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Redacci

El documento es una guía sobre la redacción y el uso correcto de la gramática, enfocándose en la importancia de la escritura clara y precisa para comunicar el evangelio. Se abordan temas como la puntuación, barbarismos, solecismos y el uso del gerundio, ofreciendo ejemplos y explicaciones para evitar errores comunes. Además, se destaca la necesidad de un buen vocabulario y el cuidado en la presentación escrita, ya que la forma de comunicarse puede influir en la percepción de los demás.

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El documento es una guía sobre la redacción y el uso correcto de la gramática, enfocándose en la importancia de la escritura clara y precisa para comunicar el evangelio. Se abordan temas como la puntuación, barbarismos, solecismos y el uso del gerundio, ofreciendo ejemplos y explicaciones para evitar errores comunes. Además, se destaca la necesidad de un buen vocabulario y el cuidado en la presentación escrita, ya que la forma de comunicarse puede influir en la percepción de los demás.

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EDISUB REDACCIÓN 1

Después de la forma oral de expresión, la que más se utiliza es la escrita, y como entendemos que el
obrero cristiano debe estar preparado para comunicar el evangelio a toda criatura y en todas las formas a su
alcance, es que se prepara este folleto, mezcla de algunos aspectos en el arte de la escritura.

Redactar, etimológicamente significa “compilar o poner en orden”, precisando, consiste en expresar


por escrito los pensamientos o conocimientos ordenados con anterioridad.

Al “redactar” no podemos prescindir en absoluto de la gramática, por eso, resultará útil recordar
algunos temas gramaticales que aunque los creemos muy sabidos, en mas de una ocasión, cuando cogemos
la pluma se nos presentan las dificultades.

Es muy saludable al estudiante bíblico tener a mano un buen diccionario, es desagradable leer un
escrito lleno de faltas de ortografía y el obrero cristiano, ya sea por su trabajo en la extensión del evangelio, o
por algún escrito ocasional que necesite realizar, debe estar con el desarrollo intelectual del mundo que le
rodea.

En ocasiones nos preocupamos por nuestra apariencia externa: zapatos limpios, cabellos brillosos, ropa
limpia, pero nos descuidamos de nuestra apariencia oral o escrita. Es bueno notar que en muchas ocasiones
recordamos a alguien por el color del vestido, el peinado, o alguna otra prenda, pero que también recordamos
a algunas personas por alguna frase mal pronunciada o algún escrito mal redactado.

TEMA I: La Puntuación

A. La Coma

Según los autores Amado Alonso y Henríquez Ureña, la coma tiene dos usos principales:

1ro. Separar elementos análogos de una serie, sean palabras, frases u oraciones. Ejemplos:

- Ufano, alegre, altivo, enamorado.


- Ni tú lo crees, ni yo lo creo, ni nadie lo cree.

2do. Separar elementos que tienen carácter incidental dentro de la oración. Ejemplos:

- Buenos Aires, la capital, es una ciudad muy populosa.


- Yo, si me lo proponen, lo acepto.

Obsérvese que se hubiera podido decir, en los ejemplos anteriores: “Buenos Aires es una ciudad
populosa”; “Yo lo acepto”. Se han añadido aquellas palabras, frases u oraciones explicativas, que, suprimidas,
no alterarían el sentido de la oración.

NOTA: A veces, cuando el sujeto de la oración es muy largo, se separa con una coma de los otros
elementos constitutivos de la oración -verbo y complemento- para aclarar una construcción que puede resultar
confusa.

Es imprescindible el uso de la coma después del vocativo. Así, no tiene el mismo sentido decir “Juan
entra enseguida” -aquí afirmamos que Juan entra-, que escribir “Juan, entra enseguida”. En este caso
llamamos a Juan -vocativo- diciéndole que entre.
EDISUB REDACCIÓN 2

Es interesante aclarar el uso de los términos “explicativo y determinativo”. No es lo mismo escribir:


“El piloto mareado no pudo dominar el avión”, que “El piloto, mareado, no pudo dominar el avión”. En el
primer caso determinamos cuál era el piloto que no pudo dominar el avión, decimos cuál de los pilotos era. En
el segundo caso explicamos, con un inciso, entre comas, que el piloto no pudo dominar el avión porque estaba
mareado.

Lo mismo puede decirse de una oración, según sea subordinada explicativa o determinativa. En el
primer caso -oración incidental- irá entre comas, en el segundo no.

En las oraciones elípticas (que omiten palabras), hay que poner coma en el lugar del verbo omitido.
Ejemplo:

- Manuel era simpático; Pedro, antipático.

Se ha omitido el verbo “era” en la segunda oración, lo cual se indica mediante una coma.

A veces se usa la coma para separar oraciones enlazadas por la conjunción “y”, en los casos en que
pudiera haber confusión. Ejemplo:

- A Pedro le gustaba el trabajo, y el ocio lo consideraba absurdo.

En este caso se ha puesto una coma para precisar el sentido; sin ese signo, parecería que “A Pedro
le gustaba el trabajo y el ocio”.

No se pondrá coma sin embargo, antes del último extremo enlazado por la conjunción “y”.
Ejemplo:

- Llegó, peleó y venció.

Antes de “etcétera” o de su abreviatura “etc.”, se usa la coma.

En cada coma es necesario hacer una breve pausa.

B. Punto y coma

Sirve para separar, según los autores mencionados, oraciones entre cuyo sentido hay proximidad, y por
excepción, frases largas, semejantes en serie. Ejemplo:

- Hubiérase asignado su parte a la configuración del terreno y a los hábitos que ella engendra;
su
parte a las tradiciones españolas y a la conciencia nacional; su parte a la barbarie indígena...

Otros autores dicen que se usa el punto y la coma para separar períodos relacionados entre sí, pero no
enlazados por una preposición o conjunción. Ejemplo:

- Al contrario, vivo muy cerca; precisamente este es mi distrito.

También se usa el punto y como “cuando poniendo coma solamente, una oración o un período
pueden prestarse a confusiones”. Ejemplo:
EDISUB REDACCIÓN 3

- La primera parte de la obra era interesante; la segunda, insípida; la tercera, francamente aburrida...

Este es un caso de oraciones elípticas, en donde la coma sustituye al verbo sobreentendido.

C. El punto

El punto separa oraciones cuando los pensamientos que ellas contienen, aunque relacionados entre sí,
no lo están de modo inmediato.

Es decir, la diferencia entre el “punto” y el “punto y coma” es sutilisima, cuestión de matiz. Tanto es
así, que encontramos autores que ponen “punto” donde otros emplean “punto y coma” y viceversa.

Cuando el pensamiento se ha desarrollado en una o más oraciones, formando un todo se llama


“párrafo”, se pone punto final o punto y aparte. Es decir, cuando lo que se ha expresado tiene sentido
completo.

D. Dos puntos

Se usan en los siguientes casos:

Antes de una enumeración de elementos incluidos en la primera frase. Ejemplo:

- Formó dos discípulos: Manuel Mijares y Francisco José.

Cuando una proposición va seguida de otra que es su consecuencia, explicación o resumen, entre
ambas se colocan los dos puntos. Ejemplo:

- El problema es este: el siglo XIX y la organización del mundo que él nos ha legado es en
verdad
la conclusión de la Edad Moderna.

Cuando se transcribe o cita lo dicho por otra persona. Ejemplo:

- Al entrar en la habitación me dijo: “Acabo de llegar de Santiago”.

E. Puntos suspensivos

El abuso de estos puntos es propio de escribir incipiente, porque con dichos signos se traslada al lector
el trabajo de completar la frase o el pensamiento que estamos escribiendo. Es un modo gráfico de expresar lo
que no debe verse: las pausas, las dudas, la inseguridad, en suma, de nuestro propio pensamiento al escribir.

No obstante, los puntos suspensivos deben emplearse siempre que, precisamente, sea esa impresión de
duda o inseguridad lo que debe darse al lector; por ejemplo en el diálogo.

Veamos las reglas que, al respecto, nos dan los gramáticos:

Los puntos suspensivos indican interrupción en lo que se dice. Ejemplo:


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- Si, lo respeto mucho, pero...

Otras veces están en lugar del poco admisible “etcétera”. Ejemplo:

- Numerosos son los grandes caudillos de la Historia: César, Felipe II, Napoleón...

También se ponen cuando se hace una pausa al ir a expresar temor, duda o algo sorprendente.
Ejemplo:

- No me decidía a estrechar la mano de un... asesino.

F. Las comillas

Sirve en ocasiones para destacar una palabra o una frase, pero no conviene abusar de ellas. Ejemplo:

- César, antes de pasar el Rubicón, dijo: “¡La suerte está echada!”.

Puede utilizarse también cuando se quiere dar cierto énfasis a una palabra, o simplemente, un sentido
irónico. Ejemplo:

- Nunca recibí un ataque tan “caballeroso” como el que acaban de hacerme.

Suele utilizarse también cuando se escribe una palabra nueva o algún vocablo poco conocido.
Ejemplo:

- Las cabinas “presurizadas” son indispensables para los vuelos de gran altura.

TEMA II: Barbarismos y Solecismos

Cuando abusamos de las expresiones callejeras, vestimos al lenguaje con ropas de colores
escandalosos, con adornos vulgares, en fin, poco elegantes. Si cometemos barbarismos y solecismos, lo
envolvemos en harapos.

El barbarismo consiste en escribir o pronunciar mal las palabras o en emplear vocablos impropios.
(Bárbaro llamaban los griegos a todo el que hablaba mal su lengua).

