Bertha
Debra Holland
Serie “Novias del Oeste por Correo” # 8
Traducción: Glo Revisión: Maytesue
Lectura Final: Yuli Darcy
Argumento
Bertha Bucholtz regresa a su hogar en St. Louis tras una infructuosa estancia en la
agencia de novias por correo. Su casa familiar está llena con sus delgadas y
hermosas hermanas y sus numerosos pretendientes, por lo que la tímida y rellenita
Bertha se siente perdida entre todo ese caos. Ni siquiera sus habilidades como
repostera (tan alabadas en la agencia) parecen especiales, ya que sus seis hermanas
y su madre también son excelentes cocineras. Desesperada por vivir sola, busca
trabajo como cocinera, pero no obtiene éxito.
Entonces, llega una carta de su rival en la agencia matrimonial. La arpía Prudence
Crawford, ahora la esposa de Michael Morgan, la invita a que vaya al Morgan’s
Crossing, en el territorio de Montana para que trabaje como cocinera y ama de
llaves en la pensión para los mineros de su esposo.
Al llegar, Bertha tiene que enfrentarse a Prudence, la que, al parecer, ha
madurado… ¿o no? La pensión está sucia, deteriorada y llena de mineros
maleducados. Siendo la única mujer soltera en kilómetros a la redonda, además de
ser una cocinera muy alabada, rápidamente se convierte en la sirena del pequeño
pueblo, así como también de la cercana Sweetwater Springs, ya que los mineros y
vaqueros acuden a cortejarla. Ahora la tímida joven, la que no tenía ningún
pretendiente para elegir, tiene una sobreabundancia de ellos. Aunque nunca
imaginó que tener demasiados pretendientes fuera un problema más grande que no
tener ninguno.
Novias del Oeste por Correo #8
Book Lovers
Este libro ha sido traducido por amantes de la novela romántica,
Grupo del cual formamos parte.
Este libro se encuentra en su idioma original y aún no se encuentra su versión en
español, por lo que puede que la traducción no sea exacta, y que contenga errores.
Esperamos que de igual manera lo disfruten.
Es importante destacar que éste es un trabajo sin fines de lucro, realizado por
lectoras como tú, es decir, no cobramos nada por ello, más que la satisfacción de
leerlo y disfrutarlo.
NO PRETENDEMOS PLAGIAR ESTA OBRA.
Queda prohibida la compra y venta de esta traducción en cualquier plataforma. En
caso de que lo hayas hecho, habrás cometido un delito contra el material
intelectual y los derechos de autor, por lo cual podrán tomarse medidas legales en
contra del vendedor y comprador.
Si disfrutas de las historias de esta autora, no olvides darle tu apoyo comprando
sus obras en cuanto lleguen a tu país o a la tienda de libros de tu barrio.
Esperamos que disfrutes de este trabajo que con tanto cariño compartimos con
ustedes.
-3-
Bertha - Debra Holland
CAPÍTULO UNO
Morgan’s Crossing Montana
Septiembre 1886
En el comedor de la pensión, en su rincón habitual Howie Brungar estaba sentado
escondido en las sombras, esperando su desayuno. Como era su costumbre, había
llegado antes que los mineros que vivían arriba, porque los rayos del amanecer
que se filtraban por la ventana de su cuartito al fondo de las caballerizas solían
despertarlo temprano. Como el encargado de todo el trabajo del Sr Morgan, se
ocupaba de los dos caballos del jefe antes de lavarse y deambular para comer.
Frente a él, en la larga mesa de tablones, Howie había colocado su plato y
taza azul, así como un tenedor, una cuchara y un cuchillo. Siempre traía sus
propios platos y utensilios, desconfiando de la limpieza de los “lavados” por el
cocinero Gabellini. Ya era bastante malo que tuviera que soportar la mesa
pegajosa y llena de migas y los pisos llenos de costras.
Una luz turbia brillaba a través de las ventanas sucias, pero no lo suficiente
como para discernir la calidad de las comidas, al menos a simple vista. Menos mal,
dado lo horrible que solía saber la comida.
Howie observó a la cuadrilla de mineros entrar en la habitación y ocupar
sus lugares habituales en los bancos de una de las dos mesas largas. Podía
discernir fácilmente a aquellos que se habían quedado demasiado tarde en el
salón, bebiendo más alcohol del que era bueno para los trabajadores.
Obadiah Kettering entró a trompicones en la habitación con sus largas
piernas como arañas. Se movía como si le dolieran las articulaciones, miraba las
ventanas sucias con los ojos entrecerrados y hacía una mueca de dolor si alguien
levantaba la voz. Tomando asiento al final de la mesa, dejó caer su cabeza entre
sus manos.
Los hombres a su alrededor no le prestaban atención al flaco minero. En
los últimos días, habían evitado al violinista, desde que apareció, borracho como
-4-
Novias del Oeste por Correo #8
una mofeta, para poner música en la fiesta que el Sr. Morgan había organizado
para su novia por correo. Obadiah había tocado algunas rondas de baile y luego
vomitó sin contemplaciones sobre la nueva Sra. Morgan, arruinando
instantáneamente lo que había sido un buen momento. Las fiestas no se hacían a
menudo en Morgan's Crossing y Obadiah tenía un tiempo por delante antes de
que la gente del pueblo lo perdonara.
Dos muchachos chinos medio adultos se apresuraron desde la cocina a las
mesas, llevando fuentes de comida y tazas de café. A diferencia de la mayoría de
los chinos, los muchachos llevaban el pelo corto, al estilo americano,
probablemente porque se habían cansado de que los mineros tiraran de sus colas
trenzadas. Independientemente de la prohibición de Michael Morgan de
molestar a los orientales, aún ocurrían muchas cosas cuando el dueño de la mina
o cualquier otra persona con autoridad y disposición pacífica no estaba cerca.
Uno de los jóvenes colocó una cafetera humeante en la mesa de Howie,
seguido de platos de jamón, con huevos revueltos y las habituales galletas duras
como una roca. El olor a café y jamón frito hizo gruñir su estómago. Levantó la
cafetera de hojalata oxidada, vertió el brebaje amargo en su taza y sirvió un trozo
de jamón en su plato. Mientras esperaba que una fuente de huevos viniera en su
dirección por la mesa, tomó un sorbo del líquido asqueroso.
Los hombres comían en silencio, ingiriendo el alimento para tener
combustible para un día agotador en la mina.
La mayoría tendía a evitar las gachas grumosas, pero Howie, por un largo
hábito inculcado en él, por su abuela escocesa, extendió la mano y cerró la sopera.
Puso harina de avena en su tazón de hojalata, echó un poco de mantequilla de una
vasija y dejó caer una cucharada encima y luego agregó un poco de leche de una
jarra de vidrio normal.
A menos que trajera bayas que recogió el día anterior, Howie comía el
cereal simple. En las raras ocasiones en que el cocinero sacaba miel, el frasco se
vaciaba mucho antes de que llegara a la esquina de Howie.
Cuando llegó el plato de servir los huevos revueltos, puso mucho en su
plato pero evito las galletas duras y marrones que no valían la pena comer a menos
-5-
Bertha - Debra Holland
que el caldo o la salsa las empaparan hasta que se ablandaran. No tenía sentido
arriesgarse a romperse un diente.
La puerta principal se abrió. Howie miro a tiempo para ver a la nueva
esposa del jefe. Prudence Morgan, con su rostro sencillo y estrecho y ojos claros
que cambiaban de tonalidad según el color de su vestido, parecía una
combinación inesperada para su jefe, pero se comportaba con un aire de elegancia
que probablemente atrajo al dueño de la mina. Aunque llevaba un sencillo vestido
azul, la prenda contrastaba brillantemente con la ropa de trabajo descolorida de
las pocas mujeres del pueblo.
Algunos hombres clavaron los codos en los costados de los que estaban
junto a ellos para señalar la llegada de la Sra. Morgan. El tintineo de los tenedores
se detuvo y las tazas resonaron sobre las mesas.
Prudence Morgan había llegado al pueblo hacía solo cinco días. Ya había
puesto patas arriba Morgan’s Crossing, enfrentándose a un matón, ayudando a
alumbrar un bebé, ordenando que limpiaran la tienda, discutiendo con su esposo
y terminando en la porqueriza, aunque los testigos juraron que él no la había
empujado dentro y finalmente, en secreto, saliendo del pueblo solo para que el Sr
Morgan la persiguiera.
La pareja regresó al día siguiente luciendo como recién casados
enamorados. Pero en lugar de disfrutar de una tranquila luna de miel de felicidad
conyugal, los Morgan habían descendido a la tienda de la empresa acompañados
por un guardia de la mina. Aparentemente, la Sra. Morgan había revisado las
cuentas de la tienda y descubrió que el Sr. Hugely estaba malversando dinero de
su esposo, lo que no sorprendió a la mayoría.
El guardia había escoltado al comerciante fuera del pueblo, llevándolo al
sheriff en Sweetwater Springs con las manos atadas frente a él y sus posesiones
arrojadas en la parte trasera de la carreta. Afortunadamente, los Morgan habían
descubierto algunos de sus fondos perdidos escondidos en la habitación del
hombre.
Más tarde ese día, la Sra. Morgan visitó a los padres de los niños en edad
escolar que residían en el pueblo. Ella les informó de su plan para comenzar a
enseñar a los estudiantes por las mañanas en su casa.
-6-
Novias del Oeste por Correo #8
Luego pondría a media docena de hombres a trabajar en la construcción de
una pequeña casa de baños. Ya se había pedido una tina y pronto llegaría a
Morgan’s Crossing y le seguirían varias más.
Sin duda, era un personaje colorido, con un aire sensato. Hasta ahora, se
había alejado siempre que podía solo para estar seguro.
El pueblo estaba lleno de especulaciones sobre lo que haría la mujer a
continuación.
Howie miro la determinación de los hombros de la Sra. Morgan. Supongo
que estamos a punto de averiguarlo.
La Sra. Morgan lanzó una mirada de acero a su alrededor. Su expresión se
tornó en desaprobación.
El cocinero salió de la cocina, limpiándose las manos en el delantal
manchado que envolvía su barriga. Su rostro lucía una barba incipiente en lugar
de su habitual barba erizada, ya que el hombre se había afeitado el día de la fiesta.
Al ver a la esposa del jefe, sonrió con un descaradamente falso buen humor—
Señora, ¿ha venido a desayunar?
La Sra. Morgan miró las pocas galletas que quedaban, sus fondos
ennegrecidos. Una ceja imperiosa se levantó—Pienso que no.
Howie reprimió una sonrisa, sospechando lo que podría venir a
continuación. Se inclinó lo más que pudo en el banco duro y tomó un sorbo de
café, los posos se arremolinaban en el fondo de la taza y se preparó para disfrutar
del espectáculo. En un pueblo pequeño como este, un hombre tomaba su
entretenimiento donde podía encontrarlo.
La mandíbula del cocinero se apretó. Luego trato de sonreír—Puedo
prepararle algo nuevo.
—No, gracias. Ya comí. —Con una mirada entrecerrada, la dama observó
las ventanas sucias, las superficies pegajosas de las mesas y el piso y el óxido en
-7-
Bertha - Debra Holland
los bordes de las cafeteras, antes de regresar al cocinero—Este lugar es una
pocilga. Los mineros de mi esposo se merecen algo mejor.
—Es lo suficientemente bueno para el Sr. Morgan —murmuró el cocinero.
—¿En serio? —Su tono sonaba frío y con una ceja arqueada, escudriño la
habitación—No veo a mi esposo comiendo aquí.
Los hombres sentados intercambiaron miradas furtivas.
El cocinero señaló con el pulgar hacia la cocina—Varias veces en los
últimos días, el jefe ha entrado por la puerta de atrás para comer algo por la
mañana. Supongo que no encontró ningún desayuno esperando en su propia
cocina.
Howie apretó los puños, preparado para apartarse de la mesa y ponerse de
pie en defensa de la Sra. Morgan. No estaba dispuesto a permitir que le faltaran
al respeto a una dama.
Ella miró por encima del hombro al regordete cocinero. —No sea insolente,
Sr. Gabellini. Regresaré mañana por la mañana y esperare ver la habitación
limpia, incluidas las ventanas, las mesas y los platos fregados. La tarifa consistirá
en comida que no esté demasiado cocida.
Al ver que la Sra. Morgan tenía la situación bajo control, Howie se relajó
pero se mantuvo alerta.
—Tengo veinticinco hombres hambrientos a los que alimentar y solo dos
chicos para ayudar, muchachos chinos, además— se quejó el cocinero—No tengo
tiempo para trabajo de mujeres.
—Entonces tendrá que hacer tiempo. ¿Quizás renunciar a la siesta de la
tarde?
El hombre apretó la mandíbula y cruzó los brazos sobre su vientre.
—Déjeme ser clara, Sr. Gabellini. Si no cumple con mis estándares, buscaré
a alguien para reemplazarlo.
-8-
Novias del Oeste por Correo #8
Esta vez, cuando la Sra. Morgan inspeccionó la habitación, hizo contacto
visual con varios de los hombres, frunciendo el ceño cuando vio a Obadiah. No se
dio cuenta de Howie—Hasta mañana—dio media vuelta y salió, con la espalda
rígida.
Howie se quedó mirando la puerta, con una leve sonrisa en el rostro. Con
la llegada de la nueva Sra. Morgan, su mundo había cambiado. No estaba seguro
de lo que eso significaba o si le gustaba o no. Obviamente, ella era buena para
Morgan’s Crossing, pero él no se sentía cómodo con las mujeres, especialmente
con las que no conocía. Con el trabajando para su esposo, ocupándose de los
caballos y cualquier otra cosa que el jefe o su esposa necesitaran hacer, sin duda
se encontraría cerca de la Sra. Morgan, le gustara o no.
Miró al cocinero a tiempo para ver la mirada venenosa que el hombre
dirigió a la figura saliente de la Sra. Morgan. Ese hombre no moverá un dedo para hacer
el cambio. Apuesto a que piensa que el Sr Morgan lo protegerá.
Howie negó con la cabeza. Gabellini es un tonto. No podía ver por qué el
hombre pensó que su jefe recién casado se pondría de su lado. No es que el
cocinero fuera conocido por su inteligencia o sus comidas. Observó las últimas
galletas ennegrecidas, que terminarían alimentando a los cerdos y tuvo la
sensación de que el cocinero pronto se encontraría en compañía de esos mismos
cerdos.
Un escalofrío le recorrió la espalda. Un presagio de cambio, habría dicho
su anciana abuela. No estoy seguro si eso es una buena o mala señal.
-9-
Bertha - Debra Holland
CAPÍTULO DOS
St. Louis, Missouri
Septiembre de 1886
Con el pretexto de preparar bandejas de té, Bertha Bucholtz se escondió
en la cocina de la casa de su familia en lugar de unirse a sus hermanas en el salón
con sus pretendientes. Incluso con la puerta cerrada, podía escuchar el parloteo
de voces en español y alemán, junto con estallidos intermitentes de risa. Se
preguntó cuánto tiempo más podría esconderse con seguridad.
Las reuniones en la casa de Bucholtz siempre eran un momento alegre para
todos, excepto para Bertha, que encontraba las actividades sociales
insoportables. Ya sea que los invitados hablarán, jugaran o cantaran canciones
acompañados por quienquiera que se dejara caer al piano, el nivel de ruido la
molestaba. Odiaba alzar la voz para que la escucharan si alguien le hacía una
pregunta, lo que afortunadamente no sucedía más de una o dos veces por noche.
Reticente y tímida por naturaleza, se sentía aliviada de evitar la mayor parte de
las conversaciones y ante la pregunta cortes, “¿Como esta, señorita Bertha?” sus
respuestas de una sola palabra solían ser suficiente.
Rose Sullivan, la cocinera irlandesa de mediana edad, colocó una tetera en
el centro de una pila de tazas y platillos en una bandeja para servir. Miro la
bandeja de Bertha que contenía los tres platos de galletas y chasqueo la lengua
con la familiaridad de alguien que ha trabajado para la familia Buchltz durante
más de veinte años. —Bien podría estar recorriendo un pantano, así de lento se
mueve.
Rose afirmaba ser “Irlandesa Negra,” descendiente de los mineros que
habían llegado a las costas de Irlanda después de la condenada invasión de la
Armada Española. Su cabello oscuro grisáceo y sus ojos marrones afilados,
incluso su cuerpo anguloso, eran tan diferentes de las rubias y curvilíneas mujeres
Bucholtz como podría ser, pero ella era parte de la familia, sin embargo y Bertha
la quería mucho.
- 10 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Solo un minuto más, Rose—desvió la mirada, sabiendo que ya debería
haber terminado de colocar los platos de galletas, los esfuerzos de su tarde
horneando. Sin embargo, se había tomado el mayor tiempo posible para colocar
sus creaciones en filas precisas en cada plato.
—Pórtese bien, señorita Bertha. ¿Cuántas veces puedes enderezar esas
galletas? Ahora, ya se ha entretenido lo suficiente. La multitud estará esperando
su té— el tono de la mujer no era desagradable, porque entendía la timidez de
Bertha—Si no sacamos estas bandejas, esa horda invadirá mi cocina y yo los
perseguiré con mi escoba.
La imagen hizo sonreír a Bertha, como estaba segura de que la cocinera
pretendía, aunque deseaba poder ser tan atrevida como para amenazar a alguien.
Porque la verdad del asunto era que, si la horda rompía el bastión de su cocina,
ella se retiraría a su dormitorio.
Puso la última galleta en su lugar y miro con orgullo los platos de productos
horneados, springegerle, lebkuchen y pfeffernusse. Sus favoritas eran las springerle;
galletas simples con sabor a anís y diseños estampados en la parte superior. Por
lo general, las springerle se consideraban galletas navideñas, pero a ella le gustaba
hornearlas todo el año. Las chicas Bucholtz solían recibir un molde de madera
tallada de diferentes formas de sus padres para Navidad y ella atesoraba la docena
que tenía.
Rose se inclinó para examinar la bandeja de Bertha y golpeó el aire sobre
una galleta formada con el molde de cerdo. —¿Estás tratando de enviar un
mensaje a algunos de los pretendientes de tus hermanas?
Ella sonrió y sacudió la cabeza—Sabes que no me importa si engullen
docenas— Nada amaba más Bertha que alimentar a los hombres con buen
apetito. Simplemente no quiero hablar con ellos.
—Me importa— murmuró Rose. —Menos galletas, menos trabajo para mi.
—Yo hice el horneado— bromeó Bertha.
Rose cerró las manos en puños sobre sus caderas. —Y quién lava los platos,
¿eh? —ella agitó su delantal. —Sigue adelante, ahora Bertha.
- 11 -
Bertha - Debra Holland
Bertha colocó una más de las springerle cuadradas en posición y sin más
excusas para retrasar una aparición en el salón, recogió la bandeja y se dirigió a la
puerta del comedor, empujando la puerta con la cadera. Una vez atravesada,
colocó la bandeja sobre la enorme mesa rectangular, cubierta con la tela blanca
rígida hecha de lino.
Rose estaba justo detrás de ella con la segunda bandeja. Movió los platos
de la bandeja a la mesa.
Antes de que Bertha diera un paso para devolver la bandeja a la cocina.
Rose le tendió la mano. —Oh, no, no lo harás. Quédate aquí y sirve el té. Llevaré
las bandejas a la cocina.
Con gran moderación, Bertha se abstuvo de poner los ojos en blanco.
Rose levantó la barbilla hacia el salón—Llévalos contigo, entonces. No
quiero que el té se enfríe.
Dando un suspiro de desgana, Bertha camino hacia la puerta que conducía
a la sala. Se deslizó adentro y se detuvo para mirar alrededor. La gran sala, llena
de la luz de la tarde que entraba por las grandes ventanas, estaba repleta de gente,
agrupada en círculos; pretendientes cortejando a sus cuatro hermanas solteras.
Se sentaban en varios sofás cómodos, en sillones orejeros, en otomanas capitanes
y con flecos, o en sillas de madera con asientos acolchonados.
Su hermano mayor, Heinrich, estaba junto a una de las amigas de su
hermana Elise, alguien nuevo en la ciudad. Se inclinaba atento para escuchar cada
palabra de ella.
Enamorado. Bertha esperaba que la joven fuera digna del interés de su
hermano mayor.
Su madre estaba sentada en una silla de respaldo alto como una reina en su
trono acompañando a sus hijas. Una gruesa trenza rodeaba su cabeza como una
corona. Mientras su mirada benigna recorría la habitación, mantenía las manos
ocupadas tejiendo una manta, una de las muchas que Mutti* había hecho para la
iglesia las distribuyera a los pobres.
- 12 -
Novias del Oeste por Correo #8
Con el rostro enrojecido por la vergüenza, Bertha anunció. —El té está
servido.
Nadie escuchó.
Ella inhaló y lo intentó de nuevo, levantando un poco la voz. —¡Té!
Un joven aflautado, el hijo de un rico importador que rondaba en las
afueras del séquito de su hermana Katya, miró en su dirección, el único que la
había oído. Sus ojos marrones se iluminaron y se desplegó de la silla para ponerse
de pie. —Té— llamó con una voz de rana toro que no concordaba con su
apariencia—La señorita Bertha quiere nuestra atención.
(*) Mama.
Todas las cabezas se volvieron hacia Bertha.
Sus rodillas temblaron. Abrió la boca para invitarlos al comedor, pero no
salió nada. Incapaz de forzar las palabras, hizo un gesto a todos para que vinieran.
Con expresiones complacidas, la compañía se levantó y se apresuró a
avanzar.
Bertha se retiró. Utilizando la mesa como barricada, cogió la tetera, una
taza y plato y empezó a servir. Esta tarea, al menos, era bastante fácil, ya que tenía
una excusa para mantener los ojos bajos. A ciegas, ofreció la taza y el plato a una
persona tras otra, respondiendo con un suave —De nada— a sus
agradecimientos.
De vez en cuando, Rose cambiaba la tetera vacía por una llena. Finalmente,
la ola retrocedió y solo Mutti espero a que le sirvieran. Bertha le entregó a su madre
una taza llena y un platillo.
Mutti tomó un sorbo—Servir el té es mucho más fácil cuando estás aquí con
nosotros, hetzaline. Pero tu tiempo en la agencia de novias ha valido la pena. Tu
habilidad para hornear y organizar ha mejorado desde tu tiempo en la casa de la
- 13 -
Bertha - Debra Holland
Sra. Seymour. Ella es de una distinguida familia de St. Louis y tus habilidades lo
reflejan.
Satisfecha con el elogio, Bertha asintió. Sabía que sus padres la amaban,
pero con trece hijos, su madre rara vez la individualizaba para recibir atención—
Aprendí mucho.
—Pero esperaba que, estando con los invitados de la Sra. Seymour, te
hubiera vuelto menos tímida.
Las críticas dolieron. Bertha bajo la mirada.
Su madre no sabía que la verdadera razón por la que había ido a la agencia
de novias por correo del oeste era para encontrar marido. Mutti pensó que su hija
había estado ayudando a la viuda con una fiesta prolongada en casa —Hice
amigos, Mutti, de verdad que los hice. Y nos escribimos.
Bertha había planeado mantener en secreto su pedido por correo de su
familia hasta el último minuto, porque sabía que no sería capaz de resistir por
mucho tiempo la presión amorosa y preocupada que aplicarían para que ella
permaneciera en casa en lugar de salir de St. Louis. En Occidente, lejos de su
abrumadora familia, tal vez podría convertirse en ella misma, quienquiera que
fuera, en lugar de la tímida y obesa hija Bucholtz, el pavo entre los cisnes.
Ahora que su plan había fracasado, no sabía qué hacer a continuación.
Su madre suspiro—Nunca has participado mucho en nuestras reuniones
sociales y no te he presionado para que lo hagas, con la esperanza de que
encuentres tu lugar. Tal vez me equivoque al ser tan indulgente. Pero con tus
hermanos y hermanas mayores casados y tus hermanas menores con más
pretendientes de los que necesitan, ahora es tu turno. ¿Cómo vas a encontrar
marido si sigues escondida? —hizo un gesto hacia la cocina.
Bertha permaneció en silencio, estudiando el springerle solitario en el plato
como si el pequeño cerdo supiera la respuesta a la pregunta de su madre.
—Tienes veintitrés años, hetzaline. ¿No deseas un marido y un hogar propio?
¿Una familia?
- 14 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Sí, Mutti. — Temerosa de exponer su vergüenza y decepción por regresar
a casa soltera, Bertha no podía mirar a su madre a los ojos.
No es que la Sra. Seymour tuviera la culpa. La matrona había encontrado
dos posibles maridos para Bertha, pero ambas propuestas habían fracasado. Ni
siquiera puedo convertirme en una novia por correo, algo que la desagradable Prudence
Crawford, con todas sus fallas, había logrado.
—Debo insistir, meine Tochter(20) — El tono de su madre era suave, pero
firme—De ahora en adelante, te unirás a tus hermanas en el salón. No más
esconderse en la cocina.
El corazón de Bertha se hundió. —¿Pero las galletas?
—¿Cómo crees que nos las arreglamos cuando no estabas aquí? Las chicas
y yo ayudaremos a Rose a hornear, en lugar de ser flojas y dejarte todo a ti.
Resignada, Bertha se sirvió una taza de té y llenó un plato pequeño con las
galletas restantes. Al menos, comer me dará algo que hacer. Tal vez si tomo pequeños
bocados, me aseguro de estar comiendo constantemente, tendré una excusa para no hablar con
nadie.
—Como prefieras, puedes quedarte cerca de la puerta o en la esquina por
esta noche. Mañana, sin embargo, espero que estés en medio de todos, aunque si
te sientes más cómoda sentada con una de tus hermanas, eso es aceptable.
Ambas opciones sonaban tortuosas. Amaba a sus hermanas y sabía que
ellas la amaban, pero sentarse al lado de cualquiera de ellas resaltaba sus
diferencias. Su energía vivaz y sus figuras curvilíneas solo servían para hacer que
Bertha se sintiera aburrida, con la lengua trababa y gorda.
