Antropogénesis
Antropogénesis
La especie elegida
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Mediante los relojes moleculares —la diferencia genética entre dos especies
depende del tiempo transcurrido desde su separación— se calcula que la escisión entre
la línea de los chimpancés (los primates más parecidos biológicamente a nosotros) y la
de los hombres ocurrió entre 4,5 y 7 m.a. Los primeros fósiles de homínidos
corresponden al Ardipithecus ramidus, con una antigüedad en torno a los 4,4 m.a. La
postura erguida parece corresponder al Australopithecus anamensis (3,9-4,2 m.a.). El
bipedismo es posibilitado por la forma de la pelvis, en la que las articulaciones que unen
ésta con el fémur se han aproximado para liberar tensiones. Otros rasgos para reconocer
el bipedismo son la posición oblicua del fémur y la dirección del foramen magnum. Se
corrobora la capacidad de andar del Australopithecus afarensis por las huellas
increíblemente modernas asociadas a esta especie que se hallaron en Laetoli. Se supone
que Lucy —representante de esta especie— podría trepar muy bien, porque el cociente
entre la longitud del húmero y del fémur es todavía mayor que el del hombre actual.
El niño de Taung se incluye dentro del Australopithecus africanus (entre 3 y 2 m.a.).
Esta especie no parece tener una cresta sagital comparable con la del afarensis. Esta
cresta facilita la sujeción de los músculos que accionan la mandíbula, que es, en
consecuencia, más robusta en el A. afarensis.
El cambio climático mencionado favoreció la desaparición del Australopitecus
africanus, y la aparición del Paranthropus y del Homo. El Paranthropus evolucionaría
al lado del hombre, pero sin ser ascendiente suyo. Paranthropus robustus y boisei se
sitúan entre 1,8 y 1 m.a., mientras que los fósiles más modernos de su posible antecesor
(P. aethiopicus) datan de alrededor de 2,3 m.a. Esta especie está "especializada" en la
masticación, y tiene molares de esmalte grueso, premolares "molariformes" y cresta
sagital.
Los primeros fósiles que se pueden clasificar dentro del género Homo datan de
hace 2,3 m.a., y las piedras talladas más antiguas de las que se tiene noticia tienen una
edad asignada de 2,5 m.a. (Ayala habla de 3 m.a.). La primera muestra de la presencia
de hombres es la industria lítica.
Los fósiles humanos más antiguos de África son Homo habilis (1,9-1,8 m.a.),
Homo rudolfensis (1,9-1,6 m.a.) y Homo ergaster (1,8-1,4 m.a.). Leakey, en su libro,
habla de Homo erectus para referirse al ergaster, porque todavía no se habían
descubierto los fósiles que obligaron a replantear la clasificación. Su equipo encontró en
1984 el "Niño de Turkana", que es el fósil más representativo del Homo ergaster. Con
él se asocia la industria Achelense (la anterior es la Olduvayense).
El índice de encefalización es un factor que nos puede ayudar a comparar la
inteligencia de los hominoideos. Es la relación entre el peso del cuerpo y el del
encéfalo. Calculando aproximadamente el peso del cuerpo por medio de los huesos, se
obtienen los siguientes índices: Australopithecus africanus: 1,4; Paranthropus boisei:
1,5; Homo habilis: 1,8; Homo ergaster: 1,9. Consecuentemente, hay un cierto salto
cuantitativo entre el hominoideo más encefalizado y la especie que ya se considera
humana.
Los humanos somos omnívoros (algunos sostienen que sólo ovo-lacto-
vegetarianos), mientras que los antropomorfos más parecidos a nosotros son herbívoros.
El índice de megadoncia (tamaño real de los molares entre el valor que correspondería a
un primate de su tamaño) del Australopithecus afarensis es el doble del del chimpancé.
Este índice aumenta a medida que se asciende al Paranthropus boisei, y vuelve a
descender hasta ser igual que el del A. afarensis en el Homo habilis.
Para averiguar si el Niño de Taung tendría un ritmo de desarrollo como el de los
chimpancés, o más parecido al nuestro, se atiende a dos detalles: los dientes y el tamaño
de su cabeza al nacer, deducido del hueco de la pelvis de Lucy (Australopithecus
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afarensis) y Sts 14 (africanus). Se llega a la conclusión de que el desarrollo cerebral de
un australopiteco sería comparable al de un chimpancé actual, aunque el parto y la
cópula ya se realizan por la zona frontal de la hembra.
En opinión de Martínez y Arsuaga, los genes determinan las diferencias de
conducta sexual, y por extensión de la social, de antropomorfos y hombres. En el caso
de los hombres sólo la determinan en parte, están en la base de la conducta.
Biológicamente nos correspondería estar en el grupo de primates polígamos o
promiscuos. A la vez, la estructura familiar varía según los medios culturales. Pero
situar la sexualidad humana sólo en el terreno de la procreación no es lo natural
(biológicamente), pues el sexo está al servicio del amoriii.
El hombre pobló Eurasia hace más de 1 m.a., y la fecha más antigua que se da
para un fósil de homínido no africano es de 1,8 m.a., aunque no es una fecha definitiva.
Este fósil se halló en Java. Corresponden a la especie Homo erectus, que se diferencia
del H. ergaster por tener un neurocráneo más robusto y un toro supraorbital recto. En
principio el primero puede derivar del segundo, pero si se confirma la datación que lo
sitúa hace 1,8 m.a., esto no se podría mantener.
El fósil humano europeo tenido por más antiguo es el de la mandíbula de Mauer,
de entre 500.000 y 600.000 años. Los descubrimientos de la Gran Dolina en la Sierra de
Atapuerca revelan una serie de fósiles humanos con industria lítica asociada superior a
los 780.000 años de antigüedad. Parecen haberse acumulado como consecuencia de
prácticas caníbales. Corresponden a la nueva especie Homo antecessor, que carece de
las especializaciones del H. erectus, y tiene un cerebro mayor que el H. ergaster. En la
Sima de los Huesos se han encontrado fósiles humanos datados en 300.000 años.
Pueden ser resultado de la práctica funeraria más antigua conocida.
El Homo neanderthalensis es una especie más estudiada, por existir más restos
fósiles. Su cerebro es mayor, pero no en relación con su masa corporal. La anchura
máxima del neurocráneo está a media altura, y no en la base, como ocurría con Homo
erectus.
La industria lítica a ellos asociada es la musteriense, que se caracteriza porque se
trabaja primero un núcleo, del que posteriormente se extraen las lascas y se retocan.
También se les atribuye el uso del fuego y los enterramientos. Éstos podrían ir
acompañados en algunos casos de una ceremonia. Algunos autores piensan que la
especie de la que provienen es la Homo heidelbergensis, que se habría originado en
África hace 600.000 años. Arsuaga y Martínez piensan que Homo heidelbergensis es
enteramente europea, y se solapa con Homo antecessor.
Los autores descartan que haya habido evolución en Europa occidental de los
neandertales a los humanos modernos, porque su última industria lítica
(Chatelperroniense) es posterior al primer Auriñaciense, asociado al Homo sapiens, y
porque el cambio de una especie a otra es brusco.
En torno a hace 1 m.a. hay un vacío de fósiles en África. De la misma forma que
en los siguientes miles de años el Homo antecessor evolucionaría al neanderthalensis en
Europa, la población africana evolucionaría a nuestra especie. Esa población estaría
representada por los fósiles de Homo heidelbergensis erróneamente considerados
africanos. Los datos genéticos lo confirman, pues manifiestan que nuestra especie fue
muy homogénea desde el principio.
El ADN mitocondrial, que se transmite, sin sufrir recombinación,
matrilinealmente, sitúa a la primera mujer de nuestra especie en África, hace unos
200.000 años. El ADN del cromosoma Y, que se transmite por línea paterna y no es
recombinado, sitúa al primer varón Homo sapiens entre 100.000 y 200.000 años.
