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DDHH 1

Los derechos humanos son facultades inherentes a todas las personas, que deben ser respetadas y garantizadas por los Estados, y se dividen en tres generaciones: derechos civiles y políticos, derechos económicos, sociales y culturales, y derechos de solidaridad. Estos derechos son universales, indivisibles e interdependientes, y su reconocimiento ha sido el resultado de luchas sociales a lo largo de la historia. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 marcó un hito en la protección de estos derechos a nivel internacional.

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DDHH 1

Los derechos humanos son facultades inherentes a todas las personas, que deben ser respetadas y garantizadas por los Estados, y se dividen en tres generaciones: derechos civiles y políticos, derechos económicos, sociales y culturales, y derechos de solidaridad. Estos derechos son universales, indivisibles e interdependientes, y su reconocimiento ha sido el resultado de luchas sociales a lo largo de la historia. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 marcó un hito en la protección de estos derechos a nivel internacional.

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Derechos Humanos:

Ser ciudadano significa tener un conjunto de derechos y deberes, ejercerlos frente al Estado y a
la comunidad a la que pertenecemos, como así también frente a otros Estados y otras
comunidades.

Llamamos derechos a las facultades que tenemos las personas y que –al ser reconocidas por la
Constitución- podemos reclamar su cumplimiento.

Las garantías son los medios que el Estado instrumenta para asegurar el ejercicio de los
derechos fundamentales. Son tan importantes para los derechos que puede afirmarse que un
derecho vale en la medida que valgan sus Garantías.

Por lo tanto ser ciudadano es:


Tener derechos y medios para ejercerlos.
Sentirse parte de una comunidad y ser reconocido como tal por los demás integrantes
Participar junto con otros en la construcción y transformación de la sociedad para crear las
condiciones de equidad en las que todos podamos ser ciudadanos.

¿Qué son los derechos humanos?


En nuestra sociedad, todos tenemos derechos y obligaciones que se podrían comparar con la
libertad y las limitaciones. Tener derechos no significa poder hacer todo lo que se quiere. Tus
derechos deben respetar los derechos de los demás.
Todos estamos relacionados y esto significa que vivimos en un mundo recorrido por redes de
derechos y obligaciones, que conectan a las personas, atraviesan las sociedades y abarcan a
toda la humanidad. Hay ciertos derechos que nadie puede negarnos ni quitarnos. Son derechos
naturales de los que gozamos sólo por el hecho de que somos seres humanos y son LOS
DERECHOS HUMANOS. Se crearon para todas las personas y son universales, su cumplimiento
es obligatorio y nadie puede atentar contra ellos, es decir que son inviolables. La responsabilidad
de que se cumplan depende de los Estados, pero también de nosotros.
Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna
de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o
cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación
alguna.
Através de la Historia, además de los Derechos Humanos, también se fueron definiendo e
incluyendo dentro de ellos otros derechos específicos para grupos de habitantes, como los
derechos del niño, de la mujer, de las minorías, etc.

¿Para qué nos sirve conocer los Derechos Humanos?

Los Derechos Humanos son un conjunto de garantías indivisibles, interdependientes e inherentes


a toda persona. Son derechos fundamentales que establecen los límites de las autoridades para
interferir en la vida de las personas y de los pueblos y obligan a los gobiernos a satisfacer las
condiciones de vida necesarias para que las personas puedan desarrollarse en plenitud.
¿De dónde vienen los Derechos Humanos?

Los Derechos Humanos son el resultado de luchas sociales, más precisamente de la acción de
personas y grupos que denunciaban abusos para erradicarlos y promover la igualdad y el trato
digno entre los seres humanos. En la actualidad estos derechos internacionalmente aceptados
son, muchos. Como no todos fueron reconocidos al mismo tiempo, para clasificarlos se utiliza el
concepto de generación.

Derechos de primera generación


Se llaman de primera generación porque fueron los primeros.
Son derechos civiles e individuales
Surgieron en la época de la Revolución Francesa y de la Independencia de los Estados Unidos.
En Francia se sancionó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano durante la
Revolución Francesa (1789). Frente al poder absoluto del monarca los revolucionarios franceses
proclamaban la libertad e igualdad de todos los hombres.

¿Cuáles son?
 derecho a la vida
 integridad física y psíquica
 a la propiedad privada
 a la libertad de prensa
 libertad de pensamiento
 libertad de conciencia
 libertad de tránsito
 libertad de religión y de enseñanza
 libertad de asociarse
 de desarrollarse económicamente
 de asociarse
 de reunirse
 de casarse
 de elegir gobernantes y ser elegido

Derechos de segunda generación.


