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SOCIOCRÍTICA

El documento aborda la descolonización de la educación, proponiendo una educación descolonizadora que revalora saberes locales y promueve la inclusión de diversas perspectivas culturales. También se discute la educación popular como un enfoque participativo y horizontal que empodera a los estudiantes, y la identidad pedagógica como un proceso de reflexión y adaptación del educador. Finalmente, se presenta la educación bolivariana como un modelo que busca rescatar la identidad latinoamericana y fomentar el compromiso social y la transformación colectiva.

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SOCIOCRÍTICA

El documento aborda la descolonización de la educación, proponiendo una educación descolonizadora que revalora saberes locales y promueve la inclusión de diversas perspectivas culturales. También se discute la educación popular como un enfoque participativo y horizontal que empodera a los estudiantes, y la identidad pedagógica como un proceso de reflexión y adaptación del educador. Finalmente, se presenta la educación bolivariana como un modelo que busca rescatar la identidad latinoamericana y fomentar el compromiso social y la transformación colectiva.

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República Bolivariana De Venezuela

Ministerio Del Poder Popular Para La Educación Superior

Caripito, EDO. Monagas

PROFESORA:

Gregoria Rivas

ESTUDIANTE:

Cedeño Emma CI: 19124485

CARIPITO, ABRIL DE 2025


SOCIOCRÍTICA

1. Descolonizar
El término “descolonizar” se refiere al proceso de romper con las
estructuras, formas de pensamiento y prácticas impuestas por la historia colonial.
Va más allá de una mera crítica; implica una acción consciente para recuperar,
valorar y revitalizar saberes y prácticas locales que han sido relegados o
subvalorados frente a paradigmas hegemónicos. Se trata de replantear las fuentes
del conocimiento para abrir espacio a visiones y experiencias diversas, que
responden a contextos culturales específicos y que liberan al pensamiento de
enfoques únicos y eurocéntricos.

2. Educación descolonizadora
La educación descolonizadora concibe la acción educativa desde el
reconocimiento de las actuaciones coloniales y sus repercusiones. El objetivo
general comprende la necesidad de reformular el contenido colonial del currículo
académico. Los objetivos específicos son los siguientes: plantear prácticas
educativas desde la igualdad, de construir las jerarquías discriminatorias,
comprender los componentes políticos, económicos, sociales, psicológicos, de
género y de clase que interfieren en los espacios educativos, entender las
relaciones entre los diferentes ámbitos, trabajar con conciencia desde la inclusión
y la cooperación, desmontar los mitos de pertenencia y los prejuicios hacia la
población extranjera. Para tomar conciencia de los objetivos se construye una
revisión conceptual sobre las cuestiones mencionadas incluyendo el carácter
propio y reflexivo. La reflexión del contenido consultado supone la reconstrucción
de significados o resignificación de teorías y prácticas educativas, así como
algunas conclusiones y propuestas.
Por consiguiente, la educación descolonizadora comparte esta serie de
características, ofreciendo una idea transformadora de la concepción de la
colonización y sus consecuencias en el currículo académico. Ergo, la educación
debe ser una herramienta a disposición de la población, que invite a la reflexión,
desde la infancia hasta la vejez, y que se propague libremente, por los medios
disponibles, para superar la mediatización que envenena la razón y el espíritu
crítico.
La educación descolonizadora se plantea como una respuesta pedagógica
a las limitaciones de los sistemas educativos tradicionales. Su objetivo es
transformar el proceso de enseñanza-aprendizaje para que incluya y valide
diferentes maravillas epistémicas, particularmente las de comunidades indígenas y
otros grupos históricamente marginados. Esto se traduce en la revisión de
contenidos curriculares, metodologías y estructuras institucionales para que
reflejen la diversidad cultural y fortalezcan la autonomía respecto a modelos
impuestos desde fuera. Es un camino hacia un saber inclusive y emancipador, en
el que el diálogo y la reflexión crítica ocupan un lugar central.

