues, en los ambientes virtuales de
aprendizaje las personas llevan a cabo múltiples acciones que pueden
articular cuando participan de prácticas conjuntas, algunas de estas
acciones constituyen de hecho ya estrategias con las que el individuo
se adapta a diversas prácticas y en ese sentido parecen ser tan transver-
sales como los conceptos, competencias o palabras dentro de nuestra
tradición cultural. Más aun, algunas han sido acuñadas dentro de las
comunidades virtuales de aprendizaje de modo que se pueden ubicar
fácilmente (dadas las condiciones en las que ocurren) dentro de los
ciclos de interacción que se vienen describiendo (figura 4).
Se propone, entonces, una lista, seguramente no exhaustiva, de
acciones que pueden desarrollarse en línea al involucrarse en un
ambiente virtual de aprendizaje como:

1. Solicitar ayuda de un experto “asking” (Schiller, 2016).


2. Diseñar un objeto para la instrucción virtual “program-
ming” (Lopez-Morteo y López, 2007).
3. Seguir instrucciones de un sitio “running” (Zurita, Baloian
y Frez, 2014).
4. Seguir la actividad de alguien más “following” (Jamaludin,
Kim y Hung, 2012).
5. Ajustar contenidos y propuestas en un OVA “patching”
(Huertas-Bustos, López-Vargas y Sanabria-Rodríguez, 2018).
6. Hacer consultas en internet “googling” (Al-Huneini et al.,
2020).

226
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

7. Interactuar con otros en tiempo real “interacting” (Pan,


Zhu, Hu, Lun y Zhou, 2005).
8. Actualizar el diseño, contenido o funcionamiento de un
OVA “updating” (Rapp, 2020).
9. Interactuar con OVA en entornos compartidos virtualmente
con otras personas “gaming” (Colder Carras et al., 2018).

Figura 4. Acciones comunes en las comunidades de


aprendizaje virtual al enseñar-aprender
Instructor

Acciones La cognición situada es 4E:


≠ Extended
Competencias Enactive
≠ Embodied
Verbos Embedded
(Pr
og
ng)

ram
g)

(Pa
ski

win

(U
(A

ing

mi
tch
llo

pd

ng)
act

ing
(Fo

atin
ter

)
g)
(In

(Gaming)

(Googling)

(Running)

Aprendiz OVA
(Objetos virtuales de aprendizaje)

Es importante notar que dichas acciones contribuyen a la cons-


trucción de conocimiento, pero no porque sean competencias o partes

227
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

aisladas de la mentalidad subjetiva de cada participante, sino porque


son despliegues comportamentales adaptativos que interconectan a
las personas en sus comunidades virtuales.
Desde el punto de vista de los autores de este capítulo, una pro-
puesta que integre esas diversas posibilidades de acción en ciclos de
actividad conjunta tiene el potencial para favorecer el desarrollo de
estrategias dirigidas a fortalecer la educación virtualizada (figura 5).
En este punto es preciso insistir que esta propuesta tiene un
carácter ecointeractivo y que las relaciones presentadas en la figura 5
no son teorizaciones o abstracciones supuestamente subyacentes al
aprendizaje en línea. En su lugar, son una reconstrucción (quizás
incompleta) de los patrones de interacción habitual entre aprendices
y maestros cuando participan en ambientes de aprendizaje virtual.
En síntesis, el poder explicativo de esta propuesta o de cualquier
otra ecológicamente basada tiene que ver con la reconstrucción de la
complejidad de las relaciones de interacción mutua que se desarrollan
entre los habitantes de un nicho ecocultural compartido entre ellos y
con los objetos (en este caso implementados electromagnéticamente)
que están disponibles para su actividad cotidiana. Nótese que se trata
de un aporte enmarcado en los intereses de la Psicología Ambiental
toda vez que más allá de teorizar conceptualmente de manera abs-
tracta sobre el aprendizaje nuestro esquema atiende a las relaciones
ecológicas de las personas en ambientes virtualizados, verbigracia,
a sus hábitos y actividades cuando aprenden en línea. Este mismo
enfoque ambiental puede ser crucial para pensar la educación en
general porque de esa manera se podrían lograr acercamientos que
“… consideren a las personas y el entorno como una entidad holística,
{mientras hacen posible} reconocer que las personas afrontan y dan
forma activamente a los entornos” (Gifford, et al., 2011, p. 441).

228
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

Figura 5. Propuesta integrada de actividad para


la enseñanza-aprendizaje virtual

Diversos ciclos
de desarrollo

Orientado a la puesta Orientado al Orientado a la


en marcha de la afianzamiento implementación
interación de la actividad de habilidades y conceptos

Instructor

Acciones La cognición situada es 4E:


≠ Extended
Competencias Enactive
≠ Embodied
Verbos Embedded
Dis

ar
un
)
ing
g)

Aju

ob
kin

llow

jet
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As

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era

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ram
ir

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gu

Int

ing
Se

mi
)

Interactuar con OVAs (Gaming)


ng
)

Hacer consultas en internet (Googling)

Seguir instrucciones de un sitio (Running)

Aprendiz Actividad exploratoria OVA


(Objetos virtuales de
aprendizaje)

229
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Chat 3.0: un enfoque integrado de la actividad


en contextos virtuales de aprendizaje
Lo dicho hasta aquí insta a pensar que se está en el filo de una autén-
tica revolución educativa, se trata de un proceso que, como ya se ha
señalado, exige profundizar el análisis acerca de lo que ocurre tanto
en las aulas de clase presenciales como en los entornos virtualizados
de aprendizaje. Hay desarrollos recientes que exigen repensar face-
tas de las teorías ecoculturales existentes y seguramente supondrán
desarrollos importantes para el futuro, vale la pena nombrar tres que
son muy interesantes.
En primer lugar, en filosofía se ha venido señalando la importan-
cia de tener en cuenta el desarrollo de normatividades situadas que
emergen en tiempo real en la interacción misma (Rietveld, 2008), en
el ámbito educativo los estudios de hecho coinciden en que los parti-
cipantes de actividades en línea desarrollan sus propias regulaciones
(Dennen, 2014; Poretski, Arazy, Lanir y Nov, 2021) inherentes a los
espacios de interacción virtual.
En segundo lugar, es necesario vincular la trayectoria histórica
de los aprendizajes en la escuela para situar los ambientes virtuales
de aprendizaje en contextos más amplios de interacción que inte-
gran al maestro y al aprendiz con una comunidad más amplia, esto
es, es necesario investigar de manera adicional la articulación entre
ambientes de aprendizaje en el seno de tradiciones socioculturales
complejas (Selber, 2020).
Finalmente hay que atender a las diferencias relacionadas con la
adopción de roles y con los compromisos adoptados por las personas en
la interacción en línea. Hay una cierta vinculación entre la asunción
del rol del participante y su perspectiva dentro de la dinámica de la
actividad conjunta, en esa medida los estilos, preferencias y actitudes
de maestros y estudiantes pueden ser muy importantes para entender
el funcionamiento de las prácticas educativas online, así como sus
transformaciones espaciotemporales a nivel sincrónico y diacrónico.

230
VOLVER A INICIO
La construcción ecointeractiva de conocimiento en los ambientes virtuales

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CAPÍTULO VII
H acia
la construcción
de una relación empática
entre la sociedad y
la naturaleza . U n aporte
interdisciplinario
a la P sicología A mbiental

Hernán Alberto Villa Orrego1


Nora Helena Villa Orrego2

1
Abogado de la Universidad de Antioquia. Economista de la Universidad
Autónoma Latinoamericana. Especialista en Derecho del Medio Ambiente
de la Universidad Externado de Colombia. Magíster en Ciencias Sociales:
Gerencia del Desarrollo Social de la Universidad de Antioquia. Maitrise
de Sciences de L’education de la Université Paris-Est Créteil (ex-Université
Paris 12). Doctor en Derecho Procesal Contemporáneo de la Universidad
de Medellín. Miembro del grupo de investigación Derecho y Sociedad, y
profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad
de Antioquia-UdeA, Calle 70 No. 52-21, Medellín, Colombia. Mail adress:
[Link]@[Link] Orcid: 0000-0003-4433-6553.
2
Comunicadora Social-Periodista y Doctora en Educación de la Universidad de
Antioquia (Colombia). Miembro del grupo de investigación Comunicación,
Periodismo y Sociedad, y profesora de la Facultad de Comunicaciones y Fi-
lología de la Universidad de Antioquia-UdeA, Calle 70 No. 52-21, Medellín,
Colombia. Mail adress: [Link]@[Link] Orcid: 0000-0001-9630-9894.
R esumen
El presente capítulo esboza una mirada a la relación entre la sociedad y la
naturaleza desde un enfoque interdisciplinario en el que la economía, el
derecho y la psicología se analizan a partir de sus interacciones con el medio
ambiente y el ser humano, identificando el momento en el que surgió y cómo
se ha incorporado la variable ambiental en cada una de estas disciplinas aca-
démicas y estableciendo de manera particular los posibles retos que tiene la
Psicología Ambiental para contribuir a la solución de los problemas del dete-
rioro ambiental y el cambio climático. Igualmente, plantea cómo la Psicología
Ambiental, a través de la educación y la comunicación, puede contribuir a
que cada individuo, grupos y comunidades, en el entorno en el que estén,
desarrollen sentimientos de empatía hacia la naturaleza y adopten compor-
tamientos orientados a favorecer el medio ambiente, entendiendo que es una
tarea necesaria y urgente, dadas las condiciones actuales de crisis ecológica.