Estudios en el ADN mitocondrial de hombres neandertales dan como resultado una
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antigüedad de 550.000-690.000 años para la separación neandertales/sapiens, y
120.000-150.000 para el origen de la diversidad actual. Esto parece reforzar la tesis de
Arsuaga y Martínez, según la cual H. heidelbergensis sería sólo europeo, y la
divergencia data de una fecha anterior a la mandíbula de Mauer. Homo heidelbergensis
estaría ya en la línea evolutiva del neanderthalensis.
Gracias a estudios en los genes responsables del sistema HLA, Ayala ha llegado
a determinar que el número de colonizadores de la especie Homo sapiens que salió de
África debió de estar entre 500 y 10.000.
Arsuaga y Martínez se preguntan si es posible que la selección natural pueda
influir en la evolución de la humanidad actual. Comentan que, para que haya selección
natural, individuos de determinadas características deben reproducirse más que los
demás, cosa que no se está produciendoiv. Los autores hacen referencia también a la
manipulación genética, que nos puede librar de taras y enfermedades, pero que se puede
utilizar para otros objetivos.
En cuanto al lenguaje, estudios paleoneurológicos han puesto de manifiesto que
el área de Broca y la de Wernicke, que se ocupan de los músculos para la producción
del habla y de la codificación y descodificación de mensajes, respectivamente, están
más desarrolladas en los fósiles del Homo habilis que en los australopitecos. Además,
existen una serie de rasgos basicraneales que permiten deducir cuál sería la posición de
la laringe en los fósiles. Si era baja, quiere decir que podían hablar, pues entonces la
cavidad bucal y la faringe pueden actuar como conductos independientes y modular
sonidos diferentes. Según los estudios de Arsuaga y Martínez, esto sí ocurría en el
Homo habilis y el Homo ergaster.
Darwin sostenía que la inteligencia y el habla eran resultado de la selección
natural, mientras que Wallace lo atribuía a causas sobrenaturales. Señalaba Darwin que
la existencia de "chapuzas" en los seres vivos suponía que Dios no los había creado,
porque entonces las partes serían perfectas. Estas "chapuzas" son los órganos que
pierden eficacia en la realización de una misión original, aunque esta pérdida se
compense con la ventaja de la nueva función. Dado que la laringe desempeñaba en los
homínidos no humanos una función distinta a la de permitir el habla, pues hacía posible
tragar líquidos y respirar al mismo tiempo, ésta sería una de las chapuzas a que se
refería Darwin y, por tanto, según los autores, tenía razónv.
El ser humano no es el resultado necesario de la evolución. La especie humana
no es más perfecta, si por esto entendemos que es la más compleja. No parece que un
hombre sea más complejo que un ostracodermo (un tipo de pez). La complejidad
supuesta de los organismos no sería un factor favorable a la selección natural. Los
terápsidos, reptiles cuasimamíferos, dominaban la tierra en el Mesozoico, pero su
"superioridad" no les valió para sobrevivir en la Historia de la vida. Tampoco esa
superioridad ha servido para que los parántropos sobrevivieran o los antropomorfos
actuales dominen al resto de la vida animal. Su mayor inteligencia no ha servido para
que se adapten mejor al medio que los otros seres vivosvi.
En opinión de Ayala, antes de Darwin las adaptaciones y la diversidad de los seres vivos
eran aceptadas como hechos sin explicación, o, en Occidente, se atribuían a la sabiduría
del Creador. Darwin acepta la realidad de las adaptaciones o diseño funcional de los
organismosvii. La explicación causal de los aspectos finalísticos del universo completaba
la eliminación de Dios como principio explicativo de los procesos naturales.
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La teoría de Darwin
Darwin parte de la existencia de variaciones hereditarias, como hecho
observado. Otra observación es que sólo una fracción de los organismos sobrevive hasta
la madurez y se reproducen; la mayoría mueren sin dejar descendencia. Existen
variantes que, en comparación con otras, aumentan la probabilidad de sobrevivir y
reproducirse de sus portadores. El proceso de reproducción, a lo largo de generaciones,
llevará consigo el aumento gradual de las variantes beneficiosas y la eliminación de las
desventajosas. Esta reproducción diferencial de alternativas hereditarias es la selección
natural, y en ella se basa la evolución.
Antes de Darwin, Lamarck ya había propuesto una teoría de la evolución,
basándose en la adaptación al ambiente por medio del uso y desuso de los órganos.
Darwin acepta en parte la herencia de los caracteres adquiridos, pero explica las
adaptaciones como resultado de la propagación diferencial de variaciones hereditarias
aparecidas por azar. Los mecanismos de la herencia son explicados siete años más tarde
por Mendel. Los genes determinan los caracteres hereditarios, y se dan en formas
alternativas, los alelos. Los organismos poseen dos genes para cada carácter, heredados
del padre y de la madre y transmitidos por los gametos, pero sin fundirse: son distintos
en la vida del individuo y se separan en la formación de los gametos. Los genes son
estables, pero de vez en cuando pueden darse mutaciones que transforman un alelo en
otro. Los mutacionistas creen que la selección natural sólo actúa eliminando alelos
desfavorables en favor de los ventajosos, y que la evolución está determinada
fundamentalmente por el azar.
La teoría sintética de Dobzhansky combina la mutación como causa de las
variaciones hereditarias con la selección natural como proceso direccional que produce
organismos complejos. Esta teoría se diferencia de la mutacionista en que da más
importancia a la causalidad (a la determinación que atribuye a la selección natural), que
a la aleatoriedad de la mutación. El azar y la necesidad quedan intrincados en el meollo
de la vida, la causalidad y el determinismo se entrelazan en un proceso natural que
produce a los seres vivientesviii.
Según Fisher, la tasa con que aumenta la eficacia biológica de una población es
igual a la varianza genética que la población tiene en ese momento. Esta teoría ha sido
comprobada experimentalmente, con el experimento de las moscas Drosophila. Cuanto
mayor es el número de descendientes, mayor es la adaptación de las poblaciones al
medio experimental. Se observa que las poblaciones mixtas tienen mayor número de
individuos que las puras. Esta tasa de evolución la compara Ayala con la tasa de
evolución de la capacidad craneal humana, demostrando que es posible reproducir
experimentalmente distancias generacionales tan grandes como las del registro fósil.
La selección artificial muestra que las variaciones hereditarias se pueden dar en
cualquier población y con respecto a prácticamente cualquier carácter. Por técnicas
electroforéticas se puede saber cuántos individuos son heterocigóticos (que pueden
producir gametos diferentes con respecto a un gen) y cuántos homocigóticos (que
producen el mismo tipo de gameto) para un carácter dado. La heterocigosis y la
proporción de proteínas variables (y por ello la de los genes que las codifican) nos
sirven para conocer la variabilidad genética de una especie.
Los genes son los portadores de la herencia biológica. Están contenidos en los
cromosomas. La estructura química de los genes es una doble hélice de ADN.
Se da una mutación génica cuando la secuencia de ADN de un gen se altera y se
transmite a la progenie. Es importante notar que las mutaciones nuevas tienen una
probabilidad mucho mayor de ser deletéreas que favorables, y si se dan variaciones del
segundo tipo en un alto grado es debido a la selección natural. Un ejemplo: comparando
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un gen con una frase, si se sustituyen letras o palabras al azar, la mayoría de los cambios
deteriorarán el sentido de la frase. La secuencia de nucleótidos en el gen es corregida
por la selección natural para que tenga sentido.
La selección natural se puede dividir en varios tipos. La normalizadora borra los
genes delétereos, favoreciendo la norma. La direccional hace que alelos que
anteriormente no eran favorecidos por la selección natural, ahora sí lo sean. La
diversificadora tiende a mantener la variación genética, favoreciendo genotipos
diferentes en subambientes diferentes. La selección equilibradora mantiene los
polimorfismos genéticos. Se da cuando hay sobredominancia, es decir, cuando la
eficacia biológica de los individuos heterocigóticos es mayor que la de los
homocigóticos.
