Daniel Kahneman, es un psicólogo israelí, ganador del Premio Nobel
de Economía en 2002, reconocido por sus investigaciones sobre la
irracionalidad en la toma de decisiones.
Cuenta Kahneman:
“ Philip Tetlock, un psicólogo de la Universidad de Pensilvania, explicó estas
llamadas predicciones de expertos en un estudio que durante veinte años
marcó un hito y que en 2005 publicó en su libro "Expert Political Judgment:
How Good Is It? How Can We Know?"
Tetlock entrevistó a 284 personas que en los medios de comunicación hacían
«comentarios o daban consejos en relación con tendencias políticas y
económicas». Tetlock les pidió que estimaran las probabilidades de que en
un futuro no muy lejano ocurrieran determinados acontecimientos tanto en
zonas del mundo en las que estaban especializadas como en regiones que
conocían menos.
¿Sería Gorbachov destituido tras un golpe de Estado? ¿Iría Estados Unidos
a una guerra en el golfo Pérsico? ¿Qué país sería el siguiente gran mercado
emergente? Tetlock reunió un total de más de 80.000 predicciones. (…) Los
resultados fueron demoledores. (…). En otras palabras, personas que se
pasaban y se ganaban la vida estudiando un tema particular hacían
predicciones con menos aciertos que los de unos monos lanzando dardos.”
(Daniel Kahneman, “Pensar rápido, pensar despacio”)
Seguramente los que más saben lo hacen un poco mejor y predecir
sobre tendencias a corto plazo basados en suficientes datos
recientes pueden prestarse a menos errores. Pero parece haber
consenso en que las predicciones a mediano y largo plazo en las
ciencias sociales son muy poco fiables.
“…la lección a aprender no es que quienes hacen predicciones cometen
muchos errores sino que los errores de predicción son inevitables porque el
mundo es impredecible”. (Kahneman).
Nassim Taleb es un filósofo y estadístico libanés cuyo audiencia se
compone, habitualmente, de expertos “tomadores de decisiones”:
empresarios, planificadores, profesionales del marketing,
estadísticos, operadores bursátiles, analistas de mercados que
deben prever escenarios más o menos futuros. A todos les
advierte: “el mundo no es previsible”. Y cuenta, para ilustrar su
afirmación, que hasta la llegada del hombre blanco a Australia, a
fines del siglo XVIII, los ornitólogos “sabían” que las aves
pertenecientes al género Cygnus, los cisnes, eran blancos. A partir
de entonces supieron que también podían ser negros.
Análogamente, sostiene Taleb, podemos intentar hacer
predicciones sobre política, sobre economía, sobre la cultura,
podemos imaginar el futuro de casi todo y algunas de estas
predicciones, en el mejor de los casos, parecerán correctas hasta
que aparecen, más frecuentemente de lo que desearíamos, los
cisnes negros. Entonces todo cambia.