Tema56 2
Tema56 2
11-26
El entendimiento del pasado histórico tiene por base el descifrar las claves de
la organización de las sociedades. El pasado tiene un sentido, pero hay que buscarlo.
El arte desempeña una misión fundamental, por cuanto con el lenguaje y la escritura
constituyen el medio habitual de la comunicación entre los hombres.
Es ocupación primordial del arte la producción de imágenes. A través de ellas se
produce el intercambio de ideas, el desarrollo de las prácticas religiosas, el despliegue
del ocio, sin perjuicio de que sea empleado por el poder político como un mecanismo
de sometimiento.
La mera contemplación de una figura del pasado nos plantea dos cuestiones:
identificación y significado. Las imágenes al poseer sus peculiaridades ofrecen en la
misma configuración los elementos que se prestan al reconocimiento. Pero, por
otro lado, entre la configuración y el significado hay elementos de correspondencia,
hasta el punto de que una imagen pueda ser deducida en función de lo que sabemos de
ella.
Pues bien, todo lo que afecta al reconocimiento de la imagen es tarea de la
iconografía; el desarrollo último del mensaje es misión de la iconología. Esta última ha
adquirido una preponderancia enorme en los estudios. Fue primera en el tiempo la
Iconografía. Entre ambas hay una inevitable relación. Los estudios de Panofsky, con
su avasallador poder sugestivo, han ensombrecido la importancia de la iconografía.
Estos COLOQUIOS son el marco adecuado para plantear las relaciones entre
iconografía e iconografía, como ciencias hermanas y colaboradoras de la Historia del
Arte.
1
Cuadernos de Arte e Iconografía, II/ 3 (198 9), pp. 11-26
La Ico n o g r a fía
Iconografía e Iconología constituyen dos ramas de la Historia del Arte. Conocer
su finalidad es tarea previa a la organización de un método que las haga accesibles. La
iconografía se dirige al conocimiento de una determinada temática. No en balde el
término comenzó a emplearse en Italia, para designar los estudios consagrados a las
colecciones de retratos de personalidades ilustres. Se trataba de caracterizar tales retratos
en función de la moda, el peinado y el marco arquitectónico donde encajaban. Las
imágenes se analizan y clasifican, formándose tipos y grupos. La identificación es tarea
primordial. El desenvolvimiento de la imagen en el tiempo nos ofrece su perspectiva
histórica, en la que caben mudanzas formales y alteraciones en su misma identificación.
Diríase que es la historia de un determinado personaje. La iconografía nos conduce a un
repertorio; incluso a un diccionario. Es un tratado de imágenes ordenado. Para su
reconocimiento el investigador se sirve de los atributos, que son elementos
convencionales que por esa misma razón se conocía su significado. La iconografía tiene
una configuración formal, pero corresponde a un significado propio, que termina en la
misma imagen.
Imagen, atributo y símbolo componen la trilogía en que se mueve la iconografía.
La heráldica es probablemente una variante de la iconografía que corresponde
perfectamente a este concepto. A este propósito conviene advertir que estamos muy
necesitados de estudios heráldicos. Los escudos son referidos en los estudios de
arquitectura meramente en función de la averiguación de los propietarios, sin extraer el
partido que se pueda del análisis de los blasones. El escudo esconde la historia de las
familias y no pocas de las virtudes que pudieren servir para explicar el mismo edificio.
La iconografía del arte cristiano recibió un considerable impulso gracias a Émile
Mále . Pero hay algo más que iconografía en este autor, como ha señalado Tervarent 2.
1
En 1898 Mále publicaba el primero de sus libros consagrados al arte cristiano, con la
apostille en el mismo título de étude sur l'iconographie du moyen áge et sur ses sources
d inspiration. Su intención era realizar una investigación sobre los temas, utilizando los
textos litúrgicos, las hagiografías y las leyendas. Sin siquiera advertirlo, estaba
penetrando en los arrabales de la iconología. Además su método poseía una sólida
estructura. Era un auténtico método.
