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Clase 2: El Origen de Lña Emociones

El sistema límbico, conocido como el 'cerebro emocional', es crucial en la regulación de las emociones y está compuesto por estructuras como la amígdala, el hipocampo y el hipotálamo. Este sistema no solo influye en las respuestas emocionales, sino que también afecta procesos como la memoria y el aprendizaje. A pesar de ser considerado principalmente como el centro de las emociones, el sistema límbico tiene funciones más amplias que incluyen la regulación de diversas actividades metabólicas y de supervivencia.

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Clase 2: El Origen de Lña Emociones

El sistema límbico, conocido como el 'cerebro emocional', es crucial en la regulación de las emociones y está compuesto por estructuras como la amígdala, el hipocampo y el hipotálamo. Este sistema no solo influye en las respuestas emocionales, sino que también afecta procesos como la memoria y el aprendizaje. A pesar de ser considerado principalmente como el centro de las emociones, el sistema límbico tiene funciones más amplias que incluyen la regulación de diversas actividades metabólicas y de supervivencia.

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NEUROEDUCACION Y EDUCACION EMOCIONAL

CLASE 2
EL ORIGEN DE LÑA EMOCIONES
El sistema límbico es una de las redes de neuronas más
interesantes e importantes a la hora de estudiar el comportamiento
humano, ya que es una de las partes del cerebro con un papel más
relevante en la aparición de los estados de ánimo.

Es por eso que a veces es llamado "el cerebro emocional".


El sistema límbico es un conjunto de estructuras del encéfalo con límites
difusos que están especialmente conectadas entre sí y cuya función tiene
que ver con la aparición de los estados emocionales o con aquello que
puede entenderse por "instintos", si usamos este concepto en su sentido más
amplio. El miedo, la felicidad o la rabia, así como todos los estados
emocionales llenos de matices, tienen su principal base neurológica en esta
red de neuronas.
Así pues, en el centro de la utilidad del sistema límbico están las
emociones, aquello que vinculamos con lo irracional. Sin embargo, las
consecuencias de lo que ocurre en el sistema límbico afectan a muchos
procesos que, teóricamente, no tenemos por qué asociar con la cara emotiva
del ser humano, como la memorización y el aprendizaje.

Evolución del término


RESUMEN:
Dos siglos atrás, un científico llamado Paul Broca se refirió por primera
vez al sistema límbico para referirse a la zona adyacente a la glándula
pineal. Broca habló de un "gran lóbulo límbico" y en ese término englobó
toda la cara medial de los hemisferios cerebrales alrededor del cuerpo
calloso. También introdujo en este gran lóbulo los bulbos olfactorios (a
pesar de que estos tengan poco que ver con el procesamiento de
emociones).

Posteriormente, James Papez descubrió un circuito formado por estructuras


nerviosas que también forman parte del sistema límbico. Este neurólogo es
conocido por ser el primero proponer un modelo anatómico para las
emociones y por poner bajo el foco científico todo aquello relacionado con
el plano sentimental.
Tuvimos que esperar hasta 1952 para que Paul MacLean acuñara el término
de "sistema límbico" que utilizamos hoy en día. Este científico definió las
estructuras neuronales implicadas en ese sistema y propuso varias teorías
acerca del cerebro y su evolución. En ellas, afirmaba que el sistema
emocional era el más avanzado de todos ellos (él lo definió dentro del
cerebro neomamífero) y que era algo propiamente de mamíferos muy
avanzados.

La palabra límbico significa borde o margen y antes el sistema límbico se


utilizaba vagamente para incluir un grupo de estructuras que se encuentran
en la zona límite entre la corteza cerebral y el hipotálamo.

Ha sido considerado este sistema siempre como un complejo de estructuras


de transición situada entre un "primitivo “cerebro subcortical visceral y una
cortical más evolucionada. Las estructuras límbicas subcorticales incluyen
a la amígdala, los cuerpos mamilares, el hipotálamo, algunos núcleos del
tálamo(es decir, anterior, intralaminar y grupos dorsales mediales) y el
estriado ventral(es decir, el núcleo accumbens).