Palabras clave: Psicología Ambiental, individuo, sociedad, derecho, econo-


mía, naturaleza, empatía, educación, comunicación, interdisciplinariedad,
cambio climático.

Introducción
El acelerado deterioro que ha sufrido el planeta tierra por cuenta de
la posición de supremacía del ser humano y de la explotación des-
bordada de los recursos naturales, actuando como si fueran infinitos

239
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

cuando en realidad no lo son, ha generado alrededor del mundo


consecuencias catastróficas visibles como la pérdida de biodiversidad,
la contaminación del agua, el aire, y el suelo, la deforestación, y el
cambio climático y sus desastres asociados como: cambios en los
patrones de precipitación, inundaciones, oleadas de calor, incendios
forestales, aumento de enfermedades tropicales, derretimiento de los
casquetes polares, elevación de los niveles del mar, erosión costera,
aumento en la frecuencia e intensidad de los huracanes, y despla-
zamientos humanos forzados, entre otros. En este sentido Clayton
(2019) sostiene: “Como el cambio climático transforma nuestro
mundo, será necesario igualmente transformar nuestra sociedad. El
bienestar humano está vinculado fundamentalmente con el bienestar
ecológico, y las personas están experimentando los efectos del cambio
en el clima global” (p. 168).
Algunos de estos problemas han requerido atención inmediata por
parte de los gobiernos, por la incidencia que han tenido en las pobla-
ciones; sin embargo, otros efectos devastadores, aunque se advierten
desde hace décadas, siguen siendo por ahora paulatinos y silenciosos,
y por tanto poco atendidos, posiblemente generan la impresión de
que solucionarlos da un poco más de espera, pero la realidad es que
queda poco tiempo para implementar estrategias positivas con similar
o mayor repercusión que las que han impactado negativamente hasta
el presente a todos los seres vivos que habitan el planeta. Esto solo se
logra, entre otras cosas, mediante un diálogo interdisciplinario que
contribuya al desarrollo de conductas prosociales y proambientales
en los individuos, grupos y comunidades pues “muchos problemas
comportamentales, tienen soluciones ambientales; también existe la
relación inversa: muchos problemas ambientales tienen soluciones
comportamentales” (Corraliza y Aragonés, 2002, p. 272).
Las personas, los colectivos sociales y las instituciones deben en-
frentar hoy una serie de compromisos y retos, relacionados todos con
la preservación del medio ambiente. Mantener relaciones adecuadas
con los demás individuos, con los colectivos, los entornos naturales,

240
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

propios de la ruralidad y en los contextos de actuación e interacción


frecuentes que tienen lugar en las grandes urbes, debe ser una meta
clara para cada persona; tal y como afirma Granada (2020) con res-
pecto al simbolismo que las personas le confieren al territorio “los
individuos adoptan conductas específicas según las construcciones
sociales que logran hacer a través del uso. En este sentido, los pro-
cesos subjetivos (i.e., conducta, emociones, conocimientos, juicios,
entre otros) interactúan con las propiedades físicas, sociales y aque-
llas atribuidas al medio ambiente” (p. 50). El punto de partida es la
toma de conciencia frente al lugar que ocupan los individuos en el
cuidado y conservación de todas las formas de vida del planeta tierra,
incluyendo la propia. Es preciso, siguiendo a Estenssoro (2010) tener
en consideración que: “la crisis ambiental ha dejado de manifiesto
la necesidad de protección de la naturaleza en su conjunto” (p. 68).
Como difícilmente es posible cuidar y conservar lo que no se
conoce y como hasta ahora los individuos y las sociedades pese a que
han experimentado ya algunos de los devastadores efectos globales
de fenómenos como el cambio climático, es necesario que a la par
de la consolidación, promoción y puesta en marcha de las agendas
gubernamentales en materia medioambiental, se emprendan tareas
diversas orientadas al reconocimiento de los ejes básicos, alrededor de
los cuales cada ciudadano pueda hacer un aporte a la conservación
y aprovechamiento empático y sostenible de los recursos naturales
disponibles en el presente; para ello es pertinente asumir que: “la
educación, entendida como una “educación transformadora orienta-
da hacia la sostenibilidad”, tiene un papel fundamental” (Álvarez y
Vega, 2009, p. 247).
La dura y compleja realidad de los problemas medioambientales
que se han enunciado, hacen relevante y pertinente el análisis de la
relación entre la sociedad y la naturaleza desde un enfoque interdis-
ciplinario en el que la economía, el derecho y la psicología tienen
como punto de confluencia sus interacciones con el medio ambiente
y el ser humano. La Psicología Ambiental debe enfrentar una serie

241
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

de desafíos para aportar a la solución de los problemas del deterioro


ambiental y el cambio climático; por esta razón, es preciso que, en
sinergia con distintas disciplinas, en especial con la educación y la
comunicación, la Psicología Ambiental logre que el comportamiento
humano se incline a favor del medio ambiente. En este orden de ideas,
Clayton (2019) sostiene que: “El reto del cambio climático solo puede
ser encontrado a través de la combinación de esfuerzos de científicos
de muchas disciplinas diferentes” (p. 171).
Para la elaboración del presente capítulo se lleva a cabo una in-
vestigación cualitativa basada en la búsqueda, selección y clasificación
de literatura especializada. Los criterios empleados para incluir o
no dichas referencias fueron los siguientes: 1) afinidad con el objeto
de investigación, 2) grado de pertinencia con relación a la temática
central del texto, 3) posibilidad para el análisis dinámico y crítico al-
rededor de las temáticas sobre las que versa el trabajo. Conviene decir
que una de las finalidades del presente capítulo es motivar al lector
a que desarrolle nuevas investigaciones en este campo y aprendiza-
jes significativos, mediante el cambio de actitudes con el propósito
esencial de encontrar nuevas rutas y alternativas para la solución de
los problemas ambientales.
El capítulo está compuesto por cinco partes: en la primera, se
aborda la Psicología Ambiental como punto de partida; en la segun-
da, se analiza la relación sociedad-naturaleza desde el Derecho, la
Economía y la Psicología; en la tercera, se presentan los retos de la
Psicología frente a los principales problemas del deterioro ambiental
y la contaminación; en la cuarta, se asume una postura interdiscipli-
naria desde la educación y la comunicación frente a los problemas
medioambientales, como un aporte a la Psicología Ambiental; y en
la quinta, se reflexiona sobre el medio ambiente como un territorio
sin límites que demanda compromisos individuales y colectivos, para
pasar de las ideas a la acción.

242
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

La Psicología Ambiental como punto de partida


Los desarrollos teóricos que se dan en las distintas ramas del conoci-
miento generalmente están asociados a las realidades, acontecimien-
tos, logros, retrocesos y, por supuesto, también crisis de toda índole y
problemas por resolver que van surgiendo en la sociedad. Lo mismo
ha ocurrido en el caso de la Psicología y de una de sus vertientes de
estudio; sobre el momento en el que dicha vertiente se formaliza y
la manera en la que emerge, puede decirse lo siguiente:

La Psicología Ambiental, cuyos períodos de institucionalización


y consolidación datan de las décadas del sesenta y setenta del
siglo pasado, respectivamente (Aragonés y Amérigo, 1998),
irrumpió en la escena pública como un campo de acción pro-
fesional interesado en un tipo particular de problemática social,
la relativa al ambiente (Piña y Zaragoza, 2003, p. 330).