Mále vino a demostrar que la sola forma no basta. Aun la imagen más ruda
pertenece a la esfera del pensamiento, y en su caso de la piedad y de las creencias
1
Ém ile Mâle. L'árt religieux du XI I I e siécle en France, París, Leroux, 1898. Del m ism o, L'árt
religieux au XI I e siécle en France, París, Colin, 1922. Del m ism o, L'árt religieux de la fin su
m oyen áge en France, París, Colin, 1908. Del m ism o, L'árt religieux de la fin au XVI siécle, au
XVI I siècle et du XVI I I siécle, París, Colin, 1951.
2
Guy de Tervarent , " L'iconologie au xx siècle" , Journal des savant s, j ulio- sept iem bre de
1965, pp. 584- 589. Ant eriorm ent e, G. J. Hoogewerff, " L'iconologie et son im port ance pour
l'ét ude syst ém at ique de l'art chrét ien" , Rivist a di Archeologia Crist iana, vol. VI I I , pp. 53- 82.
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3
Karl Künst le, I konographie der chrislichen Kunst , Fr eiburg ini Breisgau, Herder , 1926 y
1928. El segundo volum en est á dedicado a la iconografía de los sant os.
4
Louis Réau, I conographie de l'árt chrét ien, París, 1955- 1959.
5
María José Redondo Cant era, El sepulcro en España en el siglo XVI . Tipología e
iconografía, Minist erio de Cult ura, Madrid, 1987.
6
J. J. Mart ín González, " Tipología e iconografía del r et ablo español del Renacim ient os,
BSAA, 1964, pp. 33 a 64.
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mismo cabe decir de las sillerías del coro 7. También aquí se trata de un mueble: un
conjunto de sillas, jerárquicamente ordenadas. En el orden humano, existe una
presidencia para la comunidad (obispo, abad), pero por encima de ello existe una
jerarquía del espíritu y de la religiosidad cristiana.
Pero conviene no descuidar la iconografía profana. Sin duda ha ido detrás al
amparo del éxito que la iconografía cristiana ofrecía. Hay que recordar la obra de Van
Marle, si bien la mayor notoriedad corresponde a Guy de Tervarent 8. Se trata de una
iconografía más complicada, por cuanto no posee los textos evangélicos, y por el
contrario descansa en las tradiciones, el folklore y se deja guiar del capricho y la
fantasía.
Se ha avanzado mucho en la clasificación de los temas iconográficos. Se presta a
ello la atención concedida a los "géneros", dentro de los cuales se efectúan numerosas
clasificaciones o grupos. Las mismas exposiciones con frecuencia adoptan esta
modalidad monográfica. Un buen ejemplo es la exposición dedicada en España a
bodegones y floreros 9. Es de alabar la tarea de clasificación de temas, abordada por el
Rijksbureau voor Kunsthistorische documentatie, de La Haya. La importancia se deduce
del hecho de que utiliza un riquísimo material fotográfico, de suerte que la identificación
de los temas es textual y gráfica. El Congreso Internacional celebrado en Oslo en 1928
estuvo consagrado a la Iconografía, en su pleamar. Aunque posteriormente los estudios
se dirigían preferentemente a la Iconología, es buen criterio mantener una cierta
independencia, para evitar la pretensión que muchos iconologistas sustentan de absorber
los estudios iconográficos. Por esta razón es un acierto la convocatoria de estos
Coloquios de Iconografía.
La Em b le m á t ica
Dentro de la Iconografía, los libros de emblemas desempeñan una misión
fundamental, pues muestran gráficamente la imagen mediante una estampa, describen la
representación y por añadidura incorporan una lección moral. Entramos con ella en la
7
J. J. Mart ín González, " Siller ías de coro, en Cuadernos de Art e Gallego, Ediciones
Cast relos, Vigo, 1964. Sobre las siller ías de coro de Galicia versó la t esis doct oral de Andrés A.
Rosende Valdés, en curso de publicación. La siller ía del convent o de San Marcos de León es sin
duda uno de los t est im onios m ás fehacient es de la exist encia de un program a ordenador en el
cam po de est e t ipo.
8
Raim ond van Marle, I conographie de lárt profane au m oyen- âge et á la Renaissance, La
Haye, Nij hoff, 1931- 32. Guy de Tervarent , " At t ribut s et sym boles dans l'art profane. 1450-
1600" , Dict ionnaire d ún langage perdu, Genéve, 1958?- 1959.
