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Pesadilla Interior

La novela 'Pesadilla en la casa de tus sueños' de Eduardo Pereyra narra la vida de Alexandra Alexa, una modelo que enfrenta un giro sobrenatural en su vida tras un juego de rituales que desencadena una serie de eventos aterradores. A medida que se desarrolla la historia, Alexa debe lidiar con la llegada de su hijo y la presencia de fuerzas malignas que amenazan su vida y la de sus amigos. La trama se entrelaza con temas de sueños, pesadillas y la lucha por la supervivencia en un entorno de misterio y terror.

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Pesadilla Interior

La novela 'Pesadilla en la casa de tus sueños' de Eduardo Pereyra narra la vida de Alexandra Alexa, una modelo que enfrenta un giro sobrenatural en su vida tras un juego de rituales que desencadena una serie de eventos aterradores. A medida que se desarrolla la historia, Alexa debe lidiar con la llegada de su hijo y la presencia de fuerzas malignas que amenazan su vida y la de sus amigos. La trama se entrelaza con temas de sueños, pesadillas y la lucha por la supervivencia en un entorno de misterio y terror.

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PESADILLA

EN LA CASA DE TUS SUEÑOS

Edu Novak
Pereyra, Eduardo
Pesadilla en la casa de tus sueños / Eduardo Pereyra; Ilustrado por Eduardo
Pereyra. - 1a ed. adaptada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Ser Seres
Ediciones, 2024.
174 p. : il.; 21 x 15 cm.

ISBN 978-631-90803-8-4

1. Novelas de Misterio. 2. Thriller. I. Pereyra, Eduardo, ilus. II. Título.


CDD A860

Autor: EDUARDO PEREYRA


Seudónimo: EDU NOVAK

Redes
Instagram /Facebook: Edu Novak
E—mail: [email protected]

Dirección editorial: Paola Elizabeth López

Página de editores independientes:


Ser seres Ediciones
[email protected]

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra


sin el consentimiento del autor y sello editorial autorizado.
Realizado el depósito que marca la ley 11.723.
“En donde los sueños de los elegidos cobrarán
vida y buscarán sus salidas en sus peores
pesadillas”.
INTRODUCCIÓN

Fotos por acá, vídeos por allá, todo el amor popular y la atención
de su público encandilan su belleza y su actitud carismática. La
famosa y muy querida Alexandra Alexa es la chica del momento,
que ha cumplido su sueño. Una modelo filántropa que ayuda
mucho a su humanidad, pero se olvidará de cuidarse a sí misma…
Su vida dará un giro drástico, a causa de un error sobrenatural.
Alexa está embarazada con un padre ausente (algo rudo en
ocasiones, por enojo y sobreprotección), más el niño ya casi por
nacer prematuramente. Más allá de todo ese glamour y fama, su
vida no es tan fácil. Su hijo crecerá con soledad y desatención, pero
ella es una buena madre que lo cuidará.
Paralelamente a su vida de celebridad, su cotidianidad, con
dicho padre desaparecido y con problemas en el embarazo, no es
sencillo.
La alegría es la sombra que nos da el dolor.
Ella vive en una casa grande apartada de todos y dentro de un
bosque. Es como un country privado y solitario. La casa le pertenece
a Josefa, ella vive al lado, en una pequeña cabaña. Una señora de
tercera edad y dueña de muchas propiedades.
Alexandra es muy amiga de su hija, matrimonio que suele venir
a visitarla con frecuencia. Esta dichosa pareja tiene un hijo de
apenas 2 años de edad.
En una de esas visitas, entre charlas y cena, hablan de cosas del
más allá. María y José habían tenido sus experiencias raras, pero
Alexa…
—¡Vamos, amiga! —la empujó María —Yo sé que te interesan
estos temas.
—Tu curiosidad se te nota en la cara —afirmó su novio.
Mmm…
Mientras Alexa lo piensa, la indagación de estos primerizos
padres inmaduros, trajo a Carlos Smith…
Su sorpresa no iba a ser la única... Aparece de la nada por la
ventana.
Carlos es un empresario de inmobiliaria muy amigo de Alexa.
Tiene el sueño de ayudar, ofreciendo casas a la gente. Aunque
convirtió dicho sueño, en metas. De hecho, la carrera de Alexandra
está relacionada con su dinero, pero no es todo negocios, hay
amistad entre ellos.
—¡Idiota! —se enfadó su amiga —No me asustes así.
7
—La diversión llegó —se rió él.
—¿Y éste quién es? —preguntó José.
Mientras María lo mira con desconfianza, él se presenta. Al
contrario de Alexandra que tiene toda su confianza, y le dice…
—¡Car! Llegaste justo para el postre.
—Si hablar de cosas raras con copas encima es su idea de postre
¡Me apunto! —bromeó él.
—¡Un gusto Carlos! —lo miró María.
—¡Sí, así es! Estamos hablando de cosas de miedo ¡Apúntate! —
lo invitó José.
—Sí ¡Será divertido! —afirmó su novia.
—¡Ok! No digan más. Y se cae al entrar por la ventana.
Entonces, entre risas y marihuana generaron confianza, menos
Alexandra que cuida al bebé. Carlos intenta acercarse un poco más a
ella, cosa que no pudo lograr, al igual que en otros par de
momentos.
—Me parece bien tu responsabilidad, amiga — le expresó María
—No quiero que sigas mi mal ejemplo.
—¡Tienes que aprender de ella, entonces —la jodió su novio.
—Bueno, no quiero interrumpir, pero la influencia sobrenatural
está bien para mí —se metió Carlos.
Mientras la confianza crece, más con el nuevo presente…
—¡Bueno, basta de charlas y a jugar! —se levantó Carlos.
—Ajedrez, no, eh, o algún juegos de esos que te fascinan —
expresó Alexa.
—¡Sí, es verdad! —se rió Carlos —, pero ahora quiero algo más,
digamos… ¡Peligroso!
En seguida preparan todo. Tienen la costumbre de jugar al ritual
de la copa. Pero lo que para ellos es un simple juego de
adolescentes, ahora ya con unos años más, aunque menos frecuente,
se tornó cada vez más peligroso.
El juego arranca…
—¿Qué fue eso? —preguntaron todos.
Mientras, a la vez miran un atrapasueños muy interesante que se
mueve solo.
—Sólo fue mi bebé.
Ha pateado simultáneamente. Entretanto, se miran las caras
entre ellos con asombro.
Carlos es el primero en exaltar con mucho interés, creo que en
verdad le gustan estas cosas.
—¿Hay alguna presencia maligna con nosotros?
—¡Boludo! ¡No te aceleres! —lo frenó su amiga.
8
—Creo que ella respondió a tu pregunta —se burló José.
En consecuencia, en un instante de silencio y oscuridad, María
pregunta…
—¿Hay algún espíritu acá?
Ese mismo silencio, opaca sus tonterías y al no haber respuestas,
a Alexa le entra una duda personal y se apresura con otra
pregunta...
—¿Hay algún espíritu en mis sueños?
—¿¡Wtf!? —expresó Carlos.
—¿Y eso? —preguntó José.
Su amiga no se sorprende tanto porque algo sabe por lo visto,
pero la mira insinuando que hable.
En el momento que va a responder, la copa se mueve hacia
un…¡¡Sí!!
—¡Explícanos ya! —exclamaron sus amigos.
Entre medio del miedo, Alexandra se inquieta y no está segura
de eso. Cuenta que hubo un momento en que se sintió abusada,
despertó con alguien a su lado, pero también estaba dormida; así
que pensó que se trataba de una pesadilla. Además de que en aquel
momento, no se estaba viendo con el supuesto padre del bebe.
—¿Con dilación lo contás ahora, no? —se preocupó Carlos,
retóricamente.
—¡Te dije que se lo contaras antes! — exclamó María.
Ahora José rompe la discusión con otra pregunta…
—¿Y ese demonio está acá ahora?
La respuesta envolvió sus miedos en una pesadilla…¡¡Sí!!
Ante este terrible acontecimiento, la copa se rompe y Alexandra
empieza a sentir más patadas…
—¡Mi bebe! ¡Se está moviendo demasiado!
Y no es lo único que se mueve… La mesa, las puertas y ventanas
también. Además de José, que es arrastrado hacia atrás, junto con su
silla.
—¡José! —gritó su mujer.
Éste recibe un fuerte golpe en la cabeza.
—¡Ayuda a Alexa! ¡Yo voy por él! —señaló Carlos.
—¡Puja! ¡Puja!
—¡No puedo más! ¡Me duele! —sufrió Alexa.
—Vamos ¡Despierta! —Carlos ayudó a José.
María tiene ciertos conocimientos en obstetricia, en donde todo
parece ir bien, al menos para el bebé…

9
Las luces se apagan, la oscuridad se apodera de la situación y
José no está respirando. Pero el bebé está teniendo su
oportunidad…
—¡Es un varón! —afirmó María —¡Toma! ¡Felicidades, amiga!
Mientras ellas muestran sonrisas de logro y satisfacción, a María
se le cae un gigantesco candelabro del techo y muere al instante.
—¡No! —gritaron.
Tienen la sensación de una maldición con ellos.
Carlos se levanta y al dar dos pasos, una figura oscura le topa el
paso.
Alexandra, al encontrarse agotada y ahorrando fuerzas para su
bebé, da pocas señales de supervivencia.
—¡Car! ¡Carlos!
Éste se le acerca con una mirada diferente y una sonrisa tétrica,
no parece ser el mismo amigo de siempre. Se aproxima hacía ella, el
atrapasueños se mueve nuevamente, él lo observa y huye.
Todo el alboroto llama la atención de la señora Josefa, viendo a
alguien correr, pero lamentablemente también ve gente morir…

"Dos cosas son infinitas, la estupidez humana y el universo y no estoy


seguro de lo segundo", Albert Einstein.

10
CAPÍTULO 1

EL DESPERTAR DE UNA PESADILLA

Ocho años después…

¡¡Dreams!! Dreams, dreams, dreams…1


Es lo que escucha Evelyn Castillo al despertarse de una pesadilla.
Palabras significativas en un sueño profundo y confuso.
—¡Despierta! —la molestó y despertó a su compañera de cuarto.
—¡Salí de acá, tarada!
—¡Vamos! O llegarás tarde a la universidad.
—Un rato más.
—Cómo te gusta dormir, eh.
—¡Sí, pero odió las pesadillas! —se levantó.
Carolina es una buena chica, algo molesta tal vez, pero es la
única que le hace compañía. De camino a la Uni (un laberinto
prácticamente), ven pasar multitudes de estudiantes y profesores.
Al entrar, se choca con unos alumnos y cae junto con todos sus
libros.
—¡Cuidado, nerd! —escuchó bullying.
Ella solo mira sin decir nada y su amiga se va a la cantina a
comer algo. Aún estando a unos cuantos metros de ahí, solo puede
escuchar a todos masticando carne, como si el menú del día le
susurrara al oído. Al levantarse con sus pertenencias, ve un cartel
pegado en la pared, una banda de rock gótico tocará pronto en el
salón. Por alguna razón le llama la atención, pero se va a cursar.
Tienen que hacer un trabajo sobre los sueños, además ella está
escribiendo sobre ellos. Como toda escritora, está en progreso de su
sueño, aliada a conocimientos e inspirándose en todo.
A continuación, un debate sobre el tema comienza. Ella, entre
medio de tantos compañeros, escucha preguntas…
—¡Profesora!
—¿Qué son los sueños? ¡Se sienten reales!
—¿Por qué tengo tantas pesadillas?
Tantas preguntas confunden a la profesora y llaman la atención
sobre Evelyn. Al observar a su derecha, nota miradas en contra y

1
"Sueños, esos pedacitos de muerte. ¡Cómo los odio!". Edgar Allan
Poe.

11
del lado izquierdo, tiene a un compañero alto y gordo que se queda
mirándola seriamente.
—¡Bueno, la verdad es que es todo un misterio! —respondió la
profesora —¡Es un poder increíble de la mente humana!
Su amiga Carolina la empuja para que hable de lo suyo…
—¡Vamos, compa! ¡Éste es tu tema!
—¡No! ¡No!
—¡Dale! No seas tímida.
—¡Bueno! Pero… —dijo con palabras cerradas.
—¡A ver! ¡Señorita Castillo! —exclamó su profesora.
—Mmm…¡Bueno, sí, yo escribí algo sobre eso!
El aula se pone en silencio para escuchar su timidez. De todas
maneras, su profesora los deja expresarse libremente, para que no
tengan ese silencio incómodo.
—¡Qué bueno! ¿Por qué no lo compartes con tus compañeros?
—Es que aún no lo terminé.
—Pero cuéntanos algo al menos.
—Ok.
En un impulso de confianza en sí misma, se expresa con
facilidad. Cuenta su experiencia en el tema, aprovechando su
creatividad.
—¡Cerebrita! —salió una voz de atrás del curso.
—¡Shhh! —lo calló la profesora.
¡Sí, en serio! ¡Hasta diría que mi propio subconsciente procesa
todo al dormir y al despertar, recuerdo todo!
—¡Cerebrita! —se escuchó la misma voz, molesta.
Mientras el resto se ríe de ella, Evelyn confiesa no recordar su
último sueño, más bien pesadilla.
—¡Raro! —calculó ella.
—Eso, bueno…¡Es muy interesante Evelyn! —se asombró su
profesora.
—Sí, la verdad es que este asunto de los sueños, mmm…puede
ser muy agotador y algo frustrante. —sintió Eve.
—¡Sí, pero tranquila, no es real! —sonrió la profe.
—Mmm… —pensó Eve.
—Para mí sos una loquita —la jodió Malenna.
Con risas de fondo, una chica se opone con sarcasmo. Con su
abundante cabello rubio, sobre sus curvas llamativas, se cree la
chica perfecta; aunque sí es muy popular en la universidad.
—¡Chicos! ¡No es necesario atacar para debatir! Cada uno de
ustedes puede tener su punto de vista diferente.

12
—Pero sólo mírenla. ¡Tantos libros le quemaron la cabeza! —
expresó Male con aire de ignorancia.
—¡Estos jóvenes de hoy! —expresó la profesora.
Evelyn sólo la mirá de reojo, dejándola ser.
Al sonar el timbre, todos salen. Evelyn se demora primero con
sus cosas y la revancha de Malenna se pone en su camino.
—¡Eve! —se interpuso con sarcasmo —¿Ya te vas?
—¡Sí, seguro que la cerebrita tiene mucho que estudiar! —salió la
voz de Nico otra vez.
Ella, algo incómoda, sin nada que decir, mira de vuelta al de su
izquierda, comiendo sin parar.
Pero por fin escucho un "Eve", más reconfortante esta vez.
—Dale. ¡Volvamos a casa! —apareció Caro.
—¿Y no van a la fiesta? —preguntó Nico mientras se acercó.
Él tiene algún tipo de cercanía con Malenna.
—¡No! —gritó alocadamente su gordo compañero.
—¡Ya te comiste todo, cerdo! —lo señaló con confianza Nico.
—¡Aún tengo hambre y ya se me terminó todo! —grito
nuevamente.
Mientras golpea la mesa con actitud violenta, sigue mirándola
a Evelyn. Por ende, ahora también Carolina lo mira
incómodamente. Rollizo es el apodo que le dan sus amigos, sin
recordar su nombre o sin interés de saberlo.
—¡Sos un asco! —se desagradó Male.
De la nada, el interés de Carolina despierta por la fiesta…
—¿Así que hay una joda?
—¡¡Así es!! ¡La organizo yo! Como estamos a comienzo de
carrera, me parece buena idea empezar a conocer gente —les contó
Male.
Ellos están en Turismo, menos Nicolás que es muy bueno en
Deportes, mientras que Evelyn y Carolina en Ambiental.
—¡Vamos! ¡Será divertido! —la observó Nico. Mientras le toma la
cintura a Malenna con brusquedad, Carolina piensa en ir.
—¡Sí! Tal vez tengas suerte y pierdas tu virginidad —apuntó
Male sobre Eve.
Al reírse todos, menos rollizo que se está chupando sus dedos
con sabor, Carolina habla en defensa y dice que irán; aunque Eve
mira a su amiga con gestos negativos.
—¡Dale, copate! ¡La vas a pasar bien! Sólo te falta un buen
vestuario —insistió Male.
—¡Sí! ¡Estás linda! Sólo te falta ponerte sexy—chamuyó Nico.
—¡Vos callate! —lo empujó Male.
13
Evelyn responde que sí, mientras la mira a su amiga.
—¡Genial, entonces! ¡Nos vemos a la noche! Bye —se despidió
Male.
—¡Ahí estaremos! —respondió Caro.
—¡Vamos, rollizo! —le gritó Nico —¡Ya comerás en la fiesta!
Al caminar, las amigas hablan en el regreso a casa.
—¡Hoy seré toda una diosa! —Caro pensó en la fiesta.
—Pero si así estás bien —le respondió Eve mientras la miraba.
—¡Sí! Estoy bien pero no tan bien, al igual que vos. Luego vemos
juntas qué nos ponemos.
—¡Yo estoy bien así, y aún dudo en ir!
—¿Cómo?
—¡Tengo que terminar mi trabajo, ese de los sueños!
—¡Pesadillas me das vos, eh, al verte tan sola! Ya vas a tener
tiempo para estudiar.
—¡Ok, pero comeré en casa! ¡No quiero ver a esos carnívoros
devorando animales! —expresó Eve.
—No exageres ¡Amante de la naturaleza!
La empuja y ambas sonríen. Al entrar a la residencia, Carolina
dice que tiene que irse un rato, aunque no específica dónde.
—¿A dónde vas?
—¡Tranqui! ¡Nos vemos luego a la noche! —la abrazó con afecto.
En ese momento, al irse su amiga, no sabe quién y por qué, pero
para Evelyn ya es de noche. Hay un sujeto raro observando y la rara
sensación cómo si la caminata corta, es larga al salir temprano de la
universidad. Al entrar sola, se pega un baño, va a comer algo y se
relaja un poco. Al rato se pone a revisar algunas de sus historias a
concluir, pero la verdad es que está muy cansada. Ese agotamiento
mental la hace pensar y confundir a la vez, más con esa última
pesadilla... En un momento, pierde la concentración, su enfoque y
su reflexión misteriosa cae sobre sus libros…
—¡Despierta! ¡Vamos, despierta! ¡Despierta!—lo despertó su
compañera escolar.
El alumno Darío Knox levanta la mirada y reacciona. Se
despierta de algún sueño profundo por lo visto.
—¡Dios! ¿¡Por qué me despiertan!? —se expresó dormido.
—¡Alumno Knox! ¡Le recuerdo que se encuentra en clase!—
exclamó su profesora.
—¡Sí, lo sé, profe! ¡Es que tengo mucho sueño!
—¡Nada de eso! ¡Pónganse a estudiar!
La que lo despertó, lo sigue despabilando. Es su mejor amiga,
Amy. Además de ser compañeros de clase, también lo son
14
musicalmente, ya que es la bajista de su banda de rock gótico.
También están Guido, el baterista y David, el guitarrista. Por ende,
esto nos lleva a él como el cantante…
—¡Necesito dormir un poco más para el recital de mañana! —
expresó con sueño.
—¡Sos una vergüenza para la universidad! —se escuchó una voz
de fondo.
—¡Ya deja de representarnos! —se oyó otra voz de atrás.
—¡Shh! ¡Ya hay mucho parloteo! —los calló Darío.
—¡Esas letras oscuras nos hacen quedar mal a todos!
—¿¡Qué dijiste, tarado!? —se levantó con bronca.
Aunque su bronca es vencida por el mismo sueño.
—¡Repítelo, tarado! ¡Ustedes no entienden nada! ¡Nadie me
entiende! ¡Soy el mejor! —murmuró y se durmió.
Mientras todo el curso se ríe, sus compañeros de banda lo
festejan.
—¡Ése es nuestro cantante!
Al salir de clases, caminan ya lejos de la Uni, pero cerca de un
complejo deportivo…
—¡Miren! Nuestros carteles pegados llegaron hasta más allá de la
universidad —lo notó Guido.
—¡Yes! —se agrandó David.
—¡Llegaremos lejos! —se entusiasmó Amy y abrazó a Darío.
No obstante, Darío pierde la concentración total. Colgado,
mirando a unos jóvenes haciendo deporte.
—¿Qué te pasa? —preguntó su amiga.
Entre tanto, el resto, miran cómo se divierten jugando, a Darío se
le hunde el corazón con profundidad.
—¡Nada! ¡Estoy bien!
—Mmm…¡Digamos que sí! —insinuó ella
Mientras planean ensayar, pero también estudiar, aunque dudan
de lo segundo; hablan mientras caminan.
—¿Y si influimos cosas de estudios en nuestras canciones? —
sugirió Amy.
—¿¡Y ese lado nerd tuyo!? ¿Qué onda? —la jodió Guido.
—¡En tus sueños! —le respondió Amy con un golpe.
—¡No! ¡¡En mis sueños te aseguro que habrá fanáticas desnudas!
—¡Sí! ¡Hasta en mis peores pesadillas habrá eso! —continúo el
chiste David.
—¡Idiotas! —insultó Amy.
Entre tanto, se ríen y preguntan por su amigo que anda callado.
—¡Es raro verte sin ser espeluznante o boludo! —bromeó Guido.
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Al reírse todos, Darío rompe su silencio con una frase…
—¡Viviendo en lo más profundo de mis sueños!
—¿¡Wtf!? —llamó la atención de Guido.
—¿¡Qué carajos!? —se expresó David.
Amy se sonríe, ya que es la que mejor lo conoce y lo entiende.
—¡Volviste! ¡Ya sos el mismo de siempre! —notó ella.
Se llevan demasiado bien ellos dos; tal vez con los otros chocan
cada tanto musicalmente, ya que tienen el sueño de llegar lejos.
Entonces, hablando de música, cada uno se separa y se van a sus
respectivas casas, tienen que descansar bien para su recital de
mañana. Darío, no se encuentra muy bien que digamos, le cuesta
dormir y no puede recordar mucho de su último sueño/pesadilla;
pero sí la sensación de haber pasado por algo horrible.
Al día siguiente, unas horas antes del gran momento, se
encuentran los chicos ensayando y preparándose en la prueba de
sonido. Aunque, en el salón de la Uni, falta la presencia de Darío
que aún no llega.
—¡Este chabón nos va a joder el reci! —se enfadó Guido.
—¡Mal! Se habrá quedado dormido —calculó David.
—Tranqui, muchachos ¡Ya va a llegar! —calmó Amy.
El ruido musical ya está empezando a llamar la atención de
algunos maestros, estudiantes, invitados y…
—Bueno, bueno ¡Miren quién llegó! —se burló Guido.
—¿Por qué no me sorprende?—preguntó retóricamente David.
—¿Estás bien? —observó su amiga.
—Claro que está bien, Amy ¡Miralo! Drogado, pero bien —siguió
atacando Guido.
—¡No! ¡Sólo estoy dormido!
—¡Claro! Depende de cuál fumas, te puede adormecer —se burló
David.
—¡Dije que no! Bueno…al menos está vez. —bromeó con
seriedad —¡Además, está banda es mía!
—¡Ya basta, chicos! —los calmó Amy —¡Yo le creo!
—¡Todo bien! Es que últimamente andás raro y en otra —afirmó
Guido.
—¡Así es, pero no pasa nada! —reafirmó David.
—¡Sí! ¡Vení! Subite al escenario —lo llamó Amy.
Se sube y ensayan normalmente. Ahora, con la voz del cantante,
este ritmo alternativo y con rimas oscuras reprendió a más gente,
entre ellos; a nuestra protagonista principal...

16
A Evelyn le llama la atención la banda por segunda vez,
particularmente el cantante en esta ocasión. Quizás por su actitud o
sus letras significativas, se identifica por momentos.
Luego del ensayo, ya en tono preparativo arranca el show.
—¡Bueno, muchachos! ¿Están listos? — gritó Amy con
entusiasmo.
—¡Sí! —se contagió de energía Guido. -Y más vos, espero. Mirá
que veo mucho público masculino —notó Guido.
—¡Callate, tarado! —se rió ella.
—¡Wow! ¡Futuros fanáticos! —se emocionó David también. ¿O
no, Darío?
Los demás lo miran distraído, junto con la pregunta. Entre el
público, se encuentra la dicha distracción… Evelyn y Darío
viéndose por primera vez, en persona al menos… Sus pesadillas de
aquella vez, les carcome el cerebro a ambos.
—¡Darío! —le gritaron los tres.
En simultáneo, sus gritos se mezclan con los de la gente…
—¡Darknox! ¡Darknox! ¡Darknox! —gritaron el nombre de la
banda.
—¡Bueno ya! ¡Hagamos mierda el lugar! —despertó Darío.
Ya habiendo despabilado, esta vez sí comienza el recital. La
banda ya tiene preparado algunos temas propios y entre un par de
covers mezclados, hacen del show un espectáculo local.
La gente no para de llegar, hasta estudiantes de otras
universidades que se suman al evento. Hay otros grupos, pero más
tranquilos y tocarán luego. Aunque ellos, Darknox y su estilo algo
exótico, auscultaron a su gente. Entonces, su popularidad
universitaria crece, pero también crece el interés con la aparición de
un extraño misterioso…
Las letras de Darknox son algo "conmovedoras", para éste sujeto
que se infiltra junto con el sonido, mirando un folleto del concierto
en sus manos. Respectivamente, letras como…

"Mi realidad se volvió tu pesadilla".


"Uno no elige su destino, lo revela".
"Una mentira de tu existencia, se volvió una pesadilla en mi
demencia".

Por ende, levanta una mirada diabólica apuntando hacia los


músicos, éstos lo miran con desconcentración (en especial Darío), y
entre la gente saltando y cantando, Eve también se percata y lo
observa de reojo.
17
Instantáneamente, es como si el tiempo se frenara para ellos,
pero se están acelerando en realidad; con toda la emoción del
concierto.
Entre miradas chocantes e intrigantes, un silencio incómodo trae
además, una sonrisa espeluznante. Levanta lentamente sus manos y
hace chocar con dicha aceleración, a toda la gente. Es como un pogo
violento pero sin la intención del público. Ahora, por alguna razón,
Eve y la banda, sin ningún rasguño, vuelven ya a su tiempo
real/normal.
Entre muertos y heridos, nacen preguntas del por qué de lo
sucedido… Respuestas poco creíbles, por parte de los testimonios
paralizados por el mismo miedo. Además, ahora es cuando Evelyn
conoce más a Darío en persona. Pero a pesar de todo el desastre
causado, el raro y confuso vínculo de estos dos, camina entre los
caídos. Una conexión un tanto profunda se siente.
Al haberse esfumado la maldad desconocida, la gente se queda
con preguntas con sabor sobrenatural. Mientras que para ellos, se ve
una verdad invisible.
Mientras se revisa a la gente y ayudan a los heridos, salen
conversaciones iniciadas por el miedo, aunque un poco calmados al
estar ilesos del ataque; sus miradas hablan solas.
—¡Hola! ¿Vos sos? —se interesó Darío.
—¡Evelyn! —respondió.
—Lindo nombre.
—Gracias —se avergonzó ella.
—Bueno ¡Basta de presentaciones! ¿Sabes qué pasó acá, o no? —
interrumpió Guido.
Más allá de la intensidad vivida, él suele ser así. David no tanto y
Amy algo ruda, pero buena compañera también.
—¡Háblale bien, tarado! ¡Todos tenemos miedo! —lo corrigió
David.
—¡No tengo miedo! —exaltó Guido.
—¡Sí, claro! —se burló Amy. ¿Estás bien? —se preocupó por Eve.
Mientras le toma la mano, la nota algo introvertida, sin decir
mucho.
—¡No te preocupes, ya pasó todo! —la calmo, Darío.
—¡Sí, calma, Eve! —la consoló —¡Yo soy Amy! ¡Él es David y el
asustadizo es Guido!
—¡Callate! ¡Si no fuera por este desastre, aún estaría con mi
batería! —expresó Guido con rudeza.
—¡Y yo cambiando mis letras para bardear a ese maldito! —
bromeó Darío con seriedad.
18
A Eve se le escapa una sonrisa con lo último y se une como una
integrante más.
—¡No se pasen! —los frenó Amy.
—¡Qué insensible! —señaló David.
Con media sonrisa sospechosa, David insinúa una posibilidad de
venganza, se lo ve como el más interesado. Dicha venganza
completa la sonrisa pero va de la mano con la pena de los caídos.
Aunque, derrotan al miedo y no piensan dejar las cosas así.
De la nada, Amy confiesa conocerlo, aunque no con seguridad; al
sujeto ese. Ahora todos con la boca abierta, continúan las
preguntas…
—¿Cómo que conoces a ese hijo de puta? —se enojó Guido.
—¿Quién es? —se interesó David.
—¡Así es! Aunque no estoy segura, creo que suele andar cerca de
mi barrio ¡En la casa de los homicidios!
—¡Encima eso! ¡Yo digo de caerle de visita! —expresó Darío.
—¡Sí! ¡Apuesto a que no se la espera! —desafió Guido —¿Vos
venís, no?
—Mmm…¡No sé! —dudó Eve.
—¡Vamos! ¡Será divertido! —insistió Guido.
—¡Pará! ¡No la presiones! —defendió Darío.
—¡Sí! ¡Hay que pensarlo bien, además! —se resguardó Amy.
Mientras ella lo piensa, Evelyn también. Viendo eso en común,
ella lo ve como un buen lugar para inspirarse y oscurecer sus
páginas.
—¡Iré! —se manifestó Eve.
—Ok, ¡Genial! —expresó Guido.
—¡Entonces vamos todos! —se unió David.
—Bueno, yo vivo cerca. ¡Voy a aprovechar a dar un vistazo! —se
adelantó Amy.
—¡Espera! ¿Te pensás quedar con toda la diversión o qué? —se
negó Guido.
—Pero si tengo que ir para allá, además con todo este lamentable
bardo, no habrá sospecha si adelanto información.
—¡Genia total! —la elogió Darío.
—¡Me parece bien! —sonrió Eve.
Evelyn habla poco, pero cada vez que suelta una palabra, ésta
vuelve con confianza a favor; más al verse conectada con Amy. Pero
hablando de amistades, aún no sabe nada de Carolina.
—¡Voy, pero primero tengo que ir por una amiga desaparecida!
—contó Eve.
—¡Yo te acompaño! —apoyó Darío.
19
—¡Ok, vayan! ¡David, acompañame! —organizó Amy.
—¡Yo también voy! —se motivó Guido.
¡No! Vos y tu actitud tendrán que esperar —lo frenó Amy —¡No
quiero tu locura cerca de casa!
El resto se ríe y Guido por dentro decide hacer la suya a su
manera.
—¡Entonces nos vemos luego! —se despidió Darío.
—¡Cuídense! —los saludó Amy.
Al irse la emotividad de Guido, los demás hacen lo suyo.
Al caminar, la curiosidad de Darío se divide en dos, por ella y
por la desaparición de su amiga. Es decir, se le viene a la cabeza un
recuerdo mortal…
—¿Te gusta soñar? —preguntó ella de golpe.
—¿Qué? ¡Bueno, sí! ¡A veces!
—¿¡O sea que no siempre, veo!?
—Es que lamentablemente no suelo recordarlos luego.
—Bueno, eso también puede ser algo positivo ¡En mi caso
recuerdo casi todo!
—¿Ah, sí?
—¡Sí, pero no últimamente!
—¡Te entiendo! A veces sólo me acuerdo de lo malo, o sea, como
en la vida.
Se ríen más allá de la charla profunda y melancólica.
—¿Y qué malos recuerdos tenés? —preguntó ella.
—¡Una muerte!
—¡Wow! Qué directo y preciso —se rió con intriga.
—¡Sí! ¡Aunque no sé quién y cómo, pero sí sé que murió alguien!
—¿Seguro?
—¡Sí! ¿Y vos? ¿Y tu amiga?...
Ya alejándose de la universidad, entran a la residencia de Evelyn.
La pregunta es contestada con la aparición de Carolina. Se
encuentra tirada en el piso, sin dar señales de vida. Evelyn,
preocupada, trata de reanimarla, mientras que Darío no da señales
de reacción…
—¡Es ella! —se percató él.
—¿Qué? —lloró Eve.
—¿¡La que muere en mi sueño!? —expresó.
—¡Pero si estaba bien la última vez que la vi! —expresó,
confundida.
Mientras él se acerca y la consuela, ven rastros de sustancias
tóxicas en el ambiente, cosa que a Darío le llama más la atención y a
Eve su reacción.
20
—¿Habrá sido esa fiesta? —calculó ella.
—¿Qué fiesta?
—¡Una que me invitaron, pero me quedé dormida!
—¡Qué pesadilla más irónica habrá sido! —profundizó él.
—Sí, claro. ¡Tal vez me salvó!
Una confusión se apodera del momento trágico, ya no saben qué
es real y qué no. Por otra parte, se preguntan por Amy y David…
Bajo la luz de una luna casi llena, estos dos ya se van acercando
hacia su objetivo. Al acercarse con cautela, más que nada Amy:
porque David tiene pensado una imprudencia natural...
—¡Ya quiero meterme!
—¡No! ¡Hay que tantear un poco antes!
—¿Para qué esperar tanto?
—¡Es que puede ser que viva acá! ¡No estoy segura!
—¡Lotería! ¡En ese caso le cobraremos lo que hizo en nuestro
recital!
—¡Sí, suena bien, pero no sé qué relación tuvo con los asesinatos
de hace casi una década!
—¡Más razón para darle una paliza!! Pero, ¿qué más sabes sobre
eso? —se asustó David.
—¿¡Ya arrugaste!? —lo jodió Amy.
—¡No! —expresó con tono duro.
—¿¡Entonces por qué te tiemblan las patas!?
Ahora entre esas charlas y risas, surge un ruido más…
Una sombra gigante los envuelve a ambos. A pesar de eso,
logran esconderse detrás de unos árboles. Hay muchos de ellos
alrededor de la casa.
—¿Y esa vieja? —intrigó David.
—Mmm… —pensó Amy —¡No sé!
—¡Se ve rara! ¿Será una slayer también?
—¡Tal vez una cuidadora y tomate las cosas en serio eh, que esto
no es una película de terror! —lo retó ella.
—¡Ok, pero esto se pone más raro aún!
Ambos, al espiar, ven que la señora se va pero en desconfianza;
la siguen. Pasan de largo sobre su objetiva casa y notan otra más
pequeña, cerca. Ella al acercarse a la puerta, se detiene por un
momento, como si estuviera dudando al entrar.
David y Amy, en un momento se sienten entre la espada y la
pared…
—¡Josefa! —se escuchó un grito.
La señora pega la vuelta y aunque los chicos están en medio de
ellos, es como que no se percatan de su presencia. Al estar
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atrapados entre dos casas, notan la misma maldad "universitaria",
de aquel momento. Corren hacía dentro de la casa principal, con sus
ojos de espaldas, mientras escuchan un tipo de discusión entre esos
dos.
—¡Josefa! ¡Josefa! Y ¡Josefa! —la llamó al caminar hacia ella.
—¿Qué quieres? ¡Déjanos tranquilos! —grito con miedo.
Con una mirada fija y sarcástica, responde…
—¡Simplemente que no te metas en mis asuntos, ya te lo había
dicho!
—¡Sólo no toques a mis hijos!
—¿Tus hijos? ¡No me hagas reír! Si mal no recuerdo, tu
verdadera hija se fue…accidentalmente.
—¡Bastardo, hijo de p…!
—¡Shhh, Mujer religiosa! ¡Además tus insultos no me afectan!
—¡No, pero sí mis defensas! ¡Padre nuestro que estás en el cielo,
líbranos del mal…Amén!
—¡Bla, bla, bla! —se burló.
En el intento de alejarlo rezando, él logra empujarla un poco (con
una fuerza sobrenatural), como un soplido; en dónde mueve una
gran cruz que tiene en el umbral de su puerta.
—¡Sí que estás bien protegida, además de la cruz… Pero bueno
¡La próxima será!
—¡Sólo no vuelvas! —gritó, conmocionada.
—¡Nos vemos! —saludó de espalda y con la mano arriba al irse.
Josefa no es la única alterada. Esta situación también sorprendió
a Amy y a David, que se encuentran espiando desde una ventana.
Ya dentro de la casa y aunque no escucharon todo, su miedo
completó la parte faltante. La señora los ve chusmeando…
—¡Cuidado! —se alertaron ambos.
Y cierran la cortina.
La historia se va contando sola…
—¿Qué? —preguntó él.
—¡Nada! ¡Sólo siento que vivo en un libro, además de un sueño!
—¡Una pesadilla! ¿¡Mejor dicho!? —la miró él.
—Sí, bueno, creo que soy buena en lo mío y mi profundidad va
de la mano con tu…
—¿¡Mi!?… —la observó él.
—¡Oscuridad! —se expresaron al mismo tiempo.
Mientras comparten una sonrisa, tanto Eve como Darío, deciden
ir. Necesitan aclarar sus ideas, saber qué pasó con sus amigos y…
Un toque de sabor a venganza se prueba en sus palabras.
—¿Acaso dijiste venganza? —percibió él.
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—Mmm…¡No! —pensó ella. —¿Estás seguro de que conviene ir?
—¡Sí, habíamos quedado así! ¡Además necesito saber qué paso
con Amy!
—¡Claro! y también… ¿Cómo se llama?
—¡Sí, David!
De una profunda mirada hacia él, se le escapa una pregunta…
—¿Vos y ella son?…
—¿Novios? ¡No, aunque lo parecemos! —se rió.
—¡Perdón! ¡No tenía por qué preguntar eso!
—¡Todo bien! La gente por ahí se confunde.
Ya habían pasado unas horas desde que los otros dos se fueron,
ahora es su turno. Caminan de madrugada, la noche está muy
oscura y sin luz cerca. Ya al acercarse a la casa, no notan nada más
que el silencio del momento.
—¡No abre! —intentó él, con algo de brutalidad.
—¡Esperá! ¿Escuchás eso? — Ella giró la mirada.
—¿Qué? ¡No!
Pero dicho silencio se rompe con la voz de un niño jugando…
—¿Y ahora sí, verdad?
Le responde que sí, tan sólo con su asombro.
—¿Quieren jugar conmigo? —apareció el niño.
Mientras hace rebotar una pelota de tenis contra una pared.
—¡No, gracias, niño! ¡No me van los deportes! —bromeó Darío
en la oscuridad…
Rara situación se les presenta, en donde Eve se ve más
impactada…
—¿¡Chico!? ¿Qué haces acá? ¿¡Y a estas horas de la noche!?
—Es que…¡No puedo dormir y aproveché a escaparme!
¡Además, mi abuela duerme y cuando duerme, no se despierta más!
—se rió con voz pícara.
—¿Y eso te parece bien? ¡Algo desobediente de tu parte! ¿No te
parece? —bromeó Darío con sarcasmo.
El niño le tira la pelota con fuerza, pero éste la atrapa con astucia.
—¡Wow! ¡Qué buenos reflejos! —se sorprendió Eve.
—Sí, es que…¡Digamos que tengo un pasado deportista!
Una Eve interesada es interrumpida por el chico…
—¿Querés jugar conmigo? —preguntó el niño ansioso.
—¿¡Qué pasa!? ¿No tenés compañeros? —le devolvió la pelota,
pero con menos fuerza.
—¡Sí, pero Sam no quiere jugar conmigo!
—¿Sam? —se intrigó Eve.

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—¡Sí, el otro niño! ¡Se la pasa en esa casa solo, dice que su mamá
se encuentra ahí!
Evelyn y Darío se miran mientras giran la cabeza 90°.
—¡Cierto! ¿De casualidad, viste a una chica y a un chico por acá?
—preguntó Darío.
—Mmm…¡No, pero sí escuché sus gritos! —se asustó
sombríamente, sobre su misma inocencia —¡Qué carajo! —se
molestó Darío.
—¡Shh! ¡Darío! ¡Es un niño!
—¡Me importa una mierda eso! ¡Voy a insultar todo lo que yo
quiera! —miró al chico.
El niño raro se asusta e intenta irse, pero éste, algo furioso, lo
sujeta.
—¡Soltáme!
—¡Pará! ¡Dejá, que yo me encargo! —lo calmó Eve.
—¿Niño? ¿Cómo te llamas?
—¡Jesús!
—¡Vaya nombre! —bromeó Darío con enojo.
—¡Lindo nombre! ¿Sos el hijo de Dios? —ahora bromeó Eve.
Jesús, al sonreír, se presenta correctamente y éste le dice que si
quieren los pueden ayudar a entrar a la casa.
Ya con un Darío un poco más calmado, se interesa en su
propuesta, aunque con seriedad. Eve toma la mano del niño y
caminan por una especie de entrada subterránea o algo así. La
desconfianza de Darío le advierte a Jesús…
—¡Más te vale que no sea una trampa eh, anteojitos!
—¡Shh! ¡Darío! —lo calló Eve —¡No seas así con él!
—¡Pero mirá lo raro que es! —lo ofendió Darío.
—¡No soy raro!
—¡Claro que sí, anteojitos! —se rió de él.
—¡Cállate! ¡Pelos de mujer!
—¿Qué dijiste, mocoso?
—¡Bueno, basta, ambos! —los calmó Eve. —¡Compórtate! —le
corrigió a Darío.
—Sí, mejor manejalo vos a ese pequeño pervertido.
—¡Ay, Dios! No porque sea mujer… Eso que decís, eh… ¡Se trata
de un niño!
—Ok, bueno ¡Vayamos a lo importante! ¿¡Vos, niño
Frankenstein!? ¿Dónde están mis amigos?
Evelyn, lo empuja al reírse un poco inevitablemente y Jesús lo
mira mal mientras abre una puerta.
Al entrar, la casa se ve amplia, oscura y sucia.
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—¡Miren esté lugar! —expresó Eve —Es algo…
—¡Tenebroso! — Darío terminó la frase.
—¡Igual ésto es el sótano! ¡Hay que subir! —subió Jesús por una
escalera.
—¿Cómo es que conoces tanto la casa? —dudó Darío.
—¡Es que no tengo muchos vecinos y me aburro!
—Bueno…¡Se ve entretenido jugar a las escondidas! —observó
Eve.
—¡No! —gritó Jesús.
—¡Cuidado! —ahora gritó Darío.
—¿Qué pasa? —se preocupó Eve.
Al evitar que el niño caiga por las escaleras.
—¡Nada! ¡Es que odio ese juego!
Ambos sospechan que debe estar más que asustado. Tal vez
algún trauma.
Al calmarlo, entran a la planta baja.
Esa parte del ambiente se siente más frío por alguna razón…
De la nada, aparece una chica y con una voz algo dulce, pero
ligera, pregunta…
—¿Mi hijo?
El silencio de Jesús, es más callado que el de Darío y equivale al
impacto de Evelyn.
—¿Y mi hijo? —insistió.
Sin saber qué decir, la puerta principal responde con la llegada
de alguien…
La chica misteriosa desaparece y la señora Josefa entra.
—¡Jesús! —le gritó en tono serio.
—¡Mira, abuela! ¡Tengo dos nuevos amigos!
—¿Y ustedes quiénes son? ¿Qué hacen con mi nieto?
—¡Sólo estamos buscando a unos amigos! —le aclaró Eve.
—¿¡En propiedad privada!?
—¡Así es! ¡Sé que están acá! —afirmó Darío.
—¡Váyanse de mi casa! —expresó, irritada.
—¡No! ¡No nos pensamos ir hasta que no aparezcan! —se puso
firme Darío.
—¡Llamaré a la policía! —amenazó Josefa.
—¡No, señora! —advirtió Eve. - ¡Acá está pasando algo raro!
—¡Es verdad, abuela!—defendió Jesús.
—¡Shh! ¡Vos silencio! ¿Y Sam?
—¡No sé! ¡Siempre me deja jugando solo el alumno Darío
Knoxo, y creo que apareció su mamá!
—¿Qué decís? ¡No juegues con eso! —lo retó su abuela.
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—¡Sí ,en serio! ¡Había una mujer hace un rato! —le reafirmó Eve.
—¡Pero si su mamá murió hace años! —expresó con tono
“sospechoso” —¡Ahora! ¡Quiero que ustedes se vayan y vos, nene,
te venís conmigo! ¡Vamos que ya amaneció y mañana tenés que ir a
estudiar!
—Abuela, no, pero…
—¡Nada de peros! Y ustedes… ¿Qué esperan?
Eve detiene a Darío, que estaba exaltado y le dice que no pueden
hacer nada, al menos por ahora. Al intentar abrir la puerta, ésta no
abre…
—¿Qué están haciendo? —observó Josefa.
—¡No se abre! — Eve siguió intentando.
—¿Y ahora qué? —se confundió Darío.
—¡Revisen las ventanas! —les señaló Josefa.
Al revisarlas, una por una se van cerrando solas.
—¡Estamos atrapados! —asumió Darío.
—¿¡Abuela!? ¡Tengo miedo!
—¡Calma, Jesús! ¡No te pasará nada! ¡Chicos, miren afuera! —les
señaló Josefa.
—¿Qué pasa? —preguntaron los tres.
—¿¡Está de noche!? —dudó Eve.
—¡Pero si recién vi que estaba de día! —se confundió Darío.
Y esa confusión crece, al tener la sensación de haberlo soñado.
—¡Puta pesadilla! ¡Esto me suena! —sintió Darío.
—¡Sí, ahora que lo decís…también pasé por esto! —afirmó Eve.
—¿Qué están diciendo, chicos? —se intrigó Josefa.
Mientras abraza a su nieto, también sus ojos cruzan miedo
entre sí. A la vez, se preguntan por el desaparecido Sam, además de
David y Amy.
—¿Qué es eso de afuera? —se percató Eve.
—Es como una sombra movediza —notó Darío.
—¡Aléjense de las ventanas! —los cuidó Josefa.
Dicha sombra se va moviendo por todo el alrededor de la casa
mientras observa a los encerrados.
—¡Su visión se basa en la oscuridad! —expresó Darío.