Derechos económicos, sociales y culturales
Los derechos humanos de la segunda generación están relacionados con la equidad y
comenzaron a ser reconocidos por los gobiernos después de la Primera Guerra Mundial. Son
fundamentalmente sociales, económicos y culturales en su naturaleza. Aseguran a los diferentes
miembros de la ciudadanía igualdad de condiciones y de trato. Incluyen el derecho a ser
empleados, los derechos a vivienda, a la educación y a la salud, así como la seguridad social y
las prestaciones por desempleo. Al igual que los derechos de primera generación, también fueron
incluidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en los artículos 22 al 27 y,
además, incorporados en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
En Estados Unidos, el presidente Franklin D. Roosevelt propuso una segunda Carta de Derechos,
que abarcaba gran parte de este tipo de derechos, en su discurso del Estado de la Unión el 11 de
enero de 1944.

Son derechos para vivir en sociedad.


Son derechos económicos y sociales
Comenzaron a reconocerse a fines del siglo XIX y este reconocimiento continuó durante el siglo
XX. Consideran a la persona en su contexto social.
A partir de mediados del siglo XVIII se desarrolló, en Europa y en otros países del mundo, un
proceso de cambios técnicos, económicos y sociales conocido como Revolución Industrial.
Comenzó una lucha por conseguir derechos para los que trabajaban o veían afectada su salud
por las nuevas condiciones laborales. Así surgieron estos derechos.

¿Cuáles son?
 derechos al trabajo en condiciones dignas
 descanso diario
 acceso a la vivienda digna
 al esparcimiento
 a la educación
 a la cultura
 protección a la maternidad

Derechos de tercera generación

Por su parte, la tercera generación de derechos, surgida en el siglo XX, se vincula con la
solidaridad. Los unifica su incidencia en la vida de todos, a escala universal, por lo que precisan
para su realización de una serie de esfuerzos y cooperaciones en un nivel planetario.
Normalmente se incluyen en ella derechos heterogéneos como el derecho a la paz, a la calidad
de vida o las garantías frente a la manipulación genética, aunque diferentes juristas asocian estos
derechos a otras generaciones: por ejemplo, mientras que para la protección contra la
manipulación genética sería un derecho de cuarta generación, para Cristian Camilo García [cita
requerida] es una manifestación, ante nuevas amenazas, de derechos de primera generación
como el derecho a la vida, la libertad y la integridad física y cultural.

Este grupo fue promovido a partir de los ochenta para incentivar el progreso social y elevar el
nivel de vida de todos los pueblos. Entre otros, destacan los relacionados con:

El uso de los avances de las ciencias y la tecnología.


La solución de los problemas alimenticios, demográficos, educativos y ecológicos
El ambiente.
Los derechos del consumidor.
El desarrollo que permita una vida digna.
El libre desarrollo de la personalidad.
Son derechos de la solidaridad.
Son los derechos más recientes, fueron reconocidos en la segunda mitad del siglo XX.
Sólo pueden garantizarse con la participación solidaria de todas las sociedades del planeta.
Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la comunidad internacional, los países de
todo el mundo comprendieron la necesidad de proteger a las personas frente abusos y
atrocidades. Con esos fines, se creó en 1945 la Organización de las Naciones Unidas (ONU),
que en 1948 sancionó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Surgen a partir de la aparición de los organismos internacionales.

¿Cuáles son?
 derecho a la Paz
 al desarrollo
 a un medio ambiente sano y equilibrado
 respeto al patrimonio común de la humanidad
 derechos al consumidor
 derechos de los niños y de las mujeres

"El 10 de diciembre se conmemora el día internacional de los Derechos Humanos"