El sistema límbico es un grupo interconectado de las estructuras corticales


y subcorticales dedicado a vincular los estados de la emoción visceral con
la cognición y el comportamiento.

Hoy en día, hablamos de sistema límbico cuando hacemos referencia al


conjunto de estructuras situadas en el encéfalo (zona interna del cerebro) y
cuya utilidad principal es la gestión y la regulación de las emociones.
Aquello que solemos definir como inconsciente o irracional tiene su base
en una zona muy concreta de la anatomía humana. Este sistema está
formado por estructuras como el hipotálamo, el hipocampo, la
amígdala...entre otras más que describiremos posteriormente.

Anatomía del sistema límbico: partes principales

El sistema límbico o sistema nervioso emocional está situado en la zona


interna de nuestro cerebro, más allá de la corteza cerebral. Recibe
influencias de muchas otras vías del sistema nervioso relacionadas con los
sentidos: sistema auditivo, visual, olfactivo, sensores del tacto y del gusto.
Al estar interconectado con tantas otras vías, resulta muy complicado hacer
un esquema totalmente preciso de todos sus elementos anatómicos. Entre
las principales partes del sistema destacamos las siguientes:

1. Hipocampo

Este elemento está relacionado con la transformación de la memoria


reciente a la memoria a largo plazo y a la memoria autobiográfica. Lo
encontramos en la parte central del lóbulo temporal (1) y también tiene una
importante función relacionada con la orientación y la memoria espacial.

2. Amígdala cerebral

La amígdala o cuerpo amigdalino es una masa de neuronas en forma de


almendra localizadas en los lóbulos temporales (2). Esta zona del sistema
límbico está relacionada con la formación y el almacenamiento de memoria
asociada a hechos o acontecimientos que nos hayan producido fuertes
emociones. Se dice que la amígdala es la sede de todas las emociones.
Además, estudios recientes también demuestran que este elemento tiene
una fuerte implicación en la consolidación de la memoria.

3. Tálamo

El tálamo se define como la estructura cerebral situada encima del


hipotálamo (3). Todos los estímulos sensoriales (menos el olfato) pasan por
esta zona de nuestro sistema límbico para después ser derivados a zonas
más específicas. Esta parte de nuestro cerebro tiene la función principal de
comportarse como núcleo de conexión y asociación de estímulos e
información de carácter emocional.

4. Hipotálamo

Este pequeño elemento de nuestra sistema nervioso emocional (4) posee es


el responsable de muchísimas funciones neuronales. El hipotálamo es la
zona del cerebro más importante para la gestión y coordinación del
equilibrio de nuestro cuerpo. Este equilibrio se conoce como homeostasis y
es el proceso mediante el cual nos regulamos y podemos llegar a
mantenernos estables en nuestro entorno. Recientemente se ha descubierto
que percibe los niveles de una proteína llamada leptina cuando comemos
demasiado y, como respuesta a esos niveles, disminuye nuestro apetito.
También regula conductas tales como los ciclos del sueño y el
mantenimiento de la temperatura corporal.

5. Ganglios basales

Los ganglios basales participan de forma indirecta en el sistema nervioso


emocional, estos se encargan de gestionar nuestras respuestas motoras
(gestos o expresiones) relacionadas con los estados emocionales
producidos por las otras partes del sistema límbico.

6. La Ínsula

También considerada como el quinto lóbulo cerebral, la ínsula es una


estructura de la corteza cerebral situada en la profundidad de la cisura de
Silvio, en el punto en que confluyen los lóbulos temporal, parietal y frontal,
siendo delimitada por sus respectivos opérculos.

La ínsula forma parte del mesocórtex, o sistema paralímbico, junto al


orbitofrontal y a otras estructuras. Se trata de un centro de conexión entre
sistema límbico y el neocórtex, participando en muy diversas funciones sea
de forma directa o indirecta.

Integración información emocional y perceptiva

La ínsula, como se ha mencionado con anterioridad, actúa como zona de


asociación entre muy diferentes observaciones, especialmente en lo que se
refiere a la asociación entre percepción y emoción.
Así pues, gracias en parte a esta región cerebral aprendemos de nuestras
experiencias, ya que vinculamos sensaciones subjetivas agradables o
desagradables a aquello que hacemos y decimos y, de ese modo, vamos
asociando comportamientos a consecuencias a través de lo que percibimos.