Veamos algunos barbarismos de uso frecuente:

No se dice Porque Se dice

me luce Es una forma derivada de lucir, no es me parece


sinónimo de parecer

habemos Está en desuso actualmente hay, somos o estamos

alante No es una palabra del idioma delante o adelante

vinistes La segunda persona de este pretérito no viniste


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lleva “s” al final

o séase Es un reflexivo incorrecto o sea

demen o delen Están compuestas de “den” y las denme y denle


formas me y le del pronombre
personal. Igual que decimos, por
ejemplo, “mirenme” y no “miremen”.

dibilidad Es un derivado de débil debilidad

dentrífico Se deriva de diente-dental dentífrico

destornillarse de la Seria perder un tornillo. En realidad desternillarse de la risa


risa se trata de ternilla, no de tornillo

Sale del aula La forma verbal “sal” presenta una


irregularidad, digamos: sal del aula

ves a la pizarra “Ves”, pertenece al verbo ver y no al ve a la pizarra


verbo “ir” que es el que pretendemos
usar en su forma imperativa.

se estralló La palabra estallar significa reventar estrellar o estallar


con violencia. Estrellarse: quedar
destruido por un choque violento.
Usemos una o la otra, según el caso

correlativo Significa relación recíproca. No quiere común, corriente o


decir de uso común vulgar

la contesta Es una forma del verbo contestar la contestación o la


respuesta

se enterró un clavo Enterrar es introducir en la tierra se encarnó un clavo

el ciclón desbastó los Desbastar es quitar lo basto, lo tosco. el ciclón devastó los
sembrados Devastar es arrasar sembrados

ver estudiado Ver no es un verbo auxiliar haber estudiado

producto a esto Está mal empleada la preposición “a” producto de esto

no obstante a esto Está implícito el tema que se está no obstante


refiriendo

Existen barbarismos por incorrecciones al escribir, pero esos no los trataremos.


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Recordemos: cada vez que cometamos un error ortográfico estamos incurriendo en un barbarismo.

La palabra “solecismo” se creyó derivada de Soli (ciudad de Cilicia, en donde se hablaba mal el
griego), pero hoy se afirma que quiere decir lenguaje rústico.

Significa un error en la agrupación de las palabras dentro de la oración.

Observamos varios en los que se incurre con frecuencia:

- Las otras noches te vi pasar

Terrible incorrección, debe decirse:

- La otra noche te vi pasar

Igualmente podemos citar otros errores: “los otros días”, “las otras tardes”, etc.

Es correcto, claro está, en el caso siguiente: “La semana pasada fue una semana perdida, el lunes
estuve enfermo y los otros días, tampoco pude asistir a clases”. Se entiende que nos referimos a los demás
días.

Oímos: “Él la quería, mas sin embargo, la abandonó”. “Más” significa lo mismo que “sin embargo”
y ambos son sinónimos de “pero”. ¿Por qué usar dos palabras de igual significación, una a continuación de
otra? Digamos: “El la quería, mas la abandonó”. Podemos sustituir “mas” por “pero” o por “sin embargo”,
lo que no debemos es utilizar dos de ellas seguidas.

Alguien nos cuenta: “... estamos hablando de sus majaderías y en eso fue que llegó...”. Ahorremos
ese “que” importado del francés, digamos simplemente: “... estamos hablando de sus majaderías y en eso
llegó...”.

Existen muchos más solecismos y barbarismos y no podemos mencionarlos a todos, pero es necesario
que mantengamos una actitud crítica respecto al idioma, apartándonos de la vulgaridad sin caer en la
afectación.

TEMA III: El Gerundio

Esta es una forma verbal que muchas veces se emplea mal, y algunos prefieren dar un rodeo para no
encontrarse con él, pero lo que debe hacerse es conocer donde se encuentran las dificultades y navegar entre
ellas.

Para evitar confusiones, el gerundio debe ir lo mas cerca posible del sujeto al cual se refiere. Así, no
significa lo mismo “Vi a Juan paseando”, que, “Paseando, vi a Juan”. En el primer caso es Juan quien
pasea; en el segundo soy yo quien, mientras paseaba vi a Juan.

Algunas veces se usa incorrectamente, veamos algunos ejemplos que no pueden ni deben escribirse:

- “Llegó sentándose...”, porque la acción de llegar y de sentarse no pueden ser simultáneas, ni es


ese
un “modo” de llegar a ningún sitio.
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- Es frecuente leer “Fulano de Tal, nació en Madrid en 1900, siendo hijo de...”. Es decir, que
nació ya hijo de... ¡Extraña manera de nacer!

- “Una caja conteniendo...” se trata de un típico galicismo, nosotros en español decimos


“Una
caja que contiene...”

- “Vi un árbol floreciendo”, por “floreciente”. Tampoco puede admitirse este “floreciendo” porque
el gerundio no puede expresar cualidades. También es imposible que yo vea “el florecer” de
un
árbol, mientras se produce, a menos que se trate de una película de dibujos fantástica, o gracias a
un procedimiento cinematográfico, capaz de captar el florecer de un árbol mientras se va
produciendo.

- “El agresor huyó siendo detenido...”. Estos gerundios son incorrectos porque la acción que
el
gerundio indica no puede ser posterior a la del verbo principal. Lo correcto es escribir:
“El
agresor huyó y fue detenido cuando...”

Conclusiones: Cuando no estemos seguros que el empleo del gerundio es correcto, lo mejor es seguir
la punta del conocido aforismo: “En la duda abstente”. Siempre será posible recurrir a otra forma verbal. Por
ejemplo: en vez de escribir “Estando en la casa llegó la orden de partir”, podemos escribir: “Cuando
estábamos en la casa, llegó la orden de partir”.

TEMA IV: Uso y abuso de las palabras: COSA, ALGO, ESTO Y ESTO.

La escasez de vocablos origina un lenguaje pobre y monótono. A menudo empleamos en nuestra


conversación y escritura palabras que pueden ser sustituidas por otras que ofrecen mas propiedad y corrección.
Este es el caso de: cosa, algo, eso y esto, que se usan constantemente y no siempre del mejor modo.

Veamos los siguientes ejemplos:

- Juan ha brindado muchas “cosas” a sus hijos.


- La libertad es una “cosa” propia de la Humanidad.

En las oraciones anteriores, hemos subrayado la palabra “cosa” para señalar el mal uso que se hace de
ella.

Por ejemplo, en la primera oración, cosa debe sustituirse por vocablos que brindan mas precisión,
como beneficios, bienes, ventajas, etc.

Se dirá: “Juan ha brindado muchos beneficios a sus hijos”.

En la segunda oración, la libertad no es precisamente una “cosa”, sino un derecho. Debe decirse con
mas propiedad: “La libertad es un derecho propio de la Humanidad”.
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Gonzalo Martín Vivaldi, escritor español contemporáneo, nos dice: “La palabra cosa se emplea cada
día más. Vivimos en pleno cosismo. Precisamente porque se tiende a lo fácil, está dicho vocablo en todo su
apogeo. En efecto, todo es cosa en este mundo, tomada la palabra en el sentido más amplio posible. Cosa es
un armario, un lápiz, es... todo...”

Cosa es probablemente la palabra de sentido más vago, más impreciso, el vocablo más común y trivial
de la lengua. Contra el abuso actual de la palabra “cosa”, conviene esforzarse un poco en sustituir tan
insustancial palabra por otra más precisa”.

Leemos ahora las siguientes oraciones:

- Había en sus ojos “algo” de odio.


- Este libro es “algo” estupendo.

En las oraciones dadas, la palabra “algo” se emplea con cierta impropiedad.

“Algo” es un pronombre indefinido y, por tanto, sólo debe usarse cuando queramos da a la frase un
sentido indeterminado o cuando deseemos mencionar algo (aquí está bien usado) sin precisar lo que ese algo
sea.
Conviene, pues, sustituir el vocablo “algo” por otro más preciso, en las oraciones que sirven de
ejemplo.

En la primera, podemos cambiar el vocablo “algo” por “brillo” o “expresión” y precisaremos más la
idea. Así diremos:

- Había en sus ojos un brillo o expresión de odio.

En la segunda oración debe suprimirse, simplemente, la palabra “algo” que resulta innecesaria,
digamos:

- Este libro es estupendo.

Como hemos visto, hay ocasiones en que es conveniente sustituir la palabra “algo”, debido a su
carácter indefinido e impreciso, por otra que ofrezca más exactitud. Otras veces no se trata de sustituirla, sino
de suprimirla. Es lo que sucede casi siempre que se emplea “algo” seguida de un adjetivo.

Veamos ahora algunos ejemplos, en que resulta correcto el empleo de la palabra “algo”:

- Leerá “algo” mientras vienes.


- En este párrafo hay “algo” que no entiendo.

Los pronombres demostrativos neutros “esto” y “eso” se introducen cada vez mas en nuestro idioma
debido a la influencia francesa. Es posible, en la mayoría de los casos, sustituir estos pronombres por el
relativo (que-cual) o por los pronombres demostrativos: este, esta, esa, ese, etc., seguidos de un sustantivo. De
este modo, la frase quedará más española. Veamos los ejemplos:

- Tu amas a tus padres. Esto te honra.


- Es un joven estudioso y trabajador. Eso le hará triunfar.
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En la primera oración podemos cambiar el pronombre demostrativo “esto” en la forma explicada y


decir:

- Tú amas a tus padres, lo cual te honra, o, Tú amas a tus padres. Este cariño te honra.

En la segunda oración podemos decir:

- Es un joven estudioso y trabajador, lo cual le hará triunfar, o, Es un joven estudioso y


trabajador.
Estas cualidades le harán triunfar.

TEMA V: La concurrencia de vocales y la acentuación.

Se llama diptongo a la concurrencia de dos vocales en una misma sílaba.

Ampliemos un poco más esta definición.

Las vocales españolas se clasifican, según el grado de abertura que presenta el canal al pronunciarlas,
en abiertas y cerradas. Según esta clasificación tenemos que la “a” es la de mayor abertura, la “e” y la “o”
presentan una abertura media, y la “i” y la “u” se pronuncian con la boca casi cerrada.

- Vocales abiertas: a, e, o
- Vocales cerradas: i, u

Esta clasificación es muy sencilla y fácil de recordar, pues se basa en un hecho comprobable por
cualquiera al pronunciar separadamente las distintas vocales.

