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Griffiths 2005

El artículo de Mark Griffiths propone un modelo de 'componentes' de la adicción dentro de un marco biopsicosocial, argumentando que las adicciones, tanto a sustancias como a comportamientos, comparten características comunes como prominencia, modificación del estado de ánimo, tolerancia, abstinencia, conflicto y recaída. Se destaca la importancia de un enfoque ecléctico para estudiar la adicción, sugiriendo que estas similitudes pueden influir en el tratamiento y la percepción pública de las conductas adictivas. Además, se menciona que la conceptualización de la adicción debe ser flexible y considerar diversos factores sociales y contextuales.

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Griffiths 2005

El artículo de Mark Griffiths propone un modelo de 'componentes' de la adicción dentro de un marco biopsicosocial, argumentando que las adicciones, tanto a sustancias como a comportamientos, comparten características comunes como prominencia, modificación del estado de ánimo, tolerancia, abstinencia, conflicto y recaída. Se destaca la importancia de un enfoque ecléctico para estudiar la adicción, sugiriendo que estas similitudes pueden influir en el tratamiento y la percepción pública de las conductas adictivas. Además, se menciona que la conceptualización de la adicción debe ser flexible y considerar diversos factores sociales y contextuales.

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Revista sobre el uso de sustancias

ISSN: 1465­9891 (Impreso) 1475­9942 (En línea) Página de inicio de la revista: http://www.tandfonline.com/loi/ijsu20

Un modelo de 'componentes' de la adicción dentro de una


marco biopsicosocial

Mark Griffiths

Para citar este artículo: Mark Griffiths (2005) Un modelo de “componentes” de la adicción dentro
un marco biopsicosocial, Journal of Substance Use, 10:4, 191­197, DOI:
10.1080/14659890500114359
Para vincular a este artículo: http://dx.doi.org/10.1080/14659890500114359

Publicado en línea: 12 de julio de 2009.

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Revista sobre el uso de sustancias, agosto de 2005; 10(4): 191–197

ARTÍCULO DE OPINIÓN ACTUAL

Un modelo de “componentes” de la adicción dentro


de un marco biopsicosocial

MARK GRIFFITHS

Unidad de Investigación de Juegos Internacionales, División de Psicología, Universidad de Nottingham Trent, Nottingham,

Reino Unido

Resumen
Existe actualmente un creciente movimiento que considera una serie de comportamientos como potencialmente adictivos, incluyendo
muchos que no implican la ingesta de una droga (como el juego, el sexo, el ejercicio, los videojuegos y el uso de Internet). Este
artículo argumenta que todas las adicciones constan de una serie de componentes comunes distintivos (prominencia, modificación
del estado de ánimo, tolerancia, abstinencia, conflicto y recaída). El artículo argumenta que las adicciones son parte de un proceso
biopsicosocial y cada vez hay más evidencia de que los comportamientos excesivos de todo tipo parecen tener muchos puntos en
común. Se argumenta que un enfoque ecléctico para el estudio del comportamiento adictivo parece ser la forma más pragmática de
avanzar en el campo. Estos puntos en común pueden tener implicaciones no solo para el tratamiento de tales comportamientos, sino
también para cómo el público en general los percibe.

Introducción

Ciertas personas utilizan determinadas sustancias de determinadas maneras, que en determinados momentos
otros individuos consideran inaceptables por razones tanto ciertas como inciertas.
(Burglass y Shaffer, 1984, pág. 19)

La conceptualización de la adicción ha sido objeto de un intenso debate durante décadas. Si bien la cita inicial no
es reciente, sigue vigente a pesar de la enorme cantidad de investigaciones sobre las conductas adictivas. Cualquier
conceptualización de la adicción tiene implicaciones para diversos grupos de personas (por ejemplo, adictos, sus
familias, investigadores, profesionales, legisladores, etc.).
Obviamente, las necesidades de estos grupos pueden no estar igualmente satisfechas por ciertos modelos, y en
algunos casos habrá una incompatibilidad absoluta. Cualquier marco para la conceptualización de la adicción debe
permitir el desarrollo e integración de la teoría desde abajo por parte de cada uno de estos grupos; es decir, debe
ser flexible, responsable, integrador y reflexivo.
Para muchas personas, el concepto de adicción implica el consumo de drogas (p. ej., Rachlin, 1990; Walker,
1989). Por lo tanto, no es sorprendente que la mayoría de las definiciones oficiales...

