La misión
Un día Satanás hizo que vinieran tres poderosos demo-
nios, ante él, para encargarles cumplir una misión.
–Nos has llamado –dijo el más fuerte del grupo.
Satanás asintió con la cabeza viéndolos fijamente.
–Irán a someter a un hombre a como dé lugar.
Ante la orden recibida, los demonios se miraron entre
ellos y la admiración y la duda retorcieron sus gestos.
–¿Para un solo hombre debemos ir los tres?
–Ese hombre tiene una riqueza sin igual, cuenta con mi-
les de fieles servidores a sus órdenes y millones de simpati-
zantes por todo el mundo que con gusto darían la vida por
él. Casi siempre esta recluido, haciendo imposible acercár-
sele. Una guardia permanente de élite y la más avanzada
tecnología lo protegen. Deben saber también que este hom-
bre es indiferente a la concupiscencia. Ha leído libros místi-
cos y conoce arcanos mantras que lo ayudan a enfrentarnos.
Es peligroso, tiene objetos sagrados. Es de temer.
–¿Es un poderoso hechicero? ¿Es el presidente de algu-
na importante nación? ¿Un rico multimillonario?
–No, es el Papa.
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