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Cacicas Aztecas

El artículo analiza el papel de las mujeres en las sociedades mesoamericanas, destacando la importancia de las cacicas en el sistema sociopolítico antes y durante la conquista española. A través de un estudio de documentos pictográficos, se argumenta que las mujeres desempeñaron roles significativos en la gobernanza y la administración de tierras, conservando derechos y privilegios incluso bajo el régimen colonial. Se mencionan ejemplos de mujeres cacicas, como doña Isabel Moctezuma, y se discuten las transformaciones en su estatus social y político a lo largo del tiempo.

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Cacicas Aztecas

El artículo analiza el papel de las mujeres en las sociedades mesoamericanas, destacando la importancia de las cacicas en el sistema sociopolítico antes y durante la conquista española. A través de un estudio de documentos pictográficos, se argumenta que las mujeres desempeñaron roles significativos en la gobernanza y la administración de tierras, conservando derechos y privilegios incluso bajo el régimen colonial. Se mencionan ejemplos de mujeres cacicas, como doña Isabel Moctezuma, y se discuten las transformaciones en su estatus social y político a lo largo del tiempo.

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Está aquí: Inicio | Ediciones | vol. 57 num. 4 octubre-diciembre 2006 | Códices | Mujeres
reales, mujeres cacicas: un análisis ...
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Mujeres reales, mujeres cacicas: un
análisis ...
Introducción
Las sociedades mesoamericanas se regían por un complejo sistema
sociopolítico, del cual generalmente se ha destacado el papel de los
gobernantes varones.
Por tal motivo, este artículo pretende establecer la importancia de la
mujer en el México antiguo, a partir de un pequeño análisis sistemático
de la imagen y de los elementos diagnósticos conferidos a ciertas
representaciones femeninas, localizadas en un corpus de documentos
pictográficos del altiplano central, que nos permiten la introducción de
nuevos argumentos sobre el papel preponderante de la mujer. De ahí
que las llamemos “imágenes del poder”. De acuerdo con la teoría de la
escritura mesoamericana, propuesta por el doctor Joaquín Galarza,
partimos de que los códices o documentos pictográficos son escritura, es
decir, pertenecen a un sistema de escritura tradicional indígena. Por tal
motivo, se llama escritura a “...un conjunto de unidades gráficas
mínimas, recurrentes, combinables, que transcriben unidades fonéticas
(sonido) y semánticas (significado) de una lengua dada (Galarza, 1996,
pág. 153).
La implantación del régimen colonial provocó procesos de cambio en la
sociedad indígena, que afectaron múltiples rasgos de su cultura. Este
cambio se ve en las representaciones pictográficas de las mujeres, así
como en las reglas del sistema de escritura indígena tradicional a partir
de sus propias convenciones. Con ello, se entiende la gama de
información contenida en este tipo de documentos, que tratan de la
cosmovisión del México prehispánico-colonial. Recordemos que este
sistema de escritura se vio trastocado, y tuvo que adaptarse a los
cambios, y resolver las dificultades que ocasionó la incorporación del
castellano para poder continuar con su función social de registro de
memoria colectiva, y al mismo tiempo su función de comunicar y dirimir
conflictos entre las comunidades y el imperio español.
En este sentido, retomaremos como ejemplo a ciertas mujeres reales, es
decir, a las mujeres cacicas, para conocer mejor a aquellas personas que
fueron dueñas de tierras antes de la conquista y aún después de ella, y
que sustentaron gran poder. (Hay que aclarar que el término “cacica”
empezó a utilizarse a mediados del siglo xvi, con la llegada de los
europeos, debido a cuestiones jurídico–políticas. Los tlatoques y nobles,
antes de ser conquistados, llamaban cihuapilli a las mujeres nobles).
Nuestra tarea es considerar que el estilo, la forma y plasticidad de la
representación pictográfica, unidas a un desarrollo histórico, nos
servirán para esclarecer este cambio y recuperar el valor de las
manifestaciones plásticas indígenas–coloniales, a la luz de los ojos del
propio tlacuilo, y tratar de ver cómo dio solución pictográficamente a
esta mezcla cultural.
Cuando una niña nacía, ya tenía determinado su ambiente social.
Generalmente, si era de la nobleza, la partera le daba la bienvenida con
algunos rituales como el baño y el corte del cordón umbilical