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CAPÍTULO 2

BIENVENIDOS A LA CASA DE SUS SUEÑOS

—¿Profundizás mucho en esta condición? —notó Eve.


—¿Me estás llamando miedoso? —sonrió a medias, hacía ella.
—¡Chicos! ¡Chicos! ¡Atentos! —Josefa alertó con cautela.
En un momento de calma…
—¡Creo que se fue! —dudó Eve.
—¡Qué lástima! ¡Quería darle su merecido! —expresó Darío con
rudeza.
—¡Sí, aunque no es él! ¡Este tipo aparece por la noche, por lo
visto! — Eve calculó astutamente.
—De todas formas, ¡Quiero darle una paliza! —Darío se mostró
agresivo.
“Día o noche”... “El único problema es que”…
—¿Y esa canción? —preguntaron todos al mirarse.
—¡Vaya! ¡Vaya! ¡Vaya! —se escuchó una voz con ecos.
—¡Es él! —se avivó Josefa.
—¿Quién? —preguntó Jesús.
Esa respuesta es contestada por la voz de la maldad…
—¡Sí que tenés astucia, Eve! Descubriste al ayudante manchado
con mi oscuridad. ¡Black, el ilusionista!
—¿Qué? ¿Quién? —se mareó Darío.
—¿Cómo sabés mi nombre? —se sorprendió Eve.
—¡Sé todo sobre ustedes! ¡Ahora veamos si escribís tan bien
como recordás!
—¡Da la cara, cagón! —desafío Darío.
—¡Y vos, muchacho rockero! ¡Veremos si tu rudeza te salvará de
tus miedos!
—¡Cuando te agarre vas a ver! —le respondió con más rudeza.
—¡Si es que sobreviven! —los asustó con palabras que
retumbaron por toda la casa.
—¡Ya basta, Carlos! —Josefa lo calmó —¿A qué estás jugando?
—En este momento Carlos no está conmigo ¡Se quedó dormido!
—se rió fuerte y desagradablemente.
—¡Maldito enfermo! —lo insultó Darío.
—¡Qué Dios nos salve de esto! —Josefa rezó asustada.
De tantas carcajadas, de repente se lo escucha serio y dice…
—¡Bienvenidos a la casa de sus sueños!

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—¿Y eso qué significa? —preguntó Eve.
—¡Esperá! —gritó Darío.
—¡Carlos! —le gritó Josefa.
—Abuela, me quiero ir de acá ¡Tengo miedo!
Ella les advierte que nadie podrá salir…
—¡Acá nadie escapa de una pesadilla!
Ya ahora con algo de “calma”, las preguntas continúan…
Al mirar todos a Josefa, el silencio es mudo por lo visto y es en
donde ahora, llueven cuestiones.
—¿Quién es este tipo? —preguntó Darío.
—¿Quién es Carlos? —pensó y dijo Eve.
Pensando en el que los atacó en el recital.
—¿Abu, es él? —Jesús mostró saber algo.
Tal vez no lo sabe todo, pero empezó a hablar…
—La verdad es que no sé bien quién es él. Por fuera tiene la
apariencia del viejo amigo de la amiga de mi hija, pero por dentro
ya es otra historia...
—¿A qué te refieres, anciana? —Darío se expresó con insolencia
—¡Cómo que no te estamos entendiendo bien!
—¡Shh! ¡Dejala hablar! —lo corrigió Eve.
—¡Me refiero a que en su interior, tiene alguna clase de maldad!
—¡Sí, por cómo se ve y ataca, debe estar poseído o algo así! —
calculó Eve.
—¡Sea como sea! ¡Aún no olvidó la venganza! —se decidió Darío.
—¡Tranquilo! Recuerda que ahora estamos atrapados, además
debemos averiguar quiénes son y qué quieren con nosotros —
analizó Eve.
—¡Cierto! También está ese el de las sombras y oscuridad —
recordó Darío.
—¡Sí, chicos, pero tanto adentro como afuera, estamos en peligro!
—se percató Josefa.
—¡La puta madre! —se bajoneó Darío.
Ahora, a pesar de la situación, Josefa prioriza la seguridad de sus
hijos (así les dice ella), en honor a la que perdió.
—¡Nosotros tenemos que encontrar a Sam y salir de acá! -
declaró Josefa.
—¡Ustedes también! Les recomiendo que es la mejor opción,
digamos.
—¡No! ¡Acabaremos con ese malnacido! —se decidió Darío.
—¡Yo preferiría salir, aunque capaz tengamos que hacer lo tuyo
primero! —Eve le sonrió a Darío.

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—¡Sólo huyan apenas puedan! ¡Yo sé más que ustedes de lo que
puede ser capaz este ente!
—Mmm…¡Vamos a considerar opciones! —respondieron ambos.
—¡Chau! —Jesús saludó con un abrazo tierno hacia Eve.
—¡Te cuidás, dulzura! —expresó ella.
—¡Ustedes! ¡Cuidado que es un hombre muy malo! —les
advirtió.
—¡Gracias, anteojito! —Darío le guiñó el ojo.
—¡Chau, pelos de niña! —al irse.
—¡Vamos ya!
Su abuela lo toma del brazo y se alejan, pero en esa misma
inmensa mansión. Una casa interesante en la que se metieron,
grande y espaciosa, dejando más espació para el terror.
—¿Y ahora? —expresó Eve con un vacío.
Aunque dicho vacío, no va a ser llenado con Darío, en donde se
lo ve más perdido y confundido…
—¡Sólo quiero encontrar a ese hijo de perra!
—¡Tranquilo! Con tantas ganas de venganza, te estás olvidando
de tus amigos, eh.
—¡Es cierto! ¡Perdón, me exalté un poco!
—¿Sólo un poco? —se rió ella.
—¿Vos cómo estás? —se preocupó él.
—Y sacando el tema de que estoy atrapada, ¡bien!
Al compartir sonrisas con una confianza que crecía cada vez
más, caminan hacia el interior de la casa.
—¡Mirá qué grande es este lugar! —se sorprendió ella.
—¡Sí, parece que no tiene fin! —dudó él.
—Aunque…¡admito que me inspira a escribir!
—¡Cierto! El chico malo insinuó algo —recordó él.
—Qué rara manera de conocerme —se rió ella. Pero sí, ¡soy
escritora!
—Bueno, yo escribo letras para la banda, tenemos ese arte en
común.
—¡Sí! ¡Qué lindo disfrutar de lo que a uno le gusta!
—¡Así es! Ya vamos a trabajar más en eso —canchereó él.
—¡Sí, pero primero tenemos que salir de acá! —aseguró ella.
—¡Cierto!, y hablando de eso ¿Adónde nos metimos?
La caminata se alargó bastante. Por momentos sus voces hacen
ecos y no sólo eso, sino también las voces de los demás…
“Dario, Darío, Darío”…, se escucha desde lo más profundo de la
casa.
“Eve, Eve, Eve”…, ahora a ella.
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—¿David? ¿Sos vos? —se asombró Darío.
—¿Caro? ¡No puede ser! —se sorprendió Eve.
“Salvame, Darío”, otra voz…
Ahora el asombro de Darío se convierte en desesperación.
—¡Es Amy! ¡Está en peligro! ¡Vamos!
Él la toma de la mano y corren entre pasillos, puertas y voces,
aunque no encuentran nada en absoluto. Un vacío en común los
está conectando.
Evelyn también está algo ansiosa por encontrar a su amiga. Su
secuencia más loca aún, porque supuestamente murió, poniendo la
situación más tétrica.
Al seguir revisando, un cansancio los debilita y descansan con
algunas preguntas.
—¿Qué mierda está pasando acá? ¡Ésto ya es demasiado! —se
puso nervioso Darío.
—¡No puedo creer lo de Caro! ¡Es imposible!
Ella también se puso nerviosa.
—¿Estás segura que era su voz? —la miró él.
—¡Sí, no la confundiría con nadie!
—Porque por ahí uno puede flashear demás
—¡No! ¡Te digo que es ella!
—¡Entonces es esta casa maldita! —expresó él.
—¡Necesitamos un lugar para descansar! —bostezó ella.
—Sí, con tremenda casa, me imagino que debe haber buenas
habitaciones y abiertas, espero —insinuó él.
Al poder entrar en una habitación, se ve algo pequeña pero
acogedora. Al no encender la luz, Darío saca su encendedor y
enciende un par de velas que hay, más un faso.
—¡Me agrada! Esto se ve muy medieval —expresó Eve.
—¡Sí, y romántico! —se le acercó riéndose él. —¿Quieres?
—Eso quisieras —se sonrojó ella —Y no consumo marihuana por
cierto, ¡Gracias igual!
—¿Por qué? ¡Si es natural!
—¡Lo sé, pero mi naturalidad va por otro lado y me desagrada el
humo!
—Mmm, ¡ok! ¡Respeto eso!
—¡Mirá! Hay una sola cama, pero allá tenés un silloncito ¡Se ve
bien! —señaló ella.
—Mmm sí, zafa, digamos —bromeó.
—Ok, si no te gusta, ¡Voy yo!
—¡No! Para mí está más que bien.
—Qué caballero. ¡Gracias, entonces!
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—¡De nada y descansá un poco, que lo merecemos!
—¡Vos también!
Mientras la mira un poco más…
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
—Te tengo que decir algo sobre tu amiga.
—¿Te referís a Caro?
—¡Sí!
—¡No me sorprende la verdad! —lo miró medio volado.
—¿Por qué?
—¡Mirate! ¿Ya te pego?
—¡No! Bueno sí, algo tal vez. De todas maneras siempre soy
consciente, eh.
—¡Ok! ¿Pero qué querés decirme de Carolina? ¿La conocés?
—¡No, pero murió con mi…Digamos, uso frecuente!
—¡Sí, noté tu reacción aquella vez! ¿¡Por qué consumís tanto!?
—¡No! —aclaró él —Sólo cuando estoy algo estresado como
ahora, o inspirado para mis canciones.
—¡Sí, tranquilo! Estoy a favor del uso natural y soy una persona
comprensible, además.
—Igual ojo, eh, que no te estoy diciendo que es mi culpa.
—¡No, pero sé que hay una rara conexión en todo esto! —se
desorientó ella.
—¡Ok, pero déjame agregarte que también es raro para mí!
—¡Y a mí dejame advertirte que yo a ella la quiero mucho y
espero… que no tengas nada que ver!
—¡Claro que no! Y no te alteres por favor.
—¡Sólo déjame descansar!
—¡Pará! —Darío expresó con tono serio.
—¿Y ahora qué? —se molestó ella.
—Hablando de reacciones…¡Yo también noté la tuya ehh!
—¡No entiendo!
—¡Vamos, no te hagas! ¡No te asustaste para nada al ver a la flaca
rara ésa!
—Bueno es que…
—Te toca justificarte a vos ahora.
—No tengo nada malo que aclarar, sólo la sensación de haberla
visto antes o Mmm… ¡Soñado! —pensó y calculó ella.
—¿Sólo eso?
—No, bueno…¡Se sintió muy real esa pesadilla!, pero
irónicamente sin recuerdos, casi.
—Sí, este lugar como que…¡No sé! Aprovecha nuestro cansancio
a su favor —analizó Darío.
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—¡Así parece! Además, no sólo es ella, sino que también la casa,
el sujeto ese poseído, entre otras personas y situaciones.
—Bueno, hablando de sueños…¡Ya sabés! —insinuó ella.
—¡Sí, por supuesto!
Él se fue al sillón.
Ya al dormir por un buen rato, a él se lo nota más inquieto, como
teniendo una mala pesadilla o tal vez sólo incomodidad.
Las horas pasan, pero no para las velas que siguen encendidas.
En cambio, el resto de los cuartos, están conectados con la oscuridad
de los pasillos. Esta mansión da la impresión de tener la
peculiaridad universal de estar centrada en ella misma.
—¡Sam! ¡Sam!… ¡Sam! —esté último grito fue con tono fuerte.
—¡Jesús! ¡No grites! —lo retó su abuela.
Están buscándolo por el otro lado de la casa.
—¡Perdón, abu! Es que estoy aburrido.
—Este no es el momento ni el lugar para andar así a los gritos
¡Así que calladito!
—Es que escuché algo por allá ¡Allá!
—¿Dónde? ¡Yo no escuché nada!
—¡Por ahí! Como unos pasos corriendo.
—¡Debe ser tu imaginación, niño! Esta casa, al ser vieja, ya te
conté que habla sola —lo calmó.
Más tarde, se encuentran cansados en una habitación, aunque
pudieron dormir algo; el niño un poco más…
—¿Puedo salir a jugar?
—Así que se te fue el miedo, eh.
—¡Sí! Además dormí bastante bien.
—Bueno, pero tu abuela ahora necesita descansar un poco más,
sabés.
—¡Ve! Yo me quedo por si aparece Sam.
—¡Estás loco! Vos te venís conmigo.
—¡Pero abuela, sólo voy a pasear un poco y él seguro está dando
vueltas, acordate que le tiene miedo a las escondidas!
—¡Así es! ¡Como vos!
—¡Sí, pero a él le asusta esconderse y ser atrapado y a mí solo
contar! ¡Se me hace muy lento el tiempo!
—¿Sólo eso? Mmm...
Cómo se parecen ustedes dos ¡Por el amor de Dios!
Se ríe con tono picarón infantil y se para delante de la puerta
imitando a un guardia de seguridad.
—¡Está bien!, Pero sólo te quedas acá, pegado a la puerta y si
escuchás algo me avisas.
32
—¡Sí! ¡Quedate tranquila, abuela, ningún monstruo pasará!
—¡Qué simpático! —se rió ella.
Josefa se va a descansar un rato largo, digamos…
A cada minuto que pasa, Jesús empieza a acelerar su tiempo, se
mueve demasiado. Como todo niño inquieto se aburre en seguida.
Se lo ve a cada momento alejarse, cada vez más, de la orden de su
abuela. Saca su pelota de tenis y la empieza a botar al piso pero
posteriormente esos ruidos al suelo, comienzan a multiplicarse. Con
cara de sorprendido, decide avisarle a su abuela.
—Abue… —se arrepintió al abrir la puerta de sus sueños.
Por ende, mejor decide dejarla dormir en paz. Al cerrar la puerta,
su pelota se le cae, pero esta vez se le va rodando.
Éste la sigue. En su recorrido, la pelota no se detiene y no sólo
eso, sino que también pega la vuelta hacia otro pasillo.
—¡Esperá! ¿A dónde vas?
Pareciera ir cada vez más rápido. Hasta rebota sola y se va hacia
un cuarto de arriba.
—¿Dónde estás? ¡Odio tener que buscar algo!
—¡Te encontré! ¿Cómo habrás llegado hasta ahí?—pensó al
expresarlo.
Subiendo unas escaleras lentamente, parece que el miedo lo
frena. Mira su pelota, pero su atención se desvía más hacía la puerta
del cuarto. Esta tiene escrito frases oscuras que lo intrigan, pero que
a la vez lo alejan...

“Mientras más te alejes de este lugar, más cerca estarás de tu


salvación”.
“Aquí la realidad está maldita, ve a soñar”.
“Ama soñar, es otra forma de vida… o muerte”.

Al amagar entrar, en rivalidad con su miedo, lo piensa un


segundo. Una voz murmuradora y siniestra se escucha del otro lado
de la puerta, repitiendo una y otra vez estás frases.
—¿Sam? ¿Sos vos?
La voz se detiene junto con el silencio.
—¡No! —se escuchó una voz en su pensamiento.
Al mismo tiempo, abajo se escuchan pasos rápidos y fuertes,
como si alguien estuviera escapando. Jesús da un giro y decide ir,
pensando que se trata de Sam. Esos mismos pasos avanzan, sin la
intención de detenerse aún. Al pasar por la habitación de Evelyn y
Darío…
—¡No! —gritó ella al despertarse.
33
Por lo visto, tuvo algún mal sueño, además de que está algo
sudada y alterada.
—¿Qué hacés? ¡Despertate!
Lo mueve a Darío, que está abrazado a ella.
—¿Qué pasa? ¿Y esos pasos?
Evelyn lo escucha también, pero sigue pensando en su pesadilla.
Al seguir algo dormidos aún…
—¿Qué estás haciendo acá?— Eve se incomodó se y levantó.
—¡No sé! —también se levantó rápido y pensó en esos pasos que
se siguen escuchando.
—¡Escuchá! —le dijo él —¡Vamos!
Ambos salen de la habitación y siguen el ruido…
Apurados, se van corriendo. Otra vez, él la agarra en señal de
protección, pero esta vez del brazo.
—¡No vas a esquivar mi pregunta con esto! —se ofendió ella.
—¡Ya te dije que no sé! Además quiero saber qué fue eso.
—Sí, yo también y quiero salir de acá ¡Ya!
Mientras siguen corriendo, Darío nota más transpiración en
Evelyn.
—¿Y por qué tanto sudor?
—¡Estamos corriendo, viste!
—¡No te hagas! Te vi al despertar.
—¡Ah, entonces no estabas tan dormido!
—Digamos…Mitad y mitad.
—¿¡Despierto y drogado!? —siguió ofendida ella.
—¡Estoy bien! ¡El tema es la pesadilla!
—¿Ah, sí? ¿¡Vos también!?
—¡Sí, este lugar juega con nuestros sueños y recuerdos!
Además…
—¿Qué?
—¡Quedarse dormido acá es la peor droga de todas!
—¿¡Y ahora quién es el qué suda más, eh!?
Evelyn lo está notando ya más preocupado. Ahora, sus pies
descansan al instante que se chocan con un niño desconocido, en la
sala principal y detrás de él, Jesús.
—¡Sam! Así que eras vos, eh —lo descubrió Jesús.
—¡Cuidado y hola! —expresó Eve.
—Anteojitos ¡Volviste! —lo jodió Darío —¿Y tú abuela?
Al momento de responder, se resbala con algo rojo del suelo.
—¡Niño! —Darío se asomó a ayudar.
—¡Jesús! ¿Estás bien? —se anticipó Eve.
—¡Sí, pero me manche con algo rojo!
34
—¡Es sangre! —afirmó Sam.
—¿Cómo? —se consternó Eve.
—¡Vaya, niño! Me gustan tus insinuaciones oscuras—bromeó
Darío.
—¡Shh! ¡Callate, tarado! —lo silenció Eve —Así que te llamas
Sam ¡Me gusta!
En ese momento, algo rojo cae del techo sobre Darío, que
recupera el habla…
—¡Mierda! ¿Qué carajo es esto?
—¡Ya les dije! Es sangre —expresó Sam nuevamente.
—¡Estos niños perturbados de hoy! —difundió Darío.
Ahora una lenta gota le cae a Evelyn. Esa lentitud le representa
cierto asco. Hace alguna clase de reflejo y abraza a Darío que se
encuentra a su lado.
—¿Ustedes son novios? —Jesús miró, algo curioso.
—¿Qué? ¡No! —se avergonzó Eve y lo suelta.
—¡Tu novia te dejó! —bromeó Jesus.
Esto causa que los cuatros se rían, pero en ese momento de
relajación, el estrés vuelve con una lluvia de sangre…
—¿Y ahora qué? —se mojó Darío.
—¡Miren! —habló Sam.
La sangre también se está dejando caer por las ventanas, pero
aún así se logra ver algo…
—¡Guido! ¿Sos vos? —se desconcertó Darío.
Pero no sólo él, el resto se asoman a las ventanas para ver qué
está pasando.
—¡Sí! ¿Tu amigo el baterista, no? —lo reconoció Eve.
—¿Qué hace acá? ¡Típico de él, de mandarse alguna locura! — lo
caracterizó Darío.
—¡Pero tal vez pueda sacarnos de acá! —se ilusionó Jesús.
En esa dicha locura, Guido toma un bat de béisbol de madera
ensangrentado. Choca contra la ventana un extraño sujeto cubierto
de rojo.
—¡Cuidado! —los alejó Darío.
—¿Y éste quién es?—se sorprendió Eve.
El rostro del tipo cayendo lentamente, se va resbalando con su
propia sangre.
—¡Qué asco! —expresó Jesús.
Repentinamente, un furioso Guido corre para darle un batazo,
pero falla y golpea la ventana…
—¡Para! —le gritó Darío.

35
¡Podés parar a tu amigo! Se ve algo… fuera de control —acusó
Eve.
—¡Sí, y además se hace el deportista con ese bat! —bromeó
Darío.
La secuencia se vuelve aún más extraña, al ver que la ventana no
se ha roto…
Pero del lado de afuera, Guido sigue a los batazos, aunque el
sujeto, aún lastimado, esquiva y paraliza algunos golpes…
—¿Qué carajo está pasando ahí afuera? —se alteró Eve.
—¿Qué carajo son ésos? —se copió, Jesús.
—Shh ¡Vos no! —lo calló Eve.
—¡Oigan, ustedes! Por más que esté a favor de las puteadas, no
creo que sea el momento de discutirlo —expresó Darío.
En ese momento, la rivalidad de afuera se toma un descanso en
el suelo, con una obligada fatiga ensangrentada. Paralelamente…
—¡Miren, chicos! Llueve menos sangre —Jesús miró para arriba.
—¡Es cierto! —afirmó Darío.
—Mmm… —Pensó Eve.
Acá Evelyn nota algo sumamente extraño…
Porque al momento de que el sujeto de negro se limpia, dentro
de la casa llueve poco y nada. Aunque lo considera un poco más
antes de largar una hipótesis.
—¿Qué es eso negro que le brilla? —notó Sam.
—¿Qué? —lo miró Darío.
A Sam se lo ve algo callado, pero llamativo cada vez que suelta
una palabra. De Sam, los ojos de todos se desviaron hacía el sujeto
tirado. Tiene como una especie de aura oscura que lo rodea. Se
levanta y dice…
—¡No podrás entrar! —expresó con tono sobrado.
—¿Qué decís, imbécil? ¡Eso ya lo veremos! ¡¡Tomá!! —intentó
golpearlo al levantarse.
El golpe lo traspasa, es decir, como si fuera invisible.
—¿Qué significa esto?
No obstante, sigue con sus intentos, pero sin lograr efectos.
Además, lo mira con una sonrisa siniestra. Ahora, suelta el bat
dando señal de rendición… El sujeto camina hacia la Mansión, la
apunta con sus manos y lo desafía diciéndole…
—¿Y? ¿Ya te rendiste?
Una sonrisa desafiante, hace que vuelva a agarrar su bat y corra
hacia la casa. Con un grito desesperado, atraviesa su cuerpo como si
estuviera hecho de una sombra y lo mira de reojo, mientras sigue

36
corriendo. Reanuda sus golpes, pero está vez, por todas las
ventanas y puerta de su alcance.
—¡Otra vez! — al verlo Eve y Darío.
—¿¡Nos va a salvar!? —se ilusionó Jesús.
—¿Pero qué está pasando? — expresó el pensamiento de Eve.
Mientras tanto, desde afuera Guido está destrozando la casa,
aunque por dentro no pasa absolutamente nada.
—¿Pero por qué no se rompen las ventanas? ¿No vamos a poder
salir? —se desilusionó Jesús.
—¡Tranquilo, niño! ¡Verás que si! —lo calmó Darío.
—¡Cuidado! —gritó de repente Sam.
Guido es tirado hacía atrás por su rival con unas de sus manos.
Al intentar levantarse, cae nuevamente por su magia.
—Pero, ¿Quién carajo sos?...
—¡Es él! —exaltó Eve.
—¿Qué decís? —se intrigó Darío.
—¡Sí, es él! El tipo que mencionaron antes.
—¿El de la sombra oscura? O algo así — se confundió Darío.
—¿Y quién es él, Eve? —preguntó curioso Jesús.
—Mmm…La verdad sabemos muy poco de él, pero por lo visto,
está usando alguna clase de magia oscura.
—¡Me dicen Black, el ilusionista! —le respondió a Guido.
—¿Y eso? ¿Qué clase de poder enfermizo es ése?
—Bueno… Tal vez tenga una ayuda extra ¡Pero mi magia es
auténtica!
—¡Parecés un demonio! —lo insultó Guido.
—¡No estás tan errado! —Lo miró y lo aceptó con una sonrisa
seria —¡Escuchá! Ya sabes lo que dicen… Si no puedes con tu
enemigo…2
¡Además de que potenció mi magia!
—¿Enemigo? —expresó Guido atónico.
—¡Sí! ¡Acá hay fuerzas que van más allá de lo que ves y controlás
—¡Yo sólo quiero entrar a buscar a mis amigos!
—¡No puedo!
—¿No podés o no querés?
—¡Ok! Admito que soy medio escurridizo en mis ventajas, pero
aunque quisiera, ¡no podría!
Guido se levanta con la señal de avanzar…

2
Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Libro “El arte de la
guerra”, de Sun Tzu.

37
—¡Lo siento! Te dije desde un principio que no vas a poder
entrar —sobró otra vez con sus palabras.
—¡Un intento más! —desafió Guido eufórico.
—Abandoná tu objetivo ¡ya! —le gritó el ilusionista.
¡Más que mi objetivo…Es mi motivo! - ahora le gritó Guido.
Corre hacia él…
—¡Correte, Houdini! —expresó Guido metafóricamente.
Al darle un par de golpes, éste cae de rodillas, pero su magia
sigue activa… Al momento de toparse con la puerta, suelta su bat y
mira hacia atrás… Una mirada de ganador hacia su enemigo,
mientras abre la puerta.
—¡Miren! La puerta se abre —gritaron todos adentro.
Al entrar, se siente sólo aire oscuro, se preguntan qué es lo que
está pasando. Paradójicamente…Guido entra levantando su voz.
—¡Muchachos! ¡Amy! ¡David! ¡Darío! Y… ¿Cómo era tu nombre?
—se rió sólo y siguió gritando.
—¡Eve! Sé que están acá ¡Estoy seguro de que vinieron!
—¡Vos no perteneces a este lugar! — se presentó una voz.
—¡Mierda! ¿Y eso qué fue? —percibió Darío en simultáneo.
—¡Tengo miedo! —se asustó Jesús.
—¡Tranquilo! —lo calmó Eve.
Una voz que trasciende ambas “realidades”.
—¡No fuiste elegido! Y por lo tanto…
—¡¿Qué carajo?! — se desconcertó Guido.
Mira nuevamente hacia atrás, hacia la puerta abierta y ve a Black
con sus manos aún arriba, aunque más lastimado.
Éste baja sus brazos y vuelve a levantar uno para…
—¡Cuidado! —le avisó a Guido.
Siendo lanzado con fuerza y rapidez hacía él.
—¡Correte! —le gritó a Black.
Al ser chocados entre sí, el ilusionista queda más lastimado aún.
—¡Correte te dije! —se molestó Guido.
—¡Pará un poco, eh! Que yo debería ofenderme más ¡Mira cómo
estoy!
—¡Puta madre! —levantó la voz Guido —¡Eso sí que dolió!
—Pues ¡A mí me duele no tener todo el control de mi magia!
—¿Qué decís?
—¡Sí! ¡Creo que fue una mala idea negociar con ese maldito! —se
arrepintió Black.
—¡Idiota! ¿Y a cambio que le diste? ¿Un riñón o qué? —bromeó
con humor negro.

38
—¡No sé! Algo con mis pesadillas. No le di mucha importancia
¡Ya que ni sueño casi!
—¡Igual suena feo! —pensó y expresó Guido.
—¡Mira! ¡Ésa sí es la casa verdadera! —le apuntó Black.
—¡Basura! ¿¡Así que fue una ilusión!? ¡Sorprendente!
—¡Gracias! —agradeció con sarcasmo Black.
—Ahora, quiero saber qué paso con mi gente y con eso que nos
está atacando —reclamó Guido.
—¡Guido! —gritaron todos desde la casa.
La puerta sigue abierta, pero no por mucho tiempo…
—¡Darío! ¡Eve! —se alegró Guido.
—¡Sí! —gritaron Jesús y Sam contentos.
—¡Sabía que estarían acá! —intuyó Guido.
¡Esperá! ¡Acá hay algo más! —lo frenó Black.
—¿Qué pasa? —se intrigó Guido.
En la casa son frenados, pero por alguien más… su aire de
libertad se convirtió en un aire oscuro, que con una velocidad
invisible, supera sus oportunidades de salida.
—¡No! ¡No! ¡No!
Gritos que chocan entre todos, hasta el ilusionista. En efecto, la
puerta se ha cerrado.
—¡Hijo de puta! ¿Qué hacés!? —se enfadó Guido.
—¡Cuidado! ¡Es muy fuerte! —le advirtió Black.
—Así que el traidor se unió al infiltrado —expresó la maldad —
¡Muy interesante!
—¡Ahora vas a ver! —corrió Guido hacia él.
—¡Pará! —intentó frenarlo Black.
Con un par de golpes, sólo logra hacerlo reír
Muestra debilidad por fuera pero fortaleza por dentro.
—¡Sabroso! —saboreó su propia sangre.
—¡Asqueroso enfermo! —intentó atacar nuevamente.
Pero éste lo toma del cuello, ahorcándolo.
—¡Soltame!
—Ya te dije que… ¡Este no es tu lugar! —se lo volvió a repetir,
mientras apretó más.
—¡Volvete al infierno, demonio! —y lo escupió.
Con una mirada de asesino, se le ve toda la intención. De repente
aparece Black y le dice…
—¡Caíste! —lo engañaron —¡Ahora Guido!
El verdadero Guido va corriendo hacia su bate y esta vez, sí
logra lastimarlo.
—¡Maldito ilusionista! —la maldad cayó al suelo.
39
—¡Vos estás maldito! —lo corrigió Black.
—¡Ahora ya con esto, no creo que se levante más! —se confió
Guido.
—Ahora sí ¡Ganamos! —se confío Black también.
—¡No me subestimen! ¡Humanos engreídos! —levantó su voz.
Pero también a Black por el cuello.
—Así como mejoré tus ilusiones ¡Ahora te las puedo sacar!
—¡Soltalo! ¡Soltalo, demonio de mierda! —Guido lo volvió a
golpear.
A la par, dentro de la casa, todos buscando una manera de salir,
además de la puerta principal. Sam particularmente, no para de
correr.
—¡Es absurdo! ¡Jamás saldremos de acá! —se bajoneó Darío.
—¡Pará! ¿Dónde está ese ánimo? —lo alentó Eve.
—¡Sam! —le gritó Jesús.
—¿¡Y este pibe que no para de correr!? —notó Darío.
La maldad pareciera haber cerrado con fuerza su escape. Darío
insiste con la puerta principal y al escuchar unos ruidos de golpes,
se baja a espiar por el cerrojo… A Guido lo toman del cuello, otra
vez. Parece que se está haciendo más fuerte. Ambos intentan
zafarse, pero no lo logran. A Black se lo ve como un niño indefenso
sin su magia oscura y es el primero en bajar los brazos.
—¡No, Black! —gritó Guido.
—¡Tranquilo, que ambos morirán! —y sonrió siniestramente.
Los hace confrontar a ambos con fuerza un par de veces, hasta
que ya parece que no se volverán a levantar.
—¡No! —gritó Darío mientras observó.
—¡Darío! ¿Qué pasó? —se asustó Eve.
—¿Y qué pasó con el mago? ¿Y nuestro salvador? —exaltó Jesús.
Entonces, éste arrastra sus cuerpos rojizos por el suelo mientras
camina y los lanza a unos metros de distancia. Black choca contra
una especie de fuente, una fosa que se encuentra en frente de la
casa, aunque no tan profunda. En cambio Guido, cae dentro de
dicho lugar, ambos severamente lastimados.
—¡Listo! ¡Un obstáculo menos! —dijo el demonio cómo si nada.
—¡Asesino psicópata! —Darío golpeó la puerta con fuerza —¡Vas
a pagar por todo esto!
Mientras que los demás preguntan qué paso, Darío vuelve a
espiar por el cerrojo. Esta vez se ha ido.
Ahora, al mirar a su gente y responderles, se vuelve a escuchar
algo…
—¿Dónde está mi hijo?
40
CAPÍTULO 3

QUÉ BELLO ES SOÑAR

La situación pega un giro tremendo, al igual que sus rostros. Un


miedo envuelto en sorpresa, los atrapa.
—¿Lo vieron? —preguntó el fantasma.
—Pues…¡No! —respondió Darío.
Le llamó la atención, además del miedo que genera, su aspecto
sensual; cosa que lo distrae un poco. A diferencia de Jesús, que se
esconde detrás de Evelyn.
—¡No! ¡No te asustes! —se expresó con la misma voz dulce, pero
intimidante.
Evelyn abraza al niño, mientras que Darío se acerca y la mira a
Eve con la intención de alejarse de ahí. Al retroceder unos pasos…
—¡No! —gritó la chica —¡No me teman!
—¡Creo que sé quién es! —dudó Jesús.
—¡Shh! —lo calló Eve.
—Ah, vos debes de ser el amiguito de mi hijo —lo miró frío y
fijo.
Ahora, es Darío quien la mira fijo pero temblando a la vez y
soltando una mentira…
—Bueno, un gusto conocerte, pero nosotros debemos irnos.
—¡Ustedes no se van de acá! —se expresó, tenebrosa.
Con los ojos bien abiertos por los nervios, da unos pasos para
atrás y esta vez, se le escapa una irreverencia…
—Bueno allá veo la puerta. Te ves muy bien como madre, ¡vaya
que te ves bien! Y suerte con tu hijo. ¡Bye! ¡Vamos, muchachos!
Evelyn y Jesús, al dar un paso a su escape, el fantasma los
traspasa, haciendo mover el pelo de Eve y obstaculizando el paso a
Darío.
—Bueno, él caso es que… no encuentro a mi hijo y siento en
ustedes su vibra.
—Ah, hubieses empezado por ahí ¡Tal vez estás…no viva y no
sientas como nosotros!
Los nervios de Darío hablaron y volvió con sus amigos.
—¡Miedoso! —le dijo Jesús.
—¿Miedo? ¿Yo? ¡Para nada! —se puso firme.
Mientras que Evelyn amaga a reírse, Jesús va perdiendo el
temor.
—¿Te referís a Sam, no? —se le acercó Jesús un poco.
41
El fantasma se le acerca aún más y lo mira con su rostro pálido,
pero con una expresión de esperanza.
—¿Es ella, no? —Darío se le acercó a Eve.
—¡Sí! —le confirmó.
—¡Claro! La de tu sueño. Tal vez ahora pueda aclararnos algunas
cosas.
—¿Qué? ¿Ya se te fue el miedo? —lo jodió ella.
A la vez, el fantasma seguía mirando a Jesús; al tocar su mejilla,
es interrumpida por Eve…
—¿Y cómo te llamas?
—¡Shh! —la calló Darío.
—Alexandra, pero ustedes pueden decirme, ¡Alexa!
Mientras, la rodea con ojos penetrantes a Evelyn.
—¡Pero qué lindo nombre! —se puso nerviosa Eve.
—¡Gracias! Mis amigos de confianza me decían así. ¿Y ustedes?
—Yo me llamo Evelyn, pero puedes decirme ¡Eve!. El es Darío y
el niño es Jesús.
Ahora se rodea en Darío y éste se vuelve a asustar.
—¡Hola! —respondió él.
—Ustedes se ven buenas personas ¡Puedo verlo en su interior! —
ella se expresó sombría.
—Bueno, sí, ¡Lo somos! —se liberó, con confianza, Darío.
Ésto causó risas entre Evelyn y Jesús. Pero Alexandra de la nada
los miró y luego se elevó, dando vueltas por el techo. Generando
un acercamiento intrigante entre los tres.
Enseguida vuelve hacia ellos y pregunta sobre Carlos…
—¿Dónde está mi amigo?
—¿Tu amigo? —expresó y pensó Eve.
—¡Sí! Carlos Smith se llama —respondió con curiosidad.
—¡Sí, ya creemos saber a quién te referís! —se molestó Darío.
—¡No me gusta sentir eso!
Otra vez con su voz dulce y acercándose a Darío nuevamente.
—¡Ese sujeto es malo! —se molestó Jesús, también.
—¡Siento odio en ustedes! —expresó Alexa.
—¡Es cierto Alexandra! —le afirmó Eve.
—¡Shh! Dime Alexa te dije —La asustó, acercándose a ella.
—¡Es un asesino! — Se molestó Darío más aún.
—¡No! ¡No! ¡No! —elevó su voz Alexa.
Darío se espanta hacia atrás. De todos modos se pone duro y la
desafía…

42
—Mirá, espectro del mal, tal vez al estar muerta se te pasaron
algunos detalles y ya dejá de decir que sentís cosas o…¿No sos un
fantasma?
—¡Darío! —lo retó Eve.
Alexandra se le acercó, levantando su brazo.
—¿Qué hacés? —se desorientó Darío.
—¡Dame tu mano!
Ella insiste y al darle su mano, su energía pasó a través del toque
humano. Con rapidez espiritual, sus almas se unieron.
—¿Qué me hiciste? ¿Qué me está pasando?
Evelyn y Jesús se le acercan, al ver que se encuentra incómodo y
perdido.
—¡Darío! —gritaron ambos.
—¡Afuera! —él con la voz de Alexa.
Una luz resplandece en él y encandila a sus amigos. Pero ya se lo
ve bien, algo renovado.
—¿Estás bien? —se preocupó Eve.
—¡Sí, eso creo!
—¿Cómo te sentís? —se intrigó Eve.
—¿Tenes superpoderes? —bromeó Jesús con creatividad.
—Pues, no lo sé ¡Ojalá! —bromeó Darío también.
—¡Chicos! —los calló Eve —Aunque con esa boludez ya
respondiste mi pregunta.
—¡Sí, tranquilos! ¡Está bien! —se expresó con la voz de Alexa.
Mientras Darío y Jesús se miran al reírse, de golpe él poseído se
pone serio y Alexandra sale de su cuerpo.
—¡No! Tan poco dura —se bajoneó Darío.
—¡Idiota! Nos preocupamos —lo acusó Eve.
Jesús retoma su risa y Alexandra le explica lo sucedido…
—¿Te sentiste fuerte, cierto? —dudó Alexa.
—¡Sí! Aunque fue raro y molesto al principio.
—Tal vez, o seguro, lleva tiempo acostumbrarse —expresó aún
con dudas.
—¿Tal vez? —desconfió Eve.
—¿Que no estás segura? —también desconfío Darío.
—¡Yo jamás lo he experimentado!, pero sí sé de otros que sí.
—¿Otros? —preguntó y pensó Eve.
—Así que soy el sujeto de prueba. ¡Grandioso! —Darío expresó
con sarcasmo.
—¡Yo quiero! —se emocionó Jesús.
—¡Olvídalo, nene! Puede ser peligroso —lo frenó Eve, mientras
se quedó pensando en su pregunta sin respuesta.
43
—¡Mierda! —se le fue la emoción.
—¡Tranquilo, anteojito! Mira si tus ojos se multiplican aún más
—lo cargó Darío.
Jesús corrió hacia Darío en modo de juego, pero con actitud
violenta. Juegan a los golpes; entre tanto Alexandra los observaba…
—¡Basta! —se enojó Alexa.
Demostrando una hostilidad en un sólo grito, o al menos así lo
sintieron.
—¡Tranquila! —la frenó Eve.
—¡No pasa nada! — Darío también la calmó.
—¡Lo siento! No quería asustarlos —expresó con voz delicada.
—¡Está todo bien! —se acercó Eve.
—Bueno…¡Sentía, en realidad! —se corrigió sola.
—¡Claro! —la miró Darío.
—¡Yo no era así! —se siguió lamentando Alexa.
—¡No te disculpes! —la consoló Eve.
—Qué buenos son ustedes, en verdad —se acercó —¡En especial
vos!
—¿Yo? —se sintió elogiada.
—¡Sí! ¡Tú naturaleza es muy dulce, me recuerdas a mí!
—Ok, ¡gracias! —se expresó con media sonrisa.
—¿Y cómo eras viva? O sea ¿Cuando estabas viva? —se corrigió
Jesús, en su propia curiosidad e incomodidad.
—¡Diferente! —espantó su pregunta con un grito —Una amante
de la naturaleza y caritativa con la humanidad —se calmó.
—¡Interesante! ¿Pero qué hay de tu supuesto amigo? —Darío no
se olvidó de eso.
Mientras Evelyn se sentía algo identificada, Alexandra le contó
su historia y vínculo con él.
—¿Modelo, no? —la miró Eve.
—¡Sí! Mi imagen se mantiene desde el día que me…bueno
¡Mataron! —se expresó, enojada.
—¡Terrible! —lo sintió Eve.
—¡Sí!, y es ahí cuando muestro hostilidad. Es un odio que me
nace y que ni siquiera lo experimenté en vida.
Ellos, están atentos a su historia y conmovidos a la vez por su
tétrica manera de contarlo.
—¿Y quién fue el maldito? —preguntó Darío.
—¡Carlos!
—¡Wtf! —se impresionó Darío —Tu supuesto “amigo”.
—¡Sí, pero no él! Si no el demonio que lo posee.
—¡Aún así, no lo justifica! —Eve también se impresionó.
44
—¡Ese bastardo va a pagar por todo! —Darío lo odió más.
—Pero yo sé que en alguna parte de él se encuentra esa amistad
que teníamos, aunque…
—¿Aunque qué? —llamó la atención de Darío.
—¡Tranquila! Hablá —La consoló Eve.
—Hubo un par de momentos que quiso algo más conmigo y yo
no se lo permití.
—¡Hombres! —Eve lo miró a Darío.
—¿Qué? ¿Qué hice ahora? —sonrió a medias.
—Pero no antes de verlo sufrir mientras dormía. —Alexa recordó
un flashback.
—¿Qué le pasó? —se interesó Eve.
—Tuvo un ataque ¡Una parálisis de sueños!
—¡Terrible! —expresó Eve.
—¡Sí, vi como si alguien le estuviera oprimiendo el pecho y le
estaba costando respirar!
—¡Qué loco! —Darío se expresó irónicamente.
—Sí ¡Aunque jamás me contó con qué frecuencia le sucedía!
Luego lo cuidé un par de veces y me tomó más cariño, por lo visto,
pero ese no fue el problema…
—¿Entonces? —llamó la atención de Jesús.
—Tal vez él no deba escuchar esto —sugirió Eve.
—¡No pasa nada! —dijo Darío —Si este es un loquillo oscuro
como yo —mientras, le tiró los pelos al niño en modo de broma.
—¡Shh! —los calló Eve —¿Entonces cuál fue el problema, Alexa?
—Es que he visto cómo la maldad lo domina. Además él era una
persona agradable y ahora su simpatía se tornó oscura. Y es ahí en
donde mi resentimiento aparece. Como que…¡Me siento humana!
—¡Comprensible! —entendió Dario.
—¡Justamente, y con los años aprendí que no se puede vivir
odiando! Aunque también…
¡Comprendí que el odio no puede eliminarse dentro de la
oscuridad!
—Así que ¡Debemos matar a esa basura! —coincidió Darío.
—¡Y salir de acá!—agregó Eve.
A Alexandra se la ve algo bipolar, es decir, su presencia
sobrenatural muestra diferentes actitudes repentinas.
—Pero ¡Cuidado! —Alexa levantó la voz. - No descartemos la
idea de que es un demonio poderoso y pervertido, aunque confío
que aún debe quedar algo de mi amigo.
—¡O sea que ambos son degenerados! —afirmó Darío.

