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Elisirlin

El diseñador de luces es fundamental en la producción teatral, encargado de crear y supervisar el uso de la luz como herramienta de expresión artística. A lo largo del tiempo, este rol ha evolucionado, integrándose en diversas disciplinas y especializándose en diferentes tipos de producciones. La luz se considera un lenguaje esencial que complementa el arte visual y la arquitectura, y su comprensión requiere un profundo conocimiento técnico y artístico.

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El diseñador de luces es fundamental en la producción teatral, encargado de crear y supervisar el uso de la luz como herramienta de expresión artística. A lo largo del tiempo, este rol ha evolucionado, integrándose en diversas disciplinas y especializándose en diferentes tipos de producciones. La luz se considera un lenguaje esencial que complementa el arte visual y la arquitectura, y su comprensión requiere un profundo conocimiento técnico y artístico.

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Textos extraídos del libro: LA LUZ EN EL TEATRO/Eli Sirlin - INTeatro Editorial

EL ROL DEL DISEÑADOR DE LUCES

El diseñador de luces es, tradicionalmente, el responsable del diseño y la supervisión de todos los aspectos
referidos a la luz en la producción de un espectáculo.

La acepción inglesa “lighting designer” (diseñador de luces) se fue imponiendo en todo el mundo, incluso en
Francia, donde tradicionalmente se utilizaba el término “éclaragiste” (iluminador). Según lo explica Patrice
Pavis, en su “Diccionario del teatro”, el término “lighting designer”, define mejor al profesional que crea a
partir de la luz. Y agrega: “Después de los sucesivos imperialismos del actor-rey, del director de escena y
del escenógrafo, hoy el iluminador -dueño absoluto de la luz- se erige a menudo como el personaje clave de
la representación.”

En la década del 20, Adolphe Appia ya había valorizado las posibilidades que brinda el lenguaje lumínico:
“La luz posee una elasticidad casi milagrosa. Contiene todos los grados de claridad, todas las posibilidades
de color - como la paleta del pintor-, todas las movilidades; puede crear sombras, difundir en el espacio la
armonía de sus vibraciones exactamente igual como lo haría la música. Con ella poseemos toda la
capacidad expresiva del espacio si este espacio es puesto al servicio del actor” (“Actor, espacio, luz,
pintura”, Théatre populière Nº5, 1954, pág. 39).

Appia produce un cambio copernicano en la concepción del espacio escénico, valorizando la luz como
lenguaje del espectáculo y construyendo desde ese momento los fundamentos del diseño de iluminación
modernos. El diseño de luces va evolucionando con los procesos teatrales, por un lado, y con la tecnología,
por otro. En general, los progresos técnicos surgen de necesidades particulares. Ante una demanda, surge una
respuesta del mercado. Actualmente el rol de diseñador de luces va teniendo un espacio propio, se hace más
abarcativo y no se reduce a un “profesional del teatro”, sino que comprende a todo aquel que trabaja con la
luz como herramienta de creación.

Bill Williams, famoso diseñador de luces canadiense con más de 30 años de trabajo en el rubro, señala que
“…el rol de diseñador de luces recién se consolidó en los primeros años de la década de 1950. Hasta ese
momento sólo se ocupaban de la luz los técnicos. Hoy día los diseñadores de iluminación tienden a
especializarse en tipos específicos de producción de entretenimientos, cada uno con requerimientos técnicos
y métodos de trabajo levemente distintos.” “...Algunos diseñadores pueden especializarse, a su vez, dentro
de una especialidad. Por ejemplo, un diseñador de luces para danza puede sólo trabajar en el campo de la
danza moderna, o aquel que en el campo de la música sólo hace rock. Más allá de la disciplina en la que
trabajan, todos los diseñadores de iluminación deben tener un conocimiento completo de sus herramientas,
tanto en los aspectos físicos como en los psicológicos de la luz; los principios básicos de la luz, la visión y el
diseño aplicados a la disciplina del diseño de iluminación.”

Obviamente, resulta esencial conocer el lenguaje de la luz, pero recién desde hace poco tiempo se puede
hablar de una educación sistemática y de una investigación profunda en el lenguaje lumínico.

Aún hoy día el rol del diseñador de iluminación, ya sea por su escasa antigüedad o por su falta de
establecimiento en el mercado mundial, sigue siendo muy poco reconocido. Bill Williams, que conoce bien
el tema, ha comentado, con bastante ironía: “Todo el mundo en el teatro sabe dos trabajos: el suyo e…
¡iluminación!”.

Hoy día todas las áreas relacionadas con el arte visual y con el espacio requieren de un pensamiento lumínico
que las atraviese y que complemente su sentido.

La mayoría de los profesionales que trabajan en iluminación diseñan la luz de un espacio o de una forma
para ser vista y entendida por el sistema perceptivo humano. En cambio, los que se dedican al cine, video y
fotografía, trabajan para que su obra sea “vista” por un material fílmico o digital sensible a la luz. A estos
profesionales los llamamos “directores de fotografía”. Para ellos es fundamental la importancia de la luz en
su trabajo. Se apropian de la luz porque la captan fotográficamente, siendo ésta natural o producida
artificialmente por ellos.