Contexto histórico-social del


cacicazgo
Parece conveniente dar algunos pormenores de lo que fue el cacicazgo.
De acuerdo con algunos autores, antes de la conquista éste era
“...hereditario, y pasaba de padres a hijos por orden de primogenitura y
a falta de varón a la hija mayor, siempre que casara o estuviera casada
con persona de igual categoría o nobleza” (Pastor, 1987, pág. 77).
Al tiempo que los españoles conquistaban la gran Tenochtitlan, la
sociedad nahua estaba constituida por dos estamentos sociales: la
nobleza, o pillis, y el común del pueblo, o macehuales. La primera se
había constituido por medio de funciones heredadas y de matrimonios
de las hijas de los señores de los calpullis. Por su parte, los sacerdotes, a
la llegada de los españoles, formaban un estamento políticamente muy
poderoso y de carácter muy cerrado. Las diferencias entre los dos
estamentos sociales indígenas eran profundas y definitivas. Todo, en
suma –nacimiento, educación, oficios, honores y hasta vestimenta–
dividía perfectamente a estos dos sectores (Gibson, 1977; Broda, 1986;
García, 2001; Pastor, 1987).
Cuando una niña nacía, ya tenía determinado su ambiente social.
Generalmente, si era de la nobleza, la partera le daba la bienvenida con
algunos rituales como el baño y el corte del cordón umbilical.
Posteriormente, como lo vemos en fuentes como el Códice Mendocino,
empezaba su educación a los tres años: se le enseñaba a utilizar el huso
y la rueca, es decir, se le enseñaban los conocimientos generales de
toda mujer.
Ya adultas, las mujeres principales tenían el respeto y obediencia del
pueblo: gobernaban y mandaban como los señores. De ellas se exigía
una serie de virtudes de acuerdo a su estatus social, tales como regir
bien a sus vasallos, castigar justamente, poner leyes y dar órdenes.
Aquellas que no cumplieran con estos deberes, arruinaban su
gobernación (Gibson, 1977, pág. 73).
Al efectuarse la conquista, lo primero que resultó afectado fue la
organización social indígena a nivel estatal y regional, y dentro de ella,
la aristocracia se vio afectada: tlatoques y cihuapillis, sacerdotes y
comerciantes.
El gobierno español, por su propia organización monárquica, consideró a
la nobleza indígena como una clase social de enorme interés para las
autoridades, ya que se dieron cuenta que ellos eran los que controlaban
y representaban al pueblo. A través de ellos era fácil controlar el poder,
ya que los españoles desconocían su religión, su tradición, su lengua. Así
fue como el tecuhtli indígena tomó importancia debido a que los
repartimientos, el control del tributo y la justicia no eran posibles sin él.
Eso permitió su supervivencia durante la época colonial.
Entre las transformaciones significativas que trajo la llegada de los
españoles estuvo el cambio del término tecuhtli (señor) por el de
“cacique” (en el caso de la mujer, cihuapilli por “cacica”). Durante la
colonia encontramos entre los indígenas la antigua nobleza, formada por
caciques y principales, y la nueva aristocracia proveniente de los
antiguos macheuales.
Los caciques tenían funciones gubernativas, judiciales y fiscales, en las
cuales les ayudaban los principales. Estas funciones fueron modificadas
cuando se introdujo el régimen municipal en los pueblos indígenas, al
nombrar alcaldes y gobernadores, aunque en realidad continuaron con
el poder durante un largo periodo.
Las indias nobles
La existencia de las cacicas en las sociedades indígenas fue observada
por los conquistadores, quienes reconocieron su importancia como
autoridades intermedias para controlar al pueblo. El gobierno español
les reconoció su posición social y sus derechos, pero con ciertas
imposiciones y limitantes. Entre la nobleza indígena, la categoría de
“cacica” era transmitida por herencia o por nombramiento del tlatoani;
el hecho de ser patrimonial daba lugar a que las mujeres pudieran
ocupar el puesto como titulares y heredarlo. Si bien la mujer noble era
considerada como una “joya” desde su nacimiento, cuando llegaba a ser
cacica era especialmente estimada y respetada.
Las Leyes de Indias tuvieron algunas consideraciones para con esta
