Dato: Cada año, miles de personas son diagnosticadas con leucemia, pero gracias a
los avances médicos, las tasas de supervivencia han mejorado considerablemente.
La leucemia es un tipo de cáncer que se origina en la médula ósea, el tejido blando
que se encuentra en el centro de los huesos y se encarga de la producción de células
sanguíneas. Afecta principalmente a los glóbulos blancos, fundamentales en la
defensa del organismo. En esta enfermedad, la médula ósea genera células
anormales que no cumplen su función, lo que interfiere en la formación de glóbulos
rojos, plaquetas y otras células inmunitarias.
El término "leucemia" significa "sangre blanca" debido al aumento excesivo de
leucocitos defectuosos. Estas células malignas desplazan a las sanas, impidiendo su
correcto desarrollo y provocando una disminución de elementos esenciales en la
sangre. Como consecuencia, pueden aparecer síntomas graves que ponen en riesgo
la salud.
La leucemia puede afectar a niños y adultos. Tiene sus dos tipos según la velocidad
de progresión:
• Aguda (que progresa rápidamente). • Crónica (que progresa más lentamente).
Síntomas
Fatiga extrema y debilidad por la falta de glóbulos rojos.
Fiebre y sudores nocturnos sin causa aparente.
Pérdida de peso inexplicable y falta de apetito.
Infecciones frecuentes debido a la alteración del sistema inmunológico.
Moretones y sangrados anormales por la disminución de plaquetas.
Dolor o sensación de hinchazón abdominal, por inflamación del bazo o
hígado.
Piel pálida debido a la anemia.
Exámenes de sangre: Se realizan para detectar la presencia de células
anormales.
Biopsia de médula ósea: Consiste en extraer una pequeña muestra de médula
ósea para examinarla en busca de células cancerosas.
Pruebas de imagen: Como radiografías o tomografías computarizadas (TC)
para detectar cualquier agrandamiento del bazo o de los ganglios linfáticos.