El más fuerte
Hace mucho, mucho tiempo, en una tierra lejana llamada Israel, vivía un niño que Dios había elegido para una misión
muy especial. Su nombre era Sansón. Desde antes de nacer, Dios les dijo a sus padres que Sansón debía ser diferente: no
debía beber vino, no debía tocar cosas impuras y jamás debía cortarse el cabello. Esto era una promesa sagrada, un
voto llamado “nazareo”.
Sansón creció y se convirtió en un joven muy fuerte. Pero no era una fuerza común. Sansón era tan fuerte que podía
romper cuerdas como si fueran hilos y levantar puertas enormes como si fueran de cartón. Su fuerza venía de Dios,
no de él mismo, y mientras obedeciera las instrucciones que Dios le dio, tendría ese poder increíble.
Los enemigos del pueblo de Israel eran los filisteos, y muchas veces los atacaban y los hacían sufrir. Pero cuando Sansón
estaba cerca, los filisteos tenían miedo. Una vez, un león salvaje se le acercó para atacarlo, ¡y Sansón lo venció sin armas!
Otra vez, lo atraparon con cuerdas nuevas, pero él las rompió y venció a mil soldados con una quijada de burro. ¡Nadie
podía con él!
Pero aunque era muy fuerte por fuera, Sansón a veces no era sabio en su corazón. Se enamoró de una mujer llamada
Dalila, que no amaba a Dios ni quería lo mejor para él. Los jefes filisteos le ofrecieron dinero a Dalila para que
descubriera el secreto de la fuerza de Sansón. Ella le preguntó una y otra vez, y finalmente, Sansón le confesó:
—Si me cortan el cabello, perderé mi fuerza.
Esa noche, mientras Sansón dormía, Dalila hizo que un hombre le cortara el cabello. Cuando los filisteos llegaron, Sansón
trató de defenderse, pero ya no tenía fuerza. Lo capturaron, le sacaron los ojos y lo encerraron en una prisión. Fue un
momento muy triste.
En la cárcel, Sansón se arrepintió de no haber sido fiel a Dios. Oró con todo su corazón:
—Señor, Dios mío, dame fuerza una vez más. No para mí, sino para cumplir tu propósito.
El cabello de Sansón comenzó a crecer otra vez. Un día, los filisteos lo sacaron de la prisión para burlarse de él en una
gran fiesta. Lo pusieron entre dos columnas del templo, sin saber que Sansón estaba orando en silencio.
Entonces, con todas sus fuerzas, Sansón empujó las columnas y el edificio se vino abajo. Fue un acto de gran valentía.
Aunque Sansón murió ese día, también venció a muchos enemigos de su pueblo.
¿Qué podemos aprender de Sansón?
Sansón fue el más fuerte, sí, pero su verdadera fuerza venía de Dios. Cuando trató de hacer las cosas a su manera, se
equivocó. Pero cuando confió nuevamente en Dios, fue valiente y cumplió su propósito.
Tú también tienes una fuerza especial, no en tus músculos, sino en tu fe, en tu obediencia y en el amor que tienes por
los demás. Nunca olvides que con Dios, puedes hacer cosas sorprendentes.