Correspondencia: Mark Griffiths, Unidad de Investigación Internacional de Juegos, División de Psicología, Universidad de Nottingham Trent, Burton Street, Nottingham
NG1 4BU, Reino Unido. Tel.: +44 115 8485528. Fax: +44 115 9486826. Correo electrónico: [email protected]

ISSN 1465­9891 impreso/ISSN 1475­9942 en línea # 2005 Taylor & Francis Group Ltd DOI:
10.1080/14659890500114359
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192 M. Griffiths

se centran en la ingestión de drogas. A pesar de estas definiciones, existe actualmente un movimiento


creciente (p. ej., Miller, 1980; Orford, 2001; Shaffer et al., 2004) que considera una serie de conductas
como potencialmente adictivas, incluyendo muchas conductas que no implican la ingestión de una droga.
Estas incluyen conductas tan diversas como el juego (Griffiths, 1995), comer en exceso (Orford, 2001),
el sexo (Carnes, 1983), el ejercicio (Terry, Szabo y Griffiths, 2004), los videojuegos (Griffiths, 2002), el
amor (Peele y Brodsky, 1975), el uso de Internet (Griffiths, 2000) y el trabajo (Griffiths, 2005). Esta
diversidad ha dado lugar a nuevas definiciones integrales de lo que constituye una conducta adictiva.
Una de estas definiciones es la de Marlatt, Baer, Donovan y Kivlahan (1988, pág. 224), quienes definen
la conducta adictiva como:

…un patrón de hábito repetitivo que aumenta el riesgo de enfermedad y/o problemas personales y
sociales asociados. Las conductas adictivas suelen experimentarse subjetivamente como una pérdida
de control: la conducta se las arregla para ocurrir a pesar de los intentos voluntarios de abstenerse o
moderar el consumo. Estos patrones de hábito suelen caracterizarse por una gratificación inmediata
(recompensa a corto plazo), a menudo acompañada de efectos nocivos retardados (costos a largo plazo).
Los intentos de cambiar una conducta adictiva (mediante tratamiento o autoiniciativa) suelen estar
marcados por altas tasas de recaída.

Además, se ha argumentado que la adicción se describe más eficazmente como un proceso (Krivanek,
1988), y que la participación en la conducta adictiva se sitúa dentro de un espectro de gravedad de uso
y abuso (McMurran, 1994). Los límites de esta formulación son lo suficientemente flexibles como para
incluir tanto conductas relacionadas con sustancias como no relacionadas con ellas, y para dar cuenta
de la inclusión de una amplia variedad de factores influyentes. Sin embargo, a nivel ético, el énfasis en la
«experiencia subjetiva» de la pérdida de control implica que la definición anterior no localiza el problema
completamente en el individuo en cuestión, pero tampoco impide que se le atribuya cierta responsabilidad.