En español se producen diptongos por la unión, dentro de una misma sílaba, de una vocal abierta y una
cerrada, de una cerrada y una abierta, o de dos cerradas. Cuando se produce el diptongo, una de las vocales (la
abierta, o la segunda vocal, si se trata de dos cerradas) presenta en mayor grado las características propias de
las vocales (acento tónico, audibilidad, sonoridad...) en tanto la otra (la cerrada o la primera si se trata de dos
cerrada) las presenta en menor grado y se apoya en la abierta (o la segunda, en caso de dos cerradas) que le
sirve de núcleo. Cuando aparecen juntas en un mismo vocablo dos vocales abiertas no se produce diptongo,
pues ambas mantienen sus características vocálicas y se pronuncian como núcleos de sílabas distintas. Se dice
entonces que estamos en presencia de un “hiato”.

En español se produce necesariamente diptongo, según lo que hemos apuntado, en los siguientes casos
(y solamente en ellos):

- Vocal abierta más vocal cerrada


- Vocal cerrada más vocal abierta
- Vocal cerrada más vocal cerrada

La acentuación en concurrencia de dos vocales.

La acentuación gráfica de los diptongos se ajusta a las reglas generales de la acentuación ortográfica.
Cuando, como consecuencia de la aplicación de estas reglas, deba marcarse el acento, la tilde se colocará sobre
la segunda vocal, si se trata de dos cerradas, o sobre la abierta, si se trata de cerrada y abierta. Ejemplos:
EDISUB REDACCIÓN 10

- trái ga me
- ben juí

El hiato y el acento

Cuando en una palabra coinciden una al lado de las otras dos vocales, una abierta y una cerrada, no
existe diptongo si la vocal acentuada prosódicamente (o sea, al ser pronunciada) es la cerrada (i, u). En tales
casos se coloca la tilde (') sobre esta vocal para indicar al lector que es esa y no otra la acentuada y que, por
tanto, no se está en presencia de un diptongo, sino de dos vocales pertenecientes a sílabas distintas (o lo que es
lo mismo, cada una de esas vocales es núcleo por su vez de una de las sílabas colindantes). En este caso se está
en presencia de un hiato. Por otra parte, es incorrecto afirmar, como hacían las viejas gramáticas y los viejos
tratados de ortografía, que esta tilde “rompe” el diptongo; ella no “rompe” nada, solamente señala que en la
pronunciación no se produce el diptongo, sino el hiato.

Esta acentuación es diacrítica (acento gráfico que se coloca a una palabra en contra de las reglas
establecidas, con el objetivo de distinguir diferentes significados en ella), y no siempre toma en consideración
las reglas generales acerca de la colocación de la tilde. Los casos que no concuerden con ellas deben verse,
pues, como excepciones. Ejemplos:

- lí o - ra íz - trí o
- ba úl - ma íz - fre ír
- guí a - dú o - pro te í na
En resumen. El diptongo es la concurrencia de dos vocales en una misma sílaba. Los diptongos se
ajustan a las reglas generales de acentuación ortográfica. En los diptongos la tilde se coloca sobre la vocal
abierta, o sobre la segunda, si ambas son cerradas. En los casos de hiato la tilde cumple la función de
señalarlo.

La h intermedia

La letra h no corresponde a ningún sonido del español moderno; en consecuencia, su presencia entre
dos vocales no afecta en nada las reglas anteriormente enunciadas (es decir, si las vocales entre las que se
encuentra la h se pronuncian como una sola sílaba, forman diptongo; si se pronuncian como dos sílabas, están
en hiato).

Sobre esta base, y de acuerdo con estas reglas, se deben acentuar gráficamente las siguientes palabras:

- ba ra hún da - ba hía
- a hín co - bo hí o

Concurrencia de tres vocales

La concurrencia de tres vocales en una misma sílaba se llama triptongo. Ejemplos:

- buey - despreciáis

Cuando en una palabra concurren tres vocales, una al lado de las otras, puede suceder que pertenezcan
a una misma sílaba, que pertenezcan a dos sílabas distintas, o que pertenezcan a tres sílabas distintas.
EDISUB REDACCIÓN 11

Cuando no se produce el triptongo por poseer acento prosódico una de las vocales cerradas (o la vocal
cerrada, de tratarse de la combinación abierta-cerrada-abierta), la tilde realiza la misma función diacrítica que
se vio al referirnos a la concurrencia de dos vocales.

TEMA VI: Claridad y orden

Después de estudiar algunas cuestiones gramaticales más importantes desde el punto de vista práctico,
abordamos ahora los problemas fundamentales de construcción de la frase.

Con el título de este capítulo queremos indicar la importancia que el orden tiene para la claridad de un
escrito cualquiera.

En la Redacción también es necesaria la disciplina. Hay que acostumbrase a ordenar las ideas. No se
puede (ni se debe) escribir atropelladamente. Es preciso sujetar la imaginación, poner bridas al pensamiento
para que no se desboque.

A. Elementos de la oración o frase

La oración o frase, por su forma o estructura básica, consta de dos miembros: sujeto y predicado.

“Predicado” es lo que se dice (predica) en la oración; “sujeto” aquello de se dice algo. Ejemplo:

- Luis está siempre un poco cansado.


El sujeto es “Luis” y el predicado “lo que se afirma de Luis”: que siempre está un poco cansado.

El predicado puede ser verbal y nominal. El primero consta de un verbo en forma temporal y personal,
con o sin complementos. Ejemplo:

- España “produce” mucho aceite (predicado verbal con complemento).


- El tiempo corre (predicado verbal sin complemento).

Se llama predicado verbal porque lo que se dice del sujeto está expresado esencialmente por un verbo.

El predicado nominal consta de un nombre (sustantivo o adjetivo) con o sin complementos.


Generalmente, el predicado nominal va ligado al sujeto por los verbos ser o estar. Ejemplos:

- Los aviones de reacción “son” muy veloces.


- Mi amigo “está” enfermo.

Modernamente, a la oración gramatical se le llama frase y se define como “la menor unidad del
lenguaje con sentido completo”.

B. Elementos modificadores y frases modificadores.

Llamamos elementos modificadores a la palabra (o conjunto de palabras) que se unen a una parte de la
frase para calificar o determinar su significación.

Si tenemos en cuenta los elementos esenciales en la oración -sujeto, verbo y complemento-, en la


frase “los niños compran caramelos” pueden hacerse las siguientes modificaciones:
EDISUB REDACCIÓN 12

- Los niños “rubios” compran caramelos. (“rubio”, elemento modificador del sujeto).
- Los niños compran caramelos de menta. (“de menta”, modificador de caramelos).

Es importante reconocer todos los elementos, porque ellos ayuda a puntuar correctamente un escrito y,
por tanto, a escribir con claridad.

C. Orden de las palabras y construcción de la frase

Para construir una frase hay que tener en cuenta los principios sintácticos, el orden lógico y la
construcción armoniosa.

La construcción sintáctica es la que ordena los elementos de la frase, según su función gramatical: 1ro.
el sujeto; 2do. el verbo; 3ro. el atributo o los complementos: (a) directo, (b) indirecto y (c) circunstancial.
Ejemplo:

Sujeto ......................................... Isabel II, reina de Inglaterra


Verbo ......................................... ha concedido
Complemento directo ................. la independencia
Complemento indirecto .............. A Ghana
Complemento circunstancial ...... no hace mucho tiempo

No obstante cabe recordar que la anteposición mas característica y frecuentemente en el español es la


del verbo, que tiende a ocupar el primer lugar de la oración. Lo que no es correcto en español es colocar el
verbo al final de la frase.

El mal uso de concordancia, y alteraciones en la correcta ordenación o coordinación de las palabras en


la oración trae por consecuencia que se cometan graves errores como los de un anuncio que decía: “Se tejen
abrigos para niños de lana”. Es absurdo pensar que haya niños de lana. Ordenando correctamente las palabras
de dicha oración digamos: “Se tejen abrigos de lana para niños”.

D. Construcción lógica

Recordamos que ha pesar de lo expuesto en el tema anterior, para los casos de duda, la frase española
no esta sometida a reglas inflexibles, goza de holgura y libertad. El orden de las palabras se gobierna mas por
el orden lógica que por la estructura gramatical.

Resumiendo podemos decir que “una idea puede expresarse de diferentes modos, según la
importancia de dicha idea”.

Esta regla se completa con el siguiente principio general de construcción lógica “para la debida
claridad de la frase, conviene que el orden de las palabras se someta al orden de las ideas”. Consideremos esta
oración como ejemplo:

-Debemos contraer el hábito de trabajar desde la juventud.

Esta frase está ordenada sintácticamente, sin embargo, si lo que nosotros queríamos resaltar al escribir
-el interés lógico- radica en la idea de tiempo “desde la juventud”, entonces el orden sintáctico se somete al
orden “lógico” y escribimos:
EDISUB REDACCIÓN 13

-Desde la juventud, debemos contraer el hábito de trabajar.

E. La cohesión en el párrafo

Llamamos párrafo a una serie de oraciones relacionadas entre sí que desarrollan una idea.

Llamamos "coherencia" a la conexión o enlace de unas cosas con otras. En un párrafo, por lo tanto, la
coherencia esta dada por la correcta relación de unas oraciones con otras, para que el párrafo tenga sentido,
unidad. Eso, por supuesto, implica correcta relación de unas palabras con otras.

“Para conseguir la debida cohesión en un párrafo o período, debe procurarse ligar la idea inicial de
una frase a la idea final de la frase precedente o a la idea general -dominante- de dicho párrafo”

Llamamos idea central a la que se desarrolla en un párrafo, es decir de lo que se habla en el párrafo. La
idea central de un párrafo puede aparecer en el párrafo, por medio de una frase u oración que es clave de lo
desarrollado en el mismo. Cuando esto sucede decimos que la idea central esta “explícita”, porque aparece y
se puede tomar textualmente del párrafo.

Algunas veces la idea central del párrafo no aparece expresada en forma explícita, y es necesario
elaborar la idea central del mismo mediante un análisis de todas las oraciones que constituyen el párrafo.
Decimos entonces que la idea central es “implícita”.

Un párrafo tiene UNIDAD cuando todas las oraciones se refieren o giran alrededor de su idea central.

La idea central de párrafo se amplía, matiza y desarrolla con ideas primarias, secundarias y terciarias.

