0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas10 páginas

Siii

El documento aborda la Educación Sexual Integral (ESI) y sus cinco ejes fundamentales: derechos, diversidad, salud, género y afectividad. Se enfatiza la importancia de reconocer la perspectiva de género como una construcción social que influye en las relaciones de poder y en la perpetuación de desigualdades. Además, se plantea la necesidad de reflexionar sobre los estereotipos de género y su impacto en la educación y el desarrollo de los estudiantes.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas10 páginas

Siii

El documento aborda la Educación Sexual Integral (ESI) y sus cinco ejes fundamentales: derechos, diversidad, salud, género y afectividad. Se enfatiza la importancia de reconocer la perspectiva de género como una construcción social que influye en las relaciones de poder y en la perpetuación de desigualdades. Además, se plantea la necesidad de reflexionar sobre los estereotipos de género y su impacto en la educación y el desarrollo de los estudiantes.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

EJE 2: Los ejes de la Educación Sexual Integral


En la clase 1 pudimos observar los diversos enfoques con los que se puede abordar la educación sexual:
biologicista, moralista, judicializante, sexología, género y el enfoque de la Educación sexual integral. Este recorrido
nos permitió comprender que no todo abordaje es igual, y que es preciso reflexionar sobre nuestras acciones y
posicionamientos para fortalecernos y lograr acciones integrales. Hacia el final de la clase 1, comenzamos a ver de
qué se trata “la integralidad” en la educación sexual. En esta segunda clase, profundizaremos sobre el enfoque de
la Educación Sexual Integral (ESI) que propone la ley 26.150 .

El enfoque de la ESI, está constituido por 5 ejes que trabajaremos en esta unidad : ● el ejercicio de los derechos,
● el respeto por la diversidad, ● el cuidado del cuerpo y la salud, ● la perspectiva de género y ● la valoración de
la afectividad.

Primero piense usted y responda en la carpeta de prácticos.

Algunas preguntas que solemos hacernos las/os docentes a la hora de generar una propuesta áulica o escolar:
● Cuando trabajamos cuestiones de género, ¿a qué nos estamos refiriendo?, ¿sólo a aspectos vinculados con las
mujeres?, ¿incorpora también a los varones? ¿incluye otras identidades? ¿podríamos pensar al género como una
categoría relacional? ● ¿De qué hablamos cuando hablamos de igualdad de género? ● ¿Qué implica trabajar en
el aula el respeto por la diversidad? ● Al trabajar los derechos sexuales y los derechos reproductivos en clase,
¿alcanza con conocer la normativa? ● ¿Es pertinente hablar de emociones y sentimientos en ESI?, ¿por qué?

LUEGO LEA LO SIGUIENTE

En el desarrollo que sigue a continuación, podremos ir encontrando las respuestas a estas preguntas y dándonos
cuenta que, a pesar de que la descripción conceptual se presenta por separado, los cinco ejes de la ESI suelen
encontrarse de manera simultánea en la realidad de las escuelas. Estar atentas/os a ellos e incorporarlos en
nuestras miradas y acciones, nos permitirá garantizar una formación respetuosa que acompañe de manera
integral el desarrollo de todas/os las/os alumnas/os.

1. Reconocer la perspectiva de género

Muchas veces pensamos que todas las personas nos ubicamos en una categoría: varón o mujer, que por definición
se las presenta como excluyentes una de la otra y esto se daría de un modo “natural”. Otra característica de estas
categorías es que hay un valor social desigual para unas y para otros, esto es, en muchas ocasiones se valora más
lo masculino que lo femenino. Esta valoración desigual la vemos por ejemplo cuando nos referimos a un conjunto
de personas donde no todas son varones y por norma usamos el lenguaje masculino genérico, sin ponerlo en
cuestión como si fuera “natural”

Disponible en: [Link]/watch?v=PVQOPLPkHLc Escuchemos las voces de las/os estudiantes, en este


video realizado por el Programa Nacional de ESI.

Tradicionalmente quienes han tenido mayor poder para clasificar las identidades de género, y establecer qué
deben hacer varones y mujeres, han sido las religiones y la medicina. El movimiento de mujeres, los movimientos
de la diversidad sexual y los estudios de género han cuestionado este particular modo de entender la diferencia
sexual y la construcción social del género. A partir de la segunda mitad del siglo XX desarrollan la idea de
“construcción de la sexualidad”, poniendo de manifiesto que ésta no está determinada por la naturaleza o la
esencia (que no son así para siempre y en todos lados) sino que cada sociedad organiza, arma, construye la relación
entre cuerpo, género y deseo de un modo distinto. Y que por lo tanto, puede modificarse.
2

La categoría de género es de gran utilidad ya que introduce dos dimensiones que resultan centrales para el análisis
de las desigualdades:

Educación Sexual integral en la escuela. Un derecho. Un desafío. Un camino por recorrer. 3 - Propone que el género
es una construcción social y no un rasgo que deriva de la anatomía (leída recurrentemente como biología-natural),
tal como vimos hasta aquí. - Aporta una perspectiva relacional: no estamos hablando sólo de mujeres, sino de las
relaciones de género, donde los varones (y/o otras identidades de género) también hacen parte de ese sistema, y
que son relaciones de poder, donde unos ocupan posiciones aventajadas y otras/os menos valoradas.