Las razas son poblaciones genéticamente diferenciadas de la misma especie. No
están reproductivamente aisladas entre sí, pero para que se mantenga como unidad
discreta, el flujo genético debe estar limitado. Esto se debe normalmente a la separación
geográfica.
Las especies surgen como resultado de cambios graduales impulsados por la
selección natural. Se definen por contraposición relativa al concepto de raza: son
conjuntos de poblaciones que pueden cruzarse entre sí y están reproductivamente
aisladas de otros grupos semejantes. Las especies de homínidos se distinguen cuando las
diferencias morfológicas entre poblaciones separadas en el tiempo son,
aproximadamente, tan grandes como las existentes entre especies actuales. Ayala pone
un ejemplo con el Homo erectus y el Homo sapiens, porque todavía no se había hecho
la reclasificación de mediados de los ochenta, que incluiría la mayoría de los primeros
en el Homo ergaster.
Hay dos mecanismos de aislamiento reproductivo: los precigóticos y
postcigóticos. Se suelen dar primero los postcigóticos, siendo los precigóticos una
consecuencia de éstos. En el origen de las especies se suelen dar varios estadios: Estadio
I, en que hay interrupción del flujo genético entre poblaciones. El mecanismo de
aislamiento reproductivo suele ser postcigótico, y surge accidentalmente, no impulsado
por la selección natural. Es un proceso reversible. Estadio II, en el que el aislamiento
reproductivo se debe a mecanismos precigóticos, y éstos son favorecidos por la
selección natural.
La identidad genética es la porción de genes idénticos en dos poblaciones, y la
distancia genética estima el número de sustituciones alélicas que han tenido lugar en un
locus genético durante la evolución de dos especies a partir de una población común.
Así se establecen diversos grados de diferenciación genética (población local,
subespecie, especie incipiente...).
Según Aristóteles, las esencias de las cosas son realidades inmutables que se
materializan, con variaciones accidentales, en todos los individuos de la especie. La
esencia o forma específica se realiza en distintas porciones de la materia, dando lugar a
los individuos de la especie. Estos difieren entre sí no sólo por ser materialmente
distintos, sino debido a diferencias accidentales, como el tamaño, el color, etc.ix
Ni nominalismo ni esencialismo tienen razón. Es verdad, tanto que los
organismos no son creados de acuerdo a una esencia determinada, inmutable en todos
los individuos, como que las especies son realidades con existencia objetivax.
La tierra se formó hace 4.650 m.a. La vida debió de aparecer hace 3.500 m.a.
Los australopitecinos, que merecen ser llamados humanos, pues algunos construyeron
instrumentos primitivos, surgieron hace 4 ó 5 m.a,xi El Homo sapiens (incluyendo el
neandertal), hace unos 300.000 años.
7
Los compuestos químicos fundamentales de la actividad vital pueden formarse
sin la previa existencia de vida (experimento de Miller y Urey). Por ello no existen
dificultades insuperables en explicar el origen de la vida mediante un proceso
puramente naturalxii.
Los primeros animales evolucionaron hace más de 700 m.a. Los primeros
primates aparecieron hace 65 m.a. A partir de un antepasado común, Aegyptopithecus
probablemente, se separan los linajes del gibón y los antropoides y el hombre. El
hombre de Neandertal es considerado una subespecie o raza diferente de la especie
humanaxiii.
El carácter universal de la ética sugiere que su fundamento está en la naturaleza
humana, y que es producto de la evolución biológica. La naturaleza biológica de los
seres humanos determina necesariamente la presencia de valores éticos en su
conductaxiv. Las condiciones necesarias para que se dé un comportamiento ético
aparecen cuando se atraviesa un "umbral" evolutivo. Transiciones de umbral se dan, por
ejemplo, en el origen de la vida, de la reproducción sexual, o cuando el agua se calienta
lo suficiente como para hervirxv.
Los teólogos tratan de fundamentar la ética por sus fundamentos racionales,
como la naturaleza humana. No obstante, para un creyente, la conexión motivacional
entre los preceptos éticos y las creencias religiosas es suficiente para aceptar un código
moral dadoxvi.
Naturalismo biológico de Huxley: Según este autor, se da una tendencia hacia la
evolución de organismos cada vez más complejos, avanzados y homeostáticos. Hay una
evolución progresiva. Huxley fundamenta la ética en la evolución, mediante el
postulado de que el progreso es deseable en sí mismo (es un deber ser). La moralidad de
una acción depende de si ésta potencia las capacidades cognitivas y volitivas. Ayala lo
critica, porque desde el punto de vista natural no se puede hablar de progreso, ni decir
que las bacterias tengan menos éxito evolutivo que los vertebrados. Además, confunde
el ser con el deber ser, pues no se puede considerar una tendencia evolutiva como
moralmente deseable.
Cuando se utilizan los hechos ocurridos en la evolución como piedra de toque
para determinar la moralidad de las acciones humanas se llega a consecuencias
contrarias a la lógica. Por ejemplo, la existencia del virus de la viruela es un hecho
evolutivo. Sin embargo, la eliminación de esas mutaciones nocivas por el ser humano
no es considerada inmoralxvii.
La eugenesia positiva fomenta la multiplicación de genes favorables. La
eugenesia negativa trata de evitar la multiplicación de genes desfavorables. Hay cuatro
métodos para modificar intencionadamente la constitución genética de la humanidad:
Consejo genético. Consiste en informar a los futuros padres sobre la naturaleza
genética de las enfermedades o defectos que tengan ellos o sus familias y la posibilidad
de transmitirlos a sus hijos. Se pueden llevar a cabo programas genéticos basados en el
consejo genético, la amniocentesis y el abortoxviii.
Cirugía genética. Es la manipulación directa del material hereditario.
Selección germinal. Consiste en abrir bancos de semen de hombres de mérito, y
almacenar óvulos de mujeres también de gran mérito. Los matrimonios podrían elegir
un gameto del hombre o mujer que prefirieran. Coincido con el profesor Ayala en que
esto es aberrante.
Clonaje. Actualmente se dice más bien clonación. Se elimina la información
hereditaria (núcleo) del óvulo de la hembra, y se transplanta material genético de otras
células del cuerpo a dicho óvulo. El ambiente y el material genético constituyen a la
persona. Con el genotipo de un individuo como Einstein y el ambiente en que vivió, se
8
conseguiría otro Einstein. Pero dar a alguien el mismo ambiente en que vivió otra
persona parece poco menos que imposiblexix.
La formación de la humanidad
El origen del hombre anatómicamente moderno se sitúa en hace unos 40.000 años.
Somos una subespecie llamada Homo sapiens sapiens, una división de la especie Homo
sapiens. Al observar el registro fósil para ver la evolución de las especies, se tiene la
impresión de que los cambios se produjeron según una serie de saltos. Los mecanismos
según los cuales las especies aparecen y desaparecen se empezaron a descubrir gracias a
los restos de animales conservados en las rocas estratificadas. La existencia de seres
vivos cuya especie no existía en la actualidad implicaba que estos habían cambiado en
un sentido difícilmente conciliable con el de creaciónxx.
Muchos se habían preguntado sobre el origen de las especies. Lamarck creyó
que la evolución se producía porque las características adquiridas por un animal durante
su vida eran transmitidas a sus descendientes. Darwin basó su teoría en un mecanismo
distinto, explicado en El origen de las especies. Darwin vio el mundo de las especies
como cambiante y no estático. Las especies cambian de forma gradual, sin saltos o
cambios bruscos. Todos los mamíferos comparten un antepasado común, igual que
todos los reptiles, etc. El mecanismo de cambio era la selección natural, mediante la
cual los individuos mejor dotados dejan una descendencia más numerosa.