Sentarse sola, tratando de forzar una conversación con hombres que no
dejaban de mirar furtivamente a una de las otras chicas Bucholtz, era
insoportable. Algunos de los pretendientes hacían el esfuerzo de hablarle, pero
con sus respuestas tranquilas y cortas, obviamente encontraban pesada cualquier
conversación sostenida y pronto cambiaban a alguien más entretenido.
- 15 -
Bertha - Debra Holland
(2) hija mía.
Con un movimiento de su mano, Mutti hizo un gesto de llevarla hacia el
salón.
Resignada a su destino, con la taza y el platillo en una mano y el plato de
galletas en la otra, Bertha camino penosamente hacia el salón. Vio una silla de
madera en un rincón detrás del reloj de pie y se apresuró a sentarse. Como
esperaba, el reloj la ocultó parcialmente de la vista. El fuerte tic-tac y el sonido
estridente de las manecillas marcando la hora mantenían a los demás alejados de
este lugar.
A decir verdad, si se le permitiera permanecer en un rincón como un ratón
y solo observar, estaría bastante contenta. El tiempo que pasó lejos de su familia
le había dado un nuevo aprecio por ellos.
Su hermana, Elise, sentada en el extremo más alejado de la habitación y
rodeada por no menos de cuatro pretendientes, dos de ellos hermanos, se levantó
y caminó hacia la ranura del correo. Recogiendo dos cartas que se habían caído,
estudio las direcciones. Le entregó una a Heinrich y examinó la habitación.
Cuando vio a Bertha, Elise agitó la carta y atravesó la habitación en su dirección.
Elise tenía la cintura más delgada de todas las chicas Bucholtz, acentuada
por un corsé ceñido. Aun así, tenía una figura curvilínea que actuaba como un
imán para los hombres. Sus mejillas sonrosadas y su sonrisa feliz mostraban su
placer por la atención. Su vestido azul verdoso acentuaba sus ojos y los rizos
rubios sueltos caían ingeniosamente alrededor de su rostro, rebotando cuando se
movía. Se detuvo frente a Bertha y blandió el sobre—Del territorio de Montana.
El corazón de Bertha dio un pequeño salto. ¿Y Knot o Sweetwater Springs?
Tenía amigas de la agencia de novias por correo en ambos pueblos y su
correspondencia con las seis mujeres era un punto culminante agridulce de sus
días. Le encantaba escuchar detalles sobre la nueva vida de sus amigas, pero las
cartas también servían para recordarle su propia falta de pareja.
- 16 -
Novias del Oeste por Correo #8
A pesar de lo decepcionante que resultó ser su tiempo en la agencia por el
resultado esperado del cortejo, la experiencia le había dado la oportunidad de
conocer a mujeres que eran totalmente diferentes de las familias comerciantes
alemanas que componían el círculo social de los Bucholtz.
Tomó la carta y miró la dirección del remitente para ver Sra. de Michael
Morgan escrita con precisión en cobre. Le tomó un par de segundos darse cuenta
de que la carta era de la ex Prudence Crawford. La ex novia por correo tenía una
vena desagradable que a menudo había dirigido a Bertha. La mujer se casó con
Michael Morgan, el dueño de una mina de oro en las afueras de Sweetwater
Springs.
El estómago de Bertha se contrajo como si la hubiera golpeado. Parpadeo
para aclarar su visión y leyó el nombre de nuevo, antes de meter la carta entre la
pierna y el costado de la silla. Cualquier cosa que Prudence tuviera que decir
podía esperar. Tal vez sea mejor tirar la carta a la basura.
Elise la miró con curiosidad—¿No vas a abrir la carta?
Bertha forzó una sonrisa—Más tarde.
Su hermana asintió y volvió a su asiento. Cualquier disfrute que Bertha
hubiera obtenido de sus observaciones de su familia se había desvanecido, porque
seguía demasiado consciente de la carta quemando a través de su falda y varias
enaguas. Finalmente, el reloj sonó, sorprendiéndola. Un dolor de cabeza apretaba
alrededor de su frente, palpitando en respuesta a cada latido.
Juzgando que se había quedado el tiempo suficiente, esperó hasta que su
madre se concentró en una conversación y se deslizó a la cocina con su carta. Se
detuvo solo lo suficiente para pedirle a Rose que le preparara un poco de té de
corteza de sauce. No quería explicar, huyó por la estrecha escalera de servicio
porque no quería que su madre notara su escape si usaba la principal.
Una vez dentro del dormitorio que compartía con dos de sus hermanas,
Bertha se refugió en la paz y el silencio. Su cama estaba en medio de tres de hierro
espaciadas en fila y separadas por mesas estrechas que sostenían lámparas de
aceite y libros. Mullidos colchones de plumas blancas y edredones doblados
hechos por las chicas cubrían cada una.
- 17 -
Bertha - Debra Holland
Bertha se sentó en su cama; el colchón de plumas se infló a su alrededor. Se
quedó mirando el sobre, debatiendo qué hacer. Finalmente, la curiosidad venció
al temor.
La primera línea de Prudence salto.
Te escribo una disculpa por lo mal que te he tratado.
Bertha jadeo. Prudence nunca se disculpaba a menos que la Sra. Seymour
se lo ordenara.
El matrimonio con el Sr. Morgan y vivir en un pequeño pueblo del Oeste me abrió los ojos
a mi verdadero carácter. Si bien no iré tan lejos como para decir que estoy reformada y le he
prohibido a Michael usar la palabra domesticada, me he convertido en una persona mucho
mejor y ahora me avergüenzo de mi comportamiento cruel hacia ti. Espero que llegue el
momento en que encuentres en tu generoso corazón la forma de perdonarme.
—Debes estar bromeando—dijo Bertha en voz alta, como si su némesis
estuviera en la habitación—Sería muy tú jugarme una broma tan cruel, Prudence.
Esta vez, Bertha releyó la carta con más atención. El mensaje sonaba
agradable, sincero y completamente diferente a la mujer mala que conocía. Miro
la firma para asegurarse de que era la persona adecuada.
La Sra. de Michael Morgan (antes Prudence Crawford)
Bertha estudió las formas de las letras. No había visto muchas muestras de
la letra de Prudence, pero por lo que recordaba y por increíble que parecía, esto
estaba, de hecho, escrito de la mano de la mujer.
Todavía incrédula, Bertha leyó la carta de nuevo. Esta vez, la sinceridad de
la disculpa de Prudence se hizo presente—¿Qué te ha pasado en el Oeste? —se
maravilló, hablando como si la mujer pudiera responder—¿Es Michael Morgan
un mago que te hechizó? Uno de amabilidad, ¿tal vez?
Continuó estudiando el siguiente punto impactante de la mujer.
- 18 -
Novias del Oeste por Correo #8
También te escribo con una oferta de trabajo. La pensión en Morgan’s Crossing donde
viven veinticinco mineros necesita una cocinera y un ama de llaves. No te ahorraré los detalles;
la casa es un lugar espantoso, una pocilga donde se alimenta a los hombres con estiércol. He
persuadido a mi esposo para que contrate a alguien que reemplace al hombre que actualmente
está a cargo.
Te recomiendo con elogios por tu carácter paciente, tus excelentes hábitos en cuanto al
trabajo y la limpieza y tus excelentes galletas. (¡El propietario actual los hace como piedras!)
Halagada, Bertha se preguntó si debería considerar aceptar el trabajo.
Dejó caer la carta en su regazo. Si una de sus queridas amigas en el
territorio de Montana le hubiera escrito con la oferta de un puesto, habría
aceptado la invitación. Pero estaba más inclinada a caminar en dirección
contraria de la propuesta de Prudence. Bueno…pensó en una pausa auto
despectiva, andar como pato en la dirección opuesta.
No, no puedo confiar en ella.
Un estallido de risa proveniente del salón hizo que Bertha se mordiera el
labio. De repente, la oferta de trabajo de Prudence parecía más atractiva. Repaso
los detalles.
Mi esposo te pagará un salario generoso (me encargare de eso) pero, lo que es más
importante, te necesitan y sospecho que ese hecho puede ser lo más tentador para ti.
Bertha arrugó la nariz ante el párrafo, no le gustaba lo bien que Prudence
la conocía.
Y, sin embargo, algo en el puesto tiraba de ella.
Apretó los labios, se levantó y se trasladó a un escritorio en la esquina de
la habitación. Antes de descartar por completo la idea, necesitaba consultar a sus
amigas en Sweetwater Springs. Con suerte, Darcy Walker, la astuta novia por
correo que Bertha había conocido mejor y que se había casado con un hombre
igualmente sabio, tendría algún consejo.
Saco una hoja de papel, mojo una pluma en el tintero y comenzó a escribir.
- 19 -
Bertha - Debra Holland
"Querida Darcy
Acabo de recibir la carta más extraña de Prudence Crawford, quien quizás sepas que
ahora es Prudence Morgan y vive en Morgan’s Crossing, que se encuentra cerca de Sweetwater
Springs. Tal vez incluso la hayas visto.
A decir verdad, no le presté atención a Prudence cuando hizo su unión. En mi decepción
por la decisión de la Sra. Seymour de cerrar la agencia, cerré mis oídos a Prudence cuando
parloteó sobre los detalles. Pero lo que sí recuerdo es que viviría en una mansión y sería la
primera dama de Morgan’s Crossing.
Prudence me ofreció el puesto de cocinera y administración de la pensión, que atiende a
veinticinco mineros. Ella describió el lugar como “sucio.” Si bien es desalentador, me gusta la
idea del desafío. Estoy segura de que los mineros deben tener un gran apetito y sabes cuánto
disfruto alimentando a la gente. También es un lugar donde se necesitan mis talentos, lo cual es
muy importante para mí.
¡En su carta Prudence se disculpó por el daño que me había causado! Parecía sincera,
¡pero esta es Prudence!"
Bertha subrayó con pluma debajo del nombre lo suficientemente fuerte
como para rayar el papel.
Sumergió la punta en el tintero y le hizo a Darcy la pregunta más
importante.
" ¿Puede ser verdad este cambio?"
Ella suspiró y continuó.
"Te escribo para pedir consejo y por supuesto, cualquier información que Trudy y Lina
puedan proporcionar. Me encantaría ocupar el puesto, ¡pero tengo miedo de depender de la
misericordia de Prudence Crawford!
Atentamente,
Bertha Bucholtz
- 20 -
Novias del Oeste por Correo #8
P.D.
La ventaja sería que viviría en el territorio de Montana y en ocasiones, podría visitar a
mis queridas amigas en Sweetwater Springs. ¡La idea es casi suficiente para hacerme soportar a
Prudence!
Bertha dobló la carta y deslizó el papel en un sobre, preguntándose qué
esperaba más; una respuesta positiva sobre Prudence de Darcy y la posibilidad de
una nueva vida en el oeste o una confirmación de sus dudas y permanecer en St.
Louis.
- 21 -
Bertha - Debra Holland
CAPÍTULO TRES
Darcy Walker viajaba en el asiento acolchonado de la carreta junto a su
esposo Gideon camino a la iglesia en Sweetwater Springs. Estaba feliz de llevar
su ropa favorita, que había llegado la semana pasada con los baúles enviados por
su antigua doncella, una de las sirvientas que Darcy seguía empleando en las casas
familiares de Nueva York y Newport, Rhode Island. El vestido de dos piezas tenía
un corpiño de crepe de China de seda azul pizarra con ribete de terciopelo más
oscuro. La falda de seda sobre una incrustación de terciopelo caía en capas de
volantes por la espalda, dando la ilusión de un polizón sin el inconveniente de
arrastrar el artilugio de alambre detrás de ella.
La mañana de septiembre era fresca pero soleada y habían hecho un buen
tiempo en el camino.
Miró con admiración a su marido, que vestía un traje azul nuevo y un
bombín que le había enviado recientemente su sastre en Crenshaw. Sabía que
Gideon prefería ropa vieja y cómoda, pero se lo puso para complacerla— Pasemos
por la estación de tren y recojamos nuestro correo antes del servicio. Tal vez haya
una carta de Y Knot que pueda compartir con Lina.
Tan temprano, la calle principal a través del pueblo todavía estaba casi
vacía de feligreses. No obstante, Darcy mantuvo un ojo atenta, con la esperanza
de encontrar a Lina, una ex novia por correo y una de sus mejores amigas, que se
había casado con el vecino de Gideon, Jonas Barrett. Sospechaba que Trudy
Flanigan y su esposo Seth asistirían hoy, ya que corrieron contra el clima para
recoger la cosecha.
Por mucho que disfrutara el momento de tranquilidad con su nuevo esposo
en su aislado hogar en el bosque, Darcy también esperaba con ansias los
domingos cuando pudiera, si el clima lo permitía, pasar tiempo visitando a sus
amigas, aunque a veces veía a Lina durante la semana porque vivían muy cerca.
Llegaron a la caballeriza, un edificio de dos pisos, las tablas estaban
desgastadas por la intemperie hasta volverse grises. Un mozo de cuadra salió por
la puerta abierta de par en par y se hizo cargo de un caballo marrón Appaloosa,
- 22 -
Novias del Oeste por Correo #8
dejado por un vaquero que asistía a la iglesia. Levantó la mano a modo de
saludo—Deje la carreta allí mismo— gritó—La moveré por usted.
—Lo haré—Gideon detuvo a los animales y frenó. Ató las riendas, saltó y
caminó para ayudar a Darcy a bajar de la carreta.
Mientras bajaba, Darcy intentó, sin éxito, evitar que su falda tocara la
rueda de la carreta o que perdiera el chal de terciopelo de juego, que se resbaló de
un hombro.
Hizo una mueca y tomó una decisión sobre su futuro modo de transporte.
Una vez en el suelo, Darcy ahuecó sus faldas y tomó el brazo de Gideon.
Mientras caminaban hacia la librea, tuvo cuidado de levantarse el dobladillo y
evitar las pilas de estiércol—Es hora de comprar un carruaje — anunció—Las
carretas están diseñadas para hombres, no para mujeres con falda, incluso si nos
vemos obligadas a viajar en ellas.
Los ojos de Gideon se abrieron como platos y su mirada se disparó por
encima del hombro—Pero acabamos de comprar la carreta.
—Compramos la carreta para acarrear la madera y otras cosas mientras
construimos la casa, así como para entregar los muebles que haces—señaló en
tono práctico—Pero debes admitir que no es el vehículo más cómodo para viajar.
Él sonrió, arrugando la piel alrededor de sus ojos plateados—Me pregunto
si alguna vez me acostumbrare a tener una esposa rica.
—Me pregunto si alguna vez me acostumbrare a tener un marido—
bromeó—Supongo que tendré que agregar más a los establos.
Cuando se acercaron a la estación, Jack Waite, el jefe de estación y de
correos de baja estatura, cruzó el andén cojeando y bajó los escalones hacia ellos.
Agito un sobre. —Los vi a través de la ventana, — dijo con una sonrisa. —Ya voy
de camino a la iglesia, pensé que les ahorraría la molestia de entrar.
—Que amable de su parte, Sr. Waite— Darcy tomó la carta de él.
- 23 -
Bertha - Debra Holland
Se quitó el sombrero ante ella—Un buen día para pasear por la calle. Puede
que no tenga muchos más. Necesito aprovechar de cada uno.
Sonriendo ante su simpatía, ella asintió—Entonces nos vemos en la iglesia.
Se tocó el sombrero.
Darcy estudió el sobre—Es de Bertha. Me pregunto cómo se está
adaptando a estar en casa. Es demasiado pronto para que haya recibido la carta
de Lina sobre cenar con Prudence y Michael— su agarre en el brazo de Gideon se
hizo más fuerte—Oh, desearía poder ver la cara de Bertha cuando lea sobre la
conversación de la simpatía de Prudence. Pensará que estamos bromeando.
Gid la miró pensativo—Creo que el cambio es duradero. No recibí una
sensación de falsedad de Prudence.
Darcy se quedó en silencio. Ella y Gideon habían discutido este tema una
vez antes. Con ella expresando incredulidad y el tranquilizándola. Nunca había
conocido a la desagradable Prudence, así que le resultó más fácil aceptar su
cambio. A Darcy le gustaba la nueva Prudence, pero tenía miedo de confiar en la
mujer y bajar la guardia por completo. —Supongo que la situación es más sobre
mí. Si me encariño con Prudence y ella vuelve a ser la de antes, me dolerá.
El asintió.
—Cuando estábamos en la agencia, Prudence no usó sus desagradables
artimañas conmigo porque…— Darcy levantó la nariz en el aire en una actitud
fingidamente altiva. —... Tengo un estatus social más alto y riquezas. Escogió a
las que consideraba por debajo de su posición.
—Estoy seguro de que fuiste su abanderada.
—Si yo estaba cerca. La astuta mujer a menudo esperaba hasta estar sola
con su víctima o víctimas. Era especialmente cruel con la pobre Bertha, que era
demasiado ecuánime y tímida para defenderse.
Encogiéndose de hombros, Darcy descartó el dilema del cambio duradero
de Prudence. —Oh, bueno, esto no es algo de lo que deba preocuparme hoy.
Supongo que solo el tiempo dirá. — se detuvieron frente al mercantil y Gideon
- 24 -
Novias del Oeste por Correo #8
esperó pacientemente mientras ella abría el sobre con cuidado, sacaba la carta y
comenzaba a leer.
Darcy sacudió el papel y dejó escapar una risa irónica. —Hable demasiado
pronto. Prudence ha invitado a Bertha a viajar a Morgan’s Crossing y administrar
la pensión. — Bajo la carta—Declaro que esta Prudence Morgan me tiene
aleteando de un lado a otro como una sábana al viento.
Sus cejas se juntaron—Estoy perplejo.
—¿Estás perplejo acerca de Prudence? —tiró de su brazo y comenzó a
caminar calle abajo hacia la iglesia.
—No sé cómo encontrar una cita literaria que responda a tu analogía de
lavandería.
Darcy se echó a reír—Creo que es la primera vez. — Hizo una pausa por
un minuto, buscando en su mente. —Yo tampoco puedo pensar una— Miró sus
ojos tranquilos que ahora brillaban divertidos y se enamoró aún más de él. Nunca
pensé que encontraría a alguien que me entendiera y mucho menos que le encantará hablar entre
citas como yo. Acercándose, ella apretó su brazo. —Espero que podamos encontrar
un buen esposo para Bertha para que pueda ser tan feliz con él, como yo lo soy
contigo.
Él sonrió, la sonrisa especial, reservada solo para ella, que nunca dejaba de
calentarla por dentro.
Ella devolvió sus pensamientos al tema en cuestión—Pondré a Trudy y
Lina a trabajar, porque son las que conocen a más gente por aquí. Y sabes lo
mucho que disfrutan haciendo de casamenteras.
*****
Después de la iglesia, Darcy y Gideon solo habían dado unos pasos afuera
cuando él levantó la vista y frunció el ceño.
- 25 -
Bertha - Debra Holland
Darcy miró su expresión inusual y siguió su mirada, pero no vio nada
preocupante, solo unas pocas nubes diáfanas que cubrían el cielo azul profundo
del otoño.
—¿Qué? — preguntó ella.
—No te he mencionado mi inquietud —dijo él lentamente. —No estoy
seguro de sí debería estar preocupado—Inclinó la cabeza hacia donde los
Flanigan y los Barrett se acercaban. —Quiero hablar con Jonas primero… ver si se
ha dado cuenta… tal vez saber si los indios están preocupados…
Aunque Darcy quería saber más, se dijo a sí misma que debería ser paciente,
había aprendido cuando presionar a su esposo para que hable y cuando dejarlo
en paz. —Tienes buenos instintos, Gideon. No deberías descartarlos.
La tomó del codo y la acompañó para encontrarse con Jonas y Lina Barrett,
quienes sostenían las manos de su pequeño hijo, Adam. Lina, una italiana, rolliza,
vestía un vestido rosa que hacía juego con su piel aceitunada y sus ojos oscuros.
El niño pequeño tenía los ojos verdes botella de Jonas, la piel aceitunada y
el cabello oscuro y lacio de su madre india y una sonrisa contagiosa.
Darcy se agacho a su nivel—Hola Adam.
Extendió los brazos. Sus padres lo soltaron y se tambaleó hacia ella para
abrazarla.
Como siempre, su dulce afecto la calentó. Nunca antes había tenido
experiencia con niños pequeños y pensó que no estaba muy interesada en ellos.
Enamorarse de Adam había cambiado sus sentimientos y ahora esperaba tener
los suyos propios. Darcy se levantó y le sonrió a Lina. —Declaro que este niño ha
crecido desde el domingo pasado.
Gideon solo tuvo tiempo de alborotar el cabello de Adam antes de que el
niño saliera corriendo detrás de su amigo pelirrojo favorito, los dos niños
pequeños cuidadosamente observados por algunas de las niñas mayores.
Lina sonrió con orgullo maternal, ante el cumplido de Darcy y empujo
hacia atrás un rizo que se había soltado de su moño. —Una combinación de salsa
- 26 -
Novias del Oeste por Correo #8
roja y amor. Se ha convertido en un pequeño parlanchín, incluso si no siempre
puedo entender sus palabras.
Jonas la miró, con una sonrisa de orgullo en su rostro. Tenía el cabello rubio
hasta los hombros, una barba muy corta y vestía una camisa verde nueva que su
esposa le había hecho recientemente.
Aunque Darcy admiraba la habilidad de costura de Lina, estaba agradecida
de no agregar la confección de ropa a su repertorio de habilidades domésticas que
había aprendido con tanto esfuerzo.
—De Bertha—Darcy agitó el sobre hacia Trudy y Lina. —Y Gideon tiene
algunas preocupaciones.
Una vez más, su esposo frunció el ceño. —Creo que nos dirigimos a un
invierno duro. Ya estoy viendo señales con la flora y la fauna: pájaros que vuelan
temprano hacia al sur, castores que construyen diques más gruesos, abrigos más
peludos en alces. Tendremos que prepararnos.
Las cejas de Lina se juntaron. —Con mi enlatado y todo, creo que tenemos
suficiente para pasar hasta la primavera. Vamos a sacrificar los cerdos en unas
pocas semanas. Pero, ¿qué tiene que ver el invierno con Bertha?
Darcy explicó rápidamente sobre la oferta de trabajo de Prudence.
Jonas se acarició la barbilla. —Estoy de acuerdo con Gid. Tu amiga Bertha
debería llegar aquí tan pronto como sea posible, para que no se vea atrapada en
una tormenta de nieve camino al campamento minero. Y si el invierno es malo,
Morgan’s Crossing quedará aislado y es posible que se quede sin suministros.
Tienen algunos cultivos y ganado, pero ese no es su enfoque. No sé cómo se las
arreglaría la gente en un invierno duro.
—¿Qué quieres decir con duro? —preguntó Lina, su mirada era
preocupada moviéndose entre los hombres.
—Tormentas frecuentes. Nieve profunda, que dura hasta bien entrada la
primavera. — Gideon se encogió de hombros. —El invierno será largo y sombrío,
— entonó en voz baja. —La naturaleza tiene un aspecto lúgubre.
- 27 -
Bertha - Debra Holland
Darcy no pudo ubicar la cita, pero pensó que le preguntaría más tarde.
Gideon miró a su alrededor. —Quiero hablar con otras personas que han
vivido en esta tierra más tiempo que yo.
Jonas hizo un gesto hacia donde estaba John Carter, uno de los ganaderos
más establecidos de la zona, estaba hablando con un hombre más bajo. —John es
la persona con quien hablar, entonces. Puede que no lo sepas, pero sus abuelos
fueron los primeros colonos aquí. Está hablando con Addison, el dueño de la
extensión vecina. No creo que hayas conocido al hombre.
John levantó una mano en reconocimiento al gesto de Jonas. Le dijo algo al
otro hombre y ambos se acercaron. John los saludo a los seis con calidez, pero
obviamente vio las expresiones serias en sus rostros. —¿Qué pasa?
Todos miraron a Gideon.
—No sé si es algo… sin embargo, estoy especulando que podemos tener un
invierno duro si estoy leyendo bien la naturaleza.
John frunció el ceño—Ciertamente espero que ese no sea el caso, porque el
ganado será un problema. Depende de que puedan pastar libremente, aunque con
el verano seco que hemos tenido…—sacudió la cabeza—Ya compre grano extra y
tengo algo de heno y alfalfa almacenados, pero no lo suficiente para toda la
manada durante un largo invierno— Miró a lo lejos. —Me gustaría ignorar lo que
estás diciendo y decirme a mí mismo, "Estaremos bien." Pero, ¿y si tienes razón?
Un murmullo recorrió.
—¿Qué pasa si tenemos un invierno como el del setenta y nueve y el
ochenta? —preguntó John. —Ni siquiera los trenes pudieron pasar.
—Ahora sólo estás buscando problemas—la burla provino del ranchero
Addison, un hombre sobrio todo en marrón, desde su sombrero hasta su cabello,
piel bronceada, ojos, ropa y botas.
- 28 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Tal vez sea así, — dijo John con calma—Pero prefiero anticiparme a los
problemas a que me tomen por sorpresa. — Se volvió hacia Jonas. —Te
agradecería que fueras a visitar a la familia de tu difunta esposa. Ver si los indios
tienen las mismas preocupaciones.
—Pieles rojas— Addison se burló y cruzó los brazos sobre su pecho.
Jonas se puso rígido.
John ignoró a Addison y entrecerró los ojos al sol—Mientras tanto, pondré
a mis hombres a cortar el heno silvestre cerca de los cursos de agua a lo largo del
límite norte. De todos modos, la manada no llegará tan lejos en invierno. No puede
hacer daño tener un extra a mano. Y creo que pediré más grano.
—Perdida de dinero— El Sr. Addison frunció el ceño como si estuviera a
punto de escupir y luego pareció recordar la presencia de las damas.
Los ojos de John brillaron—No seas tonto, Addison, — dijo en un tono
agudo. —Si nada de esto sucede, terminaremos con ganado más gordo en la
primavera porque tendremos alimento adicional a mano, en lugar de agotarse.
Ganado más gordo traerá más, dólares en el casco.
—Bah— Con un movimiento desdeñoso de su mano, el ranchero se dio la
vuelta y se alejó.
—No vengas a pedirme comida, — gritó John detrás de él.
Addison no se volvió.