9
Pint ura española de bodegones y floreros de 1600 a Goya, Exposición celebrada en el Museo
del Prado, en noviem bre de 1983 y enero de 1984. Cat álogo al cuidado de Alfonso E. Pérez
Sánchez, Publicaciones del Minist erio de Cult ura, Madrid, 1983.
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10
Julián Gállego, Visión y sím bolos en la pint ura española del Siglo de Oro, Edición de
Aguilar, Madrid, 1972. Es t raducción al español, del original en francés, París, 1968. Es el prim er
libro español en que se ofrezca una perspect iva de conj unt o, con m et odología iconológica.
11
Alciat o, Em blem as, edición y com ent ario por Sant iago Sebast ián, Akal, Madrid, 1985.
12
Jesús María González de Zárat e, "Saavedra Faj ardo y la lit erat ura em blem át ica" ,
Separat a de Traza y Baza, núm . 10. Valencia, 1985.
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La Ico n o lo g ía e n s u n u e v o s ig n ifica d o
La Iconología se ocupa del origen, transmisión y significado profundo de las
imágenes. Es el grado último que permite comprender la imagen; el soporte es la
iconografía. No hay iconología sin iconografía. La diferencia esencial es que la
iconología se contempla como un hecho histórico global, de suerte que se reclaman para
su entendimiento todos los elementos que componen el tejido del pasado. Por eso la
iconología, más que rama de la historia del arte, lo es de la cultura y del pensamiento 13.
El término fue usado por Ripa nada menos que para titular su propia obra. El
vocablo advendría a nuestra época con una renovación de su alcance. Ciertamente que
los que siguieron a Ripa durante los siglos XVI al XIX mantuvieron la palabra. El
cambio se va a producir en nuestro siglo. Según Bialostocki, fue Warburg en 1912 quien
empleó la palabra iconología, pero acudiendo a un nuevo "método iconológico” 14.
El conocimiento de las ideas de un período, es el presupuesto básico en el
desarrollo del método iconológico moderno. Pero para su correcta aplicación, las
imágenes no deben ser una ilustración de tales ideas, sino punto de arranque de una
novedosa metodología. De lo contrario, no se saldría del vicio de hacer de las imágenes
un juego ornamental de la cultura. Al contrario, las imágenes son en sí mismas uno de
los motores de la historia. Baste recordar el papel que desempeñan los grabados satíricos
antipapales en la campaña de descrédito contra el Pontificado durante la Reforma.
La imagen, con todo su rico contenido, va a ser pieza clave del pensamiento. La
Melancolía, de Alberto Durero, dice más acerca del estado mental del siglo XVI, que
muchos sesudos escritos. Es la clave del nuevo modo de pensar. La iconología se
apodera de todas las manifestaciones del arte. La estampa marcha a la cabeza de este
protagonismo, precisamente por su capacidad de difusión. Frances A. Yates estudió las
Tapicerías de los Valois, del Museo de los Uffizi, señalando el valor que poseen acerca
del esclarecimiento de un período histórico que afectaba a las relaciones de España,
Flandes y Francia en las postrimerías del siglo XVI.
Los estudios de iconología van más allá de la pura visualidad. La pura belleza
artística no pocas veces ha sido una placentera trampa para ocultar las verdades del
pensamiento. Panofsky dio la vuelta al significado del Amor divino y del Amor humano,
de Ticiano.
El historiador del arte se va a convertir en un humanista completo, dotado para el
conocimiento de la literatura, la ciencia, la religión, la política, sobre el sólido apoyo de
su dominio en las mismas obras artísticas.
13
José Fernández Arenas, " Teoría y Met odología de la Hist oria del Art e" , Ant ropos,
Barcelona, 1982, p. 111.
14
Jan Bialost ocki, "La m ét hode iconologique et l'érudit ion française" , en L'inform at ion
d'Hist oir e de l'árt , m ayo- j unio de 1975, París, pp. 103- 107.
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15
Bialost ocki, La m ét hode iconologie..., ob. cit .
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en sus trabajos. Así Fritz Saxl, Ernst Cassirer, Edgar Wind, E. H. Gombrich, y por
encima de todos, Erwin Panofsky. También es de sobra conocido el éxodo que tuvo
que sufrir el Instituto, ya que amenazado por el pragmatismo nazi que todo lo
supeditaba a su política, con acierto mudó su residencia desde Hamburgo a Londres.