El aumento de complejidad anatómica parece sugerir que en el proceso evolutivo
interviene algún brazo conductor que mueve el curso hacia delante. Este progreso
evolutivo no ha sido controlado por ningún programa. Es el resultado del impulso de la
selección naturalxxi.
La teoría de la evolución por saltos se basa en la dificultad de justificar que haya
etapas incipientes de las estructuras útiles (ejemplo de paso de arco branquial a
mandíbula). En la teoría del "equilibrio discontinuo" el origen de una nueva especie se
produce en un grupo reducido de individuos, geográficamente separados de la población
principal. La nueva especie ocupará más tarde el territorio de la población principal, con
lo que aparece en el registro fósil bajo su forma plenamente desarrollada.
Hace 200 m.a. todos los continentes formaban un único continente denominado
Pangea. Hace 100 m.a. habían empezado a separarse. África estaba aislada de Europa en
algún momento comprendido entre hace dieciocho y dieciséis m.a. Las montañas se
suelen formar por el choque de dos placas tectónicas. Estas tremendas fuerzas de
choque contribuyen a la constitución de formaciones fosilíferas, como las del Himalaya
o las del valle del Rift.
En Laetoli se han encontrado las huellas del homínido bípedo más antiguo
conocido, que vivió hace unos 3.750.000 años1. El antepasado más remoto de los
primates es la especie de los driopitecinos, que vivió hace catorce millones de años.
Cuando África quedó unida a Eurasia hace entre dieciocho y dieciséis años, varias
especies pasaron de un continente a otro. Entonces, los ramapitecinos evolucionaron de
los anteriores. Existieron durante 6 m.a. El rasgo que los coloca como homínidos
ancestrales es su dentición, muy parecida a la de los homínidos posteriores. Es posible
que esta especie comenzara el bipedismo. De cualquier forma, el paso de ser una
criatura cuadrúpeda a ser bípeda es drástico, según Owen Lovejoy.
El último ramapithecus data de hace 8 m.a., y hace 2 m.a. había tres tipos de
homínidos en el continente africano. Hay pocos fósiles del intervalo de tiempo entre 8 y
1
Como hemos visto, Arsuaga y Martínez retrotraen esta fecha (p. 80), y piensan que, por la forma de la
tibia, los Australopithecus anamensis ya podrían andar sobre dos pies.
9
2 m.a. (mandíbula inferior y hueso de brazo de Turkana). Entre hace 4 y 2 m.a. los
restos son más completos, y comprenden el "grupo familiar" de Hadar y el esqueleto de
"Lucy". Se clasifican dentro de la especie Australopithecus afarensis. Estos fósiles
revelan que el bipedismo es anterior a la expansión cerebral2.
La aparición de los primeros utensilios de piedra hace dos o más millones de
años —ya vimos que Arsuaga y Martínez precisan más: 2,5 m.a.— supuso un avance
tecnológico decisivo para nuestros antepasados, y les permitiría acceder a la carne de
animales grandes. Pudo haber sido el inicio de nuestra separación de la línea de los
primates no humanos. Hace 500.000 años ya había hachas de mano y cuchillas. Las
primeras pruebas fidedignas de la inclusión de vegetales en nuestra dieta la remontan a
hace 40.000 años. Al microscopio se ha podido comprobar la tesis anterior de la
utilización de las lascas para cortar carne, pero no se ha podido decir nada sobre el
troceado de material vegetal.
A pesar de que se invertiría mucho tiempo en la caza y a menudo con ello no se
lograba comida, los individuos que la practicaban podían hacerlo porque estaban
seguros de compartir la comida recogida por las mujeres.
Las especies de Australopithecus africanus y Australopithecus robustus
florecieron durante un par de millones de años y luego desaparecieron. Sólo continuó la
estirpe Homo. Pero el proceso evolutivo es "ciego": no implica un objetivo, una meta
específica de perfeccionamiento.
La extinción de los australopitecos pudo estar ligada a que entraran en
competencia con los papiones, que aumentaron en número por aquella época, y tenían
un nicho ecológico parecido. También es posible que entraran en competencia con los
hombres.
Entre hace 20.000 y 10.000 años se pasa de la caza y recolección a la producción
de la comida. El cambio fue asombrosamente rápido, y hoy es prácticamente total.
Los grupos cazadores-recolectores suelen componerse de 30 personas. Si el
número es menor, la estructura social se debilita. Si es mayor, se debe aumentar el
esfuerzo laboral para alimentar a todos. Al llegar el Neolítico este modelo va a cambiar,
pues la aparición de la agricultura permite que los asentimientos humanos sean
mayores.
El Homo erectus aparece por primera vez en el registro fósil en la época que
corresponde a hace un millón y medio de años, y se mantiene hasta hace unos 300.000
años, cuando empieza a aparecer el Homo sapiens. Parece que el Homo erectus se
originó en África y luego se dispersó por Asia y Europa. Para los yacimientos de
Indonesia se han propuesto edades tan dispares como dos m.a. y 700.000 años. Leakey
piensa que, como no se han identificado fuera de África homínidos anteriores al erectus,
de los cuales hubiera podido descender el sapiens, las edades próximas a los dos
millones de años son más improbables. De todas formas, la mayoría de nuestros
antepasados se quedó en África. Hasta hace unos cien mil años, la población de África
fue, quizás, diez veces mayor que la de Eurasia, y hace quinientos mil la cifra pudo
acercarse a veinte.
Durante un millón y medio de años y hasta hace 200.000 años persiste el mismo
diseño básico de los utensilios de piedra de África. En Europa, el Achelense siguió
siendo el principal diseño hasta hace sólo 100.000 años, en que el Homo erectus había
empezado a dejar paso al Homo sapiens. Hace 300.000 años el Homo erectus vivía en
Torralba, España. Existen indicios de que cazaba elefantes y otros animales,
2
La tesis de Leakey coincide con la de Arsuaga y Martínez cuando afirma que el Australopithecus
afarensis no es antepasado común de los homínidos, sino uno anterior (anamensis), porque el Homo
habilis ya estaba demasiado desarrollado hace 2 m.a. como para provenir del A. afarensis.
10
conduciéndolos hacia una zona cenagosa para matarlos. En Ambrona había dos hileras
de huesos de elefante dispuestos perpendicularmente, formando una "T" premeditada.
El Homo sapiens sapiens apareció hace por lo menos 40.000 años. Es lógico
suponer que hablaba. Ralph Holloway ha intentado deducir la existencia de esta
capacidad a partir del mayor desarrollo del área de Broca que se puede apreciar en la
cara interna de los cráneos fósiles. A pesar del deterioro de éstos, se ha podido observar
en el 1470, un Homo habilis muy antiguo, la impronta del área de Broca. Esto, unido a
la capacidad de construir instrumentos, hace suponer que poseía al menos un lenguaje
rudimentario. En el Homo erectus esta capacidad se habría desarrollado más. El hecho
de que hubiera ceremonias entre las poblaciones tardías de Homo erectus podría indicar
que hubo un mayor refinamiento del lenguaje. El simbolismo del arte que floreció hace
30.000 años señala con certeza el origen de la capacidad de lenguaje moderna. Según
Leakey, el avance desde un antepasado simiesco con gritos y jadeos a un homínido
capaz de dar nombre a objetos está dentro de las posibilidades biológicasxxii.
El Homo sapiens neanderthalensis evolucionó a partir de los tipos tardíos del
erectus, seguramente. Se han hallado cráneos de neandertal en Salónica, Swanscombe, y
Rosellón. También se han encontrado en el Sudeste asiático y en África. Los rasgos
neandertales aparecen en el registro fósil de hace 100.000 años. Se le considera el
hombre europeo de la glaciación, aunque su origen evolutivo data de una época cálida.
Con él se identifica una nueva industria lítica, la musteriense, que toma el nombre de la
cueva de Le Moustier, en la Dordoña. Se utilizó durante algún tiempo una técnica de
labrado de lascas conocida como levalloisiense, que en manos de los neandertales fue
refinada y desarrollada.