3. Educación popular

Inspirada en la labor de educadores críticos como Paulo Freire, la


educación popular apuesta por un aprendizaje horizontal, participativo y
transformador. Se basa en la premisa de que el conocimiento no es un privilegio
de unos pocos, sino una herramienta para la liberación y el desarrollo comunitario.
Esta corriente pedagógica busca empoderar a los estudiantes para que se
conviertan en sujetos activos de cambio, conectando el conocimiento con la
realidad cotidiana y fomentando la conciencia crítica para enfrentar las injusticias.
Su esencia radica en democratizar el acceso al saber y en construir espacios
educativos que trascienden las jerarquías tradicionales.
La educación popular invita a repensar la manera en que concebimos y
practicamos el aprender y el enseñar. Se fundamenta en la idea de que el
conocimiento no debe ser un recurso exclusivo de unas pocas élites académicas,
sino una herramienta colectiva que empodera a la comunidad y promueve una
transformación social profunda. Este paradigma rompe con el modelo vertical y
jerárquico al instaurar un espacio de diálogo y co-construcción, donde tanto
educador como educando comparten experiencias, saberes y desafíos.
Otra dimensión esencial es la horizontalidad. En este modelo, el educador
adopta el rol de facilitador que camina junto a los participantes en un proceso
colaborativo de aprendizaje. Esta práctica fomenta el reconocimiento de saberes
tradicionales y locales, valora la experiencia personal y cultural de cada individuo
y, en consecuencia, desafía la autoridad establecida por métodos educativos
convencionales. Así, la educación se enriquece y se transforma en una
herramienta viva que se adapta a las realidades y necesidades específicas de
cada comunidad.
Sin embargo, abrazar la educación popular también implica asumir desafíos
importantes. La construcción de espacios educativos genuinamente horizontales
requiere tiempo, apertura para el diálogo y, sobre todo, voluntad para enfrentar
sistemas que tradicionalmente han privilegiado estructuras de poder centralizadas.
Además, en el contexto actual de globalización y neoliberalismo, es fundamental
defender la diversidad de saberes y promover una educación que fomente el
pensamiento crítico ante las narrativas hegemónicas.
En definitiva, la educación popular es un llamado a transformar las
relaciones de poder en los procesos educativos. Es una invitación a reconocer el
valor de cada experiencia y saber, y a trabajar colectivamente en la construcción
de una sociedad donde el conocimiento sea un medio para la liberación y el
desarrollo comunitario.
4. Identidad pedagógica
La identidad pedagógica se refiere al proceso por el cual los educadores
van configurando, a lo largo de su práctica y formación, una concepción propia
sobre qué y cómo enseñar. Esta identidad se nutre de experiencias personales,
valores, contextos culturales y visiones del mundo, y se refleja en el estilo, las
estrategias y la ética profesional. Un docente con una identidad pedagógica sólida
es consciente de su rol transformador y de la influencia que ejerce en la
construcción del conocimiento y en la formación de sujetos críticos. Es, en
esencia, el sello personal que define su posicionamiento frente a los retos
educativos y sociales.
Esta identidad se gestiona a través de cada interacción en el aula: cada
desafío, cada diálogo y cada reflexión sobre la práctica pedagógica permite al
educador adaptar y resignificar su forma de enseñar. Al mirar hacia adentro y
reconocer sus propias limitaciones y fortalezas, el educador puede forjar un estilo
único, que no solo transmite información, sino que también inspira a los
estudiantes a cuestionar, a investigar y a construir su propio conocimiento. Esa
mirada crítica y transformadora es la esencia misma de una práctica educativa que
se reinventa en cada experiencia.
Además, la identidad pedagógica se rige por la capacidad de escuchar y
aprender del mundo. Es el reconocimiento de que el aprendizaje es bidireccional:
mientras el educador guía y estructura el saber, al mismo tiempo se nutre de las
experiencias, opiniones y contextos de cada uno de sus estudiantes. Esta actitud
de humildad y apertura no solo enriquece la práctica educativa, sino que también
promueve un ambiente de respeto y colaboración, donde cada voz se suma a la
construcción colectiva del conocimiento.
Reflexionar sobre la identidad pedagógica invita a los educadores a
cuestionar sus propias convicciones y a estar abiertos a nuevas perspectivas. Al
hacerlo, reafirmamos que la enseñanza es un arte en constante evolución, en el
que la autenticidad, el compromiso y la capacidad de adaptación son esenciales
para transformar la educación y, por extensión, la sociedad misma.
5. Educación bolivariana.
La educación bolivariana surge en el contexto de procesos políticos y
culturales de transformación en América Latina, especialmente en Venezuela,
donde se ha buscado rescatar y promover los ideales de Simón Bolívar. Esta
propuesta educativa parte de un compromiso con la justicia social, la igualdad y el
fortalecimiento de la identidad latinoamericana. Se orienta a reconfigurar el saber,
incorporando elementos de la cultura popular, la historia y las tradiciones propias
de la región, desafiando los enfoques coloniales y centralizados. Así, la educación
bolivariana no solo persigue la formación académica, sino también el
empoderamiento ciudadano y la construcción de un proyecto colectivo y
emancipador.
La educación bolivariana se erige en respuesta a modelos centralizados y
colonialistas, abogando por la inclusión de saberes populares, tradiciones
autóctonas y experiencias colectivas que han sido relegadas en el sistema
educativo convencional. Es un llamado a recuperar y visibilizar las raíces
culturales y la memoria histórica de los pueblos, dotando a las nuevas
generaciones de una identidad propia que sirva de base para una ciudadanía
crítica y activa.
El enfoque bolivariano entiende la enseñanza como un proceso dialógico y
participativo, en el que educadores y educandos construyen conjuntamente el
conocimiento. Esto implica un cambio profundo en la dinámica tradicional del aula:
el educador no es visto como un mero transmisor de información, sino como un
facilitador, un guía que convoca a la reflexión crítica sobre la realidad social y
política. La reorganización de los currículos para que reflejen las realidades y
aspiraciones de los pueblos es fundamental, permitiendo que la educación se
convierta en un instrumento real de cambio, destinado a enfrentar las
desigualdades y a potenciar el empoderamiento ciudadano.
En esencia, la educación bolivariana es una invitación a repensar el rol de
la educación en la construcción de una sociedad más justa y soberana. Esta
propuesta aboga por la integración del conocimiento con el compromiso social y la
acción política, haciendo de cada aula un espacio para el diálogo, la denuncia y la
transformación. Se trata, en última instancia, de encender una chispa que
despierte en cada individuo la convicción de que la liberación y el progreso
colectivo dependen de la capacidad de cuestionar, aprender y actuar en conjunto.

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