JULIO MLINVILLLL
DL LAMLNNAIS
A
MARI1AIN
. a. tvea. geverate. ev ta obra ae
Maritaiv rorievev ae L`Aenir ,
tievev vva ra tovi.ta , revo. revorar.e
ev etta ta tevtatira ae vva ivterretaciv
fito.fica , cri.tiava aet vvvao voaervo,
cv,a avtitva igvate, ev cvavto a ta
actvatiaaa aoctrivaria, ta ae L`Aenir
;]. 1. Dvcatittov, O.P., Dios y la
libertad, Oraev Cri.tiavo, vevo.
.ire., 11:, ag. 21).
Yo tevera va. biev abora baberve
becbo aeva.iaao covcitiaor. ,Palabras
de Maritain, reproducidas en Rerve
1bovi.te, n. I, II del t. 48. Pars,
1948,.
Nos muee a publicar por segunda ez este libro, que alcanz alguna
resonancia en su tiempo, no tanto el renoar la polmica con el ilustre autor
del lumanismo integral`, sino el hacer presente la posicin que en dicho libro
deendamos y que hoy tiene mas actualidad y igencia que entonces. Ln eecto,
mientras la tesis de una de una animacin cristiana de la ciilizacin moderna,
que deenda Maritain, ha sido compartida luego por distinguidos telogos como
Journet
1
, Chenu
2
, Congar
3
, l. Urs Von Balthasar
4
y otros, y ha penetrado en la
mentalidad corriente de los catlicos, nutriendo la peligrosa lnea del
progresismo cristiano, el proceso de disolucin de esa misma ciilizacin ha
continuado hasta amenazarla con su total autodestruccin. Si el mundo
moderno, que, en cierto sentido tiene una raz catlica, ha de ser salado -
decimos en cambio- lo ha de ser por la Civaaa Cattica, tradicional, por aquella
de la que San Po X deca no esta por inentar ni por construir en las nubes
sino que ha existido y existe, es la ciilizacin cristiana, es la ciudad catlica`.
Lsta es nuestra irme coniccin. La ciudad catlica tradicional y sacra del
mismo tipo, en cuanto a su esencia que aquella que conoci el Medioeo, slo
nos puede salar de un mundo que muere por laicista y ateo.
Detras de esta discusin entre la Ciudad Catlica y la Nuea Cristiandad se
desarrolla otra mas prounda sobre el caracter progresista` de la historia. 1anto
para a Lamennais como para Maritain y para los que comparten sus ideas, la
historia se desarrolla en un ritmo que, aunque puede ser momentaneamente
accidentado y regresio, en deinitia, es necesariamente progresista. Ln
Raison et Raisons`
5
contestando a Garrigou Lagrange, escribe Maritain: Me
atribuye |Meinielle| con santo horror la tesis de que et ae.arrotto bi.trico e.
vece.ariavevte rogre.iro`. \ anade: le hecho ya en 1honas una crtica de la
idea del progreso necesario que encuentro ahora demasiado brutal, pero de la
cual mantengo lo esencial. \ al mismo tiempo que restituyo todo lo que hay de
erdadero en la nocin del progreso humano ,nocin cuyo origen es cristiano,,
sostengo la tesis de que, de hecho, la historia a ala ez, por dos moimientos
contrarios simultaneos, uno de ascensin, otro de cada, hacia el
acrecentamiento del mal y hacia el del bien`. Ln otros lugares Maritain ha de
llamar a sta, ley de la ambialencia de la historia.
1
gti.e av 1erbe vcarve, Descle de Brouwer, Pars.
2
1ie ivtettectvette, lrier, 1954.
3
Ibid. y 1raie et av.ee Reforve aav. tgti.e.
4
Ll artculo Raser les bastions`, en Diev riravt, n 25.
5
gtoff, Pars, 194, pag. 23.
Pero Maritain ha de conenir que si queremos eitar el maniquesmo, la
ambialencia exige que nos debamos resoler en deinitia por la unidad. Ln
deinitia, se ha de aceptar el progreso o el regreso del hombre para un
determinado perodo histrico.
Podra haber en el hombre -ser heterogneo y de muchas dimensiones-
aspectos parciales de progreso y regreso simultaneos. Pero et bovbre ev cvavto
bovbre, la humanidad en cuanto humanidad, y la historia humana en cuanto
historia humana, progresara o regresara. Progresara -anadimos nosotros- si se
acerca mas a Dios y regresara si se aparta de Dios. \ sabido es que para ciertos
grupos humanos es acil aquilatar en determinados perodos este acercamiento o
alejamiento. Maritain, en cambio, parece no admitir sino el progreso. Ln Los
derechos del hombre`
6
airma categricamente que hay que aceptar el progreso
si no se quiere desesperar del hombre y de la libertad, lo cual es de por s un
principio de suicidio histrico. \ para que no quede duda al respecto inoca la
autoridad cientica de un autor tpicamente progresista, la de Pierre 1eilhard de
Chardin, y all dice textualmente: le tenido el placer de encontrar desde el
punto de ista de su autor, concepciones parecidas en una conerencia
recientemente pronunciada en Pekn por el clebre paleontlogo 1eilhard de
Chardin
, en ella indica que por ieja que la prehistoria parezca hacerla a
nuestros ojos, la humanidad es an vv, ;orev, y muestra que la eolucin de la
humanidad debe ser encarada como la continuacin de la eolucin de la ida
ntegra, donde rogre.o signiica a.cev.iv ae ta covcievcia y donde ta a.cev.iv ae ta
covcievcia esta ligada con un grado superior de orgaviaciv, si el progreso debe
continuar no se hara por s slo: la Lolucin or vecavi.vo ae .v .vte.i., .e carga
caaa re va. ae tibertaa` .
\ para que se comprenda el alcance que en su concepcin tiene la idea de
progreso terrestre de la lumanidad, Maritain cierra el captulo con la siguiente
inslita airmacin que constituye una especie de dogma del progresismo: Se
puede an senalar, dice, con el mismo sabio que cualquiera sea su creencia o
alta de creencias religiosas, los hombres que admiten o que niegan la marcha
hacia delante de la humanidad, toman, de ese modo, posicin de lo que es
practicamente decisio desde el punto de ista de la ida de las sociedades
humanas`. \a no es Dios ni el acercamiento a Dios lo decisio para el hombre
en su ida terrestre. \ as Maritain anade: Con respecto al Reino de Dios y a la
6
aitoriat Deaato, pag. 5 y sig.
Refteiov .vr te rogre., Pekn, 1941.
ida eterna, la aceptacin o el rechazo del dogma religioso, senalan la dierencia
esencial entre los espritus. Con respecto a la ida temporal y a la ciudad terrena,
la aceptacin o el rechazo de la ocacin histrica de la humanidad`.
Ls claro que si se acepta esta tesis del caracter necesariamente progresista
de la historia, hay que conenir que el mundo moderno con el naturalismo, el
liberalismo y el comunismo, que ienen despus de la ciudad catlica medioeal,
sera mas humano que sta, y que por tanto, la nuea ciudad catlica -la Nuea
Cristiandad de Maritain -la laica- no ha de renunciar a ese naturalismo,
liberalismo y comunismo de la reolucin anticristiana. La conclusin no puede
ser mas impa. Sin embargo, luye en buena lgica de los principios.
La ilosoa de la historia cristiana que subyace en el ondo de las posiciones
de Maritain ha de determinar luego una toma de posicin peligrosa rente a los
problemas ios de la ida moderna. Ln realidad, todos los moimientos que
ienen sacudiendo el inquietante ritmo del catolicismo contemporaneo, en el
plano europeo y aun en el uniersal, se hallan de manera protica consignados
en la Nuea Cristiandad` de Maritain. Lsto puede signiicar una nota elogiosa
o de censura para el ilustre pensador. Lllo ha de depender de la aloracin inal
que se haya de ormular de dicho catolicismo.
No hay dudas que un noble impulso se oculta en la italidad del catolicismo
contemporaneo en su intento por tomar contacto con el hombre de hoy. Ll
dialogo`, lleado a todas las maniestaciones de la ida, no es sino la traduccin
de ese aan de comunicacin del Mensaje cristiano con los requerimientos mas
proundos del hombre actual. \ este hombre, quiralo o no, esta modelado por
los cinco siglos de listoria moderna, la que si bien contiene adquisiciones
aliosas en el campo de las ciencias de comprobacin y en la aplicacin de esas
mismas ciencias a la utilidad humana -lo que en el lenguaje corriente se llama
Ciencia y 1cnica- se halla asimismo impulsada por un aan de independencia
pura. Ll hombre actual, en deinitia, no quiere depender de nada ni de nadie.
Quiere autoabastecerse. Quiere ser omnisuiciente. Pero en esto consiste
precisamente la Rerotvciv. Reolucin que se llama Libertad, Igualdad,
lraternidad. Reolucin del lombre que no quiere reconocer su caracter de
creatvra y que no quiere reconocer su caracter de creatura caaa.
Si la condicin del hombre es de creatura y de creatura cada, la Salud del
hombre consiste riveravevte en aceptar la dependencia del Creador y la
dependencia del Redentor. Dios y Cristo son entonces los grandes alores del
lombre. \ como Dios y Cristo no llegan a nosotros sino por mediacin de la
Iglesia, la Iglesia como Sociedad Visible de Salacin, es el Arca de Salud para
todo el hombre. 1anto para el hombre priado como para el hombre pblico.
La salud del hombre priado y pblico consiste primeramente en la humilde
aceptacin de la Iglesia. Decimos la salud del hombre. No slo la salud eterna
sino tambin la salud temporal. Ll hombre no puede tener la poca elicidad que
le cabe en el mundo presente por otro. principios que por aquellos que le
aseguran la elicidad en la ida eterna. Slo estos principios pueden hacerle
babitabte este alle de lagrimas. No le conertiran, de modo alguno, la tierra en
paraso pero eitaran que sta se conierta en inierno.
Decimos ademas que la salud del hombre consiste riveravevte en la
humilde aceptacin de la Iglesia. No decimos vvicavevte. Aceptamos y aun
exigimos que el hombre se ocupe de su progreso y de su bienestar temporal. \
en ello nada tiene que er airectavevte la Iglesia. Ls el hombre, en su moimiento
ciilizador, quien ha de ocuparse de su bienestar terreno. Pero si no quiere que
esta preocupacin, lejos de serle benica, le sea perjudicial, ha de emprenderla
en dependencia y subordinacin de aquella otra preocupacin por la que ha de
buscar riveravevte su salud eterna que le procura la Iglesia.
Lsto que decimos del hombre ale para el hombre todo, en la totalidad de
sus maniestaciones. Ll hombre no puede ser eliz ni conocer la paz en lo
priado si no la conoce en lo pblico, no puede conocerla, sobre todo hoy, en el
orden nacional si no la conoce en el internacional. Por ello, la presencia de la
Iglesia, como causa necesaria y primera de Salud, ha de hacerse sentir en la ida
priada y pblica, en las instituciones de la ida nacional y de la ida mundial.
Pues bien, ,Qu pasa con el nosimo catolicismo que nos quieren inculcar
los promotores del Progresismo cristiano Que sea por ergenza -vov ervbe.co
eravgetivv, Rom., I, 16-, sea por conormidad con el mundo -votite covforvari bvic
.aecvto, Rom., 12, 2, no se atreen ni a proclamar ni a poner en practica
principios tan claros y tradicionales de erdad de salacin para los pueblos. No
se atreen a denunciar cmo deletreo el principio rerotvciovario de que adolece el
hombre moderno, en su condicin de moderno, no se atreen a proclamar la
necesidad de subordinacin de lo temporal a lo eterno, de la ciilizacin y de los
alores de cultura a la Iglesia. \ entonces quieren conciliar la Reolucin y la
Iglesia, el mundo moderno y Cristo, el comunismo con el cristianismo.
Pero esta conciliacin de la Reolucin con la Iglesia del actual Progresismo
Cristiano no es sino repeticin del imposible intento ormulado por Lamennais
en `.revir y por Maritain en su vvavi.vo vtegrat, y que, de una manera u otra,
adoptan tambin los telogos que estan impulsando las actuales corrientes de la
1eologa Pastoral. Pero dejemos esto ltimo para otro estudio
8
. Bastenos senalar
la actualidad del presente libro, escrito hace ya einte anos, para diagnosticar los
males del actual Progresismo cristiano y para pronosticar la suerte de la sociedad
contemporanea.
Aunque parezca increble pensarlo, el Progresismo cristiano, sea por error
inoluntario o deliberado, concibe de tal suerte las relaciones de la Iglesia y el
Mundo, de la lumanidad y Cristo que, lejos de sanar al Mundo leantandolo
bacia arriba, hacia la Iglesia, pretende utilizar a la Iglesia para la construccin de
la nuea Ciudad del lombre. De all que todos los esuerzos de los progresistas
cristianos se dirijan a unirse con los socialistas y comunistas en la tarea covvv de
una Ciudad de la lraternidad y de la Paz uniersal. Lsta es la Ciudad de la
Reolucin que, en el siglo XVIII ue naturalista, en el XIX liberal y hoy se halla
bajo el signo del socialismo.
Intento pererso por cuanto busca la salud del hombre en el hombre
mismo. Intento pererso por cuanto emplean a Cristo y a la Iglesia como una de
las tantas corrientes que han de colaborar con las otras en e.a salud del hombre.
Intento pererso por cuanto ha de terminar en la ruina del lombre.
Por ello, en la 1eologa Pastoral del Progresismo cristiano, no se trabaja
para leantar al hombre y elearlo en la Iglesia, y a tras de la Iglesia, en Cristo
y en Dios, sino que se usa a la Iglesia, y a tras de ella a Cristo y en Dios, para
el lombre, para la construccin de la Ciudad del lombre. Si no siempre a
sabiendas, se usa a Cristo para la ediicacin de la ciudad del Anticristo. De aqu
todo el aan, consciente o inconsciente, del Progresismo Cristiano en
transormar a la Iglesia en Mundo y al Mundo en Iglesia
9
. Pero estos son temas
que han de ser aclarados en un libro especial. 1emas, sin embargo, ya tratados e
incluidos en el lumanismo Integral de Maritain. De aqu la actualidad de esta
segunda edicin de nuestro De Lamennais a Maritain.
lemos anadido a esta segunda edicin un captulo nueo en que
comentamos el libro de Maritain contra el Progresismo -e Pa,.av ae ta
Carovve-, que tantas polmicas ha suscitado en nuestros das. 1ambin hemos
8
Ver: a gte.ia , et vvvao voaervo. Ll Progresismo cristiano en Congar y otros telogos recientes.
Ldiciones 1eora. Buenos Aires, 1966.
9
Ver el artculo de Schillebeeck, Iglesia y lumanidad`, Concilium, 1, enero de 1965, y Lglise et
monde`, de Ies Congar en .irit, ebrero de 1965.
insertado nuestro estudio sobre La Declaracin conciliar sobre la libertad
religiosa y la doctrina tradicional`.
JULIO MLINVILLLL
lestiidad de la Asuncin de la Virgen, 196.
PRLIACIO A LA PRIMLRA LDICIN
Ll presente olumen contiene seis estudios y una conclusin, donde se
examinan a la luz de los principios catlicos, algunos aspectos de la ilosoa
socialpoltica de Jacques Maritain. Decimos expresamente de la ilosoa
socialpoltica, porque si Maritain, que presenta sus posiciones como
perectamente compatibles con la e catlica, se limitara a analizar los hechos y
orientaciones de la ida moderna sin erigirlas como norma de conducta, poco o
nada debera la teologa interenir en sus disquisiciones. Pero Maritain elabora
una vvera ilosoa socialpoltica, una vvera norma que ha de regular la actuacin
pblica de los catlicos en todo el mundo, si no quieren deraudar las
esperanzas que en ellos ha puesto la Nuea Cristiandad`, la nuea norma de
coniencia uniersal humana que ha de moerlos y guiarlos como un objetio
apto a ser qveriao plena e ntegramente, y a arrastrar eicazmente hacia s, a
inalizar eicazmente las energas humanas que tenderan hacia l de una manera
tanto mas ia cuanto la oluntad se lo propondra en su integridad`
10
.
Como el juicio que surge del presente libro pudiera aparecer seero para el
lector que no tenga presente la ivvvtabitiaaa de la Regla de Conducta que
comporta la doctrina de la Iglesia, no ha de ser ocioso adertir que el punto
ulnerable de toda noedad que quiera introducirse en la Iglesia radica
precisamente en su voreaaa. La Iglesia es una ida, una ida de la inteligencia y
una ida de la oluntad. Vida, cuya nica uente es el seno de la Deidad. La
Iglesia ie de lo que ha recibido. De lo que ha recibido de Dios, por medio de
Jesucristo, su diino lundador, a tras de los Apstoles. \ la Iglesia ha
recibido, en depsito, una nica Doctrina, que no puede recibir vvero. aorte.
despus de la muerte del ltimo Apstol. La consigna sagrada e iniolable de la
Iglesia es conserar con idelidad el depsito que le ha sido coniado. Clebres
los apremiantes consejos del Apstol a su discpulo 1imoteo: Ob 1ivoteo!
gvaraa et ae.ito ae ta fe qve te be evtregaao, eritavao ta. voreaaae. rofava. ev ta.
ere.iove.
11
. a. co.a. qve ae v ba. oao aetavte ae vvcbo. te.tigo., covfata. a bovbre.
fiete., qve .eav iaveo. ara ev.evarta. tavbiev a otro.
12
. y celebrrimas las palabras del
Apstol a los Galatas, cuando les dice: Me vararitto cvo a. tav ae tigero
abavaovai. at qve o. ttav a ta gracia ae ]e.vcri.to ara .egvir otro ravgetio, va. vo e. qve
10
Dv regive tevoret et ae ta tiberte, Descle de Brouwer, 1933, pag. 131.
11
I, 1im. VI, 20.
12
II, 1im. II, 2.
ba,a otro ravgetio, .ivo qve ba, atgvvo., qve o. traev atborotaao., , qvierev tra.torvar et
ravgetio ae Cri.to. Pero avv cvavao vo.otro. vi.vo., o vv avget aet cieto .i o.ibte fvera, o.
reaiqve vv eravgetio aiferevte aet qve vo.otro. bevo. avvvciaao, .ea avateva. O. to be aicbo
, o. to reito, cvatqviera qve o. avvvcie vv eravgetio aiferevte aet qve babei. recibiao, .ea
avateva
13
. Ls pues consigna sagrada e iniolable guardar el depsito de la
erdad diina, sin la mas lee alteracin. Pero esta diina Verdad no es
simplemente para ser creaa sino para ser racticaaa.
\, ,qu tiene que er esto con Maritain, preguntara el lector. Muchsimo,
porque aqu radica todo el problema de la Nuea Cristiandad` de Maritain.
Maritain propone en su nuea cristiandad una vorva ractica ae acciv .ociat cattica
que es otra, esencialmente diersa, de la practicada en la Iglesia. Directa y
primariamente no propone algo dierso para ser creao, sino algo dierso para ser
racticaao. Pero este algo dierso para ser racticaao ha de suponer una concepcin
de la ida, tambin diersa para ser proesada. Porque reti. voti. la accin del
hombre dimana de lo que piensa. Luego si es atgo airer.o, si es otra co.a, introduce
una noedad en el Sagrado Depsito de la Verdad Catlica. \ aqu aparece la
graedad de la tentatia de Maritain. Porque como ensenan los telogos, fat.a
doctrina en el estilo de la Lscritura es llamada otra doctrina, por esto en el texto
de San Pablo a los Galatas, mas arriba citado, se habla de otro Langelio y San
Pablo dice a 1imoteo: Bien sabes cmo al irme a Macedonia, te ped que te
quedaras en Leso, para que hicieses entender a ciertos sujetos que no
ensenasen otra doctrina`, ne atiter docerent`
14
.
\ as Maritain, al introducir otra Regla de Conducta social catlica, por las
conexiones necesarias que lo especulatio tiene con lo practico, y lo social con
lo indiidual, ha de proponer otro Langelio que el de Jesucristo.
Ll presente estudio que slo abarca algunos aspectos mas exteriores de las
desiaciones que, a nuestro juicio, contiene la Nuea Cristiandad de Maritain, es
preliminar de otros estudios en los que trataremos de indagar las races mas
hondas de donde arrancan las desiaciones de su ilosoa
15
.
Mientras tanto, queremos subrayar que la ulminante ama que las tesis
maritainistas han obtenido en el mundo, traen al recuerdo aquellas palabras de
San Agustn: Mira .vvt qvae aiciti., vora .vvt qvae aiciti., fat.a .vvt qvae aiciti.
16
.
13
Gal. I, 6-9.
14
I, 1im. I, 3.
15
Lste estudio lo emprendimos en parte con nuestro libro Crtica ae ta covceciv ae Maritaiv .obre ta
er.ova bvvava.
16
.avirabte to qve aec., vvero to qve aec., fat.o to qve aec.. ,Contra Julianum, III, 3,.
.avirabte que las uerzas de la reolucin aplaudan uniersalmente el
programa de la Nuea Cristiandad. ^vero que por el camino de la Reolucin,
puedan los catlicos instaurar la soberana social de Jesucristo. Veamos entonces
qu fat.eaaa contiene esta Nuea Cristiandad.
DLL MI1O DLL PROGRLSO A LA NULVA CRIS1IANDAD
^ibit vorvv .vb .ote. ,Lccles. I,10,.
Maritain asienta en su ei. Droit. una alternatia de excepcional importancia.
Se puede senalar, dice, que cualquiera sea su creencia o alta de creencia
religiosa, los hombres que admiten y los que niegan la marcha hacia delante de la
lumanidad, toman, de ese modo, posicin sobre lo que es practicamente
decisio desde el punto de ista de la ida de las sociedades humanas`
1
. \ en
eecto: si se establece como Postulado que la vvaviaaa varcba bacia aetavte,
entonces todo el acaecer histrico ha de interpretarse como necesariamente
bueno, que de ninguna manera debe ser contrariado, sino mas bien estimulado,
acelerando el trmino enturoso que ha de coronar su pereccionamiento
siempre constante.
Si por el contrario no se acepta este Postulado, no por ello habra de
admitirse como Ley Primera que la lumanidad retrograde necesariamente, se
medira el progreso o el regreso de una sociedad por su conormidad o
disconormidad con la ley objetia de alores que, en ltimo trmino, no es sino
la oluntad antecedente de Dios que ha ijado a cada cosa la pereccin propia
de su ser.
La alternatia senalada por Maritain es alida en cuanto al primer trmino,
esto es, hecho mismo de establecer como Postulado, ta varcba bacia aetavte ae ta
vvaviaaa, comporta una concepcin de la ida basada en el acaecer de la
dialctica histrica, y como la dialctica histrica de la Modernidad es la
Reolucin, oponerse a la Reolucin es malo, trabajar en su aor es bueno.
1odos los reolucionarios, desde los das de Giordano Bruno, pasando por
los idelogos de los siglos XVIII y XIX con Volney y Condorcet a la cabeza,
hasta los sonadores del comunismo mas aanzado, han querido alucinarse y
alucinar a otros con la idea de una vvaviaaa hipostasiada que se a
desplazando inconteniblemente en un proceso histrico siempre progresio, tal
como lo ha descripto Buchez en su .qvi..e ae ta Pbito.obie. ,A esta idea
responde algo real Maritain, el Maritain de otrora en su 1beva., hace obserar
con proundidad, que la idea misma del progreso necesario y uniersal no es
una idea propiamente dicha. que suministre a la inteligencia una toma de la
1
e. Droit. ae tbove et ta toi vatvrette, pag. 48, Lditions de la Maison lranaise, New \ork, 1943, ed.
cast., pag. 58. Lditorial Ddalo, Bs. As., 1961.
realidad y por ella consiguientemente medible y rectiicable, sino por el contrario
una de estas rmulas erbales que son tanto mas perectas en su gnero cuanto
mas independientes y alejadas de las cosas y se imponen a ellas mas
arbitrariamente. idea-mito, que, aciada de todo contenido intelectual, y
destinada slo a proocar ciertas resonancias en la imaginacin y en el apetito,
domina despticamente el campo entero de la representacin, del indiiduo
mismo, a quien hace entrar en ibracin desde que es proerida. diinidades
ideolgicas, pseudo-ideas deoradoras de lo real, cuyo conjunto constituye la
mitologa moderna, y en cuya primera ila brilla la idea del Progreso`
18
.
Ln Lamennais y en el Maritain, posterior a Retigiv et Cvttvre, mordi uerte
esta idea deoradora de lo real, turbandoles todo el ser. Ln un paralelo, de cuya
exactitud debera juzgar el lector, amos a presentar el contenido de esta pseudo-
idea que as como en un Condorcet y en un Volney adquiere reestimiento
racionalista-materialista y en Comte, sociolgico-positiista, y en un Darwin,
eolucionista-materialista, y en Saint Simon, Buchez y Lnantin, se tine de un
humanitarismo-cristiano, en Lamennais y Maritain adquiere contornos cattico.,
con nasis romantico en aqul, grae, ilosico y tomista en ste.
Ln Lamennais
19
nos a a ser sumamente acil seguir el curso de esta
pseudo-idea porque, bajo su presin, ha sido escrito
20
el amoso artculo sobre
t orrevir ae ta .ocieaaa.
18
1honas, deux. dit., Nouelle Librairie Nationale, 1925, pag. 120.
19
lelicidad Roberto, llamado de La Mennais y que, a partir de 182, irmara simplemente
Lamennais, naci en Saint-Malo, el 19 de junio de 182. lurano a la edad de 5 anos, se orm
solo. A los 10 anos haba ledo a Rousseau. Por presin de su hermano Juan, entr en el seminario
y se orden el 9 de marzo de 1816. en su ida hay que distinguir un eroao cattico ,1816-1834, y un
eroao vocattico ,1834-1854,. Lscribi primeramente su conocida obra v.a,o .obre ta ivaiferevcia ev
vateria ae retigiv, que le acarre en un solo da el poder de Bossuet`, en rase de Lacordaire.
Aunque iniccionada por el error del tradicionalismo, cuyo gran representante era Bonald, en esta
obra deiende Lamennais la tesis catlica de la subordinacin del Lstado a la Iglesia. Ls
considerada como tpicamente ultramontana. Ln 1929 escribe o. rogre.o. ae ta Rerotvciv , ta gverra
covtra ta gte.ia, que senala ya la posicin tiberat de Lamennais que se a a airmar netamente en el
diario t.revir ,16 de oct. 1830 - 15 no. 1831, donde le rodearon como colaboradores entre otros,
Lacordaire y Montalembert. Condenado por Gregorio XVI en la Mirari 1o., se someti en
apariencia, pero al publicar Patabra. ae vv cre,evte, olleto demaggico e impo, ue condenado
expresamente por la ivgvtari ^o., del de julio de 1834. Desde entonces se entreg al socialismo y
ue elegido diputado en 1848. Muri el 1 de marzo de 1854, dando muestras exteriores de
impenitencia y, en cumplimiento de su oluntad, su cadaer ue echado a la osa comn del Pere-
Lachaise.
Ll progreso de la humanidad
Si las leyes dice all emanadas de una sabidura ininita que preside el
mundo sico dirigen y regulan sus moimientos y, a pesar del a eces aparente
desorden de los enmenos, lo conducen a sus ines con una uerza irresistible y
una inmutable regularidad, no se debe pensar que el mundo moral, abandonado
por la proidencia, lote al azar sobre el sombro, inmenso, borrascoso mar de la
edades y no tenga igualmente leyes, que sin alterar la naturaleza de las personas
libres, lo conduzcan tambin, siguiendo un orden de desarrollo armnico y
regular a ines particulares y al in general de la creacin. Lstas leyes de las cuales
la historia constituye la expresin mas clara y precisa a medida que transcurren
los siglos, se maniiestan principalmente en las grandes pocas en que termina
un perodo de la sociedad y comienza otro, porque entonces, desnudandose de
la ieja enoltura de un pasado para siempre extinguido, todo renace, todo
cambia, todo se transorma y las brisas del porenir trayendo a los pueblos
como perumes de una tierra nuea, se lanzan impacientes, a tras de los
mares, hacia el trmino desconocido de sus anhelos`
21
.
Lamennais, ilsoo catlico que se ha enamorado del mito del Progreso, lo
catotia, esto es, busca justiicarlo, a base del gobierno proidencial de Dios que
dirige todas las cosas a los ines que se propuesto su diina Sabidura.
Maritain no procedera de otra suerte, en una exposicin menos optimista,
que pareciera relejar la turbacin que produce en un ilsoo autntico el ser
arrebatado por un mito, escribe: Si tratamos de considerarlas por s mismas,
aislandolas de todo contexto errneo, diremos que en irtud del oscuro trabajo
de la inspiracin eanglica, la conciencia proana ha comprendido que la
historia humana no gira en orma circular, sino que se orienta hacia un lmite y
progresa en una direccin`
22
.
Ll progreso no es automatico y necesario, esta amenazado y contrariado,
no es debido a un adenimiento de la razn pura que inalidara toda la herencia
del pasado, es esa misma herencia que se agranda gimiendo bajo el trabajo de
todas las energas humanas y diinas en el hombre. Ll Progreso no tiende a
hacer recuperar manana el paraso mediante la Reolucin, sino a hacer pasar las
20
De t.revir ae ta .ociete, 28 de junio de 1831, en Oevrre. covtete., Socit belge de librairie,
Bruxelles, 1839, tomo II, pag. 459.
21
Ibid., II, pag. 459.
22
Cbri.tiavi.ve et Devocratie, Lditions de la Maison lranaise, New \ork, 1943, pag. 53 , edicin
castellana, Biblioteca Nuea. Buenos Aires, 1955, pag. 58.
estructuras de la ida humana a estados mejores, y eso, a to targo ae ta bi.toria,
ba.ta et aarevivievto aet reivo ae Dio. , ae ta tierra ae to. re.vcitaao., qve e.ta va. atta ae ta
bi.toria. Qve creai. o vo ev e.te aarevivievto
23
, hacia l os olis .i creei. ev ta varcba
bacia aetavte ae ta bvvaviaaa. \ lo adquirido de todos modos por la conciencia
proana, si no ira hacia la barbarie, es la e en la marcha hacia delante de la
humanidad`
24
.
De manera que en el pensamiento maritainiano ta bi.toria bvvava rogre.a ev
vva airecciv, y si su progreso no es automatico y necesario, en cuanto puede ser
contrariado momentaneamente, lo es en cuanto hay que creer, si no se quiere
irar hacia la barbarie, en la varcba bacia aetavte ae ta vvaviaaa. De aqu que en
otro lugar
25
airme que la negacin de este progreso prealece entre quienes
desesperan del hombre y de la libertad, lo que constituye un principio de
suicidio histrico`, suicidio histrico que encuentra su equialente en los
incalculables males que segn Lamennais, acarrea, el luchar con una ana y
unesta obstinacin, contra el inencible poder que empuja hacia adelante al
gnero humano. Porque nada produce mayores calamidades ni mas terribles que
la resistencia a lo que la naturaleza de las cosas y de los seres, es decir, a lo que
Dios mismo ha hecho necesario: y el mal en s, el mal esencial, no consiste sino
en esta oposicin a Dios`
26
.
\ el rogre.o covtrariaao lo pone de reliee Lamennais cuando hermosamente
escribe: Lste progreso no es en todas partes uniorme, aunque en todas partes
exista`, y anade: Viene de lo alto, parte de Dios, que ha querido que la sociedad
aanzase perpetuamente hacia un trmino que no puede alcanzar sobre la tierra
pero al que debe acercarse siempre, y las doctrinas de error, que, en algn grado
han alseado su direccin, lo han mas bien trabado que ayudado, y de haber sido
posible, an lo habran detenido completamente`
2
.
Lamennais hace deriar la necesidad del progreso de la accin proidencial
diina que preside tanto el mundo sico como el moral y Maritain en Retigiov et
Cvttvre incula esta necesidad del progreso vateriat que se persigue en la
ciilizacin moderna` con los ines proidenciales del Maestro de la listoria`
bajo cuya oluntad y permisin se escribe este libro y aunque Satan puede, en
ciertos momentos sostener la pluma y entonces es una cobarda no er y no
23
Ll subrayado de las citas es nuestro, cuando no adertimos lo contrario.
24
Cbri.t. et Dev., pag. 53, ed. cast., pag. 59.
25
e. Droit., pag. 46, ed. cast., pag. 56.
26
Ibid., II, pag. 460.
2
Ibid.
llamar por su nombre el mal que se ha hecho para siempre, sera tambin
tontera no comprender que entre todas las deormaciones posibles la lnea del
ser contina, el texto diino es todaa legible a los angeles, un cierto bien
grande o pequeno ha sido ganado ,por mnimo que uere, qu importa, Dios lo
ha querido,
28
. Maritain desarrollara mas ampliamente estos conceptos
29
y en
Probteva. ae vva ^vera Cri.tiavaaa, escribe: inmoilizar en una orma unoca, el
ideal de una cultura digna de inalizar nuestras acciones, sera ir contra Dios
mismo y luchar contra el gobierno supremo de la historia`
30
.
Por consiguiente, tanto en Maritain como en Lamennais el razonamiento
tievae a concluir del gobierno proidencial de Dios el rogre.o terre.tre de la
lumanidad. \ esta conclusin no se sigue. Porque Dios permita el mal y
porque, con su permisin, haya de operarse una ganancia, un bien, no se sigue
que e.te biev que haya de operarse sea terrestre ni que haya de operarse ev ta
tierra. Ln el mas indulgente de los casos, habra que decir que Maritain no
demuestra esta conclusin. Pero ademas esta conclusin es terriblemente alsa y
unesta. Porque pretende ;v.tificar el mal de la historia, y as escribe Maritain:
Denunciar una desiacin espiritual undamental en un perodo de cultura, no
es condenar este perodo histrico. No se condena la historia. Sera tan poco
sensato de parte de un cristiano condenar los tiempos modernos como de parte
de los racionalistas ,que no se abstienen de ello, condenar la edad media`
31
.
,Qu se quiere signiicar cuando se dice vo .e covaeva ta bi.toria; que no se
puede suprimir lo ya hecho De acuerdo. ,Que hay que admitir e.e cavivo bi.trico
introducido por la malicia del hombre y que hay que intentar .igvievao or et,
llegar a no .e qve five. .atraaore. roriaevciate.. lalso, alssimo y pernicioso. Porque
con este recurso a los ines proidenciales habra que admitir, por ejemplo, la
justiicacin de la Reorma, y sin embargo la Iglesia le opuso la Contra-Reorma,
habra que admitir el tiberati.vo de la Reolucin rancesa y sin embargo la Iglesia
le opuso un tenaz y constante rechazo, como eremos oportunamente, habra
que admitir ahora el covvvi.vo y sin embargo ta gte.ia ,no los catlicos
progresistas, le han opuesto una undamental y decisia condenacin, habra
que admitir manana al Anticristo y sin embargo slo los elegidos que le resistan
han de ser salos. Ll cristiano no puede borrar el mal que se produce en la
28
Retigiov et Cvttvre, Descle de Brouwer & Cie., pag. 33, Paris, 1930.
29
Dv Regive tevoret et ae ta iberte, Descle de Brouwer, Paris, 1933, pags. 32-34, 98-113, 139-159.
30
Probteva. e.iritvate. , tevorate. ae vva ^vera Cri.tiavaaa, Ldiciones lides, Buenos Aires, 1936, pag.
114.
31
Dv Regive 1evoret, pag. 98.
historia ivaeevaievte de su oluntad, pero ha de tratar con todas sus uerzas que
su oluntad no coopere a es mal, no ha de querer entrar en el camino de ese
mal, atvcivaao con la ilusin de que por all habra de conquistar, quin sabe qu
bien reserado alla en los inescrutables designios de Dios, ha de medir su acciv y
ha de ormular su ;vicio ae rator respecto a los acontecimientos histricos de
acuerdo a lo que debe ser -a ta rotvvtaa avteceaevte ae Dio.- y no de acuerdo a lo
que sucede, de acuerdo al bien que podra sacar Dios en la permisin del mal
-oluntad consecuente de Dios, que dicen los telogos-. Cosa absurda y
quimrica erigir en vorva ae acciv y en ;vicio ae rator, las cosas que acaecen porque
Dios las ha querido, al menos permisiamente, en sus inescrutables designios!
Con este criterio habra que estar junto con los sacerdotes judos y con los
soldados romanos cruciicando al Senor. Porque la Cruciixin del Senor ha
trado tan grandes bienes al mundo que la Iglesia canta, O feti cvta! Como
adierten los telogos, et fiv que debe regular eicazmente las acciones de los
cristianos, es el ideal cristiano de ida, inariable, unoco -los Derechos de
Dios y de la Iglesia, ijados deinitiamente en el cierre de la Reelacin-, los
medios que bic et vvvc son mas conducentes a la consecucin de dicho in,
pueden ariar, de acuerdo a una u otra circunstancia histrica, pero no son los
medios sino el in inariable y unoco que inaliza la accin
32
.
De este absurdo, erigido en norma de conducta se han de seguir las grandes
y unestas desiaciones de Lamennais y Maritain. Porque si la Reolucin es
querida por Dios, es querida, de alguna manera, porque de otra suerte no habra
acaecido, hay que estar ev ta tvea de la Reolucin. Lsta es la gran tarea que se
ha propuesto Maritain en su intento de reconciliar la isin de un Jos de
Maistre y de un Lamennais en la unidad superior de la gran sabidura, de la que
es heraldo 1omas de Aquino`
33
.
Ln el pensamiento maritainiano-mennaisiano, hay que aceptar, so pena de
.viciaio bi.trico, la marcha hacia adelante de la lumanidad, y como la
ciilizacin moderna camina en la lnea de la Reolucin, hay que aceptar el
camino de la Reolucin, que es el camino del Progreso. \ ,qu ley senala este
Progreso Lste moimiento progresio -escribe Lamennais- tiene su
principio indestructible en la ley primera y undamental, en irtud de la cual la
humanidad tiende a desprenderse progresiamente de los lazos de la inancia, a
medida que creciendo y desarrollandose la ivtetigevcia emancipada por el
32
Garrigou-Lagrange, O.P., De Reretatiove, 2' edicin, pag. 629.
33
Dv Regive 1evoret, pag. 14.
cristianismo, alcanzan los pueblos por decirlo as, la edad de hombre: porque lo
que es erdad de ste lo es tambin de la sociedad, y como l, debe recorrer las
ases sucesias de la ida.`
34
. Maritain no insiste en esta imagen del hombre
indiidual que le es tan grata a Lamennais. Ln un tono, aparentemente mas
proundo, coloca el progreso en la ascensin de la conciencia juntamente con
una ascensin de la organizacin. Lste moimiento -escribe e. Droit.
35
-
depende de una gran ley que podra llamarse la doble ley de la degradacin y la
sobreeleacin de la energa de la historia, o de la masa de actiidad humana, de
la cual depende el moimiento de la historia. Ln tanto que la usura del tiempo y
la pasiidad de la materia disipan y degradan naturalmente las cosas de este
mundo y la energa de la historia, ta. fvera. creaaora. roia. aet e.ritv , ae ta
tibertaa, que normalmente tienen su punto de aplicacin en el esuerzo de
algunos -consagrados por ello al sacriicio- elean cada ez mas la calidad de
esa energa. La ida de las sociedades humanas arava , rogre.a a. at recio ae
vvcba. eraiaa.; aanza y progresa gracias a esa sobreeleacin de la energa de la
historia aebiaa at e.ritv , a ta tibertaa, y gracias a los pereccionamientos tcnicos
que estan a eces adelantados con relacin al espritu ,de donde surgen las
catastroes, pero que por su naturaleza exigen ser instrumentos del espritu. 1al
es, en mi opinin, la idea del progreso que debe sustituir a la ez a la nocin
ilusoria del progreso necesario concebido a la manera de Condorcet, y a esa
negacin o aersin del progreso que prealece hoy entre quienes desesperan
del hombre y de la libertad, y la cual es de por s un principio de suicidio
histrico`.
Repudiando ta vociv itv.oria aet rogre.o vece.ario covcebiao a ta vavera ae
Covaorcet Maritain se siente justiicado` como si su nocin no preconizase la
necesidad del Progreso y como si no uese tan ilusoria como la de Condorcet,
aunque no lo sea a su manera. 1ampoco la de un Comte o la de un Proudhon se
parecen a la de Condorcet y sin embargo tan necesario es el Progreso en una y
otra y tan ilusoria como la de un Condorcet.
Necesario el Progreso en Maritain porque de no aceptarselo .e rira a ta
barbarie y se entrega uno al suicidio histrico
36
, itv.orio porque en irtud de estos
principios manana cuando se actualice la apostasa uniersal habra que saludarla
34
Ibid., II, pag. 460.
35
e. Droit., pag. 45, ed. cast. pag. 55.
36
Cbri.t. et Dev., pag. 53 y e. Droit., pag. 46.
como la cima de todas las edades y como la cumbre de la varcba bacia aaetavte ae
ta vvaviaaa.
Ll progreso, segn Maritain, se produce entonces por las uerzas creadoras
del e.ritv , ae ta tibertaa. Pero como en el hombre indiidual el crecimiento
coincide precisamente con la ascensin del espritu y de la libertad, la tesis
maritainiana coincide, en este punto, con la mennaisiana. Maritain pareciera
preerir llamar a.cev.iv ae ta covcievcia, ri.e ae cov.cievce, vovtee ae ta cov.cievce lo que
Lamennais llama a eces affravcbi..evevt ae ta ev.ee et ae ta cov.cievcie y otras
aeretoevevt ae tivtettigevce, o de te.rit, et, par consquent ae ta tiberte
.
le tenido el placer -escribe Maritain
38
- de encontrar expuestas, desde el
punto de ista cientico de su autor, concepciones parecidas en una conerencia
recientemente pronunciada en Pekn por el clebre paleontlogo 1eilhard de
Chardin, en ella indica que por ieja que la prehistoria parezca hacerla a
nuestros ojos, la lumanidad es an muy joen, y muestra que la eolucin de
la lumanidad debe ser encarada como la continuacin de la eolucin de la
ida ntegra, donde progreso signiica ascensin de la conciencia y donde la
ascensin de la conciencia esta ligada a un grado superior de organizacin. Si el
progreso debe continuar, no se hara por s solo, la Lolucin, por mecanismo
de sus sntesis, se carga cada ez mas de libertad.
Si nos colocamos en las perspectias de la historia entera de la ida y de la
humanidad, donde es preciso emplear una escala de duracin
incomparablemente mas grande que aquella a que estamos habituados en
nuestra experiencia ordinaria, readquirimos conianza ev ta varcba bacia aaetavte ae
vve.tra e.ecie, y comprendemos que la ley de la ida, que conduce a mayor
unidad mediante mayor organizacin, pasa normalmente de la esera del
progreso biolgico a la del progreso social y la eolucin de la comunidad
ciilizada`.
Lsta es la amosa ri.e ae cov.cievce ae .oi
, que parece consistir en una tova ae
covcievcia bvvava aet roio rater , ae ta roia aigviaaa, que caracteriza, ta eaaa refte;a,
moderna, la cual, con todas las disminuciones y prdidas connotadas por esta
palabra, comportaba por otra parte un enriquecimiento innegable y que se debe
tener por una ganancia adquirida, en el conocimiento de la creatura y de las
3
II, pags. 460-461.
38
e. Droit., pag. 46, ed. cast. pag. 56.
39
Retigiov et Cvttvre, pag. 30 y luego a..iv en todas sus obras.
cosas humanas, an cuando este conocimiento debiera desembocar en el
inierno interior del hombre ctima de s mismo`.
No habra diicultad en admitir esta ri.e ae cov.cievce como una realidad
psicolgica y, si se quiere, como un rogre.o de la conciencia psquica que
caracteriza al hombre y a los pueblos modernos. Pero Lamennais-Maritain lo
interpretan como un progreso vorat que asigna o explicita aerecbo. nueos que
adquiere la persona humana, tanto en lo poltico como en lo econmico e
intelectual. Lstos derechos que Maritain analiza especialmente
40
exigen, como
eremos en irtud de un aerecbo y no de un simple hecho, que el Lstado renuncie
a su misin vivi.teriat en aor de los ines de la Iglesia, que todas las
conesiones religiosas sean, de aerecbo, reconocidas en la nuea cristiandad, que el
suragio uniersal y en consecuencia la democracia poltica, sea un derecho
natural irrenunciable, que los obreros y campesinos tomen la direccin de su
ciudad raternal.
Ls interesante obserar cmo el empleo de estos trminos, covcievcia, e.ritv,
ivtetigevcia, ev.avievto, tibertaa, y aquellos otros con los cuales an acoplados,
rogre.o, tiberaciv, ae.arrotto, evavciaciv, a.cev.iv, erotvciv, como que, de suyo,
quedan en cierta ivaetervivaciv, se prestan a que sean igvatvevte aceptados por los
que proesan las mas opuestas ideologas. Ln ellos entonces, en su empleo
ivaetervivaao, un catlico, un tesoo, un espiritista, un agnstico, un comunista,
se sienten coivciair. All radica la amosa ba.e covvv de la ciudad raternal de
Maritain, en la cual los hombres que poseen puntos de ista religiosos o
metasicos muy dierentes, y hasta opuestos -materialistas, idealistas,
agnsticos, cristianos y judos, musulmanes y budistas- pueden estar de
acuerdo no en irtud de una identidad de doctrina, sino por la similitud
analgica de principios practicos...`
41
.
Lsta es la gran tactica del itvvivi.vo masnico, desde los primeros das del
siglo XVIII, tactica que permite ir oeravao la unin de todos los hombres, por
encima de credos religiosos y ilosicos. Ls claro que Maritain no renuncia a
su concepcin catlica de la ida`. 1an no renuncia, que su libro Dv Regive
1evoret et ae ta tiberte esta consagrado a llenar estos trminos ab.tracto. e
ivaetervivaao., con una concepcin catlica de la libertad, en analisis laboriosos
que, con la ayuda de Santo 1omas, llea a trmino mas o menos eliz. La
perspectia de Maritain y sus exigencias catlicas quedan as a buen resguardo.
40
e. Droit., pag. 93-138, ed. cast. pags. 139-16.
41
t Pvebto, de Buenos Aires, 13,V,1945.
No hay duda tambin que las tesis all sostenidas -diciles como todo lo que se
desarrolla en la cima del tercer grado de abstraccin- quedaran archiadas para
los lectores, y en cambio la ri.e ae cov.cievce, y la aigviaaa ae ta er.ova bvvava , ae
ta tibertaa , aet rogre.o, , ta. fvera. creaaora. aet e.ritv , ae ta tibertaa correran luego,
causando estragos por todas partes, gracias a su misma abstracta aguedad que
les permite llenarse con las cargas ideolgicas ritate. que llean los ocablos en el
uso corriente.
Mientras tanto, ,qu se ha hecho de aquella doctrina -la nica erdadera y
catlica- que Maritain expona en su 1beova. cuando deca que el dogma del
progreso necesario de la especie humana procede de un dato muy simple del
sentido comn sobre el moimiento, interpretado y generalizado alsamente por
ignaia metasica siguiendo la ley del menor esuerzo intelectual`
42
. Ln la
especie humana no hay otro progreso erdaderamente bvvavo sino el de la
pereccin del ser bvvavo en cuanto tal, y la pereccin del ser humano se mide
por el sometimiento del hombre al bien diino, a la luz de la eterna Sabidura.
Santo 1omas ha establecido la escala de alores que mide el pereccionamiento
del hombre, en un texto de a .vva covtra gevtite.