Darcy le sonrió a John con afecto. —El Sr. Addison probablemente no esté
preocupado ahora porque sabe que puede aprovechar su generosidad más
adelante. Cuando ese hombre venga arrastrándose, lo ayudarás. Mira cuánto
tiempo dedicaron tu y tus peones del rancho para ayudarnos a Gideon y a mi a
reconstruir nuestra casa y vivimos lejos de tu casa. Además, sospecho que no será
la primera vez que vienes en su ayuda.
John dejó escapar un lento suspiro—Supongo que será mejor que ordene
una cantidad extra grande de grano. Podría terminar abasteciendo a todo el
- 29 -
Bertha - Debra Holland
maldito condado— Le lanzó una mirada a Jonas. —Averigua lo que la familia de
tu difunta esposa tiene que decir. Los indios nos trajeron una advertencia en el
‘80, no es que la mayoría prestara atención. Si la tribu está de acuerdo con Gideon
sobre un invierno duro, entonces personalmente encabezare los esfuerzos para
advertir a todos en nuestra comunidad.
Darcy tomó el codo de Lina y le dirigió una mirada en una orden silenciosa
para hablar en privado. Se alejaron de la conversación y quedaron fuera del
alcance del oído. Darcy le entregó la carta de Bertha a Lina.
Después de que Lina terminó de leerla, negó con la cabeza. —No sé nada
de esto. Bertha cree que Prudence vive en una mansión.
—Tendremos que desengañar a Bertha de cualquier idea de que Morgan’s
Crossing tenga mansiones y pensiones elegantes, aunque sucias— dijo Darcy con
ironía—Y tenemos que decidir cómo aconsejarla. Cuando se trata de eso,
¿confiamos en la nueva Prudence?
—Creo que es sincera— dijo Lina lentamente—Creo que podemos confiar
en que ella seguirá siendo la antigua Prudence a veces y la nueva Prudence en
otras. Si advertimos a Bertha, estará preparada.
—Bueno…— Darcy pensó en las implicaciones. —Bertha estaba dispuesta
a casarse con un extraño, lo cual, cuando lo piensas bien, es peor que aceptar un
puesto de trabajo para los Morgan. Un trabajo no es "hasta que la muerte nos
separe" y si Bertha no es feliz, siempre puede irse. Le haremos saber que puede
venir a quedarse con cualquiera de nosotras.
La sacudida decisiva de la cabeza de Lina hizo que los rizos negros bailaran
alrededor de su rostro—Con la forma en que Bertha puede cocinar y su
personalidad afable, se casará en poco tiempo. Nos ocuparemos de ello—Lanzó
una mirada especulativa a su alrededor. —Vaya, veo diez hombres disponibles a
menos de cien pies de nosotras.
—Bertha podría estar atrapada en Morgan’s Crossing por las tormentas de
invierno, — advirtió Darcy.
- 30 -
Novias del Oeste por Correo #8
—La primavera llegará eventualmente, — dijo Lina con voz práctica—Solo
le advertiremos que traiga mucha comida y provisiones. Estaba tan agradecida
por la comida que había traído de casa, pero el suministro se acabó en poco
tiempo. Terminé deseando haber traído otro baúl. No, dos baúles llenos.
—Mucha ropa abrigada, tal vez también ropa de cama—agregó Darcy—
Esos edredones de pluma de ganso que nos dijo que usa su familia.
—Mira el lado positivo. — Lina le dirigió una sonrisa traviesa—Un
invierno duro probablemente mantendrá a Prudence en casa y lejos de la pensión
de Bertha.
—Debería traer libros, — añadió Darcy, adoptando su tono de citar—
"Ciertamente todo el mundo es consciente de los placeres divinos que acompañan
a una fogata invernal; velas a las cuatro en punto, alfombras cálidas, té, una
hermosa tetera, persianas cerradas, cortinas que caen en amplios cortinajes hasta
el suelo, mientras el viento y la lluvia rugen audiblemente afuera"—cambió a su
voz regular. —El autor Thomas de Quincey no menciona libros, lo que siempre
pensé que era porque usaba demasiado opio en el momento en que escribió esto.
Después de todo, el libro se llama "Confesiones de un consumidor de opio inglés." Thomas
probablemente quiso ponerse poético sobre los libros y simplemente lo olvido.
Lina estalló en su risa terrenal. Sus ojos bailaron—Solo tú, Darcy Walker.
Tú con tus libros y citas.
—Los libros son importantes. Mientras tenga algo interesante para leer,
Bertha se las arreglará bien.
Eso espero.
- 31 -
Bertha - Debra Holland
CAPÍTULO CUATRO
Bertha noto a un joven delgado varios asientos delante de ella al otro lado
del vagón de tren que no había traído comida. Tampoco lo había visto comprar
nada en las paradas de tren. Por su ropa gastada y remendada, supuso que no
tenía dinero. Como no podía soportar ver a nadie pasar hambre, Bertha preparó
un paquete que contenía un sándwich grueso y media docena de galletas de la
canasta de alimentos que había traído. En una de las paradas, se armó de valor
para pasar junto al joven y le puso el paquete en las manos.
Con los ojos muy abiertos, balbuceó gracias.
Ella sonrió y se apresuró a volver a su asiento. Quedarse a charlar habría
sido incómodo para ambos, aunque a ella le hubiera gustado saber adónde iba él
y que pensaba hacer cuando llegara. Esperaba que tuviera a alguien que le diera
la bienvenida, que le diera de comer…
Mecida por el vaivén del tren, Bertha se quedó dormida, hasta que un suave
toque en su hombro la despertó sobresaltada. Parpadeo y miró al conductor del
tren. —Oh hola.
El hombre corpulento, que lucía oficial con un uniforme verde y negro,
asintió hacia la ventana—Se acerca su parada, señorita. Será mejor que se
prepare.
—Gracias, — murmuró, enderezándose en su asiento. Miró el reloj
prendido en su abrigo, un regalo de despedida de sus padres y se sintió aliviada
al ver que el tren llegaba a tiempo.
Él asintió y avanzó por el pasillo.
Con el estómago revuelto, Bertha miró por la ventana, pero no vio señales
de un pueblo, solo la dorada luz del sol otoñal se inclinaba sobre la hierba seca de
la pradera.
- 32 -
Novias del Oeste por Correo #8
Dormir en ángulo le había torcido el cuello. Bertha se estiró, sacó dos
alfileres largos y los colocó en su regazo. Se quitó el pequeño sombrero de paja
azul de la cabeza y lo agitó de un lado a otro, tratando de quitarse la ceniza y el
polvo del viaje. Movió los hombros y giró la cabeza para aflojar la torcedura y se
frotó el cuero cabelludo donde las horquillas habían sujetado el sombrero a su
cabello.
Un hombre al otro lado del pasillo, que tenía un rostro delgado enmarcado
por unas patillas pobladas y cabello ralo peinado hacia atrás, observaba sus giros
e nclinándose hacia adelante, trató de captar su mirada.
Avergonzada, ella apartó la mirada. Como había hecho la mayor parte del
tiempo desde que dejó St. Louis, Bertha mantuvo los ojos bajos, no queriendo
darle al hombre, ni a nadie más, la excusa para entablar una conversación con ella.
Afortunadamente, los pasajeros habían estado presentes en su vagón de tren
durante todo el viaje, por lo que nunca se sintió sin acompañante. En este
momento, un par de ancianas que parecían hermanas estaban sentadas dos
asientos detrás de ella y un joven esposo con su esposa viajaban cerca al frente.
Se alisó el cabello y se colocó el sombrero con alfileres antes de alcanzar la
canasta de picnic de mimbre con dos asas en el asiento de al lado y levantarla
sobre su regazo. Dentro había tres tipos de salchichas duras, cuatro manzanas y
el frasco Mason que originalmente contenían apfelsaft (jugo de manzana), pero
cuando terminó el jugo de manzana, Bertha volvió a llenar el frasco con agua.
Además, todavía tenía una hogaza de roggenmischbrot (pan mixto de centeno) y dos
docenas de hornishkuchen (pastel de croissant) en una lata de galletas redonda.
Entre Rose y Mutti (mamá) habían metido latas y paquetes envueltos en
papel encerado en la cesta, había viajado con suficiente comida para alimentar a
todo vagón. No es que realmente hubiera hecho tal cosa, por supuesto. Eso habría
implicado iniciar conversación con sus compañeros de viaje.
Diez minutos después, el pueblo apareció a la vista, con el mismo aspecto
que Lina había descrito en una de las páginas de sus cartas anteriores. Bertha se
inclinó hacia la ventana y vislumbro una iglesia blanca con un campanario y
algunos edificios de madera con fachada falsa antes de que el tren se detuviera
con estruendo.
- 33 -
Bertha - Debra Holland
Afortunadamente, Bertha disfrutó de una mejor vista, porque no estaba
tratando de mirar a través de torrentes de lluvia como los que había sufrido Lina
a su llegada. Los latidos de su corazón se aceleraron para igualar el ruido de las
ruedas que aún resonaban en su cabeza. Se le hizo un nudo en el estómago y deseó
no haber comido lo último del springerle hace menos de una hora.
En el andén, vio a Trudy Flanigan con un vestido azul y un sombrero. Al
igual que Bertha, Trudy era alemana, de pelo rubio y ojos azules. Su amiga se
quejaba de que su cintura encorsetada no se acercaba a los 50 centímetros de
moda, pero parecía un palo en comparación con la silueta fornida de Bertha.
Trudy estaba de pie al lado de un hombre de cabello oscuro que debía ser
su esposo y escudriñaba las ventanas del tren. En su último telegrama, Prudence
había dicho que la pareja la recogería y la llevaría a Morgan’s Crossing.
La visión de un rostro familiar después de días entre extraños hizo que se
le oprimiera el pecho. Bertha se inclinó cerca de la ventana y saludó.
El rostro de Trudy se iluminó. Ella le devolvió un saludo entusiasta y luego
agarró el brazo de su esposo y prácticamente lo arrastró hacia la puerta del vagón
del tren.
Bertha apretó la mano sobre las asas de la canasta, sorprendida por la
emoción de Trudy, porque en realidad, las dos no se conocían tan bien. Después
de permanecer solo dos semanas en la agencia nupcial, la Sra. Seymour había
enviado a Trudy al territorio de Montana para convertirse en la Sra. de Seth
Flanigan. Por supuesto, nos escribimos. La opresión en su estómago se alivió,
reemplazada por una sensación de gratitud por la amistad de Trudy.
Avanzó por el pasillo, se despidió del joven con la cabeza y bajó las
escaleras. Tan pronto como sus pies tocaron los tablones de la plataforma, Seth
tomó su cesta y su maleta.
Trudy abrazo a Bertha—¡Estoy tan contenta de que estés aquí! — la
abrazó.
A pesar de lo amoroso que era la familia Bucholta, no eran demostrativas
físicamente. Bertha tenía pocas experiencias de abrazos, aunque justo antes de
- 34 -
Novias del Oeste por Correo #8
partir, había recibido uno de cada miembro adulto de su familia. Incómoda con el
abrazo de Trudy, pero sin querer ofender y porque realmente estaba contenta de
ver a su amiga, Bertha le devolvió el abrazo, empapándose de la afectuosa
bienvenida.
Trudy soltó a Bertha y colocó una mano sobre el brazo de su esposo—Este
es mi querido Seth, de quien tanto has oído hablar.
Seth, sosteniendo su equipaje en cada mano, movió las cejas—Todo bien,
espero.
Bertha levantó la cabeza para encontrarse con su mirada. Tenía ojos
enérgicos, grises con una línea negra alrededor del iris, pero cuando bromeaba, se
veía guapo y accesible—Me gustaría dar la bienvenida a Sweetwater Springs a
otra novia por correo de la agencia del oeste. Lástima que no se quede en el
pueblo.
Bertha sonrió tímidamente y asintió—Sr. Flanigan.
Trudy deslizó su mano alrededor del brazo de Bertha. —No somos tan
formales aquí en Sweetwater Springs. Entre amigos usamos nuestros nombres de
pila. Llámalo Seth.
Desde atrás llegó el sonido de varios golpes. Se volvieron para ver a unos
hombres descargando los tres baúles de Bertha y una docena de grandes cajas de
madera.
Seth negó con la cabeza—Parece que trajiste tantas cajas y baúles como mi
esposa.
Bertha había escuchado todo acerca de que Trudy viajaba con la mayor
parte del contenido de la casa de su padre—Dejé mi piano en casa— dijo
inexpresiva.
Seth la miró de soslayo, aparentemente sorprendido por su humor y sonrió.
—Qué bueno que lo hiciste. Amiga de mi esposa o no, de ninguna manera llevaré
un piano a Morgan’s Crossing. Si Michael Morgan quiere un piano en su pueblo
minero, tendrá que conseguirlo el solo.
- 35 -
Bertha - Debra Holland
—Conociendo a Prudence—dijo Trudy con aspereza—, sospecho que
pronto lo hará.
Bertha le dio a Trudy una mirada de preocupación.
Trudy levantó una mano—Debería detenerme. En dos días, estaremos en
Morgan’s Crossing y puedo ver esta nueva Prudence por mí misma. Y a su esposo,
por supuesto, quien supuestamente también es un hombre más agradable de lo
que pensamos al principio. Hasta entonces, me cuesta creerles a Darcy y Lina que
Prudence ha cambiado, e incluso ellas tienen dudas.
Yo también
Trudy miro a Bertha de reojo—¿Estás segura de esta decisión de trabajar
en Morgan’s Crossing? No tenemos escasez de hombres disponibles en
Sweetwater Springs. Creo que podríamos encontrarte un marido en poco tiempo.
—Tu sugerencia tiene atractivo— Si Prudence no hubiera cambiado
realmente, entonces Bertha sabía que no sería rival para la mujer alborotada. Pero
no quería tomar el camino más fácil, al menos no todavía—¿Puedo mantener tu
oferta en reserva? Realmente quiero probar esto. Creo que seré buena
administrando una pensión y cocinando para los mineros.
—Entonces lo harás. Pero quiero que sepas que tienes un refugio aquí si es
necesario.
Seth, se quedó mirando cómo descargaban las pertenencias de Bertha, dejó
escapar un audible suspiro de alivio—Entre el vagón de El Davis y el mío, todo
debería caber—Hizo un gesto hacia una carreta estacionada junto a las escaleras.
—Esa es nuestra. Con la ráfaga de telegramas yendo y viniendo entre Morgan’s
Crossing, St. Louis y Sweetwater Springs, tenía una idea bastante clara de que
llevarías provisiones para la pensión.
Trudy se rio—Pobre Seth— le dijo a Bertha—Llegué con tanto y sin
avisarle, tampoco. No sé lo que estaba pensando. Pero él lo arregló todo.
—No es así como lo recuerdo— murmuró.
- 36 -
Novias del Oeste por Correo #8
Trudy continuó como si no hubiera hablado—Y Seth también ayudó a
Jonas a organizar la llegada de Lina, —dijo, sonando orgullosa.
Aunque Seth parecía complacido por los elogios de su esposa, no respondió
y mantuvo los ojos en Bertha. —Llevaremos tus baúles con nosotros y El Davis
puede transportar el resto directamente a la pensión. Está mediodía más o menos
detrás de nosotros, de camino aquí desde Morgan’s Crossing. Desde su llegada,
Prudence lo ha mantenido ocupado cumpliendo todos sus pedidos de compras.
—Entonces, ¿lo dejaremos todo? —A Bertha no le gustó la idea. Los
Morgan le habían confiado los fondos para esos suministros—¿Qué pasa si son
robados?
La sonrisa de Seth era amable—Este pueblo no es como St. Louis. Todo va
a estar bien. El jefe de estación vigilará tus cajas—Miró calle abajo. —Ahí está el
mozo de cuadra de la caballeriza me ayudara.
Bertha se dio la vuelta y vio a un hombre vestido con un mono que
caminaba hacia ellos.
Seth sopeso la cesta y la maleta. —Pondré esto en la carreta. El mozo de
cuadra me ayudara a cargar tus baúles y mover las cajas dentro de la estación.
Trudy tiro de Bertha hacia la carreta
—Déjame decirte el plan para esta noche. Estoy segura de que estas
deseando un baño.
Ja (si). Bertha asintió con decisión.
Las mujeres bajaron los escalones hasta la calle y dieron la vuelta a un lado
del camino.
—Al principio, los Walker y los Barrett querían estar aquí para recibirte.
Luego, Darcy se dio cuenta de que te sentirás abrumada por nuestros hombres y
que te sentirás más cómoda conociéndolos uno a la vez.
- 37 -
Bertha - Debra Holland
Bertha se sonrojó por la vergüenza de que sus amigas sintieran que debían
adaptarse a su timidez—No hay la necesidad de meterse en tantos problemas—
se apresuró a pronunciar las palabras.
—Ningún problema en absoluto. — Trudy palmeó el brazo de Bertha. —
En realidad, el plan de Darcy funciona bien. Ella y Lina viven a lo largo de un
camino que conduce a Morgan’s Crossing. No es la ruta principal, pero no tiene
sentido que conduzcan hasta aquí y luego retrocedan.
—Oh. — Bertha se sintió mejor por no haber echado a nadie.
—Primero iremos a casa de Gid y Darcy. Quiere que veas su nueva casa.
Tienen la tina al aire libre más divina junto a una fuente termal y un arroyo, que
se sentirá tan bien sumergirse. recuerdo cuando anhelaba un baño cuando llegué
aquí por primera vez. Mi introducción a la pequeña tina de hojalata de Seth fue
todo un choque. —hizo un círculo con los brazos y sonrió. —No mucho más
grande que esto.
—Al aire libre. — Bertha se atraganto. Oh, no. No me bañaré afuera. Pero
tampoco cabré en una bañera del tamaño de la de Trudy. Se preguntó si tendría que
resignarse a los baños de esponja de ahora en adelante.
La sonrisa de Trudy mostró comprensión. —La bañera al aire libre es muy
privada. Incluso la he usado. Después de que su casa se incendiara, Seth y yo
íbamos tan a menudo como podíamos para ayudarlos a reconstruir. Darcy insistió
en un baño dentro de la nueva casa, pero aún no está terminado, por lo que están
usando una letrina y la tina que hizo Gid con una roca en el arroyo.
Bertha todavía no estaba segura de bañarse de una manera tan pública. —
En sus cartas, Darcy elogió la creatividad de su esposo. Tengo muchas ganas de
ver su trabajo—dijo con tacto, alejándose del tema de los baños al aire libre.
Seth se unió a ellas, señalando el asiento de la carreta, que estaba
acolchonado con varias mantas.
Trudy puso su mano en la de él, se levantó la falda con la otra y con gracia
pasó al asiento alto. Se deslizó hasta el centro y se alisó el vestido.
- 38 -
Novias del Oeste por Correo #8
Bertha observó la altura del asiento y alzó la mano para juguetear con su
reloj. No podía recordar la última vez que había montado en una carreta. Tal vez
nunca. Estaba acostumbrada a los tranvías o a caminar y el surrey de su padre no
era tan alto. Se tensó, imaginando lo ridícula que se vería, lanzándose torpemente
al asiento. ¿Habrá suficiente espacio para nosotros tres en ese banco?
Seth extendió una mano.
Bertha respiró hondo. No hay forma de evitar esto. Le lanzó una mirada de
disculpa a Seth y levantó la barbilla en dirección a Trudy. —No estoy
acostumbrada a… quiero decir, yo…—no podía decirle que tal vez pesara
demasiado.
Trudy se inclinó hacia Bertha—Permite que Seth te ayude.
El tono compasivo de su amiga solo sirvió para avergonzar aún más a
Bertha. Puso su mano en la de Seth y levantó su pie hasta el escalón. Sintiéndose
enorme y desgarbada, se levantó. Por un momento se tambaleó, sintiendo que
Seth se preparaba para mantenerla erguida. Tuvo una horrible visión de caer
sobre el hombre y aplastarlo como un insecto. Trudy nunca me perdonará si mato a su
marido.
Con una mano agarrando el borde más alejado del asiento, Trudy se ancló
y se acercó. —Agárrate, — ordenó.
Bertha tomó la mano de su amiga. Con Trudy sujetándola con firmeza y
Seth empujándola desde atrás pudo sentarse en el asiento. Se apoyó contra el
respaldo, temblando y jadeando, más por la vergüenza que por el esfuerzo.
—Listo, lo logramos, — dijo Trudy en un tono alegre.
Obviamente, está tratando de hacerme sentir mejor—Y tendremos que hacerlo de
nuevo… y de nuevo. — Bertha dijo con tristeza, agitando la mano para refrescarse
las mejillas sonrojadas. —Creo que viviré aquí arriba.
—Te prometo que será más fácil. —dijo Trudy como si significara algo más
que subirse al banco de una carreta. —Solo espera. Pronto recuperaras tu ritmo.
- 39 -
Bertha - Debra Holland
Bertha no estaba convencida.
—Quizás la próxima vez puedas aprender a montar a caballo.
—Oh, no.— Probablemente lastimaré a la pobre criatura. Bertha sólo podía
imaginar la figura de la diversión que haría, tratando de montar uno. Al menos en la
carreta no se había movido cuando me subí. Los caballos no tienen frenos. Cuando era una
niña, ya había tenido suficientes burlas sobre su peso por parte de otros niños en
la escuela y a veces, incluso de sus hermanos. No estaba dispuesta a exponerse al
ridículo como adulta.
Seth dio la vuelta al otro lado, trepó, desató las riendas y soltó el freno.
Hizo un chasquido y sacudió las riendas. empezó a moverse.
—Lástima que Lina y Jonas no vengan a cenar— dijo Trudy—Han llevado
a Adam a visitar a la familia de su madre y averiguar si los indios creen que este
será un mal invierno como les advertimos que podría ser. Pero se encontrarán con
nosotros en Morgan’s Crossing.
Aliviada de no ser más el tema de conversación, Bertha juntó las manos
frente a ella—No estaba segura de que las vería a todas. En uno de sus telegramas,
Prudence mencionó a un cochero… ¿Cómo se llaman esos hombres? Oh, si, que un
"desollador de mulas" (5) me llevaría a Morgan’s Crossing—se estremeció ante la
idea—Gracias por salvarme de eso.
(5)Eran arrieros profesionales cuyo trabajo era mantener a las mulas transportando material hacia y
desde lugares de trabajo, el término desollador era una jerga para referirse a alguien que podía ser más astuto que
las mulas para que se comportaran de la manera requerida.
Seth se inclinó hacia adelante. —No hubiera sido tan malo. El Davis es un
buen hombre. Inofensivo y tan tímido como tú. Ni siquiera frecuenta el salón.
—Esta noche dormiremos en casa de Gid y Darcy— dijo Trudy, cambiando
de tema.—Tienen una habitación de invitados en la planta baja, que con suerte
algún día será una guardería. La casa tiene una torre de dos pisos y tienen una
cama en la habitación de arriba. Una pared entera en la sala de la torre es
estanterías. Y hay otra librería abajo.
- 40 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Eso suena perfecto para Darcy.
—Ahora que su medio hermano Holden está en la cárcel y ella tiene
posesión de su fortuna, Darcy mandó traer todos sus libros desde el este— La voz
de Trudy adquirió un tono irónico—Ella envió órdenes para que se pusieran
copias en la biblioteca de su casa en Nueva York para cuando la visite. Planean
hacerlo a fines de la primavera o el verano.
Una de las ruedas de la carreta chocó contra un bache, lo que provocó que
el cuerpo de Bertha se sacudiera. Después de una mirada de soslayo para ver si
alguien se dio cuenta, cruzo los brazos sobre su pecho.
Pasaron por un edificio verde descolorido de dos pisos.
Bertha miró el lugar con curiosidad, solo para darse cuenta de que era un
salón. A través de la gran ventana de cristal, podía ver a los hombres inclinarse
hacia adelante y mirarla. Miró hacia otro lado, solo para ver a una mujer pequeña
y su hijo medio adulto mirándola desde el otro lado de la calle.
Bajó la barbilla, no le gustaba sentir ojos inquisitivos sobre ella. En el
ajetreado St. Louis, no destacaba tanto. Cuando caminaba a la iglesia o al
mercado, la gente rara vez la miraba por segunda vez. Pero aquí, aparentemente,
todos podían ver que era una recién llegada y por lo tanto, un espectáculo curioso.
Decidió mantener la vista al frente y concentrarse en la conversación con
Trudy. La decisión no era difícil, ya que su amiga comenzó a contarle los detalles
de su vida desde que llegó a Sweetwater Springs y tenía mucho que contar.
Pronto, Bertha se sintió tan cómoda con Trudy como con una de sus
hermanas y era aún más fácil conversar con su amiga. Escuchó todo lo que dijo
Bertha sin interrumpirla y la atrajo, animándola a expandirse cuando hablaba en
oraciones cortas. Aunque el par no había compartido mucho entre ellas en la
agencia, ahora hablaban y hablaban mientras salían del pueblo, a través de un
campo abierto y a lo largo de un camino forestal.
Las horas del viaje pasaron más rápido y placenteramente de lo que Bertha
podría haber imaginado, aunque su trasero comenzó a adormecerse. Finalmente,
- 41 -
Bertha - Debra Holland
Seth se detuvo frente a un banco que tenía cajas de madera con tapas ajustadas a
ambos lados, todas protegidas por un techo de tejas de dos aguas. El área a la
izquierda del banco estaba despejada de árboles, lo que facilitaba el giro de una
carreta.
Trudy le sonrió a Bertha. —Solo otros quince minutos.
Gott sei dank! (¡Gracias a Dios!) No veía la hora de bajarse del duro banco de
la carreta, incluso si eso significaba enfrentarse al peligroso viaje hasta el suelo.
El espeso bosque, que ya mostraba indicios de colores otoñales, se cerró
sobre ellos, cortando el cielo. Para Bertha, el bosque evocaba una sensación de
misterio más que de mal agüero.
Con un gesto de la mano, Trudy hizo un gesto hacia delante—Esto solía
ser solo un camino. Pero cuando Gid tuvo que reconstruir, necesitaba un camino
por el que transportar madera y materiales de construcción, de modo que las
personas que llegaban en carretas para ayudar pudieran conducir cerca de la casa.