También es importante reconocer que los significados de «adicción», tal como se entiende la palabra
tanto en el uso cotidiano como académico, son contextuales y se construyen socialmente (Howitt, 1991;
Irvine, 1995; Truan, 1993). Debemos preguntarnos si el término «adicción» en realidad identifica un
fenómeno distinto —algo más allá del comportamiento problemático—, ya sea construido socialmente o
basado en la fisiología. De ser así, ¿cuáles son las principales características de este fenómeno? Si
argumentamos que es hipotéticamente posible ser adicto a cualquier cosa, aún es necesario tener en
cuenta el hecho de que muchas personas se vuelven adictas al alcohol, pero muy pocas a la jardinería.
Implícita en nuestra comprensión del término «adicción» se encuentra cierta medida de las consecuencias
negativas que deben experimentarse para justificar el uso de esta palabra en su contexto académico o
clínico. Parece razonable en esta etapa sugerir que una combinación de los tipos de recompensas
(fisiológicas y psicológicas) y del entorno (físico, social y cultural) asociados con cualquier comportamiento
particular tendrán un efecto importante a la hora de determinar la probabilidad de un nivel excesivo de
participación en cualquier actividad particular.

La forma de determinar si las adicciones no químicas (es decir, conductuales) son adictivas en un
sentido no metafórico es compararlas con los criterios clínicos de otras adicciones establecidas a la
ingesta de drogas. Este método para facilitar la identificación clínica de los excesos conductuales se ha
propuesto para adicciones conductuales como la «adicción a la televisión» (McIlwraith, Jacobvitz, Kubey
y Alexander, 1991) y la «adicción a las máquinas recreativas» (Griffiths, 1991, 1992). Además, autores
como Brown (1993) y Griffiths (1996) han postulado que las adicciones constan de varios componentes
comunes. Componentes de la adicción de Griffiths (1996) (modificado de Brown, 1993)
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Modelo de 'componentes' de la adicción 193

Son la prominencia, la modificación del estado de ánimo, la tolerancia, el retraimiento, el conflicto y la recaída. Estos
se describen con más detalle a continuación con algunos ejemplos relevantes.

Prominencia

Esto se refiere a cuando la actividad en particular se convierte en la más importante en la vida de la persona y domina
sus pensamientos (preocupaciones y distorsiones cognitivas), sentimientos (antojos) y comportamiento (deterioro del
comportamiento socializado). Por ejemplo, incluso si la persona no está realmente involucrada en el comportamiento,
seguirá pensando en él la próxima vez que lo esté. Tres citas separadas de los estudios de Griffiths (1995) sobre
adictos a las máquinas tragamonedas resaltan el concepto de prominencia en el juego:

Si no estaba jugando, pasaba el resto del tiempo ideando ingeniosas estratagemas para conseguir dinero y
alimentar mi adicción. Estas dos actividades me absorbían todo el tiempo (Extracto 1, pág. 253).

Apuesta, apuesta, apuesta tu vida... sería como si la hubieras tirado por la borda. Tienes que afrontar la
realidad: estás teniendo una aventura amorosa, y es con una máquina cuyas luces parpadean, te roba el dinero y
te mata el alma (Extracto 2, pág. 253).

Durante cuatro o cinco años de ludopatía, creo que me perdí unos seis o siete días jugando a las tragaperras,
teniendo en cuenta que cuatro o cinco de esos días eran días de Navidad, cuando era imposible acceder a una
máquina tragaperras... Como probablemente habrán deducido, comía, dormía y respiraba máquinas tragaperras...
Ni siquiera encontraba tiempo para estar con mis seres queridos... Las máquinas eran más importantes que
cualquier otra cosa o persona. Lo único que recuerdo es haber vivido en trance durante cuatro años... como si
hubiera estado borracho todo el tiempo (Extracto 3, pág. 253).

Cabe destacar también que algunas conductas adictivas, como fumar (nicotina) y beber (alcohol), son actividades que
pueden realizarse simultáneamente y, por lo tanto, no suelen dominar los pensamientos del adicto ni generar una
preocupación total. Por ejemplo, un fumador puede llevar consigo sus cigarrillos y, aun así, realizar otras actividades
cotidianas.
Sin embargo, si esa persona se encontrara en una situación en la que no pudiera fumar durante un período prolongado
(como un vuelo de 24 horas), fumar sería lo más importante en su vida y dominaría por completo sus pensamientos y
comportamiento. Esto podría denominarse «prominencia inversa», donde la actividad adictiva se convierte en lo más
importante en su vida cuando se le impide incurrir en ella.