1
, que el mismo Maritain
recuerda
44
cuando escribe: ,si se coloca la contemplacin de los santos en la
cumbre de la ida humana, no habra que decir que todas las operaciones de los
hombres, y la misma ciilizacin estan a ella ordenados como a su in Parece
que as es, dice ,no sin cierta irona quizas, Santo 1omas de Aquino. Pues, ,para
qu los trabajos y el comercio, sino para que el cuerpo, estando proisto de las
cosas necesarias a la ida, est en estado requerido para la contemplacin ,Para
qu las irtudes morales y la prudencia sino para procurar la calma de las
pasiones y la paz interior, de que tiene necesidad la contemplacin ,Para qu el
gobierno todo de la ida ciil sino para asegurar la paz exterior necesaria a la
contemplacin De manera que considerando como corresponde todas las
unciones de la ida humana parecen al sericio de aquellos que contemplan la
erdad`.
Ln esta doctrina, tan lmpidamente expuesta por el Doctor Anglico, el
progreso del hombre consiste en un leantamiento de todas sus actiidades
hacia la ocupacin mas eleada, de la que ste es capaz, la contemplacin de la
Primera Verdad. A esta diina ocupacin esta llamado el hombre por los
42
1beova., pag. 123.
43
III, cap. 3.
44
Retigiov et Cvttvre, pag. 39.
esuerzos y apetencias de su naturaleza espiritual, que no puede saciar sino all
sus ansias de plenitud de Verdad.
Dios constituye el principio del pereccionamiento esencial del hombre. Ll
hombre no se perecciona, no adquiere acrecentamiento de su ser, en la misma
lnea humana, sino cuando progresa en el camino de la posesin de Dios. Podra
s, adquirir perecciones acciaevtate., cuando se aparta de Dios, y as, puede, uera
de Ll, progresar en las tcnicas y en las ciencias humanas, pero entonces, en ta
vra tvea bvvava no habra ningn progreso... antes bien, podra acaecer que esos
pereccionamientos acciaevtate., no ordenados a la pereccin e.evciat del hombre
le dispongan para acelerar un proceso del apartamiento de Dios y por lo mismo
de regresin. \ sucedera que inatuado, con su progreso parcial y accesorio, ira
cayendo, cada ez mas proundamente, en el abismo de la abyeccin. Aquellas
perecciones tcnicas, por ejemplo, legtimas en s y que ordenadas como
dispositios para un mejoramiento del bienestar material del hombre podran
procurar un mejoramiento moral de la colectiidad humana y una ascensin, por
tanto, mas rapida y acil de un mayor nmero en el conocimiento de Dios,
constituidas en cambio como teniendo alor en s y para s, como un in ltimo,
no podran sino trastocar toda la ida del hombre, hacindola marchar en .evtiao
ivrer.o al de la erdadera pereccin.
Luego el rogre.o ae vva ciritiaciv se ha de medir por el acercamiento a este
nobilsimo in de la diina contemplacin y el apartamiento de l, mide su
regreso. Cualquier otro progreso, aunque, en cierta lnea de una consideracin
parcial, pudiera importar una ganancia` y por ende ivtegrabte en el autntico
progreso humano, mientras orme parte de un todo espiritual regresio y no est
ivtegraao en aquella sntesis, comporta, .ivtevevte, una regresin. 1odo intento
de asignarle caracter de progreso sera en detrimento de la vviaaa del hombre.
Maritain pretendera justiicar este rogre.o rerotvciovario con su amosa tesis de
la ambialencia de la historia`. Bastenos consignar que no hay un doble rogre.o,
vo ba, ao. e.cata. ae ratore. bvvavo., como exige dicha tesis, no es posible progresar
por abajo, ev to tevorat, cuando se retrograda or arriba: sera como llamar
progreso a un tumor por la razn que comparta un acrecentamiento de ciertos
tejidos, o reconocerle un alor de pereccionamiento a la ciudad de Lnoc, a la
1orre de Babel o a la ciudad del Anticristo. Presentemos aqu la tesis
maritainiana de la avbiratevcia ae ta bi.toria, tal como la expone en Probteva.
e.iritvate. , tevorate. ae vva vvera cri.tiavaaa: La primera idea es la de la
ambialencia de la historia humana, en la que madura un doble ruto, cuya
separacin no se llegara a eectuar hasta el inal de la historia.
`Lntretanto hay que emitir un doble juicio sobre los diersos momentos de
la historia del mundo y de la ciilizacin. Aunque la doctrina del progreso
necesario, en el sentido del Volney y de Condorcet parezca absurda desde este
punto de ista, hay que admitir, sin embargo, la existencia de un progreso en la
historia. ,,\ cmo podra ser de otra manera, puesto que el hombre es espritu y
carne, por tanto, un animal progresio,, pero de un progreso doble: el uno por
el lado del polo animal del ser humano y de lo que podra llamarse la ecundidad
de la materia corruptible, y el otro por el polo espiritual del ser humano y de la
ecundidad que trasciende la materia. \ este doble progreso se eecta
simultaneamente`
45
.
Ll doble progreso de la humanidad y el
doble cristianismo
Lsta dicotoma, operada en la unidad del ser humano, abiertamente
explicitada en Maritain y slo implcita en Lamennais, ha de llear a uno y a otro
a establecer un rogre.o ev ta bi.toria, el de la Reolucin, que se opera al margen
de la Iglesia y les ha de llear por los mismo a establecer ao. cri.tiavi.vo..
Ahora bien -dice Lamennais-, nunca las ideas retroceden y nunca se ha
isto a la sociedad a la que el moimiento progresio de la ciilizacin empuja
sin cesar hacia adelante, remontar hacia sus uentes. lay que resolerse a seguir
con ella el curso de las cosas que le arrastra irresistiblemente y someterse de
buen grado a una necesidad que, aunque uese en s deplorable, no sera menos
inencible. Pero ya, por lo que se acaba de decir, se ha debido concebir que ni la
humanidad en general, ni el catolicismo en particular, tienen que alarmarse de
esta gran transormacin social, mas bien se debe reconocer la accin paternal y
continua de Dios sobre el gnero humano`. Distingue por tanto Lamennais el
progreso de la lumanidad del progreso del catolicismo. 1an distinto es que
precisamente en su separacin, o sea en la oposicin en que se coloca la Iglesia
rente a la Reolucin e l, como Maritain, la tragedia del mundo moderno y en
su conciliacin e la salud
46
.
45
Probteva. e.iritvate. , tevorate. ae vva ^vera Cri.tiavaaa, pag. 6.
46
Cbri.t. et Dev., pag. 33, ed. cast. pag. 35.
Cuando Lamennais habla de Iglesia o de cristianismo no se reiere
precisamente a ta eficacia .obrevatvrat ae ta avta gte.ia que no puede cumplirse
sino por la accin de la jerarqua catlica, se reiere a la uerza de la acciv .ociat
de ideas cristianas aun cuando estn desgajadas de la jerarqua Catlica.
Maritain sera mas explcito en la airmacin de estos dos cri.tiavi.vo. y as
escribe
4
: No es sobre el cristianismo como credo religioso y camino hacia la
ida eterna la cuestin que aqu se plantea, sino sobre el cristianismo como
ermento de la ida social y poltica de los pueblos y como portador de la
esperanza temporal de los hombres, no es sobre el cristianismo como tesoro de
la erdad diina mantenido y propagado por la Iglesia, es sobre el cristianismo
como energa histrica accionando en el mundo. No es en las alturas de la
teologa, sino en las proundidades de la conciencia proana y de la existencia
proana que el cristianismo acta as, tomando a eces ormas herticas o hasta
ormas de reuelta en las que parece negarse as mismo, como si los trozos rotos
de la llae del paraso, al caer sobre nuestra ida de miseria y al aliarse con los
metales de la tierra, lograsen, mejor que la pura esencia del metal celeste, actiar
la historia de este mundo`.
Lste cristianismo maritainiano ermento de la ida social y poltica de los
pueblos`, portador de la esperanza temporal`, energa histrica accionando en
el mundo` es la liberacin del gnero humano cumplida por el cristianismo aqv
aba;o, ici ba., de que habla Lamennais
48
, es el catolicismo ,la iv.iraciv cri.tiava de
Maritain, del cambio progresio moderno del que habla
49
, cristianismo cuyo
ruto natural es la emancipacin de los pueblos
50
. Ln otro lugar nos ocuparemos
de l especialmente. Aqu basta consignar la aberracin monstruosa de esta
inencin mennaisiana-maritainiana. Se puede admitir la existencia de vva acciv
cri.tiava ae.ga;aaa ae ta gte.ia que obra en el mundo, pero, no se puede admitir su
;v.tificaciv, en la medida en que est desgajada no es cristiana, sino avticri.tiava,
como ta. rirtvae. toca. de Chesterton no son irtudes sino aberraciones, y como el
cristianismo corrompido a que se reiere el mismo Maritain en 1roi. Reforvatevr.,
cuando an no haba inentado la avbiratevcia de la historia no es sino puro
anticristianismo`. Ls un axioma de los peripatticos -escribe all
51
- que toda
orma superior contiene en el estado de unidad las perecciones repartidas
4
Ibid., pag. 43, ed. cast. pag. 48.
48
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 431.
49
Ibid., II, pag. 438.
50
Ibid., II, pags. 466-46.
51
1roi. Reforvatevr., Librairie Plon, Paris, pag. 205.
diisiamente en las ormas ineriores. Aplicad este axioma a la orma cristiana,
y comprenderis que basta disminuir y corromper el cristianismo para lanzar en
el mundo semi-erdades y irtudes toca., como deca Chesterton, que antes se
abrazaban y que en adelante se an a odiar. le aqu porqu se encuentran en
todas partes en el mundo moderno analogas degradadas de la mstica catlica y
girones del cristianismo laicizado`. \ mas adelante: Ll cristianismo no esta io
en la Iglesia, si el mundo no ie del cristianismo iiente en la Iglesia, muere
por causa del cristianismo que se ha corrompido uera de la Iglesia`
52
.
Aquel cri.tiavi.vo taiciaao que entonces se execraba -y con toda justicia-,
ahora se exalta y se erige en el gran motor del Progreso de la lumanidad.
\ ,en la adquisicin de qu conciencia, y en qu liberacin consiste este
Progreso
1anto Maritain como Lamennais no conciben esta liberacin de la
conciencia como ab.otvta, tal como podra imaginarlo un pensamiento agnstico
o ateo, Kant-Marx, sino tan slo con respecto a poderes humanos y
especialmente al poder pblico del Lstado.
1al la obra diina -escribe Maritain- que, segn los caminos tan seguros
como maraillosos, aunque con recuencia escondidos a nuestra ista, a
cumplindose de siglo en siglo. Ll e.ritv crece, y recobrando su imperio sobre
la materia, la idea del derecho se separa de una manera mas clara de la idea de la
uerza...`
53
y mas adelante: liberacin del pensamiento y de las conciencias
substradas a la autoridad del poder poltico`, y luego: tiende a realizar un
orden social undado sobre la independencia e.iritvat la mas absoluta con
respecto al gobierno que no sera de aqu en adelante sino un simple agente
regulador colocado, por la delegacin nacional, a la cabeza de un sistema de
administraciones libres, para unirlas entre s y ormar un todo armnico y
io`
54
.
Maritain escribira
55
: La cuestin crucial que se plantea aqu ante la libertad
humana, concierne al camino a adoptar para esa uniicacin progresia:
,uniicacin por uerzas externas y compulsin ,Uniicacin por uerzas
internas, es decir, por el progreso de la conciencia moral, por el desarrollo de las
relaciones de derecho y amistad, por la liberacin de las energas espirituales La
52
Ibid., pag. 212.
53
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 460.
54
Ibid.
55
e. Droit., pag. 4, ed. cast. pag. 5.
ciencia atestigua al respecto que la uniicacin por coercin, no hace aparecer
mas que una seudo-unidad, supericial. Puede montar un mecanismo, pero no
opera ninguna sntesis de ondo, y, en consecuencia, no engendra ningn
crecimiento de conciencia. Materializa, en lugar de espiritualizar. La coercin
tendra siempre un papel que jugar en las sociedades humanas, no hay que
pedirle la ley del progreso`. \ en otros lugares explicara cmo el progreso de la
persona humana exige que se disminuya y elimine el poder del Lstado y deje
paso a la amistad raternal
56
.
Podramos senalar aqu el alcance insospechado que encierra esta tesis
maritainiana-mennaisiana, comn por otra parte a todas las ideologas de
agitacin social, al trmino de esta a.cev.iv ae ta covcievcia, la humanidad de tal
suerte estara condicionada que podra practicamente pasar sin autoridad, los
hombres se avtogobervarav. No otra cosa ensena Marx, cuando escribe: La
emancipacin humana no sera realizada sino cuando el hombre indiidual real
habra absorbido el ciudadano abstracto, cuando como hombre indiidual en su
ida emprica, en su trabajo indiidual, en sus relaciones indiiduales, se habra
conertido en un ser genrico y habra reconocido sus propias uerzas como
uerzas sociales y l mismo las habra organizado como tales, y por consiguiente,
no separara de s mismo la uerza social bajo la orma de poder poltico`
5
.
Pero tanto Lamennais como Maritain que se sitan en una concepcin
catlica de la ida no pueden aceptar, eidentemente, que este progreso se
realice por el camino del materialismo dialctico. Ll objetio -escribira
Lamennais en un artculo de .revir del 28 de enero de 1831- hacia el cual
tiende la sociedad, no slo en lrancia sino en todas partes donde ha penetrado
el cristianismo... consiste en una liberacin de la inteligencia mas o menos
sojuzgada bajo todos los gobiernos modernos, a la uerza bruta del poder y una
extensin de la esera de actiidad pblica y particular, proporcionada a los
desarrollos de esta misma inteligencia, con las garantas necesarias de los
derechos que resultan de este nueo estado social`
58
. Maritain, por su parte, de
esta ri.e ae cov.cievce de la persona y particularmente de la persona obrera
deducira los derechos vvero. de la persona humana en lo poltico, econmico e
intelectual.
56
Privcie. avve otitiqve bvvavi.te, Lditions de la Maison lranaise, New \ork, 1944, pags. 61-63, y
Cbri.t. et Dev., pags. 5-64 , ed. cast. pag. 62.
5
Citado por Charles de Koninck, De ta Privavte av iev Covvvv covtre te. er.ovvati.te., pag. 183.
58
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 439.
lrente al Lstado -escribe Maritain-, a la comunidad temporal y al poder
temporal, es libre |la persona humana| de escoger su a religiosa a sus riesgos y
peligros, su libertad de conciencia es un derecho natural iniolable
59
. Derecho de
la Iglesia y de ta. otra. favitia. retigio.a. al libre ejercicio de su actiidad espiritual.
Derecho de libre inestigacin de discusin ,libertad de expresin,. Derecho de
suragio igual para todos
60
, con alor poltico y humano absolutamente
undamental
61
. Derecho del obrero a emanciparse de toda orma de
seridumbre mas o menos atenuada, como contraria al derecho natural tomado
en exigencias o aspiraciones mas o menos secundarias y en el dinamismo que
entrana
62
. Ll papel principal en la prxima ase de la eolucin recae sobre el
proletariado y su moimiento de ascensin histrica`
63
.
Lstos derechos vvero. exigidos por el progreso vorat de la ri.e ae cov.cievcie,
operada en el hombre son los amosos derechos o libertades de Lamennais.
...La libertad de conciencia o la libertad de religin, plena, uniersal, sin
distincin como sin priilegio... la libertad de la prensa... o libertad de palabra
64
,
libertades no rente a Dios sino rente al Lstado
65
, libertad del suragio uniersal
o principio de eleccin de manera que penetre hasta en el seno de las masas`
66
.
,Pero, si se disminuye el poder pblico del Lstado cmo podra mantenerse
el orden social 1anto Lamennais como Maritain han puesto sus ojos como en
remedio saludable en la avi.taa fratervat que al irse olcando y ae.arrottavao en la
substancia proana de los pueblos constituye el progreso social y poltico de los
mismos y actia la superiencia con una autoridad pblica cada ez menor.
A medida que creciendo la inteligencia, escribe Lamennais, la sociedad se
substrae al imperio de la uerza que es la ley del bruto, es menester que en lugar
de este lazo material un asto lazo enga a unir a los hombres que la libertad
aisla y separa, y unirlos oluntariamente, sin lo cual cesaran de ser libres. Lste
lazo no es sino el amor, y ya que el catolicismo, por su naturaleza propia,
desarrolla la libertad desarrollando la inteligencia, necesario es que desarrolle
proporcionalmente el amor, de otra suerte en lugar de pereccionar la sociedad,
59
e. Droit., pag. 103, ed. cast. pag. 128.
60
Ibid., pag. 136, ed. cast. pag. 162.
61
Ibid., pag. 10, ed. cast. pag. 135.
62
Ibid., pag. 131, ed. cast., pags. 153 y sigs.
63
Ibid., pags. 129-131, ed. cast., pag. 144, Cbri.tiavi.ve et Devocratie, pag. 89, ed. cast., pag. 9.
64
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 428.
65
Ibid., II, 422.
66
Ibid., II, pag. 428.
la destruira. \, en eecto, hay en el seno del catolicismo un principio de amor
inagotable, inmenso, y el amor, compendio de la ley, y la ida toda entera del
cristianismo, su ida del tiempo y su ida de la eternidad. Ll poder que el
catolicismo ejerce, a este respecto, sobre el hombre... es maniiesto an en esta
poca de debilitamiento de la e... ,Qu sera cuando el catolicismo enteramente
libre, pueda sin obstaculo derramar y derramar an sobre esta sociedad, que es
su obra, sus raudales siempre crecientes de amor Lntonces se borrara
sucesiamente, en cuanto es posible sobre la tierra, todo lo que separa, todo lo
que diide a los indiiduos, a las naciones, que, libertadas polticamente y unidas
entre s por la obediencia oluntaria a un solo poder espiritual diino, iira de
una ida poderosa y comn. Ll amor ha creado al gnero humano, el amor lo ha
salado, el amor consumando su unidad terrestre, le mostrara an aqu abajo
como una magnica imagen de lo que esta destinado a ser en otra patria`
6
.
\ Maritain, escribe por su parte
68
: \ la conciencia proana ha comprendido
que en el orden temporal, social y poltico, no slo la amistad cica es, como los
antiguos ilsoos lo haban reconocido, el alma y el nculo constitutio de la
comunidad social -si la justicia es esencialmente exigida de antemano, es como
una condicin necesaria que hace posible la amistad-, pero que esta amistad
cica no puede prealecer, de hecho en el interior del grupo social si un amor
mas uerte y uniersal, el amor raternal, no penetra en ella, y si, olindose
raternidad, no pasa los lmites del grupo social para extenderse a todo el gnero
humano.
`Una ez que el corazn del hombre haya sentido la rescura de esta terrible
esperanza, estara turbado para siempre. Si deja de reconocer sus uentes y sus
exigencias sobrehumanas, se arriesga a perertirse y a oler a la iolencia para
imponer a todos la raternidad o la muerte.
`Pero desgraciados de nosotros si la despreciamos y logramos librar a la
raza humana de la esperanza de la raternidad. la sido exaltada por ella y no la
perdera sino deiniendo mas salaje que antes. .ta e.erava e. .avta or . vi.va,
re.ovae a to. ae.eo. va. rofvvao. , va. arraigaao. ae ta vatvratea bvvava, pone a las
almas en comunin de dolor e impaciencia con todos los oprimidos y
perseguidos, exige el herosmo, y tieve vva fvera airiva ara trav.forvar ta bi.toria
bvvava. Lo que se conquista por la conciencia proana, si no se desa hacia la
barbarie, es ta fe ev ta fraterviaaa bvvava, el sentido del deber social de compasin
6
Ibid., II, pag. 46.
68
Cbri.tiavi.ve et Devocratie, pag. 63, ed. cast., pag. 68.
para el hombre en la persona de los dbiles y de los que suren, la coniccin de
que la obra poltica por excelencia es la de hacer la ida comn mejor y mas
raternal, y de trabajar para hacer, de la arquitectura de leyes, de instituciones y
de costumbres de esta ida comn, vva ca.a ara bervavo.`.
Utopa peligrosa, como eremos en su lugar, que al debilitar la uncin
necesaria del poder pblico que ha de promoer la ascensin de la comunidad
no en el camino de la emancipacin` sino en el de la ida irtuosa, entrega las
comunidad nacionales en manos de camarillas internacionales que implantaran
en el unierso el reivaao tegat ae ta a.tvcia , ae ta fvera, en expresin de Po X.
De una utopa -el Progreso de la lumanidad- se desemboca en la mas
espantosa y terrible realidad -la Lsclaitud uniersal Legalizada-. Pero no es
esto lo que aqu nos interesa ahora. Importa s poner en eidencia las tesis que
enuele esta aivavica del pensamiento de Maritain-Lamennais. lelas aqu: La
lumanidad es la causa mas alta a cuyo sericio debe entregarse el hombre, la
lumanidad progresa en una adquisicin cada ez mayor de conciencia y de
libertad, este Progreso, que se eecta en la substancia proana del existir
terrestre de la lumanidad, alcanzara su grado mas alto en un anticipo de la
tierra de los resucitados, la Iglesia ha sido y es motor de este Progreso terrestre
de la lumanidad, este Progreso coincide con la .vb.tavcia de la Reolucin sino
con su ideologa accidental, cuando este progreso se despoje de la ideologa
anticristiana y se catolice, esto es, cuando se identiique la Reolucin con la
Iglesia habrase cumplido el colmo de la elicidad terrestre, en que la lumanidad,
libre de las seridumbres, sobre todo del Poder Pblico, estara unida por la
amistad raternal, la nuea cristiandad` que consiste en esa identiicacin de la
Reolucin con la Iglesia llegara al colmo del Progreso de la lumanidad.
Adierta el lector que Lamennais-Maritain no initan a los pueblos a
desechar de s la Reolucin y ponerse al sericio de la Iglesia en los ines
mismos de la Iglesia que es el amor de Dios primero y ante todo. No. Initan a
la Iglesia a plegarse a la causa de la Reolucin, que es el Progreso de la
lumanidad, para que los pueblos, crecientes en covcievcia y tibertaa realicen su
uniersal raternidad. De aqu que implcitamente subordinen la Iglesia a la
lumanidad y, si acuden a la Iglesia, no es por el alor de supremaca que ella
tiene y por el cual debe ser buscada, sino como veaio para cumplir la raternidad
uniersal. Por esto, tanto Lamennais como Maritain desarrollan su concepcin
de cristiandad` sobre la base de la Iglesia en la ormacin de los pueblos que,
seguiran desde la Ldad Media, un derrotero ascendente hacia la instauracin
de la ciudad raternal en que el hombre sera liberado de la miseria y de la
seridumbre`
69
.
La nueva cristiandad
Ll cristianismo -escribe Lamennais
0
- encontr al mundo en esclaitud:
su misin poltica era libertarlo. Al proclamar el reino de la inteligencia, la
supremaca del e.ritv sobre la carve, de la razn sobre la uerza, del derecho
sobre el hecho, estableci el sagrado e inmutable undamento de la libertad,
inseparable del orden, y tanto mayor cuanto el orden es mas perecto, porque el
orden y la libertad se conunden en su uente, ininita el uno y el otro en Dios...
As el cristianismo cre primero y poco a poco sin conusin y sin sacudidas, lo
que se llama hoy el pueblo, es decir, hizo pasar al estado de hombres libres las
innumerables tropas de esclaos que cubran el mundo, desde haca cuatro mil
anos`
1
.
Maritain procede de igual manera. Ln el captulo a iv.iraciv eravgetica , ta
covcievcia rofava de su Cbri.t. et Dev., primeramente expone el contenido
sobrenatural del mensaje cristiano ,51-53, y luego el efecto ottico ,diramos, que
ese mensaje ha producido en el pueblo. ,Cuales son -se pregunta
2
- los
pensamientos y las aspiraciones que el mensaje cristiano despert poco a poco
en las proundidades de la conciencia de los pueblos, y que aanzaron
subterraneamente durante siglos antes de maniestarse Por mal comprendidas y
deormadas que hayan podido ser durante esa marcha oscura en la conciencia
proana, ,cuales son las erdades de origen eanglico a las que esta conciencia
ha ligado en lo sucesio e identiicado la idea misma de la ciilizacin`.
\ en una respuesta larga y dramatica, incluye tambin este punto: Bajo la
inspiracin eanglica en uncin en la historia, la conciencia proana ha
comprendido la dignidad del pueblo y del hombre de la humanidad comn.
Pueblo iel, pequeno pueblo de Dios, pueblo real llamado a participar de la obra
de Cristo, pueblo como comunidad de ciudadanos de un pas, unido bajo leyes
justas, pueblo como comunidad del trabajo manual y como resera y recurso de
la humanidad para los que suren ante la naturaleza. La idea que la conciencia
69
e. Droit., pag. 51, ed. cast., pag. 8.
0
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 463.
1
Ibid.
2
Cbri.t. t Dev., pags. 51-53, ed. cast., pags. 55 y sigs.
proana se orm paulatinamente del pueblo, iene del encuentro y de la
coalicin de todos estos elementos, y es de la herencia de la cristiandad que
procede esta idea`
3
.
Pero este pueblo nueo -contina Lamennais
4
-, este pueblo naciente,
que, apasionado, ligero, ignorante, impreisor oreca todas las caractersticas
como todas las debilidades de la inancia, deba, incapaz de conducirse y
deenderse por s mismo, incapaz de organizarse polticamente, tener, como
cada hombre su edad de menor. Conena que ormado por una educacin
progresia, bajo el ojo igilante y la tierna mano de la madre que lo haba dado a
luz, adquiriese poco a poco, lo que le altaba, luces, experiencias y an
propiedades ,propriets meme,, que la razn y el sentido moral se desarrollaran
en l para que pudiese sin peligro ejercer sus derechos naturales: es decir su
liberacin espiritual deba preceder y preparar su liberacin poltica. Aqu reside
todo el secreto de las instituciones que la sabidura del catolicismo und en la
edad media, y que. se habran modiicado, andando el tiempo, en proecho de
la libertad comn.`.
Ln orma mas austera Maritain destaca la misma accin ottica de la Iglesia
medieal en la ormacin de los pueblos ivfavte.. La Iglesia medieal, dice
5
, ha
ormado y modelado directamente la Luropa poltica porque le conena hacer
surgir entonces del caos el orden temporal mismo: tarea de anadidura a la que
no poda rehusarse, pero a la cual no se ha resignado desde el comienzo sin
aprehensin legtima`.
Lo mismo que el nino en la amilia
6
-escribe Lamennais- es libre por el
padre y no puede ser libre sino por el padre obedeciendo a una ley de justicia
que es la garanta del nino, as el catolicismo comunic a los pueblos vivo. la
libertad por medio de una mas alta paternidad emanada de Cristo, o por
intermedio de los reyes subordinados al poder emancipador que los diriga, los
igilaba, ejercitaba sobre ellos una erdadera jurisdiccin social, para reprimir los
abusos de la uerza, proteger, socorrer a los dbiles, deender sus derechos, y
preserar a la gran amilia cristiana, colocada an temporalmente bajo su tutela,
del despotismo y de la tirana`.
3
Ibid., pag. 55, ed. cast., pag. 60.
4
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 463.
5
vvavi.ve vtegrat, pag. 23.
6
Obra. Covteta. ae avevvai. II, pag. 463.
Maritain habla repetidas eces de la ivgevviaaa ivfavtit de la Cristiandad
medieal. Comprendamos, pues, que si, para una ciilizacin cristiana ivgevva
,quiero decir la que se basaba en la unidad vatira e ivgevva del hombre,, el
progresar hacia Dios consista ante todo en erigirle un trono sobre la tierra
,segn los derechos de Su Majestad,, para una ciilizacin cristiana, en cambio,
que ya vo veae .er ivgevva, y en la que el hombre tiene que recuperar su unidad
perdida olindose sobre s mismo bajo el instinto de la gracia, el progresar
hacia Dios consistira ,as me parece,, ante todo, en preparar para el hombre en
este mundo condiciones de ida tales que el amor soberano pueda descender y
realizar en el hombre y con l una obra diinamente humana`
.
Lo decimos en un nuestro primer captulo: con la ambicin absoluta y el
animo desaprensio de la ivfavcia, la cristiandad ediicaba entonces una inmensa
ortaleza en cuya cima se sentara Dios.`
8
.
Lsta tesis maritainiana-mennaisiana de la fvvciv ottica de la Iglesia en la
edad media, en razn de la inancia de los pueblos, comporta una segunda parte
que se ha hecho tan amosa como la primera, en los medios del liberalismo
catlico, es a saber: los pueblos ya se han hecho gravae., y ya ni aguantan ni
vece.itav esta tutora de la Iglesia, en consecuencia que no pretenda la Iglesia
ejercer ninguna uncin ottica en los pueblos modernos y por lo mismo, que la
nuea cristiandad` debe concebirse como esencialmente diersa de la
cristiandad medieal.
Bajo el catolicismo -dira Lamennais
9
- que es la ley siempre ecunda e
inalterable de la naturaleza espiritual, todo crece, todo se desarrolla, por un
progreso sin trmino. \ como en la amilia llega una poca en que por la misma
necesidad de las cosas, el nino que ha crecido en inteligencia se conierte en
naturalmente libre con la misma libertad que el padre, llega igualmente una
poca en que por la misma necesidad, los pueblos que han crecido tambin en
inteligencia se conierten en naturalmente libres como los padres de la gran
amilia. Ls el tiempo de su realeza, y este tiempo ha llegado para los pueblos
cristianos`.
Ln Maritain esta va,ora ae eaaa del pueblo esta inculada con la tesis de la
autonoma que ha alcanzado el orden proano o temporal, en irtud de un
proceso de dierenciacin y que no permite considerarlo como vivi.tro de lo
Probteva. e.iritvate. , tevorate. ae vva ^vera Cri.tiavaaa, pags. 61-62.
8
vvavi.ve vtegrat, pags. 22 y 159.
9
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 463.
espiritual`
80
, y esta inculado con sus tesis de la mayora de edad del vebto vi.vo,
el cuarto Lstado, que desarrolla
81
y que presenta resumida
82
cuando escribe: De
una manera general, una nuea poca de ciilizacin debera reconocer y deinir
los derechos del ser humano en sus unciones sociales, econmicas y
culturales. derecho en uncin de la aaqvi.iciv ae ta covcievcia ae ., eectuada por
la persona obrera y la comunidad obrera. A la ez que aecta la ida econmica
y el orden temporal, tal adquisicin es ante todo de orden espiritual y moral, y
ello constituye su importancia. Ls ta aaqvi.iciv ae covcievcia ae vva aigviaaa bvvava
ofevaiaa , bvvittaaa, , ta aaqvi.iciv ae covcievcia ae ta vi.iv aet vvvao obrero ev ta
bi.toria voaerva. Signiica la ascensin hacia la libertad y la personalidad, tomadas
en su realidad interior y en su expresin social, de una comunidad de personas,
de la comunidad a la ez mas prxima a las bases materiales de la ida humana,
y mas sacriicada, la comunidad del trabajo manual, la comunidad de las
personas humanas aectadas a ese trabajo`
83
.
Ln una palabra, la adquisicin histrica de que hablamos, es la adquisicin
de conciencia de la dignidad del trabajo y de la dignidad obrera, de la dignidad
de la persona humana en el trabajador como tal. Si el proletariado reclama ser
tratado como persona mayor, por eso mismo no debe ser socorrido, mejorado o
salado por otra clase social. Por el contrario, et aet rivciat ev ta riva fa.e ae
ta erotvciv recae .obre et rotetariaao , .v vorivievto ae a.cev.iv bi.trica
84
.
De aqu que tanto Lamennais como Maritain rechacen de la vvera cri.tiavaaa
el mito del avto verio o la paternidad real.
Por otra parte es isible -prosigue Lamennais- que durante los siglos en
que los pueblos cristianos han iido bajo el rgimen originariamente necesario
de la aterviaaa reat, resultada de este modo todaa imperecto de sociedad una
mezcla ineitable de dos poderes, el espiritual y el temporal. De aqu la
institucin del sistema social que, a partir del siglo nono, tom el nombre de
.avto iverio rovavo: sistema admirable de unidad y que oreca en su conjunto la
mas bella como la mas prounda aplicacin que ha isto el mundo de los
principios del derecho en la constitucin poltica de la sociedad, pero, al mismo
tiempo, sistema pasajero y lleno de inconenientes. As, ahora que ha llegado
la edad de la emancipacin nada semejante al sistema poltico al cual los Papas
80
vvavi.ve vtegrat, pag. 182.
81
Ibid., pags. 234 y sigs.
82
e. Droit., pag. 114, ed. cast., pags. 141 y sigs.
83
Ibid., pag. 115, ed. cast., pags. 144 y sigs.
84
Ibid.
dieran por base la uerte espada de Carlomagno, podra establecerse en adelante
y sera extrano abuso er otra cosa en el Santo imperio romano que una de las
mas magnicas ruinas de la historia`
85
.
La mezcla ineitable de dos poderes, el espiritual y el temporal` es, de
parte de la Iglesia, aquella fvvciv ottica que, segn Maritain, asumi en la
inancia de los pueblo, y, de parte del poder temporal, el empleo de su aparato
temporal` a los ines espirituales`
86
y que
8
llama iveriati.ve iv .iritvatibv..
Maritain, que renuea la tesis de Lamennais, escribe
88
: De una manera muy
general podemos decir que el ideal histrico de la Ldad Media estaba sometido a
dos actores dominantes: por una parte a la idea, o el mito ,en el sentido en que
Georges Sorel emplea esta palabra,, de la uerza al sericio de Dios, y por otra
parte al hecho concreto de que la ciilizacin temporal misma era en cierto
modo una uncin de lo sagrado, e implicaba imperiosamente la unidad
religiosa.`. lablamos del Sacro Imperio como ideal histrico concreto o
como mito histrico, es decir, como imagen lrica que orienta y elea una
ciilizacin. Considerado desde este punto de ista, puede decirse que la Ldad
Media ha iido el ideal del Sacro Imperio ,y ha muerto por l,.`. Puede
decirse que en la Ldad Media la autoridad temporal era concebida ante todo
conorme al tipo de la autoridad paternal en las concepciones de por s sacras de
la amilia, en aquellas concepciones de que se encuentra un ejemplo en la edad
romana del pateramilias, que la e cristiana sublimada, al ligarla a la idea de la
paternidad diina uniersal`.
La consagracin del rey lo constituye en padre de la multitud, y al
atestiguar que gobierna lo temporal en nombre del Rey Soberano, conirma su
autoridad natural de jee de la ciudad terrenal en el orden de la gracia. Los
ltimos destellos de todo el pensamiento poltico de la Ldad Media se encarnan
en Juana de Arco, cuando sta pone tanta energa y obstinacin para conseguir
la consagracin del rey, cuando obtiene de Carlos VII que ceda el santo reino a
Cristo, para deolrselo luego solemnemente de su parte a in de que lo tenga
ev beveficio`.
Ln in, que si Lamennais dice: ta covcoraia aet .aceraocio , aet iverio no existi
en ninguna poca, sino en los libros que se lo trataba directamente`
89
, Maritain
85
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 465.
86
vvavi.vo vtegrat, pag. 156.
8
Retigiov et Cvttvre, pag. 59.
88
Probteva. e.iritvate. , tevorate., pags. 11, 118, 126 y 12.
89
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 465.
dira: la ciilizacin de la edad media, por grande y bella que haya sido, y mas
bella an en los recuerdos puriicados de la historia que en la realidad
iida.`
90
.
,Qu pensar de estas doctrinas sobre la ormacin de los pueblos, por la
Iglesia con su accin poltica tutelar ejercida en su inancia y de la madurez,
lograda ahora, que exige de ;vre una adaptacin de la Iglesia acorde con la nuea
condicin Como estas doctrinas orman la substancia misma de la vvera
cri.tiavaaa varitaiviava, su analisis crtico sera ormulado oportunamente. Aqu
basta enunciar la erdad que corrsponde a estos errores. Muy cierto es que la
Iglesia orm a los pueblos de la Luropa cristiana. Las primeras lneas de la
vvortate Dei de Len XIII, lo ponen de reliee: Obra ivvortat -dice el Papa-
de Dios misericordioso es su Iglesia, la cual, aunque de por s y por su propia
naturaleza atiende a la salacin de las almas y a que alcancen la elicidad en los
cielos, todaa an aevtro aet aovivio ae ta. co.a. caavca. , terrevate. rocvra tavto. , tav
.evataao. bieve., que ni mas en nmero ni mejores en calidad resultaran si el
primer y principal objeto de su institucin uese asegurar la prosperidad de esta
presente ida. A la erdad, dondequiera que puso la Iglesia el pie hizo al punto
cambiar el estado de las cosas, inorm las costumbres con irtudes antes
desconocidas e ivtavt ev ta .ocieaaa cirit vva vvera cvttvra, que a los pueblos que
la recibieron aentaj y ensalz sobre los demas por la mansedumbre, la equidad
y la gloria de las empresas`. Pero enteramente also y peregrino que la Iglesia los
haya ormado con una acciv ottica .vtetoria. a gte.ia los orm vavtevievao.e ev
.v e.fera e.iritvat, esera tan amplia y prounda que al penetrar en las almas de los
cristianos, santiica y consolida todos los estados y condiciones de la ida de
acuerdo a aquello que tan hermosamente ensena San Agustn y que Len XIII
aduce en la citada encclica, cuando hablando con la Iglesia dice: 1 instruyes y
ensenas dulcemente a los ninos, bizarramente a los jenes, con paz y calma a
los ancianos, segn lo sure la edad, no tan solamente del cuerpo, sino tambin
del espritu. 1 sometes al marido la mujer con casta y iel obediencia, no como
cebo de la pasin, sino para propagar la prole y para la unin de la amilia. 1
antepones a la mujer el marido, no para que arente al sexo mas dbil, sino para
que le rinda homenaje de amor leal. 1 los hijos a los padres haces iir, pero
libremente, y los padres sobre los hijos dominar, pero amorosa y tiernamente.
o. civaaaavo. a to. civaaaavo., ta. gevte. a ta. gevte., toao. to. bovbre. vvo. a otro., .iv
ai.tivciv vi ececiv, aroiva., recoraavaote. qve, va. qve .ociat, e. fratervo et rvcvto
90
Retigiov et Cvttvre, pag. 40.
qve to. vve, porque de un solo primer hombre y de una sola primera mujer se
orm y desciende la uniersalidad del linaje humano. 1v ev.eva. a to. re,e. a virar
or et biev ae to. vebto. , a to. vebto. a re.tar acatavievto a to. re,e.. 1 muestras
cuidadosamente a quin es debida alabanza y la honra, a quin el aecto, a quin
la reerencia, a quin el temor, a quin el consuelo, a quin el aiso, a quin la
exhortacin, a quin la blanda palabra de la correccin, a quin la dura de la
increpacin, a quin el suplicio, y maniiestas tambin en qu manera, como
quiera sea erdad que no todo se debe a todos, hay que deber, no obstante, a
todos caridad y a nadie agraio`.
Pero estos eectos de la inluencia de la Iglesia que al llegar a todo el
hombre llegan tambin a sus estructuras proano-temporales, se producen
vece.ariavevte cuando las sociedades se someten a la Iglesia y dejan de producirse
cuando a ella se substraen. Por tanto la vi.v.iva ivftvevcia e.iritvat que sal a la
Luropa en la edad media, an como sociedad temporal, puede salarla ahora, la
mismsima, por consiguiente, debe ser la relacin de los pueblos con la Iglesia,
entonces y ahora.
Ln la substraccin de los pueblos al gobierno e.iritvat de la Iglesia consiste
la Reolucin que manejada primero por los reyes expuls a la Iglesia de la ida
temporal, manejada luego por los burgueses expuls a los reyes y los lle al
cadalso, y manejada ahora por los que se dicen interpretar las aspiraciones
populares, acabara con los restos de la burguesa para entregar los pueblos al
amo del mundo. Por qve cav.a -se pregunta el salmista ,Salmo II,- .e bav
evbrareciao ta. vaciove. , to. vebto. vaqvivav ravo. ro,ecto.. e bav cotigaao to. re,e. ae
ta tierra; , .e bav covfeaeraao to. Prvcie. covtra et evor , covtra .v Cri.to. Rovavo.,
ai;erov, .v. ataavra. , .acvaavo. te;o. ae vo.otro. .v ,vgo. Lsta es la historia erdadera
de los siglos modernos que durara hasta que el Senor quiera cumplir la parte que
prosigue y que dice: Pero aqvet qve re.iae ev et cieto .e bvrtara ae etto.; .e vofara ae etto.
et evor.
Lo que insina Maritain que la Iglesia medieal model directamente la
Luropa poltica porque haba que hace surgir del caos el orden temporal
mismo., pero que hoy el organismo temporal existe altamente
dierenciado.`
91
, olida que lo que hoy existe es un Lstado uniersal mostruo
por un lado y una anarqua total por otro, pero eso no se llama orgavi.vo, ese es
un caos espantoso que el Pontice Po XII en la vvvi Povtificatv. compara a las
tinieblas que inadieran toda la supericie de la tierra cuando cruciicaron al
91
vvavi.vo vtegrat, pag. 23.
Senor, caos tan espantoso que los pueblos al alejarse de la doctrina de Cristo
no tuieron pleno conocimiento de que eran enganados or et fat.o e.e;i.vo ae
fra.e. brittavte. qve roctavabav aqvetta .earaciv covo tiberaciv ae ta .erriavvbre ev qve
avteriorvevte e.tvrierav reteviao., ni preean las amargas consecuencias del
lamentable cambio entre ta reraaa qve tibera , et error qve reavce a e.ctaritva, ni
pensaban que, renunciando a la ley de Dios, ininitamente sabia y paterna, y a la
uniicadora y ennoblecedora doctrina de amor de Cristo, se entregaban al
arbitrio de una prudencia humana pobre y mudable: babtabav ae rogre.o, cvavao
retroceaav; ae eteraciv, cvavao .e aegraaabav; ae a.cev.iv a ta vaavre, cvavao .e
e.ctariabav, no perciban la anidad de todo esuerzo humano para sustituir la
ley de Cristo por algo que la iguale: .e ivfatvarov ev .v. ev.avievto.`.
Ln resumen, que tan erdadero es hoy como en la presunta inancia de los
pueblos lo que ensena Po XI: la Iglesia ejercita su ministerio de la palabra por
medio de los .aceraote., distribuidos conenientemente por los diersos grados de
la jerarqua sagrada, a quienes ena por todas partes como pregoneros
inatigables de la buena nuea, nica que puede conserar, o implantar, o hacer
resurgir la erdadera ciilizacin`
92
.
Lamennais orj, el primero, el proyecto de la nuea cristiandad` que no se
basara en la aterviaaa reat, en la covcoraia aet .aceraocio , aet iverio o, como dira
mas tarde odiosamente Maritain, en el mito de la uerza al sericio de Dios`
sino en un inmenso desarrollo de libertad`, o en el mito de la realizacin de la
libertad`.
Un nueo orden social -escribe Lamennais- undado sobre un inmenso
desarrollo de libertad que el catolicismo, ha hecho necesario al desarrollar el
mismo en las almas la erdadera nocin y el sentimiento del derecho, y porque
l es su principio en lo que tienen de saludable y conorme a la ley del progreso
que rige a la humanidad, constituiran ellas para l una gran poca de renoacin,
y, por decirlo as, la senal de las ictorias por las cuales, sometiendo las naciones
hasta aqu rebeldes a su ley, acabara de constituir al gnero humano en la
unidad`
93
.
\ el 22 de diciembre de 1830 publicaba en .revir un artculo intitulado
t Paa en que al mismo tiempo, que lloraba al recin diunto, Po VII, se
gloriicaba al Papa uturo, todaa no conocido -a ti a qviev vo oaevo. toaara
vovbrar or tv vovbre, vve.tra fe te .atvaa avticiaaavevte- y que ue luego Gregorio
92
Po XI, .a Catbotici .aceraotii.
93
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 464.
XVI, y a quien se reseraba una misin proidencial que nunca, desde la poca
en que se cumple la liberacin del unierso, la hubo mas eleada, comenzara
para el cristianismo una era nuea, una era de salud, de uerza y de gloria, de una
gloria tal que toda gloria pasada palidecera delante de su esplendor`
94
.
Maritain por su parte nos habla de su tercera edad cristiana que estara bajo
un rgimen temporal, un cielo histrico nueo. en que comenzara a
desarrollarse el humanismo integral, el humanismo de la Lncarnacin. y que
no comportara otra teocracia que la del diino amor`
95
.
Mientras Maritain dice que la actual ciilizacin es un estido muy usado,
en el que no se puede coser piezas nueas y que se trata de vva refvvaiciv totat ,
covo .vb.tavciat, ae vv revrer.evevt ae to. rivciio. ae ta cvttvra`
96
. Lamennais escriba:
As como sobre los escombros del imperio romano, y mientras los barbaros
cruzando del norte al medioda, pasaban y repasaban sobre estas astas ruinas,
construy el imponente ediicio de la sociedad de la edad media, as sobre los
restos de este ediicio gastado, leantara otra sociedad que no sera sino la
expresin del estado que por un desarrollo progresio, ha alcanzado, bajo su
inluencia, el gnero humano, desarrollo proporcional de la libertad: porque el
hombre, como el nino, debe crecer en libertad, a medida que crece en
inteligencia. ,No es de esta manera que originariamente el cristianismo,
ecundando poco a poco los grmenes primitios de lo erdadero y del bien
sepultados hasta entonces en la naturaleza humana, aboli la esclaitud y cre lo
que entre nosotros se llama el pueblo Lo que pasa ahora, cualquiera sea la
dierencia que all aporte la mezcla de un principio dierso, pero mas dbil, no
es, en el ondo, sino la prolongacin de esta accin liberadora que se extendera
en los siglos uturos, hasta que el hombre, habiendo recorrido el crculo entero
de su pereccionamiento posible aqu abajo, se transorme, de acuerdo a las leyes
de su naturaleza inmortal, para entrar en un nueo orden de desarrollo que no
terminara nunca porque se cumple en el cielo ininito de la eternidad`
9
.
La condenacin de Lamennais
94
Ibid., II, pag. 431.
95
vvavi.vo vtegrat, pag. 248.
96
vvavi.vo vtegrat, pag. 212.
9
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 431.
,Qu respuesta iba a encontrar en la Catedra Romana, cotvvva , fvvaavevto
ae ta 1eraaa
98
, estas esperanzas de insospechados triunos asegurados a la
conciliacin de la Iglesia con la Reolucin
Como respuesta Gregorio XVI, en la encclica Mirari 1o., del 15 de
Agosto de 1832, condena algunas de las doctrinas deendidas por .revir. As
se lo haca saber a Lamennais el Cardenal Pacca por encargo del Santo Padre, en
Carta que le adjuntaba con dicha encclica, de la que le ue eniada copia
99
.
All se condena el intento de una vvera cri.tiavaaa, por el camino de ta
tibertaa, que, desde entonces aca, ha de cobrar cuerpo en la imaginacin de los
liberales catlicos.