Así que lo ampliamos, — dijo en un tono de propietario, como si ella misma
hubiera empuñado un hacha.
Seth redujo la velocidad de los animales para pasar a través de un enrejado
hecho de dos árboles, sus ramas entrelazadas con enredaderas de la planta "gloria
de la mañana". Un colibrí salió disparado de la solitaria flor de trompeta azul, que
todavía florecía valientemente. Las ruedas de la carreta apenas pasaban un par de
pulgadas de cada tronco.
El bosque dio paso a una abertura. Los cascos de los caballos resonaron en
los adoquines y Bertha vio por primera vez la casa de Gideon y Darcy.
La casa de un piso estaba construida con troncos cuadrados. Las ventanas
con cristal diamantado, enmarcadas por contraventanas verdes, brillaban al sol.
Una puerta verde arqueada estaba abierta. Una torre cuadrada abrazaba un lado.
Macizos de flores de piedra apilados, vacíos de plantas, rodeaban la casa.
Juntando las manos, Bertha dejó escapar un suspiro de felicidad—Tan
encantador como lo había imaginado, una casa de campo de cuento de hadas, de
- 42 -
Novias del Oeste por Correo #8
hecho. Estoy segura de que en la primavera y el verano, con las coloridas flores
que florecen en las macetas y los jardines, el lugar será encantador.
Seth se detuvo delante y frenó.
—No tuve la oportunidad de ver la casa original de Gid—dijo Trudy y se
inclinó hacia delante para señalar setas de madera con la parte superior roja y la
base blanca que brotaban en un macizo de flores. —Muchas de las creaciones
fantasiosas de Gid se quemaron en el fuego. Uno pensaría que con todo lo demás
que ha tenido que hacer, esos estarían al final de su lista para reemplazar. Pero él
y Darcy se negaron a dejar que su medio hermano destruyera la magia. Aunque
Gid solo ha tenido tiempo de hacer unos pocos, ciertamente son preciosos.
Bertha vio un hada tallada, sus alas con los colores de una mariposa
monarca, posada en un columpio en miniatura que colgaba de la rama de un árbol.
El avistamiento le recordó los cuentos populares alemanes que había escuchado
toda su vida, la Selva Negra encantada; el Erdmanlein en su baúl, un gnomo regalo
de despedida de su Opa (abuelo), estaba destinado a traerle buena suerte. —Creo
que Gid y Darcy tomaron la decisión correcta para preservar la magia—dijo,
sintiéndose segura. —El resto llegará con el tiempo. — Espero seguir viviendo en el
área y poder venir a ver como se verá el lugar terminado.
Darcy abrió la puerta de un empujón y salió corriendo, luciendo la sonrisa
más grande que Bertha jamás había visto en su rostro. Estaba tan delgada como
siempre, con el pelo castaño recogido desordenadamente en la parte superior de
la cabeza y llevaba un delantal sobre su vestido gris—¡Bertha! — gritó y saludó
corriendo hacia la carreta.
Bertha tuvo que sonreír. Al crecer en una familia adinerada con muchos
sirvientes, Darcy nunca había usado un delantal hasta que vivió en la agencia
nupcial. A diferencia de la mayoría de las mujeres, que se lo quitan como algo
natural cuando llega la compañía, en su emoción, probablemente ni siquiera se
había dado cuenta de que el delantal todavía estaba atado alrededor de su cintura.
—Finalmente, — gritó Darcy.
Bertha quería bajar de la carreta y saludarla, pero no se atrevió a hacerlo
sin la ayuda de Seth.
- 43 -
Bertha - Debra Holland
Darcy levantó una mano hacia Bertha. —¡No puedo creer que estés
realmente aquí! He estado alerta durante la última hora. Bienvenida a mi hogar.
Sonriendo, Bertha tomó la mano de Darcy y la apretó. —Yo tampoco puedo
creerlo.
Seth ató las riendas. —Ahora siéntate tranquila, Bertha y déjame dar la
vuelta y ayudarte a bajar.
La orden fue completamente innecesaria.
Darcy soltó a Bertha y dio un paso atrás.
—Ahora, Bertha, — dijo Seth en un tono instructivo, tomándola de la
mano—Cuando bajes, dobla un poco las rodillas cuando aterrices.
Elevo una oración pidiendo equilibrio y gracia. El buen Dios debe haberla
escuchado, porque bajar de la carreta no fue tan difícil como temía. Una vez que
sus pies tocaron el suelo, Bertha dejó escapar un suspiro de alivio y se volvió hacia
Darcy, quien rápidamente la abrazo.
—Ya, ya, ya, —exclamó Bertha sorprendida al devolverle el abrazo. A pesar
de toda su amabilidad, la mujer de clase alta siempre había tenido un aire de
reserva. Palmeo la espalda de Darcy. Ciertamente me estoy llenando de abrazos hoy.
Darcy se enderezó. Le sonrió a Trudy, que Seth la estaba ayudando a bajar
y luego volvió a mirar a Bertha. —¿Quién hubiera pensado que todas
terminaremos en el territorio de Montana?
Seth inclinó la cabeza hacia un edificio a un lado. Al igual que la casa
principal, las paredes eran de troncos cuadrados con postigos verdes a ambos
lados de las ventanas. —Apuesto a que Gid está en su taller. Iré a sacarlo para que
me ayude a descargar y ocuparme de los caballos.
—Gracias, querido Seth. — Darcy junto los codos con Bertha y la giró para
mirar hacia la casa. —¿Qué piensas?
- 44 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Creo que tu cabaña pertenece a der Schwarzwald, la Selva Negra
encantada, — tradujo Bertha mientras miraba la casa.
Trudy enganchó su codo alrededor del otro brazo de Bertha—Tienes toda
la razón.
Estar unida a sus dos amigas le dio a Bertha un sentimiento de camaradería
como nunca antes había experimentado. —Hansel y Gretel deben estar a la vuelta
de la esquina.
Darcy se rió. —Mientras no sea la bruja malvada que intenta comérselos.
—Oh, no. Eres una buena bruja, — dijo Bertha con seriedad. —O tal vez
un hada madrina.
—La gente de Sweetwater Springs y sus alrededores son lo que es mágico.
Tan sencillo y anodino como parece el pueblo, los habitantes…— Darcy dijo con
una mirada lejana, como si mirara hacia atrás. —Después del incendio, la gente,
la mayoría de ellos desconocidos para nosotros, vinieron de todas partes para
ayudarnos a reconstruir. Pudimos mudarnos a la casa después de solo tres
semanas.
Bertha se estremeció. —No puedo imaginar el horror, sus vidas en peligro,
tu casa en llamas…
—Todavía tengo pesadillas—dijo Darcy en un tono sombrío. —Gideon y
yo estuvimos cerca de morir. Si hubiera estado sola, mi medio hermano me habría
matado.
Bertha levantó la vista y vio miedo en los ojos de su amiga. Nada, ni siquiera
Prudence en su peor momento, había sacudido la compostura de Darcy. Ella les
dio una sacudida a sus brazos unidos. —No debes tener tales pensamientos. Vivir
en un pasado que no ocurrió no puede ser saludable. Debes centrarte en lo que es
real. Tu esposo y tu están bien. Has experimentado una comunidad que se une
para ayudarte. Reza una oración de agradecimiento a Gott im Himmel (Dios en el
cielo) .— El poder de su convicción, su necesidad de ofrecer apoyo, la habían
llevado a hablar alemán.
- 45 -
Bertha - Debra Holland
—Sabias palabras, Bertha— dijo Trudy y le dio un codazo en el brazo.
—Oh, me siento agradecida. — Darcy sonaba más como ella misma. —Doy
gracias a Dios todos los días. Probablemente diez veces al día. Tal vez más.
Queriendo apartar los pensamientos de Darcy del fuego, Bertha asintió
hacia la casa. —Debes mostrarme los alrededores. No puedo esperar a ver todo.
Y después…— Con una sonrisa burlona, hizo una pausa para lograr un efecto
dramático y miró a sus amigas. —Les hablaré del día que Prudence arrojó una
bandeja de galletas por la cocina.
*****
El último proyecto de la Sra. Morgan fue arreglar el salón de reuniones a
tiempo para celebrar una fiesta por la llegada de algunos de sus amigos. Las
mujeres de Morgan’s Crossing nunca antes se habían unido para recorrer el
pueblo como aparentemente, encabezadas por la primera dama, parecían
decididas a hacerlo.
Como si fuera un general al mando de su tropa, la Sra. Morgan organizó a
las mujeres y a Howie que poco después del desayuno, se encontraba subido a
una escalera, barriendo con una escoba cubierta de tela, las telarañas que
adornaban el techo. Mientras empuñaba la escoba, observaba a las mujeres
desempolvar el gran espacio del salón de reuniones con cubos y trapos cada una
tomando una sección de la pared para lavar.
La Sra. Morgan era el tipo de general que encabezaba la avanzada.
Trabajaba tan duro como cualquiera de sus soldados. Howie pensó que, si ella
hubiera estado al mando, el ejército de la Unión habría ganado la Guerra Civil en
cuestión de meses. Aunque por lo general no era propenso a pensar en fantasías,
no pudo evitar preguntarse, dado que papá había muerto en la batalla de
Gettysburg, como habría sido diferente su vida si su padre hubiera vuelto a casa,
en lugar de ser enterrado en el campo de algún granjero.
Pararse en lo alto de la escalera era casi tan bueno como ocultarse en las
sombras, porque las mujeres parecían olvidar que él estaba allí y tenía la
oportunidad de escuchar sus conversaciones. Las mujeres hablaban y reían
mientras trabajaban, divirtiéndose mientras lograban mucho al mismo tiempo.
- 46 -
Novias del Oeste por Correo #8
Howie tenía una extraña fascinación por la Sra. Morgan, nunca había visto
una dama como ella. No es que hubiera interactuado con muchas mujeres en su
vida. Había sido criado en un orfanato para niños después de la muerte de su
abuela. Luego, tan pronto como creció lo suficiente como para hacer trabajo de
hombres, se escapó, tomó trabajos ocasionales y se dirigió al oeste y al norte.
Había sido vaquero y minero en lugares sin una mujer a la vista. Eventualmente,
había cruzado caminos con Michael Morgan, terminando en un pueblo lleno de
hombres y menos de diez mujeres.
Después de que Howie terminó el techo, comenzó a clavar las tablas
sueltas del piso. Luego, mientras las mujeres fregaban el piso, salió para
reemplazar las tejas que faltaban en el techo, antes de instalar una nueva ventana.
Luego pintó todo el interior de un verde salvia pálido.
Para su sorpresa, Howie descubrió que no le importaba trabajar para las
damas, aunque ellas eran muy particulares sobre lo que querían que hiciera. Le
gustaba su evidente satisfacción por la restauración del salón de reuniones y se
satisfacía complaciéndolas. Además, lo atiborraron de comida. No podía quejarse.
Finalmente, el salón de reuniones quedó lo más limpio posible y la Sra.
Morgan los envió a todos a casa. Recogiendo trapeadores, escobas y baldes con
cepillos y trapos y se despidieron cansados.
La Sra. Morgan y Howie caminaron juntos de regreso a su casa, Él llevaba
dos cubos llenos de productos de limpieza y ella sostenía una escoba.
—No estoy segura de sí mis amigas llegarán mañana o pasado. Supongo
que todos depende del tiempo que hagan.
—El camino debe estar seco. Eso ayudará.
—Cuando lleguemos a la casa, si eres tan amable, te agradecería que
subieras la bañera a mi habitación mientras empiezo a calentar agua.
—Podría subir algunas cubetas para llenar parcialmente la tina— ofreció.
- 47 -
Bertha - Debra Holland
—Gracias. Agregaré el agua caliente yo misma. — Ella suspiró—. Lo que
daría por un baño civilizado.
Howie permaneció en silencio, por costumbre y también porque no sabía
lo que era un baño civilizado.
—Espero que tú y el Sr. Morgan usen la casa de baños mañana.
—¿Yo? — espetó, atónito de que ella sugiriese tal cosa. No es que no
hubiera planeado probar las nuevas instalaciones mañana antes de las fiestas.
—Ciertamente. Tendrás que estar en la casa sentado en el salón con el Sr.
Morgan y conmigo cuando lleguen todos.
Él no quería acercarse a ese salón. Después de que El Davis se detuviera en
la casa con su carreta de gran tamaño repleto de muebles nuevos de un catálogo,
Howie había ayudado al conductor de la carreta y al Sr. Morgan a descargar.
Luego hubo que armar las camas y ayudar a la Sra. Morgan a arreglar el salón.
Debió haber movido los muebles en media docena de lugares hasta que la
mujer se decidió por los arreglos correctos. Después de una segunda carrera a
Sweetwater Springs, El regresó con muebles adicionales, así como artículos para
la tienda, lo que significaba subir y bajar más y más cosas por las escaleras de la
casa, a veces dos veces. Tal vez esperaré afuera en el porche.
—Es importante que estés allí para ayudar a descargar y todo. En
particular, quiero que conozcas a la señorita Bucholtz.
La sola idea lo inquieta. —¿Por qué es eso, señora? pregunto sin rodeos.
La Sra. Morgan vaciló—Guarda esto bajo llave.
—Sí, señora. — Dejó escapar un suspiro de cansancio. —He traído aquí a
la señorita Bucholtz para que reemplace al señor Gabellini. —Howie se imaginó
a una vieja solterona seca con la misma presencia dominante que la Sra. Morgan;
una verdadera hacha de batalla. Se acercan fuegos artificiales.
- 48 -
Novias del Oeste por Correo #8
—¿Está segura de que una mujer es la, eh, persona adecuada para el
trabajo?
—Bertha Bucholtz es una de las mejores cocineras que conozco. Te
garantizo que, a estas alturas del próximo mes, todos ustedes tendrán cinco libras
de más.
Suena bien para mí.
—Espero que la ayudes a comenzar, de la misma manera que hiciste con la
tienda y el salón de reuniones.
No hace mucho tiempo, Howie y las damas habían limpiado la tienda de la
empresa de varios años de polvo y suciedad. Eso también significaba quitar el
polvo o lavar casi todos los artículos que estaban a la venta en el lugar. Supuso
que la pensión necesitaba la misma reforma. —Puedo hacer eso.
—Y ayudar a mantener un ojo en las cosas. Más particularmente, vigila a
los hombres. Por supuesto, el Sr. Morgan planea tener una charla severa sobre su
comportamiento y las severas sanciones de tomarse libertades con la Srta.
Bucholtz.
—Me mantendré alerta.
—La cuestión es que… he observado que tienes una actitud tranquila y
respetuosa, Howie, que es lo que necesitará la Srta. Bucholtz.
El cumplido se instaló con inquietud en su centro. No estaba
acostumbrado a recibir muchas palabras amables.
—Verás, la Srta. Bucholtz es tímida.
Ahí va mi idea de un hacha de guerra. Una mujer tímida que dirige una pensión para
mineros.
—Aunque la he visto habladora cuando se siente cómoda con la gente. —
La Sra. Morgan le dio a Howie una mirada de soslayo. —No muy diferente a ti.
- 49 -
Bertha - Debra Holland
Howie no sabía que había hablado con nadie.
—Fuimos novias por correo juntas en la agencia, aunque ella no hizo una
unión. Yo… bueno, no siempre he tratado bien a la Srta. Bucholtz. En realidad, a
decir verdad, nunca la he tratado con amabilidad. — Dejó caer los hombros y dejó
de hablar.
Howie pensó que debería decir algo, aunque no estaba seguro de qué—
Supongo que tiene la oportunidad de empezar de nuevo— aventuró.
—Creo que lo he hecho—dijo lentamente. —Con suerte, debido a esta
oportunidad de trabajo…—sus hombros se levantaron —... la Srta. Bucholtz
tendrá la misma opinión— Se enderezó y aceleró sus pasos.
Howie acababa de hablar más con esta mujer en una conversación que en
todo el último año combinado. Pero no había terminado del todo. —No se
preocupe, Sra. Morgan. Cuidare bien de su Srta. Bucholtz.
Tan pronto como las palabras salieron de su boca, Howie se preguntó qué
diablos acababa de hacer.
- 50 -
Novias del Oeste por Correo #8
CAPÍTULO CINCO
Bertha nunca había disfrutado más de una cena, que está con sus dos
amigas y sus maridos. Cilindros blancos en candelabros de plata proyectaban una
luz resplandeciente sobre la mesa y un aparador satinado tallado, que estaba
situado junto a la cocina y abierto a la sala principal. Bertha se sentó junto a Trudy
frente a Seth. Gid y Darcy se habían sentado a la cabecera y a los pies de la mesa.
Una maravillosa sensación de bienestar la envolvió. Darcy había
convencido a Bertha para que probara el baño al aire libre, que resultó ser tan
maravilloso como prometió Trudy. Justo cuando su cabello casi se había secado
y se había puesto ropa limpia, la cena estaba lista.
En su mayor parte, Darcy se había negado a permitir que Bertha entrara a
su cocina, alegando la intención de mostrar sus habilidades domésticas y
demostrar que se había tomado muy en serio las lecciones de cocina en la agencia.
Para la cena, se dieron un festín con pollo frito, puré de papas y salsa y las
remolachas en escabeche que Bertha le había enseñado a hacer, seguidas de un
pastel de arándanos hecho con bayas que Lina había preparado.
Darcy los entretuvo a todos con su historia del desafortunado pollo en sus
platos. Le contó a Bertha como Trudy había adquirido pollos de una mujer difícil
del pueblo y posteriormente le había llevado algunos a Lina, quien, a su vez, le
había dado este a Darcy para que lo preparara para la cena de Bertha.
Ella describió torpemente como mató, desplumó y aderezó este pollo para
su comida, solo el segundo que había cocinado. Como todas las novias de la
agencia, Darcy tuvo que pasar la prueba del pollo, demostrando que podía llevar
con éxito un pájaro vivo y corriendo por el patio hasta la mesa. Tanto Prudence
como Darcy tenían mucho que aprender antes de que pudieran siquiera intentar
la prueba.
Sus amigas compartieron sobre sus vidas, a menudo contando historias,
burlándose de sus cónyuges. Para las parejas que habían estado casadas solo unos
meses, ciertamente habían acumulado muchas anécdotas. A Bertha le dolía el
estómago de tanto reírse y disfruto del amor y la camaradería del grupo.
- 51 -
Bertha - Debra Holland
Bertha miró alrededor de la mesa, estudiando especialmente a los hombres;
los maridos que sus amigas habían elegido con fe ciega y de los que
posteriormente se enamoraron profundamente. Se sintió gratificada de que cada
uno coincidiera con sus expectativas formadas a partir de la correspondencia con
sus esposas.
El callado Gid, con un espeso cabello rubio plateado y su rostro tan
anguloso e interesante como el de su esposa, mostró una presencia tranquila. Su
inclinación por superar las citas de Darcy hizo que todos se rieran.
Seth, con sus fascinantes ojos grises, era el más llamativo de los dos
hombres. Aunque obviamente era un hombre que sabía lo que pensaba, a menudo
permitía que Trudy, que era como una madre gallina con cuatro pollitos,
asumiera el liderazgo del grupo.
Sin embargo, a medida que avanzaba la noche, un leve hilo de descontento
se tejió a través de los buenos sentimientos de Bertha. En un momento,
repentinamente cansada por su largo día, miró su reloj.
Al parecer, Seth captó la mirada. Se inclinó hacia adelante. —Hemos
decidido que es mejor partir al amanecer. Así que deberíamos irnos a la cama
pronto. Si conducimos todo el día y hacemos un buen tiempo, podemos llegar a
Morgan’s Crossing poco después del anochecer. Solo tendremos un cuarto de
luna, así que no quiero que me atrape demasiado lejos del pueblo.
Cuando Bertha miró hacia las escaleras, notó una pequeña ventana en el
costado de la chimenea de roca de río. ¿Es vitral? No podía decirlo en la oscuridad.
Gid siguió su mirada. —Originalmente tenía dos ventanas de vitral. Fueron
hechas por un amigo mío. Después del incendio, le escribí, encargando
reemplazar los que había perdido. Me devolvió los pequeños, pero también me
indicó que hiciera un espacio para una ventana más grande, para que pueda
mostrar algunos de sus diseños más avanzados. Entrará en la ventana vacía de la
torre, la que ahora está cubierta por persianas.
- 52 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Me encantan todas tus criaturas fantasiosas, pero veo que necesitas un
Erdmanlein, un gnomo. Debes hacer uno, porque cuidará de tu casa y te traerá
suerte.
Sus ojos se avivaron con interés. —¿Puedes describir a estos gnomos? No
creo haber visto ninguna foto de ellos.
—Puedo hacer algo mejor. Vuelvo enseguida— Bertha se levantó, corrió al
dormitorio de abajo y abrió uno de sus baúles, apartando las capas de ropa de
cama para encontrar la figurita de arcilla pintada. Le sonrió al gnomo, que media
unos veinticinco centímetros de alto. Tenía un rostro inteligente y arrugado,
barba blanca y una gorra roja puntiaguda. Llevaba una camisa azul, calzas
marrones hasta la rodilla y un cinturón negro con una hebilla plateada cuadrada
y sostenía una pala.
Ella tuvo una punzada repentina de extrañar a su Opa, recordando la forma
en que le pellizcaba las mejillas y le repartía dulces delgados, chocolates redondos
envueltos en papel de aluminio que los hacia parecer monedas, o regaliz negro en
forma de diamante. Le escribiré pronto y le diré que mostré su Erdmanlein, estará
complacido.
De vuelta en la sala principal, le entregó la figura a Gid. —Es un gnomo de
jardín. Debes colocarlo frente a la casa.
Gid estudió el Erdmanlein desde todos los ángulos antes de pasárselo a
Darcy—Ciertamente puedo tallar y pintar uno como él.
—El sombrero rojo y la barba blanca son tradicionales—le dijo Bertha—,
puede sostener diferentes herramientas de jardinería… o cualquier cosa, en
realidad. Si le haces una esposa, debe usar un vestido de colores apagados,
pobrecita.
El gnomo pasó alrededor de la mesa y todos se tomaron un tiempo para
admirar la figura, hasta que terminó de nuevo en sus manos. Sostener el
Erdmanlein hizo que el vago descontento y los anhelos con los que Bertha había
luchado durante el último año se cristalizaran repentinamente en certeza. Quería
lo que Darcy, Lina y Trudy tenían: esposos amorosos, hijos algún día, un sentido
de propósito… miró la hermosa casa, y mi propia casa.
- 53 -
Bertha - Debra Holland
*****
Howie no estaba seguro de cuánto tiempo más podría soportar esperar en
el salón de los Morgan vestido con su mejor ropa, un traje que había visto días
mejores. Se inquietó y su mirada volvió una y otra vez a las ventanas oscuras,
adornadas con cortinas de terciopelo rosa.
Los Morgan se sentaban en los extremos del sofá, inclinándose hacia la luz
de las lámparas en las mesas auxiliares con incrustaciones para poder ver y leer.
La Sra. Morgan sostenía un libro y el Sr. Morgan examinaba un periódico.
Howie podría haber ocupado su mente de la misma manera, pero estaba
demasiado inquieto, anticipando la llegada de los Flanigan, los Walker y lo más
importante, la Srta. Bucholtz. Los Barrett también debían presentarse esta noche,
llegando por separado, habiendo llegado desde la reserva india. Esperaba poder
ubicar el equipaje de todos, así como hacer que la tímida Señorita Bucholtz se
sintiera cómoda.
El sonido de las ruedas y el golpeteo de los cascos hizo que la Sra. Morgan
dejara caer su libro a su lado sobre el cojín del sofá y corriera hacia la ventana para
mirar hacia afuera, aunque Howie dudaba que pudiera ver mucho en la oscuridad.
—¡Están aquí!
Gracias a Dios.
La Sra. Morgan tomó su chal, que colgaba de un gancho junto a la puerta.
—¡Apúrense, caballeros! — Abrió las puertas dobles, atravesó el vestíbulo y salió
al porche.
Michael, también vestido de traje por su esposa, se puso de pie. Ladeó la
cabeza hacia Howie, que no se había movido y le lanzó una mirada de "ya
escuchaste a la dama".
Sí, señor. Se levantó y siguió a su jefe fuera de la casa. En previsión de una
llegada tardía, el Sr. Morgan había dejado dos faroles colgados del techo del
porche. La luna, poco más de un cuarto, apenas proporcionaba brillo. Pero
alguien en cada una de las carretas sostenían una linterna.
- 54 -
Novias del Oeste por Correo #8
Howie se detuvo en un rincón oscuro del porche. Dos carretas. ¿Como se
suponía que iba a saber cuál contenía a la Srta. Bucholtz, a quién había accedido
a vigilar? Entonces vio que en la carreta que iba delante había dos señoras en el
asiento junto a un hombre. Pensando que, si la mujer del medio se sentaba al lado
de su esposo, entonces la mujer de afuera con una linterna en su regazo debía ser
la nueva cocinera. Se dirigió en esa dirección.
Antes de llegar allí, el conductor ayudó a la mujer del medio a bajarse por
su lado.
—¡Trudy! — llamó la Sra. Morgan, apresurándose hacia su amiga y dándole
un abrazo.
Más seguro ahora que él tenía a la mujer adecuada, Howie se detuvo junto
a la Srta. Bucholtz y vio que su imagen de una mujer delgada y mayor era
completamente incorrecta. A la luz de la linterna, pudo ver que era joven,
probablemente ni siquiera tan vieja como la Sra. Morgan. Su espeso cabello rubio
estaba tirado hacia atrás de una cara bonita y redonda.
De repente, Howie se sintió cohibido y quiso desvanecerse en las sombras,
pero resistió el impulso, había prometido cuidar de esta mujer.
La Srta. Bucholtz movió la linterna, mostrando más de su rostro.
En la luz incierta, pudo ver la aprehensión en sus ojos y perdió su reticencia
en un deseo de tranquilizarla—¿Señorita Bucholtz?
Ella asintió.
—Soy Howie Brungar—dijo con su voz más tranquila, la que usaba con los
caballos asustadizos. —Trabajo para los Morgan. Déjeme tomar eso— alcanzó su
linterna.
Ella renunció a la luz.
Dejó la lámpara a un lado en el suelo, se enderezó y extendió su mano hacia
ella.