Lo expresado en el párrafo anterior, se reafirma al evidenciar que


en ese momento histórico se presentaban, dentro de otras circuns-
tancias relevantes, los siguientes acontecimientos: 1) las presiones
sociales originadas en los movimientos pacifistas, como sucedió en
la Francia de mayo del 68, donde se da protagonismo a causas como
el ecologismo; 2) hace su aparición en la escena global, en 1972,
la publicación del informe denominado Los límites al crecimiento
económico que se realizó por parte de un grupo de investigadores
del Massachusetts Institute of Technology (MIT) bajo la dirección
de Donella Meadows, por un encargo que hiciera el Club de Roma3

3
“El Club de Roma surge de una primera reunión que tuvieron en 1968 un
grupo de científicos, académicos, investigadores, políticos, entre otras pro-
minentes personalidades, con la intención de hablar de los cambios que se
estaban produciendo en el planeta, como consencuencia de acciones humanas,
se institucionalizó en 1970 y en la actualidad realiza actividades propias del
objeto de su fundación” (Villa, 2013, p. 132).

243
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

a esta institución en 1970, en dicho informe se concluye que si: “el


actual incremento de la población mundial, la industrialización, la
contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los
recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los limites
absolutos de crecimiento en la tierra durante los próximos cien años”
(Meadows, Randers y Meadows, 2004, como se citó en Villa, 2013,
p. 132); 3) Se realiza la primera gran Cumbre de la Tierra de Esto-
colmo en 1972, reunión que fue convocada por la ONU y a partir
de la cual se marca una nueva etapa para enfrentar la problemática
ambiental a nivel global.
Esta serie de acontecimientos, eventos y publicaciones son la
manifestación de una realidad que ameritaba el surgimiento de áreas
específicas dentro de disciplinas o ciencias que ya existían desde hace
años atrás, unas con mayor antigüedad y otras más recientes. Estos
surgimientos no se dan de manera espontánea, están caracterizados
por antecedentes vinculados a la consolidación del área en particular,
es así como se dan una serie de eventos previos a que se pueda hablar
del nacimiento de una nueva rama de la Psicología, agotar todo ese
recorrido histórico sería una tarea amplia y no es el propósito del
presente escrito; sin embargo, a continuación se destacarán de ma-
nera resumida, referenciando a Valera (1996), dos hitos que pueden
ser significativos, el primero compuesto por dos desarrollos teóricos:
1) “Willy Hellpach publica en 1911 Geopsyche, donde analiza por
primera vez de forma rigurosa la influencia de fenómenos físico-am-
bientales sobre la conducta” (p. 15); 2) “Barker y Wright bajo el término
de Psicología Ecológica, fundan en 1947 la estación psicológica en
Midwest, Kansas, para estudiar en qué forma las situaciones ambien-
tales del mundo real afectan a la conducta de las personas (p. 16).
El segundo hito está vinculado con acontecimientos sociales:
la reconstrucción de las ciudades en la posguerra sumado al buen
momento económico de la década de 1960 trajo consigo el diseño
de espacios dedicados al bienestar humano dando origen a lo que se
conoció como psicología de la arquitectura, pero posteriormente las

244
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

crisis económicas sociales y ambientales de la década de los setenta


favorecieron su tránsito, como lo afirmó Enric Pol, hacia una Psico-
logía Ambiental o verde (Valera, 1996).
Una vez realizada la contextualización que dio origen al naci-
miento de la psicología ambiental, es importante hacer referencia a su
definición, objeto, objetivo, intereses investigativos, temas de estudio
y algunas perspectivas teóricas, con especial acento en aquellos que
estén más relacionados con los propósitos del presente trabajo; por lo
tanto, a continuación se presentan, inicialmente, algunas definiciones
representativas. Navarro (2005), plantea que:

La Psicología Ambiental se basa en el estudio de la relación del


individuo con el medio ambiente dentro del cual evoluciona.
El medio ambiente no es un espacio neutro y excepto de valo-
res, él es culturalmente marcado. El medio ambiente vehicula
significaciones que son parte integrante del funcionamiento
cognitivo y comportamental del individuo (p. 66).

Valera (1996) expone inicialmente algunos referentes impor-


tantes citando a varios autores, quienes con respecto a la definición
del objeto de la Psicología Ambiental coinciden al referirse a ella en
términos de: “búsqueda y análisis de las relaciones o interrelaciones
entre las personas y los entornos físicos (Russell y Ward, 1982; Ho-
lahan, 1982, 1986; Heimstra y McFarling, 1979; Stokols y Altman,
1987; Proshansky, 1990)” (p. 3); posteriormente, citando a (Stokols y
Altman, 1987, p. 1) establece que la Psicología Ambiental se refiere
al “estudio de la conducta y bienestar humanos en relación con el
entorno sociofísico” (p. 3). Finalmente, Valera presenta su propia
postura integrativa: “puede entenderse la Psicología Ambiental como
la disciplina que tiene por objeto el estudio y la comprensión de los
procesos psicosociales derivados de las relaciones, interacciones y
transacciones entre las personas, grupos sociales o comunidades y
sus entornos sociofísicos” (p. 4).

245
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

Siguiendo con el esquema propuesto, para Moser (2003):

El objetivo de la Psicología Ambiental es identificar los procesos


que regulan y median la relación del individuo con el medio
ambiente, poniendo en evidencia por una parte las percepcio-
nes, actitudes, evaluaciones y representaciones ambientales y
por la otra los comportamientos y conductas ambientales que
los acompañan. La Psicología Ambiental se interesa tanto a los
efectos de las condiciones ambientales sobre los comportamientos
y conductas, como a la manera en la cual el individuo percibe
o actúa sobre el ambiente (pp. 13-14).

Desde el punto de vista anterior se puede inferir que se presenta


una relación recíproca o bilateral, entre la sociedad y el medio am-
biente, inclinando de esta manera la balanza en favor de la perspectiva
teórica transaccional de la psicología ambiental, y es eso realmente lo
que se pone en evidencia ante la crisis ecológica actual, es claro que
en gran medida esta situación es consecuencia de las percepciones,
conductas y comportamientos de los seres humanos en el pasado y el
presente en relación con su entorno natural, y al mismo tiempo las
condiciones negativas derivadas del deterioro ambiental y el cambio
climático, están influyendo nocivamente a nivel psicológico en la
sociedad. Analizar estas relaciones y buscar soluciones para resolver
estos problemas será entonces una de las tareas más importantes de
la Psicología Ambiental. Al respecto Galán (2018) sostiene que:

Los científicos alertan de la necesidad de realizar mayores y


mejores investigaciones sobre los mecanismos por los que el
cambio climático provoca la aparición de enfermedades mentales,
y de esa forma poder llegar a afrontar desde esta perspectiva los
problemas. Si colaboramos todos en la disminución de la con-
taminación mejoraríamos la calidad de vida y la conservación
de nuestro planeta (p. 5).