Empatía y reconocimiento emocional

Antes hemos visto que la ínsula tiene grandes conexiones con el sistema
límbico. En este aspecto, recientes investigaciones han indicado que esta
región de la corteza cerebral presenta un papel clave en la capacidad de
reconocimiento de emociones y de la empatía. Así, se ha manifestado que
aquellos individuos sin ínsula presentan un reconocimiento mucho menor,
especialmente en lo que respecta a las emociones de alegría y sorpresa, así
como de dolor.

El término “límbico “fue introducido inicialmente por Thomas

Willis (1664) para designar una frontera cortical rodeando el tronco del
encéfalo (limbo: 'frontera' en latín), recientemente se ha usado con mucha
frecuencia, para indicar un número cada vez mayor de las regiones
dedicadas a una amplia gama defunciones.

Varios investigadores ahora creen que hay diversos sistemas de


almacenamiento de información en el encéfalo. Un sistema se relaciona con
el aprendizaje simple de estímulo-respuesta que incluso los invertebrados
pueden efectuar hasta cierto grado. Las personas con amnesia retienen esto,
junto con el aprendizaje de habilidades y diferentes clases de
acondicionamiento y hábitos.

Relación entre sistema límbico y emociones


El sistema límbico posee una gran cantidad de estructuras neuronales
encargadas de regular las emociones a través de los neurotransmisores.
El sistema límbico regula las respuestas de nuestro cuerpo ante estímulos
emocionales. Por ejemplo, activa los sistemas de alerta y aumenta la tasa
cardíaca cuando estamos nerviosos o sentimos miedo. Sin embargo, reducir
su campo de actuación a las respuestas emocionales es un enfoque que deja
de lado muchas de las otras funciones que posee este sistema y que hemos
mencionado con anterioridad.

Gracias a los estudios de James Papez o más recientemente McLean con su


teoría del cerebro triuno, se han situado los núcleos emocionales en este
sistema cerebral. De hecho, este último neurólogo, utilizó el término
cerebro límbico o emocional a una de las tres estructuras que enumera en
su teoría.

Si bien es cierto que hoy en día estas teorías están algo desfasadas y se ha
demostrado que, en realidad, las emociones son reguladas por todo el
sistema nervioso, no cabe duda de que existe una importante relación ente
el sistema límbico y las emociones.
De hecho se ha planteado que los déficits encontrados son muy semejantes
a algunos casos de autismo, trastorno límite de la personalidad y problemas
de conducta, con lo que se podrían realizar investigaciones con respecto al
funcionamiento de esta zona cerebral en determinados trastornos.

EL SISTEMA LÍMBICO EN LASRESPUESTAS EMOCIONALES Y


DEMEMORIA

Las emociones influyen sobre la memoria, en algunos casos al fortalecer y


en otros al obstaculizar, la formación de memoria. La

Amígdala está involucrada en la mejora dela memoria cuando esta última


tiene UN CONTENIDO EMOCIONAL. Esto se ilustra por la observación
de que los pacientes que tienen daño de ambos núcleos amigdaloides
pierden el incremento habitual de la memoria por las emociones.

Sistema límbico: enfermedades

Una vez hemos presentado al sistema límbico, sus partes y funciones, llega
el momento de enumerar algunas de las enfermedades principales.

Al ser una parte tan importante en nuestro sistema nervioso, existen


numerosos trastornos asociados al sistema límbico, entre los más comunes
destacamos los siguientes:

Esquizofrenia: muchos estudios demuestran que esta enfermedad está


relacionada con una notable disminución del hipocampo. Por ello, este
trastorno también cursa con desorganización de la memoria y del
aprendizaje. Te descubrimos aquí qué es la esquizofrenia.

TDAH: una parte de la comunidad científica afirma que este tipo de


trastornos atencionales surgen en personas con un defecto por
agrandamiento en la zona del hipocampo y las amígdalas. Sostienen que, al
haber tantas neuronas sobreexcitadas, los niños presentan deshinibición
conductual y emocional.