Modificación del estado de ánimo

Esto se refiere a la experiencia subjetiva que las personas reportan como consecuencia de participar en una actividad
en particular (es decir, experimentan una euforia excitante o un subidón, o paradójicamente, una sensación
tranquilizante o desestresante, de escape o de adormecimiento). Lo interesante es que la droga o actividad preferida
de una persona puede tener la capacidad de producir diferentes efectos modificadores del estado de ánimo en
distintos momentos. Por ejemplo, un adicto a la nicotina puede fumar cigarrillos a primera hora de la mañana para
obtener la euforia que necesita para empezar el día.
Al final del día, puede que no estén usando la nicotina por sus propiedades estimulantes, sino como una forma de
desestresarse y relajarse. Podría argumentarse que, en estas situaciones, la psicología, hasta cierto punto, prevalece
sobre la fisiología debido a los efectos de las expectativas.
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194 M. Griffiths

En esencia, muchos adictos usan sustancias y comportamientos como una forma de producir un cambio
confiable y constante en su estado de ánimo como estrategia de afrontamiento para automedicarse y
sentirse mejor en el proceso. Estas experiencias que modifican el estado de ánimo también son comunes
en muchas adicciones conductuales, como la ludopatía. Estos han incluido tanto autoinformes subjetivos
obtenidos mediante entrevistas y cuestionarios (Dickerson y Adcock, 1987; Griffiths, 1990) como estudios
experimentales objetivos que han medido la frecuencia cardíaca como indicador de activación (Griffiths,
1993; Leary y Dickerson, 1985).

Tolerancia

Esto se refiere al proceso por el cual se requieren cantidades crecientes de una actividad específica para
lograr los efectos anteriores. El ejemplo clásico de tolerancia es la necesidad de un adicto a la heroína de
aumentar la dosis para obtener la misma sensación (por ejemplo, un subidón intenso) que antes obtenía
con dosis mucho menores. En el juego, la tolerancia puede implicar que el jugador tenga que aumentar
gradualmente la apuesta para experimentar el efecto modificador del estado de ánimo que inicialmente
obtenía con una apuesta mucho menor. También puede implicar pasar períodos de juego cada vez más
largos. La tolerancia está bien establecida en las adicciones a sustancias psicoactivas y existe una creciente
evidencia en el campo de las adicciones conductuales.
Por ejemplo, Griffiths (1993) pareció demostrar que se podía observar tolerancia en una situación
experimental con jugadores. Descubrió que la frecuencia cardíaca de los jugadores de tragamonedas, tanto
habituales como no habituales, aumentaba significativamente durante el periodo de juego en
aproximadamente 22 latidos por minuto. Sin embargo, el hallazgo interesante fue que, tras jugar en las
tragamonedas, la frecuencia cardíaca de los jugadores habituales comenzaba a disminuir de inmediato,
mientras que la de los no habituales no cambiaba significativamente. En términos de un modelo adictivo del
juego, tanto los jugadores habituales como los no habituales experimentan un "subidón" fisiológico al jugar,
pero los no habituales se mantienen así durante más tiempo, lo que significa que no tienen que jugar tan
rápido ni con tanta frecuencia para inducir los picos de excitación. Los jugadores habituales, por el contrario,
podrían considerarse más tolerantes a los "subidones" del juego, lo que significa que tienen que jugar más
rápido o con mayor frecuencia para experimentar el efecto deseado inicialmente. Griffiths (1993) argumentó
que el estudio podría considerarse el primero en mostrar una medida objetiva de la tolerancia al juego.