246
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

En este mismo sentido, se desprende de la Psicología Ambiental


una gran variedad de intereses investigativos y de temas de estudio
dentro de los que se pueden referenciar: a) adaptación de las personas
a factores ambientales como la contaminación (del agua, el aire, los
suelos, sonora, olfativa, entre otras) y a las consecuencias del cambio
climático; b) percepción, cognición, representación y análisis de
significado ambiental, además de aspectos afectivos y emocionales
relacionados con los entornos sociofísicos y actitudes ambientales y
conducta ecológica responsable; y c) percepción del riesgo ambiental
y la relación entre Psicología Ambiental y problemas sociales (Valera,
1996).
Los problemas asociados a los factores de riesgo ambiental y sus
consecuencias sociales y económicas, son un tema de relevancia
fundamental por la situación a la que está expuesta la sociedad y los
ecosistemas del planeta, todo esto debido a problemas ambientales
tan graves y complejos como el cambio climático, la pérdida de bio-
diversidad, la deforestación, la contaminación y la escasez del agua
apta para el consumo humano y para los demás organismos vivos del
planeta, la disminución de la calidad del aire y de la tierra, la con-
taminación de los océanos y los problemas asociados a la seguridad
alimentaria, entre otros temas.
Del análisis anterior se desprende, que independiente de la
perspectiva teórica que se aborde, bien sea interaccionista, donde
la persona y el entorno se conciben como unidades separadas con
interacciones entre ellas, u organísmica, en la cual tanto la persona
como el entorno pasan a definirse como elementos dentro de un sis-
tema integrado con interacciones entre las partes, o la transaccional
(Valera, 1996), lo que si es cierto es que la Psicología Ambiental no
puede concebirse desde un enfoque eminentemente antropocéntrico;
al contrario, su finalidad debe estar también centrada en el cuidado
y protección de la naturaleza, no solo porque es útil al ser humano,
sino también por su valor intrínseco, más en la actualidad en la que
áreas del conocimiento como el derecho están reconociendo; en

247
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

muchos lugares del mundo, por vía constitucional y legislativa, y par-


ticularmente en Colombia por vía jurisprudencial4 ; a la naturaleza
como un sujeto de derechos, lo cual es completamente revolucionario
para un campo tan conservador como las ciencias jurídicas donde,
tradicionalmente, solo se reconocían como sujeto de derechos a la
persona natural o jurídica.
El camino en todo caso será actuar en el ser humano por ser
este sobre el cual recae directamente cualquier clase de intervención
psicológica que tenga como objetivo la consecución de conductas
proambientales, pero esto no debería ser una excusa para plantear
complementariamente una perspectiva ecocéntrica dentro de las fina-
lidades y propósitos de la psicología ambiental, de forma que se pueda
ver a través de su discurso, que su objetivo no solo es, la resolución
de una problemática ambiental porque el afectado es el ser humano,
sino que además de él, se debe estudiar e investigar, desde este nuevo
campo del saber psicológico, sobre el cuidado y la preservación de la
naturaleza por el valor que tiene en sí misma.

Una mirada a la relación sociedad-naturaleza


desde el derecho, la economía y la psicología
Independientemente de dónde y cuándo se pueda situar el nacimiento
de estas tres áreas del conocimiento, lo que para los propósitos de este
apartado y trabajo es innecesario, lo cierto es que el vínculo entre
ellas, en términos pragmáticos y como herramientas que favorecen
una relación entre la sociedad y la naturaleza, ha existido desde la

4
Al lector que desee profundizar en esta temática se le sugiere revisar una de
las sentencias hitos en la materia la cual es la T 622 de 2016 donde la Corte
Constitucional declara al río Atrato como sujeto de derechos, sin embargo,
esta no es la única decisión del ámbito jurisdiccional en este sentido en el país,
lo que sí es claro es que en tanto en Colombia como en los otros lugares del
mundo este tipo de desarrollos constitucionales, legales o jurisprudenciales
son muy recientes, aunque la doctrina ya había dado pasos en ese sentido
varios años atrás.

248
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Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

aparición del ser humano. Tal y como sucedía en las comunidades


primitivas y hasta el tiempo presente la sociedad ha tenido que trans-
formar, manipular, intervenir, afectar e impactar la naturaleza para
poder asegurar su supervivencia, para ello sin saberlo estaba haciendo
uso en la práctica de lo que en la actualidad se conoce como Derecho,
Economía y Psicología como disciplinas académicas o ciencias, y de
la manera que se presentan a continuación (Villa, 2017).
Los colectivos sociales desde los inicios de la humanidad se han
visto condicionados por la posibilidad de satisfacer sus necesidades,
obligatoriamente ponen en funcionamiento la lógica operativa de la
ciencia económica en la medida en que tienen que utilizar racional-
mente los recursos escasos que les suministra el entorno natural para
obtener los bienes y los servicios que necesita para sobrevivir.
De igual modo, la relación con las ciencias jurídicas será con-
comitante toda vez que este proceso estará sometido a una lógica de
comportamiento soportada en un conjunto de normas que, acordes
con un momento histórico, social y político, harán que las relaciones
sociales de producción se acepten como legalmente válidas para esa
población (Villa 2017, p. 52).
Finalmente, desde la Psicología se puede observar que la satis-
facción de las necesidad se constituye en el elemento que hace que
la persona se comporte o actúe de determinada manera frente a su
medio ambiente o entorno, al tiempo que en relación inversa, como ya
se mencionaba desde la perspectiva transaccional, la sociedad percibe
también a la naturaleza como un factor amenazante que puede poner
en riesgo su vida, no solo como consecuencia de la intervención al
que se ve sometido el entorno natural por la acción humana, sino
también por los riesgos derivados de los fenómenos naturales; esto
hizo que aunque el ser humano no lo supiera, estableciera estrategias
de adaptación al entorno y de afrontamiento frente a los peligros y
realidades antes descritas, además de lo que se conoce hoy en día co-
mo resiliencia, término que según el diccionario en línea de la RAE
(2020) significa: “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un

249
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

agente perturbador o un estado o situación adversos” y que desde la


Psicología supone la reorganización de los recursos psicológicos de
acuerdo con las nuevas realidades y requerimientos.
Lo anterior sirve de fundamento para asegurar que si a nivel
práctico la sociedad ha estado vinculada con la naturaleza a través
de estas disciplinas desde los inicios de la humanidad. A partir de la
dimensión teórica y académica esto también es una realidad, ahora
bien, esto no implica que se haya hecho de forma adecuada o que desde
sus concepciones teóricas se incluyeran las variables ambientales en
la visión de propender por una relación armónica entre la naturaleza
y la sociedad y es justamente esto lo que explica por qué cuando em-
piezan a surgir los problemas del medio ambiente, es cuando hacen
aparición los nuevos campos disciplinares del derecho ambiental,
la economía ambiental y la Psicología Ambiental, todos ellos con la
intención de empezar a dar solución a esta problemática, de allí la
coincidencia cronológica. Al igual que la psicología, el nacimiento del
derecho ambiental se ubica en 1972 con la realización de la Cumbre
de la Tierra en Estocolmo, inicialmente su desarrollo se dio en un
ámbito internacional, pero posteriormente de esa influencia se fueron
alimentando las distintas legislaciones ambientales a nivel nacional.
La relación de la economía con la naturaleza se puede rastrear
a mediados del siglo XVIII cuando los representantes de la escuela
de la fisiocracia determinaron que la fuente de toda riqueza era la
naturaleza por su capacidad de generar valor por sí misma mediante
la labor de la agricultura o cuando el economista clásico Thomas
Robert Malthus (1766-1834) planteó su tesis en la que establece que en
el largo plazo la disponibilidad de alimentos no sería suficiente para la
satisfacción de las necesidades de la población. Sin embargo, al igual
que las otras dos subdisciplinas, el origen de la economía ambiental,
con los desarrollos teóricos que se conocen en la actualidad, se da
aproximadamente a partir de la segunda mitad del siglo XX, como
consecuencia del afianzamiento del proceso de industrialización y

250
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Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

del aumento vertiginoso de los niveles de producción y consumo


(Villa, 2013).
Existe otro saber académico en el que se establece una relación
entre la naturaleza y la economía, se trata de la economía ecológica.
Los primeros antecedentes se pueden encontrar en la segunda mitad
del siglo XIX, con los planteamientos del médico ucraniano Sergei
Podolinsky (1850-1891), cuyo propósito era estudiar la economía
como un sistema de conversión de energía en el cual participan los
ecosistemas naturales y construidos en interacción con el hombre;
posteriormente a principios del siglo XX con el químico inglés Fre-
derick Soddy (1877-1956) quien recibió el Premio Nobel de Química
en 1921, el cual afirmaba que la vida dependía de la energía del sol,
la cual transformada por las plantas se constituía en fuente de rique-
za, y finalmente a quien se puede considerar uno de los principales
pioneros de la economía ecológica (Villa 2013), Nicholas Georgescu
Roegen (1906-1994), matemático, estadístico, y economista el cual
desarrolló la teoría de la termoeconomía al explicar las relaciones
entre termodinámica, entropía y economía (Martínez, 1994).
Hay una gran cantidad de entusiastas por abordar los temas eco-
lógico-económicos como el ecólogo Crawford Stanley Holling, con
sus ideas sobre la estabilidad y la resiliencia de los ecosistemas y su
aplicación al estudio de la biodiversidad, u otros como Joan Martínez
Alier, Herman Daly, Robert Constanza, José Manuel Naredo, Manfred
Max-Neef, entre muchos otros economistas, ecólogos y científicos de
las más variadas profesiones y aunque no sea posible establecer una
única síntesis por la pluralidad de sus planteamientos, si se podría
afirmar, a partir del marco teórico más general de la economía eco-
lógica, que esta considera que la economía debería funcionar como
un subsistema limitado y condicionado por un sistema mayor que es
el ecosistema, el cual es físico, global y finito (Villa, 2013).
Los planteamientos de la economía ecológica se distinguen sig-
nificativamente de la economía ambiental, toda vez que esta última

