0% encontró este documento útil (0 votos)
77 vistas5 páginas

Fast Fashion

El fast fashion, o 'moda rápida', es un modelo de producción que busca la velocidad y disponibilidad constante de ropa, lo que ha llevado a un aumento en la sobreproducción y residuos textiles, así como a condiciones laborales inadecuadas en los países productores. Aunque democratiza el acceso a la moda, sus consecuencias negativas para el medio ambiente y la calidad de los productos son significativas. Se están proponiendo medidas políticas para abordar estos problemas, pero los consumidores también deben cuestionar su comportamiento de compra y optar por alternativas sostenibles.

Cargado por

Karen Garcia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
77 vistas5 páginas

Fast Fashion

El fast fashion, o 'moda rápida', es un modelo de producción que busca la velocidad y disponibilidad constante de ropa, lo que ha llevado a un aumento en la sobreproducción y residuos textiles, así como a condiciones laborales inadecuadas en los países productores. Aunque democratiza el acceso a la moda, sus consecuencias negativas para el medio ambiente y la calidad de los productos son significativas. Se están proponiendo medidas políticas para abordar estos problemas, pero los consumidores también deben cuestionar su comportamiento de compra y optar por alternativas sostenibles.

Cargado por

Karen Garcia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Fast fashion: ¿qué es y cuáles son

sus consecuencias en el mundo?


El fast fashion es uno de los debates más relevantes en el tema de la sustentabilidad.

Hashtags como #OOTD y fashion hauls, son formatos que se ven en YouTube, TikTok, Instagram
y demás, pero, ¿qué tienen exactamente en común? Además del interés por la moda, todos
ellos son indicadores de lo ‘obsesionada’ que está la Generación Z, e incluso las generaciones
anteriores, con la accesibilidad del fast fisión.

Desde que tenemos acceso las 24 horas del día a las últimas novedades en ropa, estamos
atrapados en un sistema del que no hay salida fácil. Por supuesto, se podría decir que para
derrotar al fast fashion, todos tenemos que dejar de formar parte de ello y dejar de
consumirlo. Pero incluso eso tiene sus inconvenientes. Detrás del término fast fashion hay toda
una industria, y por tanto personas que dependen de ella.

Hemos analizado en profundidad el fenómeno de la moda rápida, sus orígenes y efectos, para
que tengas una visión general de uno de los términos más importantes en el debate sobre la
sustentabilidad y puedas tomar decisiones (de compra) de forma meditada en el futuro.

¿Qué es exactamente el fast fashion?

El fast fashion es una de las palabras que aparecen constantemente cuando se habla de
sustentabilidad. Pero, ¿qué significa? Traducido al español, literalmente es ‘moda rápida’, y eso
describe bastante bien el sistema que hay detrás. Porque el fast fashion no es necesariamente
un estilo de ropa, sino mucho más un modelo industrial o de producción que busca la
velocidad y la disponibilidad constante.

Además, sigue cada microtendencia, por pequeña que sea, para ponerla al alcance de las
masas. Por supuesto, las compras en línea, disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la
semana, también desempeñan un papel importante. La moda ya no es sólo un lujo, sino un
bien común que se puede recibir directamente en casa con un clic y sin mucho costo.

Por tanto, estamos en la era de la moda ultrarrápida, en la que los gigantes de la moda ya no
confían en la venta al por menor en tiendas físicas, sino exclusivamente en la digital. Es un
cambio clave que implica mucho, pero para algunos consumidores, el fast fashion es la única
opción de moda accesible. Un punto importante, que por supuesto hace mucho más complejo
todo el debate sobre los efectos negativos.

¿De dónde viene el fenómeno del fast fashion?

Después de que la moda dejara de ser meramente funcional y se convirtiera cada vez más en
una forma de autoexpresión, la forma en que la gente compraba cosas también cambió de
forma natural. Especialmente con la industrialización del siglo XIX, la moda empezó a
producirse no sólo a mano, sino también a máquina y en serie. Era más barato y mucho más
eficaz.

Poco a poco, tanto la globalización como el deseo de la gente de una moda barata y accesible
fueron sucediendo. Así, a principios de los 80, la industria empezó a experimentar un auge, ya
que el flujo de información era cada vez más rápido y las marcas y los diseñadores podían
reaccionar con mayor celeridad a las tendencias. Pero la industria textil también desempeñó su
papel con el desarrollo de fibras sintéticas como el nylon y el poliéster. Éstas podían producirse
de forma más barata y con grandes márgenes.