Síntomas de abstinencia

Estos se refieren a los estados de sentimiento desagradables y/o efectos físicos que ocurren cuando la
actividad particular se interrumpe o se reduce repentinamente. Dichos efectos de abstinencia pueden ser
psicológicos (por ejemplo, mal humor extremo e irritabilidad) o más fisiológicos (por ejemplo, náuseas,
sudores, dolores de cabeza, insomnio y otras reacciones relacionadas con el estrés). Los efectos de
abstinencia están bien documentados en las adicciones a las drogas (Orford, 2001) y hay una creciente
evidencia de que las adicciones conductuales como el juego patológico también presentan síntomas de
abstinencia (Griffiths, 2004). Por ejemplo, Rosenthal y Lesieur (1992) encontraron que al menos el 65% de
los jugadores patológicos informaron al menos un efecto secundario físico durante la abstinencia, incluyendo
insomnio, dolores de cabeza, malestar estomacal, pérdida de apetito, debilidad física, taquicardia, dolores
musculares, dificultad para respirar y/o escalofríos. Sus resultados también se compararon con los efectos
de abstinencia de un grupo de control dependiente de sustancias. Concluyeron que los jugadores patológicos
experimentaron más efectos físicos de abstinencia al intentar dejar de jugar que el grupo dependiente de
sustancias.
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Modelo de 'componentes' de la adicción 195

Conflicto

Esto se refiere a conflictos entre el adicto y quienes lo rodean (conflicto interpersonal) o desde dentro del propio
individuo (conflicto intrapsíquico) que están relacionados con la actividad en particular. La elección continua del placer
y alivio a corto plazo lleva a desestimar las consecuencias adversas y el daño a largo plazo, lo que a su vez aumenta
la aparente necesidad de la actividad adictiva como estrategia de afrontamiento. El conflicto en la vida del adicto
significa que termina comprometiendo sus (1) relaciones personales (pareja, hijos, familiares, amigos, etc.), (2) vida
laboral o educativa (dependiendo de la edad que tenga) y (3) otras actividades sociales y recreativas. El conflicto
intrapsíquico también puede experimentarse en la forma en que los adictos saben que están muy involucrados en el
comportamiento y quieren reducirlo o detenerlo, pero descubren que no pueden hacerlo, experimentando una pérdida
subjetiva de control.

Recaída

Esto se refiere a la tendencia a la recurrencia de patrones previos de una actividad específica, e incluso a la rápida
recuperación de los patrones más extremos, típicos del punto álgido de la adicción, tras muchos años de abstinencia
o control. El ejemplo clásico de recaída se da en los fumadores, quienes a menudo dejan de fumar durante un tiempo
para luego volver a fumar de forma permanente tras unos pocos cigarrillos. Sin embargo, estas recaídas son comunes
en todas las adicciones, incluidas las conductuales como la ludopatía (Griffiths, 2002).

Griffiths (2002) argumenta que todos estos componentes deben estar presentes para que una conducta se defina
operativamente como adictiva. Es evidente que algunas personas presentan conductas con elementos adictivos sin
que se trate necesariamente de una adicción completa.
Por ejemplo, si alguien no experimenta efectos secundarios negativos tras abandonar su comportamiento excesivo,
¿es realmente adicto? Si el comportamiento excesivo no interfiere con ningún otro aspecto de su vida, ¿se puede
decir que es una adicción? La diferencia entre un entusiasmo saludable excesivo y una adicción radica en que el
entusiasmo saludable enriquece la vida, mientras que la adicción la empobrece.

Las adicciones siempre son resultado de la interacción entre numerosos factores, como la predisposición biológica
o genética de la persona, su constitución psicológica (p. ej., factores de personalidad, motivaciones inconscientes,
actitudes, expectativas y creencias, etc.), su entorno social (es decir, características situacionales) y la naturaleza de la
actividad en sí (es decir, características estructurales) (Griffiths, 1999). Estos numerosos factores resaltan los procesos
interconectados y la integración entre las diferencias individuales (es decir, factores de vulnerabilidad personal), las
características situacionales, las características estructurales y la conducta adictiva resultante. Cada uno de estos tres
conjuntos generales de influencias (es decir, individual, estructural y situacional) puede subdividirse considerablemente
más según el tipo de adicción.