El sistema de sexo/género/deseo está presente desde siempre, pensemos por ejemplo cuando nos encontramos
con una mujer embarazada, una de las primeras cosas que le preguntamos es “¿es nene o nena?” y en función de
la respuesta se construye socialmente una idea diferente para cada caso. Este ejemplo nos sirve para pensar cómo
vamos construyéndonos como seres sexuados de un modo cotidiano, casi sin darnos cuenta. Según seamos varón
o mujer, se espera que usemos determinados colores de ropa, realicemos determinados juegos, nos comportemos
y hablemos de una forma en particular, entre otras cosas. También en función de esta asignación de género se
espera que nuestro deseo concuerde, es decir, si fuimos socializadas como mujeres, se esperará que nos
relacionemos afectiva y sexualmente con varones y viceversa. Solemos entender que una “niña” es una persona
a la que se le podrá “comprar vestiditos preciosos” y será “compañera de la mamá”; y con frecuencia se censurarán
algunas expresiones por tildarlas de “machonas”. Pensemos en alguna niña que nos rodea (hija, nieta, sobrina,
vecina) e imaginemos qué tipo de mensajes habrá de recibir a lo largo de su vida sobre su conducta sexual.
Posiblemente esa persona de adolescente pueda sentirse insegura con su cuerpo por las “exigencias” que los
medios de comunicación plantean acerca de lo que es un cuerpo bello; pueda tener vergüenza en decir que se
masturba (si lo hace), si es heterosexual tal vez priorice el placer del varón al propio en un acto sexual o

por ejemplo no se anime a llevar un preservativo en su cartera, porque piensa que eso puede afectar su
"reputación". Ni qué hablar de lo difícil que podría ser para ella enamorarse de otra chica o no entrar dentro de
los parámetros que se espera respecto de su identidad y/o su expresión de género. Por otro lado, entendemos a
un “niño” como una persona que seguramente parecerá “fuerte” y “vigorosa”. Seguramente habrán escuchado
también que “los niños no deben llorar” y que “tiene que saber pelear”. Ahora repasemos la educación sexual que
reciben los varones de la mano de sus pares, de los consumos culturales como las publicidades y la pornografía
tradicional. Y también de sus familias y de sus docentes. ¿Qué aprenderán los niños sobre su conducta social y
sexual? Que cuanto más sexo y mujeres lindas “posean” mejor, que pueden “consumir” prostitución, que siempre
tienen que tener deseo sexual, que no deben ser ni parecer miedosos, pero principalmente no deben ser ni
parecer gay. También verán como normales sus privilegios de género, como lo puede ser caminar libremente sin
sentirse expuestos al acoso callejero, o realizar mucho menos trabajo doméstico que sus hermanas. Ser varón, ya
desde bebé y, hasta hace muy poco, era también la salvaguarda del apellido familiar. Lo anterior, como tantos
otros ejemplos que podemos pensar, nos permite dar cuenta de los estereotipos de género. ¿A qué nos referimos
con los estereotipos de género?, a esas representaciones simplificadas, incompletas y generalizadas que se
realizan teniendo como base al sexo biológico. Estos estereotipos funcionan a partir de asociar una pauta cultural
(un rol esperado, una norma, un mandato, etc.) con un hecho biológico. Por ejemplo: que las mujeres sean
biológicamente quienes puedan llevar adelante el embarazo no determina que “naturalmente” tengan que ser
quienes cocinen o planchen, estas dos últimas acciones son características culturales que en nuestra sociedad
suelen estar asociadas a las mujeres y no a los varones

Aquí un video que nos invita a reflexionar sobre los estereotipos de género: Un aplauso para el asador
[Link]

La perspectiva de género constituye un modo de mirar la realidad y las relaciones entre los varones y las mujeres.
Como todas las relaciones sociales, están mediadas por cuestiones de poder generando desigualdades entre los
géneros. La perpetuación de un “sistema de sexo-género-deseo” que pone en desventaja a las femineidades
respecto a las masculinidades se denomina “patriarcado”. Las relaciones patriarcales instituyen una distribución
desigual de poder tanto con las mujeres como con las masculinidades subalternizadas. Algunos datos que
muestran estas desigualdades entre los géneros son:
3

La violencia por motivos de género. Más estrictamente, “violencia basada en las 1 relaciones de género
patriarcales”, se trata, en el 95% de los casos, de agresiones a mujeres en tanto tales. Agresiones dentro del
noviazgo o del mundo doméstico, agresiones de ex novios o ex maridos, son prácticas que progresivamente fueron
visibilizadas a partir de normas sensibles y de mujeres que se animan a hacer las denuncias; también, cuando las
denuncias no fueron escuchadas, lamentablemente, y se transforman en una muerte anunciada. Habrán notado
que hasta hace pocos años estos asesinatos sistemáticos a mujeres se los rotulaba bajo la carátula de “crímenes
pasionales”, cómo si se tratase de un caso aislado, de índole privada y doméstica (¿alguna vez escucharon la frase
“ella se la buscó”?). Luego comenzó a utilizarse la palabra femicidio. Esta categoría es político-jurídica: permite
visibilizar que se trata de una violencia fundada y sostenida por una cultura patriarcal que da lugar a que muchos
varones lleguen a considerar a las mujeres como propiedad privada, objetos de control y maltrato. Un punto
interesante aquí, es revisar la idea de “amor romántico que vemos en telenovelas, cuentos de hadas y películas y
que fue construido en el siglo XIX, de la mano del desarrollo del capitalismo industrial. En él las mujeres son
“rescatadas” por un otro que será su “alma gemela”. Lo paradójico es que ese ideal no habilita otras formas de
relación sexo/afectivas más saludables y respetuosas: aquellas en que la otra persona es percibida y tratada como
un sujeto de derecho y un sujeto de deseo. Por ejemplo, cuando una estudiante que se encuentra en una relación
de pareja violenta nos dice que él “la quiere a ella”, que “ella es de él”, como si ella fuera un objeto que se posee,
y que no puede preguntarse ni plantearse cuál es su deseo. El amor no significa lo mismo para todas/os, y a
menudo está asociado a situaciones de manipulación en vínculos de pareja. Por eso es necesario desarmar la
lógica de posesión instalada que pueda justificar acciones violentas (desde celos a golpizas). En la actualidad estas
prácticas se trasladaron también a las redes sociales y es frecuente encontrarse con casos de control y
hostigamiento a través de los teléfonos celulares. Como veremos en el próximo eje, la violencia por motivos de
género, no sólo afecta a las mujeres, sino también a muchas personas del colectivo LGBTI+.

