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En fin, el profesor de Múnich recuerda la unidad no sólo entre Cristo y
la Iglesia, sino también –en el orden de la praxis– entre fe y vida, naturaleza
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y gracia, amor a Dios y al prójimo. También aquí rige el principio del et-et. De
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esta manera, es mantenida de modo claro la necesidad de la eclesialidad de la
fe como garantía frente a los bandazos que pueden dar las distintas perspecti-
vas individuales. En este orden de cosas, y llegando ya a las conclusiones,
Scheffczyk sostiene cómo el cristiano ha de alcanzar –en la práctica– una re-
solución de dilemas no sólo como fe y vida, sino también conciliando realida-
des como contemplación y acción, oración y trabajo, mundo y santificación
(Marta y María, en definitiva), que a su vez deberá mantener sus oportunas
prioridades. Será alcanzada así la necesaria transformación de las realidades
terrenas, que se realizará de modo pleno en el eskathon. Para eso es requerida
–a la hora de resolver las situaciones prácticas– una unidad y prioridad entre
logos y ethos, entre ortodoxia y ortopraxis, a la vez que el culto se presenta como
el mejor garante para mantener tal integridad y prioridad. Serán así, por ejem-
plo, vencidas las visiones incompletas de una moral autónoma o de la disolu-
ción de la fe en el mundo. «Una reforma de la Iglesia que no busque y logre
una profundización de la fe será una deformidad que más tarde o más tem-
prano conduciría a la alienación total con el espíritu de los tiempos y a una ca-
pitulación espiritual» (p. 362), concluye Scheffczyk.
Pablo BLANCO
Robert SARAH, Dios o nada. Entrevista sobre la fe con Nicolas Diat, 3 ed.
Madrid: Palabra («Mundo y cristianismo»), 2016, 352 pp., 14 x 21,
ISBN 978-84-9061-305-4.
Dieu ou rien: entretien sur la foi es el título original de este libro-entrevista
del Cardenal guineano –de Guinea Conakri– Robert Sarah, nombrado por el
papa Francisco Prefecto de la Congregación para el Culto divino y la discipli-
na de los sacramentos. Por su carácter significativo –y aunque son muchos los
discursos y mensajes que ha realizado a lo largo de su vida– este libro puede
considerarse la primera obra del Cardenal Sarah. Salió a la luz a comienzos de
2015 en la editorial francesa Fayard y en pocos meses ha tenido una sobresa-
liente difusión. Ha sido traducido al inglés, castellano, alemán e italiano, y ha
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tenido ya varias reediciones. Además, ha sido presentado en foros importantes
y ha recibido numerosos comentarios y elogios de autores muy significativos.
Es conocida la carta de Benedicto XVI en la que expresa haber leído el libro de
Sarah con «gran provecho espiritual, alegría y gratitud» y en la que remarca:
«Es singularmente relevante y profundo lo que afirma acerca de la centralidad
de Dios, la celebración de la liturgia y la vida moral de los cristianos».
El libro suscitó desde el comienzo un enorme interés. A ello contribuyó,
quizás, el contexto en el que fue publicado, aquellos meses que transcurrieron
entre los dos Sínodos de los Obispos sobre la familia, la III Asamblea General
Extraordinaria de octubre de 2014 y la XIV Asamblea General Ordinaria so-
bre la vocación y misión de la familia celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015.
Pero, sin duda, es la claridad de palabra, el luminoso pensamiento y el testi-
monio conmovedor de su Autor, lo que hace que este libro brille con luz pro-
pia. Una luz que, además, es portadora ejemplar de la vitalidad y la fuerza ca-
racterística de la Iglesia en África. En efecto, el Cardenal Sarah con su gusto
por la sobriedad del lenguaje y su estilo sincero y directo ha sabido aportar cla-
ridad a un ambiente en el que, en ocasiones, la belleza del Evangelio parece
quedar oscurecida por la confusión doctrinal y la desorientación práctica.