Es evidente que muchos paradigmas de investigación son insulares e inadecuados para explicar la adicción. La
adicción es un comportamiento multifacético, fuertemente influenciado por factores contextuales que no pueden
abarcarse desde una única perspectiva teórica. Estos factores incluyen variaciones en la implicación conductual y la
motivación entre diferentes grupos demográficos, características estructurales de las actividades/sustancias y la
naturaleza evolutiva o temporal de la conducta adictiva. La investigación y las intervenciones clínicas se benefician
más de un enfoque biopsicosocial que incorpore las mejores corrientes de la psicología, la biología y la sociología
contemporáneas.
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196 M. Griffiths

Griffiths y Larkin han sugerido que existen componentes centrales que una teoría exitosa de las
adicciones debería contener (Griffiths y Larkin, 2004; Larkin y Griffiths, 1998).
Una teoría exitosa debe (1) sintetizar factores farmacológicos, culturales, situacionales y de
personalidad, (2) dar cuenta de la naturaleza variable de la adicción a través de culturas, individuos y
tiempos, (3) dar cuenta de los puntos en común entre todas las adicciones y (4) ser fiel a la experiencia
humana vivida.
Larkin y Griffiths (1998; Griffiths y Larkin, 2004) también han defendido un modelo de sistemas
complejos para la adicción: "complejo" por razones obvias, y "sistemas" según Davies (1992, pág.
163), quien sostuvo que las explicaciones alternativas para el comportamiento excesivo requieren:

…el desarrollo de un “sistema” dentro del cual el consumo de drogas se concibe como una
actividad realizada por razones positivas, por personas que toman decisiones individuales sobre
su consumo de sustancias y que pueden consumir drogas de manera competente o incompetente.

Gambino y Shaffer (1979) han enfatizado las dificultades de reintegrar la investigación y la práctica
en el ámbito de las adicciones. Con base en las observaciones de Polkinghorne (1992) sobre la
naturaleza de dichas divisiones, un enfoque teórico más flexible, como el modelo de sistemas
complejos, debería contribuir en cierta medida a cerrar la brecha epistemológica.
El modelo de sistemas complejos se corresponde adecuadamente con el enfoque biopsicosocial
de la adicción (p. ej., Marlatt et al., 1988; McMurran, 1994). También puede considerarse descendiente
de enfoques multifactoriales previos del proceso de adicción (p. ej., Wanberg y Horn, 1983; Zinberg,
1984). Obviamente, desde la perspectiva del modelo de sistemas complejos, es posible considerar la
interacción de los elementos comunes y únicos de la situación de cada individuo. Esto incluye factores
psicológicos, fisiológicos, sociales y culturales que pueden ser particulares de cada individuo. También
permite considerar las propiedades farmacológicas de sustancias específicas o las propiedades
reforzantes de ciertos tipos de máquinas tragamonedas (véase Griffiths, 1995). Es importante, por lo
tanto, señalar que esto no implica volver a ubicar la propiedad de la "adicción" como algo propio de
sustancias particulares (o actividades particulares). Sin embargo, es necesario ser consciente de los
efectos que pueden ser comunes a ciertos tipos de sustancias o actividades, pero no a otros.

Se espera que este artículo demuestre que las adicciones forman parte de un proceso biopsicosocial
y no se limitan únicamente al consumo de drogas. Cada vez hay más evidencia de que los
comportamientos excesivos de todo tipo parecen tener muchos puntos en común, lo que podría
reflejar una etiología común de la conducta adictiva. Estos puntos en común podrían tener
implicaciones no solo para el tratamiento de estos comportamientos, sino también para la percepción
que la población general tiene de ellos.

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Modelo de 'componentes' de la adicción 197

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