Encefalopatía límbica: los pacientes que sufran de esta enfermedad suelen


presentar pérdidas de memoria a largo plazo, cambios en la conducta y en
algunos casos extremos convulsiones. La encefalopatía puede tener
síntomas sutiles al inicio pero suele avanzar rápidamente. Sin embargo,
tiene buen pronóstico y un buen tratamiento puede garantizar la
recuperación completa.

Epilepsia psicomotora: las neuronas situadas en la zona del hipocampo se


lesionan produciendo este tipo de enfermedad tan característica. Afecta a
los lóbulos temporales y sus síntomas varían entre defectos en la grafía
(escribir con letras demasiado grandes o pequeñas) y disfunciones sexuales.

¿Resulta correcto hablar del Sistema Límbico como cerebro emocional?


Para muchos autores resulta un término completamente correcto puesto que
la función principal del Sistema Límbico, como hemos visto, es la
regulación emocional. De hecho, históricamente la función principal
asignada a este sistema solo contemplaba la gestión de las emociones.

Actualmente, en cambio, se considera que la visión de este sistema como el


cerebro emocional resulta muy reduccionista. Diferentes investigaciones
han puesto de manifiesto una multitud de funciones en las que cobra
especial relevancia el sistema límbico. Entre las funciones metabólicas se
encuentran la regulación térmica, las funciones vegetativas y reproductivas.
Y entre las funciones de supervivencia destacan su influencia en las
emociones y sentimientos, ira y odio, miedo, pasión y tristeza y memoria.

Emociones en el cerebro
Vidas al margen / PANÓPTICO / Abril de 2018

Eduardo Calixto

El cerebro humano es el órgano que genera, interpreta e integra las


emociones. De las más de 80,000 millones de neuronas que tenemos, no
todas se encuentran involucradas con procesos emotivos, pero sí muchas de
ellas. El cerebro tiene módulos específicos para iniciar, entender,
categorizar, memorizar y atender a una emoción. Las emociones tienen un
papel fundamental en la vida: con ellas identificamos detonantes para
actuar rápidamente ante un estímulo, amplifican la memoria, modifican el
estado de alerta y generan conductas para motivar la atención y la
comprensión social de nuestro estado de ánimo.

La anatomía y el circuito fisiológico y neuroquímico que genera las


emociones

Gracias al avance técnico en la obtención de imágenes cerebrales y al


análisis de algunos estudios especializados, como las tomografías,
actualmente podemos conocer el circuito neuronal y fisiológico de las
emociones. Enojarnos, llorar, sentir asco o reírnos son respuestas que se
inician en el sistema límbico, se mantienen por reverberación de la
información en estructuras neuronales cruciales para la memoria y el
aprendizaje (en los ganglios basales, el hipocampo y el cerebelo) para
posteriormente interpretarse (en el giro del cíngulo), y proyectarse en
regiones neuronales relacionadas con la parte ejecutiva superior del cerebro
(la corteza prefrontal, parietal y temporal).

En términos generales y sin llegar a determinismos biológicos, las


estructuras cerebrales en las que se inician las emociones están
involucradas con otras actividades y funciones básicas del sistema nervioso
central. Una de las estructuras más importantes del sistema límbico, la
amígdala cerebral, genera o inicia un proceso emotivo en forma inmediata
(300 milisegundos). Este núcleo no tiene mucha memoria; en contraste,
genera la conducta de recibir atención o manifestar enojo o asco. En
paralelo se activan áreas cerebrales relacionadas con la liberación de la
dopamina, el neurotransmisor más importante para generar una emoción;
estas áreas son dos núcleos cerebrales: el área tegmental ventral y el núcleo
accumbens. Si la liberación de dopamina sucede de forma abrupta, la
conducta está relacionada con procesos negativos como ira, enojo o furia;
en cambio, si la liberación de dopamina es lenta, gradual y desarrollada con
niveles de expectativas muy altos, entonces las emociones que se generan
están en función de obtener una recompensa, una motivación, felicidad o
incluso el llanto. Es decir, que en su origen, las emociones comparten áreas
cerebrales y el componente neuroquímico.
Cuando la secuencia de activación llega al hipocampo, se desarrolla una
actividad eléctrica neuronal, en trenes de frecuencia, que permite
incrementar la memoria y el aprendizaje; de esta manera, la emoción
incrementa la atención y la cognición, que nos permite capturar detalles de
nuestro entorno que difícilmente se olvidan. Cuanto más emocionado se
está, más se favorecen los procesos cognitivos de corto plazo. Menos de
cinco segundos después de haberse iniciado, la emoción atrapa al cerebro,
el incremento de la actividad de las estructuras límbicas va disminuyendo
la lógica, la congruencia y los frenos sociales que se encuentran en la
corteza prefrontal; la dopamina, que incrementa la actividad límbica, al
mismo tiempo disminuye la función de la parte más inteligente de nuestro
cerebro. Esta paradoja fisiológica neuronal explica por qué, conforme más
emocionados estamos, somos menos racionales, obedecemos cada vez
menos las reglas sociales y nos convertimos en individuos irreflexivos.