Se trata de un libro fruto de numerosas entrevistas, prolongadas durante
varios meses, con el periodista francés Nicolas Diat (cfr. p. 12). El resultado es
un texto perspicaz en sus preguntas y de respuestas muy bien trabadas. La pau-
sa y la amplitud con las que Sarah va exponiendo su pensamiento indican que
estamos ante un libro trabajado con gran esmero. Esto se ve, por ejemplo, en
la riqueza con que son aducidos a lo largo del libro no sólo textos de la Sagra-
da Escritura y del Magisterio reciente, sino también muchas enseñanzas de los
Padres de la Iglesia, especialmente de san Agustín, y de otros santos. Sin em-
bargo, este trabajo esmerado no es suficiente para explicar la altura espiritual
e intelectual del libro; ésta sólo se entiende como fruto maduro de una vida de
fiel entrega al ministerio episcopal.
Introducido por un breve prólogo de N. Diat, el libro está estructurado
en diez capítulos. Los dos primeros, y –en cierto sentido– también el tercero,
constituyen una especie de autobiografía en forma de entrevista. El relato de
los episodios y experiencias de la vida de R. Sarah que conforman estas pági-
nas es cautivador.
Los signos de Dios en la vida de un niño (pp. 11-51), título bajo el que se
recogen los recuerdos de la infancia y del tiempo de preparación para el
sacerdocio del Cardenal Sarah, resume bien el tenor del primer capítulo. En
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estas páginas autobiográficas, las experiencias humanas y la correspondencia
a los dones de Dios quedan entrelazadas como aquellos dos principios esen-
ciales que van haciendo fraguar armónicamente el modo de ser y el modo de
verse a sí mismo del Cardenal Sarah. La memoria de su niñez en el poblado
de Ourous está marcada por la huella imborrable de sus padres, Claire y
Alexandre, y de la vida sencilla y feliz del pueblo coniagui, dedicado a las ta-
reas del campo (pp. 18-25; cfr. pp. 42-45). A esos años pertenece también el
recuerdo agradecido –y lleno de admiración– de los misioneros espiritanos
franceses que con extraordinaria abnegación llevaron a las gentes de Ourous
al amor de Dios, y que se hace especialmente intenso en la figura del padre
Marcel Bracquemond (pp. 28-30; 38-42): «Nunca olvidaré –dice Sarah, refi-
riéndose a Bracquemond– al joven sacerdote que fue el primero en hablarme
del seminario y de mi vocación, y que ayudó a mis padres a organizar mi via-
je hacia una nueva vida, un camino que desde entonces no se ha interrumpi-
do nunca» (p. 42). Estos recuerdos del despuntar de su vida que permanecen
tan vivos revelan –así se desprende de las palabras de Sarah– la acción de
Dios y la delicada correspondencia de un hombre que sabe que su vocación
sacerdotal brota de la Última Cena, en la que «Jesús –dice Sarah– también
pensaba en mí y ya había posado su mano sobre mi cabeza» (p. 29). Se com-
prende así que escriba con sencillez: «jamás dudé de mi vocación» (p. 60).
Con once años salió de su pueblo natal para comenzar los estudios en el
seminario menor de San Agustín de Bingerville en Costa de Marfil. Empren-
día de este modo un camino en el que los deseos de ser sacerdote y de formarse
intelectual y espiritualmente para ello, junto a las dificultades propiciadas es-
pecialmente por los problemas políticos de Guinea, le llevarían de regreso a
Conakri (pp. 34-38); después a Nancy (Francia) y más tarde al seminario de
Sebikotane (Senegal), donde finalizó los estudios previos a la ordenación
sacerdotal (pp. 45-51). Son páginas que permiten entrever la radicalidad con
que estos años, exigentes y amables al mismo tiempo, prepararon al Cardenal
Sarah para vivir de modo gozoso y valiente su sacerdocio y, desde 1979, su mi-
nisterio episcopal.