Sin embargo, el planteamiento inicialmente positivo, que consistía en hacer la moda menos
exclusiva y accesible a todos, ha adquirido una dimensión infinita con el paso de los años. La
producción de ropa se ha duplicado desde la década de los 2000, según un informe de la
consultora de gestión McKinsey. Y es que la disponibilidad casi infinita de prendas de vestir o la
llamada moda rápida, nos plantea desde hace varios años todo un reto con la pregunta: ¿cómo
queremos consumir en el futuro?

Las consecuencias de la industria del fast fashion para nuestro mundo

Sobreproducción y residuos: muchas toneladas de ropa producida acaban en las montañas


textiles de los países productores. Al mismo tiempo, cada vez se hacen más cosas nuevas, lo
que significa que existe una enorme cantidad de ropa sin usar. Esto es problemático porque los
textiles tratados y teñidos no pueden ser descompuestos por la naturaleza, producen gases
tóxicos cuando se queman y hacen que las materias primas sean cada vez más escasas.

Malos salarios, seguridad e higiene laboral inadecuadas y accidentes en los países de


producción: a más tardar tras el derrumbe de las instalaciones de producción en Rana Plaza
(2013), las consecuencias para la salud de los trabajadores son un hecho conocido.
Organizaciones como Fashion Revolution o Exit Fast Fashion siempre han tratado de llamar la
atención sobre las condiciones inaceptables en las fábricas y recuerdan regularmente a la gente
que cuestione el sistema de moda existente con campañas como ‘¿Quién ha hecho mi ropa?’.

La calidad se resiente: como el fast fashion se produce rápidamente, la calidad no suele estar
optimizada para la longevidad. Como resultado, la gente está prácticamente condicionada a
comprar piezas una y otra vez, porque los cierres inestables, las costuras sueltas y los daños
materiales como el encogimiento rápido, son ahora la norma para muchos fabricantes.

Daños climáticos y contaminación ambiental: las largas rutas de transporte (emisiones de CO2),
las toxinas y tintes utilizados y el elevado consumo de agua, son sólo algunos de los factores
con los que la moda rápida repercute en el medio ambiente y el clima. Muchos de ellos no son
inmediatamente visibles, pero también hay ejemplos muy impresionantes y aterradores, como
las montañas de basura a lo largo del río Nairobi, los vertederos montañosos llenos de textiles
o los coloridos cauces de los ríos de India y Bangladesh.

¿Es malo el fast fashion en sí mismo?

La idea de democratizar la moda y convertirla en algo accesible para todos no es mala en un


principio; de hecho, es una idea bastante agradable. Pero este deseo y el nuevo sistema de
valores que crea, se convierten en un problema cuando se produce a expensas de los demás.
En este caso, los habitantes de los países productores y el medio ambiente.

Porque precios bajos siempre significan costos de compra bajos y, por tanto, menos calidad.
Esto también conduce a que el ciclo de comprar, usar y tirar se repita en un bucle sin fin. A esto
se añaden los ciclos de la moda, cada vez más rápidos, que las empresas de fast fashion
adaptan como tendencias temporales y ponen a disposición de las masas poco después de su
presentación.

En un informe sobre el rediseño de la industria de la moda, la Fundación Ellen MacArthur, que


aboga firmemente por una industria circular, resumía así todo el problema: ‘Desde el siglo XX,
la ropa se considera cada vez más desechable, y la industria se ha globalizado enormemente,
de modo que las prendas se diseñan a menudo en un país, se fabrican en otro y se venden en
todo el mundo a un ritmo cada vez más rápido. Esta tendencia se ha visto exacerbada en los
últimos 15 años por el aumento de la demanda y la aparición del fenómeno del fast fashion,
que ha llevado a duplicar la producción en el mismo periodo’.

Así que básicamente lo que esto significa es que el fast fashion es un problema que ahora tiene
más de una causa. Pero, sobre todo, afecta a las personas y al medio ambiente. Y aunque ahora
hay muchos hechos, estudios y documentaciones sobre el tema y el deseo de una moda
sostenible y prácticas respetuosas con el clima, también es cada vez más fuerte y nos
encontramos en una relación muy ambivalente con la moda rápida.

El problema de la moda ultrarrápida que convierte el consumo excesivo en una tendencia


peligrosa

Especialmente en las redes sociales, el fast fashion se anuncia a gran escala. Los llamados hauls
son especialmente conocidos por ello. Los hashtags que circulan, con más de 38,1 billones de
visualizaciones en TikTok o casi tres millones de publicaciones en Instagram, confirman su
popularidad. Los formatos de compra de moda han adquirido una nueva dimensión debido a
ciclos de tendencias cada vez más rápidos y a gigantes online como Shein o Boohoo, que
apuestan por estrategias exclusivamente digitales, y han creado el término ‘moda ultrarrápida’.