Se funde con el Instituto Courtauld de la universidad de Londres; y surge la revista que
ha de dar a conocer por todo el mundo las investigaciones que realiza: el Journal of the
Warburg and Courtauld Institutes. Concepto y método quedan de esta manera
impuestos y garantizados.
La biblioteca del Instituto, nutrida de obras de todas las procedencias y en las
más diversas lenguas, con todo género de medios gráficos (colecciones de grabados,
fotografías y dibujos), permite investigar sin tener que desplazarse del centro. El
iconólogo ha de poseer los más diversos conocimientos, desde el dominio de lenguas
(clásicas y modernas, occidentales y orientales), la filología, la historia, la literatura, la
historia de las religiones, la astrología, la ciencia, sobre una robusta base de saberes de
historia del arte. Es el iconólogo un verdadero sabio. Precisamente esto es lo que ha
dado a la iconología el mayor respeto. Son tan sugestivos los estudios de iconología,
alteran de modo tan radical las ideas tradicionales, que se correría el riesgo de
considerar una poética invención, una exhibición malabarística, lo que en definitiva es
una tarea del más exigente método científico.
La precisión del método iconológico de la Escuela de Warburg ha sido tarea de
Panofsky 16. Lo ha concebido en tres estadios: preiconográfico, iconográfico y
significado intrínseco; el último momento es el puramente iconológico.
La fase preiconográfica supone un análisis puramente formal del objeto. La
iconográfica entraña el desciframiento del tema, es decir, la correlación entre la
imagen visual y asignación precisa a un acontecimiento, con la consiguiente
justificación de su mensaje directo.
Quiere decirse que este significado o convención es de conocimiento general.
Sólo el tercer grado requiere un estudio a fondo, ya que ha sido elaborado en un medio
elitista, de entendidos, de escritores, políticos, gobernantes y personas muy ligadas al
mundo de la religión. Por esta razón la investigación debe ser reconducida a este
terreno. Sólo el científico, el erudito y el sabio están en condiciones legítimas para
penetrar en este campo y desvelar lo que la obra deliberadamente oculta.
Se venía advirtiendo la persistencia de temas clásicos, preferentemente
mitológicos a lo largo de la Edad Media. La identificación de la forma y de la
iconografía ofrecía la paradoja de que una edad media cristiana hubiera tan
16
Erwin Panofsky, St udies in I conology, Harper Torchbook, Harper and Row, New York,
1962. Versión en lengua española, Est udios sobre I conología, Alianza Universidad, Madrid,
1972.
9
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17
Francisco Javier Sánchez Cant ón, Fuent es lit erarias para la hist oria del Art e español,
cinco vols., Madrid, 1923 a 1941.
18
Miguel Herrero García, Cont ribución de la lit erat ura a la Hist oria del Art e, Consej o
Superior de I nvest igaciones Cient íficas, Madrid, 1943. María del Pilar Dávila Fernández, Los
Serm ones y el Art e, Depart am ent o de Hist oria del Art e, Valladolid, 1980.
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Valdés Leal y el repertorio escultórico del retablo mayor 19. Pero el significado aún se
precisa más, leyendo las diversas inscripciones que hay en las paredes 20.
La inspiración en grabados para componer pinturas está deparando sistemáticas
búsquedas. El profesor Angulo ha sido el precursor de estas investigaciones. En 1947
publicaba un madrugador trabajo, mostrando las fuentes de algunas pinturas de
Velázquez; los grabados, sobre todo de Durero, ejercieron un fecundante efecto sobre
el pintor 21. En rigor esta investigación se sitúa en escala de Panofsky en la posición
preiconográfica, porque toca la forma pero no el tema. Otro es el caso de los
determinados modelos que definían un contenido iconográfico. Un grabado del francés
Claude de Audran, editado en Roma, fue el que utilizaron los escultores castellanos del
siglo XVII para representar a Fernando III el Santo 22.
El im p u ls o d e la Ico n o lo g ía e n Es p a ñ a
Los estudios de iconología han adquirido en España un gran desarrollo.