Condena el Papa una Cri.tiavaaa, e.evciatvevte airer.a ae ta veaierat, al
recordad que ta igte.ia vvirer.at recbaa toaa voreaaa , qve, .egvv cov.e;o ae av
.gatv, Povtfice, vaaa aebe qvitar.e ae aqvetta. co.a. qve bav .iao aefiviaa., vaaa vvaar.e,
vaaa avaair.e, .ivo qve aebev cov.errar.e vra. ev cvavto a ta atabra , ev cvavto at
.evtiao. Recuerda asimismo que slo al Romano Pontice ba .iao covfiaaa ta
cov.titvciv ae to. cavove. , qve .to a et covete , vo a otro ;vgar ae to. avtigvo. aecreto.,
covo aice av Ceta.io: e.ar to. aecreto. ae to. cavove., veair to. receto. ae .v. avtece.ore.
ara ateverar, babiaa aitigevte cov.iaeraciv, aqvetta. co.a. cv,a voaificaciv eige ta
vece.iaaa ae to. tievo.. Compare el lector esta ensenanza con lo que Maritain
ensena acerca de la colaboracin del ilsoo y del hombre de accin` para ijar
la ivagev aivavica ae ta fvtvra cri.tiavaaa.
Condena el Papa el intento de erigir una ciudad naturalista al reprobar to.
ae.eo. ae aqvetto. qve ivtevtav .earar ta gte.ia , et .taao , rover ta vvtva covcoraia aet
.aceraocio cov et iverio. Cov.ta ev reraaa, qve to. avaaore. ae ta fat.a tibertaa .e
e.trevecierov avte ta covcoraia, qve .ievre aio vagvfico. re.vttaao., evtre ta. co.a. .agraaa.
, cirite..
Condena el Papa, el intento de ingir una Cristiandad que pueda
estructurarse sin la ayuda del poder temporal subordinado, como instrumento
de los ines espirituales de la Iglesia. .,vaev to. rvcie. -dice- a e.to. vve.tro.
ae.eo. or et bvev eito ae ta. co.a. .agraaa. , rofava. cov .v oaer , avtoriaaa ve. ta
recibierov vo .otavevte ara et gobiervo tevorat, .ivo tavbiev ara aefev.a , cv.toaia ae ta
gte.ia. vtievaav qve cvavto .e bace or farorecer a ta gte.ia .e airige at vi.vo tievo at
biev , a aet iverio, er.vaaav.e va. , va. qve bav ae tever ev va,or e.tiva ta cav.a ae
ta fe qve ta aet reivo, , qve .erav va. gravae. .i, covo aice av ev, .e avaae a .v corova ae
98
I, 1im., III, 15.
99
Dv regive tevoret, pag. 131.
re,e. ta corova ae ta fe. Ya qve bav .iao cov.titviao. covo aare. , tvtore. ae to. vebto.,
aarav a e.to. reraaaera bievavaava , travqvitiaaa, .i airigev e.eciatvevte .v. cviaaao.
ara cov.errar ivctvve ta retigiv ae aqvet evor cv,o oaer e.ta ere.aao or aqvetto aet
.atvo: Re, ae re,e. , evor ae to. qve aovivav.
Condena el Papa el intento de ediicar una civaaa tibertaria al execrar la
ab.vraa , errvea .evtevcia -o mejor dicho delirio-, qve afirva , aefievae ta tibertaa
ae covcievcia , ta tibertaa ae rev.a. .te e.titevte error .e abre a.o, e.cvaaao ev ta
ivvoaeraaa tibertaa ae oiviove. qve, ara covfv.iv ae ta. co.a. .agraaa. , cirite., .e
etievae or toaa. arte., ttegavao ta ivrvaevcia ae atgvvo. a a.egvrar qve ae etta. .e .igve
grav rorecbo ara ta cav.a ae ta retigiv. Y qve eor vverte ara et atva qve ta tibertaa aet
error!, aeca av .gv.tv. Y ciertavevte, qve roto et frevo qve covtieve a to. bovbre. ev to.
cavivo. ae ta reraaa e ivctivavao.e reciitaaavevte at vat or .v vatvratea corroviaa,
cov.iaeravo. ,a abierto aqvet abi.vo aet qve, .egvv rio av ]vav, .vba bvvo qve ob.cvreca
et .o, , arro;aba tavgo.ta. qve aera.tabav ta tierra.
Condena el Papa el intento de ediicar vva civaaa ivaiferevti.ta al reprobar
a los qve iev.av qve .e ra or toaa. arte. at verto ae .atraciv, porque se ha de
tener presente, qve .egvv ta .evtevcia aet atraaor e.tav covtra Cri.to to. qve vo e.tav cov
Cri.to , qve to. qve vo. recotectav cov Cri.to, e.arcev vi.erabtevevte, or to cvat erecerav
ivfatibtevevte to. qve vo tevgav fe cattica , vo ta gvaraev vtegra , .iv vavcba.
Condena el Papa la civaaa aevocrati.ta al rechazar cierta. aoctriva. qve ecbav
or tierra ta fe , .vvi.iv qve .e aebe a to. rvcie., cov to cvat .e fovevta et fvego ae ta
rebetiv; aebe rigitar.e vvcbo ara qve to. vebto. vo .e aartev evgavaao. aet cavivo aet
biev. eav toao. qve, covo aice et ..tot, toaa ote.taa rieve ae Dio. , toaa. ta. co.a. .ov
oraevaaa. or et vi.vo Dio.. .., ve., et qve re.i.te a ta ote.taa, re.i.te a ta oraevaciv ae
Dio. , .e covaeva a . vi.vo. Por tavto, to. qve cov tore. vaqvivaciove. ae rebetiv .e
aartav ae ta fe qve aebev a to. rvcie., qverievao arravcarte. ta avtoriaaa qve o.eev,
aigav cvo ctavav covtra etto. toao. to. aerecbo. airivo. , bvvavo..
Gregorio XVI no deja de adertir, como mas tarde lo haran Po IX, Len
XII, y Po X en su condenacin del ittov, que Debevo. bv.car et origev ae tavta.
cataviaaae. ev ta acciv .ivvttavea ae aqvetta. .ocieaaa a ta. qve, covo ev .evtiva ivvev.a,
ba reviao a arar cvavto ae .acrtego, .vbrer.iro , bta.fevo acvvvtarov ta bere;a , ta
ivieaaa ev toao. to. tievo., reirindose, con toda eidencia, a las sociedades
secretas de la masonera.
Pero Lamennais, en cuya subconsciencia la causa de la lumanidad
prealeca sobre la causa de la Iglesia, estaba terriblemente enganado para
discernir, en un juicio practico saludable, la graedad de sus errores. Mas tarde,
en .ffaire. ae Rove, donde reiere las icisitudes de este su enojoso conlicto con
la Curia romana querra justiicarse, y as escribira: Conencidos que la libertad
a la que aspiran los pueblos cristianos, y que ciertamente constituira ta ba.e ae ta
.ocieaaa fvtvra, te;o. ae e.tar ove.ta at cri.tiavi.vo, no es sino su consecuencia directa,
su desarrollo necesario, creyeron |los de t.revir| serir a la humanidad, que
sure de sus propios esuerzos y de las resistencias que encuentran, tratando de
llear a su uente primitia el sentimiento, en todas partes tan io, que empuja
las naciones a emanciparse. Porque no basta, es claro, derribar los opresores... el
erdadero, el nico remedio, Dios lo ha puesto en ta te, eravgetica destinada a unir
a los hombres por vva fratervat afecciv, que haga que todos ian en cada uno y
que cada uno ia en todos.
`t .revir se propona tambin deender a la institucin catlica... pensaba
que deba ella etevaer .v. race. ca.i .eca. ev et .evo ae ta bvvaviaaa vi.va para beber
all de nueo la saia que le altaba, y que vvievao .v cav.a a ta ae to. vebto., podra
recobrar su igor extinguido, regularizar el moimiento social... a fraterviaaa
vvirer.at proclamada por Jess reanim sbitamente los grmenes marchitos que
Dios haba depositado originariamente... ,Por qu despus de dieciocho siglos
|el pueblo| se desligaba de esta Iglesia sino porque, al menos en apariencia, ella
se haba practicamente apartado de las maximas en que haba iido, en su
origen, una ida tan pujante ,\ qu medio para oler a oler a ser lo que ue
en sus comienzos, para ganar otra ez, con la conianza de las masas populares
su inluencia sobre ellas, sino oler a cobrar uerza en su uente, identiicar sus
intereses, en la medida en que los tuiese propios, con los intereses de la raza
humana, enir en socorro de sus necesidades, ayudarle a desarrollar en todos sus
aspectos y en todas sus consecuencias, actualmente aplicables, et rivciio cri.tiavo
ae ta igvataaa ae aerecbo, cuya realizacin constituye el orden sin el cual ninguna
libertad y la libertad sin la cual ningn orden`
100
. Ll lector puede reconocer aqu
el pensamiento de Maritain cuando dice
101
: No es una situacin jurdica
priilegiada sino vv aerecbo cri.tiavo igvat, en un derecho igual inspirado por su
propio espritu... No es acordando a la Iglesia un tratamiento de aor,
procurando ganarsela mediante entajas temporales pagadas al precio de su
libertad, sino exigindole mas -exigiendo a to. .aceraote. qve ra,av a ta. va.a. , .e
vvav a ta riaa ae e.ta. ara aifvvair ev .v .evo et fervevto aet ravgetio y para abrir los
tesoros de la liturgia al mundo del trabajo y a sus iestas-, exigiendo a las
100
Ver .ffaire. ae Rove, en obra citada, de Lamennais, II, pags. 515-516.
101
e. Droit., pag. 43, ed. cast., pag. 51.
rdenes religiosas que cooperen con las obras de asistencia social y de educacin
de la comunidad ciil, a sus militantes laicos y a sus organizaciones jueniles que
ayuden al trabajo moral de la nacin y desarrollen en la ida social el sentido ae
ta tibertaa , ta fraterviaaa`.
A un siglo de Lamennais, Maritain con su nuea cristiandad` renuea la
tentatia de conciliacin de la Reolucin con la Iglesia como en tiempos de Po
IX hara lo mismo el liberalismo catlico, con su gran jee Montalembert y
como en tiempos de Len XIII los demcratas cristianos y como en tiempos de
Po X Marc Sangnier con el ittov. Pero ello no sera sin mengua de una prounda
y neasta alteracin del concepto mismo de Cristiandad, de las relaciones del
orden natural y del sobrenatural, sin una gloriicacin de la libertad y de la
democracia, en una palabra, sin caer en la rbita de la ciudad de la Reolucin
que, a la postre, no es, como lo insina Gregorio XVI, sino aquel abismo
abierto del que segn io San Juan, suba humo que obscureca el sol y arrojaba
langostas que deastaban la tierra`. ,Apoc., IX, 2,.
Qu error tan terrible y decisio! Lmprender el camino de la Reolucin,
en nombre del Langelio, cuando en la realidad no conduce sino a la
entronizacin del bi;o ae ta eraiciv de que habla el Apstol! ,Cmo se explica
en Maritain equiocacin tan grae Ll mismo nos descira el enigma
102
cuando
escribe: Se puede creer que una de las causas que mas graemente han
debilitado a muchos catlicos modernos y aorecido en ellos el liberalismo, el
americanismo, el modernismo, etc., es la iniltracin en sus almas de los dogmas
masnicos del Progreso necesario, y del optimismo humanitario, pseudo-idea
sentimental que responde al deseo secreto de la naturaleza de aceptar los hechos
cumplidos y que no tiene igual para obnubilar el juicio`.
Pero nadie -ni los ilsoos- pueden eitar la lgica de las cosas, lgica
que Maritain ha expuesto uertemente en su 1beova. condenandose por s mismo
anticipadamente: Quien dice progreso, dice cambio. Siendo el Progreso
absolutamente necesario y teniendo desde entonces la ley del progreso, como lo
hemos isto, un dominio absolutamente uniersal, lo que se llama undamento y
principio sea en el orden del conocimiento, sean en el de la ida moral, debe
eidentemente cambiar como todo lo demas. de donde se sigue que la ley del
Progreso exigiendo el cambio constante de los undamentos y de los principios
admitidos en el pasado, exige tambin que el moimiento de la humanidad hacia
lo mejor, se cumpla por una renoacin ininterrumpida de subersiones, por
102
.vtivoaerve, pag. 20.
tanto de destrucciones. Deberemos decir que el progreso, en cuanto progreso,
suponiendo como lo hemos reconocido la conseracin, bajo un modo u otro,
de las ganancias adquiridas por el pasado, es proundamente cov.erraaor y
positio, pero que el Progreso Necesario, en cuanto expresando una pretendida
ley metasicamente necesaria al dominio uniersal, es esencialmente rerotvciovario
y negatio. La Idea mito del Progreso deora as al progreso real`
103
. As se
expresaba sabiamente Maritain. Por esto su Nuea Cristiandad` deora a la
Cristiandad real como la Reolucin deora a la Ciilizacin Cristiana.
103
1beova., pag. 140-142.
LA NULVA CRIS1IANDAD LSLNCIALMLN1L
DIVLRSA
a ciritiaciv vo e.ta or ivrevtar vi ta civaaa
or eaificar ev ta. vvbe..
,Po X en t ittov,.
Con la condenacin del aevocrati.vo cri.tiavo por Po X en su carta del ittov
desaparece del ambiente catlico, al menos como pensamiento en igencia, la
concepcin tibertaria , aevocrati.ta de una ciilizacin cristiana. Maritain, rodeado
de un merecido prestigio uniersal como ilsoo tomista, rehabilita esta
posicin, alla en 1930, con su Retigiov et Cvttvre.
lasta entonces, Maritain haba sostenido la posicin tradicional de la Iglesia
en obras tan ponderadas como .vtivoaerve, 1roi. Reforvatevr. y Privavte av
iritvet. Ls importante, escriba
104
, integrar el inmenso material de ida
contenido en el mundo moderno, pero coniene oaiar at vvvao voaervo
considerado en aquello que l mira como su gtoria roia , ai.tivtira: ta
ivaeevaevcia cov re.ecto a Dio.. Odiamos por tanto la iniquidad reolucionaria
burguesa que enuele y icia hoy la ciilizacin como odiamos la iniquidad
reolucionaria proletaria que quiere aniquilarla. Ls para Dios y no para la
sociedad moderna que queremos trabajar. Ln in no es de los esuerzos de los
hombres que esperamos la salud sino de aqul del que se ha dicho: ^ec eviv
ativa .vb coeto vovev aatvv e.t bovivibv., iv qvo oortet vo. .atro. fieri.
\ en 1roi. Reforvatevr., aparecido en 1925, Maritain ha senalado en tres
proundos estudios sobre Lutero, Descartes y Rousseau, los jalones de esta
impa independencia del mundo moderno. 1al el secreto de nuestra ida de
hombres que el pobre mundo moderno ignora: nosotros no conquistamos
nuestra alma sino a condicin de perderla, una muerte total es requerida antes
de que podamos encontrarnos. \ cuando nos hemos despojado
erdaderamente, cuando nos hemos perdido y arrancado de nosotros mismos,
entonces todo nos pertenece a nosotros que pertenecemos a Cristo y Cristo
mismo y Dios mismo es nuestro bien. Pero .i retevaevo. evcovtrar vve.tra atva , .i
tovavo. vve.tro ,o or cevtro, vve.tra .vb.tavcia .e ai.ia, pasamos al sericio de las
uerzas ciegas del unierso`
105
.
104
.vtivoaerve, pag. 216.
105
1roi. Reforvatevr., pag. 3.
Maritain escribe
106
: Una nacin cristiana vo veae consolidar su grandeza
sobre principios contrarios a las leyes del Langelio, y sacriicando los intereses
comunes de la repblica cristiana. Lo que de all ha salido para lrancia y para el
mundo ,porque este pecado, lejos de ser propio de lrancia, ha sido tan grande o
mas en otras partes, es el lote de todo el mundo moderno, proceda de una
lgica implacable. la sido muchas eces obserado que los mismos principios
ae iv.vrrecciv ae ta arte covtra et toao que se inocaban contra el Papa, deban
serir necesariamente contra los reyes, y, mas tarde, contra la patria misma.
Nogaret es primo de Robespierre y de Lenn. a revt.a ae .oveter.e a ta gte.ia
aeba covortar vece.ariavevte ta revt.a ae .oveter.e a Dio., y de reconocer sus
derechos sobre el Lstado como tal. Los decretos regalistas de los Parlamentos
son los borradores anticipados de las leyes laicas.
`Sean de derecha o izquierda, las historias de lrancia, tienen necesidad,
bajo este punto de ista, de una seria reisin. Lo hemos dicho muchas eces,
las ideas homicidas que inorman el mundo salido de la Reorma y de la
Reolucin, atteravao to. ae.arrotto. vorvate. qve covtivvabav or otro taao, .ov ta.
forva. caaarerica. ae ta corrvciv aet vvvao cri.tiavo, progresiamente destruido por
la reiindicacin de independencia absoluta ,a.eiaaa, de los polticos y de los
ilsoos, de los reyes y de los pueblos de la edad moderna. Quinientos anos ha,
que comenz nuestra muerte`.
Partiendo del supuesto de que la gloria propia y distintia` del mundo
moderno la constitua su independencia con respecto a Dios, Maritain, que no
quera colocarse sino dentro de los principios catlicos mas rigurosos, no poda
sino oaiar at vvvao voaervo, an cuando reconociera en l alores buenos que
deban ser salados.
Ll mundo moderno, aunque encerrando algunos alores acciaevtate.
buenos, deba sin embargo ser tachado de malo por la e.evcia perersa que lo
constitua. Utpico entonces y peligroso pensar en su conciliacin con la Iglesia.
Lra esta la posicin del ,ttabv..
Muy otra es la actitud que deiende en 1930. Ln deinitia, escribe
10
,
parece que al replegarse sobre s mismo el hombre ha surido como a pesar suyo
el moimiento de introersin propio del espritu, ha entrado dentro de s, y no
para buscar a Dios. Un progreso general de la tova ae ta roia covcievcia, ha
caracterizado as la era moderna. Mientras que el mundo se desiaba de la
106
Privavte av iritvet, pag. 115.
10
Retigiov et Cvttvre, pag. 30.
espiritualidad por excelencia y de este amor que es nuestro erdadero in para ir
hacia los bienes exteriores y hacia la explotacin de la naturaleza sensible, el
unierso de la inmanencia se abra, a eces por puestas bajas, una
proundizacin sujetia descubra a la ciencia, al arte, a la poesa, a las pasiones
mismas del hombre, y a sus icios su e.iritvatiaaa roia, ta eigevcia ae ta tibertaa
se haca tanto mas aguda cuanto mas se apartaba de las erdaderas condiciones y
de la erdadera nocin de la libertad. Breemente, en irtud de la ambialencia
de la historia, la eaaa refte;a, con todas las disminuciones y las prdidas
connotadas por esta palabra, comportaba vv evriqvecivievto ivvegabte, y que se
debe tener por vva gavavcia aaqviriaa, ev et covocivievto ae ta criatvra , ae ta. co.a.
bvvava., an cuando este conocimiento deba desembocar en el inierno interior
del hombre, ctima de s mismo. .te cavivo tevebro.o vo ae;a ae tever .atiaa , to.
frvto. recogiao. at a.ar bav .iao ivcororaao. a vve.tra .vb.tavcia`.
Aqu ya no pone Maritain el acento en esa independencia de Dios` como
constitutio forvat del mundo moderno, ya no dirige en consecuencia la
intencin de sus energas a denunciar esta perersidad esencial para que el
hombre entienda que no puede, or e.te cavivo aet vvvao voaervo, alcanzar la salud
sino que debe covrertir.e, esto es apartarse de ese bien que ama
desordenadamente, y dirigirse al bien inconmutable, del que impa y
unestamente se haba separado, para en Ll amar ordenadamente, integrando en
el orden esencial e inariable de las cosas aquellos menguados bienes y an
progresos que pudieran acciaevtatvevte estar ligados con el mundo moderno,
ahora, por el contrario, pone el acento en esta toma de la conciencia propia`,
en esta ganancia adquirida en el conocimiento de la criatura y de las cosas
humanas` y las insina como constitutio forvat del mundo moderno,
considerando en cambio aquella ivaeevaevcia ae Dio. como algo acciaevtat aunque
de tragicas consecuencias porque le impide la realizacin de sus proundas y
autnticas aspiraciones.
Ln consecuencia ya no hay que odiar al mundo moderno` como deca en
.vtivoaerve sino que, al contrario, hay que acercarse a l con gran compasin y
sobre todo acercarlo a la Iglesia, porque el mundo moderno aspira sin saberlo a
una ciilizacin cuyos principios indica Santo 1omas`
108
. Adirtase que
Maritain en sus obras ltimas contina atacando las posiciones ate.ta. del
mundo moderno, el liberalismo ateo de los siglos XVIII y XIX y el comunismo
ateo, pero no ataca al mundo moderno, en cuanto tal, cree que puede er.ererar si
108
Pag. 41.
cree en Dios, no ataca tampoco al liberalismo, en cuanto tal, es decir en su
intento de querer ttegar at oraev cri.tiavo or et cavivo ae to. aerecbo. o tibertaae. vbtica.
ae covcievcia , ae rev.a, tampoco ataca al comunismo en su tendencia undamental
de querer evavciar ae toaa .erriavvbre al hombre, lo ataca s por su atesmo. As,
por ejemplo, escribe
109
: Lstos errores, que respondan al adenimiento de la
clase y de las ideologas burguesas, lejos de hacer liga con la democracia, son
destructores de la misma`.
Lste eqvroco le ha de permitir mantener con apariencia de lgica, una
posicin unestamente enganosa. Porque, por una parte, si el mundo moderno
es malo porque es ateo, si se bautizara, esto es, si se le despojara del atesmo,
pareciera que ya podra ser bueno. \ entonces continuando los pueblos en la
vi.va tvea aet vvvao voaervo o ae ta Rerotvciv -sin abandonar sus aspiraciones de
emancipacin de toda seridumbre, sin renunciar a las libertades pblicas
modernas, y al deseo de autogobernarse- oleran a la Iglesia y al amor de
Dios. Aqu radica la unesta ilusin. Porque este camino, aunque para uso de los
catlicos sea barnizado o impregnado de una iaeotoga catlica` es ivtrv.ecavevte
pererso y no conduce sino a la ruina. La tesis de Maritain es entonces una
iaeotoga que si bien opuesta a las iaeotoga. rousseaunianas, marxista o
prudhonniana, coincide .vb.tavciatvevte con ellas en la lnea de la Reolucin. \
por lo mismo es proundamente vtica en cuanto pretende llegar a una meta
-la Cristiandad- intrnsecamente imposible por e.e cavivo, y es tambin
proundamente fvve.ta, en cuanto, de hecho y por la lgica interna de las cosas
esta obligada a hacer escolta`, en expresin de Po X, a aquellas perersas
ideologas.
Lsta y no otra ue la posicin de Lamennais, aunque otros hayan sido ev
covcreto los motios que le determinaron a adoptar dicha posicin. Lamennais
tuo la intuicin certsima de que la sociedad moderna, undada sobre la libertad
y la democracia, era un hecho deinitio. Ln .ffaire. ae Rove, donde narra con
lujo de detalles las diicultades que encontr en la Curia romana, maniiesta
claramente su pensamiento: Conencidos -dice- de que la libertad a la que
aspiran los pueblos cristianos, y que ciertamente constituira la base de la
sociedad utura, lejos de oponerse al cristianismo, no es sino su consecuencia
directa, su desarrollo necesario, creyeron |los de .revir| serir a la humanidad
que sure de sus propios esuerzos y por las resistencias que encuentran,
tratando de encauzar hacia su uente primitia el sentimiento, en todas partes
109
Cbri.tiavi.ve et Devocratie, pag. 81, ed. cast., pag. 88.
tan io, que empuja a las naciones a independizarse`
110
.
\ tanto Lamennais como Maritain, partiendo del supuesto de que este
independizarse`, esta toma de conciencia propia` encierra cierto bien,
concluyeron inmediatamente su conciliabilidad con la Iglesia. ,Signiica esto
-dice Maritain
111
- que la concepcin cristiana de la cultura no tiene con el
mundo contemporaneo sino una relacin de incompatibilidad ,Qu no nos
propone otro ideal que el ideal pasado, deinitiamente engullido en la historia,
de los tiempos medieales Ls menester decir, una ez mas, que el curso de los
tiempos es irreersible`. Lamennais, por su parte, deca hermosamente y con
uerza: Nunca se ha isto a la sociedad, a la que el moimiento progresio de la
ciilizacin llea sin cesar hacia delante, remontar hacia su uente. lay que
resolerse por tanto a seguir con ella el curso de las cosas que irresistiblemente
la arrastra y someterse de buen grado a una necesidad que, aunque uera en s
deplorable, no sera por ello menos inencible. Pero ya, por lo que acabamos de
decir, hay que admitir que ni la humanidad en general ni el catolicismo en
particular tiene por qu alarmarse de esta gran transormacin social, donde
debe mas bien reconocerse la accin paternal y continua de Dios sobre el gnero
humano`
112
.
\ Maritain, que inoca tambin la accin proidencial de Dios
113
,
contina: la sabidura cristiana no nos propone oler a la edad media, bacia
aetavte vo. ivrita a ae.taarvo.. hacia una cristiandad en que el ideal o el mito
de la reatiaciv ae ta tibertaa` haya reemplazado al ideal o al mito de la uerza al
sericio de Dios`
114
.
Critica de esta posicin
La posicin de Maritain rente al hecho moderno ha surido un isible
cambio. De una actitud undamentalmente irreconciliable ha pasado a otra
undamentalmente conciliable. ,Ls admisible esta su segunda posicin
Creemos que no y creemos tambin que en el ;vicio ae rator que se ormula sobre
el becbo voaervo radica la cuestin decisia sobre el problema del liberalismo y
catolicismo.
110
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 515.
111
Retigiov et Cvttvre, pag. 40.
112
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 462.
113
Retigiov et Cvttvre, pags. 33 y 40.
114
Dv regive tevoret, pag. 122.
Adertimos que no se trata de airmar que todo lo voaervo sea bueno o
malo. Nadie puede aceptar tal simplismo, como no puede tampoco aceptar que
el rgimen tradicional de ciilizacin cristiana no haya inolucrado, de hecho y
accidentalmente, graes deiciencias. Lo que esta en cuestin es lo siguiente: ,el
mundo moderno, en aquello que constituye su e.evcia, es aceptable para un
catlico o no Cuestin que como se e, depende de esta otra: ,cual es la e.evcia
del mundo moderno`.
\ aqu nos basta admitir que su e.evcia la constituye la ri.e ae cov.cievce,
el unierso de la inmanencia`, la exigencia de la libertad`, la propia
emancipacin`. Si el mundo moderno busca forvatvevte eso, es decir, si en esos
alores coloca ormalmente su elicidad, el mundo moderno es
irremediablemente pererso. Porque ha de buscarse a s mismo como in, ha de
poner la tibertaa como tal, esto es en la pura ruptura de .erriavvbre., en la
destruccin de ataduras, en cuanto ataduras, la medida de su pereccin. \ todo
ha de condicionarlo a la tibertaa, erigida como in. \ de nada serira para
justiicar su condicin que admitiera a Dios, porque lo habra de admitir en
tanto en cuanto ayudara a su libertad y lo rechazara en tanto en cuanto podra
contrariarla. Porque si admitiera a Dios como in nico y supremo tendra que
renunciar a su propia esencia que se nutre de la libertad, buscada como in. \ no
quiera argirse que el mundo moderno busca la tibertaa, as en abstracto, pero
como la libertad es Dios, el mundo moderno, sin saberlo, busca a Dios. 1odo
estara en mostrarle que la tibertaa que busca se encuentra en Dios para que
hubiera de apartarse de la senda equiocada que la han senalado los soistas del
siglo XVIII y se encauce, sin abandonar las aspiraciones que le instan, por la
ruta de su erdadera grandeza. Porque aunque en Dios haya libertad ella no
constituye ormalmente a Dios. Dios es la Plenitud de Ser, la Plenitud de
Verdad, la Plenitud de Bien. Mientras la libertad no se concibe sin la
inteligencia que delibera, la inteligencia se concibe sin la libertad, la inteligencia
es por tanto primera, la libertad es deriada`
115
. La libertad esta siempre y
necesariamente en uncin de la sabidura de acuerdo a la metasica del Doctor
Anglico compendiada en aquello que dice: La raz de toda libertad estriba en
la razn`
116
. La libertad e.evciatvevte covaiciovaaa, se halla en Dios en la medida
que lo consiente la plenitud de la Verdad. Pero la Verdad como el Ser y como el
Bien se halla en toda plenitud, sin ninguna condicin. De aqu la palabra del
115
Garrigou-Lagrange, ibid., pag. 353, 604-59.
116
De reritate, q. XXIV, 2.
Senor: i er.ererai. ev vi aoctriva, .erei. reraaaeravevte ai.cvto. vo.. Y covocerei. ta
reraaa , ta reraaa o. bara tibre.
11
.
Luego slo la plenitud de erdad libera. La erdad buscada como in. Dios
buscado como in. Ll hombre .e tibera cuando busca la propia integracin en la
plenitud de la Verdad que es Dios. Camino diametralmente opuesto a la busca
de la pura libertad, a la emancipacin de ataduras, pues segn la ensenanza del
Salador: Qviev vo carga cov .v crv , ve .igve, vo e. aigvo ae v. Qviev bv.ca .v atva
ta eraera, , qviev eraiere .v atva a cav.a va, ta evcovtrara
118
. Ls claro que el diino
camino de la Verdad -y slo l- conduce a la erdadera libertad de acuerdo a
aquello de San Pablo: Porqve et evor e. .ritv: , aovae e.ta et .ritv aet evor, att
ba, tibertaa
119
.
Pero si en lugar de buscar la Verdad se busca ta tibertaa como tal, o sea la
propia emancipacin, la propia dignidad, se camina hacia la perdicin. Lucier,
el primero entre los angeles -dice San Buenaentura
120
- presumiendo del bien
propio, apeteci la propia excelencia, queriendo ser preerido a los demas, por
eso cay con los que con l consentan`.
Ln esta apetencia de la propia dignidad, tomada como un in en s,
consisti asimismo el pecado de Adan
121
.
Lse camino conduce a la ruina. Por esto el Salador ensenaba: qviev qviere
.atrar .v atva, ta eraera
122
. San Pedro condenaba a los libertarios de su tiempo
cuando deca: rovetievaote. tibertaa cvavao etto. vi.vo. .ov e.ctaro. ae ta
corrvciv
123
.
De aqu que el mundo moderno, cuya vota ai.tivtira , roia, segn el
mismo Maritain la constituye esta independencia con respecto a Dios, esta
rebelin esencial y permanente a la Diina Verdad, rente a la cual se erige como
una personalidad que encuentra en s la plenitud del conocer y del determinarse,
es esencialmente y sin remedio pererso. Por esto el exponente maximo del
mundo moderno es Kant, quien hace del hombre una personalidad moral que
encuentra en s mismo su in completo. Ln adelante el animal razonable no se
a a apoyar sino sobre s mismo, su piedra angular no sera ya Cristo. Ll espritu
11
Juan, VIII, 32.
118
Mt., X, 38-39.
119
II Cor., III, 1.
120
reritoqvivv, c. 6.
121
II. II, q. 163.
122
Lc., IX, 24.
123
II, carta III, 19.
de independencia absoluta, que, en deinitia, le llea a reiindicar para s mismo
la a.eiaaa y que se puede llamar el espritu de la Reolucin anticristiana, se
introduce ictoriosamente en Luropa con el Renacimiento y la Reorma,
substrae al orden cristiano, alla la sensibilidad y todas las curiosidades del
espritu, aqu la espiritualidad religiosa y la oluntad, y tiene por propsito
reemplazar en todas partes el culto de las tres Personas diinas por el culto del
yo humano. Reprimido en el siglo XVII, lanzado en el XVIII y en el XIX a la
conquista del unierso, serido con perseerancia y habilidad por la contra-
Iglesia masnica, logra xito en apartar a Dios de todo lo que es centro de poder
o de autoridad en los pueblos`.
Lste analisis del mundo moderno que Maritain ormulaba
124
, cuando su
inteligencia, tanto especulatia como practica, se conseraba intacta de
iniltraciones reolucionarias, coincide con lo que la Iglesia, con una
perseerancia admirable, iene ensenando desde el Concilio 1ridentino hasta el
actual Pontice y que esta condensado en la proposicin condenada del ,ttabv.
que dice: t Povtfice Rovavo veae , aebe recovcitiar.e , trav.igir cov et rogre.o, et
tiberati.vo , ta ciritiaciv voaerva.
Si tan radical es la incompatibilidad de la esencia prounda que agite las
entranas del mundo moderno con la naturaleza del catolicismo que es una
sujecin humilde de la creatura a la Voluntad del Primer ser, ,en qu puede
undarse Maritain para airmar ahora que e.te cavivo tevebro.o vo ae;a ae tever
.atiaa y que el mundo moderno a.ira .iv .aberto a vva ciritiaciv ae tio cri.tiavo,
e.boaaa or avto 1ova..
125
. Sin duda que el hombre, y lo mismo dgase de los
pueblos, mientras estan en estado de peregrinacin tienen curacin, pero la
tienen no quedando en el camino por donde yerran sino olindose de l, bajo
la mano de la diina misericordia, y conirtindose a Aquel contra quien
pecaron. o. vebto. -no el mundo moderno- pueden ser curados. Pero para
ello bav ae recbaar aquellos principios de independencia absoluta que constituyen
sus principios de muerte. ,\ qu es renunciar a esos principios sino renunciar al
mundo moderno mismo Si el pecado capital de los pueblos otrora cristianos, es
haber rechazado et aerecbo vbtico cristiano, que pona en la cspide de todos los
alores de ciilizacin los intangibles derechos de Dios, de que la Santa Iglesia
es depositaria y de haber erigido en su lugar como norma suprema de ida los
Derechos del lombre, ,cual puede ser el comienzo de su salud sino que eche
124
.vtivoaerve, pag. 198.
125
Retigiov et Cvttvre, pag. 41.
lejos de s esa soberbia, encarnada en lo que se llama mundo moderno, y se
uela hacia Aquel que es su salud, diciendo 1ibi .oti eccari. Covtra ti .oto be ecaao.
Los pueblos habran logrado entonces su salida, pero habran dejado de .er
voaervo.. ,Quiere decir Maritain que esta uelta a Dios no comportara para los
pueblos la renuncia de ninguna ganancia autntica, sino al contrario, una
consolidacin de las erdaderas y legtimas conquistas Magnico, esta es la
erdad que incansablemente iene predicando a los pueblos modernos la Santa
Iglesia. Pero no se les quiera enganar con la ilusin de que no habran de quemar
los dolos que adoran. No quiera sugerrseles que su curacin podra tener lugar
sin una rofvvaa rvetta a la substancia de los alores de cultura y de ida de los
que han renegado.
Lste intento de sublimar la libertad y pretender por .v cavivo llegar a la
Cristiandad, implicara la perersin de los principios practicos de la erdadera
ciilizacin y de la erdadera Cristiandad. Principios reguladores que no han de
perderse de ista en el examen de los errores maritainianos. Aqu hemos de
adertir que si Maritain en sus libros posteriores a Retigiov et Cvttvre,
particularmente en su Dv regive y vvavi.ve vtegrat se limita a una labor de
ilsoo de la cultura, senalando qu orientacin llean las corrientes que agitan
a los pueblos modernos y, en consecuencia, cmo ha de resultar el mundo del
manana, llamesele cristiandad, ciilizacin, cultura, democracia, ciudad raternal,
nada reprensible podramos senalar en ellos, desde el punto de ista de la
doctrina catlica, en que nos colocamos. Maritain podra estar acertado o
equiocado, pero ejercera un legtimo derecho. Pero consta, con toda certeza,
que no es esta su actitud. re.avevte lo airma el mismo Maritain cuando
presenta su iaeat bi.trico covcreto como un objeto apto a ser qveriao ,Maritain
subraya, plena e ntegramente, y a arrastrar eicazmente hacia s, a inalizar
eicazmente las energas humanas, que tenderan hacia l, de una manera tanto
mas ia, cuanto la oluntad se lo propondra en su integridad`
126
.
Maritain asume, conscientemente, el papel de creaaor de una nuea
cristiandad. Por esto, despus de haber indicado el caracter vorvatiro del ideal
histrico concreto, senala que corresponde al ilsoo y al hombre de accin
ijar, cual debe ser para el cristiano, siendo un hecho la edad en que entramos,
este ideal histrico concreto, esta imagen dinamica del uturo`
12
, pretende, en
consecuencia, elaborar una poltica, una economa, una sociologa. que
126
Dv regive, pag. 131.
12
Ibid.
desciendan hasta lo practicamente practico` y determinar qu hay que hacer al
presente para la salacin temporal de los hombres: lo que se traduce, sobre el
plan de la accin misma, en el hecho, para aquellos que pretenden guiar a los
otros, a estar y a sentirse prontos a ejercer ,suponiendo que las circunstancias lo
permitan, inmediatamente el poder`
128
. \ para que no pueda quedar duda,
destaca la decisin de Lenn y de 1rostsky, antes del moimiento de octubre,
anadiendo: laciendo abstraccin de la naturaleza de los medios empleados, as
coniene a los hombres de accin estar prontos, sean catlicos, o marxistas. Si
tienen miedo de encer, entonces ,para qu conducir las tropas y pedirles
combatir`
129
.
Ln consecuencia Maritain, con su nuea Cristiandad, lo mismo que
Lamennais con su campana de .revir, se erige en caudillo de la accin
temporal de los cristianos`, iniciando una Reolucin mas reolucionaria que
la misma Reolucin, como apunta en ettre .vr tivaeevaevce
130
.
1eniendo bien presente esto, imagnese el lector la graedad que enuele
el que esta Regta ae Covavcta que erige Maritain para los cristianos, en su actiidad
temporal -,y qu hay en la ida de los hombres que no sea temporal- se
aparte de la Regta ae Covavcta propuesta por el Magisterio de la Iglesia para
regular las acciones de los cristianos. Veamos entonces primeramente cual es la
Regta ae Covavcta que ha de inalizar las acciones de los cristianos.
Concepto de civilizacin
Ciilizacin iene de cirita., ciudad, porque la ciudad orece condiciones de
pereccionamiento que, de suyo, no puede encontrar el hombre en la soledad.
Precisamente en la ciudad se aunan los esuerzos de cuantos en ella se han
albergado con el propsito de acrecentar los alores humanos de ida. La ciudad
es eecto y causa de pereccionamiento. Lecto porque surge de la comn
concurrencia de los que han alcanzado y buscan la pereccin, causa porque
tiende a proporcionarla a los muchos que en su busca acuden a ella.
lay quienes juzgan sinnimos los ocablos ciilizacin y cultura. Pero,
aunque grandes sean las conexiones que entre ellos existen, no pueden
considerarse idnticos. Cultura, de cotere, cultiar, pareciera indicar la actiidad
128
Ibid.
129
Ibid.
130
ettre .vr tvaeevaevce, deux. ed., pag. 65.
del hombre aplicada a la humana naturaleza para que sta rinda los rutos de que
es capaz, as como se dice cultio de la tierra, al esuerzo del hombre a ella
aplicado. La cultura connota preerentemente el pereccionamiento de la
personalidad humana, mientras la ciilizacin contempla primeramente el de la
sociedad. Diramos entonces, que el hombre busca su cultura en la ciilizacin,
para signiicar que la cultura surge como una conquista del esuerzo libre y
personal del hombre, lograda con la ayuda de la ciilizacin, que ha puesto a su
alcance los medios para alcanzarla.
Lo cierto es que el concepto de ciilizacin ha de ijarse en uncin del
hombre. Medir su alor tan slo en atencin al grado de aproechamiento de las
energas naturales, como nuestro Sarmiento que motej de barbarie todo cuanto
a esto no condujera, importa una grosera aberracin. Si la ciilizacin slo tiene
lugar entre humanos, si es ruto de sus esuerzos y se endereza a su elicidad,
nada mas elemental que tratar de ijar su naturaleza y lmites de acuerdo a las
leyes que regulan el pereccionamiento del hombre. Para saber cual haya de ser
la ciilizacin, habremos de establecer preiamente cmo es el hombre, y qu
busca en la ciilizacin. No precisamente qu busca, ae becbo, muchas eces, sino
qu busca, ev atevciv a ta. eigevcia. vi.va. ae .v .er. De becbo, podra desiarse,
pero si an entonces, en las mismas desiaciones, descubrimos tentatias
rustradas de un anhelo proundo e irrerenable que le muee en la busca de su
propio bien, de aquel bien que, logrado, pueda darle la paz y la elicidad, sera
que este bien constituye la meta y regla de su elicidad. ,Cual es, pues, ese bien
supremo que busca el hombre en la ciilizacin, que le busca cuando se acerca a
cada uno y a todos los bienes particulares
Un analisis elemental, pero certero nos descubre inmediatamente que el
hombre, en medio de la dierssima complejidad de tendencias a que esta
sometido, guarda una rigurosa unidad jerarquica. lay en l operaciones sico-
qumicas que le son comunes con todos los otros cuerpos que emos en la
naturaleza, las hay tambin operaciones itales de ndole puramente egetatia,
como las de la asimilacin y crecimiento, que le son comunes con las plantas, las
hay asimismo sensitias como las que emos en los animales y las hay, por in,
que le son propias y distintias, como las de entender y querer. No obstante la
complejidad de estas actiidades y tendencias el hombre es una perectsima
unidad.
|vo e., con unidad de naturaleza, aunque sea ella compuesta de dos
principios tan incompatibles como el cuerpo y el alma, uno, con unidad de
persona, porque todos sus actos son atribuidos a un mismo yo` que perseera,
idntico a s mismo, a tras de las cambiantes ariaciones de la ida, uno, con
unidad de orientacin y de destino, porque todo cuanto hace se encamina hacia
una nica y suprema meta, que es la bsqueda de la Verdad y del Bien.
Pero la complejsima unidad de esta substancia espiritual que es el hombre,
un horizonte en que coninan las criaturas espirituales y corporales, nos presenta
la tremenda situacin de un ser que, no obstante estar destinado a una plenitud
de Verdad y de Bien, se encuentra en la mayor indigencia. Lsta hecho, s, para
toda Verdad y Bien y hacia ella tiende con toda la uerza de su ser, pero iene al
mundo en total priacin de toda Verdad y de todo Bien. Ln una ardua y
progresia conquista ha de ir adquiriendo perecciones puramente materiales
primero, para por medio de stas alcanzar las de su ida aectia y sensitia, y
tambin luego, a tras de stas, las de la ida intelectia y culminar inalmente,
ya en la edad perecta de su ser, en la plena contemplacin de la Verdad.
Si el hombre en total indigencia de toda pereccin y con un anhelo
irresistible de ella busca en la ciilizacin los medios que se la proean, debe sta
reunir en s -concretada en instituciones, leyes y costumbres- aquella
complejsima riqueza de bienes que el hombre apetece, ordenados en aquella
unidad jerarquica segn la cual los apetece. De aqu, que sea tan importante
senalar no slo la necesidad de estos bienes, sin omitir ninguno, sino tambin la
proporcin y medida en que deben ser suministrados.
La escala de los valores civilizadores
segn Santo 1oms
Santo 1omas ha establecido en la vva covtra Cevtite., con una luminosa
precisin la regla que mide el pereccionamiento del hombre. Despus de
explicar con copiosas y decisias razones que la humana elicidad no consiste en
los deleites del cuerpo, ni en los honores, o en la gloria humana, ni en las
riquezas o en el poder, en la salud, hermosura y igor del cuerpo, ni en los
deleites sensibles y ni siquiera en la practica de las irtudes morales o en la
prudencia o en la produccin de obras artsticas o tiles, termina diciendo que
la suprema elicidad del hombre inca en la contemplacin de la erdad`. \
anade estos parraos que alen por todo un tratado de ciilizacin. . e.ta ve.,
;ta covtevtaciv ae ta reraaa), arecev oraevar.e covo a .v fiv toaa. ta. oeraciove.
bvvava.. Porqve a ta covtevtaciv erfecta .e reqviere ta ivcotvviaaa aet cvero, a ta cvat
e.tav oraevaaa. toaa. ta. roavcciove. aet bovbre vece.aria. ara .v riaa. e reqviere
tavbiev et .o.iego ae ta. ertvrbaciove. ae ta. a.iove. et cvat .e obtieve or veaio ae ta.
rirtvae. vorate. , ae ta rvaevcia , et .o.iego ae a.iove. eteriore., at cvat .e oraeva toao et
regivev ae ta riaa cirit, ae tat .verte qve .i .e cov.iaerav rectavevte, toao. to. bvvavo. oficio.
arecev e.tar at .erricio ae to. qve covtevtav ta reraaa
131
.
\ como inmediatamente surge al espritu, a qu erdad contemplada se
reiere aqu el Doctor Anglico, se adelanta l mismo a maniestarnoslo,
diciendo: No es, empero, posible que la ltima elicidad del hombre consista en
la contemplacin que tiene lugar en la inteligencia de los principios, la cual como
sumamente uniersal, es imperectsima y no contiene sino, en potencia, el
conocimiento de las cosas, y la cual no es trmino sino inicio del estudio
humano, deriada en nosotros de la naturaleza y no del estudio, tampoco puede
ella consistir en la contemplacin que tiene lugar en las ciencias, que ersan
sobre las cosas ineriores, cuando es menester que la elicidad estribe en la
operacin del entendimiento con respecto a los mas nobles inteligibles. ^o qveaa
.ivo evtovce. qve ev ta covtevtaciv ae ta .abiavra qve rer.a .obre ta. co.a. airiva. cov.i.ta
ta .vreva feticiaaa aet bovbre
132
.
Ln esta doctrina, tan lmpidamente expuesta por el Doctor Anglico, hay
un leantamiento de todas las actiidades del hombre, las que son orientadas
hacia la ocupacin mas eleada, de la que ste es capaz, es a saber, a la
contemplacin de la Primera Verdad. A esta diina ocupacin esta llamado el
hombre por los esuerzos y apetencias de su naturaleza espiritual, que no puede
saciar sino all sus ansias de plenitud de Verdad. Mientras no llegue a alcanzarla,
ha de sentirse necesariamente alto e insatisecho y sin erdadera elicidad.
Podra quizas objetarse que esta elicidad aqu propuesta por Santo 1omas
no puede lograrla perectamente ningn hombre en la ida presente, pero
aunque as sea, siempre sera erdad que aquella imperecta elicidad, de que es
capaz en la ida presente no podra ser tal sino en la medida en que est
condicionada por aquella regla de autntica pereccin. Porque si en la ida
presente no puede haber plenitud de elicidad es precisamente porque no puede
el hombre cumplir perectamente en ella las condiciones de su adquisicin, pero
131
Ver los captulos 25 al 63 del libro III.
132
III, c. 3.
nunca porque una sea la regla de la elicidad en este mundo y otra, muy diersa,
en el otro.
Si ello es as, si la misma regla es aledera para la elicidad del hombre en
esta y en la otra ida, se sigue que en todas sus acciones, aun en aquellas, que
por su naturaleza, pueden aparecer mas alejadas, debe guiarse el hombre
nicamente por ella. Lsta regla constituye con toda erdad un ordenamiento
total del hombre, y llea por lo mismo implcita una concepcin completa de su
ida.
La ida total del hombre ha de descansar como en primera y undamental
erdad -erdad no puramente terica sino practica, para ser iida- en Dios,
posedo en la diina contemplacin. lacia all deben ordenarse totalmente todas
las actiidades, sean econmicas, polticas, culturales o artsticas. Dios es la meta
necesaria del hombre. La norma suprema y nica que regula todas las acciones
de su ida. \ adierta el lector que estamos hablando en una consideracin
puramente vatvrat, esto es, atendiendo nicamente a los constitutios naturales
del hombre que le corresponden en irtud de las exigencias de su pura
naturaleza, esta contemplacin de Dios, a la que nos estamos reiriendo, no es la
isin intuitia de los bienaenturados que gozan actualmente en el cielo, pero
es una erdadera contemplacin, posesin y ruicin de Dios.
