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Fallo

La Cámara Civil de Buenos Aires revisó el caso 'Ortega Castro c/ Pereyra', donde se apeló una sentencia que otorgó una indemnización de $1.438.000 por daños y perjuicios. Los jueces concluyeron que las críticas de los apelantes no cumplían con los requisitos legales para ser consideradas y que no presentaron argumentos sólidos para cuestionar la decisión del juez de primera instancia. En consecuencia, se propuso declarar la deserción de las quejas y mantener la sentencia original.

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Fallo

La Cámara Civil de Buenos Aires revisó el caso 'Ortega Castro c/ Pereyra', donde se apeló una sentencia que otorgó una indemnización de $1.438.000 por daños y perjuicios. Los jueces concluyeron que las críticas de los apelantes no cumplían con los requisitos legales para ser consideradas y que no presentaron argumentos sólidos para cuestionar la decisión del juez de primera instancia. En consecuencia, se propuso declarar la deserción de las quejas y mantener la sentencia original.

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Poder Judicial de la Nación

CAMARA CIVIL - SALA A

“Ortega Castro, Gonzalo c/ Pereyra, Daniel Osvaldo y otro s/


daños y perjuicios”

Expte. n.° 43.866/2015


Juzgado Civil n.° 55

En la ciudad de Buenos Aires, capital de la República


Argentina, a los días del mes de marzo del año dos mil
veinticuatro, reunidos en acuerdo –en los términos de los arts. 12 y 14
de la acordada n.° 27/2020 de la C.S.J.N.– los señores jueces de la
Sala “A” de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil,
para conocer en los recursos de apelación interpuestos en los autos
caratulados: “Ortega Castro, Gonzalo c/ Pereyra, Daniel Osvaldo
y otro s/ daños y perjuicios”, respecto de la sentencia de fecha 3/10
/2022, se establece la siguiente cuestión a resolver:
¿SE AJUSTA A DERECHO LA SENTENCIA
APELADA?
Practicado el sorteo, resultó que la votación debía
realizarse en el siguiente orden: señores jueces de cámara doctores:
SEBASTIÁN PICASSO – CARLOS A. CALVO COSTA –
RICARDO LI ROSI
A LA CUESTIÓN PROPUESTA, EL DR.
SEBASTIÁN PICASSO DIJO:
I.- La sentencia dictada con fecha 3 de octubre de
2022 hizo lugar parcialmente a la demanda promovida por Gonzalo
Ortega Castro, y condenó a Daniel Osvaldo Pereyra y a la
aseguradora La Nueva Cooperativa de Seguros LTDA. a abonar al
actor la suma de $1.438.000 en concepto de indemnización por daños
y perjuicios, más intereses y costas.
El pronunciamiento fue apelado por el demandado y
la citada en garantía, quienes fundaron sus críticas el 12/10/2023, las

Fecha de firma: 13/03/2024


Firmado por: SEBASTIAN PICASSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: CARLOS ALBERTO CALVO COSTA, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: JULIAN HERRERA, SECRETARIO DE CAMARA

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cuales fueron contestadas por el actor el 16/11/2023. A su vez, el
actor fundó sus quejas el 26/10/2023, las que no fueron contestadas
por los emplazados.
II.- En primer lugar, memoro que los jueces no están
obligados a hacerse cargo de todos y cada uno de los argumentos
expuestos por las partes ni a analizar las pruebas producidas en su
totalidad, sino que pueden centrar su atención únicamente en aquellos
que sean conducentes para la correcta decisión de la cuestión
planteada (art. 386, Código Procesal).
III.- Debo recordar que el art. 265 del Código
Procesal exige que la expresión de agravios contenga la crítica
concreta y razonada de las partes del fallo que el apelante considera
equivocadas. Es decir, se relaciona con la carga que le incumbe de
motivar y fundar su queja, señalando y demostrando, punto por
punto, los errores en que se hubiere incurrido en el pronunciamiento,
o las causas por las cuales se lo considera contrario a derecho
(Gozaíni, Osvaldo A., Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación. Comentado y Anotado, La Ley, Buenos Aires, 2006, t. II, p.
101/102; Kielmanovich, Jorge L., Código Procesal Civil y Comercial
de la Nación. Comentado y Anotado, Lexis Nexis, Abeledo-Perrot,
Buenos Aires, 2003, t. I, p. 426).
Considero que las quejas postuladas por los
emplazados en relación a la tasa de interés aplicada en la sentencia
lejos se encuentran de cumplir, aunque sea mínimamente, con los
requisitos antes referidos. Esos cuestionamientos solo se traducen en
escuetas discordancias, y en manifestaciones que en nada logran
cuestionar lo decidido por el Sr. juez de grado. En consecuencia,
postulo declarar la deserción de la queja (art. 265 del Código
Procesal).
Por otra parte, los agravios del actor acerca del
quantum de la partida reconocida en concepto de “incapacidad
sobreviniente” no conforman un cuestionamiento fundado de los
argumentos expuestos en la sentencia apelada, ya que dichas críticas
no encuentran sustento en lo dispuesto por el art. 1746 del Código
Civil y Comercial.