Conviene por ello dirigir la mirada hacia el pasado, para contemplar cómo se ha
verificado el proceso. Si tenemos en cuenta que hasta 1972 no se traducen al español
los Studies in Iconology de Panofsky, la aparición en 1948 del estudio de Angulo
sobre Las Hilanderas 23es de una precocidad asombrosa. El mérito de introducir en
España la metodología iconológica de la escuela de Warburg corresponde al citado
profesor. El examen iconográfico señalaba la presencia de Palas y de Atenea. Había
que averiguar por qué estaban en el cuadro. Y la clave provino de la literatura. El
pasaje está inspirado en las Metamorfosis de Ovidio. Más adelante volvería sobre el
tema, aportando nuevos testimonios literarios, y sobre todo grabados en que se
inspirara tanto la composición como el tema 24.
Es curioso que la mitología desencadenara la investigación iconográfica en
España. El mismo Angulo se anticipó, igualmente, al ver el interés de la mitología y
19
Jonat han Brown, I m ágenes e ideas en la pint ura española del siglo XVI I , Alianza Form a,
Madrid, 1980. Edición inglesa en 1978, por la universidad de Princet on. La referencia a la iglesia
del Hospit al de la Caridad, ent re páginas 179 y 207.
20
Enrique Valdivieso y J. M. Serrera, El Hospit al de la Caridad, Sevilla, 1980. Es una
m onografía exhaust iva del Hospit al, am pliándose el repert orio de obras que guardan relación
con el program a y por t ant o con el escr it o de Don Miguel de Mañara. La lect ura de los let r eros
del t em plo, que se hallan j unt o a las m ism as obras, enfat iza el significado.
21
Diego Angulo Í ñiguez, Velázquez. Cóm o com puso sus principales cuadros, Laborat orio
de Art e, Universidad de Sevilla, 1947.
22
Jesús Urrea, "San Fernando en Cast illa y León" , BSAA, 1986, pp. 484- 487.
23
Diego Angulo Í ñiguez, " Las Hilanderas" , Archivo Español de Art e, 1948, pp. 1- 19.
24
Diego Angulo Í ñiguez, " Las Hilanderas. Sobre la iconografía de Aragne" , Archivo Español
del Art e, 1952, pp. 67- 84.
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comprobar que los temas tuvieron mayor difusión de lo que se pensaba 25. Una
monumental obra ha elaborado Rosa López Torrijos en torno a la mitología 26.
Dentro de la corriente renovadora iconológica hay que comprender el libro de
Julián Gállego referente al contenido simbólico de la pintura española del Siglo de
Oro 27. Se comporta como un experto iconólogo, ya que utiliza para la comprensión de
los temas de la pintura, sermones, epigramas y sobre todo grabados. El libro se publicó
en París en 1968, y en 1972 se dio a conocer en lengua española.
Esta fecha de 1972 es memorable, pues indica la imposición del método
iconológico en España. En dicho año apareció traducido el libro de Panofsky (Estudios
sobre iconología) y el primer número de la revista Traza y Baza, que llevaba el
subtítulo de Cuadernos hispanos de simbología, Arte y Literatura. Su fundador -
Santiago Sebastián- se ha colocado en cabeza de los iconólogos españoles.
El ejemplo de esta revista ha cundido y la iconología está representada en todas
las publicaciones periódicas españolas. Y lo mismo puede decirse de la iconografía.
España de esta manera participa en investigaciones de esta naturaleza y de una
forma distinguida. Si la nueva época de la iconología ha partido de la escuela de
Warburg, han sido los países de habla inglesa -Inglaterra y los Estados Unidos- los
principales impulsores del método. Pero participan asimismo Francia, Holanda,
Alemania occidental, Polonia, Checoslovaquia, Hungría y naturalmente España.
Especial importancia se confiere a los "programas". Todo conjunto pictórico o
escultórico es completado a la luz de una clave interpretativa. Por su precoz visión hay
que resaltar el largo estudio dedicado por don Elías Tormo al Salón de Reinos del Buen
Retiro de Madrid 28. Puso en relación los retratos ecuestres de Velázquez, la serie de
pinturas de historia y la mitología de los Trabajos de Hércules de Zurbarán,
advirtiendo que todo respondía a una idea de conjunto. La aportación de pasajes
literarios ofrecía ya esta aplicación de la moderna iconología.