Adirtase tambin que rechazar a Dios como suprema y total regla de la
ida del hombre implica vece.ariavevte colocar en su lugar otra suprema regla de
ida que sera o el trabajo, o el placer, o el dinero o el poder, es decir una
criatura. Sin regla suprema y total no puede desenolerse la ida del hombre
que es primordialmente una unidad. La alternatia es irreragable: o el hombre
sire a Dios, sometindole toda su ida, o sire a las cosas que no son Dios.
1oda otra solucin que quiera excogitarse, todo intento de transaccin, de
acomodamiento, no puede sostenerse, porque en la medida, en que no se
someta a Dios, se aparta de Ll y, en consecuencia, de su elicidad. Por otra
parte, implica establecer una quiebra, una escisin en el hombre que es una
unidad, el colocar en l, dos ltimas reglas de ida, dos caminos de progreso,
Dios en unas cosas, las criaturas en otras.
Dios constituye entonces el principio del pereccionamiento esencial del
hombre. Ll hombre no se perecciona, no adquiere acrecentamientos de su ser,
en la misma lnea humana, sino cuando progresa en ese camino de la posesin
de Dios. Podra s adquirir perecciones acciaevtate., cuando se aparta de Dios, y
as, puede el hombre, uera de Ll, progresar en las tcnicas, y en las ciencias
humanas, pero entonces, en la pura tvea bvvava no habra ningn progreso.
antes bien, sucedera que esos pereccionamientos acciaevtate., no ordenados a la
pereccin e.evciat del hombre le han de disponer para acelerar un proceso de
apartamiento de Dios y por lo mismo de regresin. \ sucedera entonces que
inatuado el hombre con su progreso parcial y accesorio ira cayendo, cada ez
mas proundamente, en el abismo de la abyeccin. Aquellas perecciones
tcnicas, por ejemplo, legtimas en s y que ordenadas como dispositios para un
mejoramiento del bienestar material del hombre, podran asegurar un
mejoramiento moral de la colectiidad humana, y una ascensin, por tanto, mas
rapida y acil de un mayor nmero en el conocimiento de Dios, constituidas en
cambio como teniendo alor en s y para s, como un in ltimo, no podran sino
trastocar toda la ida del hombre, hacindola marchar en sentido inerso al de
su erdadero pereccionamiento. De aqu que sea tan undamental atender a esta
regla suprema de pereccin humana que ija la escala de los erdaderos alores
de ciilizacin.
Lste principio regulador establece una jerarqua en todas las actiidades
humanas cuyo alor habra de medirse por el grado de acercamiento o de
preparacin que con l tengan. Porque si el in supremo del hombre lo
constituye la contemplacin de Dios, se sigue que la uncin mas alta de la ida
humana ha de corresponder al sabio que esta sumergido en esta diina
ocupacin.
\ detras del sabio completo, todos los que de l participan que son
aquellos que contemplan la erdad en sus grados mas imperectos, propios de la
lilosoa y de las ciencias particulares como las matematicas, las ciencias sicas,
detras de stas han de enir los que llean a la practica esta erdad, ya en sus
propias idas, ya en la colectiidad social: erdad realizada que constituye el
dominio de la rirtva y por ende, del ottico, y detras ha de enir el dominio de lo
econmico, esto es de los requisitos materiales de la existencia sujeta a las
condiciones de vece.iaaa.
La naturaleza de estos dominios, tanto en su condicin interna cuanto en
uncin del hombre, determina una ordenacin jerarquica ineludible. Lo
econmico o dominio de la necesidad debe someterse a las regulaciones de la
irtud y la irtud, a su ez, a las exigencias de la erdad. La jerarqua -Verdad -
irtud - necesidades - corresponde a la de - sabio - poltico - econmico -
y una y otra se undan en las exigencias mismas del ser. La necesidad no puede
lograr categora bvvava, sino recibe la regulacin de la irtud y sta no puede
constituirse en caracter de tal sino surge como una ordenacin de la razn, y la
razn carece de undamento slido sino es airmada por la Verdad subsistente.
1al la conormacin del hombre que no puede pereccionarse en su
estructura sica sino por la incorporacin de bienes materiales, sujetos a las
necesidades, ni en su estructura moral sino por el cumplimiento de la ley, ni en
su estructura espiritual sino por una total adecuacin a Dios, tal su
conormacin que de todas las cosas necesita para su pereccionamiento y que
estas mismas cosas le empujan irresistiblemente a buscar en Dios la plenitud de
su pereccin, tal su conormacin que todo en l conspira para que pueda
cumplir la operacin mas alta de su ser que es la de entender en el acto mas alto
de esta misma operacin que es la de entender a Dios, el mas alto y soberano
inteligible, tal su conormacin, que encierra un misterio ontolgico porque su
elicidad esta hecha necesariamente a medida de Dios y no del hombre, esto es,
que la posesin de Dios nicamente puede colmar las apetencias innatas de su
inteligencia hecha para la Verdad y de su oluntad hecha para el Bien.
Las tres funciones de valores de una civilizacin
Una ciilizacin que merezca el nombre de tal se constituye por la
subordinacin jerarquica de los tres alores mencionados. Ll sabio que
considera la erdad, el poltico -rey o gobierno, cualesquiera sean los regmenes
de suyo secundarios y accesorios- que se propone imponer la irtud, el
econmico ,comerciante, artesano, agricultor, que cuida del bienestar del
cuerpo. La sabidura para la inteligencia, la irtud para la oluntad, la salud para
el cuerpo. La libertad donde se muee el saber, la uerza que ayuda a la irtud, la
seridumbre o necesidad que rige la proisin de bienes corporales. La cultura
que perecciona el espritu, la poltica que gobierna el alma, la economa que
satisace las necesidades materiales. \ los tres smbolos que encierran todo lo
humano, esto es, el Saber, el Poder, y la Riqueza.
Si el hombre busca en la ida ciilizada su pereccin, y si sta encierra
alores econmicos, irtuosos y contemplatios, estos tres bienes ordenados
progresiamente, han de hallarse en la autntica ciilizacin.
De acuerdo a esta escala de alores aparece claro que el hombre no se
tibera sino cuando proisto de los recursos materiales y sosegado en su interior y
exterior, entra en la contemplacin de la Verdad. La cultura, el humanismo que
no merece el nombre de tal si no culmina en la posesin del Soberano Bien, esta
por encima de la poltica, la presupone necesariamente y la dirige como la
contemplacin dirige y gobierna la accin. La poltica por su parte presupone la
economa y tambin la dirige como la tica regula las uerzas mecanicas e
instintias del hombre.
Ln esta subordinacin jerarquica estriba la salud de estos alores y de toda
ciilizacin. Si la Cultura rompe el lazo que la une con Dios, Primera Verdad, se
constituye en in en s, y se rofava, lleando la rebelin y la anarqua al dominio
del Saber. Sin el Primer Inteligible todo entender se trueca ininteligible. La
ciilizacin queda entonces entregada a la pura uerza del Poder. Ll poder
poltico pierde su razn de iv.trvvevtatiaaa y se conierte en in en s. \ como
erigido en alor absoluto, el poder poltico, cuya esencia es serir, no puede
mantenerse, es necesariamente suplantado por las uerzas ineriores de lo
econmico y la sociedad, presa del materialismo, camina hacia la desintegracin.
Ls condicin necesaria para que una ciilizacin pueda mantenerse en su
propio ser que, a tras de todas sus relaciones y estructuras itales, una uerza
de unidad uniique en la contemplacin de la Verdad toda la dierssima
complejidad de operaciones y unciones humanas. Si la Verdad no logra
mantener el centro de la unidad en el conjunto social, pronto se constituira otro
principio de unidad, que sera el Poder o el Dinero, el Placer o el 1rabajo. Pero
esa sociedad descentrada de su erdadero in quedara a merced de rebeliones
proundas que acabaran por ragmentarla y disolerla en un proceso sin in de
anarqua y tirana.
Ln este proceso de desintegracin una vorva ae covrirevcia .ociat -la
contemplacin de la diina Verdad- sera substituida por otra e.evciatvevte diersa
-el Poder, el Dinero, el 1rabajo- y la sociedad, si se quiere la ciilizacin, en un
empleo menos riguroso del trmino, podra decirse abusio, cambiara
e.evciatvevte en la medida en que deja de ajustarse a las condiciones esenciales de
su propio ser: la nuea ciilizacin sera vece.ariavevte perersa. Podramos
tambin senalar aqu que una sociedad puesta bajo el signo del Dinero, como la
mercantil de Inglaterra-Lstados Unidos, o bajo el signo del 1rabajo como la
comunista de Rusia, sera necesariamente atea, porque an cuando el comerciante
y el trabajador puedan creer en Dios, creeran en Ll no en cuanto comerciante ni
en cuanto trabajador sino porque son hombres, esto es porque son mucho mas
que comerciante y trabajador. Luego una sociedad que erige como alor
supremo de ida el Dinero o el 1rabajo, es necesariamente atea, en cuanto
ciudad.
Si el hombre pues hubiera sido creado en el estado que llaman los
telogos de pura naturaleza, la ciilizacin reunira en s, jerarquicamente
subordinados, bienes del cuerpo, bienes polticos y bienes culturales y religiosos.
Ll poder poltico, aunque estara en la cspide de todos los alores humanos,
como expresin de la comunidad humana, y como culminacin de todas las
instituciones y sociedades llamadas a procurar los bienes del cuerpo, del alma y
del espritu, estara subordinado a las leyes de la razn, y, sobre todo, a Dios
Primera Verdad y Primer Bien, cuyos derechos constituiran el undamento de
todos los otros derechos y obligaciones. 1odo arrancara de Dios y todo
conducira a Dios porque la ciilizacin, destinada a pereccionar al hombre no
hara sino inducirle a ponerse en conexin con la uente misma de toda Verdad
y de todo Bien.
Ln esa Sociedad reinara, por encima de todos, el lilsoo -no el pseudo-
ilsoo y mucho menos el periodista- quien ya pereccionado y liberado
comunicara especialmente al Poltico, al Prudente, las conclusiones practicas,
oerabte., de su contemplacin para que ste, a su ez, con la disciplina de las
leyes, leantara a la multitud popular, en la medida de lo posible, a la
participacin de la ida contemplatia del ilsoo.
Pero el hombre, en la condicin actual en que ha sido creado no puede
por las solas uerzas de su naturaleza realizar este estado de pereccin exigido
por una ciilizacin humana. Ll hombre no puede ser erdaderamente bovbre
dejado al arbitrio de su sola oluntad. \ si es erdad que Dios podra haberle
asegurado el uncionamiento de su condicin humana por una concesin
gratuita de dones extraordinarios, puramente naturales, tambin es cierto que no
le concedi tales dones sino eteravaoto a una condicin ininitamente superior en
que ue constituido participante de la misma naturaleza diina. Ll estado en que
ue creado, llamado de ;v.ticia origivat le garantizaba la plena integridad humana y
la eleacin diina.
Ln este estado poda el hombre, en irtud de auxilios gratuitos que
pereccionaban su naturaleza cumplir acil y plenamente con su in natural que
es la contemplacin bvvava de la Diina Verdad, y poda tambin en irtud de
dones estrictamente sobrenaturales entrar en la misma sociedad Diina y tener
acceso a la contemplacin airiva de la Diina Verdad.
La justicia original era un don gratuito, eteravte acordado por Dios como
un accidente de la naturaleza especica que, si bien no era causado por los
principios de la especie estaba a ella unido gratuitamente`
133
. Don que deba
propagarse en el acto de la generacin a todos los descendientes del Primer
hombre juntamente con la comunicacin de la especie humana, pero al perderlo
Adan con su prearicacin, comunic a sus descendientes una naturaleza
destituida de la justicia original en que ue creada y por tanto una naturaleza
cada y afectaaa ae cvta, en cuanto riraaa de un don que por institucin diina le
corresponde. Desde entonces el hombre nace sin la eleacin sobrenatural y sin
la integridad humana. No es diino ni plenamente humano. Ll hombre nace
enermo y herido en su naturaleza.
Lstado de enfermedad del
hombre actual
Santo 1omas expone claramente cuales son las heridas abiertas en los
lancos del hombre existencial y concreto, tal como iene a este mundo.
Por la justicia original -dice Santo 1omas- la razn contena
perectamente las uerzas ineriores del alma, y la misma razn, sujeta a Dios,
era por Ll pereccionada. Pero la justicia original se perdi por el pecado del
primer Padre, como ya se dijo ,q. LXXXI, a. 2.,. \ por esto todas las uerzas del
alma permanecen en cierto modo destituidas del propio orden, que
naturalmente las conorma a la irtud, y esta destitucin se llama heridas de la
naturaleza. Son cuatro las potencias del alma donde pueden residir como en
sujetos las irtudes, como se dice arriba ,q. LXXIV,, es a saber la razn donde
reside la prudencia, la oluntad en que se asienta la justicia, el irascible donde
radica la ortaleza, el concupiscible donde se sujeta la templanza, la razn
destituida de su propio orden a la erdad, queda herida de ignorancia, la
oluntad sin orden al bien, queda herida de malicia, el irascible sin orden a lo
arduo queda herido de la debilidad, y la concupiscencia destituida del orden a lo
deleitable moderado por la razn, queda herida de la concupiscencia. As pues
son estas las cuatro heridas inligidas a toda la humana naturaleza a
consecuencia del pecado del Primer Padre`
134
.
Ln consecuencia el hombre, abandonado a sus propias uerzas, tiende a
declinar hacia el error y hacia el mal
135
. La impotencia moral del hombre para
133
I. II. 81,2.
134
I. II. 85, 3.
135
Rom., I, 22.
conocer en orma coneniente y completa las erdades que le ordenan an con
respecto a su in natural ue puesta de reliee por los primeros apologistas
cristianos como 1ertuliano, Lactancio y Justino contra los paganos, a quienes ya
achacaba San Pablo que se jactaban de ser sabios mientras haban
entontecido`.
Pero esto el concilio Vaticano ha deinido expresamente que se ha de
atribuir a la diina reelacin el que los hombres puedan conocer acilmente y
con irme certeza sin mezcla de error, an aquellas erdades que de suyo no son
inaccesibles a la humana razn y que son necesarias para el ordenamiento del
hombre tanto respecto a su ltimo in como a la coniencia humana con
los demas hombres.
Pero si la impotencia del hombre es grande en lo que se reiere a su
inteligencia mayor es, respecto a su oluntad, por aquello que expresaba el
Poeta: 1iaeo vetioro roboqve aeteriora .eqvor. No hay duda - y es esta erdad
de e contra Lutero, Calino y los Jansenistas- que la naturaleza despus
del pecado no ha quedado totalmente corrompida y no ha perdido el poder
para cumplir muchas obras buenas, pero de tal suerte ha quedado debilitada
que no puede cumplir totvv bovv .ibi covvatvrate, todo el bien que le es
connatural, sin que desallezca muchas eces. Como un enermo -ensena
Santo 1omas
136
- que por s mismo puede tener algn moimiento, pero no
puede moerse erfectavevte, con moimiento de hombre-sano, si no es
sanado con auxilio de la medicina`. Lsta erdad de la teologa catlica no
dudan en considerarla an como dogma de e autorizados telogos, como
Billot, porque su negacin constitua la substancia misma de la hereja
pelagiana.
San Pablo, cuya palabra es autnticamente diina y a la cual se debe, en
consecuencia, asentimiento de e, establece esta erdad en su amosa Carta a
los romanos
13
.
All enumera primeramente los crmenes abominables de los
paganos para redargir luego a los judos que, constituyndose en jueces de
los paganos, cometan las mismas abominaciones que condenaban.
Aduciendo luego la causa de esta uniersal corrupcin, trae la prearicacin
de Adan, por la cual entr y sujet a su imperio a todos los hombres.
Muestra cmo se ainc y radic el reino del pecado, despus de la cada
que ni siquiera la ley dada a los judos ha serido de auxilio suiciente contra
136
I. II. 109. 2.
13
VII, 24.
su tirana perniciosa, sino mas bien de causa ocasional de mayor delito.
Describe por ltimo la lucha del hombre interior, iendo lo mejor y
aprobandolo, pero siguiendo lo peor, porque aunque reconoce y acepta la ley
sigue detras de la concupiscencia de la carne en contra del juicio de la mente.
Por in, saca como conclusin de todo esto que no hay otro medio de
escapar de esta miserable esclaitud sino la gracia del Redentor. Ob, qve
bovbre tav ivfeti .o,! Qviev ve tibertara ae e.te cvero ae vverte. otavevte ta gracia
ae Dio. or ]e.vcri.to evor ^ve.tro.
De donde sin los auxilios de la gracia, todo hombre -judo y
pagano- se conierte en necio, incrdulo, extraiado, esclao de sus malos
deseos y pasiones bajas, llenos de malicia y de enidia, aborrecibles y
aborrecindose los unos a los otros
138
.
Por esto los Padres del Concilio de
Mileto deinieron contra los pelagianos que sin la gracia no se pueden
cumplir los diinos mandatos. \ clebre es la Carta dirigida a este Concilio
de Mileto por el Papa Inocencio I donde escribe: Al negar los pelagianos el
auxilio de Dios dicen que el hombre se basta a s mismo y que no necesita de
la gracia, pero, priado de la gracia y al pretender con slo la libertad
cumplir los mandamientos de ida, debe necesariamente sucumbir en las
redes del diablo. Oh doctrina perersa de mentes perersas! Cuando sabido
es que la libertad de tal suerte engan al primer hombre que, al alojar
indulgentemente sus renos, cay por la presuncin en la prearicacin y de
sta no pudo ser sacado si, por la proidencia de la regeneracin, el
adenimiento de Jesucristo no hubiera reormado el estado de la antigua
libertad`.
Ln otras palabras el hombre no puede en el estado en que actualmente
nace cumplir la ley natural. Para que pudiera cumplirla con solas sus uerzas
debera afirvar.e en el amor del in al cual le ordena la ley natural o
ciertamente en el amor del premio o en el temor de la pena con los cuales
aquel in es sancionado. Porque no hay otra manera de encer las
diicultades y molestias que se oponen al in que el amor del in mismo o de
los bienes que trae la conersin hacia l o de los que pria su apartamiento.
Ls as que en la condicin de miseria de la naturaleza cada no puede el
hombre por solas sus uerzas leantar su animo hasta colocarlo y
establecerlo eicazmente en el in ltimo de la ley diina y en los bienes
conexos con la ida utura. Pero an mas, ni siquiera puede aectarse en
138
1ito, III, 3.
orma eicaz por el in intermedio que es la honestidad de la ida presente,
de suerte que el amor de tal honestidad prealezca en l constantemente,
porque lo impide la uerte inluencia que sobre l ejerce el atractio del bien
deleitable o til que se le presenta recuentemente, a causa de los
apremiantes moimientos de la concupiscencia, las tentaciones del diablo,
los escandalos, el aor mundano concedido ciertamente a aquellos que ien
segn el mundo y rehusado a los que no quieren a l acomodarse. Si por tanto,
la aicin irme del in y la sancin de la ley es condicin necesaria para poder
obserar los preceptos, hay que concluir que el hombre en la actual condicin es
enteramente incapaz para cumplirlos ntegramente ya que los preceptos que
miran inmediatamente a Dios, remunerador de la ida utura, no pueden
aicionarle suicientemente mientras, por el contrario el adulterio, la ornicacin,
la rapina, los odios, y los alsos testimonios le dominan en orma grasima que
dicilmente podra encer
139
.
La ciilizacin entonces, que no es sino la pereccin del hombre en el
plano .ociat de su existencia mientras realiza su estada en la ida presente,
aunque de suyo se desenuela aqu abajo, no puede conseguirse sin auxilios
supranaturales. Ll hombre no puede cumplir la coniencia sin odios, si antes,
luces y uerzas medicinales no le son acordadas para curar su estado de
enermedad. Po XII no haca sino recordar esta erdad cuando en mayo de
1945 escriba: Pero primero es necesario pedir a Dios que las mentes y los
corazones de los hombres se iluminen y renueen a la luz de las ensenanzas de
la doctrina cristiana, que es la nica de donde puede enir la salacin indiidual
y pblica, para que esta deastadora guerra de pueblos y continentes pueda
terminar y para que los ciudadanos de todas las clases, reunidos por lazos de
amistad comiencen la reconstruccin del ediicio humano sobre la inmensa pila
de ruinas, a la sombra de la bandera de la justicia y de la caridad`.
La Iglesia, el gran medio de salud
Si a este estado de enermedad en que iene el hombre Dios
ha querido poner algn remedio, y cual sea ste, no podramos
conocerlo si Ll mismo no hubiera querido reelarlo. Dio. qve ev
otro tievo babt a vve.tro. aare. ev aiferevte. oca.iove. , ae
vvcba. vavera. or to. rofeta., vo. ba babtaao vttivavevte ev
139
Billot, De gratia, pag. 61.
vve.tro. aa., or veaio ae .v i;o, a qviev cov.titv, bereaero
vvirer.at ae toaa. ta. co.a., or qviev cre tavbiev to. .igto.
140
.
Ahora bien, Jesucristo nos dej un medio uniersal de salud para alcanzar
la Verdad y el Bien: es la Iglesia Catlica. Los Langelios y los lechos de los
Apstoles que tienen alor histrico perecto, pudiendo desaiar la crtica mas
exigente, nos demuestran cmo Jesucristo, und una sociedad religiosa, cuya
preparacin haba iniciado Juan el Bautista, en la orilla del Jordan, cuando
clamaba: laced penitencia porque se acerca el reino de Dios`, y el mismo
Jess, encarcelado Juan, se retir de Galilea... y desde entonces comenz a
predicar y a decir: haced penitencia porque esta cerca el reino de los cielos`
141
,
este reino que prepar y dispuso antes de su pasin reuniendo a los apstoles y
discpulos, dandoles misin y estableciendo su organizacin, lo continu
despus de su pasin cuando conirm a Pedro el primado y cuando orden a
todo el Colegio Apostlico: Id y predicad a todas las gentes... ensenandoles a
guardar todas las cosas que yo os he mandado y estad ciertos que yo estar con
osotros hasta el in de los siglos`
142
.
Lsta sociedad, as undada, con su doctrina, su organizacin, sus
autoridades, con la promesa de asistencia y de indeectibilidad, comenz a
uncionar bajo el gobierno de Pedro y los Apstoles, como sociedad distinta de
la sinagoga en Jerusalem, y toda la Judea, y Samara hasta el ltimo conn de la
tierra`
143
:
como sociedad religiosa, isible cual ciudad colocada sobre un monte
que no puede ocultarse y que es aistada por cuantos ienen del Austro y del
Aquiln del Oriente y del Occidente, porque ella es para todos medio necesario
de salud. As lo han deinido los Concilios, el V de Letran, que dice etra ittav
vvttv. ovvivo .atretvr, uera de ella ninguno se puede salar, y el llorentino, que
dice que no slo los paganos, pero ni los judos o herejes y cismaticos pueden
ser partcipes de la ida eterna`. La razn es clara y ue dada en orma deinitia
por los Apstoles, Pedro y Juan, cuando despus de haber curado al cojo que
peda limosna en la puerta del templo, dijeron a las gentes: Declaramos a todos
osotros y a todo el pueblo de Israel que la curacin se ha hecho en nombre de
Nuestro Senor Jesucristo Nazareno, a quien osotros cruciicasteis y Dios ha
resucitado. Ln irtud de tal nombre se presenta sano ese hombre a nuestros
140
San Pablo, lebreos, I, 1.
141
Mt., II, 13-1.
142
Mt., XXVIII, 18
143
lechos, I, 8.
ojos. Lste Jess es aquella piedra que osotros desechasteis, la cual ha enido a
ser la principal piedra del angulo. luera de Ll no hay que buscar la salacin en
ningn otro. Pues no se ha dado a los hombres otro Nombre debajo del cielo,
por lo cual debamos salarnos`. Por esto los antiguos Padres han comparado la
Iglesia al Arca de No. Cualquiera -dice San Cipriano- separado de esta
Iglesia se junta con una adltera, tambin se separa de las Promesas hechas a
esta Iglesia. Lxtranjero es, proano es, enemigo es. As como ninguno de los que
estuieron uera del Arca pudo escapar, as tampoco podran escapar los que
estuieren uera de la Iglesia`. Ni indiiduos, ni pueblos, ni la misma
lumanidad, pueden lograr su salud sino en la Iglesia. Llla es lo supremo de
cuanto existe en la tierra.
La ciilizacin entonces cuya razn de ser, como hemos isto, la
constituye el ser medio de pereccionamiento del hombre, no puede cumplir
con esta su misin sino .e vve a ta gte.ia para recibir de ella la ordenacin al in y
los medios aptos que a l conducen. \ as como en el orden puramente natural
todos los medios econmicos y polticos se ordenaban a la rbita contemplatia
donde encontraba el hombre su salacin, al ijar Dios al hombre un in vvero y
mas alto, una nuea y mas excelente rbita contemplatia, todo el orden de los
medios polticos y econmicos que tenan razn de medio respecto a aquel in,
quedan consecuentemente ariados, no por mutacin intrnseca de naturaleza,
sino por mutacin extrnseca de relaciones. Ll objeto de la poltica que e. ta
feticiaaa tevorat fvvaaaa ev ta a vbtica , ev et vavtevivievto ae ta ;v.ticia ev to.
civaaaavo. queda ahora condicionada y dependiente no de la elicidad eterna
vatvrat sino de la elicidad eterna .obrevatvrat.
Veamos entonces cmo se establecen las relaciones de lo proano y de lo
sacro en la vvera ciritiaciv.
Las dos jurisdicciones de lo profano y de lo sacro
La Iglesia es una sociedad esencialmente religiosa, sagrada y sobrenatural:
,qu se quiere signiicar con esto ,No hay incompatibilidad entre esos
caracteres y el caracter isible y organizatio de la Iglesia Ls claro que lo
sobrenatural dice siempre relacin a la naturaleza diina, a la Deidad misma, y
que como tal no puede ser isible, no admite organizacin. Pero elementos
isibles, y an corruptibles, pueden ser utilizados por Dios como ehculos de lo
sobrenatural. Ln esto consiste el misterio inenarrable de la Iglesia. Su ida -la
propiamente tal- consiste en la unin eectia con lo mas ntimo de Dios. De
all iene la Iglesia -del seno de Dios- y all conduce. De all iene su
doctrina, su gracia, su gobierno para bajar hasta el mundo terreno en que ien
los hombres, no para quedarse en l sino para conducirlos hasta la ida eterna
de donde ella procede. Los hombres entonces, la doctrina, los sacramentos, la
jerarqua y el gobierno eclesiastico, que han surgido por la recepcin de dones
sobrenaturales, son elementos isibles que participan de lo sobrenatural
inisible. Por esto, lo que mide la condicin sobrenatural de la Iglesia no es
propiamente la naturaleza de los elementos que puedan integrarla o serirla sino
el in de todo lo que Llla es y hace. ,Para qu es la Iglesia Para conducir a los
hombres a la ida eterna. Luego los cristianos, el gobierno eclesiastico y todo
cuanto de algn modo esta inculado a Llla -en cuanto tal- tienen como in,
al que se ordenan, de suyo y directamente, la ida eterna. 1odo esto, aunque est
en la tierra y surja de la tierra, pertenece al orden sobrenatural, o sagrado o
eclesiastico. 1emplos y propiedades, instituciones, doctrina, sacramentos,
legislacin y gobierno de la Iglesia y los indiiduos que de ellos participan entran
dentro de esta esera sobrenatural o sagrada.
La ciilizacin, en cambio, no tiene como in propio y peculiar conducir al
hombre a la ida eterna, su in es asegurarle una prspera y eliz coniencia
humana durante los das que dure esta peregrinacin. Luego en ella entra
propiamente todo lo que de suyo y directamente son medios para esta
prosperidad. Ll salmista nos describe
144
estos bienes: ...Cuyos hijos son como
nueos plantos en la lor de su edad: cuyas hijas compuestas y engalanadas por
todos lados, como dolos de un templo, atestadas estan sus despensas, y
rebosando toda suerte de rutos, ecundas sus oejas, salen a pacer en
numerosos rebanos, tienen gordas y lozanas sus acas, no se en portillos ni
ruinas en sus muros, ni se oyen gritos de llanto en sus plazas. leliz llamaran al
pueblo que goza de estas cosas`. Ls claro que nada de esto se ordena por su
naturaleza para la ida eterna, como tampoco a ella se ordenan las tcnicas y
artes humanas, la economa y la poltica. ,De qu siren para la elicidad del
cielo, tener hijos sanos, hijas hermosas, las despensas llenas, mucho ganado,
ningn quebranto, ningn disturbio, ni gritero en las plazas, sino sosiego, paz y
abundancia en las casas y en las ciudades Por cierto que todos estos bienes no
se ordenan, de suyo ni directamente, a la elicidad de la ida eterna, y cierto,
144
Salmo 143, 12-15.
certsimo, que sin ellos, y con hijos enermos e hijas eas, y escasez y penuria, y
con guerra, peste y hambre, pueden llegar los hombres a la ida eterna.
La elicidad eterna tiene entonces otra serie de medios que, de suyo, a ella
conducen, como otra es la serie de los que de suyo llean a la elicidad temporal
o proana. ,Cual es entonces el criterio para distinguir una y otra serie de
medios, uno y otro plano No ciertamente, la naturaleza intrnseca de unos y
otros. Porque en el orden temporal entran elementos de condicin espiritual
como la misma poltica y las ciencias puras y el ejercicio de las irtudes y la
produccin de artes bellas, y en el orden sobrenatural hay elementos materiales
como los templos y la sustentacin de los ministros del culto. Luego slo el in a
que por su naturaleza, de suyo y directamente estan ordenados, es criterio para
discernir el lugar que les corresponde.
Lo importante es que quede airmada la existencia de dos clases, en cierto
modo irreductibles, de actiidades en que se desenuele la ida del hombre, la
una que llamamos ciilizacin y termina aqu abajo, y la otra que llamamos
Iglesia o reino de Dios y que, comenzada aqu abajo, no tiene trmino. lugo de
San Vctor expres esta doctrina en orma deinitia: Dos son las idas, una
terrena, la otra celeste, una corprea, espiritual la otra, una por la cual ie el
alma de Dios. Una y otra tienen su propio bien, por el que se alimentan y se
nutren para poder subsistir. La ida terrena se alimenta de bienes terrenos, la
ida espiritual de bienes espirituales. A la ida terrena pertenecen todos los
bienes que son terrenos, a la ida espiritual todos los que son espirituales. Para
que en una y otra se guarde la justicia y se asegure la utilidad... hay constituidas
dos potestades. Ln los laicos, a cuyo cuidado y proidencia pertenecen las cosas
necesarias para la ida terrena, esta la potestad terrena. Ln los clrigos, en
cambio, a cuyo cuidado corresponden los bienes de la ida espiritual, la potestad
es diina. Aquel poder, se llama secular y este espiritual`. Cada uno de estos
poderes es supremo y deinitio en su propio orden. \ as como no puede el
poder ciil hacer suyas causas alladas por el poder eclesiastico, tampoco puede
el poder eclesiastico, an pleno del Romano Pontice, interenir directamente y
en razn de lo temporal, en los asuntos temporales. \ si alguno tiene, por
ejemplo, un pleito en cuestiones de propiedad en el cual el poder ciil no le hace
la correspondiente justicia, no puede recurrir al poder eclesiastico, que no tiene
jurisdiccin directa en lo temporal.
La unidad del hombre y las dos jurisdicciones
la sido la Iglesia la que ha ensenado ntidamente la doble e irreductible
jurisdiccin en que se desenuele la ida del hombre. Por esto su reaccin tan
enrgica contra el paganismo que eriga en Pontice a los emperadores. Pero
distincin no puede signiicar independencia y separacin como se ha
empenado el liberalismo, renoando en esto, como lo adirti Boniacio VIII a
propsito de los primeros liberales, los legistas del siglo XIV, el error de los
maniqueos.
La unidad de Dios, ejemplar de la unidad del hombre, exige que haya una
subordinacin esencial de un orden al otro, y como no puede admitirse la
subordinacin de lo superior a lo inerior, de la Iglesia a lo temporal, como
pretenden los mas absolutos y consecuentes liberales, no queda sino la
subordinacin de la jurisdiccin ciil a la eclesiastica.
La demostracin es sencilla y esta undada en la unidad del hombre, que es
un nico todo y que tiene un nico y ltimo in, al cual debe ordenar todas sus
acciones. Lste in, nico y absoluto de toda su ida, es Dios, Bien increado al
que debe atender y amar de todo corazn, con toda su mente, con toda su alma
y con todas sus uerzas, de tal suerte que todos y cada uno de los actos de su
ida, de cualquier materia e ndole que ueren, deben ser veaio. airecto. que nos
conduzcan a la ida eterna, para la cual hemos sido creados. Aqu ya no cabe la
distincin que ormulabamos antes cuando considerabamos la naturaleza de las
actiidades humanas y decamos que unas eran medios directos temporales y las
otras medios directos sobrenaturales, que conducen a la ida eterna. \ as, an
cuando en un constructor, su actiidad proesional se ordena a ediicar una cosa
-fivi. oeri.- esa actiidad en l debe tener como in ltimo -fivi.
oeravte.- conseguir la ida eterna. A ese in debe ser ordenable aquella
actiidad de construir la casa. Labriego, artesano, comerciante, poltico,
sbdito y prncipe, pueblo y gobierno, laico y clrigo, deben ordenar todas
las acciones de su ida -pri ada y pblica- como otros tantos veaio.
airecto. para lucrar la ida eterna.
Dios, autor de las gracias, ensena el eminente telogo Garrigou-
Lagrange, pide en eecto, que todos nuestros actos oluntarios, le estn por
lo menos irtualmente ordenados: en otros trminos, todos deben
contribuir a nuestro progreso moral y espiritual, a nuestra santiicacin y
salacin. Ls esto erdad no slo en cuanto al acto especicamente
religioso, como la oracin, sino en cuanto a todos nuestros actos
oluntarios y libres, cualesquiera que ellos sean an los indierentes, en
razn de su objeto. Cada uno debe tener un in moral bueno, subordinado
al in ltimo que es Dios, amado, por encima de todo, mas que a nosotros
mismos, mas que a nuestra amilia y que a nuestra patria`. Cvatqvier co.a
qve bagai. -dice San Pablo- baceata ara ta va,or gtoria ae Dio. ,I. Cor. X,
31,
145
.
Si esto es as, si con todo lo que somos, y tenemos, debemos aspirar y
tender hacia la ida eterna, trocando en actos sobrenaturales toda nuestra
actiidad temporal, se sigue entonces que la ciilizacin, que el orden
temporal humano, de alguna manera ha de subordinare al Reino de Dios o
sea a la Iglesia, en cuya jurisdiccin cae todo lo sobrenatural. \ como no
puede subordinarse directamente, esto es en razn de la naturaleza de la
actiidad -ratiove oeri.- ya que no es medio directamente conducente a la
ida eterna, debe entonces subordinarse indirectamente, ratiove oeravti., en
razn de la persona que de ella se sire.
La ida temporal humana, la ciilizacin, debe ser tal que no ponga
obstaculos para la ida eterna, al contrario, le sira de positia ayuda.
Aqu aparece cuan absurdo y
al margen de la ortodoxia catlica es
todo intento de limitar una zona de la actiidad humana que pueda ser
erdaderamente proana` o laica`, sin caracter sacro`, absolutamente
substrada a la jurisdiccin clerical`. Slo abstrayendo del hombre las
actiidades pueden considerarse stas como vravevte temporales, pero ,qu
actiidad puede haber en el hombre que no sea humana \ si es humana,
,cmo puede dejar de ser sobrenatural \ si es sobrenatural, ,cmo puede
dejar de caer bajo la jurisdiccin de la Santa Iglesia
La jurisdiccin de la Iglesia como potestad indirecta
sobre todo lo temporal
De aqu que sea doctrina unanime de los telogos que no puede ser
negada sin peligro de hereja, al decir del Cardenal Belarmino, que
Jesucristo al acordar a San Pedro y sus sucesores la plenitud de la potestad
espiritual, les concedi tambin una jurisdiccin que se extiende a todos los
medios, an los indirectos, que conducen a este in. Por esto, el derecho
145
a 1ie iritvette, marzo de 192.
eanglico, a ti te aare ta. ttare. aet reivo ae to. cieto., aacievta vi. coraero.,
aacievta vi. ore;a., ha instituido o.itiravevte en las sociedades cristianas la
subordinacin de la potestad ciil a la autoridad religiosa.
Suarez desarrolla mas ampliamente esta doctrina haciendo er que
esta subordinacin esta exigida, tanto por parte del prncipe cristiano como
por parte de los sbditos. Por parte del prncipe, porque como cristiano
esta sometido a Pedro, a quien se le dio jurisdiccin sobre todos los actos
de los sbditos, con los cuales puede perder o conseguir la ida eterna, y
uno de estos actos es el buen uso de la potestad de gobierno, luego al
pastor espiritual de tal prncipe corresponde la acultad de dirigirlo en el
uso de este poder temporal, en la medida que pueda danar o aproechar a
su alma, como lo inculca el Papa Gelasio I, epis. 8, al emperador Anastasio:
Dos son, Augusto emperador, las potestades que rigen este mundo: la
sagrada autoridad de los Pontices y el poder real. Ln los cuales tanto mas
grande es la responsabilidad de los sacerdotes cuanto bav ae aar cvevta avte
Dio., en el tribunal diino ae to. vi.vo. re,e.`. Pero tambin, por parte de los
sbditos, urgen mas graes razones. Porque en irtud del oicio que le ha
sido encomendado por Cristo, el Pontice debe tener el cuidado espiritual
de todo el pueblo cristiano y apartar de l los obstaculos espirituales que
pueden deriarse del abuso del poder temporal. Luego tambin, por este
ttulo, es necesario que la potestad espiritual se extienda indirectamente a
las cosas temporales, dirigiendo donde coniniere la potestad poltica para
que no ordene en tal orma lo temporal que perjudique a lo espiritual.
Doctrina sta tan grae, que los Papas Inocencio XI, Alejandro VIII y
Po VI, han condenado el Primer artculo de la Declaracin Galicana de 1682
que deca: o. Re,e. , to. rvcie. vo e.tav .ovetiao. -airecta o ivairectavevte-
or ai.o.iciv airiva, a vivgvva ote.taa ecte.ia.tica... Doctrina que ha sido
desconocida por los catlicos liberales del pasado siglo, quienes no pudiendo
contradecir a la unanimidad de telogos que la han sostenido y no atreindose
tampoco a inculpar de abuso de autoridad a los santos y sabios Pontices de la
Ldad Media, que, en irtud de ella, interinieron muchas eces en las cosas
polticas, dieron en justiicar dichas interenciones, no en irtud de la autoridad
apostlica del Pontice sino del derecho pblico, en igor entonces en Luropa,
o or rav ae vv cov.evtivievto ere.o o tacito ae to. vebto. cri.tiavo. que habran
instituido al Romano Pontice supremo ordenador de las cosas polticas. Pero
esto es completamente also. Porque al practicar estas interenciones, los
Pontices no han inocado un presunto derecho puramente histrico sino su
Suprema y Apostlica Autoridad espiritual. \ la deinicin dogmatica de
Boniacio VIII en la |vav avctav, cuya doctrina, por su caracter dogmatico es
aledera hoy, como ayer, y como manana, cuando sea totalmente conculcada
por el podero terrenal del Anticristo, coniene la tengamos presente para er en
toda su proyeccin hasta dnde llega la interencin de la Iglesia sobre la
ciilizacin.
a atabra eravgetica vo. iv.trv,e qve ev e.a ote.taa ba, ao. e.aaa., ta
e.iritvat , ta tevorat... .vba. e.aaa., ve., ta e.iritvat , ta vateriat, e.tav ev ta
ote.taa ae ta gte.ia. Pero e.ta e. v.aaa ara ta gte.ia. .qvetta or ta gte.ia.
.qvetta e.ta ev vavo aet .aceraote, e.ta ev vavo ae to. re,e. o .otaaao., ero a ta.
raeve. , ba;o et ervi.o aet .aceraote. . reci.o qve vva e.aaa e.te ba;o ta otra, ,
qve ta avtoriaaa tevorat .e .oveta a ta ote.taa e.iritvat....
Las cristiandades diversas
Maritain admite toda esta doctrina y la ha expuesto admirable y
alientemente, sobre todo en su Privavte av iritvet. Pero su propsito
undamental, mas o menos abiertamente conesado, de conciliar el mundo
moderno con la ciilizacin cristiana le ha de inducir a alterar, a pesar suyo, esta
nocin de ciilizacin cristiana.
Ln su Dv Regirve 1evoret emprende Maritain, por ez primera, el estudio
de su nuea cristiandad
`
cuyos caracteres haba insinuado en Retigiov et Cvttvre.
Consciente de las diicultades y peligros de la tarea, comienza por adertir que
no renuncia a los principios tradicionales de la teologa catlica, sobre la
subordinacin de lo temporal a lo espiritual que con tanta uerza haba expuesto
en su Privavte av iritvet.
Los que han mira-do -dice
146
-
a Privavte av
iritvet como un itinerario de uga se han enganado groseramente. Lste libro
tena por objeto obtener de algunos una vrificaciv de la razn y de la e, que
ante todo concentrase a stas sobre lo nico necesario, pero que por abundancia
las hiciese mas aptas para imponer a la materia, llegado el momento, la primaca
que airmaba
`
.
Maritain, en consecuencia, de acuerdo a lo que surge de sus airmaciones
explcitas, contina sosteniendo toda la doctrina tradicional de la teologa
catlica que tan alientemente expusiera en su Privavte av iritvet. Doctrina,
146
Dv regive tevoret, pag. 129.
que no es sino el derecho pblico eclesiastico y que es inmutable. la podido
presentarse -escribe Maritain
14
-,
bajo aspectos dierentes, pero en lo esencial
no ha cambiado en el curso de los siglos. Lo que en la Ldad Media se llamaba
doctrina de las dos espadas -al menos en el sentido de San Bernardo y de
Santo 1omas de Aquino, como en el de los documentos pontiicios- se
identiica esencialmente con lo que se llama, desde Belarmino y Suarez la
doctrina del poder indirecto -al menos si se entiende sta sin disminucin-. A
quien mira con suiciente atencin, detras de las peripecias histricas, la
substancia de las cosas, una sola y nica ensenanza es dispensada por Boniacio
VIII en la bula |vav avctav y por Len XIII en la encclica vvortate Dei, y
para tener una idea completa del poder indirecto es necesario tener al mismo
tiempo presente estos dos grandes documentos`.
Si esto es as, pensara inmediatamente el lector, no puede haber sino una
nica cristiandad, al menos en lo que a su e.evcia e.ecfica se reiere. No lo cree
as Maritain. La palabra cristiandad, dice
148
,
se reiere al orden de la cultura.
Designa cierto rgimen comn temporal de los pueblos educados por la Iglesia.
No hay sino una iglesia, puede haber ciilizaciones cristianas, cristiandades
diersas`.
\ todo el esuerzo emprendido por Maritain desde su Retigiov et Cvttvre,
Dv Regive 1evoret, vvavi.ve vtegrat hasta sus mas recientes publicaciones
como Privcie. a
vve otitiqve bvvavi.te y de erg.ov a aivt 1bova., habra de
consistir en exponer los caracteres de la nuea cristiandad, de la que Santo
1omas sera el arquitecto as como San Agustn lo ue de la medieal
149
.
Pero ,cmo admitir una nica doctrina con aplicaciones esencialmente
diersas Maritain intenta justiicarlo acudiendo a una nuea aplicacin de la
distincin tan corriente, en el ocabulario poltico-religioso moderno, de la
tesis` y de la hiptesis`. No hay -dice
150
-
distincin mas corriente, en el
ocabulario poltico-religioso moderno, que la de la tesis y de la hiptesis.
Se encuentra recuentemente debajo de estas palabras ideas muy conusas en
que los errores senalados mas arriba son simplemente yuxtapuestos, como si la
una compensase a la otra.
14
Privavte av iritvet, pag. 28.
148
Dv regive, pag. 114.
149
De erg.ov a aivt 1bova., pag. 269.
150
Dv regive tevoret, pag. 129.
`Ln la airmacin de la tesis se da libre campo a la mas elemental
uniocidad mientras que con la hiptesis toma el desquite una completa
equiocidad. La tesis se hace tanto mas majestuosa cuanto una secreta
conciencia de su ineicacia, y un secreto deseo de que siempre quede terica la
substraen a la prueba de la existencia. La hiptesis es tanto mas abandonada a
todas las acilidades del oportunismo y del liberalismo cuanto el estado nueo
del mundo, del que no se tiene sino una conciencia emprica parece mas alejado
de un intemporal conundido con el pasado como pasado. Por debajo de un
irmamento estrellado especulatio la accin es dejada as, en el orden
propiamente practico, casi sin principios`.
La crtica de Maritain alcanza, no hay duda, a planteamientos alsos y
peligrosos propios del catolicismo liberal desde la poca de Lamennais.
Pero no se contenta con esta crtica sino que anade: A esta nocin mal
entendida de la tesis y de la hiptesis es necesario oponer, creemos, otra
concepcin, en la que no existe una tesis instalada en un mundo separado de
la existencia, sino lo que hemos llamado un iaeat bi.trico covcreto, o practico, una
imagen encarnando para un cielo histrico dado y bajo una orma esencialmente
apropiada a ste las erdades supra histricas, que entonces se distinguira, no de
una hiptesis entregada al oportunismo, sino de las covaiciove. ae reatiaciv
efectira de este ideal practico. Ls este un ideal realizable, mas o menos
dicilmente, quizas con extremas diicultades, pero hay una dierencia de natu-
raleza entre la diicultad y la imposibilidad. De hecho encontrara obstaculos, se
realizara mas o menos mal, el resultado obtenido podra ser dbil, si se quiere,
nulo: lo esencial consiste en que hay all un objetio apto a ser qveriao ,Maritain
subraya, plena e ntegramente, y a arrastrar eicazmente las energas humanas,
que tenderan hacia l de una manera tanto mas ia cuanto la oluntad se lo
propondra en su integralidad`.