Hay cuatro tipos de errores que son los más comunes al redactar un párrafo y que atentan contra su
unidad:

a) Pérdida de la idea central


b) Repetición de la idea central
c) Fragmentación de la idea central
d) Inconclusión de la idea central

a) La pérdida de la idea central consiste en que las oraciones del párrafo no tengan enlace con la idea
central, no se refieran a ella, se deriva hacia el desarrollo de otras.

b) La repetición de la idea central es error muy frecuente y se produce cuando queremos inflar la
composición, bien por alargarla, bien porque la idea central es tan pobre en si (o pobre para nosotros) que
acudimos al recurso de decir y volver a decir lo mismo en más de un párrafo.

c) El tercer error es la fragmentación de la idea central es cuando trabajamos varios párrafos sin un
buen plan o esquema de composición. La consecuencia es que trabajamos dos o más párrafos con una misma
idea central, que se halla artificialmente cortada en forma gráfica, pero cuyo contenido corresponde a un solo
párrafo.
EDISUB REDACCIÓN 14

d) El cuarto error es la inconclusión de la idea central, nacida unas veces de la desorganización del
pensamiento y otras de la negligencia del redactor, que no revisa lo escrito. Se comete este error cuando
nuestro pensamiento no es expone hasta terminarlo.

TEMA VII: Correspondencia

Correspondencia es el arte de comunicarse por medio del lenguaje escrito. La correspondencia tiene
una gran importancia en las relaciones de trabajo y como medio de comunicación en general.

El medio de comunicación por correspondencia es la “carta”, también se llama epístola, misiva, letra,
escrito o comunicación.

La redacción de cartas debe responder al fin que se persigue: familiar, comercial, amistoso,
literaria, etc.

El hecho de todos -quien más, quien menos- hayamos escrito múltiples cartas en nuestra vida, no
quiere decir que seamos maestros en el arte epistolar, ni que escribir cartas sea una cosa sencilla. Mas bien
diríamos, que una carta “bien hecha” es de los géneros literarios más difíciles. Se la ha definido como una
“conversación por escrito”. Pero también la conversación tiene su arte.

Al preparar cualquier comunicación escrita deben tenerse en cuenta, como cuestiones básicas:

a) La redacción
b) La presentación
c) La ortografía
d) La puntuación

a) La redacción debe ser clara, precisa y concisa. Deben expresarse las ideas completas y utilizarse
solo las palabras necesarias.

Contribuye a la claridad, una puntuación correcta, usar palabras y frases sencillas, colocar los
adverbios cerca del verbo al que se refieren, uno usar dos adjetivos donde baste con uno, etc.

Se evitarán las palabras innecesarias. Son preferibles las oraciones cortas y asimismo tratar de que los
párrafos no sean extensos.

Clara: la principal cualidad de una carta es la claridad y para ello es necesario que las ideas estén muy
definidas y organizadas en la mente.

Concisa: La concisión significa brevedad y precisión. Condensar una idea es mucho más difícil que
expresarla con abundancia de palabras. La concisión requiere un trabajo previo. Saber distinguir entre los
detalles necesarios y los fundamentales de un problema constituye el sello de una mente clara.

Concreta: Las cartas deben ser concretas. Hay que ir directamente al asunto. Cuando se escribe una
carta es porque se tiene algo concreto que comunicar. Hay que procurar comunicarlo sin interferencias de
otros temas que puedan dispersar la atención del destinatario.

Concreta: Se trata del conjunto de reglas ortográficas y de puntuación, reglas mecanográficas (si así se
exige), buena presentación del papel y, en general, la correcta disposición de la carta.
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Cortés: La cortesía de una carta debe quedar reflejada en tres formas:

- El estilo atento del cuerpo de la carta


- La fórmula del saluda y despedida
- La presentación general, limpia y correcta

Contrariamente, una carta descuidada y con erratas es la mejor expresión de la descortesía.

b) La presentación. Un escrito bien presentado equivale a una persona pulcra y elegantemente vestida.

La limpieza. En el trabajo y una correcta distribución del texto contribuyen a producir una agradable
impresión a quien recibe el escrito.

c) La ortografía. El mismo mal efecto que produce una mala presentación de la carta lo causan las
faltas de ortografía. Debes ser muy cuidadoso de revisar las comunicaciones redactadas y comprobar que no
has incurrido en errores de ese tipo. Consulta un diccionario en caso de duda, y, en último extremo, si no lo
tienes a mano, sustituye la palabra por un sinónimo.

d) La puntuación. Se pueden emplear tres tipos de puntuación en las cartas: abiertas, corriente y
cerrada. Esta puntuación se refiere sólo a las líneas aisladas, independientemente del cuerpo de la carta.

Abierta: no se usa ninguna puntuación en las líneas que no pertenecen al texto de la carta.

Corriente: Se usan dos puntos al final del saludo y una coma al final de la despedida.

Cerrada: Se emplea la puntuación completa, sin dejar una línea que no termine en coma, dos puntos
o punto.

TIPOS DE CARTAS:

Las cartas suelen clasificarse en privadas, comerciales y eruditas. De estas tres clases, las que más nos
interesan son la privada y la comercial (para asuntos oficiales.

En las cartas privadas es casi obligatoria la sencillez, la naturalidad. Una misiva engolada resulta
insoportable. También es imperativa la sinceridad. Esa “conversación por escrito” que es la carta, exige
desnudar el alma, abrir nuestros sentimientos al destinatario decir todo lo que espontáneamente viene a la
pluma, sin miedo ni hipocresía.

Nos parece excesivo el querer dar normas para este tipo de misivas. Basta recordar lo dicho más arriba
al definir la carta como una conversación por escrito. En la epístola a un amigo o pariente conviene escribir
como si se estuviera hablando con el destinatario.

Muy recomendable en estas cartas es no escribir nada inconveniente. Evítense las excusas falsas, por
ejemplo “... hace mucho tiempo que pensaba escribirte, pero, si te digo la verdad, no he tenido tiempo
material para ello”. Mentira piadosa que no creerá el destinatario porque todos sabemos que, cuando de
verdad se quiere escribir una carta, siempre se encuentran unos momentos libres para hacerlo.
EDISUB REDACCIÓN 16

Tampoco es muy diplomático justificar nuestra pereza diciendo: “ya sabes, querido amigo, que, para
mi, escribir es un verdadero martirio”. Confesión esta ofensiva, porque escribir a un verdadero amigo o
hermano debe ser siempre tarea grata y porque equivale a pedir que se nos agradezca nuestro “sacrificio”.

Como una especie o subclase de epístola privada existe un tipo que merece unas ligeras reflexiones.
Nos referimos a la carta que nosotros llamaríamos Privada oficial.

La carta privada oficial es la que solemos escribir a un compañero o a un superior jerárquico para pedir
un favor o rogar se nos haga justicia en algún asunto determinado. Es, en suma, la carta diplomática. Hay que
pesar y sopesar lo que se dice, escribir con toda la cautela posible; no ser inoportuno; ni demasiado humilde ni
orgulloso; demostrar, ante todo, la necesidad y justicia de nuestra petición y alabar ligeramente al destinatario
“de cuyo sentido íntimo de la justicia” esperamos una solución para nuestro asunto, de acuerdo con nuestra
petición.

En pocas palabras: la carta privada oficial ha de ser, como el buen comentario, “convincente e
inductiva”. Ante todo tenemos que convencer al destinatario (y se convence con razones); pero también
hemos de inducirle a que actúe en nuestro favor (a las razones, se añade aquí el toque motivo).

Verdad es que la diplomacia no se aprende fácilmente, Hay quien es diplomático por naturaleza y
quien tiene el don de la inoportunidad. Por todo ello, en este tipo de cartas es preciso ser prudente; no conviene
lanzarlas al correo inmediatamente después de haberlas escrito. A veces, una palabra o una frase pueden ser
decisivas.

Pedir un asunto a toda costa o recordar la amistad que nos une, para exigir una actitud determinada,
sería contraproducente. Una carta inconveniente iría al cesto de los papeles y empeoraría la situación.

En las cartas de negocios u oficiales es imperativa la corrección, brevedad y la concisión expositiva.


No se deben derrochar palabras ya que el objetivo fundamental de esta correspondencia es informar de un
asunto al destinatario. No conviene extenderse más de lo necesario ni emplear 40 palabras donde son
suficientes 30.

Claro está que una carta de negocios no debe confundirse con un telegrama. El excesivo laconismo
puede resultar incorrecto y, por tanto ineficaz desde el punto de vista comercial. Y es que la eficacia no puede
ni debe estar reñida con la elegancia, con la buena forma.

Por lo general este tipo de carta consta de las partes principales siguientes:

a) Membrete e) Texto o cuerpo


b) Fecha f) Despedida
c) Nombre y dirección del destinatario g) Antefirma
d) Saludo h) Firma

Las cartas se clasifican en cinco estilos principales, de acuerdo con la disposición de sus párrafos:
bloque, semibloque, bloque modificado, sangrado y colgante. Dejamos este aspecto para el uso de los
mecanógrafos, ya que en esto impera un formulismo rígido que nada tiene que ver con el arte de escribir.

Finalmente, hay dos tipos de cartas muy interesantes, pero con las que apenas si puede hacerse otra
cosa que mencionarlas. Son las cartas de amor y las de pésame.
EDISUB REDACCIÓN 17

En cuanto a las cartas de pésame, baste reconocer aquí su espinosa dificultad. Por ello, y para no caer
en penoso formulismo, lo mejor es, en estos casos, la brevedad: cuatro líneas sinceras y sencillas, que
traduzcan lo que sentimos... ¿Para qué agobiar al que sufre con literatura “funeraria”?

TEMA VIII: Periodismo Evangélico

¿Qué es periodismo? Como en toda materia, bueno es antes de comenzar, delimitar bien, por medio
de una adecuada definición de los términos, el campo sobre el que ha de hablarse, no es ello quizás tan fácil en
nuestro caso, a pesar de tratarse de palabras de uso corriente.