251
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

emplea la lógica de la economía convencional para proponer como


posible solución a la problemática ambiental la de internalizar las
externalidades negativas que genera el sistema económico, a través
de la lógica del mercado o mediante la imposición de impuestos y/o
la creación de incentivos tributarios, además mediante la asignación
de precios a los recursos naturales y la contaminación ambiental con
la aplicación de principios jurídicos como “el que contamina paga”
(Villa, 2013).
La construcción teórica de la economía ambiental es la que ha
soportado el desarrollo de la legislación ambiental. Todos los permisos
de aprovechamiento ambiental, las licencias y los planes de manejo
ambiental, entre otros instrumentos jurídicos fueron pensados en
esta lógica, mientras las consideraciones de la economía ecológica,
siendo más adecuadas para resolver el problema que hoy se enfrenta,
se quedan en la teoría y a lo sumo solo son puestas en práctica, par-
cialmente, por pequeñas comunidades que funcionan aisladamente
bajo la lógica de modelos de desarrollo alternativo; de hecho muchas
de ellas desconocen que están aplicando principios de la economía
ecológica. Para cambiar esa realidad es necesario unir esfuerzos de
muchas disciplinas y, sobre todo, concienciar a la sociedad, en este
sentido la Psicología Ambiental podría ser muy útil, y trabajando
coordinadamente con otros saberes como la educación y la comunica-
ción, contribuiría significativamente a orientar la acción humana para
lograr que las relaciones entre la sociedad y la naturaleza sean más
sensatas, ajustadas a las nuevas realidades y, sobre todo, armoniosas.
Todo lo anterior no quiere decir que las relaciones entre la socie-
dad y la naturaleza estén exclusivamente mediadas por el Derecho, la
Economía y la Psicología, de hecho, todas las áreas del conocimiento
tienen que ver con esta relación y cada vez será más creciente el sur-
gimiento de subdisciplinas con la inclusión de la variable ambiental,
en este sentido es importante tener presente que si de verdad se espera
contribuir en la solución de los problemas del medio ambiente, se
debe trabajar con un enfoque holístico e interdisciplinario.

252
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

En el campo de la Psicología Ambiental es importante establecer


que todas las perspectivas teóricas de la Psicología Ambiental son
importantes y aportan; sin embargo, y después de los planteamientos
presentados hasta ahora en este escrito, se puede inferir que si se
pretende generar un cambio para mejorar las relaciones sociedad-na-
turaleza se deberá trabajar en una combinación de las perspectivas
organísmica y transaccional, esto en razón a que como se ha podido
observar, los problemas ambientales y sus efectos sobre individuos,
grupos y comunidades, son complejos, sistémicos y estructurales, y
aunque para su posible solución requieran de un abordaje global,
también es necesaria la intervención local.

Retos de la psicología frente a los principales


problemas del deterioro ambiental y la contaminación
Es un hecho evidente que la actual crisis ecológica, incluido uno de los
problemas más significativos, el cambio climático, tiene sus orígenes
en el comportamiento humano y de manera particular en la forma
como el modelo económico dominante usa y valora a la naturaleza,
por lo tanto, parte de la solución implica necesariamente revisar, con
la finalidad de establecer cambios sustanciales en la organización
social, política, jurídica y económica, la forma en la que se realiza
la extracción de los recursos naturales, se producen, distribuyen y
consumen los bienes y servicios y se hace la disposición final de
residuos en todas las etapas del proceso. Obviamente esto implica
cambios en los estilos de vida de los individuos y en la percepción
y la conducta de la sociedad para con la naturaleza (Meira-Cartea,
González-Gaudiano y Gutiérrez-Pérez, 2018).
La contribución desde el punto de vista jurídico ha estado centrada
en la creación de un conjunto de normas que contengan y limiten
el comportamiento humano en la dirección de minimizar los daños
ambientales, el objetivo se ha cumplido parcialmente pues en la ac-
tualidad existen una gran cantidad de disposiciones jurídicas, tanto

253
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

a nivel nacional como internacional que apuntan a este propósito,


de hecho podría decirse que para cada problema ambiental existe un
orden normativo que lo regula; sin embargo, el problema se mantiene
en términos generales, lo que permitiría establecer que esta dificultad
no se ha solucionado, no por falta de normas, sino por la escasa o
nula voluntad en el cumplimiento de las mismas; además, el Estado
no tiene la estructura para vigilar y controlar que cada persona bien
sea natural o jurídica cumpla con la norma en materia ambiental.
De allí la importancia de que la Psicología Ambiental realice inves-
tigaciones y desarrolle teorías encaminadas a la modificación del
comportamiento, “sin embargo, todo esto será útil en la medida en
que los psicólogos trabajen con otros profesionales para comprender
el contexto geológico, técnico y político/legal” (Clayton, 2019, p. 171).
De lo anterior se concluye que se necesita un cambio en la
mentalidad y en la cultura para generar empatía en favor del medio
ambiente y combatir el cambio climático, independientemente de
las exigencias o imposiciones de orden legal y jurisprudencial, siendo
este uno de los principales retos, en términos generales de la psico-
logía ambiental. Para una mejor comprensión de esta aseveración,
basta citar un referente de suma importancia en la actualidad, en los
siguientes términos:

La articulación científica entre el cambio climático y la ciencia


del comportamiento o conducta permite que al direccionar
positivamente la acción cognitiva, conductual o actitudinal; se
contribuya a la comprensión y ejecución de acciones para reducir
o mitigar los riesgos del cambio climático (Valdéz, 2018, p. 178).

De igual manera, será también una tarea importante de la Psi-


cología Ambiental que la sociedad perciba más a la naturaleza en su
dimensión positiva, esto ayudará a que se le dé una valoración y una
significación diferente; es decir, centrada en el placer que se experi-
menta al disfrutar de un espacio natural con su fauna y flora nativa,

254
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

o el entusiasmo y la felicidad que se puede sentir por el esfuerzo en-


caminado a evitar la extinción de una especie, mediante las prácticas
de voluntariado ambiental, o por apreciar la belleza de un paisaje o
un atardecer, el aleteo de un colibrí, el correr de un río o un arroyo,
las hormigas exploradoras trazando rutas en el bosque, los sonidos de
las olas del mar que se escuchan desde la playa o el avistamiento de
ballenas, delfines u otros animales o el simple gozo de disfrutar de la
naturaleza y lo que ello puede significar en el bienestar de los mismos
ecosistemas y de los individuos, grupos y comunidades en relación
a la estabilidad emocional y/o al mantenimiento, promoción y hasta
recuperación de la salud mental, pues es importante tener presen-
te que “muchos problemas comportamentales, tienen soluciones
ambientales; también existe la relación inversa: muchos problemas
ambientales tienen soluciones comportamentales” (Corraliza y Ara-
gonés, 2002, p. 272).
Otro asunto del que se debe ocupar la Psicología Ambiental está
relacionado con la manera en que la sociedad percibe las cuestiones
ambientales, cómo las entiende y cómo se podría intervenir para lograr,
entre otras cosas, comportamientos proambientales. En este sentido,
es necesario tener presente que, si bien es cierto, todos los problemas
pueden ser identificables en una dimensión local, regional o global,
sus impactos tendrán repercusiones de tipo sistémico; es decir, la
contaminación de un río o la extinción de una especie u otro tipo de
alteración a la naturaleza en un lugar específico, pueden afectar el
equilibrio del ecosistema a nivel planetario, ahora bien, “problemas
ambientales más serios se perciben en los espacios globales y en ellos,
las personas se perciben con menor responsabilidad y sin posibilidad
de influir” (Cortés et al., 2002, p. 284).
Al observar la realidad presente y más de cara a problemas como el
cambio climático, se corrobora que esta percepción social se mantiene
y se entiende el porqué de la parálisis de la población para prevenir
un problema con consecuencias tan negativas para el ser humano y
los ecosistemas, como el aumento de las precipitaciones lluviosas, el