,Qu juicio ormular de esta tentatia de Maritain Prescindamos de la
conusin que a primera ista inolucra esta tentatia porque si tan grande ha
sido la conusin, como sostiene Maritain, suscitada antes alrededor de la tesis`
y de la hiptesis`, mayor ha de ser ahora en que son muchas las tesis` -
tantas cuantos son los cielos histricos- y muchas mas en consecuencia las hi-
ptesis`. Pero no esta aqu lo grae de la cuestin. Lo grae, grasimo, es que la
tentatia de Maritain encierra el error substancial del liberalismo teolgico, es a
saber de que la doctrina de la Iglesia que hemos expuesto y que es conocida an
en Documentos Pontiicios como la vvortate Dei de Len XIII, con el nombre
de covcoraia aet .aceraocio , aet iverio es una aoctriva vravevte e.ecvtatira, y que
no es capaz de ser propuesta como fiv a la oluntad del cristiano. Pero este es
un error grasimo, error teotgico, que contradice todas las ensenanzas de la
Iglesia. ,De manera que entonces la Bula |vav avctav de Boniacio VIII y la
vvortate Dei de Len XIII, y la ensenanzas de los telogos sobre la
subordinacin del Lstado a la Iglesia y las doctrinas de los canonistas sobre el
derecho pblico eclesiastico son de realizacin no dicil sino ivo.ibte, y no
proponen un ob;etiro apto a ser querido plena e ntegramente y no presentan un
in capaz de arrastrar eicazmente las energas humanas
Por esto acertadsimamente escribe el Padre Garrigou-Lagrange
151
:
Ln
erdad, la te.i. |la doctrina catlica tradicional| no puede considerarse como un
ideal meramente especulatio y que debe ser abandonado en la practica, orqve
e.ta te.i. evvvcia et vi.vo fiv qve ba ae cov.egvir.e, es a saber que la erdadera religin
ha de ser abrazada por los hombres no slo indiidualmente sino tambin
socialmente. Para la consecucin de este in se han de considerar las
circunstancias, por lo tanto, en algn caso, o sea er acciaev., dicta la prudencia
que atgvv vat .e ba,a ae toterar para eitar un mal mayor. Pero abandonar la tesis,
como algo puramente ideal, que slo debe guardarse en las escuelas de teologa,
.era aartar.e aet vi.vo fiv qve .e ba ae cov.egvir. Sera esto caer en el oportunismo y
apartarse mas y mas del amor de Dios y de las almas, ademas la tesis que
enuncia una grasima obligacin, se considerara como una palabra aca y
como si uera nada.
`De este modo por el abuso de esta distincin entre te.i. e bite.i., como .i
ta te.i. fvera veravevte e.ecvtatira y la hiptesis la nica regla practica, poco a poco
se destruira la accin catlica social, ya muchos catlicos parecen ignorar las
obligaciones de la sociedad para con Dios y consideran como algo legtimo la
neutralidad del Lstado, la neutralidad de la escuela, la completa libertad de
conciencia. Por este camino la sociedad se conierte radicalmente en irreligiosa y
atea.
`De donde, a causa de este abuso, muchos telogos substituyen la
distincin entre la tesis y la hiptesis por la del fiv y los veaio. que aqu y
ahora son oportunos para este in, de acuerdo al juicio de la prudencia. Slo as
se guarda lo que sobre todo hay que guardar, es a saber la ivtevciv efica aet fiv, de
la que procede la rectitud y eicacia de la eleccin y de los medios al in. Mas
an, as se guardan al mismo tiempo en debida armona, la autoridad de Dios y
151
De Reretatiove, pag. 628
la libertad de los hombres, en cuanto sta se dierencia de la licencia, que
termina en la esclaitud de la corrupcin`.
Por esto el Padre Liberatore, reaccionando con energa contra esta
pretensin del catolicismo liberal renoada ahora por Maritain, dice: Pero,
Dios Santo! ,\ no son estas erdades practicas, esto es, destinadas a dirigir las
acciones \ una erdad ordenada a dirigir las acciones, ,puede sin consecuencia
admitirse y querer que de hecho no se aplique a dirigirlas`
152
.
Pero insina Maritain: ,cmo puede ser in de mis acciones un ideal no
dicil sino imposible` de realizar
153
.
Lsta diicultad tiene acil respuesta: ,cmo
puede ser ivo.ibte lo que ha sido un becbo hasta la impa Reolucin lrancesa A
no ser que quiera llamarse ivo.ibte en cuanto no podran realizarse con toda la
integridad y pureza de los principios. Pero con los mismos argumentos -
contesta el gran telogo Billot- podra demostrarse que los preceptos de la
irtud han de dejarse para el campo de la especulacin porque la humana
condicin no sure tanta alteza de rectitud. Podra tambin demostrarse que las
ciencias matematicas no pueden o no deben tener ninguna aplicacin a la artes,
porque aquel triangulo ideal, exacto, geomtrico, no se realiza en concreto o
porque el eecto experimental contradice al rigor del calculo`
154
.
Pero ademas
esta ivo.ibitiaaa existira igualmente -y no sera menor- para el iaeat bi.trico
covcreto inentado por Maritain que nunca podra obtener en la realizacin
concreta ta erfecciv con que ha sido imaginada en la idea.
Pero si Maritain quisiera undar la imposibilidad en el hecho de que las
sociedades modernas estan tan proundamente trabajadas por la impiedad que
no aguantan aquella doctrina catlica de la covcoraia aet .aceraocio , aet iverio y, en
consecuencia, pretendiera proponerles una doctrina va. toterabte sera como
quien pretendiera relajar la doctrina catlica sobre el adulterio a in de que los
adlteros pudieran aenirse a nueas normas morales mas reatiabte..
No es la nocin de Cri.tiavaaa la que ha de cambiar sino la soberbia e
ignorancia de los pueblos que deben dejar paso a la 1eraaa Cattica vtegra qve
.atra. Maritain, en su Ctairro,avce ae Rove, lo deenda as con energa cuando
recordaba aquellas palabras sapientsimas de Benedicto XV: v veaio ae to.
tra.torvo. actvate., ivorta reetir a to. bovbre. qve ta gte.ia e., or airiva iv.titvciv, ta
vvica .rca ae atva ara ta bvvaviaaa... . va. oortvvo qve vvvca ev.evar qve ta reraaa
152
a gte.ia , et .taao, Madrid, 188, pag. 23.
153
Dv regive, pag. 131.
154
De ccte.ia, II, 55.
tiberaaora ara to. ivairiavo. covo ara ta. .ocieaaae. e. ta reraaa .obrevatvrat ev toaa .v
tevitva , ev toaa .v vrea .iv atevvaciv , .iv ai.vivvciv, , .iv covrovi.o, tat ev vva
atabra covo ^ve.tro evor ]e.vcri.to ta rivo a traer at vvvao tat covo ba .iao covfiaaa .v
cv.toaia , ev.evava a Pearo , a ta gte.ia`.
Pero se dira: Maritain no niega la alidez de estos principios sino su
practicidad ivveaiata. \ sostiene que deben ser substituidos por ideales que los
concreticen, de acuerdo al clima histrico de cada edad. Pero esto es una
increble aberracin. Porque aquellas covaiciove. aetervivaaa. , covcreta., en que el
iaeat bi.trico covcreto orjado por Maritain eriica ta. reraaae. .vrabi.trica.`
155
,
,son condiciones inaceptables o aceptables para el catlico Si son inaceptables
como, por otra parte, entran en la constitucin misma de ese iaeat bi.trico, que
es propuesto como vv ob;etiro ato a .er qveriao teva e ivtegratvevte, , a arra.trar
eficavevte bacia . , a fivatiar eficavevte ta. everga. bvvava. qve tevaerav bacia et
ae vva vavera tavto va. rira cvavao ta rotvvtaa .e to roovara ev .v ivtegriaaa`, se
seguira el absurdo de que nada se habra de hacer para que esas covaiciove.
ivacetabte. desaparezcan, porque ,cmo trabajar por cambiar un ideal que
inaliza la accin, ,entonces los cristianos del tiempo de Nern habran de
proponerse como iaeat bi.trico realizable, el de una cristiandad martirizada, y los
del tiempo del Cisma de Occidente una cristiandad desgarrada por el cisma, y
los del tiempo de la Reorma, una cristiandad raccionada por la hereja y los de
la poca moderna liberal y comunista de hoy, una cristiandad basada en la
libertad, democracia y socialismo \ como en el ideal histrico de la nuea
cristiandad maritainiana` entra como un hecho dado la diisin religiosa
156
,
los
cristianos no han de proponerse nada para que esa diisin religiosa desaparezca
porque ,como trabajar contra el ideal que inaliza la accin
1an eidentemente se deducen estas consecuencias absurdas de las
premisas asentadas por Maritain que se ha hecho isible en los sostenedores del
maritainismo, comenzando por el mismo Maritain, el aan de enterrar a los
muertos`
15
, esto es, de acabar de destruir la ciilizacin cristiana y enterrarla,
para undar sobre su ruina una ciilizacin cristiana totalmente nuea, que rom-
piendo todas sus conexiones con el pasado descanse sobre la libertad y la
democracia santiicadas por la Iglesia. 1al la ciudad raternal`, el lumanismo
Integral o teocntrico, cuyo establecimiento tanto urge a Maritain que se lo e,
155
Dv regive, pag. 130.
156
Dv regive, pag. 130
15
Ibid., pag. 118.
aiebrado, plegandose a las ilas de la Reolucin en el absurdo intento de
apurar el entierro de la ciilizacin cristiana.
No obstante, an cuando ese iaeat bi.trico covcreto no encerrara
condiciones malas y detestables implicara, por el hecho mismo de su covcreciv,
esto es, de las condiciones indiiduales y concretas con que se propone a la
accin, un lmite a la pereccin que debe reestir la intencin del hombre. As
como el hombre aunque jamas puede llegar a la pereccin como ideal de su
santidad, de acuerdo a la ensenanza de Jesucristo, as tambin ha de proponerse
como ideal del orden social cristiano ta erfecta covcoraia aet .aceraocio , aet iverio,
aunque nunca la haya de alcanzar. All esta la norma de su accin. \ cada uno
debera responder de la parte que pueda caberle en el racaso de esa realizacin.
Por otra parte, el querer senalar de antemano y a riori, to. caracteres de
una nuea cristiandad` que ba ae regvtar la accin de los cristianos no se e
cmo nos exima de incurrir en la reprensin que dio el Senor a sus Apstoles
cuando les dijo: ^o e. ae ro.otro. covocer tievo. o vovevto. qve et Paare .e ba
re.erraao ev .v oaer
158
porque ello implica no ya conocerlos sino ijarlos. Se
comprende perectamente que el hombre, tanto indiidual como social,
teniendo ija su mente y el propsito de su oluntad de cumplir, en la medida de
lo posible, aquella doctrina undamental de toda ciilizacin cristiana, trate de
acomodar a ella su accin, bajo la direccin de la Iglesia, en las circunstancias
histricas que se le presentan. Ls eidente que de ese cumplimiento podra salir
una realizacin histrica concreta de la Cristiandad..., pero saldra a o.teriori y
como un resultado que slo pudo haber ijado la Proidencia Diina en sus
inescrutables y secretos designios. Pero no se puede ijar a riori esa realizacin
concreta sin mengua de la Proidencia a quien se le quiere senalar la ruta de lo
humano, y sin mengua de aquella norma que sera a riori substituida por una
realizacin disminuida y deiciente, como es todo lo concreto.
No dejemos de senalar ademas cuan al margen de las directias pontiicias,
expresamente dadas, y cuan peligroso lo que ensena Maritain respecto a la
colaboracin del ilsoo y del hombre de accin para que respondan sobre
cual debe ser para el cristiano, siendo dada la edad en que entramos, este ideal
histrico concreto, esta imagen dinamica del uturo`.
A Lamennais precisamente, que se arrogaba semejantes acultades,
reprende Gregorio XVI, en la Mirari 1o.: Piev.ev, ve., to. qve tat retevaev qve
.to at Rovavo Povtfice, covo ate.tigva av ev, ba .iao covfiaaa ta cov.titvciv ae
158
lechos, I, .
to. cavove.; , qve a et .oto covete , vo a otro ;vgar acerca ae to. avtigvo. aecreto., o
covo aice av Ceta.io: e.ar to. aecreto. ae to. cavove., veair to. receto. ae .v.
avtece.ore. ara ateverar, babiaa aitigevte cov.iaeraciv, aqvetta. co.a. cv,a
voaificaciv eige ta vece.iaaa ae to. tievo..
Aunque la ciilizacin cristiana uere del orden natural, esta tan
intrnsecamente ligada a la misin de la misma Iglesia que nadie sin grae
temeridad, puede atreerse a senalar los caminos por donde debe enderezarse, si
no tiene mandato para ello.
A este error corresponde la ormacin de esa .evao;erarqva cattica taica
de intelectuales catlicos izquierdistas con exponentes como Maritain y
Bernanos en lrancia y con ejemplares menos conspicuos en otras partes, que
pretenden dar norma y abrir nueos cauces a la Iglesia Uniersal en problemas
temporales de la actualidad.
La concordia del sacerdocio y del imperio
calificada de utopia
Maritain, en una exposicin accidentada y conusa
159
,
iene a caliicar de
vtoa la doctrina catlica que Len XIII llama covcoraia aet .aceraocio , aet
iverio. Por una parte caracteriza de esta suerte la nocin de vtoa
160
:
Cuando
un 1omas Moro o un leneln, un Saint Simon o un lourier construyen una
vtoa, construyen un .er ae rav, aislado de toda existencia y de todo clima
histrico particular, expresando un maximun ab.otvto de pereccin social y
poltica, y de cuya arquitectura el detalle imaginario es lleado lo mas lejos
posible, ya que se trata de un modelo icticio propuesto al espritu en tvgar de la
realidad`.
Aunque all nada ere.avevte senala Maritain, sindica como utpica la
doctrina catlica de ta covcoraia aet .aceraocio , aet iverio y por esto la substituye
por el iaeat bi.trico covcreto de su inencin, que no es
161
un ser de razn sino
una e.evcia ideal realizable ,mas o menos dicilmente, mas o menos
imperectamente, este es otro asunto, y no como obra hecha sino como obra
que se a haciendo,, una esencia capaz de existencia y llamando a la existencia
para un clima histrico dado, respondiendo por consiguiente a un vaivvv
159
vvavi.ve vtegrat, pags. 135-224.
160
Ibid., pag. 135.
161
Ibid., pag. 152.
retatiro ,relatio a este clima histrico y de pereccin social y poltica y
presentando solamente, -precisamente porque implica un orden eectio en la
existencia concreta-, las lneas de uerza y los esbozos ulteriormente
determinables de una realidad utura`. 1oda esta exposicin tan diicultosa, tan
accidentada, ,a qu se dirige A airmar lo que leemos en la pagina 223:
1omado en su esencia, el ideal medieal de una sociedad sacral cristiana no es
ciertamente malo, ya que ba .iao bueno. Pero existencialmente corresponde a
algo terminado. Si nos es permitido emplear de una manera paradojal el lenguaje
de la metasica en el registro de la ilosoa de la historia, digamos que este ideal
o esta imagen prospectia ha sido erdaderamente una e.evcia, es decir, un
complejo inteligible capaz de existencia y exigiendo la existencia, pero que al
presente y con relacin a la existencia concreta y echada de la edad histrica en
que entramos, no puede ser sino un .er ae rav concebido a iv.tar evti. e
incapaz de existir`. Pero a esto contesta no un ilsoo ni un telogo, sino la
Catedra Romana por boca de Len XIII en vvortate Dei, cuando despus de
describir los bienes que la ilosoa del Langelio aport a la Luropa cristiana del
medioeo, anade: labran permanecido, ciertamente, avv abora, estos mismos
bienes si ta covcoraia evtre avba. ote.taae. er.erera.e tavbiev, y mayores se
habran debido esperar si la autoridad, el magisterio y los consejos de la Iglesia
los acogiese el poder ciil con mayor idelidad, generosa atencin y obsequio
constante. Las palabras siguientes que escribi In de Chartres al Romano
Pontice Pascual II merecen escucharse como la frvvta ae vva te, eretva:
Cvavao et iverio , et .aceraocio rirev ev bveva arvova, el mundo esta bien
gobernado y la Iglesia lorece y ructiica, cuando estan en discordia, no slo no
crece lo pequeno, sino que las mismas cosas grandes decaen miserablemente y
perecen`.
e, eretva llama Len XIII lo que para el ilsoo Maritain es un evte ae
rav. \ en erdad, el oraev veaierat en lo que tiene de e.evciat, esto es, en la
subordinacin de la ida y del poder pblico a la Santa Iglesia, es el vvico oraev
cri.tiavo posible y nico que, ayer como hoy, puede salar a los pueblos. Si este
orden no es posible, en condiciones acciaevtate. nueas, pero que no modiican
su esencia, sera porque los pueblos han crecido tanto en malicia que ya no
tienen remedio, pero, sin embargo, lo que no es posible para el hombre, lo es
para Dios, de manera que nunca sera lcito pesimismo tan radical. Pero hay que
adertir que el orden medieal, en lo que tiene de esencial, es sencillamente el
orden social cristiano y airmar que ese orden es utpico comporta airmar que
las Qva. Priva. de Po XI tambin es utpica.
Para terminar con la cuestin presente creo que es oportuno recordar que,
cualesquiera sean las circunstancias histricas de los tiempos, la ensenanza de la
Iglesia en la Bula dogmatica |vav avctav de Boniacio VIII: . vece.ario qve
ta avtoriaaa tevorat .e .oveta a ta avtoriaaa e.iritvat, es tan cierta y erdadera
hoy, como en los das de los Apstoles cuando un punado de hombres se
presentaban a la hostilidad de un mundo de judos e inieles, como en los das
de San Agustn y del Santo Imperio Romano Germanico y como sera manana
en los das de la apostasa uniersal del Anticristo, tan cierta y erdadera hoy en
Lspana y la Argentina como en Inglaterra, Lstados Unidos y Rusia, tan cierta y
erdadera en el mundo de la idea como en el de la accin -aunque por la
impiedad de los hombres no en el de la conducta iida- y entonces como
ahora esta erdad ha de serir como norma de conducta que impulse la accin
de los indiiduos, de las amilias y de los Lstados, porque ayer, hoy y siempre`,
Jesucristo es Rey de las Naciones. Que esa norma de accin rente a
circunstancias concretas de un lugar y de un momento histrico, haya de
limitarse a una realizacin imperecta, o casi inexistente en razn de una
imposibilidad ae becbo que por la malicia de los hombres orecen esas
circunstancias, es admisible, pero an entonces, sera obligacin de indiiduos,
de amilias y de los Lstados emplear todas sus energas, bajo el imperio de la
prudencia, en cada caso particular, para que esas resistencias, deriadas de
circunstancias de hecho, desaparezcan y se logre la mas perecta concordia del
Imperio y del Sacerdocio, en reconocimiento del asallaje uniersal, debido a la
Realeza de Jesucristo.
La doctrina de la analogia
falsamente aplicada
Pretender mantener la inariabilidad de la doctrina catlica sobre la
cristiandad y al mismo tiempo abricarse una teora donde cupiesen ininidad de
cristiandades, tipos esencialmente diersos de ella, todos igualmente aceptables y
deseables, iba a exigir un esuerzo dialctico extraordinario, dicil de cumplir
para quien no estuiera dotado de las excepcionales dotes intelectuales que hay
que reconocerle a Maritain. Ll ilsoo de Meudon que hace del tomismo
proesin pblica iba a encontrar en la clebre teora de la analoga de
proporcionalidad propia` un arma al parecer saladora.
Ln vvavi.ve vtegrat, aparecido en 1936, ormula Maritain esta aplicacin
que ya haba insinuado suicientemente en Dv Regive 1evoret al reaccionar
contra una concepcin uniocista del concepto de cristiandad y proponer para
ello su teora de la tesis` y de la hiptesis`.
Ln otros trminos -escribe- no es de una manera vvroca cmo puede
realizarse tal concepcin en las dierentes edades del mundo. Ls de una manera
avatgica... la solucin erdadera se encuentra en la ilosoa de la avatoga. Los
principios no aran, ni tampoco las supremas reglas practicas de la ida
humana, pero se aplican segn maneras esencialmente diersas que no
responden a un mismo concepto sino segn una semejanza de proporciones...
De aqu el problema particular que queramos tratar ahora y que ormularemos
en los siguientes trminos: ,una cristiandad nuea, en las condiciones de la edad
histrica en que entramos debe, encarnando siempre los vi.vo. principios
,analgicos,, ser concebida segn un tipo e.evciatvevte ,especicamente, distinto
de aquel del mundo medieal Respondemos airmatiamente a esta cuestin.
Pensamos que una edad nuea del mundo permitira a los principios de toda
ciilizacin italmente cristiana realizarse segn un nueo analogado concreto`.
,Ll subrayado y los parntesis son de Maritain,.
Maritain airma, en substancia, que la doctrina catlica sobre la cristiandad
no implica una concepcin vvroca sino analgica. Ls decir que el ocablo de
cristiandad no comprende una nica esencia, .ivticiter eaaev, sino arias
esencias totalmente diersas ;.ivticiter airer.a) , .ecvvavv qvia tavev eaaev, esto
es, er atiqvav roortiovev, idnticas con todo en algn respecto, es a saber por
alguna proporcin
162
.
Para usar el ejemplo clasico en la Lscuela de nombre
analgico de proporcionalidad propia, diramos que en esta hiptesis la
cristiandad sera una nocin como la de conocimiento` que se dice tanto del
sentido como de la inteligencia porque, si bien la ista, por ejemplo, como la
inteligencia conocen`, son estos, dos conocimientos esencialmente diersos -
dos esencias totalmente diersas- que no coinciden sino en una semejanza de
relaciones. Ln la analoga de proporcionalidad propia -ensena Maritain
163
-
tenemos un concepto avatogo ae .v,o ,conocimiento, dicho del sentido y de la
162
Garrigou-Lagrange, Diev, pag. 531.
163
e. Degre. av aroir, Descle de Brouwer, 1932, Paris, pag. 823.
inteligencia, ser, dicho de la creatura y de Dios, que designa en cada uno de los
sujetos de los cuales se dice algo que es notiicado por la .ivititva ae retaciove. que
tienen respectiamente cada uno de los sujetos ,el sentido, al trmino
,conocimiento, designado en l por este concepto, y el otro ,la inteligencia, al
trmino ,conocimiento, semejantemente designado en l por el mismo
concepto`.
Ln consecuencia, tanto la cristiandad medieal como la nuea cristiandad
de Maritain seran cristiandad`, pero lo seran como dos esencias totalmente
diersas. Ln consecuencia la cristiandad` como todo nombre analogo de
proporcionalidad propia sera necesariamente polialente, enolera en s no
una sino muchas esencias diersas, como el concepto de ser que no es vvvv iv
vvtti., sino como una ariable enoliendo una multiplicidad actual y realizada
en arios sin establecer por lo mismo entre ellos una comunidad de esencia`
164
.
Adierta bien el lector que las realizaciones esencialmente diersas de un
concepto avatogo proienen del mismo concepto que, en propiedad, no es uno,
sino mltiple, polialente. Realiza aplicaciones diersas porque l es de por s,
dierso. Ll concepto de cristiandad` entonces, de ser esto exacto, enolera en
s dierencias esenciales dentro de una nica y misma doctrina sobre la
cristiandad`. Consecuencia hasta aqu inaudita en la teologa catlica que no
conoce sino unos nicos e idnticos principios de cristiandad que son los del
aerecbo vbtico ecte.ia.tico y que se resumen en el reconocimiento pblico y
plenario de los derechos de la Santa Iglesia, los cuales derechos son tan
inariables y permanentes como la misma Iglesia. Que si aran en las
aplicaciones no es en irtud ae . vi.vo sino en razn de la materia o
circunstancias a que se aplican, por tanto esas dierencias proenientes de la
materializacin del concepto no implican sino dierencias puramente
indiiduales -jamas esenciales- como el concepto de hombre que se realiza
desigualmente en Pedro, Juan y Andrs, con desigualdades proenientes, no del
concepto mismo de hombre, sino de las materias indiiduantes, y, por tanto,
insuicientes para establecer diersidad esencial.
Repito: una mismsima doctrina, que sin surir alteracin esencial, pueda
tener aplicaciones esencialmente diersas, es algo, hasta aqu, inaudito en las
escuelas catlicas. Ls sencillamente un absurdo. Porque, ,cmo es posible que B
y C, idnticos con A, sean esencialmente diersos entre s, si no se asignan a A
las dierencias que especiiquen la diersidad \, ,cmo pueden asignarse
164
Ibid., pag. 423.
dierencias si A -la doctrina catlica- no tiene sino un solo y nico
enunciado Dira alguno: la dierenciacin esencial en B y C iene de que uno y
otro son realizaciones concretas dierentes de A`. ,\ cuanto se ha isto -
preguntamos- que la concrecin en circunstancias indiiduales puede producir
dierencias esenciales Se comprende perectamente por ejemplo que una misma
doctrina cristiana sobre la santidad se realice de maneras accidentalmente
diersas, pero nunca esencialmente diersas, porque en este caso habra una
modiicacin en la doctrina misma.
La tentatia de Maritain, imposible y absurda, demuestra la debilidad de
toda su construccin antojadiza de la nuea cristiandad.
Nuevo estilo de santidad
Si en razn de que las condiciones sociales humanas pueden diersiicarse
casi al ininito, hubiramos de admitir cristiandades diersas, se seguira
igualmente que habra que admitir en el cristianismo tipos esencialmente
dierentes de santidad. Pues, ,qu es la cristiandad sino la proyeccin social de la
santidad indiidual ,Qu es para la Iglesia el Santo sino el indiiduo humano
que aplica plenamente en su ida los derechos de la Santa Iglesia ,\ qu es la
cristiandad sino el reconocimiento pblico, por parte de las naciones, de estos
mismos derechos Luego, si hay diersas cristiandades, con igual razn ha de
haber diersas santidades, esencias totalmente diersas de santidad. La
consecuencia es rigurosa. Pero Maritain se cuida bien de incurrir en semejante
desatino que olera inmediatamente contra l la ensenanza constante del
magisterio de la Iglesia. No hablemos -se apresura a decir
165
-, de un nueo
tipo de santidad, esta palabra sera equoca, el cristiano no conoce mas que un
tio de santidad eternamente maniestado en el Cristo. Pero las condiciones
histricas cambiantes pueden dar lugar a modos nueos, a estilos nueos de
santidad...`.
La inconsecuencia del ilsoo es maniiesta. Lo lgico de su teora sobre la
vvera cristiandad le llea a admitir una teora sobre una nuea santidad, nuea en
lo e.evciat como nuea en lo e.evciat es su cristiandad. Pero se detiene porque
sabe que las ensenanzas etcita. del Magisterio eclesiastico se lo impiden en
orma tan perentoria que una tesis de esta ndole, que toca a lo mas sagrado y
ital de la Iglesia, cual es la nocin misma de santidad le haran blanco,
165
vvavi.ve vtegrat, pag. 128.
inmediatamente, de las mas uniersales reprobaciones de los telogos y an del
Magisterio mismo. Si Maritain se permite asentar teora tan antojadiza y
peregrina sobre la nocin misma de cristiandad es porque sabe tambin que, en
la practica eclesiastica, se tolera al respecto mayor libertad. Pero el amor a la
erdad le debi hacer relexionar que no es posible admitir tipos esenciales
diersos de cristiandad y rehusarse a admitir los de santidad. \ si en un caso es
legtima y en el otro no tal admisin debi dar las razones que en su opinin
justiicaban posicin tan peregrina. Porque si la cristiandad surge, como es
notorio, de la santiicacin de todos los estados de ida, ya que stos
comprenden en su totalidad las relaciones todas, tanto indiiduales como
sociales de la ida humana, y si, a pesar de ello no hay mas que una nica e.evcia
de santidad, ,cmo es posible admitir airer.a. esencias de cristiandad Ll
principio de Santo 1omas iaev avtev oortet e..e ;vaicivv ae five totiv.
vvttitvaivi., et vviv.
166
tiene aqu cabal aplicacin.
Diversidad de civilizacin y de cristiandades
Pero no es dicil descubrir de dnde arranca la tesis maritainiana sobre la
diersidad esencial de cristiandades. Concibe la cristiandad como una realidad
substancialmente natural, y undado en el principio de que pueden ser diersas
las ciilizaciones naturales, concluye que deben serlo asimismo las cristiandades.
De aqu que en las paginas
16
donde estudia estas cuestiones aduzca aquella
ensenanza del Anglico airer.a. rita. facivvt et er cov.eqvev. airer.a. re.vbtica..
Pero an cuando debiramos conceder que sea esencialmente diersas las
ciilizaciones, existentes uera de la Iglesia, no se seguira que tambin lo hayan
de ser una ez incorporadas a la Iglesia. La razn estriba en que la Cristiandad si
bien es vva reatiaaa .ociat tevorat y perecedera no puede decirse que sea propia
y erdaderamente vatvrat. Porque es el orden social temporal unido
.vb.tavciatvevte a la Iglesia, como el cuerpo al alma, y siendo la Iglesia una forva
.obrevatvrat, de ella recibe la Cristiandad su medida y denominacin. Ln la
medida que eriica el concepto la Cristiandad es una ciilizacin
.obrevatvratiaaa, santiicada por la Iglesia. Podra ser muy diersa la ciilizacin
china de la grecorromana o de la germanica, pero tan pronto como una y otra se
incorporan erdadera y italmente a la Santa Iglesia, aaotavao .v aoctriva covo
166
De Regivive rivcivv, I, 14.
16
vvavi.ve vtegrat, pag. 144.
rivciio vbtico ae riaa, no hay sino una nica ciilizacin que es la cristiana.
Imaginar la perseerancia de la diersidad de ciilizaciones, despus de su
incorporacin a la Iglesia implica concebir el nculo de unin entre la Iglesia y
esta ciilizacin, a manera del nculo que existe entre el motor y el cuerpo al
que imprime moimiento, nculo puramente etrvseco propio de la causa
eiciente. Pero no es as como concibe este nculo la constante tradicin
eclesiastica. Santo 1omas que recoge sabiamente esta ensenanza tradicional nos
ensena
168
que ta ote.taa .ecvtar .e .v;eta a ta e.iritvat covo et cvero at atva y
este modo de concebir y expresar ha recibido la sancin de la autoridad de Len
XIII en las encclicas vvortate Dei y iberta., cuando dice: Ls pues necesario
que haya entre las dos potestades cierta trabazn ordenada, trabav vtiva, que
no sin razn se compara a la aet atva cov et cvero ev et bovbre`. Como alguien
pudiera objetar que estas expresiones no tienen mas alor que el de simples
metaoras, preguntamos, ,por qu han empleado esta metaora y no las que
denotan pura causalidad extrnseca y eiciente, como la del motor y el mil, o el
agente y paciente Si se tiene en cuenta la exactitud con que se expresan
telogos, como Santo 1omas y como el Pontice Len XIII, resulta claro que
han querido maniestar la unin ntima -trabav vtiva, dice Len XIII-
como la que existe entre el cuerpo y el alma del compuesto humano, y no
puramente extrnseca. Por otra parte, an prescindiendo de esta metaora, la
naturaleza ntima de esta unin surge de la unidad misma de la accin humana
que, en razn de la unidad del hombre, no puede proponerse sino un nico
ltimo in, que debe inormar todas sus acciones. Si los telogos, al expresarse
en esta materia, hablan de subordinacin y no de coordinacin, es que exigen la
unin intrnseca de dos causas -las instituciones temporales y la diina
Institucin de la Iglesia- en la produccin de un solo y nico eecto, es a saber,
la ciudad o ciilizacin cristiana.
Si esto es as, como no hay sino una nica Iglesia, no puede haber sino una
nica -numricamente una- ciilizacin cristiana. Porque los seres que se
originan por una comunicacin de orma substancial no pueden multiplicarse
sino se multiplican las ormas substanciales, lo cual no es posible cuando sta es
nica. La Cristiandad no puede ser sino nica a tras del tiempo y del espacio.
Nada importa que unos Lstados se substraigan a la iiicacin de la Iglesia y
que otros se sometan a ella, no por eso, se multiplica ni se pierde la ciilizacin
168
II. II. 60. 6. ad 3.
cristiana, as como en un arbol no pierde ste la unicidad de su ser porque
broten nueas ramas y se sequen y mueran otras.
luera de la Iglesia, las ciilizaciones podran multiplicarse numricamente y
an en especies, gneros, o creaciones analgicas o an totalmente equocas,
segn se multipliquen los principios de ida que rigen los diersos Lstados,
pero, en la Iglesia y cuando a Llla se incorporan los Lstados, reciben un
principio nueo de ser y de ida, que los constituye en una nuea y nica
ciilizacin cristiana. A tras de los dos milenios de superiencia de la Iglesia
en el mundo, la ciilizacin cristiana -la Cristiandad- perseera
substancialmente la misma, todos los cambios que, por razn de las
transormaciones humanas, se operan en los Lstados, no pueden signiicar sino
ariaciones y cambios accidentales en la ciilizacin cristiana misma.
Lsta manera de concebir una nica ciilizacin cristiana exige que
desechemos de nosotros una imaginera estatica y, por el contrario, la
imaginemos a modo de un organismo, impulsado por una dinamica ital, que,
en las diersas etapas por las que a atraesando la ciilizacin cristiana -no
decimos la Iglesia o si se quiere decimos la Iglesia, pero considerandola
precisamente en esta su actiidad sobre lo temporal que no agota todas las
irtualidades de su ser y actiidad- en estas diersas etapas -decimos- a
reistiendo ormas y realizaciones accidentalmente diersas que proienen de
dos gneros principales de mudanzas: las unas, deriadas de las resistencias que
lo temporal -en el gnero de causa material- orecen a lo espiritual y que no
le permiten una total y plena actuacin. As como en un organismo, donde
pueden presentarse rganos enermos, o con traumas, producidos, no
precisamente por deiciencias en el igor del alma sino como quebrantos en el
cuerpo que impiden la plena actuacin del alma. La ciilizacin cristiana ha
surido mudanzas, por este gnero de causas, deriadas de las herejas, del cisma
y de los pecados del clero, de los prncipes y del pueblo, males que le han trado
hasta la muerte, no precisamente de la ciilizacin cristiana misma, pero s de
miembros, como ue el cisma del mundo greco-ortodoxo, y modernamente, el
de Inglaterra, Prusia y la deeccin de lrancia. Lstas escisiones en la Cristiandad
pueden compararse a ramas total o parcialmente desecadas, cuya desaparicin, o
mutacin, no comporta mudanza substancial en el arbol mismo.
Otro gnero de causas, que pueden traer ariacin en la ciilizacin cristiana
proiene no ya de una deiciente, sino de una misma y an plena actuacin que,
al inormar elementos heterogneos -heterogeneidad interna, por causa de las
herencias histricas nacionales y culturales y de las ocaciones propias de los
dierentes grupos humanos- trae tambin una heterogeneidad de miembros de
acuerdo a la uncin peculiar de cada uno y tambin a la etapa de ida de la
misma y nica ciilizacin. De igual manera que en el compuesto humano,
donde una mismsima alma espiritual inorma un cuerpo heterogneo, con
miembros muy diersos, an tambin un mismo ser con caractersticas tan
diersas como las que existen en un mismo hombre, cuando nino, cuando
adolescente y cuando hombre maduro o en la ejez.
Po X ha conirmado plenamente esta doctrina de la unicidad de la
ciilizacin cristiana, tanto en it fervo roo.ito cuanto en la Carta covaevatoria ae
to. errore. aet ittov.
All dice que ta ciritiaciv cri.tiava vo e.ta or ivrevtar, ta ciritiaciv
cri.tiava vo e.ta or ivrevtar, que ba ei.tiao , ei.te, que vo .e trata .ivo ae
e.tabtecerta , re.tavrarta .iv ce.ar .obre .v. fvvaavevto. vatvrate. , airivo. covtra to.
ataqve., .ievre revoraao., ae ta vtoa vat.ava, ae ta rebetaa , ae ta ivieaaa:
Ovvia iv.tavrare iv Cbri.to, que ha sido undada con to. aaecivievto. ae
vittove. ae vartire., ta. tvce. ae to. Paare. , Doctore. ae ta gte.ia, ta abvegaciv ae
toao. to. beroe. ae ta cariaaa, vva oaero.a ;erarqva, vaciaa ev et cieto, , toao etto
eaificaao, vviao, covevetraao or ta riaa , et e.ritv ae ]e.vcri.to..., que vo ba,
qve ae.tigar.e ae to a.aao, avte. ba.ta avvaar. . . to. orgavi.vo. roto. or ta
rerotvciv , aaatarto. cov et vi.vo e.ritv qve e.tvrierov avivaao., at vvero veaio
creaao or ta erotvciv vateriat ae ta .ocieaaa covtevoravea....
Para dar isos de justiicacin a su concepto de cristiandad que, como
hemos isto, no se concilia con el concepto tomista, Maritain en su Retigiov et
Cvttvre compara el catolicismo, principio inormante de la cultura cristiana, a un
iiente trascendente, dice, e independiente y iiicador - un poco ,pero
toda comparacin es deiciente,, como una alma espiritual que subsistira aparte,
y a la manera del intelecto separado` de los aerroistas y que comunicara de su
ida a diersos iientes`
169
.
,Ll parntesis es de Maritain,. Comparacin
absurda, que no eita su contradiccin con la constante doctrina eclesiastica y
que no tiene por objeto sino justiicar la tesis maritainiana de la multiplicidad de
ciilizaciones cristianas.
Pero planteemos una cuestin que hasta aqu hemos dado por concedida.
,Lsta suicientemente probado que las ciilizaciones uera del cristianismo si
lograran eriicarse en su ivtegriaaa , tevitva podran multiplicarse no slo
169
Retigiov et Cvttvre, pag. 53.
numricamente sino an e.evciatvevte Creemos que no. \ la razn surge ntida
de la doctrina expuesta mas arriba sobre la nocin de ciilizacin. Si la ida
humana, tanto indiidual como social, esta ordenada a la diina contemplacin
de la Verdad y a la posesin del Sumo Bien no siendo ste sino vva vvica 1eraaa
, vv vvico iev y no habiendo para el hombre sino vv vvico camino para
alcanzarla no puede haber sino una nica e.ecie de ciilizacin como no hay
sino una nica e.ecie humana.
Podran multiplicarse, por razones indiiduales y accidentales, las
ciilizaciones como arios indiiduos dentro de una misma especie, pero jamas,
como esencias diersas. Ls claro que, de hecho, y por la malicia de los hombres
que ponen su elicidad, quien en los honores, quien en la riqueza o en la gloria,
quien en el placer, quien en el Dinero, quien en el 1rabajo, y as, sucesiamente,
se multiplican diersamente las ciilizaciones, pero en la medida en que se
diersiican, se apartan tambin de la recta norma que debe regir al hombre en
su condicin ormal de bvvaviaaa.
Ln esta perspectia, pero solamente en ella ale el texto de Santo 1omas
inocado por Maritain: a airer.iaaa ae civaaae. ,Polit. VII, 6, II. II. q. 61. a. 2.,
proiene de la diersidad de ines o de maneras dierentes de tender a un mismo
in y los hombres constituyen idas comunes diersas y por consiguiente
diersas ciudades, airer.a. rita. facivvt et er cov.eqvev. airer.a. re.vbtica.. Pero
no olidemos que no hay sino una manera de ser .ivticiter bvevo y por tanto no
puede haber sino una nica ciilizacin erdaderamente humana. ievao ta
rirtva -dice el Anglico
10
- to qve bace bvevo at qve ta o.ee, .e .igve qve et efecto
roio ae ta te,, e. bacer a aqvetto. a qvieve. .e aa, bvevo. o .ivticiter o .ecvvavv
qvia. Porqve .i ta ivtevciv aet qve e.tabtece ta te, .e airige a aqvetto qve vo e.
.ivticiter bvevo, .ivo vtit o aeteitabte, o covtrario a ta airiva ;v.ticia, ta te, evtovce.
vo bace .ivticiter bvevo. a to. bovbre., .ivo tav .to .ecvvavv qvia, e.to e. ev
oraev a tat regivev. De e.te voao et biev .e evcvevtra tavbiev ev to. qve, ae .v,o, .ov
vato.; covo atgviev qve e. ttavaao bvev taarv orqve obra ae covforviaaa cov et
fiv.
Antes de pasar adelante adertirnos que no es puramente rerbat y por lo
mismo ociosa esta cuestin sobre la nocin misma de cristiandad. Por el
contrario constituye ella la clae de todos los otros errores y extraos de
Maritain, y lo que es mas importante senala la naturaleza misma de sus extraos,
es a saber el error tpico de lo que se llama en 1eologa el liberalismo catlico`.
10
I. II. 92. 1.
Sabido es que con la encclica Libertas` de Len XIII, publicada el 20 de junio
de 1888, ha quedado oficiatiaaa la clasiicacin tripartita del liberalismo, hecha
primeramente por el Padre Mateo Liberatore de la Compana de Jess, en sus
amosos artculos de la Ciritta Cattotica, reunidos luego en olumen con el ttulo
de a gte.ia , et .taao. Distingue all el Padre Liberatore, el liberalismo
absoluto`, caliicado por Len XIII, de psimo gnero de liberalismo`, el cual
no reconoce ningn derecho ni diino ni humano, uera de lo que determina la
razn del hombre, con todo rigor es este, un sistema ateo que hace del hombre,
indiidual o colectio, un dios. Un liberalismo mitigado` que reconoce la
sujecin del hombre a las leyes diino-naturales, pero no a las sobrenaturales.
Ln consecuencia, la Iglesia que se presenta como .ocieaaa erfecta .obrevatvrat, es
reconocida tan slo como sociedad independiente y autnoma, dentro de la
esera de la conciencia, pero sin derechos pblicos propiamente dichos. \ por
in, un liberalismo, llamado de los catlicos liberales o liberalismo catlico que
acepta, en teora, la doctrina ntegra catlica sobre la Iglesia y el Lstado, pero se
rehusa a su aticaciv ractica. Lstos -dice Liberatore- rehuyen la discusin
en el terreno abstracto de los razonamientos, pero iniendo al concreto de los
hechos, reputan mas prudente y mas til a la Iglesia misma su total separacin
del Lstado. Recuerdan los agraios por ella suridos durante la esclaitud en que
los prncipes de los pasados tiempos se esorzaban en tenerla so color de
proteccin, y la aconsejan que renuncie por s misma al inausto consorcio, y
reducindose a solas sus uerzas morales, no reclame ni espere auxilio alguno del
poder ciil, ni pretenda ejercer ninguna inluencia en ningn ramo del poder
poltico. Ln cuanto a las libertades, llamadas modernas, dicen que la Iglesia
puede y debe aceptarlas sin recelo, puesto que ellas no pueden menos de
producirle entajas, no habiendo nada tan conorme a la naturaleza del hombre
como el gozar de plena libertad poltica y religiosa, sacudiendo todo yugo de
seridumbre y de restriccin. Dice que de todos modos, esta es la tendencia
uniersal de la sociedad moderna, y el contradecirla es una loca determinacin
que no puede producir otro resultado que el de enajenar cada ez mas los
animos a la Religin, con dano irreparable, no slo de la sociedad ciil, sino
tambin de la misma Iglesia. As se explican estos alerosos apologistas, los
cuales, con una sencillez que enamora, se consideran como los nicos que en
claro, los erdaderos conocedores del mundo, los prudentes por excelencia, los
legtimos deensores de los intereses catlicos, y se lanzan de una manera eroz
contra cualesquiera que les contradigan, sin omitir por eso el obligado
panegrico de la caridad y de la moderacin`
11
.
La reutacin de este liberalismo, ormulada por los telogos, se unda en
su inconsecuencia`
12
o incoherencia`
13
,
y lo caliican de doctrina alsa por lo
menos mediatamente opuesta a la doctrina reelada` ,Muncunil
14
,.
Ll
Syllabus` lo expresa en las siguientes proposiciones condenadas:
No coniene ya en nuestra poca que la Religin Catlica sea tenida por la
nica religin del Lstado, con exclusin de cualquier otro culto`.
8. Por eso en algunos pases catlicos se ha proisto laudablemente por la
ley que a los hombres que entran en ellos se les permita el ejercicio pblico de
su culto`.
9. Ls ciertamente also que la tibertaa cirit ae cvatqvier cvtto y la plena
acultad a todos concedida de maniestar pblica y claramente sus opiniones y
pensamientos conduzca a la mas acil corrupcin de los animos y de las
costumbres de los pueblos y a propagar la peste del indierentismo`.
80. Ll Romano Pontice puede y debe reconciliarse y transigir con el
progreso, con el liberalismo y con la ciilizacin`.
Importa tener presente que en este tipo de liberalismo catlico,
expresamente condenado, incurre Maritain, para apreciar cuan ineicaces son los
conatos de deensa intentados por el mismo Maritain o por sus discpulos,
erdaderos o presuntos, cuando al reprocharseles este grasimo error se sienten
grae y gratuitamente agraiados
15
e inocan, en deensa, las obras, muy
excelentes y meritorias por otra parte, donde ha expuesto Maritain tericavevte
-sin alor practico- la buena doctrina o donde ha rechazado las otras ormas
de liberalismo que nadie le imputa.
Lste liberalismo catlico no ha de considerarse como un sistema rgido sino
como un conjunto de tendencias mas o menos coherentes, que registra ariedad
de grados, cuyas desiaciones y peligros han de ser examinados en cada caso.
An histricamente, el liberalismo catlico una orma reiste en Lamennais, otra
en Montalembert y Dupanloup, otra en el moimiento de la democracia
cristiana` de Dabry, Lemire, Naudet, otra en el americanismo condenado en la
11
Liberatore, a gte.ia , et .taao, pag. 11.
12
Ibid., pag. 22.
13
Billot, De ccte.ia, 2 ed., t. II, pag. 51.
14
Muncunill, De ccte.ia, pag. 594.
15
Carta de Maritain al Cgo. Luis Arturo Prez, de Santiago de Chile, y de Maritain, Rai.ov et
Rai.ov., Lglo, Paris, 194, pags. 259 y sig.
1e.tev everotevtiae, otra en el moimiento del ittov. Su peligro y desiacin es
tanto mayor cuanto tiende a erigirse en teora o fito.ofa de la ida. Bajo este
aspecto en la Nuea Cristiandad` de Maritain se ocultan mayores extraos que
en la misma concepcin de Lamennais.
Por otra parte, aunque el enunciado terico de que se reiste el liberalismo
catlico sea mas benigno y aceptable que las otras ormas impas de liberalismo,
de un Rousseau, Kant, lartmann, etc., por ejemplo, en la realidad practica
puede resultar mas nocio. Porque a debilitando, por dentro mismo de la
Iglesia, la Regla de ida social que ha de regular la accin de los Catlicos.
De cualquier manera, el liberalismo catlico al abandonar en la aplicacin
practica, la nica Regla Catlica de ida social que en la covcoraia aet .aceraocio ,
aet iverio propone la Iglesia, debera adoptar otra Regla de ediicacin, que al no
ser la catlica, inluira de hecho en la ediicacin de la ciudad del diablo, por
mucho que inoque al cristianismo`. Porque como no hay sino dos ciudades a
lo largo de la historia humana, la ciudad de los hombres` y la ciudad de
Dios`, que dice San Agustn ,L. XV, 1,, quien abandona en la realidad iida la
Regla de ediicacin dejada por Cristo a su Santa Iglesia, debera adoptar otra
Regla que ha de inluir en la ediicacin de la Ciudad lraterna del lombre.
LA NULVA CRIS1IANDAD, CIUDAD
NA1URALIS1A
Qviev e. vevtiro.o .ivo aqvet qve viega
qve ]e.v. e. et Cri.to. ,Lpstola I de San
Juan, II, 22,.
La alteracin a que somete Maritain el concepto ormal de cristiandad ha de
comportar una alteracin grae de la reatiaaa misma en que se eriica dicho
concepto. \ como todo mal es tanto mas grae cuanto mas eleadas son las
partes del ser en que produce quebranto, de donde se comunica luego a las
partes ineriores, estudiaremos la mengua que sure la cristiandad en la
concepcin maritainiana, primeramente en lo que se reiere a los derechos de
Dios y de la Iglesia, y luego en lo que toca al poder pblico. Por tanto
consideraremos el naturalismo o la rofavaciv de la ciudad catlica y su tiberati.vo
o rebelin.
