33 | JAVIER VILLAFAÑE
EL VENDEDOR DE GLOBOS
PERSONAJES
Anunciador
Vendedor de globos
Uñoso
Anunciador: (Apenas abriendo el telón.) Público, respetable público. Damas,
caballeros y niños. En esta obra actuarán dos personajes: el
Vendedor de globos y el Uñoso. Y al final verán cómo vuelan
los globos entre los pájaros y las ramas de los árboles. Y el
que tenga suerte podrá volar agarrado al hilo de un globo. Y
ahora, damas, caballeros y niños, silencio y atención. Ya está
en el parque el Vendedor de globos y cuando él llega debo
marcharme a toda prisa. (Desaparece y se abre el telón.)
34 | TEATRO
(Un parque. El Vendedor de Globos termina de colgar varios globos de la
rama de un árbol. Lleva una camisa a cuadros y un sombrero de paja.)
Vendedor: (Pregonando.) ¡Globos! ¡Globos! ¡Globos!
Uñoso: (Aparece sorpresivamente por la izquierda embozado en una capa.
Tiene las uñas exageradamente largas y filosas.) Voy a pinchar
con mis uñas todos tus globos.
Vendedor: ¡No! ¡No! A mis globos, no.
Uñoso: ¡Sí! ¡Sí! A tus globos, sí.
Vendedor: ¿Y por qué?
Uñoso: Me divierte.
Vendedor: ¿Y por qué no se divierte haciéndose cosquillas?
Uñoso: No, eso no me divierte. Me divierte pinchar globos. Pincharlos
y reventarlos.(Emite el sonido de un globo que revienta y se
desinfla.) ¡Pum! ¡Chisss!
Vendedor: Si le gusta pinchar globos, ¿por qué no pincha el globo
terráqueo?
Uñoso: Porque no puedo. Sería maravilloso, pero no puedo. Además
me da miedo.
Vendedor: Ese globo sí que haría ruido. ¡Y qué ruido! ¡Pum! ¡Pum! ¡Chisss!
Uñoso: Y se desinflarían las montañas, los mares, las nubes, las ciudades,
el viento. ¡Chissss! ¡Chissss! Me alegra y al mismo tiempo
me aterroriza. (Acercándose al árbol donde están los globos.) No
puedo con la tentación. Voy a pinchar tus globos.
Vendedor: (Deteniéndolo.) No, mis globos, no.
35 | JAVIER VILLAFAÑE
36 | TEATRO
Uñoso: Entonces te pincho a ti. (Esgrimiendo las uñas.) Te pincho la
barriga.
Vendedor: No, a mí, no. Ni a mis globos ni a mi barriga.
Uñoso: Sí, a ti, sí. Te pincho la barriga y te desinflas. ¡Chissss! No
tendrás frente ni perfil. Serás pura orejas. Estarás tendido en el
suelo, pequeño y arrugado como un pañuelo que se cae de un
bolsillo. Y te van a pisar todos los que caminan por el parque.
Vendedor: ¡No! ¡No! Quiero tener frente y perfil. No quiero ser solamente
orejas y un pañuelo arrugado que se cayó de un bolsillo y lo
pisotean.
Uñoso: (Señalando los globos.) Entonces pincharé los globos. Los
pincharé a uno por uno y ¡Pum! ¡Chissss!
Vendedor: (Tratando de engañar y atemorizar al Uñoso.) ¡Mire! (Señala
hacia la izquierda.) ¡Mire! ¡Mire!
Uñoso: (Asustado.) ¿Dónde? ¿Qué?
Vendedor: (Vuelve a señalar hacia la izquierda.) ¡Allí! ¡Allí! Ese árbol
por donde baja un enorme gato. Es un gato gatuno. Mírelo.
Tiene ojos de fuego y la lengua es una ondulante llamarada.
¡Y qué dientes enormes! (Imita el maullido de un gato.) Miau...
Miau...