- 55 -
Bertha - Debra Holland
Ella vaciló, mordiéndose el labio.
¿Es demasiado tímida para permitirme ayudarle a bajar? ¿Hay algo más mal? Howie
se preguntó si debería retroceder. Puede que se sienta más cómoda con la ayuda
del Sr. Flanigan o del Sr. Walker, con quienes está más familiarizada. Pero él
quería ser en quien ella confiara, no solo porque se suponía que debía estar
cuidándola, sino también por otra razón, una por la que no podía determinar con
precisión.—Estará bastante a salvo conmigo. — Dejó su mano en su lugar. —
Vamos, ahora, — la engatusó, deseando que confiara en él.
La Srta. Bucholtz se movió para enfrentarlo y bajar, le dio la mano. Justo
cuando su pie buscaba el escalón, algo la hizo mirar hacia un lado. Al hacerlo, falló
y perdió el equilibrio. Con un grito, cayó sobre él.
Howie la agarró, preparándose contra su peso. La plenitud de sus pechos
se presionaban contra el suyo. Asegurándose de sujetarla con seguridad, la bajo
lentamente al suelo, sintiendo una excitación en respuesta al deslizar de du
cuerpo redondeado contra la parte delantera del propio, no la soltó de inmediato,
porque sus brazos parecían haber desarrollado una mente propia, encerrándose
alrededor de su forma femenina.
El tiempo debe haberse congelado, porque Howie sintió que la abrazaba
para siempre, aunque supuso que todo el incidente había durado mucho menos
de un minuto—¿Está bien, Srta. Bucholtz? —esperaba que su respuesta fuera no,
así tendría una excusa para prolongar su abrazo.
Ella asintió y apartó la mirada.
Pero no antes de que él viera una expresión de vergüenza en su rostro.
Como caballero, no tuvo más remedio que soltarla, a pesar de tener un impulso
primitivo de rugir y llevársela a su cueva. Consciente de su repentino anhelo, dio
un paso atrás y bajó una mano, manteniendo la otra sobre ella para asegurarse
doblemente de que estaba estable sobre sus pies. Incluso a través de su abrigo,
podía sentir la curva de su brazo, haciéndolo consciente de sus diferencias,
hombre y mujer, duro y suave.
- 56 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Lo siento, — susurró ella, mirando hacia abajo, obviamente todavía
avergonzada.
Una oleada de energía masculina le dio una audacia inesperada y lo hizo
querer tocar con un dedo debajo de su barbilla y levantar su rostro para que sus
ojos pudieran encontrarse—No lo estés, cariño— dijo con su mejor acento de
vaquero. —Porque ciertamente no lo estoy. No todos los días un hombre como
yo puede ayudar a una dama tan bonita. Cada vez que necesites ayuda para subir
o bajar de una carreta, solo llámame, — dijo en un tono burlón—Estaré ahí. —
Esperando que vuelvas a caer en mis brazos.
Incluso mientras la tranquilizaba, Howie se preguntaba qué extraño
acababa de apoderarse de él. Pero no pudo recordarlo, especialmente cuando su
escandaloso coqueteo ahuyentó la vergüenza de su rostro y atrajo una mirada
hacia arriba y una sonrisa tímida de ella.
Apartó la mano de su brazo y dio un paso atrás para dejar que los Morgan
se acercaran.
Contento con la oscuridad y esperando que su cuerpo se enfriará
rápidamente, Howie se apresuró a la parte trasera de la carreta para comenzar a
descargar. Pero se llevó consigo el recuerdo de la sonrisa de Bertha y la sensación
tentadora de su cuerpo entre sus brazos.
- 57 -
Bertha - Debra Holland
CAPÍTULO SEIS
En la penumbra del amanecer, Bertha bajó en silencio las escaleras de la
casa de los Morgan, con la intención de preparar el desayuno para todos. Se sintió
sorprendentemente renovada dado el largo viaje de ayer que había culminado con
caer en los brazos de Howie Brungar. De alguna manera, se las había arreglado
para convertir el embarazoso incidente en un encuentro romántico, quitando el
aguijón de la vergüenza.
Bertha esperaba verlo hoy y se preguntaba cómo se vería a la luz del día. La
noche anterior, sentada en el banco de la carreta, había estado demasiado
preocupada para notar mucho sobre su apariencia más allá de que era alto y
delgado. Pero la sensación de sus fuertes brazos alrededor de ella quedaría
grabada para siempre en su memoria. Se preguntó si alguna vez tendría otra
conversación con ella, si volvería a coquetear con ella y si encontraría el coraje
para responder, envió una oración. ¡Por favor Dios, que no se me trabe la lengua a su
alrededor!
Una vez abajo, pasó por delante del comedor, ansiosa por trabajar en la
tranquila cocina de Prudence, con todos los artículos nuevos. Pero vio la luz de
una lámpara a través de la cocina, escucho que alguien se movía y se dio cuenta
de que una de las otras damas debía estar despierta, probablemente Trudy o Lina
o tal vez ambas.
Sabiendo que le gustaría cocinar con sus amigas, Bertha aceleró sus pasos
y se preparó para decir buenos días. Pero entonces, vio a Prudence sacando una
bandeja de galletas del horno de una estufa negra nueva.
Consternada, Bertha se detuvo en la puerta. Sin saber si avanzar o
retroceder, se congeló.
La cocina era grande y bien ventilada y daba a un porche trasero. Un
fregadero oblongo se encontraba en medio de un mostrador, que se extendía a lo
largo de la pared exterior con gabinetes arriba y abajo. Una mesa rectangular
blanca estaba en medio de la habitación, con una silla a cada lado. Había una caja
para tartas y una nevera contra la pared interior.
- 58 -
Novias del Oeste por Correo #8
Bertha se aclaró la garganta.
Prudence levantó la vista y sonrió—Buenos días, Bertha— llevaba un
sencillo vestido a rayas azul y cubierto por un delantal, tan diferente de su otra
ropa fina como podría ser.
Aunque Bertha había visto a la mujer actuar amistosamente la noche
anterior cuando todos estaban alrededor, el saludo la asombró. En el pasado,
Prudence la había ignorado deliberadamente en la mañana a menos que la Sra.
Seymour estuviera presente. En realidad, había ignorado a todo el mundo antes
del desayuno, aparte de hacer un comentario desagradable sobre una de las otras
novias.
—Gutten Morgan (Buenos días). — En su conmoción, hablo automáticamente
en alemán, luego se encogió, esperando las críticas que la mujer seguramente le
lanzaría.
Prudence volvió a sonreír y colocó la bandeja sobre una almohadilla
caliente, tejida a rayas azules y negras, sobre el mostrador. —Pensé en empezar
el desayuno. Bueno…— vaciló. —Realmente quería ver qué pensabas de mis
galletas.
Oh, no. Bertha se preguntó si podría salir sigilosamente de la habitación. No
tenía ningún deseo de estar cerca si Prudence si arrojaba la bandeja, una
repetición de su enojo en la agencia cuando sus galletas no eran las mejores. Se
imaginó el metal caliente golpeándola. Y por desgracia no había ninguna Sra. Seymour para
mantener a raya a Prudence, pensó Bertha con un miedo repentino, mirando a su
alrededor y retorciendo su delantal. De hecho, como la mujer estaba casada con
el dueño de todo el pueblo, Prudence no tenía a nadie que la responsabilizara por
su buen comportamiento. Tal vez he cometido un error desastroso al venir aquí.
Prudence no pareció notar el nerviosismo de Bertha. Cogió una espátula de
madera y colocó una galleta en un plato pequeño. El resto lo hecho hábilmente en
un cesto de pan forrado con una servilleta de lino blanco. Extendió el plato hacia
Bertha—Aquí está— inclinó la cabeza, indicando una pequeña vasija gris sobre
la mesa. —La mantequilla está ahí. Hecha por la Sra. Tuccio, que es la única en el
- 59 -
Bertha - Debra Holland
pueblo que tiene una vaca, aunque las estancias de por aquí tienen la suya. Creo
que encontrarás que la mantequilla es bastante buena.
De mala gana Bertha tomó el plato.
—Pase lo que pase, no tirare nada, — dijo Prudence, su boca se torció en
una sonrisa irónica. —Lo prometo.
No necesitas tirar nada. Tu lengua es tan afilada como un cuchillo. Puedes apuñalarme.
Pero Bertha se quedó callada, no queriendo molestar a esta amable Prudence.
Después de todo, trabajo para ella ahora.
Había un cuchillo junto a la vasija de mantequilla y lo uso para abrir la
galleta con cautela. Salió vapor. Separó las dos mitades y unto una generosa
cantidad de mantequilla, mirando cómo se derretían y se hundían en el interior
esponjoso. Aunque la galleta se veía perfecta, también lo estaban los otros
intentos menos exitosos de Prudence.
Bertha esperó otro minuto en un silencio incómodo para que la galleta se
enfriará, las mariposas bailaban locamente en su estómago. No se atrevió a hacer
contacto visual con Prudence, porque entonces el silencio se volviera aún más
incómodo.
Finalmente, volvió a colocar las dos mitades juntas. Cuando levanto la
galleta para darle un mordisco, su mano tembló. Para concentrarse en el sabor,
cerró los ojos. Mientras masticaba, Bertha saboreaba el sabor, la textura. Trago
saliva y dejó escapar un suspiro lento y aliviado. Las mariposas en su estómago se
calmaron y abrió los ojos.
Prudence estaba de pie frente a ella, su expresión ansiosa y sus manos
juntas, una pose vulnerable.
Nunca había visto a Prudence lucir tan indefensa y en ese momento, Bertha
supo que podía herir a su némesis tan profundamente como la mujer la había
herido tantas veces. Empezó a dar otro bocado, no para prolongar la ansiedad de
Prudence, sino porque se le había formado un nudo en la garganta y no podía
hablar.
- 60 -
Novias del Oeste por Correo #8
Entonces Bertha se dio cuenta de que ella tampoco podía comer. En
cambio, bajó la galleta al plato y cuadró los hombros, respiró tan hondo como le
permitía su corsé y sonrió. —Esto es maravilloso, Prudence. — golpeó la parte
superior de su galleta. —Incluso mejor que las mías.
Sus ojos se agrandaron—¿En verdad? ¿No dices eso solo para
complacerme?
—Eran buenas antes, — dijo Bertha suavemente. —Ahora son realmente
excelentes.
—Lo intente…— Los labios de Prudence temblaron en una pequeña
sonrisa. —Trate de poner tanto amor en ellas hoy. — Las lágrimas brotaron de
sus ojos. Una se derramó. —En la agencia, no podría haber agregado ese
ingrediente que faltaba, porque no tenía amor para dar. La única persona que
alguna vez me amó fue mi hermana mayor y ella murió cuando yo tenía diez años.
Impulsada por la compasión, con los ojos empañados por la humedad,
Bertha experimentó una ola de gratitud que la invadió por su amada familia. Ni
siquiera podía imaginar crecer en el estado de soledad que la mujer acababa de
describir.
La confesión de Prudence explica mucho. Ahora la entiendo más.
Una segunda lágrima cayó por el rostro de Prudencez—Desde que llegué a
Morgan’s Crossing, he… he abierto mi corazón. — Con su nariz y ojos rojos,
Prudence parecía incluso más sencilla que de costumbre, y sin embargo, el amor
la transformaba cc en una mujer hermosa.
Un pequeño sonido de roce hizo que las dos miraran hacia la puerta.
Michael estaba mirando. Obviamente había estado allí por un tiempo y
había escuchado la confesión de Prudence, porque miró a su esposa con una
tierna expresión de amor en su hermoso rostro.
Se cubrió la boca con la mano y dejó escapar un sollozo.
- 61 -
Bertha - Debra Holland
—Oh, Pru. — Dio tres grandes pasos y la tomó en sus brazos, besando la
parte superior de su cabeza.
Verlos juntos hizo que las lágrimas de Bertha se derramaran. Se sacó un
pañuelo de la manga y se secó los ojos.
Prudence levantó la cabeza, sorbi ó y miró a Bertha por encima del hombro
de Michael. Las lágrimas continuaron cayendo por su rostro. —Yo era una
persona tan horrible contigo, Bertha. Bueno… con todas, pero especialmente tú.
Michael miró de Prudence a Bertha, no con una mirada de pánico de no sé
qué hacer que muchos hombres muestran cuando sus mujeres lloran, sino de
comprensión.
Ella esperó a que el dijera algo para consolar a su esposa, pero en cambio,
mantuvo su mirada en Bertha, pareciendo animarla.
Quiere que responda. Él no va a intervenir.
Juntando las manos, buscó profundamente en su interior para encontrar el
coraje de decir su verdad. —Realmente me lastimaste, Prudence… casi todos los
días. A veces, incluso lloré. Hiciste que tuviera miedo. —incluso mientras
hablaba, Bertha se dio cuenta del temblor en sus rodillas.
Prudence asintió varias veces—Entiendo que no puedas perdonarme.
—Yo no dije eso, — corrigió Bertha con un movimiento de cabeza. —
Puedo perdonarte. Te perdono. — sonrió. —De hecho, te perdono con alegría.
Pero eso no significa que no desconfié de ti por un tiempo, tal vez por mucho
tiempo.
Prudence asintió. —Eso es justo— Bertha dejó escapar un suspiro que no
se había dado cuenta de que había estado conteniendo. —Bueno, tengo que
admitir que algo bueno salió de tu mal comportamiento en la agencia. Yo…—
Miró hacia otro lado y respiró hondo antes de mirar a Prudence de nuevo. —
Siendo tímida, podría no haberme hecho amiga de las otras mujeres, o al menos
no tan rápido, si no fuera por ti. Tus ataques hicieron que el resto de nosotras nos
uniéramos. Ellas me protegieron y ayudaron. Estaba tan agradecida que me sentí
- 62 -
Novias del Oeste por Correo #8
obligada a extender mi amistad a cambio, especialmente para ayudar a todas a
mejorar sus habilidades para cocinar y hornear. A medida que me sentía más
cómoda con las otras novias, nuestras amistades se profundizaron.
—Vaya—resopló Prudence y lloró de nuevo.
Michael dio un paso atrás, sus manos estaban sobre los hombros de su
esposa—Probemos esas galletas, — dijo, usando un tono jovial en un intento
obvio de aligerar la fuerte emoción en la habitación. Besó la mejilla de Prudence—
Escuché que hay mucho amor en ellas—dijo arrastrando las palabras—Y yo soy
un hombre hambriento.
Su esposa se rió y se limpió las mejillas mojadas.
—Permíteme—Michael sacó un pañuelo grande de su bolsillo y le secó
suavemente la cara.
Aunque Bertha no oyó ningún sonido, algo llamó su atención hacia la parte
trasera de la cocina, donde una figura silenciosa permanecía inmóvil en el porche
frente a la puerta entreabierta. Howie Brungar. Una vez más, recordó cómo se sintió
en sus brazos la noche anterior y como había llevado pensamientos sobre él a sus
sueños. Un rubor calentó sus mejillas, pero no bajó los ojos ni apartó la mirada.
Howie miro a Bertha como si realmente la viera, no su grasa exterior, sino
su corazón. Él sonrió y asintió con aprobación antes de desaparecer de la vista.
Ella miró hacia la puerta vacía, deseando que regresara.
*****
Bertha permaneció en silencio durante todo el desayuno, sus pensamientos
sobre el encuentro con Prudence y el intercambio de miradas con Howie Brungar.
El recuerdo la hizo pensar en la fuerza de sus brazos de anoche. Su cuerpo
enrojecido por el calor. Miró hacia la chimenea, que estaba rodeada de pequeños
cuadrados de azulejos azules, la repisa de la chimenea mostraba algo de porcelana
azul de sauce de Prudence y deseó no estar sentada tan cerca.
- 63 -
Bertha - Debra Holland
Alrededor de la mesa, los caballeros estaban dispersos entre las mujeres.
Cuando Howie se unió a ellos en el comedor para la comida, se sentó en una
esquina al otro lado de la mesa de Bertha entre Darcy y Lina, quien sostenía a
Adam en su regazo.
De vez en cuando, Bertha lanzaba miradas encubiertas en dirección a
Howie desde debajo de sus pestañas. Parecía tener unos treinta años y tenía una
apariencia anodina, ni guapo ni feo, sino algo intermedio, con cabello castaño
desordenado e inteligentes ojos azules. Unas cuantas veces la miró a los ojos y su
temperatura se disparó
A la luz del día, decidió que el hombre parecía demasiado delgado y que le
vendría bien engordar un poco, aunque su apetito parecía abundante, ya que
comió su comida (huevos revueltos, beicon y pfannkuchen-panqueques) con
deleite. Había optado por comer las tortitas alemanas con forma de crepe
enrolladas solo con mantequilla, en lugar de agregar cualquiera de las mermeladas
de arándano o fresa disponibles.
Los pfannkuchen fueron un éxito para todos. Mientras estaba en la agencia,
no había pensado en enseñar a sus amigas cómo hacerlos e incluso Trudy, con su
herencia alemana, no conocía el plato.
Esta mañana, Bertha disfrutó mostrándoles a las otras mujeres como cubrir
el fondo de la sartén con una masa del grosor justo: delgada, pero no tan delgada
como para que el panqueque se rompa cuando se saca de la sartén. Todas se
habían divertido turnándose para usar las tres sartenes de Prudence, con
resultados variados: Darcy y Prudence, por supuesto, produjeron los peores. Pero
a los hombres no pareció importarles los bultos, las roturas y las formas
irregulares, ya que terminaron comiéndose tres cada uno.
Michael dejó el tenedor y dobló la servilleta, colocando el utensilio junto a
su plato. —Gracias damas. No puedo decir cuándo he disfrutado más un
desayuno. He comido maravillosa comida en platos nuevos y elegantes. — Golpeó
el borde del plato de sauce azul. —Bueno, de la abuela de Prudence, pero nuevo
para mí. — Cogió su taza de té y saludó a Prudence—Estoy sentado en mi nueva
mesa de comedor frente a mi esposa…
Ella inclinó la cabeza en respuesta.
- 64 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Estoy recibiendo invitados en mi casa casi nueva— hizo un gesto
circular. —He roto mi ayuno con un viejo amigo…— asintió hacia Howie —... y
otros nuevos. Soy ricamente bendecido.
—"Un corazón noble es un corazón agradecido que ama reconocer cada
vez que ha recibido alguna misericordia"— citó Gideon.
Bertha ocultó una sonrisa ante las miradas desconcertadas de todos.
—Jeremiah Burroughs, Contentamiento, Prosperidad y la Gloria de
Dios.— Darcy palmeó el brazo de Gid. —Descubrirás que a mi esposo le gustan
las citas literarias y filosóficas, — le dijo a Howie.
Bertha no pudo resistirse. —Él no es el único, — bromeó, mirando a
Howie. —Darcy siempre nos dejaba perplejas con sus citas. — Miró alrededor de
la mesa. —Uno de estos días, deberíamos hacerles una prueba para ver cuál sabe
más. — Solo después de que cayó el silencio y todos la miraron, Bertha se dio
cuenta de la naturalidad con la que acababa de responder. Les envió a todos una
sonrisa traviesa. —Puedo hablar— les informo como si estuviera haciendo un
anuncio.
—De hecho, puedes, — murmuró Howie, mirándola con evidente
admiración.
Bertha se sonrojó de placer.
Darcy hizo un gesto entre ella y Lina—Sabíamos eso de ti. Pero dudo que
los demás se dieran cuenta de lo mucho que sales de tu timidez cuando te sientes
cómoda.
Michael arqueó una ceja hacia Prudence. —¿Creo que mi esposa tiene
planes para las damas hoy?
—Cocinar para la fiesta de esta noche. — Con las cejas fruncidas, miró a
su alrededor. —Sé que es terrible invitarlas aquí y luego ponerlas a trabajar. Pero
me vendría bien la ayuda de todas.
Oh, no. —¿Una fiesta? — dejó escapar Bertha.
- 65 -
Bertha - Debra Holland
—Una fiesta de bienvenida para ti. Nadie lo mencionó por miedo a que te
negaras a venir a Morgan’s Crossing.
Bertha se quedó mirando su regazo. No podía imaginar nada que le gustara
menos.
Prudence vio su expresión y se rió, pero no de la manera desagradable que
solía hacerlo—Me estoy burlando de ti, querida Bertha. Sé que odiarías ser el
motivo de la fiesta. Lo eres, pero nadie más lo sabe. Lo llamamos fiesta de la
cosecha.
Eso no suena tan mal.
—La sala de reuniones está lista excepto por las decoraciones. Pensé que
podríamos dar un paseo para que pudieran ver el pueblo y conocer a las otras
mujeres. — Miró alrededor de la mesa—Podemos ir más lejos y recoger algunas
flores y otro follaje. Entonces tendremos que volver y cocinar. Todas las mujeres
del pueblo estarán cocinando. Hemos proporcionado suministros para todos, por
lo que nadie tiene que escatimar.
—Pero, ¿qué pasa con la pensión? — protestó Bertha.
Prudence dejó su taza de té. —Me gustaría que tuviéramos un día en el que
no tengamos que preocuparnos por ese lugar. Enfrentarse al cocinero, así como
limpiar y organizar el espacio no serán tareas fáciles. Prefiero que centramos
nuestros esfuerzos en la fiesta. Mañana es lo suficientemente pronto para que
comiences tu trabajo.
—Estoy de acuerdo, — dijo Michael—Si quieren acompañarme a la mina,
les daré un recorrido.
Todos parecían interesados y asintieron.
—Bien. — Prudence tamborileo con el dedo sobre el borde de la mesa. —
Ahora esto está resuelto. Solo tenemos que limpiar los platos del desayuno.
Trudy dobló su servilleta. —Todas ayudaremos.
- 66 -
Novias del Oeste por Correo #8
Prudence lanzó una sonrisa alrededor de la mesa a las mujeres—La
limpieza debería ser fácil. Tenemos mucha práctica trabajando juntas en la
agencia—Su expresión irónica mostró que se estaba burlando de sí misma.
Una risa burbujeó en Bertha. Ni una sola vez Prudence había trabajado con
ellas. En todo caso, había evadido las tareas, o impedido sus esfuerzos y habían
tenido que trabajar alrededor de ella.
Las sonrisas alegres de las otras mujeres le dijeron que tenían los mismos
recuerdos.
Otro pensamiento la golpeó. Prudence nunca había mostrado un humor
autocrítico. Incluso más que su encuentro anterior en la cocina, esta conversación
le aseguraba a Bertha que su némesis realmente había cambiado.
Si Prudence puede cambiar tanto, tal vez yo también pueda.
- 67 -
Bertha - Debra Holland
CAPÍTULO SIETE
Esa noche, cuando los Morgan y sus visitantes entraron al salón de
reuniones para el Festival de la Cosecha, Howie, como todos los demás hombres
presentes, se concentró en las damas. No sabía lo que habían hecho consigo
mismas, pero con vestidos elegantes, con rizos en la frente y largos guantes
blancos que cubrían sus manos y brazos, parecían criaturas diferentes de las
mujeres con vestidos de trabajo y delantales que habían trabajado todo el día para
que la fiesta pudiera llevarse a cabo.
La Srta. Bucholtz había entrado en la habitación y Howie pensó que era la
vista más magnifica que jamás habia visto. Su vestido de seda rosa pálido estaba
ribeteado con encaje, pero carecía de los adornos de tela que cubrían el polisón
como algunas de las otras mujeres a la moda usaban. En cambio, estrechas rayas
de terciopelo del mismo color iban desde la cintura hasta el dobladillo. Se veía
rellenita y bonita, un melocotón delicioso.
Apartando la mirada, miro a los otros hombres y vio en sus ojos la misma
hambre que acechaba en su estómago. Mia. Quería ponerse a su lado y reclamar
su derecho.
Bertha vio que todos los hombres la miraban y empezó a encogerse. Pero
rodeada de sus amigas, no podía escapar por la puerta.
A un asentimiento del Sr. Morgan, Obadiah Kettering levantó su violín y
pasó el arco por las cuerdas en un llamado a la pista de baile. Un guardia de la
mina flanqueaba al músico, encargado de mantener el licor alejado del hombre.
Todo el día, el Sr. Morgan tuvo al violinista bajo vigilancia, para que ninguna gota
de alcohol cruzará los labios del hombre. Esta noche, los guardias de la mina se
turnarían en el deber de Obadiah para poder disfrutar de la fiesta también.
Obadiah comenzó un vals, Howie reconoció la pieza como la que el hombre
había tocado en la fiesta para celebrar la boda de los Morgan, cuando, sospechó,
la pareja había comenzado a enamorarse.
- 68 -
Novias del Oeste por Correo #8
Esta vez tenían un espacio mucho más grande que su salón y el Sr Morgan
hizo un buen uso de cada centímetro, haciendo girar a su esposa al ritmo de
deslizamiento. La pareja solo tenía ojos y sonrisas el uno para el otro, moviéndose
con facilidad como si hubieran bailado juntos durante muchos años.
Después de dar varias vueltas por la habitación, sus visitantes se unieron a
ellos. Howie sabía por fragmentos de conversaciones que escuchó mientras todos
trabajaban hoy, que las otras novias por correo nunca antes habían bailado con
sus novios. Por esa razón, el jefe había pedido a todos los demás que esperaran
hasta que saliera el primer número.
Hoy temprano, Prudence había llevado a Seth y Jonas a un lado para una
lección de vals. Ahora las cuatro parejas giraban y se zambullían, con diferentes
niveles de experiencia, pero todas tenían expresiones felices.
Howie busco a la quinta mujer de la agencia de novias por correo y la vio
rodeada. Como la única mujer elegible en la fiesta, los mineros. Como hormigas
tras la única miga en una manta de picnic, los hombres disponibles habían llegado
desde kilómetros a la redonda para asistir al baile y hablar con las mujeres, sin
importar su edad o estado civil.
Estaba a punto de abrirse paso entre la multitud, pero vio a la Sra. Tisdale,
la matriarca del pueblo, se hacía cargo de la situación y montó guardia sobre
Bertha de la misma manera que el guardia de la mina lo hizo sobre Obadiah.