Con el neandertal aparecen los primeros indicios de sepulturas rituales. Las
personas eran enterradas de forma deliberada. En Uzbekistán, el esqueleto de un niño
yace entre huesos de cabra montesa, seis pares de los cuales forman un anillo en torno a
su cabeza. Hay otros muchos ejemplos de enterramientos, aunque algunos autores
discuten la presencia de rito.
Parece por tanto que hubo un cambio gradual del Homo erectus al
neanderthalensis, en una región geográfica extensa. En contra de esto se puede aducir
que, entre los demás animales, las especies nuevas suelen surgir en pequeñas
poblaciones aisladas. Leakey contra argumenta afirmando que las poblaciones humanas
primitivas eran muy móviles e interfecundas.
En la cueva de Skhul (Israel) han sido hallados restos de diez individuos, que no
eran modernos en el pleno sentido de la palabra, pero tampoco arcaicos. Serían una
mezcla. A pesar de su aspecto moderno, fabricaron utensilios musterienses. Los análisis
estadísticos de modelos anatómicos globales realizados por Howells y Trinkhaus
indican sin embargo que los ejemplares no son particularmente afines al Neandertal.
Leakey piensa que pudo haber cruzamientos entre ambas subespecies3.
El arte prehistórico floreció hacia fines de la última glaciación, hace unos 35.000
años, y se terminó cuando los casquetes de hielo se retiraron, hace 10.000 años. Se han
conservado pinturas en el sudoeste de Francia y el norte de España, así como también en
varias cuevas africanas.
La combinación de montañas, valles fluviales y mesetas en Francia y en España
permitió que viviera allí gran variedad de animales, que fueron luego representados en
las cuevas. La población humana era aún escasa, quizá de unas decenas de miles de
habitantes.
3
Arsuaga y Martínez, por su parte, afirman (p. 280) que los europeos actuales no portamos genes de los
neandertales, y que no conocemos fósiles híbridos de ambas especies.
11
La mayor parte del arte rupestre representa animales, pero también hay motivos
abstractos: grupos de puntos, líneas meandriformes. Hay escasez de representaciones
humanas. Las existentes suelen ser líneas esquemáticas que insinúan la forma humana.
Sólo en la cueva de La Marche, en el oeste de Francia, hay imágenes que son casi
bocetos de caras.
Es importante ver la manera en que el arte es utilizado en la sociedad. Es un
indicador de la cultura de un pueblo, y supera intelectualmente las estructuras de
subsistencia empleadas por éste. A veces pudo ser utilizado como elemento mágico para
favorecer la caza, o como rito simbólico relacionado con la naturaleza, (así parece
ocurrir con el bastón de Montgaudier).
En cuanto a la domesticación de animales, es posible que se utilizaran bridas
para montar caballos hace de 15.000 a 14.000 años, como lo demuestra la
representación de una cabeza de este animal encontrada en la cueva de La Marche. Las
líneas grabadas insinúan que el animal llevaba arreos. El estudio del patrón de desgaste
de dientes de caballos muertos hace al menos 30.000 años, remonta hasta esa época su
estabulación, lo que se deduce gracias al denominado mordisco del pesebre. También
parece que se domesticaron vacas en una fecha anterior a hace 13.000 años, pues se han
hallado fósiles de vaca de esa antigüedad en África, donde consta que no había vacas
salvajes.
Hace 15.000 años comienza una época más cálida. Crecieron los bosques, y
hubo gran abundancia de hierbas y arbustos. Esta circunstancia pudo haber favorecido
la aparición de la agricultura. Pero Mark Cohen aduce dos razones en contra de que
haya sido el clima el causante de la revolución agrícola: Primero, los fenómenos
climáticos son reversibles y repetitivos; no pueden explicar que se dé en una sola
ocasión un acontecimiento que raramente se invierte. Segundo, los cambios climáticos
suelen ser de ámbito regional. No pueden explicar una tendencia económica más
generalxxiii. La tesis de Robert Braidwood, es más sensata a mi entender. Apela a un
progreso cultural gradual como desencadenante de la revolución agrícola.
La transición de una recolección sistemática del trigo silvestre a su cultivo sería
fácil y natural. Esta transición se produjo en muchas comunidades del Creciente Fértil
hace unos 10.000 años. Al crecer la comunidad se especializaron los oficios y surgieron
los primeros poblados y ciudades. Jericó es considerada la primera ciudad del mundo,
fundada hace unos 10.500 años.
En el Nuevo Mundo se cultivaban calabazas vinateras desde, por lo menos,
10.000 años, y, posiblemente, más. Pero la agricultura propiamente dicha no apareció
hasta hace unos 5.000 años. En México, en el valle de Oxoaca, surgió la que se cree es
la primera ciudad de su tipo en el Nuevo Mundo, Monte Albán. Su poderío
incuestionable comenzó hace unos 2.500 años, y su esplendor vino seis siglos después.
Posiblemente llegó a tener 30.000 habitantes a los 700 años de su fundación.
La agresividad en el hombre. En la cueva de Makapansgat, en Sudáfrica, se
descubrieron restos de Australopithecus africanus mezclados con gran número de
cráneos de papión y huesos de otros animales. Raymond Dart sostuvo que los
homínidos se habían convertido en carnívoros agresivos, pues encontró evidencias de
que los cráneos habían sido golpeados con algún tipo de cachiporra. En opinión de
Leakey esta posición es errónea. Dart opinaba que la ausencia de las colas en los restos
óseos se debería a que las usaban como látigos de caza, y la de vértebras a que las
usarían como proyectiles. La nueva interpretación de la evidencia sugiere que: los
cráneos estarían deformados más bien por la presión del sedimento, como ocurre
muchas veces en otros fósiles de homínidos. En cuanto a la cola y las vértebras, son
partes que suelen quedar destruidas cuando son los animales los que comen la carne.
12
Así lo ha comprobado Bob Brain, y Judy Maguire ha dado pruebas convincentes de que
las marcas que se observan en estos huesos son muy parecidas a las que dejan las hienas
actuales.
Leakey acaba haciendo algunas consideraciones sobre la agresividad y la
cultura. Piensa que los hombres no somos de manera innata nada. No somos ni
cooperativos ni agresivos de forma innata. Hablar de agresividad innata sólo
proporciona una excusa para la violencia y la guerra organizadaxxiv.
Valoración personal
A continuación expondré una serie de reflexiones que se me han ocurrido a medida que
leía los libros. He procurado reunirlas en un texto que se pueda leer todo seguido. Los
números romanos remiten a la parte del resumen que las suscitó.
i
Arsuaga y Martínez parecen admitir que los individuos realizan ciertas actividades que
sí pueden influir en su propia evolución. ¿Cómo influirían? No responden a esta
pregunta. Se me ocurren dos posibilidades: que el desarrollo de una actividad
favoreciera una mutación de los genes relacionados con esa actividad. No parece haber
estudios científicos en esa línea. La otra posibilidad es la selección sexual: que los
mismos individuos escogieran parejas que, por las mutaciones experimentadas, fueran
capaces de desarrollarse mejor y reproducirse más. Esta selección da cierta relevancia al
papel consciente del individuo, en lugar de dejarlo todo a la naturaleza inconsciente.