Uñoso: (Mirando hacia la izquierda.) No hay dudas. Es un gato. Un
gato gato gatuno.
Vendedor: Vaya. Pínchelo. Desínflelo.
Uñoso: (Retrocediendo.) No. No me atrevo a acercarme. Me da miedo.
Vendedor: (Mirando hacia la izquierda.) No es un gato. Es un perro. (Imita
el ladrido de un perro.) ¡Guau...! ¡Guau...!
Uñoso: No hay dudas. Es un perro.
37 | JAVIER VILLAFAÑE
Vendedor: (Imitando al mismo tiempo el ladrido de un perro y el maullido de
un gato.) ¡Guau! ¡Miau! ¡Miau! ¡Guau! ¿Es un gatoperro o es
un perrogato?
Uñoso: (Tremendamente asustado.) Es un gatoperro. Yo lo vi.
Vendedor: No es un gatoperro ni es un perrogato. Es una araña descalza
con barba y un cuchillo. Mire. Mire. Sí. Es un gatoperro y se
acerca, se acerca...
Uñoso: Sí. Se acerca. Yo me voy. No resisto más. Sálvese quién pueda.
(Sale por la izquierda y desaparece.)
Vendedor: (Mirando por donde salió el Uñoso. Ríe y vuelve a preguntar.)
¡Globos! ¡Globos! (Camina hacia la derecha.) ¡Globos! ¡Globos!
¿Qué pasa? ¿No hay nadie en el parque? (Va hacia la izquierda.)
¡Globos! ¡Globos!
Uñoso: (Aparece por la izquierda ocultándose en la capa. Habla en voz
baja.) Y, ¿quién era?
Vendedor: (Al oído del Uñoso separando las sílabas.) Un ga-to-pe-rro.
Uñoso: ¡Un gatoperro! ¡Un gatoperro!
Vendedor: Sí. (En voz baja.) El gatoperro les tiene miedo a los globos.
Uñoso: (También en voz baja.) ¿Y ahora dónde está?
Vendedor: Volvió a subir al árbol.
Uñoso: Quizás esté escondido. (Abre la capa y muestra un largo collar.)
Vendedor: (Señalando el collar.) ¿Y ese collar? No lo había visto antes.
Uñoso: Me extraña. Siempre llevo un collar y a veces dos y a veces tres
y cuatro también.
Vendedor: Probablemente lo tapaba la capa. ¿Y de qué es el collar?
Uñoso: De botones. De botones encontrados. Todos son encontrados.
Tengo centenares, millares de botones.
38 | TEATRO
Vendedor: Le regalo un globo. Huyen los gatoperros cuando ven un
globo. Le tienen miedo. Terror. Además puede volar con un
globo y desde lo alto verá botones perdidos en la calle, en los
jardines, en los parques, en las azoteas.
Uñoso: Volar y ver botones fue el sueño de mi vida.
Vendedor: Entonces no pinchará más globos, ¿no es cierto?
Uñoso: Jamás.
Vendedor: ¿Y por qué no se corta las uñas?
Uñoso: Siempre me las corto, pero vuelven a crecer. Cuando las corto
de noche, crecen de día y cuando las corto de día, crecen de
noche.
Vendedor: ¿Y si las corta por la tarde?
Uñoso: Francamente no había pensado en eso. Voy a cortarlas por las
tardes. Quizás no crezcan.
Vendedor: (Toma un globo y se lo da al Uñoso.) Y ahora, ¡a volar! ¡A volar!
Uñoso: (Tomando el globo.) ¡A volar! (Abraza al globo y sale volando.)
Vendedor: (Recoge los globos. Se acerca al proscenio y los suelta. Retiene un
globo en las manos y habla mientras los globos suben por la platea.)
¡A volar! ¡Todos a volar! Y yo también ¡a volar! (Abraza al globo
y sale volando.)