Las investigaciones en torno a la capilla de los Benavente, en Medina de
Rioseco, ofrecen otra prueba de la progresiva penetración en los dominios de la
25
Diego Angulo Í ñiguez, " La Mit ología y el art e español del Renacim ient o" , Bolet ín de la Real
Academ ia de la Hist oria, 1952, pp. 63- 209.
26
Rosa López Torrij os, La m it ología en la pint ura española del Siglo de Oro, Ediciones
Cát edra, Grandes t em as, Madrid, 1985.
27
Universidad de Barcelona, Facult ad de Filosofía y Let ras, Palm a de Mallorca.
28
Elías Torm o, "Velázquez, el Salón de Reinos del Buen Ret iro, y el poet a del Palacio y del
pint or" , Bolet ín de la Sociedad Española de Excursiones, 1911, pp. 24 a 44, 85 a 111, 191 a
217, 274 a 305, t om o de 1912, pp. 60 a 63.
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iconología. García Chico primeramente describió los temas de la cúpula 29. Fue la fase
iconográfica. Un estudio de Santiago Sebastián ofrecía ya una interpretación
iconológica, no sólo para la cúpula, sino para toda la capilla 30. Un trabajo posterior de
Redondo Cantera hacía aún más completo el programa, relacionando incluso las
inscripciones que hay en el suelo 31. De esta suerte, hay una estratigrafía de niveles,
desde el suelo a la bóveda. La más reciente publicación integra en el programa a la
música 32. Labajo Valdés concluye afirmando que en este conjunto funerario puede
hablarse de una "escultura sonora".
Aunque la iconología se ocupa de la figura humana y de la de los seres
vivientes, cabe aplicarla asimismo a la arquitectura. Bien justificado está en los casos
en que de alguna forma se hace alusión al hombre, como la planta de ciertos templos,
cuyas proporciones están en relación con las del ser humano. Pero cabe al mismo
tiempo hablar de una iconología de la arquitectura, aunque se la presente bajo el
calificativo de simbolismo. El ejemplo más patente lo hallamos en el monasterio de El
Escorial. Su planta se relacionó con la forma de la parrilla en que fuera supliciado San
Lorenzo. Mas ya Taylor apuntó la idea de que encarnaba la imagen del templo de
Salomón 33. Esta idea prevalece, si bien Kubler cree más bien que haya que relacionar
el edificio con San Agustín y más concretamente con la Civitas Dei; en apoyo de esta
posibilidad argumenta el cuadro de San Jerónimo y San Agustín, pintado por Sánchez
Coello y que se encuentra en la iglesia del monasterio 34.
Osten Sacken contempla el edificio como una totalidad 35. Por esta razón su libro
lleva por título El Escorial. Estudio iconológico. La referencia iconológica al propio
edificio queda patente al estudiarse como "templum Salomonis". El carácter
excepcional del monasterio, como “unicum” dentro de la concepción iconológica, se
analiza puntualmente en el libro. No una idea, sino todo un manojo, pero sometido al
designio de Felipe II, hace que El Escorial defina la posición de la Iglesia Católica
29
Est eban García Chico, "La capilla de los Benavent e en Sant a María de Rioseco" , BSAA,
t om o segundo, 1934, pp. 319- 356.
30
Sant iago Sebast ián, " El program a de la capilla funeraria de los Benavent e de Medina de
Rioseco" , en Traza y Baza, 1973, pp. 17- 25.
31
María José Redondo Cant era, " Aport aciones al est udio iconográfico de la capilla
Benavent e", BSAA, 1981, pp. 245- 264.
32
Joaquina Labaj o Valdés, " Música y escult ura en el renacim ient o español: int er relaciones al
servicio del art e fúnebre" , BSAA, 1987, pp. 375- 386.
33
René Taylor, "Arquit ect ura y Magia. Consideraciones sobre la I dea de El Escorial" , en
Traza y Baza, 1976, núm . 6, pp. 5- 47. Su cont enido apareció prim eram ent e en 1967, en unos
est udios dedicados a Rudolf Wit t kower.
34
George Kubler, La obra del Escorial, Alianza Form a, Madrid, 1983, p. 179.
