El pensamiento arcaico
LEYENDAS ARGENTINAS - LA PACHAMAMA
Don Hilario y su hijo solían cazar guanacos, vicuñas y llamas;
por lo general mataba más animales de los que necesitaba,
aunque a los sobrantes los vendía luego en el pueblo. Es sabido
que la Pachamama, Madre tierra, no permiten que cacen sus
animales por deporte, y menos que maten a las madres de las
manadas. Don Hilario, sordo a los decires, fue a cazar como
todos los días, pero aquella mañana la Pachamama les dio un
aviso, haciendo retumbar la tierra y produciendo derrumbes
en los cerros; padre e hijo intentaron cubrirse en una saliente,
pero la mula se empacó y forcejeando se fue acercando al
abismo hasta vencer las fuerzas de don Hilario y el animal cayó
al abismo... esta fue el primer pago que cobró la Pachamama.
Segundo después se terminaba el temblor y volvía el silencio a
las peñas... los viajeros, asustados, contemplaban al mular al
fondo del precipicio... asustados corrieron a hacerle una
ofrenda a la Madre tierra, para calmar su enojo. Enterraron cosas que llevaban, como ginebra,
coca y un cigarrillo, le hablaron en voz baja, con mucho respeto, pidiendo perdón, buenas
cosechas y muchos animales.
Don Hilario pidió permiso para seguir cazando. La gente del pueblo también oró a la Pachamama
y hasta le sacrificó una llama en su honor. Don Hilario, convencido de tener permiso para seguir
cazando, se internó en los cerros, pero no lo siguieron ni su hijo ni la gente del pueblo. Luego de
la cacería, Hilario retornó a su rancho y no encontró a su chango, que había salido a juntar las
cabras... Preguntó a los vecinos, que nada sabían... Lo buscaron hasta pasada la oración,
interrumpiendo la búsqueda al caer la noche.
Rastrearon las huellas del muchacho por uno y otro lado, pero fue inútil. Sólo al caer la tarde
hallaron las cabras, lejos del caserío. Pasaron varios días y semanas y hasta el mismo Hilario dejó
de buscar a su hijo.
Una madrugada, unos arrieros que bajaban al pueblo, vieron de lejos al hijo de don Hilario...
cabalgaba sobre un guanaco guiando a la manada... parecía un fantasma... iba vestido con
pieles, y desapareció en la neblina del monte junto con los animales.
La Madre tierra volvió a cobrarse una deuda... llevándose al único hijo que don Hilario tenía, a
cambio de los animales que él había matado innecesariamente.
Los arrieros contaron lo visto a don Hilario, quien comenzó a realizar ofrendas a la Pachamama,
quien no le otorgó buenas cosechas, pero tanto y tanto debió orarle y tan puro habrá sido su
arrepentimiento, que al cabo de unos años don Hilario se vio bendecido con otro hijo... a quien
enseñó el respeto por los animales y la tierra.
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