Precisamente a su ministerio sacerdotal y episcopal está dedicado el ca-
pítulo segundo, La estrella de los Reyes Magos (pp. 53-95). Comienza con su paso
por Roma y Jerusalén, enviado por Mons. Tchidimbo para realizar la licencia-
tura en teología y los estudios bíblicos (cfr. pp. 53-62), y se adentra enseguida
en los años de ejercicio del ministerio en la Guinea convulsa de Séku Turé. La
dictadura marxista de Turé es descrita con realismo y sin dejar que el paso del
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tiempo mitigue la valoración de su crudeza y de las lamentables consecuencias
que tuvo para el pueblo guineano. Baste citar como ejemplo unas pocas frases:
«La mentira y la violencia eran las armas preferidas de un sistema basado en
una ideología marxista destructiva. La economía del país se había hundido y
los habitantes de las ciudades padecían una pobreza extrema. [...] Séku Turé,
obsesionado por la realización de su plan mesiánico, iba cayendo en una cre-
ciente paranoia que le llevaba a ver por todas partes enemigos de la revolución
que tramaban su perdición. Guinea estaba herida, asolada y destruida. Hasta
su alma se iba reduciendo como una flor marchita» (p. 65). En este sentido el
libro de Sarah es una auténtica memoria de Guinea: un homenaje hacia su pue-
blo y hacia su patria. Y es muy lógico que sea así, pues él mismo como arzo-
bispo de Conakri padeció aquella situación en primera persona y fue testigo
directo del sufrimiento de su pueblo al que se entregó enteramente. En este
sentido, es muy elocuente el discurso que pronunció en su despedida de Gui-
nea, antes de marchar a Roma en noviembre de 2001 (pp. 84-87). La libertad
y la fortaleza de Sarah para guiar a la Iglesia de Guinea es un ejemplo de que
el ejercicio del ministerio es indisociable de la personal unión con Cristo (cfr.
pp. 80-82).
En el capítulo tercero (pp. 97-119), más breve, se relatan algunos aspec-
tos de la huella que los pontificados desde Pío XII hasta Francisco han dejado
en la vida de Sarah. En su conjunto, las memorias del Cardenal Sarah, de sus
años como arzobispo de Conakri y de su trabajo en la curia Romana son un
relato sincero, cargado –en ocasiones– de dramatismo, por las propias cir-
cunstancias políticas y sociales en las que tuvo que ejercer su ministerio epis-
copal. Se trata de memorias, sin embargo, que están impregnadas de un sen-
tido del quehacer de un obispo, de su misión, que mira hacia el futuro. No hay
en las páginas de Sarah espacio al recuerdo nostálgico o a la memoria reivin-
dicativa, que con frecuencia caracterizan al género de libros de memorias. Es-
tos libros suelen quedar encerrados en los límites propios de un análisis de la
realidad que ya pertenece al pasado, el libro de Sarah, en cambio, es un relato
lleno de vida.
Hemos prestado especial atención a la primera parte del libro, que da a co-
nocer la figura del Cardenal Sarah, pues es el conocimiento del Autor lo que
permite comprender en su justa medida el alcance de las enseñanzas que se con-
tienen en la segunda parte del libro, más doctrinal que biográfico. Los capítu-
los centrales del libro, En busca de la Iglesia (pp. 121-183), Las piedras angulares y
los falsos valores (pp. 185-200) y Cuestiones del mundo posmoderno (pp. 201-237),
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reflejan el talante pastoral de Sarah, que –podría decirse– es a la vez romano y
africano. Quizás lo más característico de estas páginas del libro, que tratan so-
bre la misión de la Iglesia y las cuestiones más acuciantes que afectan a la vida
de los cristianos, sea el tono profético, es decir, el carácter claro de sus enseñan-
zas y la fortaleza para denunciar la falsedad de planteamientos ideológicos que
dañan al hombre. Podría decirse que las páginas de Sarah poseen el estilo pro-
pio de los buenos maestros que enseñan fortiter in re, suaviter in modo. En este
sentido son muy alentadoras las palabras de Sarah sobre la vocación matrimo-
nial y la misión de la familia.