255
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

deshielo de los casquetes polares, la elevación en el nivel del mar,


las inundaciones, las oleadas de calor, el aumento de enfermedades
tropicales, la intensificación de fenómenos naturales como huraca-
nes, el desplazamiento de la población y en general todas las demás
afectaciones en el clima.
Esta realidad debe cambiar y es allí donde la Psicología Ambiental
requiere encontrar estrategias para que la sociedad tome conciencia
de que en sus comportamientos individuales está, en gran medida,
la causa de los problemas ambientales a nivel local y regional y
que la sumatoria de los mismos generan las crisis globales, cabría
hacerse la pregunta: ¿cómo lograr desde la Psicología que el ser hu-
mano comprenda que un problema global solo podrá resolverse con
el compromiso individual, familiar y comunitario? y que se consiga
encaminar el asunto de la percepción en la dirección de asimilar
que la naturaleza, tanto en su dimensión positiva (disfrute), como
negativa (adaptación y mitigación del cambio climático), no está tan
lejos, ni espacial, ni temporalmente y que en realidad está más cerca
de lo que se imagina o se percibe.
Considerando la importancia que reviste para la sociedad y para
el equilibrio natural de los ecosistemas la solución de la cuestión del
cambio climático y de lo significativo que es en la actualidad el aunar
esfuerzos para el cumplimiento del Acuerdo de París y de los Objetivos
de Desarrollo Sostenible (ODS), se puede plantear, lo que puede ser
una propuesta desde la psicología que contribuya a la comprensión
de las complejidades del problema, las cuales se presentan en cuatro
grandes ejes:

1) la comunicación del cambio climático, 2) el estudio de


creencias, actitudes, valores y conductas relacionadas con el
problema, 3) la identificación de facilitadores y barreras psi-
cológicas para la implementación de prácticas de mitigación y
adaptación y 4) los impactos del cambio climático en la salud
mental (Valdéz, 2018, p. 181).

256
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

Toda esta propuesta si bien pudiera estar soportada de manera


preferente en la psicología ambiental, como es evidente, también
necesitará de estrategias desde la educación y la comunicación.
A pesar de la importancia que reviste que detrás del discurso de
la Psicología Ambiental se pueda ver una perspectiva ecocéntrica
y no eminentemente antropocentrista, es necesario advertir que si
se anhela resolver el problema del deterioro ambiental, se requiere
trabajar conjuntamente, en la reducción y posterior eliminación de
la pobreza en el mundo, pues es muy complejo que una persona
pueda comprender que es necesario aprovechar correctamente los
recursos naturales y conservar el medio ambiente cuando no ha po-
dido satisfacer adecuadamente sus necesidades básicas; más aún, en
las actuales circunstancias por las que atraviesa el mundo por cuenta
de la pandemia generada por la COVID-19, la cual paradójicamente
también en parte es producto de la forma como el ser humano ha
violentado los ecosistemas del planeta. En este sentido cobra especial
valor traer a colación las palabras de los Premios Nobel de Economía
de 2019, Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo:

La pobreza nos ha acompañado durante muchos miles de años;


si tenemos que esperar cincuenta o cien años para ver su fin así
será, al menos podemos dejar de fingir que hay alguna solu-
ción sencilla y, en su lugar podemos unir nuestras manos a las
de millones de personas bienintencionadas de todo el mundo
–cargos electos y funcionarios, maestros y trabajadores de ONG,
académicos y empresarios– en la búsqueda de muchas ideas
grandes y pequeñas, que algún día nos llevarán a ese mundo en
el que nadie tenga que vivir con 99 centavos al día (Banerjee
y Duflo, 2019, p. 334).

Todo lo mencionado en los párrafos anteriores se constituye


en los insumos necesarios para que la sociedad pueda contemplar
la posibilidad de transitar hacia un nuevo modelo de desarrollo

257
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

alternativo y si bien es cierto que se requieren cambios legislativos,


también es claro que es preciso aumentar la sensibilidad, empatía
y amor por la naturaleza en el conjunto de la sociedad y para ello
es importante que la Psicología Ambiental desarrolle estrategias de
intervención psicosocial, de tal forma que desde la base de los movi-
mientos sociales y populares pueda ejercerse presión para impulsar
los cambios que sean necesarios en materia legislativa, así como para
el cumplimiento de las normas ya existentes y las nuevas, el diseño
de las políticas públicas y sobre todo la concientización por parte de
la población (personas de todas las edades, funcionarios (as) públicos
(as), profesores (as), líderes y lideresas comunitarios (as) y empresarios
(as), entre otros actores sociales) para hacer los ajustes necesarios en
sus modos de producción y de consumo y en sus estilos de vida. To-
do esto requerirá que los individuos, grupos y comunidades reciban
el mensaje de forma correcta y lo pongan en práctica, es allí donde
la Psicología Ambiental deberá tomar las herramientas con las que
cuenta la educación y la comunicación.

Una postura interdisciplinaria desde


la educación y la comunicación frente
a los problemas medioambientales,
un aporte a la Psicología Ambiental
Como puede verse, el medio ambiente ha sido objeto de interés por
parte de gobiernos locales, nacionales y de las organizaciones que se
ocupan de esta temática a nivel global; también ha generado inquie-
tud en organizaciones e investigadores de diversas áreas y campos
del conocimiento. Sin embargo, para identificar, comprender y tra-
tar de aportar a la solución de los problemas medioambientales de
una manera efectiva, duradera y con altos niveles de sensibilidad, es
pertinente hacerlo desde una perspectiva interdisciplinaria. De esta
forma, la exploración que se ha llevado a cabo desde cada disciplina,
y las conclusiones y propuestas que se derivan de dicho proceso,

258
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

podrían tener repercusiones positivas y tangibles en los individuos y


en la sociedad en su conjunto, mediante la diversidad y originalidad
de posturas compartidas, la pluralidad de voces, la fusión de ideas,
la expansión de sentidos, sentires e interpretaciones.
Si bien los temas medioambientales ocupan actualmente un
lugar relevante en la dinámica noticiosa y legislativa a nivel nacional
e internacional, y que “la “cuestión ambiental” ya no es solo un re-
ferente de estudio para los grupos profesionales especializados, sino
que ha entrado de lleno en la agenda de las preocupaciones sociales
e, incluso, personales” (Corraliza y Aragonés, 2002, p. 271), todavía
es necesario elevar los niveles de conciencia de los ciudadanos de a
pie frente a esta temática y ayudarlos a comprender su impacto en
la vida diaria presente y futura. Lograr este objetivo parece posible y
cercano si se le apuesta a la construcción de una relación empática
entre los individuos, la sociedad y la naturaleza. La interdisciplina-
riedad podría darle a la Psicología Ambiental el soporte que requiere
para producir impactos significativos a este nivel.
Considerando que la Psicología Ambiental “se ha definido como
la disciplina que estudia las relaciones recíprocas entre la conducta de
las personas y el ambiente sociofísico tanto natural como construido”
(Amérigo y Aragonés, 2000, p. 26, como se citó en Sevillano, 2007,
p. 174) y que hay dimensiones de las referidas relaciones recíprocas
que también conciernen a otras disciplinas, podría inferirse que posi-
blemente hay un terreno fértil para que un diálogo interdisciplinario
sobre el medio ambiente rinda sus frutos positivos. En este sentido,
para hacerse a una idea de cuán amplio puede ser el abanico de
posibilidades de reflexión y actuación sobre el medio ambiente, es
oportuno mencionar que para Sevillano (2007):

La vertiente más psicológica de la investigación llevada a cabo


sobre la preocupación por el medio ambiente, agrupando en
este término trabajos sobre actitudes ambientales, conducta

259
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

pro-ambiental, percepción de la problemática ambiental y creen-


cias y valores ambientales, ha ido en aumento (p. 14).

A continuación, se ilustra a manera de ejemplo el beneficio que


podría acarrear para el medio ambiente el diálogo interdisciplinario
que se propone en el marco del presente trabajo, desde la educación,
la comunicación y los medios, teniendo como eje articulador a la
psicología ambiental.