Fecha de firma: 13/03/2024


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En efecto, el mencionado precepto es claro en tanto
establece que la incapacidad sobreviniente –y, por analogía, también
el “valor vida”- debe evaluarse sobre la base fórmulas matemáticas.
Es que no existe otra forma de calcular “un capital, de tal modo que
sus rentas cubran la disminución de la aptitud del damnificado para
realizar actividades productivas o económicamente valorables, y que
se agote al término del plazo en que razonablemente pudo continuar
realizando tales actividades” (art. 1746, recién citado). Por lo demás,
esa es la interpretación ampliamente mayoritaria en la doctrina que se
ha ocupado de estudiar la citada norma (López Herrera, Edgardo,
comentario al art. 1746 en Rivera, Julio C. (dir.) – Medina, Graciela
(dir.) - Esper, Mariano (coord.), Código Civil y Comercial de la
Nación comentado, La Ley, Buenos Aires, 2014, t. IV, p. 1088/1089;
Picasso, Sebastián – Sáenz, Luis R. J., comentario al art. 1746 en
Herrera, Marisa – Caramelo, Gustavo – Picasso, Sebastián (dirs.)
Código Civil y Comercial de la Nación Comentado, Infojus, Buenos
Aires, 2015, t. IV, 9. 461; Carestia, Federico S., comentario al art.
1746 en Bueres, Alberto J. (dir.) – Picasso, Sebastián – Gebhardt,
Marcelo (coords.), Código Civil y Comercial de la Nación y normas
complementarias, Análisis doctrinal y jurisprudencial, Hammurabi,
Buenos Aires, 2016, t. 3F, p. 511; Zavala de González, Matilde –
González Zavala, Rodolfo, La responsabilidad civil en el nuevo
Código, Alveroni, Córdoba, 2018, t. III, p. 335; Picasso, Sebastián –
Sáenz, Luis R- J., Tratado de Derecho de Daños, La Ley, Buenos
Aires, 2019, t. I, p. 440 y ss.; Pizarro, Ramón D. – Vallespinos Carlos
G., Tratado de responsabilidad civil, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe,
2017, t. I, p. 761; Ossola, Federico A., en Rivera, Julio C. – Medina,
Graciela (dirs.), Responsabilidad Civil, Abeledo Perrot, Buenos
Aires, 2016. p. 243; Azar, Aldo M. – Ossola, Federico, en Sánchez
Herrero, Andrés (dir.) - Sánchez Herrero, Pedro (coord.), Tratado de
derecho civil y comercial, La Ley, Buenos Aires, 2018, t. III, p. 560;
Acciarri, Hugo A., “Fórmulas y herramientas para cuantificar
indemnizaciones por incapacidad en el nuevo Código”, LL, 15/7
/2015, p. 1; ídem, “Sobre el cómputo de rentas variables para
cuantificar indemnizaciones por incapacidad”, JA 2017-IV, LL
online: AR/DOC/4178/2017; Galdós, Jorge M., “Cuatro reglas sobre