1 En el año 2009, en nuestro país, se sancionó la Ley 26.485 “Ley de protección integral para prevenir, sancionar
y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales” la
cual desarrolla y amplía los tipos y modalidades que pueden adoptar las violencias hacia las mujeres, entre otros
aspectos considerados. Disponible en: [Link]
154999/152155/[Link]

Por eso desde la ESI, como establecen los Propósitos formativos de los Lineamientos Curriculares, se busca
“promover una educación en valores y actitudes relacionados con la solidaridad, el amor, el respeto a la intimidad
propia y ajena…”. La trata de personas con fines de explotación sexual. Este problema ha sido visibilizado a partir
de leyes que buscan proteger a chicas y chicos, a mujeres adultas, por ejemplo, que son engañadas, secuestradas
o amenazadas para llevarlas lejos de su hogar y explotarlas sexualmente. Es un desafío para la escuela abordar
esta problemática. Muchas escuelas lo hacen y la ESI también lo propone: enseñar a niñas/os y adolescentes a
pedir ayuda a adultas/os de confianza cuando sucede algo que los daña o a decir que “no” frente a alguna situación
que las/os incomoda; a no guardar secretos que las/os hacen sentir mal; a valorar igualmente a varones y mujeres
y tener la lupa puesta cuando ejercemos algún tipo de violencia hacia las mujeres; a reconocer situaciones de
acoso, abuso sexual, maltrato, etc. La exclusión política y económica y la doble jornada laboral. La información
disponible en estadísticas nacionales e internacionales, es que persiste una exclusión sistemática de las mujeres
en los lugares de poder político y económico. Situación que se complementa con la sostenida condición de
“cuidadoras” que las mujeres conservan en sus hogares (trabajo fuera de casa + trabajo dentro de casa, es lo que
se denomina “doble jornada laboral). Más de dos tercios del trabajo mundial no remunerado es realizado por
mujeres; el equivalente a casi el 50% del PBI mundial, según un estudio global del Programa de Naciones Unidas
para el Desarrollo. Aún con los fuertes cambios producidos en las últimas décadas en relación al rol de los varones,
estas tendencias permanecen.

En suma, cuando hablamos de “perspectiva de género” estamos aludiendo a unos lentes “constructivistas” que
visibilizan que las cosas no “son así” sino que “están así” y pueden cambiar. Para poner un ejemplo sencillo,
¿Por qué se sigue asumiendo que son las mamás de nuestras/os alumna/os las responsables de venir a la reunión,
de llevarlas/os a la escuela, o ayudarlas/os a hacer la tarea? ¿Los papás no tienen ese “gen”? Hablar de género es
4

hablar de las prácticas, los roles, los intereses y los sentimientos que se esperan de las personas, en función del
sexo que se les asignó al nacer. Como ya vimos, todo esto no es natural e individual, sino que es parte de la forma
en que se organiza una sociedad y va cambiando a lo largo de la historia. Las relaciones de género ordenan nuestra
vida social y muchas veces –más de las que nos gustaría- estas diferencias se convierten en desigualdades. Es decir,
no hablamos de características de las personas sino de un sistema de relaciones de poder del que todas las
personas formamos parte. Esto es muy importante porque a veces cuando se tocan temas difíciles como la
violencia, la discriminación, parece que dijéramos que los varones son “malos” y las mujeres son “buenas”, y esto
hace que nos alejemos del tema, o no escuchemos a alguien que está pidiendo ayuda, o reclamando por un
derecho, un paso hacia la igualdad. Las diferencias sexuales se fueron transformando en desigualdades que se
refuerzan con los prejuicios y los estereotipos sobre lo masculino y lo femenino. La reflexión sobre este proceso
nos permite afirmar que existen muchas maneras de ser varones y muchas maneras de ser mujeres, cada persona
tiene un modo particular y único de expresar su género. El trabajo con la perspectiva de género en la escuela
implica revisar, reflexionar y cuestionar muchas de las ideas y concepciones que tenemos sobre cómo nos
relacionamos, sobre los roles asignados a mujeres y varones, sobre lo que esperamos de unos y de otras, sobre
las expectativas distintas que tenemos según sea una alumna o un alumno, como también reconocer y “dar lugar”
a otras identidades de género posibles. En la vida de los varones, muchas veces la violencia aparece como un
comportamiento esperable en determinadas circunstancias, por ejemplo, desde la infancia cuando se los motiva
a pelear o jugar con armas, o cuando son estimulados por familiares o el grupo de pares para que asuman actitudes
violentas y se los sanciona con burlas si no las llevan adelante, o también cuando se les enseña que, frente a una
discusión, un “hombre de verdad” debe responder con una agresión.