45
—¡No digas eso de Carlos! Es una mala comparación —lo
corrigió Alexa.
—Tal vez no lo sea, pero tienen eso en común —calculó Eve.
—Nada que ver —lo negó Alexa.
Aunque…
Alexandra se da la vuelta y cuenta el episodio con el demonio en
su sueño. El del posible padre de su hijo, aunque omite la última
parte.
Además, como ya lo han presenciado, puede poseer gente.
Al quedar atónitos, se ven envueltos cada vez más en un peligro
inminente. En base a eso, Evelyn suelta una pregunta…
—¿Así que se trata del mismo demonio? —analizó la situación.
—¡Eso creo! —expresó Alexa.
—¡Como sea! No nos queda otra más que pelear —se decidió
Darío.
—¡Sí! —se emocionó Jesús.
Mientras Darío y Jesús chocan los cinco con sus manos,
Alexandra pega la vuelta y se va…
—¡Alexa! —le gritó Eve.
En ese momento, a Eve se le presenta un deja vu, el de la
pesadilla confusa y despertar incómodo. Convenientemente, Darío
la observa y le pregunta…
—¿Estás bien, Eve?
Ella le responde con una mirada seria y tiene otro flash mental.
Siente que se le acercaron lujuriosamente pero al igual que Alexa,
está confundida.
—¿Segura? —le preguntó Darío.
—¡Sí, estoy bien! —respondió seca y cortante.
—¡Ok! ¿Y ahora a dónde va ésta? —dijo Darío, aunque la
observó a Eve.
—¡Síganme! —los llamó Alexa.
—¿Adónde vamos? —preguntó Jesús.
A un lugar secreto de la casa, que él no quiere que entremos —
Alexa generó misterio.
Al caminar lentamente, ella les cuenta y recomienda
familiarizarse con el ambiente, conocer más la casa.
—¡Este lugar está maldito! Tiene una rara conexión con los
sueños de uno. ¡Profundiza tus peores pesadillas!
—¡Sí, estamos al tanto de algo! —insinuó Darío.
—Sí, pero lo que no deben saber o recordar, mejor dicho, son sus
peores miedos al dormir.

46
—Bueno, pero aún así…. ¡Buscaremos el modo de sobrevivir!—
Eve se expresó, positiva.
—¡Puede ser muy lindo soñar, pero… irónicamente acá, las
pesadillas podrían salvarles la vida!
—¡Tétrico! —Darío miró a Jesús.
Pero en ese momento, Evelyn escuchó algunas voces detrás de
ellos…
—¿Qué fue eso? —se dio la vuelta.
—¡Nada! Bueno…Nada normal para este lugar —expresó Alexa.
—¡Igual mi imaginación suele ir más allá! —les contó Eve.
—Tal vez, pero acá lo imaginable ¡Existe! —le aseguró Alexa.
—¡Avanzarás con tu libro, si es que salimos de acá! —bromeó
Darío.
—Acá van a escuchar y a notar cuerpos, presencias, ruidos, voces
y hasta gritos de desesperación.
—¡Creo que es una muestra gratis del infierno! —Darío siguió
bromeando con su oscuridad.
—¡Sí, ya hemos escuchado cosas antes! —afirmó Eve.
—¡Y eso no es nada! Esta casa puede ser algo…manipuladora —
los asustó Alexa —Y ahora lo que tenemos que averiguar es su
conexión con este ente demoníaco.
—¿Ahí es donde vamos, verdad? —dudó Eve.
—¡Sí! Vengan conmigo y cuidado en donde se meten. ¡Él maneja
la casa a su antojo, acá pueden soñar sin la necesidad de estar
dormidos!
—¿Trampas? —calculó Darío.
—Yo diría más bien…¡Pesadillas! —los espantó Alexa.
La caminata terminó cuando…
—¡Alto! —los frenó Alexa —¡Es acá!
—Pues, no se ve tan secreta —Darío se expresó sarcásticamente.
Mientras intentaba abrir la puerta con cada vez más fuerza, se
cansó. Al intentar golpearla, Evelyn lo detiene.
—Podrías ser un poco más sutil, querido.
—No hay tiempo para eso MacGyver —la miró.
Al probar otro intento, Alexandra lo detiene.
—Ustedes no podrán ¡Pero yo sí! —traspasó la puerta.
—Ventajas de ser un fantasma —bromeó Darío.
—No tan secreta, pero sí compleja, eh —le sonrió Eve a Darío.
Al abrirles la puerta…
Se ve todo un entorno oscuro, abandonado y con telarañas.
—¡Mirá, Jesús! Spiderman estuvo acá —bromeó Darío.
Al reírse ambos…
47
—¡Por allá! —Alexa cortó la diversión.
Los Tres empezaron a mover libros, fotos, mientras que
Alexandra da vueltas entre ellos y observando.
—¡Estos libros se ven algo viejos! —leyó Eve.
—¡Sí, estas fotos también! —Darío reafirmó lo retro de su
búsqueda —Se ven más viejas que mi bisabuela.
Al ponerse a buscar extravagancias, no encuentran nada al
principio, pero luego sí; datos sobre el origen de la casa y la gente
que ha vivido acá antes.
—¿Y ésto? —se asombró Darío.
—¡Hay una variedad de generaciones acá! —Eve se expresó con
astucia.
Al mirar a Alexandra, ella les revela información sobre la historia
de la mansión.
—¡Esta casa es muy vieja! Por lo que sé… Cada tanto y sin saber
bien la razón, esta casa atrapa a la gente.
—Cómo nosotros ¡Claro está! —afirmó Eve.
—¡Qué conveniente! —expresó Darío.
—Además ¡Siempre son siete! —los asustó Alexa.
Al mirarse todos, generan más suspenso aún, en su propia
supervivencia.
—¡Ésto se pone cada vez mejor! —expresó un Darío mordaz.
—¡Ésos se parecen a nosotros! —observó Jesús.
—Mmm…¡Es verdad! —lo pensó y expresó Darío.
—¡Sí, o directamente somos nosotros! —dudó Eve —Miren estos
datos nuestros.
—¡Malnacido! —se enfadó Darío.
Evelyn al seguir investigando un poco más…
—Ustedes no se queden quietos ¡Ayúdenme!
—Ok, ¿pero qué estás buscando? —la calmó Darío.
—¡Miren! Se ve que los anteriores dueños dejaron alguna clase
de pista.
—¿Qué clase de pista? —Dario siguió con las preguntas.
—¡No lo sé! —se desesperó Eve.
—¡Miren! Acá hay algo —descubrió Darío.
—Sí, es verdad, pero es como un… ¡Acertijo! —Eve analizó.
—¡Qué divertido! —expresó la inocencia de Jesús.
—¡No tenemos tiempo para esto! —se desesperó Darío.
—¡Esperen! Creo que puedo resolverlo —lo intentó Eve…

48
“Con poco tiempo disponible, escondimos esto… sobre
mucho esfuerzo en donde has pisado…”

Al pensarlo todos, Evelyn empieza a tantear el piso.


—¿Qué hacés? —intrigó Darío.
—¡Buscando algo! Tiene que haber alguna baldosa suelta o rota.
—¡Yo te ayudo! —Jesús saltó sobre el piso.
—¿Pero cómo sabes que es acá? Podría ser en cualquier otra
parte de la casa —pensó y expresó Darío.
—¡Tal vez, pero algo me dice que es acá!
—¿Segura? —dudó Darío.
—Sí, de acuerdo con su escritura, mensaje y letra desesperada.
¡Lo tengo!
Hay una baldosa a medio salir y saca un…
—¿Un atrapasueños? —preguntó Darío, al mismo tiempo que se
escucharon unos pasos afuera.
Pero Alexandra se aleja al escuchar dicho ruido, aunque se
queda mirando lo encontrado mientras lo hace.
—¿A dónde va ésta? —la observó Darío.
Entre tanto, al traspasar la pared, el atrapasueños empieza a
brillar...
—¡Cuidado! —la asustó Jesús.
—¡No me asustes, pendejo! —Eve dejó caer el atrapasueños al
suelo, dejando de brillar.
Darío, al reírse junto a Jesús, notó un acertijo más...
—¡Uh, hay uno más! —notó uno —¡Éste es mío! —la canchereó.
—¡Lo haremos todo! —se acercó Eve.

“Si mirás hacia arriba, encontráras a un Dios


salvándote…”

—¡Vaya! Una metáfora cortante —insinuó Darío.


—¡Sí, un enigma religioso! —Eve mientras lo pensó también.
—¿Y ahora qué? ¿Sólo hay que esperar una respuesta divina? —
expresó Darío.
—¿Y qué tal si rezamos? —propuso Jesús.
—Bueno…Con todo lo que está pasando, no sería mala idea —
aconsejó Eve —¡No, esperen!

49
—¿Qué? ¡No me voy a poner a rezar ahora! —Darío se negó,
bromeando.
—¡Shh! Miren esas cruces en la pared —se avivó Eve.
—¡Hay cuatro! —las contó Jesús.
—¿Vos no tendrás algo que ver, no? —Darío jodió a Jesús por su
nombre.
—¡Están invertidas! —lo notó Eve.
—Es verdad ¡Jesús! Demos vuelta las cruces —planeó Darío —
Ahora sí ¡A creer! —expresó Darío con blasfemia.
Posteriormente, con la primera cruz, el techo hizo un fuerte
ruido.
—¿Y eso? —miraron todos para arriba.
Ya con la segunda, el farol de arriba con velas se empezó a
mover. Ahora, con la tercera continúa, pero con el farol subiendo.
Evelyn, se sube a la mesa e intenta alcanzarlo.
—¡Cuidado, no te caigas! —la cuidó Darío.
—¡La última! —la invirtió Jesús.
—¡Ya casi llego! —Eve se estiró.
—¡Cuidado! —le avisó Darío.
Evelyn agarró el farol, lo soltó por perder el equilibrio, pero fue
sujetada por los reflejos de Dario; que logró alcanzarla.
—¡Gracias! Esos reflejos deportistas… —lo jodió.
—¡De nada! Pero no me hagas hablar de deportes ahora —
expresó con una seriedad gratificante.
—¡Fuego! —gritó Jesús.
—¡Mirá! Es otro atrapasueños —notó Eve.
—¡Lo tengo! —Darío se quemó las manos a la vez.
En simultáneo, Eve y Jesús intentaron apagar el fuego como
pudieron. Al echarse a perder gran parte de lo descubierto, sólo
lograron ver unas fotos de unas chicas…

50
—¿Y ésas?… ¿Cazadoras nativas? —se intrigó Eve.
—¿Protectoras? —expresó, curioso, Jesús.
—¿¡Por qué son tan sexys!? —se baboseó Darío.
—Se ven algo… ¡Actualizadas! —notó Eve.
—¿Por qué hay una niña en la foto? —se identificó Jesús por sus
pesadillas.
—Sí, además miren este atrapasueños… No se ha quemado
como todo lo demás—Eve intrigó aún más el ambiente.
Pero a dicha intriga, se le va a sumar un misterio más…
—¿Qué son esos ruidos? —Darío se acercó a la puerta.
—¡Me suenan! —dudó y pensó Jesús.
—¡No se te ocurra abrir la puerta! —intrigó Eve.
—Pero podrían ser algunos de los nuestros —calculó Darío.
—¡No! —le gritó Eve.
Al abrirla… No ve a nadie, pero de repente aparece Alexandra
en frente de él.
—¡Ah! —gritó Darío.
—¿Qué pasó? —Eve también se asustó.
—¡Nada! Sólo es un fantasma —bromeó Darío con normalidad.
—Gritás como mujer —lo jodió Jesús.
51
—¡Alexandra! —Eve elevó su voz.
El fantasma los miró seriamente, asustándolos, pero también
observó a los atrapasueños.
—Hacete el vivo ahora, cuatro ojos —lo cargó Darío.
—¡Bueno, bien! Al parecer encontraron lo suyo ¡Esperen! —
levantó la voz de golpe.
—¿Pasa algo malo? —Eve apretó el atrapasueños.
—No, es que… ¡Recuerdo ésto! —Alexa levantó el otro que
estaba tirado en el piso.
—Y por lo visto… alguien quiere que no se utilicen —insinuó
Darío.
—¡Sí, miren! Ése tiene el Yin Yang grabado y éste solo la parte
negra —les informó Alexa —Pero ahora, faltaría el de la parte
blanca.
—¿Uno más? —se interesó Eve.
—¡Uh, no! No me digan que hay más acertijos —expresó tedioso
Darío.
—¡No, esperen! Creo saber en dónde puede estar —expresó
Alexa.
Todos los ojos en Alexandra, aunque solo está en silencio…
—¡Josefa! —recordó a la mamá de su amiga.
—¡Mi abuela! ¡Cierto! —gritó Jesús.
—Ey, ¡Tranquilo! —lo calmó Darío.
—¡No, es que ustedes no entienden,! A mi abuela no le gusta
dormir demasiado.
Y menos acá —supuso Darío
—¡Tranquilo, Jesús! —Eve se arrodilló y le tomó la mano.
Debido a esto, deciden ir por Josefa, aunque Alexandra tiene su
asunto pendiente...
Agarraron sus atrapasueños y los dividieron al salir del cuarto
secreto.
—¡Bueno, vamos! — Eve tomó la iniciativa.
—Vayan ustedes ¡Yo debo ir por mi hijo! —lo sintió Alexa.
—¿Apareció Sam? —se interesó Eve.
—¡No lo vi! Pero sé que anda corriendo por acá—lo intuyó su
madre.
—Si, a él le gusta andar corriendo —se rió Jesús.
—¿Por eso te fuiste, no? —la miró Darío.
Una respuesta en silencio es respondida con la aparición de su
hijo. Éste se queda sólo mirando y Alexandra le dice…
—¡Hijo! ¡Soy yo! ¡Tu mamá!

52
No muestra tanto asombro, aunque sí miedo. Mientras más se
acerca ella, él se aleja, estando a cierta distancia.
—¡Alexa, esperá! —Eve levantó su brazo.
—¡No! —expresó de espaldas - ¡Es mi hijo! Y mi deber como
madre es protegerlo ¡Siempre!
—¡Sólo dale un momento! —le aconsejó Darío.
—¡Sí, Alexa! O tal vez ya sea el momento de dejarlo ir ¡Vos me
entendés! —ahora le aconsejó Eve.
—¡Dije que no! Sería como perderlo otra vez y no voy a
permitirlo.
—¡Hola, Sam! —gritó Jesús de golpe.
Al escucharlo, sonríe un poco mientras mira a todos, aunque
sigue corriendo.
—¡Sam, no! —lo siguió su madre.
—¡Alexa! —la llamó Eve.
—Pero me trae tanta paz… ¡Años de odio han sido olvidados en
un minuto de amor! —Alexa se expresó con profundidad.
Y se va a buscarlo gritando su nombre.
—¡Dejala! De tal palo tal astilla —se desinteresó Darío.
—¿Qué te pasa? ¡No seas así! —lo corrigió Eve.
—¡Nada! Solo digo lo que vi y eso en definitiva… ¡Fue raro!
—¿Insinuás algo? —Eve lo observó fijo.
—¡Sí! —expresó directamente Darío —¡Puede estar poseído!
—¡Vos lo pareces estar!
Evelyn lo mira, pega la vuelta y se aleja.
—¿Qué? ¡No! ¿¡Por favor, qué decís!? —le habló a su espalda —
¡Eve! ¡Eve!
—¿Y ahora qué? —observó Jesús como testigo.
—Mmm…¡Nada niño! Sólo ten cuidado con las mujeres —
bromeó con tono de moraleja.
Al reírse, la seriedad también tiene su lugar… —Bueno niño
Dios, parece que solo quedamos nosotros —bromeó con él.
—¡Sí! ¿Y ahora qué hacemos? —se sintió perdido Jesús.
—Para arrancar, mover las piernas. Además, ¿no querías ver a tu
abuela? —le recordó.
—¡Sí! ¿Pero qué pasará con Sam, su mamá y tu novia?
—¡No, niño! Tranquilo, ya te dijimos que no tenemos nada.
—¿Pero te preocupa, no? —lo notó Jesús.
—Sí, bueno, pero…
—¿Entonces? —preguntó con interrupción.
—¡Pero escuchame! En una relación, vas a encontrar otras
cuestiones cruciales para el amor.
53
—¿Cómo cuáles? —lo llenó de preguntas.
—Por ejemplo: la confianza, el respeto y…
—¿La lealtad? —expresó sabiamente Jesús.
—Ey, ¡bien ahí!. Sos bueno para adivinar —lo jodió.
—¡No! No estoy adivinando, ¡Lo sé! —se irritó.
—Bueno, basta de adivinanzas que tenemos que encontrar a tu
abuela. Además, aún sos muy chico para aprender de estas cosas.
—¿La sinceridad? —y la siguió.
—Sos como un mago —Él también la siguió.
Aunque en un breve momento, se acordó del ilusionista y
automáticamente de la posible supervivencia de su amigo Guido.
—¡Te dije que no estoy adivinando! —se irritó más aún.
—¿Qué? ¡Ah, sí! Ok, no te alteres —se despabiló Darío.
En su camino de entendimiento, en una rivalidad contra el
miedo, pero irían a perder…
Al caminar en busca de Josefa, se percatan de que se dividieron
los atrapasueños.
—¡Uh, no! Ella tiene el otro —Darío se dio cuenta.
—¡A ver! —expresó la curiosidad de Jesús.
—¡Ok, pero tenés cuidado!
—Mmm… ¿Cuál era éste? —revisó y pensó Jesús.
—Creo que… el del inmune al fuego —bromeó Darío —Bueno,
ya, ¡Dámelo!
—¡Yo lo guardo! —se emocionó el niño.
—¡No, lo vas a perder!
—Lo voy a cuidar bien. ¡Lo prometo!
—¡Está bien!
—Vos deberías ir por tu… No novia —lo jodió Jesús.
—Mmm… Sí, lo pensé, pero es mejor dejarla un poco sola para
que se le pase.
—¿Seguro?
—¡Sí! Iremos por tu abuela, el otro atrapasueños y luego por Eve
y ¡Bingo! —calculó Darío.
Aunque su inseguridad lo hace mirar hacia atrás, por donde se
había ido ella.
—¡Mierda! Creo que fue un error alejarme de ellos —se
arrepintió Eve —Además, estoy hablando sola.
Al seguir caminando por un pasillo… nota que se está
oscureciendo. Instintivamente mira su atrapasueños con dudas.
Misma duda que la hace mirar hacia la luz, es decir, atrás se ve más
claro y en dicha oscuridad; se escuchan gritos…
—¡No! ¡Qué asco! ¡Alejate de mí!
54
Evelyn, aumenta sus pasos al notar su parecida voz con ella
misma. Al correr con sus oídos, esos gritos la acercan a una puerta
jamás abierta.
Pero al momento de tocar el picaporte, los gritos cesaron. Ella se
detiene por un minuto, pero aún así decide entrar.
—¡Amy! ¿Sos vos? —se sorprendió —¡No lo puedo creer!
Al acercarse, la habitación se mueve sola, como un temblor. Al
perder el equilibrio, cae sobre ella e intenta despertarla.
Amy se encuentra sentada en un sillón de un cuerpo, por lo visto
dormida, pero con sus ojos abiertos.
—¡Bueno! Al menos está viva y a Darío le agradará ver esto, pero
qué tengo que decir sobre esas voces —pensó.
Al seguir con sus intentos de despertarla, ésta no reacciona, se
encuentra en algún sueño profundo…
—¿Y esa música? ¡Me agrada!
De pronto, la habitación se ve envuelta con una mucha más
amplia. Una distorsión en el ambiente parece verse afectada y
Evelyn cae al piso.
Ahora, ella despierta en aquel momento que se había quedado
dormida estudiando y con una Carolina que se había ido sin decir
dónde. Pero esta vez, con la diferencia de sentirlo más como un
sueño, en vez de la realidad. Muchas preguntas, aunque sin
respuestas, aún…

55
CAPÍTULO 4

LA ÉPOCA QUE ODIAMOS AMAR

Un Televisor muestra imágenes rápidas de diferentes


acontecimientos. Entre su borrosa transmisión, se destacan
momentos como…
“Viva la democracia”, “Atentado a la Amia”, “¿Se viene un
nuevo Milenio, o vamos para atrás?”
Esa luz televisiva, trae una sombra entre tanta oscuridad y en el
único brillo de una casa vacía, nace una pregunta…
—¿Y ésto? —preguntó Josefa.
Ya las imágenes son más distorsionadas, ella al notarlo, se aleja y
sigue caminando. Una casa un tanto rústica, da la impresión de que
no hay nadie.
—¿Dónde estará la salida? —pensó.
Intenta abrir incontables puertas, pero ninguna la satisface.
Dichas puertas, no abren o no le muestran su salida. Por ende,
queda agitada del cansancio…
A continuación, escucha que las voces callan, junto con el poco
brillo que da el TV, pero también nota una pequeña luz por debajo
de una puerta.
—¡Ahí! —se interesó.
Desesperada, ve la luz de la esperanza, agarra un picaporte roto,
pero consigue la libertad…
—¡Estoy afuera! —salió.
No obstante, se encuentra con la luz, dejando la oscuridad atrás;
aunque cegándola. Con una visión borrosa, logra ver inmensas
banderas argentinas, junto con gritos que dicen…“Argentina
campeón 22”.
Con toda la conmoción que va llevando, le hace pensar en un par
de épocas…, pero no exactamente esa. Al acercarse corriendo a la
multitud, los mira con una confusión, estéticamente no clara.
—¡Muchachos! ¡Muchachos! ¡Muchachos! —les gritó.
—¿Qué pasa señora? —les respondió uno de ellos —¿¡No ve que
estamos festejando!?
—¡Sí, ande! Únase a nosotros —le respondió otro mientras seguía
festejando.
Josefa se pierde cada vez más en su confusión y en los gritos de
la gente.

57
Entonces, su conclusión es chocada por la gente que sigue
adelante, pero ella retrocede y se va. Al caminar, se ven todos autos
viejos, aunque ella no le da mucha importancia. Ahora, entra a un
bar café, pero se detiene unos segundos al escuchar un tema
llamado “Dreams”3.
Al mirarla todos, la camarera se le acerca, mientras ella se sienta.
—Déme un café con medialunas por favor —le pidió al mirarla
atentamente.
—¿Cómo lo quiere, señora?
—Con… ¿Alexa?
—¿Cómo dice señora?
—Alexandra ¿Sos vos? —palabras que pensaron.
—¡No! Creo que se confunde con alguien más.
—¡Pero te ves igual a ella! —le sujetó la mano.
—¡No sé a qué se refiere! y estoy trabajando además.
—¡Está bien! ¡Perdón! Sólo dame el café puro con mucha azúcar
por favor.
—¡Todo bien! Enseguida se lo traigo.
La moza se queda mirándola de reojo. Josefa se sujeta la cabeza.
Escucha a alguien entrar y sentarse a sus espaldas.
—¿Confundida, no?
—¡Esa voz! Mmm… Me suena. ¡Sos…
—¡Shh! - la calló.
—¡El sinvergüenza de los sueños!
—¡Wow! Eso es nuevo, pero…podrías esforzarte más —mientras
se rió.
Llama la atención de la moza y se acerca a ellos.
—¡Asqueroso demonio!
—Bueno, vas mejorando.
—¿Qué le sirvo, señor?
—¡Nada!
—¿Seguro?
—Mmm…Aunque pensándolo bien. ¡Dame un agua rojiza por
favor!
—¿Y eso? —la mesera preguntó pensando.
—¿¡Viste eso rojo que le salen a los humanos!?… Bueno, ¡Éso
quiero!
—¡Ahh! ¿¡Sangre!? —expresó con normalidad.
—¡Exacto! —se rió.

3
Referencia a The Cranberries, con el tema “Dreams”.

58
—¡En seguida se lo traigo!
—¡Gracias!
Con esto, la confusión mental de Josefa se vuelve desagradable.
Al escuchar, un ojo se desvía hacía la conversación y con el otro, al
parecido de la moza con Alexandra.
—¡Siéntate! —le gritó al querer levantarse.
Además, también se sientan otros que están de pie.
—¡Sádico! —ella lo miró mal al sentarse.
—Sólo date bien la vuelta y tomá tu café.
—¡Aún no llegó!
Al chascar sus dedos, ya ambos están tomando sus respectivas
bebibas.
—¿Cómo pudiste pervertir la personalidad de Carlos así!? —ella
le siguió hablando de espaldas.
—Sólo cada tanto, para variar —respondió con una sinceridad
oscura —Pero, en realidad, me manejo mejor en los sueños, como ya
lo habrás notado.
—¡Dios mío!
—¿Qué? ¿Quién? ¡No! —expresó él —¡Mirá! Si yo soy un
“sádico”, él es el “Dios” de lo sádico. —¡Vamos! ¡Si no hace nada!
Solo está ahí mirando ¡Es un pillo!
—¿Y vos? —le preguntó ella.
—¿Yo? ¡Solo hago lo mío!
—¡No te vas a salir con la tuya! —lo desafió ella.
—¡Pruébalo! ¡Vos y tus aliados!, pero recuerda que acá en el
mundo de los sueños…¡Mando yo! —gritó con fuerza.
A Josefa sólo la impacta, mientras que a los demás, los hace
chocar entre sí.
—¡Ups! Creo que me excedí un poco con la sangre —bromeó
Carlos al terminar su agua.
Al darse la vuelta, ve a una Josefa asustada, nerviosa y
desaparece. Ella también se va, dejando lo que gastó. Al acercarse la
moza, nota la cantidad de “propina”, que le deja; sabiendo que un
café cuesta mucho menos.
Al irse, piensa en su hija María y sus pies la llevan
automáticamente al cementerio. Al ver su tumba, junto a José, se
percata del año en el que se encuentra; dejando caer las lágrimas
que mojan su nostalgia de la época.
Ya tal vez menos perdida, pero sí más triste y con la lluvia
haciéndola moverse minuto a minuto. Ahora, al igual que en la
realidad, también en su sueño le queda la responsabilidad de sus
nietos.
59
Los recuerdos manipulan el corazón.
En busca de refugio, ya cansada tanto físicamente como
psicológicamente, aunque no para de pensar en sus miedos que
envuelven sus pesadillas; se queda dormida.
—¡Mis hijos! —gritó al despertar.
Despierta ya de día, la lluvia cesó y la gente camina con el sol.
—¡Wow! ¿Qué significa esto? —se sorprendió al mirar sus
manos.
Nota un cambio drástico, también al mirarse al espejo.
—Debe ser por eso sueños de juventud, pero no te confundas
Josefa ¡No te salgas de tu época! —habló sola.
Más allá de cómo se vea o aparente verse, quiere dejar en claro
sus recuerdos, de esos de su década favorita. Toda una era
milenaria, con su hija María y su vínculo familiar. Pero así como tan
bueno fue, también detesta tener que sentirlo, con el paso del
tiempo.
Josefa se levanta y con energía camina entre la multitud. Recibe
miradas llamativas y halagadoras, pero no todo seguirá así,
digamos… “normal”.
La gente como que se va multiplicando y dividiendo a la vez, la
lógica no tiene lugar en este sueño tan extraño. Además, se ve una
diversidad social bastante interesante. Grupos diferentes: distinción
étnica, color, gays y miradas prejuiciosas.
Un tema muy común para la época, pero se está dando todo en
ese momento y lugar.
—¡De vuelta al mismo lugar, pero ya nada es lo mismo! —se
expresó con tristeza.
Toda una multitud envuelta en agresión, golpes, más insultos,
muestran cómo la humanidad involuciona. En efecto, desde lejos se
ve a una mujer caminando, lento pero rápido a la vez, llega a ella.
Josefa al ser tirada al suelo y pisoteada por la gente, dicha mujer que
caminaba, ahora corre. Muestra una brutal fuerza, pero controlada;
golpea a varios de estos individuos.
Simultáneamente, en la realidad, Josefa tiembla y sujeta con
fuerza el atrapasueños que tiene en sus manos.
Esta mujer de color y con una bondadosa voluntad, la ayuda a
levantarse, pero no antes de soltar un puñetazo a un sujeto y una
patada a otro; todo con una gran facilidad.
—¡Gracias!
—¡Está bien! ¡Sólo debí hacerlo! —le respondió directamente.
—¡Bueno, pero gracias igual! ¿Tu nombre?
—¡Me llamo Cusi!
60
—¡Interesante nombre!, y yo soy…
—¡Josefa! —le respondió Cusi, sabiéndolo.
—¡Oh! —se sorprendió Josefa mientras la miraba.
Se ve algo exótica y con la parte blanca del Ying Yang.
—¿Qué me mirás tanto? —asustó a Josefa.
—No, nada ¡Perdón! Estoy algo confundida.
—¡Tranquila! Que estoy acá para protegerte, aunque…
—¿Pasa algo?
—¡Sí! En realidad no debería estar acá, igual seguro nos veamos
pronto.
—¡No te vayas! ¡Esperá!
—¡Protegé a esos niños! —le advirtió al irse.
Se va junto con la muchedumbre y Josefa se queda con sus
preguntas al aire. Al seguir caminando, pasos pensantes, no ve la
hora de encontrar una manera de despertar. Aunque, otra parte de
ella, se pregunta por los niños.
Al sentarse en un banco de la plaza, ve a unos chicos jugar y les
hace acordar a ellos. Aunque se ven un poco más grandes,
aproximadamente de unos once y trece años. Al verlos un poco
más, su atención se percata de conocerlos de algún lado.
Uno de ellos, una chica, recibe un pelotazo; ella está jugando a la
rayuela. Al ponerse mal, mientras otros niños se ríen, uno de ellos,
con el pelo largo la consuela y la hace reír al mismo tiempo. Por lo
visto, le cambia el ánimo y ambos miran a Josefa riéndose. También
ella y luego dan vuelta sus caras.
Ahora, la niña prefiere sentarse a leer un libro, mientras acaricia
a un perro. En cambio él, sigue jugando a la pelota. Josefa se
asegura de quiénes se tratan, se levanta, pero en definitiva decide
seguir caminando.
Toda una esencia de la época la envuelve más y más. Teléfonos
públicos en funcionamiento, gente conversando sin celular, etc. Pero
de repente, suenan varios teléfonos a la vez, ella va a uno y
atiende…
Al momento de decir “Hola”, la misma multitud agresiva se
aproxima corriendo y opaca la llamada.
—¿Hola? ¿Sí? ¡No se escucha! —levantó su voz.
—¡Ve a casa! —se escuchó bajo.
—¿Cómo? —no llegó a escuchar bien por el ruido.
—¡Ve a casa! —Ahora se escuchó alto.
Al instante, lo escucha, pero la cabina se cae por todo el
primitivo ruido de afuera, aunque al menos se fueron.

61
Al salir algo golpeada, va de inmediato a su casa, con un sentido
del instinto algo confuso; teniendo en cuenta lo relativo de la
situación.
—¡Corré, Josefa, corré! 4—pensó.
Sin parar y con energías al principio, ya que se empieza a agotar,
siente volver a su normalidad; a medida que se va acercando.
Aunque, la desesperación la hace acelerar, supera a la mencionada
multitud a una velocidad luz. Esquiva autos, también le chocan,
pero se levanta como si nada. Sin embargo, ahora se invierte la
secuencia…
Su velocidad se frena de a poco, aunque sigue yendo rápido, ya
que para los demás es tiempo “real”. Ahora, al mirarse las manos,
las nota algo arrugadas, insinuando su envejecimiento.
Al llegar a su barrio privado, camina hacía su casa, pero mira a la
mansión de al lado. Con lo impredecible de la situación, ni se espera
con lo que se va a encontrar…
Abre la puerta, entra y aunque la luz no enciende, se mira al
espejo…
Ha vuelto a la normalidad, o mejor dicho, a su edad del ‘95. Pero
también ve el reflejo de alguien pasar, lo sintió además, como si
hubiera otra vida detrás del espejo.
—¿Y ese ruido? —pensó.
Se ve una luz radiante desde su pasillo, se asoma unos metros y
se nota esa única iluminación del lugar. Se escuchan caricaturas
desde su sala y a su nieto mirando Scooby Doo.
—¿Jesús? ¡Hola!
Éste la mira sin verla, como si hubiera escuchado un ruido y
sigue mirando la TV. Al acercarse para abrazarlo, no logra nada,
sólo lo traspasa. Siente toda una situación defraudada y se aleja
lentamente, caminando de espaldas.
Ahora va a su habitación y se recuesta un minuto a pensar…
—¡Dios! —expresó miedo con el encendido de su otra TV.
Lo apaga, pero se vuelve a encender. Intenta una vez más, hasta
que piensa en irse. Ya para la tercera, tarda un poco más, pero esta
vez se enciende hablando…
—¡Noticias de último momento! —dijo una periodista en voz
alta.- ¡Imágenes exclusivas!, de la casa de los sueños. ¡Sus siete
elegidos y desaparecidos!
—¡Dios mío! —se impactó ella.

4
Referencia a: Corre Lola, corre.

62
—Evelyn Castillo, Darío Knox, Alexandra Alexa y su hijo Sam.
También tenemos a Carlos Smith, Jesús y por último… ¡En vivo y en
directo, a su abuela perdida! Ahora votaremos…
¿Por sí, o por no? ¿Podrán sobrevivir a su pesadilla?
—¡No! —gritó ella.
Al intentar apagar la TV, aparece en pantalla su enemigo…
—¡Sh! —la silenció.
—¡Mal nacido!
—¿Qué buena programación, no? ¿O preferís cambiar de canal?
—mientras, se rió de manera espeluznante y molesta —¡Fin de la
transmisión!
La TV se apaga sola y Josefa se va al baño a lavarse la cara.
—¡Despertá, Josefa! ¡Despertá! Ya debería ser hora —se dijo ella
misma.
Se mira en el espejo del botiquín y se vuelve a ver joven a través
del reflejo.
—¡Mirame! ¡No desistas! ¡Mirame! —levantó la voz y se enojó
con su reflejo.
Ella se asusta, pero la escucha atentamente.
—¿Qué puedo hacer? ¡Decime algo! —le levantó la voz a su
juventud.
—¿Me preguntás a mí? —se expresó retóricamente —Yo solo soy
tu versión joven ¡Vos sos la madura!
—¡Cierto! Y no sos real tampoco.
—Si lo creés ¡Lo soy! Hasta en tus peores pesadillas.
Josefa deja caer el ruido de sus gotas de agua al suelo, luego
levanta la mirada de vuelta hacía el espejo.
—¿Y? —su reflejo salió del espejo hacia ella.
Josefa se asusta, se vuelve a mojar la cara, pero ahora su reflejo se
va alejando.
—¡Esperá! ¡Creo en mí misma! —le confirmó con firmeza.
—Entonces, yo también en vos. Después de todo… ¡Somos una
misma!
—¿Pero cómo hago para terminar con esto?
—¡Eso no lo sé!
—Dame algún dato al menos —le exigió.
—Si querés una respuesta de mí, sólo recordá tu juventud o ¡tus
sueños! Seguro ya pasaste por esto.
—¡No tan así! Además…
_¿Qué pasa?
—¡Me da cosa volver a entrar a esa mansión!
—Tal vez sea tu salida irónica. ¡Y no te olvides de tu nieto!
63
—¡Sí! Debo protegerlo a toda costa y a Sam. Pero…
Su reflejo desaparece y ella sale corriendo hacia la mansión.
—¡No puedo creerlo! Tengo que volver a entrar ahí, para salir —
renegó al ir.
Toda su velocidad se frena al momento de llegar a la puerta. De
frente, cara a cara con su escape, abre la puerta y…
Sólo se escuchan sus pasos entre tanto silencio, pero del otro lado
de la casa, se escucha el llanto de un bebe.
—Mmm —pensó.
Ahora, con una duda que la hace buscar por todos lados, va
hacía el salón/living, pero no encuentra nada. Aunque sí un
desastre de mesas con sillas, un candelabro caído y una copa rota,
entre otras cosas. Todo marcado como escena del crimen.
Al caerle mal el desagradable recuerdo, pasa al cuarto del bebé,
mira la cuna del llanto; pero no está ahí. En seguida, pasa al cuarto
de Alexa y encuentra a Carlos sentado en la cama. Josefa se impacta
con enojo…
—¡Vos! —se le acercó.
Aunque se detiene al verlo llorar.
—¿Qué está pasando? —se conmocionó.
Él sigue llorando. Se lo ve dañado o arrepentido.
—¿Carlos? ¡Carlos Smith! —le levantó la voz.
—¡Sí, soy yo! —le respondió con lágrimas.
—¿Qué significa esto? ¿A qué estás jugando ahora?
—¿Qué? ¡No entiendo!
—¡Vamos! ¡No te hagas!
Ahora sus lágrimas caen en su boca y se convierten en palabras.
—¡Yo no fui! ¡No sé por qué y no quise hacerlo! ¡Lo juro!
—¡Toma! Limpiate —le dio un pañuelo.
—¡Gracias!
—¿Entonces? ¡Hablá!
—¡Solo fue un maldito juego! Nunca se había puesto tan serio.
—¡Justamente! La seriedad del asunto —le justificó sus actos.
—Ninguno imaginó que podía pasar toda esta locura —se
lamentó él —¡Un desastre total!
—Se fue mi hija, mi yerno y…
—¡Alexa! —Él lo terminó de decir —¡Lo sé! —siguió llorando.
—¡Tu amiga no se fue del todo! O sea, sí del plano real,
digamos… ¡Ya ni sé que estoy diciendo! —se confundió.
—¿Qué decís? —se ilusionó.

64
—Debe tener sus asuntos pendientes y su hijo, entre ellos. Igual
no debería estar hablando con mi sueño y menos con vos. ¡Mi
pesadilla!
—¡Podés decirme lo que quieras, al menos ahora no me siento
poseído ni nada!
—O sea, ¿Decís qué ahora sos realmente vos?
—No siento ninguna maldad ¡Sólo dolor! —y siguió llorando.
Sus llantos, cada vez más profundos, se mezclan con el regreso
del llanto del bebé.
—¡Otra vez! —ella miró hacia atrás —¿Escuchaste eso?
Le responde con un mar de lágrimas, pero prefiere dejarlo y va
en busca de un posible Sam. Al alejarse de a poco, su lloriqueo se
escucha cada vez menos, pero el del bebé, cada vez más; como una
balanza equilibrada.
Entonces, al correr guiada por el llanto, se mete en un pasillo
oscuro y del otro extremo…
—¿Y este ruido? ¿Será Eve? —escuchó Jesús en simultáneo y en
la realidad.
—¡Lo dudo! —observó Darío.
—¡Sam! —lo vio Jesús.
—¡Espera, niño! —lo siguió Darío.
—¡Siempre fue más rápido que yo corriendo! —lo admitió Jesús.
—¡No lo dudo! Parece un atleta olímpico —bromeó Darío.
—¡Sí, su sueño es ése!
—¿Ah, sí? ¡Con razón! ¿Y el tuyo?
Al momento de responder…
—¡No! Lo perdí de vista —lo perdió Jesús.
—Mmm… ¡Allá! —intuyó Darío —No se cansa, veo.
—¡No! Una vez me ganó, dándome una cuadra de ventaja.
—Pues ¡Aceleremos! —Darío avanzó un poco más.
—¡Esperá!
Algunas de las puertas, se empiezan a mover solas, haciéndolos
confundir.
—¡Sí! Adivinanzas —Jesús se emocionó inocentemente.
—¿¡Otra vez!? No me hagan jugar a ¿Dónde está Wally? —se
refirió Darío.
—¡Ahí! —adivinó Jesús.
—¡Ok! Pero dejame a mí, niño —lo protegió Darío.
—¡Qué calor se siente! —sintió Jesús.
La puerta se abre y…
—¡Cuidado! —gritó Darío.
Llamas ardientes, gritos de dolor, personas sufriendo sin parar.
65
—¡Qué miedo! —se asustó Jesús —¡Parece el infierno!
—¡Literalmente! —Darío cerró la puerta.
—¡Allá! —Jesús se asomó a otra puerta.
—Ahora siento…¡Frío! —expresó Darío.
El niño abre la puerta y sale agua en abundancia.
—¡Cierra! —se mojó Darío.
—¡Vi gente ahogada! —se espantó Jesús.
—¿Qué clase de sueño húmedo es ése? —se mareó Darío en
confusión —¡Porque dudo que sea real!
—¿De quiénes serán estas pesadillas? —preguntó Jesús.
—¡No lo sé!, pero…¡Ya estoy cansado de este sujeto! —se enojó
Darío.
Jesús da un paso para atrás, pero un consuelo hacía adelante.
—Tranquilo ¡Mirá! Allá hay otra puerta.
—¿¡La tercera es la vencida dicen!? —se calmó Darío.
Jesús le devuelve el guiño de la vez pasada y van para dicha
puerta.

…Josefa, en su mundo de los sueños, sus pasillos parecen ser sus


pesadillas, al seguir corriendo y no encontrar nada. Luego de unas
cuantas vueltas, el cansancio la arrodilla y nota regresar al mismo
cuarto de Alexandra, en donde se encontraba Carlos. Ahí sentado,
en el mismo lugar, pero esta vez callado. Camina hacia él y agitada
le pregunta…
—¿Ya estás mejor?
—¡Mucho mejor! —sonrió con su típica manera siniestra.
El impacto la hace tirarse para atrás, se arrastra hacia la puerta y
mientras él se ríe, calcula la obviedad de que ahora sí lleva su parte
maligna dentro de él. Su salida se cierra sola, pero la desesperación
del miedo, la hace intentar abrirla.
De todos modos, logra escaparse. Corre unos cuantos metros y se
detiene a escuchar el claro llanto de Sam; no puede confundirse está
vez. Se lo oye del otro lado hacía una puerta, se acerca y…
Ambos la abren mirando sin entrar esta vez pero el miedo es
mudo. Creo que una mala noticia puede opacar la buena…
Es decir, paradójicamente encuentran a Josefa durmiendo,
inclusive al niño, pero en una ambientación oscura; en donde las
paredes lloran junto con Sam.
—¡Sam!! ¡Abuela! ¡Por fin!
Jesús se les acerca y la intenta despertar, mientras Darío cierra la
puerta.