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la cuantificación del daño patrimonial por incapacidad (el art. 1746
CCCN)”, RCyS, diciembre 2016, portada; Sagarna, Fernando A.,
“Las fórmulas matemáticas del art. 1746 del Código Civil y
Comercial”, RCyS 2017-XI , 5; Carestia, Federico S., “La
incorporación de fórmulas matemáticas para la cuantificación del
daño en caso de lesiones a la integridad psicofísica. Un paso
necesario”, [Link] - DC2B5B; Acciarri, Hugo A., “El art. 1746
del Código Civil y Comercial no es inconstitucional”, JA 2022-I fasc.
8).
En conclusión, por imperativo legal, el lucro cesante
derivado de la incapacidad sobreviniente debe calcularse mediante
criterios matemáticos que, partiendo de los ingresos acreditados por
la víctima (y/o de la valuación de las tareas no remuneradas, pero
económicamente mensurables, que ella llevaba a cabo y se vio total o
parcialmente imposibilitada de continuar desarrollando en el futuro),
y computando asimismo sus posibilidades de incrementos futuros,
lleguen a una suma tal que, invertida en alguna actividad productiva,
permita al damnificado obtener mensualmente (entre ese margen de
beneficios y el retiro de una porción del capital) una cantidad
equivalente a aquellos ingresos frustrados por el hecho ilícito, de
modo que ese capital se agote al término del período de vida
económicamente activa que restaba al damnificado. Así se tiene en
cuenta, por un lado, la productividad del capital y la renta que puede
producir, y, por el otro, que el capital se agote o extinga al finalizar el
lapso resarcitorio (Zavala de González, Resarcimiento de daños, cit.,
t. 2A, p. 521).
A pesar de ello, las críticas del actor no especificaron
clara y precisamente qué variables o métodos de cálculo propone para
cuantificar la partida, ni explicaron por qué tales parámetros
resultarían más adecuados que los empleados en la sentencia de grado
para fijar el resarcimiento. Antes bien, en su expresión de agravios, el
actor se limitó a indicar antecedentes de la sala en donde se elevó la
partida indicada, sin hacer referencia a métodos de cálculo.
Por añadidura, el quejoso no enunció una propuesta
de cálculo alternativa, ni explicitó la fórmula que la respaldaría, o el

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método aritmético exacto que debería emplearse para proceder a su
cuantificación de acuerdo al art. 1746 mencionado. En otras palabras,
se limitó a señalar dogmáticamente que la suma reconocida era
reducida, y a proponer de forma imprecisa métodos alternativos de
cuantificación, sin indicar por qué estos deberían primar sobre los
empleados en el pronunciamiento de primera instancia, ni mucho
menos argumentar sobre la base del método que expresamente refleja
el ya mencionado art. 1746 del Código Civil y Comercial. Así las
cosas, la total ausencia de referencias al criterio legalmente
establecido para evaluar esta clase de daños, y de argumentos
sustentados en las variables que deben alimentar el cálculo
matemático, conduce necesariamente a la deserción de los agravios.
Lo mismo puede sostenerse con respecto a las críticas
introducidas por todas las partes frente a la cuantificación de la suma
reconocida en concepto de “daño moral”.
Sobre este punto, constato también una deficiencia de
fundamentación, pues los apelantes no hicieron referencia a lo
dispuesto imperativamente por el art. 1741 del Código Civil y
Comercial.
En efecto, dispone la norma recién citada, en su parte
final: “El monto de la indemnización debe fijarse ponderando las
satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurar las
sumas reconocidas”. Resalto deliberadamente el término “debe”, que
señala muy claramente que no se trata de una simple opción, sino que
existe un mandato legal expreso que obliga a evaluar el perjuicio
moral mediante el método establecido por la ley (vid. Picasso-Sáenz,
Tratado..., cit., t. I, p. 481; Márquez, José F., “El daño moral
contractual: interpretación, facultades de los jueces y prueba”, RCyS
2020-VII, 63).
Se trata de la consagración legislativa de la conocida
doctrina de los “placeres compensatorios”, según la cual, cuando se
pretende la indemnización del daño moral, lo que se pretende no es
hacer ingresar en el patrimonio del damnificado una cantidad
equivalente al valor del daño sufrido sino de procurar al lesionado
otros goces que sustituyen o compensan lo perdido. La suma de