Sin embargo, no siempre se pone el mismo empeño para enseñarles la expresión de otras emociones como el
amor, la tristeza, la impotencia o cómo resolver situaciones conflictivas de un modo pacífico. Esta forma de
masculinidad es la que promueve varones que deben ser siempre activos, fuertes, que no expresen sus emociones,
y que en todo momento sean líderes, proveedores económicos, autosuficientes, donde la heterosexualidad es la
única valorada positivamente. Es importante reflexionar críticamente sobre esta masculinidad porque profundiza
las desigualdades y porque también impacta negativamente en las personas que viven de acuerdo con estos
patrones de comportamiento masculinos. Para avanzar hacia la igualdad de género es preciso que promovamos
que ser varón implica tener relaciones afectivas basadas en la igualdad y el buen trato sin importar la orientación
sexual o la identidad de género de las personas; considerar que el cuidado de otras personas también es un
atributo masculino; pedir ayuda; compartir la responsabilidad del trabajo doméstico. Y también asumir una
postura clara en contra de la violencia de género considerando que el diálogo y la negociación son los mecanismos
para solucionar los conflictos.

De esta manera contribuimos a mejorar la comprensión que los varones tienen de sí mismos y de cómo se vinculan
con el resto de las personas, y a propiciar relaciones familiares más democráticas. Es posible construir una
masculinidad que no sea violenta y que asuma una actitud activa para erradicarla.

Para la ESI los irrenunciables del eje “Reconocer la perspectiva de género” son: ● Considerar al género como una
categoría relacional que abarca a las mujeres, a los varones y LGBTI+. ● Reconocer la diferencia sexual entre las
personas. ● Analizar las desigualdades sociales, económicas, políticas y culturales entre las distintas identidades
de género. ● Problematizar las concepciones rígidas sobre lo considerado exclusivamente masculino o
exclusivamente femenino identificando prejuicios y estereotipos de género y las consecuencias negativas que
provocan a mujeres y varones. ● Incorporar el concepto de igualdad de género para abordar las desigualdades y
hacer realidad la igualdad de todas las personas independientemente de su género.
5

2. Respetar la diversidad

La concepción con la que se trabaja en este eje asume que las personas somos todas distintas y esa particularidad
se expresa también en el modo en que cada ser humano piensa, siente, cree, actúa y vive su sexualidad,
convirtiéndolo en un ser único. Esto enriquece la experiencia social en la medida que nos pone en contacto con la
diferencia, con experiencias y trayectos personales distintos a los propios. El abordaje de este eje implica
reconocer y valorar positivamente las múltiples diferencias que tenemos los seres humanos, por ejemplo: origen
étnico, nacionalidad, creencias religiosas, políticas, edad, condición social, orientación sexual e identidad de
género, entre otras.

Las organizaciones de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, travestis, transgénero, intersex y queer
(LGBTTTIQ), pusieron en la agenda pública la necesidad de equiparar y reconocer derechos para construir una
sociedad más igualitaria en términos sociales, culturales y legales. El movimiento de diversidad sexual tiene una
larga historia de organización en el país. Surgió en la década de los setenta y sigue en su organización por los
derechos hasta hoy en día.

Ellas y ellos fueron quienes revolucionaron los fundamentos de las relaciones sociales y sexuales al explicitar el
modo en que la mirada binaria y esencialista vincula a la diferencia sexual anatómica, con la identidad de género
y el deseo sexual y afectivo de una manera lineal. De acuerdo a este esquema, que definimos como
heteronormativo y cisexista, una persona que nace con vulva está destinada a identificarse con el género femenino
y a sentirse atraída por varones. Y a una persona que nace con pene, portará una identidad de género masculina
y deberá sentirse atraída por las mujeres. En las páginas 108-109 del Cuaderno de Secundaria II del Programa ESI,
podemos encontrar definiciones más completas sobre estos conceptos, además de propuestas de actividades para
desarrollar en el aula. El respeto por la diversidad implica reconocer que las diferencias sexuales están atravesadas
por relaciones de poder que se sostienen desde las distintas instituciones, a través de prejuicios y estereotipos
sobre lo masculino y lo femenino. Reflexionar acerca de este proceso nos permite afirmar que existen muchas
maneras de vivenciar la identidad y que cada persona tiene un modo particular y único de expresar su género.

Es importante remarcar nuevamente que la asignación del sexo y del género se producen al nacer y de manera
independiente a la vivencia interna de las personas, porque es un primer paso para comprender algunas de las
violencias que atraviesan las personas cuando su experiencia se corre de esta asignación y de las expectativas de
género. Es importante que podamos acompañar estas trayectorias desde un marco de derechos y respeto.
Sabemos que la escuela puede constituirse en un ámbito privilegiado para esto.