Los derechos humanos son aquellos derechos inherentes a todos los seres humanos por el solo
hecho de ser persona, sin distinción alguna de: nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen
étnico, color, religión, lengua o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos
humanos, sin discriminación alguna.
Los derechos humanos universales están reconocidos en nuestra Constitución Nacional art 75 inc
22 y garantizados por ella, a través de los tratados internacionales y diversas legislaciones
nacionales. El derecho internacional de los derechos humanos establece las obligaciones que
tienen los gobiernos de tomar medidas en determinadas situaciones, o de abstenerse de actuar
de determinada forma en otras, a fin de promover y proteger los derechos humanos y las
libertades fundamentales de los individuos o grupos.
Existe una íntima relación entre dignidad humana y derechos. No es posible entender una sin la
otra. La dignidad deriva del respeto para con uno mismo, con los demás, y que a su vez es
tomado por el derecho, o sea por las leyes como base para constituir una sociedad más justa.
La dignidad humana es el respeto que merecemos por el solo hecho de existir. Si tratamos a
alguien con desprecio, considerándolo inferior a uno, estamos atentando contra su dignidad.
Los derechos como construcción Partimos de comprender los Derechos Humanos como aquellas
libertades y derechos básicos que tienen las personas, sin distinción de sexo, género, orientación
sexual, etnia, edad, religión, partido político o condición social, cultural o económica. Los
analizamos como una construcción histórica, ya que lo que actualmente consideramos derechos
es resultado de trágicas guerras, dramáticas conquistas, sangrientas revoluciones y potentes
luchas sociales. Los derechos son conquistas sociales históricas que se fueron plasmando en
documentos escritos (declaraciones, tratados, pactos y convenciones) y que constituyen los
estándares jurídicos a los cuales tienen que adecuarse los ordenamientos normativos de los
Estados nacionales que los suscriben. Los Estados deben promover los Derechos Humanos y
tienen la obligación de garantizarlos, y en consecuencia, son quienes también pueden violarlos
por acción u omisión. Los DDHH son obligaciones positivas para el Estado. Debe garantizarlos
para su efectivización en el terreno de las políticas públicas. También se fijan obligaciones
negativas para el Estado: impedir la tortura, la discriminación, la privación arbitraria de la vida o la
libertad, entre otros. Ahora bien, volviendo a la cuestión histórica, si tuviéramos que situar el
momento de surgimiento de los Derechos Humanos modernos en un momento histórico
particular, ese momento es el que está dado por las revoluciones burguesas de la segunda mitad
del siglo XVIII, que consagran los ideales del iluminismo asentadas en declaraciones, sobre la
base de la libertad, igualdad y fraternidad. Luego, encuentran su desarrollo en las Constituciones
Nacionales del siglo siguiente, en el marco del establecimiento y desarrollo de los Estados-
Nación, y tras la Segunda Guerra Mundial alcanzan un mayor nivel de desarrollo en los sistemas
internacionales de protección (ONU, OEA y otros organismos supraestatales).
En América latina, luego del proceso de liberación ante la opresión de las colonias españolas, la
fórmula adoptada respecto de la igualdad quedó plasmada en las constituciones nacionales. En
nuestro país, la Constitución Nacional ya desde 1853 enfatiza que en la Nación Argentina “todos
sus habitantes son iguales ante la ley (…)”. Esta pretendida “igualdad ante la ley” del derecho
deviene en una “igualdad formal” que inmediatamente debe traducirse al plano concreto de lo
cotidiano y extenderse a los terrenos políticos, económicos, sociales y culturales, puesto que
quien no tiene medios para defenderse difícilmente pueda quedar en igualdad de condiciones
ante los demás. He aquí el rol fundamental del Estado para garantizar políticas públicas inclusivas
que garanticen y amplíen derechos.
La construcción histórica de los DDHH
La historia de los Derechos Humanos coincide con la historia de las luchas por la emancipación,
la igualdad y la autonomía. A su vez, esta historia es también la de las luchas contra las diversas
formas de opresión, desigualdad y jerarquías. En tal sentido, los derechos son “el producto de
luchas populares y no meras adquisiciones de una conciencia jurídica abstracta” (Garin, 2008).
Muchas de estas luchas se desarrollaron contra el avance de las autoridades y sus abusos de
poder sobre quienes se hallaban bajo su dominación, mientras que otras se desplegaron con el
objetivo de lograr avances y conquistas en la calidad y condición de vida de las personas, desde
el acceso a alimentos hasta la posibilidad de profesar libremente el propio credo. Resulta de
importancia mencionar los primeros antecedentes históricos de la formulación de los derechos
humanos modernos: la Declaración de Derechos de Virginia (1776) y la Declaración de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789). Ambos documentos fueron producto de cambios
revolucionarios en las estructuras sociales de las naciones en que se desarrollaron, a la vez que
sirvieron de base para la reconfiguración de las relaciones sociales y políticas. Aun así, estos no
se agotan en constituirse en respuestas puntuales a problemas y aspiraciones precisas sino que
fueron y son el puntapié inicial para la proclama de derechos en los Estados modernos. Volviendo
a nuestra región, destacamos la declaración de Manuel Belgrano, escrita pocos meses después
de la Revolución de Mayo, en el marco de su expedición al Paraguay (seis años después se
declaraba la Independencia). Se trata de una proclama elaborada en nombre de la libertad y la
igualdad de derechos de los pueblos originarios.