El periodismo moderno adopta dos formas fundamentales que podemos definir rápidamente: el
“diario” (periódico que se publica diariamente) y la “revista” (publicación periódica por cuadernos, con
escritos sobre varias materias, o sobre una sola especialmente). Son términos de lenguaje diario, y aunque en
algunos casos, es difícil determinar si se trata de periódicos o de revistas, todos entendemos su alcance.

Una vieja edición de la Enciclopedia Británica nos da una definición bastante amplia del tema, que
transcribimos porque nos puede ser de utilidad. Dice al referirse al término “Newspapers” (Diarios): “Son
publicaciones periódicas, que contienen el registro de hechos corrientes y asuntos de interés general y que
se editan con intervalos regulares, o sea, diariamente, dos veces por semana, semanalmente, etc. Los
periódicos destinados a la difusión de noticias en sus diversas formas son los más propiamente llamados
diarios y publican lo más importante de los negocios, la vida social y religiosa, con o sin comentarios.
También incluyen en sus columnas avisos de diversos artículos de comercio del país en que es publicado,
así como el extranjero. El gran arte del periodismo radica antes que nada en obtener noticias auténticas
tanto en la exactitud como en la buena forma en que son expresadas y ser el primero en conseguir los
temas más novedosos, atractivos y pintorescos para el lector común. Además debe haber una consistente
base moral detrás de todo comentario editorial”.

Estilo periodístico. El periodismo se caracteriza por un estilo peculiar. Lo que se escribe para diarios o
revistas suele no servir para otra cosa, especialmente en lo que se aplica a diarios, ya que cierto tipo de revistas
se acerca mucho al libro. Entre nosotros, el defecto más común es confundir el artículo de revista con el
sermón escrito.

En la definición de la Enciclopedia Británica que citamos antes encontramos las bases sobre las
condiciones de lo que debe contener el estilo periodístico:

a) Veracidad
b) Exactitud
c) Buena presentación
d) Novedad (interés)
e) Atractividad
f) Ser “pintoresco”, o sea, agradable, curioso e interesante a la vez
g) Tener una base moral

Todas estas exigencias rigen también para el periodismo evangélico y bueno es que las tengamos en
cuenta, tanto al preparar una revista como un simple artículo. Sin todo ello, deja de ser “periodístico”.

Dejando de lado las revistas especializadas de temas eruditos o de carácter técnico, que deben hacer
uso del estilo y vocabulario peculiares al tema que tratan, es evidente que, amén de las condiciones internas ya
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citadas, lo periodístico debe tener también una forma externa, o sea, un estilo. Es lo que dice el punto c) de
nuestra enumeración anterior.

¿Cuáles son las características de ese estilo? He aquí algunas:

a) Brevedad. Esto es algo natural. En un libro, el autor puede extenderse a su placer, pero en un diario
o revista se ve compelido a hacer uso solo del espacio que le den, que nunca puede pasar de varias páginas.

b) Concisión. No es lo mismo que lo anterior. El estilo periodístico no admite el florilegio, la verba


poética, el exceso de descripción. Debe decir lo que propone en las palabras necesarias y nada más. Lo que
sobra, precisamente sobra y no debe incluirse.

c) Agilidad. Es consecuencia de lo anterior pero no directa. El periodista debe saber llevar al lector de
la mano a la misma velocidad de la lectura. Debe usar un lenguaje de acción. Se puede ser preciso, sin ser ágil.
Una fórmula matemática es lo mas preciso que existe, pero su agilidad es muy dudosa.

d) Popularidad. Dejando de lado las revistas especializadas, todo escrito que presuma de periodístico
debe dirigirse al mayor número posible de lectores. Como en todas las cosas, lo que no se lee no merece ser
publicado. Con un órgano periódico que se presume que es fugaz y transitorio, no ocurre lo mismo que con un
libro que se deja hoy se lee mañana y por lo tanto es necesario despertar el interés del lector inmediatamente
por medio de un estilo y una presentación adecuados a su personalidad.

Finalmente queremos señalar algo sobre la importancia del criterio de veracidad de una base moral. Lo
haremos transcribiendo las palabras de Walter Williams, insigne hombre de prensa norteamericano: “Nadie
debe escribir como periodista lo que no pueda decir como caballero”.

PERIODISMO EVANGELICO. El periodismo evangélico es, lógicamente, aquel que se destina a


reflejar el pensamiento, la doctrina, las informaciones a los planes evangélicos. Para nuestro efecto, se limita
prácticamente a la revista.

La misión del periodismo es algo que todavía no ha sido captado por la mentalidad del común de
nuestra gente. Todos entendemos el lugar de la predicación y la enseñanza o de la preparación para ambas
cosas, pero generalmente el periodismo suele entenderse como una actividad de relleno, algo secundario (y
ciertamente no tiene la trascendencia de aquellas actividades) y que puede cumplirse más o menos bien con
sólo algo de buena voluntad. todo periodismo requiere como primera condición una elemental capacitación
técnica, cierto cúmulo de conocimientos, que permitan cumplir con los requisitos que vimos mas arriba. Pero
en nuestro caso se requiere algo más, que los periodistas de corazón suelen reclamar siempre: el estilo del
ministerio que debemos seguir. No es posible pensar que se trate de una labor para que se le dediquen algunos
retos perdidos. Deben surgir quienes sientan que esa es su misión y que sientan el llamado del Señor y
capacitarse para ese trabajo.

Las revistas evangélicas pueden ser divididas en dos grandes grupos:

A. De evangelización. Son las destinadas a presentar a los no creyentes las verdades del Evangelio.

B. Para creyentes. Estas tienen diversas finalidades, según las cuales podemos hacer la siguiente
clasificación:

a) De edificación, con artículos devocionales, estudios bíblicos y algunos de otra clase.


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b) De educación y capacitación, con material de estudio, temas doctrinales, históricos, de


crítica bíblica, etc.

c) De información, que son generalmente los órganos denominacionales, o sea,


prácticamente la totalidad de nuestras revistas, las que por su mismo carácter publican noticias del cuerpo que
representan y de otros cuerpos relacionado. En algunos casos, esto implica también información de carácter
evangélico mundial y general.

d) Especializadas. Muy poco frecuentes aún entre nosotros, son las que tienen vista
un sector especial de público; así, por ejemplo, revista para jóvenes y niños, mujeres, el hogar, pastores,
estudiantes, maestros de escuela dominical, estudio bíblico, historia, o sobre algún tema o disciplina especial,
como ser misiones, profecías, arqueología bíblica, etc.

Generalmente y debido a la poca cantidad de revistas y sobre todo de lectores, muchas revistas se ven
obligadas a llenar todos los lugares a la vez. Debe llegar el día en que cada necesidad sea suplida por una
revista distinta.

PLANEANDO UNA REVISTA

Vamos a encarar ahora las distintas etapas por las que es necesario pasar desde el momento en que se
nos ocurre hacer una revista hasta el momento en que estamos en condiciones de ponernos al trabajo.

Como a menudo, la tendencia nos ha sido dada de manera tan general nos obliga a nosotros a
determinarla en muchos aspectos, dentro del cuadro que señalamos en nuestro punto anterior. ¿Debemos
hacerla una revista meramente informativa, edificante, etc., o debemos combinar los distintos tipos de
material? ¿y cuánto debe haber de cada uno? Son algunos de los problemas que es necesario tener en cuenta
antes de comenzar el trabajo para no descubrir que la revista tiene una orientación, antes que lo hayamos
querido, ya sea por simple decantación del material, ya por apetencia personal del que está al frente del
trabajo.

Los nombres de nuestras revistas suelen ser terriblemente monótonos. Hay algunos nombres que
aparecen en todas partes, a veces con algún adjetivo que los diferencia. Debemos cuidar de no caer en estos
términos que pierden eficacia por dejar de ser distintivos. Es como poner el mismo nombre a todos los hijos.
Además debe cuidarse que relegue en cierta manera la tendencia de la revista. Si una revista se llama “La
Mujer”, es claro que no puede tratarse del órgano de un club de pesca.

Lo más delicado suele ser prever el efecto que ha de producir. El nombre de la revista debe ser ya un
mensaje en si. Una de las fallas es, a menudo, la de hacer uso de palabras muy llenas de significado, pero sólo
para el que las ha elegido, porque son poco conocidas. Así, por ejemplo conocimos una revista local llamada
“Viador”, lo que según el diccionario es un “peregrino de esta vida a la eternidad”. No deja de ser un lindo
nombre, pero resulta necesario acompañar un diccionario a la revista.

SELECCION DE MATERIA: Lo que no se publica

Una revista se compone de una serie de artículos y otros elementos (noticias, relleno, etc.) No hay,
pues, nada más importante que la selección del material. Nada hay, a la vez, más espinoso y delicado.
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Lo primero necesario es determinar en líneas generales qué es lo que se publica y qué es lo que no se
publica. Sobre todo, esto último debe esta resuelto. No se pone, lógicamente, todo lo que contradiga la
tendencia fundamental de la publicación. Nadie publicará en una revista evangélica una alabanza de la
infalibilidad papal.

Teniendo en cuenta el carácter de la revista, se pueden determinar fácilmente algunos temas que no se
publicarán.

Debe determinarse también qué autores se publicarán y si se incluirá material de autores que no
participen de las ideas generales del grupo.

Otras medidas concretas pueden ser tomadas al respecto, pero siempre conscientes que queden
definidas de antemano. Un ejemplo más para aclarar: una revista no publica, por sistema, poesías de
colaboradores espontáneos. Eso debe ser resuelto antes que lleguen las poesías y se compruebe que son malas,
de modo de poder mandar al colaborador frustrado una carta que sea transcripción de una norma general y no
un ataque personal.

SELECCION DE MATERIAL: Lo que se publica

Esto también debe ser planeado de antemano en muchos detalles. Debe resolverse, sobre todo, quien
determinará que es lo que debe publicarse o no en los casos en que hay discusión, y sobre las atribuciones que
al respecto pueden existir.

Debe pensarse al hacer ese trabajo, no en el propio gusto, sino en el gusto y la necesidad del público
lector. Si no, a la postre, la revista la leerá sólo el director.

Tres cosas deben tenerse en cuenta en especial en cuanto a lo que se escoge para publicar: calidad,
interés y variedad, dejando de un lado otros detalles obvios como la autenticidad de lo narrado o informado, su
moralidad, etc.