clase de mujeres, ya que les valieron el reconocimiento de sus derechos
a los cacicazgos, con todos sus títulos y privilegios. Así, durante el
virreinato las cacicas tuvieron iguales prerrogativas que los caciques
varones, fueron reconocidas tanto por los indígenas como por los
españoles, quedaron exentas del pago de tributos y tuvieron derecho a
recibir tributos de sus cacicazgos, como señoras que eran de sus
pueblos, conservando sus tierras y más aún, incrementando su
propiedad territorial a base de “mercedes reales”. Las mujeres de
sangre mestiza conservaron también todos los derechos de las cacicas
indígenas, y se les reconoció el dominio sobre sus tierras.
Entre las concesiones sociales que las indias pretendían, además
de las económicas, estaban el derecho de usar los escudos de
armas, tener derecho a entierros solemnes, asiento separado en
las funciones públicas y ser llevadas a sus casas solemnemente
en el medio de transporte que quisieran, excepto en sillas de
mano.
En la parte jurídica, al igual que los caciques varones, gozaban de
un fuero especial, pues no podían ser aprehendidas por los jueces
ordinarios, salvo por delito grave, y el tribunal que veía sus casos
era la Real Audiencia. A lo anterior se añadieron otros privilegios
como las pensiones que les otorgó la corona, señaladamente a las
descendencias de los tlatoque indígenas.
Las Leyes de Indias tuvieron algunas consideraciones para con
esta clase de mujeres, ya que les valieron el reconocimiento de
sus derechos a los cacicazgos, con todos sus títulos y privilegios
Otro de sus singulares derechos fue el de utilizar caballo para
transportarse y acudir directamente al rey con sus peticiones.
Hubo dos derechos más que nos dan una imagen de ellas como
damas de la Nueva España: uno fue vestirse a la usanza de los
españoles, y el otro, el de titularse “doñas”, lo cual indicaba su dignidad
de “grandes señoras” con nobles antepasados. En aquellos tiempos, ese
título era tan importante que en los procesos judiciales y aun en el
ingreso a instituciones se aducía como título de hidalguía el de ser
llamados “don” y “doña”. Además, los reyes les concedieron escudos de
armas, que ellas utilizaron para hacer valer sus derechos y que podían
colocar en sus casas; en algunos casos, tenían el derecho a usar la vara
de mando (García, 2001; Pastor, 1987).
El interés de conservar a la nobleza indígena durante la colonia exigió
que se establecieran ciertas normas para proteger la sucesión. Se sabía
que unos caciques lo eran por nombramiento de Moctezuma, en tanto
que otros lo eran por herencia de padres y abuelos, y que algunos más
lo eran por elección. Al consumarse la conquista, la cosa se complicó, ya
que los encomenderos, así como los frailes, se tomaron la libertad de
nombrar nobles ellos también. Esta nobleza indígena se conservó hasta
la época independiente, ya que en ella se desconocieron la validez de
títulos, escudos de armas y demás privilegios otorgados por los
monarcas españoles. Los nobles indígenas desaparecieron como clase
social. Esta serie de hechos fueron motivo posteriormente de diversos
pleitos y litigios: es así como conocemos una serie de documentos que
fueron producidos dentro del aparato administrativo colonial, elaborados
en ciertos casos con fines precisos ligados principalmente a problemas
de tenencia de la tierra o a los intentos de la nobleza antigua por
recuperar sus privilegios.
De las numerosas mujeres que
fueron titulares de cacicazgos,
podemos mencionar a doña Isabel
Moctezuma, doña Juana de los
Ángeles cacica de Xochimilco,
doña Juana de los Ángeles, hija de
don Diego Tlilpotonqui Señor de
Tepetlaoztoc, a doña María de
Mendoza Austria y Moctezuma, a
doña Mónica de Mendoza de
Austria Moctezuma, a doña Ana
María Moctezuma Cano y a la
infanta Beatriz Cano, entre otras.
Como consecuencia de este
análisis sistemático, la primera
imagen a describir podemos
localizarla en el Códice Cozcatzin
(f.1v), perteneciente al siglo xvi y
cuyo contenido es de tipo
histórico-genealógico.
Asumimos que se trata de doña Isabel Moctezuma, y que de acuerdo