“¿Cuál es la diferencia?” del colectivo uruguayo de Ovejas Negras, sobre homofobia y transfobia en los centros
de salud. Las/os invitamos a pensar: ¿Cómo serían estas escenas en un ámbito escolar? ¿Qué sucedería si se
adopta la mirada que propone el video? Disponible en: [Link]/watch?v=WUnGHQNpxQY

Vale aquí aclarar algunos conceptos, dado que en muchas ocasiones se confunde orientación sexual con identidad
de género y no es lo mismo. La identidad de género refiere a la “vivencia interna e individual del género tal como
cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento,
incluyendo la vivencia personal del cuerpo. La orientación sexual se refiere al vínculo entre género y deseo (hacia
otras/os). Las posibilidades de “ser” se multiplican. Existen, por ejemplo, hombres que se enamoran de otros
hombres, y expresan una masculinidad más bien “ruda”. También hay gays que algunas/os considerarían
“afeminados”, pero no se sienten para nada mujeres. De igual modo, las lesbianas pueden o no sentirse cómodas
en expresar una identidad de género femenina dominante, como puede ser usar bijouterie y depilarse. También
hay muchas chicas heterosexuales que, por ejemplo, ¡prefieren usar el pelo corto o evitar los tacos! Y también hay
personas que se identifican como mujeres, les gustan los varones, y nacieron con un pene y testículos (algunas
prefieren operarse y otras no). Es necesario observar la diferencia entre ambos conceptos, que están vinculados:
como decíamos al inicio de la clase, es casi imposible pensar el enfoque de género sin plantear el respeto por la
diversidad. Y de esos dos ejes (¡entre otros!) estamos hablando aquí. Abordar la diversidad sexual genera múltiples
sensaciones y reacciones en algunas/os docentes. El respeto a la diversidad en la escuela implica estar atentas/os
6

a cuestiones tan concretas y profundas como por ejemplo respetar el nombre con que se presentan las personas
(más allá del sexo asignado al nacer) o no presuponer que todas las personas con las que interactuamos son o
deberían ser heterosexuales (esto se aplica también para nuestras/os colegas docentes, para las familias y la
comunidad) dado que la heterosexualidad no es la única manera de vivir la sexualidad. Nuestra tarea es garantizar
el derecho a la educación a todas y todos. Llevar adelante la educación sexual desde una mirada integral, supone
hacer de las escuelas espacios inclusivos y respetuosos en los cuales todas las personas tengan la libertad de poder
expresar su orientación sexual y su identidad de género sin temor a ser discriminadas o estigmatizadas. Se trata
entonces de estar atentos en el aula, en los patios y en toda la escuela, para trabajar contra la discriminación por
orientación sexual, expresión o identidad de género, teniendo presente que en diversos momentos pueden
aparecer situaciones de exclusión o violencia hacia gays, lesbianas o personas trans, homofobia, lesbofobia
(rechazos, miedos, prejuicios hacia varones homosexuales y mujeres lesbianas) o transfobia (rechazo dirigido
hacia las personas que tienen una identidad de género distinta a la del sexo asignado al nacer). En la Argentina,
en los últimos años se promulgaron leyes que permiten que en nuestro país las personas del mismo sexo que lo
deseen puedan casarse (Ley de “Matrimonio Igualitario” Nº 26.618) y la Ley de Identidad de Género 26.743 que
reconoce el derecho de todas las personas, en cualquier momento de su vida, a realizar una transición al género
autopercibido. Estas experiencias se enmarcan en un proceso que puede incluir o no, el cambio registral,
modificaciones corporales, ingesta de hormonas y cirugías de reasignación sexual. Estas normativas son nuevas
herramientas que tenemos las/os docentes para que desde las escuelas sigamos trabajando en la búsqueda de
igualdad y respeto para todas las personas.

Para la ESI los irrenunciables del eje “Respetar la diversidad” son: ● Rescatar el significado profundo de convivir
en una sociedad plural y poner en valor la diversidad. ● Cuestionar la “presunción de heterosexualidad”. Respetar
la identidad de género y la orientación sexual de todas las personas. ● Rechazar la violencia y la estigmatización
por orientación sexual e identidad de género ya que no puede haber silencio pedagógico frente a la discriminación
de cualquier tipo.

3. Valorar la afectividad

Vinculado con la especificidad humana, no podemos dejar fuera los aspectos relacionados con los sentimientos,
los valores y las emociones en el marco de los vínculos y las relaciones sociales. Incorporar esta dimensión nos
aleja de perspectivas reduccionistas donde las personas se definen por un único y exclusivo rasgo generalmente
asociado a la razón como oposición a la dimensión afectiva y nos permite tener una visión integral de los seres
humanos. También significa valorar el lugar que ocupan las emociones y sentimientos en el aprendizaje y
contribuir al desarrollo de capacidades afectivas como la empatía, la solidaridad, el respeto. Tener presente el
aspecto afectivo no implica anular o invisibilizar las tensiones o los conflictos que están presentes en todos los
vínculos, por el contrario, nos permite dar cuenta de esas tensiones y abordarlas de la mejor manera posible para
que por ejemplo no se resuelvan desde la violencia. Trabajar activamente lo que sentimos cuando estamos junto
a otras personas nos da la posibilidad de entender mejor lo que nos pasa y lo que les pasa a las/os demás, de
comprender y de ponernos en el lugar de la otra o el otro. Desde esta perspectiva se busca reflexionar sobre las
maneras que tenemos de manifestar el afecto haciendo especial hincapié en que esas formas no vulneren los
derechos de nadie, por ejemplo cuando una o un integrante de una pareja expresa que no desea tener una relación
sexual, esa decisión debe ser respetada por la otra persona. O también suele ser común pensar que los celos son
una demostración positiva del amor, cuando en realidad, constituyen una forma coercitiva de expresar el afecto.
La escuela puede contribuir a fortalecer las capacidades emocionales de las chicas y los chicos, brindando
herramientas para que cada una y cada uno pueda identificar y decir lo que le sucede y lo que siente. Para ello, es
importante generar espacios de confianza y diálogo donde las/os alumnas/os puedan compartir emociones y
sentimientos, reflexionar sobre ellas/os mismas/os construyendo relaciones y vínculos más igualitarios.
7

Para la ESI los irrenunciables del eje “Valorar la afectividad” son:

● Tener en cuenta que las emociones y sentimientos están presentes en toda interacción humana.