Ll error naturalista` que tambin se llama racionalismo` o ilosoismo`
es la hereja peculiar y distintia del mundo moderno. Proclama la suiciencia de
la humana naturaleza para alcanzar su elicidad. Ln el ondo constituye la
esencia misma de todas las herejas. Porque, en una u otra orma, las herejas son
un olerse de la humana naturaleza contra las erdades que nos son
comunicadas por la Reelacin. Ll hereje substituye por su erdad`, por la
doctrina tal como l la entiende con sus humanas luces, la Verdad que, por el
autntico Magisterio, le propone Dios. Ll naturalismo es la negacin radical de
toda erdad sobrenatural por el hecho de serlo. Ln la airmacin implcita de
que basta la ilosoa -la ciencia del hombre- y no es necesaria la teologa -la
ciencia de Dios- para ordenar perectamente al hombre. De aqu que los
apstoles, con exhortaciones apremiantes
16
inculcaran a los primeros cristianos
gvaraar.e ae ta. .eavcciove. ae ta fito.ofa y les recordaran las palabras de las
Lscrituras
1
: De.trvire ta .abiavra ae to. .abio. , ae.ecbare ta rvaevcia ae to.
rvaevte.
18
.
Nunca lleg el orgullo humano a inatuarse de manera tan prounda y
uniersal como despus de la gran hereja de la Reorma, cuando la razn, so
16
Col. II, 8.
1
Isaas, XXIX, 14.
18
I Cor. I, 19.
pretexto de romper las cadenas que la aprisionaban, desbord en ininitos
delirios. Por esto, el Concilio Vaticano, congregado en nombre del Dios de la
Reelacin, al ulminar anatema contra los modernos errores, dice en el Prlogo
de la Constitucin Dogmatica de la le Catlica`, despus de reerirse al
Protestantismo: ^aci evtovce. , .e roag ae.ve.vraaavevte or toaa. arte. aqvetta
aoctriva aet raciovati.vo o vatvrati.vo, qve, ovievao.e ev covtraaicciv totat cov ta retigiv
cri.tiava, ev rav aet caracter .obrevatvrat ae e.ta v.titvciv, vaqviva cov etraoraivario
araor ectvir ae ta. ivtetigevcia. bvvava., ae ta riaa , ae ta. co.tvvbre. ae to. vebto. a
]e.vcri.to, ^ve.tro vvico evor , atraaor, ara e.tabtecer et reivo ae to qve ttavav ta vra
rav o vatvratea.
Lntre los Padres mas isibles del moderno racionalismo se cuentan
Descartes, Bacon, Spinoza, lobbes, lume, Locke, \ol, Kant, legel, Voltaire
y Rousseau en el siglo XVIII se erigen en los propagandistas del racionalismo en
lrancia y con anatismo trabajan en disoler la sociedad rancesa que termina
luego por adorar a la diosa Razn. Lmancipada de la e, la presunta deidad se
entrega a toda clase de extraos, y a los mas inerosmiles delirios. No hay, en
eecto, insensatez por grande que se la suponga que no haya sido inentada y
propalada por algn ilsoo. De aqu que sean tan exactas y cabales las palabras
del Santo Concilio Vaticano: Pero ae.ve. ae baber abavaovaao , recbaaao ta retigiv
cri.tiava , ae baber vegaao a Dio. , a .v Cri.to, ca, or fiv ta ivtetigevcia ae vvcbo. ev et
abi.vo aet avte.vo, aet vateriati.vo, aet ate.vo, ae tat .verte qve vegavao ta vi.va
vatvratea raciovat, , toaa. ta. vorva. ae to ;v.to , ae to recto avvav .v. e.fvero. ara
vivar to. fvvaavevto. va. rofvvao. ae ta .ocieaaa bvvava.
La independencia o emancipacin de la razn, de ah la terrible hereja del
racionalismo o naturalismo que engendra luego los errores sociales del laicismo,
liberalismo, socialismo y comunismo. Debajo de todos estos errores y como
constituyendo su prounda raz esta el mayor de todos los pecados que, como
ensena Santo 1omas
19
es el de inidelidad. Porqve toao ecaao cov.i.te forvatvevte
ev ta arer.iv ae Dio., covo .e ba aicbo ,I. II. 1. 6,. De aovae, tavto va. grare e. vv
ecaao, cvavto or et va. .e .eara et bovbre ae Dio.. .bora biev, or ta ivfiaetiaaa .e ate;a
ae Dio. et bovbre ev graao vaivo; orqve vo tieve et reraaaero covocivievto ae Dio.; , or
et covocivievto fat.o vo .e acerca a Dio. .ivo qve ae et .e ate;a. ^i veae covocer a Dio. qviev
ae et tieve fat.a oiviv orqve to qve et oive vo e. Dio.. De aovae e. vavifie.to qve et
ecaao ae ivfiaetiaaa e. et va,or ae toao. to. ecaao. qve tievev tvgar ev ta errer.iaaa ae ta.
co.tvvbre..
19
II, II, 10, 3.
Por otra parte, de todas las especies de inidelidad la peor es la de los
herejes que rechazan la e despus de haberla recibido
180
.
Luego el naturalismo y
el racionalismo que caliica Santo 1omas de ao.ta.a ae erfiaia
181
es la
aberracin moral mas monstruosa de la historia de las costumbres.
Maritain, eidentemente no incurre en estos grasimos errores. Por el
contrario con energa y sobre todo con eicacia extraordinaria, los iene
combatiendo en obras que se han hecho amosas en todo el orbe ciilizado.
1beova., .vtivoaerve, a Pbito.obie erg.ovievve, 1roi. Reforvatevr., e. aegre. av
aroir, Privavte av iritvet, Refteiov. .vr tivtettigevce, atestiguan una poderosa
inteligencia puesta al sericio de una e catlica ntegra.
Maritain que, en consecuencia, rechaza los modernos errores del
naturalismo o racionalismo, proesa los principios esenciales y constitutios del
catolicismo, es a saber: que el hombre ue creado, en el estado sobrenatural de
justicia, con derecho a la isin intuitia de Dios, que su pecado le acarre la
prdida de la justicia original para s y para todos sus descendientes, que el
Verbo de Dios se hizo carne y, con su pasin y muerte restaur aquel primitio
estado, estableciendo, despus de su resurreccin, la sociedad sobrenatural de
los lijos de Dios, que esta sociedad llamada la Iglesia Catlica, Apostlica y
Romana, es la nica depositaria de la Verdad y de la Gracia de Cristo, sin la cual
no obtienen el hombre y los pueblos su salud.
le aqu los principios que Maritain proesa. Por esto, en el examen de sus
teoras ilosico-polticas, nos colocamos en la hiptesis de que estos
principios, y cuantos de ellos se derian, estan uera de toda discusin. Pero
entonces -podra preguntar alguno- si Maritain admite estos principios
esenciales del cristianismo, ,a qu este intento de echar una sombra de duda
sobre la ortodoxia de una obra que se reconoce meritoria
Porque Maritain, que se proesa eroroso ilsoo catlico, ha orjado una
teora practica`, esto es, ordenada a regular las acciones morales de los
catlicos en el orden social, que se llama la nuea cristiandad`, o el
humanismo integral`, o, la ciudad raterna`, ahora bien, lo que esta en
discusin es esta su nuea cristiandad`. ,Acepta esta su ciudad raterna aquellas
erdades undamentales que constituyen la esencia de la le Catlica Porque, si
no las aceptara o si no les diera la cabida que les corresponde, podra Maritain ser
personalmente catlico, pero no lo sera la ciudad que imagina en su nuea
180
I, II, 1, 6.
181
II, II, 12, 1.
cristiandad`. \ en este caso, dejando a resguardo los mritos e intenciones del
ilsoo catlico, habra que impugnar una norma de ida social que, al ser
propuesta como trmino orientador de la accin social de los catlicos,
contribuira a producir conusin y ruina.
La cuestin que planteamos resulta, en principio, perectamente legtima.
Son innumerables los casos de excelentes catlicos y an extraordinarios
telogos, que han propuesto teoras errneas y unestas. Nadie sin embargo,
tiene derecho a reprenderlos de su e catlica personal mientras no conste con
certeza que han sostenido dichas teoras, despus de haber llegado a cerciorarse
de su incompatibilidad con las ensenanzas de la Iglesia, o, lo que sera mas
grae, despus de conocer esta incompatibilidad en concreto, por maniestacin
autntica de la misma Iglesia. Ln esto ltimo radic el neasto extrao de
Lamennais. Deendi con Lacordaire, Montalembert y otros, en el diario
t
.revir, una norma social poltica anticatlica. La deendi probablemente de
bveva fe. Pero no supo renunciar a ella cuando el Magisterio le hizo conocer, en
orma autntica, que le estaba edado deenderla. Lo que Lamennais deenda,
tan anticatlico era antes como despus de la condenacin, pero no aectaba su
integridad er.ovat de proesin catlica sino despus de la condenacin.
Lsto supuesto, ,acepta la nuea cristiandad` de Maritain aquellas erdades
esenciales para que pueda, con toda erdad, llamarse una teora catlica
Pareciera que s, porque abundan en sus libros maniestaciones explcitas de esta
aceptacin. As, por ejemplo, escribe: Ln este nueo momento de la historia de
la cultura cristiana, la creatura no sera desconocida ni aniquilada delante de
Dios, no sera tampoco rehabilitada sin Dios o contra Dios, sera rehabilitada ev
Dio.. No hay sino una salida a la historia del mundo, hablo en rgimen cristiano,
sea lo que uese de lo demas. Que la creatura sea erdaderamente respetada ev
su unin con Dios y orqve de Ll lo tiene todo, humanismo, pero humanismo
teocntrico, enraizado all donde el hombre tiene sus races, humanismo integral,
humanismo de la encarnacin`
182
.
1an cierto que Maritain da cabida en su nuea cristiandad a las erdades
sobrenaturales de la Santa Religin
183
:
Breemente, consisten ,las dimensiones
internas de los cambios requeridos para el pasaje a una Nuea Cristiandad, en
hacer pasar una refracciv real del Langelio en el orden cultural y temporal. Se
trata all de cambios en el rgimen de la ida humana a la ez interiores y
182
vvavi.ve vtegrat, pag. 80.
183
Ibid., pag. 21.
exteriores, que deben cumplirse en el corazn y cumplirse en la ciudad y en las
instituciones, y que interesan juntamente, aunque a ttulos dierentes, al dominio
social y isible y al dominio espiritual, moral e inisible y en primer lugar al
dominio espiritual`.
La nuea cristiandad, al menos como surge de las declaraciones explcitas de
Maritain, da entonces cabida a las erdades undamentales de la ida
sobrenatural catlica. ,Cmo atreerse a caliicarla de naturalista Sin duda,
porque no basta que el elemento sobrenatural sea de alguna manera incluido en
la realidad social de los pueblos y de los estados para que pueda airmarse el
caracter cristiano de esa sociedad. Las sociedades modernas aceptan en su seno
a la Santa Iglesia, pero no son sociedades cristianas porque la expulsan de la ida
pblica y la recluyen en la sacrista. Interesa entonces conocer cuales son los
principios rectores que rigen la nuea cristiandad de Maritain, cuales las ideas
dinamicas que la animan, cuales los principios supremos inscriptos en las
puertas de la ciudad. Porque son precisamente los principios reconocidos como
supremos y decisios los que constituyen una naturaleza.
Maritain se ha explicado suicientemente al respecto, y as escribe: Ll
principio dinamico de la ida comn y de la obra comn, de tal ciilizacin |la
nuea cristiandad| no sera la idea medieal de un imperio que habra de
ediicarle a Dios aqu abajo, y an menos el mito de la Clase, de la Raza, de la
Nacin o del Lstado. Digamos que sera la idea -no estoica, ni kantiana sino
eanglica- de la dignidad de la persona humana y de su ocacin espiritual y
del amor raternal que le es debido. La obra de la ciudad sera realizar una ida
comn aqu abajo, un rgimen temporal erdaderamente conorme a esta
dignidad, a esta ocacin, a este amor
184
.
`As es primeramente, si se quiere recurrir a esta palabra, a ttulo de mito
primordial director de la ida comn, a ttulo de idea heroica que se ha de
realizar, de in tpico que se ha de perseguir, de tema animador de un comn
entusiasmo, poniendo en accin las proundas energas de la masa, como
aparecera la amistad raternal como un principio dinamico esencial en esta
nuea cristiandad. Porque estara orievtaaa erdaderamente y del todo ,tovt
evtiere, hacia una realizacin social-temporal de las erdades eanglicas, se
aplicara propiamente a una obra comn proano-cristiana`
185
.
184
Ibid., pag. 208.
185
Ibid., pags. 208-214.
Ln consecuencia la amistad raterna`, digamos sencillamente la
raternidad uniersal`, sera el in especiicador de la nuea cristiandad. Para que
nadie pueda creer que deseamos alterar el pensamiento de Maritain digamos
mejor, la amistad raterna eanglica`. Pero preguntamos, ,este in que se
propone la sociedad, en su caracter de tal, es el in ltimo o supremo, o es
simplemente un in inmediato y prximo, subordinado al in ltimo o supremo
Conesamos que la respuesta categrica y explcita a esta cuestin nunca ha sido
dada por Maritain. Sin embargo, ella es absolutamente necesaria.
Porque de ella y nicamente de ella depende que una ciudad sea o no
cristiana. No estamos hablando de los indiiduos que integran la ciudad,
hablamos de la ciudad como tal. ,Lsa ciudad que se propone como in la
amistad raterna eanglica` adora al Dios erdadero y a su lijo, Jesucristo, o
no lo adora ,Lsa ciudad pone en su cspide, como primera Verdad
orientadora, et avor , ta gtoria ae Dio., de manera que con respecto a ella y ev ta
veaiaa qve a etta covavce acepta la amistad raterna eanglica, o en cambio, sta
es su primera y suprema erdad, a la que todo ha de acomodarse Porque si no
adora a Jesucristo y reconoce la diinidad de la Santa Iglesia, sera te.ta, pero no
cristiana, y si, en cuanto ciudad, no adora a Dios, sera simplemente neutra y
atea.
Se trata de saber si esta nuea cristiandad` de Maritain acepta, en su
derecho pblico, la ensenanza de Len XIII sobre la proesin de la religin
erdadera. Siendo, pues, necesario al Lstado rofe.ar vva retigiv, ha de proesar
la nica erdadera, la cual sin diicultad se conoce, singularmente en los pueblos
catlicos, puesto que en ella aparecen como sellados los caracteres de la erdad.
Lsta religin es, pues, ta qve bav ae cov.errar los que gobiernan, sta ta qve bav ae
roteger, si quieren, como deben, atender con prudencia y tilmente a la
comunidad de los ciudadanos. La autoridad pblica esta, en eecto, constituida
para utilidad de sus sbditos, y aunque prximamente mira a proporcionarles la
prosperidad de esta ida terrena, con todo, no debe disminuirles, sino
aumentarles la acilidad de conseguir aquel sumo y ltimo bien, en que esta la
sempiterna bienaenturanza del hombre, y a que no puede llegarse en
descuidandose de la religin
186
`.
Maritain nada decisio dice al respecto. Pero
por la estructura y conormacin que da a su nuea cristiandad, por los
caracteres que le asigna, por los principios dinamicos que la mueen, por los
agentes que la ediican, se deduce suicientemente que en su nuea cristiandad
186
Libertas.
no tiene el Dios de la Iglesia Catlica el primer y undamental lugar que
imprescriptiblemente le corresponde. Su cristiandad es naturalista.
La Cristiandad de Maritain no adora al Dios
de la Iglesia Catlica
Ll Dios que adoramos los catlicos es un Dios que ev otro. tievo. babt a
vve.tro. aare. ev aiferevte. oca.iove. , ae vvcba. vavera. or to. rofeta. , qve
vttivavevte ev vve.tro. aa. vo. ba babtaao or veaio ae .v i;o, a qviev cov.titv,
bereaero vvirer.at ae toaa. ta. co.a.
18
.
,A este Dios adora la ciudad raterna de
Maritain Ln in, dice
188
,
la concepcin de la sociedad de la que hablamos es
testa o cristiana no en este sentido que exigira que cada uno de los miembros
de la sociedad crea en Dios y sea cristiano, sino en este sentido que reconocera
que en la realidad de las cosas, Dio., rivciio , fiv ae ta er.ova bvvava , river
rivciio aet aerecbo vatvrat, es tambin et river rivciio ae ta .ocieaaa ottica , ae ta
avtoriaaa evtre vo.otro., y en este sentido que reconocera que ta. corrievte. ae tibertaa,
ae fraterviaaa abierta. or et ravgetio, las irtudes de justicia y de amistad
sancionadas por l, el respeto practico de la persona humana proclamado por l,
el sentimiento de responsabilidad delante de Dios requerido por l, tanto de
aquel que ejerce la autoridad como de aquel que esta debajo de ella, son la
energa interna de que la ciilizacin tiene necesidad para llegar a su
cumplimiento`.
Ln todo cuanto enumera aqu Maritain para caracterizar la religin de su
nuea cristiandad`, nada hay que exija la rirtva teotogat ae ta fe. Porque Dios
principio y in de la persona humana, primer principio del derecho natural,
primer principio de la sociedad poltica y de la autoridad entre nosotros, no
exigen, con toda eidencia, la luz de la reelacin para su conocimiento. v
efecto -dice San Pablo a los Romanos
189
-,
ta. erfecciove. ivri.ibte. ae Dio., avv .v
etervo oaer , .v airiviaaa, .e bav becbo ri.ibte. ae.ve. ae ta creaciv aet vvvao, or et
covocivievto qve ae etto. vo. aav .v. criatvra.; , a. tat bovbre vo tieve ai.cvta.
Cualquier hombre, judo o pagano, puede y debe conocer a Dios, autor de la
naturaleza. \ los impos enciclopedistas se conesaban testas. Pero ni siquiera la
aceptacin de lo que Maritain denomina las corrientes de libertad y de
18
lebreos, I, 1.
188
e. Droit., pag. 35, ed. cast., pag. 42.
189
I, 20.
raternidad abiertas por el Langelio` exigen en el hombre de hoy, precisamente
la fe airiva en la erdad del Langelio, basta aceptarlos con e puramente humana
o por una coniccin personal como puede aceptarse la bondad del Coram o del
Baghaadghita. 1an cierto es ello y tan cierto que esta sociedad maritainiana, en
cuanto sociedad temporal, no hace proesin sino, a lo sumo, de una retigiv
vatvrat que Maritain anade: Aquellos que no creen en Dios o no proesan el
cristianismo, si creen en la dignidad de la persona humana, en la justicia, en la
libertad, en el amor del prjimo, pueden cooerar tambin en la realizacin de una
tal concepcin de la sociedad y cooerar ev et biev covvv, an cuando no sepan
remontar hasta los primeros principios de sus conicciones practicas, o busquen
undarlas sobre principios deicientes`
190
.
Pero si el in de la ciudad catlica es
sobrenatural` y si lo sobrenatural` excede todas las exigencias de una
naturaleza creada o creable, no es posible que en su realizacin cooerev quienes
rechazan tal in. Ln consecuencia, los principios rectores de esta sociedad no
son catlicos sobrenaturales` porque no exceden los lmites de la uerza natural
de la razn, son puramente ilosicos. Ls doctrina elemental que el catolicismo
proesa una religin estrictamente sobrenatural. a aoctriva .agraaa -ensena
Santo 1omas
191
-
roi.ivavevte e.tvaia a Dio. covo a rivera , att.iva cav.a, vo .to
ev to qve veae .er covociao or ta criatvra... ;co.a qve tavbiev bav atcavaao to. fit.ofo.),
covo aice av Pabto: to voto ae Dio. te. fve vavife.taao a etto.; .ivo qve tavbiev ev.eva to
qve .to et vi.vo Dio. covoce ae ., , covvvica a otro. or reretaciv.
Los principios rectores de una cristiandad autntica, de una sociedad
cristiana, no pueden estar suspendidos sino de esta realidad suprema del orden
sobrenatural. Para que se diga cristiana no basta que una sociedad coniese a
Dios, debe adorar al Dios, conocido por la Diina Reelacin, debe creer y
proesar con fe airiva que t 1erbo ae Dio. .e ba becbo carve , babit ev veaio ae
vo.otro..
eavctor , avticri.to, llama San Juan
192
a to. qve vo covfie.ev qve ]e.vcri.to ba,a
reviao ev carve; vevtiro.o aqvet qve viega qve ]e.v. e. et Cri.to; avticri.to aqvet qve viega at
Paare , at i;o
193
.
\ ,a esta ciudad laica italmente cristiana` o Lstado laico
cristianamente constituido`
194
que acepta las corrientes de libertad y raternidad
abiertas por el Langelio`, pero que no acepta la reraaa airiva del Langelio, que
190
e. Droit., pag. 36, ed. cast., pag. 42.
191
I, 1, 6.
192
II, Carta, .
193
I, Carta, II, 22.
194
vvavi.ve vtegrat, pag. 182, e. Droit., pag. 3 , ed. cast., pag. 45.
no acepta la reraaa airiva del Dios hecho lombre, que no acepta la reraaa airiva
de la Iglesia, se la llama nuea cristiandad
Maritain pareciera querer conencernos de que la sociedad por l inentada
es cri.tiava porque al reposar sobre principios vatvrate. de ida, como la persona
humana, la libertad, la igualdad, abierto. , ririficaao. or et ravgetio nos podra
llear por el reconocimiento de esos principios al reconocimiento de la reraaa
airiva del Langelio. Pero aunque pudiera admitirse que por all pudiera llegarse
a la reraaa airiva del Langelio, entonces slo demostrara que esa sociedad
oara ttegar a .er cri.tiava. Pero ,cmo denomina Cristiandad, una ciudad que
podra serlo, pero que no es cristiana
1an cierto que la nuea cristiandad excluye el reconocimiento social de la
Santa Iglesia que Maritain dice que la cooperacin con la religin` por parte de
la sociedad temporal se hace re.etavao , facititavao, .obre ta ba.e ae to. aerecbo. ,
ae ta tibertaa ae caaa vvo, la actiidad de la Iglesia y de las diersas amilias
religiosas que se encuentran agrupadas de hecho en el seno de la comunidad
temporal`
195
. Luego la cooperacin que la sociedad maritainiana presta a la Santa
Iglesia de Jesucristo no deria de la proesin de e, de esa sociedad, en la
diinidad de la Iglesia, y por tanto del reconocimiento de los derechos
imprescriptibles que esta su diinidad comporta, sino de los derechos y de las
libertades de los ciudadanos. Se reconoce a la Iglesia en cuanto se reconoce a los
ciudadanos cristianos el derecho de practicar tibrevevte el culto catlico, por la
misma razn que se reconocen los otros cultos, herticos, cismaticos e inieles.
Luego la airiviaaa de la Iglesia no es reconocida por esa sociedad, en cuanto tal.
Luego esa sociedad no puede y no debe llamarse cristiana. Ln una sociedad
vatvrati.ta. Ls un estado neutro.
Un estado neutro benevolo con la Iglesia
Pero Maritain reacciona indignado contra la insinuacin de este agraio. Ln
respuesta, hecha pblica, al Cannigo Luis Arturo Prez de Santiago de Chile,
escribe: Monsenor Luis Arturo Prez me denuncia como partidario de la
igualdad de los cultos y de las religiones, del indierentismo religioso, de la
separacin de la Iglesia y del Lstado, y de las tesis del liberalismo teolgico en
cuanto a las relaciones de la Iglesia y el Lstado. Me molesta tener que decir que
esas aserciones son sencillamente alsas. le pasado mi ida combatiendo los
195
Ibid., pag. 3.
errores del liberalismo teolgico. La tesis de la igualdad de las religiones y de los
cultos, es, a mis ojos, un error absurdo. le condenado constantemente el
separatismo de la Ldad Moderna, el principio de la separacin de la teologa y de
la ilosoa, el principio de la separacin de la Iglesia y del Lstado, el principio de
la neutralidad del Lstado. Las soluciones que entiendo reclama el nueo perodo
en que entramos estan en las perspectias de la tolerancia ciil, admitida por
las Lncclicas pontiicias, como ha repetido Monsenor Prez, por s mismo.
Suponen que ha terminado la era del liberalismo, y asimismo la era del
clericalismo de Lstado`
196
.
Pero no basta indignarse, no basta tampoco decir: \o he deendido tal
cosa, yo he sostenido tal otra`, si luego se elabora una ciudad en la cual no se
aplica como corresponde aquello que se ha deendido. Maritain ha deendido
magnicamente, quizas con exceso .evtivevtat de celo, los diinos derechos de la
Iglesia en contra de los graes errores de t.ctiov ravai.e. Pero desde .v Dv
regive tevoret, se ha orjado una concepcin de la ciudad cristiana en la que
estos derechos son graemente disminuidos sino desconocidos. As ya en 1932
escribe
19
:
Aquellos que colocando ante todo los alores autnticamente
espirituales... no les agradara por esto oponer al error del liberalismo un error
contrario, y erigir, aunque uese en ideal, en simple esperanza, una teocracia de
iglesia rente o al lado de las teocracias del colectiismo humano. Reconocen la
necesidad de tener en cuenta las diisiones religiosas que el progreso del tiempo,
y su malicia, han inscripto en la historia del mundo. Sin declinar bacia ta
toteravcia aogvatica qve tieve ta tibertaa aet error or vv biev ev ., saben qu
precio signiica, para la persona humana una justa toteravcia cirit que impone al
Lstado et re.eto ae ta. covcievcia.. Ademas, a medida que toman mejor conciencia
de la signiicacin propia de la edad de cultura en que entramos, y de su
oposicin al humanismo de los cuatro ltimos siglos, se sienten menos
inclinados a suponer que encontrara ev to. veaio. bvvavo., ev articvtar ev to.
veaio. ae .taao, et eqvio reqveriao ara ta obra ae to e.iritvat aqv aba;o
198
.
Como si lo decisio ueran los eectos buscados, el xito, y no la erdad y el
cumplimiento por parte del Lstado de la proesin de la Religin erdadera y
como si la erdad y el cumplimiento del deber no pudieran dar rutos buenos
para el erdadero bien honesto de los ciudadanos. \ como si este re.eto ae ta.
196
|va otevica .ev.aciovat, pag. 41, Santiago de Chile, 1944.
19
Dv regive, pag. 5.
198
Ver tambin: vvavi.ve vtegrat, pag. 185.
covcievcia. y esta ectv.iv aet .taao del sericio a la Iglesia y esta covfv.a
199
distincin entre tolerancia ciil` y tolerancia dogmatica` no uera ni mas ni
menos lo que ensenaba Lamennais: ,Ln qu danara, dice, esta libertad ,la de
conciencia, a la conciencia o al honor Llla sola, al contrario, asegura sus
derechos. Porque, por una parte, deja a cada uno el creer todo lo que le parece
erdadero, y obrar segn sus creencias en lo que no se perturba el orden
pblico, y en consecuencia, por otra parte, al establecer ta va. erfecta toteravcia
cirit, no encierra en ningn grado ta toteravcia aogvatica, que no es sino la
ausencia de toda creencia, y an de toda opinin. As el catlico no renuncia a
ningn punto de su doctrina, la predica, la deiende, la propaga por el
razonamiento y la ormacin recovocievao et vi.vo aerecbo al protestante, al judo,
a cualquier secta sujeta por otra parte, a las leyes del pas`
200
.
,Qu entiende Maritain por tolerancia ciil` en contraposicin a
tolerancia dogmatica`. Que estos derechos los tiene la persona humana no
rente a Dios sino rente al Lstado
201
:
Ll primero de estos derechos es el de la
persona humana a caminar hacia su destino eterno en el camino que su
conciencia ha reconocido como el camino trazado por Dios. revte a Dio. , a ta
1eraaa, no tiene el derecho de elegir a su gusto cualquier camino, debe elegir el
erdadero camino, en la medida en que esta en su poder conocerle. Pero frevte at
.taao, a ta covvviaaa tevorat , at oaer tevorat, es libre de escoger su camino
religioso a sus riesgos y peligros, su libertad de conciencia es un derecho natural
iniolable`.
\ as como Lamennais no pona otra limitacin al re.ecto ae ta. covcievcia.
que no se perturbara el orden pblico, as Maritain en nota
202
:
Suponiendo que
esta a religiosa sea de tal suerte aberrante que conduzca a actos contrarios a la
ley natural y a la seguridad del Lstado, ste tiene el derecho de llear
interdicciones y sanciones contra estos actos, no tiene autoridad por esto sobre
el dominio de las conciencias`.
Ahora bien, este Lstado en el cual los ciudadanos reclaman como aerecbo y
aerecbo vatvrat el proesar priada y pblicamente cualquier creencia o
199
Decimos conusa porque Maritain no guarda un nico undamento de diisin. Ln eecto, la
tolerancia ciil puede ser aogvatica si reconoce cualquier culto u opinin como un erdadero
derecho o puede ser puramente practica si como mera permisin de un mal. Por tanto la tolerancia
ciil no puede, sin grae conusin, contraponerse a la tolerancia dogmatica.
200
^ece..ite ae .vvir, 30 oct. 1830, t. II, pag. 422.
201
e. Droit., pag. 103, ed. cast., pag. 128.
202
Ibid., pag. 103.
descreencia, mientras ella no perturbe la tranquilidad pblica, es un Lstado
vevtro. Porque si todos los ciudadanos tienen derecho natural a que sus
conciencias sean respetadas, todos tienen derecho a que el Lstado no fverce la
conciencia de cada uno. Ls as que si el Lstado proesa reraaaeravevte un culto, y
en irtud de esta proesin acepta sus ensenanzas y preceptos y los incorpora a
la legislacin, en esta medida orzara las conciencias, en cuanto con ta fvera ae
.v oaer vbtico trabajara en aor de ese culto, luego este Lstado no puede
proesar ningn culto y debe ser neutro. Decimos aetiberaaavevte que el Lstado
fvera las conciencias, porque el Lstado en lo que tiene de propio y distintio, en
cuanto es Lstado, es la coactiidad, y aunque no imponga ninguna te, e.eciat
ordenando o prohibiendo un culto determinado, aunque no ejerza ningn acto
de uerza particular contra ciudadanos determinados, en la medida en que
proesa un culto, hace sentir ta fvera coactira que le constituye, en aor de ese
culto. Supongamos por ejemplo que un Lstado proese reraaaeravevte el culto
calinista, en consecuencia, ese Lstado en su legislacin, cultura y ensenanza,
estara inormado por el calinismo y los ciudadanos estaran ivavciao. al
calinismo por la uerza misma del Lstado. \ si el Lstado no ejerce
aparentemente fvera en ningn sentido sera porque es neutro, y an entonces la
ejercera en aor de la religin de la irreligin` o sea del atesmo, que es
justamente lo que de modo tpico, acaece en Lstados Unidos de Norte Amrica.
De la respuesta de Maritain al Cannigo Prez
203
aparece el also contenido
que encierra su concepto de tolerancia ciil`, cuyo padrinazgo quisiera
adjudicarle a la encclica pontiicia.
,Porque exista diisin religiosa en tal ciudad catlica, debe sta renunciar a
su proesin catlica, en cuanto ciudad, y aceptar una norma pblica de
vevtratiaaa religiosa, de re.eto ae ta. covcievcia. Lidentemente que de ninguna
manera y en ningn caso, contesta la uniersal doctrina de la Santa Iglesia, el
Lstado debe proesar el culto catlico, y en consecuencia, debe conormar la
legislacin ciil a la legislacin cannica de la Santa Iglesia, y en consideracin a
la diisin religiosa, podra toterar, pero nicamente tolerar los cultos alsos, esto
es, permitirlos como un mal -no como un derecho- de acuerdo a aquella
palabra de San Agustn, toteravtia qvae aicitvr vov e.t vi.i iv vati.
204
.
203
Carta al Cgo. Prez, pag. 41.
204
varratio iv P.. 32, Patrot. Migve 36, 21.
Ln erdad -dice Len XIII
205
-
aunque la Iglesia juzga no ser lcito el
que las diersas clases y ormas de culto diino gocen del mismo derecho que
compete a la religin erdadera, no por eso condena a los encargados del
Gobierno de los Lstados, que ya para conseguir algn bien importante, ya para
eitar algn grae mal, toleran en la practica la existencia de dichos cultos en el
Lstado. Otra cosa tambin precae con gran empeno la Iglesia y es que nadie
sea obligado contra su oluntad a abrazar la e, como quiera que segn ensena
sabiamente San Agustn, et bovbre vo veae creer .ivo qverievao`.
Pues bien, Maritain y Lamennais no plantean as las cosas y en una
distincin covfv.a de tolerancia ciil` y de tolerancia dogmatica` establecen en
el Lstado una erdadera tolerancia dogmatica o libertad de cultos, lo que
constituye un indierentismo religioso o atesmo practico segn la iberta. de
Len XIII.
Delito enorme, porque si los particulares tienen obligacin de proesar la
religin erdadera, ,cmo podra estar exenta de ella el Lstado que no es sino el
hombre ampliicado por la asociacin, erigido en la cima de la comunidad y
como lleando, con la unin de las uerzas de todos, hasta el grado maximo el
podero del hombre ,Cmo podra eximirse de la proesin de la religin, el
Lstado, ente pblico del que depende, en gran parte, la publicidad del culto, la
obseracin pblica de las iestas y las demostraciones pblicas del culto \
ciertamente, desde los das de la Reolucin, nos hemos acostumbrado de tal
suerte, que nos parece normal este orden de la ciudad en el que Dios sea
adorado sin la participacin del poder pblico. De donde tambin en muchos ha
prendido el prejuicio de que la religin es cosa indiidual, cosa priada, que se
ha de esconder en los secretos de la conciencia o ciertamente que ha de ser
encerrada cuidadosamente en las paredes estrechas de los templos. Como si
Dios no uese digno de ser honrado a la luz del sol, como si no hubiese dicho
Cristo: Preaicaa or evciva ae to. te;aao., y tambin, Qviev .e arergovare ae v , ae
vi. atabra., ae et .e arergovara et i;o aet bovbre cvavao revga ev .v va;e.taa,
aetavte aet Paare , ae to. .avto. avgete.. Ademas porque grande es la autoridad del
Lstado en el pueblo de acuerdo a aquel dicho erdadero del poeta: . e;evto aet
re, .e covorta toao et orbe; et rvtgo rer.atit .e vvaa .ievre ;vvtavevte cov et
rvcie.
1odo esta bien, dira Maritain. \o no lo niego, lo he deendido en mi
Privavte av iritvet. \o busco de qu manera particular los principios
205
vvortate Dei.
ensenados en estas Lncclicas estan llamados a aticar.e en las circunstancias
concretas del mundo de manana`
206
.
Las soluciones que entiendo reclama el
nueo perodo en que entramos estan en la perspectia de la tolerancia ciil`
admitida por las encclicas pontiicias`
20
.
Que Maritain deenda esta doctrina en
su Privavte y en Povrqvoi Rove a arte y en Ctairro,avce ae Rove contra la .ctiov
ravai.e, es muy cierto. Pero que no la deienda ya, tambin es cierto. No
reconoce como primera e ineludible obligacin del Lstado dar culto a Dios
erdadero y subordinarse intrnsecamente a la Iglesia. lalso, en consecuencia,
que sus soluciones estn en la perspectia de la tolerancia ciil` admitida por
las encclicas pontiicias. Porque las encclicas pontiicias aceptan un Lstado
cristiano que sin renunciar a su proesin de cristiano y subordinandose, por
consiguiente, intrnsecamente a la Iglesia, totere, esto es, permita como mal
menor, los alsos cultos. Ln la ciudad nuea de Maritain, en cambio, no hay tal
proesin de e catlica, no hay subordinacin intrnseca a la Iglesia, y en
segundo lugar, ni hay tampoco erdadera toteravcia, esto es, simple permisin de
los alsos cultos como un mal menor sino su reconocimiento como un bien en
s, como un respeto de las conciencias`
208
,
como una ganancia adquirida`
209
,
como un aerecbo vatvrat de la persona humana
210
.
,Qu puede haber de comn entre la ensenanza de la Iglesia que por boca
de Len XIII dice: eda la justicia. . . que el Lstado se halle de igvat voao con
respecto a las arias que llaman religiones y conceda a todas promiscuamente
iguales derechos`
211
y la de Maritain que preconiza el amoso tvrati.vo que
asegura .obre ta ba.e ae igvataaa ae aerecbo., las libertades propias de las diersas
amilias religiosas. . .
212
.
De nada ale que Maritain inoque que su sociedad no sera neutra sino
cristiana porque cov.cievte ae .v aoctriva , ae .v vorat, .era cov.cievte ae ta fe qve ta
iv.ira , ta ere.ara vbticavevte
213
,
porque ya sabemos qu signiica este
cristianismo` que en irtud de uerzas internas desarrolladas en el seno de los
pueblos y emanando de l, en irtud, de la abnegacin y del don de s de
206
Carta al Cgo. Prez, pag. 41.
20
Ibid.
208
Dv Regive 1evoret, pag. 5.
209
vvavi.ve vtegrat, pag. 185.
210
e. Droit., pag. 103, ed. cast., pag. 128.
211
Libertas.
212
e. Droit., pag. 42, ed. cast., pag. 51 y sig.
213
e. Droit., pag. 40, ed. cast., pag. 49.
hombres que se pondran al sericio de la obra comn y cuya autoridad moral
sera libremente aceptada, en irtud de instituciones, costumbres y habitos una
tal sociedad podra llamarse cristiana no en sus apariencias sino en su
substancia`. Lste cristianismo` es aquel amoso e impo cristianismo` de la
Reolucin, distinto del cristianismo como credo religioso y camino hacia la
ida eterna`, cristianismo`, que acta as, tomando a eces ormas herticas o
hasta ormas de reuelta`
214
.
1an cierto que sea este cristianismo` y no el
sobrenatural y diino de la Santa Iglesia que Maritain para explicar cmo sera su
expresin pblica` escribe
215
:
De hecho es claro que para un pueblo dado, esta
expresin pblica de la e comn tomara de preerencia las ormas de la
covfe.iv cri.tiava a ta cvat ta bi.toria , ta. traaiciove. ae e.te vebto estan mas
italmente ligadas`. Luego, resultara un cristianismo` que, por conesin de
Maritain, tomara las ormas de la Conesin cristiana de un pueblo dado`, es
decir cismatica, o anglicana, o presbiteriana, o calinista, o bautista, o metodista.
No deje de adertir el lector en el parrao aqu transcripto que el sitio
acordado a la Iglesia en la ciudad sera el que ella se conquiste ev rirtva ae ta.
fvera. ivterva. ae.arrottaaa. ev et .evo aet vebto , evavavao ae et, de manera que
no dependera de la Voluntad diina sino de la oluntad popular, y en concreto,
como la oluntad popular depende de la propaganda periodstica y la
propaganda periodstica de las resoluciones de las logias internacionales, resulta
que el sitio acordado a la Iglesia en la nuea cristiandad estara a merced de las
sectas anticristianas.
Ls digno tambin de obserarse la constante y peligrosa contradiccin de
que adolece la nuea cristiandad. Por una parte Maritain inge una cristiandad,
sobre la base de la tolerancia ciil` en atencin al hecho moderno de la diisin
religiosa, que repetidas eces deplora
216
,
y por otra, habla de una cristiandad para
la madurez alcanzada por la persona humana, en contraposicin a la inancia de
los pueblos medieales
21
.
La nuea cristiandad que l proyecta para esta tercera
y madura edad de la humanidad esta inculada con el progreso de la humanidad
al que se reiere especialmente donde hace suya la opinin del clebre
paleontlogo 1eilhard de Chardin cuando dice que la lumanidad todaa es
vv, ;orev, y muestra que la eolucin de la lumanidad debe ser mirada como
214
Cbri.t. et Dev., pag. 43, ed. cast., pag. 49.
215
e. Droit., pag. 40, ed. cast., pag. 49.
216
Dv Regive 1evoret, pag. 4 y a..iv.
21
vvavi.ve vtegrat, pag. 166 y sig.
la continuacin de la eolucin de la ida, en la cual rogre.o signiica a.cev.iv ae
ta covcievcia y en la que la a.cev.iv ae ta covcievcia esta ligada a un grado superior
de organizacin
218
.
Ln la lgica de Maritain su nuea cristiandad debera eriicar mas
plenamente an que la medieal el concepto de cristiandad. Pensar de otra
manera y sostener que en las etapas mas altas de su desarrollo la lumanidad
esta dispensada de reconocer y practicar los derechos airivo. de la Santa Iglesia
implicara caer en el error del ulgo que airma que la religin es buena para los
ninos y las mujeres, principio de exquisita impiedad, uera del cual no puede
existir otro mas intolerable e injurioso, principio del puro y corrompido atesmo
porque o Dios no existe o si existe, Ll es debajo del cual se doblegan los que
soportan el orbe, y Ll es a quien adoran las dominaciones y delante del cual se
estremecen las potestades
219
.
Luego no aparece, cmo justiica Maritain, la aplicacin de una doctrina
catlica disminuida a un rgimen de tolerancia` en una cristiandad que debe ser
mas perecta que la medieal.
La Iglesia en el derecho comn
Desconocer la diinidad de la Iglesia en la ciudad implica renoar la secular
tesis del liberalismo que sostuieron los catlicos del pasado siglo, y que asuma
la deensa de los derechos de la Iglesia en el derecho comn. lue Lamennais el
primero que ele al plano de la teora esta practica de los catlicos de Irlanda y
de Blgica.
Desde su primer nmero, 16 de octubre de 1830,
.revir inita a todos los
catlicos a colocarse sobre el terreno del derecho comn, senalado entonces por
la Carta Constitucional de 1830. La Carta, escribe, es el espejo brillante y iel
donde iene a relejarse nuestra sociedad del siglo XIX, con sus opiniones tan
ariadas, tan contradictorias, sus creencias diersas, su inmensa, su inexorable
necesidad de tolerancia y de libertad. La Carta es erdadera porque reconoce en
derecho lo que existe de hecho, porque dice lo que es. ...Por otra parte, es el
nico sistema posible y durable, atendida la diisin de los espritus. Ll sistema
social diino undado sobre la obediencia libre de la razn a una ley inmutable
reconocida por todos es isiblemente imposible ya que ha desaparecido la
218
e. Droit., pag. 44, ed. cast., pag. 56.
219
Billot, De ccte.ia, II, pag. 86.
creencia en la ley diina uniersalmente reconocida y en la autoridad que
promulga e interpreta inaliblemente esta ley`. Por otra parte, el sistema brutal
undado sobre la obediencia orzada a un hombre cuya razn constituye la
erdad y cuya oluntad la justicia, iola al mismo tiempo el derecho de Dios y
el derecho del hombre. . . Queda entonces el sistema undado sobre la sola
razn humana la libertad indiidual igual para todos, entera para todos`
220
.
,Puede aceptar la Iglesia este programa que no reconoce sus diinos
derechos y que hace deriar de la oluntad del hombre los derechos que se le
quiere acordar
Ll clebre Cardenal Pie, que ue a mediados del siglo XIX el gran luchador
de los Derechos diinos de la Iglesia contra la hereja del naturalismo y del
liberalismo y que haba de ser una de las mayores lumbreras del Concilio
Vaticano, siendo Vicario General de Chartres en 1848, expone los principios
justos sobre este punto.
Los gobiernos de las sociedades -dice- estan con respecto a la Iglesia en
tres situaciones: 1, enemigos, y he aqu a la Iglesia bajo la espada de Nern o de
Robespierre, 2, aliados, y hela aqu apoyada sobre el cetro de 1eodosio o de
Carlomagno, 3, extranjeros, y hela aqu rente de la Constitucin belga o
americana. Ahora bien, la causa de nuestra conusin estriba en que nuestra
sociedad rancesa, mezcla de todos estos elementos, esta rente a la Iglesia:
enemiga, por el espritu reolucionario que anima sus leyes, aliada por sus
antecedentes, y por el hecho de los concordatos, extrana por su constitucin
poltica y su mas reciente carta constitucional`.
De estas tres situaciones ,cual hay que preerir Doctrinalmente hablando,
la atiava es el ideal social. Un poder que quiere cumplir su deber para con
Dios, un poder que se propondra resoler su caso de conciencia, debe
obligatoriamente proteccin a la erdad y no puede conceder sino tolerancia a
las sectas disidentes`. Lsta es la ley, este el derecho, esta la nica tesis admisible
sin la cual no puede existir una sociedad ital y erdaderamente cristiana.
Pero, en el becbo omitiendo el rgimen presente el cumplimiento de su
deber para con la Iglesia, ,le esta edado a sta, aproechar los recursos que su
constitucin le permite sacar de un orden de cosas malas`.
Lejos de ello. Ln esta hiptesis, la Iglesia se adaptara. No teniendo la
proteccin a que tiene derecho, reclamara por lo menos libertad. \ si en ista de
las disposiciones actuales de los espritus el rgimen del derecho comn le sire
220
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 424.
mas tilmente que lo hara el de la proteccin, sera una razn mas para
acomodarse, a alta de cosa mejor, a este estado de cosas.
Pero an entonces hay que comprender que este estado que con recuencia
es el slo posible porque es el slo aceptado, aunque uese accidentalmente mas
entajoso, no es el estado normal. Puede ser una necesidad, no un progreso, una
elicidad, una pereccin.
Una legislacin -dice- que proesa la indierencia es cosa lamentable en
un pueblo cristiano. lay que tender con todos nuestros deseos a una ley mas
perecta. Ahora bien, ,quin podra cambiar la ley Slo aquel que la ha hecho.
,Quin ha hecho esta ley irtualmente atea Ll espritu pblico. Rehagamos, por
tanto, el espritu antes de hacer la ley. Ln in, ,quin lleara de nueo el espritu
pblico al Langelio La educacin religiosa... Pero, ,a qu ttulo oler a pedir
la ensenanza religiosa Ln irtud del ttulo del deber que tienen los gobiernos de
concurrir a la salud espiritual de los pueblos. Pero este derecho y este deber
corren el peligro de no ser comprendidos, entonces, bajo esta resera, se podra
inocar la promesa de la libertad inscripta en la Carta. As se encuentra uno
lleado practicamente al derecho comn, pero sin abandonar en principio nada
del derecho propio e imprescriptible de la Iglesia`
221
.
No comprendan as las cosas los catlicos liberales cuya posicin puede
caracterizarse con aquella del abate J. Morel: Ll catlico liberal es aquel que, en
salaguardia de la Iglesia, preiere el derecho comn al derecho cannico`
222
.
La Iglesia, que en casos particulares no ha dejado de inocar rente al
Lstado el derecho comn, adierte en la clebre Carta ae ev ` a to. ravce.e.:
Ln eecto, querer que el Lstado se separe de la Iglesia, sera querer por lgica
consecuencia, que la Iglesia uese reducida a la libertad de iir segn el derecho
comn a todos los ciudadanos`
223
.
Aunque Maritain se cuida bien de mencionar el rgimen de derecho
comn` aplicado a la Iglesia en la legislacin de los Lstados como se apresura a
adertirlo en su respuesta al Cannigo Arturo Prez de Santiago de Chile, sin
embargo, la cosa` designada por el ocablo, igura cumplidamente en su nuea
cristiandad.
Desde el momento que un Lstado no inscribe como ley undamental de su
ida pblica el reconocimiento de la Diinidad de la Iglesia, los derechos que a
221
Baunard, i.torie av Caraivat Pie, I, Pags. 185-18.
222
ovve covtre te catbotici.ve tiberat.
223
.v vitiev ae. .otticitvae., del 16.II.1892.
sta o a sus miembros reconoce no surgen en irtud de la Diina Autoridad,
sino en atencin al deber de todo Lstado de reconocer a todo indiiduo el
derecho al libre ejercicio, tanto pblico como priado, de toda e, religin y
creencia, cuya practica no sea incompatible con el orden pblico y las buenas
costumbres`
224
.
