En este ensayo vamos a dialogar sobre las causas y las consecuencias que nos traen a la
vida cotidiana del uso adictivo de los celulares y como dependemos constantemente de las
redes sociales. Para ejemplificar vamos a utilizar un caso del documental de Netflix “El
dilema de las redes sociales”, este tema es importante porque con el avance de la
tecnología es cada vez más recurrente la adicción y que llegue a más rincones del mundo.
Antes que nada tenemos que remontarnos a los inicios de la popularización del uso de
celular, que comenzó durante el transcurso de los años 1.990 y 2.000 con la creación de los
primeros teléfonos móviles y el avance de las computadoras. La adicción al celular puede
ser el resultado de varios factores psicológicos y neurológicos, cómo la búsqueda de
gratificación instantánea o la necesidad de escapar de problemas emocionales, a esto se lo
conoce como “escapismo” ya que es la forma en la que las personas logran “eliminar” las
preocupaciones diarias. Sumado a la presión social o el miedo irracional de perderse algo,
lo que nos obliga a estar atentos a las redes constantemente, y a buscar la aprobación de
los demás al publicar una foto. En general, las personas se hacen adictas por la forma en la
que liberamos dopamina cuando recibimos una notificación, ya sea por un “me gusta” o un
mensaje directo, de ambas formas sentimos placer y excitación al revisar el teléfono.
Además, del entretenimiento que ofrece, con el paso del tiempo revisar el celular se
convierte en un hábito, ya que lo terminamos haciendo de manera inconsciente y sin un
propósito al fin.
Se dice que una persona que usa el teléfono más de 4 horas diarias es adicta al teléfono,
esto es porque a partir de ese número de horas dejamos de controlar el uso y se inicia un
proceso en el cual priorizamos el teléfono como si fuese una necesidad; Si bien, el
promedio del uso va a variar según el país, se cree que a nivel global existen 500 millones
de personas adictas. En Argentina no hay datos exactos al respecto, sin embargo, en 2022
se hizo un estudio que dice que 89 de cada 100 personas utilizan un teléfono y que el
tiempo de uso equivale a 147 días mirando las pantallas digitales. A pesar de estos datos,
es importante saber que todas las aplicaciones están diseñadas para causar esta
dependencia y traer aún más consumidores.
A lo largo de los años se descubrió el impacto que produjo las redes sociales (o el teléfono)
en las personas, se destacan consecuencias físicas y mentales muy frecuentes y
características de la adicción nombrada. Consideramos que a nivel físico es relevante
nombrar las dificultades a la hora de dormir, ya que el uso de las pantallas provoca
insomnio, esto puede estar relacionado con los problemas en la vista debido a que causan
cansancio, resequedad y visión borrosa; Además es el origen de dolores de cuello, espalda,
muñecas y hasta dedos; Sin mencionar el aumento de peso por la inactividad física.
Si nos centramos en las consecuencias mentales, debemos renombrar la ansiedad por
estar conectado y el estrés por ser parte de cada hecho social; En algunos casos el uso
frecuente de las pantallas genera un fuerte déficit de atención y la procrastinación excesiva,
ya que nos acostumbramos a estar sobreestimulados todo el tiempo y al no poder
“liberarnos” del celular, terminamos retrasando nuestras obligaciones. Al enfocarnos aún
más en lo emocional, encontramos problemas como la depresión a causa de
comparaciones o validaciones, el aislamiento y la dependencia.
Todo esto trae repercusiones en la educación/ aprendizaje del humano, principalmente en
adolescentes o jóvenes adultos por la necesidad de respuestas o consignas breves, ya que
de otra manera nos agobiamos y terminamos perdiendo habilidades.
Un claro ejemplo de cómo el uso excesivo de los celulares nos afectan en nuestra vida
cotidiana se observa en una de las escenas del documental de Netflix "El dilema de las
redes sociales" donde una familia intenta dejar de lado los celulares a la hora de cenar. La
madre obliga a todos a guardar sus celulares en una caja que se abriría dentro de una hora
y todos lo hacen de mala gana. Sin los celulares en la comida, la mesa queda en silencio y
sin tema de conversación. Cuando llega una notificación al celular uno de los hijos no puede
contenerse y pregunta si puede ver de quién es, la hija también quiere su celular y fingiendo
que buscaba un vaso de agua, rompe la caja con los celulares dentro con un martillo, agarra
su celular y se va a su habitación. Toda esta escena nos demuestra como el uso del celular
nos limita a la hora de conectarnos hasta con nuestros propios familiares.
En resumen, las soluciones que encontramos a esta adición es el uso controlado o limitado
del teléfono en situaciones relevantes. También creemos que sería efectivo si existiera una
recompensa en el no uso, el invento de actividades que sirvan de reemplazo y nos
estimulen, sin mencionar la desactivación de notificaciones y la desinstalación de
aplicaciones que no son requeridas. En casos muy extremos sugerimos la ayuda
profesional para aprender a manejar la adicción al teléfono, y aunque creamos que no se
puede solucionar del todo por la sobreestimulación que nos provoca estar siempre con el
celular y la costumbre que esto nos deja hacerlo, se puede revertir en algún punto, teniendo
paciencia y tratándolo lentamente.