● Considerar que la afectividad puede contribuir al encuentro o desencuentro con las/os otras/os que
interactuamos cotidianamente.

● Generar las condiciones para que todas/os puedan expresar sus puntos de vista respetando las diferencias, sin
anular las tensiones y conflictos presentes en los vínculos.

● Respetar la intimidad propia y ajena.

● Rechazar toda manifestación coercitiva del afecto, y al abuso y violencia de género y sexual.

4. Ejercer nuestros derechos

Este eje evidencia que las niñas, los niños y adolescentes son sujetos de derecho con plena capacidad para
participar, ser escuchadas/os y no discriminadas/os por ningún motivo y considera a las personas adultas y al
Estado como garante de sus derechos. Cuando aparece el tema de las nuevas concepciones sobre la infancia y la
adolescencia suele pensarse erróneamente que como se habla de igualdad de derechos “ahora no hay diferencias
entre adultos y niños, niñas y adolescentes”. Sin embargo, la perspectiva de derecho sostiene que las/os
adultas/os, por el hecho de serlo, tenemos la responsabilidad y el deber de proteger y garantizar los derechos de
los más chicos. Esta mirada no elimina la asimetría necesaria en los vínculos entre adultos y niñas, niños y
adolescentes, sino que promueve otra manera de que estos se vinculen y por lo tanto supone que las personas
adultas construyan nuevos modos de ejercer la autoridad. En la puesta en práctica de esta autoridad tiene que
estar representada la voz de las niñas, niños y adolescentes y para ello es necesario darles lugar en la construcción
de las normas, favorecer el diálogo y la escucha y la participación en condiciones de igualdad, establecer sanciones
que no vulneren sus derechos. Considerarlas/os sujetos de derecho desde la escuela nos obliga a crear espacios
participativos y respetuosos de la integridad de cada una/o y de la diversidad de creencias y situaciones,
promoviendo distintas formas de participación ciudadana de las niñas, niños y adolescentes. Recordemos que en
2013 fue aprobada la ley N° 26.877, que promueve la participación en centros de estudiantes y la garantía de que
las autoridades de las escuelas reconozcan a dicho centros como espacios democráticos de representación
estudiantil. De este modo, se procura propiciar el enfoque de los derechos humanos como orientación para la
convivencia social. En definitiva, se trata de reconocer a niñas/os y adolescentes/jóvenes como ciudadanas/os que
tienen algo (¡mucho en realidad!) para decir y hacer en las instituciones escolares, y que es la escuela la que debe
garantizar el derecho social a una educación que construya ciudadanía desde el nivel inicial. Por otra parte, es
importante resaltar que los derechos son siempre el resultado de las luchas por su consolidación. Como vimos en
la primera clase, las leyes garantizan derechos, y para quienes formamos parte del sistema educativo, es
fundamental conocerlos, valorarlos y enseñarlos en su dimensión histórica. Por esto, el eje “ejercer nuestros
derechos”, es una invitación a que como ciudadanas/os y docentes nos

pongamos esos “anteojos” que permitan preguntarnos cuándo, dónde y cómo se garantizan los derechos, qué
derechos, y sobre todo quiénes están siendo privados de derechos.

Disponible en: [Link]/watch?v=lbGOmqP7yuc Como vimos en la clase pasada, afortunadamente sus


derechos han tenido y tienen gran difusión y aceptación, tanto en la sociedad en general como en el sistema
educativo en particular. Este video de Unicef recorre los aportes y desafíos de la “Convención de los derechos del
niño”.

La ESI reconoce a los niñas, niños y adolescentes como sujetos de derecho, esto implica que tienen derecho, por
ejemplo, a recibir información científicamente validada, a vivir sin violencia y sin discriminación de género y por
orientación sexual, derecho a decir “no” frente a situaciones de presión de pares o de adultos, así como también,
derecho a la identidad, al buen trato, al acceso a la educación de calidad para todas/os, a servicios desalud también
8

de calidad, a expresar las opiniones, a elegir libremente, a ser respetadas/os en las elecciones que realizamos, a
la integridad física, psíquica y moral, etc.

Las/os invitamos a ver el siguiente video -elaborado por el Programa Nacional de ESI, para utilizar con
alumnos/as y colegas, como veremos en la clase siguiente- en el que podrán escuchar y observar a los jóvenes
hablar sobre derechos. Disponible en: [Link]/watch?v=0IGgx8_R5MI

Allí se menciona la Ley Nº 25.673 que crea el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (2003),
que elaboró numerosos materiales.