Una emoción puede darnos vueltas en la cabeza (procesos de


interpretación de palabras, integración de recuerdos y proyección de
algunos eventos sociales) porque se queda atrapada en los ganglios basales
y el cerebelo, estructuras cerebrales especializadas en reverberar
información, la cual hace que el proceso emocional en las primeras cuatro
horas se quede en nuestras neuronas para activar atención y, en ocasiones,
obsesión.

La interpretación de las emociones tanto propias como ajenas se da por


la activación de neuronas que se encuentran en el giro del cíngulo; ahí la
emoción se etiqueta y se proyecta a las regiones superiores. Etiquetar una
emoción es una de las propiedades más exquisitas y selectivas que tiene
nuestro cerebro; esta definición se realiza menos de ocho segundos después
de haber aparecido el detonante emotivo. Podemos copiar conductas y
emociones (risa o sorpresa), entenderlas (llanto, asco o enojo) en forma
inmediata, ya sea para tener actividad prosocial o para alejarnos de aquellas
que nos generan incomodidad: las neuronas espejo que se encuentran en el
giro del cíngulo en la corteza cerebral, ayudan a identificar con gran
precisión estos procesos. Entre más emocionados estamos suele activarse
más el hemisferio cerebral izquierdo, hay un aumento en la frecuencia
cardiaca y la presión arterial. En contraste, quien ve nuestra emoción puede
activar inicialmente más el hemisferio cerebral derecho.
La emoción perdura si otros neurotransmisores se involucran en el
proceso emocional que la dopamina inició: la noradrenalina incrementa la
atención, la serotonina favorece la obsesión e incrementa la funcionalidad
de las neuronas espejo, la b-endorfina favorece procesos adictivos y
placenteros, y la acetilcolina favorece el aprendizaje, el factor de
crecimiento neuronal derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés)
e incrementa la arborización dendrítica y proyecciones neuronales. Al
mismo tiempo, algunas hormonas pueden estar involucradas en los eventos
emotivos; por ejemplo, los estrógenos (hormonas femeninas) incrementan
la liberación de dopamina y al mismo tiempo favorecen la comunicación
neuronal; en contraparte, la testosterona (hormona masculina) reduce la
comunicación neuronal favoreciendo la activación de la amígdala cerebral,
de ahí que los varones tengan un proceso fisiológico más relacionado con
la actividad agresiva y competitiva que involucra muchas de sus conductas
cotidianas. La hormona del crecimiento favorece una mayor comunicación
neuronal, por lo que dormir tiene un impacto positivo en el proceso de la
cognición de las emociones. Hormonas como la leptina y las orexinas están
involucradas en los procesos fisiológicos de hambre y saciedad, por lo que
en la secuencia conductual del hambre, que involucra un incremento de
orexinas, hace al cerebro más irritable y con una mayor facilidad de enojo:
un cerebro con hambre discute con más furia. El cortisol, hormona
relacionada con el estrés y la ansiedad, incrementa la función del
hipocampo y del sistema límbico, favorece la sensación de peligro y
aumenta las posibilidades de conductas asociadas con la ira, el enojo y el
llanto; de esta manera, en el estrés crónico cambia la percepción de muchos
detonantes de enojo, tristeza o alegría.