1) Calidad. Hay un grado mínimo de calidad que debe exigirse a lo que se publica. Los directores de
revistas evangélicas suelen chocar con la alternativa de disgustar a un autor novicio tirando al cesto su
colaboración o disminuir la calidad de la revista. A la larga, suele ser más perjudicial transar con los malos
autores, porque la mala calidad de la revista le hace perder más lectores que los que podrá perderse por haber
disgustado a algunos autores fallidos. Sin embargo, debe procederse con mucho tacto, especialmente en los
círculos de lectores más chicos donde las personas son más conocidas.

La cuidadosa selección de autores, una revisión esmerada en la redacción y otros elementos de trabajo
pueden suplir en buena parte la falta de elementos verdaderamente capaces de producir artículos, cuantos y
notas de verdadero valor.

2) Interés. La revista es para que se la lea. Si hay un artículo de mucho valor, algo verdaderamente
transcendental, pero que no interesa a los lectores de la revista, es preferible dejarlo de lado, por mucho dolor
que nos cueste. No se puede pedir que toda la revista interese a todos los lectores, pero si se debe hacerla con
ese móvil. Para ello hay que conocer lo mejor posible al público y hacer la revista de acuerdo con su
modalidad.

Debemos aclarar que no creemos que hay que poner sólo las cosas que el público le gusten. La misión
del editor evangélico es más la de educar que la de halagar a sus lectores y deberá poner muchas cosas que
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decididamente no le gustan. El problema radica en publicar las cosas que los lectores necesitan en una forma
que les interesa. La forma de encarar el tema, el título que se le ponga, la presentación etc., pueden contribuir
mucha a que un artículo sea leído.

3) Variedad. Nuestras revistas son generalmente de un tipo combinado y deben tener tanto lo
edificante, como lo educativo y lo informativo. Debe estudiarse de antemano que porcentaje de cada cosa se
pondrá y ese hecho debe ser tenida en cuenta al planear el trabajo de cada periódico y de cada número.

La variedad debe tener en cuenta:

a) Distintos gustos en los lectores


b) Distintos grados de cultura
c) Sectores importantes de los mismos (juvenil, femenino, infantil, etc.)
d) Distintas necesidades de los mismos

Y muchos otros detalles que la experiencia dicta en forma distinta en cada caso.

¿AGRADA EL MATERIAL A LOS LECTORES?

Para una revista para un público general, ¿qué es lo que más agrada? Aunque la pregunta no puede
responderse plenamente, se sabe que debemos tener en cuenta al lector término medio, a lo menos para la
mayoría de la revista, publicando algunas partes de la misma para lector con más cultura, con intereses
especiales, etc.

Un especialista presenta una lista de los temas que atraen a los lectores, como fruto de una larga
experiencia. Dicha enumeración es como sigue:

a) Lo que es reciente o recientemente conocido. La crónica de una reunión realizada el mes pasado
puede interesar, pero difícilmente la del año pasado.

b) Lo que por cualquier otra razón es oportuno. Biografía de un personaje al realizarse actos de
homenaje en una aniversario, por ejemplo.

c) Lo que nos parece peculiar o novedoso. Por ejemplo, la historia de un pastor que evangeliza por
teléfono o desde un avión.

d) Lo que es único o sale de lo normal, como relatos sobre “platos voladores”.

e) Lo que implica lucha, esfuerzo o incertidumbre. La vida de un Livingstone interesa más que la de
un Spurgeon.

f) Lo que implica misterio o aventura.

g) Lo que implica romance, en sentido más amplio que el del amor simplemente.

h) Lo que se refiere a personas, lugares o cosas que nos son conocidos. De allí que algunas
publicaciones insistan sobre personas o lugares para hacerlos conocidos e interesar así a los lectores.
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i) Lo que se refiere a personas, lugares o cosas destacadas. Un episodio sobre Billy Graham atrae más
que sobre un predicador desconocido aunque sea más interesante en sí mismo.

j) Lo que se refiere a niños.

k) Lo que se refiere a desamparados, desdichados o personas dignas de lástima.

l) Lo que se refiere a animarles.

m) Lo que provoca humor.

n) Lo que se refiere a nuestra prosperidad, bienestar, derechos, herencias o felicidad personales.

ñ) Lo que se refiere a nuestros hobbies, diversiones o entretenimientos.

o) Lo que implica violación de lo establecido o de la ley moral o de la opinión prevaleciente. De allí la


popularidad de las secciones policiales.

p) Lo que afecta el bienestar, la vida o la prosperidad de otros.

q) Lo que tiene interés humano, o sea, el interés que el hombre siente en el hombre como tal y en las
cosas que apelan a sentimientos y rasgos comunes de la humanidad.

SECCIONES FIJAS, ARTICULOS EN SERIE Y NUMEROS ESPECIALES

Casi todas las revistas deben poner secciones fijas. Pero el exceso de secciones fijas es una de las
formas más fáciles de quitar agilidad a una revista. El lector debe encontrar siempre algo nuevo y no una
simple serie de secciones que ay conoce. Una forma de sortear la dificultad de no caer en secciones fijas pero
sí asegurar una variedad continua es la de tener algo así como una “lista secreta” de secciones fijas. La
redacción se propondrá publicar en cada número un artículo doctrinario, uno de actualidad, una biografía, etc.,
pero no le pondrán el título o cabezal correspondiente a una sección fija ni los mantendrá siempre en el mismo
orden.

Un tema similar son los artículos por partes, o sea, que terminan con el clásico “continúa en el
próximo número”. En las revistas evangélicas el sistema no es muy aprovechable porque son pocas las que se
editan más de una vez por mes y son los lectores que tienen en mente los detalles de un mes a otro.

Un problema relacionado con esto es el de la posibilidad de dedicar un número a un tema especial.


Casi todas las revistas lo hacen con más o menos frecuencia, por ejemplo, en Navidad, el Día de las Madres,
etc.

¿DÓNDE OBTENER EL MATERIAL?

Generalmente los primeros números cuentan con una entusiasta afluencia de artículos, pero poco
después ésta empieza a decaer y el director se ve obligado a llenar las páginas de muchas maneras.

Un plan de trabajo puede ser de utilidad. Si en enero ya sabemos que, por ejemplo, en agosto se
publicará un artículo sobre el uso del tiempo, pedirlo a un autor con mucha anticipación, lo que facilitará que
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se lo consiga. también se puede ir guardando el material que se consiga en relación con el tema elegido para
hacerlo llegar como sugestiones al autor escogido.

De allí vamos al problema de las transcripciones. ¿Debe una revista ocupar sus páginas con artículos
copiados o adaptados? ¿Qué es mejor: un artículo copiado, de calidad evidente, o uno propio, de calidad
inferior, pero que tiene el calorcito de lo nuestro y es el comienzo de una escuela literaria entre nosotros? Es
una polémica habitual. A nuestro criterio, una buena transcripción vale más que un mal artículo propio.
Además se hace más escuela publicando cosas bien escritas que cosas mal escritas, aunque con ello se
desilusiones a algunos. Por supuesto, no debe exagerarse la nota, siempre debe haber una buena parte de
artículos originales.

¿Debe hacerse constar que es copiado? Si, absolutamente SI.

Ninguna revista debiera dejar de tener un archivo en orden. Allí debe tener todo el material de artículos
de publicación futura, eventual o posible, sugestiones, etc.

ARMADO DE LA REVISTA

Llamamos de esa manera a la distribución interna de la misma. Problema sustancial es saber el lugar
que debe ocupar cada artículo o sección. Veamos algunas sugestiones prácticas:

a) Debe ser variado. No hay una norma infalible cualquier sistema debe irse rotando con otros.

b) Las secciones fijas no deben estar siempre en el mismo lugar. Se exceptúa el editorial que debe
tener un lugar de preferencia y quizá alguna sección (noticias, notas bibliográficas, etc.) que se colocará
siempre al final.

c) Se cuidará de dar el mejor lugar a los mejores de un artículo, o mejor dicho a aquellos sobre los
cuales queremos atraer la atención.

TITULOS

Los títulos son la parte más importante de un artículo, tanto por lo que dicen como por la presentación.
Es lo único que presumiblemente leerán todos y es además lo que, en gran parte, llevará a que se lea o no el
resto.

La tendencia actual es la de títulos discretos y sencillos. También se puede variar la ubicación de los
títulos. No siempre será necesario ponerlos arriba ocupando todo lo ancho. Quizá puedan ocupar sólo una
columna, se lo podrá poner también en medio de la composición o dividido en más de un trozo. También en
esto hay que cuidar de no ser artificiosos.
Lo más importante del título es, sin embargo, lo que dice. Tenemos que pensar que es más posible que
se lea un mal artículo con un buen título que un buen artículo con un mal título. Títulos como “¡Joven,
despiértate de tu sueño!” difícilmente atraerán la atención de quien solo se imaginará ver allí -y posiblemente
con razón- no un artículo, sino un sermón impreso. Tampoco atraen los excesivamente informativos. Nuestros
títulos suelen pecar de exceso de seriedad y sequedad. No hay delito alguno en tener algo de agilidad como
para despertar el interés. Por supuesto, que no hay que exagerar la nota y que muchos artículos requerirán un
título escueto y serio. Damos, pues, algunas normas que convienen tener en cuenta para un título:

a) Debe dar alguna idea sobre el contenido


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b) Debe atraer al lector hacia ese contenido


c) Debe ser escueto y no tener una palabra de más
d) No debe contener términos pocos usuales, a menos que se busque un efecto especial con ellos
e) Debe decidirse en relación con los demás de la revista

TAPA

Un elemento fundamental en una revista, ya que es lo primero que se ve de ella, es la tapa. Nada hay
de la presentación que deba cuidarse más. Así es especialmente para quienes no tienen posibilidad de variarla
de número a número. Hay que estar seguro de que lo que se elige para durar mucho tiempo debe ser realmente
artístico y atrayente.