Esto sería posible si el individuo posee cierta consciencia a la hora de elegir pareja. Me
parece que esta consciencia sólo se da en el género Homo, y que el papel del sujeto en
su propia evolución sería inconsciente en el resto de seres vivos.
ii
A lo largo del libro utilizan mucho expresiones como "los simios tienen un cerebro
grande, pero lo han desarrollado por separado". Creo que esta forma de expresarse no es
del todo exacta, porque lo primero que da a entender es que los animales provocan sus
propias mutaciones, cuando no que son partidarios de la teoría de los caracteres
adquiridos. Debería utilizarse la forma reflexiva "el cerebro de los simios se
desarrolló...", para no dar lugar a confusión.
iii
Arsuaga y Martínez sostienen que desde una perspectiva total, no simplemente
biológica, la sexualidad es algo más que las puras relaciones físicas. No obstante,
curiosamente parecen entender la biología en un sentido omniabarcante, que incluiría
también la dimensión espiritual. Así se desprende, por ejemplo de su forma de hablar de
la mente, como algo puramente físico (p. 172). Su posición es entonces un tanto
contradictoria: admiten el amor como algo distinto a lo biológico. Sin embargo, el amor,
o es inmaterial, con lo que, lógicamente, la inteligencia también lo será; o es material,
pero entonces no puede ser muy distinto de lo biológico, más bien se identifica con ello.
Me inclino a pensar que es inmaterial: John Eccles, en el artículo del libro de Ayala y
Dobzhansky, comentaba cómo se había estimulado con electricidad la corteza motora de
sujetos conscientes, y esto evocaba acciones que eran negadas por el sujeto. Aunque,
materialmente, el sujeto podía haber movido una mano, la persona, el yo profundo, no
lo había hecho. El origen de nuestros actos superiores es inmaterial, aunque luego tenga
consecuencias y traducciones materiales. La inteligencia y la voluntad (donde reside el
amor) son inmateriales, aunque empleen herramientas materiales y se expresen a través
de ellas.
iv
Selección natural en humanidad actual. A. y M. piensan que no se está produciendo,
porque para ello sería necesario que personas con determinadas características se
reprodujeran más que los demás. Si se piensa con detenimiento puede llegarse a la
13
conclusión de que eso sí se está produciendo en realidad. Por ejemplo, en Sudamérica y
Centro América las poblaciones crecen a un ritmo superior que en Norte América, y
además emigran a ella, con lo que aumentan las probabilidades de que haya
matrimonios mixtos. Lo mismo ocurre con África respecto a Europa. En este caso las
características iguales en los individuos que se reproducen más no vienen determinadas
por la genética, sino por las condiciones culturales, convicciones religiosas, utilización
de métodos para regular la natalidad (naturales o artificiales), o desconocimiento de los
mismos, etc. Es decir, son factores específicamente humanos, pero pienso que no por
ello deben quedar fuera de la selección natural. Sería una selección natural humana.
v
Darwin sostenía que la aparición de la inteligencia en el hombre se debía a razones
naturales, por la teoría de las "chapuzas" expuesta en el texto. Esta razón carece de una
base consistente. Afirmar que el paso de una laringe alta a una baja produjo un órgano
que es una modificación de otro anterior, el cual cumplía una función distinta en un
organismo diferente, no va en absoluto en contra de la perfección del sistema actual de
fonación. Simplemente significa, en una teoría creacionista-evolucionista, que Dios, al
crear al hombre, no hizo la materia ex nihilo, sino que modificó una materia ya
existente. El hecho de que haya un cierto salto en el paso del australopiteco al hombre
indica precisamente que no ha habido una fase en que los distintos organismos que
cumplían una función determinada en el animal se hayan quedado a medias en la
evolución (caso de la laringe, por ejemplo). Este pequeño salto también se ve en el
índice de encefalización. Esto manifiesta que el salto cualitativo del antropoide al
hombre requiere un cierto salto cuantitativo, material.
Pienso que el salto que observa Leakey (nota xx) en el registro fósil no sólo se
debe a la escasez de fósiles. En la p. 104 Arsuaga y Martínez se sorprenden de las
grandes transformaciones anatómicas que dan lugar a organismos radicalmente
diferentes de sus antepasados. Afirman que hay que descartar una modificación drástica
en una única vez, pero que no es fácil tampoco imaginar el paso de cuadrúpedo a bípedo
poco a poco. Estos tres autores son partidarios del evolucionismo gradual; por mi parte
me convence más el denominado "equilibrio discontinuo", pues me parece que
concuerda más con los saltos del registro fósil.
vi
Coincido en que el hombre no sea un ser necesario, y que podía perfectamente no
existir. Sin embargo, contemplando la historia de la evolución de los homínidos, se hace
difícil no ver una tendencia a una mayor perfección. Del hecho de que existan varias
especies de homínidos y que sólo un linaje llegue a ser Homo no se puede concluir que
la evolución del hombre sea ciega (Leakey, p.29). La evidencia sugiere lo contrario.
La estructura de árbol evolutivo, en lugar de escalera evolutiva, lo único que
revela es que se da más oportunidad al azar de que actúe, lo cual beneficia a la
diversidad. Esto favorece el surgimiento de más oportunidades para que la selección
natural determine diversos cursos de evolución.. En los hominoideos, en el resto de
seres vivos que no desembocaron en el hombre, también se advierte esa dirección a una
mayor perfección. Parece como si se hubiera dejado a la materia "investigar"
libremente, hacer experimentos, competir, y que sólo el ser que ha demostrado una
mayor adaptación ha sido elegido para dotarle de inteligencia y voluntad.
En el fondo es algo muy parecido a lo que piensan A. y M. (p. 35) para el resto
de la naturaleza no humana. La evolución experimenta modelos, y cuando uno tiene
éxito, fabrica varios de la misma gama, dicen estos autores. Más que "la evolución", que
es propiamente algo que se da en los seres, yo hablaría de "la naturaleza", pues es más
susceptible de ser considerada como sujeto que realiza acciones.
14
Otras veces, A. y M. personalizan la selección natural más que la "evolución".
Ayala, en la página 51, habla de la selección natural como si fuera una persona, que en
ese caso incluso puede dotar de sentido a la evolución. ¿No se está reconociendo ahí que
la evolución tiene un sentido, una dirección? Ciertamente, esto es muy difícil de negar
al estudiar la transformación de los homínidos. Por un lado, se elimina a Dios del
proceso natural de la evolución, pero por otro aparece esa especie de cuasi-ente que la
dirige, llamado selección natural. No hay que olvidar que la selección natural no es un
ser en sí, sino un conjunto de sucesos que producen efectos en una misma dirección.
¿Por qué tienen un sentido? ¿Acaso se lo damos nosotros? Sí, nosotros damos sentido a
lo que ocurre en la naturaleza, pero no podríamos hacerlo si los sucesos naturales no
tuvieran previamente ese sentido. Los hechos que constituyen la selección natural tienen
una significación, y nosotros la descubrimos.
Volviendo al tema anterior, ¿cómo produciría la naturaleza nuevos modelos? ¿Se
está hablando de que la naturaleza crea, que de la nada saca algo, o de lo ya existente,
pero inferior, saca algo superior? A. y M. no tratan esta cuestión, pues ellos estudian lo
biológico, asomándose sólo algunas veces a los temas filosóficos. En mi opinión, la
creación no ha de entenderse como un hecho que tuvo lugar al principio de los tiempos.
Es más bien un acto mediante el cual la naturaleza viene al ser y es conservada en él.
Con la creación también se creó el tiempo. Por eso la creación es tan actual hoy como el
primer "día". La creación y el tiempo se implican mutuamente, la creación no pudo ser
"en el tiempo" sino más bien al revés: el tiempo se dio en la creación. La creación
consiste más bien en un "estado de cosas" más que en un hecho. Con esto no quiero
decir que cuando aparece una especie nueva se esté creando esa especie. Normalmente
evolucionará de algo anterior. Esa evolución será lo normal en lo material, pues es
propio de todo lo que vemos el poder cambiar. Pero, cuando observemos un cambio en
el que lo posterior contiene algo muy superior a lo anterior, no es lógico suponer que de
lo primero haya salido todo lo segundo. La parte que, por ser tan superior, no haya
podido evolucionar de lo primero, tendrá que haber venido al ser de la nada, deberá
haber sido creada.