Shukare Otero, 2018

Emociones: ¿por qué y para qué?

Las emociones son importantes en la percepción del tiempo; por ejemplo,


cuando nos encontramos en situaciones de estrés, contingencia o huida, las
neuronas del hipotálamo se sobreactivan, promoviendo a su vez el
incremento de la expresión de genes reloj, que nos ayudan a percibir el
tiempo, modificando la sensación del hambre, la saciedad, el deseo sexual
y el control hormonal de la actividad cardiovascular, entre muchas otras
cosas, acelerando la interpretación de los estímulos para que reaccionemos
con mayor rapidez; esto también nos permite liberar oxitocina, una
hormona peptídica asociada con los procesos de empatía y apego para que
el cerebro desarrolle con mayor rapidez actividades prosociales, empatía,
solidaridad y de cooperación: de esta manera las emociones aseguran la
supervivencia. En contraste, la tristeza puede generar la sensación de que el
tiempo pasa muy rápido y, en forma crónica, la melancolía nos puede hacer
sentir que el tiempo se detiene. En la interacción social, cuando tenemos
relojes biológicos sincronizados, favorecemos espectros de distorsión
temporal semejante, compartimos las emociones con mayor eficiencia.

No todas las emociones gastan la misma energía; por ejemplo estar


tristes o llorar incrementan el consumo de glucosa y oxígeno en el cerebro,
las neuronas gastan más ATP; de ahí que cuando lloramos incrementamos
la frecuencia respiratoria, por lo que es ésta la emoción que más rápido se
autolimita (diez minutos de llanto cansan mucho al cerebro). Cuando esto
sucede nos tranquilizamos y, como efecto secundario, suele darnos más
hambre. Al llorar, el giro del cíngulo interpreta con mayor velocidad los
estímulos agresivos; el hipocampo la registra con mayor velocidad, la
corteza prefrontal le otorga un componente proyectivo y prosocial,
disminuyendo el enojo y la furia de quienes son testigos del llanto. Llorar
nos hace humanos: somos la única especie capaz de interpretar el llanto de
manera proyectiva y lo hemos adaptado para un aprendizaje social y
psicológico.

De la misma manera en que las emociones pueden cambiar la


fisiología, el control consciente de la fisiología puede modificar algunas
emociones, por ejemplo: la relajación puede llegar si se controla la
respiración. Si somos más conscientes del proceso emocional lo adaptamos
más rápido. Cuando descansamos después de una discusión sentimos
alivio. El humor o la risa ayudan a disminuir una tensión. Un abrazo
sincero de contención puede disminuir o aliviar la tristeza o el llanto.

Las emociones y la ingesta de comida, en especial los carbohidratos,


favorecen un incremento en la liberación de endorfinas, serotonina y
dopamina en el núcleo accumbens y el área tegmental ventral, y
disminuyen la producción de cortisol. El placer está directamente
relacionado con alimentos apetecibles, que además pueden disminuir la ira
y favorecer que una persona se tranquilice. Una buena comida puede
incrementar la sensación de placer ante una compañía. Muchas personas
asocian la relación de comida con la felicidad; de esta forma, un chocolate
puede ser uno de los grandes estimuladores en el éxito, o bien uno de los
mejores consuelos cuando las cosas no salen bien.

Entender las emociones es fundamental en los procesos sociales. El


cerebro de una persona se siente más reconfortado cuando alguien le sonríe
a esta, cuando sus compañeros de trabajo intercambian ideas y experiencias
o cuando recibe consejos; las redes sociales se construyen mejor en un
marco de emociones positivas. De la misma forma, en situaciones de estrés
el ser humano disminuye la percepción de la tristeza y el llanto; en otras
palabras, un cerebro estresado y con ansiedad se puede desensibilizar a las
manifestaciones de tristeza de otras personas, disminuyendo sus conductas
prosociales.