66
—Por las dudas ¡Esto no se ve bien! —se aseguró Darío con
precaución.
—Abu ¡Arriba! ¡Despertá!
—¡No insistas! —expresó Sam, ya sin lágrimas.
—¡No me gusta dejarla dormir tanto! —se preocupó su nieto.
—¿Me pregunto qué estará soñando?... —se acercó Darío.
…Josefa abre la puerta de sus lágrimas y encuentra a Sam
llorando en su cuna.
—¡Sí! ¡Instinto materno!
Al tomarlo, se calma enseguida.
—¡Buen niño! ¡Buen niño! Calladito te ves más bonito —le sonrió
y calmó al bebe.
—¿Así que encontraste a tu “hijo”, no? —Apareció Carlos y su
maldad.
—¡Fuera ya! —gritó y se alejó junto con Sam.
—¡Shh! ¡Vengo en paz! Y además, ¡No le haría daño a mi propio
hijo!
—¡Dudo mucho de eso! Además Alexa me mencionó a su padre.
—¡Sí, seguro!, para esquivarme a mí. De igual manera ¡Dame al
niño!
—¡Jamás! —lo dejó en la cuna al llorar.
—¡Házlo! —gritó y movió algo en el plano real…
…—¿Se mueve? —notó Jesús.
—¡Sí!, y no solo ése ¡El de tu abuela también! —se acercó Darío.
—¿Éste? —lo sujetó Sam.
—¡Cuidado, niño! Aún no sabemos qué tan confiables son.
—¡Ambos brillan! ¡Éste más! —se emocionó Jesús.
Una explosión de luz los ciega…
…—¿Te propongo un trato justo? —Carlos la miró fijamente.
—¿Qué? ¿Un trato? —se intrigó Josefa.
—¡Tus sueños por tus niños!
En un rato silencioso, ella lo piensa confundida.
—¡No hay mucho que pensar! Y la verdad es que tus
pesadillas… ¡Son apetecibles! —se saboreó mientras lo dijo.
—¡Asqueroso!
—¿Y, qué decís? ¿Suena bien, no?
—¡No puedo confiar en vos!
—Supongo que es por mí… ¡naturaleza! —expresó él —¡Vamos!
¡Tranquila! La verdad es que vos y tu miedo me halagan. Aunque
toda esa pureza infantil es tentadora, ¡Sí! Pero ese amor y odio por
tu época es… ¡Realmente satisfactorio!
—¡Está bien! Pero liberá a Carlos también.
67
—Oh, ahí se me complica…
—¿Por?
—¿Trato? —le acercó su mano diabólica con rapidez.
Ella lo piensa un poco más, pero accede por sus niños. En
consecuencia, Josefa siente como si le faltara una gran parte de ella,
similar a un alma supongo. Sus sueños se están yendo.
La dicha explosión de luz aparece y nuevamente se presenta
“su” cazadora de sueños, entre medio de ellos.
—¿Y ésto? ¡No! ¿Vos? —se sorprendió el demonio.
—¡Cusi! —se alivió Josefa.
—¿Qué está pasando acá? —sospechó Cusi.
—Pues, ¡nada! Sólo negocios y ya me voy, además.
La cazadora se prepara para hacerle frente, pero éste retrocede
un poco.
—Ey, ¡tranquila! Que acá no tenes nada que hacer, ni atrapar —
Carlos se mostró rudo y temeroso a la vez.
En ese momento, Josefa sufre una caída, pero Cusi la sujeta.
—Bueno, ¡Yo me voy! Se me cuidan ¡Bye!
—¡Cínico! —le expresó Cusi.
Aunque le da más atención a Josefa…
Su estado va empeorando y al mirar hacia el bebé, nota que
desapareció.
—¡Sam!
—¡Tranquila! El niño estará bien. Mis hermanas y yo lo
protegeremos.
—¡Gracias!
—¿Pero qué fue lo que te hizo?...
… —¿Qué es lo que está pasando? —observó Darío más allá del
brillo.
—¿Abu? ¿Abuela? ¡Despierta! —se desesperó Jesús.
Sam también y ambos la mueven. Darío en cambio nota que sus
ojos se abrieron. Al irse el resplandor, aparece otra chica misteriosa.
En este caso: blanca, con el pelo atado y también llamativa.
—¡Lo veo y no lo creo! —Darío abrió bien los ojos.
—¡Miren! Una cazadora —se sorprendió Jesús.
—Mmm… ¡Creo que te he visto! —pensó y expresó Sam.
—¡Sí, niño! Pero soy una atrapasueños y no estoy cazando a
nadie, sino buscando a mis hermanas.
—¡Claro! Las otras dos —las contó Jesús.
—¿Y vos qué mirás? —le habló directo a Darío.
—Em, ¡No! ¡No! ¡Nada! ¡Nada! Sólo…

68
Nota el Yin Yang completo en ella, pero ésta se da la vuelta y se
le acerca a Josefa.
—¡Ayúdanos por favor! Mi abuela está mal —se entristeció Jesús.
Sam también la mira con gestos de ayuda, la chica se le acerca
más y al no ver señales de vida, cierra sus ojos.
—¡Lo siento! Su abuela no se salvó.
Los niños, al abrir sus ojos llorosos, Darío reacciona…
—¿Qué le hiciste?
—¡Yo no hice nada! Y no sé bien lo que pasó.
—¡Mentira! Te aparecés de la nada y ella muere ¿Qué clase de
coincidencia es esa?
Al quedarse en silencio mientras los niños siguen llorando, él se
acerca más a ella…
—¡Contestame!
—¡Ya te dije que no sé lo que le pasó! —lo sujetó del cuello con
gran velocidad —Ni tampoco tengo por qué responderte y ¡Sí! al
parecer es una rara coincidencia.
—¡Soltame!
—¡Tranquilo, que no te voy a matar! —lo soltó.
—¡Decile eso a ellos! —le expresó Darío al ver a los niños.
La mujer nota sus llantos, se les acerca y los consuela con dos
simples palabras…
—Tristeza, pero… protección.
—¿Y eso qué mierda significa? —Darío siguió molesto.
Los chicos parecen haberse calmado un poco, ella se le acerca a él
y le dice…
—¡Ya lo verás! —al irse lentamente.
—Sí, gracias y ya estoy experimentando eso que dijiste —le dijo
Darío al quedarse pensando. —¡Pará! ¿Cómo era?
Los niños se alivian con un poco de humor y ella de espalda les
dice…
—¡Se cuidan! No podemos estar siempre en todas y menos en la
realidad ¡Nos vemos! —le levantó la mano.
—¡Espera! —gritaron los tres.
Pero al salir a buscarla, desapareció. Suspenso en sus caras al
mirarse…

69
CAPÍTULO 5

UNA VEGANA SANGRIENTA

—¡Me siento como si hubiera dormido un sueño eterno! —Eve


intentó despabilarse.
—¿Qué hora es? Uff ¡Qué tarde!
Evelyn se encuentra con un cansancio agotador. Parece haber
pasado por varias situaciones intensas. Al levantarse de la silla, se le
caen sus libros. De todos modos esta agotadísima para seguir
estudiando o escribiendo.
—¡Iré a comer algo! —pensó.
Al abrir la heladera, sólo tiene frutas y una ensalada de hace
unos días. Al revisar bien, piensa…
—Mmm… Dudo que Caro vuelva ahora, además está la fiesta
esa que mmm… ¡Ni ganas! Aunque… Seguro la encuentre, más
algo para comer.
—¡Lotería! —dijo.
Al comer algo, mira la hora, pero no le da mucha atención,
aunque sí al paso del tiempo...
—¡Uh, en un par de horas ya tendré que ir a esa joda! Espero que
pasen buena música al menos.
Unos minutos después…
—¡A ver qué me llevó!
Al no estar acostumbrada a este tipo de lugares, se encuentra
indecisa con la vestimenta. Aunque tampoco le importa mucho,
pero sí verse bien. En conclusión, se pone una pollera corta de cuero
ecológico negra, con una remera también corta, pero de color rojo.
—Mmm… ¡Me veo bien! —se miró al espejo.
Al alejarse para la puerta, su reflejo no se mueve y además se ve
de rojo también, pero de sangre; aunque ella no lo nota.
—¡Creo que estoy cerca! —caminó.
Al estar cerca de la universidad, se ubica porque la casa está a la
vuelta. Además, no necesita mucho mapa, ya que se ve todo un
resplandor musical e iluminación que opaca la noche.
—¡Es ahí! —expresó atención sobre la obviedad —¡Interesante
música!
Una timidez (característica de ella), la hace caminar lento, pero
avanza igual. Ve a unas universitarias charlando y tomando fuera
de la casa. Al seguir caminando, entre miradas y uno que otro
descontrol adolescente…
71
—¿Sí? —un guardia de seguridad se paró delante de ella.
—¡Soy Evelyn!
—¿Y? —expresó seriamente —¿Estás invitada?
—Pues, ¡Sí! ¿Está Malenna?
—Hola, perdón, no recuerdo tu nombre. —Male apareció
sonriendo.
—¡Eve me llamo!
—¡Cierto! ¡Cierto! —se expresó tomando alcohol. —¡Vamos!
¡Pasá! No te quedes afuera.
Evelyn intenta entrar esquivando al patovica y Malenna lo
empuja.
—¡Dale, salí! No seas tan formal. ¡Disculpalo! Sólo hace su
trabajo.
Evelyn sonríe y ya es parte de la fiesta.
—Bueno, ya conociste al patova, allá arriba tenés al presentador
blood y al DJ del futuro o algo así, entre la gente del segundo piso.
—¿¡Aquél!? ¿¡El de gafas oscuras!? —preguntó, al observar para
arriba.
Sus voces al hablar, son tapadas por todo el Electropop del
momento. Five, Kylie Minogue, Backstreet Boys, entre otros.
—Eu, ¡Estás tensa! ¡Soltate un poco! Acá olvídate de la
vergüenza, o sino mírame a mí —se rió.
—¡Sí, estoy bien!
—¡Ok! Pero relájate un poco más. Sentite cómo en tu casa —se
expresó con una amabilidad engañosa.
—¡Vos sos mi casa! —apareció Nico, su “novio”, sujetándola.
—Ey, ¡Despacio! Acá no.
—¡Cerebrita! ¡Tanto tiempo!
Evelyn con un gesto pensante…
—¡Sí! Eso creo.
—¡Pero qué bien te ves! —la miró de pie a cabeza.
—Shh, ¡cállate! Nosotros mejor vamos a tomar algo. Vos, si
queres, tenes comida por allá.
—Genial, ¡Gracias!
—¡Te calmás, eh! Siempre igual, vos —le regañó a su novio al
irse.
Ahora, mientras Nicolás sigue mirando a otras chicas, a Evelyn
le vino bien ir a comer algo. A continuación, desde la cocina, el
hambre la hace entrar en confianza. Por suerte se ve un menú
bastante extenso, aunque ignoró unos trozos de carne rara, se ve
podrida además, pero aún así; se satisface con el resto. Luego busca
el baño y le pregunta a un par de jóvenes.
72
—Hola ¡Disculpen! ¿El baño?
—¡Por allá!
—¡Gracias! ¡Permiso! ¡Voy a pasar!
Parece un baño de mujeres, como si su casa fuera un boliche. Al
empujar para entrar, se sienta en lo suyo y nota escrito en la puerta
una frase… “Costará, pero Eve matará”.
—¿Qué? —se sintió involucrada.
Sale rápido y…
—Eve ¡Hola! ¡No puedo creerlo!
—¡Amy! ¡Qué sorpresa!
—¡Yo diría una loca sorpresa!
Amy se le acerca demasiado, con un abrazo muy afectuoso. En
cambio Evelyn, a pesar de sentirlo, le devuelve ese mismo aprecio a
otra sorpresa más…
—¿Caro? ¿Sos vos? ¡Estás viva!
De la emoción, le da un beso extra. Carolina también se alegra de
verla, aunque la nota demasiado emocionada, Amy sólo observa,
intrigada.
—¡Tranquila, Eve! A pesar de que me siento diferente, sigo viva.
—¿Diferente? —se preocupó Eve.
—¡Sí!, como si hubiera muerto en vida y renacido en un sueño.
¡Qué loco! Yo dije eso —se sorprendió de ella misma.
Evelyn se queda pensando en su preocupación...
—¿Y? ¿No me vas a presentar a tu amiga? —Amy interrumpió
su incomodidad.
—¡Ah, sí! ¡Perdón!
Al presentarse, Carolina y Amy acomodan su confianza y van a
la pista. La música va haciendo lo suyo, logrando que bailen un
poco. Sin embargo, la diversión tiene sus inquietudes, sudan y una
lluvia de preguntas moja…
—¿Cómo es que decidiste venir? —preguntó Caro.
—¡Por vos! Y lo de las preguntas déjame a mí.
—Bueno ¡No me retes!
—Es que desapareciste de la nada y no me agradan tus ojos
rojos, eh.
—¡Ok! ¡Perdón por eso! Sólo fue una previa y no te quería
involucrar en esa, no es tu estilo.
—¿Te tengo que agradecer por cuidarme, eh? —Eve sonrió
seriamente.
—¡Sí! —le devolvió una sonrisa bromista.
—¿Y de qué hablan? —se acercó Amy.

73
Ahora Carolina se aleja un poco bailando y Evelyn conversa con
Amy, pero al desviar su mirada hacia más allá de la fiesta, nota a
una chica misteriosa caminando entre la pista de baile. Un ruido
silencioso, pero también bastante movediza a la vez.
—¿Hola? ¿Estás? —Amy levantó la voz junto con la música.
—¡Estoy bien! Sólo me pareció ver a alguien. ¡Perdón! Es que no
estoy acostumbrada a estos entornos.
—¡Te entiendo! Yo soy más de los recitales, aunque esto no está
nada mal.
—¡Cierto! ¿Y cómo vas con eso?
—¡Bien! Aunque…estaríamos mejor si el vocalista apareciera —
se expresó con escarnio. —¿Sabés algo de él?
—¡No! Últimamente —Eve se quedó pensando.
—¡Todo bien! Pero no me gusta que se distraiga y se
desconcentre de la música, puede ser algo influyente sabes.
—Lo último que recuerdo, mmm… Es que nos separamos y
luego no lo vi más —dijo Eve, desconcertada, y con flashbacks
reales.
—¿Ah, sí? ¡Bueno!, posiblemente esté perdido por ahí ¡Bah!, en
realidad yo también me siento perdida ¡Como si estuviera viviendo
en una pesadilla o algo así!
—¿En serio? —pensó Eve, con intriga.
—Sí, pero volviendo al tema. Nosotros tuvimos algo así nomás,
hace un tiempo. No fue gran cosa, pero sirvió para conocerlo más y
quedar como mejores amigos.
Evelyn, va escuchando su voz despacio y a distancia, con
cercanía a desmayarse.
—¡Eve! ¡Eve! —se preocupó Amy.
No la escuchó a ella, pero sí a otra voz de atrás…
—¡Ups, cuidado, cerebrita! —apareció Nico.
—¿Estás bien, Eve? —expresó Male más tomada aún.
—¡Sí! Con nosotras está más que bien —reapareció Caro.
—¿Y por qué le dicen así? —se ofendió Amy. —¡Vamos! Sólo
diviértanse —mientras Nico besuqueó a Male.
El resto ponen cara de… “Dios mío”, y miran de reojo.
—¡Ok! Mucha joda por hoy. Me tengo que ir a descansar, pero no
antes de…
—¡Terminar la fiesta en mi casa! —gritó Nico guiñando el ojo -
¡Ustedes señoritas me entenderán!
—¡Sí!, Una horrible resaca —lo gastó Amy.
Evelyn y Carolina se ríen.

74
—¡No! ¡No da! —Nico se expresó borracho —¡Ya que tengo
partido mañana y soy el mejor!
—¡El mejor bebiendo! —ahora lo atacó Caro.
Un poco de risa la hace sentir mejor a Evelyn.
—¡En serio! Es el mejor deportista que conozco y yo… voy a
estar alentando por él —se expresó la soberbia de Male.
—¡Bueno, ya! ¡Nos vemos! —se despidió Nico —Ey, tenés los
ojos rojos —la miró a Caro.
—¡Adiosito! —se despidió Male también.
Se habrán ido, pero la fiesta sigue, de hecho se sienten mejor sin
ellos. Al bailar, a una Evelyn introvertida se le escapa un grito al
cielo…
—¡Viva la fiesta!
—¡Sí! —la apoyó Caro.
—¡La mejor joda! —ahora Amy.
La música se eleva más aún y las ganas de la gente también,
gritos al cielo. Toda esa energía proveniente de su alegría, se va
hacia arriba, pero cae en pedazos con todo un ambiente totalmente a
la inversa…
En un instante de silencio, la música se pone más progresiva,
como evolucionada; un techno oscuro e industrial. Evelyn ve una
aceleración en los movimientos de la gente.
—¿Y qué les parece este nuevo sonido? ¡Yo!, el presentador
Blood, les presento a…¡Su future DJ!
Y la música sube de volumen.
—¡Chicas! ¡Chicas! ¡Chicas! —les gritó Eve.
—¿Qué pasa, amiga? Sólo déjame disfrutar —expresó Caro
eufóricamente.
—¡Sí! Y ni siquiera sé qué estoy bailando, pero…¡Me encanta! —
elevó su voz Amy.
—¡Ok, suena bien!, pero todo se torna más oscuro. ¡Miren a la
gente! —Eve los señaló.
—Sólo se están divirtiendo ¡Déjalos! —le respondió Caro con
apenas haberla escuchado.
—Y el DJ… ¡Miren! Está algo enloquecido —ya Eve se puso
nerviosa.
—¡Sí! Deberían premiarlo por su buena música. —disfrutó más
aún Amy.
—Bueno, ¡Basta! —se enojó Eve.
Su grito pone en silencio a todo el lugar y ella queda como el
centro del universo.
—¡Eve! —les gritaron sus amigas —¿Qué te pasa?
75
—Bueh, ¡Al fin se despabilaron! —les renegó Eve. —La vegana
del fondo ¡Por favor! Puede hacer silencio —se escuchó la voz del
presentador.
—¿Qué? —atónica se expresó Eve —¿Cómo puede ser eso
posible?
Lo último sobre Evelyn, causa fuertes risas en el resto, pero
pánico en ella.
—¡Esta realidad se volvió pesadilla! O directamente es la peor
que tuve en mi vida —soltó ella.
—¿Eve? ¿Estás bien? —preguntaron ambas.
Al momento de no saber qué responder, se escucha un grito
doloroso desde la entrada.
—¡Me mordieron! ¡Ayúdenme!
—¡Oh, sí! ¡Sí! Tenemos la primera mordida de la noche —se
presentó nuevamente la voz del presentador —¡Ahora! ¿Quién será
la siguiente víctima?
—¡Vos, cobarde! Y todos estos malditos.
Desde abajo, se escucha la voz de esta misteriosa mujer y hace
que el resto formen un círculo de miedo al alejarse.
—¡Paren la música! —ordenó el presentador. —¿Y quién será
nuestra nueva invitada?
—Así que… ¿Presentador Blood, no? ¡Lindas gafas! —la chica se
expresó sarcásticamente.
Al presionar un látigo que tiene en su mano, dice…
—¡Soy Atik! ¡Una atrapasueños! En otras palabras… ¡Vengo a
cazarlos a todos ustedes!
—¡Bueno! Veo mucha hostilidad por venir. —¡Retomen la
música! Y ¡Adiós!
Se aleja del sonido agresivo, que pone a la gente alocada.
—¡Esto del techno hace correr la sangre de la gente y toda la
adrenalina del lugar! —notó Amy.
—¡Es ella! —Eve la vió a los latigazos.
—¿Quién? —expresó la curiosidad de Caro.
—¡La mujer rara de la pista! Pero además…
—¿Quién? —se confundió Amy.
—¡Olvídense!
—Sea quien sea… ¡Tenemos que salir de acá, ya! —se asustó
Amy.
Junto a una Carolina sin expresar mucho, se alejan del lugar.
—¡Esperen! Tenemos que salvar a ese hombre —se preocupó
Eve.

76
—Mmm…¡Ok! —pensó y decidió Amy —¡Allá! Lo veo en la
entrada.
Evelyn también lo nota, además de la sangre del lugar.
—¡Auch! —se resbaló Caro.
—¡Caro! —gritó Eve.
—¡Tranquila! Yo la ayudo —la levantó Amy —¡Vos anda por él!
—¡Hola! ¿A ver esa herida?
—¡Creo que no se ve tan mal! —asumió el hombre herido en la
pierna.
—¡Digamos que no!, pero estás perdiendo mucha sangre ¿Cómo
te llamas?
—¡Patricio! ¿Y vos? Mmm…¡Evelyn!, ¿no?
—¡Sí!, y por lo visto no estás perdiendo la memoria —Ella calmó
el momento con humor. —¡Presiona acá!
Evelyn rompe un pedazo de su remera y la usa de vendaje,
ayudando al patovica.
—¡Gracias!
—¿Estás bien, Caro? —le preguntó Amy.
—¡Sí, gracias! —le respondió, manchada un poco de rojo.
Amy nota en ella algo como…Diferente, más allá de no conocerla
bien.
—¡Sólo vayamos por Eve! —expresó Caro.
—¡Ok, sí! ¡Vamos!
Al encontrarse con Evelyn y Patricio, planean irse sin dar tantas
vueltas y ya que la puerta se encuentra cerca, van, pero sus salidas
se ven lejos…
Una multitud de jóvenes tienen la intención de entrar a la fiesta y
creo que retroceder, es la opción ganadora. Al caminar hacia atrás…
—¿Cómo está tu pierna de patova? —Amy le preguntó sin saber
cómo se llamaba.
—Pues ¡Mejor! O eso creo.
—¿A correr, no? —expresó Eve retóricamente.
—¡Suena bien! —Patricio dio un giro hacia atrás y…
—¿Y vos quién carajo sos?
—Soy…
—¡Shh! —lo calló —Creo que no tenemos tiempo para
presentaciones ¡Díganme! ¿Alguno sabe pelear?
—¿Y ésta quién es? —se sorprendió Amy.
—¡Qué carácter soberbio! —Caro notó cuerpos tirados.
—¿Pelear? ¡No! Pero haremos lo que podamos —Eve se expresó
positivamente.

77
—¿Vos sos Eve, no? ¡Esa es la actitud!, pero cuidado que son
muchos y nos tienen rodeados.
Con una Evelyn elogiada, más la música que no para y con todos
sus amigos de espaldas a Atik, pelean. Se defienden con lo primero
que encuentran.
—¡Tomen! Esto servirá —Patricio les dio unas patas de una mesa
que rompió —¡Guarda que son caníbales!
—¡Me falta a mí! —pidió ayuda Caro.
—¡Tomá! —Patricio le dio una pata de silla.
Pero no antes de partírsela en la cabeza a dos atacantes a la vez.
—¡No está tan mal! —observó Atik.
Pero para ese entonces, ella había bajado a cinco de ellos con su
poderoso látigo. Por otro lado, Evelyn y Amy se ayudan
mutuamente.
—¡Tomá! —Amy golpeó a dos de ellos con una actitud rockera
—¡Cuidado!
La salva de uno que la quiere atacar por la espalda. Evelyn
muestra algo de vulnerabilidad, con su “arma”, baja.
—¡La puta madre! Son demasiados —contó Amy.
—¿Y dónde están esas ganas de despertar? —la sorprendió Atik.
Evelyn la mira con sus ojos bien abiertos, pero se encuentra
centrada en ella misma, con toda una complejidad psicológica
mental, sin lugar para nada más. Una voz diciéndole que sí y la otra
que no. Básicamente, matar para vivir.
—Eve ¡Evelyn! Vamos, ¡Despierta! —gritaron todos, menos…
—¡Muérete! —ahorcó a un enemigo con su látigo.
Otro viene y le muerde la mano, mientras el otro cae, aunque su
mano no parece sufrir daño.
—¡Asqueroso y desagradable! —lo tiró al mover su brazo hacia
todos lados.
Uno más se acerca, pero a éste lo golpea con una patada alta y al
girar la cabeza, ve a una Evelyn diferente…
Atacando de un lado a otro sin asco ni remordimiento, haciendo
saltar sangre hasta por encima de ella, aunque sólo golpea; no deja a
ninguno levantarse.
—¡Ahora sí! —dijo al estirar su látigo hacia la planta alta —
Terminen con ésos, ¡Yo me encargo de los de arriba!
Evelyn nota la parte oscura de su Yin Yang y ahora entiende
mejor las cosas.
—¿Quieren un trago? —Patricio se hizo el barman al atacar con
botellas.
—¡Miralo! El sarcasmo le curó la pierna —bromeó Amy.
78
—¡Todavía quedan más! —expresó Caro, sin miedo.
Van por unos caníbales más, aunque les da cosa matarlos, ya que
son jóvenes de su edad, pero la supervivencia lo es todo.
Por otro lado, Evelyn parece haber vencido al miedo…
—¡Son un asco! —le partió una silla en la cabeza a uno,
salpicando...
Luego agarra un pedazo de pata de mesa, se lo tira a un atacante
que viene corriendo y lo noquea al instante. Aparece otro de
espalda, pero es salvada por sus amigas que lo sujetan, cada una de
diferentes brazos.
Al tirarlo al piso, ambas le patean la cara y se miran las tres en
señal de “juntas podemos”.
—¿Tienen sed? —expresó Patricio con una autoestima alta.
No para de dar golpes de botellas, los vidrios vuelan junto con la
sangre.
—¡Uff! ¡Ya se lo ve mejor a ése! — Lo vio Amy.
Evelyn y Carolina se miran aliviadas. Arriba, dejando la música
de lado, no encuentra a nadie más, descartando a…
—¿Así que vos sos ese tal future?
—¡Sí! Pero solo por mi música renovada ¡Nada más!
—¿A qué música te referís? —Le rompió el equipo —¡Sin DJ no
hay fiesta!
—¡No! ¿Qué hiciste?
—¿A vos? ¡Aún nada!
—¡No me hagas nada, por favor! Ya sin este sonido la gente se
calma.
—¿Qué gente? —Se le acercó y miró hacia abajo —¡Ya no queda
nadie!
—¡Yo no diría eso! —se escuchó un tono burlón.
Al mirar hacía allá, el DJ salta hacia la planta baja y cae sobre
Patricio.
—¡Maldito! Ya vas a ver. Y vos… ¡Me imagino quién sos!
—¡Seguro! Pero también te vas a tener que imaginar atraparme
—se rió de ella.
Al irse tras su búsqueda arriba, abajo, tanto Patricio como el DJ
quedan golpeados. Al levantarse, ya sólo se escucha el sonido de
sus luchas a muerte…
—¡Patricio! —se preocupó Eve.
—Shh, tranquila ¡Yo me encargo!
—¿Seguro? —dudó Amy.
—¡Les dije que sí! —gritó al golpearle con una botella en la
cabeza.
79
Las chicas, al impactarse, el DJ sólo saborea el…
—Mmm, gancia ¡Qué rico!
—Así que te gusta lo dulce ¿Qué tal un trago amargo?
Esta vez le da con un vodka puro…
—¡Mirá vos! Quién iba a pensar que con sangre quedaría bien.
—¡Enfermo hijo de puta!
Ya para el tercer golpe, éste lo detiene…
—¡Bueno, ya es suficiente! ¡Basta de juegos!
—¿Por qué es tan sádico? —le dio cosa a Amy.
—¡Sí! Todo un espectáculo desagradable —pensó y expresó Eve
—Mis pesadillas jamás llegaron a este bizarro extremo.
Espontáneamente, Carolina sale corriendo hacia afuera sin decir
nada.
—¡Caro! —avanzó a buscar a su amiga.
Pero se detiene al ver una gran sombra negra entre los cuerpos
caídos.
—¿Y eso? —Amy lo vio también.
Al asomarse un poco por curiosidad, el miedo las hará
retroceder…
—¡Qué rico! Pero aún tengo hambre —se escuchó a alguien
comiendo.
Al masticar un cuerpo, le arranca un par de dedos y se lo escupe
a Amy, o al menos cerca de ella, un asco que lo siente encima.
—¡Ah! ¡Dios, no! —gritó ella.
Posiblemente Evelyn, es igual o más impresionable, pero su
recuerdo cegó lo desagradable…
—¿Rollizo? ¿Sos vos?
Éste para de comer, la mira y le dice…
—¡Hola, Eve!
Al dejar caer otro dedo de su boca, ella vomita, pero se detiene al
intentar huir junto con Amy. Evelyn se aleja del asco más que Amy,
por ende Rollizo la alcanza sujetando sus pies y la hace caer.
—¡Soltame!
Al gritar, Evelyn retrocede por su amiga.
—¡Dejame! ¡Corré vos! —la cuidó Amy.
—¡No! —la levantó.
Pero ahora es Evelyn la que queda en el suelo.
—¡No te vayas! ¿Por qué todos huyen de mí? —mientras se le
cayó sangre al hablar.
—¡No! ¡Qué asco! ¡Alejate de mí! —Eve lo alejó.
A pesar de la desesperación, ambas se miran con señal de ya
haber vivido o escuchado al menos, eso.
80
—¡Chicas! —gritó Patricio.
Pero él también tiene una pelea complicada. En un intento de
levantarse y ayudar, el DJ le aprieta su herida y éste cae.
¡Basura! —se enfadó.
El dolor le responde con una herida más, una patada a su rodilla
que lo deja tambaleando.
—¡Corran! —les gritó a las chicas.
Amy la ayuda a levantarse, la sujeta del brazo al caminar ambas
de espaldas y con la mirada fija hacia su enemigo.
—¡Me volvió a morder! —gritó Patricio.
Ambas juntas a Rollizo, miran a su costado…
Mientras arriba, a Atik también es la segunda vez que la
muerden. Un sujeto la tiene agarrada de la pierna, con sus dientes
fuertes y no parece querer soltarla, aunque ella no se ve muy
preocupada que digamos…
—¿Así que no me pensás soltar? A ver ahora…
Con un látigo cada vez más apretado en su cuello, el sujeto
parece no desistir, de hecho parece morder más fuerte.
—¿¡Por qué estás tan desquiciado!? —mientras apretó más su
látigo.
De la sangre abundante, la herida crece y… se le corta la cabeza.
—¡Al fin! —expresó al limpiarse su pierna.
—¡Qué invitada tan misteriosa! ¿Acaso no sangramos? —se
escuchó la voz de Blood.
—¿Dónde estás? ¡Da la cara! ¿¡O qué clase de presentador sos!?
—¡No necesito mostrarme! ¡Ellos sí!
Ella ve venir a siete jóvenes hambrientos.
—¡Siete! ¡Número de la suerte! ¡Veamos si ahora sangrás! —se
rió.
—¡Otra vez! —Atik se expresó con un gesto tedioso —Ok ¡Ahí
vamos! —y levantó su látigo.
Pero al bajarlo, abajo…
—¡Soltame engendro! —se desesperó Patricio.
Evelyn hace su intento de ayuda, pero Amy corre al ser acechada
por Rollizo. Entonces, Evelyn gira su mirada hacia ella, y…
—¡Corran! ¡Corré! ¡Yo estaré bien! —su voz se debilitó hacía Eve.
—¡Esperá! —se escuchó un grito desde arriba.
Ahora Evelyn mira al cielo…
Una épica Atik, en señal de ayuda, aparece. Salta sobre el future
DJ, camina dos pasos y éste le dice…
—¡Vos! —se enojó.

81
De espaldas, ella le pisa la cabeza hacia atrás y lo hace callar,
pero lamentablemente Patricio también lo hace; al agonizar.
—¡Uy, no! —le dio cosa a Eve.
—¡Ve por tus amigas! y…
—¿No venís?
—Mmm… —lo pensó.
—¡Ja ja ja! —se escuchó una risa de arriba.
—¡No! ¡Aún tengo trabajo por hacer! —insinuó subir.
—¡Gracias! —Eve avanzó al irse.
—¡Cuidá a esos niños! ¡Ellos saben cosas que los adultos no,
aunque nosotras sí! —se refirió también a sus hermanas.
—¿Qué? ¡Ah, sí!
Evelyn cansada, calcula de quiénes hablan. Se miran
significativamente y va hacia la calle. Atik por su parte, sube.
—¡Ahí vamos de nuevo! —expresó al saltar.
Afuera, ya sale en búsqueda de sus amigas. Un cansancio
desorientador le está afectando y el hecho de salir de la fiesta no
significa que la pesadilla haya terminado.
Una noche cerrada, siente que todo y todos la acorralan. Miradas
penetrantes, voces sin sentido y la música que había terminado hace
rato, ahora la escucha en su cabeza. Al caminar un poco más, pisa
pasos de sangre, huellas que la llevan a su universidad.
Al acercarse, tropieza con un cuerpo mordido y al observar bien,
nota más de uno.
—¡Eve! —apareció Caro.
—¡Caro! —se asustó pero también se alegró.
La agarra de los hombros y le surgen preguntas de su
preocupación…
—¿Estás bien? ¿Por qué corriste? ¿Te lastimaron?
—¡Sí, sí!, calma ¡Estoy bien! —respondió fríamente.
Evelyn la mira pensando en un par de cosas…
—¿Sabés algo de Amy?
—¡No! Pero ahí hay sangre —señaló la entrada.
—¡Sí! ¡Lo sé! En todos lados hay —la vio rara. —¿Segura qué
estás bien, Caro?
Callada, sin responder, avanza hacia la Uni, pero Evelyn insiste
con su pregunta…
—¿Carolina?
—¿Qué? —gritó al darse vuelta.
—¡Nada! —respondió impactada. - ¡Sólo te veo diferente!
Al seguir sin responder, deciden entrar. Evelyn va a la cafetería y
al imaginarse cualquier comida, esquiva la puerta.
82
—¡Cierto que es un laberinto! —expresó Eve. —De vuelta a mi
segundo hogar.
—¡Mirá estas paredes! —tocó con una mano, Caro.
—¡Rojo sangre! —observó Eve.
—¡Y allá hay más! —señaló Caro.
—Se ve algo…¡Fresco! —tocó Eve.
—¡Huele a Amy! —Caro le sujetó la mano.
—¿¡Qué decís!? —la miró con miedo —¡Ya me das cosa! ¿Me vas
a decir qué te pasa, al final?
Al mirarse en silencio, se escucha a alguien masticar en la
oscuridad. Al suponer quién es, dan unos pasos hacia atrás. Tienen
todo un pasillo por delante, una oscuridad que reina en el lugar y
tapa su poca iluminación.
—¡Mirá! —Caro notó nuevamente la sangre.

—¡Las huellas de sangre aumentan! —se impactó Eve —


¡Corramos!
Se dan la vuelta y corren. Evelyn avanza primero, mientras
Carolina se queda mirando…
—¡Vamos! ¡Caro! —la agarró del brazo.
Al correr, aumentan su velocidad debido a…
—¡Eve! ¡Tengo hambre! ¡Eve! —le gritó al caminar.
Evelyn mira hacia atrás, pero sin dejar de correr. Rollizo, a pesar
de su tamaño y volumen, el hambre lo hace correr.
Al doblar por otro pasillo, el acechador se resbala y se choca con
unas vitrinas de la pared.
—¡Sí! Eso nos dará un poco más de tiempo —se alivió Eve.
Pero el choque hace que se enoje más aún, golpeando y
rompiendo lo que se le cruce enfrente.
—¡Ups! Creo que se enojó más —expresó Caro.
Rollizo sigue corriendo tras ellas, acercándose, pero ambas
doblan en otro pasillo y…
—¡Abajo!
Unos buenos reflejos hacen que ambas se agachen, resbalando de
rodillas y Rollizo recibe un golpe interesante con un bajo eléctrico.
Con la cara ensangrentada, pero aún de pie, recibe otro golpe. Está
vez cae al suelo y sus amigas se alegran…
—¡Amy! ¡Estás viva! ¡Y nos salvaste! —se emocionó Eve.
—¡Sí! Pero este gordo rompió mi bajo. Lo fui a buscar a la sala de
música y me alegro que haya servido.
—¡Gracias! —Eve la abrazó.

83
A Amy se le escapa un beso en la boca, Evelyn la mira, pero
también ve a una Carolina alejándose un poco.
—¿Qué te pasa? —le preguntó Amy —¿No estás feliz de verme?
¡Y te salvé!
—¡Dejala! Anda así de rara últimamente.
—Sí, lo noté en la joda esa.
—Mi cabeza ¡Me duele! —se despertó…
—¡Está despertando! —Amy lo vio junto a su instrumento roto.
—¡Vámonos ya! ¡Caro! —le gritó Eve.
Se apuran hacia un ascensor. Al ver que no funciona, piensan en
las escaleras.
—¡No! —Amy pateó el ascensor.
—No pasa nada ¡Allá están las escaleras! —avanzó Eve.
Suben sin presión, aunque Carolina sí, es decir; Evelyn expresa
su importancia hacia ella…
—¿Y? ¿Ya vas a hablarme? ¿O a ignorarme?
Amy también le pregunta, pero con la mirada.
—¡Aunque sea algo! —insistió Eve.
—Es que…¡Como que no siento nada al hacer algo! Pero más allá
de eso…
Evelyn se queda pensando.
—...Vos me haces sentir bien y ¡Viva! —le expresó Caro.
Ambas sonríen y el ambiente cambia (en ese aspecto al menos)…
—¡Chicas! —alertó Amy con tono leve, pero alerta.
—¿Qué pasa? —preguntaron ambas.
Su respuesta es contestada con las escaleras en movimiento…
—¿Qué significa ésto? —trepó Amy.
Dichas escaleras, se inclinan verticalmente y ahora tienen que
subir escalando.
—¡Cuidado! —Caro la sujetó a Eve.
¡Gracias! —Eve le sonrió.
—Los brazos en vez de los pies ¡Ok! —desafío Amy.
—¡Miren! ¡Allá arriba! —Eve notó la salida.
Ella se asoma primero hacia la luz de la esperanza, pero
impredeciblemente, le cae un desagradable baño de sangre.
—¿Qué? —le salpicó a Amy.
—¡Qué asco! —también a Caro.
Evelyn al caer, estas la toman de las manos, cada una de
diferente brazo, logrando así salvarla.
—¡Gracias, chicas! —Eve se tiñó de rojo.
—¡No mires hacia abajo! —Amy trató de levantarla.
—¡No! ¡Hay que subirla ya! —se apuró Caro.
84
Ahora Evelyn mira hacia abajo y nota a alguien subiendo,
también bañado de rojo…
—¡Tomar me da hambre! —Rollizo se expresó cada vez más
repugnante.
—¡No! ¡Otra vez! ¡Súbanme! —se movió Eve.
—¡Sí, pero quedate quieta! —le exclamó Amy.
—¡No! ¡Fuera! —se desesperó Eve.
Rollizo la toma de un pie, pero Evelyn lo golpea con el otro.
—Auch, ¡Me dolió!
—¡Ya casi! —Amy tiró con fuerza.
—¡Listo! —la calmó Caro.
Agitada, le agradece, pero éste, sin dar señal de rendición, sube.
—¡Cuidado! —gritaron las tres.
Ahora, al intentar entrar en dos aulas, fallaron, pero parece ser
que Evelyn es la vencida…
Ella abre la tercera puerta, entran y la cierran con llave.
—¡Sí! ¡Afuera, enfermo carnicero! —se descargó Eve.
—Tranquila, amiga ¡No podrá entrar! —la calmó Caro.
—¡Sí!, pero por las dudas —Amy se aseguró…
Junto con Carolina, colocan un par de bancos y sillas encima. Se
aseguran por lo de afuera, pero de repente adentro…
—¡Chicas! —Eve ojeó el curso —¡Chicas! —les gritó.
—¿Qué te pasa? —se inquietaron ambas.
Al darse la vuelta…
Ven a una profesora con sus alumnos mirándolas.
—¡Tarde! —le gritó la profesora.
—¡No! pero… ¿Profe? —se asombró Eve y Caro también.
—¡Silencio! ¡Sin peros y siéntese! La alumna Castillo y su
compañera también.
Al sentarse con muchas dudas, Amy se queda parada, además
de que no va a ese curso.
—¡Usted! ¿Cómo se llama la señorita?
—Mmm…
—¿Por qué lo piensa? ¿No sabe? Además, no es de este curso,
¿cierto?
—Yo sólo…
—¡Siéntese igual! —la interrumpió.
Al escuchar algunas risas de sus compañeros, ella dice…
—¡Silencio! O lo haré entrar antes.
—¡Qué mierda! —las tres amigas se miraron.
—¡Oh, sí! Veo que el miedo los calla.
—¡Jamás la vi tan intensa! —la analizó Eve.
85
—Sea como sea, ¡tenemos que salir de acá! —se inquietó Amy.
—¡Sí! Esto no es como una clase normal en donde nos deja hablar
—observó Caro —Hasta extraño venir a cursar.
—Con eso ya estás diciendo todo —se rió Eve.
—¡Silencio! Las tres dormidas del fondo ¡Shh!
—Pero profe… Ups ¡Perdón! Me sentí como en una clase de
verdad —insinuó Caro.
—Y no estamos dormidas, bueno… ¡Sí! pero…—pensó Eve.
—¡Silencio!
—¡Uh, qué vieja pesada! —se cansó Amy.
—¡Shh! ¡Shh! —Ahora la callaron algunos de sus compañeros —
¡No le hables así!
Parece una advertencia…
—¿Cómo dijo? —preguntó la profe con tono amenazante.
—¿Sos sorda o qué? —la siguió desafiando Amy.
De golpe y en golpes, la puerta quiere abrirse...
—¡No! —Eve miró esa puerta.
—¡No veo miedo en su actitud rebelde! —la profe la miró
fijamente.
—¡Tal vez porque no lo siento! —Amy mintió, pero con rudeza.
—¡Miente! ¡Miren cómo le tiemblan las piernas! —se metió un
alumno.
—¡Expulsado de la clase! —se enojó la profe.
Al mirarlo fijo, lo levanta con la silla, lo tira por la ventana;
haciendo que respete al miedo en clase.
—¡Imposible! —expresó Amy.
—Mirá que tampoco soporto a los escépticos, eh.
—Pero sólo señalo la verdad profesora —dijo una alumna al
meterse.
—¿Qué dijiste? —la profe insinuó a otra víctima.
—¡Nada!
La profesora aprieta el botón del ventilador tan al máximo, que
éste se cae…
—¡Cuidado! —saltó Eve con sus reflejos.
Junto con algunos alumnos más, logran esquivarlo, pero la
alumna metida, no.
En consecuencia, logran acomodarse, aunque temblando…
—¡Así me gusta! ¡Ese miedo sí se ve! —y agarró una tiza.
Al ponerse a escribir, las amigas hablan en voz baja…
—¡Chicas!, se dan cuenta de lo que está pasando, ¿no? —dijo la
astucia de Eve como siempre.
—¡Algo! —dudó Caro.
86
—¡Sí, algo sí! Le gusta poner autoridad, pero más allá de que me
sienta aterrorizada, no me pidas no intentar escapar —exaltó Amy.
—¡Lo sé! Pero tenemos que seguirle el juego, al menos por ahora
—calculó Eve.
—¡Shh! Escucho murmurar por ahí ¡Copien esto! —la profe
escribió algo…

“Darle al miedo tu tiempo límite”

Mientras los demás copian, Evelyn mira a sus amigas con ojos de
solución…
—¡Ya sé! —aseguró Eve.
—¿Qué? ¿Segura? —dudaron las dos.
—¡Sí, tranquilas!
—Ok, ¡Genial entonces! —le sonrieron ambas.
—Mmm…¡Usted! Pase al frente —eligió a un alumno.
Se levanta despacio y temblando…
—¿Qué le pasa, señorito? Tanto miedo me va a tener ¡Póngase
firme!
Al ponerse derecho, dejó de temblar.
—¿Ya se siente mejor? —expresó con tono persuasivo.
—¡Sí, profesora! En realidad ya me acostumbré a su clase.
—¿Así que ya te acostumbraste al miedo, eh? —mientras,
caminaba a su alrededor —¡Eso es demostrar agallas!
—¡No!, bueno…¡Sí!
—Hable claro, caballero, o tendré que considerarlo en desacato y
será… ¡Expulsado!
—¡Eso es una trampa! —exaltó Eve con una estratégica.
—¡Eve! —la callaron sus amigas.
—¡Perdón! Es que no aguanto tanta impunidad.
—¡Usted! Al frente ¡Ahora!
Al acercarse hacia adelante, se mira con su compañero que
intenta volver a su asiento…
—¿A dónde cree que va? —lo miró con tono burlón.
—A mi asien…
—Shh ¡Ha desaprobado! Así que…
Lo hace desaparecer delante de Evelyn, sin dejar de terminar de
responder y sin rastro alguno. Un impacto que va de la mano con su
grito…
—¡Ahora vos!
La mira bien de cerca y percibe su miedo.

