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El Preceptor Como Acompañante Pedagógico Resumido

El documento aborda el rol del preceptor como acompañante pedagógico en la educación secundaria, enfatizando la importancia de compartir experiencias significativas y construir un espacio de pertenencia para los estudiantes. Se destaca la necesidad de estrategias de acompañamiento que faciliten la inclusión y la continuidad escolar, así como la construcción de vínculos de confianza y autoridad. Además, se menciona la complejidad del contexto educativo actual, marcado por la diversidad y la inclusión, que requiere un enfoque colaborativo y reflexivo en la intervención educativa.

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El Preceptor Como Acompañante Pedagógico Resumido

El documento aborda el rol del preceptor como acompañante pedagógico en la educación secundaria, enfatizando la importancia de compartir experiencias significativas y construir un espacio de pertenencia para los estudiantes. Se destaca la necesidad de estrategias de acompañamiento que faciliten la inclusión y la continuidad escolar, así como la construcción de vínculos de confianza y autoridad. Además, se menciona la complejidad del contexto educativo actual, marcado por la diversidad y la inclusión, que requiere un enfoque colaborativo y reflexivo en la intervención educativa.

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EL PRECEPTOR COMO ACOMPAÑANTE PEDAGÓGICO

Para comprender esta dimensión de análisis, partimos de pensar acerca de ¿Qué significa
acompañar? Acompañar es ir junto al otro. Etimológicamente proviene del latín, pertenece a la
misma raíz de compañía y compañero. Este último, deriva de “comedere” comer y “panis” pan, es
decir comer el mismo pan. De este modo, “Acompañar supone reconocer la importancia de
compartir y construir con el otro experiencias significativas” (Preceptora, Dpto. Río Segundo).

En este sentido acompañar las trayectorias educativas consiste en diseñar, alojar y construir
conjuntamente un lugar simbólico con los jóvenes, con el propósito de que ellos no solamente
transiten la escuela, sino que puedan habitarla. Se trata de un trabajo complejo que compromete
el accionar flexible y articulado de todos los actores institucionales y atraviesa las diferentes
dimensiones de la escuela, demandando convertirse en una cuestión de interés colectivo.

Desde esta perspectiva resulta sustancial entender el oficio de estudiante como una construcción,
un proceso complejo que involucra diferentes dimensiones: sociales, culturales, familiares,
subjetivas e institucionales. Es fundamental en esta instancia contemplar los diversos recorridos
escolares, previos al ingreso a este nivel, ya que, como señalamos anteriormente, las experiencias
escolares se desarrollan en contexto y en ocasiones, de manera discontinua.

El pasaje del nivel primario al secundario es considerado un “momento crítico” en las trayectorias

escolares (Terigi, 2007) por lo cual es la instancia que demanda mayor presencia y sostén. En este

sentido, para los preceptores, el proceso de ambientación resulta una estrategia valiosa para
garantizar la continuidad escolar:

“A partir de muchas charlas, entre todos los actores involucrados (directivos, docentes,
preceptores y tutores de cursos), pudimos encaminar este periodo de ambientación como la
preparación, la antelación de un gran momento para recibir a los alumnos nuevos en nuestra
escuela. (…) Colocamos carteles de bienvenida y frases motivadoras para su llegada; por ejemplo:
“Te estábamos esperando” (Preceptor, Dpto. Capital).

Este momento de inclusión e integración en los procesos de escolarización genera la necesidad de


instituir espacios de acompañamiento a las trayectorias reales para crear condiciones
institucionales que habiliten el aprendizaje del oficio de estudiante ya que se trata de una
construcción en contexto.

“Al charlar con los alumnos tratamos de que visualicen a la escuela como un espacio donde
convivirán con otros, aprenderán ellos no solo los contenidos sino los modos de estar, de
comportarse, de cómo relacionarse con la autoridad, de compartir los tiempos y los materiales, a
su vez se irán introduciendo en la reflexión y acción para participar en los espacios públicos.
Adueñándose gradualmente para propiciar el sentido de pertenencia” (Preceptor, Dpto. Capital).

Las estrategias que posibilitan esta ambientación apuntan a la continuidad en el proceso de


escolarización, la organización de los tiempos de estudio y la construcción de estrategias de
lectura y escritura (M. E. C, SEPIYCE, 2016). Cada escuela aporta sustantivamente características
propias a estos procesos y experiencias para fortalecer las trayectorias educativas de sus
estudiantes.

La tarea de acompañar requiere co-construir acontecimientos escolares significativos, es decir,


junto con los estudiantes el adulto propone y plantea acciones que orienten y guíen su proceso
educativo. Acciones tendientes a su desarrollo subjetivo, con énfasis en la construcción e
implementación de los acuerdos escolares de convivencia (A.E.C) desde una cultura democrática
(Fornasari, 2016), la construcción de una ciudadanía autónoma y responsable, para propiciar la
participación activa en los escenarios educativos.