35
Cornelia von der Ost en Sacken, El Escorial. Est udio iconológico, Xarait Ediciones, Madrid,
1984. La obra es t raducción del original en lengua alem ana, publicado en 1979.
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Ico n o lo g ía e H is t o r ia
Los estudios iconológicos pueden ofrecerse publicados en trabajos
especialmente dedicados a esta rama e integrados en obras de amplio espectro
histórico. Desde que Buckhardt hiciera participar de forma tan notable al arte dentro de
la cultura del renacimiento italiano, el prestigio de esta rama no ha dejado de avanzar
en los estudios históricos 36. Pero en concreto la iconografía y la iconología han sido
impulsadas por André Chastel. La Florencia de Lorenzo el Magnífico está interpretada
sobre todo con clave iconológica 37. Textos de Dante; programas, que empiezan desde
el propio símbolo del edificio, pasando por las series iconográficas; la participación de
la música; las referencias a la belleza y al mundo de las ideas. Todo hace de esta obra
una de las cimas de la iconología, dentro del campo general de la historia de un
período.
Otra brillante aportación descansa en un hecho histórico: el Saco de Roma de
38
1527 . Obras como ésta dejan anticuados los anteriores libros de historia, donde las
obras de arte no eran sino un acompañamiento divertido a tanta letra impresa. Se acabó
la obra de arte como "ilustración" del libro de historia. Hay una historia que se escribe
y otra que se hace con pinturas, esculturas y estampas. La batalla de las imágenes está
dentro de la guerra armada que ensangrentó los campos de Italia.
España también se ha unido a estos estudios. Uno lo debemos a Lleó 39. El
escenario de su investigación es la Sevilla del Renacimiento. Historia, mitología,
literatura, humanismo en una palabra, se confabulan para hacer de esta ciudad una
realidad fundamentada en el pensamiento humanístico. De igual suerte Checa
Cremades ha analizado la personalidad de Carlos V 40. Edificios palaciegos,
ceremonias, elementos heráldicos, esculturas, pinturas y grabados diseñan un "héroe
del renacimiento" que hace revivir el antiguo concepto de " imperator". Esta misma
36
J. Burckhardt , Die Kult ur der Renaissance in I t alien, Leipzig, 1859. Traducción Española,
Madrid, 1941.
37
André Chast el, Art e y Hum anism o en Florencia en la época de Lorenzo el Magnífico,
Ediciones Cát edra, Madrid, 1982. Traducción de la edición francesa de 1959.
38
André Chast el, El Saco de Rom a, 1527, Espasa Calpe, Madrid, 1986. Prim era edición, de
1983, por la Universidad de Princet on.
39
Vicent e Lleó Cañal, Nueva Rom a: Mit ología y Hum anism o en el Renacim ient o sevillano,
Diput ación Provincial de Sevilla, Sevilla, 1979.
40
Fernando Checa Crem ades, Carlos V y la im agen del héroe en el Renacim ient o, Taurus,
Madrid, 1987.
14
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41
Sant iago Sebast ián, Art e y Hum anism o, Ediciones Cát edra, Madrid, 1978. Sant iago
Sebast ián, Cont rarreform a y barroco. Lect uras iconográficas e iconológicas, Alianza Edit orial,
Madrid, 1981.
42
Henri Focillon, La vie des form es, París, 1934.
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Cuadernos de Arte e Iconografía, II/ 3 (198 9), pp. 11-26
dedicado al palacio del Buen Retiro. Pero mi comentario se dirige a su reciente libro
sobre Velázquez 43. Por supuesto es una monografía sobre la personalidad y la obra
artística del pintor, que no un catálogo. Es la biografía y el arte de Velázquez lo que
entra en consideración para el autor. Podía haber cargado las tintas en lo referente a la
iconología. Y sin embargo se guarda la debida proporción. Entonces da entrada a los
aspectos visuales, de forma y color. Estos comentarios, también proporcionados, están
esparcidos a lo largo de la obra. Y bastaría este comentario que se refiere a la Venus
del espejo: "La tersura y la tonalidad rosada y cremosa de las carnaciones se hacen
resaltar mediante la tela o colcha azul grisáceo sobre la que se reclina la diosa,
mientras que los tonos más cálidos del fondo sugieren un escenario íntimo y
reservado". La parte es importante y necesaria; pero sólo el todo nos conduce a la
verdadera dimensión de las cosas".
43
Jonat han Brown, Velázquez. Pint or y cort esano, Alianza Edit orial, Madrid, 1986. El
com ent ario, en página 182.
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