87
—¿Lo tenés bien escondido, verdad?
—¿A qué se refiere, profesora?
—Pues, de ese miedo de ahí… Sólo ¡Sacalo! ¡Sacalo! —se le
acercó más.
—Está jugando con su mente ¡Eso hace! —Amy le habló bajo a
Caro.
—Sí, pero ¿Qué podemos hacer?
—¡Nada! —Le gritó desde adelante —El examen no es grupal.
Ahora, ¡Prosigamos!
—¿Así que no me tenés miedo, no?
—Sí, pero…
—¿Pero?
—¡No tanto como antes! Creo que aprendí a controlarlo.
—Es decir, que tendré que darte un cinco de diez —bromeó y
gritó… —¡Ríanse!
Se escuchan unas risas, Carolina y Amy los miran seriamente.
—¡Tendré que hacer algo más, si es que quiere aprobar, señorita
Castillo!
—¡Dígame Eve! —respondió con un acento valiente.
—¿Cómo dice?
—¡O Evelyn, si prefiere! —se acobardó un poco.
—Con esa confianza me está demostrando su falta de miedo,
pero… ¿Sabe qué? ¡Haré una excepción con usted!
—¿Ah, sí?
—¡Sí, se la ve especial! Tal vez apruebe, pero ahora… ¡Iremos a
otro punto! —Borró la frase anterior y escribió otra…

“El sueño de la razón produce monstruos”

—¡La verdad es que usted me inspira como alumna! —expresó,


mientras la puerta se golpeó nuevamente.
—¿Monstruos? —se asustó Eve.
—¡Tiene razón en todo lo que dijo! Pero… la verdad trae sus
consecuencias —se rió.
Amy y Carolina también se percatan de lo sucedido y más aún
con la puerta a punto de abrirse.
—¡Ahora sí se ve tu miedo! —expresó y se rió fuerte.
La puerta se rompe, la voluntad hambrienta de Rollizo entra y
Evelyn se hace a un lado.
—¡Profe! —se saboreó sus labios sangrientos al verla y acercarse.
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—¿¡Qué hace, alumno!? ¡Silen…
Una repugnante mordida en los labios, hace que la profesora no
hable nunca más.
—¡No! ¡Qué asco! —expresó Eve, podrida de ver cosas así.
—¡Otra vez! ¡No! —Amy también se cansó.
—¡El último silencio! —Un alumno saltó y festejó.
—Este loco no tiene ni idea —expresó Caro.
—¡Sí, más comida! —Rollizo se le acercó.
Mientras el hambre se choca todo a su paso, incluyendo a
Carolina y Amy que van por Evelyn, el resto no parece estar al
grado del miedo mismo.
—¡Qué pesado este gordo! —expresó Amy con doble sentido.
—¡El último silencio, sí! —siguió gritando. - Auch, ¡Pará!, no tan
rápido —mientras Rollizo mordió su brazo —¡Masticá con la boca
cerrada!
—¡Cuánta incoherencia! —expresó Caro desde el suelo.
—Yo diría… ¡Enfermedad! —Amy también expresó desde el
piso.
Evelyn se acerca a ellas y las levanta.
—¡Gracias! —le agradecieron ambas.
Mientras Rollizo…¡No para!, salta en búsqueda de otra víctima,
ya que el otro está sin brazos; aunque sigue saltando y gritando.
—¡Cuidado! —Las tres retrocedieron.
Rollizo intenta comerse a alguien, encima de una mesa…
—¡Ayuda! ¡Alguien!
Evelyn se asoma, pero Carolina la detiene…
—¡No! ¡Dejala! No ves que esta gente está loca.
—Sí, pero…
—¡No te arriesgues!
Pero Amy sin pensarlo, le parte una silla en la cabeza, ayudando
a la chica a escapar.
—¡Que viva el rock! Y eso fue por mi bajo ¡Desgraciado gordo
asqueroso!
—¡Gracias! —la chica se alejó.
—¡Me recordás a Darío! —Eve le expresó a Amy.
—¿Ah, sí? ¡Interesante! —mientras la miró.
—¡Chicas! ¡Hay más problemas! —observó Caro cautelosa.
—¡Ustedes! ¡Ya me cansaron! Pero tranquilas, que ya no tengo
hambre, sólo las morderé por placer.
—¡Wow! Dijiste algo más para variar —lo jodió Amy.
Al sujetarse a la defensiva, se preparan como pueden y con lo
que pueden.
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—¡Mueran! —gritó con todo.
Mientras rompe dos mesas, una con cada puño.
—Uh, ¡Se enojó más! —se preparó Eve en acción…
Le sacude con unos libros que tiene a mano…¡Uno!, Rollizo se lo
saca de encima con la mano. ¡Dos!, lo esquivó. ¡Tres!, pero esta vez,
le da en medio de la frente y lo frena…
—¡Auch!! —se tapó el dolor con sus manos.
Carolina aprovecha su distracción e intenta ensartarlo con la pata
de una mesa rota, sin mucha punta, aunque es de hierro. Éste logra
agarrar dicho elemento y con ambas manos, la hace girar en círculos
amorfos, o sea, haciéndola chocar con varias cosas; incluyendo con
sus amigas.
—¡Ya basta! —expresó la furia de Amy —¡Toma!
Le da otro sillazo, aunque Carolina cae sobre ella.
—¡Nos parecemos a Atik y a sus hermanas cazadoras! —se
identificó Eve —¡Sí que aprendimos de ella!
—¡Sí!, aunque no nos vendría mal un poco de su ayuda —se
levantó Amy.
Carolina también se pone de pie y ocupan sus manos para un
nuevo ataque…
—¡Prepárense chicas! Porque conociéndolo, ¡éste seguro se
levanta! —alertó Eve.
Al prepararse, Amy se anticipa y esta vez, de la bronca, le tira
una mesa encima. Rollizo, queda más vulnerable y lastimado.
Carolina otra vez ataca con una pata de hierro, pero en esta ocasión;
lo logra lastimar.
—¡Vamos! —intentó atravesarlo.
Aunque gana, no lo atraviesa tanto, pero sí empezó a perder más
sangre.
—¡Con fuerza! —le gritó Amy.
Además de gritar, se da el espacio y tiempo para darle con una
silla más.
—¡Zorras! ¡Ya van a ver!
Carolina logra ensartarlo más dentro y la sangre rival más fuera,
pero con el enojo que demuestra, pareciera que se hizo más fuerte.
—¡Eve! —gritaron ambas.
Amy cae lastimada con la fuerza de la mano enemiga y Carolina
(igualmente herida), con la de su pie, mientras Evelyn mira sin
reaccionar. Se encuentra mirando muy dentro de ella, toda una
confusión mental. Imágenes distorsionadas, que contradicen lo que
está viendo, la hacen volver en sí…
—¡Eve! —le gritó Caro.
90
—¿Y a ésta qué le pasa? —se le acercó Rollizo.
—¡Reaccioná, Eve!—gritó Amy.
En ese momento, Evelyn al ver sangre por todos lados, bañaron
dichas imágenes de recuerdos pacíficos, alegres y humanitarios.
Ahora reacciona con violencia…
Tanto ella como su rival, corren y se chocan en una batalla
mental para Evelyn...Ya que con velocidad, había sujetado su fierro
ensartado y lo atravesó completo, haciendo salpicar más sangre en
ella.
—¡No! ¡Me duele! —la sujetó del cuello en un reflejo de
desesperación.
En seguida, la también desesperación en Evelyn, hace clavarles
dos lapiceras encontradas en una mesa y lo deja sin poder ver.
—¡Uhh! Necesariamente asqueroso —le dio asco a Amy.
¡No veo! —gritó con mucho dolor.
Éste cae derrotado, a diferencia de Evelyn que sigue de pie.
—¡Cuidado, Eve! —le avisó Caro.
En un intento de levantarse, Evelyn agarra una silla, se la parte
en la cabeza y Rollizo ya con señal de no volver a levantarse nunca
más.
—¡Listo! ¿Ya no te vas a levantar más, no? —expresó Eve agitada
y sarcástica a la vez.
—¡Sos mi heroína! —la felicitó Amy.
—¡Lo mataste con tus elementos de escritora! —dijo Caro
irónicamente.
Ambas se le acercan, la abrazan y la pesadilla parece terminar,
pero…
Todo el aula comienza a temblar y no sólo el curso…
—¿Qué pasa? —se asustó Caro.
La pesadilla se está centrando y cerrando en ella, junto con Amy,
como en un agujero negro.
—¡Cierto! —Amy recordó una pesadilla —¡Ésta no es la mía!
—¿Qué? —se preocupó Eve.
Al mismo tiempo, Amy gritó…
—¡Caro!
Carolina está desapareciendo.
—¡Caro! —se desesperó Eve.
—Sólo espero volver a verlas en algún sueño. ¡Adiós!
—¡No! —se lamentó Eve con tristeza.
Le alcanza a dar la mano, pero desaparece por completo
¡Mirándola!. Por el lado de Amy, ella también se está yendo, pero
alejándose hacia sus propios sueños.
91
—¿Vos también te vas? —lloró Eve.
—¡Gracias! ¡Compartiste todo conmigo! No sólo tu sueño,
también tu realidad —se despidió Amy.
—¡Te despertaremos! De algún modo ¡Amy! ¡No!
Del grito, despertó encima de Amy, paradójicamente...

92
CAPÍTULO 6

EL PARQUE DE LAS ESCONDIDAS

—¿Y la vamos a buscar? —preguntó Sam.


—¡No! Me da miedo eso y lo sabés —se asustó Jesús - ¿Por qué
mejor no seguís corriendo?
—¡No! Ya estoy cansado —se acercó con rivalidad.
—¡Chicos, chicos! ¡Ahora no! No es el momento ni el lugar para
pelear ¡Mocosos!
—¡Pero empezó él! —se defendió Jesús.
—¡Eso no importa! —los calmó Darío - ¡Miren hacía atrás!
Más allá de sus infancias, quiere que vean la situación en la que
se encuentran. Un poco de disciplina, algo ruda tal vez.
—Sí, es verdad ¡Lo siento! —se apenó Sam.
—¡Yo también! —ahora Jesús.
—¡Genial! Porque van a necesitar uno del otro seguro —percibió
Darío.
Entonces, miran atrás y Josefa parece estar durmiendo. Ahora los
tres la miran.
—¿Y el atrapasueños? —preguntó Jesús.
—¡Sí! Mejor devuélvemelo que es peligroso —se lo pidió Darío.
—¡No! Me refiero al de mi abuela.
—¿Éste? —expresó Sam, en tono de broma.
—¡Niño! Te dije cuidado con eso —le exclamó Darío.
Al acercarse, ve de nuevo pelear a estos infantes…
—¡Dame ése también! —se lo pidió Jesús.
—¡No! —se lo puso de collar.
—¡Dámelo! Yo soy el mayor.
—¡Eso no me importa!
—¡Es mi abuela! —ofendió Jesús.
—¡Cállate! —lo empujó Sam.
—¡Esperen niños! —los calló Darío —¡Jesús!, eso no se dice.
Además no seas egoísta con Sam.
—¡Ok! ¡Total!, yo tengo el de la chica reciente. ¡El mejor! —
dedujo Jesús.
—¡Sí!, y algo ruda también —se tocó el cuello Darío.
—¡Sí, pero el mío es misterioso! —lo miró Sam.
Al pensarlo también, junto a Jesús, Darío pregunta…
—¿Saben algo, no?
—¡No estamos seguros! —respondieron ambos a la vez.
93
Al mirarse ellos, Darío es todo oídos…
—¡Vamos! ¿Qué tanto miedo tienen al no hablar?
Jesús mira a Sam con ojos de delator…
—¡Sam! —lo empujó Jesús.
—¡Sé valiente! —lo relajó Darío.
—¡Está bien!
Aún al hablar, Sam demuestra miedo, pero gracias a los
atrapasueños se siente seguro.
—No fueron tantas veces, o al menos recuerdo pocas —Sam se
relajó un poco —¡Y en mis sueños también suelo correr mucho!
—¡Wow! Jamás te cansas ¡Veo! —bromeó Darío.
Al reírse Jesús, Sam lo calla con más palabras…
—¡Sí! Pero no sólo porque me gusta, también porque suelo huir
de…
—¿Quién? —lo miró Jesús.
—¡Tranquilo! ¡Decilo! —lo calmó Darío.
—¡Del mismo tipo! —levantó la voz Sam.
—Uh, ¿Sabés quién es él? —expresó y pensó Darío.
—¡No! Pero últimamente me suele perseguir.
—¡Cierto! —gritó Jesús.
—¿Qué? —exaltó Darío —¡Exageran!
—¡En serio! En lo último que recuerdo, solía hablarme, aunque
no entendía mucho lo que quería decirme, pero sí me daba miedo —
Sam se espantó al recordar.
—¡Seguro es ese mismo demonio aún jodiendo! —lo analizó
Darío.
—¡Aunque!... —levantó la voz Jesús, asustándolos —tal vez nos
confundimos con la realidad.
—¡Jesús! —le gritó Darío —¡Ok! Podés confundirte, es normal y
más acá, pero asustar es otra cosa, eh —expresó con un humor algo
serio.
Ahora, en un período de relajación, pero en alerta, Darío suelta
una pregunta…
—Pero… ¿Qué hay de esas cazadoras?
—Mmm… —lo pensó Jesús.
Sam, con algo de confusión, recuerda haber sido salvado por
algunas chicas, una en particular… mientras agarra su
atrapasueños.
—¿Todo bien, Sam? —lo miró Darío.
—¡Sí! Es que recordé algo… Una frase…
¡Los niños… Estas criaturas puras son la esencia del futuro!
—¡Wow! —se sorprendió Jesús.
94
—¡Tremenda frase! —le agradó a Darío —Posiblemente esa
cazadora se relacionó con tu abuela.
Mientras la miran, Darío piensa en el atrapasueños que se llevó
Evelyn y en si se encuentra bien.
—¡Yo también las recuerdo! —exaltó Jesús. —Aunque, mmm…
Creo que las veía en una película de cazadores de monstruos o algo
así.
—¡Tonto! —lo insultó Sam.
Darío también se une a la risa, pero ya es tiempo de volver a la
realidad…
—¡Bueno, muchachos! Basta de dudas y risas. ¡A seguir!…
—¡Ok! —respondieron ambos.
—¡A ver! Déjenme pensar… Dejaremos este atrapasueños acá,
como un seguro o mmm…
—Pero ¿Y mi abuela? —se preocupó Jesús.
—¡Tranquilo! Le daremos una buena despedida cuando
logremos salir de acá ¿Les parece?
—¡Está bien! —respondieron ambos.
—¿Qué fue eso? —Darío miró a un costado.
—¿Qué cosa? —Jesús no lo escuchó.
Pero al mismo tiempo, a Sam le está brillando el atrapasueños y
Darío retoma su desconfianza hacia ellas…
—¿Otra coincidencia más? ¡No! ¡Sam! Dame eso y vos también.
—¡Ok! Tomá —le temblaron las manos a Sam.
Pero casi al momento de dárselo, se le cae a causa de volver a
escuchar el mismo ruido, pero más de cerca esta vez.
—¿Y esos pasos? —escuchó Jesús.
—¡Corran! —gritó Sam.
Instintivamente, Darío también corre, aunque sin tomar el
atrapasueños pero al menos huyen y se quedan espiando detrás de
una pared. Algo agitados, menos Sam, que dice…
—¡Creo que se fue!
—¡No estés tan seguro! —le aseguró Darío.
—¡Escuchen! —Jesús abrió sus oídos.
Se escuchan pasos, pero no se ve a nadie.
—Tal vez… ¡Alexa! —dijo mientras lo pensó Darío.
—¡Mi mamá! —se alegró Sam.
—¡No! ¡Sam! No es seguro —Darío intentó sujetarlo.
Pero el niño corre hacia una posible Alexandra.
—¡Sam! —Jesús lo siguió…
—¿Qué hacen? ¡No es seguro, dije!

95
Al segundo de pensarlo e ir detrás de ellos, mira, pero ya no
están.
—¡Mierda! Son rápidos.
—¡Mamá! ¿Dónde estás? ¡Mamá!
—¡Shh! —lo calló Jesús —¡Loco! ¿Por qué te apuraste tanto?
—¡Cállate vos, rarito! Que no la puedo escuchar.
—Mirá quién habla de rarezas —se rió Jesús.
—¡Estoy seguro que es ella!
—Pues, yo no veo a nadie…
—Shh ¡Allá! —señaló Sam.
—¿Otra vez a correr? —se quejó Jesús.
Al llegar primero Sam, presiente que está cerca de su madre,
pero ahora…
—¡No es ella! —le dijo Jesús.
—¡Estaba casi seguro!
—¿Estabas?
Del silencio, ahora se escucha una voz…
—¡Hijo! ¡Hijo mío! —una voz tenebrosa susurró.
—¡Sam, no! —gritó Jesús.
La voz de su madre triunfa sobre el grito de su amigo.
—¡Acá, Sam! Detrás de la puerta…
Al mirarse entre ellos, Sam siente menos desconfianza que Jesús,
pero sí más persuasión, tal vez por el cariño de una madre; va hacia
la puerta…
—¡Con cuidado! —le habló bajo Jesús.
Al abrirla, sus ojos apuntan de rincón a rincón, un cuarto chico,
pero con grandes miedos, aunque…
La ilusión de Sam no se desvanece del todo.
—¡No hay nadie! —se aseguró Jesús.
—¡Allá! —Vio algo Sam.
En el cuarto rincón, ven a una mujer llorando de espaldas.
—¡Hola! ¿Mamá?
La mujer para de llorar y se da la vuelta…
—¡Sam! ¡Jesús! Tal vez no debería estar gritando, ya de por si
estoy hablando solo, pero…¿Dónde se metieron?
Entre caminar cada vez más rápido, el cansancio lo obligó a
arrodillarse.
—¡Ya estoy más que podrido de todo esto! —agachó la cabeza.
—¡Darío! —se escuchó una voz dulce al final del pasillo.
—¡Esa voz! —levantó su mirada.
Aunque tiene la visión borrosa de sudor, la logra reconocer…
—¡Alexa! Así que eras vos.
96
—¿Qué?
—¿Dónde están los niños? —se levantó con un poco de
relajación.
—¡Niños! ¿Dónde? —Alexa varió el volumen de su voz.
—Pero… ¿Cómo? Entonces, ¡No!
—¡Yo no soy tu mamá! —le gritó la falsa Alexa.
Un susto enorme en los niños, que los hace ir hacia la puerta con
rapidez.
—¡Vamos! ¡Abre! —Jesús intentó abrir la puerta.
—¡Mamá, no!
—¡Ella no es tu mamá! —Jesús siguió intentando con la puerta.
Pero a su espalda, hay una desilusión de parte de Sam, que
observa además, el aspecto cambiante de su enemigo. Al
observarlos fijamente, le agrega una sonrisa altamente molesta.
—¡Mis oídos! —se tapó Jesús.
—¿Qué está pasando? —gritó Sam.
La sonrisa se escucha cada vez más fuerte, e incluso se mezcla
con las preguntas de Dario…
—¡No! ¿Y eso? —se sorprendió al escuchar la risa.
Alexandra sólo mira para todos lados, incluyendo a Darío, e
insinúan de quién se trata.
Además, los tres atrapasueños se mueven en diferentes puntos
de la casa, muy conectados entre ellos.
—¡Mirá! —dijo Jesús, al tocarlo.
Su atrapasueños también se está moviendo.
—¡Otra vez! —afirmó Sam.
—¡Oh, no! Ni ganas de pelearme con ésta ahora, encima es la
más fuerte —se acobardó Carlos. —¡Bueno! Sean buenos niños y
vayan a dormir…
Ambos lo miran… y con la imagen del miedo en sus rostros,
insisten con la puerta. Su enemigo se ríe y le dice…
—¡Dulces sueños!
Ambos se agarran del brazo y caen al suelo, envueltos en una
habitación que crece más y más.
Entonces ¿Dónde está mi hijo? —expresó Alexa suavemente.
—¡Es verdad! ¡Vamos!
Al correr sin saber dónde ir, empieza a abrir diferentes puertas.
—¡Jamás puedo verlo! —levantó su voz.
—¡Tenemos que encontrarlos! —se apuró Darío.
Al mismo tiempo, nota a Alexandra algo molesta. En el momento
que la observa, abre una puerta más y…
—¡David! ¿Sos vos?
97
—¿Quién es él?
—¡Mi amigo perdido!
Al correr hacia él, intenta despertarlo…
—¡David! ¡Tanto tiempo! Aunque no sé cuánto en realidad.
Alexandra sólo observa con inquietud.
—¿Qué te pasa Alexa?
—¡Sólo quiero a mi hijo!
—¡Tranquila! Ya va a aparecer.
—¡No! —levantó su voz.
—¿Cómo?
—¡No siento tranquilidad! ¡Ya no veo el amor! ¡Sólo odio!
—¡Creeme que también me pasa y no estoy…
—¿Muerto? —Ahora bajó su voz —Pero sí lo suficientemente
viva para ¡Matar! A ese asesino y estar con mi hijo.
—¡Se le abrieron los ojos! —Darío miró a su amigo —¡Mirá,
Alexa!
Pero desapareció…
—¡Alexa! —gritó Darío.
Al instante, ese grito como que hizo mover la habitación…
—¿Y ahora qué?
El piso también, menos David, pero Darío se hunde en un cuarto
que emerge…
—Noventa y siete, noventa y ocho ¡Ya casi termino! Noventa y
nueve y… ¡uno más! ¡Cien! ¡Voy!
Jesús contó desde un árbol, ahora pega la vuelta y sale a buscar a
los niños… ¡Incluyendo a Sam al correr!
—Siento que tardé mucho en contar ¡Sólo espero encontrar! —se
expresó al caminar.
Lentamente, empieza a revisar otros árboles que tiene cerca y no
encuentra a ninguno.
—¡Me da cosa alejarme! —se asustó al pensar en perder.
Al girar su cabeza hacía la noche, ve a alguien observándolo
detrás de un árbol. Al asustarse, al mismo tiempo escucha una voz
infantil…
—¡Piedra para Jesús! —gritó al ganarle.
Él corre hacia el árbol del conteo y no ve a nadie. Ahora se aleja
un poco otra vez, pero de su confusión…
—¡Piedra para Jesús! —se escuchó otra voz.
Al correr de nuevo hacía el árbol, no ve a nadie, excepto risas.
—¡Chicos! ¿Son ustedes? ¿Sam?
Más carcajadas se oyen, pero alejándose…
—¿Dónde están? ¡Esto ya no es divertido!
98
Al seguir escuchándolas, corre y se aleja de los árboles,
encontrándose con un parque de diversiones…
—¡Tres! ¡Dos! ¡Uno! y…¡Corran!...
Sam sigue corriendo, pero ahora en una competencia de carreras.
Con un par de rivales escolares, se encuentra último.
—Oh, ¿Qué pasa con Sam? ¡Va último! —dijo su profesor.
—¡Sí! Tal vez no sea su día —expresó otro profesor.
—¿Qué te pasa hoy? —le dijo un compañero que compite
también - ¿No era éste tu sueño?
Sam lo miró en silencio… y avanzó a toda velocidad.
—Oh, ¡Ahora sí! —Se emocionó una profesora.
—¡Vamos! ¡Corré! ¡Corré! —su profe al mirarlo avanzar.
Sam ya había pasado a sus rivales, alejándose de la pista, pero…
El ambiente va cambiando de apariencia. Al frenar de cansancio,
agitado mira hacia atrás y la pista se va viendo cada vez más lejos.
Ahora, nuevamente de frente, se ve todo oscuro y arbolado, como si
fuera un bosque. Al mezclarse en él, ve a una chica de negro con
unos cuerpos tirados, acercándose a ellos.
—¡Alto! —se escuchó un grito.
En simultáneo con la realidad, Alexandra siente una luz y va
hacia el fondo de un pasillo. Caminando de la mano con su deseo
de venganza. Aunque, con la otra mano, la desesperación de
encontrar a su hijo. ¡Muy subjetiva para ser un fantasma!
—¡Alto! ¡Arriba las manos! —ordenaron dos policías.
La misteriosa chica levanta dichas manos y gira su cabeza…
—¡Es ella! ¡La líder! —se emocionó Sam al reconocerla.
—¡Quieta y no hagas nada raro! —gritó el policía.
La otra oficial se acerca e intenta colocarles las esposas.
—¡No sé si pueda salvarlos! —habló la cazadora.
—O será ¿Matarlos? —le dijo la policía.
—¡Yo no maté a nadie!
—¡Silencio! —se acercó el policía.
Mientras la oficial la lleva al auto, él se queda mirando a los
cuerpos y los nota algo extraños.
—¡Yo no debería estar acá! —expresó la cazadora.
—Pues, yo debería ganar más y acá estamos! —se burló la
policía.
—¡Podemos hacer un trato! —insinuó la cazadora.
—¿Ah, sí? ¿Cuál? —se intrigó ella.
De golpe, cae el policía y asusta a su compañera por la ventana,
sin querer.
—¡José! ¡Idiota! Me asustaste.
99
—¡Perdón, María! Es que vi algo raro en esas personas.
—¿Necesitan ayuda? ¡Miren que puedo ser útil!
—¡Shh!, asesina sexy —la calló José.
—¿Ustedes son pareja, verdad? Los tiernos trabajan juntos —le
expresó con insinuación al mirarlos fijamente.
—¿Qué? —se sorprendió José.
—¡No, no! —le corrigió María —¡José! ¿Qué pasa afuera?
¡Déjenla! —gritó Sam.
—¿Y eso que fue? —preguntaron ambos policías.
—¡Ella no hizo nada! —Sam se acercó.
Al instante, la cazadora lo mira y ve a un hombre salir detrás de
un árbol, tomar al niño y correr.
—¡Mierda! Lo siento, pero… ¡Ya tengo que irme!
Ambos policías, sin saber dónde mirar, pero sí sentir el impacto
de las esposas rotas y en seguida, también el auto…
—Policías ¡Siempre lo mismo con ustedes!
Ha roto sus ventanas y puertas a golpes, ahora levanta la parte
trasera y lo da vueltas con ellos dentro.
—¡No! ¡No! —se asustó María.
—¡Esperá! —gritó José.
—¡Quédense acá por ahora! —y huyó por Sam…
Al mismo momento, Alexandra vuela suelo bajo hacia la puerta
que brilla, la traspasa y encuentra a Sam…
—¡Sam, Sam! ¡Despierta! ¡Hijo!
Sin despertar pero con sus ojos abiertos, ella entra en duda,
aunque algo le dice que está soñando…
—¡Sam! ¡Quieto! ¡Vamos, niño, no te muevas!
Sam es secuestrado por este misterioso sujeto.
—¡Soltame! ¡Ya! ¿Quién sos?
—¡Tranquilo, niño!
Ya al dejarlo en pie.
—¿Quién sos? —Sam lo miró fijo.
—Bueno, yo soy…
—¡Sam! —se escuchó un grito desde lejos…
—¿Y esa voz? Mmm… Es de ¡Jesús!
Al venir Jesús corriendo hacia ellos, se percatan del lugar en
dónde están y cómo terminan ahí.
—¿Qué haces en mi sueño? —se acercó Jesús.
—¡Vos! ¿Qué haces en el mío?
—¡No tengo idea! —se rió Jesús —Mmm… Pero sí tengo idea de
quién es éste.
—¿De qué sueños hablan, niños?
100
—¡Shh! ¿Vos sos ése del bosque? —lo interrogó Jesús.
—¡Sí, bueno!, pero…
—¿Y vos? ¿Por qué desapareciste en las escondidas?
—¡Sólo corrí cómo todos!
—¡Me sentí solo! —expresó Jesús.
—Además, sos muy lento para contar, eh.
—Bueno, es que…
—En ese minuto que contaste, a mí se me hizo una hora más o
menos —sintió Sam.
—¡Bueno, chicos! ¿De qué tanto están hablando? —Cuidado que
acá…¡La mente puede cambiar el tiempo! —profundizó Sam.
—¡Callate, espía! ¡No confío en vos! —lo acusó Jesús.
—¡Es verdad! ¿Y por qué me secuestraste? —lo inquietó Sam.
—¡No es tan así, chicos!, y Sam ¡Te estaba protegiendo!
—¿Ah, sí? ¿De qué? —Jesús se mostró más desconfiado aún —
¡Ni sabemos tu nombre!
—¡Miguel! Y algo raro pasó en ese bosque. Además… ¡Miren
este lugar!
Al observar bien su entorno, los niños no lo ven tan
desagradable…
—¡Qué divertido! —se emocionaron ambos al ir.
—¡Niños! ¡Esperen!
Todo un parque de diversiones para ellos solos.
En el lugar está de día, no hay movimientos y se ponen a jugar a
todo un poco. Miguel camina por el lugar y se asegura de su
seguridad. Los niños al girar en una calesita, hablan de la previa de
sus encuentros. Lo de las escondidas, los niños, la carrera de Sam,
los policías; pero más que nada…
—¿En serio? —se sorprendió Jesús…
—¡Sí!, llegué a ver su increíble fuerza.
—¡Ojalá la volvamos a ver! —se entusiasmó Jesús.
—¡Eso espero! Vos tenes el mejor collar, eh.
—Bueno, pero hay más.
—¡Sí! Pero en la… ¿¡Realidad!?
—Mmm… —lo pensó Jesús.
—¿De qué tanto hablan, muchachos? —se acercó Miguel.
—¡De nada! Sujeto extraño —lo prejuzgó Jesús.
—¡Jesús! —lo calló Sam.
Por alguna razón, Sam y Miguel tienen algún vínculo amistoso.
—¡Vamos, chicos!, pueden confiar en mí.
—Es que… tenemos miedo de ese demonio —se asustó Sam.

101
—¡Sí! Y no tenemos bien claro este sueño como otros —calculó y
pensó Jesús.
—Bueno ¡Yo me siento bastante real! Aunque…sí noto
presencias raras alrededor —los calmó un poco Miguel —Además,
esto es un parque de diversiones ¿A qué niño no le gusta esto?
—¡Es verdad! —se emocionó Sam
—¡Sí! —Jesús más aún.
—¡Sólo diviértanse, niños!
De tanta diversión, la noche la potenciará, pero a su costo…
—¡Bueno, muchachos, ya está oscureciendo!
—¡Uh, no! Un rato más —le rogó Jesús.
—¡Sí!, y seguro más chicos caerán —aspiró Sam.
—¿Dónde? ¡Yo no veo a nadie! —observó Miguel.
—¿Y ésos? —señaló Sam.
Entre la noche, la gente comenzó a entrar y los juegos
comenzaron a activar el parque.
—¡Wow! Escuchen eso —les dijo Jesús.
—¡Sí! ¡Vamos! —Saltó Sam.
—¡Ok, sí! No me opongo a la diversión ¿Pero no tienen hambre?
Por ende, van a los puestos de comida y golosinas pero alguien
camina en sus sombras…
—Uff, ¡delicioso! —Jesús se comió unos cubanitos.
—¡Sí!, muy rico —ahora Sam —¡Tengo sed!
—¡Tranquilo!, y no se habla con la boca llena —bromeó Miguel.
—¡Ahora vamos a ese juego! —gritó Jesús.
—¡Wow! Yo también quiero —se sorprendió Sam.
—¡Ok! Pero no con bebidas encima, por favor, que no quiero ver
eso…
—Uhh ¡Qué asco! —expresó Jesús.
Al reírse Sam, van y suben a la montaña rusa. Miguel, en cambio,
se queda mirando y observando a un desconocido al que se ve
interesado en el juego, aunque no le da mucha importancia.
—¡Sí! ¡Ahí vamos! —gritó Jesús.
—¡Qué miedo! —expresó Sam —¡Aunque me agrada!
Van con la primera bajada mortal y gritan ambos de emoción.
—¡Sí! Sobrevivimos —exageró Jesús.
—Por ahora —bromeó Sam.
—¡Jajaja! —sonrió Miguel desde abajo.
Pero esa sonrisa se va a poner algo seria…
El juego, de repente toma una velocidad inesperada, inquietando
a los de arriba.

102
—¡Ustedes! Pueden bajar un poco ese ritmo ¡Vos! —Miguel
acusó al encargado.
—¿Por qué va más rápido? —se asustó uno del juego.
—¡Quiero bajarme! ¡Quiero salir! —gritó un chico.
—¡Como quieras! —éste jaló una palanca y lo hizo volar.
—¡No! —gritó en el aire.
—¿Qué fue eso? —Miguel miró al encargado.
—¿El qué? ¿Ésto?...
Ahora suelta una parte del juego y cae cerca de la gente de abajo.
—¡Cuidado! —Miguel salvó a una persona. —¡Vos! —Miguel
miró al encargado nuevamente.
—¡Esperá! —este lo frenó —¡Se viene la mejor parte!
—¡Cuidado, niños! —Miguel los vio.
Al ir en bajada, arriba, la velocidad aumenta y los chicos se
agarran fuerte.
—¡Correte, infeliz! —Miguel empujó al encargado.
Al mover la palanca, la velocidad va bajando de a poco.
—¡Ahora sí!
—¡Maldito humano! —el encargado le devolvió el empujón.
—¿Qué dijiste? —Miguel se cayó.
Entonces, se retoma la velocidad provocando una bajada infinita;
parece que el miedo no tiene frenos.
—¡Uno! —contó el encargado.
Asiento al suelo…
—¡Dos! —cayó un asiento más.
Nuestros niños soñadores no parecen resistir más y se sueltan al
aire.
—¡Niños! —gritó Miguel.
—¡A un lado todos! —apareció la cazadora.
Al empujar a dos personas, salva a los chicos y caen al suelo
sanos y salvos.
—¡Mi Cazadora! —se agitó Jesús.
—¡Atrapasueño! Pero sí… ¿Están bien?
—¡Sí! Gracias, señorita de las pesadillas —se impresionó Sam.
—¡Niños! —gritó Miguel al correr —¿Están bien?
—¡Sí! Gracias a ella —la señaló Jesús.
—¡Me alegro mucho! —se alegró Miguel.
Ahora se acerca a Sam, se agacha y lo abraza.
—¿Seguro que no les pasó nada? —se aseguró Miguel.
—¿Lo sentís mucho, no? — la cazadora lo observó.
¿Qué? ¡Bueno si!. ¡Me preocupa!
—¿Cómo un padre a un hijo?
103
—Supongo —la vio con dudas —Y por cierto, ¿Vos sos?
—¡No necesitás saberlo!
—¡Ok! No dije nada.
Los niños se ríen de la incomodidad, pero ese momento será
interrumpido por alguien más…
—¡Miren, nomás! Ahora el parque se pone más divertido —el
encargado movió sus brazos.
—¡El encargado! —le apuntó Miguel.
—¡Es más que eso! —la cazadora dio un paso hacia adelante —
¡Demonio!
—Uh, qué miedo ¡Una atrapasueños! —Se burló el encargado.
—¡Sí! Y la líder —le gritó Sam.
—¡Así que te hará pedazos! —se enojó Jesús. —¡Preparate!
—Bueno… ¡Ya los escuchaste! —Lo desafió ella.
—Así que…¡Cazadora líder! ¡Demonio! ¿Hay algo más por
saber? —se confundió Miguel.
De golpe, la gente corre entre ellos y los curiosos parecen
involucrarse…
El demonio aprovecha esa oportunidad y se mezcla entre la
multitud.
—¿Dónde está? —se inquietó Miguel —¡Cuidado, chicos!
—¡Tranquilos! Ya va a caer —afirmó la cazadora.
—¡Quietos! —se escuchó un grito a lo lejos.
—¡En especial vos, mujer! —apareció María.
—¡Sí, vos! Alejate de esos niños —le apuntó José.
—Policías ¡Nosotros no hicimos nada! —se defendió Miguel —
¡Al contrario!
—¡Shh! Vos también ¡Alejate!
La atrapasueños, al ver que la gente se está yendo, incluye a su
enemigo también.
—¿Qué pasó acá? —María miró lo acontecido.
—¡Es un desastre! —José se acercó al hecho.
—¡Nosotros no fuimos, oficiales! —Exclamó Miguel.
—¡Callado! —le apuntó María.
—¡Mirá estos cuerpos! —notó José.
—¡Desgraciada! —María la culpó.
—¡Lo mismo que aquellos! —José los revisó. —¿Qué les hiciste?
—¡Yo jamás mataría a alguien! Y te recomiendo que también
revises a los otros del bosque.
—¡Shh! Los llevaremos a todos a interrogar —Los obligó María.
—¡No! —gritó Sam —¡Ella es inocente!

104
—¡Sí! Nos ayuda siempre con nuestras pesadillas —Jesús no
pudo convencerlos.
—Claro, claro ¡Vamos, niño! —José les ordenó caminar.
—¡Esperá! —María lo detuvo.
—¿Qué pasa? —le preguntó su compañero.
—Nada, es que… ¿Cómo te llamas nene?
—¡Jesús!
—¿Qué hacés, María?
—Sólo siento como que… ¡Lo conozco de algún lado!
Él también lo mira fijo. Pero no siente lo mismo, por lo visto…
—¡Pues yo no! ¡Vámonos!
—¡Ustedes no van a ningún lado! —se escuchó un grito.
—¿Y eso? —se asustó José.
—¿Qué fue? — ahora María.
—¡Está cerca! —percibió la cazadora —¡Niños, atrás mío!
—¡Ok, señorita líder! —Miguel se puso detrás de ella también.
—¡Vos, no! Cobarde.
Parecen liberar un poco de tensión con un poco de risas, pero el
porvenir huele a lo peor…
Ambos policías se acercan mostrando autoridad y apuntando sus
armas…
—¡Cuidado! —gritaron los de atrás.
—¡Tranquilos! —se confiaron los oficiales —Tenemos todo bajo
control.
—¿Y vos quién sos? —le apuntó María.
—¡Sólo soy el encargado del parque! Y estas personas lo están
arruinando todo.
—¡Mentira! —gritaron Jesús y Sam.
—¡Sí, oficiales! — afirmó Miguel —Ese tipo no parece un ser
humano.
—¿Qué cosa? —se confundió José.
La ley se confunde, apuntando a ambos lados, deciden disparar
hacia arriba…
—¡Todos, silencio! —gritó María.
—¿Y la cazadora? —Miguel notó su ausencia.
—¡Allá! —La vio Sam.
Le está dando una dosis de acción a su enemigo…
—¡Tomá! —le dio su puño en la cara.
—¡Auch!
—¡Desgraciado demonio! —ahora le dio con su rodilla en el
estómago.

105
Ahora, al agacharse en su siguiente movimiento con gran
velocidad, le mete la traba, éste se cae y luego lo patea lejos.
—¡Alto! —gritó José.
—¡Quieta! —le apuntó María.
Momento perfecto para que Carlos, el demonio, pueda realizar
un contraataque…
—¡Maldita entrometida! —la empujó con una fuerza de aire
sobrenatural.
Aunque le cuesta moverla, la hace retroceder bastante. Ahora, al
levantarse herido, involucra a inocentes robándoles sus sueños…
—¿Qué está haciendo? —observó José.
Con la mano en sus frentes, hace caer a algunos.
—¡Detente! —le disparó María.
Ambos comienzan a disparar, haciendo que caiga al suelo.
—¿Se murió? —se acercó Miguel.
Sus ojos de suspenso esperan que sí.
—¡Listo! —se confió María.
—Teníamos que matar a ése ¡Sea lo que sea! —Se dió la vuelta
José.
—¡Cuidado! —gritó Sam.
El demonio se levanta y deja caer las balas rojas de sangre de su
cuerpo.
—¡Mierda! —expresó María.
—¿Y éste quién es? —preguntó José.
—¡La cazadora! —gritó Jesús al verla.
—¡Qué gran chica! —Miguel la vio correr.
Su enemigo, al verla venir, lanza de nuevo su fuerza contra ellos.
Además, se ve más fortalecido con los sueños extraídos
recientemente…
—¡Afuera! —gritó hacia arriba.
Su grito expulsa las pesadillas qué lo envuelven pero las libera
contra todos ellos. Se ve que son demasiadas, aunque a la cazadora
parece no afectarle…
—¿Dónde están todos? —se preguntó una solitaria cazadora.
En consecuencia, se encuentran atrapados en una simulación 3D,
sentados con una imagen en frente a ellos.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Miguel.
—¿Un sueño dentro de otro sueño? —ahora dudó Sam.
—¿Qué decís, niño? —José le respondió con otra pregunta.
—¿Eso es una pantalla gigante? —observó María.
—¡Wow! Estamos en el cine —se emocionó Jesús.

106
—Abróchense los cinturones y…¡Que comience el juego! —se
escuchó un grito de fondo.
—¡Seguro es ese malnacido! —aseguró Miguel.
—¿Dónde estás? —le gritó José.
Sin tiempo de seguridad, los asientos empezaron a moverse y la
pantalla se encendió…
Con música de terror de fondo, la imagen se mueve y, dentro de
ella, cinco personas corriendo en primera plana.
—¿Silent Hill? —Jesús escuchó el sonido.
—¡Miren! —se asombró María —¡Cinco personajes!
—¡Nosotros! —Expresó Sam.
—¡Niños! ¿Están bien? —los miró Miguel.
Pero al ver también la pantalla, ve que se pierden al correr. Va
por ellos. Sin embargo sólo encuentra a Sam y a su camino que se
les viene encima, a todos los jugadores sentados.
—¡Claro!, en tercera dimensión —se impactó Jesús —¿Divertido,
no? ¿Sam?
Desaparecieron junto con el impacto 3D.
—¡Se fueron! —notó José.
—¿Y ahora qué se viene? —observó María.
En la pantalla se ven a ellos mismos disparando y matando
monstruos, ahora se suben a un auto de policía y avanzan…
—¿Y dónde estoy yo? ¡Me perdí! —se preocupó Jesús.
Los policías lo ven y lo recogen al auto, pero el auto no arranca…
—¡Vamos! ¿Qué pasa? —intentó arrancar José.
—¡Cuidado! —gritó María.
Al ser chocados, sus gritos también chocaron con ellos sentados.
Al mirar la pantalla, también son impactados con el efecto 3D y
aparecen conduciendo, pero en los autos chocadores…
—¡Sam! ¡Sam! ¿Dónde estás?
Camina por una especie de cueva subterránea, buscando a Sam.
—¡Mierda! Tengan cuidado.
Casi es chocado por dos niños en un carro.
—Así que se trata del tren fantasma, eh ¡Muy creativo!
—Sí ¿No? —Apareció Carlos, el supuesto “encargado”.
—¡Vos otra vez! —se enojó Miguel.
Al acercarse a él, casi es chocado por otro carro…
—¡Cuidado, tonto! —le gritaron unas niñas.
Al enfrentarlo, éste le pone su dedo en la frente y le dice…
—¿Hay sueños acá? ¿Qué clase de pesadillas puedo encontrar?
—¡Sólo dame a Sam! —le quitó el dedo.
—Es decir ¡Tu hijo! Ya deja de fingir.
107
Éste lo mira con sorpresa y se aleja un poco.
—¡Sé un buen padre en su sueño al menos!
—¡Callate! —lo golpeó en la cara - ¡A vos qué te importa!
Carlos, al girar su mirada, nota a Sam espiando…
—¡Sam! —lo asustó Carlos —¿Querés jugar a las escondidas?
Con un giro siniestro, desaparece, Sam huye y su padre va a
buscarlo.
Por el lado de Jesús, María y José, van conduciendo cada uno con
su auto. Su entorno cambia a toda adrenalina.
—¿Qué significa esto? —habló José.
—¡No sé! Pero no me gusta nada —ahora habló María.
—¡Niño! —le gritó José.
Jesús, emocionado, los choca a ambos.
—¡Jesús! —lo calmó María.
—¡Perdón! Es la emoción, más allá del peligro. —¡Ok! Pero lo
más preocupante, es que ésta pista parece un círculo infinito —
observó José.
—¡Sí! Iré a ver más allá —aumentó su velocidad María.
—¿Tu nombre es Jesús, no? —le habló José. —Sólo trata de
conducir con cuidado, por favor.
—¡Está bien!
—¡Buen niño!
Por atrás se aproxima otro auto y muy rápidamente…
—¿María? ¿¡Ya dio toda la vuelta!? —se preguntó José.
—¡Qué velocidad! —se asombró Jesús.
Al acercarse, notaron un cambio en su vehículo…
—¿Y ese auto? —se asombró José.
—¡Tiene cuernos! —llamó la atención de Jesús.
—¡Cuidado! —gritó José.
Dicha velocidad, pasa entre ellos, rozándoles el peligro.
—¡Ésa no es mi compañera!
El auto baja su velocidad y mira para atrás…
—¡Hola! —se rió.
—¡Carlos! —dijo Jesús.
—¿El demonio, no? ¡Algo me dice que te conozco de algún lado!
—¡Así es! Pero sólo estás vivo acá —intentó chocarlo.
—¿Qué insinuás?
—Ups ¡No te vi! —bromeó María al chocarlo. —Te conozca o no,
no te quiero ni ver.
—¡María!, esa sí sos vos —se alegró José.
—¡Sí! —Jesús también se alegró.
—¿Estás bien? —se preocupó su compañero.
108
—¡Sí! Aunque mi auto no tanto.
—¡Tomá, demonio! —Jesús lo golpeó una y otra vez.
—¡Jesús! ¡Vení! —Le gritó María.
—¡Mejor huyamos! —alertó José.
—¡Sí! Es una buena idea —expresó su compañera.
—¿¡Creen que pueden escapar de mí!?
Carlos se acomoda y los sigue…
—¡Aceleren con todo! —apuró José —Debe haber una salida por
ahí.
—¡Sí, pero nos está alcanzando! —ahora apuró ella.
—¡Va hacia Jesús! —se percató José.
—¡Cuidado, Jesús! —le gritó María.
En una rápida adrenalina, José se acerca a él y lo toma,
poniéndolo a salvo.
—Uff ¡Gracias a Dios! —se alivió María.
Su enemigo se choca con el carro de Jesús, ensartando dichos
cuernos. Además, ambos carros vuelan por el aire, mientras los tres
logran escapar. José frena para asegurarse de su muerte.
—¡José! ¿Qué haces? ¡Vamos! —le gritó su compañera.
—Me recuerda al Need For Speed todo esto —bromeó Jesús.
Por ende, ella también frena y se acercan. Al estar muy
lastimado, dice…
—Lograron salvarlo…¡Como familia!
Éste desaparece y ellos tres se miran con interrogación…
—¡Sam! ¡Soy yo! ¡Tranquilo!
Sigue en el tren fantasma buscando a Sam. Al caminar, se asusta
cuando aparecen unos carteles de monstruos y fantasmas.
—¡Es un maldito parque de atracciones! Ya no me gustan como
antes.
A lo lejos, se escucha otro carro aproximarse, éste se esconde y lo
espera…
—¡Otro más!
Al pasar a toda velocidad, le parece ver una cara conocida…
—¿Era él? —pensó —Estaba lastimado y de rojo ¡Será mejor que
me apure!
Mientras tanto, Sam sigue escondido en algún lado, pero se
levanta de ahí.
—¡Sam! ¿Dónde estás? —se escuchó con tono agradable pero
engañoso.
Éste lo oye y corre. Miguel también lo escucha y se apura aún
más.
—¡Estas frases! —Notó escritas en la pared...
109
“Salvalo por la izquierda” “Lo verás morir por la derecha”. Lo
hacen confundir pero escucha algo más…
—¡Podés correr y también esconderte!5 —se acercó Carlos.
—¡No! —se asustó Sam.
—¡Sé a qué le temés, muchacho! —lo escuchó.
Carlos se acerca a un posible escondite en un carro y…
—¡Te encontré!
Al no estar ahí, va por otro carro y tampoco lo encuentra, pero sí
escucha un leve movimiento cerca.
—Mmm… ¿Serás vos?
Aunque también escuchó otro movimiento pero a toda velocidad
y éste lo pasó por encima.
—¡No! ¡Mirá cómo me dejaste! —se enfureció Carlos.
Miguel se tira encima de él, dándole un puñetazo en el aire.
—¡Sí que te dejaron mal el día de hoy! —se burló, mientras le
daba un golpe más.
—¡Maldito! —le respondió Carlos.
—¡Vos! ¡Maldito desgraciado! —intentó otro golpe.
Pero éste se cubrió desde el suelo y se defendió con una patada.
—¡Ahora verás! Aún tengo fuerzas que no entiendes.
Le da un par de golpes pero Miguel prepara su
contraataque…¡El amor de un padre!
—¿Papá? —salió de su escondite.
—¡Sam! —respondió su padre, algo lastimado.
Carlos se levanta hacia el niño pero…
—¡No te acercarás a mi hijo! —le dio una patada en la pierna,
dejándolo casi en el suelo.
La furia del padre lo acomoda, agarrándolo con fuerza, sólo para
tirarlo al suelo con efectividad, esta vez.
—¡Te dije qué no te le acerques! —lo pateó una y otra vez —
¡Jamás!
—¡Listo! ¡Basta! ¿Papá, no?
—¡Sí, hijo! ¡Ven!
El niño lo abraza y la pesadilla terminó al aparecer con los
demás, sin parque ni escondidas...
—¡Por fin! —expresó la cazadora.
—¡Atrapasueños! —se emocionó Jesús.
También están María y José junto a él.
—¡Sam! —Jesús lo saludó.