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dinero entregada como indemnización debe ser suficiente para lograr
esos goces (Mosset Iturraspe, Jorge, Responsabilidad por daños,
Ediar, Buenos Aires, 1971, t. V, p. 226; Iribarne, Héctor P., “La
cuantificación del daño moral”, Revista de Derecho de Daños, n.° 6,
p. 235). En otras palabras, el daño moral debe “medirse” en la suma
de dinero equivalente para utilizarla y afectarla a actividades,
quehaceres o tareas que proporcionen gozo, satisfacciones,
distracciones y esparcimiento que mitiguen el padecimiento
extrapatrimonial sufrido por la víctima (Galdós, Jorge M., “Breve
apostilla sobre el daño moral (como “precio del consuelo”) y la Corte
Nacional”, RCyS, noviembre de 2011, p. 259).
A pesar de todo lo expuesto, los apelantes se
limitaron a cuestionar genéricamente la decisión de primera instancia,
pero no señalan –en base a los parámetros fijados en la norma– por
qué la suma concedida resultaría elevada o reducida, y omitieron
aplicar al caso las pautas de análisis contenidas en la ley, ni indican
cuál sería la compensación sustitutiva que –a su entender– resultaría
adecuada para indemnizar a la demandante.
En este contexto, entiendo que los cuestionamientos
relacionados se traducen en discrepancias acerca de la forma en que
se decidió, que omiten indicar, concretamente, cuáles son las razones
que impondrían revertir el fallo apelado. Por lo tanto, el silencio en la
expresión de agravios respecto de las sustanciales cuestiones
señaladas atinentes a la cuantificación del presente rubro conduce,
necesariamente, a la sanción prevista en el art. 265 del Código
Procesal.
La misma suerte debe correr la crítica al tratamiento
kinesiológico efectuada por el actor, pues se limita a discrepar con el
valor, sin hacer referencia alguna a cuál sería la prolongación de
aquel y el monto de cada sesión, lo que impide ponderar las
circunstancias aludidas en el memorial.
En definitiva, mociono declarar la deserción de los
agravios de los emplazados y del actor con relación al monto del

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rubro “daño moral”, así como la queja del demandado y la citada en
garantía referida a la tasa de interés, y las del demandante atinentes a
los rubos “incapacidad sobreviniente” y “tratamiento kinesiológico”.
IV.- Establecido lo anterior, ingreso al estudio de los
restantes agravios planteados por las partes.
a) Incapacidad física sobreviniente
El Sr. Juez de primera instancia determinó la
procedencia de la partida en base al dictamen médico y las demás
constancias del expediente. Al respecto, los emplazados sostienen
que no se encuentra acreditada la relación causal entre el hecho y las
lesiones descriptas por la experta médica, y su consecuente
porcentaje de incapacidad.
En primer lugar, a fs. 57 obra la contestación del
oficio de Hospital Juan A. Fernández, donde consta que el actor fue
atendido allí el día del accidente. A fs. 61 se encuentra la conclusión
diagnóstica, de la que resulta que el Sr. Ortega sufrió traumatismo en
su cadera y su rodilla izquierda.
Con respecto a la prueba pericial, el dictamen de
fecha del 1 de diciembre de 2020, elaborado por la experta médica
Karina Beatriz Paredes, indicó que el actor padece una limitación
funcional para la articulación de la rodilla izquierda, el tobillo
izquierdo y la cintura escapular izquierda (vid.). Asimismo, señaló: “
Existe nexo de con causalidad entre el accidente y posterior lesión
que presento la actora el impacto genero el traumatismo presentando
un traumatismo de rodilla, tobillo y hombro sin lesiones óseas .Son
lesiones de naturaleza y carácter GRAVE por inutilidad laboral
superior a los 30 días que requieren estabilización inmediata con
inmovilización adecuada” (sic, respuesta al punto “A” del
cuestionario de la parte actora).
Los emplazados impugnaron dicho informe con fecha
23 de diciembre de 2020. La experta contestó el 3 de marzo de 2021,
oportunidad en que ratificó lo dictaminado en su oportunidad.
En este punto, advierto que dichas observaciones se
dedujeron sin el respaldo de consultores técnicos y derivan, por lo

