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Anexo 1

El fragmento narra la experiencia de una estudiante de magisterio que comienza su tercer año de formación docente, enfrentándose a la incertidumbre y la falta de apoyo en su primer día de residencia. A pesar de sus dudas iniciales y la ausencia de su profesora, logra adaptarse a la dinámica del aula y aprende que la planificación es solo una guía, valorando la conexión con sus alumnos. La experiencia la lleva a reafirmar su vocación y reconocer que el aprendizaje va más allá de lo teórico.
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Anexo 1

El fragmento narra la experiencia de una estudiante de magisterio que comienza su tercer año de formación docente, enfrentándose a la incertidumbre y la falta de apoyo en su primer día de residencia. A pesar de sus dudas iniciales y la ausencia de su profesora, logra adaptarse a la dinámica del aula y aprende que la planificación es solo una guía, valorando la conexión con sus alumnos. La experiencia la lleva a reafirmar su vocación y reconocer que el aprendizaje va más allá de lo teórico.
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ANEXO 3

“¿Dónde estoy? ¿Quién soy?” [Fragmento]


Introducción
Empezar el tercer año parecía un sueño, pero era real. Ahí estaba: ansiosa, contenta,
fascinada por recorrerlo. En un primer momento no veía ninguna diferencia con los años
anteriores: muchos profesores, todos diciendo algo diferente, mucha teoría y bla, bla, bla…. Lo
único que me importaba era empezar a ir a la escuela; saber qué año tendría; qué profesora de
residencia sería la mía; si estaría con mis compañeras de siempre; y no llegaba nunca el
momento de saber todo eso. Hasta que, como todo en la vida, llegó: teníamos reunión en el aula
de audiovisuales para que nos designen escuela, profesor de residencia, etc., es decir, enterarnos
de nuestro futuro….
Dijeron mi nombre, me dieron la escuela y me desilusioné porque no me había tocado la
profesora que tanto quería tener. Pero, por esas cosas de la vida, a una de mis compañeras no le
quedaba cómodo, por cuestiones laborales, el colegio destino que le había tocado. Entonces, me
propuso que hiciéramos un cambio: ¡perfecto para mí!! Estaría con esa profesora tan especial.
Y ocurrió el desastre: por motivos personales, mi profesora tomaba licencia por unos
cuantos días… Me sentía tan sola; veía cómo el resto de mis compañeros hacían muchas cosas
con sus respectivos profesores y las de mi grupo nos mirábamos las caras. ¡¡¡Por favor!!! ¿Alguien
podría explicarme qué es hacer un proyecto? Mi pedido de auxilio parecía caer en el vacío
mientras los días pasaban y se iban transformando en semanas, meses que parecían siglos…