Las emociones también pueden ser el marcador de algunas patologías


en los trastornos de personalidad; en las fobias el miedo es
desproporcionado. En los estados de ansiedad el asco es un marcador
importante. La búsqueda de la felicidad es uno de los elementos
esenciales del cerebro humano, sin embargo, sus prejuicios y experiencias
pueden ser los primeros obstáculos para llegar a ella. Las emociones
positivas contribuyen a provocar un mejor estado de salud, ayudan a
soportar los procesos dolorosos, a controlar mejor el miedo, y las
personas se vuelven más refractarias a la depresión y el estrés. Se
subestima la importancia de la felicidad para la sobrevivencia; sin
embargo, es muy importante señalar que las emociones positivas
disminuyen la probabilidad de adicciones, la gravedad de las
enfermedades infecciosas, la probabilidad de infarto y, por otra parte,
diversas evidencias han mostrado que las personas felices pueden vivir
más tiempo.

El cerebro tiene una etapa crítica para conectar los sitios anatómicos
que inician y mantienen las emociones: entre los 8 y los 12 años de edad la
amígdala cerebral, el giro del cíngulo y el hipocampo se conectan de una
manera dinámica, por lo que si a esa edad una persona experimenta
violencia, agresión, humillaciones y abandono, las conexiones neuronales
se llevarán a cabo de manera errónea, de tal manera que los procesos
negativos de la sociedad condicionan al cerebro y sus neuronas a
normalizar de una manera muy rápida la violencia y las conductas
negativas. En consecuencia, los algoritmos fisiológicos ayudan a repetir
abandono, ira y ansiedad en la etapa adulta, por lo que se replicarán
muchos de los procesos de violencia aprendidos en la infancia y la
adolescencia. En contraparte, si a esa edad las personas experimentan
emociones de manera saludable, los cerebros suelen funcionar mejor
socialmente y tener mayor estabilidad emocional, aun en las sociedades
más convulsas.
La publicación de este texto se inscribe en el Foro Ciencias Artes y Humanidades en
Diálogo; una iniciativa conjunta entre las Coordinaciones de Difusión Cultural, de
Humanidades y de Investigación Científica de la Universidad, para celebrar los 25 años
de Fundación UNAM

EMOCION Y APRENDIZAJE

¿POR QUÉ EL CEREBRO NECESITA EMOCIONARSE PARAAPRENDER?

El dolor es una experiencia, un refuerzo negativo, que el cerebro trata de


no repetir y olvidar pronto. Por el contrario, aprender con alegría, con
placer, es un refuerzo positivo, algo cuya experiencia se trata de repetir y
además mantiene en la memoria mucho más tiempo lo aprendido.
Francisco Mora

Tradicionalmente, la educación formal se ha centrado en el desarrollo


cognitivo de los estudiantes menospreciando los aspectos emocionales.
Sin embargo, las investigaciones recientes en el campo de la neurociencia
están demostrando que las emociones son imprescindibles en los
procesos de razonamiento y toma de decisiones, constituyen la base de la
curiosidad y la atención y, en definitiva, son determinantes en los
procesos de aprendizaje. Estas cuestiones que son básicas para una buena
educación son las queremos analizar en el siguiente artículo en Niuco.

Emociones y toma de decisiones: cuadro siguiente


Uno de los pacientes más conocidos en la historia de la medicina es
Phineas Gage, un trabajador de la construcción de una vía férrea en
Vermont, Estados Unidos. Tras una explosión, una barra del hierro
penetró por su mejilla izquierda, perforó la base del cráneo y atravesó la
parte frontal del mismo. Gage no llegó a perder el conocimiento y, en dos
meses, se recuperó completamente, al menos en apariencia. No tenía
dificultades para hablar o para moverse pero La persona responsable de
antaño se fue convirtiendo en un ser inestable, incapaz de tomar
decisiones adecuadas. El neurólogo Antonio Damasio estudió el caso de
Phineas Gage y el de personas que sufrieron lesiones cerebrales similares
comprobando que cuando resulta dañada la región ventromedial de la
corteza prefrontal los pacientes tienen dificultades para planificar, tomar
decisiones y muestran sentimientos planos (Damasio et al., 1994). Cuando
se daña la principal vía de comunicación entre la corteza prefrontal, sede
de las funciones ejecutivas, y estructuras subcorticales del cerebro, como
la amígdala, la razón pierde la capacidad para regular la conducta
emocional.

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