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tanto, de meras apreciaciones subjetivas que carecen de análoga
relevancia técnica, insuficientes para conmover las conclusiones que
contiene el referido informe pericial.
De acuerdo con estos antecedentes, advierto que los
cuestionamientos introducidos por los emplazados no constituyen
argumentos que permitan apartarse del diagnóstico alcanzado por la
especialista en la materia. Es sabido que, aun cuando las normas
procesales no acuerdan el carácter de prueba legal al dictamen
pericial, si el informe comporta la apreciación específica en el campo
del saber de la perito, para desvirtuarlo es imprescindible contar con
elementos de juicio que permitan concluir fehacientemente en el error
o el inadecuado uso que la experta hubiese hecho de sus
conocimientos técnicos o científicos; por lo que, para que las
observaciones que formulen las partes puedan tener favorable
acogida, es necesario que aporten probanzas de similar o mayor rigor
técnico que desmerezcan las conclusiones alcanzadas en el peritaje
(esta sala, 30/11/2012, “G., Aldo Rene y otro c/ Microómnibus
General Pacheco S. A. y otros s/ Daños y Perjuicios”, L. n° 562.884;
ídem, 18/6/2013, “B. C., Martina y otros c/ M., Gustavo y otros s/
Daños y perjuicios”, L. n.º 606.722).
Por ello, la contundencia y la razonabilidad del
dictamen pericial me llevan a la convicción de que debe otorgársele
plena fuerza probatoria, en los términos del artículo 477 del Código
Procesal.
En función de lo expuesto, mociono desestimar las
quejas esgrimidas por los emplazados y confirmar este aspecto del
pronunciamiento.
b) Gastos de farmacia, asistencia y traslado
El Sr. Juez de primera instancia concedió por esta
partida la suma de $6.000. Frente a esta decisión, el actor expresó su
disconformidad, y solicitó que el monto sea fijado a valores actuales.
A su turno, los emplazados se quejaron por la procedencia del rubro,
dada la entidad de las lesiones y la falta de prueba en el expediente
con respecto a este rubro.

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Respecto de los gastos médicos, esta sala ha
sostenido que no resulta necesaria su prueba concreta y específica,
pues su erogación se presume en orden a la entidad de las lesiones
padecidas. Este es precisamente el criterio que ha reflejado el Código
Civil y Comercial, al establecer en su art. 1746 que se “presumen los
gastos médicos, farmacéuticos y por transporte que resultan
razonables en función de la índole de las lesiones o la incapacidad”.
Ello es así aun cuando la atención haya sido prestada en hospitales
públicos o por una obra social, ya que, de ordinario, ni uno ni otra
cubren la totalidad de los expendios en que incurren los pacientes
(esta sala, 27/12/2011, “M., Juan Alberto y otro c/ J., Gustavo Gabriel
y otros s/daños y perjuicios”, RCyS 2012-VI, 251;ídem, 13/4/2012,
“T., Jesue y otro c/ M., Ivan David y otros s/ Daños y Perjuicios”, L
n°582.770, entre muchos otros).
Con relación a los gastos de traslado, es presumible
que el actor haya tenido que realizar erogaciones fuera de lo común
para desplazarse por medios de transporte adecuados y más onerosos
con posterioridad al accidente debatido en autos (esta sala, 4/4/2013,
“P., Jaime c/ B., Mario Daniel y otros s/ Daños y perjuicios”, L.
n.°605.352).
Desde este enfoque, considero que el monto otorgado
por esta partida resulta reducido, ya que, a la fecha del
pronunciamiento de grado (3 de octubre de 2022), la suma fijada en
primera instancia no resultaba suficiente para resarcir integralmente
el daño causado.
Por lo tanto, propongo al acuerdo elevar el rubro a
$40.000, equivalente aproximadamente al costo de cinco cajas de
analgésicos y seis viajes en taxi (art. 165 Código Procesal).
V.- El magistrado de primera instancia fijó los
intereses desde la fecha del hecho y hasta el efectivo pago, a la tasa
activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a treinta
días del Banco de la Nación Argentina.
Frente a esta decisión, el actor solicita la aplicación
de una tasa correspondiente al 150% de la activa, desde el momento
del hecho y hasta el efectivo pago.