5
Referencia a la famosa frase, pero invertida.

110
—Veo que también le diste su merecido ¿O me equivoco? —la
cazadora le insinuó a Miguel.
—¡Sí! No a tu estilo, pero sí ¡Gracias, por cierto!
Una sonrisa compartida contagió al resto pero la pesadilla parece
desvanecerse.
—¿Y ésto? —preguntó José.
—¡Debe ser el fin! —expresó la cazadora.
—¡Estamos desapareciendo! —María vio a su compañero,
además.
Al parecer ellos se están yendo primero y Jesús corre hacia ellos,
preocupado…
—¡No! No se vayan.
—¿Sabés qué, compañera? ¡Ahora sí, siento que lo conozco! Y
más que eso.
—¡Sí! ¿Como un hijo? —le respondió ella.
Al ver hacía abajo, el niño los está abrazando.
—¡Yo también quiero ser policía cuando sea grande! ¡Así pierdo
mi miedo a buscar!
—¡Cuidate, Jesús! —ambos le dijeron al desaparecer.
Al verse mal, la cazadora se acerca y éste la mira, diciéndole…
—Tristeza pero protección ¿Era así?
—Sí, niño ¡Así es!
Por el lado de Miguel y Sam, también hay una despedida…
—¡Gracias, papá!
—Al contrario, hijo, perdón por no estar ahí presente ¡Con vos y
con tu madre!
A su lamento, se le caen un par de lágrimas y moja a Sam. En
simultáneo con la realidad…
Alexandra también está llorando, tiene a Sam en sus brazos sin
poder despertar, aún…

Pero lo hace al despedirse de su padre, que le dice…


—¡Nos vemos, hijo! ¡Te buscaré!
Jesús se acerca a Sam y ambos desaparecen con sus pesadillas. La
cazadora se queda mirando en silencio y ellos despiertan agarrando
su atrapasueños, pero sin Alexandra.

111
CAPÍTULO 7

UN SUEÑO FRUSTRADO

—¡No! ¡Ayuda! ¿Alguien?


Darío va cayendo en un vacío oscuro que emerge, cada vez más
y más. Sentimientos certeros, puñaladas en el corazón: imágenes de
degradaciones pasadas, metas fallidas, entre otros momentos que lo
hacen hundirse más aún.
—¿Por qué?
Una confusión interminable se apodera de su mente y no
encuentra una solución.
—¡Darío! —se escuchó una voz con ecos.
—¿Eve? ¿Sos vos?
—¡Pelos de niña! —otra voz.
—Ése tiene que ser… ¡Jesús! —se rió.
Ahora visiones de Josefa y Sam.
—¡No corrás, niño! —le gritó Darío.
Mientras ve a Alexandra volando detrás de él. A continuación,
aparece Carlos Smith, haciendo desaparecer sus otras imágenes y le
dice…
—¡Tu turno de soñar! —se expresó con acento burlón.
—¡Vos! ¡No! —se desesperó.
Al instante, la imagen de su enemigo cambia por la de Evelyn y
consuela sus ánimos…
—¡Darío! —lo miró fijo.
—¡Eve!
—¡No te caigas! ¡No claudiques! ¡No desistas, por favor!
—Pero Eve ¡Ya te dije!… ¡Estoy harto de todo esto!
—¡Nosotros también! Sin embargo, pudimos sobrevivir ¡Sólo
despierta!
—Tengo que intentarlo supongo, pero…
—¡Despierta! —le gritó y desapareció.
—¡Eve!
Toda la oscuridad del lugar es reemplazada por una luz que lo
despierta y lo ciega a la vez. Al lavarse sus ojos con sus propias
lágrimas, recupera su vista y tiene un espejo en frente.
—¿Por qué me veo… mejor?
Darío se encuentra arreglado e ideal para dar un concierto de
rock.
—¡Vamos! —alguien golpeó la puerta.
113
Se asusta y se resbala.
—¿Y pensás salir o qué?
—¿David? —se sorprendió —¿Sos vos?
—¡No, tu abuela! —se burló —¡Vamos! Te esperamos afuera.
Al alegrarse por una parte, la otra mitad se encuentra aterrada.
—Bueno, ¡Ahí voy!
Con su sueño musical, ahora parece haberle cambiado la cara y
se emociona al salir.
—¡Ok, este es mi sueño! Como cualquier otro…
Y sale confiado a dar su concierto.
—¡Darknox! ¡Darknox! ¡Darknox! —se escuchó un público
enloquecido.
Sus compañeros lo miran con sonrisas…
—¡David! ¡Guido! Y ¿Amy? —se sorprendió más con ella —¿Ésto
es un sueño, verdad?
—¡No sé! Decime vos —le respondió ella.
Él lo piensa por un segundo, pero decide dejarse llevar por la
emoción del momento… —¡Vamos!
—¡Sí! —gritó Amy.
—¡Con todo! —ahora gritó David.
Guido, al dar su primer toque de batería, arranca el concierto.
—¡Sí! —gritó Darío.
El inicio de un recital espléndido, llamativo, genera un público
internacional, además del nacional. La banda muestra su
crecimiento tanto en talento, como a nivel publicitario.
Tocando temas fieles a ellos mismos, es decir, propios, además
de algunos covers de The Rasmus y Evanescence. Toda una
explosión de emoción, en un espectáculo al aire libre que hace
entrar a más gente…Entre ellas, aparece un desconocido con una
vincha negra…
—¿Y ésto? Hola, disculpen ¡Permiso!
A este sujeto del público, con ropa deportiva, le atrapa la esencia
de la banda.
—Ey, ¡Vos! ¿Quién sos? —se escuchó una voz del público.
—¿Me hablás a mí?
—¡Sí, deportista! ¿Acaso venís de un partido o qué?
—Sí, es que…
—¡Sólo mueve tu raqueta! ¡Estorbás!
—¡Ok, ok! Ya me corro ¡Permiso! Voy a pasar de nuevo.
Al golpear sin querer a algunos con su raqueta, se acerca más a la
banda. Él viene de jugar un partido y más allá de su cansancio, se
interesa en observar a la banda atentamente.
114
—¡Darknox! ¡Darknox! ¡Darknox!
El público no para de gritar y él los mira además de
escucharlos…
—Así que…¡Dark!, y no sé qué más…
—¡Darknox, ignorante! —le dijo un tipo de al lado.
—¿Yo? ¿Un ignorante?, pero por favor…Sólo estoy más ligado a
lo clásico.
—¡Darknox es la banda del momento! Y si no te gusta, mejor
anda a jugar al tenis —lo echó una chica del público.
—¡Pero si me encanta!
Al ponerse a cantar y saltar, llama la atención de la banda…
—¡Miren, muchachos! —señaló David —la gente enloqueció.
—¡Sí, en especial ese loco de ahí!! —Guido señaló al deportista.
—¡Mirá quién habla de locos! —lo jodió Amy.
—Si te referís a cómo toco la batería, ¡Más loco aún! —Guido
tocó un solo de batería.
Darío detuvo su propio canto, al ver euforia en él. Amy se ríe y
ahora es el turno de David… Para su solo de guitarra.
—¡Mirá qué genio! —le expresó Darío.
Sus demás compañeros también lo felicitan con la mirada,
mientras éste se agranda, pero de repente…Todo se viene abajo. La
música se desconecta y en modo silencioso, ellos se miran.
—¿Qué pasa con la música? —habló un fanático.
—¡Devuélvanme mi entrada! —se inquietó otro fan.
La gente se empieza a descontrolar con rapidez, posiblemente
algunos fanáticos saquen el lado violento de la música.
—¡Ésto no debería ser así! —se preguntó Amy.
—¡Paren un poco! —gritó Darío
—¡Locos! —ahora acusó Guido.
Al volar cosas: botas, remeras, tachas, entre otras cosas; como los
insultos. Aparece un golpe de tenis…
—¿Y ésto? —golpeó a David.
—¡Esto sí que es nuevo! —se rió Darío.
—¡Paren un poco! —gritó Guido.
—¡Vos! —le gritó un fan al deportista.
—¿Yo qué?
—¡No ataques a la banda! —defendió al grupo.
—¡Yo no fui!
—¿Y esa raqueta?
Al no decir nada, el descontrol aumenta entre los atacantes y
defensores, más los de seguridad qué se van acercando. En un
intento de manejar la situación, una pelota más, va directo hacia…
115
—¡Cuidado, Amy! —le gritó Darío.
—¡Amy! —gritó Eve.
En simultáneo con la realidad, acá el tiempo parece ir más
lento…
—¡Amy! ¡Despertá!
Con la sensación de hacerlo, por ver sus ojos abiertos, aún así no
despierta.
—¿Y ahora qué hago? —se desesperó.
Además, también está soportando el dolor de lo que pasó con
Carolina.
—¡Sé qué en algún momento tenés qué despertar! —pensó,
inquieta.
Así que prefiere dejarla ahí, “segura”, e ir por ayuda. Pero al
salir, sea cual sea el camino que elija, el miedo siempre va a pisar
sus pasos. Mira hacia atrás a su amiga… Darío también la está
mirando desde su punto de vista. La ve desaparecer junto con…
—¡Guido! —gritó Darío al ver que se iba por un pelotazo
también —¡Amy! —le gritó e intentó salvarla de otro golpe.
Aunque la logra empujar, la salva, pero aún así…
—¡Estoy perdida en los sueños de los demás! —expresó ella, con
tristeza, al irse.
—¡No! —se desesperó Darío.
Pero también le da qué pensar…
—¿Qué pasa? —se asustó David —¿Y qué hay de nosotros?
Al mirarse en silencio de forma sombría, giran sus miradas hacía
el público…
—¿En dónde me metí? —preguntó el deportista.
En ese momento, cruzan miradas los tres y el entorno parece
cambiar lentamente…
—¿Qué está pasando con este lugar? —se asombró David.
Toda la violencia de la gente pasó a convertirse en gritos de
aliento. Un ambiente deportivo que deja de lado la ropa oscura.
Además, hay mucha luz, tanta que es incómodo para los tres.
—¡Miren! Todo ha cambiado —expresó David.
—¡Sí, comienza mi pesadilla traumática! —expresó Darío, con
oscuridad.
—¿Qué decís? —se confundió David.
Éste sin responder, nota que además de todo y de todos, sus
vestimentas también cambiaron.
—¡Te ves raro de blanco! —se rió David.
—¡No! —se desagradó Darío.

116
Él también se está poniendo de dicho color, menos el deportista
que se acerca a ellos…
—¡Hola! ¿Ustedes saben qué está pasando acá?
—¿Y éste? —expresó David.
—¡Cierto, perdón! ¡Soy Peter! ¿Y ustedes?
—Creo que nos vamos a tener que presentar después —expresó
Darío —¡No esperaba un cambio tan así!
Darío, deseando que no sea una cancha de tenis, pero…
—¡Wow! ¡Cemento azul! —se asombró Peter —No es mi fuerte
como el césped, pero bueno.
—¿Y a éste qué le pasa? —David le preguntó a su amigo.
—Aunque no estoy para jugar un partido ahora ¡Ni ganas! —
expresó Peter.
Darío lo mira con miedo, con una expresión que mostraba menos
ganas que él.
—¡Competidores! —se escuchó un grito desde arriba.
Se llega a escuchar entre los gritos de la emoción de la gente.
—¿Qué? —se preguntaron los tres.
—¡Sí, ustedes tres! Aún no es su turno de perder ¡Así que salgan
de la cancha, por favor!
—¿Dijo perder? — Le dio curiosidad a Peter. —¡Pero si soy muy
bueno en esto!
—¡Éste no tiene ni idea en la que nos metimos! —intuyó Darío.
—¿Así que tenis, eh? ¿No es ése el deporte de tu pasado o algo
así? —le preguntó David.
Al caminar sin darle respuesta, se meten en un vestuario.
—¡A ver! ¿Qué está pasando? ¿Soy el más cagón acá o qué? —se
inquietó David.
Entre los tres, él se ve el más preocupado, al menos por ahora.
—¡Vos demostrás miedo de saber algo! —David miró a su amigo
—¡Y vos! Disculpá, no te ofendas, pero te ves medio boludo y sin
preocupación por el peligro.
—¡Esperá! ¡Tranquilo! —lo calmó Peter —¡Sólo estoy seguro de
que soy bueno en esto!
—¡Genial! ¡Me quedo tranquilo entonces! —expresó David con
sarcasmo.
David, al sentarse con fuerza, se le caen unas pelotas de tenis
encima de un casillero. Los otros se ríen y una de las pelotas va
hacia Darío. Éste la mira y la agarra.
—Así que tendré que volver a la cancha, pues…¡Así será!
—¡Bien! Te ves algo animado —lo observó Peter.

117
—¡Mierda! ¿Entonces qué hay de mí? —expresó David —¡Me
quedaré en las gradas!
—¡No! —se escuchó un grito a lo lejos —¡Todos ustedes son
parte de mi torneo mortal!
—¡Wtf! —se asombró Darío.
—¿Dijo mortal? —se impactó David
—¡Es él! ¡El comentarista! —calculó Peter.
A Darío se le hace conocida la voz y sale a acercarse a la cancha.
—¡Es mi turno! —se puso alguien en frente.
—¿Y vos quién sos?
—¡Decime Nico, y soy el mejor en esto!
—¡Ok, bien por vos! Pero dejame pasar.
—¡Darío! —se acercó David —¿Y éste?
—¿Otro competidor? ¿Tendré competencia? —se interesó Peter.
—¡Lo dudo! —se metió Male.
Aparece Malenna vestida de porrista y anima a su novio.
—¿Cuántos partidos ganaste, mi amor?
—Mmm… ¡No sé! La verdad es que ya perdí la cuenta.
—¡Sí! ¡Sos el mejor! —le gritó ella.
—¡Deseame suerte!
—¡Nico! ¡Nico! ¡Nico! —gritó junto a las demás porristas.
—¡Interesantes fanáticas! —las miró David.
—Ahora, a un lado ¡Tengo que prepararme para ganar! —se
agrandó Nico.
—¡Demasiado soberbio! —le desagradó a David.
—¡Espero enfrentarlo! —aspiró Peter.
A continuación, el silencio de Darío despierta la curiosidad de su
amigo…
—¡Vos y tus cambios de humor!
—¿Qué? ¡Estoy bien!
—Al menos vos sabés jugar al tenis.
—Sí, pero…
—¿Te preocupan nuestros amigos? ¡Sí, a mí también!
—¡Además!... —expresó Darío.
Pero mientras, nos tenemos que concentrar en este mortal torneo
o como sea que haya exagerado… —se concentró David.
—¡Además me tienen a mí! —se incluyó Peter.
—¡Es verdad! ¡Señor tenista! —lo elogió David.
Los tres sonríen y con las manos en el hombro del otro, salen
hacía el torneo. Todo un público enloquecido. Parece ser un torneo
muy importante pero a la vez ¡Claro! Algo preocupante.

118
—¡Permiso! ¡Permiso! —Peter pasó y golpeó a la gente con su
raqueta.
—¡Vamos! ¡Córranse! —David también pasó con brusquedad.
Ahora, con un Darío ya más despierto, va empujando a la gente.
—Vos, cuidado con esa raqueta que vas matar a alguien, eh —
David le dijo a Peter.
—¡¿Ésta?! Es una clásica Wilson.
—¡Pareciera qué la amás! —lo jodió Darío.
—Sí, bueno…¡Es mi favorita!
—¡Se viene, se viene! —se escuchó la misma voz, pero desde una
pantalla.
—¡Ese sujeto me da escalofríos! —expresó Peter.
—Ésta es la cuarta ronda consecutiva ¡Cancha rápida y sueños
rápidos! —asustó la voz ésa.
Darío se queda pensando…
—¿Se puede saber qué está diciendo este tipo? —se levantó
David —Además, esa fea máscara con cuernos que usa.
—Shh, ¡Alerta! —lo cayó Peter —Esta cancha es muy veloz ¡Así
que tengan cuidado!
—¡Nuestro mejor tenista del momento! —gritó el comentarista —
Además, responsable, comprometido con su talento y viene
acompañado de su chica.
Al señalar a las porristas, nuestros tres amigos, destacan a
Malenna, pero…
—¡Miren arriba! —señaló Peter.
—¡A continuación, les mostraremos una pequeña introducción
de una pesadilla, previa a este gran día! —el comentarista mostró
algunas imágenes…
—¡Qué mierda! ¿Qué hace Eve ahí? ¡Y su amiga! —se sorprendió
Darío.
—También… ¿Amy? —la reconoció David.
—¿Quiénes son esas personas? —preguntó Peter.
Les están mostrando un resumen de la horrible pesadilla que
vivió Evelyn. Su supervivencia a base de escape y sangre.
—¡Este tipo no me cae para nada bien! —lo detestó Darío.
—¿Responsable, dijo? ¡Si no para de tomar! —notó David.
—¿Y esa del látigo? —se interesó Peter —¡Qué ruda!
—¡Rollizo! —lo reconoció su amigo Nico.
Malenna también, pero sigue alentando a su chico. Éste voltea su
arrogante visión hacia el público, en donde suben el volumen…
— ¡Nico! ¡Nico! ¡Nico!

119
Al caminar con risas hacía su gente, se aproxima a la cancha.
Ahora es dueño de la pantalla y se adueña también de la devoción
de su público.
—¡Qué engreído! —expresó David.
—¡Fuera! ¡Voceros! —les gritó Darío.
—¡Ojalá pierda! Aunque… me gustaría vencerlo en su propio
juego —se entusiasmó Peter.
—¿Qué tan bueno sos? —le preguntó David.
—Y bueno…¡Tengo mis experiencias!
—¡Como las tuyas! —David señaló a su amigo.
—Supongo que tendré que revivir mis experiencias y usarlas
como entrenamiento —expresó Darío —¡Mierda!
—O…¡Escapar! —sugirió David.
—¡Que comience el juego! —gritó el comentarista.
En un silencio concentrado, los competidores arrancan el
partido…
—¡15/0! —gritó el comentarista —Ya sabemos quién va a ganar,
con este Ace.
Con el primer punto para Nico, el comentarista lo elogia y hace
que el público lo siga.
—¡Pero si solo es un saque! —exaltó Peter.
La gente sigue gritando a favor de Nicolás y éste se agranda aún
más…
—¡30/0!
Metió un punto de faja.
—¡Wow! ¡Tremendo! —se sorprendió Darío.
Gritó junto con la emoción de la gente.
—¡Sí, muy lujoso! —analizó Peter —Pero es un abuso de
confianza.
—Y se puede ver como un posible punto débil, ¿No? —calculó
David.
—¡Algo así! - calculó Peter.
Mientras Darío se queda pensando, también se siente algo
identificado…
—¡40/0! —gritó emocionado el comentarista —¡Y ahora con una
dejada a la red!
—¡Otra vez! —se levantó Darío.
—¡Darío! —lo calmó su amigo —¡Tranquilo!
—¿Te gustan los lujos, cierto? —le preguntó Peter con
curiosidad.
—¡Sí, perdón! Es que yo también solía hacer esos golpes.
—¡Sólo mantenelo equilibrado! —le enseñó Peter.
120
—¡Sí!, creo que es un buen consejo — aprendió Darío.
Nicolás ya ha ganado su primer game, por ende, en el segundo
su actitud crece, pero en negativo…
—¡15/0! ¡30/0!
Pierde sus primeros puntos y sus lujos también.
—¡Les dije! —exaltó Peter.
—¡Vos sí que sabés! —lo elogió Darío.
—¡Sí! Pero no es tan tonto para dejarse perder así o ¿sí? —calculó
David.
Una desconfianza en David se nota. Más aún, sabiendo poco de
deportes y llamando la atención de Darío, que lo observa.
Así, a base de soberbia, los lujos decaen y el partido va por el
segundo set. Nicolás va perdiendo un set abajo, pero…
—Uff ¡Set point! —Se preocupó el comentarista —¡Sería raro que
lo pierdas!
Ahora, el partido va igualado en set y, en conclusión, el tercero
va hacia la victoria con facilidad y…
—¡Match point! —se alegró el comentarista junto con la gente.
Aunque los tres amigos no, miran con sus oídos.
—¡Soy Invencible! —gritó Nico al ganar.
—¡Así es! —aclaró el comentarista —Y por ende, el que pierde…
—¡No! —gritó el perdedor.
Es aplastado por una enorme pelota de tenis y muere al instante.
—¡Nico! ¡Nico! ¡Nico! —gritó el público.
Menos Darío y sus amigos, que se levantaron con exaltación.
—¿Qué? —preguntó Darío.
—¿Ésto es real? —dudó David.
—¡No esperaba esto en un simple partido de tenis! —expresó
Peter.
En consecuencia, la situación pega un giro drástico y ahora es el
turno de…
—¡Nuestro siguiente competidor! —gritó el comentarista.
Una luz brillante apunta hacia David.
—¿Yo? ¡No!
—¿Seguro? —el comentarista agarró una pelota de tenis y se
mostró con insinuación…
—¡Vamos! ¡Vos podés! —lo animó su amigo.
—¡Sí! Además, no nos queda otra —se asustó Peter.
—¡Qué pase el que sigue! —se agrandó Nico —Y no necesito
descansar.
—Ok, ¡Ahí voy! —se levantó David —Pero no tengo raqueta.
—¡Listo! —dijo el comentarista.
121
Ahora, con un Nicolás desafiante y una raqueta en las manos de
un David decidido, irán a enfrentarse.
—¡Ja ja! —se rió Nico —¡Será pan comido!
—¿Seguro? ¡Yo diría qué no me subestimes!
—¡Puedo vencerte con una sola mano! —bromeó con él.
—¡Claro! —se rió David.
Ya en posiciones, el partido está a punto de comenzar…
—¡Vamos, David! —gritó Darío —¡Vos podés!
—¡Sí! —ahora gritó Peter.
—¡Silencio! —los calló el comentarista —¡El juego comienza!
Tiran la moneda para ver quién saca. Mientras se miran las caras,
gana David saliendo cara, pero aún así; Nicolás con seca se va a
sacar.
—Ah, ¡No tenés cara! ¡Desgraciado! —bromeó David con
seriedad.
Con un público a carcajadas, aunque en sus amigos se destaca la
seriedad y el árbitro no hace nada.
—¡Éste David! —expresó Darío.
—Bueno, al menos se lo ve algo animado. —observó Peter.
Nicolás saca antes de tiempo.
—¡15/0! —gritó el comentarista —¡Qué buena velocidad!
—¡No! —gritó David.
—¡Eso es una trampa! —se enojó Darío.
—¡Así va a ser difícil! —calculó Peter.
—¡Nico! ¡Nico! ¡Nico! —la gente retomó sus gritos.
Al quedar todo en silencio nuevamente, Nicolás saca de nuevo.
—¡30/0! ¡Qué gran ace! ¡40!
David pierde el primer game, habiendo apenas tocado la pelota.
—¡Tranquilo, amigo! Lo harás bien en el próximo.
—¡Ánimo! —le gritó Peter.
Ya para los siguientes games, es una aplastante derrota de set.
Un David bajoneado, sólo muestra sudor de cansancio.
—¡Descansá, David! —gritó Darío.
—¡Ya se está tomando el partido más en serio! —analizó Peter.
—¿Qué? —lo miró Darío.
—¡Sí! Casi ni lujos hizo en este caso, pero veremos como sigue…
Ya para el segundo set, la actitud talentosa de Nicolás se destaca
de nuevo. Aunque falla en algunos lujos y eso lo pone a pensar a
David…
—¡Esa soberbia es más fuerte qué él! —pensó David —Mmm…Si
no aprovecho ahora ¡Estaré jodido!

122
Nicolás, hace un intento de “globo” (pelota arriba de su rival,
pero se queda corto). David aprovecha…
—¡Ahora, David! —le avisó Darío.
Éste golpea la pelota en un sentido directo hacia su objetivo.
Impacta a todos, aunque el comentarista tarda en cantar el punto.
—¡15/0!
—¡Ése es mi amigo!
¡Seguí así! —animó Peter.
Los ánimos de David aumentan junto con sus puntos…
—¡Aprendés rápido, veo! —lo desafió Nico.
—¡Así es! —David lo contrarrestó.
—¡Pero eso no detiene mis golpes especiales!
En una devolución con mucho efecto David se tambalea pero
logra devolverla junto a su punto ganado; aunque se cae.
—¿Qué? —se asombró Nico.
Un asombro envolvió a todos y hasta el comentarista lo elogió…
—¡Ventaja para set point! ¡Increíble, pero cierto!
—¡Tiene un toque talentoso tu amigo! —se sorprendió Peter.
—¡Sí! ¡Vamos! —gritó Darío.
En definitiva, David ganó su set y ahora todo se definirá en el
tercero.
—¡Deuce! —dio emoción el comentarista —¡Esto se pone
mortalmente bueno!
Entonces, con la igualdad del partido, se decidirá este interesante
desafío. Con una rápida acción por parte de David, gana sus
primeros puntos y aumenta su energía mental.
—¡La adrenalina puede alterar la percepción! —expresó David.
—¿Qué dijiste? —se intrigó Nico.
—¡Nada! Sólo ¡Ésto!
—¡Ace! —gritó el comentarista —Primer juego para el
desconocido del público.
—¡Sí! —gritó Darío.
—¡Seguí así! —alentó Peter.
—¡Debo admitir que eso estuvo bien! —admitió el comentarista.
—¡No! ¡No puede ser! —se enojó Nico.
Consecutivamente, el segundo juego también va a favor de
David y ahora Nicolás se prepara para sacar…
—¡Auch! ¡Éso dolió! —expresó David.
—¡15/0! Además de un buen golpe al pecho.
—¿Pero qué está diciendo ese comentarista? —confundió a Peter.
—¡Está algo enfermo! —lo miró Darío.

123
A continuación, los puntos van y vienen. El partido es
apasionadamente parejo y…
—¡Punto de set! ¡2/0!
—¡No! ¿Qué me está pasando? ¡Si soy el mejor! —se desesperó
Nico.
Ahora al sacar David, en un par de golpes cada uno, en el tercero
a Nicolás se le cae su raqueta al recibir un fuerte impacto de la
pelota. David sonríe con confianza pero su rival muestra otra cara,
una sonrisa sádica sin explicación…
Además, sin escuchar a un público a favor. Esto le desagrada
mucho.
—¡Muy bien, amigo!
—¡Sí, pero con cuidado! —alertó Peter.
Darío lo mira, pero también ve a Nicolás más rápido y enojado.
David, al estar más exigido, se esfuerza más.
—¡Toma! —gritó Nico.
—¡Punto al corazón! —expresó el comentarista.
El ambiente se pone en silencio. Sólo se escucha la raqueta de
David caer.
—¿David? ¿David? —se desesperó su amigo. —¿Qué fue eso? —
se asustó Peter.
—¡Ese sí que fue un golpe certero! —expresó el comentarista.
A continuación, David cae al cemento azul. Mientras tanto, Darío
va bajando por la tribuna a toda velocidad.
—¡Perdón, amigo!! ¡Ésta no es tu pesadilla! Pero qué bueno que
te encontré.
—¡No sé de qué estás hablando! Pero… ¡Este golpe lo siento real!
—¡No! —gritó Darío.
Al mismo tiempo, mira a su oponente, y éste le apunta con su
raqueta. David se está yendo y Darío camina hacia su enemigo…
—¡Esperá! —lo frenó Nico —¡Pido descanso!
—¡Pausado! —interrumpió el comentarista. —
Mientras…Saquen a ése del corazón sin latir de la cancha ¡Estorba!
—¡Desgraciado, enfermo! —se enfadó Darío. —¡Vení vos a jugar!
—lo desafió.
—¡Tal vez! —lo pensó y expesó.
Ahora, al venir Peter, ambos observan a David cerrar sus ojos y
se van a preparar al vestuario.

Desde la realidad de Evelyn, también ve, pero a Amy


desaparecer. Se queda pensando si se encuentra en algún otro
sueño, o en el de ella misma. Esto la hace perder un poco la cordura
124
y correr por toda la casa, abriendo relativas puertas sin logro
alguno. Al dar mal un paso, cae al suelo.
—¡Auch!
Mira para atrás y ve otro atrapasueños. Ambos brillan junto con
el que tiene en su cuello. Se pregunta por el faltante.
Mientras tanto, la pesadilla de Darío habla con Peter.
—¡No puedo con ésto! ¡No!
—¡Qué locura! Demasiado para un partido de tenis —expresó
Peter.
—¡Es mucho más que eso! ¡Es la peor pesadilla de todas! —se
asustó Darío.
—¿Pesadilla? —se intrigó Peter.
—¡Sí, mirá! Es algo difícil de explicar y tal vez lo veas con más
normalidad.
—O sea, ¿Ésto es un sueño?
—¡Así es! —gritó el comentarista.
—¡Otra vez él! —escuchó Peter.
—¡Ya es hora de tu juego final! —amenazó el comentarista.
El silencio de Darío sale convertido en enojo. Peter lo sigue y lo
calma con consejos…
—¡Darío! ¡Pará!
—¡Vamos! ¡Andá en busca de tu verdadero sueño!, y borra esa
falsa fantasía rockera —le levantó la voz el comentarista.
Darío, al caminar más rápido, su silencio se hace más lento.
—¡Calma! Sólo te quiere hacer enojar más —lo calmó Peter —
¡Aunque el impulso de odio parezca una buena idea!
—¡Voy a matar a esos hijos de puta! —se enojó Darío más aún —
¡A la mierda con el tenis!
—¡Vamos! No digas eso ¡Si es tu sueño! Ahora…¡A luchar a
muerte! —gritó el comentarista.
Al reírse luego del grito, Darío se prepara para el partido, entre
el ruido del público.
—¡Ok! ¡Voy a descargarme a pelotazos con ese idiota! —expresó
Darío.
—Bueno, ¡vas mejorando, veo! —expresó con sarcasmo Peter.
—¡Le voy a demostrar mi lado deportivo!
—¡Así se habla! Pero no olvides tu identidad ¡De quién sos!
Darío lo mira intrigado…
—¡Y tu relación con el exterior! En este caso, ¡Con el partido!
—Mmm… —pensó Darío.

125
—¿Pero tené cuidado cómo lo contrarrestás, eh? ¡Tus
pensamientos morales y éticos te pondrán a prueba en momentos
cruciales!6
Darío, al pensarlo más aún, recibe algo más de su parte…
—¡Tomá! —le dio su raqueta —¡He ganado buenos partidos con
esto!
—¡Gracias! —agradeció al irse a la cancha.
—Ah, y… ¡También esto! ¡Suerte!
Le da la vincha para su pelo largo. Darío se ríe y camina hacía su
rival.
—¡Miren quién decidió hacerme frente! ¿A vos sí te puedo
subestimar?
—¿Qué decís, imbécil?
—Tu amigo me dijo eso y luego se le paró el corazón.
—¡Asesino! —se enfureció Darío.
Al agarrar una pelota, le pega fuerte a la red con su raqueta
prestada.
—¡Fallaste, zurdo! - le respondió Nico.
—¡Conducta antideportiva! —expresó el comentarista —¡El
partido aún no empieza!
Entre los gritos de la gente y una delgada línea de quedar
expulsado, Darío se controla y lo piensa…
—¡Así es! —dijo Peter —¡Controlate!
—¡Te daré la ventaja de empezar! —le dejó Nico.
—¡Qué generoso! —expresó con sarcasmo Darío.
—¡Cuánta amabilidad en nuestro campeón! —expresó el
comentarista.
—¡Nico! ¡Nico! ¡Nico! —gritó la gente.
Entonces, al comenzar a sacar, Darío falla en su primer intento.
Se bajonea, pero es consciente de que se encuentra fuera de estado.
En su segundo saque, falla nuevamente.
—¡Doble falta! —se rió el comentarista.
Nicolás también se ríe y saca un juego arriba.
—¡Ánimo, Darío! —alentó Peter —¡Lo harás bien luego!
—¡Tranquilo! ¡Vamos! ¡Vos podés! —pensó Darío.
—¡0/30! ¡0/40!, y otro punto de juego.
—¡No! —gritó Darío.
Así el juego continúa con un Nicolás ganando ⁴/⁰ en set y sacará
él.

6
Referencia a la psicología de Freud: Yo, Ello y súper Yo.

126
—¡Ésto se ve cada vez más sencillo! —se agrandó.
En una devolución tranquila, algo dentro de Darío sale y su
motivación avanza…
Un posible error de Nicolás, hace que Darío despabile y corra
hacía adelante. Sus golpes son más rápidos que los de Nicolás y
gana su punto pegado a la red.
—¿Y qué te pareció eso?
—¡Sólo es un punto!
—¡Sí! —gritó Peter.
Su grito opacó el del resto del público y a cada punto ganado de
Darío…
—¡Sí! —ahora gritó Darío.
—¡Otra vez! —se desagradó Nico.
La confianza de Darío crece a cada golpe ganado y el partido se
pone a ¾ en set, sacando él.
—¡Wow! ¡Tremendo! —exaltó Peter.
Darío hace un Ace y Nicolás cae al piso, desilusionado.
—¿Y ahora qué? —se preocupó Nico —¡Igual aún tengo la
ventaja! ¡Vamos!, ¿Qué esperás?
Al sacar Darío, su rival se la devuelve complicada. Darío la
golpea algo exigido. Sin embargo, Nicolás no lo aprovecha por
hacer un lujo de faja (golpe lujoso de tenis) y la pelota cae pegado
de su lado de la red.
—¡No! —gritó el comentarista —¡Deuce! (iguales)
El partido quedó 4/⁴ iguales y ahora es turno de saque para
Nicolás…
Con una mirada fija y directa hacía Darío, saca rápido y falla por
lejos.
—¿Qué hacés? —lo miró con desconfianza Darío.
—¡Out! —dijo el comentarista, sin dar detalles.
Ya para el segundo saque, Nicolás saca fuerte y Darío se protege
con la raqueta, perdiendo el punto…
—¡Casi al corazón! —pensó Darío.
—¡Cuidado con eso! —le avisó Peter.
—¡15/0!
La inquietud se apodera de la situación y Darío baja su
entusiasmo.
—¿Qué pasó con toda esa energía? —lo desafió Nico.
—¡30/0! ¡40/0!, y juego ganado.
El partido se pone ⅘ en set y ahora saca Darío.
—¡0/15! ¡Vemos a un soñador nervioso! —expresó el
comentarista.
127
—¡Entonces lo despertaré a golpes! —expresó Nico, con
violencia.
—¡0/30!, y ¡Doble falta!
—¡Ya casi lo tengo! —se aseguró Nico.
Pero en un nuevo saque de Darío, su potencia impacta
fuertemente hacia la raqueta de su enemigo, aunque pierde el
punto.
—¿Qué pretendés? —insinuó Nico.
La cara de Dario cambia positivamente, dejándose llevar por la
venganza y haciendo que sus puntos también cambien…
—¡Increíble! —se sorprendió el comentarista. —¡40 iguales!
Ahora, gana ventaja con un golpe al hombro, donde lo deja
dolorido.
—¡Maldito! —expresó Nico.
—¿Y?... ¡No veo tus lujos! —lo humilló Darío.
—¡Ahora verás algo mejor!
Consecutivamente, saca y se arma un juego peleado. Nicolás se
la devuelve cerca y con mucho efecto. Darío corre y la devuelve
exigida. La pelota regresa en un globo alto, haciéndolo retroceder.
Aunque no sólo se la devuelve; lo hace con un Tweener (golpe
lujoso de tenis). Un lujo bajo sus piernas y de espaldas que deja a
todos con la boca abierta, al ganar su limpio punto.
—¡5/5! ¡Iguales en el set!
—¡Bien ahí! —se sorprendió Peter.
—¡Wow! ¡Tremendo! ¡Qué buen partido! —se entusiasmó el
público.
—¡Ánimo, Nico! —gritó Male.
—¡Nico! ¡Nico! ¡Nico! —gritó ella junto a las porristas.
Ahora es turno de Nicolás para sacar. Ambos escuchan a
Malenna y a las demás, pero sin sacarse la mirada desafiante de
encima.
—¡15/0! ¡Parece que la presencia del amor ayuda! —expresó el
comentarista.
—¿Y qué te pareció eso, zurdito? —lo desafío Nico - ¡Ahora te va
otro!
En un saque potente, se devuelve con exigencia y Nicolás hace
un smash hacia el otro lado de la cancha, aunque Darío se la
devuelve; se le queda en la red.
—¡Sí que tiene agallas! —pensó Nico.
Aunque lo mira con soberbia. En su siguiente servicio, éste lo
pierde y el partido se pone 30/15.
Reconoce cada vez más su talento y pierde otro game más.
128
—¡6/5!
—¡Vamos, Darío! —gritó Peter —¡Acabá con él!
Un bajón profundo hace perder a Nicolás sus primeros puntos y
Darío lo aprovecha…
—¡Set point! —se sorprendió el comentarista. —¡No lo puedo
creer!
—¡Tomá! —le gritó Darío.
Un golpe certero que lo hace impactar con furia hacia la raqueta
de su rival y empujarlo hasta el suelo. Mientras Darío se arrodilla de
cansancio, Nicolás tira su raqueta un poco lejos.
—¡Sí! —gritó Peter.
—¡Tomá! —Male le acercó la raqueta a su novio. —¡Lo harás bien
en el próximo set!
—¡Fuera! —se desquitó.
Ella se ofende y se aleja.
—¡Ok! Nuestro campeón va a necesitar un pequeño descanso —
pausó el comentarista.
Ya para el segundo set, Nicolás comienza fallando, incluso con
dobles faltas. Una desilusión que silencia su enojo.
Ahora saca Darío con un juego arriba.
—¡15/0! ¡Algo malo está pasando con nuestro mejor tenista!
¡30/0! ¡40/0! y otro juego arriba para el visitante soñador.
—¿Qué clase de campeón sos? —lo desafió Darío —¡Uno no muy
bueno, veo!
Éste se enfada y saca…
—¡Casi! —esquivó Darío.
La pelota le pasa muy cerca del pecho.
—¿Así que querés jugar así, sucio?
Otro servicio a pegar y se le va afuera.
—¡Doble falta! —observó el comentarista —¡Se enojó el campeón!
¡Tenemos que hacer algo!
Su actitud, junto con sus puntos, siguen abajo y pierde 3/0.
Ahora servicio para Darío. Al momento de sacar…
—¡Esperen!
Una impredecible presencia arbitral aparece y se suma al juego.
—¿Qué? ¡No! —se enfadó Darío.
—¡Trampa! —gritó Peter.
—¡Bienvenido al mundo de tus peores pesadillas! —se rió el
comentarista —¡Todo se vale!
Al referí le cae una raqueta del cielo y Nicolás lo mirá sin
quejarse.
—¡Vamos! ¿Qué esperás? ¡Sacá! —lo apuró el referí.
129
—¡Además de tramposo, ahora te metés! —expresó Darío —
¡Igual no pienso tirarme para atrás!
Saca con todo hacía el árbitro y lo nota algo indefenso.
—¡Punto para nadie!
—¿Qué decís? —Darío le criticó al comentarista.
—¡Falta de experiencia! —le respondió —¡Sacá de nuevo!
—¡Buu! ¡Buu! —se quejó el público.
—¡Basta de trampas! —se enojó Peter.
—¡Cállense! —se enojó el comentarista también —¡Continúen,
por favor!
Darío saca. Nicolás interviene y remata con fuerza,
aprovechando la oportunidad.
—¡Buu! ¡Buu! —el público siguió quejándose.
—¡Mierda! —expresó Darío.
A ese ritmo, Darío pierde su saque y el partido lo perjudica con
un 3/3 en set, sacando el árbitro. Éste le saca al otro extremo de la
cancha, con una inesperada sorpresa hacía Dario.
—¡15/0! ¡Qué gran Ace! —bromeó el comentarista.
Ya para el siguiente saque, un predecible árbitro hace lo mismo.
Pero Darío se anticipa y la devuelve tirándose al piso, aunque
Nicolás remata nuevamente hacia él.
—¡Ya es suficiente! —se levantó Peter —¡También quiero jugar!
Un reflector lo alumbra con mucha iluminación y el comentarista
se niega a eso.
—¡Éso es trampa! —dijo el comentarista.
—¡Hipócrita! —le expresó Peter.
—¿Qué dijiste? —el comentarista lo alumbró más.
Al momento de responder, es interrumpido por Nicolás.
—¡Dejalo!
—¿Qué? ¿Seguro? —le preguntó el comentarista. —¡Mirá qué
esté se ve bueno!
—¡Justamente! Más desafío para ganar.
Peter baja a la cancha y anima a su compañero.
—¡Tranquilo! ¡No estás sólo!
—¿Ahora conoceremos tu talento, no? —lo miró Darío.
—¡Sí! Me comprometo mucho en un partido y…
—¡Shh! —los cayó el comentarista —Ya demasiada previa
¡Jueguen!
—¡Sí, y sacá vos! —lo miró Nico —¡Quiero ver de qué estás
hecho!
—¡Estás reglas se están yendo al carajo! —expresó Darío.

130
Entonces, al sacar Peter, hace su primer Ace hacia el árbitro.
Luego, también con Nicolás, aunque éste llega a golpearla. Así, con
facilidad, el partido se pone ¾, sacando Nicolás.
—¡Sí que sos bueno! —observó Darío —¡Al principio pensé que
eras puro blah blah!
—No sé si estás acostumbrado a jugar en dobles, ¡pero cuidado
por dónde te posicionás! —le explicó Peter.
Ahora, al sacar Nicolás, Darío se queda corto y el árbitro remata
sobre Peter.
—¡Viste! —le exclamó Peter —¡A éso me refería!
—¡Perdón! —se disculpó Darío.
Por ende, Nicolás saca sobre Peter y éste le devuelve una
paralela.
—¡Wow! —se sorprendió el comentarista. —¡Éstos infiltrados sí
que son buenos!
Nicolás saca nuevamente y se arma una guerra de pelotazos.
Darío le hace un globo al árbitro, éste es cubierto por Nicolás, que la
impacta fuertemente, haciendo que su propio compañero se corra.
Ahora, Peter interviene al medio con una dejada a la red, el árbitro
la devuelve también cerca y Peter hace un tweener. Nicolás vuelve a
cubrir atrás y Darío la continúa con un duro golpe hacía un
marcado cemento. Y así, el partido se vuelve épico, hasta quedar
5/4, sacando Darío.
—¡Vamos que ya casi lo tenemos! —se confió Peter.
Darío piensa en silencio y saca…
La velocidad del talento se frena a cada golpe, como si el partido
estuviera en cámara lenta. Recién la pelota llega a su objetivo, el
árbitro se la devuelve cruzada y Darío a Nicolás. Con dificultad, se
la cruza a Peter y el juego vuelve a su velocidad normal o más…
Entonces, Peter se la devuelve a Nicolás, directo a su…
—¡No! —gritó el referí junto con el comentarista.
El árbitro cae sobre su compañero pero a diferencia de él, le está
dejando de latir el corazón.
—¡Otra vez! —expresó Darío.
—¡Ésto ya es común acá! —observó Peter.
—¡Expulsado! —anunció el comentarista.
—Y… ¡sí! —señaló Peter—¡No podrá volver a jugar, calculo!
—¡No me refiero a él! —lo miró el comentarista.
—¡Peter! ¡Cuidado! —se percató Darío.
Una ráfaga de pelotas a toda velocidad se aproxima... Peter es
golpeado severamente, mientras que Darío se agacha, aunque
intenta levantarse a ayudar.
131
—¡No! —gritó Darío.
Al acercarse Darío…
—¿Morir jugando? ¡Ésta es mi muerte! —Peter expresó sus
últimas palabras.
—¿Un deporte…algo asesino, no? — Se rió el comentarista.
Ya cansado de las muertes y de todo, Darío dice mucho en su
mirada silenciosa, ahora sólo se va a continuar el partido.
—¡Sólo terminemos con ésto! —expresó Darío con firmeza.
Unos alcanza pelotas retiran los cuerpos y Darío saca.
—¡Ya estoy cansado hasta de enojarme! ¡Sólo quiero despertar de
una puta vez! —pensó y dijo Darío.
Siendo así, sin concentración, el partido se pone 6/5, sacando
Nicolás.
—¡Bueno! ¡El final está por llegar! —expresó el comentarista.
—¡Bajaste tu rendimiento, veo! —notó Nico. —¡Vamos! ¿Dónde
está ese talento, tenista?
Darío lo mira y se pone a pensar, muy en su interior. Al recibir el
saque, le mete el punto con mucha velocidad.
—¡Wow! ¡Sí, de eso hablaba! —se sorprendió Nico.
Ya para el segundo saque, los puntos son más peleados,
aunque…
—¡Tie break! —se sorprendió el comentarista.
—¡Qué emocionante! —comentó el público. —¡Qué nivel parejo!
—¡Miren ese público! —pensó Darío.
Pasó de un dolor silencioso, a una motivación personal…
Al sacar del otro lado, hace una diagonal perfecta en su Ace.
—¡Mierda! —se ofendió Nico.
Ahora, al servicio de Nicolás. Luego recibe una rápida
devolución, dejándolo vulnerable al reaccionar.
—¡Wtf! —se sorprendió Nico —Así que…¡Ahora sí sos vos!
Darío demuestra su verdadero juego, teniendo en cuenta la
concentración de su lado.
—¡Ahora te voy a demostrar quién soy yo! —lo desafío Nico.
Comienza una guerra de lujos sofisticados, entre los gritos de la
gente. Darío gana un punto más, con un golpe de faja (golpe lujoso
de tenis).
—¡Darío! ¡Darío! ¡Darío! —se emocionó el público.
—¿Qué? —se molestó Nico —¡No!
En el siguiente punto, Nico lo gana con una volea (golpe fuerte
de tenis) inesperada.
—¿Y? ¿Qué te pareció éso? —se agrandó Nico.