Se acercaba la fecha de empezar la residencia y nosotras sin saber qué hacer, sin
profesora suplente, totalmente a la deriva. Hasta que nos autorizaron a ir a la escuela destino sin
ningún profesor a cargo, pero, por lo menos, sabríamos el grado en que tendríamos que hacer la
primera residencia, conoceríamos a la maestra a cargo de ese grado, estaríamos dentro del aula,
con los chicos, y aunque no teníamos idea de lo que era hacer un proyecto, una fundamentación,
ni nada de nada, ya “estábamos en el baile” como quien dice; era demasiado tarde para
arrepentirse. Había que arreglárselas como se pudiera… Empezó el principio de este maravilloso
año: mi tercero del profesorado para E.G.B. [Educación General Básica]
¿Dónde estoy?
Por momentos todo parecía estar claro, por otros, oscuro… No había términos medios.
Dormida, soñaba con el proyecto; despierta, también. Y no era sólo el proyecto, no. Era todo: mis
dudas, el grado que me había tocado (me había tocado segundo grado C), las clases esporádicas
que tenía que preparar en pocos días, el tiempo, mi profesora de residencia que no estaba, la
paranoia contagiosa del resto de mis compañeros. ¿Alguien puede decirme qué es un proyecto?
¡Por favor! ¿Alguien puede dejar de decir cosas leídas de los libros y decirme: –Mariana, fíjate que
este tema es conveniente darlo así o así, por esto y por aquello? - No había nadie, ni profesor de
área, ni nada. Sólo mis compañeros, mis dudas y yo. Debía tirarme a la pileta, fuera como fuera, y
nadar. Sin nadie que pudiera alcanzarme un salvavidas. Aclaro que sé nadar, pero en este caso,
lo que me hacía falta era aprender los diferentes estilos.
Y pasó, todo pasó, cuando me quise dar cuenta, tenía el proyecto hecho, las palabras
lindas que deben ir en la fundamentación ya estaban, todo estaba. Cada clase, cada punto y
coma… Pero, ahora que estaba en contacto con los chicos, eso, la verdad, poco me importaba.
Ahora las dudas eran absolutamente otras: ¿serviría para ellos?, ¿sería capaz de enseñarles
durante casi un mes entero?, ¿aprenderán conmigo?, ¿entenderán?... ¡¡¡DIOS!!! ¿DÓNDE ESTOY
METIDA?
Llegó el día, me levanté tempranísimo, acomodé mi casa, mis cosas, ayudé a mis
hijos y salí. Paso firme, frente alta, impecablemente ansiosa, con un nido de millones de
pajaritos volando dentro de mi estómago, ya no había posibilidad de dar ningún paso atrás.
Llegué temprano al colegio, eran las 13 horas y recién los chicos entran a las 13:15.
Fue entonces cuando vino una maestra que se presentó diciendo: -Hola, ¿vos sos
residente? ¿En qué año estás? –En segundo C - contesté. –Perfecto, dijo, hoy no viene la señorita,
te tendrás que hacer cargo de los chicos, ¿te animas a estar sola con ellos? -Sí, le contesté, no hay
ningún problema. Pero por dentro, todos esos pajaritos que daban vueltas en mi estómago se
volvieron locos, revoloteaban a mil kilómetros por hora, como queriendo salir de donde estaban.
Me paré al frente de la fila del grado, me miraban con ojos curiosos, tiernos, pícaros,
traviesos. Estábamos frente a frente solos por primera vez, el momento tan soñado estaba ahí,
haciéndose realidad, tan diferente a todo lo planeado, ahora era concreto, los miraba y me
parecía soñar despierta. Entramos al aula, y bueno… ¡sucedió la catástrofe! Sólo podía pensar en
ese momento en lo lindo que estaba mi proyecto, pero ¿saben lo que podía hacer en ese
momento con él? Nada, absolutamente nada.
Eran sumamente alborotados, se peleaban por los lugares, por las sillas, por quién
colgaba el abrigo primero, gritaban, se empujaban, yo trataba de calmarlos y lo único que ellos
hacían era ignorarme. Tuve que sacar de mí lo estructurado, lo planificado, lo intachable y bajar a
la tierra: adaptarme a ellos, a sus inquietudes, a su ritmo, a que hablan todos juntos, a que
quieren saber, a que piden, a que dan, a que no paran, a todo, todo eso que no estaba
planificado ni nada.
Y me convertí de repente en su “seño”: pude calmarlos y dar mis clases; salieron lentas
para mi gusto, pero me daba cuenta de que el tiempo en ese instante es terriblemente veloz. Se
habían hecho las cinco de la tarde en un abrir y cerrar de ojos. Ya para ese entonces, todos los
pajaritos que bailaban música electrónica dentro de mi estómago se habían echado a dormir una
larga siesta.
Poco a poco, con el correr de los días, fui comprendiendo que las planificaciones son sólo
una guía, que son una herramienta más de todo ese arsenal de la que una, como maestra, tiene
que tener en su haber de armamentos, pero que no hay como la tiza y el pizarrón, como la voz,
como la mirada, como el tocarles la mano, como el día a día, cada hora, cada minuto que se vive
en el aula. Todo va quedando grabado a fuego, tanto dentro de mí como dentro de ellos; se
establece un vínculo tan grande y especial, que la gran rueda de la enseñanza y el aprendizaje va
llenándose de aceite y gira sola, maravillosamente sola, de manera ágil y segura. Y mi primer día
de residencia pasó, ese tiempo que parecía eterno, se fue volando. También volaron cada uno de
los pájaros escondidos dentro de mí. Ahora miraban desde lo alto de las ramas, como
disfrutando cada cosa que ocurría.
Aprendí ese día, y cada uno de los otros que vinieron; me sentí segura, tranquila,
disfrutaba a pleno de ellos, ya había logrado tomar las tizas con firmeza, y mi letra en el pizarrón
ya era como la de las maestras que había conocido: clara, grande, cómplice, llevaba a querer
conocer lo que aún no conocían.
Sé que falta mucho, que a pesar de que lo esencial está, sólo la experiencia enseña
muchas cosas que no figuran en los libros; sé que debo tener la mente abierta y la capacidad de
entender que hay mucho por aprender. Pero al mirar en mis recuerdos, cada una de sus
expresiones al estar prestando atención en las clases, cada una de sus reacciones, de sus
producciones, de sus logros, de sus no logros, sólo vuelvo a reafirmar que el camino que elegí es
el correcto, aunque quede mucho por recorrer, aunque quizás esos miles de pájaros que están
en las ramas de aquel árbol esperando por entrar dentro mío, seguramente así lo harán, cuando
vuelva a estar otra vez, frente a frente con sus miradas de curiosidad e inocencia.
Fuente: Smith, M. (2015). ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? En Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. (2015). La documentación narrativa
de experiencias pedagógicas. Una estrategia para la formación de docentes. Buenos Aires, Argentina, pp. 56-63.
https://www.dgeip.edu.uy/documentos/2014/aprender/La_documentacion_narrativa_de_experiencias_pedagogicas.pdf

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