Declaración de Manuel Belgrano “A consecuencia de la proclama que expedí para hacer saber
a los naturales de los pueblos de Misiones que venía a restituirlos a sus derechos de Libertad,
propiedad y seguridad, que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente a
las rapiñas de los que han gobernado, he venido a determinar los siguientes artículos, con que
acredito que mis palabras no son las del engaño ni alucinamiento con que hasta ahora se ha
tenido a los desgraciados naturales bajo el yugo de hierro: 1) Todos los naturales de Misiones son
libres, gozarán de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode. 2)
Desde hoy les liberto del tributo”. Manuel Belgrano, 30 de diciembre de 1810.
A lo largo del siglo XIX se desarrolló una serie de luchas sociales que habilitaron reivindicaciones
de derechos civiles y políticos en todo el mundo (luchas obreras, movimientos nacionales que
procuraron la liberación del dominio colonial, demandas por el sufragio universal, etc.). En este
período podemos citar también la incorporación normativa del derecho a la educación, que
en nuestro país lo encontramos comprendido en la Constitución Nacional de 1853 y la ley
1420 de Educación Común, sancionada en 1884. Ahora bien, situándonos en el mundo del
siglo XX, hay un documento que se considera fundacional en el establecimiento de los DDHH
modernos y es la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH). Se trata de un
texto declarativo adoptado por la Asamblea General de la ONU el 10 de diciembre de 1948.
¿Cómo se encontraba el mundo en aquel momento? Rápidamente se nos vienen a la memoria
imágenes de la Segunda Guerra Mundial, del horroroso Holocausto y la siniestra aplicación de
prácticas genocidas que se cobraban millones de muertos. Tras el conflicto bélico y la creación de
las Naciones Unidas, los Estados nucleados se comprometieron a garantizar derechos y
mecanismos de protección. Esta Declaración, como decimos, fue el puntapié para que diversos
Estados en el mundo revisen y consideren sus políticas internas de Derechos Humanos, ya sea
en términos de inclusión o ampliación de derechos.
Es deber y responsabilidad de los Estados respetar, garantizar y hacer cumplir estos derechos,
los que constituyen “antes que fórmulas jurídicas, expresiones de una concepción política” (Garin,
2008). Los Derechos Humanos presentan determinadas características que es importante que
repasemos. En primer lugar, son universales, indivisibles, interdependientes,
imprescriptibles, acumulativos y progresivos. Nadie puede renunciar a los derechos
humanos, violarlos, transferirlos o dejar de respetar su progresividad.

Desde la DUDH de 1948 podemos observar avances, su incorporación en diverso grado al


derecho interno de distintos países y el reconocimiento de un número creciente de nuevos
derechos. Un aspecto de importancia y a destacar es que la emergencia de nuevos derechos no
puede tener el propósito de hacer retroceder los avances y conquistas del pasado, sino el de
consolidarlos, enriquecerlos y desarrollarlos. La comunidad internacional busca tratar los
derechos humanos en pie de igualdad, dándoles a todos el mismo peso. Para ello debe tenerse
en cuenta la importancia de las particularidades nacionales y regionales, así como los diversos
patrimonios históricos, culturales y religiosos. Los Estados tienen el deber de “promover y
proteger todos los Derechos Humanos y las libertades fundamentales” (Conferencia
Mundial de Derechos Humanos. Viena, 1993).

Tratados Internacionales de Derechos Humanos incorporados a la Constitución Nacional


(reforma de 1994)
o Convención Americana sobre Derechos Humanos.
o Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
o Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo.
o Convención sobre la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.
o Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación Racial.
o Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer. Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o
Degradantes.
o Convención sobre los Derechos del Niño.
o Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (incorporada con
jerarquía constitucional en 2014).

En el desarrollo de los Derechos Humanos se pueden reconocer claramente dos


momentos: el primero que apunta al reconocimiento de los derechos (fijar por escrito); y el
segundo que tiene que ver con su cumplimiento efectivo (ejercicio en la práctica). Ambos
momentos son esenciales en la consagración de un derecho, su institucionalización es la base
para poder luego cumplirlo efectivamente, o para reclamarlo cuando no se garantiza su ejercicio.
En consecuencia, los derechos no terminan en las declaraciones o en las constituciones que los
reconocen como tales. Ésa es una primera parte que habrá que completar a través de la
implementación de políticas públicas universales, protegiendo y privilegiando a las distintas
minorías y grupos desaventajados (Apella y otros, 2008
En América Latina, en los últimos años, se ha venido produciendo un cambio significativo en las
políticas de derechos humanos tendiente al reconocimiento de nuevos derechos, promovidos por
los Estados que centran sus planes de gobierno en la mejora de la calidad de vida ciudadanía a
través de leyes y políticas públicas específicas. La emergencia de nuevos problemas sociales
plantea nuevos desafíos y respuestas orientadas a la búsqueda de la equidad y el diseño de
políticas públicas innovadoras, a fin de garantizar la vigencia de los Derechos Humanos. Durante
estos años de democracia se legislaron nuevos derechos en materia de niñez, pueblos
originarios, migrantes, entre otros, y esto nos plantea un panorama bien diferente al vivenciado en
épocas anteriores en torno al rol de los Estados. En las próximas clases proponemos repasar
algunos momentos de nuestra historia y observar algunas características de los distintos tipos de
Estados y su relación con los derechos.