T E LÓN
39 | JAVIER VILLAFAÑE
VIDA, PASIÓN Y MUERTE DE
LA VECINA DE ENFRENTE
PERSONAJES
Doña Gallito
Señorita Juanita
El poeta
El sastre
El peluquero
El matemático
El portero
El loro
Un corredor. Seis ventanas de una casa de departamentos. Cada ventana
corresponde a un vecino. Son las siete de la mañana. Al levantarse el telón se
escucha la música de un piano desafinado y la voz chillona de Doña Gallito que
canta un fragmento de ópera. Al mismo tiempo se cierran violentamente cinco
ventanas. Doña Gallito continúa cantando. De golpe, se abren las ventanas
y se asoman los vecinos: la Señorita Juanita (con un sombrero de paja, dos
parches rojos en las mejillas y El loro sobre un hombro), El poeta (una larga
melena y una corbata voladora), El matemático (calvo, con barba y anteojos),
El sastre (muy gordo, lleva un centímetro anudado al cuello), El peluquero
(largos bigotes y un peine en los cabellos). Chistan y desaparecen. Los cinco
vecinos vuelven a asomarse y chistar. Doña Gallito seguirá cantando y tocando
el piano mientras hablan los demás personajes.
40 | TEATRO
El poeta: ¡Es inaudito!
El sastre: ¿Cómo ha dicho?
El poeta: ¡Es i–nau–di–to!
El sastre: Tiene razón. Es inaudito.
El loro: ¡Inaudito! ¡Inaudito!
El poeta: (Golpeando con los puños en el marco de la ventana.) ¡Esto es el
colmo! ¡El colmo! ¡Son las siete de la mañana! ¡Doña Gallito,
por el amor de Dios, cállese!
El matemático: Deberíamos quejarnos a la policía.
El peluquero: Merece el desalojo.
Señorita Juanita: Esa mujer está loca.
El loro: ¡Loca, reloca, de pimpiriloca!
El sastre: Vamos a llamar al portero. (Llamando.) ¡Don Pepe! ¡Don Pepe!
El loro: Don Pepe, repepe, de pimpiripepe.
(Entra El portero. Es alto; lleva un saco azul con botones dorados y un cepillo
al hombro.)
El portero: (Con voz de mando.) ¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
El peluquero: ¿Y pregunta qué pasa? ¿No tiene oídos?
El matemático: ¿No escucha, don Pepe, esos gritos desaforados de Doña
Gallito?
Señorita Juanita: Se ha vuelto loca, loca de remate, loca de atar.
El loro: ¡Loca, reloca, de pimpiriloca!
El poeta: Por favor, don Pepe, hágala callar.
41 | JAVIER VILLAFAÑE
42 | TEATRO
El portero: ¿Yo?
El matemático: Sí, señor, usted.
El sastre: Es su deber. Doña Gallito:
El peluquero: Su obligación. El loro:
El poeta: ¿Acaso no es usted el portero? Doña Gallito:
El portero: Y a mucha honra. El loro:
El poeta: El portero en una casa de departamentos es como el capitán en Doña Gallito:
un barco. Él manda. Todos le debemos obediencia y respeto.
El portero:
El portero: Así es.
El matemático: Entonces, hágala callar, don Pepe. Doña Gallito:
Señorita Juanita: Imponga su autoridad. ¡Llámela!
El portero:
El loro: ¡Loca, reloca, de pimpiriloca!
El sastre:
El poeta: Son las siete de la mañana. No es hora de cantar.
El peluquero:
El sastre: ¡Llámela, don Pepe!
El poeta:
El portero: (Llamando.) ¡Doña Gallito! ¡Doña Gallito! (Golpea la ventana
con el cepillo.) ¡Cállese! Doña Gallito:
El matemático: Esa mujer con su canto y su piano no deja trabajar. No se El poeta:
puede sumar ni restar.
El loro:
El sastre: Ni cortar.
Doña Gallito:
El peluquero: Ni afeitar.