Ordenó a los hombres que formaran una línea, que rápidamente serpenteo a lo
largo de la pared.
Howie no tenía ninguna esperanza de reclamar a Bertha para un baile y
mentalmente se pateó a sí mismo por no pensar en acampar junto a la puerta
principal. En cambio, buscó automáticamente la familiaridad de las sombras
entre dos círculos de luz de las lámparas colgantes donde tenía una buena vista
de la habitación. Tendré que vigilarle desde lejos.
Cuando terminó el primer baile, un vaquero cuyo nombre no conocía, un
tipo enjuto, dio un paso con las piernas arqueadas al lado de Bertha. Al mismo
tiempo, uno de los mineros mayores persuadió a la Sra. Tisdale para que tomara
la palabra.
- 69 -
Bertha - Debra Holland
Apartó la mirada de Bertha y vio a un guardia de la mina, parado cerca de
Obadiah, tratando de llamar la atención de Howie. El hombre le indicó que se
acercara.
Howie se abrió paso entre la multitud y alcanzó al guardia de la mina.
El hombre inclinó la cabeza hacia Obadiah.—Quiere agua. No puedo
apartarme de su lado. Y no confío en que sus compinches no le pinchen el vaso.
—Le conseguiré un poco. — sabía que había un barril de agua con un grifo
cerca de las mesas de comida, porque lo había traído aquí antes. Avanzó
lentamente por la habitación, porque todos parecían querer saludarlo, incluso si
ya lo habían visto ese día. En el barril, tuvo que esperar en la fila. Debería haber ido
al pozo. Cuando regresó con dos vasos de agua (uno para el guardia también),
habían pasado tres bailes.
Howie regresó a su lugar en sombras desde donde tenía una buena vista de
la pista de baile. Desde allí, vio a Bertha bailar polka en la pista con Dean Tisdale,
un viudo con un hijo. Dean era amigo de Howie. Pero en ese momento, se
convirtieron en rivales.
Los pechos llenos de Bertha, exhibidos por el escote cuadrado de su vestido
rosa, rebotaban con cada salto. Para una mujer de figura tan completa, sus pasos
eran ligeros y elegantes, en contraste con su pesado compañero que golpeaba a su
lado. Sin embargo, parecía a punto de agotarse. Tenía las mejillas rojas, la frente
sudorosa y la boca abierta mientras respiraba con dificultad.
Todas las demás mujeres se veían igualmente desaliñadas, incluso la Sra.
Tisdale, porque nunca tuvieron la oportunidad de sentarse y descansar. Tan
pronto como terminaba una canción y sus parejas las escoltaban fuera de la pista
de baile, los hombres las volvían a sacar. Pero las otras damas obviamente se
estaban divirtiendo, a diferencia de Bertha, que había tenido una expresión de
dolor desde que la vio por primera vez esta noche.
La música llegó a su fin, dejando a Bertha y Dean a solo unos metros de
Howie. Cuando vio la fila de hombres esperando para bailar con ella, la expresión
de desesperación en su rostro impulso a Howie a actuar. Dio un paso hacia la luz
y extendió la mano para tocarla.
- 70 -
Novias del Oeste por Correo #8
*****
Bertha había estado en bailes antes, por lo general saltos improvisados, a
menudo en su propia casa, donde alguien decía: ‘Vamos a bailar’ y todos se movían
para empujar los muebles contra la pared y enrollar la alfombra. Alguien se
sentaba al piano y cantaba las melodías.
Ella daba una o dos vueltas tranquilas por la habitación, muy
probablemente con un hombre educado que estaba esperando a la mujer que
realmente quería que estuviera libre. Después, se retiraba a un asiento protegido
por una palmera en maceta o un mueble y permanecía allí, observando a los
demás.
Aquí, no tenía escapatoria. Cada momento, una docena de pares de ojos se
enfocaban en ella. Bertha se sentía como un ciervo, no, un elefante, perseguido
por cazadores en un campo abierto y deseaba desesperadamente el silencio y la
seguridad del bosque. Busco a Howie, pero no pudo verlo.
Después de que terminó la polca, se quedó con el Sr. Tisdale, un hombre
grande con los mismos ojos azules que su madre, esperando que la gente
despejara la pista. Presionó una mano contra su pecho palpitante, esforzándose
por calmar su corazón acelerado y tomar suficiente aire para recuperar el aliento.
Bertha sacó discretamente un pañuelo de un pequeño bolsillo metido en la
raya de terciopelo en el costado de su falda y se secó la cara, sabiendo que debe
ser una remolacha roja, empujó algunas horquillas resbaladizas en los rizos y las
trenzas se levantaron en la parte superior de su cabeza y supo que la humedad de
su frente estaba causando que su flequillo suelto perdiera su rizo. ¿Por qué dejé que
Prudence me convenciera de este peinado?
Bertha deseo poder sentarse, descansar sus doloridos pies y refrescarse.
Con retraso, recordó el abanico ovalado que colgaba de su muñeca.
Anteriormente, Darcy había repartido guantes de noche, abanicos y delicadas
joyas de oro a Lina, Prudence, Bertha y Trudy, diciendo que tenía demasiadas
chucherías frívolas y que, si sus amigas no le quitaban algunas, los artículos se
quedarían sin usar en su baúl.
- 71 -
Bertha - Debra Holland
Bertha abrió el abanico. Con el pretexto de enfriar sus mejillas, examinó la
habitación en busca de Howie. Con una mano en la parte baja de su espalda, el
Sr. Tisdale la guió hacia la fila de hombres.
Bertha se puso rígida para ocultar un escalofrío instintivo, no le gustaba
que la tocaran de una manera demasiado íntima, demasiado posesiva.
—Disfruté el baile, Srta. Bucholtz, — dijo el Sr. Tisdale, mirándola
apreciativamente—Es muy ligera para bailar.
Para una mujer tan pesada. Por experiencia, Bertha completó el resto de la
oración, miró al hombre que le seguía en la fila, un minero de aspecto tosco con
una cicatriz en la barbilla. Él fruncía el ceño.
El escaso coraje de Bertha fue sofocado. Miró alrededor en busca de Howie,
pero una vez más no pudo verlo. ¿Dónde está? ¿Qué pasa si no asiste a la fiesta?
Detrás de ella, alguien le tocó el brazo.
Bertha miró a su alrededor para ver a Howie y su estómago se hundió.
—Mi baile, creo.
Muy aliviada por su pedido, asintió con un gesto de despedida al Sr,
Tisdale y no se atrevió a mirar a los hombres que esperaban junto a la pared. Cerró
y dejó caer el abanico, dejándolo colgar de su muñeca y guardó el pañuelo.
—Ven conmigo—dijo Howie en un tono de tranquila orden.
Sintió su palma en la parte baja de su espalda y a diferencia del tacto del
Sr. Tisdale, con Howie no le importaba ni un poco.
La alejó de la fila de hombres que esperaban, alrededor de un grupo y luego
tomó su mano, se la pasó por el brazo y la condujo por el costado de la pista de
baile, serpenteando a través de la multitud de personas.
El violinista empezó a tocar otra canción, esta vez un carrete y las parejas
se formaron en líneas paralelas.
- 72 -
Novias del Oeste por Correo #8
Ojos curiosos miraban en su dirección.
En lugar de volverse para dar un paso hacia el centro de la habitación,
Howie siguió adelante, llevándola lo suficientemente rápido para que nadie
pudiera detenerlos y hablar con ellos, una maniobra que admiró. En un
santiamén, la hizo pasar por la puerta parcialmente abierta, bajar los dos
escalones y salir a la calle.
El aire era fresco, el frío era bienvenido en su piel caliente, las estrellas eran
como azúcar esparcidas por un cielo negro. El cuarto de luna arrojaba solo un leve
destello de luz.
Bertha se sorprendió al ver que no había nadie alrededor. Tal vez todavía
era demasiado pronto para que los hombres quisieran tomar un cigarrillo o beber
discretamente lejos de la presencia de las damas. Curiosa, miró a Howie,
sintiéndose libre de permitir que su mirada se demorara, ya que él mantenía la
mirada al frente.
Llegaron a la pensión y salieron al porche. Ningún farol iluminaba la
entrada y el voladizo mantenía a raya la tenue luz de la luna.
Hizo un gesto hacia la parte delantera del edificio. —No sé si te diste
cuenta antes…Hay un banco a unos tres pasos de ti. Debe estar bastante limpio
ya que se usa todos los días. Pero, por si acaso, te lo limpiaré. Puedes sentarte en
paz durante un rato. — Sacó su pañuelo y lo frotó sobre la madera.
—Maravilloso, — dijo ella con un suspiro, extendiendo la mano hasta
sentir la pared de la casa y luego tanteando hacia abajo hasta que sus dedos
rozaron el banco. Agradecida, volvió y se sentó.
—Hay un pozo a unos treinta pasos de distancia. Te traeré un poco de
agua, pero te tendré a la vista todo el camino.
Bertha se dio cuenta de lo sedienta que estaba. —El agua seria genial,
gracias.
- 73 -
Bertha - Debra Holland
A estas alturas, su visión se había ajustado a la oscuridad y Bertha podía
verlo de pie en la calle. Pero mientras ella observaba, él se desvaneció. Desearía
tener su talento para desaparecer a simple vista.
Cerró los ojos, inhalando y exhalando lentamente, permitiendo que la paz
de la noche se filtrara en ella. Trino un pájaro nocturno. Ojalá pudiera quedarme aquí
y no volver a la fiesta. No tenía ningún deseo de estar entre el mar de humanidad,
incluso si sus amigas estaban allí, no necesitaba conversar con nadie excepto con
un hombre en particular—Sr. Brungar, — llamó Bertha en voz baja antes de que
tuviera la oportunidad de discutir a sí misma la idea.
—Estoy aquí— Su voz provenía de la derecha.
—No puedo verle— Aguzo el oído, tratando de oír movimiento o pasos.
Howie se materializó, llevando un cazo. Subió los escalones, bajando el
cazo. En lugar de dárselo, le acercó el borde a la boca.
Bertha le rodeó los dedos con la mano y bebió. El agua estaba fría. —La
mejor que he probado en mi vida, — dijo ella, mirándolo. —Tome un poco.
—Esta es toda para ti.
Ella se terminó el cazo.
Y el se lo quitó. —Reemplazare esto y volveré enseguida. — Pareció solo
un minuto antes de que su voz saliera de la oscuridad. —Descanse ahora, Srta.
Bucholtz. Yo vigilaré para que nadie la moleste. Cuando estés lista para regresar,
solo di las palabras y te acompañaré de regreso.
Él entiende.
Sin la distracción del habla o la vista, todo lo que Bertha vio de él fue una
figura sombría, moviéndose hacia ella con gracia masculina en un marcha fuerte
y fluida. Ella palmeó el banco—Daría la bienvenida a su compañía. —
Sorprendida por su propia audacia, Bertha apartó la mano como si la leña fuera
una estufa caliente, con el corazón latiendo.
- 74 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Howie, por favor. No Sr. Brungar, no para ti—tomó asiento a unos
cincuenta centímetros de distancia.
—He estado pensando en ti como Howie— confesó. —Caer sobre alguien
tiende a romper la formalidad.
Se rió. —Tienes razón en eso, Srta. Bucholtz.
—Debes llamarme Bertha.
—Pienso en ti por tu nombre de pila, también. Aunque contigo a cargo de
la pensión y todo eso, no podría dirigirme a ti de esa manera. No sería respetuoso.
—Se formal en público, entonces. Pero cuando seamos solo nosotros, soy
Bertha. — Se encontró esperando más momentos en los que pudieran estar solos.
Él no se opuso a su sugerencia y ella lo tomó como un acuerdo.
—Si nos quedamos fuera mucho más tiempo, te enfriarás. Aquí— Se
levantó. —Déjame darte mi abrigo.
Bertha escuchó el roce de una tela gruesa. El peso y el calor de su abrigo se
asentaron sobre sus hombros—Gracias, Howie, — murmuró.
—Permíteme ayudarte a ponértelo—Su mano rozó su hombro.
Un hormigueo recorrió su piel por su toque. Ella nunca había sentido nada
como esto y anhelaba más.
Él se movió hacia la derecha, rompiendo el hechizo.
Presa del pánico, Bertha supo que no cabía en un abrigo de su tamaño. Se
imaginó tratando de meter su brazo en una manga como la carne en una envoltura
de salchicha. La sola idea era humillante. —Solo ayúdame a cerrarlo alrededor de
mis hombros como una capa.
Recogió el frente debajo de su barbilla y abrochó el botón superior—Ahí.
Eso debería msntenerte hasta que estés lista para regresar.
- 75 -
Bertha - Debra Holland
La calidez del calor de su cuerpo, de su olor, la envolvió.
Se sentaron en silencio, pero no en la incómoda, casi dolorosa pausa
prolongada que ocurría cuando un hombre esperaba en vano a que ella hablara.
Este silencio se sentía satisfecho, sociable.
Que hombre tan calmante es.
Gradualmente, los tensos músculos de sus hombros se relajaron.
Desafortunadamente, eso solo la hizo consciente de sus pies doloridos, se movió
y suspiró.
—¿Quieres volver?
—Nunca, —soltó ella y luego hizo una mueca al pensar en lo mucho que
todos habían hecho por ella y el esfuerzo que habían hecho para el evento.
Su risa, baja y rica, la calentó tanto como su abrigo. —Normalmente yo no
habría ido a una fiesta así.
Entonces, ¿por qué lo hiciste? — Una larga pausa siguió a su pregunta y
Bertha pensó que él no iba a responder.
—Porque estabas allí.
Ella inhaló un fuerte aliento. —¿Tenías miedo de que me cayera de nuevo?
—No me importaría si lo hicieras. Siempre y cuando estuviera lo
suficientemente cerca para atraparte.
—Me sentí tan humillada anoche.
—¿Te refieres al mejor momento que he tenido en años?
Una risa burbujeó dentro de ella. —¿Cómo puedes decir eso?
- 76 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Cariño—dijo arrastrando las palabras en un tono divertido—Tenía mis
brazos envueltos alrededor de la carne de la mujer más suave en todo el territorio
de Montana. Me imagino que fui el hombre más afortunado de todos.
*****
En el momento en que las palabras salieron de su boca, Howie quiso golpearse la
cabeza. ¿Carne, mujer? ¿De verdad acabo de decir eso?
Su suave risa lo alivió. No era una risa de "acabas de hacerte el tonto," sino
una que sonaba sorprendida, incluso feliz.
—Creo que es el cumplido más único y especial que he escuchado, — dijo.
—Y tengo seis hermosas hermanas, así que he oído que los hombres les hacen a
ellas muchos, muchos cumplidos.
Tuvo que reírse—¿A qué te refieres con a ellas? Estoy seguro de que los
muchachos también te han hecho muchos, muchos cumplidos.
—En realidad, no— dijo en voz baja. —Este fue el primero.
Queriendo tranquilizarla, Howie se acercó y le tocó el codo, deslizando su
mano por su brazo para entrelazar sus dedos. —Entonces me alegro de haberlo
hecho memorable. Aún más, que yo soy el que tiene la inteligencia para ver el
tesoro que esos tontos ciegos que andaban dando tumbos alrededor de tus
hermanas se perdieron.
—Eres tan encantador Howie.
Sacas eso de mí. Vaciló antes de decirlo en voz alta. Por mucho que le gustaría
cortejar a Bertha Bucholtz, no tenía nada que ofrecer a una mujer como ella. No
podía imaginar arrodillarse y proponer: ¿Te casarías conmigo y vivirías el resto de tu vida
conmigo? ¿En un establo?
No, mejor retrocede.
Howie la oyó suspirar y se preguntó si se había aburrido de su compañía.
Será mejor que pregunte… —Apuesto a que quieres volver adentro.
- 77 -
Bertha - Debra Holland
—En realidad, me duelen los pies. Solo suspiré ante la idea de entrar.
Hablar y bailar más seria absolutamente agotador.
Howie olvidó su resolución recién formada. —Bueno, veamos si puedo
ayudarte con uno de esos problemas— La cubierta de oscuridad lo hizo sentir
más valiente. Se inclinó hacia adelante y deslizó suavemente su mano alrededor
de su tobillo, un lugar sorprendentemente íntimo para tocarla. Se levantó del
banco y se arrodillo, levantando el pie de Bertha.
—¿Qué estás haciendo? —Sus palabras sonaron sin aliento.
—Frotando tus pies. — Esperó una señal de permiso para continuar.
Cuando ella no protestó ni se apartó, él le levantó el pie, le quitó el zapato de raso
color crema y lo dejó en el suelo del porche.
Su pie era pequeño y regordete. Quería besarle los dedos de los pies. En
cambio, comenzó a masajear la planta, moviéndose arriba del arco hasta la punta
de su pie.
Ella dio una fuerte inhalación, seguida de un pequeño gemido de placer. —
Oh, Gott sei dank, (Gracias a Dios) eso se siente celestial.
Howie sonrió, deseando poder ver su expresión. Se imaginó deslizando su
mano por su pantorrilla, levantando su falda y besando los hoyuelos que sabía
que había en sus rodillas.
Voces masculinas sonaron desde la dirección de la sala de reuniones,
sacándolo de la fantasía. Howie se dio cuenta de que estaba arriesgando la
reputación de Bertha. Pero quería quedarse y atender su otro pie. Seguramente la
oscuridad nos oculta de la vista.
Solo unos minutos más. Colocó su zapato y levantó el otro pie, quitándole el
zapato y comenzó a frotar sus pulgares en el arco.
Los dedos de ella se curvaron hacia arriba. —Esto se siente tan bien,
Howie. — Puso una mano en su hombro apretó.
- 78 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Haría más, cariño, pero será mejor que te lleve de vuelta a la sala de
reuniones. Te extrañarán, así que no podemos estar lejos mucho más tiempo.
Bertha suspiró. —Supongo que sí—parecía decepcionada.
Howie volvió a ponerle el zapato. Levantó su mano de su hombro y se puso
de pie, llevándola con él la condujo fuera del porche, asegurándose de sostenerla,
para que no diera un paso en falso.
—Puedo caminar mejor, gracias a ti.
Él sostuvo su mano hasta que llegaron al borde de la luz que salía de las
ventanas del salón de reuniones y la puerta abierta. El sonido del violín flotaba en
la brisa. De mala gana, soltó la mano de Bertha.
Un grupo de hombres estaba de pie en la luz, hablando con Michael
Morgan.
Howie reconoció a los visitantes.
Tenían los brazos cruzados, las voces bajas y solemnes.
Debe ser un tema serio. Con un calambre en el estómago, Howie se preguntó
si se referiría a Bertha. Howie se inclinó hacia ella. —Entra ahora. Rodea a los
hombres y quédate en las sombras. Están inmersos en una discusión y es posible
que no te vean. Voy a averiguar qué está pasando. Pero te vigilaré hasta que estés
dentro.
Ella sonrió y asintió, levantando la mano para desabrocharse el abrigo.
Howie le quitó el abrigo de los hombros, deseando poder besarle el cuello.
—Sigue ahora. — Hizo un gesto con la barbilla hacia el salón de reuniones.
La vio entrar en el edificio, admirando el balanceo de sus caderas y luego
se puso el abrigo y caminó hacia el grupo que rodeaba el Sr. Morgan.
Se volvieron hacia él.
- 79 -
Bertha - Debra Holland
El jefe frunció el ceño. —Quiero que escuches esto también, Howie—hizo
un gesto a Jonas Barrett. —Por favor, repite lo que me acabas de decir.
Jonas se pasó una mano por la cabeza. —Como creo que ya sabes, Gid ha
estado viendo algunas señales en la naturaleza que le dijeron que nos espera un
invierno frío. Así que Lina y yo hicimos una visita a los indios para recopilar más
información. Mi primera esposa era una Blackfoot y quería ver si tenían las
mismas preocupaciones. Les lleve algo de comida extra por si acaso.
—¿Ellos saben? — preguntó Howie.
—Piensan que esto puede ser tan malo como el largo invierno de los
ochenta.
Howie contuvo el aliento, recordó las ventiscas rodantes, los ventisqueros
sobre su cabeza, sus cinturones cada vez más ajustados cuando la comida se
acababa… —Es bueno saber. La mitad del problema de ese invierno fue que el tren
no llegaba.
—Necesitaremos suministros adicionales, comida y combustible, — dijo
el Sr. Morgan.
Howie asintió. —Alimento adicional para las mulas y los caballos.
—Es verdad. Planificaremos como si no tuviéramos acceso a Sweetwater
Springs o a cualquier otro lugar hasta la primavera…
Un par de hombres gruñeron de aprobación.
La cara del jefe mostró líneas de preocupación. —No era dueño de la mina
en mil ochocientos noventa, pero he oído historias. Una vez, cuando cayó una
ventisca, dos hombres se perdieron entre la mina y el pueblo—Su mandíbula se
apretó. —No quiero que eso les pase a mis mineros.
—Podemos tender un cable a lo largo de los postes. — Howie levantó la
mano a la altura del hombro. —Así de alto. No creo que las corrientes sean más
altas que esto.
- 80 -
Novias del Oeste por Correo #8
El Sr. Morgan se frotó la barbilla. —Bien, bien. El cable puede ir de la mina
a mi casa. Mientras mantengan la mano en él, encontrarán el camino a casa.
—Eso funcionará. Tal vez cuerdas de casa en casa también.
Seth descruzó los brazos. —Mantén comida extra y mantas en la mina, de
modo que si llega una tormenta de nieve, tus hombres puedan refugiarse durante
varios días si es necesario.
El jefe dejó escapar un lento suspiro. —Buena idea, Seth. Este va a ser un
invierno caro. Pero si lo superamos sin pérdidas de vidas, incluido el ganado,
entonces valdrá la pena. — El Sr. Morgan puso un dedo en el lado de su nariz,
señalando el secreto. —Mantengamos esto en silencio esta noche. No tiene
sentido preocupar a todos aquí. Mañana es lo suficientemente pronto. — le
tendió la mano a Jonas. —Gracias por traer la noticia. Te lo debo.
Jonas le estrechó la mano—Simplemente cuida bien de las amigas de mi
Lina y eso será suficiente.
La sonrisa del Sr. Morgan ahuyentó las líneas de preocupación—Ya lo
planeé. — Deslizó una mirada de soslayo y levantó una ceja hacia Howie. —Y no
estaré solo en ese esfuerzo.
Howie se enderezó, sabiendo que el jefe se refería a su responsabilidad
hacia Bertha. Pero no pudo evitar preguntarse si el Sr. Morgan sospechaba que
estaba pasando algo más que él cuidándola.
- 81 -
Bertha - Debra Holland
CAPÍTULO OCHO
A la mañana siguiente, después de un desayuno de panqueques, salchichas
y ciruelas pasas guisadas, Howie, los Morgan y sus invitados tuvieron una
conversación seria sobre el clima invernal que se avecinaba y formularon planes
para ayudar a Morgan’s Crossing a sobrevivir la temporada.
Después de que concluyó la sombría discusión, Michael miró a Prudence.
—Creo que está el pequeño asunto de instalar a nuestra nueva cocinera…— guiñó
un ojo a Bertha, —...en la pensión. ¿Quieres que te acompañe a dar órdenes a
Gabellini, querida? ¿O prefieres manejar esto por tu cuenta?
Prudence vestía un camisero morado y una falda que hacía que sus ojos se
volvieran lavanda. La cálida sonrisa que le dirigió a su marido suavizó su rostro
hasta hacerlo más bonito. —Por nuestra cuenta—Miró a Bertha—Quiero que
establezcas tu autoridad y que los hombres te obedezcan, no solo porque Michael
está a tu lado.
Se abrió un pozo en el estómago de Bertha.
Prudence le dedicó una sonrisa comprensiva. —Tan difícil como será esta
tarea, Bertha, creo es mejor que empieces sobre la marcha. Estaré allí para
respaldarte.
Tragó saliva, no le gustaba la idea de la confrontación en absoluto.
—No te estoy pidiendo que despidas al cocinero. — Prudence arrugó la
nariz. —Esa es mi responsabilidad, una que no espero con ansias. Quiero que
mires a tu alrededor y me digas lo que hay que hacer.
Bertha podía sentir que se encogía en su silla, dándose cuenta de que no
estaba lista para hacer esto. Agarró pajitas y señaló la mesa—Pero primero
tenemos que lavar los platos—Que ridículo suena.
Lina bajó a Adam de su regazo y lo vio correr hacia sus juguetes en la
esquina. Ella se inclinó hacia adelante—Darcy, Trudy y yo nos encargaremos de
- 82 -
Novias del Oeste por Correo #8
las cosas aquí—dijo en un tono tonificante—Entonces, puedes volver y
contarnos todo al respecto. Y si logro que la jovencita Juanita cuide a Adam como
lo hizo ayer…— Miró de soslayo a Prudence.
Prudence sonrió. —Juanita ama a los pequeños. Ella también se alegrará.
Lina miró a Adam y luego a Bertha. —Estaré encantada de ayudar a limpiar
la pensión. Aparentemente, el lugar necesita fregar.
—Prueba palear. — Sacudiendo la cabeza, Howie tomó un sorbo de su
café.
Darcy y Trudy intercambiaron miradas—Ayudaremos— dijeron, casi al
unísono.
Howie dobló su servilleta y la colocó junto a su plato. —Srta. Bucholtz, iré
con usted y la Sra. Morgan. Estaré cerca si es necesario.
Bertha asintió, aliviada por la oferta y luego miró a Prudence para ver si lo
aprobaba.
Prudence colocó los cubiertos en su plato. —Creo que es una idea
excelente Howie. — Se apartó de la mesa y recogió su plato. —Los mineros ya
habrán salido de la pensión. Así que terminemos con esto, comenzando con que
todos lleven sus platos a la cocina.
Todos obedecieron, incluso los hombres, llevaron sus platos y cubiertos a
la cocina, que todavía olía a salchichas y los pusieron sobre el mostrador.
Prudence señaló hacia las escaleras. —Iré a buscar mi abrigo.
Cuando su esposa salió de la cocina, Michael gritó. —¡No olvides tu
sombrilla!
—Muy divertido, querido. Pero ahora que lo pienso, no es una mala idea
después de todo.