CARACTERÍSTICAS DE LOS DERECHOS HUMANIOS:


Universales Corresponden a todo el género humano en todo tiempo y lugar

Inherentes a los seres humanos Nacen con la persona Humana.

Intransferibles, irrenunciables e inalienables: Nadie puede renunciar a estos derechos, ni


negarlos ni transferirlos.
Incondicionales y obligatorios: No requieren de ninguna condición para su goce y tanto las
personas como los Estados tienen la obligación concreta de respetarlos

Inviolables: Ninguna persona o autoridad puede legítimamente atentar, lesionar o destruir los
derechos humanos.

No prescriben, no caducan y no se pueden perder.

Integrales, interdependientes, indivisibles y complementarios: La vigencia de unos es


condición para la plena realización de los otros, de forma tal que la violación o desconocimiento
de alguno de ellos implica poner en riesgo el ejercicio de otros derechos

Los derechos humanos como conquistas históricas y sociales


Resulta fundamental abordar la problemática de DDHH en los procesos de Formación ya que
habitualmente no nos detenemos a reflexionar sobre los marcos ético-jurídicos que prescriben las
prácticas socialmente aceptadas y que definen el conjunto de derechos ciudadanos. Esta
naturalización del orden social nos puede conducir a creer que las desigualdades, la injusticia, la
pobreza, son condiciones que responden a un orden natural. Es preciso en este punto señalar
entonces que los marcos jurídicos que regulan el ordenamiento social -y por supuesto nuestra
vida- son el producto de concepciones y proyectos políticos. Así, a lo largo de la historia, vemos
cómo las nociones acerca del bien y del mal y las prácticas asociadas a ellas se fueron
modificando. De la misma manera, se fueron modificando los sujetos reconocidos y contenidos en
los proyectos políticos y sus consecuentes marcos jurídicos.
Si ensayáramos una primera definición de Derechos Humanos podríamos caracterizarla como la
lucha y la defensa de la dignidad humana. De esta manera, podemos rastrear en la historia de
América latina una matriz de lucha por los derechos humanos que se remonta a las resistencias
ante la colonización europea, las luchas por la emancipación, las disputas por la construcción del
estado-nación y los sujetos que debían estar allí contenidos.
Es importante reconocer en la historia latinoamericana la lucha por los DDHH. En general, la
“historia universal” sitúa el momento fundacional de los DDHH en la Revolución Francesa ya que
para la historia occidental los procesos revolucionarios del siglo XVIII fueron clave al instaurar lo
que hoy conocemos como la sociedad moderna y la noción de ciudadano/a. Tanto la declaración
de la independencia de los Estados Unidos (1776), la Declaración de los Derechos del Hombre y
del Ciudadano en Francia (1789) y los procesos de independencia en América latina, Queda claro
entonces que los derechos en general – y los DDHH en particular- forman parte de procesos de
lucha y que constituyen conquistas en muchos casos enormemente costosas. Cada vez que se
logra una conquista, que se amplían los escenarios de derecho y se incorporan demandas
populares al campo jurídico, se abre un nuevo espacio de libertad e igualdad, ya que se eleva el
piso de justicia y aquello que aparece como “lo justo” no puede ser desalojado sin encontrar
resistencias.
Algunas precisiones sobre el concepto de DDHH y su relación con el de Estado
Si bien una primera definición general puede considerar los DDHH como la defensa de la
dignidad humana, resulta importante establecer algunas precisiones ya que -como veíamos- no
existe una definición universal ni natural acerca de la dignidad, y muchas veces en su nombre se
han cometido y se cometen las más vergonzantes violaciones a los DDHH.
Resulta relevante establecer también estas precisiones ya que muchas veces se plantea que
frente a determinadas situaciones de violencia en la vida cotidiana -inseguridad, delincuencia, por
nombrar sólo algunas- no se están protegiendo los DDHH de las víctimas. Aquí entonces una
primera distinción: los individuos particulares que cometen delitos, aunque lo hagan de forma
organizada y sistemática, no producen violaciones a los DDHH. Los individuos cometen delitos
que atentan contra derechos individuales y que están tipificados en códigos, y sus víctimas
cuentan con la justicia ordinaria, que con todas sus contradicciones, arbitrariedades y dificultades,
es quien debe juzgar las acciones delictivas.
En cambio, cuando es el ESTADO y SUS AGENTES quienes, en lugar de defender la vigencia de
las normas, cometen crímenes contra particulares -aunque estos particulares hubiesen cometido
delitos espantosos-, estas acciones criminales revisten una particular gravedad y constituyen
violaciones a los DDHH.