Por ejemplo, un ave puede provenir de un reptil, y en ese caso la nueva forma se
educe de la materia. Pero pienso que el paso de la no-vida a la vida, o del australopiteco
al hombre, son dos cambios en los que hay una desproporción tan grande de
superioridad que no permiten afirmar que la nueva forma se ha educido de la materia
antigua. Lo que de radicalmente superior tenga la nueva forma que informa la materia
después del cambio, deberá provenir de un acto de creación, ex nihilo.
vii
Al explicar la contribución de Darwin a la Biología y al resto de las ciencias, pienso
que Ayala confunde algo los términos. 1) El finalismo no es teológico (p. 12),
simplemente afirma que los seres tienen un fin, que es su propia perfección. Es, por
tanto, una postura filosófica. 2) Darwin, al dar una explicación del origen de los
órganos, no está hablando de a qué tienden, sino de cómo surgen. Por tanto, sus
afirmaciones nada tienen que ver con el finalismo. 3) Darwin da una explicación, desde
el punto de vista fáctico, del origen de los vivientes. Pero su punto de vista no es más
científico que el filosófico. El punto de vista filosófico es radical, apodíctico, se
pregunta por el por qué o el para qué, no por el cómo. No se puede decir por ello que
Darwin "reduce los aspectos finalísticos de la naturaleza al dominio de la ciencia", pues
da una explicación de la naturaleza según una ciencia particular, la Biología. Pero esta
ciencia no agota todas las posibilidades de estudio del ser.
Darwin da una explicación, pero no es causal, pues no habla de por qué aparecen
los órganos, y tampoco es explicación del aspecto finalístico del universo, pues esa
15
finalidad, al menos en su aspecto primario, la reconoce: "Darwin acepta la realidad de
los diseños funcionales de los organismos..." (p. 12).
viii
En la página 25 del libro de Ayala hay una pequeña confusión: Ayala contrapone
primero azar y necesidad, y acto seguido causalidad y determinismo. Sin embargo, el
determinismo hace referencia a la influencia irresistible de los motivos (según el
diccionario de la Real Academia), y, por tanto, no se opone a la causalidad, sino que es
otra forma de designarla. En ese sentido había dicho pocas líneas antes que "la selección
natural es un proceso determinístico, direccional". Supongo que lo que quería decir en la
segunda frase era algo así como "causalidad y aleatoriedad entrelazadas...".
ix
Ayala expone con un lenguaje un tanto inexacto la teoría aristotélica sobre las
esencias. La materia es la que individúa a la forma sustancial (mejor que a la esencia).
Por tanto, el hecho de que haya diferencias accidentales y el que la materia sea distinta
viene a ser el mismo fenómeno. Lo primero va inseparablemente unido a lo segundo.
Por esta razón la frase "no solo... sino también debido a..." no tiene mucho sentido, está
hablando de lo mismo.
x
Al hablar de la contraposición entre nominalismo y esencialismo, sorprendentemente,
intenta mantener algo contradictorio. El concepto mismo de especie implica algo
común, compartido por varios individuos. Si es común a varios individuos, ha de ser
igual en esos individuos. Mantener la existencia de una especie que varíe para cada
individuo es mantener la existencia de varias especies, no de una especie única. La
especie, por definición, ha de ser inmutable (no me refiero en el tiempo, claro está). Por
otra parte, el que una especie se transforme en otra especie cabe perfectamente en el
marco de una filosofía realista, que admite y estudia el cambio sustancial.
Pienso que la filosofía natural no utiliza como punto de partida las conclusiones
de las ciencias naturales. No, como ciencia que es, parte de la observación directa de la
realidad. La filosofía no es una especie de superciencia, construida una vez elaboradas
las demás ciencias. La filosofía estudia más bien la realidad, desde un punto de vista
distinto, más radical, sin descartar que pueda ayudarse de los datos aportados por las
ciencias naturales para profundizar en algún tema, o ilustrarlo. Por ejemplo, hace poco
leí parte de un libro de antropología filosófica que trataba de la forma de cooperar el
hombre y la mujer en la sociedad. Se intercalaba un artículo de ciencias biomédicas, en
que se explicaban importantes descubrimientos sobre el embrión humano y la
aportación genética, igual y diferente al mismo tiempo, proveniente del padre y de la
madre. Desarrollaba cómo el ADN transportado por el espermatozoide está subrayado o
marcado por una metilación en algunos lugares que no corresponden a las metilaciones
del ADN transportados por el óvulo. En definitiva, utilizaba los últimos
descubrimientos científicos para ilustrar algo a lo que ya se había llegado a partir de la
observación directa de la realidad: la naturaleza, igual y diferente a la vez, del hombre y
de la mujer, y la necesidad de la cooperación de ambos para el desarrollo de la sociedad.
Afirma Ayala que la filosofía griega y la tomista tienen una concepción de la
naturaleza estática, donde el cambio es puramente accidental. Creo que esta afirmación
se apoya en un conocimiento deficiente de esta filosofía. Es verdad que, culturalmente,
se tenía la idea de que las especies siempre habían sido como aparecían a sus ojos, pero
Aristóteles afirmaba claramente la realidad del cambio sustancial.
Ayala parece entender la metafísica aristotélica de un modo muy vago. Ésta se
dedicaría sólo a los primeros principios, y no describe ningún mundo concreto entre los
posibles. Nada más lejos de la realidad. La metafísica aristotélica pretende explicar la
realidad, este mundo, y solo porque se pregunta por lo más radical que hay, el ser, se
pueden extrapolar sus conclusiones a otros mundos posibles (que también serían).
16
xi
Ayala afirma que los últimos australopitecinos fabricaron útiles primitivos. Esta
afirmación no parece corroborada científicamente (cf. Arsuaga, p. 135 y ss.).
Una vez demostrado que ni los animales más inteligentes pueden fabricar
instrumentos, a pesar de que se les intenta enseñar, parece lógico considerar la industria
lítica como signo de la existencia de inteligencia humana. Por otro lado, si los últimos
australopitecinos merecieran ser llamados humanos, entonces su especie debería
renombrarse Homo africanus.
xii
Pienso que el profesor Ayala despacha con demasiada rapidez un tema muy discutible:
Desde un punto de vista filosófico es muy difícil mantener el paso de la no-vida a la
vida por causas estrictamente naturales, por la propia virtud de la materia. Partamos de
la definición más clara y básica de vida: propiedad por la que un ser se mueve a sí
mismo. Un planeta, un río, la luz, no se mueven a sí mismos, sino que son movidos por
otra cosa (en el caso de la luz, el origen del movimiento hay que buscarlo en la fuente
que la produce). La vida supone, por así decir, un cierto dominio de la materia sobre sí
misma. Es una forma superior de materialidad. En el paso de la no-vida a la vida hay un
cambio cualitativo (no meramente cuantitativo), y sustancial. No es razonable pensar
que de lo inferior, y por su propia virtud, pueda surgir lo superior.
Los datos de las ciencias empíricas más bien demuestran que no hay nada muerto que se
pueda traer a la vida, y el mismo Ayala ha puesto ejemplos que demuestran la falsedad
de la generación espontánea. No es este, por tanto, un tema que se pueda soslayar sin
más, como si estuviera casi demostrado.
xiii
Algunas diferencias entre Ayala y Arsuaga y Martínez: El primer autor llama a los
homínidos fuera de la línea evolutiva de que descendemos Australopithecus robustus y
boisei, mientras que Arsuaga los denomina Paranthropus, pienso que con más
propiedad, por ser una especie más burda originada al lado de la de los hombres. Según
Ayala, la laringe del chimpancé es capaz de producir los sonidos apropiados, pero no
puede hablar, porque para esto no es suficiente la capacidad anatómica: es necesario que
exista un cerebro suficientemente desarrollado. Arsuaga explica, sin embargo, que
tampoco los chimpancés tienen la capacidad anatómica de emitir los sonidos humanos.
