Direccion Resumen
Direccion Resumen
Hoy no podemos pensar empresas o negocios que no posean un plan estratégico de respaldo,
pues la turbulencia de los mercados, la incertidumbre y la inestabilidad hoy más que nunca
demandan la necesidad de definir con exactitud qué quiere lograrse, qué hacer en el mercado, a
quién dirigirnos y principalmente cómo distinguirnos.
El gran desafío de los gerentes de hoy es dirigir a la organización de tal manera que pueda
conseguir una posición competitiva en el mercado, lograr un diferencial que la distinga de los
demás actores, para ser rentable y sustentable. Para ello deben pensar en las necesidades de sus
clientes, analizar y entender profundamente el entorno y los recursos disponibles. Sobre todo,
anticiparse a las acciones de sus principales competidores.
Estructura: Por cierto, hay infinidad de definiciones de “estructura”. Algunas son más complejas y
completas que otras.
- Henry Mintzberg (1984), la define como “una estructura organizacional es el conjunto de todas
las formas en que se divide el trabajo en tareas distintas y la posterior coordinación de las
mismas”.
Control estratégico: se relaciona con el seguimiento y la comprobación sobre la marcha del plan
estratégico. Se requiere el uso de indicadores para medir el desempeño. La herramienta idónea,
para ello, es el Cuadro de mando integral.
La planificación supone la definición de una situación deseada. Cuando ese plan es el plan
estratégico, el objetivo del mismo es la visión y la misión organizacional.
El proceso estratégico (1997), los cambios en el entorno han sido tantos y tan constantes que hoy
estamos frente a mercados que se caracterizan por:
Sobredimensionados de oferta.
Consumidores profesionalizados.
Límites diluidos.
Nuevas tecnologías que aceleran el ritmo y los hábitos de los clientes.
El comportamiento de los clientes varía.
Las nuevas generaciones piensan y valoran diferente, eligen y cubren sus necesidades de
distinta manera.
Sistema de planificación
En el sistema integrado
de planificación y control, podemos ver la relación que hay entre ellos, cómo se afectan y qué
tipos de planes y pasos se desprenden o cada uno implica.
• Perspectiva - Esta es una de las dimensiones que posiciona a la empresa en una mirada hacia
afuera de la organización. La perspectiva refleja la manera particular que posee la compañía en su
percepción del mundo que la rodea; es la idea de negocio que el líder tiene sobre su empresa. La
perspectiva es consistente con el concepto de visión, ya que no se modifica ni se altera en el
tiempo.
• Posición - Se refiere al lugar que la organización ocupa en el mercado. Desde esta dimensión, la
estrategia es la fuerza mediadora entre la empresa y el medio ambiente. Es el sitio de la empresa
en relación con los competidores y las demás fuerzas del mercado. Este concepto refleja la mirada
del cliente y el valor que él le da a la organización.
Clasificación de estrategias:
Niveles de estrategia:
Estrategias Corporativas: Son desarrolladas por los grupos empresarios que poseen más de un
negocio o más de una unidad estratégica de negocios donde lo que definen es qué vínculo o
relación tendrán estos.
Diversificación (relacionada o no): implica desarrollar distintos negocios. La diversificación
relacionada se lleva a cabo cuando una empresa decide tener todos sus negocios en
relación con una misma actividad (Walt Disney, por ejemplo). Por su parte, la
diversificación no relacionada se presenta cuando las distintas unidades estratégicas que
posee la empresa están en diferentes sectores o mercados y no mantienen relación entre
ellos.
Integración (vertical y horizontal): se efectúa cuando la empresa decide desarrollar
diferentes negocios, pero estos son desarrollados en función de su proceso de
aprovisionamiento (vertical hacia atrás) y distribución (vertical hacia adelante). La
integración horizontal significa que la empresa crece adquiriendo a su competencia.
Estrategias de negocio: Estas corresponden a aquellas que asume cada empresa para el desarrollo
del negocio.
Porter se centra en el valor percibido que se ofrece al mercado, y clasifica las estrategias de la
siguiente manera:
Estrategias de crecimiento:
Penetración
Desarrollo de mercado
Desarrollo de producto
Diversificación.
Objetivos:
Para poder medir un objetivo, es necesario establecer cuándo, cómo y en cuánto tiempo se
medirá. Lo importante es determinar qué hará la empresa y qué quiere para el desarrollo de
negocio. Luego de ese objetivo central, surgirán todos los objetivos de la empresa y será la
dirección estratégica la que guiará, coordinará y alineará a la organización hacia este objetivo
deseado.
El plan estratégico es el que marca el rumbo de la organización, da sentido al negocio y delinea los
límites de la acción de una empresa.
OBJETIVO: es una situación deseada a futuro acompañado por las acciones necesarias para
alcanzarlo.