De nada sire que se indigne Maritain de que pongan en tela de juicio su
honor de ilsoo catlico` y que airme que su libro e. Droit. ha sido escrito
para los ranceses y en ista de los problemas que lrancia habra de arontar tras
la presente guerra`
225
, porque en l no hace sino explicar su teora, que le resulta
tan entranable, de la cite tvrati.te: De manera que una ciudad cristiana, en las
condiciones de los tiempos modernos, no podra ser sino una ciudad cristiana
dentro de la cual los inieles ien como los ieles y participan de un mismo bien
comn temporal`
226
.
Ln el captulo |va ocieaaa ritatvevte Cri.tiava, se dice que en el estado de
eolucin y de conciencia propia al que han llegado las sociedades modernas,
una discriminacin social o poltica en aor de la Iglesia` ...y lejos de ayudar,
comprometeran y perjudicaran su misin espiritual` ...porque la sociedad
poltica ha dierenciado mas perectamente su esera propia y objeto temporal y
agrupa de hecho en su bien comn temporal a hombres que pertenecen a
amilias religiosas dierentes, se ha hecho necesario que sobre el plano temporal
los principios de la igualdad de derechos se apliquen a estas dierentes
amilias`
22
.
Ls una concepcin pluralista, asegurando sobre la base de la igualdad de
derechos de las diersas amilias religiosas institucionalmente reconocidas...`
228
.
No es en una situacin priilegiada, sino en un derecho igual cristiano
inspirado en su propio espritu, y en una igual equidad cristiana`
229
.
Lntonces, hoy, por el imperio de la erotvciv ae ta. .ocieaaae. voaerva. -en
consecuencia el aerecbo airivo ha de ajustarse a lo que dictamine la eolucin del
hombre- la Iglesia ha de colocarse, dentro de la ciudad ciil, en el derecho
comn.
224
e. Droit., pag. 103, ed. cast., pag. 128.
225
Ibid.
226
vvavi.ve vtegrat, pag. 19.
22
Pag. 41, ed. Cast., pag. 45.
228
Ibid., pag. 42.
229
Ibid., pag. 43.
Lamennais no expona de otra suerte el problema. \ el lector puede leer
anticipadamente este captulo de la .ocieaaa ritatvevte cri.tiava en el artculo del 30
de junio de 1831, publicado en .revir:
,Cmo poseera el sacerdote priilegios polticos cuando para nadie
existiran priilegios polticos Ciudadano de su pas al mismo ttulo que los
otros, qu mas pedir, qu mas desear. Pero le quedara con todo un grande,
magnico priilegio, el priilegio de la abnegacin, el priilegio del
sacriicio...`
230
.
Maritain por su parte escribira: No es acordando a la Iglesia un tratamiento
de aor, y buscando atarsela con entajas temporales pagadas con el precio de
su libertad, como la ayudara mas el Lstado en su misin espiritual, es pidindole
mas -pidiendo a sus sacerdotes ir a las masas, juntarse a su ida para derramar
en ellas el ermento del Langelio, y para abrir los tesoros de la liturgia al
mundo del trabajo y a sus iestas-, y pidiendo a sus rdenes religiosas cooperar
a la obra de asistencia social, de educacin de la comunidad ciil, y a sus
militantes laicos y a sus organizaciones de juentud ayudar el trabajo moral de la
nacin y desarrollar en la ida social el sentido de la libertad, y de la
raternidad`
231
.
Lste modo oaio.o de presentar el problema, propio de la hipocresa impa de
los enemigos de la Religin, es corriente entre los liberales catlicos desde los
tiempos de Lamennais. Ls eidente que la Iglesia cuando reclama el
reconocimiento de sus diinos derechos no exige un tratamiento de aor` y
mucho menos exige para sus ministros una situacin social y poltica
priilegiada`, que est uera del ambiente de una poca. No exige sino la
conormacin de la ida indiidual, amiliar, proesional, social y poltica a las
normas de la misma Iglesia, contenidas en el Derecho Cannico y explicadas
por el magisterio de los Romanos Pontices. Que la educacin de la juentud se
realice cristianamente, de acuerdo a la Dirivi ittiv. Magi.tri de P|o XI, que el
matrimonio y la amilia se conormen a la Ca.ti Covvvbii, que los problemas del
trabajo y del orden econmico se ajusten a las ensenanzas de la Rervv ^orarvv,
de la Qvaarage.ivo .vvo y de Mater et Magi.tra, que el derecho y la ida pblica
de los pueblos se desarrollen en armona con las grandes directias enunciadas
en el ,ttabv., en la vvortate Dei, iberta., Qva. Priva. y demas ensenanzas del
Magisterio eclesiastico.
230
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 466.
231
e. Droit., pag. 43, ed. cast., pag. 51.
Lstos Derechos que reclama la Iglesia son simplemente los derechos de la
erdad vece.aria para la elicidad eterna y temporal de los hombres. \ como el
sacerdocio catlico es su depositario autntico, su reconocimiento comportara
asimismo el lugar de preeminencia social que le ha de corresponder en la ciudad
cristiana. Porque si la ciudad ha de conormarse a las ensenanzas cuya custodia
coni Dios al sacerdote, ,cmo impedir que ocupe en ella el primer
lugar
232
.Lugar de preeminencia que si
no es ocupado por el sacerdote, a quien
por derecho diino le corresponde, lo sera por el periodista, o por el inancista
internacional o algn otro agente de disolucin social.
Pero, ,qu Despus de haber desterrado a la Iglesia de la ida de los
pueblos y de erigir por in una sociedad nuea sobre los principios iluministas
de la masonera -persona humana, libertad, igualdad, raternidad- moilizada,
seducida y enajenada por uerzas sociales de dudoso origen y tenebrosos medios
-consorcios inancieros, sindicatos de prensa, sociedades ilantrpicas y
culturales-, de donde resulta una ciudad inrahumana que segrega
normalmente millares de indiiduos humanos en quienes apenas si cabe
reconocer la dignidad personal de la criatura racional, enir luego a la Iglesia, en
tren de avgv.tia. ao.ttica., para que sus sacerdotes, a ttulo indiidual, se arrojen
en medio de las masas, a derramar sobre ellas el ermento eanglico. Si no
uese demasiado tragico cabra senalar el aspecto irrisorio de la utopa liberal
cristiana`.
No. Los pueblos no se salan con acciv ao.ttica en medio de los
desperdicios sociales mientras el resto de la sociedad se corrompe con las ideas y
costumbres con que la enenenan los intereses plutocraticos internacionales.
Los pueblos se salan con la Verdad catlica predicada libremente y, desde que
el hombre despierta al uso de la razn, y predicada indiidual y socialmente, los
pueblos se salan con normas .ociate. ae ri aa, esto es, con tegi.taciv conormada a
la Iglesia. Lste es el riritegio que la Iglesia reclama para salar a las sociedades
enenenadas por la prdica neasta de la Reolucin. \ ,la nuea cristiandad
acuerda a la Iglesia estos diinos derechos
Maritain, en una exposicin agria de tan delicados puntos, anade: La Iglesia
catlica insiste sobre el principio de que la erdad debe tener procedencia sobre
el error y que la erdadera religin, cuando es conocida, debe ser ayudada en su
misin espiritual de preerencia a las religiones cuyo mensaje es mas o menos
desalleciente y donde el error se mezcla con la erdad...` y anade
232
Santo 1omas, De Regivive rivcivv, libro I, cap. 14 y 15.
inmediatamente: sera con todo muy also concluir de aqu que este principio
no puede aplicarse sino reclamando para la religin erdadera los aores de un
poder absolutista ol a ayuda de los dragonadas o que la Iglesia Catlica
reiindica de las sociedades modernas los priilegios de que gozaba en una
ciilizacin de tipo sacral como la de la edad media`.
Ln primer lugar, la Iglesia catlica no ensena ni puede ensenar que la erdad
debe ser preerida al error, ensena simplemente que la Verdad religiosa debe ser
ineludiblemente proesada y el error debe ser ineludiblemente rechazado y
excluido con el necesario castigo de los perersos a no ser que razones
puramente practicas aconsejen tolerar el error, el cual nunca puede inocar
autnticos derechos.
Ln segundo lugar, la obligacin del Lstado rente a la Iglesia no deria de la
necesidad que tiene la Iglesia de ser ayudada por el Lstado como si Dios tuiera
que ser auxiliado por el hombre. La necesidad surge primero de los absolutos
derechos de Dios y segundo de la indigencia del Lstado que lo necesita para el
cumplimiento de su in y para llenar su misin ciilizadora.
Ln tercer lugar no es cierto, como all se insina, que exista imposibilidad
inencible de conocer la religin erdadera. Contra el agnosticismo priado y
pblico ensena Len XIII, Siendo pues necesario al Lstado proesar una
religin, ha de proesar la nica erdadera, la cual sin diicultad se conoce,
singularmente en los pueblos catlicos, puesto que en ella aparecen como
sellados los caracteres de la erdad`.
Ln cuarto lugar, la Iglesia vo reirivaica riritegio. .ivo aerecbo..
La nocin de priilegio que implica la de aor, de ley particular, no puede
emplearse sin hacerle injuria a la Santa Iglesia que tiene derechos
imprescriptibles. La manera acciaevtat de reconocer estos derechos en la edad
media, o en la edad renacentista no hace al caso. Lo importante y undamental
es que estos derechos se reconozcan ntegra y ielmente.
Ni deja de ser hostil lo que all se escribe sobre los aores de un poder
absolutista o la ayuda de los dragonadas`. La Iglesia jamas reclam una ayuda
imprudente y policial para el desempeno de su misin y si los prncipes han
cometido abusos no hay que acentuarlos tan odiosamente como queriendo con
ello inalidar el reconocimiento de los justos derechos. 1ampoco es admisible la
expresin injuriosa para todos los gobernantes cristianos ,insinuada aqu y
explicitada en el parrao arriba citado buscando atarsela con entajas
temporales agaaa. con el precio de su libertad`, a quienes se atribuye la
intencin arisaica de serir a la Iglesia para esclaizarla, pero sobre todo
injurioso para la Iglesia cuando se insina que por entajas temporales pudiera
llegar a ender su libertad.
Ln quinto lugar Maritain pretende que en su Nuea Cristiandad amilias
espirituales o religiosas dierentes estn ev ie ae igvataaa con la Iglesia catlica, y
alega para este tratamiento are;o el hecho de que la sociedad poltica ha
dierenciado mas perectamente su esera propia
233
.
Pero, ,qu nuea cristiandad
es sta ,Qu cosa mas absurda, en los mismos trminos, hablar de una sociedad
cristiana, una Cristiandad, que otorgue iguales derechos a cristianos y a no
cristianos ,Qu iguales derechos ,Votar, comerciar, diertirse ,\ eso qu
interesa Lo undamental, que es el derecho a imponer la forva ae riaa que debe
prealecer en la ciudad, ,a quin a a corresponder ,Qu orma de ida a a
prealecer ,Cristiana, socialista, calinista o judaica ,Cmo a a ser la
legislacin, la ensenanza, la amilia, las costumbres ,Catlica, socialista o atea
\ si prealece la catlica, como lo exige la esencia de Cristiandad, ,cmo puede
hablarse de igualdad de derechos ,A quin se pretende enganar con lenguaje
tan equioco ,A los catlicos o a los anticatlicos
Separacin de la Iglesia y el Lstado
Maritain nunca usa la expresin .earaciv ae ta gte.ia , et .taao, hasta se
deiende de que se le puede imputar esta tesis. Monsenor Luis Arturo Prez me
denuncia como partidario de la igualdad de los cultos y de las religiones, del
indierentismo religioso, de la separacin de la Iglesia y del Lstado, y de la tesis
del liberalismo teolgico en cuanto a las relaciones de la Iglesia y el Lstado. Me
molesta tener que decir que esas aserciones son sencillamente alsas. le pasado
mi ida combatiendo los errores del liberalismo teolgico`.
Pero Lamennais que en sus artculos de
.revir no deenda sino las tesis
animadoras de la nuea cristiandad` y que anteriormente en su v.a,o .obre ta
ivaiferevcia retigio.a haba deendido la mas intransigente posicin catlica, podra
hacer suya con tanto derecho sino con lgica las palabras airadas de Maritain.
Ln un artculo de .revir aparecido el 18 de octubre de 1830, con el nombre
de earaciv ae ta gte.ia , aet .taao, Lamennais establece claramente su punto de
ista:
233
e. Droit., pag. 41, ed. cast., pag. 49.
Naturalmente -comienza diciendo- la sociedad religiosa y ciil, la Iglesia
y el Lstado, son por tanto inseparables, deben estar unidos como el cuerpo y el
alma: he aqu el orden`. Para en seguida a la hiptesis:
Pero puede suceder que, diidindose las creencias, se orme en el mismo
Lstado, en cierta manera, arias sociedades espirituales, y desde entonces, el
Lstado, no pudiendo identiicarse con ninguna sin romper con las otras y
tratarlas como a enemigos, se sigue, en primer lugar, que tendiendo cada una de
ellas, por decirlo as, a constituirse exteriormente a hacer en el Lstado otro
Lstado, la guerra de creencias u opiniones se conierte en una guerra poltica y
ciil permanente, y, en segundo lugar, que cada opinin o cada creencia
prealeciendo, ahora una, ahora otra, termina por ser oprimidas sucesiamente.
Reemplazando la uerza a la discusin, en lugar de esclarecerla se irrita, las
pasiones se exaltan, no se escucha ya mas, la anarqua se hace interminable.
`Ll remedio, el nico remedio a un mal tan grande, es dejar que esta guerra
espiritual prosiga y termine con armas puramente espirituales. La erdad es
todopoderosa. Lo que mas retarda su triuno, es el apoyo que la uerza material
trata de prestarle, es la apariencia misma de la iolencia en el dominio
esencialmente libre de la conciencia y de la razn: es la iolencia brutal que iola
y proana el santuario del alma donde Dios slo tiene derecho a penetrar. Nadie
debe rendir cuenta de su e al poder humano y la maxima contraria,
directamente opuesta al catolicismo, cuya base arruina, no ha producido nunca,
cada ez que se la ha isto aparecer en el mundo, sino sangrientas diisiones,
calamidades y crmenes sin nmero, ha eocado de los iniernos a los duques de
Alba y a los Lnrique VIII.
`\ para hablar primero del Lstado, ,en qu relaciones puede el gobierno
colocarse respecto de la Iglesia Lidentemente es necesario o que la proteja o
que la oprima: no hay trmino medio.
`Si la protege, suscitara inmediatamente contra s una oposicin semejante a
la que ha contribuido tan poderosamente a derribar el antiguo poder... si la
oprime... una tentatia semejante suscitara a la ez el inmenso cuerpo de los
catlicos y a todos aquellos que, sin serlo, aman sinceramente la libertad.
`...Consideremos, por otra parte, qu sera en las presentes circunstancias,
que no cambiaran por mucho tiempo, la situacin de la Iglesia, supuesto que
conserase sus lazos con el Lstado... Dependiente del poder, si se resigna a
surir su dominacin, si cede a sus inluencias, obedece a sus rdenes o slo se
la sospecha de obedecer, toda oposicin poltica se conertira en una oposicin
religiosa, se era lo que se ha isto: el sacerdote enilecido en la opinin, objeto
perpetuo de la desconianza y animosidad de los partidos, sera representado
como el instrumento enal de la administracin, como el autor del despotismo
y el apoyo natural de la tirana, se le acusara de serilismo, intriga, aaricia,
ambicin humana. Se atreera, por el contrario, a resistir al poder y a sus
prescripciones, aun cuando su conciencia le obligara a ello mas estrechamente,
las maximas del Langelio y los canones de la Iglesia se lo impusieran como
deber riguroso, od estas oces que se leantan y atraen con grandes gritos la
animadersin pblica y las iolencias de la autoridad sobre el rebelde, el
anatico, el hombre de perturbacin y de desorden que rehusa someterse a las
leyes.
`...Catlicos, comprendamoslo bien, tenemos que salar nuestra e y la
salaremos por la libertad...`.
Lsta tesis -as tal cual- esta contenida, en cuanto a la cosa` sino en
cuanto al nombre` en Maritain. Porque una ciudad, concebida para los tievo.
ae va,ora ae eaaa ae to. vebto., que no adora en su ida pblica al Dios de la
Iglesia Catlica, que reconoce como un derecho natural el re.eto ae ta. covcievcia.
o sea que no admite que su ida pblica encamine al ciudadano hacia la Verdad
catlica, que perierte la nocin de cristianismo` desgajandolo de la Iglesia, que
no reconoce a sta sino en un rgimen parejo al de las otras amilias espirituales,
que no admite como luego eremos, que el Lstado en lo que tiene de esencial
que es la uerza pblica de la ley, se ponga al sericio de los ines de la Iglesia, es
un Lstado separado de la Iglesia. \ tan separado de la Iglesia que el puesto que a
sta le corresponde es ocupado por otra especie de comunidad espiritual no
religiosa sino ilosico-liberal a cuyo sericio admite por cierto que se ponga la
uerza pblica de la ley. Ln eecto, escribe Maritain
234
:
Pero la comunidad
democratica debera deenderse de l, ya sea materialista, idealista, agnstico,
cristiano o judo, musulman o budista, mantenindolo alejado de la direccin,
mediante el poder de una opinin pblica uerte y bien inormada y hasta
debera entregarlo a la justicia cuando su actiidad pone en peligro la seguridad
del Lstado`.
linalmente no dejemos de senalar tambin aqu la incongruencia de
Maritain al ingir por una parte una Cristiandad mas perecta para los tiempos
de madurez de la humanidad y por otra disminuida, en cuanto priada de la
cooperacin del Lstado en la represin de las herejas. ,Acaso el cercevavievto
234
o. fvvaavevto. ae ta aevocracia, en t Pvebto, de Buenos Aires, del 13-V-1945.
del caracter vivi.teriat del Lstado surge porque de hecho los hombres han
aprendido a cumplir los deberes para con la Iglesia, de suerte que no es
necesario recurrir a la ayuda coercitia del Lstado, o, por el contrario, porque
los pueblos ivacite. a lo sobrenatural, hacen imposible echar mano de ese
ministerio coercitio Pero sin duda que no es por la primera razn. Porque,
qviere. tv vo tever qve tever vaaa ae aqvet qve tieve et oaer. Pve. obra biev; , vere
cera. ae et atabava. Porqve et rvcie e. vv vivi.tro ae Dios ve.to ara tv biev. Pero .i
obra. vat, tievbta, orqve vo ev ravo .e cive ta e.aaa, .ievao covo e. vivi.tro ae Dio.,
ara e;ercer .v ;v.ticia ca.tigavao at qve obra vat
235
.
Como si dijramos que si en la prxima y tercera cristiandad no ha de
recurrirse al poder coercitio del Lstado a los ines de la Iglesia porque los
pueblos se comportaran tan juiciosamente que se hara innecesario el uso de
este poder, entonces no es necesario inentar la teora de una nuea cristiandad
undada precisamente en el hecho de la diisin religiosa y de la indocilidad de
los pueblos a la Verdad sobrenatural.
Valoracin de la cristiandad medieval
Ll naturalismo que preside el pensamiento de Maritain en la elaboracin
de su nuea cristiandad a a aparecer mas ntidamente si cabe en la aloracin
que ormula de la covceciv cri.tiava .acra ae to tevorat aet avto verio. Para
apreciar en todo su signiicado esta aloracin, adirtamos, como el mismo
Maritain expresamente lo senala, que no habla del Santo Imperio como
hecho histrico, en rigor se podra decir que este hecho no logr existencia
erdadera`
236
.
Lamennais ya deca que este sistema, bajo cierto aspecto tan
brillante, no march nunca sino con diicultad y nunca pudo desarrollarse
completamente
23
,
tampoco habla del Santo Imperio como vtoa teocratica,
hablamos del Santo Imperio como ideal histrico concreto o como mito
histrico, es decir, como imagen lrica que orienta y muee una ciilizacin. As
considerado, es menester decir que la edad media ha iido del ideal del Santo
Imperio ,y de l ha muerto,: si se entiende este mito de una manera
suicientemente amplia, en todo su alor representatio y simblico, rige
idealmente todas las ormas temporales medieales y los mismos conlictos,
235
Rom., XIII, 3.
236
vvavi.ve vtegrat, pag. 156.
23
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 465.
las realizaciones antinmicas que han impedido al .acrvv iverivv existir
erdaderamente como un hecho`
238
.
,Ln qu coloca Maritain los caracteres tpicos de esta covceciv cri.tiava
.acra ae to tevorat. Ln primer lugar es la tendencia a una unidad organica
cualitatiamente maxima
239
que pide centrar la unidad de la ciudad temporal lo
mas alto posible en la ida de la persona, dicho de otro modo, undarla sobre
ta vviaaa e.iritvat... . Pero la unidad temporal de la Luropa cristiana no tena
slo su uente en la unidad religiosa... comportaba tambin, y ello era
indispensable desde que se trataba de una unidad temporal maxima, la unidad
poderosa, aunque muy general y compatible con las diisiones y
las rialidades
particulares mas agudas, de un cierto ondo comn de pensamiento y de
principios doctrinales... una unidad imperial sobreordenada a los diersos
reinos como la unidad de sabidura esta sobreordenada a las diersas especies de
ciencias: el centro poltico supranacional de la cristiandad era el Lmperador
romano germanico`
240
.
De esta alta unidad sacral se deria el predominio del rol vivi.teriat de lo
temporal respecto de lo espiritual`
241
,
de lo temporal no como in
intermediario o inraalente sino de simple medio, de cav.a iv.trvvevtat,
respecto de la ida eterna`, como lo demuestran la nocin del brazo secular, el
nombre de obispo de uero externo` dado a los reyes, o acontecimientos
tpicos como las cruzadas`
242
.
Correlatiamente con esta uncin ministerial de
la ciudad deriaba el tercer rasgo caracterstico que consista en el empleo de
los medios propios del orden temporal y poltico ,medios isibles y externos
donde las cohibiciones sociales desempenan un gran papel, cohibiciones de
opinin, cohibiciones de coercin, etc.,, el empleo del aparato institucional del
Lstado para el bien espiritual de los hombres y para la unidad espiritual del
mismo cuerpo social...`
243
.
La cuarta nota del ideal histrico medieal la
constitua una cierta disparidad como de esencia ,entre el dirigente y el
dirigido,, quiero decir una cierta disparidad de categoras esenciales,
hereditarias o... una diersidad de raa. .ociate.
244
.
La quinta , ltima nota del
238
Obra. Covteta. ae avevvai., pag. 156.
239
Ibid., pag. 159.
240
Ibid., pag. 160.
241
Ibid., pag. 16.
242
Ibid., pag. 162.
243
Ibid., pag. 163.
244
Ibid., pag. 163.
ideal histrico de la edad media concierne a la obra comn en la cual trabaja la
ciudad, y que consista entonces en el establecimiento de una estructura social
jurdica puesta al sericio del Redentor por la uerza del hombre bautizado y de
la poltica bautizada`
245
.
1al el ideal histrico de la sociedad medieal expuesto por el mismo
Maritain. Ideal que como Lamennais deca tambin
246
pudo y ue bueno, pero
que no tiene rator ervavevte. Pues bien, de las cinco notas que Maritain asigna
al ideal histrico medieal, la erdaderamente central y decisia es la primera o
sea que la ciudad temporal coloca su unidad en la unidad religiosa de la Verdad
Catlica y en consecuencia, el Lstado se pone al sericio de esta Unidad, de
donde resulta una ciudad cristiana, en la que lo primero es el sericio de Dios.
La cuarta nota, o sea la diersidad de raa. .ociate., es completamente acce.oria
respecto a senalar una condicin de cristiandad, alte o no dicha diersidad de
raa. .ociate., la cristiandad, en cuanto cristiandad sera la misma. Vamos pues a
omitir su consideracin aqu para estudiarla mas adelante.
Ln su analisis que ocupa diez paginas
24
Maritain clasiica como elementos
ai.tivtiro. de la cristiandad medieal, elementos constitutios de toda
cristiandad, y que en consecuencia si altan, deja sta de ser ciudad cristiana y
se conierte en naturalista. Lo .acro o .aceraotat, o .obrevatvrat surge de la esencia
misma de la ciudad cristiana, que no es, en substancia, sino una ciudad que
reconoce como fiv vttivo ae ta riaa bvvava el destino sobrenatural que slo
puede conseguirse en la Iglesia. Si el hombre ha sido creado para salarse
eternamente y si no puede salarse sino perteneciendo a la Iglesia se sigue que
la ciudad terrena debe estar al sericio de la Iglesia. Luego una sociedad que
quiere respetar la naturaleza esencial del hombre, tal como esta constituida en
el orden actual de proidencia, no puede ser sino .acra, .aceraotat o .obrevatvrat.
Supongamos en eecto una ciudad de cristianos que quieren proceder
plenamente de acuerdo a la e. Lsta ciudad esta ormada por hombres
cristianos que se diersiican por ocupaciones diersas que conspiran todas a la
comn utilidad. Quienes ocupados en tareas econmicas, quienes en culturales,
quienes en polticas, quienes en religiosas. Si estos ciudadanos quieren
proceder como cristianos en el desarrollo de sus actiidades tevorate., es decir
en aquellas que se ordenan airectavevte a su elicidad terrestre, como son la
245
Ibid., pag. 166.
246
Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 463.
24
vvavi.ve vtegrat, pag. 156 y sig.
totalidad de actiidades econmicas, culturales y polticas, han de ejecutarlas en
orma tal que, en ellas al mismo tiempo, conquisten la elicidad sobrenatural.
Ls decir que cuando esos hombres cristianos ejecutan las acciones
econmicas, culturales y polticas, han de ejecutarlas para salar su alma,
porque la bienaenturanza sobrenatural la han de conseguir con sus acciones
terrestres, practicadas sobrenaturalmente, santiicadas por la irtud teologal de
la caridad. Sino uera as esas acciones seran estriles para la ida eterna... y al
no ordenarse a ese in debido en la actual proidencia, careceran de in, y en
consecuencia seran .ivticiter vata., consideradas en atencin a las exigencias
que deben tener las acciones de los cristianos. Luego, si los cristianos proceden
en caracter de tales, en sus relaciones indiiduales, amiliares, econmicas,
culturales, ciiles, polticas, toda la ida temporal iene a ser sobrenaturalizada
y por consiguiente a tener a Dios, Uno y 1rino por in ltimo, a reconocer la
realeza del Verbo-hecho Carne, y en cuanto a las acciones sobrenaturales que
en ella se cumplan, se hallaran bajo la jurisdiccin de la Iglesia, nica
depositaria de este orden. Los gobernantes, cualesquiera sea el rgimen poltico
de la ciudad conormaran an sus acciones temporales de gobernantes con este
in ltimo, y en consecuencia pondran el poder pblico al sericio de este in,
como lo inculca la constante ensenanza del Magisterio eclesiastico.
,Qu ha de resultar de una ciudad de cristianos que proceden as
cri.tiavavevte, esto es, sobrenaturalmente Que de todos los bienes de que se
dispone en este mundo han de dar el primer lugar a los bienes sobrenaturales de
la Santa Religin de Jesucristo, que todos los otros bienes, sin priarlos de su
ordenacin propia, sin destituirlos de su naturaleza y calidad de econmicos,
culturales, polticos, al contrario, buscando pereccionarlos en su orden propio
para que sean mas conenientemente ordenables, han de ordenarlos como
medios, a la adquisicin de su pereccin sobrenatural.
Pues bien, esta y no otra cosa es, en substancia, la edad media. Pero este
orden esencial de una ciudad cristiana tiene igor para cualquier poca de la
historia, porque deria de la naturaleza misma de la actiidad del cristiano. Que
luego la ciudad cristiana del Imperio Romano cristiano de San Agustn, o del
reino lranco de Clodoeo, o del imperio de Carlomagno puedan dierir entre s
por dierencias indiiduales, deriadas de circunstancias histricas accidentales
no puede aectar a este orden esencial que sera siempre el que brillara con
maximo esplendor en la Ldad Media, permaneciendo como te, eretva de la
Iglesia.
Sorprende que Mari tai n, que inoca a Santo 1omas como inspirador y
arquitecto de su nuea cristiandad, no haya adertido la irreragable
demostracin que eecta este Doctor en el captulo XIV del libro I del
Regivievto ae to. Prvcie. cuando escribe: Ll in de la muchedumbre asociada, es
el iir irtuosamente, pues que los hombres se unen en comunidad ciil, a in
de obtener de ella proteccin para iir bien, y el iir bien para el hombre, no
es otra cosa que iir segn la irtud. Mas este in no puede ser absolutamente
el ltimo, puesto que el hombre, atendida el alma inmortal esta destinado a la
bienaenturanza eterna, y la sociedad instituida en proecho del hombre, no
puede prescindir de aquello que es su bien supremo. No es, pues, el ltimo in
de la ida humana la ida irtuosa sino el llegar por un medio de ida de
irtudes a la elicidad sempiterna. Ahora bien, el que gua y
conduce a la
consecucin de la eterna bienaenturanza, no es otro que Jesucristo, el cual
encomend este cuidado aca en la tierra no a los prncipes seculares, sino al
Sacerdocio por Ll Instituido, y principalmente al Romano Pontice, deben estar
subordinados todos los gobernantes ciiles del pueblo cristiano, pues a aquel a
quien pertenece el cuidado del in ltimo, deben estar subordinados aquellos a
quienes pertenece el cuidado de los ines prximos o intermedios`.
Santo 1omas no ha reconocido este orden como aledero para la edad
media sino para toda poca cristiana. \ de ser exacta la opinin de Mari tai n de
que el Doctor Anglico tiene su misin de arqvitecto ae ta fvtvra , vvera cri.tiavaaa,
estos son los principios sobre los que ella debe undarse, principios
diametralmente opuestos a los del vvavi.ve vtegrat. Oposicin tan
undamental como la que releja este extraordinario parrao del Regivievto ae to.
Prvcie.:
Por lo cual -dice Santo 1omas admirablemente- ue dispuesto por la
Diina Proidencia, que en la ciudad de Roma, preista por Dios como sede
principal del Pueblo cristiano, se introdujese poco a poco la costumbre de que
los rectores de las ciudades se sujetasen a los sacerdotes. Porque como reiere
Valerio Maximo: Siempre nuestra ciudad airm que todo ha de posponerse a
la religin, an las cosas en que brilla el esplendor de la alta majestad. Por lo que
no dudaron en cotocar at .erricio ae to .agraao et vavao, porque tenan por irme el
rgimen de las cosas humanas, si se ponan bien y slidamente al sericio del
diino poder. \ por cuanto tambin haba de acaecer que en lrancia tomare
gran incremento la religin del sacerdocio cristiano, ue proisto por Dios que,
entre los galos, to. .aceraote. agavo., a qvieve. ttavabav Drviaa., fi;arav et aerecbo ae
toaa ta Catia -como reiere Julio Csar- en el libro que escribi de la guerra de
las Galias`. ,L. I, 14,.
Ll mismo Mari tai n en su Privavte av iritvet reconoca este caracter
sobrenatural, sacro y sacerdotal de la ciudad cristiana, cuando escriba
248
:
.te aerecbo ae ta civaaa ae Dios .obre ta civaaa terre.tre lo postula la misma
ciudad terrestre en irtud de una exigencia i nterna. Lsta en eecto ordenada a
un bien comn temporal que no es slo de orden material, sino tambin y
principalmente de orden moral, la ida humana buena ,ida irtuosa, de la
multitud congregada en un cuerpo social, covvvicatio iv beve rirevao ,De Regivive
Privc., I, 15,. Ahora bien, la recta ida humana aqu abajo supone el
ordenamiento del hombre a su in ltimo, que es sobrenatural y no puede ser
obtenido sino por Cristo, el bien de la ciudad debe estar ordenado a este mismo
in ltimo sobrenatural que es el de cada hombre particular... la regla de
conducta de la ida indiidual y social no pudiendo hacer abstraccin del orden
sobrenatural, y para hablar con propiedad, una sabidura poltica completa
siendo de la esera de la teologa, et rvcie, ara cvvtir .v oficio, debe estar l
mismo instruido en estas ciencias y cov.vttar a aqvetto. qve tievev et ae.ito. As
San Luis consultaba a Santo 1omas. Ll rey -escriba ste- debe procurar la
ida buena, aqu abajo, de la multitud, en cuanto coniene a la obtencin de la
elicidad celeste, de suerte que prescriba las cosas que conducen a esta elicidad
y prohba, en la medida de lo posible, las contrarias. Cual sea el camino que
conduce a la erdadera elicidad y los obstaculos que a ella se oponen lo sabe
por la ley diina cuya ensenanza es propia del ministerio sacerdotal` ,De Reg.
Privc., I, 15,.
La ciudad temporal cristiana debe entonces ser sobrenatural` en
contraposicin a naturalista, sobrenatural` por el fiv .vrevo al cual
indirectamente se ordena que es Jesucristo, Dios-hombre, autor y consumador
del orden de la Reelacin y de la Gracia, sobrenatural` por .v fiv rivo, que
es promoer la ida irtuosa en relacin al in sobrenatural, de la muchedumbre
congregada en su seno, sobrenatural` por ta cav.a forvat, es decir, por la
conormacin que ha de imponer a las actiidades humanas, las cuales han de
ser sobre-eleadas y sobrenaturalizadas de acuerdo al in supremo,
sobrenatural` porque ha de surgir por el comn esuerzo de agentes humanos,
econmicos, culturales y polticos bajo la direccin suprema del sacerdocio
sobrenatural.
248
Privavte av iritvet, pag. 25.
1an plenamente ha comprendido Maritain este caracter sobrenatural` de
la ciudad cristiana, y tan sin disminucin lo ha expuesto en Privavte, que
escribe: Para mostrar esta subordinacin de lo temporal a lo espiritual, que
compara a la subordinacin del cuerpo al alma, Santo 1omas, acabamos de
erlo, se unda sobre la subordinacin misma de los ines, que exige que la
autoridad que muee hacia el in supremo dirija, sea por sus ensenanzas, sea por
consejos, sea, si es necesario, por rdenes, a aquellos que muee hacia el in
intermedio, y que bajo la ley de Cristo los reyes estn sometidos al Soberano
Pontice. Adirtamos que bajo este punto de ista el poder indirecto es
considerado de una manera muy uniersal, como englobando no slo las
interenciones particulares de la Iglesia, por consejos u rdenes expresas, ratiove
eccati, sino tambin la inluencia rectora ejercida sobre las cosas temporales por
su misma ensenanza general y por la educacin que da a las naciones. Una
soberana temporal as ormada en espritu, una ciudad erdaderamente cristiana,
ira por s misma a ines cristianos, y a este libre moimiento endran a anadirse
para pereccionarlo las interenciones especiales de la Iglesia, cuya maternidad
no deja nunca de cobijar a los pueblos. De este modo, en las condiciones
normales de ciilizacin, es decir, si los pueblos y los gobernantes uesen lo que
debieran, el poder indirecto se eriicara como naturalmente, por la docilidad
espontanea a la ley eanglica y a la ensenanza general de la Iglesia, y, cuando
sta lo juzga oportuno, a sus consejos particulares`.
Lsta es la concepcin transparente de cristiandad de la teologa catlica,
expuesta por Santo 1omas, realizada imperectamente como todo lo humano
por los siglos cristianos y aledera como condicin de salud en lo uturo y que
Maritain no se atrea a alterar cuando quera trabajar para Dios y no para la
sociedad moderna`
249
.
Ll mito de la fuerza al servicio de Dios
Maritain ha querido caracterizar el ideal medieal de ida con el mito de la
uerza al sericio de Dios` en contraposicin al ideal de la nuea cristiandad
resumido en el mito de la realizacin de la libertad`.
No deja de sorprender la adopcin de expresin tan poco benola. ,Se
pretende acaso suscitar en el lector moderno la imagen del poder policial -las
dragonadas- al sericio del clero para coaccionar oluntades en el
249
.vtivoaerve, pag. 21.
cumplimiento de ines religiosos La imagen podra ser eicaz, pero no aparece
cmo quedan inclume la serenidad del ilsoo y el prestigio y dignidad de la
vroa cri.tiava que, guiada y bendecida por la Iglesia, reteniendo la ariedad de
las naciones, arrib a una unidad omentadora de prosperidad y grandeza`
250
.
Pero si se quiere ser objetio y signiicar la iv.trvvevtatiaaa aet oaer vbtico a
to. five. ae ta gte.ia que tan magnicamente se eriic en el medioeo, no se
olide que ella arranca de deberes esenciales a toda sociedad erdaderamente
humana. lemos isto, mas arriba que, an en el orden de pura naturaleza una
civaaa vorvat ha de comprender una jerarqua constituida por el sabio, por el
poltico y por la multitud ocupada en los sericios mltiples de la ida. Ll sabio,
en el sentido autntico, es aquel que ha llegado a conormar su ida a la Verdad
y que, en consecuencia, ha sobrepasado el dominio de la ley, de la justicia y de la
irtud. Ll sabio liberado por la contemplacin de la Verdad, no se encerrara
egostamente en estril soledad sino que ha de comunicar a otros la erdad y la
irtud que ha alcanzado. Su accin descendera directamente sobre los miembros
de la muchedumbre inculcando en ellos, or ta er.va.iv, la irtud, y descendera
tambin y de modo muy especial, en el Poltico, quien ensenado por el Sabio
aplicara luego, en su dominio que es el de la actiidad eterva , tevorat de la
ciudad, aquellas normas de razn que han de regular la ida de los ciudadanos.
La ley es el gran instrumento del Poltico y es esta una ordenacin de la razn
en bien de la comunidad por aquel que tiene cuidado de ella`. Con la ley el
Poltico aplica eicazmente en la multitud la Verdad que aprendi del Sabio. Su
tarea es propiamente ractica, de prudencia, as como la del sabio es propiamente
e.ecvtatira.
Pero la eicacia de la ley deria de su poder coactio, porque como ensena
Santo 1omas
251
:
La ley induce a que se le obedezca por el temor de la pena, y,
en cuanto a esto se coloca, como eecto de la ley, el castigo`. Castigo que tiene
como eecto el acostumbrar a eitar el mal y cumplir el bien, por temor de la
pena para de all cumplirlo por propia oluntad`
252
.
Ls claro que es este un
eecto secundario e instrumental de la ley, ordenado al eecto primario,
maniiesto es -dice Santo 1omas- que lo propio de la ley es inducir a
aqullos para quienes se promulga, a su propia irtud. \ como la irtud hace
250
Benedicto XV, en Pacev Dei Mvvv..
251
I, II, 42, 2.
252
Ibid., ad. 4.
bueno al que la tiene, se sigue que el eecto propio de la ley es hacer buenos a
aqullos a quienes se da`. Pero la coactiidad le es esencial.
Ln esto se unda la iv.trvvevtatiaaa de la poltica, y, por ende, su intrnseca
subordinacin al bien que es el objeto de la contemplacin del sabio. 1al
ciilizacin no puede tener como ley de ida la primaca de lo poltico porque
ello sera en desmedro de la sabidura.
Mari tai n ha isto bien este caracter .ecvvaario de la poltica y este dominio
de iverfecciv en que necesariamente se muee, pero, en un aan de subrayar sus
limitaciones, ha dejado de acentuar la erfecciv que comporta su mismo caracter
iv.trvvevtat que al hacerla serir a los ines del sabio, la hace participar de sus
excelencias.
La sociedad poltica es imperecta, precisamente porque tiene que reducir a
pereccin, echando mano de medios coactiro., a una multitud que se resiste a la
pereccin, esto es, que slo por el tevor de las leyes entra en la senda de su
propio bien. Si los hombres iniesen a este mundo sabios o perectos, o, por lo
menos, con un indeectible e incorruptible anhelo de pereccin, de suerte que
uesen actualizados en su pereccin por el magisterio de la persuasin o
adoctrinamiento, sin necesidad de intimaciones coactias, la sociedad poltica
perdera su caracter de coactiriaaa , ae riotevcia y se tornara una sociedad
contemplatia. Ls decir, que la sociedad poltica, en cuanto poltica, perdera su
razn de ser. labra sociedad s, con jerarquas, pero sin el aparato de uerza
que por necesidad y en bien de los hombres ha de tener la sociedad poltica, en
la actual condicin de cosas.
Lsta sociedad ideal, ormada de perectos, sera un covririvv amigable en
que todos y cada uno, no obstante las desigualdades indiiduales de
disposiciones y de aiciones, ocuparan de por s, el lugar que mas
conenientemente habra de corresponderles respecto a la pereccin misma de
la ciudad amical y contemplatia. Ln ella la comunicacin de bienes tanto
materiales cuanto espirituales, se establecera avtovaticavevte, esto es, por una
espontanea iniciatia de todos y de cada uno. Sea lo que uere de la posibilidad
de esta sociedad ideal, lo cierto es que en la condicin actual del hombre que
iene ivaigevte de toda erdad y bien y vece.itaao del mutuo y comn concurso
para adquirir su pereccionamiento arduo y progresio, tanto en lo que mira a su
condicin material, moral e intelectual, sera un peligroso y neasto .vevo. Ln la
actual condicin del hombre, la sociedad poltica es vece.aria como fvera
rovotora ae ta rirtva.
\ como aquella misin que correspondera al sabio en una sociedad ideal de
pura naturaleza, en la actual proidencia la cumple con creces la Iglesia -
diina Contemplatia- se sigue que la sociedad ciil debe ponerse a su
sericio, y que la tegi.taciv ciil, o sea la uerza coactia de la ciudad, debe
ordenarse a los ines de la misma Iglesia, es a saber -como dice Santo
1omas
253
- para que ordene aquellas cosas que conducen a la celeste
bienandanza y prohba las a ella contrarias, en la medida de lo posible`.
Si la ida humana debe ser sacra o sobrenatural, como hemos demostrado,
a lo sacro han de subordinarse todos los otros ines ineriores, ya que los
bienes secundarios tienen razn de medio respecto de los bienes superiores y
es necesario que los medios estn condicionados a los ines.
Aunque el in inerior sea medio respecto del in superior no implica que
sea vera causa iv.trvvevtat... puede ser causa principal erdadera, puede tener
accin sin la causa ltima, pero si quiere ser cri.tiava debe subordinarse, como
medio, al in de la causa suprema. La ciilizacin, la ida proana, puede existir
sin la Iglesia, pero si es ciilizacin cristiana, esto es, si toma como norma
suprema de ida el mandamiento del amor de Dios, ha de someterse
totalmente a la Iglesia, la ormalidad sacra ha de constituir su orma suprema.
Santo 1omas, inocado por Maritain como arquitecto de su nuea
cristiandad` lo entenda as cuando se pregunta en el artculo VIII de la
Cuestin dcima de la II. II de la Suma 1eolgica si los inieles deben ser
compulsados a la e y contesta:
Respondo que algunos inieles nunca recibieron la e, como los gentiles y
judos, y estos tales de ningn modo han de ser compulsados a la e para que
crean, porque creer es propio de la oluntad, cov toao, bav ae .er covvt.aao. or to.
fiete., .i .e ai.ove ae oaer ;.i aa.it facvtta.) ara qve vo ovgav ob.tacvto. a ta fe o cov
bta.fevia. o cov er.va.iove. vata. o cov abierta. er.ecvciove.. Y or e.to to. fiete. ae
Cri.to vverev gverra covtra to. ivfiete.. ,Maritain, que menciona a las cruzadas
como acto tpico histrico medieal, ,ha tenido presente este texto, No,
ciertamente, para obligarlos a creer porque si los encieran y los tuieran
cautios dejaran a su libertad el creer, sino para qve vo iviaav ta fe ae Cri.to.
Los otros inieles que recibieron la e y la proesan, como los herejes y algunos
apstatas, han de ser compelidos an corporalmente para que cumplan lo que
prometieron y sostengan lo que una ez recibieron`.
253
Det Regivievto ae to. Prvcie., I, 15.
Por esta misma razn, ensenan los telogos que el Lstado no slo no
debe establecer ni hacer nada contra la religin reelada`
254
, sino que debe
deenderla en el orden temporal, indirectamente, prohibiendo lo que es
oensio`
255
y an debe positia y directamente, omentarla no slo
aoreciendo la predicacin y propagacin de la e erdadera... sino
pblicamente por la proesin pblica de la e`... As Constantino quiso
llamarse episcopus ad extra`, y Carlomagno deoto deensor de la Santa
Iglesia y su humilde auxiliar`
256
.
No es esta sino la ensenanza constante de la Santa Iglesia que Gregorio
XVI recuerda a Lamennais cuando en la Mirari 1o. escribe: linalmente,
ayuden los prncipes a estos nuestros deseos por el buen xito de las cosas
sagradas y proanas con su poder y autoridad, pues la recibieron no solamente
para el gobierno temporal, sino tambin para deensa y custodia de la
Iglesia`
25
.
\ a medida que la ida cristiana ha ido declinando en la ida pblica de los
pueblos, antes cristianos, la Iglesia no ha dejado de inocar la necesidad de la
uerza pblica, aunque, al ariar la ida, ha ariado el campo en que sta
pudiera emplearse. As como en la Ldad Media la Iglesia initaba a las naciones
cristianas a luchar en las Cruzadas, y en tiempo de la Reorma, inocaba el
poder pblico para combatir la hereja y Gregorio XVI, Po IX y Len XIII
recordaban a los Lstados sus obligaciones para rerenar la licencia de la ida,
Po XI en la Dirivi Reaevtori. contra el comunismo, recuerda que, a esta
misma empresa espiritual de la Iglesia debe el Lstado cristiano concurrir
positiamente ayudando en su empeno a la Iglesia con los medios que le son
propios, medios que, aunque son externos, dicen tambin relacin en primer
lugar al bien de las almas`.
Pero adirtase bien ba rariaao el punto de aplicacin de la fvera vivi.teriat
del Lstado, pero no, en derecho, sino en el hecho. loy, como en plena edad
medieal, la poltica ha de ponerse al sericio de la ida cristiana de la ciudad,
aunque por la malicia de la impiedad no pueda cumplir esta obligacin. \ como
la ida aebe ser sacra si quiere respetar su condicin esencial, pueden ser razones
.agraaa. las que obligan a tomar las armas, en ocasiones dadas, como lo hizo el
254
Garrigou-Lagrange, De Reretatiove, pag. 624.
255
Ibid.
256
Ibid., pag. 625.
25
Qvavta Cvra, de Po IX, y iberta. e vvortate Dei, de Len XIII.
pueblo espanol en la gloriosa gesta del 36 contra el comunismo ateo, razones
tan sagradas como las que determinaban el moer guerra contra los inieles en
plena cristiandad
258
.
Ll auxilio de la uerza material al sericio de lo sagrado, en las condiciones
explicadas, no puede altar en una ciilizacin cristiana. Ln la medida en que
alte no hay cristiandad. Porque si el poder poltico cualquiera sea su condicin,
monarquico, aristocratico o democratico no se pone al sericio de los alores
espirituales, cuyo depsito esta en la Iglesia, se pondra al sericio de s mismo
,absolutismo de Lstado, llamese totalitario o democratico, poco hacen al caso
los ocablos, las realidades son las que alen, o del dinero ,plutocracia, o de la
plebe ,licencia democratica,. No olidemos que el poder poltico -la uerza-
que es consubstancial a cualquier rgimen poltico, no puede sino .errir. Ll
problema no se plantea entre serir y no serir, sino en serir a uno o a otro in
de la ida. Sire a la Iglesia, esto es al acrecentamiento de autntica pereccin
espiritual del pueblo o sire al desarrollo de una ida centrada en la exaltacin de
la Raza o de la Nacin como en la Alemania del 1ercer Reich, o estimula una
ida mercantil como la de Inglaterra conseradora de preguerra o, en in, sire a
una concepcin materialista de la ida que podra asumir muchos estilos como el
de la lrancia Laicista o el de Lstados Unidos naturalista o el de la Rusia atesta.