132
—¡Oh, sí! —gritó el comentarista al reírse. —¡Demuestran
quiénes son en verdad!
Los lujos son imparables y parece como si se olvidaran de los
puntos.
—¡Toma ésto! —gritó Nico.
Remata con fuerza hacia su rival. Su potencia lo hace caer al
suelo a Darío, pero logra devolverla. Ahora, Nicolás corre y la
golpea. Darío, desde el piso, salta y la devuelve.
—¡No! —se enojó Nico.
Éste la golpea de faja y ahora Darío con un tweener, se la deja
alta. Nicolás apenas llega saltando, pero quedando indefenso,
aunque la devuelve. A Darío le surge su instinto de venganza y…
—¡Nico! —apareció y gritó Male.
—¡Toma! —gritó Darío.
Zurdazo al corazón, haciendo que Nicolás suelte su raqueta y
diga…
—¡Es bueno! —cayó al piso.
—¡Amor! ¡No! —se desesperó Male.
—¡Gran Match point y final sorpresivo! —expresó el
comentarista.
Darío también suelta su raqueta en señal de satisfacción y mira
hacia arriba.
—¡Listo! ¡Despertate! —gritó y agarró su cabeza.
El comentarista de la nada se saca su máscara y da la cara…
—¡Vos! —se asombró Darío.
Todos miran para arriba y el comentarista dice…
—¡Fin de la pesadilla!
—¡No! —gritó Darío.
Su grito continúa cayendo por el mismo vacío del comienzo,
simulando una pesadilla eterna.
—¿Despertaré alguna vez? ¿En dónde estoy ahora?
Cae al suelo, donde todo comenzó, mira a David fallecer a su
lado y siente la presencia de sus amigos muy profundamente…

133
CAPÍTULO 8

EL FINAL DE LA PESADILLA

—¡Maldita sea! ¡La vida se me va soñando!... ¡Te necesito tanto


que podría morir!
—¡Otra vez esa canción!7 —pensó Eve.
Mientras, agarra su atrapasueño. Jesús y Sam también los tienen
en sus manos, al escuchar la misma melodía. Por otro lado,
Alexandra está observando a Josefa y se distrae también, al igual
que Darío, pero éste sale corriendo hacia el pasillo…
—¡Ese tema de nuevo! Tendré que hacer un cover! —bromeó en
su mente.
Los pasos rápidos resuenan por toda la casa, como si estuvieran
corriendo una maratón dentro.
—¡La vez pasada se la escuchó en la entrada! —calculó Eve.—
¡Por allá! —expresó Darío.
¡Vamos! ¡Corré! —Sam le gritó a Jesús.
Alexandra, por su parte, vuela por toda la casa. Evelyn se choca
con Darío y en silencio se sorprenden, pero ese gran momento es
interrumpido por la llegada de los niños.
—¡Chicos! —gritaron ambos.
Evelyn desvía su mirada hacía Dario, a ellos.
—¿Están bien?
—¡Mamá! —la vio Sam.
Ahora todos miran a Alexandra aparecer.
—¡Bueno, bueno! ¡Parece que estamos todos! —se escuchó la voz.
—¡Ya no me sorprendés! ¿Sabés? —le expresó Eve.
—¡Sos cómo un mosquito molesto y escurridizo! —ahora acusó
Darío.
—¡Desgraciado! —expresaron los niños.
Alexandra va hacia su hijo y otras apariciones se manifiestan…
—¡Son ellas! —notó Eve.
Los atrapasueños comenzaron a brillar y de su luz, salieron las
cazadoras.
—¡Miren nada más! ¡Las aliadas protectoras! —expresó Carlos.

7
Referencia a la canción “All I Have To Do Is Dream" de The
Everly Brothers.

135
—¡Sí, y las tres juntas! —se percató Eve.
—¡Preparate para la paliza de tu vida! —insinuó Darío.
—¡Sí! —se emocionaron los niños.
—¡Hermanas! —las miró la líder —¿Están bien?
—¡Sí! —le dijo Cusi.
—¿Y vos? —le preguntó a Atik.
Ésta, sin decirle nada. Su hermana líder la mira seriamente.
Darío, al no conocer a las otras dos, se acerca…
—¡Wow! ¿Ustedes son más copadas que ella, o no?
Atik saca su látigo y lo golpea dos veces en sus pies.
—¡Auch! ¡Pará un poco! ¡Duele!
—¡Atik! —la calmó Cusi.
—¡Creo que sos la más ruda! Y vos… ¡Al contrario!
—¡No jodan con ellos! —les ordenó la líder.
—¿Y por qué hablan así? —llamó la atención de Darío.
—¡Creo que estamos muy involucrados con los humanos,
inclusive con su dialecto! —expresó la líder.
—¡Y con sus sueños también! —se metió Carlos. —¡Sí qué se
divierten en los sueños de los demás, eh! —las acusó.
—¡Tú cállate, demonio! —lo calló Cusi.
—¿Por qué no le cuentan la verdad a nuestros queridos
soñadores? —insinuó Carlos.
—¿De qué estás hablando, Carlos? —preguntó Alexa.
—¡Alexa! —Carlos se dirigió a ella.
—¡No le hagan caso! —le aclaró la líder —¡Está maldito!
—¡Sí! Pero también tengo la razón. Además de su misteriosa y
hermosa leyenda ancestral ¡Hermosa como ustedes!, que se
alimentan de los sueños de los demás, como yo y comen de sus
pesadillas: ¡En especial vos!
Señaló a Atik y la líder la miró pero lo calló a él…
—¡Shh! ¡No es tan así!
—¡Sí, además nos salvaron! —defendió Eve.
Los niños a favor de ellas, miran para arriba al verlo y Jesús en
particular se acuerda de algo…
—¡Ya sé en dónde te escondés!
—¡Los niños y su sabiduría infantil! —expresó Cusi.
—¡Ahora te voy a patear el culo! —se enojó Darío.
—¡Tal vez! Pero… ¿Qué tanto pueden hacer sin ellas? —señaló a
las cazadoras —Y ustedes…¡Su esencia, sus pesadillas, son la
profundidad de esta casa!
Cusi está desapareciendo y una Atik incesante la sigue…

136
—¡No! —gritó la líder —¡Aún tenemos que advertirles de
algunos detalles!
—¿Qué cosa? —preguntó Eve.
—¡Cosas qué van más allá de nuestro entendimiento! —expresó
la líder.
—¡Incluso el de nosotras! —agregó con soberbia Atik.
Atik desaparece y Carlos aprovecha su ventaja sobre la
realidad…
—¡Jajaja! ¡Son vulnerables acá! ¡Adiós, Asibikaashi!
—¿Qué? ¿Quién? —preguntó Darío.
Por ende, ella también desaparece, al igual que Carlos, que se
sigue riendo.
—¡Ese demonio siempre se sale con la suya! —se lamentó Darío.
—¡Vi a Carlos en él! —Alexa expresó con dulzura.
—¿Qué decís? —la miró Darío.
—¡Sí, Alexa! —la corrigió Eve —Pero sabemos con claridad qué
cada vez se lo ve peor.
—¡Yo sé que mi amigo sigue ahí! —levantó su voz —¡A veces el
corazón lo siente, pero tu mente lo niega!
—¡Eso sí que fue profundo! Pero deberíamos ir por él ¡Ya mismo!
—se desesperó Darío.
—¡Sí! —le expresó Eve —Aunque las puertas siguen cerradas
¡Nada cambió!
Sam y Jesús, también intentan abrirlas y golpeando las ventanas.
—¡Sam! —lo llamó su mamá ¿Estás bien?
—¡Sí! —respondió con algo de miedo —¡Mamá!
—¿Vos sí podés, no? —le preguntó Darío.
Alexandra lo observa…
—¿Irme? —intuyó ella.
—¡No, si su hijo sigue encerrado! —ahora intuyó Eve —¡El amor
de una madre, más allá de la muerte!
Alexandra la mirá y luego a su hijo.
—¡Siento levantarme hacia arriba, mientras abajo todo se
derrumba! —se expresó con tristeza Alexa.
—¡Vi a papá! —exaltó Sam.
Alexandra se acerca más a su hijo y su dolor queda atrás de su
sombra. La alegría de poder estar con su hijo, crece con una noticia
sorpresiva.
—¿Eso tiene algo que ver con lo que nos hablaste, verdad, Alexa?
—preguntó Darío.
—¡Shh! —lo calló Eve —¡Es demasiado personal!

137
Alexandra ve una duda resuelta, que lleva los años de Sam. Una
paz la envuelve y a su vez, su hijo también, con un abrazo.
—¿Y cómo se encuentra tu padre? —se interesó Alexa.
—Pues…
—¡Es un héroe! —interrumpió Jesús —¡Nos salvó del tipo ese y
nos llevó a un parque de diversiones!
—¡Sí! —se emocionó Sam —Hasta le dio una paliza ¡Yo lo vi!
Evelyn y Darío se sonríen, alegrándose de que haya recibido su
merecido.
—A propósito de sueños… ¡Te vi en los míos! —le expresó Darío.
—¿Ah, sí? —se impactó Eve.
—¡Y me preocupa verte en apuros!
Ella lo miró y se le acercó con un abrazo.
—¡Qué bueno verte bien! —expresó él.
Al presentarse un ambiente más reconfortante, van decididos
hacia su objetivo…
—¡Por cierto, Jesús! —lo miró Darío —¿A qué te referías con eso
de hoy?
—Ah ¡Sí, sí! Fue cuando estaba subiendo por mi pelota y
encontré ese cuarto misterioso.
—¡Más tenis! —expresó Darío.
—¿Estás bien? —lo miró Eve.
—¡Sí, sí! Es qué… ¡Nada! Seguí contando, vos…
Mientras caminan por la mansión, van hablando, menos
Alexandra qué se anticipa a su estilo fantasmal.
—¡Y ya se fue otra vez! —la vio Darío.
—¡No lo recuerdo bien! —expresó Jesús.
—¡Esa memoria tuya! —lo acusó Sam.
—¡Ese es el problema justamente! —notó Eve.
—¡Estamos perdidos en nuestra propia mente y la conexión con
la realidad se pierde a cada segundo! —expresó Darío.
—Ah ¡Pero sí recuerdo unas frases así! —recordó Jesús.
—¿Arriba, no? —calculó Eve.
—¡Vayamos! —se anticipó Sam.
—¡Esperá! —lo llamó Eve.
—¡Sólo tenés que seguirle el ritmo! —le avisó Darío —¡Yo ya me
acostumbré!
—Bueno ¡Vamos! —se adelantó Eve.
—¡Esperame! —la siguió Darío.
Jesús también corre y va en busca de unas escaleras.
—¡Allá! —señaló Jesús —¡Creo!
—¿No estás seguro, verdad? —notó Eve.
138
—¡Uh!—se quejó Sam.
Éste sigue corriendo y los demás lo siguen.
¡Tranquilos! —se quedó atrás Darío.
—¿No qué estabas ansioso por matarlo? —le preguntó Eve.
—¡Sí! Claramente.
—¡Yo también! —exaltó ella.
—¡Wow! —se sorprendió él —¡Ésa no es la Eve que conocí!
Ella se queda pensando y a la vez ve una escalera a lo lejos…
—¡Lentos! —les expresó Jesús.
—¡Es ahí! —Sam subió unos escalones.
—¡Cuidado! —se espantó y cansó Darío.
Alexandra aparece y le da la mano a su hijo. Jesús se ríe del
cansancio de Darío y todos suben. A cada escalón, los latidos de sus
corazones suenan con suspenso.
—¡Mis frases! —exaltó Darío —¡Ese maldito!
—¡Sí! —afirmó Jesús —¡Acá es donde estuve!
—¡A tocar la puerta se ha dicho! —intentó romperla Darío.
—¡Esperá! —lo detuvo Eve —¡Alexa!
Alexandra intenta atravesarla pero no lo logra.
—¡No puedo! —intentó otra vez —¡Algo me lo impide!
—¡Qué raro! —expresó y pensó Eve.
Mientras Jesús y Sam la patean, Darío decide derribarla…
—¡A la mierda! ¡A golpes será!
En el momento de hacerlo, la puerta se abre sola. Todos
sorprendidos, caen por la desconfianza.
—¡Cuidado! —alertó Eve —¡Debe ser una trampa!
—¡Sí, bueno! —expresó Darío —Pero…
Alexandra cruza sin drama y los llama para que avancen.
—¡No pasa nada! —Darío le dijo a Eve.
—¡Ok, crucemos! —expresó ella.
Los niños corren con emoción hacia la aventura. Pero los adultos
no lo ven así.
—¿Qué es este lugar? —observó Eve.
—¡Más rarezas, para variar! —expresó Darío con sarcasmo.
Un ambiente amplio con grandes arquitecturas, edificios
enormes y lujosos.
—¡Wow! —se sorprendió Jesús —¡Miren esas torres!
—¡Voy! —intentó correr Sam.
—¡No! —lo frenó Alexa.
Darío y Evelyn se miran al observar esa buena señal de
protección y caminan.
—¡Miren allá! —señaló Jesús.
139
—¡Parecen esclavos trabajando! —observó Eve.
—¡Sí! Construyendo un edificio o algo —expresó Darío —
¡Vayamos a ver!
Sam corre y se detiene…
—¡Cuidado, hijo! —gritó su mamá.
Unos caballos pasan corriendo con unos…
—¿Soldados del ejército? —preguntó Eve.
—¿Estás bien, Samy? —preguntó su madre.
—¡Sí, mamá!
—¿Y ese camino? —llamó la atención de Darío.
—¡Tiene forma de cuadros! —notó Jesús.
—¡Blanco y negro! Mmm… —pensó Eve.
Aunque, Alexandra lo piensa aún más, no dice nada. Entonces,
al caminar por dicho suelo, terminan en un castillo y espían…
—¡Mucho cuidado! —alertó Eve —¡Estamos en terreno
desconocido!
—¡Sí! Y esto se parece a “Alicia en el país de las maravillas” —
bromeó Darío.
—¡Hablo en serio! —lo corrigió Eve —Aunque mmm… ¡Tenés
razón!
Los niños se ríen y Alexandra escucha algo…
—¡Escuchen! ¿¡Parece un… rey!?
—¡Yo no he escuchado nada! —expresó Jesús.
—¡Debe ser tu donde… muerta! —bromeó Darío.
—¡Silencio! —los calló Alexa —¡Miren!
—¡Qué calor! —sintió Eve.
—¡Es verdad! —confirmó Darío —¡Parece el infierno mismo!
—¡Abuela! —gritó Jesús.
—¿Qué? —se sorprendió Eve.
—¡Shh! —Darío le tapó la boca a Jesús.
—¿Es ella? —se intrigó Sam.
—¿Y ese ruido? —escuchó el rey.
Al mirar hacia ellos, aunque están detrás de una pared, siguen
sospechando. Alexandra los distrae haciendo ruido lejos de ahí.
—¡Debe ser otra alma condenada! —expresó un demonio —¡Se
escuchan gritos siempre!
—¡Sí, condené a cientos de ellos! ¡Al igual que a esta vieja!
Nuestros protagonistas logran escuchar algo, aunque siguen
escondidos sigilosamente.
—¿Quiénes son? —se desesperó Darío.
—¡Pará! —lo calmó Eve.
Al salirse de control, Darío no se aguanta y sale a mirar…
140
—¿¡Josefa!?
Los otros desaparecieron y ella está tirada en el suelo. Mientras
los chicos van corriendo hacia ella.
—¡Abuela! —gritaron ambos —¿Estás bien?
—¿Y adónde se fueron? —observó Eve.
Alexandra también observa y luego a Josefa.
—¡Dejá! —habló Josefa —¡Es mejor tener al mal lejos!
—¡Abuela! ¿Estás viva? —se acercaron ambos niños.
—¡Hola, queridos! ¡Los extrañé! Y… ¿¡Alexa!?
—¡Hola, Josefa!
—¡Te ves tal cual como te recuerdo! —se emocionó —¡Y a
ustedes también los vi en mis sueños! Bueno ¡Además! ¡Y no, niños!
¡Lamentablemente me fui! Pero por lo visto… ¡Puedo aparecer en
algún sueño!
—¿¡Los muertos te advierten en los sueños!? —expresó Darío.
—¡Darío! —lo calló Eve —¡No digas eso!
Aunque, instantáneamente ella pensó en Carolina y…
—¡Huyan de acá! —les advirtió Josefa —Aunque me imagino sus
experiencias… ¡Mi último sueño fue terrible! Pero me alegro de
volver a verlos.
Al abrazar a los niños se alejan de ahí y el calor se va sintiendo
cada vez menos, al igual que los gritos.
—¡Darío! —lo miró Eve.
—¿Pasó algo, Eve?
—¡Te tengo que decir algo sobre Amy!
—¿¡Amy!? —se sobresaltó —¿Dónde está?
—¡Sólo sé que desapareció luego de ganar en mi pesadilla!
—¡Algo parecido a lo de David! O sea… ¿Ella sigue viva, no?
—Sí, pero…
—¿Pero qué?
—¡Debe estar atrapada en algún sueño suyo!
—Mmm… —Pensó él.
—¡Se siente menos miedo! —interrumpió Alexa.
—Sí, nunca había tenido una pesadilla tan…¡Calurosa, digamos!
—expresó Josefa —¡Un miedo que sobrepasa la muerte!
—¿Y él? ¿A qué le temerá, mamá? —Sam le preguntó.
Alexandra se queda pensando y no dice nada.
—¿Pero quiénes eran esos tipos? —exaltó Darío.
—¡Un rey! —calculó Eve —Debe gobernar a alguna clase de
demonios.
—¡Sea como sea! —expresó Josefa —¡Tenemos que alejarnos más
de acá!
141
Mientras siguen caminando, se detienen al escuchar detrás de
una puerta unas voces discutiendo, aunque Alexa la traspasa…
—¡Alexa! —gritó Josefa.
—¡Eso es muy de ella! —expresó Darío. —¡Tranquila!
—¡A ver, a ver! —espió Sam.
—¡Yo también! —ahora Jesús.
—¡Puedes escapar del azar, pero no de mí! —se escuchó del otro
lado.
—¿Y ésos? —expresó Darío con curiosidad.
Evelyn calma a los niños y al instante aparece Alexandra…
—¡Corran!
—¿Qué? —reaccionó mal Darío.
—¡Vamos! —los apuró Josefa.
Al correr, la puerta cae y un sujeto los pasa con facilidad. Éste les
advierte que corran también.
—¡No miren hacia atrás! —les gritó.
—¡Corran, niños! —los cuidó Josefa.
El sujeto desconocido mira hacia atrás, ve a un grupo alocado
corriendo hacia ellos.
—¡A la derecha! —señaló Eve.
Al girar, Evelyn toma la mano de Sam, Darío la de Jesús y todos
caen al suelo; pero a salvo…
—¡Uff! ¡Eso estuvo cerca! —se agitó Darío.
—¡Pero estamos todos bien! —se fijó Eve.
—¿Y vos quién sos? —lo miró Darío.
—¿Y quiénes eran esos? —ahora preguntó Josefa.
—¡Demonios! O peones de su majestad —les dijo —¡Lo odian!
—¿¡Más aún que nosotros!? —expresaron los niños.
—¡Y viste cómo es el infierno! —los miró a todos.
Evelyn y los demás, se miran inquietos sin saber qué decir…
—¡Por cierto! —se presentó él —¡Me llamó Dab Tsog!
—¡Raro nombre! —expresó Darío.
—Mmm… ¿Y te persiguieron a vos, no? —calculó Eve.
—¡Ese hace lo que se le antoja cuando quiere y más en su estado
actual!…
—¿Qué le pasa? —le preguntó Josefa.
—¡Está enojado! Por lo visto ¡Necesita a su dama!
—¿¡Un poco de diversión!? —bromeó Darío.
Al reírse los demás, aparece Alexandra y lo traspasa
inesperadamente.
—¡Maldición! —levantó su voz Dab Tsog.

142
Éste se transforma en un monstruo desagradable. Los demás se
espantan, pero ahora, al volver a su estado humano, la confusión se
adueña de ellos.
—¡Mamá! —gritó Sam.
—¡Le brillan los ojos rojos! —notó Jesús en él.
—Jajaja —se rió Dab Tsog —¡Ok, ok! Tengo mi secreto.
—¡Demonio! —lo señaló Alexa.
—¡Sí, básicamente! ¡Vos!
El demonio la mira atentamente y dice…
—¡Su reina!
—¿Qué? —se sorprendieron los demás.
—¡Mirate! Aún sin vida ¡Te ves ideal!
—¡Escúchenme! —alertó Alexa —¡Este es el miedo de Carlos!
—¿Carlos? —preguntó Dab Tsog —Ah, ¡Ese demonio rey!
—¡El demonio de la parálisis de sueños! —les contó Alexa —
Además, su juego de…
—¿¡Ajedrez!? —se adelantó Eve —¡Lo supuse!
—¡Sí! —afirmó Alexa —¡Ama ese juego!
—¡Claro! —se percató Darío —¡Pasamos por todas las piezas!
—¡Sí! —Ahora se avivó Jesús —¡El camino de la tabla de ajedrez!
—¡Muy creativo! —expresó Josefa.
—¡Y divertido! —apareció Carlos.
—¡Bueno! —lo miró Dab Tsog —¡La víctima viene hacia su
propia pesadilla!
Los demás se hacen a un lado y retroceden hacia atrás.
—¡Vos serás mi víctima! —le gritó —¡Por oponerte a tu rey!
—¡No me asustan tus gritos! ¿Querés que te deje sin respirar otra
vez?
Al mirarlo con desafío, Carlos corre hacia él y se enfrentan.
—¡Pelea de demonios! —expresó Darío —¿De qué lado estamos?
—¡Ninguno! —Eve lo miró.
Ahora su mirada se desvía hacia Alexandra, que intenta
involucrarse.
—¡No! ¡Alexa! —la detuvo Josefa.
—¡No podrás con tu pesadilla! —lo golpeó Dab Tsog.
Una lluvia de golpes lo está dejando indefenso a Carlos, aunque
éste se defiende con una fuerte patada y lo aleja.
—¡Fuera! —le gritó Carlos —Ahora es mi turno!
Al correr nuevamente hacia él, su enemigo lo frena poniéndole la
mano en el pecho, lo hace caer y se sube a él.
—¡No vas a respirar más!
—¡Matalo! ¡Sí! —gritó Darío.
143
—¡No! —ahora gritó Carlos.
Lo agarra del brazo, se lo aprieta y con la otra mano le sujeta la
cabeza.
—¡Y yo te voy a sacar tus sueños!
—¡Matalo! —Jesús se copió de Darío.
—¡Calmá a tu igual! —Eve lo miró a Darío.
—¡Creo que deberíamos retroceder más! —sugirió Josefa.
En ese momento, los demonios demuestran su verdadera cara…
—¡Son horribles! —expresó Darío.
—¡Sí, deberíamos correr! —reafirmó Eve.
Sam se anticipa y Jesús lo sigue junto con Alexandra.
—¡No! —gritó Carlos —¡No irán a ningún lado!
Al cerrar una puerta en sus caras, se distrae de su enemigo…
—¡No te distraigas, íncubo!
—¿Íncubo? —preguntó Eve.
—¿Qué clase de nombre es ese? —preguntó también Darío.
Aprovechando su ventaja, éste lo golpea, pero a Íncubo parece
no importarle…
—¡Mi reina! —la observó Íncubo.
—¡Corré, Alexa! —la cuidó Josefa.
Alexandra se asusta y al correr junto con su hijo, ella traspasa la
puerta. En efecto, Sam no.
—¡No! —se enojó Íncubo.
—¡Te dije que no te distraigas! —lo golpeó otra vez.
Pero su enojo aumenta y lo lanza fuerte con ambas manos,
cayendo con su forma humana sobre Evelyn y los demás.
—¿¡Necesitás ayuda!? —le dijo Darío.
—¿¡Ustedes!? ¡Humanos soñadores! ¡Paso!
—¿Seguro? —insistió Darío —¡Mirá qué el enemigo de mi
enemigo es…8
—¿Mi amigo? —terminó la frase Dab Tsog.
—¡Shh! ¡No! —los calló Josefa.
En ese momento, viene el enojo de Íncubo corriendo sin parar…
—¡Me comeré tus sueños!
No obstante, Darío se pone delante y por ende, los demás
también. El Íncubo se frena con su forma humana, al ver una
voluntad de hierro…
—¿Qué pretenden hacer? ¡Ya me encargaré de ustedes!
—¡Sí qué tenés sueños enfermos! —le expresó Darío.

8
¡El enemigo de mi enemigo es mi amigo!, proverbio árabe.

144
—¡Esto se termina ahora! —lo desafió Eve.
—¡Ok! Si quieren jugar así, pero…
—¡La pesadilla se termina cuando yo diga! —les gritó.
En ese momento, Dab Tsog se le acerca, pero a la vez los demás
son lanzados a diferentes puertas que se cierran. Íncubo miró
fijamente a su enemigo y desapareciendo le dice…
—¡Nos vemos!
Alexandra camina por el otro lado de la puerta y de una
profunda oscuridad, surge un entorno natural.
—¿Y este camino? —habló sola.
Va caminando sobre una pasarela solitaria y rodeada de árboles
y plantas.
—¿Y esas personas? —pensó al ver.
Una multitud de gente se va sumando, algunas colaborando y
otras recibiendo, como un evento de caridad.
—¡Un aplauso para la modelo más bondadosa del mundo! —se
escuchó una voz.
Los aplausos aumentan, haciendo que Alexandra se maree y
caiga al suelo. Aunque esos ruidos se siguen escuchando hasta…
—¡Nerd! ¡Nerd! ¡Nerd! —le gritaron a Eve.
—¡Basta! —los calló —¡No me dejan concentrarme!
Además, le tiran libros encima, entre otros que dejan caer; ella
los calla definitivamente…
—¡Basta!
Al levantarse enojada, desaparecen.
—¡Estoy cansada de esta universidad! —se enojó más aún.
Ahora al pisar un libro y caer, mira otro a lo lejos…
—¿Y ese libro? —se interesó.
—¡No tiene título! —lo agarró.
Al abrirlo, nota varias páginas vacías y una palabra con sonido,
“Aún”...
—¿Esté libro habla conmigo o qué? —pensó al escuchar.
Sin embargo, las siguientes páginas están escritas con detalles de
ella y sus amigos, su historia escrita.
—¿Qué significa esto? —expresó.
Al verlo con más profundidad…
Josefa abre los ojos y se encuentra en su casa.
—¿¡Volví a mi hogar!? —expresó —¿Y esas voces?
Al escuchar algo, recorre cada esquina sin encontrar nada,
pero…
—¡Mamá! —levantó su voz.
—¡María! ¡Hija! ¿¡Estás viva!?
145
—¡No, mamá! ¡Tampoco vos!
—¡Cierto! —cayó la ilusión de Josefa.
—¡Pero sí mi niño! ¡Lo cuidaste demasiado!
—¡Jesús! —exaltó Josefa.
—¡Incluso más que yo y José!
—¡No digas eso, hija! Sólo… ¡Tuvimos mala suerte!
Agacha su cabeza en señal de lamento. Al levantarla, ella ya no
está…
—¿Hija? ¿María?
Por el lado de Darío, sin tiempo a reaccionar, levanta su cabeza y
ve una pelota gigante venir hacia él. Al correr, su escape se frena y
la enfrenta, dándose la vuelta. Ésta se detiene y él se arma de valor.
—¡No! —gritó —¿Y ese ruido?
Instrumentos distorsionados, sin vocalista, lo están dejando
sordo. Ahora corre sin parar y…
—¿¡Sam!? —lo vio y dudó —¡Hijo!
Jesús entre los árboles encuentra a Sam, escondido y cansado.
—¡Me cansé de correr!
—¡Y sí! Deberías parar un poco
—¡Niños! —les gritó Alexa.
Los aplausos siguen de pie y Alexandra también, al levantarse.
—¡La novia se puso de pie! —Alguien levantó la voz.
—¡Carlos! ¿Y ésto? —lo miró ella.
Carlos, se encuentra al lado de un cura, esperando por su dama y
ya sin ruidos.
—¿¡Un demonio con un sacerdote!? —notó ella.
—¿Demonio? ¡No, hija mía! —le expresó el cura.
—¡Mamá! —le gritó.
—¡Alexa! —ahora gritó Jesús.
—¡Atrapen a esos niños! —ordenó Carlos
—¡interrumpen la ceremonia!
—¡No! —gritó Alexa.
—¿¡Niños!? —escuchó Atik.
En simultáneo, las cazadoras están debatiendo un asunto entre
ellas…
—¡No me desviarás el tema! —la acusó su hermana líder.
—¡En serio, te digo! ¡Escucho algo!
—¡Es verdad, hermana! —también escuchó Cusi.
—¡Ok! Pero primero resolveremos este tema…
—¡No hay nada que resolver! —la contradijo Atik.
—¡Luego, hermana! —la apoyó Cusi.
—¡Calladas! —las calló Asibikaashi —¡Y vos no la defiendas!
146
Al mirarse las tres en silencio, se destacan palabras vacías,
aunque Atik retoma su defensa…
—¿¡Tanto drama por hacer mi trabajo!?
—¿Tu trabajo es derramar sangre en abundancia? —la volvió a
acusar Asibikaashi.
—¡E inocentes! —Cusi también la acusó.
—¡Uh! ¡Vos también te vas a poner en mi contra!
Ahora ambas la miran fijamente.
—¡Esa pesadilla fue terrible! ¡Todo por lo que tuvo que pasar esa
pobre chica!
—¡Dejá de justificarte! —se le acercó Asibikaashi.
—¡Es que es cierto! —se justificó.
—¡Yo ni a los malos los mataría! —expresó Cusi.
—¡Vos porqué tenés demasiada moral! —la miró Atik.
—¡Y vos sos una sádica! —la desafió Asibikaashi.
Al acercarse a ella más aún, a Atik se le vienen las imágenes de
su intensa violencia, en el sueño de Evelyn en particular.
—¿Cuántos fueron? —la miró Cusi.
—¡No sé! ¡Perdí la cuenta! —expresó con soberbia.
—¡Me interesa la última parte! —le dijo con sarcasmo
Asibikaashi —¡Los siete caídos!
Atik se puso a recordar al apretar su látigo…
—¡Ataquen! —les gritó Blood.
Ella los desafía con la mirada. Al instante baja a uno con su
látigo. A otro lo agarra del pie (previamente había dividido su
látigo), haciéndolo caer. Un tercero la muerde en el cuello, logrando
herirla.
—¡Oh, sí, sangre! —notó Blood —¡Al fin!
El sujeto, con la intención de no soltarla, hace que ella no pare de
golpearlo al estómago con su rodilla.
—¿Y? ¿Me vas a soltar?
Al acercarse otro atacante, Atik se percata y logra que la suelte al
morderle la oreja, haciendo así, que caiga además.
—¡Ahí tenés tu sangre! —lo miró a Blood.
Ha escupido parte de la oreja arrancada como último recurso.
—¿¡Ahora quién es la desquiciada!? —se rió Blood.
Entonces, ese cuarto enemigo se le tira encima. Ella lo esquiva,
haciéndolo chocar con el resto, que se encuentran en el piso.
—¡No! —se ofendió Blood.
Ella sonríe con ventaja, aunque dos más caen de arriba sobre ella.
—¡Sí! —gritó Blood —¿¡A ver ahora qué haces!?

147
En complicación, se le caen sus látigos y se vuelven a formar en
uno automáticamente. El presentador Blood se sorprende. Atik, ya
con una seriedad más concentrada, le da un gancho a cada uno de
ellos, con diferentes manos y los deja en el suelo. A continuación,
camina hacia sus enemigos caídos y los remata a golpes.
—¡Maldita! —se inquietó Blood.
Atik agarra su látigo, rompe unos espejos. Su enemigo se
encuentra ahí…
—¿¡Así qué ahí te escondés!? ¡Detrás de unos vidrios!
Ella se le acerca…
—¡Ok, sí! ¡Yo soy el malo! Pero vos no te quedás tan atrás, eh.
Le rompe otros espejos que tiene cerca, él se espanta. Al intentar
romper el último; la sujetan del látigo…
—¿¡Qué pasa!? —se sorprendió Atik.
Blood, al reírse de ella, se burla además por confiarse demasiado.
Entonces…
Un sujeto la atrae hacía él, haciendo fuerza desde su látigo. Su
mano ensangrentada aprieta demasiado, parece ganarle en impulso.
—¡Eso te pasa por confiada! —la miró Blood.
El sujeto sigue ganando fuerza y la sangre sigue cayendo.
—¡Te faltó ése! —se rió de ella —¡Además, es diferente a los
otros, se ve que ya comió demasiada carne!
No obstante, la firmeza de Atik empareja el enfrentamiento. Sin
embargo, su esfuerzo no parece favorecerla…
—¿¡Y qué pasó con la chica ruda de antes!? —se burló Blood.
Atik lo mira a Blood con señal de perdición pero al instante, por
inercia a la victoria9, le da rivalidad a su oponente…
—¿Qué estás haciendo? —observó Blood.
Ella le suma aceleración a su fuerza, aunque su rival también con
la misma fuerza, pero en sentido contrario. Su acción lo lleva a una
reacción y Atik toma la delantera…
—¡Maldición! —se enfadó Blood.
—¡Se te está cayendo algo rojo! —Atik miró fijamente a su rival.
Éste se desespera, mientras sus manos pierden sangre. Al
acercarse a ella involuntariamente, recibe un golpe de puño en el
rostro y cae. Aunque Atik también, al resbalarse con dicha sangre.
—¡Oh, lucha en el mar rojo! —se refirió Blood.

9
Referencia a las tres leyes de Newton.

148
Al ver que ambos se golpean al borde del equilibrio, se
tambalean entre el suelo rojo, Blood se acerca y aprovecha la
situación…
Le da un par de golpes a Atik; en su intento, se resbala y cae.
—¡Idiota! —se burló ella.
Su rival se distrae y ahora ella aprovecha el momento…
Le mete la traba y lo hace caer. Ahora ella se levanta con rapidez,
con un salto y planea el fin…
—¡Qué bien que se ven en el piso!
Toma su látigo, las gafas de Blood y los mira con una sonrisa
malvada.
—¡Se te cayeron! —expresó y rompió los lentes.
—¡Loca! —la observó Blood.
Ahora, ambos oponentes se levantan con una pregunta…
—¿Y ahora? —la miró Blood —¿Cómo sigue esto?
—¡Lo estoy pensando! —respondió ella.
Alarga su arma y los enreda a ambos, juntos, con fuerza. Con
una energía tan descomunal que los hace escupir sangre mientras se
miran las caras. La sonrisa de Atik crece al presionar más su látigo
y sus oponentes decrecen.
—¡No! —gritó su enemigo.
—¡Ya basta! —ahora gritó Blood —¡Déjanos ir!
—¡Sí! —respondió ella —¡A la otra vida! O tal vez…¡A otro
sueño!
La fuerza de su látigo aprieta más. Las heridas aumentan, a tal
grado de cortarlos y hacerlos caer en partes.
—¡Fin de la pesadilla! —expresó ella.
Al ver una sonrisa en su cara, en simultáneo…
…Una sonrisa más grande aún y sádica además, la mira
fijamente a Evelyn…
—¿¡Así que están soñando despiertos!? —preguntó Dab Tsog.
Ella cierra el libro con susto y mira el ambiente oscurecerse.
—¿Qué pasa? ¿Le temes a la oscuridad? —le sonrió.
Ella se arma de valor y lo enfrenta…
—¡Son demasiadas preguntas, demonio!
—¡Wow! ¿¡Y esas agallas!? ¿Acaso no sentís miedo?
—¡Sé quién sos! O lo que haces al menos. Darío y mis amigos tal
vez se confiaron un poco ¡Pero yo, no!
—Aunque… ¡Puedo ayudar! —expresó él.
—¡No veo la diferencia entre demonios! —le aseguró ella.
—¿Querés ver una verdadera diferencia? ¡Mirá! —levantó su
voz.
149
Dab Tsog se transforma nuevamente y ella retrocede. Al mismo
tiempo, su enemigo Íncubo también lo hace delante de todos,
aunque muchos no muestran gran asombro.
—¡Los tengo! —expresó un guardia de Íncubo.
—¡Quietos, niños! —ordenó otro guardia.
—¡No! ¡Suéltenlo! —se desesperó Alexa.
Pero en ese instante de peligro infantil, aparece Atik, con una
actitud épica a tiempo…
En su llegada protectora, pateó la cabeza de su rival y le dio un
duro golpe al otro.
—¡Malditos alfiles! —expresó ella.
En ese momento, la cobardía de Íncubo lo vuelve a su forma
humana.
—¡Cazadora! —se consoló Alexa.
—¡Ataquen! —se enojó y ordenó Íncubo.
Al acercarse a Alexandra, aparecen sus hermanas también.
—¡Atrapasueños! —se emocionaron los niños.
—¡Qué raro vos, llegando antes y causando desastre! —la miró
Cusi.
—¡Tranquilas! ¡No maté a nadie aún! —la miró Atik.
Su hermana Asibikaashi también la mira con media sonrisa y con
la otra mitad seria, ataca a sus enemigos. Golpea con la fuerza
necesaria y deja a sus rivales en el suelo. Cusi también, con la
misma facilidad.
—¡Ya basta! ¡No se metan! —gritó Íncubo.
Su grito silenció el ambiente, inclusive la ruidosa pesadilla de
Darío y el sueño de Josefa. Además hizo ruido en…
…Los oídos de Dab Tsog.
Sus ojos rojos, que miran a Evelyn, brillan en la pesadilla de
Alexandra… En ese instante, una gran batalla entre Íncubo y las
cazadoras es interrumpida por dicha aparición.
—¿¡Otro demonio más!? —observó Cusi.
—¡No, Dios! —expresó Asibikaashi.
La mirada de Incubo gira 90° grados hacia su rival y le pone los
ojos encima.
—¡Wow, sí! ¡No esperaba una pesadilla tan interesante! —se
asombró Dab Tsog —¡Y ustedes tres me suenan!
Íncubo, al caminar hacía él, su enemigo se prepara para una
pelea. Aunque, Atik se adelanta con velocidad hacia el demonio…
—¡No, esperá! —gritó Dab Tsog.
Íncubo y las atrapasueños miran la situación con asombro y los
otros dos se lanzan a la pesadilla de Darío…
150
—¡Wtf, eso dolió! —expresó Darío —¿¡Qué les pasa!?
Ambos cayeron encima de él y quedó dolorido. Atik y Dab Tsog,
al levantarse, son dañados por todo el ruido que sigue molestando
ahí.
—¿Qué? —llamó la atención de Darío.
El escándalo se calma y Atik golpea al demonio.
—¡Ah, vos sos la cazadora rebelde! —se percató Darío —¡Y vos!
Atik lo mira con media sonrisa a Darío pero también vuelve a
golpear a su enemigo.
—¡Desgraciada! ¿Por qué me atacás? —se dirigió a ella Dab Tsog.
—Digamos que…¡Odio a los demonios! —le asumió ella.
—¡Pero si vos parecés una! —levantó su voz junto con una
patada.
Al caer cerca de Darío, éste la esquiva y les dice con voz
ascendente…
—¡Perdón, chicos! Pero alguien me puede decir ¿¡Cómo salir de
acá!?
Ahora, con un nuevo choque de estos dos en combate, la
pesadilla de Darío se rompe y caen a la de Evelyn.
Mientras tanto, en la pesadilla de Alexandra, todo y todos se
tambalean.
—¿Qué está pasando? —preguntó Cusi.
—¡Debe ser Atik, sacudiendo con golpes al demonio! —calculó
Asibikaashi.
—¿Ah, sí? —se interesó Íncubo —¿En dónde está ese infeliz?
—¡No tenemos por qué decirte eso! —lo miró la cazadora líder -
¡Además tengo mis dudas!
—¡Hermana! —la miró Cusi.
—¡Díganme! —presionó Íncubo.
Pero al dar unos pasos, cae en la pesadilla de Josefa.
—¡María! ¡Hija! ¿Sos vos? —escuchó un ruido.
—¡No! —cayó Íncubo —¡Lamento decirte que no!
—¡Vos! —se enojó ella —¡Deja a Carlos en paz, maldito engendro
del mal!
—¡Vamos! ¡No digas eso! Hasta creo que se acostumbró tanto
que le terminó gustando. —¡Callate, demonio! —le ordenó —¡Sólo
dejame en paz!
¡Acabaste con mi vida! ¡Mi hija! —se expresó con lágrimas de
enojo —¡Mi familia!
Él la mira con maldad y ella lo hace hacia abajo, con reflexión…
—¡Tal vez la vida no es para todos!

