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Lectura 2

En una tensa noche de baile, Travis interrumpe la interacción entre la protagonista y Brad, mostrando su celosía de manera agresiva. A pesar de la resistencia de la protagonista, Travis la lleva a su coche, donde se desata una discusión sobre sus sentimientos y la relación entre ambos. La protagonista se siente atrapada y frustrada, mientras Travis intenta mantener el control de la situación.
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Lectura 2

En una tensa noche de baile, Travis interrumpe la interacción entre la protagonista y Brad, mostrando su celosía de manera agresiva. A pesar de la resistencia de la protagonista, Travis la lleva a su coche, donde se desata una discusión sobre sus sentimientos y la relación entre ambos. La protagonista se siente atrapada y frustrada, mientras Travis intenta mantener el control de la situación.
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Unas cuantas parejas nos siguieron, observándome de cerca a la espera de ver lágrimas o

alguna otra respuesta a la invectiva de Travis. Procuré poner una cara relajada, negándome a
darles lo que querían. Dimos unos cuantos pasos de baile tensos, y Brad suspiró: —Eso ha sido
bastante… raro. —Bienvenido a mi vida. Travis se abrió paso entre las parejas de la pista de
baile. Se detuvo a mi lado y tardó un momento en recobrar el equilibrio. —Voy a cortar esto.
—No, desde luego que no, ¡Dios mío! —dije, negándome a mirarlo. Después de un momento
de tensión levanté la mirada y vi a Travis fulminando con la mirada a Brad. —Si no te apartas
ahora mismo de mi chica, te rajaré la puta garganta. Aquí mismo, en la pista de baile. Brad no
sabía qué hacer, y su mirada pasaba de mí a Travis nerviosamente. —Lo siento, Abby —dijo él,
apartando los brazos lentamente de mí. Se retiró a las escaleras y yo me quedé de pie,
humillada. —Lo que siento ahora mismo por ti, Travis…, se acerca mucho al odio. —Baila
conmigo —me rogó, balanceándose para no caerse. La canción acabó y suspiré aliviada. —Vete
a beber otra botella de whisky, Trav. Me di media vuelta y me puse a bailar con el único chico
sin pareja de la pista de baile. El ritmo era más rápido, y sonreí a mi nuevo y sorprendido
compañero de baile, mientras intentaba ignorar que Travis estaba solo a unos metros detrás
mí. Otro hermano Sig Tau empezó a bailar detrás de mí, cogiéndome por las caderas. Lo cogí
por detrás y lo acerqué más a mí. Me recordó a cómo bailaban Travis y Megan esa noche en el
Red, e hice lo posible por recrear la escena que tantas veces había deseado poder olvidar.
Tenía dos pares de manos en casi todas las partes de mi cuerpo: la cantidad de alcohol que
llevaba en el cuerpo me hacía más fácil ignorar mi timidez. De repente, me levantaron en el
aire. Travis me colocó sobre su hombro, al mismo tiempo que empujaba a uno de sus
hermanos de hermandad con tanta fuerza que lo tiró al suelo. —¡Bájame! —dije, golpeándole
con los puños en la espalda. —No voy a permitirte que te pongas en evidencia a mi costa —
gruñó él, subiendo las escaleras de dos en dos. Todo aquel junto al que pasábamos se quedaba
mirando cómo daba patadas y gritaba, mientras Travis me llevaba a cuestas. —¿Y no te parece
—dije mientras me debatía— que esto nos pone en evidencia? ¡Travis! —¡Shepley! ¿Está
Donnie fuera? —preguntó Travis, esquivando los movimientos sin sentido de mis
extremidades. —Eh…, pues sí —respondió. —¡Bájala! —dijo America, dando un paso hacia
nosotros. —¡America! —dije retorciéndome—. ¡No te quedes ahí sin más! ¡Ayúdame! Su boca
se curvó hacia arriba y se rio. —¡Estáis ridículos! Arqueé las cejas al oír sus palabras,
conmocionada y enfadada porque le pareciera que aquella situación pudiera tener algo de
divertida. Travis se dirigió a la puerta, mientras yo la fulminaba con la mirada. —¡Muchas
gracias, amiga! El aire frío golpeó las zonas de mi cuerpo que llevaba al aire y protesté más
fuerte. —¡Bájame, maldita sea! Travis abrió la puerta de un coche y me lanzó al asiento
trasero, antes de sentarse a mi lado. —Donnie, ¿eres tú el encargado de conducir esta noche?
—Sí —respondió nervioso, mientras me observaba debatirme por escapar. —Necesito que nos
lleves a mi apartamento. —Travis…, no creo… La voz de Travis sonaba controlada, pero
amenazadora. —Hazlo, Donnie, o te clavaré el puño en la parte trasera de la cabeza, lo juro
por Dios. Donnie quitó el freno de mano, mientras yo me lanzaba a por la manilla de la puerta.
—¡No pienso ir a tu apartamento! Travis me cogió por una de las muñecas y luego por la otra.
Me incliné para morderle el brazo. Cerró los ojos y, cuando hundí los dientes en su carne, un
gruñido bajo se escapó de sus mandíbulas apretadas. —Haz lo que quieras, Paloma. Estoy
cansado de tu mierda. Solté su piel y sacudí los brazos, luchando por liberarme. —¿Mi mierda?
¡Déjame salir de este puto coche! Se acercó mis muñecas a la cara. —¡Te amo, maldita sea!
¡No vas a ninguna parte hasta que estés sobria y dejemos las cosas claras! —¡Tú eres el único
que tiene que aclararse, Travis! —dije. Finalmente, me soltó las muñecas; yo me crucé de
brazos y puse mala cara el resto del trayecto. Cuando el coche aminoró la velocidad en una
señal de stop, me incliné hacia delante. —¿Puedes llevarme a casa, Donnie? Travis me sacó del
coche agarránd

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