LOS TRABAJOS DE UNA REVISTA

Cuando se consigue dividir el trabajo, debe disponerse por lo menos de un director y un secretario de
redacción. Esta división es casi elemental y, en general, se supone que el primero tiene la responsabilidad ante
la organización de que depende y que el segundo se encarga de la parte más material del trabajo. Así, por
ejemplo, el director deberá determinar que se publica y donde, mientras que el secretario de redacción debe
estar siempre a la “pesca” de posibles colaboradores, y asimismo es quien debe pensar en el público como
lector, determinando si el material es de su agrado y necesidad.

Otro trabajo muy especializado es la parte artística. Conviene en gran manera que, bajo la dependencia
del director, se cuente con personas que puedan colaborar eficazmente en ese sentido.

Administración. Junto al trabajo propiamente dicho de la revista, existe otro complementario, pero tan
imprescindible como aquel. En este mundo material, un vehículo de ideas como es una publicación, no puede
existir sin los medios financieros que exige toda empresa, para evitar el fracaso más o menos tardío del
empeño.

El problema no es cómo hacer salir el dinero, sino cómo hacerlo entrar. Por eso hay que tener en
cuenta los medios para subvenir los gastos de una publicación.

COMO ESCRIBIR PARA UNA REVISTA

Este capítulo pudo haberse titulado meramente “cómo escribir para revistas evangélicas”, pero hemos
preferido dejarle el que tiene, por que nuestros autores deben entender que su misión es precisamente esa: la de
colaborador. Entendemos fácilmente que predicar debe ser una misión; pues bien, un artículo no es sino una
predicación por escrito, que debemos realizar si sentimos que Dios nos está impulsando para ello.

Cuando nos ponemos a escribir, lo primero que tenemos que determinar, pues, es saber que queremos
hacer. No solo saber si escribiremos un cuento, una crónica o un artículo técnico, sino especialmente que idea
queremos presentar y promover.

Lo primero es lógicamente informar, dar a conocer, hacer saber al lector algo que nosotros creemos
que debe saber. Lo segundo, es algo más: es llevar al lector a sentir lo que estamos escribiendo, de modo que,
luego de haberlo leído, sea algo distinto de lo que era antes de haberlo hecho.

Nunca se insistirá demasiado en que deben respetar las indicaciones editoriales. Las recomendaciones
que llamaríamos técnicas son fundamentalísimas. Si le han dicho dos mil palabras, eso quiere decir dos mil
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palabras y no mil quinientas o cuatro mil. El director sabe por que lo hace y usted no debe aceptar si no piensa
hacerle caso.

Algo muy fundamental es la llamada “fecha de cierre”. Los mismos que tardan diez o quince días de
más en remitir un artículo, se quejarán si la revista les llega con una semana de retraso.

Al escribir un artículo u otro tipo de producciones, consideremos cuatro etapas en ese trabajo:
ideación, preparación, redacción y terminación.

a) Ideación. Hay que saber sobre qué vamos a escribir. “La primer cosa esencial para escribir con
éxito es tener en cuenta a los demás y sus opiniones, sentimientos, deseos y centros de interés. Usted debe
aprenderse a hacerse a un lado a sí mismo”.

Para elegir el tema sobre el que hemos de escribir, debemos, pues, pensar en lo que el público lector
gusta y necesita. La norma fundamental para ello es que a la gente le gusta lo que siente cerca de sí.

b) Preparación. ¿Cuáles son las partes, pues, de esta etapa de nuestro proceso? La primera es la de
conseguir el material. No basta tener la idea: es necesario tener con que desarrollarla. En algunos casos no
habrá necesidad de buscar mucho afuera. Pero aún en un artículo devocional, en el comentario de un libro,
etc., siempre hay que cuidarse de leer lo que otros han dicho para madurar bien las ideas propias. Nadie nace
con todo lo que sabe en la cabeza; esto se le va formando con lo que lee y aprende.

Generalmente, es necesario dedicarse a la búsqueda del material en libros, revistas, entrevistas, etc. Es
regla sin excepciones que cuanto más hayamos estudiado un tema, mejor sabremos desarrollarlo. Eso no
quiere decir que debamos usar todo lo que hayamos amontonado.

Algo que no debemos olvidar en este sentido es la honradez intelectual. Robar ideas no es escribir un
artículo, sino simplemente robar ideas. Por supuesto que no hay nadie absolutamente original, pero no es
ninguna vergüenza reconocer que hemos leído y aprovechado lo ajeno; además cuidamos de señalar bien la
fuente de que procede.

La segunda parte de la preparación es la maduración, cuya importancia no siempre es fácil


comprender.

Es notable el efecto que suelen producir algunas esperas prudenciales, especialmente en los temas
teóricos, cuya luz no puede descubrirse si no es con cierto tiempo. Aun en los temas como crónicas, relatos,
etc., podemos descubrir cuanto menos lo pensamos una forma original de presentarlo que producirá la
diferencia nada despreciable que nos lean o no el artículo.

El tercer elemento de la preparación de un escrito es el de hacer previamente un bosquejo. Esto se


aplica en toda clase de escritos, pero más especialmente a un artículo en que se quiere desarrollar un tema.
c) Redacción. Es la tarea de escribir. Nadie hará un escrito de alguien que nunca tuvo interés ni
siquiera en aprender a leer, porque en ello se conjugan la virtud innata, la tendencia personal, por un lado, y la
cultura que se va adquiriendo por el otro, las que juntamente forman el estilo literario.

Hay, sin embargo, algunos detalles que podemos decir para ayudar especialmente a que un artículo sea
más periodístico. Solo tres cosas: un buen comienzo, un buen desarrollo y un buen final.
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- Un buen comienzo. Se ha dicho bien que el comienzo de un artículo debe ser un “gancho” de donde
queda colgado el lector. No hay parte más importante que esa y por ello debemos cuidar que tenga algo que
realmente atraiga la atención. La forma más práctica de comenzar un artículo es contando algo y no con una
descripción o una explicación abstracta, aunque el artículo sea después de ese carácter. Busque un buen
ejemplo, una anécdota, una frase original por lo menos, y colóquelo al principio.

- Un buen desarrollo. Si el comienzo es un “gancho”, usted debe cuidar que el lector no se le


“descuelgue”. Hay que saber mantener el interés agregando siempre cosas nuevas, diciendo cosas interesantes.
No se confíe demasiado del buen comienzo que ha logrado y esfuércese de seguir así.

- Un buen final. Casi todos los artículos evangélicos son estropeados al final. Existe una enfermedad
que llamaríamos “sermoncitomanía” que consiste en creer que si no se hace una apelación al final, el artículo
no está completo.

Al respecto hay tres cosas que debemos señalar:

* Que si a usted le han encargado una biografía de Juan Wesley, por ejemplo, lo que debe escribir es
una biografía y no un sermón sobre Juan Wesley. O que resulta ridículo que un estudio sobre los manuscritos
bíblicos termine con un llamado a la consagración, como suele verse. Spurgeon decía que las tres reglas del
buen predicador eran: “Tener algo que decir, decirlo y sentarse después de haberlo dicho”. Lo mismo se
aplica a un artículo.

* Comprende que nadie lee esos sermoncitos. Ya estamos tan acostumbrados a ellos que los saltamos
inconscientemente.

* Es natural que al escribir un artículo, queramos provocar un efecto espiritual en el lector, pero si no
lo hemos logrado por el artículo mismo, menos lo lograremos por un par de líneas al final.

Pero teniendo en cuenta esas cosas, ¿cómo escribir el artículo? Veamos algunos consejos prácticos, en
primer lugar sobre como usar el material:

1. Cuídese de que todo el material se relacione con el tema


2. Use hechos concretos
3. Sea novedoso
4. Mantenga la agilidad

Algunas cositas ahora respecto a la forma de redactarlo:

1. Mantenga un estilo uniforme


2. Tenga en cuenta las palabras que usa, pensando en los lectores.
3. Cuide que su estilo sea natural. Escriba como piensa.

d) Corrección. Después de haber escrito su artículo, déjelo que repose unos días. Nunca lo mande
inmediatamente de haberlo escrito, no lo corrija definitivamente apenas lo termina, porque es lógico que
muchos defectos se le escaparán. Después de unos días, usted verá muchas cosas más y podrá corregirlo con
más tranquilidad y quizá lo escriba de nuevo.

Al corregirlo, cuide sobre todo de eliminar lo sobrante. Saque las ideas repetidas y las palabras también
repetidas.
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Y finalmente, páselo bien en limpio. Es, por supuesto, por su propio bien.

OTROS TIPOS DE ESCRITOS

La mayor parte del material de nuestras revistas está compuesto por artículos, pero ciertamente no son
lo únicos, ya que también se incluye otro tipo de literatura como cuentos, crónicas, noticias, etc. Casi todo lo
que hemos dicho sobre como escribir un artículo se aplica también en los otros casos, pero con todo puede ser
de utilidad algunas ideas concretas para cada circunstancia.

a) El Cuento. Es éste un tipo de escrito poco cultivado entre nosotros todavía y con razón ya que es
uno de los más difíciles. Nadie debe creerse con suficiente vigor literario como para comenzar por allí sus
actividades. Veamos, con todo, algunos detalles característicos de este género. En cuanto a la ideación por
supuesto que esto debe ser algo fundamentalísimo. Es imposible ser completamente original en un artículo,
pero se debe tratar de serlo en un cuento, dentro de lo relativo. Se debe buscar una presentación original, pero
también original. Rige también pero el cuento la noción de que sólo debe decirse algo, sino también enseñarse
algo, que no solo hay que cuidar de tener algo que contar, sino también de saber para que se le cuenta.

La redacción tiene naturalmente una importancia fundamentalísima. En cuanto la forma exterior tiene
más trascendencia que en ningún otro tipo literario. Hay que recordar siempre que un cuento es acción y que
toda descripción debe ser limitada al máximo. Al mismo tiempo, debe cuidarse que el vocabulario sea un
verdadero “vocabulario de acción”.