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La cuestión ha sido resuelta por esta cámara en el
fallo plenario dictado en los autos “Samudio de Martínez, Ladislaa c/
Transportes Doscientos Setenta S. A. s/ daños y perjuicios”, del 20/4
/2009, que estableció, en su parte pertinente: “2) Es conveniente
establecer la tasa de interés moratorio. 3) Corresponde aplicar la
tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a
treinta días del Banco de la Nación Argentina. 4)La tasa de interés
fijada debe computarse desde el inicio de la mora hasta el
cumplimiento de la sentencia, salvo que su aplicación en el período
transcurrido hasta el dictado de dicha sentencia implique una
alteración del significado económico del capital de condena que
configure un enriquecimiento indebido”.
No soslayo que la interpretación del mencionado
fallo plenario, y particularmente de la excepción contenida en la
última parte del texto transcripto, ha suscitado criterios encontrados.
Por mi parte estimo que una correcta apreciación de la cuestión
requiere de algunas precisiones.
Ante todo, el propio plenario menciona que lo que
está fijando es “la tasa de interés moratorio”, con lo cual resulta claro
que –como por otra parte también lo dice el plenario– el punto de
partida para su aplicación debe ser el momento de la mora.
Con relación al momento desde el cual deben
computarse los intereses, el Código Civil y Comercial –en el mismo
sentido en el que lo establecía la doctrina plenaria de esta cámara en
autos “Gómez, Esteban c/ Empresa Nacional de Transportes”, del 6
/12/1958– dispone en su art. 1748 que "El curso de los intereses
comienza desde que se produce cada perjuicio".
Así sentado el principio general, corresponde ahora
analizar si en el sub lite se configura la excepción mencionada en la
doctrina plenaria, consistente en que la aplicación de la tasa activa “
en el período transcurrido hasta el dictado de dicha sentencia
implique una alteración del significado económico del capital de
condena que configure un enriquecimiento indebido".

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En ese derrotero, la primera observación que se


impone es que, por tratarse de una excepción, su interpretación debe
efectuarse con criterio restrictivo. En consecuencia, la prueba de que
se configuran las aludidas circunstancias debe ser proporcionada por
el deudor, sin que baste a ese respecto con alegaciones generales y
meras especulaciones. Será necesario que el obligado acredite de qué
modo, en el caso concreto, la aplicación de la tasa activa desde el
momento del hecho implica una importante alteración del significado
económico del capital de condena y se traduce en un enriquecimiento
indebido del acreedor. En palabras de Pizarro: “La alegación y carga
de la prueba de las circunstancias del referido enriquecimiento
indebido pesan sobre el deudor que las alegue” (Pizarro, Ramón D.,
“Un fallo plenario sensato y realista”, en La nueva tasa de interés
judicial, suplemento especial, La Ley, Buenos Aires, 2009, p. 55).
Así las cosas, no creo posible afirmar que la sola
fijación en la sentencia de los importes indemnizatorios a valores
actuales basta para tener por configurada esa situación. Ello por
cuanto, en primer lugar, y tal como lo ha señalado un ilustre excolega
en esta cámara, el Dr. Zannoni, la prohibición de toda indexación por
la ley 23.928 –mantenida actualmente por el art. 4 de la ley 25.561-
impide considerar que el capital de condena sea susceptible de esos
mecanismos de corrección monetaria. En palabras del recordado
jurista: “La circunstancia de que, cuando se trata de resarcimientos
derivados de hechos ilícitos, el juez en la sentencia estima ciertos
rubros indemnizatorios a valores actuales –como suele decirse-, a los
fines de preservar en equidad el carácter resarcitorio de la
indemnización, no significa que se actualicen los montos reclamados
en la demanda o se apliquen índices de depreciación monetaria”,
pues tales mecanismos de actualización están prohibidos por las leyes
antes citadas (Zannoni, Eduardo A., su voto in re “Medina, Jorge y
otro c/ Terneiro Néstor Fabián y otros”, ésta cámara, Sala F, 27/10
/2009, LL Online, entre otros).
Pero más allá de eso lo cierto es que, aun si se
considerara que la fijación de ciertos montos a valores actuales
importa una indexación del crédito, no puede afirmarse que la tasa