Ejemplos:
Los objetivos funcionales surgirán de las necesidades de la empresa de ajustar o adaptar las áreas
al plan estratégico.
Se puede medir lo cualitativo y lo cuantitativo, por lo que solo debemos saber qué queremos
lograr para poder definir qué computaremos y de qué manera lo haremos. Esto se realizará a
través de indicadores.
Los indicadores son instrumentos o ratios que permiten medir el desempeño de la organización;
representan valores relativos que muestran la situación evaluada considerando el todo que las
contiene.
El plan determina la situación deseada que quiere lograrse, mientras que el control permite:
Es por medio del control que el plan puede volver a encausarse frente a un desvío.
El control de gestión va más allá del control unidimensional o basado en el presupuesto. El control
presupuestario o administrativo supone un sistema donde la organización puede visualizar,
analizar y gestionar la multiplicidad de indicadores que le permitirán dar cuenta de su situación.
Esto significa que la empresa puede saber cómo está su situación con los clientes, con sus
empleados, con los procesos de trabajo internos, con los objetivos de mercado, con la capacidad
de desarrollo, etcétera, es decir, con todas y cada una de las dimensiones en las que se desagrega
el plan estratégico en su proceso de implementación.
En la década de los noventa, Kaplan y Norton, definieron el concepto de cuadro de mando integral
(CMI), que es una herramienta de gestión que permite mirar la totalidad de la organización y sus
principales objetivos con el propósito de poder evaluar cómo está la empresa respecto de su
situación deseada.
El CMI podría considerarse como la otra cara del plan estratégico de la empresa, aquella que se
centra en los indicadores o factores de medición (cuantitativos o cualitativos) que permitirán dar
cuenta del desarrollo de la empresa, del desempeño de su plan y de su situación de mercado.
El CMI propone contemplar todas aquellas dimensiones o aspectos que afectan la gestión de la
empresa y le permite a la organización lograr la posición buscada.
Accionistas y clientes poseen objetivos diferentes, y la empresa debe tener la habilidad de dar
respuesta a ambos; los accionistas buscan la rentabilidad de su dinero invertido, mientras que los
clientes buscan la satisfacción de la necesidad que los lleva a adquirir el producto o servicio.
Este es el principal cambio que propone el CMI, que trata de incluir la perspectiva del cliente
dentro del resultado generado por la empresa, y es en función de ella que la organización se
organiza, trabaja y se predispone a generar los resultados esperados. Propone una herramienta
integral y sistémica que incorpora al accionista, al cliente y el funcionamiento interno, con el
propósito de poder medir el avance del plan estratégico.
El CMI plantea desglosar el plan estratégico en cuatro dimensiones que permiten dar cuenta,
desde diferente lugar, de la situación y del avance del plan. Estas dimensiones son:
Cada una de las perspectivas mira el plan desde un lugar específico, pero siempre considerando
que este es un sistema que mantiene y posee interrelación. Todas deben estar integradas y
vinculadas entre sí respecto de la estrategia de la empresa. Cada una de estas dimensiones
contiene y conjuga los diversos indicadores vinculados en los objetivos de la compañía. Según el
negocio o la actividad que desempeñe la empresa y la estrategia que desarrolle, puede que alguna
tome más sentido que otra, pero todas deben considerarse.
El CMI permite:
La planificación y el control son dos funciones que no pueden separase, ya que cada una de ellas
pierde sentido sin la otra. De nada sirve invertir tiempo y dinero en elaborar un plan, si luego este
no se verificará y, por el otro lado, sin plan, el control nada puede verificar.
Kaplan y Norton (2014) establecen que el punto de partida en el diseño del CMI es la definición de
la situación estratégica de la empresa, ya que es la estrategia la que marcará el rumbo del negocio
y del plan.
Del objetivo estratégico de la empresa surgirá el resto de los objetivos organizacionales; por ello,
es de suma importancia acordar cuál es el propósito del plan estratégico y cómo y cuándo se lo
medirá.
El CMI es un sistema integrado de gestión que mide la evolución del plan estratégico y les permite
a todos los involucrados en el proceso conocer la
situación. Por ese motivo, muchos autores lo
consideran un modelo de seguimiento, adaptación y
aprendizaje en relación con el desempeño de la
organización en su mercado.
PERSPECTIVA FINANCIERA
El CMI permite visualizar la estrategia y, desde la perspectiva financiera, los indicadores que se
definan para cada objetivo deberían permitir mostrar la situación económica y financiera de la
empresa, su rentabilidad, su margen, etcétera. Por supuesto que esta situación cambiará según
cuál sea el momento y el desafío de la compañía, puesto que los objetivos financieros están
afectados por la situación de la empresa. En etapas de desarrollo y crecimiento, el ente requiere
invertir para alcanzar su posición y esto lleva a menor rentabilidad que cuando la empresa ya está
posicionada.