En cuanto al final, húyase como de un terrible mal de la moraleja de clausura. Si en un artículo es


superfluo, aquí es ridículo.

b) El Editorial. Quizás en ningún caso debe cuidarse más lo que se dice que en un editorial.
Presumimos que se presenta realmente un problema de interés e importancia y, por lo tanto, cada palabra debe
ser pesada para estarse seguro de que lo que se dice es realmente lo que se quiere decir. Por eso, el estilo debe
ser conciso y claro, dejando de lado las ampulosidades, ilustraciones excesivas o largas, citas reiteradas, etc. El
problema debe ser planteado, explicándose de que se trata, analizando los distintos elementos y aspectos
laterales y señalando la solución o soluciones o la importancia de encontrarlas, según el caso.

Se debe, por supuesto, estudiar el asunto a fondo. Nadie debe escribir un editorial sin conocer bien de
que está escribiendo porque con ello compromete más que nada el prestigio de la revista.

Es un error frecuente de nuestros editoriales el de creer que a través de nuestras páginas serán resueltos
todos los problemas universales. Hay que seleccionar bien los temas que tratamos, o sea, que se trate de algo
de nuestra órbita.

c) La noticia. Este es un elemento muy importancia en nuestras revistas, ¿Qué es propiamente


halando, una noticia? H. Harrington, director de una escuela de periodismo dice que “noticias es aquello que
ocurre y en lo que se interesa la gente; la mejor noticia es aquella que implica el mayor interés,
significación e importancia”.
En una noticia, lo que interesa es el hecho mismo, dicho con toda la concisión posible. No se trata de
extraer enseñanzas ni de producir emociones, sino simplemente hacer saber algo que ha ocurrido.

La primera condición de una noticia es su concisión. No debe tener ni una palabra de más y debe
terminar precisamente cuando termina sin agregar comentario o exhortaciones.
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Según Robert W. Neal, una buena noticia debe responder a las siguientes seis preguntas:

- Qué. Por ejemplo: “Un tren atropelló a una señora”


- Quién. Por ejemplo: “El presidente de Birmania pronunció un discurso”
- Cuá[Link] ejemplo: “antes de entrar a su negocio, fue asaltado”
- Dónde. Por ejemplo: “en los jardines de su residencia, el embajador dio un banquete”
- Cómo. Por ejemplo: “Haciendo uso de toda su energía, el coronel se impuso a los soldados
sublevados”
- Por qué. Por ejemplo: “Debido a la proximidad del ciclón, los pobladores fueron evacuados”

Estos ejemplos nos llevan al mismo tiempo a un detalle fundamental de una noticia: la frase inicial.
Por el mismo hecho de su brevedad, puede irse más rápidamente del pensamiento y por ello debe cuidarse que
las primeras palabras sean lo más notable.

d) La Crónica. Sería simplificar demasiado las cosas el decir que una crónica es una noticia ampliada.
Una crónica suele ser una sucesión de noticias que tienen una unidad y en la que juega un papel más
importantes el elemento literario. Debe haber, por supuesto, también el elemento de la concisión, aunque no al
extremo de la sequedad. Una crónica carente de agilidad es lo más ilegible en el ámbito periodístico.

La crónica debe ser una descripción de los hechos, algo así como un “editorial en forma de noticias”.
Es el relato y no el estudio, la comparación o la opinión privada. Debe evitarse el elemento subjetivo o
particular. También hay que evitar el excesivo tono ponderativo o laudatorio. Está bien que queramos destacar
el valor de lo que se ha hecho, pero quizás sea preferible escribir otra nota estudiando este aspecto y no
convertir nuestra crónica en una sucesión de adjetivos cargados de emotividad.

Es muy difícil saber cómo empezar una crónica. Lo que hemos dicho sobre las noticias tiene algo de
aplicación aquí, pero no del todo exacta.

Algunas de las formas clásicas son:

- Comenzar directamente con los hechos: “En la ciudad de ______ se reunió el mes pasado el
Congreso...”

- Expresar en un párrafo la importancia o alcance de lo que se ha describir: “El Congreso de la


Juventud, es, sin lugar a dudas, una actividad que nunca deja de interesar...”

- Contar una anécdota ilustrativa que sirva de “gancho”. Por ejemplo: “Al salir de nuestro último
Congreso alguien nos dijo: ¡Esto no fue un Congreso, fue un congresón!”.

El peor problema es cómo producir la relación entre las distintas partes de la crónica, especialmente
para evitar la aridez. He aquí algunos de los criterios posibles:

* El cronológico. En el caso de un Congreso, por ejemplo, ir relatando lo ocurrido reunión por


reunión. Por supuesto que es una formar clara sistemática, pero se corre el riesgo de la monotonía y aun de la
repetición. En ciertos casos, el orden puede ser el inverso, cuando lo que importa más es la conclusión. A
veces se le puede alterar para dar una mayor unidad de sentido.
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* Extensión de la introducción. Luego de explicar con cierta brevedad lo que ha de describirse, se van
tomando los distintos aspectos para explicarlos. Ello puede llevarnos, por ejemplo, a una presentación entres
partes: historia previa, relato propiamente dicho y conclusiones o consecuencias.

* Por reduplicación. Primero se cuenta todo lo esencial y luego detalles incidentales o secundarios.
Esto tiene la ventaja de poder variarse su largo hasta el último momento.

* Por elementos. En el caso de un Congreso, hablar sucesivamente de todos los mensajes, luego de
la parte musical, luego de lo administrativo, lo recreativo, etc.

Las conveniencias de uno u otro sistema varían de acuerdo al hecho ocurrido y cuya crónica se esté
haciendo.

e) El comentario bibliográfico. Siendo este un elemento importante que figura en muchas de nuestras
revistas, nos parece de interés repetir lo que dice el citado Robert W. Neal: “Una buena crónica bibliográfica
debe ser imparcial, juiciosa, competente en cuanto a la crítica y claramente escrita. El perfecto
comentarista deberá conocer íntimamente la literatura del tipo al que pertenece el libro en cuestión (poesía,
novela, crítica, arte, biografía, etc.) y la historia de ese tipo; deberá conocer las tendencias actuales; deberá
tener un profundo sentido de estilo, forma y otras cualidades literarias; ser universal en su gusto; no ser un
extremista literario; entender el gusto y los puntos de vistas populares, lo suficiente como para respetar y
considerar lo que ellos estimaran en el libro; conocer las otras obras del autor y, si se trata de publicaciones
técnicas, científicas o eruditas, denotar el tema”.

Sin duda queda poco que agregar a tanta exigencia, difícil realmente de lograr, como el mismo autor
reconoce, aunque agregando que es a ello a lo que e debe tender.

En nuestras publicaciones, por lo general, el comentario de libros debe ser más del tipo presentación
que del tipo crítica.

CONCLUSION

No pretendemos, ciertamente, haber agotado todos los temas que puede relacionarse con el periodismo
evangélico. Menos aún pretendemos quede la lectura de las páginas precedentes alguien saldrá convertido en
periodista. En muchos casos, necesitamos hacer una revista (o un folleto u hoja de la iglesia), pero no
disponemos de periodistas de alma, como a veces debemos encontrar quien toque nuestros armonios, aunque
carezca de sentido musical; a tales personas, de buena voluntad y espíritu sacrificado, confiamos que estas
páginas le hayan sido de utilidad.

El Señor tiene un camino para todo. Debemos progresar aun muchísimo en nuestra literatura. Ojalá
Dios ayude a que estas páginas sirvan para despertar en alguno esa vocación santa o para desarrollar su
capacidad en una vocación que siente pero que no logra realizar. Tal sería nuestro mayor gozo y anhelo.
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CUESTIONARIO

(Solo garantiza el aprobado del examen)

1. ¿En qué consiste la palabra “Redactar”?


2. ¿Cuáles usos principales puede Ud. darle a la coma?
3. ¿Qué uso tiene el punto y coma?
4. ¿Cuándo se usa el punto entre las oraciones?
5. ¿Cuándo se usa el punto final?
6. Explique los casos en que se usa los dos puntos
7. ¿Cuándo considera Ud. que debe emplearse los puntos suspensivos?
8. ¿Para qué sirven las comillas?
9. ¿En qué consiste el “barbarismo”?
10. ¿En qué consiste el “solecismo”?
11. ¿Cuándo debemos usar el pronombre indefinido “algo”?
12. ¿Qué elementos usaría Ud. para sustituir los pronombres demostrativos “esto” y “eso”?
13. ¿A qué se llama diptongo y cuándo se produce?
14. ¿Cuándo estamos en presencia de un hiato?
15. ¿Cuáles son los miembros de la oración por su forma y estructura básica?
16. ¿A qué llamamos elemento modificador?
17. Para construir una frase ¿cuáles tres principios debemos tener en cuenta?
18. ¿Cuándo podemos decir que un párrafo tiene unidad?
19. ¿Cuántos y en qué consisten los tipos de errores más comunes al redactar un párrafo? Explíquelos
20. ¿Cuáles son los puntos que deben tenerse en cuenta al preparar una comunicación? Explíquelos
21. ¿Cuántos tipos de carta Ud. conoce? Explique como desarrollar las dos más importantes.
22. ¿Cuáles son las formas fundamentales en que podemos definir el periodismo moderno?
23. ¿Qué se define por periodismo evangélico?
24. ¿En qué dos grandes grupos se dividen las revistas evangélicas y cómo podemos clasificar una de
ellas?
25. Explique que elementos debe tenerse en cuenta al planear una revista.
26. ¿En qué consisten las tres cosas que deben tenerse en cuenta al escoger lo que se publica?
27. Diga los aspectos que la variedad debe poseer.
28. Dé una lista de no menos 8 puntos de temas que atraigan a los lectores
29. ¿Cuáles son las normas que deben convenir a un buen título?
30. ¿Cómo deben distribuirse los trabajos de una revista?
31. Al escribir un artículo, diga en que consisten las cuatro etapas de ese trabajo.
32. ¿Cuáles son los tres detalles que debe tener un artículo para que sea más periodístico?
33. ¿Qué debe hacerse para una buena corrección de un artículo?
34. Diga cuáles tipos de escritos Ud. conoce, además del artículo.
35. ¿Cuáles son las seis preguntas a que debe responder una buena pregunta?

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