- 83 -
Bertha - Debra Holland
Desconcertada, Bertha miró por las ventanas. La mañana se presentaba
sombría. Prudence no necesitaba sombrilla.
Howie se rió entre dientes.
Mirando alrededor de la habitación, Bertha no entendió el trasfondo.
Michael debe haber visto la mirada incierta en su rostro. —Uno de mis
capataces es un excelente trabajador, pero golpea a su esposa, aunque por mucho
que lo intente, no puedo lograr que se reforme. Unos días después de nuestro
matrimonio, la mujer se puso de parto. El hombre encontró a Prudence y a la Sra.
Tisdale en su cabaña y las amenazó. Mi esposa terminó rompiendo su sombrilla,
la original, sobre su cabeza y persiguiéndolo fuera de la casa. Habiendo lidiado
con el bruto, ayudó a la Sra. Tisdale a dar a luz al bebé— Miró a su alrededor a
los rostros estupefactos. —Supongo que ella no les contó toda la historia.
—Omitió esa parte de la narración— dijo Darcy secamente.
—Más tarde, Prudence exigió una sombrilla nueva. Puedes estar segura de
que la reemplacé, aunque primero le hice prometer que nunca la usaría conmigo.
Bertha no estaba tan segura de que Prudence mantendría esa promesa si
perdía los estribos.
Michael le dedicó una sonrisa burlona y levantó una mano. —Pero para
estar seguro, me aseguraré de tener un desacuerdo con ella solo cuando no haya
una sombrilla a la vista.
—Cuidado con los proyectiles—bromeó Bertha, que le gustaba mucho
Michael de hecho. La Prudence espinosa ha encontrado un hombre que respeta sus espinas,
aunque, gracias a Dios, ya no tiene tantas como antes.
—Escuche eso, — dijo Prudence, entrando en la cocina. Además de llevar
una sombrilla morada que, hacia juego con su vestido, tenía puesto un abrigo
negro. —Afortunadamente para la salud y la seguridad de Michael, todavía tengo
una mala puntería.
- 84 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Y dado que tus galletas son tan deliciosas, es posible que no le importe
comerlas del suelo si las arrojas en su dirección— agregó Bertha.
Todos estallaron en risa.
—Son demasiadas suaves para hacer buenas armas, de todos modos. El
cocinero Gabellini hornea unas más adecuadas para ese propósito, — dijo Howie,
caminando hacia la puerta trasera. Al pasar, le dijo en voz baja a Bertha—: Estarás
bien.
Ella lo miró, preguntándose por qué tenía tanta confianza en ella. Sin
embargo, estaba agradecida por su aliento.
Con el estómago apretado, levantó el delantal de donde lo había dejado
colgado de un gancho al lado de la puerta y salió de la cocina, caminando por el
pasillo hasta el salón. Más temprano, había traído su sombrero y abrigo con ella,
dejándolos en el sofá. Se colocó el sombrero de fieltro azul marino en la cabeza, el
color combinaba muy bien con su abrigo gris, atando las cintas debajo de la
barbilla. Con el abrigo puesto, revisó los bolsillos para asegurarse de que tenía
guantes en caso de que el clima se volviera más frío.
Prudence se unió a ella. Se había puesto un sombrero que hacía juego con
su vestido morado. Levantó la sombrilla como si fuera una espada—En la batalla
atacamos, mi querida Bertha.
Bertha no quería tener nada que ver con una batalla, pero el cariño de
Prudence la hizo sonreír y reforzó su coraje.
—Vamos—dijo Prudence con un acento inglés exagerado.
Con el delantal en la mano, Bertha la siguió por los juegos de puertas
delanteras. Una vez en la calle, busco a Howie, pero no lo vio. —¿Dónde está el
Sr. Brungar?
—Estará allí, aunque no lo veamos. Te darás cuenta, se mueve en silencio y
siempre está en las sombras.
- 85 -
Bertha - Debra Holland
Mientras paseaban por el camino de tierra, pasando por cabañas de
troncos y un salón, Bertha pensó en Howie. ¿Es tímido? Entonces Bertha recordó
cómo había coqueteado con ella. No, no puede ser. —¿Sabes por qué es así?
Prudence negó con la cabeza y le lanzó a Bertha una mirada especulativa.
—¿Te interesa el Sr. Brungar?
Bertha, desconcertada, desvió la mirada. Pero estaba segura de que el
enrojecimiento de su rostro traicionaba sus sentimientos.
—Howie es un buen hombre. — Prudence apretó los labios. —Michael
piensa muy bien de él. Han pasado por mucho juntos. Michael ha sido bastante
cerrado sobre su vida después de que él se fue de casa, y no lo he presionado,
pensando que tendré muchas oportunidades en el futuro. Pero puedo presionar
si quieres que…
Qué conversación más vergonzosa. —No, no, — se apresuró a decir. Llegaron a
la pensión, un edificio de tablillas de madera de dos pisos con la pintura amarilla
descarapelada—Haremos algo con el exterior, — prometió Prudence. —Pero
probablemente no hasta el verano.
Cuando salieron al porche, Bertha miró el banco con cariño, recordando la
noche anterior y la intimidad de Howie frontandole los pies. Un gesto tan
considerado.
—Las ventanas están sucias. — Prudence frunció el ceño en un tono de
desaprobación. —Prepárate para lo que estás a punto de ver. Casi me alegro de
que vivamos en este lugar apartado— dijo en un tono burlón. —No puedes
abandonarme cuando descubras en lo que te has metido.
—Te refieres a lo que me has metido— bromeó Bertha.
Cruzaron el umbral. El comedor era lo suficientemente grande como para
albergar dos largas mesas de madera. Cuando caminaban, las suelas de sus
zapatos se pegaban al piso, haciendo ruidos pegajosos con cada paso. Las mesas
se veían igualmente sucias. Ciertamente este trabajo es para mi. —Nada que un poco
de fuerza en los codos no solucione, — dijo Bertha en un tono alegre. —Me
- 86 -
Novias del Oeste por Correo #8
advertiste que el lugar estaba sucio. — Señaló una estufa cilíndrica junto a una
pared. —Me alegro de que esta habitación tenga calefacción.
—La cocina está en la parte de atrás. — Prudence atravesó la habitación a
grandes zancadas, con Bertha pisándole los talones. —¡Sr. Gabellini! — gritó,
atravesando las puertas batientes.
La primera impresión de Bertha fue de espacio y dejó escapar un suspiro
de alivio, categorizando su nuevo dominio; una gran mesa rectangular, una
enorme estufa de seis quemadores que necesitaban urgentemente betún, una
alacena, hielera grande, un mostrador largo y un fregadero ancho, con una bomba
antigua. Las estanterías abiertas contenían ollas, sartenes, platos para servir,
cafeteras y utensilios dispersos. Puedo encargarme de esto.
Al otro lado de la estufa, un hombre barrigón con un delantal sucio yacía
profundamente dormido en una gastada silla de cuero. Echó la cabeza atrás y
soltó un ronquido.
—Oh, por el amor de Dios, — exclamó Prudence, acercándose a él. Bertha
se detuvo junto a la estufa y miró dentro de dos grandes ollas abolladas para ver
los frijoles hirviendo a fuego lento. Olisqueó el vapor que subía, pero no pudo oler
ningún tipo de condimento.
Prudence golpeó la rodilla del hombre con la punta de su sombrilla. —¡Sr.
Gabellini, despierte!
El cocinero se despertó sobresaltado. —¿Qué? — las miró con los ojos
borrosos.
—Ha llegado el momento de partir de esta pocilga que ha creado. Su
reemplazo ha llegado y ya no es necesario. Los mineros de mi esposo pronto
vivirán en un entorno limpio y serán alimentados con comida sabrosa.
Se puso de pie—No puede…
Bertha jadeo.
- 87 -
Bertha - Debra Holland
—Oh sí puedo. — Prudence se puso rígida, obviamente no estaba
dispuesta a echarse atrás. —Tiene una opción, Sr. Gabellini. Puede ser minero o
puede irse del pueblo.
Si Bertha no hubiera tenido tanto miedo, habría sonreído al ver a Prudence
usar su cara de maldad con otra persona para variar. Y por una buena causa.
El cocinero gruñó—No pensé que hablaba en serio—Cruzándose de
brazos, miró fijamente a Bertha.
Ella retrocedió arrastrando los pies, chocando contra el borde de la mesa y
vio movimiento por el rabillo del ojo.
Con un lento sonido de zapatos, Howie se acercó para pararse frente a
Bertha, protegiéndola de la ira del hombre.
¿De dónde ha venido?
Se inclinó hacia el cocinero—No se desquite con la Srta. Bucholtz,
Gabellini. No tienes nadie a quien culpar salvo a ti mismo. La Sra. Morgan te lo
advirtió. Yo estaba allí. — Apuntó su barbilla hacia la puerta. —Ahora vete.
Empacaremos tus cosas y las dejaremos afuera en la puerta de atrás.
Bertha miró por encima de la espalda de Howie al hombre de cara roja.
Gabellini desató los lazos de su delantal, arrugó la prenda y la arrojó al
suelo. —Hablaré con el Sr. Morgan sobre esto, ¡a ver si no lo hago!
—Adelante— ofreció Prudence en un tono frío.
Como un niño que tiene una rabieta, el hombre pisoteó el delantal y salió
corriendo por la puerta, sin molestarse en cerrarla detrás de él.
Prudence se asomó por la puerta. —El Sr. Morgan está en la mina, — gritó
detrás de él. —Disfruta del paseo. Te vendría bien el ejercicio. — Se enderezó y
se volvió hacia Bertha, sus ojos brillaban. —Bueno eso fue divertido. — Blandió
su sombrilla. —Y no tuve que usar mi espada…mucho. —
- 88 -
Novias del Oeste por Correo #8
Howie se volvió hacia Bertha, puso los ojos en blanco, haciéndola sonreír.
—No creo que la Srta. Bucholtz comparta su entusiasmo por vencer a su enemigo.
Tampoco ver regresar a algunas de las acciones de la vieja Prudence, criticando al
hombre sobre la necesidad de caminar.
—Bertha no tiene enemigos— lo corrigió Prudence.
Haciendo una mueca, recordó la mirada furiosa del cocinero—Podría
haber hecho uno.
—No.— Howie la miró a los ojos. —Gabellini es gordo y vago. Tiene mal
genio, pero se enfría, no se quedará por aquí. La minería es demasiado difícil. Así
que no te preocupes, ¿me oyes?
—Te escucho.— Y confío en ti. Si Howie creía que el problema del Sr.
Gabellini había terminado, lo aceptaría. Tenía problemas mucho más grandes,
como como poner este lugar en forma y preparar una cena decente este mismo
mediodía, seguida de la cena.
—Vamos a mirar alrededor, ¿de acuerdo? — Se acercó a una puerta lateral,
giró el pomo y la abrió y encontró un gran dormitorio con dos ventanas; los únicos
muebles eran una cama de hierro y una mesa auxiliar desvencijada. Una hilera de
perchas sostenía la ropa. Ella entró. La habitación olía a rancio, como si la ropa
de cama no se hubiera lavado en mucho tiempo y probablemente no lo había
hecho. Conteniendo la respiración, se acercó a una ventana y la abrió para ventilar
el lugar.
—Te compraremos una cama y muebles nuevos, — prometió Prudence, de
pie en la puerta. —Aquí hay sitio para un armario y un escritorio. Incluso podrías
arreglar una pequeña sala de estar junto a la ventana.
Howie miró por encima del hombro de Prudence. —Empacaré las cosas de
Gabellini. Hay muchas cajas vacías en la parte de atrás.
Prudence hizo una mueca. —Bertha, no dormirás aquí hasta que el lugar
esté completamente limpio y pintado y con muebles nuevos. Howie puede
acompañarte a nuestra casa todas las noches.
- 89 -
Bertha - Debra Holland
A Bertha le gustaba la idea de ser escoltada, al menos por Howie, pero no
quería que él considerara la tarea como una tarea molesta.
Prudence hizo un gesto detrás de ellos. —Vamos a inspeccionar la
despensa. Cuando la vi por última vez el día después de mi llegada, parecía haber
una gran cantidad de provisiones.
Howie se hizo un lado y Prudence cruzó la cocina hacia el otro lado,
balanceando su sombrilla. Abrió una puerta, revelando una despensa espaciosa
con vasijas cubiertas en el piso y latas y frascos de comida a lo largo de los
estantes.
Satisfecha al ver los suministros, Bertha apartó una lata de maíz para ver
una de espinacas. —Tendré que hacer un inventario, averiguar qué cocinar hoy y
ver que más se necesita. Traje mucho conmigo, pero si tenemos que tener en
cuenta un invierno difícil…
Prudence miró a su alrededor. —No sé dónde están esos muchachos
orientales, tus jóvenes ayudantes. Howie, ¿puedes localizarlos? Iré a buscar a
nuestras amigas a casa y reuniré a las mujeres de Morgan’s Crossing. Con todas
nosotras trabajando, deberíamos tener este lugar limpio para el anochecer.
—¿Dijiste que planeas enseñar en la escuela? — preguntó Bertha,
acomodando unas cuantas latas en un mejor orden.
—Unas cuantas horas por la mañana. Encontrar un verdadero maestro está
en mi lista de cosas por hacer.
—Después de que los platos del desayuno estén listos, puedo arreglármelas
sin mis ayudantes en la mañana, para que los muchachos puedan ir a la escuela.
Las cejas de Prudence se juntaron.
Bertha se preparó para la condena, pero sabía que se mantendría firme. ¡La
educación es importante!
- 90 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Nunca pensé en eso. Pero estás en lo correcto. — Prudence asintió con
decisión. —Deberían recibir una educación, como cualquier otro niño.
Bertha sacudió su delantal y se lo ató. Empezó a desabrocharse los puños
de las mangas para remangarlas.
—Toma. — Prudence le tendió la sombrilla a Bertha. —Tal vez deberías
quedarte con esto por un tiempo.
Nunca lo usaré, sacudió su cabeza. —Llévate la sombrilla contigo. Nunca
sabes cuándo podrías necesitarla.
Prudence miró la sombrilla. —Probablemente tengas razón. — Su mirada
recorrió la habitación. —Siempre puedes usar la sartén.
*****
Los muebles para la habitación privada de Bertha tardaron dos semanas en
llegar antes de que finalmente pudiera mudarse a la pensión. Por fin, con la ayuda
de Howie para llevar sus baúles a su nueva habitación, tomó posesión del
establecimiento. Aunque extrañaría sus paseos nocturnos en la oscuridad cuando
él la acompañaba a la casa de los Morgan, se sentía enormemente complacida vivir
en su propio espacio.
A petición suya, Howie había pintado de blanco las paredes del dormitorio,
la cocina y el comedor. Bertha había cosido cortinas para su habitación (rosas
rosadas sobre fondo azul marino) y para la cocina (esas eran de rayas verdes y
marrones). Planeó algo oscuro y pesado para las cortinas del comedor, pero aún
no había elegido el material.
Esta noche, ahora que la cena había terminado, Bertha colocó a sus dos
jóvenes ayudantes, quienes insistían en llamarse George y Abe por los famosos
presidentes, a lavar y secar los platos, las ollas y las sartenes, mientras ella
trabajaba en su habitación. Dejó la puerta abierta para vigilar a los jóvenes y se
movió por su habitación, vaciando los baúles.
Después de sacar la ropa de cama, hizo la cama que tenía dosel. El colchón
de plumas blancas se hinchaba sobre la parte superior y ella dobló su edredón
sobre los pies, como en casa, excepto que esta cama era el doble de ancha. Bertha
- 91 -
Bertha - Debra Holland
tuvo un momento de tristeza, extrañando a sus hermanas y sus conversaciones
nocturnas, aunque no extrañaba como a menudo seguían hablando cuando ella
quería dormir.
Pequeñas mesas cuadradas, colocadas a cada lado de la cama, sostenían
lámparas de vidrio opaco. Una tercera lámpara a juego estaba en un escritorio
cercano.
Colgó sus vestidos, faldas y camiseros en el armario y dobló ropa interior,
camisones y una pila de pañuelos en los cajones de la cómoda. Sus libros se
alineaban en un estante de la pared, con su amado cachorro sentado en el
extremo, los rasgos bordados de la muñeca de trapo se desvanecieron después de
años de juego. Una cómoda silla de cuero estaba junto al escritorio, con una
fotografía enmarcada de su familia colgada en la pared de arriba. Una cesta
contenía ovillos de lana, con agujas de tejer saliendo de uno azul. Unos
centímetros de una bufanda colgaban de una aguja.
El erdmanlein estaba sobre su escritorio. Esperaría hasta la primavera para
colocar al gnomo en el jardín, el toque final para crear un verdadero hogar.
Bertha empujó los baúles vacíos a la cocina y volvió al dormitorio. Le pediré
a Howie que suba los baúles al desván más tarde. Dio un paso atrás para inspeccionar su
dominio. El lugar se veía fresco y acogedor. No podía esperar para sentarse en la
silla de cuero y leer uno de los libros que le había prestado Prudence. Con
anticipación, camino hacia el estante y reviso los títulos.
Sonó un golpe en el marco de la puerta y se giró para ver a Dean Tisdale
asomándose.
El hombre estaba de pie y era lo suficientemente alto como para llenar la
entrada.
Bertha no veía muy a menudo a Dean, porque vivía con su madre y su hijo
en una de las cabañas y comía con ellos—Buenos noches, — dijo ella. —Tu madre
¿está bien? He estado tan ocupada últimamente que no la he visto en días.
—Ella está bien. Le diré que preguntó por ella. — Dean señaló con el pulgar
hacia el frente del edificio. —Hemos creado un espacio para usted, Srta. Bucholtz,
- 92 -
Novias del Oeste por Correo #8
donde puede estar cómoda socializando con los hombres por las noches y la gente
puede venir a visitarla y todo eso. Venga a ver y siéntese un rato.
La idea no le atrajo y ella abrió la boca para rechazar cortésmente su oferta,
pero la mirada infantil de expectativa en su rostro la detuvo. Bertha no podía
decir que no a la esperanza en sus ojos azules. —Muéstrame.
Sonrió y ladeó la cabeza en dirección al comedor. —Después de usted.
Atravesó las puertas batientes del comedor hacia el medio de los mineros.
Habían empujado las mesas contra las paredes y llevando los bancos al centro,
disponiéndolos en forma de herradura. Los hombres habían colocado una sola
silla de cuero, que hacía juego con la de su habitación, al frente y en el centro de
la U. Una lámpara de cristal lechoso iluminaba una pequeña mesa junto a la silla.
Los mineros, incluso Obadiah, habían renunciado al salón esta noche.
Llenaban los bancos, llevaban la misma anticipación en sus rostros que tenía
Dean.
Bertha miró a su alrededor en busca de Howie, asegurándose de revisar los
rincones oscuros, pero no lo vio. ¿Seguramente no tiene nada que ver con esto?
Dean hizo un gesto hacia la silla. —La pensión no tiene una sala, pero
pensamos que podríamos hacer una aquí contra la pared. Así que le pedimos a la
Sra. Morgan la silla, la mesa y la lámpara.
¡Voy a asesinar a Prudence!
—Retiraremos las mesas para comer antes de irnos a la cama, — le aseguró
Dean.
Horrorizada por que los hombres la estuvieran cortejando, Bertha forzó
una sonrisa, no queriendo decepcionarlos. La sala de mi madre de nuevo, excepto peor.
Mire, Sra. Bertha, — dijo un hombre con una cicatriz en la barbilla.
- 93 -
Bertha - Debra Holland
Ella recordaba haberlo evitado en la fiesta—Estamos muy agradecidos por
su buena comida y todo eso. Es la mejor comida en toda mi vida. — Se palmeó el
vientre.
—Gracias. — tomó nota mental de preguntarle a Howie el nombre del
hombre.
—Tome asiento, Señorita B—dijo un hombre. —Vamos a torcernos el
cuello mirándote.
¡Gott im Himmel! (Dios en el cielo) —Déjenme ir a buscar mi tejido, — dijo
con una sonrisa débil, girándose hacia su dormitorio. Camino lo más lento posible
para prolongar lo inevitable. Una vez en la habitación, su querido santuario,
deseo desesperadamente cerrar la puerta con llave.
En cambio, Bertha tomó la canasta de hilo y la llevó al comedor, donde se
sentó, consciente de que todos la miraban. Dejó la cesta en el suelo. —Solo por
una hora, caballeros, — dijo con voz suave pero firme. —Trabajan duro y
necesitan dormir— Levantó el reloj clavado en su pecho para comprobar la hora.
—Sí, señorita— murmuraron varios.
Bertha recogió el ovillo con sus agujas y la bufanda que había comenzado
antes de salir de St. Louis y comenzó a tejer.
Los hombres se sentaron en silencio.
Bertha no estaba dispuesta a iniciar una conversación. Mantuvo su mirada
en su tejido, sintiendo el peso de las miradas de los hombres. Después de unas
pocas filas, miró hacia arriba y encontró a los mineros mirándola, sin moverse, sin
hablar como si fuera el entretenimiento más fascinante que jamás hubieran visto.
Estoy en exhibición. Miro hacia abajo y se inclinó un poco hacia adelante para
mirar su reloj. Solo habían pasado tres minutos. Solo con un gran esfuerzo
contuvo un suspiro. Esta va a ser la hora más larga de mi vida.
- 94 -
Novias del Oeste por Correo #8
CAPÍTULO NUEVE
La mañana después de que Bertha se mudara a la pensión, Howie se saltó
el desayuno por primera vez en mucho tiempo porque no pudo conciliar el sueño
la noche anterior. Tan pronto como terminó de cenar, regresó a su habitación
detrás del establo y descubrió que la caminata era solitaria sin Bertha a su lado.
Hasta hace poco, había estado razonablemente contento aquí en Morgan’s
Crossing, porque tenía tres cosas juntas en su espacio (privacidad, limpieza y
calidez) que nunca antes había experimentado en su vida. Había parado de
compartir una pequeña cabaña de troncos con su familia a un orfanato con tantos
catres cómo podía caber en una habitación sin calefacción, seguido de barracones
y pensiones en diversos estados de calidez y limpieza, tanto los edificios como los
compañeros de habitación.
Su humilde morada en casa de los Morgan tenía tres pequeñas ventanas,
una en cada pared exterior y estaba hecha de ladrillo para proteger los establos.
No tenía sentido arriesgarse a una chispa de la pequeña estufa que quemara las
paredes de madera y encendiera el suministro de heno y paja.
El lugar era espartano, porque nunca había sido un hombre con la
necesidad de adquirir pertenencias. Tenía una cama, sillas y una mesa, y una
combinación de armario y ropero que había hecho en una pared. Solo la fotografía
enmarcada de su padre vestido con su uniforme del ejército de la Unión y la manta
hecha de cuadros tejidos a ganchillo por su abuela significaban algo para él.
¿Qué más necesita un hombre? O eso había pensado. Ahora sé que es diferente.
La habitación solo sirvió para resaltar todo lo que Howie no tenía para
ofrecer a Bertha. La noche anterior, se había quedado despierto durante largas
horas, tratando de descubrir cómo ganar suficiente dinero para mantener una
esposa y una casa bonita, porque ella no se merecía menos. Pensó y descarto
varias ideas descabelladas, como emprender la búsqueda de oro por su cuenta. El
problema con todos los planes era que tardaría años en llevarse a cabo, si no
perdía la camisa primero y tendría que dejar Morgan’s Crossing para llevarlos a
- 95 -
Bertha - Debra Holland
cabo. Peor aún, sin él, Bertha estaría expuesta a las tretas de sus rivales y además,
considerando cuánto extrañaba su ritual de caminar juntos a casa, la idea de estar
separados por meses y años era impensable. Finalmente, dejó de intentar resolver
el problema.
Por la mañana, una vez que hubo alimentado y abrevado a los caballos,
cepillado y limpiado los establos, Howie se lavó y pensó en ir a la pensión para
ver si podía conseguir algo de comer de la tierna cocinera.
Mientras caminaba por el sendero detrás de las cabañas que conducía a la
puerta trasera de la pensión, Howie inclinó la cabeza para protegerse del viento
helado. Metió las manos profundamente en los bolsillos, pero apenas noto el frío
porque los pensamientos sobre Bertha lo mantenían caliente. No podía esperar a
verla sonreír. Llamó a la puerta de la cocina, con los latidos de su corazón
entrecortados.
—Adelante.
Eso es extraño. Bertha suele abrir la puerta. Tal vez tiene las manos enterradas en la
masa o algo así. Entró y la vio de pie junto a la mesa cortando zanahorias. Por el olor
de la sabrosa carne en la olla de hierro fundido, pensó que probablemente estaba
cocinando estofado.
En lugar de saludarlo con su sonrisa habitual, Bertha frunció el ceño.
—¿Qué sucede?
Ella blandía el cuchillo. —¿Sabías lo que los hombres estaban haciendo?
¿Te pusiste de acuerdo?
¿Me puse ? La alarma lo apuñaló. —¿Qué sucedió?
Bertha miró el cuchillo con una ceja arqueada, como si la hoja de alguna
manera hubiera saltado a su mano sin que ella lo supiera. Lo dejó y se puso los
puños en las caderas, todavía con el ceño fruncido.
Howie se apresuró alrededor de la mesa, colocó sus manos sobre sus
hombros y examinó su rostro. —¿Estás bien? ¿Alguien te lastimó? — Lo mataré.
- 96 -
Novias del Oeste por Correo #8
Sorprendentemente, el ceño fruncido desapareció de su rostro,
reemplazado por una suave sonrisa. Bertha dejó escapar un suspiro, se estiró y
tomó sus manos, bajándolas entre sus cuerpos. Pero ella no lo soltó. —Estoy
ilesa— inclinó la cabeza hacia la puerta interior—Vamos para que veas. — tiró
de su brazo y abrió el camino, soltándolo cuando llegó a la puerta.
Siguió a Bertha, con la mirada fija en su trasero, por lo que no siguió de
inmediato su movimiento dramático hasta la pared frontal del comedor y señaló
una silla y una mesa. —¿Por qué están estos muebles aquí? ¿Alguien se los llevo
de tu habitación?
—Mi habitación todavía conserva una silla de cuero y dos mesitas de
noche.