Se trata de un nuevo extremo, por así decirlo, y es la antítesis absoluta de las prácticas
sostenibles en la moda. La disponibilidad constante de tendencias de moda actuales, que ya
están adaptadas y listas para comprar apenas unas horas después de los desfiles, crea una
espiral peligrosa. Especialmente la generación TikTok, conocedora de la moda, se deja seducir
en la plataforma por los precios bajos y las recomendaciones ‘virales’ para comprar cada
tendencia con el fin de formar parte de ella.

Está claro que esto se hace a costa de las personas y el medio ambiente, porque hay que
ahorrar costos, sobre todo en la producción, los materiales y la cadena de suministro. Y la
mayoría de las veces, las piezas no son realmente duraderas, porque después de unos pocos
usos ya no son aptas para llevar debido a la mala mano de obra y a los materiales sintéticos.
Todo un dilema, pero ¿cómo ponerle freno? Hay sugerencias para ello, por ejemplo, desde el
mundo de la política.
¿Es sostenible el actual sistema de la moda y qué hacen los políticos al respecto?

La UE es actualmente noticia por diversas medidas en favor de los textiles sostenibles y


reciclables. Y es que el problema del fast fashion necesita una solución global que se ocupe
sobre todo de establecer directrices a escala nacional y métodos trazables. Porque entre tanto,
ha llegado a la corriente dominante la conciencia de que no podemos seguir como hasta ahora.

En particular, la declaración de la eurodiputada del SPD Delara Burkhardt, que, entre otras
cosas, está comprometida con las cuestiones medioambientales, dio que hablar. A principios de
año, pidió una especie de prohibición de la moda rápida para evitar el consumo excesivo por
medios selectivos: ‘Pido una prohibición inmediata de la destrucción de textiles no vendidos y
devueltos [...]. Necesitamos una legislación que impida que la ropa no vendida sea triturada o
enviada a los vertederos simplemente porque ya no está de moda o es más barato deshacerse
de ella’.

En su informe de iniciativa propia, presentado en Bruselas, pide sobre todo que se preste más
atención a la cuestión de la moda reciclable, porque sólo con medidas duraderas desde el
punto de vista político se puede conseguir que la moda sea realmente sustentable.

Un primer paso hacia esta visión (presumiblemente pronto real) es la transparencia en la


cadena de suministro. Para ello, ya se ha aprobado una ley que entrará en vigor a principios de
2023. Además, para 2050 debe establecerse un modelo económico neutro en carbono,
respetuoso con el medio ambiente, libre de toxinas y totalmente circular, como parte del ‘Pacto
Verde’ y los objetivos climáticos relacionados.

La transformación de la industria textil está, pues, en marcha, y podemos esperar a ver qué
soluciones aporta el cambio a nivel mundial. Porque una cosa está clara: el fast fashion es un
sistema complejo que necesita una estrategia bien pensada para ser realmente auténtico y
provocar un cambio sostenible. Pero, de nuevo, esto no significa que nosotros, como
consumidores, debamos quedarnos quietos hasta entonces. Ya podemos intentar activamente
vivir prácticas de sustentabilidad duraderas en nuestra propia vida cotidiana.

Fast fashion: la mayor cuestión de valor del futuro

Al igual que ocurre con la cuestión del green washing, que también forma parte de la industria
del fast fashion, el mundo no es exclusivamente blanco o negro, pero puede decirse
claramente que muchas de las prácticas utilizadas son erróneas e inmorales. El hecho es que
necesitamos cambiar nuestra narrativa en torno a la moda y el consumo. Porque si uno conoce
sus cosas, hace las preguntas adecuadas y se centra en la longevidad, tiene la oportunidad de
marcar la diferencia, al menos en una pequeña medida.

Esto no quiere decir que los consumidores tengan el poder. Más bien corresponde
principalmente a las personas que dirigen nuestros sistemas y controlan las políticas que los
sustentan. Pero no se puede negar que la compra de fast fashion trae consigo una multitud de
problemas para los que actualmente no tenemos ni respuesta ni solución: ¿Qué ocurre con la
ropa que no se usa? ¿Cómo se pueden mejorar las condiciones de trabajo a nivel local?
¿Cuánto debería costar una camiseta?

Lo que sí podemos hacer en concreto, es cuestionar nuestro propio comportamiento de


consumo, informarnos con la ayuda de marcas y plataformas de calidad y optar por alguna de
las alternativas que se nos ofrecen: marcas de moda sustentable o compra de ropa de segunda
mano o alquiler. Porque mientras el fast fashion sea la única opción democrática de consumo,
nada cambiará tan fácilmente.

Artículo originalmente publicado en Glamour De, glamour.de, adaptado por Roberto Sierra.

También podría gustarte