No son únicamente delitos, sino que también se erigen como graves lesiones institucionales que
ofenden no sólo al damnificado sino a la propia razón de ser del Estado y compromete en
responsabilidad no sólo al sujeto o sujetos que lo cometieron sino al Estado en su conjunto.
Aquí resulta necesario introducir algunas apreciaciones sobre el concepto de Estado, sobre el
cual también existen miradas y definiciones divergentes. Cuando hablamos de Estado por
supuesto hacemos referencia a su noción moderna. Aquí encontramos una primera vinculación
entre Estado y Derechos Humanos, pues la teoría liberal nos señala que los DDHH surgieron
para limitar el poder del Estado frente a los ciudadanos o para que estos se protegieran del poder
del Estado. Esto es así porque la disputa que se libraba en ese momento (Francia revolucionaria)
era entre los partidarios del poder absoluto y sin restricciones y quienes pretendían limitar ese
poder. Pero el trasfondo político-ideológico de esa lucha era el ascenso de una nueva clase
social: la burguesía que conducía el proceso económico del que reclamaba también participación
política. Este ejemplo ilustra cómo el Estado no ha sido siempre igual, que no es una esencia
inmutable a lo largo de la historia sino que asume características particulares y roles de acuerdo a
qué proyectos ético-políticos estén en disputa y qué perspectivas de derechos pretenda impulsar.
La configuración del Estado no es la resultante de un orden natural, como tampoco lo son los
derechos. Hay quienes sostienen, básicamente desde las concepciones liberales, que el Estado
es una entidad neutral que regula y arbitra el bien común. Otros, inscriptos en la tradición de la
ortodoxia marxista, consideran al Estado como un instrumento de la clase dominante, que lo usa
para garantizar sus privilegios de clase. Por supuesto que estas definiciones -ampliamente
reducidas y sintetizadas aquí- han desarrollado profundas argumentaciones que dieron y dan
lugar a fructíferos debates académico-políticos.
Desde nuestra perspectiva consideramos al Estado como una relación social y ámbito de disputa,
que expresa un espacio-momento de las relaciones de fuerza en un tiempo histórico determinado.
Así, se constituye como garante no neutral de relaciones sociales contradictorias y conflictivas.
La forma y direccionalidad que adopta el Estado en un momento histórico es resultado de las
luchas por los sentidos y las orientaciones de las políticas. Esto da cuenta de la complejidad de la
construcción del entramado estatal, de la multiplicidad de intereses que allí disputan y conviven y
de las dificultades en torno a la construcción de un sujeto y de un proyecto nacional-popular
capaz de articular las voluntades del conjunto.
Esta noción de Estado tiene múltiples significados ya que lo concibe como una relación social,
como un conjunto de instituciones y agentes y –también- como el conjunto de políticas públicas.
Esta desagregación nos facilita ver con mayor claridad la complejidad del entramado estatal y
comprender que los avances y los retrocesos están signados por un campo de disputa de
intereses económicos, políticos, ideológicos y simbólicos que define “ganadores” y “perdedores”.
Así, planificar y gestionar la política significa decidir cómo y dónde invertir los recursos limitados
del Estado, lo que trae como consecuencia no sólo la dirección concreta que asume un gobierno,
sino también las posiciones relativas del resto de los actores frente a ella.
En la lucha por la plenitud del sujeto en un proyecto colectivo, el Estado entonces desempeña un
rol irremplazable como garante no neutral de relaciones sociales conflictivas y contradictorias. Por
lo tanto, no se trata de la falacia de considerar al Estado como una entidad ajena e independiente
de las luchas sociales que arbitra el “bien común” y en donde la felicidad es considerada como la
sumatoria de las felicidades individuales, sino todo lo contrario:
El desarrollo de las potencialidades humanas no puede darse sin un marco de protección, y que
es el Estado el que debe garantizar el conjunto de condiciones sin las cuales ninguna felicidad es
posible. Es decir que el Estado viola los derechos humanos excediéndose en sus funciones, pero
también es el Estado quien puede y debe garantizarlos.
Vale aquí introducir otra relación entre Estado y DDHH, no sólo aquella que los concibe como
límites frente al poder estatal, sino la que además los considera como expresión de una
concepción política. Porque como ya habíamos señalado, el orden jurídico expresa la resultante
de las relaciones de fuerza en un momento histórico determinado.
En esta entrevista, Eduardo Rinesi nos convoca a pensar algunas tensiones en relación con los
derechos y su vínculo con el Estado.
[Link]