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activa supere holgadamente la inflación que registra la economía
nacional, de forma tal de configurar un verdadero enriquecimiento
del acreedor. La fijación de tasas menores, en las actuales
circunstancias del mercado, puede favorecer al deudor incumplidor,
quien nuevamente se encontrará tentado de especular con la duración
de los procesos judiciales, en la esperanza de terminar pagando, a la
postre, una reparación menguada –a valores reales- respecto de la que
habría abonado si lo hubiera hecho inmediatamente luego de la
producción del daño.
Por las razones expuestas, no encuentro que se
configure, en la especie, una alteración del significado económico del
capital de condena que configure un enriquecimiento indebido del
actor, razón por la cual considero que debería confirmarse la
sentencia en crisis.
La solución que propongo (es decir, la aplicación de
la tasa activa establecida en la jurisprudencia plenaria) no se ve
alterada por lo dispuesto actualmente por el art. 768, inc. “c”, del
Código Civil y Comercial de la Nación, a cuyo tenor, en ausencia de
acuerdo de partes o de leyes especiales, la tasa del interés moratorio
se determina “según las reglamentaciones del Banco Central”. Es
que, como se ha señalado, el Banco Central fija diferentes tasas, tanto
activas como pasivas, razón por la cual quedará como tarea de los
jueces, en ausencia de pacto o de la ley, la aplicación de la tasa de
interés que corresponda (Compagnucci de Caso, Rubén H.,
comentario al art. 768 en Rivera, Julio C. – Medina, Graciela (dirs.) –
Espert, Mariano (coord.), Código Civil y Comercial de la Nación
comentado, La Ley, Buenos Aires, 2014, t. III, p. 97). Asimismo, y
en referencia a la tasa activa fijada por el plenario “Samudio”, se ha
decidido: “con relación a los intereses devengados a partir de la
entrada en vigencia del nuevo Cód. Civil y Comercial de la Nación y
hasta el efectivo pago, al ser una consecuencia no agotada de la
relación jurídica que diera origen a esta demanda, la tasa que
resulte aplicable para liquidarlos por imperio del art. 768 del citado
ordenamiento, nunca podrá ser inferior a la que aquí se dispone,
pues ante la falta de pago en tiempo de la indemnización y dadas las

Fecha de firma: 13/03/2024


Firmado por: SEBASTIAN PICASSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: CARLOS ALBERTO CALVO COSTA, JUEZ DE CAMARA
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actuales circunstancias económicas, iría en desmedro del principio
de la reparación plena del daño que se ha causado” (esta cámara,
Sala B, 9/11/2015, “Cisterna, Mónica Cristina c/ Lara, Raúl Alberto
s/ Daños y perjuicios”, LL Online, AR/JUR/61311/2015).
Adicionalmente, apunto que –como se ha dicho con
acierto–, más allá de que el plenario recién citado se haya originado
en la interpretación de una disposición legal hoy derogada (art. 622
del Código Civil), lo cierto es que los argumentos recién expuestos
permiten trasladar las conclusiones de aquella exégesis a la que
corresponde asignar a las normas actuales, máxime si se repara en
que las tasas del Banco Nación deben suponerse acordes a la
reglamentación del Banco Central (esta cámara, Sala I, 3/11/2015,
“M., G. L. y otro c. A., C. y otros s/ daños y perjuicios”, RCyS
2016-III, 124).
Por lo tanto, mociono confirmar este aspecto de la
sentencia en crisis.
V.- Con respecto a las costas de alzada, corresponde
que sean soportadas por el demandado y la citada en garantía, quienes
–de seguirse mi criterio- resultarían sustancialmente vencidos (art. 68
Código Procesal).
VI.- En síntesis, y para el caso de que mi voto fuere
compartido, propongo al acuerdo: 1) modificar la sentencia de grado
en el sentido de elevar la partida reconocida en concepto de “gastos
de farmacia, asistencia médica y de traslado” a la suma de pesos $
40.000; 2) confirmar la sentencia apelada en todo lo demás que
decide y fue objeto de apelación y agravios, y 3) imponer las costas
de alzada Daniel Osvaldo Pereyra y a la aseguradora La Nueva
Cooperativa de Seguros LTDA.
El Dr. Carlos A. Calvo Costa adhirió por los mismos
fundamentos al voto del Dr. Sebastián Picasso.
El Dr. Ricardo Li Rosi no intervino por hallarse en
uso de licencia (art. 109 RJN)
Con lo que terminó el acto.