Los indicadores vinculados con esta perspectiva son aquellos que puedan mostrar:
Esta perspectiva se centra en el mercado y, desde la visión del cliente, contempla cuáles son los
segmentos en que opera la empresa, el nivel de satisfacción que hay, el posicionamiento de la
compañía, el valor agregado, etcétera.
El foco se centra en el cliente y sobre aquellos aspectos que podemos medir sobre su gestión:
La cantidad de clientes.
El nivel de satisfacción.
La rentabilidad por el tipo de cliente o segmento, etc.
Es la estrategia de la empresa la que define el rumbo y la naturaleza del negocio, establece las
políticas y marca el accionar de toda la compañía. Es imposible pensar o gestionar exitosamente
una empresa que no esté alineada a su plan estratégico, una vez que sabemos cuáles son los
desafíos financieros y la perspectiva de los clientes, el propósito siguiente es establecer el sistema
de procesos integrados que permitan a la organización alcanzar esa posición deseada.
Innovación.
Operaciones.
Servicio de posventa.
PERSPECTIVA DE APRENDIZAJE
Si la empresa logra sus objetivos en la perspectiva del aprendizaje, contará con personas más
comprometidas y capaces. Esto se traducirá en los niveles productivos y en las propuestas de
mejoras, que le permitirán a la empresa alcanzar mayores y mejores niveles de producción, que
podrán colocarse en el mercado (siempre y cuando el producto cumpla las expectativas del
cliente), generará mayor participación de mercado y reflejará un incremento en las ventas. Si la
gestión de procesos interna fue adecuada, se podrán obtener mejores niveles de productividad y
optimizar costos, por ende, se podrá conseguir mayor rentabilidad para el accionista. Dichos
resultados deberían reflejarse en reinversiones en la empresa para retroalimentar el ciclo.
Frente a esta complejidad dinámica, como la denomina Senge (2005), es impensado alcanzar el
éxito organizacional si la gestión piensa en una única dimensión o de manera lineal. Por eso, el
autor sostiene que el pensamiento sistémico nos permite comprender la complejidad dinámica de
las organizaciones y sus entornos.
Características:
Pensar sistémicamente requerirá aprender nuevos modelos mentales y habilidades y, por otro
lado, desaprender viejos paradigmas. Esto nos llevará a un flujo continuo de aprendizaje y
desaprendizaje.
Por problema, según Puchol (2017), entendemos a toda situación diferente a la esperada o
planeada. Estamos frente a un problema cuando algo que sucede no es lo esperado. No todos los
problemas son iguales ni poseen el mismo impacto en la organización y en su plan.
Tipos de problemas:
Problemas estructurados: son problemas conocidos, se sabe por qué se originan y cuáles
son los caminos o las herramientas para resolverlos.
Problemas no estructurados: son problemas inesperados, no se conoce su naturaleza,
impacto ni cómo resolverlos. Estos problemas son los que ponen en mayor evidencia las
habilidades de quien dirige y toma la decisión, ya que, al ser desconocidos y llenos de
incertidumbre, en la decisión que se tome inciden enormemente las características del
decisor, su tolerancia al riesgo, la visión de mercado que tenga, su capacidad creativa,
etcétera.
Urgencia.
Importancia.
Tipos de decisiones:
La envergadura de las decisiones depende del problema que se resuelva y estos difieren en
función de las siguientes situaciones:
Riesgo: no se conocen con exactitud el problema, las posibles soluciones ni sus impactos y
tampoco se cuenta con la información necesaria para poder estimar la probabilidad de
ocurrencia de las posibles soluciones. Estas decisiones son influidas por opiniones y
habilidades personales y hacen que ocurran como probabilidad subjetiva.
Certidumbre: se conoce el problema, sus impactos y las posibles soluciones a tal punto
que muchas veces está formalizada la solución al desvío del plan. En estas decisiones, la
solución está diseñada, solo hay que ajustar e implementar
Clasificación:
La toma de decisión implica un proceso. El punto de partida del mismo, es analizar y comprender
el problema, la causa que lo genera, ya que sin conocer el origen que provocó los desvíos,
difícilmente pueda determinarse que hacer y reencausar el plan.
El punto de partida, entonces, es la identificación de las causas y los síntomas del mismo
problema.
Proceso decisorio:
Disponer de información.
Selección datos.
Definir el problema.
Establecer objetivos.
Generar soluciones alternativas.
Valorar cada posible solución.
Comunicar la decisión.
Controlar la decisión.
Inspeccionar los resultados.
Introducir medidas correctivas.