Ley Nacional 25.673


La aprobación de esta ley, y posteriormente la sanción de la Ley Nº 26.150 de ESI en el 2006, significó un gran
“paraguas” legal para muchas docentes que ya venían trabajando con temáticas de sexualidad con sus
alumnas/os. También permitió legitimar su labor previa (generalmente en soledad) y facilitó la disponibilidad de
nuevas herramientas para armar proyectos con otras/os colegas. Existen otras normas significativas que
plasmaron derechos y que actualmente influyen, de forma indirecta, en la enseñanza de la sexualidad. La sanción
de la Ley Nº 26.485 (2009) de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las
Mujeres derivó de una importante lucha del movimiento de mujeres. La sanción en 2010 del llamado matrimonio
igualitario (Ley Nº 26.618 y Decreto 1054/2010) y la ley de identidad de género (Ley Nº 26.743) sancionada en el
2012, resonaron en diversos ámbitos. En estas dos ocasiones las demandas de los movimientos de la diversidad
sexual (gays, lesbianas, trans, etc.), históricamente marginadas, lograron finalmente instalarse en los debates
mediáticos y en la opinión pública ¿Recuerdan qué sucedió en sus propias escuelas durante los meses previos a
las sanciones? En muchísimos casos estos debates habilitaron -posiblemente de forma más disruptiva que la
propia ESI- la pregunta por la sexualidad, la identidad, la familia, etc. Incluso “obligaron” a estudiantes y docentes
a tomar posiciones y reflexionar sobre sí mismos y sobre el rol institucional. Otras normativas recientemente
sancionadas en nuestro país amplían el marco de derechos del que veníamos hablando. Las leyes 27.610 de
Interrupción Voluntaria del
2 En la Argentina, a partir de la Ley Nº 27.610, se reconoce el derecho de las mujeres y personas con capacidad de gestar que tienen otras
identidades de género, a decidir y acceder a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) dentro de las primeras 14 semanas de gestación.
También pueden hacerlo después si el embarazo pone en riesgo la salud o la vida, o si es producto de un abuso sexual o violación. En todas
las situaciones, las personas embarazadas tienen el derecho a recibir asesoramiento completo, acompañamiento y atención por parte del
sistema de salud. Esto significa que no deben solicitarles autorizaciones judiciales ni denuncias policiales que puedan retrasar
innecesariamente la atención médica. Además, las personas víctimas de violencia sexual deben recibir a la mayor brevedad la asistencia
adecuada para resguardar su salud física y psíquica. En todos los casos, deben disponer de la información correcta y en un lenguaje
comprensible, y la atención debe tener en cuenta el trato respetuoso, la confidencialidad y la privacidad.

Embarazo (IVE) y 27.611 de Atención y Cuidado de la Salud Integral durante el Embarazo y la 3 Primera Infancia,
conocida como “ley de los 1000” días”, formalizan derechos que venían siendo demandados por gran parte de la
sociedad; y ofrecen la posibilidad de que las mujeres y personas con capacidad de gestar que tienen otras
identidades de género tengan diferentes alternativas que les permitan tomar las decisiones que resulten mejores
para sus proyectos y condiciones de vida. La implementación de estas normativas desafía a las distintas áreas del
Estado en general, y a la escuela en particular, en la tarea de seguir promoviendo derechos. En este sentido, la ESI
puede desplegar sus potencialidades para desarmar estereotipos de género, achicar desigualdades, evitar
discriminaciones y seguir aportando a la construcción de una mejor calidad de vida para las nuevas generaciones.
Como hemos visto, la ampliación de derechos nos interpela e invita a revisar nuestra enseñanza. Del listado de
derechos a la construcción de la ciudadanía, hay todo un trecho por recorrer para trabajar desde este eje en la
ESI.

En suma, Decimos que los derechos son: - un fenómeno histórico y dinámico: porque la mayoría de las veces
son el resultado de reclamos y de la lucha de grupos de personas (llamados colectivos sociales, movimientos,
organizaciones, etc.) para ser reconocidos en la sociedad, y se van ampliando en la medida en que nuevos
colectivos visibilizan su condición. - una serie de medidas, declaraciones y acciones que establecen y demarcan
ciertos límites al uso arbitrario del poder, y promueven el acceso y cumplimiento a condiciones consideradas
dignas y básicas para el conjunto de la población, igualando o reconociendo situaciones de injusticia
9

3 La Ley Nº 27.611 de Atención y Cuidado de la Salud Integral durante el Embarazo y la Primera Infancia que tiene por objeto fortalecer el
cuidado integral de la salud y la vida de las mujeres y otras personas gestantes, y de los niños y las niñas en la primera infancia.

Que el Estado reconozca o no un derecho tiene importantes implicancias simbólicas y materiales en la vida de
todas las personas. Que todas/os las/os educandas/os tengan derecho a recibir educación sexual integral es una
conquista que también consideramos importante defender.

Para la ESI los irrenunciables del eje “Ejercer nuestros derechos” son:

● Considerar que la ESI no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un marco de políticas públicas relacionadas
con la inclusión, la igualdad y el ejercicio de los derechos. ● Propiciar el enfoque de derechos vinculados con las
infancias y las adolescencias. ● Rescatar el papel fundamental de las/os docentes y de todo el personal de la
escuela como garantes de los derechos de los niñas, niños y adolescentes. ● Generar las condiciones
institucionales para el efectivo cumplimiento de los derechos tanto de niñas, niños y adolescentes como también
de las/os docentes y de toda persona adulta de la comunidad educativa. ● Promover aprendizajes vinculados con
la defensa y el ejercicio de los derecho.