Fecha de firma: 13/03/2024


Firmado por: SEBASTIAN PICASSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: CARLOS ALBERTO CALVO COSTA, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: JULIAN HERRERA, SECRETARIO DE CAMARA

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SEBASTIÁN PICASSO
3

CARLOS A. CALVO COSTA


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Buenos Aires, de marzo de 2024.


Y VISTOS:
Por lo que resulta del acuerdo que ilustra el acta que
antecede, del que da cuenta sus considerandos y aclaraciones, SE
RESUELVE: 1) modificar la sentencia de grado en el sentido de
elevar la partida reconocida en concepto de “gastos de farmacia,
asistencia médica y de traslado” a la suma de pesos $ 40.000; 2)
confirmar la sentencia apelada en todo lo demás que decide y fue
objeto de apelación y agravios, y 3) imponer las costas de alzada
Daniel Osvaldo Pereyra y a la aseguradora La Nueva Cooperativa de
Seguros LTDA.
Atento lo decidido precedentemente corresponde
adecuar los honorarios fijados en la instancia de grado, de
conformidad con lo establecido por el artículo 279 del ordenamiento
adjetivo.
Ello así, teniendo en cuenta el monto de la condena con
sus intereses, valorando la calidad, extensión e importancia de la
labor desplegada por los profesionales intervinientes dentro de las
tres etapas en que se dividen los juicios ordinarios, de conformidad
con lo establecido por los artículos 1, 3, 16, 19, 20, 21, 29 y 59 de la
ley 27.423 aplicable a todo el proceso por ser la normativa vigente a
la fecha de la regulación (conf. esta Sala CIV075993/2016 del 29/12
/2021 entre muchos otros), corresponde fijar los honorarios del
letrado de la parte actora, Dr. R. E. Y. en 111.16 UMA –PESOS
CUATRO MILLONES QUINIENTOS DIEZ MIL ($ 4.510.000); los

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de la dirección letrada de la citada en garantía, Dres. G. M. A. y R. E.
B., en conjunto, en 64.08 UMA –PESOS DOS MILLONES
SEISCIENTOS MIL ($2.600.000); los de la perito médica Dra. K. B.
P. en 14,64 UMA –PESOS QUINIENTOS NOVENTAY CUATRO
MIL ($ 594.000) y los de la mediadora Dra. A. M. L. en 24.02
UHOM –PESOS CIENTO SESENTA Y NUEVE MIL
SEISCIENTOS VEINTE ($ 169.620).
Por su labor en la alzada que diera lugar al dictado del
presente fallo definitivo, de conformidad con lo establecido por el
artículo 30 de la ley 27.423 corresponde fijar los honorarios del Dr.
R. E. Y. en 33,34 UMA –PESOS UN MILLON TRESCIENTOS
CINCUENTA Y TRES MIL ($ 1.353.000) y los de la dirección
letrada de la citada, Dres. G. A. y R. E. B., en conjunto, en 19.22
UMA –PESOS SETECIENTOS OCHENTA MIL ($ 780.000).
Notifíquese a los interesados en los términos de las
acordadas 31/11, 38/13 y concordantes de la C.S.J.N.,
comuníquese a la Dirección de Comunicación Pública de la
C.S.J.N. en la forma de práctica y devuélvanse. SEBASTIÁN
PICASSO - CARLOS A. CALVO COSTA.

Fecha de firma: 13/03/2024


Firmado por: SEBASTIAN PICASSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: CARLOS ALBERTO CALVO COSTA, JUEZ DE CAMARA
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