La educación, de cara al compromiso individual


y colectivo en la lucha contra el cambio
climático y el deterioro ambiental

La lucha contra el cambio climático y el deterioro ambiental supone


que cada individuo y grupo social reconoce muy bien en qué consiste
su aporte y que desarrollen sentimientos que les permitan valorar y
apreciar la naturaleza, que sientan empatía hacia el medio ambiente.
La empatía conduce al individuo a cuidar a alguien diferente de sí
mismo (Sevillano, 2007), también puede entenderse como “la reac-
ción emocional de un observador debido a la percepción de lo que
el otro está experimentando” (Stotland, 1969, p. 272, como se cita en
Sevillano, 2007, p. 24). Aunque hay diversas acepciones “la mayoría
de los autores han definido la empatía en relación a las respuestas
de un individuo que observa los sentimientos de otro” (Preston y de
Waal, 2002, como se citó en Sevillano, 2007, p. 25).
La crisis climática y el deterioro del medio ambiente en la esfera
mundial es generada por todos y cada uno de los habitantes del pla-
neta, directa o indirectamente, y está claro que de manera incons-
ciente, producto del desconocimiento, la omisión o la indiferencia;
por tanto, combatirla no es solo un compromiso de los gobiernos o
de algunos colectivos. Aunque en el entorno escolar se les habla a
los niños y niñas de la importancia de cuidar el medio ambiente,
dadas las actuales condiciones de deterioro medioambiental que se

260
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

presentan alrededor del mundo podría pensarse que este ejercicio


de concienciación ambiental debe llevarse a cabo previamente y de
manera más enfática, en el hogar. Antes de ingresar en el colegio
los niños y niñas deben desarrollar ciertos niveles de empatía con
la naturaleza y estar familiarizados con el cuidado de los recursos
naturales; así, el aproximarse a las primeras lecciones vitales está a
cargo de sus padres.
Una investigación permite evidenciar que la familia tiene un
impacto en la formación ambiental de los menores: “ya sea de forma
positiva (cuando se desarrolla el sentido de pertenencia hacia los
recursos naturales) o de forma negativa (cuando la influencia es per-
misiva en el uso de los recursos naturales en el hogar)” (Galvis, 2009.
p, 106), es evidente que la familia juega un papel fundamental en la
relación que establecen los niños y niñas con los recursos naturales
y su uso adecuado. La mayoría de los progenitores desean brindar a
sus hijos las mejores condiciones posibles de bienestar; infortunada-
mente explicarles que la supervivencia de los animales, las plantas y
todas las personas dependen de la conservación y cuidado del medio
ambiente, y asegurarse de que lo interioricen, no parece figurar dentro
de sus preocupaciones o responsabilidades, posiblemente porque ellos
mismos no tienen esos niveles de conciencia.
Para contribuir a que las generaciones presentes y venideras sean
respetuosas y cuidadosas con los recursos naturales y con el medio
ambiente es necesario volver a la familia como núcleo de la sociedad
y espacio de formación, desde la cual se aprenden valores y compor-
tamientos, se comparten sentimientos, se experimentan vivencias,
se adquieren hábitos. En la familia es posible fortalecer la gestión
ambiental (Galvis, 2009). Además, de la necesidad de alfabetizar a
las familias, urge una educación intergeneracional sobre los recursos
naturales, orientada a que todos los ciudadanos con independencia
de su edad los reconozcan, los identifiquen en su entorno y valoren
su importancia dentro y fuera de los contextos escolares.

261
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

La educación como proceso de formación permanente busca el


desarrollo integral de los seres humanos; es decir, la adquisición de
conocimientos, pero a la vez, de hábitos, valores, actitudes, aptitudes,
habilidades y destrezas que posibiliten la capacidad del educando para
enfrentarse a su realidad cotidiana (Velásquez, 2005, p. 122).
Si bien los niños y niñas pueden aprender en el colegio los aspectos
básicos relacionados con esta temática, si no cuentan con las bases o
el refuerzo necesario en sus hogares (espacios idealmente amigables
con el medio ambiente y con la conservación de los recursos naturales
en los que los menores validan lo aprendido en la escuela mediante
modelos de conducta positivos), posiblemente no logren ser adoles-
centes, adultos y futuros padres responsables y empoderados con este
asunto. En este sentido, para Andrade y Gonzales (2019):
Conocer la forma como los adolescentes piensan acerca de lo
ecológico, encontrar la razón de sus encuentros con otros ecosiste-
mas y las actitudes de estos para con la naturaleza puede enseñar
a los adultos no solo nuevas formas de recuperar el contacto con la
naturaleza, sino que también, puede concebir acciones de búsqueda
de solución ante las falencias educativas, que limitan las acciones de
prosocialidad, protección y respeto por el medio ambiente (p. 115).
La educación en todas las etapas de la vida tiene un rol estratégico
en esta tarea de gran envergadura, pero es preciso que la Psicología
Ambiental trabaje a su lado para que los aprendizajes vitales de los
individuos sobre esta temática no sean momentáneos y puedan
acompañarlos a lo largo de toda su existencia. Es inaceptable que
alrededor del mundo los ciudadanos sigan viendo de lejos los estragos
del cambio climático y del deterioro ambiental, como si se proyecta-
ran en una gran pantalla y no tuvieran nada que ver con ellos. Eso
puede cambiar, de manera progresiva pero contundente, si se tiene
claro que todas las disciplinas ayudan de alguna manera a pensar y
a comprender las realidades y el entorno; pero que la Psicología Am-
biental podría ayudar, además, al ser humano a sentir y a encontrar
su lugar en el mundo. Un punto de conexión entre la educación y la

262
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

psicología está en que ambas disciplinas están interesadas en la con-


ciencia, si se entiende que “conocimientos, percepciones, conductas
y actitudes son dimensiones que, en conjunto, conforman el concepto
de “conciencia”. La conciencia contribuye a la formación integral de
la persona, a su educación a todos los niveles” (Gomera, 2008, p, 2).

La comunicación, estrategia para promover


las conductas a favor del medio ambiente

Desarrollar en la sociedad empatía hacia la naturaleza, analizar cómo


está dialogando la sociedad de consumo con el medio ambiente, saber
si los individuos escuchan su voz o no, en la actualidad ha dejado
de ser importante para convertirse en un asunto vital. La Educación
Ambiental (EA) reviste una enorme responsabilidad social, pues como
afirma Avendaño (2012):

La EA establece discursos que proyectan cambio en los valores y


sensibilidades orientados a las actividades humanas en relación
con el ambiente, originando una conciencia crítica para anali-
zar los procesos socioambientales y sus consecuencias para las
condiciones futuras del planeta, concibiendo actos éticos que
demanda el desarrollo sustentable y solidario (p. 105).

Si los individuos exhiben conductas o comportamientos proam-


bientales, es posible hacer más amable la relación sociedad natura-
leza, en la perspectiva de alcanzar un modelo de desarrollo integral
alternativo. La comunicación en clave de psicología ambiental, debe
promover las interacciones sociales sanas y sostenibles. Desde este
campo de estudio:

Las respuestas empáticas se han visto como respuestas desarro-


lladas debido a las demandas provocadas por vivir en grupos
(Preston y de Waal, 2002). Más allá, las respuestas empáticas se

263
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

han propuesto como respuestas instrumentales para la formación


y mantenimiento de los vínculos sociales (Anderson y Keltner,
2002) (Sevillano, 2007, p. 26).

De lo anterior puede inferirse que la empatía impulsa y facilita la


consolidación de vínculos sociales de los que a su vez podrían derivarse
relaciones estrechas entre las personas y la naturaleza, fortalecidas por
una dinámica de transacción, gracias a la comunicación empática,
caracterizada por la escucha atenta, ya que resulta fundamental que
los seres humanos aprendan a escuchar a la naturaleza y a comunicarse
adecuadamente con ella. Al final de esta reflexión aparece una luz
de esperanza, si emergen sociedades en las que los individuos sean
más empáticos entre sí, también es posible que lo sean con el medio
ambiente, por lo cual evitarán causarle daño, especialmente cuando
“es posible considerar que aquello que sostiene la actitud proambiental
es la confianza en la recuperación del medio ambiente y el criterio
personal frente a las opiniones generales, seguido de la preocupación
social e individual” (Andrade y Gonzales, 2019, p. 114).