Pero el Lstado no puede dejar de serir a alguien porque, de otra suerte, dejara
de existir. Si existe acta y si acta lo hace desarrollando una forva ae riaa, la cual
se ordena a la Iglesia o se ordena contra la Iglesia. No ba, vevtratiaaa. Aqu cobra
toda su uerza el dicho del Salador: Qviev vo e.ta covvigo, e.ta covtra vi, y aquel
otro: ^aaie veae .errir a ao. .evore..
Por otra parte, por el hecho mismo de que el poder pblico no se pone al
sericio de la Santa Iglesia, la oprime. Porque si no es cristiana, esto es, si no
esta al sericio de la Iglesia la orma que con su poder de coercin tiende a
imprimir a la substancia proana de la ida el poder pblico, se sigue que esa
substancia proana, independiente de la Iglesia, se ha de constituir como un in
en s, desalojando por su simple acto de presencia a la Iglesia de aquella
inluencia que en la ida de los cristianos le corresponde, la Iglesia sera
orzosamente oprimida y perseguida. 1al lo que acaece en las sociedades
modernas cuyo ejemplo tpico lo constituye Lstados Unidos. All no se oprime a
la Iglesia airectavevte... pero et ivvt.o ae ta riaa, tanto el deriado de la opinin
258
Ver Julio Meinielle, Qve .atara ae ta .ava qve .avgra, en que se critica la posicin de Maritain
sobre guerra santa`.
pblica como de la uerza del Lstado, desarrolla una substancia de ida social y
pblica, pagana, acatlica, que ahoga y sooca la ida cristiana. La persecucin
ra es terrible para la Verdad que carece de medios para llegar a los ieles rente
al poder temporal que dispone de todos los recursos para embrutecer a las
gentes.
Ll liberalismo catlico que de Lamennais a Maritain reduce el campo del
Lstado a lo temporal` como si no tuiera que emplear su poder al sericio de
ines espirituales, perierte necesariamente la nocin misma de Lstado. Ll
Lstado es una entidad eterva y tevorat. Lxterna en el sentido de que su esera
peculiar de accin ordena las acciones externas de los hombres y regula y
protege el ejercicio de sus derechos, temporal en cuanto termina con el tiempo y
regula las obligaciones y derechos del hombre para esta ida temporal.
Pero esos derechos y obligaciones, maniestados en lo etervo y en lo tevorat
son e.iritvate. o tienen conexiones con lo e.iritvat. Ll Lstado es propiamente un
agente externo y temporal, dotado de uerza material, pero agevte ae to e.iritvat
porque tiene como in prximo la ida irtuosa y como in ltimo indirecto la
ida eterna. Luego la vivi.teriatiaaa aet .taao re.ecto ae to e.iritvat, esta
inolucrada en la nocin misma de Lstado. Si el Lstado la omite, el Lstado se
laiciza, se naturaliza y se corrompe. Ll caracter necesariamente ministerial del
Lstado al sericio de ines espirituales se impone con tanta eidencia, que
Maritain, que por una parte rechaza la ministerialidad de la uerza del Lstado al
sericio de la Iglesia y quiere que el Lstado colabore con la Iglesia segn el
modo` del amor eanglico`
259
, esto es, de una manera que no se condiciona
con la ndole coactia del Lstado, por otra parte, l, ilsoo ae ta vrificatiov ae.
vo,ev.
260
apela a todo rigor de la uerza coactia del Lstado, debe deenderse
con energa particular contra aquellos que rehsan por principio y que trabajan
para destruir los undamentos de la ida comn, de un tal rgimen que son la
libertad y la cooperacin, el mutuo respeto cico`
261
. Maritain entonces, que se
escandaliza del empleo de l a uerza al sericio de la pereccin erdadera del
hombre, exige el empleo de esta misma uerza para labrar su ciudad naturalista y
de tolerancia uniersal.
Ll vatvrati.vo de la nuea cristiandad` de Maritain no puede ser disimulado.
Una ciudad que no adora al Dios Uno-trino de la Reelacin Cristiana, que
259
Dv regive, pag. 8.
260
Ibid., pags. 164-225.
261
e. Droit., pag. 113, ed. cast., pag. 138.
establece como norma suprema de su actuacin el respeto de las conciencias y el
reconocimiento del derecho natural iniolable de toda persona humana de adorar a
Dios en su propia orma en cualquier parte del mundo, que reduce a la Iglesia,
Arca de Salud del gnero humano al derecho comn a la Sinagoga, a los cultos
herticos, inieles y a la descreencia atea, que separa a la misma Iglesia de la ida
temporal de los indiiduos, amilias y pueblos, que repudia el caracter sacro de la
ida pblica y rehsa la ministerialidad de la uerza del Lstado al sericio de los
ines espirituales de la Iglesia, es un Lstado naturalista y por consiguiente ateo en
abierta oposicin con la ensenanza magistral de Len XIII que en iberta. dice:
Veda, pues, la justicia y dalo tambin la razn que el Lstado sea ateo, o lo que
iene a parar en el atesmo, que se halle de igual modo con respecto a las arias que
llaman religiones y conceda a todas promiscuamente iguales derechos`.
Ll naturalismo de la impiedad se ha iniltrado y ha corrompido la ciudad
maritainiana de acuerdo a aquello que dice el Concilio Vaticano: Por el hecho de
esta impiedad que se ha propagado por todas partes, desgraciadamente ha
sucedido que an muchos hijos de la Iglesia Catlica se han extraiado del camino
de l a erdadera piedad y se ha disminuido en ellos el sentido catlico con una
paulatina disminucin de las erdades. Porque arrastradas por arias y peregrinas
doctrinas, haciendo una mala mezcla de la naturaleza y de la gracia, de la ciencia
humana y de la e diina, resulta como los hechos lo demuestran que han
depraado el sentido genuino de los dogmas y ponen en peligro la integridad y
sinceridad de la e`
262
.
LA NULVA CRIS1IANDAD, CIUDAD DL LA
IRA1LRNIDAD UNIVLRSAL
^o .e traba;a ara ta gte.ia, .e
traba;a ara ta bvvaviaaa. ,Po X
en t ittov,.
Nos preguntabamos en el estudio anterior si la fraterviaaa eravgetica, mito`
director de la ciudad maritainiana, constituira su in supremo o tan slo un in
262
Constitucin |vigevitv. Dei itiv..
prximo a l subordinado. ,Lsa ciudad -decamos-, que se propone como in la
amistad raterna eanglica`, adora al Dios erdadero y a su lijo Jesucristo, o no
lo adora ,Lsa ciudad pone en su cspide, como primera Verdad orientadora, el
amor y la gloria de Dios, de manera que con respecto a ella y en la veaiaa qve a etta
covavce acepta la amistad raterna eanglica, o en cambio, esta amistad raterna
constituye su primera y suprema erdad, a la que todo ha de acomodarse De la
solucin de esta alternatia depende que esa ciudad sea catlica o sea, en cambio, la
ciudad de la tolerancia uniersal. Porque si la raternidad uere un medio que en
tanto sera buscada en cuanto condujere a acercar a los hombres a Dios, es decir si
la tolerancia slo se practicase en la medida en que no suriesen mengua los
derechos de Dios y de la Iglesia, esa ciudad podra llamarse catlica. Pero si por el
contrario esa raternidad, y por lo mismo esa tolerancia, regulase todo en la ciudad
hasta el punto de que a ella se ordenasen -ale decir se sacriicasen- los
derechos de Dios y de la Santa Iglesia, tal ciudad, con la raternidad eanglica,
sera una ciudad impa, proundamente anticristiana. Con el estudio de este
problema completamos el analisis del naturalismo de la nuea cristiandad de
Maritain.
La diversidad religiosa de las sociedades modernas
Maritain busca la solucin de un problema, desgraciadamente muy real, que
plantean las sociedades modernas, es a saber, el de la diersidad religiosa en el
seno de una misma ciilizacin
263
.
lue tambin ste, el problema que moi a
Lamennais a elaborar su liberalismo de t.revir.
Imaginaos -escribe Lamennais- una casa habitada, en sus dierentes
pisos, por un judo, un musulman, un protestante, un catlico, ciertamente sus
creencias y los deberes que de ellas resultan son demasiado opuestos para que
haya sociedad real. Pero que teman que unos locos no engan a incendiar la casa
cuyo techo los cubre a todos, o que, en cada triuno de un partido dierso, se los
enga a degollar sucesiamente, o a perseguirlos como a judo, musulman,
protestante, catlico, el peligro comn los unira. \ a no ser que estn
enceguecidos por un anatismo eroz, no dudaran en asociarse para su deensa
mutua, asociacin que creara entre ellos relaciones de beneolencia, las cuales
les haran mas aciles, mas calmas y mas eicaces las discusiones puramente doc-
263
Dv regive, pag. 3.
trinales sobre los puntos que los diiden. Ln todo caso, habran iido, y iido
en paz
`264
.
Ll planteo del problema es perectamente legtimo como legtima es la pregunta
que se ormula Maritain en el artculo Qvi e.t vov rocbaiv, publicado en su libro
Privcie. a
vve otitiqve bvvavi.te acerca de si la diersidad de creencias religiosas, que
es un hecho histrico eidente, debe ser mirada como un obstaculo insuperable a la
cooperacin humana
`265
. No hay duda que debe ser mirado como un grandsimo
obstaculo, pero no hay duda tambin que debe tratar de superarse. Pero toda tarea
de superacin no ha de eectuarse a costa de la Verdad, sino al contrario, teniendo
presente que slo ella, raz y undamento de la erdadera caridad, une, y que sin ella,
lo que se pretende unir es una mezcla turbia que todo lo conunde y perierte.
Como toda .ocieaaa bvvava y con mayor razn la poltica, su mas perecta
expresin, agrupa a los hombres por un intercambio de bieve., cuyo alor y
jerarqua se ha de medir en relacin con un in, no se puede establecer una
erdadera y forvat cooeraciv entre hombres que no aceptan un mismo in de la
ida. Ln rigor, una sociedad as airiaiaa por creencias religiosas no puede ser vva
.ocieaaa -como ya insinuaba Lamennais-, seran necesariamente arias
sociedades como arias son las concepciones de la ida, arias las metas,
alrededor de la cual se centra la ida. La nocin de Dios, que conorma toda la
ida, podra sonar igvat al odo pero ha de ser terriblemente equoca... Si son
muchos los dioses, uno el sobrenatural del catlico, otro el del hereje, otro el del
judo, otro el del idlatra, muchas tambin han de ser ta. fito.ofa. ae ta riaa,
muchas tambin y diersas ta. fito.ofa. .ociatottica.. Luego no podra haber
erdadera y ormal cooeraciv. Luego no podra haber autntica coniencia y
ormal cooperacin, de acuerdo a aquella deinicin de pueblo dada por San
Agustn cuando dice: Ll pueblo es una congregacin de muchas personas,
unidas entre s con la comunin y conormidad de los objetos que aman
266
`.
Por consiguiente, la nica solucin catlica de este problema, la nica que no
sacriique la Verdad, es la propuesta por Len XIII en la vvortate Dei, cuando
ensena que el Lstado, sin que por ello deba renunciar a la proesin pblica de
la e catlica, ni autorizar que ta. airer.a. cta.e. y forva. aet cvtto airivo gocev aet
vi.vo aerecbo qve covete a ta retigiv reraaaera`, puede, ya para eitar algn grae
mal, tolerar en la practica, la existencia de dichos cultos en el Lstado
`
. Ln la
264
.revir, 30X1830, en Obra. Covteta. ae avevvai., II, pag. 423.
265
Pricie. avve otitiqve bvvavi.te, pag. 13.
266
a Civaaa ae Dio., 1. XIX, c. 24.
solucin catlica de este problema la norma constitutia de la ciudad cristiana
contina siendo la misma norma del Lstado cristiano, es a saber, el Lstado
subordinado a la Iglesia, la concordia del sacerdocio y del imperio.
Muy otra es la solucin de Maritain. Maritain substituye a esta norma otra
muy dierente, es a saber, aquella unidad mnima, que sita su centro de
ormacin y de organizacin en la ida de la persona humana, pero no en el
niel mas eleado de los intereses supra-temporales de sta, sino en el niel del
plano temporal mismo`
26
.
Maritain rebaja por tanto el punto de vviaaa en el cual han de concordar los
miembros de la ciudad. ,Sobre qu base concreta se establecera esta unidad
centrada en el niel del plano temporal mismo Ln su vvavi.ve vtegrat no ha
dejado suicientemente aclarado el punto. Por una parte habla de una vviaaa
tevorat o cvttvrat` que no requiere de suyo la unidad de e y puede ser cristiana
aunque agrupe en su seno a los no cristianos`
268
,
por otra, habla de una
especiicacin tica y en deinitia religiosa`
269
con impregnacin cristiana`
20
,
una unidad de orientacin, que procede de una comn aspiracin ,atraesando
capas heterogneas de cultura de las que algunas pueden ser muy deicientes,
hacia la orma de ida comn la mas acorde con los intereses supra-temporales
de la persona`
21
,
una simple unidad de amistad`
22
.
Lo que Maritain propone all no aparece claro y ni siquiera permite ser
conenientemente imaginado. Porque, en eecto, ,cmo puede establecerse sin
aeevaevcia del in mismo de la ida humana que es Dios una unidad temporal o
cultural` que encierra en su intrnseca construccin alores humanos, en cuanto
humanos \ si una cultura o una ida temporal completa no puede estructurarse
ivaeevaievtevevte de Dios, ,cmo podra resultar una vviaaa ae cvttvra o de riaa
tevorat covteta si no existe la unidad con respecto a Dios ,\ cmo puede
existir vviaaa con respecto a Dios cuando se tienen creencias tan diersas y
opuestas
Por una parte no se percibe cmo deba imaginarse esta unidad temporal o
cultural` y, por otra, se percibe con toda claridad que Maritain ensena algo muy
dierente a lo que sostena cuando reutaba al naturalismo poltico de t.ctiov
26
vvavi.ve vtegrat, pag. 1.
268
Ibid., pag. 1.
269
Ibid., pag. 18.
20
Ibid., pag. 13, en nota.
21
Ibid., pag. 13.
22
Ibid., pag. 18.
ravai.e. Ln ese entonces, alla en 1926-1929, Maritain pona singular cuidado en
subrayar la necesidad de la ida sobrenatural de la Iglesia, aun en la ida
temporal, como remedio para los males proundos que aquejan a las naciones.
De hecho -escriba
23
-
y en las condiciones de la ida presente es ivo.ibte
,Maritain subraya,, y es esta ensenanza constante de los Soberanos Pontices,
que el orden y la paz reinen en las naciones si las irtudes cristianas, la justicia y
la caridad no son en ellas restauradas. Ls ivo.ibte sin Cristo llear una recta ida
humana, tanto en la ida poltica y social como en la ida indiidual. Ls ivo.ibte
que una poltica sea erdaderamente buena, que la ciudad humana sea
organizada y conducida para la erdadera prosperidad de la multitud, si esta
poltica y esta ciudad no son dirigidas por los principios cristianos`. Los
principios cristianos eran entonces ineludiblemente exigidos como principios
rectores` de la ciudad y no ciertamente principios cristianos` de un
cristianismo` como ermento de la ida social y poltica de los pueblos y
como portador de la esperanza temporal de los hombres` dierso del
cristianismo como credo religioso y camino hacia la ida eterna` que puede
tomar ormas herticas o hasta ormas de reuelta`
24
,
sino del nico
cristianismo que reconoca entonces y al que claramente aluda cuando citaba las
palabras de Benedicto XV: Ln medio de los trastornos actuales, importa repetir
a los hombres que la Iglesia es, por institucin diina, la nica arca de salacin
para la humanidad... .. e. va. oortvvo qve vvvca ev.evar qve ta reraaa tibertaaora
ara to. ivairiavo. covo ara ta .ocieaaa e. ta reraaa .obrevatvrat, ev toaa .v tevitva ,
ev
toaa .v vrea, .iv atevvaciv vi ai.vivvciv, y .iv covrovi.o, tal, en una palabra,
como Nuestro Senor Jesucristo ha enido a traerla al mundo, tal como ha
coniado su custodia y ensenanza a Pedro y a la Iglesia`
25
,
y a continuacin
recordaba tambin estas magnicas palabras de la Qva. Priva. de Po XI: Ll
bien priado y el bien comn tienen la misma uente: ^o bay .atraciv ev otro y
vo
bay aeba;o aet cieto otro vovbre aaao a to. bovbre., or et cvat aebavo. .er .atro.. Los
ciudadanos y los Lstados tienen el mismo principio de prosperidad y de
autntica elicidad: ta civaaa vo tieve .v feticiaaa ae otra fvevte qve et bovbre, ya qve ta
civaaa vo e. .ivo vva vvttitva ae bovbre. ririevao ev covcoraia`.
Ln ese entonces, las vorva. que deban presidir la ciudad cristiana eran
.obrevatvrate., como lo expone admirablemente en el capitulo V de ese mismo
23
Ctairro,avce ae Rove ;.rec cottaboratiov...) Ld. Spes, Paris, pag. 256.
24
Cbri.t. et Dev., pag. 43, ed. cast., pag. 49.
25
Citado en Ctairro,avce ae Rove, pag. 258.
libro, intitulado ^atvratea y Cracia. La ciudad cristiana se estructuraba para los
cristianos, para que les siriera de medio en su camino hacia la ida eterna. Por
esto el bien comn temporal esta subordinado al in ltimo sobrenatural ,y por
lo mismo la sociedad ciil a la Iglesia,`
26
.
Los no cristianos deberan, en
consecuencia, tratar de adecuarse a esa sociedad, agradeciendo que se les diera
hospitalidad y que se les toterara con sus cultos alsos y con sus errores, nunca
podran reclamar derechos para sus disidencias y mucho menos inocarlos para
alterar la vorva cri.tiava ae covrirevcia que debe regular la ida misma de la ciudad
temporal. No era por tanto la vorva ae riaa .ociat que deba acomodarse a los
alsos cultos, sino los alsos cultos que, toteraao., deban eitar ser causa de
perturbacin de la sociedad cristiana.
Una fe bsica comn naturalista
Pero cuando Maritain inenta su nuea cristiandad comienza por establecer
como premisa que la sociedad poltica ha dierenciado mas uertemente su
esera propia y su objeto temporal, y rene de hecho en su bien comn temporal
a hombres que pertenecen a amilias religiosas dierentes`
2
. Como si et becbo o
la existencia de los herejes constituyera un aerecbo que exigiera renunciar a la
norma constitutia de una ciudad catlica, como si Dios y la Iglesia hubieran de
perder sus derechos porque la impiedad y contumacia de los impos se
ensoberbeciera, como si el ritv. ivfiaetivv .vvt toteravai que Santo 1omas
estableci con toda la tradicin eclesiastica en plena Ldad Media, importara la
ijacin de una nuea vorva airectira ae ta riaa .ociat acomodada a los inieles,
Maritain pretende sacar como consecuencia que se ha hecho necesario que
sobre el plano temporal el principio de la igualdad de derechos se aplique a estas
dierentes amilias`, y anade en seguida una razn que le parece decisia: No
hay sino un bien comn temporal, el de la sociedad poltica, como no hay sino
un bien comn sobrenatural, el del Reino de Dios, que es suprapoltico.
Introducir en la sociedad poltica vv biev covvv particular que sera et biev covvv
tevorat ae to. fiete. ae vva retigiv, avvqve fve.e ta reraaaera, sera introducir para ellos
una situacin priilegiada en el Lstado, sera introducir un rivciio ae airi.iv ev ta
.ocieaaa ottica y fattar or tavto at biev covvv tevorat`
28
. \ como establecer una
26
Ibid., pag. 242.
2
e. Droit., pag. 41, ed. cast., pag. 50.
28
Ibid., pag. 42, ed. cast., pag. 50.
vorva cattica ae covrirevcia cirit sera asignar un bien comn temporal, propio de
los ieles cristianos, que no podran aceptar los budistas, sintostas, cismaticos,
protestantes, racionalistas y ateos. ,porque, si no creen en la Santa Iglesia,
,cmo pueden ser obligados a aceptar la norma de voratiaaa vbtica de la
Iglesia,, luego esa ciudad temporal, esa nuea cristiandad, pluralista`, debe
renunciar a la vorva cattica ae covrirevcia, para no herir los sentimientos de los no
catlicos y debe adoptar una vorva ae covrirevcia covvv -sincretista, a base de
indierencia y libertad religiosa- covvv para creyentes y no creyentes. Ln esta
nuea posicin, olidado Maritain del ardor con que se indignaba ante el
naturalismo de Pv;o, que le achacaba de vetre te .iritvet aav. te vateriet`
29
, airma
muy suelto de cuerpo que la e sobrenatural no nos senala ningn sistema
social o poltico determinado`
280
. ,Cmo \ ,qu era aquella poltica cristiana`,
orientada o.itiravevte al in sobrenatural en el que esta el hombre colocado en la
actual proidencia, deendida contra t.ctiov ravai.e sino un sistema social y
poltico regulado por exigencias de la e sobrenatural
Pero ahora, en esta su posicin liberalizante`, hay que olidar el in
sobrenatural de toda la ida del hombre y por tanto la poltica sobrenatural y hay
que encontrar la orma en que hombres pertenecientes a los credos ilosicos
o religiosos mas distintos entre s puedan y deban cooperar en la tarea comn,
para el bienestar conjunto de la comunidad, undando su acuerdo sobre los
principios basico de una sociedad de hombres libres`
281
.
De manera que su nuea cristiandad no esta ahora basada sobre la norma de los
principios tradicionales del Lstado cristiano, sino sobre principios basicos que
resulten de un acuerdo entre catlicos, protestantes, cismaticos, inieles y ateos,
de manera que el primer principio de todo orden social erdadero, Dios y la
Iglesia, primeros en la ciudad`
282
esta subordinado a lo que, en un acuerdo,
quieran otorgarles los pluriormes habitantes de la ciudad raterna. De aqu que
escriba recientemente: Ninguna sociedad puede iir sin una inspiracin y una
e basica comunes, pero lo mas importante que debe senalarse aqu es que esta
e y esta inspiracin, esta ilosoa y este concepto de s misma que necesita la
democracia, toao e.to vo ertevece ae or . at oraev ae vv creao retigio.o vi ae ta riaa
29
Ctairro,avce ae Rove, pag. 238.
280
t Pvebto, de Buenos Aires, del 13,V,1945.
281
Ibid.
282
Povrqvoi Rove a arte ;.rec cottaboratiov...) d. Spes, Paris, pag. 200.
eterva, sino a un orden temporal o secular de la ida terrenal, de la cultura y de la
ciilizacin`.
Cuan lejos todo esto de lo que escriba Maritain
283
: Ls normal que la Iglesia
igile para que la ormacin poltica recibida por sus hijos no sacriique estas
erdades. .ta. reraaae. e.evciate., e.ta. reraaae. roiavevte cri.tiava. M. Pujo y
t.ctiov
ravai.e, en cuyo nombre habla, las niegan rotundamente cuando se escandalizan
que despus de haber obserado que en la .ctiov ravai.e un mismo bien
temporal de la nacin es propuesto a catlicos y a ateos, a arte de toda ordenacin
al in ltimo sobrenatural -,P. R., 181,- anadamos: Como si el in temporal de
la ciudad quedase intrnsecamente inmodiicado, uese o no ordenado a la ida
eterna de las almas. Como si a este bien comn al cual una inestigacin
totalmente emprica ijara de una ez por todas las condiciones inmutables, podra
o no anadrsele despus, de modo completamente acultatio y superogatorio, la
ordenacin de la ciudad al in ltimo de toda la ida humana, el reconocimiento del
orden sobrenatural y de los derechos soberanos del Redentor, como si, en
deinitia, la eleacin al orden sobrenatural, sin destruir nuestra naturaleza ni
cambiarla, en su esencia, no la sobreelease real e intrnsecamente, no modiicase
sus potencias, sus condiciones y sus medidas`.
De suerte que contra la .ctiov ravai.e el bien comn temporal deba estar
intrnsecamente sobreeleado a lo sobrenatural, la vorva ae riaa ae ta civaaa cri.tiava
no era simplemente natural sino .obrevatvratvevte eteraaa, y ahora e.ta fe ba.ica
covvv` sin la cual vivgvva .ocieaaa veae ririr`, vo ertevece ae .vyo at oraev ae vv
creao retigio.o vi ae ta riaa eterva, .ivo a vv oraev tevorat o .ecvtar ae ta riaa terrevat, ae ta
cvttvra y ae ta ciritiaciv`. Lntonces, contra la .ctiov ravai.e, gran escandalo de
Maritain porque vv vi.vo biev tevorat ae ta vaciv e. rove.to a cattico. y a ateo.,
aarte ae toaa oraevaciv at fiv vttivo .obrevatvrat`, y ahora, sin el menor asomo de
asombro se propone una e`, una inspiracin`, una ilosoa`, un concepto`
de democracia en el cual pueden estar de acuerdo` materialistas, idealistas,
agnsticos, cristianos y judos, musulmanes y budistas`. Una de dos, esta ilosoa
de la democracia incluye una intrnseca ordenacin del bien comn temporal al in
sobrenatural o no la incluye. Si la incluye, ,cmo pueden estar de acuerdo con ella
materialistas, idealistas, agnsticos, cristianos y judos, musulmanes y budistas \
,cmo puede ser una fe ba.ica covvv`. ,Aceptan los materialistas entonces, en su
ida practica, el reconocimiento del orden sobrenatural y de los derechos
283
Clairoyance de Rome, pag. 235.
soberanos del Redentor` ,Aceptan la primaca de la moral pblica sobrenatural de
la Iglesia
Con toda eidencia que Maritain conoce, de sobra, la trascendencia del
orden sobrenatural propuesto por la Iglesia y conoce, de sobra tambin, el
apego soberbio con que los herejes se adhieren a los engendros de su
imaginacin para que pueda pensar que el orden sobrenatural esta incluido en
una e comn` de hombres que poseen puntos de ista religiosos o
metasicos muy dierentes y hasta opuestos`. Lsos principios basicos` sobre
to. qve .e bav ve.to ae acverao creyentes y no creyentes no pueden, con toda
seguridad, incluir una intrnseca ordenacin sobrenatural, no pueden incluir el
reconocimiento del orden sobrenatural y de les derechos soberanos del
Redentor. Por esto el mismo Maritain escriba
284
: Ls imposible por otra parte
que la ciencia y
la prudencia poltica de un cristiano sean las vi.va. que la ciencia
y la prudencia poltica de un pagano ,an suponiendo, lo que no es del caso de
M. Maurras, que conozca a Dios por la razn,. Slo el cristiano es capaz de una
ciencia y de una prudencia poltica erdaderamente adaptadas al gobierno de
hombres cados y rescatados`. \ nadie se imagine que pudiera constituirse una
ba.e covvv en la que todos pudieran concordar practicamente, y que luego los
catlicos la completaran por su parte, eleandola sobrenaturalmente. Porque
como bien lo aderta Maritain all mismo
285
los principios de una ciencia y las
reglas supremas de una irtud no son como porciones de un conjunto
extendido, como un brazo de estatua o una iglesia de pueblo en la que puede
dejarse un sitio libre reserandose completar un da el todo que las espera y que
se construye sin ellas. Lstos principios y estas reglas son como centros itales
sin cuya integridad, un organismo io no puede nacer y crecer como
corresponde. Ahora bien, los principios y las reglas supremas de los actos
humanos no son completamente conocidos y como debe conocerlos un
cristiano si las reraaae. cri.tiava. .ov igvoraaa.: toda la ciencia practica y toda la
direccin de la ida humana, en particular de ta riaa ottica, .erav fat.ificaaa.
ae.ae et origev, .i e.ta. reraaae. cri.tiava. .ov igvoraaa.`.
Ln consecuencia, si aquellos principios de la cievcia ractica que Maritain
sostena con tanto nasis no han perdido su alor -y no lo han de perder
mientras Maritain no demuestre lo contrario-, hemos de concluir que la base
284
Ibid., pag. 230.
285
Ibid., pag. 231.
comn` de la ilosoa democratica que regula la coniencia humana de
creyentes y no creyentes ectvye toda intrnseca ordenacin del bien comn
temporal al in sobrenatural. Ln consecuencia, es una base comn inaceptable
para el catlico que tiene derecho a exigir que la estructura de la ciudad, el
mismo orden poltico est conorme a las leyes de Dios, de Cristo, a los
preceptos eanglicos, a las inmutables reglas morales puestas por Dios para la
conseracin, la dignidad y la sabia direccin de la ida humana`
286
.
\ aqu tenemos una nuea demostracin de que la nuea cristiandad de
Maritain e. e.evciatvevte vatvrati.ta. La base comn de la democracia es
irremediablemente naturalista, y cuando Maritain habla de leadura cristiana`,
ya sabemos qu quiere signiicar con ello. Un cristianismo` que no es el de la
Iglesia Santa de Jesucristo, un cristianismo` que pretende ser otra co.a, mas
uniersal que la Iglesia, en la cual, sta entra como colaboradora con hombres
pertenecientes a los credos ilosicos o religiosos mas distintos entre s ... en
medio del covririvv de amilias espirituales, que por diersas que sean,
trabajaran juntas, sobre el plano de la ciudad, al bien comn temporal de una
ciilizacin erdaderamente respetuosa de la dignidad de la persona humana`
28
.
Con toda erdad entonces, la nuea cristiandad de Maritain renuea la
tentatia del ittov, tan enrgicamente condenada por Po X.
lubo un tiempo en que el ittov, como tal, era ormalmente catlico. No
conociendo mas uerza moral que la catlica, iba proclamando que la
democracia sera catlica o no sera. Mas lleg un momento en que, mudando
de parecer, dej a cada cual su religin o su ilosoa y hasta l mismo ces de
llamarse catlico, sustituyendo aquella su rmula: La democracia sera
catlica con esta otra: La democracia no sera anticatlica, tampoco por lo
demas antijuda o antibudista. Lsta ue la poca del va. gravae ittov.
Conocados para la construccin de la ciudad utura todos los obreros de
todas las religiones y de todas las sectas, vo .e te. v.o va. eigevcia. qve abraar et
vi.vo iaeat .ociat, re.etar toaa. ta. creevcia. y
aortar atgvva orciv ae fvera. vorate..
Ls erdad que se deca: Los jees del ittov sobreponen a todas las cosas su e
religiosa. ,Pero pueden acaso quitar a los demas el derecho de sacar la energa
moral de donde puedan Ln compensacin quieren que los demas respeten en
ellos el derecho de sacarla de su e religiosa. Por consiguiente piden a todos los
286
Ibid., pag. 252.
28
Qve.tiov. ae cov.cievce, Descle de Brouwer, Pars, pag. 265.
que quieran transormar la sociedad presente a la manera democratica, que no
se repelan mutuamente por causa de las conicciones ilosicas o religiosas
que puedan separarlos, sino que ayan mano a mano, no renunciando a sus
conicciones, sino ensayando en el terreno de las realidades practicas la prueba
de las excelencias de sus conicciones personales. 1al ez, en este terreno de la
emulacin entre almas pertenecientes a dierentes escuelas religiosas o
ilosicas podra realizarse la unin`.
Maritain, olidando ahora que la ida del hombre, tanto indiidual como
social, tanto religiosa como temporal, tienen un mismo y nico in, y en
consecuencia, un mismo y nico ordenamiento total, al igual que el ittov, que
reuna en et va. gravae ittov a creyentes de todas las denominaciones y an a no
creyentes con tal que aceptaran una e democratica comn, conoca a todos los
obreros de todas las religiones y de todas las sectas a construir la ciudad de la
avitie fratervette`, de la que nicamente sea excluido quien no acepte esta fe
ba.ica covvv.
Si queremos considerar la cuestin a ondo -dice- y
no tememos a las
palabras, deberamos senalar aqu que donde hay e, diina o humana, hay
tambin herejes que amenazan la unidad de la comunidad, ya sea religiosa o
ciil. Ln la sociedad sacra el hereje quebranta la unidad religiosa. Ln una
sociedad laica de hombres libres, el hereje es quien quebranta las creencias y
practicas democraticas comunes y el totalitarismo es quien niega la libertad -la
libertad de su prjimo- y
la dignidad de la persona humana y el poder moral de
la ley. No deseamos que sea quemado o expulsado de la ciudad, o encerrado en
un campo de concentracin. Pero la comunidad democratica debera deenderse
de l, ya sea materialista, idealista, agnstico, cristiano o judo, musulman o
budista, mantenindolo alejado de la direccin, mediante el poder de una
opinin pblica uerte y bien inormada, y hasta debera entregarlo a la justicia
cuando su actiidad pone en peligro la seguridad del Lstado. Pero ante y sobre
todo, la democracia debera deenderse ortaleciendo en todas partes una
ilosoa de la ida, las conicciones intelectuales y el trabajo constructio, todo
lo cual hara impotente la inluencia de tales herejes`
288
.
De modo que en la nuea cristiandad`, cuyo nombre proano es el de
nuea democracia`
289
,
et aetito que merecera excomunin ulminante sera la
negacin de la libertad libertaria` de la persona humana, y el catlico que
288
t Pvebto, de Buenos Aires, del 13,V,1945.
289
Me..age. ,1941-1944,, Ld. de la Maison lranaise, New \ork, 1945, pag. 88.
deendiera el aerecbo vbtico cri.tiavo de la vvortate Dei de Len XIII o de la Qva.
Priva. de Po XI, debiera ser entregado a la justicia como un iolador del
nueo` derecho pblico cristiano` inentado por Maritain.
Con razn se desaloja ahora a la Iglesia y
al sacerdote del puesto director de
esa nuea cristiandad` y en oposicin a la ensenanza clara de Po XI que en .a
catbotici .aceraotii ensena que slo el sacerdote es depositario de la buena nuea,
vvica qve veae cov.errar, o ivtavtar o bacer re.vrgir ta reraaaera ciritiaciv`, el
ilsoo de la nuea cristiandad` decreta que en su proyectada ciudad la
responsabilidad principal dependera probablemente de una direccin
compuesta por laicos cristianos y por elementos mas preparados de las clases
obreras`
290
y decreta all mismo que la nuea democracia rancesa surgira de ta
cooeraciv evtre to. .ociati.ta. y to. cri.tiavo.`.
\ ,cmo se abricara esta uniersal e comn` de la ciudad maritainiana
,Ln qu se apoyara Maritain mismo se pregunta: ,Podra encontrar la
uniersal e comn, implicada por la democracia, su mas alta uente de
autoridad en el mtodo cientico ,Podra ser la inteligente actiidad en materia
de proyectos sociales suiciente para asegurar la integracin de la cultura Ln la
cultura democratica del uturo -si ha de tener un uturo- ,sera el maestro
dedicado al espritu cientico y no el sacerdote quien asumira la principal
responsabilidad de alimentar, ortalecer y enriquecer una e comn`. \ la
respuesta saladora del arquitecto de la nuea cristiandad no se hace esperar:
Pienso -dice- que debe permitirse a cada escuela airmar su creencia
plena e ntegramente` y como el dios-libertad ha de presidir la construccin
de esta nuea ciudad una sola cosa esta justicieramente edada. Pero que
nadie -anade Maritain- trate de imponerla por la uerza a los otros! La
responsabilidad de alimentar, ortalecer y enriquecer la e democratica comn,
pertenecera no menos al sacerdote, dedicado a predicar el Langelio, que al
maestro, dedicado al espritu cientico, si ambos llegan a darse cuenta
claramente de las necesidades de nuestro tiempo y se libran de los prejuicios
parasitarios heredados del pasado`.
De manera que los sacerdotes, libres de los prejuicios parasitarios
heredados del pasado`, se han de ayuntar con los socialistas, materialistas,
agnsticos, ateos, judos en una uniersal e comn` para descubrir los vvero.
principios sobre les que ha de reposar la ciudad maritainiana.
290
t Pvebto, de Buenos Aires, del 13,V,1945.
Cuan exactas aquellas palabras de Po X a propsito del ittov, que se
propona el mismo objetio que hoy ilusiona a Maritain. Pero mas extrana
todaa, espantosa y alictia a la ez, son la audacia y leedad de hombres que,
ttavavao.e cattico., ivagivav refvvair ta .ocieaaa ev ta. covaiciove. aicba. , e.tabtecer .obre
ta tierra, or evciva ae ta gte.ia Cattica, et reivaao ae ta ;v.ticia ,
aet avor, cov obrero.
reviao. ae toaa. arte., de todas las religiones o alta de religin, con creencias o sin
ellas, a condicin de que oliden lo que los diide, es a saber, sus conicciones
religiosas y ilosicas y de que pongan en comn lo que los une, esto es, un
gevero.o iaeati.vo y sus uerzas morales tomadas en donde puedan`.
,Cmo es posible -tenemos derecho a preguntarnos- que un ilsoo
que se proesa catlico y que tan esplndidamente ha hecho desilar las
ensenanzas y directias de la Santa Iglesia en su Privavte , demas libros contra
t
.ctiov r av ai .e y que en Privcie. a
vve ot.
291
,
alude al Documento del ittov,
no haya tenido presente la grasima relexin de Po X cuando escribe lo si-
guiente:
Cuando se piensa en las uerzas, en la ciencia, en las irtudes
sobrenaturales que han sido menester para la undacin de la ciudad cristiana,
cuales son los padecimientos de millones de martires, las luces de los Padres y
Doctores de la Iglesia, la abnegacin de todos los hroes de la caridad, una
poderosa jerarqua nacida en el cielo, torrentes de gracia diina, y todo ello
ediicado, unido, compenetrado por la Vida y el Lspritu de Jesucristo, la
Sabidura de Dios, el Verbo hecho hombre, cuando se piensa, decimos, en todo
esto, asusta er a los nueos apstoles obstinados en hacer cosas mejor con un
ago idealismo y las irtudes cicas. ,Qu an a producir ,Qu es lo que a a
salir de esa colaboracin |va cov.trvcciv vravevte rerbati.ta , qviverica, aovae
e.e;earav, rervetta. , ev covfv.iv .eavctora, ta. atabra. ae tibertaa, ;v.ticia, fraterviaaa ,
avor, ae igvataaa , eattaciv aet bovbre, toao etto fvvaaao ev vva aigviaaa bvvava vat
evtevaiaa; vva agitaciv tvvvttvo.a, e.terit ara et fiv rove.to, rorecbo.a ara to.
agitaaore. ae va.a. vevo. vtoi.ta.. Verdaderamente se puede airmar que el ittov,
al poner los ojos en una quimera, hace e.cotta at .ociati.vo`.
,Cmo es posible que Maritain est tan obnubilado que no acierte a er lo
que tan claramente obsera all mismo el Santo Padre Cosa peor tememos
todaa. Ll resultado de esta promiscua colaboracin, el beneiciario de esta
accin social cosmopolita no puede ser mas que una democracia que no sera ni
291
Privcie. avve otitiqve bvvavi.te, pag. 68.
catlica, ni protestante, ni juda, una retigiv ,pues el sillonismo, segn han dicho
sus jees, es una religin, va. vvirer.at qve ta gte.ia cattica, y que rena a todos
los hombres hechos a la postre hermanos y companeros en el reino de Dios.
^o .e traba;a ara ta gte.ia; .e traba;a ara ta bvvaviaaa`.
Ll compaerismo de los hombres de diversas
creencias en el plano espiritual
Maritain, y en esto no hace sino seguir el camino abierto por el liberalismo
catlico, establece una fverte .earaciv entre las cosas que se reieren al plano del
reino de Dios y las que se reieren al plano de la ida terrestre. Ll problema del
companerismo entre los hombres de diersas creencias lo ijara en
consecuencias en uno y otro plano debilitando las dierencias que la diersidad
de creencias pueda undar en el plano espiritual y aumentando la cooperacin
que en el plano temporal pueda establecerse entre los hombres de diersas
creencias o descreencias.
Maritain trata de atevvar las dierencias que pueden separar a los catlicos de
los que no lo son recurriendo una comn pertenencia ivri.ibte a Aquel que
iiica las almas por su amor. 1i.ibtevevte, en el orden de las airmaciones
dogmaticas a las cuales nos adherimos y en que reconocemos la Palabra de Dios
y que tenemos por erdaderas y saludables... estamos no unidos sino
diididos...` Ll Dios al que adoramos nos ensena el respeto de las conciencias
y la raternidad prounda de los hombres de buena oluntad`
292
.
\ a consecuencia de esta atenuacin de las proundas dierencias que aetavte
ae Dio. ha de haber vece.ariavevte entre un catlico y un acatlico y para crear
como una propicia nielacin de los hombres, no obstante las dierencias que
puedan existir, recurre a un trmino benolo, fettor.bi, para denominar las
relaciones de buen entendimiento y de mutua comprensin que puedan
establecerse. La palabra inglesa fettor.bi no es de acil traduccin, dice
293
,
el
equialente rancs menos malo sera acercamiento o acuerdo raterno, o, como
deca antes, companerismo. Me gusta mas esta palabra, en todo caso, que la de
tolerancia, porque eoca un conjunto de relaciones positias -positias y
elementales-. Loca la idea de companeros de iaje que incidentalmente se
encuentran reunidos aqu abajo, caminando por las rutas de la tierra por
292
Qve.tiov. ae cov.cievce, pags. 259-260.
293
Privcie. a
vve ortiqve bvvavi.te, pag. 138.
undamentales que sean sus oposiciones, en buen acuerdo humano, de buen
humor y en cordial solidaridad`.
Lste espritu de uniersal camaradera de los hombres, no obstante las
dierencias dogmaticas no aparece cmo pueda compaginarse con las
ensenanzas aristotlico-tomistas que omite traer Maritain. As ensena el Anglico
que por el pecado de inidelidad que cometen todos los herejes no se alcanza el
erdadero conocimiento de Dios`294, luego, alsa e impa la expresin el Dios
al que adoramos`, como si uera un nico y mismo Dios, el adorado por
catlicos y creyentes de otras conesiones. lay vv vvico cavivo para llegar a Dios,
uera del cual no se alcanza a Dios, y uera del cual este nombre adorable no es
sino ftatv. ocis. iv ta fe ivo.ibte agraaar a Dio.`, dice el Apstol
295
,
por esto
hemos de poner los ojos en Jess, autor y consumador de la e`
296
,
y como la e
es la ra ae toao et fvvaavevto e.iritvat, segn el t ri denti no, nada se ha de
cuidar con tanto empeno como la e. De aqu que sea seersima la Iglesia en
todo cuanto pueda debilitar la e de sus hijos. Se pregunta el Anglico: Si se
puede entrar en comunicacin con los inieles` y contesta: Respondo diciendo
que la comunin con algunas personas esta prohibida a los ieles, de dos
maneras: en castigo de aquel a quien se le substrae la comunin con los ieles, y
en cautela de aquellos a quienes se prohbe la comunicacin con otros. \ una y
otra causa puede sacarse de las palabras del Apstol. Porque despus que
pronunci sentencia de excomunin, anade como razn: ^o .abei. qve vv oco ae
teraavra corrove toaa ta va.a. De la primera manera no prohbe la Iglesia a los
ieles la comunin con los inieles que no han recibido la e cristiana, es a saber
con los paganos o judos, porque no ejerce sobre ellos jurisdiccin espiritual
sino slo temporal en el caso en que iiendo entre los cristianos cometen
alguna culpa y con pena temporal sean castigados por los ieles.
`Pero de este modo, como pena, prohbe la Iglesia a los ieles la comunin
con aquellos inieles que se apartan de la e recibida o que corrompen la e,
como los herejes, o que tambin renuncian totalmente a la e como los
apstatas, contra unos y otros la Iglesia pronuncia sentencia de excomunin.
Pero en cuanto a la segunda manera, hay que distinguir de acuerdo a las diersas
condiciones de personas, de asuntos y de tiempos. Porque si algunos ueran
irmes en la e, de suerte que de la comunin con inieles puede esperarse mas
294
II, II, 10, 3.
295
lebreos, XI, 6.
296
Ibid.
bien la conersin de los inieles que el apart amiento de la e de los ieles, no se
les ha de prohibir comunicarse con los inieles, que no han recibido la e, es a
saber con paganos y judos: sobre todo si urge la necesidad. Pero .i .ov .ivte. ,
evfervo. ev ta fe, cv,a cri.i. veaa tever.e cov robabitiaaa, .e te. ba ae robibir ta
covvviv cov to. ivfiete.; , .obre toao qve vo tevgav cov etto. grav favitiariaaa , vo
covvviqvev .iv vece.iaaa`
2
.
Lsta grasima doctrina del Doctor Anglico mide cual deba ser el criterio
que ha de guiar las relaciones de los catlicos con los no catlicos. Lstan muy
lejos de ser de covaveri.vo. La razn se unda en que cada hombre debe
ordenar su ida rivero , avte toao en el amor de Dios, de manera que ha de
establecer sus amistades y
relaciones con los demas hombres en la medida en
que le conduzcan a amar a Dios y ha de apartarse de ellos, en la medida en que
de Dios le retraigan. Por tanto, solo puede mantener relaciones temporales, con
los inieles, en la medida en que no pueda surir detrimento la e catlica.
\ adirtase que la irmeza en la e no comporta simplemente solidez
e.ecvtatira en las erdades de la Santa Religin, importa asimismo rectiicacin
del entendimiento practico y de la oluntad airmada en el sericio y el amor de
Dios. Porque la experiencia demuestra que el contacto con herejes e incrdulos
avv ev fit.ofo. , tetogo. cattico., no deja de amenguar el
sentido catlico` de
estas santas erdades, como lo ha obserado el Concilio Vaticano. 1an
importante es esta integridad y pureza de la e que Santo 1omas, en el artculo X
de la misma cuestin, censura y prohbe que los inieles puedan adquirir
autoridad o dominio sobre los ieles: De ningn modo ha de permitirse -
dice- porque cedera en escandalo y en peligro de la e, porque acilmente los
que estan sujetos a la jurisdiccin de otros, pueden ser cambiados por aquellos a
quienes estan sujetos, para que sigan su oluntad...` y respecto a si pueden los
cristianos tener sirientes inieles o judos responde Santo 1omas que como es
mas probable que el siero, que se rige por mandato del senor, se conierta a la
e del senor iel, que lo contrario, por esto no esta prohibido que los ieles
tengan sieros inieles, pero si amenazase peligro para el senor de tal comunin
con el siero, debera apartarle de s, segn aquel mandato del S e no r : i tv
ie te e.cavaatia, arravcato ,
ecbato te;o. ae t i `
298
.
29
II II, 10, 9.
298
II, II, 10, 9, ad 3.
Lsta doctrina de la Iglesia, propuesta por el gran telogo Santo 1omas, que
muestra ta rivaca que acuerda la Santa Iglesia a ta ivtegriaaa ae ta fe ae .v. bi;o.,
hubo de ser recordada tambin por Mari tai n para neutralizar el engano a que
pueden inducir sus teoras de fettor.bi, de companerismo entre creyentes y no
creyentes. Sobre todo en tiempo como los nuestros que como lo recordaba
Gregorio XVI en la Mirari 1o. a Lamennais: Otra causa que ha producido
muchos de los males que aligen a la Iglesia es el indierentismo, o sea, aquella
perersa teora extendida por doquiera, merced a los enganos de los impos, y
que ensena que puede conseguirse la ida eterna en