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4 Guiones

El documento presenta varias historias que ilustran la fe y la intervención divina en momentos de necesidad y desesperación. Desde la carta de una anciana a Dios que inspira a un cartero a ayudarla, hasta el sacrificio de un niño que transforma su comunidad, cada relato destaca cómo el amor y la fe pueden cambiar vidas. Además, se enfatiza que, incluso en situaciones de dolor y pérdida, la paz y la esperanza pueden surgir a través de la conexión con Dios.

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El documento presenta varias historias que ilustran la fe y la intervención divina en momentos de necesidad y desesperación. Desde la carta de una anciana a Dios que inspira a un cartero a ayudarla, hasta el sacrificio de un niño que transforma su comunidad, cada relato destaca cómo el amor y la fe pueden cambiar vidas. Además, se enfatiza que, incluso en situaciones de dolor y pérdida, la paz y la esperanza pueden surgir a través de la conexión con Dios.

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Una Carta a Dios

Doña Emilia vivía en un rincón olvidado del mundo, en una casita de madera donde cada
grieta dejaba entrar el viento helado de las noches. Una mañana, al abrir su despensa,
encontró solo un puñado de arroz y unas gotas de agua. Se arrodilló junto a su cama y oró:
—Señor, toda mi vida has provisto para mí. Hoy no tengo nada, pero confío en tu mano.
Decidió escribir una carta dirigida a Dios. En ella puso su corazón: “Querido Dios, necesito
ayuda para comprar comida. Sé que tú nunca me has abandonado y no lo harás ahora. Con
amor, Emilia.”
Sin tener un destinatario terrenal, dejó la carta en el buzón. Un cartero la encontró y, al leerla,
sintió una punzada en el alma. Aunque no creía en Dios, algo en esas palabras lo conmovió.
Reunió a sus compañeros y, entre todos, compraron alimentos para la anciana.
Cuando Emilia recibió los paquetes, cayó de rodillas y, entre lágrimas, agradeció:
—¡Gracias, Señor! Sabía que no me fallarías.
El cartero, al observarla desde la puerta, no pudo contener sus lágrimas. Ese día, decidió
buscar a ese Dios que tanto había conmovido a la anciana.
Mensaje: "Dios nunca desatiende nuestras necesidades. Incluso usa corazones inesperados
para llevar su provisión."

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5. La Última Palabra de Un Mártir

En el coliseo romano, miles de personas gritaban con ansias de sangre. Policarpo, anciano
obispo de Esmirna, caminaba con paso firme hacia el centro de la arena. Su rostro no
mostraba miedo, sino una paz que desconcertaba incluso a los soldados que lo escoltaban.
Frente a él, el gobernador romano levantó la voz:
—Reniega de Cristo, y vivirás.
El silencio invadió el lugar. Policarpo levantó la cabeza, y su voz resonó con fuerza:
—Por 86 años he servido a Cristo, y Él nunca me ha fallado. ¿Cómo podría ahora negar a mi
Salvador?
El gobernador, furioso, ordenó que lo quemaran vivo. Mientras las llamas lo rodeaban,
Policarpo alzó sus manos al cielo y oró:
—Señor, te doy gracias porque me cuentas digno de sufrir por tu nombre.
El fuego pareció no tocarlo, y quienes presenciaron su muerte dijeron que un aroma como de
incienso llenó el aire. Muchos de los presentes, conmovidos por su fe, decidieron entregar su
vida a Cristo.
Mensaje: "Cuando permanecemos fieles, Dios usa incluso nuestras pruebas más duras para
transformar vidas."

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6. Un Abrazo en el Andén

Marcos y David no se miraban a los ojos desde hacía diez años. Una discusión familiar los
había separado, dejando una grieta profunda en sus corazones. Su madre, María, sufría en
silencio y oraba cada noche por ellos. Un día, al saber que su salud empeoraba, los llamó y
les pidió que se reunieran en la estación de tren donde solían jugar de niños.
Cuando llegaron, los hermanos apenas intercambiaron palabras. María, sentada en un banco,
los miró con lágrimas en los ojos y dijo:
—Hijos, estoy en paz porque pronto estaré con el Señor, pero mi corazón no estará completo
hasta que ustedes se reconcilien. Dios nos ama con un amor eterno; ustedes deben amarse
también.
Marcos y David se miraron, y como si volvieran a ser los niños que corrían juntos por ese
andén, se abrazaron y lloraron. María cerró los ojos y susurró:
—Gracias, Señor.
Pocos días después, partió en paz, sabiendo que el amor de Dios había sanado a su familia.
Mensaje: "El amor de Dios es más fuerte que cualquier herida. Nunca es tarde para
reconciliarse."
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7. El Niño que Dio Todo

En un pueblo devastado por un terremoto, las calles estaban llenas de escombros, y la iglesia
del lugar había quedado en ruinas. Durante una colecta para su reconstrucción, un niño
pequeño llamado Samuel se acercó al altar. En su mano llevaba una moneda gastada, el
único dinero que tenía.
—Esto es para la iglesia —dijo con timidez.
Alguien le preguntó:
—¿Por qué das todo lo que tienes?
Samuel sonrió y respondió:
—Porque quiero que Dios tenga una casa nueva, como la que yo perdí.
El corazón de los presentes se conmovió. Uno a uno comenzaron a donar, inspirados por el
sacrificio del niño. En poco tiempo, se recaudó lo suficiente para reconstruir no solo la iglesia,
sino también las casas de muchas familias. Samuel fue abrazado por el pastor, quien le dijo:
—Dios usó tu pequeño acto para hacer un milagro.
Mensaje: "Cuando damos con amor, Dios multiplica lo que ofrecemos, transformando vidas
más allá de lo que podemos imaginar."

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8. Un Piano en Medio de la Guerra

Sarajevo estaba en ruinas. La guerra había reducido la ciudad a un paisaje de destrucción.


Cada esquina estaba llena de escombros, miedo y muerte. Pero una mañana, en medio de
todo ese caos, un sonido inesperado rompió el silencio: un piano.
Un hombre había llevado su piano a las calles y, rodeado de escombros, tocaba con los ojos
cerrados. Las notas llenaban el aire como un bálsamo para las almas heridas. Tocaba himnos
cristianos, llevando un mensaje de esperanza a quienes lo escuchaban.
—¿Por qué tocas aquí? —le preguntó alguien.
Él respondió:
—Porque en medio de la guerra, Dios me ha dado paz. Quiero que otros la sientan también.
Aquella música fue un faro de esperanza para los sobrevivientes, recordándoles que, aunque
todo parecía perdido, había un Dios que no los había abandonado.
Mensaje: "En medio de las ruinas de nuestra vida, la paz de Dios puede ser un refugio y una
luz para otros."

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9. Salvado de las Drogas

Carlos estaba perdido en un mundo de oscuridad. Las drogas lo habían llevado a perder
todo: su familia, su trabajo, su dignidad. Una noche, mientras buscaba refugio en un callejón,
vio algo tirado entre la basura: una Biblia. Curioso, la abrió y leyó un versículo:
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." (Mateo
11:28).
Esas palabras encendieron una chispa en su corazón. Por primera vez en años, Carlos oró:
—Dios, si eres real, ayúdame.
Esa noche, tuvo un sueño donde una voz le decía:
—Yo soy el descanso que buscas. Ven a mí.
Al día siguiente, Carlos encontró una iglesia cercana y pidió ayuda. Hoy, es pastor y
comparte su testimonio con otros, llevándolos a Cristo.
Mensaje: "No importa cuán lejos hayas caído, Dios siempre tiene el poder de levantarte y
darte una nueva vida."

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