—¿Entonces…? — Howie miró de ella a la silla y de regreso.
—Bienvenido a mi sala.
Bertha usó un tono sarcástico que nunca había escuchado. Como su ira no
estaba dirigida a él, Howie en cierto modo, disfrutaba viendo este lado de ella.
—Imagíname sentada allí. — Volvió a fruncir el ceño y señaló con un dedo
en dirección a la silla. —¡En el escenario! — Su voz se elevó de manera teatral.
Howie cruzó los brazos sobre el pecho y apoyó un hombro contra la pared,
preparándose para disfrutar del espectáculo.
Se giró para quedar de cara al centro del resto de la habitación,
extendiendo las manos y abriendo los brazos. —Las mesas están empujadas
contra las paredes. Y aquí…— Hizo un gesto en forma de U. —Estoy rodeada de
bancos llenos de hombres que me miran fijamente.
—Ojalá lo hubiera sabido. Hubiera estado en la primera fila. — Con mi
lengua colgando.
Ella frunció el ceño y una vez más se puso de pie con los brazos en jarras.
—Veinticinco mineros mirándome… no, veintiséis. Dean Tisdale también estuvo
- 97 -
Bertha - Debra Holland
aquí. Ahora que sé que no estuviste involucrado, creo que el encabezó toda la
debacle.
La diversión de Howie se desvaneció. Dean Tisdale la está cortejando. Un
sentimiento posesivo se apoderó de él. La molestia hizo que se apartara de la
pared y se acercara. Eres mía.
Bertha lo miró—¡Nadie dijo una palabra durante todo el tiempo! —levantó
las manos. —¿Puedes imaginar? Anoche tuve la hora más incómoda de mi vida y
he experimentado muchas horas incómodas.
Su molestia se desvaneció. Adivino que el plan de Dean fracasó. Howie decidió
que podía permitirse el lujo de ser magnánimo. —¿Quieres que esconda la silla?
Dejó escapar un suspiro de frustración y se hundió en la silla en cuestión.
—No. Hay otra en mi habitación para pedir prestada. Oh, Howie, ¿qué voy a
hacer? No puedo soportar pasar otra hora así otra vez.
—Diles que no.
—Pero no quiero herir sus sentimientos. Estaban tan complacidos consigo
mismos.
—Complacerlos o complacerte a ti misma. La mayoría elegiría complacerse
a sí mismos.
Bertha negó con la cabeza. —Hay más. No tengo el coraje de hablar. Y no
sirve de nada de decirme que lo haga. Mi familia ha estado tratando durante años
de ayudarme a desarrollar una columna vertebral. — suspiró—Lo irónico es que
pensé que estaba escapando de todo eso cuando hui al territorio de Montana.
—¿Escapar de todo, que? pregunto Howie. Curioso por saber más, acercó
un banco y se sentó.
—Mi madre ha sido muy paciente con mi disgusto por las ocasiones
sociales. En la mayor parte, ella me permitió participar lo menos posible.
- 98 -
Novias del Oeste por Correo #8
Descubrió que su madre le gustaba, que la mujer no había empujado a
Bertha a ir en contra de su naturaleza reservada.
—Por supuesto, tenía a mis otras hermanas en las que concentrarse.
Nuestra casa siempre es un centro para jóvenes, especialmente para hombres;
después de todo, nuestro salón es grande y cómodo, mis hermanas son bonitas e
interesantes y servimos muchos refrigerios, cortesía de mi repostería. Cuando
teníamos compañía, evitaba la sala tanto como podía. Pero el día que recibí la
carta de Prudence, mi madre me dijo que de ahí en adelante me uniría a la
socialización.
Howie hizo un ruido para mostrar que estaba escuchando.
—Hablar de fuera del fuego en la sartén.
—Tu familia suena maravillosa. Los amas. Ellos te aman. ¿Por qué te fuiste?
—Pensé que si me cambiaba a otro lugar…— Bertha soltó una carcajada
autocrítica…
—¿Pero por qué te fuiste de tu casa? — insistió, inclinándose hacia
adelante para descansar sus antebrazos sobre sus muslos.
Ella levantó las manos en un gesto de impotencia y las dejó caer sobre su
regazo—Quería ser yo misma. Quería estar lejos de todo lo que era cómodo. —
hizo una pausa. —Quería desafiarme a mí misma… presionarme a mí misma de
maneras diferentes a como mi familia quería que fuera, que fuera más
extrovertida, más como mis hermanas.
No podían ver lo especial que es.
—Mientras me quedara, solo sería la hermana tímida. Y por mucho que
amo a mi familia, tenía la sensación, al menos la esperanza, de que, si los dejaba,
dejaba St. Louis…— Bertha miró sus manos. —Me encontraría a mí misma, mi
lugar… mi habilidad para brillar, — Levantó los ojos, mirándolo directamente.
- 99 -
Bertha - Debra Holland
Sus palabras lo conmovieron y lo enorgullecieron. —Creo que has
encontrado ese lugar, cariño, — dijo arrastrando las palabras. —Todo porque te
arriesgaste.
Su sonrisa floreció.
Ver esa sonrisa hizo que su corazón cantara. Howie le devolvió la sonrisa.
—Eso es mejor. Ahora, encontremos un término medio; aún no será cómodo, pero
es mejor que sentarse y ser observada.
Lo miró con una expresión esperanzada.
—¿Cómo te sientes acerca del póquer?
*****
Tres días después, Bertha estaba en la despensa, cuaderno en mano,
revisando los suministros y repasando las comidas del día siguiente. Después de
dos semanas de cocinar para la pensión, descubrió el tamaño correcto de las
porciones para varios platos, aunque algunas cosas, como la gran cantidad de
galletas que necesitaba hornear para llenar a los mineros hambrientos, la había
sorprendido.
Aunque los Morgan ya habían pedido más suministros para la tienda y la
pensión, querían una contabilidad final, asegurándose de que Bertha tuviera
suficiente comida para durar hasta finales de mayo y el esperado deshielo
primaveral.
Howie había estado cortando leña, creando una pila creciente para la
estufa de la cocina y Michael también había pedido carbón extra para los
calentadores cilíndricos en el comedor y el dormitorio de arriba.
Sonó un golpe en la puerta trasera. Con un salto de su corazón, Bertha
corrió alrededor de la mesa donde estaba cortando papas para abrir la puerta.
Solo Howie o el Sr. Morgan usaban la puerta trasera, tomando un sendero detrás
de las cabañas que conducía a la pensión. Hace aproximadamente una hora, había
comenzado a caer una ligera nevada, pero se derretía al contacto con el suelo y no
quería hacer esperar a ninguno de los dos hombres con el frío.
- 100 -
Novias del Oeste por Correo #8
Bertha abrió la puerta y vio a Howie, muy abrigado, con un gorro de lana
marrón, bufanda y guantes, además de su abrigo. Ella no pudo evitar una amplia
sonrisa a modo de saludo.
Su cara estaba roja por el frío y una ligera capa de nieve se adhería a sus
hombros. Llevaba una cesta de pesca rectangular.
Ella le quitó la nieve de los hombros como una excusa apropiada para
tocarlo—Ve directo a la estufa.
Él le dio la canasta—Te traje truchas. Supuse que podías hacer algo con
ellas.
—No sabía que podías pescar cuando hay nieve.
—Se puede pescar todo el año. Los atrape justo antes de que empezara a
nevar. En esta época del año, la pesca requiere una piel dura y un montón de
paciencia. Por lo general, pasó algún tiempo en lo alto de la orilla de un río para
detectar los peces antes de lanzar. Apunta a las truchas y apunta a tener cuidado
de no proyectar sombras largas. Pero este lote es de una trampa que puse,
sabiendo que necesitarías más que solo un par.
Complacida, Bertha tomó la canasta de él y miró dentro, captando un
olorcillo a pescado, ya había limpiado las truchas para que ella no tuviera que
hacerlo, contó siete. —Haré un guiso de pescado. Este plato será un cambio
bienvenido del jamón.
—Hay más. — Sacó una carta y se la entregó. —El Davis acaba de llegar.
Esto vino para ti y…— dijo con una floritura y espero su respuesta.
Ella empujó su brazo, sorprendiéndose a sí misma con la comodidad de
tocarlo. —Dímelo.
—Trudy ha enviado la caja de pollos que la Sra. Morgan le pidió que
comprara de una mujer en Sweetwater Springs. Ahora tendrás acceso a tus
propios huevos y carne.
- 101 -
Bertha - Debra Holland
Unos cuantos pollos no irían muy lejos para alimentar a todos sus hombres,
pero aun podía hacer una abundante sopa de pollo con fideos spaetzle y muchas
papas y vegetales.
—Ciertamente eres el portador de regalos hoy— Sin pensarlo, Bertha
deslizó un brazo alrededor de su cuello y atrajo su rostro hacia ella, poniéndose
de puntillas para besar su mejilla. —Gracias. lo soltó y dio un paso atrás, segura
de que sus mejillas debían estar escarlata. Su corazón tartamudeo en un latido
rápido. ¿Qué me ha pasado?
Como excusa para escapar de su presencia, Bertha blandió la carta. —Voy
a leer esto ahora mismo. — Se dio la vuelta y huyó a su habitación, pero no antes
de ver una mirada atónita en el rostro de Howie y el comienzo de una sonrisa.
Una vez en su habitación, se sentó en su silla y miró el sobre para ver a
Kathryn Preece en la letra familiar de su amiga. En lugar de abrir la carta de
inmediato, se sentó por un momento, esperando que su corazón acelerado se
calmara y pensando en la hermosa Kathryn con sus ojos castaños claros y rizos
castaños. Era una pianista talentosa y Bertha había disfrutado mucho
escuchándola tocar. Ese era un problema de vivir en Morgan’s Crossing. Sin
música, sin piano, algo que siempre se da por sentado y ahora se extraña.
Tal vez pueda persuadir a Obadiah para que toque para nosotros. El músico solía
unirse a ellos durante unos minutos antes de dirigirse al salón. Tal vez una
canción cada noche, sonrió, segura de que el hombre estaría de acuerdo. En las
últimas semanas, el violinista había ganado algo de peso y parecía menos
malhumorado, aunque no había cambiado sus hábitos de bebida. Suspiró,
deseando poder hacer algo por el hombre; sin embargo, sintió que Obie tendría
que querer ayuda antes de que algo cambiara. Cerrando los ojos, dijo una oración
para él.
Una vez que Bertha se sintió más tranquila, abrió el sobre, sacó la hoja de
papel y comenzó a leer.
Querida Bertha,
Simplemente no puedo creer que hayan pasado meses desde el día agridulce en que nos
despedimos en el dormitorio de la casa. Ese fue un día que nunca olvidaré. Eres tan querida y
- 102 -
Novias del Oeste por Correo #8
extraño tu sonrisa y tu risa burbujeante que tenían una forma de levantar mi alma. No es que
mi alma necesite que la levanten. Amo más a mi dulce Tobit cada día que pasa. Un hombre más
reflexivo lo ha hecho nuestro buen Dios. Sin embargo, no quiero seguir hablando de mi felicidad
conyugal porque he oído la noticia de que has dejado de lado tus sueños de ser una novia por
correo y viajaste a Morgan’s Crossing para dirigir la pensión allí. Un pueblo donde la reina es
Prudence. No puedo decirte lo sorprendida que estaba al escuchar tu intención de vivir, a
propósito, bajo su control.
Darcy me ha informado que Pru ha cambiado de corazón. Digo bien, porque ella
necesitaba uno. No hablaré en su contra porque eso no sería algo cristiano. presenciar esta
metamorfosis y recuerdo muy bien todo el dolor y las lágrimas que te causó. Solo ten cuidado,
pero también, si demuestra que ha cambiado de página, bríndale el beneficio y hazte amiga de
ella. La vida es mucho más dulce de esa manera. Recuerda lo que escuché la semana pasada en la
iglesia. "Se nos mostrará la misericordia que mostramos a los demás."
Envidio que veas a Darcy, Lina y Trudy. Dales todo mi amor. Evie y Heather están
floreciendo. Occidente, como pronto verás, tiene una forma de sacar lo mejor de cada uno. ¡Ellas
son felices, como yo lo soy!
Hasta que nos volvamos a encontrar, querida, mantente a salvo, se alegre y disfruta de
tu nueva aventura.
Todo mi amor,
Kathryn
Como siempre, se alegró de escuchar noticias positivas sobre sus amigas
en Y Knot. Pero esta vez, Bertha fue consciente de no tener la sensación agridulce
de felicidad y envidia que siempre había sentido en el pasado al leer la
correspondencia de cualquiera de sus amigas de la agencia.
Bertha reflexionó sobre el sentimiento por unos momentos y se dio cuenta
de que ya no lamentaba la falta de un esposo por correo. En cambio, por primera
vez en mucho tiempo, se sintió optimista acerca de su vida.
Dirigir la casa de huéspedes era un trabajo duro, pero amaba el trabajo y se
sintió gratificada por el abundante apetito de los hombres y expresó su aprecio.
- 103 -
Bertha - Debra Holland
Estaba aprendiendo a jugar al póquer y poco a poco, pero con suerte, con
seguridad, estaba formando una relación con un hombre.
La compresión brillo. Estoy agradecida de no haber tenido la unión que quería.
Vivir en Morgan’s Crossing requería un ajuste considerable. No podía imaginar
lo difícil que había sido la vida entre extraños y sin… La cara de Howie como
acababa de verlo apareció en su mente. Oh, si, tenía esperanzas. Es posible que llegue
a quererme ¿cómo yo lo quiero a él?
Dice el dicho que el corazón de un hombre está en el estómago. Si ese es el
caso, tal vez mi cocina corteje lentamente su corazón.
*****
Howie observó a Bertha, que parecía muy nerviosa, se retiró a su
habitación. Se tocó la mejilla donde ella lo había besado y sonrió como un tonto.
Suponiendo que podía esperarla, bajó el brazo y miró alrededor de la cocina en
busca de algo que hacer.
Se acercó al fregadero, sacó un poco de agua y se lavó las manos. Después
de secarlas con una toalla, terminó de cortar las papas y arrojó los pedazos a la
olla en la estufa. Luego cogió la cuchara de madera y removió el contenido.
El intenso olor hizo gruñir su estómago. Al recordar que no había comido,
Howie se acercó a una vasija que había sobre el mostrador, levantó la tapa de
madera y miró dentro. Galletas. Increíble, quedan algunas; Saco una y le dio un
mordisco. Avena, el desayuno perfecto. Cuando terminó la sabrosa galleta, tomó una
taza y se sirvió un poco de agua. Luego tomó otra galleta y volvió a colocar la tapa.
En el extremo de la mesa cerca de la despensa, Howie vio el cuaderno que
Bertha usaba para contar sus suministros y llevar un registro de las comidas que
servía. Con curiosidad ociosa, lo abrió, acercó una silla y comenzó a leer mientras
terminaba la segunda galleta.
En muchos lugares, había hecho pequeñas notas para sí misma: doble lote,
usar más agua, asegurarte de que Walter nunca tenga pimienta. Le sonrío recordando el
ataque de estornudos del pobre hombre.
- 104 -
Novias del Oeste por Correo #8
Galletas de avena. ¡Las favoritas de Howie! Se quedó mirando las cuatro palabras
durante mucho tiempo, retrocediendo a la infancia, a la Navidad que tenía cinco
años, cuando su abuela le había horneado galletas de avena como regalo, Una época
de calidez, seguridad, pertenencia y amor, todo lo que la vida había arrancado.
Todo lo que he encontrado aquí. Howie levantó la cabeza, miró la puerta cerrada
de la habitación de Bertha y recordó con cariño una pequeña cabaña y la familia
contenta que la habitaba.
Tal vez me equivoque al pensar que una casa bonita es importante.
La puerta se abrió y Bertha entró. Ella miró a su alrededor, obviamente
buscándolo.
Él levantó el cuaderno y sonrió ante su expresión de sorpresa.
Bertha se sonrojó y miro hacia atrás.
Está a punto de salir corriendo hacia su habitación. Howie sabía que tenía que
fingir que ese beso en la mejilla no había ocurrido. Al menos lo suficiente para que ella
se quede. Tocó el cuaderno. —Me gusta la entrada cuando dijiste que los mineros
finalmente hicieron las paces con tu chucrut.
Bertha se rió entre dientes y se acercó. —Tuve que servir chucrut tres
veces, antes de que el último reticente se rindiera y lo probará. Una de las raras
veces, que tuve platos que regresaron a la cocina con comida todavía en ellos, en
lugar de estar prácticamente lamidos.
—Ni siquiera me di cuenta. — Howie se levantó y le sonrió. —
Simplemente como lo que me ponen delante sin ser quisquilloso. Sé que todo lo
que hagas hará que mis papilas gustativas se bendigan desde el día que pusiste
un pie en Morgan’s Crossing, — dijo arrastrando las palabras, esperando ver la
adorable mirada de confusión que cruzó su rostro cuando él coqueteaba.
Bertha bajó la mirada y lo miró a través de sus pestañas. —¿Solo tus papilas
gustativas?
¿Ella está coqueteando de vuelta? Howie dio un paso más cerca.
- 105 -
Bertha - Debra Holland
La puerta trasera se abrió de golpe y la Sra. Morgan entró como una
exhalación, con el ceño fruncido.
Bertha jadeó, el mismo sonido que había hecho cuando el cocinero
Gabellini la había asustado.
—¿Dónde has estado, Howie? — exigió la Sra. Morgan, poniendo sus
manos en sus caderas. —Necesito saber acerca de esos pupitres para los niños. El
Davis se va en su última carrera a Sweetwater Springs. No sabía si hacer un
pedido, o si podía hacer los escritorios. Se queja de que sus mulas están paradas
en el frio. —agitó una mano hacia la ventana. —Luego tuve que buscarte por
todas partes y finalmente te encuentro aquí, holgazaneando con Bertha. ¡Te dije
que me dieras una respuesta ayer!
A Howie no le gustó su tono. No le gustaba que la mujer asustara a Bertha.
Dio dos pasos más cerca de la mujer, atrayendo su mirada y sosteniéndola por
varios latidos. —¿Por todas partes? — Esta vez su acento no fue en lo más mínimo
coqueto. —Haciendo el tonto.
—¡No te atrevas a hablarme así! ¿Porque puedo…?
Bertha agarró la escoba apoyada contra la pared y saltó frente a él, clavando
las cerdas en la cara de la Sra. Morgan. —¡No le hables así, Prudence! —repitió.
—Howie no es tu esclavo. Ahora, vete y no regreses hasta que tengas una lengua
adecuada en esa desagradable boca tuya.
La Sra. Morgan tenía la mirada sorprendida de alguien que hubiera
mordido un melocotón dulce, solo para ser picado por una avispa.
Howie estaba tan orgulloso de Bertha que quería gritar de triunfo. Al
mismo tiempo, quería rugir de risa. Se tomó un momento para recuperar el aliento
y luego simplemente rodeó a Bertha para pararse a su lado. —Los escritorios
están en el porche trasero, — dijo en un tono razonable. —Tableros de mesa
simples sobre caballetes que son fáciles de instalar, desmontar y guardar todos
los días. Los puse allí ayer y le di el mensaje al jefe.
—Michael no me lo dijo. — La Sra. Morgan habló como si no le creyera.
- 106 -
Novias del Oeste por Correo #8
Howie entrecerró los ojos. —Probablemente porque estaba preocupado
por la lesión en la pierna de Albert Whitney. — Recordó cada palabra. —¿Sabe
sobre eso?
Ella tuvo la delicadeza de parecer avergonzada. —Michael me dijo. Estaba
bastante molesto.
—El jefe trata de operar una mina segura. Odia cuando sus hombres
resultan heridos.
Nadie habló.
Finalmente, Prudence levantó la nariz. —Todavía no me he vuelto hábil en
pedir disculpas, — dijo con un aire de dignidad. —Será mejor que me calme.
Bertha se echó a reír. —Buena idea.
—¡Oh, tú! — Prudence gruño. Dio media vuelta y salió de la habitación,
cerrando la puerta detrás de ella.
Bertha barrió el suelo con la escoba hacia la puerta. —Buen viaje.
Howie se acercó para mirarla. —¿Estás bien?
—Sorprendentemente. — Bertha levantó la barbilla hacia la puerta y
asintió. —Prudence regresará y ella y yo arreglaremos las cosas.
Mi pequeño volcán. No. Mi pequeña avispa.
*****
La confrontación con Prudence llenó a Bertha de júbilo y el tipo de fuerza
y confianza que nunca había soñado que podría poseer.
—¿Cómo sabes que Prudence regresará? — preguntó Howie, con una
mirada en su rostro.
- 107 -
Bertha - Debra Holland
—He visto a Prudence molesta, enojada, llena de odio, lo que sea… Esta
vez…— Bertha hizo una pausa, incapaz de señalar las diferencias sutiles lo
suficiente como para articularlas. —Digamos que Prudence estaba más
controlada, parecía consciente de lo que estaba haciendo, incluso si no podía
detenerse. —Se encogió de hombros y señaló con la cabeza hacia la puerta. —Esa
mujer, aunque se convirtió en bruja por un momento, no era la vieja Prudence.
Howie tocó el mango de la escoba. —¿Qué tal si tomo esto? No creo que
necesites un arma por un tiempo.
—Mucho mejor que una sombrilla. El palo de escoba es más largo. — Sus
dedos se aflojaron.
Agarró la escoba y la apoyó contra la pared.
¿Tengo la confianza para decirle que lo amo?
Howie se llevó la mano a los labios. —Te pusiste delante de mí, — dijo con
asombro. —No necesitaba que lo hicieras puedo manejar a Prudence Morgan.
—Pero no lo hiciste. — Ella tocó su pecho. —Te quedaste callado por
mucho tiempo antes de responder.
—Silencioso es como manejo a las personas difíciles. Viene de mi tiempo
en el orfanato, supongo. Permanecer callado y fuera del camino era lo más seguro.
Siempre funcionó muy bien.
Bertha sospechaba que muy bien podría ser una exageración. Algún día
pronto, ella quería conocer más sobre su infancia. Pero ahora, tenía un tema
diferente en mente. —Tú no me tratas de esa manera. — Su voz sonó son aliento.
Howie deslizó sus brazos alrededor de ella. —Si dependiera de mí, así es
como te manejaría.
Las mariposas bailaban en su estómago, no un temeroso batir de alas, sino
un brillante vuelo de apareamiento, haciendo que el corazón se le subiera a la
garganta.
—¿Por qué no depende de ti? — logró preguntar.
- 108 -
Novias del Oeste por Correo #8
—Tengo poco que ofrecer, Bertha. Vivo en la parte de atrás de un establo.
—Ganas un salario fijo, ¿no?
—Bueno, sí.
—Me parece recordar una habitación grande aquí mismo en esta pensión.
— Sin apartar los ojos de él, señaló la puerta. —Lo suficientemente grande para
compartir. Por supuesto, eso significaría que sigo trabajando aquí y la mayoría de
los hombres no querrían una esposa con un trabajo.
Se rió entre dientes. —¿Quieres decir, una esposa con un trabajo extra? Por
lo que se, una mujer tiene mucho trabajo, le paguen o no.
—La mayoría de los hombres no lo ven así.
—La mayoría de los hombres no prestan atención a los que tienen delante
de sus narices. He visto cuánto significa este trabajo para ti; tu orgullo por cuidar
a los hombres a tu cargo. Te he visto florecer desde el momento en que llegaste
por primera vez. ¿Por qué quería quitarte eso?
No te importa mi…— Hizo un gesto hacia su cuerpo.
—¿Mente? — Sus brazos se apretaron alrededor de ella. —Eres tan dulce
y deliciosa como un melocotón. — Él murmuró en su oído, su voz baja y ronca.
Se le puso la piel de gallina.
Presionó un beso en el costado de su cuello, seguido de un suave mordisco.
—Solo quiero comerte, — le dijo al oído, besando su camino hasta su cuello, su
mandíbula y luego su mejilla.
Ella se estremeció de placer, sintiéndose femenina y hermosa por primera
vez.
- 109 -
Bertha - Debra Holland
Dejó un beso en sus labios y luego se alejó, bajando las manos. —Me
gustaría cortejarte, Bertha, para darte tiempo para ver si esto es realmente lo que
quieres, si yo soy lo que quieres.
—¡Si! — Encantada, se arrojó sobre Howie, demasiado rápido para que él
hiciera algo más que abrir los brazos. La fuerza de su cuerpo aterrizando contra
su pecho lo empujó hacia atrás contra la mesa y terminó sentándose encima, con
las piernas tocando el suelo—. Oh, querido. —Con las mejillas encendidas por la
vergüenza, arqueo la espalda.
Los brazos de Howie se apretaron y la atrajo entre sus piernas. Frente a
frente, sonrió.
—Sigue arrojándote contra mi, mi querida melocotón. Prometo atraparte
todos nuestros días de vida.
- 110 -
Novias del Oeste por Correo #8
UNA NOTA PARA MIS LECTORES
Gracias por leer Mail-Order Brides of the West Bertha, y como Bertha
Bucholtz, la octava y última novia encontró su pareja. Mis novias por correo y sus
maridos aparecerán en mis libros de Sweetwater Springs. Podrá leer más sobre
las novias de Caroline Fyffe en su serie McCutcheon Family.
Como nota histórica, el invierno de 1886 -1887 fue, de hecho, largo para dar
paso a la primavera. La sequía que destruyó gran parte de las tierras de pastoreo
fue seguida por un invierno feroz; nevadas tempranas y temperaturas
extremadamente bajas, que mataron a humanos y animales. El duro invierno
devastó los rebaños de ganado ya que los animales murieron de hambre y algunos
rancheros sufrieron pérdidas del sesenta al noventa y cinco por ciento.
Aunque Mail-Order Brides of the West Bertha tiene lugar en el otoño, la
preparación para el duro invierno era importante mencionarlo porque es una
razón principal de la prosperidad de los ranchos en mis libros posteriores de
Montana Sky Series. Entonces, mientras que la gente de Morgan’s Crossing y
Sweetwater Springs luchó durante el invierno y sufrió algunas pérdidas, debido
a la preparación, les fue mejor que a la mayoría.
- 111 -