En cuanto al hombre de Neandertal, Arsuaga y Martínez prefieren decir que se trata de
una especie distinta a la nuestra, acogiéndose al concepto evolutivo de especie, según el
cual una especie es un conjunto de poblaciones que se suceden en el tiempo y siguen
una línea evolutiva propia.
xiv
Cuando Ayala habla de la naturaleza en la página 170, la apellida biológica, con lo
que la está restringiendo a la naturaleza material. Eso le permite hablar luego
cómodamente de naturaleza a secas como si fuera sólo material. Llega a decir así que lo
material determina lo inmaterial, que la naturaleza biológica determina los valores
éticos, que lo inferior es causa de lo superior. Más adelante (p. 172) fundamenta la
capacidad ética del hombre en el desarrollo de su capacidad intelectual, pero no habla
de la naturaleza de la inteligencia, identifica lo inmaterial con lo químico. Los estudios
más recientes acerca de las afasias arrojan como resultado que no hay una dependencia
del pensamiento respecto a las funciones cerebrales de las que dependen los procesos
lingüísticos, como ha demostrado Cervós-Navarro, Profesor de Neuropatología de la
Universidad de Berlín. Las posturas más recientes, como las de los Premios Nobel
Eccles y Sperry, se apartan claramente del materialismo.
xv
Para explicar el paso de un ser no ético a uno ético Ayala acude a la idea de "atravesar
un umbral" evolutivo. Pero, al explicar el contenido de este concepto, equipara cambios
sustanciales, como aparición de la reproducción sexual, con meros cambios
17
accidentales, como el hecho de que el agua cambie de estado físico. Como dicen A. y
M., es mejor llamar a lo que es distinto con nombres distintos.
xvi
En opinión del profesor Ayala, la conexión entre la ética y la religión es suficiente
para aceptar una determinada ética. Es decir, se puede aceptar una religión, y la ética
que conlleva, independientemente de la relación de ésta con la naturaleza de las cosas.
Uno de los fines de la justificación racional de la ética, basada en la naturaleza, que
ofrecen por los teólogos, es evitar que se hagan en nombre de la religión actos que
vayan en contra de la naturaleza humana. Pero el creyente no puede basar su ética
simplemente en lo que dice su religión, pues está dotado de racionalidad y de sentido
común. Con el planteamiento de Ayala se está quitando la posibilidad de criticar el
comportamiento de un palestino que mata por la Guerra Santa. No se le podría hacer
entrar en razón, porque se estaría comportando éticamente. Basar la ética en la
naturaleza se le debe exigir al filósofo/teólogo en el ámbito teórico, y a cualquier
creyente en el ámbito práctico.
xvii
Ayala sostiene que la evolución no puede determinar la moralidad de las acciones: la
viruela es un hecho evolutivo, pero eliminarla no es inmoral. Estoy de acuerdo con la
conclusión a la que quiere llegar, pero su argumentación es bastante débil: si la teoría
darwinista de la evolución se lleva a sus últimas consecuencias, la lucha contra el virus
de la viruela es resultado de la selección natural (además, la inteligencia es
estrictamente biológica, según su concepción), pues supone simplemente la lucha de
una especie contra otra por la supervivencia. Las dos especies necesitan los mismos
recursos, y entran en competencia por ellos. Con esta teoría materialista, sí podría
justificarse la moralidad de la acción a partir de la superioridad evolutiva.
xviii
Con la mayor frialdad propone el aborto como medio para mejorar el acervo genético
humano. Lo importante no es mejorar el genotipo humano, aun cuando esto sea un
objetivo loable, sino la calidad moral de la humanidad como tal. Esto requiere
salvaguardar el derecho básico que tiene toda persona a desarrollarse dignamente desde
su concepción. Hoy se sabe que el ser humano está bastante desarrollado antes del
nacimiento, y que desde la concepción contiene en sí toda la potencialidad para llegar a
desarrollarse plenamente. Con el nivel de conocimientos biológicos que se ha alcanzado
en los últimos tiempos es anticientífico no considerar al feto como persona desde su
concepción, e inmoral abortar intencionadamente su normal desarrollo. Esta conclusión
fue ratificada por el Consejo de Ética Científica de Suecia en los últimos años del siglo
XX.
xix
Parece que Ayala tiene un concepto muy determinista de la persona, pues la reduce a
su genotipo y a la educación recibida. No tiene en cuenta en la práctica, aunque la
admita en teoría, la libertad para decidir que tiene cualquier persona. Si se educara a
varios clones en el mismo ambiente, siempre tendrían la posibilidad de elegir cosas
diversas y autodeterminarse en sentidos distintos.
A continuación paso a considerar el libro de Leakey:
xx
Los mecanismos según los cuales las especies aparecen y desaparecen han constituido
siempre un enigma para los biólogos. El problema surgió cuando los geógrafos
descubrieron que las rocas estaban estratificadas y había en ellas restos de animales que
no existen en la actualidad. Coincido en esto con Leakey, pero no se ve por qué el hecho
de que ciertas especies se hayan extinguido es incompatible con el concepto de
creación. Lo que es incompatible es el concepto de una creación fijista con el de una
evolucionista. Además lo que desacredita una creación fijista no es el hecho de que
desaparezcan las especies, sino el hecho de que aparezcan especies nuevas.
18
xxi
Progreso y evolución: Hay que notar que Leakey habla de un progreso aparente (p.
29), mientras que Mayr reconoce sin mayor problema que ha habido un progreso real.
Sin embargo, unas pocas líneas más adelante Leakey se contradice al sostener que
somos producto de una serie de innovaciones progresivas. Coincide con Arsuaga y
Martínez en que el hombre no es la cumbre del progreso evolutivo. Ayala no es tajante
en este punto, y parece admitir indirectamente que el hombre es el animal más
evolucionado, por varias razones: Afirma que el hombre es el ser más inteligente que
conocemos. Admite como criterios de progreso la invasión de ambientes nuevos, el
control sobre el ambiente y la adaptabilidad. La característica decisiva para hablar de
progreso podría ser, según este autor, la capacidad de adquirir y procesar información,
la cual, en el hombre, se fundamenta en su superior inteligencia.
xxii
Leakey opina que el paso del simio al hombre puede deberse a causas naturales.
Pienso que esta afirmación se cae por su propia base. Si no se admite la intervención de
un Ser superior para explicar este cambio del simio evolucionado al hombre, esa
transformación no tiene explicación científica: En una película de ciencia-ficción como
es 2001: Una odisea del espacio, se utiliza un monolito marciano para explicar el
surgimiento de seres inteligentes. Se reconoce por tanto que el cambio del mono al
hombre supone una transformación radical, que no admite meras causas naturales o
biológicas.
xxiii
Tratando de explicar el surgimiento de la agricultura, Mark Cohen aduce dos razones
para desechar el cambio climático como posible causa. Sus dos argumentos son, en mi
opinión, discutibles. Precisamente el que el proceso de la agricultura no se suela invertir
es una razón de más para suponer que, una vez dominada su técnica, se independice del
cambio climático que lo favoreció. Además, Richard Leakey estaba hablando de un
cambio climático bastante general, de un calentamiento global, como ocurre en la
actualidad.
xxiv
Por último, una breve consideración sobre si somos o no animales sociales por
naturaleza. En mi opinión, sí somos sociables de manera innata, y también tenemos algo
de agresividad. Bien es verdad que se aprende mucho del ejemplo y la educación, es
decir, de la cultura. Pero también comprobamos, por ejemplo, cómo los niños pequeños
tienen tendencia a saludar a todo el mundo. Es verdad que hay detrás un mínimo de
aprendizaje y educación, pero creo que éste sólo canaliza, encauza un potencial que ya
poseía el niño. También se observa una tendencia hacia actitudes moralmente
reprochables, como la envidia o a la violencia, pero en principio es mayor el impulso a
cooperar con el semejante. La educación y la cultura son herramientas formidables para
potenciar ese lado positivo en detrimento del lado negativo.
19