5. Cuidar el cuerpo y la salud


Las concepciones sobre qué es y cómo vivimos el cuerpo y cuidamos nuestra salud no están aisladas del desarrollo
general de las sociedades, sino que se encuentran íntimamente ligadas al momento político, económico, social en
el cual se inscriben. Esto significa que el cuerpo no está vinculado sólo con la dimensión biológica sino que también
está constituido por los significados y valoraciones que se le otorgan en cada sociedad y en cada momento
histórico. Si entendemos al cuerpo como una dimensión importante de nuestra identidad (personal y colectiva),
debemos considerar la influencia del contexto histórico, la cultura, la condición social, la forma de cuidarlo y de
valorarlo, las concepciones sobre el sexo y el género que prevalecen en la sociedad de la que formamos parte. Por
ejemplo, podemos pensar que los cuerpos de los varones y los de las mujeres son distintos en función de las
configuraciones de las identidades de género, es decir, de lo que socialmente se espera de unas y de otros, basado
en la diferencia sexual de las personas. Asimismo, muchas veces se entiende la salud como ausencia de
enfermedad, priorizando solamente los aspectos físicos. Pero la salud también incluye aspectos psicológicos,
sociales y culturales. En este sentido, la salud no es solamente una cuestión individual, sino también un proceso
social, grupal y comunitario que incluye las condiciones de vida y de trabajo, la educación, las redes sociales y el
acceso a todos aquellos recursos que hacen posible la vida humana. Desde la ESI nos proponemos trabajar sobre
esta concepción más amplia de salud, promoviendo en chicas y chicos el cuidado integral de la misma, tanto desde
el punto de vista físico como psíquico y social. Se trata de que, al crecer, las chicas y los chicos aprendan nuevas
actividades para cuidarse (como por ejemplo: seleccionar, dentro de los alimentos de su dieta, aquellos que son
más nutritivos; incorporar hábitos de higiene personal; conocer el funcionamiento de las partes íntimas del
cuerpo; realizar actividad física) y también para cuidar a otras y a otros. Desde la ESI, este eje busca el
reconocimiento del cuerpo sexuado y sus distintos cambios como parte fundante de la identidad de las personas.
En este sentido, adquiere particular relevancia el fortalecimiento de la autoestima y la autonomía, con la finalidad
de adoptar
decisiones sobre la salud en general, y la salud sexual y reproductiva en particular, que permitan vivir una
sexualidad sin ningún tipo de coacción, violencia, discriminación, enfermedad o dolencia. Para ello es necesario
que cuando en la escuela se trabaje el eje “cuidado del cuerpo y la salud”, se incorporen otras dimensiones además
de la biológica, como por ejemplo la historia personal, los discursos científicos, las identidades de género, los
derechos humanos, las ofertas de la sociedad de consumo sobre todo a partir de los medios masivos de
comunicación, la re-presentación de los cuerpos a través de las distintas manifestaciones artísticas. También es
importante propiciar la reflexión crítica sobre los modelos y los mensajes de belleza que circulan en nuestra
sociedad y que pueden influir negativamente en una/o misma/o y en los vínculos interpersonales promoviendo la
desnaturalización de los prejuicios y los estereotipos vinculados con el cuerpo y la salud. De esta forma, valoramos
positivamente nuestro cuerpo reconociendo que la sexualidad y el cuerpo también se vinculan con el disfrute y el
placer
10

Para la ESI los irrenunciables del eje “Eje Cuidar el cuerpo y la salud” son:

● Reconocer que el cuerpo sexuado y la salud no abarcan sólo la dimensión biológica. ● Reflexionar críticamente
sobre las representaciones sobre el cuerpo y la salud que se tiene en la escuela y en la sociedad. ● Trabajar el
cuerpo desde distintas disciplinas por ejemplo el arte, la educación física, los medios de comunicación, etc. ●
Abordar la salud desde un enfoque que enfatice la salud como derecho. ● Problematizar y reflexionar sobre los
estereotipos de belleza para varones y mujeres. ● Propiciar el (auto) cuidado del cuerpo y la promoción de la
salud.

Veamos lo que nos cuenta esta docente sobre el proceso de revisión de su propia práctica. Disponible en:
[Link]/watch?v=MemBXjZv91E

Si bien en este texto se abordan abordamos cada uno de los cinco Ejes de la ESI de manera separada, en la
realidad estos se presentan interrelacionados. Por ejemplo, cuando se trabajan los modelos de belleza lo
hacemos a través del eje “Reconocer la perspectiva de género”. Si continuamos y problematizamos los
estereotipos corporales vigentes acerca del ser varón y ser mujer estamos abordándolo desde el eje “Cuidado
del cuerpo y la salud”. Si ponemos en cuestión los ideales que en algunos casos ponen en riesgo la integridad
física, trabajamos desde el eje “Ejercer nuestros derechos”, y si enseñamos que existen regulaciones vinculadas
a la alimentación (‘Ley de obesidad’) y a la vestimenta (‘Ley de talles’) que buscan incluir a todas/os estamos
vinculados al eje del “Respeto a la diversidad”. Por último, si rescatamos el valor positivo de la existencia de
distintos cuerpos y propiciamos la autoestima positiva sobre el propio cuerpo nos encontramos con el eje
“Valorar la afectividad”.

Asimismo, sería muy difícil pensar a los derechos por fuera de los sentimientos que genera su vulneración, y al
mismo tiempo, casi imposible hablar del respeto por la diversidad sin pensar en el cuidado cuerpo de la otra o el
otro. ¿Podemos abordar el enfoque de género desligado de la preocupación por prevenir la violencia contra las
mujeres o garantizarles a ellas sus derechos relacionados con la salud sexual y reproductiva? Los cinco ejes aquí
presentados nos proponen una forma de concebir la educación sexual que contribuye a fortalecer la política
educativa de ampliación de derechos. En ese marco y objetivo está la Educación Sexual Integral.

También podría gustarte