Los medios de comunicación, canales


para impulsar y monitorear la protección
y la conservación del medio ambiente

Los medios de comunicación podrían emprender una cruzada infor-


mativa y formativa para ayudar a los individuos y a la sociedad a ver
los problemas medioambientales e intervenir en su solución; pero
lograr que los individuos y comunidades tengan empatía con otras
personas y grupos sociales que comparten los mismos problemas, es
más un frente de la psicología ambiental, en tanto:

Los modos en los que la empatía fortalece los vínculos sociales,


según Anderson y Keltner (2002), han sido: a) la coordinación
de las acciones de los individuos de una forma rápida que

264
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Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

permite una respuesta efectiva como colectivo; b) la ayuda a la


comprensión de los pensamientos y sentimientos de los otros; y
c) la muestra de solidaridad (Sevillano, 2007, p. 26).

Con el apoyo de los medios de comunicación tradicionales,


alternativos y de las Tecnologías de la Información y la Comunica-
ción (TIC), los individuos y las comunidades pueden hacer valer su
derecho a la información, informarse permanentemente sobre los
problemas medioambientales más cercanos y comprenderlos mejor,
teniendo como meta el empoderamiento; de esta manera, estaría a
su alcance: 1) hacerle un seguimiento a los problemas registrados por
los medios y también a las soluciones que pudieran llegar a plantear
las autoridades competentes en cada caso; 2) fortalecer las veedu-
rías ciudadanas a favor de la protección y conservación del medio
ambiente; 3) visibilizar liderazgos individuales y colectivos, sostener
los ya existentes y consolidar otros nuevos; 4) desarrollar en las per-
sonas y en la sociedad empatía hacia la naturaleza, hasta lograr que
las temáticas medio ambientales sean una “tendencia glocal”, más
allá de las redes sociales; y 5) estimular procesos de voluntariado y
participación ambiental.

La percepción que las personas tienen de las problemáticas


medioambientales se deriva no solo de la valoración que hacen
los pobladores de un lugar determinado sobre su entorno sino
también de lo que otros canales como internet les han permi-
tido reconocer, como lo señala un estudio cuyos resultados
muestran que:

La percepción social de las problemáticas ambientales de estu-


diantes universitarios, especialmente de universidades de educación a
distancia, está influenciada por la información difundida en medios de
comunicación de fácil y rápido acceso, como internet. La percepción

265
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

de los estudiantes aporta información relevante para identificar pro-


blemáticas ambientales de su localidad (Ramírez, 2015, p. 307).

El medio ambiente, un territorio sin linderos


que obliga a los individuos y a la sociedad
a pasar de la reflexión a la acción

Difícilmente se puede negar que hay una preocupación glocal y


generalizada por el medio ambiente y eso es un paso importante; sin
embargo, como especie, el tiempo se agota para pasar de la reflexión
a la acción. Pierde todo sentido continuar sumidos en la preocupación
y la indiferencia o en la construcción de propuestas y estrategias si
no se materializan y asumen compromisos individuales que muevan
a la acción.
Es urgente, desde el punto de vista práctico, tender puentes en-
tre disciplinas que posibiliten el trabajo individual y colaborativo en
los entornos formales de educación; por ejemplo, en los colegios los
estudiantes podrían analizar, de manera transversal a las distintas
áreas del currículo y apoyándose en las noticias que se divulgan a
través de diversos medios de comunicación, el origen y evolución de
los problemas medioambientales locales y mundiales y sus posibles
soluciones. Si bien parece no ser una idea novedosa, su carácter de
originalidad podría aportar la psicología ambiental, como soporte
dinámico de las reflexiones que tuvieran lugar en las aulas. La familia,
la escuela y los centros de formación quedan con tareas pendientes,
por ejemplo, a nivel universitario un “gran desafío es la inclusión de
cursos básicos y electivos en los programas de psicología, la creación
de programas de posgrado (especialización, maestría y, porque no,
doctorados) y la oferta de formación continuada (cursos, talleres,
seminarios, diplomados, etc.)” (Sierra-Barón, 2020, p. 32).
Mejorar la calidad del agua, tener un mejor aire, que las distin-
tas especies disfruten de un hábitat sano y que el ser humano tenga

266
VOLVER A INICIO
Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

una mejor salud integral, es un compromiso de todos. Como afirma


Gomera (2008):

El fin de toda acción de educación ambiental es facilitar la


resolución de un determinado problema ambiental. La con-
ciencia ambiental del individuo determina sus decisiones en
este ámbito, por lo que analizarla, diagnosticarla y desarrollar
herramientas para potenciarla constituye un paso básico a la
hora de diseñar e implementar planes y programas eficientes
de educación ambiental (p. 7).

Los medios de comunicación hoy más que nunca deben asumir


la parte de la tarea educativa que les corresponde, para apoyar el
compromiso de la familia y el liderazgo de la educación formal, lo
que evidencia la necesidad del trabajo en múltiples sentidos de la
educación, la comunicación, el derecho, la economía y la psicología,
entre otros saberes.

Conclusiones
Entre la Economía, el Derecho y la Psicología siempre han existido
vínculos cuando se trata de analizar las relaciones que se han esta-
blecido entre las personas y la naturaleza a lo largo de la historia de
la humanidad. Esto sucedía aun cuando las comunidades primitivas
desconocían la existencia de estos saberes tal y como se conocen en
la actualidad, hecho apenas evidente si se corrobora la relación entre
necesidades, escasez de recursos, conductas dirigidas a la satisfacción
y a la sobrevivencia, y la consecuente afectación a la naturaleza, todo
ello dentro de un esquema regido por unas normas no escritas.
Los acontecimientos que dieron lugar al nacimiento y posteriores
desarrollos teóricos de la economía ambiental, la Psicología Ambien-
tal y el Derecho Ambiental, están marcados por una coincidencia
temporal y espacial, pues el surgimiento de los problemas derivados

267
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas

del deterioro ambiental motivó que en cada una de estas áreas del
conocimiento se empezaran a gestar, paulatinamente, distintas ver-
tientes conceptuales con el propósito de reflexionar sobre las posibles
soluciones a estas problemáticas.
La Psicología Ambiental enfrenta una gran variedad de retos en
el siglo XXI como: aumentar los niveles de conciencia ambiental
para que la sociedad asuma mayores compromisos relacionados
con conductas proambientales y sociales, independientemente de
la legislación existente; perciba los riesgos inherentes al deterioro
ambiental y en especial al cambio climático como algo más próximo
de lo que se imagina, en relación con el tiempo y el espacio, y así
asuma conductas dirigidas a su prevención, mitigación y adaptación.
De esta manera, se estaría posibilitando el tránsito hacia un modelo
de desarrollo económico y social alternativo que permita relaciones
más armoniosas entre la sociedad y la naturaleza.
La Psicología Ambiental, enriquecida con análisis y desarrollos
emanados del Derecho, la Economía, la Educación y la Comuni-
cación, así como de otras posturas y perspectivas provenientes de
diversas áreas del conocimiento, puede constituirse en una apuesta de
pensamiento y sensibilidad con enfoque interdisciplinario que apunte
al cambio de percepciones, actitudes, conductas y comportamientos
en los individuos, para el fomento y promoción de una relación em-
pática con la naturaleza.
La Psicología Ambiental puede apoyarse en distintas disciplinas,
en el marco de una dinámica de interacción respetuosa, creativa y
aperturista que le permita incidir favorablemente en el individuo y
en la sociedad, a través de distintos frentes como la educación y la
comunicación, y contribuir significativamente a la solución de los
principales problemas ambientales que enfrenta la humanidad y los
ecosistemas del planeta.

268
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Hacia la construcción de una relación empática entre la sociedad y la naturaleza

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Los procesos de estructuración teórica en las áreas
y disciplinas científicas trascienden las barreras
geográficas; junto con las particularidades
históricas y contextuales, estas estructu-
raciones caracterizan los desarrollos
académicos en las regiones. El libro
PSICOLOGÍA AMBIENTAL:
Experiencias, diálogos y pers-
pectivas académicas contiene
contribuciones de la Psicolo-
gía Ambiental en Colombia,
que aportan a la comprensión
de la Psicología Ambiental en
Latinoamérica. Su orientación
inicia con una conceptualiza-
ción de la Psicología Ambiental
y su rol protagónico en los tiempos
de hoy; seguidamente, se presentan
aportes sobre la comprensión de las
percepciones sobre microcontaminan-
tes, la habitabilidad del espacio público
urbano, el desapego territorial, el estudio del
Lugar y las dinámicas de las relaciones entre la
sociedad y la naturaleza.

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