Es entonces en los escenarios de ampliación de derechos cuando el ordenamiento jurídico puede


desplegar su vertiente emancipadora, cuando puede regular, incorporar y proteger a aquellas
poblaciones, grupos e identidades que por diferentes razones fueron vulnerados en otra
coyuntura histórica. Mientras que, en contextos neoliberales, la supuesta seguridad jurídica se
reduce al sostenimiento de un orden legal inmutable que proteja los intereses de los sectores
dominantes, y que no implique ninguna alteración del statu quo conservador y de sus privilegios.
En su artículo “El sentido de la justicia”, Inés Dussel, recorre los años de educación en
democracia en relación con las demandas de justicia. La apertura democrática implicó nuevos
desafíos para la educación: “la formación ciudadana, incorporando los derechos humanos como
concepto central” y “las demandas de una sociedad más justa e inclusiva.” En los últimos años,
continúa la autora, hay “un espacio creciente para pensar la justicia en términos de la alteridad y
la diferencia, con notables avances en las leyes sobre la diversidad sexual e igualdad de
derechos. (…) La sociedad argentina y las políticas públicas en la última década han colocado
como tema de debate la inclusión social y la justicia” de manera contundente. Estos avances han
planteado un nuevo escenario con logros innegables y muchos pendientes que nos invitan a
involucrarnos: “La educación no mejora de la noche a la mañana, ni puede resolver por sí sola las
cuestiones que la sociedad no resuelve, pero sí puede construir un espacio democrático de
trabajo con otros actores plurales y con tiempos más largos que la próxima coyuntura electoral”.
Plantea Ana María Rodino que nuestro compromiso como educadores -el desafío pedagógico- es
aportar nuestro trabajo diario y sistemático para avanzar en el camino hacia la materialización de
esos horizontes, de las utopías posibles. Educar en valores y para su puesta en práctica no es
una tarea sencilla en términos conceptuales ni metodológicos. En el orden conceptual hemos
visto, a lo largo de la clase, que no siempre hay coincidencia respecto del ordenamiento ético-
moral, y aunque lo hubiese en abstracto, en la vida social no siempre se concreta; a menudo esto
genera conflictos y tensiones entre las distintas opciones valorativas. Desde el punto de vista
metodológico, las dificultades radican en que los valores se viven y el conocimiento es integral y
vital; los valores no se enseñan con sólo saberlos o exponerlos sino que se deben manifestar
sobre todo en las conductas. Educar en y para los DDHH es más que definir los valores como
objeto de estudio, es plantearse una manera de vivir y una forma de ser coherente con ellos. La
vigencia real de esos valores está en juego en cada momento y lugar de la vida cotidiana de las
personas. Desde una perspectiva coherente de los ddhh, no podemos juzgar lo universal sin
tomar en cuenta lo local, lo público disociado de lo privado, lo individual sin atender lo colectivo.
Las aberraciones moralmente repugnantes a grandes magnitudes no pueden nublarnos ni distraer
la atención sobre aquellas que ocurren en nuestro entorno (manipulación, prejuicios,
discriminación, falta de respeto a las identidades, etc.). Y tampoco la crítica a las injusticias
sociales debe distraernos del examen de nuestra propia práctica y conducta en nuestros espacios
cotidianos (hogar, escuela, comunidad, etc.) Aquí uno debería preguntarse: ¿cuán consecuentes
son nuestras actitudes y conductas con los valores y los principios de DDHH?
Y entonces en este punto es cuando resulta clave recordar que nosotros como docentes, como
directivos, como educadores, somos agentes del Estado y por lo tanto debemos respetar y
garantizar los DDHH de las personas a quienes está destinada nuestra tarea educadora.
Nosotros somos responsables, ante nuestros estudiantes, de la posibilidad de que ejerciten su
derecho humano inalienable y universal a la educación. Existe ese derecho porque hay un Estado
que lo garantiza y frente a nuestros estudiantes y sus familias nosotros somos el Estado.
Nosotros no les hacemos un favor al explicarles ese derecho sino que ellos son portadores de
derechos y nosotros tenemos la obligación de garantizarlos.
En este contexto de ampliación de derechos comienzan a llegar muchos más chicos y chicas a
las escuelas y resulta inevitable que nos preguntemos qué hacer con ellos y ellas; una respuesta
posible, en clave de derecho, sería pensarlos esencialmente idénticos a los que veníamos
recibiendo antes. Porque la pregunta por la inclusión -que deriva de los contextos de ampliación
de derechos- parte del supuesto de la diferencia, por ejemplo, entre los que estaban antes de la
obligatoriedad de la secundaria y los que no estaban y se incorporaron a la institución. En cambio,
la pregunta por el derecho parte del supuesto de la igualdad: un adolescente pobre y uno rico, el
hijo de un profesional y el hijo de padres analfabetos inmigrantes son idénticos en tanto sujetos
de derecho. Y hay que entender una cosa que para nosotros los educadores es fundamental: que
sean iguales no significa que sean idénticos en capital cultural, material y simbólico; no debemos
tomarnos de esta diferencia para justificar cómo fracasamos con unos y con otros no; porque la
distribución desigual del capital no significa que no sean radicalmente iguales en inteligencia y
capacidades. Todos los hombres y mujeres son iguales en capacidades y en posibilidades si se
las damos, si no los/as humillamos, si no los/as echamos de nuestras instituciones, si no los/as
responsabilizamos de nuestras propias dificultades. Si de verdad nosotros estamos convencidos
de la igualdad radical entre las personas, pensamos mucho más fácil a todos como los sujetos del
derecho que los asiste, entre ellos la educación.
Todos los seres humanos somos diferentes pero iguales en dignidad. Sin embargo, sabemos que
en nuestra sociedad la experiencia de convivencia suele ser difícil y presenta numerosos
conflictos que van desde la guerra, los genocidios, pasando por persecuciones políticas,
religiosas, raciales hasta las formas más cotidianas de discriminación que son invisibilizadas
producto de la naturalización de creencias y prejuicios que se transmiten culturalmente.
La discriminación, la intolerancia a la diferencia, la naturalización de la desigualdad, atenta contra
los derechos humanos y la sociedad democrática. Son el origen de la violencia e impiden la
construcción de comunidades justas, solidarias y democráticas. Uno de los desafíos de las
sociedades actuales es la de construir comunidades basadas en la igualdad de todos.
En este contexto, la escuela debe ofrecer espacios para la problematización y reflexión que
permitan la formación de sujetos libres y respetuosos de la dignidad humana como condición de
posibilidad para la conformación de una sociedad justa. En este sentido, la escuela debe
favorecer, desde un enfoque interdisciplinario una problematización mediante la cual se posibilite
una mayor comprensión de la realidad, desde una perspectiva interpretativa y crítica que asuma
la complejidad que incluso atraviesa al mismo sujeto que enseña y que aprende.
En este sentido, es nuestro interés proporcionar un Contenido Educativo Digital que sea un
disparador que permita problematizar, discutir y reflexionar. Se trata de generar un material que
favorezca procesos mediante los cuales los estudiantes puedan reconocer sus propios prejuicios
y valorar la multiplicidad en el marco de la búsqueda de la igualdad de derechos y condiciones,
para que en la convivencia de nuestras diferencias podamos dar lugar a proyectos comunes.