El capítulo siete, Para permanecer en la verdad, trata pausadamente de las
virtudes de la fe (pp. 239-242), la esperanza y la alegría (pp. 242-245), la mi-
sericordia y el perdón (pp. 245-247). Destacan especialmente las páginas
dedicadas a la oración (pp. 248-254). Las respuestas de Sarah a las preguntas
de Diat son en este terreno especialmente elaboradas. En efecto, la oración es
un tema recurrente a lo largo de todo el libro y su centralidad en la vida del
cristiano, del sacerdote y de la Iglesia es afirmada de muchas maneras. La ora-
ción –afirma, por ejemplo, Sarah al tratar de la formación de los sacerdotes–
«es siempre lo primero», «la Iglesia está hecha únicamente para adorar y re-
zar» (p. 134). A lo largo del libro trata también de la importancia de la vida de
oración en su propia existencia: «Los grandes momentos de una vida son las
horas de oración y adoración. Alumbran al ser, configuran nuestra verdadera
identidad, afianzan una existencia en el misterio. El encuentro cotidiano con
el Señor en la oración: ése es el fundamento de mi vida» (p. 82).
Los capítulos octavo y noveno –el primero, sobre cuestiones como el pe-
cado, el escándalo, el mal, el infierno y el diablo (pp. 259-279), y el segundo,
sobre la Encíclica Evangelii gaudium del papa Francisco (pp. 281-307)– ponen
de relieve la especial preocupación del Cardenal Sarah por la formación de los
sacerdotes y por la necesidad de reavivar la llamada a la santidad.
Cierra el libro un último capítulo, titulado con la expresión agustiniana
Dios no habla, pero su voz es nítida, y que viene a ser una especie de compendio
final donde vuelven a aparecer muchos de los temas que han ido saliendo a lo
largo de la entrevista. En las páginas finales se hace quizás especialmente pre-
sente el tono profético, al que ya nos hemos referido, con el que el Cardenal Sa-
rah expone sus enseñanzas de manera clara y sincera. Baste recoger, por últi-
mo, unas palabras muy elocuentes: «Mientras que hay cristianos que mueren
por su fe y su fidelidad a Jesús, en Occidente algunos hombres de Iglesia quie-
ren reducir al mínimo las exigencias del Evangelio. [...] En realidad, el verda-
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dero escándalo no consiste en la existencia de pecadores, pues para ellos exis-
ten siempre la misericordia y el perdón, sino en la confusión entre el bien y el
mal que se da entre los pastores católicos. Si hay hombres consagrados a Dios
que ya no son capaces de comprender la radicalidad del mensaje del Evange-
lio y pretenden anestesiarlo, estamos errando el camino. Ahí está la auténtica
falta de misericordia» (p. 341).
Puede decirse para concluir que Dios o nada es un libro de una gran perso-
nalidad que es difícil de clasificar. Es un libro autobiográfico y al mismo tiem-
po un libro de lectura espiritual, un libro de abundantes enseñanzas magisteria-
les y un testimonio de fe conmovedor. Quizás el propósito de Sarah al publicar
esta entrevista sea llevar a cabo lo que él mismo define como la caridad más
grande: «dar a conocer a Dios manifestado en su Hijo en la Cruz» (p. 312).
Miguel BRUGAROLAS
Lewis R. RAMBO and Charles E. FARHADIAN (eds.), The Oxford Handbook
of Religious Conversion, Oxford-New York: Oxford University Press, 2014,
xiii + 803 pp., 17,5 x 25,5, ISBN 978-0-19-533852-2.
Las conversiones religiosas, tanto de individuos como de comunidades,
han sido desde siempre un importante factor transformador de personas, pue-
blos y culturas. Las experiencias de cambio espiritual de personajes como
Buda, Confucio, Asoka, Pablo de Tarso o Mahoma son ejemplos concretos de
cómo la conversión religiosa ha inspirado algunos de los más grandes cambios
de la historia de la humanidad. Y es que este fenómeno posee un enorme po-
der para modificar la manera en que los seres humanos comprenden y afron-
tan sus propias vidas, el ámbito de lo divino, el cosmos y el entorno natural.
Si el tema de la conversión religiosa ha sido objeto de reflexión académi-
ca ya desde finales del siglo XIX, hoy en día este interés se ha multiplicado ex-
traordinariamente, conquistando un lugar cada vez más significativo en los de-
partamentos universitarios de estudios sobre la religión de todo el mundo. Son
varias las circunstancias que confluyen en este florecimiento. Por un lado, es-
tán los nuevos contextos nacidos con la globalización social y cultural que,
además de favorecer el intercambio religioso, han provocado un mayor flujo
de las personas entre las distintas confesiones y credos. Por otro lado, hay que
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