“Las bases del acompañamiento están edificadas sobre la convicción de que todos los jóvenes
tienen condiciones para desarrollar una trayectoria escolar positiva y de que para hacerlo pueden
apoyarse en sus familias, en sus docentes y en personas significativas que caminen junto a ellos”
(Fundación Cimientos, 2012: 8).

Repensar el lugar del preceptor como un oficio, nos permite significarlo en su rol de promotor y
constructor de mejores condiciones institucionales para acompañar y sostener las trayectorias
educativas de los jóvenes. Implica asumir el desafío de promover la capacidad de anticipación y
contención socio educativa para intervenir frente al fracaso y la deserción escolar.

“El acompañamiento se presenta como una instancia de orientación educativa, complementaria a


la escuela, y como espacio de apoyo para el desarrollo de una mejor escolaridad. En el espacio de
acompañamiento se busca dar a “lo escolar” un espacio especial para ser pensado, reflexionado,
asumido e incluso disfrutado” (Fundación Cimientos, 2012: 8).

En los nuevos contextos educativos, son múltiples las estrategias de acompañamiento que
implementan los preceptores en su oficio cotidiano. El accionar del preceptor no se limita a un
marco prescriptivo normativo. Se desarrolla de diversas maneras, a partir de la reflexión sobre su
compromiso con la tarea, la responsabilidad ética frente al otro y el proceso de creatividad en el
ejercicio de su función.

Esta tarea como “acompañante pedagógico” requiere de una elaboración artesanal cotidiana en la
construcción del vínculo y la confianza con otros. El preceptor en su relación con los estudiantes
tiene que garantizar la confidencialidad de la información y un vínculo de autoridad como figura
adulta que los puede cuidar, orientar, acompañar y proteger de aquellas situaciones que los
exponen al riesgo y/o vulnerabilidad socioeducativa. Esta reflexión implica pensar las acciones y la
postura personal frente a problemáticas que atraviesan el campo educativo, como por ejemplo
inclusión, calidad, contención familiar, sexualidad, adicciones, embarazo adolescente, entre otras
cuestiones.

El acompañamiento requiere de un proceso de comprensión que habilite dispositivos


institucionales de escucha, reflexión e intervención educativa. Se trata de agendar en la vida
institucional tiempos y espacios que posibiliten discriminar dificultades, conflictos y tensiones para
construir estrategias de resolución de problemas, de manera colaborativa con el equipo de
gobierno escolar. Como así también, diseñar o participar en proyectos preventivos y de
promoción, que identifiquen las necesidades de las culturas juveniles que se encuentran bajo su
responsabilidad.

La tarea de acompañar requiere pensar en distintas estrategias institucionales (trabajo en red),


grupales e individuales para evitar la frustración, soledad y fragmentación de los procesos
educativos. El desafío consiste en proponer espacios alternativos de acompañamiento que
fortalezcan y expandan los procesos de aprendizaje, desde un enfoque pedagógico integral.

En estos escenarios resulta importante repensar la construcción de un lugar de autoridad, a partir


de un vínculo confiable y cercano con los jóvenes, sin borrar la asimetría constitutiva de su función
como adulto significativo en el escenario escolar. El objetivo consiste en producir un espacio de
reconocimiento mutuo donde se desempeñan roles diferenciados. Hay un lugar horizontal, pero
hay un lugar jerárquico, y los dos se encuentran (Balardini, 2005). No es un amigo, ni un par que
funciona como cómplice de las situaciones juveniles conflictivas y/o problemáticas, por el
contrario, tiene que transmitir aquellos valores y normas institucionales que desarrollan una
subjetividad social, desde un marco democrático centrado en el diálogo, reflexivo y responsable.

Esta tarea del preceptor incluye conocer y acompañar a los jóvenes en las diferentes instancias
que la institución educativa contempla para el ingreso, permanencia y egreso de la Educación
Secundaria. De este modo, puede colaborar en la construcción de aprendizajes significativos,
desde la perspectiva de derechos, ciudadanía y participación en la escuela.

Si bien se reconoce que, a partir de la expansión de la matrícula en las últimas décadas -fundada
en la obligatoriedad demarcada por la Ley de Educación Nacional (LEN)- los escenarios escolares
cotidianos se han complejizado al incluir a jóvenes que acceden por primera vez a ese nivel
educativo. Esta inclusión se caracteriza no solo por la masividad, si no esencialmente por la
diversidad sexual, cultural y social que irrumpe en los ámbitos escolares, que aun llevan en sus
espaldas vestigios de tradiciones excluyentes, selectivas y homogeneizantes (M.E.C, 2014).

Esta apertura a la pluralidad sociocultural en los escenarios educativos, provoca nuevos conflictos

institucionales, plantea dilemas inéditos e interpela la función y responsabilidad de cada uno de


los integrantes de la comunidad educativa.

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