con lo que se sabe, ella fue hija legítima del emperador y la emperatriz
Teizcalco. En nombre de Carlos V recibió en 1523 la encomienda de
Tacuba, por ser considerada heredera del señor de México, y fue
colmada de grandes privilegios, donde este cacicazgo pasó a sus hijos
varones para posteriormente pasar a una mujer, doña María Cano
Moctezuma. Doña Isabel fue la mujer del conquistador Alonso de Grado
(Alvarado) (Figura 1).
En este caso, y a juzgar por la pictografía, el tlacuilo la identificó
dibujando sobre ella el glifo de Moctezuma, su padre, restándole
importancia a su propio nombre, Ichcaxo¯chitl, que puede ser traducido
como “flor de algodón”.
Dentro de la misma pictografía hay una glosa que dice: “Doña Isabel de
Muntesçuma, hermana de don Pedro Tlacaquepan. Hija del emperador
Muntesçuma de México”.
En cuanto a sus elementos diagnósticos, en una primera lectura
tenemos (véase Figura 1):
a) Descripción: Este elemento está conformado por un conjunto de
líneas mixtas delineadas en color negro con coloración de la superficie
con técnica de aguada, que representan una figura humana femenina.
b) Dentro de sus atributos: Podemos decir que está sentada a la manera
tradicional indígena, o sea, en cuclillas sobre sus propias piernas
plegadas. En cuanto a su indumentaria, ella porta un elegante huipilli de
algodón delgado, bordado al estilo tenixyo (con ojos por toda la orilla,
según con lo registrado por fray Bernardino de Sahagún), el cual es una
vestimenta propia de la mujer. Es una camisa larga, de una sola pieza, y
en la parte superior se distingue la apertura o cuello para introducir la
cabeza; está decorada con un cuadrado a la altura del pecho, conocido
comúnmente como “cuadrete”. Aparte del adorno en la apertura
superior se puede ver que presenta un diseño en la parte inferior, que
enmarcan, en este caso, aplicaciones de finísimo pelo de pecho de
conejo, que se conoce como tocho¯mitl (Motolinía: pág. 259).
En cuanto al cueitl, representan las “naguas” o enredo de una mujer.
Aunque no se ve enteramente, presenta un diseño o ribete en la parte
inferior, en este caso enmarcado sutilmente por líneas mixtas
delineadas en color negro, formando grecas. Las naguas eran utilizadas
por las mujeres, y se presupone que en este caso se trata de una pieza
elaborada a base de algodón, material que era utilizado sólo por las
mujeres nobles.
Sus pies aparecen desnudos; est á peinada a la manera tradicional de
las mujeres en el México antiguo, que consistía en cabello largo
colocado hacia atrás, circularmente en amplia curva sobre la nuca y
después recogido hacia delante, terminado en una especie de
“cornezuelos” que sobresalen de la frente. También podía ser trenzado y
enredado con el mismo pelo a la altura de la frente, es decir que pudiera
ser que este peinado alto estuviera formado de dos trenzas que se
ajustan a la altura de la cabeza dando un aspecto de “cuernos” o puntas
levantadas. Podemos decir que era un peinado a la manera clásica o
tradicional de las mujeres mexicas.
c) Comentarios: De acuerdo con sus atributos, como el peinado y la
vestimenta, podemos inferir que se trata de una mujer y señora
importante, noble y casada, de la más alta jerarquía social de la época.
De acuerdo con nuestro análisis
podemos decir que esta imagen
nos da el trasfondo o información
básica, mucho más colorido, sobre
la manera de vestir de la antigua
nobleza, mostrándonos una
expresión plástica en donde
plasmaron los referentes de su
propia realidad, como el lector
verá.
Nuestra segunda imagen es otra
representación de la misma doña
Isabel Moctezuma, la cual
podemos ver en el Códice García
Granados A4, del grupo
Techialoyan, cuyo contenido
temático es sobre tierras.
Nos habla de nuevas
convenciones, pero al mismo
tiempo el contenido aún está
apegado al mundo nahua, y las
mismas formas y convenciones
varían de las españolas, a veces
en sutilezas, a veces en rasgos básicos. Ya empieza a darse una
variación en la plasticidad indígena: si bien se sigue utilizando la
escritura tradicional indígena, también se observan nuevas técnicas,
