David Enrique Valencia Pérez.
Seminario de afectividad.
26 de septiembre de 2023.
Síntesis 4: Vita Consecrata.
En esta exhortación apostólica el Papa explicita la identidad de la vida consagrada.
La vida consagrada es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Espíritu y está en el
corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión “indica la naturaleza
íntima de la vocación cristiana y la aspiración de toda la Iglesia Esposa hacia la unión con
el único Esposo”. Los consagrados contribuyen a manifestar el misterio y la misión de la
Iglesia y cooperan a renovar la sociedad. La vida religiosa anima y acompaña el desarrollo
de la evangelización en las diversas regiones del mundo, donde no sólo se acogen con
gratitud los institutos procedentes del exterior, sino que se constituyen otros nuevos, con
gran variedad de formas y de expresiones.
La vida monástica en Oriente y en Occidente portadora de la cruz y del Espíritu,
hombres y mujeres auténticamente espirituales, capaces de fecundar sacramentalmente la
historia con la alabanza y la intercesión continua, con los consejos ascéticos y las obras de
caridad. Asimismo dentro de la vida contemplativa están las vírgenes consagradas, los
eremitas, las viudas consagradas, los institutos dedicados totalmente a la contemplación.
Dentro de la vida religiosa apostólica encontramos a los canónigos regulares, órdenes
mendicantes, clérigos regulares y las congregaciones religiosas masculinas y femeninas
dedicadas a la actividad apostólica y misionera y a las múltiples obras que la caridad
cristiana ha suscitado.
El fundamento evangélico de la vida consagrada se debe buscar en la especial
relación de Jesús estableció con algunos de sus discípulos, invitándoles a acoger el Reino
de Dios en la propia vida y poner la existencia al servicio del mismo, dejándolo todo e
imitando su forma de vida. Este especial seguimiento de Cristo tiene una connotación
esencialmente cristológica y pneumatológica y manifiesta el carácter trinitario de la vida
cristiana.
Una vez señalado el fundamento de la vida consagrada se señala su misión, la cual
es, señalar al Hijo de Dios hecho hombre como la meta escatológica a la que todo tiende,
seguir a Cristo con todo el corazón, y sobre todo vivirlo y expresarlo con la adhesión
conformadora con Cristo de toda la existencia.
Abrazando la “virginidad” hace suyo el amor virginal de Cristo y lo confiesa al mundo
como Hijo unigénito, imitando su “pobreza” lo confiesa como Hijo que todo lo recibe del
Padre y todo lo devuelve en el amor, adhiriéndose al misterio de la “obediencia filial”, lo
confiesa amado y amante, como Aquel que se complace sólo en la voluntad del Padre, al
que está perfectamente unido y del que depende en todo.
El consagrado debe tener siempre presente que su vocación es alabanza a Dios
Trino, pues es el Padre quien atrae a todos hacia sí: la vocación a la vida consagrada es una
iniciativa enteramente del Padre, que exige la respuesta de una entrega total y exclusiva; el
Hijo, camino que conduce al Padre llama a un seguimiento que orienta toda la existencia,
los consagrados con la práctica de los consejos evangélicos participan en la misión de
Cristo; el Espíritu Santo acerca a nuevas personas y guía en el crecimiento de un deseo de
adhesión total y respuesta plena, los pone al servicio de los hermanos, según las
modalidades propias de su estado de vida.
El sentido más profundo de los consejos evangélicos es revelado por la Trinidad: La
castidad de los célibes y de las vírgenes, en cuanto manifestación de la entrega a Dios con
corazón indiviso es el reflejo del amor infinito que une a las tres Personas divinas en la
profundidad misteriosa de la vida trinitaria. La pobreza manifiesta que Dios es la única
riqueza verdadera del hombre. Es expresión de la entrega total de sí que las tres Personas
divinas se hacen recíprocamente y la obediencia practicada a imitación de Cristo, cuyo
alimento era hacer la voluntad del Padre manifiesta la belleza liberadora de una
dependencia filial y no servil, rica de sentido de responsabilidad y animada por la confianza
recíproca, que es reflejo en la historia de la amorosa correspondencia propia de las tres
Personas divinas.
La vida consagrada tiene diferentes dimensiones que la nutren y la impulsan en su
testimonio y apostolado en el mundo, estas dimensiones son: pascual (La vida consagrada
refleja este esplendor del amor, porque confiesa, con su fidelidad al misterio de la Cruz,
creer y vivir del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.); misional (El primer
cometido misionero las personas consagradas lo tienen hacia sí mismas, y lo llevan a cabo
abriendo el propio corazón a la acción del Espíritu de Cristo.); escatológica (Fijos los ojos
en el Señor, la persona consagrada recuerda que « no tenemos aquí ciudad permanente. Lo
único necesario es buscar el Reino de Dios y su justicia); espera activa (La tensión
escatológica se convierte en misión, para que el Reino se afirme de modo creciente aquí y
ahora); mariana (María es ejemplo sublime de perfecta consagración, por su pertenencia
plena y entrega total a Dios).
El documento, pues, señala que la Iglesia no puede renunciar absolutamente a la
vida consagrada, porque expresa de manera elocuente su íntima esencia «esponsal». En ella
encuentra nuevo impulso y fuerza el anuncio del Evangelio a todo el mundo. En efecto, se
necesitan personas que presenten el rostro paterno de Dios y el rostro materno de la Iglesia,
que se jueguen la vida para que los otros tengan vida y esperanza. La Iglesia tiene
necesidad de personas consagradas que, aún antes de comprometerse en una u otra noble
causa, se dejen transformar por la gracia de Dios y se conformen plenamente al Evangelio.