Actividad: retener del texto la siguiente información:


1. Concepto de derechos humanos.
2. Generaciones de derechos humanos.
3. ¿De qué marera se plasman los derechos humanos en nuestro país? ¿Qué función cumple
el derecho internacional de DDHH esta cuestión?
4. En el desarrollo de los Derechos Humanos se pueden reconocer claramente dos
momentos ¿Cuáles son? ). El reconocimiento formal de los derechos ¿significa que estos estén
vigentes o se puedan ejercer? En la práctica, ¿es posible observar que se vulneran y violan
derechos por determinados actores estatales?
5. Características de los derechos humanos.
6. ¿Por qué se analizan los Derechos Humanos como una construcción histórica? Explicar la
relación entre DDHH y Estado.
7. Elaborar un recorrido histórico en la consagración de los derechos humanos, situarlos en
una línea de tiempo y colocar en cada etapa la generación de DDHH que corresponda.
8. la sociedad argentina ha transitado en las últimas décadas un gran avance en materia de
derechos humanos, mencionar algunos de los cambios más significativos que se produjeron en
nuestro país en materia de derechos y fundamentar su importancia.
9. Ana María Rodino Plantea cual es nuestro compromiso como educadores: explicar en qué
consiste.
10. ¿Cómo impacta esta ampliación de derechos en las escuelas, principalmente atendiendo a
la escuela secundaria obligatoria a partir de la ley 26.206? ¿Qué desafíos se presentan en las
escuelas de hoy? ¿Cuál es el rol del docente?
11. analizar el video: conferencia de Eduardo Rinesi:
[Link]
“Porque cada pibe que se nos cae, cada uno que se vuelve a su casa humillado, convencido de
que el problema es él, que es a él al que ‘no le da la cabeza’, cada uno de ellos, sobre todo si es
un muchacho/a pobre, es un crimen que nosotros cometemos. Cuando podamos pensarnos como
sujetos obligados a dejar de cometer esos crímenes contra los DDHH de nuestros estudiantes,
cuando podamos pensarnos como sujetos radicalmente iguales entre sí, radicalmente iguales
entre nosotros, entonces estaremos un poco más cerca en el camino de hacer del derecho a la
educación, un derecho universal y efectivo para todos y todas.” (Eduardo Rinesi, 2014)
¿Qué opinan de esta afirmación? ¿En qué coinciden o no con él? ¿Qué consecuencias tiene para
los docentes, para nuestras prácticas, para nuestras instituciones, concebir la educación como un
derecho?

BIBLIOGRAFÍA:
Área de Derechos Humanos y Pedagogía de la Memoria, INFD (2015). Marco político –
pedagógico de la educación en derechos humanos: Clase 01: Educación y derechos humanos.
Especialización en Derechos Humanos. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.

[Link]

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