como recurrir a cuerpos representados casi de frente (Figura 2).
La tercera pictografía muestra otra escena de una mujer cacica; la
encontramos registrada en el Códice Azcatitlan, lámina xxix. Como
podemos ver, es una mujer montada según la costumbre de su sexo;
lleva un sombrero y un manto en la cabeza. No se puede saber si es
casada, pero muy probablemente era una mujer noble, por ir montada a
caballo (derecho de las cacicas). Cabe destacar que va ataviada por
ropas ya no tan tradicionales, como el huipilli, además de llevar zapatos
negros. Los demás detalles de esta escena se refieren a: “...una
procesión de personas a caballo... Más abajo y en la esquina izquierda,
una mujer les acompaña, montada según la costumbre de su sexo.” De
esta imagen podemos mencionar que las formas ya revelan una fuerte
influencia española, donde no sólo se ve el cambio en los trazos sino
también las nuevas temáticas, producto del aparato administrativo
colonial (Figura 3).
La cuarta pictografía femenina
muestra a una cacica llamada
doña María Ylamateutli, señora de
Cholula, cuyo esposo fue el
cacique Quetzalcoatzin. Se
encuentra ataviada con
un huipilli verde jade y cuadrete
blanco en el pecho. Doña María
luce un rostro hierático que dibuja
una adusta senectud; como
remate de solemnidad, un
pequeño sirviente transporta un
parasol con el que cubre al ilustre
personaje.
De esta imagen podemos destacar
que ya se muestra claramente
influida por las convenciones
españolas; no hay énfasis en la indumentaria y a la plasticidad nahua se
le resta importancia. La nueva organización colonial está presente
(Figura 4).
Finalmente tenemos una quinta imagen, del manuscrito 233 que se
encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia (este material forma
parte del Proyecto Amoxcalli del CIESAS DF-Conacyt, a cargo de la
doctora Luz María Mohar Betancourt), donde nos muestra un detalle de
la descendencia de la familia Moctezuma Cano. En ella podemos ver
cómo se va modificando la manera de representar a las mujeres, y como
detalle podemos ver a la infanta Beatriz Cano con un estilo muy distinto
en su manera de vestir e incluso en su peinado (Figura 5).
Consideraciones
finales
Primeramente, debo resaltar la
importancia de trabajar este tipo
de documentos; debemos
mantener en claro que los códices
son un sistema de escritura, línea
de investigación que aún sigue en
desarrollo constante. De igual
forma, debemos tomarlos también
como una expresión plástica cuyos
autores, los tlacuilos, plasman los
referentes de su propia realidad,
es decir, dejan huella de la cultura
intangible generada por la
sociedad en la cual estaban
inmersos, desde luego sin perder
de vista el objeto de estudio.
Así, hay que destacar que el
estudio de estas pictografías de
mujeres cacicas permitió esbozar la forma y función de las tradiciones
históricas nahuas y examinar cómo fueron modificadas por la conquista
y el subsiguiente gobierno colonial español. Nos hablan del papel
preponderante de la mujer, ya que tanto en la cultura española como en
la indígena, durante la época colonial, las
mujeres podían hacerse valer.
De igual manera, y de acuerdo al desglose de
estas pocas imágenes, podemos concluir
tentativamente que hubo un declive de la
simbología prehispánica y que se presentó la
aparición de formas expresivas que
anunciaban nuevas realidades: imágenes que
se confeccionaron con varios fines,
ilustraciones que permiten ver la
espectacularidad y grandiosidad características
de las ceremonias y símbolos del poder de
éstas en la Nueva España.
También podemos decir que para la época
colonial se desarrolló un estilo que simplificaba
radicalmente la iconografía antigua, y se
incorporaron ciertos elementos culturales
nuevos como iglesias, molinos, animales,
etcétera, combinando glifos con letras y desarrollando nuevos temas. En
este sentido, pudimos ver que en los primeros tiempos coloniales las
mujeres eran representadas sentadas a la forma tradicional y de perfil;
con el paso del tiempo esto se modificó al grado de que podemos ver
representaciones de mujeres de frente, vestidas a la usanza española y
montadas a caballo.