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Textos extraídos del libro: LA LUZ EN EL TEATRO/Eli Sirlin - INTeatro Editorial

El gran mercado que abarcan el cine, el video y la fotografía ha generado fuentes de luz muy específicas,
como lámparas, luminarias, filtros para colorear, y accesorios para este uso, que los diseñadores de
iluminación teatral agradecemos y utilizamos frecuentemente en nuestras producciones.

La palabra “arquitecto” encierra en su etimología una íntima asociación con el término diseñador de luces.
Según el “Breve diccionario etimológico de la Lengua castellana”, de Joan Corominas, la palabra arquitecto
deriva de árkhó: “soy el primero” – y téktón: obrero, a su vez derivado de tíktó: “produzco”, “doy a luz”.

Tal vez esta curiosidad etimológica explique la tardía aparición del diseñador de luces para arquitectura, ya
que en un principio este rol era cubierto por los mismos arquitectos que diseñan el espacio, por los
decoradores, por las empresas de asesoramiento eléctrico o por las empresas proveedoras de luminarias.

El desarrollo comercial de luminarias y lámparas, con una tecnología cada vez más compleja, abrió el
camino a un aprendizaje diferenciado. Del área de iluminación de espectáculos surgieron los primeros
diseñadores de luz para arquitectura, precisamente cuando se quería tener un impacto visual más dramático
en el espacio. Eso también permitió una interacción muy interesante desde el punto de vista del mercado, con
proveedores de luminarias especializados en teatro que comenzaron a desarrollar líneas de luminarias para
arquitectura, y a la vez, luminarias de arquitectura que copiaron ciertas características ópticas de luminarias
teatrales, hoy de uso común.

La división entre espectáculo y arquitectura, dentro del área de entretenimiento, se hace cada vez más
borrosa. En los centros de juegos y diversión (cines, teatros, discotecas, casinos, bares, restaurantes y
parques tematizados), como los de Orlando y Los Angeles (en Estados Unidos) y todas sus copias en el
mundo, los aspectos técnicos más exigentes se ponen al servicio de los diseños visuales y dramáticos, para
dar un carácter muy fuerte a la ambientación y lograr un gran impacto visual al público.

Dentro de las artes plásticas, las “instalaciones multimedia” fueron ganando cada vez más espacio en las
últimas décadas al reformular la antigua categorización pintura, escultura, mural y grabado.
Las nuevas tecnologías fueron introduciéndose, poco a poco, como lenguajes complementarios en su tarea de
reforzar y completar la idea artística. En el producto artístico de hoy, la participación de luz, sonido y video
es cada vez más recurrente y protagónica, utilizándose para todos ellos el término de “lenguajes artísticos
combinados”.

La luz como “paleta de pintor” tiene su máxima expresión en los “artistas de la luz”, nombre que hace
referencia a diseñadores que trabajan con la luz desde una propuesta plástica. Estos artistas generan
productos, a veces arquitectónicos, a veces teatrales, a veces relacionados con las artes visuales, pero siempre
utilizando la luz como lenguaje y herramienta de diseño.
Entre los principales “artistas de la luz” se destacan Dan Flavin, James Turrell, Walter de María, Bruce
Nauman, Robert Irwin y Douglas Wheeler- cuyas propuestas plásticas “se mueven en el terreno de la
ambigüedad, creando para el espectador un juego visual que le hace dudar sobre la identidad física de lo
contemplado”, tal como lo señala Javier Chavarría Díaz en su libro “Artistas de lo inmaterial”.

Más allá de la denominación que reciba este oficio, el diseño de luces obedece siempre a una creación de
criterio artístico.
Todo aquel que trabaje con luz necesita sentirla, conocerla, estudiarla, entenderla, aprehenderla, imaginarla,
recordarla y producirla. Debe saber de estilo, composición, equilibrio, de estética. Debe tener conocimientos
sobre la ciencia de la luz, su generación, sus efectos ópticos, su tecnología, la psicología de su percepción, su
visión, su producción y las emociones que genera.

Desde la competencia específica, los conocimientos a incorporar son:

- Nociones básicas de física y tecnología de la iluminación.


- Conocimiento de las herramientas lumínicas, para ser utilizadas como medio de expresión.
- Estudio de la influencia de la luz en el espacio. Esto presume un entendimiento de cómo ese espacio
(su forma, materiales y terminaciones) reacciona a las variadas situaciones de luz en relación al ojo
humano.

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Textos extraídos del libro: LA LUZ EN EL TEATRO/Eli Sirlin - INTeatro Editorial

- Clara percepción del modo que funciona la luz: entender las reacciones humanas ante las diferentes
situaciones de luz en el espacio, entender la influencia de la luz y los colores en el ambiente, captar
las emociones humanas que se suscitan para lograr la mayor eficiencia en las sensaciones deseadas
.
- La influencia de la luz en la calidad visual: entender la importancia de los niveles de luz y contraste
para la composición.
- La influencia de la luz en la rítmica: conocer la dinámica temporal de las variaciones de luz y sus
efectos.
- Estar al tanto de los avances tecnológicos que el mercado produce en materia de luminarias.
- Entrenar la memoria visual para la imaginación o previsualización de ideas con luz.
- Poder interpretar y producir dibujos representacionales de ideas de luz.
- Poder documentar una producción lumínica clara y exhaustivamente.

….y lo más importante: lograr que lo que uno ideó en imagen y emociones se materialice en el escenario,
aún mejor de lo imaginado.

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