El poeta: Ni rimar.
Señorita Juanita:
Señorita Juanita: (Suspirando.) Ni soñar.
El portero: Ni fregar. (Enérgico.) ¡Doña Gallito! ¡DOÑA GALLITO!
43 | JAVIER VILLAFAÑE
(Se asoma a la ventana Doña Gallito. Es flaca, con un largo cuello de alambre
como resorte y una verruga en la punta de la nariz.)
Doña Gallito: ¿Me llamaba, don Pepe?
El loro: ¡Loca, reloca, de pimpiriloca!
Doña Gallito: (Indignada.) Ese loro me ofende, don Pepe. Haga callar a ese loro.
El loro: ¡Loca, reloca, de pimpiriloca!
Doña Gallito: (Al Loro) ¡Insolente!
El portero: (A Doña Gallito) Usted no puede cantar. Porque usted y su
piano...
Doña Gallito: (Al Portero) ¿Que no cante? ¿Quién es usted para pedir
semejante imposible?
El portero: ¡El portero!
El sastre: (A Doña Gallito) Se lo pedimos todos los vecinos.
El peluquero: Todo el barrio.
El poeta: No cante más, Doña Gallito. Cultive un arte más silencioso.
Doña Gallito: (Declamatoria.) ¡Ay! Si no canto me muero.
El poeta: (En el mismo tono.) ¡Ay! Si usted canta nos mata.
El loro: ¡Loca, reloca, de pimpiriloca!
Doña Gallito: (A Señorita Juanita) Señorita Juanita: si su loro no retira las
palabras que acaba de pronunciar, me veré obligada a retorcerle
el pescuezo.
Señorita Juanita: Mi loro es un loro inteligente. Estudió en una Escuela por
Correspondencia. Fue el mejor alumno. Sabe lo que dice.
44 | TEATRO
Doña Gallito: (Al Portero) ¿Escuchó, don Pepe? ¿Escuchó lo que acaba de
decir esa solterona?
Señorita Juanita: (Indignada, cruzando las manos sobre el pecho.) ¡Oh! ¡Dios
mío! ¡Llamarme solterona esa vieja que puede ser mi abuela!
Si estoy soltera se lo debo a ella. Mi novio, un distinguido
farmacéutico, dejó de visitarme por no oír sus chillidos. No me
casé por su piano y su canto.
El loro: Por ella estamos solteros. ¡Loca, reloca, de pimpiriloca!
Señorita Juanita: (Al Portero) Don Pepe, hágase respetar. Es usted el portero.
El portero: (Enérgico.) ¡Basta de discusiones y de gritos! ¡Usted no seguirá
cantando, y se acabó!
Doña Gallito: (Enérgica.) Yo seguiré cantando. ¡Y se acabó! (Desaparece.
Vuelve a sonar el piano. Canta.)
El poeta: (Al Portero) Don Pepe, hágala callar. Con sus gritos no
puedo rimar. ¡Oh! Mi musa inspiradora huye aturdida. Mis
versos quedan truncos. Ayer estaba escribiendo un soneto y
perdí la palabra consonante. Me derrumbó el soneto. Había
escrito: “La esdrújula pasión...”.
El loro: (Interrumpiendo al Poeta) Corazón... Corazón...
El poeta: (Interrumpiendo al Loro) ¡Milagro! ¡Milagro! Señorita Juanita,
su inspirado loro acaba de darme la palabra justa, precisa,
exacta. Ya tengo el soneto. Présteme su loro. Permita usted,
¡oh, dulce criatura!, que esa ave celestial, ese genio emplumado
colabore conmigo. Juntos podemos hacer el más hermoso
libro de sonetos.
Señorita Juanita: (Al Poeta) Mi loro estudió por correspondencia. Es profesor
diplomado. Puede ejercer en cualquier escuela de nuestro país.
En cualquier Universidad. Tiene un diploma.