Finalmente, podemos decir que para finales del siglo xvi y principios del
xvii, la imagen va degenerando y perdiendo calidad; en cambio, el
alfabeto con caracteres latinos empieza a dominar los escritos. Así, los
nobles indígenas se apropian de los nuevos símbolos para poner por
escrito su derechos de linaje y los de sus tierras.

Bibliografía
Broda, Johanna (en prensa), “La comunidad indígena en el siglo xvi,
reflexiones históricas y teóricas” (versión revisada de la publicada en
1980, bajo el título de: “Corona española, comunidades indígenas y
tributo en el centro de México, en el siglo xvi”, Cuicuilco, ENAH, México,
Año 1, Núm. 2, págs. 29-36).
Fernández de Recas, Guillermo (1961), Cacicazgos y nobiliarios
indígenas de la Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma
de México, pág. 351 (con ilustraciones). García Castro, René (2001), “De
señoríos a pueblos de indios. La transición en la región otomiana de
Toluca (1521-1550)”, en Francisco Hermosillo Adams (coord.), Gobierno
y economía en los pueblos indios del México colonial, México, inah, págs.
193-211.
Galarza, Joaquín (1979), Estudios de escritura indígena tradicional.
Azteca-náhuatl, México, Archivo General de la Nación, CISINAH,
(colección “Manuscritos Indígenas Tradicionales”, 1). Gibson, Charles
(1977), “Encomiendas y corregimientos”, en Los aztecas bajo el dominio
español 1519-1810, 3ª. edición, México, Siglo xxi, págs. 63-100.
Pastor, Rodolfo (1987), “Conquista e institucionalización del dominio
español”, en Campesinos y reformas: la mixteca 1700-1856, México,
Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México, págs. 63-102.

Sonia Angélica Hernández Rodríguez es maestra en historia y


etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Actualmente está suscrita al doctorado por la misma institución. Hizo su
tesis sobre el tema “La mujer en los códices nahuas: un acercamiento
pictográfico”. Su tema de interés es el análisis del sistema de escritura
tradicional indígena-náhuatl. Participó en el Mega Proyecto Amoxcalli
ciesas-Conacyt con la elaboración del diccionario de glifos del
Documento No. 029 de la Biblioteca Nacional de Francia.
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Totoltepec, Tlalpan, C.P. 14400, México, Ciudad de México

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