151
Íncubo o la decencia de Carlos la observa en silencio y piensa
dejarla tranquila…
—¡Ok! ¡Descansá en paz!
—¿Qué decís?
Ella mira más abajo aún y cae hacia la pesadilla de Alexandra,
mientras que la de ella se evapora junto con Íncubo.
Entonces, caen visitas inesperadas y literales al sueño de Evelyn.
—¡Darío! —se sorprendió Eve —¡Atik!
—¡Eve! —ahora se sorprendió Darío.
—¡Y otra vez vos! — Darío notó al demonio .
—¡Es esta loca que no para de atacarme!
—¡Así que nos volvemos a encontrar y sobreviviste, veo! —le
expresó Atik.
Evelyn le sonríe y también a Darío.
—¡Sí, muy lindo reencuentro! Pero estos dos no paran de
sacudirse entre pesadillas —se molestó Darío.
Ahí es donde Dab Tsog aprovecha la distracción y ataca a la
cazadora.
—¡Te voy a dejar sin respirar! —la atacó.
Al poner su mano en el pecho, Evelyn se acerca con
preocupación…
—¡Atik!
—¡Esperá! —la frenó Darío.
A Atik se la ve algo débil. Cierra los ojos y Dab Tsog se muestra
victorioso.
—¡No! —gritó Eve.
De repente, ella vuelve a abrir sus ojos y le retuerce la mano.
—¡No! ¡Me duele! —gritó Dab Tsog.
—¡Auch! ¡Eso debe doler! —expresó Darío.
—¡No puedes paralizar a una cazadora! —le advirtió Atik.
—¡Desgraciada! —se enfadó el demonio.
—¡Cuidado! —Darío alejó a Eve.
El enojo de Dab Tsog se transforma, la pesadilla se daña y todos
caen junto a los demás, sobre la pesadilla de Alexandra.
—¡Josefa! —la vio Alexa.
Al ir hacia ella, los chicos también la notan.
—¡Abuela! —gritaron ambos.
Consecutivamente, también cae Íncubo y las cazadoras dan un
paso hacia adelante pero…
—¡Ya basta! ¡Estoy podrido de caerme! —apareció Darío.
Cae junto con Eve, Atik y Dab Tsog. Al verlos, ahora es Íncubo
quien da un paso, sonriente, hacia adelante.
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—¡Otra vez acá! —expresó Dab Tsog.
Al dirigirse hacía Íncubo, junto con Atik y Darío, los tres se
miran, pensando en su enemigo en común.
—¡Borraremos esa horrible sonrisa de tu cara! —lo miró Darío.
—¡Señora Josefa! —la vio Eve.
Al apurarse hacia ella, la batalla a punto de estallar tendrá que
esperar…
—¡Mi abuela se está yendo!
—¿Qué? —preguntó Darío.
Su preocupación se suma a la de Evelyn y los demás. Alexandra,
por su parte, seca las lágrimas de Sam.
—¡Samy! —se acercó a su hijo y a Josefa. —¡No estés triste!
Ahora, al acercarse Íncubo también, todos lo miran. Pero esa
atención es desviada nuevamente hacia Josefa. Sin embargo… Josefa
abre sus ojos hacia Carlos, mientras él sigue caminando hacia ellos.
—¡Mírense ustedes siete! —señaló Carlos. —¡Incluyendo a
Carlos, claro!
—¿Qué decís? —preguntó Eve.
—Que más allá del resto…¡Ustedes hicieron de mi plan, una
perfección!
—¡Yo diría que te vayas preparando para la paliza de tu vida! —
lo desafió Darío.
—¡Callate! —le gritó Íncubo —¡Que aún no termino de
perturbarlos!
Mientras los niños se espantan, él le cuenta lo profundo que fue
con sus más delicadas pesadillas…
—¡Tienen más en común de lo que creen! Miren que he pasado
por cientos, pero ustedes…¡Son mis favoritos!
—¡No lo escuchen! —Alexa alejó a los chicos —¡Y no estén
tristes! —habló Josefa.
—¡Josefa! —Eve se acercó más.
¡No te vayas, abuela! —expresaron los niños.
—¡Tranquilos! ¡Ahora ya puedo descansar en paz!
—¿Qué? ¡No! —expresó Alexa.
—¡Vos! ¡Maldito! —lo miró Darío.
—¡Déjenlo! —lo calmó Josefa.
—¡Pero es verdad! —la contradijo Eve.
—¡Sólo mírenlo bien! —lo defendió Josefa —¡Él es Carlos!
—¡Ponele! —expresó Darío.
—¡Asesino! —gritaron los niños.
Al correr hacía él, enojados, éste los detiene y Alexandra se
acerca…
153
—¡Quietos! —los frenó Íncubo.
—¡Carlos! —lo miró fijamente —¡Sé que seguís siendo mi amigo!
—¡Sí! ¡Soy yo! —se expresó confuso —Pero voy a… ¡¡Matarlos a
todos!
—¿Qué? ¡Bipolar! —observó Darío.
Mientras las atrapasueños se preparan para atacar, una
confusión ataca a los demás, en especial a Alexandra… Lo rodea
con sus brazos y palabras, intentando hacerlo entrar en razón. Él
pasa de una sonrisa diabólica a una seriedad melancólica.
—¡Está luchando contra el mal desde su interior! —expresó
Josefa.
Y ella está mostrando sus últimas palabras, porque ya está
dejando de respirar.
—¡Abuela! —ambos niños lloraron —¡No!
—¡Ahora es mi turno de atacar! —corrió Dab Tsog.
Evelyn y Darío se miran en simultáneo con la situación pero Dab
Tsog cruza esas miradas con velocidad hacia su enemigo, aunque se
detiene al ver un raro cambio en él…
—¿Y ahora qué? —se detuvo.
—¡Su cuerpo se va transformando! —analizó Eve.
—¿¡Metamorfosis!? —calculó Darío —¡Aprovechemos ahora!
—¡No! —lo frenó Eve —¡Esperá!
—¡Vamos, Eve! —Insistió Darío —¡Puede parecer duro de matar,
pero ese tal Carlos, no!
Dab Tsog sonríe con la intención de estar de acuerdo y se acerca
más a su rival.
—¡Puede ser muy peligroso! —calculó Eve. —Su cuerpo pasa con
frecuencia de humano a demonio y…
—¡Sí! ¡La forma monstruosa que no quiere que veamos! —afirmó
Dab Tsog.
Se miran entre sí. Alexandra, por otro lado, se acerca cada vez
más a su amigo.
—¡Alexa! —gritó Eve —¡No!
—¡Luchá, Car! —le suplicó Alexa —¡Vos podés!
—¡Afuera! —le expresó Carlos —¡Alejate!
Ella no se detiene y sigue caminando…
—¡Sos mi víctima humana! —expresó la maldad de Íncubo.
Alexandra se detiene y le dice…
—¡No! ¡Tu deber es construir sueños, no destruirlos!
—¡Vos qué sabes de mí! —expresó nuevamente Íncubo.
—¡Lo sé todo!

154
El lado bueno de su amigo la mira atentamente. Mientras tanto,
Asibikaashi y Cusi se acercan con los demás.
—¡Deberías seguir ayudando a las personas con sus vidas, sus
casas! —intentó convencerlo Alexa.
—¡No! ¡Eso sólo era mi trabajo y se terminó!
—¡Me niego a eso! —se opuso ella.
—¡Callate! —le gritó él - ¡Y sus vidas también se terminarán!
—¡Basta, Alexa! —la alertó Eve —¡Sólo dejalo!
—¡Sí! —se enojó Darío —¡Además, tiene que pagar!
—¡Estoy de acuerdo con vos, humano! —expresó Dab Tsog.
Ahora, ambos van a atacarlos, a pesar de que Evelyn y
Alexandra se oponen.
—¡Vamos, vengan! —lo desafió Íncubo. —¡Todos ustedes sólo
son peones en mi juego de ajedrez!
—¡No te olvides que soy tu peor pesadilla! —ahora lo desafió
Dab Tsog.
Éste le responde con una maldad pura transformada, viéndose
aún más grande y fuerte. Ésto hace retroceder a ambos y caen al
suelo. Ahora, su monstruosa apariencia se acerca hacia todos ellos.
Por ende, Alexandra retrocede con los chicos, junto con unas
cazadoras faltantes…
—¿Dónde está Atik? —preguntó Eve.
—¡Miren arriba! —señaló Jesús.
—¡Y allá también! —Sam señaló a Dab Tsog.
También hizo su transformación y va directo hacia su
contrincante…Íncubo es lastimado desde arriba con una fuerte
patada… Atik se encargó de quebrarle el cuello y Dab Tsog, a
continuación, lo golpea duramente al pecho, siendo lanzado lejos.
Ambos se miran con desconfianza, pero aún así, colaboraron juntos.
El asombro de los demás, acerca a ellos, sin contar a las
hermanas de Atik, que ya están ahí con anticipación.
—¡No cambiás más! —la miró la líder.
Aunque sí queda satisfecha con su labor.
—¡Te pasaste! —ahora la miró Cusi.
—¿Pero, es malo, no? —expresó Atik con sarcasmo.
—¡Y vos no sos nuestro aliado, demonio! —expresó Asibikaashi.
—¡Bueno, tranquilas, cazadoras! —les dijo Dab Tsog con
confianza.
—Mmm…Y ahora que lo pienso ¿Aburrido su mundo, no?
Las tres lo miran, con más desconfianza aún.
—¿Qué decís? —preguntó Cusi.
—¡Sí, ese mundo oscuro! —contó él.
155
—¿Y vos que sabes? —lo presionó Asibikaashi.
—Pues…
—¡No me importa de dónde vengan! —se levantó una voz a lo
lejos —¡No podrán conmigo!
Evelyn y los demás, observan como espectadores del miedo,
aunque se lo ve en su forma humana otra vez.
—¡Maldito! —se enfadó Atik.
—¡Y vos! —lo señaló Dab Tsog —¡También tenés tu misterioso
origen!
—¡Todos lo tenemos! —afirmó Incubo.
—¡Sí, bueno!, ¿Pero qué tan interesante fue engendrar a Merlín?
Esa pregunta mitológica los deja a todos callados.
—¿Eso es real? —preguntó Darío.
Evelyn, al pensarlo, no deja de lado al miedo, que jamás se fue.
—¡Ok! ¡Sería bueno ir terminando con este sueño! —asustó
Íncubo.
¡Sí! ¡Cuando tu peor pesadilla te devore! —lo desafío Dab Tsog -
¡O sea, yo!
—¡Pero, si ahora se cambiaron los papeles! ¡Mi pesadilla, su
mundo!
Al señalar, al sentirse todos involucrados con sus palabras del
mal, impulsivamente todos corren a atacar… Sus gritos se volvieron
uno solo, convirtiéndose en un golpe de ira. Mientras las cazadoras
observan temporalmente, los chicos también, junto al cuerpo de su
abuela. Alexandra es la primera en llegar a él, aunque más allá de
su velocidad fantasmal, no consigue hacerle daño.
—¡Sólo puedes traspasar en mí, sin ningún rasguño! —le
demostró Íncubo.
Al quedarse quieta, sólo con miradas, aparece Darío, inquieto y
le da un una piña en el rostro.
—¡Tomá! ¡Te lo merecés!
—¡Auch! ¿Eso es todo?
Y lo empuja lejos, con una sola mano.
—¡Desgraciado! —se enojó Darío.
—¿Y vos? —la miró a Eve —¡Te siento diferente!
—¿Qué decís? —se intrigó ella.
—¡La arrogancia es el motivo y peligro de todo escritor! —le
describió.
Evelyn, al intentar enfrentarlo, es interrumpida por Dab Tsog.
Éste corre hacia él, transformándose en el camino y tirándose
encima. Ambos giran varios metros y Dab Tsog parece tener la
ventaja, hasta que…
156
—¡Así que querés jugar a las transformaciones! —le expresó
Íncubo.
Éste también se transforma y la pelea se empareja.
—¡Eve! —se acercó Darío —¿Estás bien?
—¡Sí, sí! ¡Va a ser mejor que los dejemos pelear a ellos solos!
—Mmm… —pensó Darío —¡No!
—¡Darío! —gritó ella.
Íncubo es momentáneamente paralizado con el poder de su
pesadilla y vuelve a su modo humano, porque una actuación
impensada de Darío lo hace reaccionar a golpes.
—¿Qué hacés? —se molestó Dab Tsog —¡No te metas!
Alexandra interviene en la pelea, al mismo tiempo que éste
esquiva los ataques de Darío.
—¡No podrás hacer nada, deportista! —le levantó la voz —¡Tu
soledad se refleja en el tenis, al igual que tu egocentrismo en tu
banda!
Sigue intentando golpearlo mientras los demás escuchan.
—¡El nombre de tu banda lleva parte de tu apellido!
—¡No te pregunté! —le gritó Darío.
En un intento de golpe en su cara, aparece Evelyn y lo detiene
con un abrazo.
—¡Pará! ¡Sólo te está provocando!
—¡Eve! —la miró Darío.
—¡Y vos! —la señaló Íncubo —¡Luz de esperanza!! ¡Fruto de la
sabiduría!
—¿¡Estás drogado!? —le insinuó Darío.
—¡Es tal como tu nombre lo indica! ¡Y te venís a involucrar con
éste, que intentó abusar de vos!
—¿Qué? —exaltó Darío —¡No!
—¡Eso no es cierto! —le negó Eve.
—¡Claro que no! —intervino Alexa —¡Quiere hacerlos pelear!
¡Además de intervenir en nuestros sueños!
—¡Bueno, además…En tu caso, ¡tu querido amigo Carlos,
también se te insinuó en la realidad! —le dijo Íncubo a Alexa.
—¡Buena historia! —se cansó Dab Tsog —Pero, ya hubo
demasiada charla…
Corre hacia su enemigo, pasa empujando a Evelyn y a los demás,
cayendo sobre Íncubo.
—¿Dónde está? —se preguntó Dab Tsog.
—¿¡Desapareció!? —se asombró Eve.
—¡Sucio cobarde! —expresó Darío.
—¿Dónde está Alexa? —notó Eve.
157
—¡No te acerques a mi abuela! —levantó la voz Jesús.
—¡Mamá! —gritó Sam.
Aunque Íncubo se acerca igual a ella, la distingue cada vez
menos...
—¡Está desapareciendo! —notó Sam.
—¡Abuela! ¡No! —gritó Jesús.
—¿Qué le hiciste? —se ofendió Alexa.
—¡Nada! Bueno…¡Sólo un trato!
—¿Un trato? —se intrigó ella.
—¡Sí, uno que dudo en cumplir! —miró a los niños.
Al verlos con su sonrisa siniestra, aparece Atik y le quita dicha
sonrisa…
Lo ataca con una patada en la espalda, éste cae al suelo y luego lo
patea nuevamente, mandándolo lejos.
—¡Con los chicos, no! —expresó ella.
—¡Cazadoras! —se emocionó Jesús.
Sam también e impulsan a las atrapasueños a seguir
golpeándolo…
—¡Vamos! ¡Mata a ese roba sueños!
—¡Malditas cazadoras! —se levantó Íncubo. —¡También tengo
que lidiar con ustedes!
Evelyn y Darío también se acercan a ellos y ven a Josefa
desaparecer.
—¡Josefa! —gritaron Eve y sus amigos.
—¡Hasta ustedes y su abundante poder tienen una debilidad! —
insinuó al ver a las demás cazadoras también.
—¿Ah, sí? —preguntó con rudeza Atik.
Agarra su látigo mientras sus hermanas se acercan a ella.
—¡Sí! ¡La misma que vos! —Carlos miró a Alexa.
Todos la miran y él se aprovecha de su vulnerabilidad con los
niños…
—¡Tu nombre también tiene su significado! —se levantó Íncubo
—En tu caso… ¡Protección! ¡Aunque en vida no te protegiste a vos
misma!
Con una mirada triste en Alexandra, ahora es Cusi la que corre
con la acción…
—Ya basta de tanta crueldad ¡Tomá!
Logra golpearlo, aunque él también y la hace a un lado.
—Además de la culpa y el miedo de irse al dejarlos solos ¡Por eso
seguís acá!
—¡Ya es tiempo de que te calles! —Levantó la voz Asibikaashi.

158
En un instante, aparece al lado de él y lo golpea en el estómago
con su puño. Éste escupe sangre al agacharse, recibe un rodillazo en
el rostro y cae al suelo inconsciente.
—¡Wow! —se sorprendió Jesús. —¡Sorprendente!
—¡Debe ser la más fuerte! —dijo Sam.
—Mmm…¡Ok! —pensó y expresó Atik.
Darío se acerca a ellos con preocupación, Evelyn también,
aunque nota a Íncubo levantarse…
—¡Cuidado! —gritó Eve.
Un transformado Dab Tsog, se lanza encima de él.
—¡No sé metan, cazadoras! ¡Ésta es mi pelea!
Íncubo también se transforma y continúan su rivalidad.
—¡Ok, dejemos que se maten entre ellos! —expresó Darío.
—¡Sí! —reafirmó Atik —¡Estoy de acuerdo!
Ella levanta su cara junto a su látigo, él se espanta y luego ella le
sonríe.
—¡Al final no sos tan mala como parecías! —le expresó Darío.
Los demás se ríen, en especial los chicos, pero del otro lado la
pelea continúa…
Dab Tsog aprieta su pecho nuevamente, Íncubo baja sus brazos,
pero eso mismo hace que levante su poder… Hace su
transformación más monstruosa y tal parece que la tiene controlada.
Ahora pone su mano sobre la frente de su pesadilla y lo va
debilitando de a poco. Dab Tsog baja sus brazos, pero Atik los
levanta…
—¡Hermana! —la miró la líder —¡No lo ayudes!
—¡Jamás! ¡Sólo aprovecharé un 2x1!
—¿Qué? —le preguntó Cusi.
Al correr hacia los demonios, tira su látigo y sujeta el pie de
Íncubo, logrando que pierda estabilidad. Dab Tsog recupera fuerza
pero la vuelve a perder con un fuerte cabezazo de parte de ella. Éste
cae e Íncubo aprovecha a escapar…
—¡Basta! —levantó su voz —¡Ya sé qué haré!
La mira a Atik y desaparece.
—¡Adiós!
Su saludo se va junto con él y la pesadilla se tambalea.
—¡No! —se ofendió ella.
—¡Ya sé dónde puede estar! —calculó Asibikaashi.
—Mmm…¡Sí, pero la tenemos complicada! —recalculó Cusi.
—¡Terremoto! —gritaron los chicos.
—¡Esta pesadilla se está yendo al carajo! —expresó Darío.
—¡Sí! —afirmó Eve —¡Se debe estar terminando!
159
—¡Ponele! —dijo Darío.
—¡Entonces, iremos a donde todo empezó! —expresó Alexa.
—¿Qué? —la miran Eve y Darío.
La pesadilla se va derrumbando y ellos pierden el equilibrio. Las
atrapasueños se apresuran y particularmente Atik…
—¡Sujétense chicos! —se apresuró Atik.
—¡Esperá! —intentó frenar Cusi —¡Loca e impulsiva!
Atik ya se adelantó mientras que su hermana líder calcula la
situación y tiempo en el mundo real.
—¡Ya no hay tiempo! —gritó Asibikaashi.
—¡Cuidado al caer! —también gritó Cusi.
Entonces, la pesadilla se quebranta y todos caen…Hasta Dab
Tsog, aunque sigue inconsciente.
Atik es la primera en caer a la mansión, cae en la sala principal.
La siguiente en aparecer es Alexandra, preguntando por su hijo.
Atik la mira, pero escucha un ruido en la cocina…
—¡Allá!
Al ir ambas, ven a las cazadoras con los chicos.
—¡Somos nosotras! —respondieron sus hermanas.
—¡Samy! —se acercó su mamá.
—¡Estamos bien! —demostraron los niños.
Alexandra ve parte del desastre de su recuerdo, donde el
incidente comenzó. Por otro lado… Los ojos hacia Alexandra, pasan
a escuchar otro ruido, pero afuera…
—Mmm…¿¡Black!? —dudó Eve.
Nota un cuerpo tirado cerca de la mansión pero además un ruido
en la fuente de agua de enfrente…
Su pensamiento es intervenido con una agresiva aparición de
Dario.
—¡Darío!
Cayó de la casa hacia afuera, rompiendo una ventana.
—¡Más dolor aún! —expresó, dolorido.
Pero, al observar bien, nota que se encuentra fuera de la casa, al
fin.
—¡Eve!
Ambos se toman de los hombros y se percatan de la
situación…Al mirarse con profundidad, él le dice…
—¡No, Eve! ¡No!
—¡Lo sé! —le expresó ella —¡Es una locura, pero hay que
hacerlo!
—¡A esta altura no me sorprende, la verdad! —expresó él —
¿Volver a entrar cuando siempre quisimos salir? ¡Ok! ¡Ahí vamos!
160
Sus dudas se acercan hacia la entrada y se topan con los demás.
—¡Buenas! —saludó Darío —¿Hay alguien en casa?
—¡Bromista! —le dijo Asibikaashi.
Al caer humor al miedo, éste no caerá solo…
—¡El mal tiene su hogar! —se levantó una voz.
Evelyn y Darío entran con rapidez entre el resto y responden…
—¿Dónde estás? —Ahora Eve levantó su voz.
—¡Sí! —se enojó Darío —¡Dale, maricón! ¿O te vas a seguir
escondiendo?
La casa tiembla y caen pedazos, al igual que sus preguntas sin
respuestas.
—¡Cuidado! —alertó Cusi.
Alexandra protege a los niños, mientras Atik se impacienta…
—¿Y a vos? ¿Qué te pasa? —le preguntó Asibikaashi.
—¿Dónde está ese desgraciado? —respondió inquieta.
—¡Ya aparecerá por ahí! —la calmó Cusi.
—¡Pero si sabés bien que no tenemos mucho tiempo!
—Mmm… —pensó Asibikaashi —¡De última, que se encarguen
ellos!
—¡No! —gritó Atik.
En ese momento, aparece Dab Tsog en bajada, junto con Íncubo.
—¿Y éstos de dónde cayeron? —preguntó Darío.
Evelyn observa a un consciente Dab Tsog despertar con la caída,
pero también a una furiosa Atik corriendo y acercándose…
La cazadora se frena con un buen control, al ver que los
demonios se están matando a golpes. Con cada golpe, éstos se alejan
y chocan con cada rincón de la casa.
—¡Niños! —los protegió Alexa.
En dicha batalla, traspasan a Alexandra con su imparable lucha.
Aunque los niños son salvados por una anticipada Cusi, que los
sujeta y salta, poniéndolos a salvo.
—¡Que rápido recuperó la conciencia! —notó Darío —¡Me
pregunto qué hay de nosotros!
Evelyn lo mira con intriga, al igual que las cazadoras.
—¿A qué te referís? —le preguntó Eve.
—¡Tengo entendido que tenemos tres conciencias! —afirmó él.
—¡Sí, y el tema de las fases o etapas de los sueños! —agregó ella.
—¡Eso no es todo, muchachos! —interrumpió Asibikaashi —
¡Esto es sobre lo que quería advertirles!
—¿Qué? —preguntaron ambos.
—¡Hemos estado intentando comprender un tema que va más
allá de nuestro entendimiento! —expresó Asibikaashi.
161
—¡Así es! —reafirmó Cusi —¡Además, su complejidad es muy
delicada!
—¿Qué? —se intrigó Eve.
—¡Vamos! —presionó Darío —¡Decinos!
Alexandra se acerca junto a los chicos, y Atik se aleja junto a la
acción… La pelea entre demonios no parece tener fin y ella decide
intervenir. La casa se sigue moviendo con derrumbe; Atik se mete
con una patada hacia Íncubo y, “sin querer”, un codazo en el rostro
de Dab Tsog.
—¡Desgraciada! —se enfadó Dab Tsog.
Ella lo mira con un ojo y con el otro ve a Íncubo correr furioso
hacia ellos.
—¡Vos! ¡Mataré a ambos!
—¿Ah, sí? —lo desafió ella —¡Acá te espero!
Pero, al sujetar su látigo, nota que sus manos se ven borrosas…
—¡Tomá! —la golpeó.
—¡Mierda! —se alejó al caer.
—¡Hermana! —se preocupó Cusi.
—¡Atik! —la observó Asibikaashi.
Aunque también se mira a ella misma y observa su casi
invisibilidad.
—¡Vos también! —ahora la observó Atik.
—¡No! —se enfadó Asibikaashi —¡No hay más tiempo!
Corre hacia Íncubo mientras éste se transforma. Por ende, Dab
Tsog también y manchan la casa de rojo…
Asibikaashi esquiva la sangre y salta sobre Íncubo. Dab Tsog cae
derrotado y ella enfrenta a su enemigo a golpes ventajosos, aunque
relativamente parejos.
—¡El demonio bueno se está muriendo! —lo observó Jesús.
—¡No, niño! —lo corrigió Cusi —¡No existen los buenos
demonios!
—¿Y qué hacemos, mamá? —preguntó Sam.
—¡Nada! —interrumpió Atik.
—¡Ustedes, los soñadores…sí que cambiarán al mundo! —
expresó Dab Tsog.
—¡Cuánta ternura en su profundidad, para ser un demonio! —
expresó Eve.
—¡Demasiado para él! —agregó Darío.
Mientras todos escuchan sus últimas palabras con sus ojos
brillar, al mismo tiempo, observan los hechos de la pelea que
continúa…
—¡Ya! —lo presionó Asibikaashi —¡Sal de su cuerpo o muere!
162
Mientras lo golpea con palabras, además, ambos retroceden al
caer un pedazo de techo.
—¡Estoy harto de lidiar con ustedes! —levantó su voz Íncubo —
Pero ahora, sin mi pesadilla… ¡Soy invencible!
Junto con su sonrisa sádica, se transforma a su máxima
monstruosa apariencia.
—¡Hermana! ¡Cuidado! —alertó Cusi.
Con gran velocidad, éste la sujeta con fuerza y la lanza hacia una
pared, rompiéndola.
—¡Maldición! —se ofendió Atik.
Ambas hermanas corren hacia su enemigo, pasan por delante de
Evelyn y Darío, que junto con Alexandra y los chicos deciden no
meterse. Entonces, aún con las hermanas atacando juntas, no
pueden con tanta maldad. Fuertes y veloces golpes van y vienen,
pero no logran dañarlo.
—¡Hermanas! —se levantó Asibikaashi con firmeza.
Ella también se suma a la hermandad y logra golpearlo con
fuerza en medio de su cara.
—¡Metida! —se quejó con dolor.
—¡Hermanas! —las miró Asibikaashi. —¡Terminemos con esto!
—¡Entrometidas! —se enojó.
Al acercarse a ellas, las hermanas se separan un poco y lo atacan
simultáneamente. Una lluvia de golpes hace que lleven la delantera.
No obstante, él observa su ventaja…
Cusi lo golpea con fuerza en su estómago, éste intenta
responderle con un ataque a su rostro pero Atik la protege y
Asibikaashi le da un codazo en su espalda. Una buena
demostración de una fuerte hermandad.
—¡Bien, chicas! —alentó Darío —¡Vamos!
—¡Ustedes pueden! —Ahora alentaron los niños.
Aunque Íncubo se va mostrando ser un demonio no tan
aterrador, va a aprovechar dicha ventaja…
—¡Hermana! —la observó Asibikaashi.
—¡No te vayas! —ahora gritó Atik.
Cusi va desapareciendo, junto con la hostilidad demoníaca de
Íncubo.
—¡Ya se ve más humano! —notó Alexa.
—¡No! —gritaron ambas hermanas al ver a Cusi.
Se convierte en un atrapasueños y cae al suelo.
—¡Vos! ¡Morite de una vez! —se enojó Atik.
Lo enreda con su látigo y lo revolea por todos lados, dejándolo
gravemente lastimado. Sin embargo, ella también está
163
desapareciendo y su látigo se cae. Asibikaashi también lo nota y
planea dar la colisión final, pero…
—¡Hermana! —le avisó Atik.
En ese momento, en un golpe que parece ser el final, Íncubo
cierra sus ojos y ella desaparece.
—¡No! —gritó ella.
Íncubo despierta sus ojos junto con su grito y ve como otro
atrapasueños cae. Además, otro grito…
—¡Evelyn! — Atik se dirigió a ella.
—¡Atik! —se impactó Eve.
—¡Tomá!
—¡Wow! —se sorprendió Sam.
—¡Yo también quiero! —se emocionó Jesús.
Le sujeta el látigo con rudeza en su brazo, mientras le sonríe.
—¡Es la mejor, sin duda! —expresó Darío.
—Mmm… —pensó Eve —¡Yo me encargo!
—¡Lo sé! Pero volveré por él ¡Nos vemos, soñadores!
Le guiña el ojo y desaparece también.
—¡No! ¡Se fue! —se impactó Darío.
Mientras tanto, Evelyn sigue pensando, dudando y ahora con su
arma prestada. Por otro lado, Alexandra va hacia su lastimado
amigo…
—¿¡Carlos!? ¡Sé que estás ahí! ¡Reaccioná!
—¡Mamá! —se desesperó Sam.
—¡Vos también reaccioná, Eve! —la despabiló Darío.
—¡Sí, sí! ¡Estoy bien!
—¿Necesitás ayuda? ¿O serás mi heroína? —Darío la continuó
despabilando.
Ella aprieta el látigo de Atik y la mira convertida en
atrapasueños.
—¡Alexa! —se dirigió Carlos a ella.
—¡Carlos! —Ahora se dirigió Alexa a él —¿Sos vos?
Siendo así, Evelyn baja la guardia y la presión sobre su látigo.
Carlos mira fijo a su amiga y ahora también al resto…
Pero al observar, además, el ambiente destructivo de la casa
oscurecerse; agacha y sujeta su cabeza con las manos.
—¡No! —gritó —¡Ya, déjame!
—¡Car! —se le acercó Alexa.
Ella, al ver que está teniendo una lucha interna, se le acerca…
—¡Volví! —expresó él.
—¿Seguro? —dudó Darío.
—Mmm… —pensó Eve.
164
—¡Me alegra, Carlos! —expresó Alexa.
Pero a continuación, él levanta su rostro y expresa…
—¡Es mejor reinar en el infierno que servir al cielo!
Todos se impactan, menos Alexandra…
—¿Que no te asustó?—expresó él al levantarse. —¡Claro, si ya
estás muerta!
—¡Mamá! —se acercó Sam.
—¿¡Y las cazadoras ya no están!? —se bajoneó Jesús.
—¡Estamos complicados! —afirmó Darío —¡Eve!
Evelyn da unos pasos hacia adelante y usa su arma…
Lo estira, traspasa a Alexandra. Íncubo abre sus ojos con
sorpresa y es golpeado sin daño alguno.
—¡No! —gritó ella —¡Lo hice mal!
Darío ve que ella se le acerca más y se inquieta.
—¡Eve! ¡Esperá! —gritaron los niños.
—¡Cuánto valor! —Se sorprendió Íncubo.
Entonces, Evelyn intenta un golpe más, pero éste sujeta su látigo
y la tira lejos, hacia el otro extremo.
—¡Eve! —se desesperó Darío.
Al correr hacia ella, Alexandra lo detiene…
—¿Qué hacés? —la miró él —¡La va a matar!
—¡No! —¡Tengo una idea!
—¿Ah, sí? —expresó él —¡Sí, se te complica en tu Mmm…
estado!
—¡Sí, tengo complicaciones con el tacto humano! Pero…
En ese momento, ven cómo Evelyn se levanta y lo intenta
nuevamente…
—¿¡La tercera es la vencida dicen!? —expresó Íncubo.
Ella logra lastimarlo en la cara, dejándolo sangrar apenas.
—¡Pues, no! —respondió él mismo.
Además, le hace “No”, con su dedo índice, mientras le sonríe.
Ahora, al agarrar el otro extremo del látigo, se pone a hablar…
—¿¡Éste no es un látigo común y corriente, no!? ¡Igual, no les
bastará para ganarme! ¡Ya no tienen aliados ni nada!
—¡Nos tenemos a nosotros! —levantó su voz Eve.
—¡Así es! ¡Hijo de puta! —se enojó Darío.
—¡Ja ja ja! ¡Sí, ustedes… Ni son dueños de sus propios sueños!
—¡Ya basta, Carlos! —le gritó Alexa —¡Aún estás a tiempo de
que te perdonemos!
—¿Perdonar? —se intrigó él —¡No me llames Carlos!
En ese momento, Alexandra se le acerca y le sujeta el rostro con
sus manos.
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—¡Sí, Carlos! —expresó con dulzura. —¡Perdonar!
—¡El olvido es el mejor perdón y la mejor venganza!
Él abre sus ojos resonantes, pero…
—Muy lindo lo que dices, pero ¡Afuera!
La lanza con soberbia hacia donde se encuentra Evelyn.
—¡Alexa! —gritó Eve.
—¡Mamá! —también gritó Sam.
Corre junto con Jesús pero Darío los frena.
—¡Esperen, chicos!
—¡Y ya que estamos!... —levantó su voz, Íncubo —¡Vamos a
asustarlos aún más, con confusión!!
Al observar a todos, él sigue hablando…
—¿¡Y qué pasa si todo esto, sus vidas, son parte de sueños
ajenos!?
¡Sus pesadillas como producto de los multiversos!
Sus oídos temblaron de asombro y Evelyn soltó su látigo.
—¡Eve! —la llamó Alexa.
—¡Alexa!
—¿¡Recuerdas cuando pude poseer a Darío!?
Ella la escucha con un suelo bajoneado, aunque aún sigue
sorprendida con las palabras de Íncubo…
—¡Así es! ¡Es un tema que yo también desconozco! ¡Y hasta sus
queridas amigas, esas cazadoras que no terminaron o no quisieron
decirles toda la verdad!
—¡Este desgraciado está en todas! —notó Darío —¡Pero sí que te
dejaron roto, eh!
—¡Suficiente! —amenazó Íncubo —¡Denme todas sus pesadillas,
con sus muertes!
Con esas últimas palabras intimidantes del demonio mismo,
intenta transformarse, pero no lo logra…
—¡Demonios! —se enfadó.
Al mismo tiempo, Evelyn se levanta, aunque diferente…
—¿Y ahora qué? —se impactó Íncubo.
—Aprovechemos ahora que está muy lastimado —notó Evelyn.
Al correr hacía él con velocidad, lo ataca con fuerza y lo lanza
algo lejos.
—¡Wow, tremendo! —se sorprendió Jesús.
—¡Otra vez una fusión! —expresó Darío.
—¡Sí! ¡Mamá! —gritó Sam —¡Mátenlo!
—¿Qué significa esto? —preguntó Íncubo.
Su inquietud es respondida con otro golpe de ellas.

166
—¡Vamos, Eve! —gritó Darío —¡Igual, yo no puedo quedarme
sin hacer nada!
Ahora, en un tercer ataque, lo traspasan a su enemigo, aunque
sólo lograron moverlo un poco. Con persistencia, siguen los
intentos, pero con los mismos resultados.
—¿Por qué? —se inquietaron ellas.
—¡Creo que esa unión tiene una desventaja! —calculó Íncubo.
En simultáneo, Darío toma ventaja…
Corre hacia el látigo de Atik y, consecutivamente, va hacia su
enemigo a los gritos…
—¡Ahora vas a ver! Tenés que morir ¡Ya!
Entonces, lanza golpes fuertes a voluntad, aunque no muy
efectivos.
—¡Cuidado, chicas! —gritó él.
Ellas lo esquivan con mucho reflejo, pero sus cuerpos y almas se
dividen.
—¡Mamá! —gritó Sam.
—¡Alexa! —ahora gritó Jesús.
—¡Controlate, humano! —expresó Íncubo.
Los golpes de Darío expresan más enojo que certeza, pero en
algún punto certero, entre otros que no tanto; logra dejarlo en el
suelo.
Al acercarse todos, incluyendo los niños, pareciera no dar
señales de vida y Darío suelta su látigo, pero…
—¡Jajaja! —se rió fuerte —¡Aún sigo acá!
—¡Ya es suficiente, demonio! —señaló Alexa —¡Sólo déjalo ir!
Todos retroceden con miedo, aunque Evelyn ve en ese miedo,
una luz de esperanza…
El atrapasueños perteneciente a Atik, brilla hacia su látigo.
—¡Olvídenlo! ¡No pueden ganarme con nada! ¿Ahora qué? ¿Me
van a expulsar con un exorcismo? ¡Un clásico!
—¡No! —expresó Darío —¡A golpes!
Comienza a pisarlo y a patearlo. Los niños también lo intentan y
entre los tres logran lastimarlo más aún.
—¡Niños! —se acercó Alexa.
Evelyn, en cambio, se acerca y sujeta su látigo.
—¡Eve! —gritaron todas sus amistades.
Ella lanza su arma con puntería, pasa entre sus amigos y golpea
directo a su objetivo.
—¡Le dio en la boca! —se asombró Darío.
—¡A ver cuando te vas a callar, engendro de Satán! —expresó
Eve.
167
Íncubo intentó levantarse aunque su sangre lo obligó a caerse y
Evelyn lo ataca nuevamente…
Su látigo se estira, lo enreda y lo atrae hacia ella.
—¿¡Una cazadora!? —expresó Alexa.
—¡Deja vu! —ahora insinuó Darío.
Íncubo recibe un golpe en su rostro y luego es lanzado por
diferentes puntos de la casa y esto no parece detenerse…
Del suelo a una ventana, luego de ahí hasta el techo y con su
arma aún más larga, hacia afuera, rompiendo la puerta principal. Su
látigo vuelve a la normalidad y Darío la frena…
—¡Eve! ¡Qué diferente estás! ¡Una Genia!
A correr todos hacia afuera; mientras la observan a ella con ojos
de guerrera, buscan a Íncubo.
—¿Dónde está ése? —lo buscó Darío.
—¡No lo veo por ningún lado! —Ahora lo buscó Jesús.
—¡Ahí! —señaló Sam.
Aparece de repente, ensangrentado y muy lastimado, mirando
hacia ellos.
—¡Ya no puede más! —observó Alexa.
Él levanta sus manos, apunta hacia la casa y empiezan a temblar
ambos…
—¡Cuidado! —alertó Eve.
—¿Qué está haciendo? —se intrigó Darío.
En ese momento, aparece alguien por detrás, trepando desde la
fuente de agua…
—¿¡Guido!? —se asombró su amigo —¿Sos vos?
Nota su bate cerca y lo sorprende de espaldas…
—Así que un infiltrado, ¿No?
Íncubo se da vuelta con rapidez, pero éste le gana con su golpe.
—¡Tomá! ¡Basura! Al final no estoy fuera, ¿no?
Al caer de nuevo, pero aún con señales de molestar, recibe otro
golpe en su espalda.
—¿Y ése quién es? —preguntó Sam.
—¡Matalo! —gritó Jesús.
—¡Qué bueno que siga con vida, Guido! —se alegró Eve.
Al ver que Íncubo se escapa arrastrándose…
—¡Cuidado, Guido! —le avisó Darío.
Íncubo agarra el látigo de Eve, ella se percata, pero Guido no
pierde el tiempo…
—¿Qué pretendés hacer? ¡Esta vez no me vas a ganar!
Al no parar de golpearlo, Alexandra aparece y lo detiene…
—¡Basta! ¡Por favor!
168
—¿Qué? —la observó Guido —¿Qué pasa?
—¡Carlos! —se le acercó llorando.
—¡Muchachos! —se emocionó Guido.
Los demás también se acercan y se saludan.
—¡Qué mal te ves! —expresó Jesús —Pero ¡Gracias!
—¡De nada, niño! —le sonrió.
En cambio, Evelyn y Sam van hacia Alexandra…
—¡Mamá!
—¡Alexa! —la observó Eve —¿Qué haces?
—¡Miren! —señaló ella —¡Ahora sí es Carlos!
—Mmm… —pensó Eve.
De repente, su ambiente se llenó de espectadores y por lo tanto,
testigos.
—¡Miren! —gritó alguien.
—¡La casa se está viniendo abajo! —señaló otro.
—¡Se liberó! —expresó Alexa.
—¿Qué? —gritaron Eve y los demás.
—¡Fuera! —lo expulsó Carlos.
El Íncubo se sale de su cuerpo y ese alma demoníaca se une con
la mansión.
—¡Qué mierda! —expresó Guido.
—¿Qué? —levantó su voz Darío.
Eve observa la casa reconstruirse y se acerca en seguida a
Alexandra…
—¡Alexa! —señaló lo sucedido —¿Qué significa eso?
—¡Mamá! —se acercó a su madre.
—¡Alexa! —habló Carlos.
Todos observan, aunque Darío, Guido y Jesús intentan acercarse;
pero son detenidos por la policía…
—¡Alto ahí!
—¡Lo siento, amiga! —le expresó Carlos —¿Sabés que siempre te
considere mi amiga, verdad?
Ella llora y su hijo la abraza.
—¡Tranquila! —la consoló Carlos —¡Ahora ya es tiempo de
pagar e irme!
—¡Alto, dije! —gritó otra vez la policía.
Darío y los demás se acercan más, pero nuevamente son
detenidos.
—¡Te quiero! —le expresó Carlos.
Alexandra, también, parece demostrar más emoción ahora que
cuando estaba viva.
—¡Pero si no hiciste nada! —aclaró ella —¡Fue ese demonio!
169
—¡Fui débil! —expresó sus últimas palabras.
A la vez, Alexandra también…
—¡Pues, yo también!
—¿¡Mamá!? —se preocupó Sam.
—¡No pertenezco acá y sé que estarás en buenas manos
protectoras!
Ella mira a Darío, pero en particular a Evelyn y sonríe.
—¡Alexa! —gritaron Eve y Dario —¡No!
—¡Mamá! —ahora Sam gritó con lágrimas.
Su hijo, junto a Guido, pasa por alto a la milicia y se acercan a
ella…
—¡No! ¡Levanten sus manos!
Pero ésta se eleva al cielo a descansar en paz.
—¡No! —Gritó toda su gente, inclusive Guido.
—¿Qué está pasando acá? —se intrigó la policía.
Mientras tanto, la casa tiembla y se reconstruye por completo.
—¡Miren! —gritó un testigo.
—¡La casa se estaba cayendo y miren ahora! —gritó otro testigo.
—¿Qué? —preguntó la policía —¡Eso es imposible!
Evelyn y los demás miran al cielo, luego a Carlos y de ahí a una
mansión prácticamente nueva. En ese momento incómodo, Darío y
Evelyn se miran fijamente y él voltea sus ojos nuevamente hacia la
casa. Eso tiene que significar algo…
Al momento, la ambulancia y los servicios de apoyo caen, al
igual que Guido; que se encuentra muy lastimado. Jesús corre hacia
Evelyn y junto a Sam la abrazan. Aunque en ella, parece que sus
ojos detiene el tiempo y sigue su mirada puesta en Darío. Él se
acerca a ella lentamente y ese significado, vuelve el ambiente más
profundo aún… Le da un beso romántico, aunque ella le responde
con miedo a un hecho sin pregunta…
—¡No! ¡Noté tu mirada! ¿Qué pensás hacer?
Él suelta una frase sentimental, para variar de su oscuridad…
—¡Abandonar a alguien que amás, para matar a otro que odiás!
Ella queda impactada, y responde junto con la “Normalidad del
tiempo”.
—Mmm…¿Sólo por eso volvés? ¿Y te parece justo, además?
Evelyn le insinúa a Amy, mientras él ve a Guido seguro en la
Ambulancia y más seguro aún, a los niños con ella.
—¡Cuidate, anteojitos! —le sonrió.
—¡No entiendo nada! —expresó Jesús. —¿A dónde vas?
Pone su mano sobre la cabeza de Sam y se aleja, aunque Evelyn
intenta detenerlo…
170
—¡No! ¡No te vayas!
Darío sujeta su mentón, la mira, pero una persistencia policíaca
continúa…
—¿A dónde vas? ¡Te dijimos alto!
Él sujeta su mentón y se despide.
—¡Nos vemos, Eve!
Le guiña su ojo y va hacia el infierno otra vez…
—¡Alto o disparo!
—¡Disparen! —gritó otro oficial.
—¡No! —se interpuso ella.
Un instinto de amor le surge a ella y golpea las manos de los
policías con su látigo, haciendo que las armas caigan. Darío mira,
más asombrado aún, y le agradece.
—¿Qué fue eso? —se impactó un oficial.
—¡Qué bien lo controlas! —la elogió Darío.
—¡Gracias! —respondió ella.
Además…
Alarga su látigo hacia él, enredando su brazo.
—¡Aprendé a usarlo y luego saluda a Atik de mi parte! Mmm…
—calculó ella.
Él la mira con media sonrisa, pero también a los policías
queriendo entrar…
Darío entra, gira 90° y mira hacia afuera a su gente
(particularmente a ella).
—¡Vamos! ¡Entren!
Sin embargo, la puerta se cierra y ellos no la pueden abrir.
—¡Se fue! —se molestó Jesús —¿Por qué?
—¡También mi mamá! —se lamentó Sam.
—¡Vamos, niños! ¡Estaremos bien!
Evelyn se aleja del lugar con las manos al hombro de los chicos y
decide dejar todo esto atrás.
—¡Jamás podré olvidar ésto! —expresó Sam.
Ella lo mirá y voltea hacia la mansión. Aunque sigue caminando
en definitiva entre todos y sin parpadear…

Unos cuantos meses después…

Evelyn abre sus ojos y se mira al espejo al lavarse la cara. Se la ve


mejor luego de un tiempo, aunque la invade una duda en su
interior…
Aunque al ir al comedor, observa unas mochilas infantiles y mira
la hora. Por otro lado, se sienta con sus libros, mientras escucha un
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nuevo sonido techno que le termina agradando demasiado.
Entonces, suena y abre un libro en particular…
—¡Mi favorito! —habló sola.
Aunque no tiene título, pero sí tiene más preguntas que
respuestas…
Al detenerse en un momento a pensar, expresó…
—¿Será todo esto mi imaginación? ¿Vivo en mi propia creación?
—¡Estoy loca! ¡Estoy hablando sola!
Al ponerse a escribir, su tinta dice…
“Cambiá esa vieja página”.
Tiene la intención de dejar todo atrás al romperlo y darle un
cambio a su vida. Aunque también…
—¿Pesadilla o realidad? —exaltó con miedo.
Esa duda es muy persuasiva. Aunque ahora un recuerdo muy
profundo le llega y ella se acuerda de alguien en especial y
escribe…

En mi corazón, escribiste sueños…


Haciéndome parte de vos.
Cada hoja, cada letra, van naciendo de tu voz…

Y al seguir escribiendo…
Va sintiendo que su corazón es más fuerte que su confusión.

De todos modos… ¿Cuál sería el sentimiento adecuado al


soñar? ¿Por qué al despertar, también tengo la sensación de
seguir estando dormida?

Al dejar de lado su libro con cansancio, se queda mirando a la


intemperie y se pregunta…
—¿Puede una fuerte pesadilla confundirte tanto?

172
POSFACIO

Al igual que en la historia que pretendí ofrecer, en mi vida, mis


pesadillas también se profundizan mucho. Además, resalta el tema
de la protección (particularmente la infantil).
Creo realmente en los sueños, en su poder y en su reflejo de los
deseos más profundos.

173
Este libro se terminó de imprimir y encuadernar en el mes de
diciembre del año 2024, en Talleres Gráficos NEOSUR
([email protected]), Av. Eva Perón 4070, Lanús Este,
Buenos Aires, Argentina.

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