45 | JAVIER VILLAFAÑE
46 | TEATRO
El matemático: (Señalando la ventana de Doña Gallito) Esa mujer me El loro:
enloquece. (Al Portero) Don Pepe, ¡hágala callar! Dígame,
El portero:
por favor, ¿cuántos son dos más dos?
El portero: (Al Matemático) Cuatro.
Doña Gallito:
El matemático: Exactamente, cuatro. Y por culpa de Doña Gallito, sumé seis.
Esa mujer es mi ruina.
El portero:
El sastre: Y la mía, don Pepe. Desde que vive en esta casa y la escucho
El sastre:
cantar, no me obedece la tijera. Pierdo el hilo y la aguja.
Hago chalecos con mangas y pantalones sin bolsillos. Me voy Doña Gallito:
quedando sin clientes. Y todo por ella, por su piano y su canto.
¡Desalójela! El portero:
El peluquero: Sí, desalójela. Y si no la desaloja, arránquele la lengua y córtele
las manos. Mi peluquería “El Rostro Peludo” ha perdido el El matemático:
viejo y bien ganado prestigio. Y Doña Gallito es la culpable. Por
ella, por su maldito piano y por su voz chillona de cotorra... El peluquero:
Señorita Juanita: (Interrumpiendo al Peluquero) Mida sus palabras, señor El poeta:
Peluquero, y no ofenda a las cotorras que son primas hermanas
de mi loro. Y cuando mi loro colabore con el señor poeta, El loro:
será todo un caballero de pluma y tintero. Sea más fiel en la El portero:
expresión. Diga que tiene voz de marrana. Sí, de marrana.
(Dirigiéndose al Portero) Don Pepe, desalójela; se lo pide el
amor.
El sastre: Y la elegancia.
El peluquero: Y la belleza.
El matemático: Y la ciencia.
El poeta: Y el arte.
El portero: (Enérgico.) ¡Cállese, Doña Gallito! ¡Si no se calla, la desalojo!
Señorita Juanita: (Aplaudiendo.) ¡Muy bien, don Pepe!
47 | JAVIER VILLAFAÑE
El loro: ¡Don Pepe, repepe, de pimpiripepe!
El portero: ¡Doña Gallito! No me haga perder los estribos. ¡Cállese! ¿Se
va a callar?
Doña Gallito: (Asomándose a la ventana. Estira el cuello más de medio metro.)
¡No! ¡No! ¡Y no!
El portero: (Amenazándola con el cepillo.) ¡Obedezca!
El sastre: Así me gusta, don Pepe.
Doña Gallito: ¡No! ¡No! ¡Y no!
El portero: ¡Cállese! (Doña Gallito sigue cantando.) Yo no respondo por
mi cepillo.
El matemático: ¡Péguele!
El peluquero: ¡Déle sin lástima!
El poeta: ¡Con el cepillo!
El loro: ¡Perejil! ¡Perejil para la loca, reloca, de pimpiriloca!
El portero: ¡Ay, Doña Gallito! ¡Se me acabó la paciencia! ¡Ahora comienza
a cantar mi cepillo!
El portero intenta pegarle con el cepillo a Doña Gallito. Doña Gallito
esquiva el golpe. El cuello de alambre se estira y se contrae. Por momentos la cabeza
llega hasta la cornisa de la terraza. Doña Gallito no deja un instante de cantar.
El portero la persigue desesperadamente. El matemático, El poeta, El
peluquero, La señorita juanita, El sastre y El loro gritan y aplauden.
Por fin alcanza a darle un certero golpe en la frente. Cae al patio la cabeza de
Doña Gallito unida al resto del cuerpo por dos metros de cuello. Todavía canta.
El portero sigue castigando hasta que Doña Gallito enmudece.
48 | TEATRO
El portero: (Tirando el cepillo.) Se acabó. Está muerta.
El poeta: No se preocupe, don Pepe. El loro y yo le haremos un epitafio.
T E L ÓN