Disponer de información: esta etapa consiste en recabar la información necesaria para poder
comprender cuál es la naturaleza o la causa del desvío. En esta etapa, debe presentarse especial
atención en identificar las variables involucradas en el problema para poder reunir la información
sobre ellas.
Definir el problema: es determinar cuáles son las causas que originan el desvío, conocer su
impacto, naturaleza y situaciones que genera en la organización.
En la etapa del análisis y del diagnóstico del problema, pueden utilizarse múltiples herramientas
que permitirán potenciar las conclusiones. No hay una única herramienta ni una que sea
indispensable: según el problema o aquello que se deba analizar, se definirá qué utilizar.
METODO CARTESIANO
Este modelo consiste en analizar el desvío buscando evitar creencias de por qué suceden las cosas
y analizar el impacto de los desvíos.
El diagrama de Pareto o la ley 80/20 supone que los efectos y sus causas tienen una relación
20/80, es decir que el 80 % de los efectos corresponden o son generados por el 20 % de las causas.
Este diagrama es de gran utilidad para organizar la prioridad del análisis y enfocarse en las causas
centrales que ocasionan el 80 % de los desvíos. Por ejemplo, según la encuesta realizada, puede
verse que el 20 % de los casos genera el 80 % de los acontecimientos. Conocer esto permite a la
empresa enfocarse en ese 80%.
Esta herramienta brinda la posibilidad de analizar los desvíos en relaciona con su participación
relativa, facilitando definir en cuáles centrarse con prioridad, pero no distingue los síntomas de las
causas (para ello, puede utilizarse la espina de pescado o diagrama de Ishikawa).
Esta herramienta surge de las teorías y los modelos de calidad y tiene por propósito identificar las
causas y los efectos del desvío, analizándolo en distintas categorías. El propósito de la herramienta
es analizar los efectos del problema ordenados en distintas categorías hasta alcanzar sus causas
principales
Las categorías propuestas por Ishikawa (1943) para analizar los síntomas y causas de los
problemas son:
Mano de obra.
Métodos.
Mantenimiento.
Maquinarias.
Materiales.
Medio ambiente.
El diagrama o la espina de pescado muestra gráficamente la relación causa- efecto ordenada
según las distintas variables o categorías que intervienen en el problema.
Estas son solo algunas de las herramientas que pueden ser de utilidad para analizar problemas. No
hay recetas de cuáles usar ni de cómo combinarlas, el desafío de esta etapa es lograr identificar la
causa y los síntomas y para ello podrá utilizarse el modelo que se considere más acertada.
Conocida la causa, el paso siguiente es determinar qué quiere lograse, es decir, definir el objetivo.
La mejor decisión se alcanza analizando la mayor cantidad de alternativas posibles, las primeras
alternativas que surgen son las habituales o conocidas, por lo que el desafío de esta etapa está en
plantear y diseñar nuevas soluciones.
Lograr quebrar o romper los límites de los problemas es un camino que nos permite superarnos
día a día. En esta etapa, se necesita un pensamiento amplio, creativo, valiente y capaz de ir más
allá de lo obvio, la creatividad y la innovación son las principales habilidades que se requieren al
momento de generar alternativas de solución.
Decisión:
En esta instancia, el propósito es establecer un sistema de valoración que permita comparar las
alternativas y valorarlas para poder escoger una de ellas como la solución al problema original. La
selección entre alternativas implica su valoración y su ponderación.
Algunos de los criterios más comunes para la selección de posibles alternativas son:
Criterios:
Valorables: son aquellos criterios que influyen en la selección en relación con algún aspecto
específico (por ejemplo, el plazo).
Deseables: son criterios que no son esenciales para el plan, pero agregarían valor si estuviesen
(por ejemplo, asesoramiento en el momento de instalación, garantía, etc.).
Para la valoración de alternativas, Puchol (2017) propone diferentes herramientas. Quizá la más
utilizada es la matriz de valoración, que compara cada alternativa de decisión en relación con los
criterios y la escala definida. De este modo, al terminar el proceso con todas las alternativas, se
cuenta con la decisión de mayor puntaje según la escala y el criterio utilizado.
IMPLEMENTAR LA SOLUCIÓN
Definir el objetivo.
Dar a conocer el fin del plan, los tiempos de ejecución y los resultados esperables.
Comunicar la evolución y los logros obtenidos.
Entre el análisis del problema y la ejecución de la decisión transcurrió el tiempo y este periodo
puede o no haber afectado el plan, su ejecución e incluso el objetivo original.
La instancia del control, que es la última del proceso decisorio, tiene como propósito medir los
resultados de la decisión escogida. De lo contrario, nunca se sabrá si el problema fue
efectivamente resuelto o no.
Ordenado.
Analítico.
Preciso.
Lineal.
Maneja la palabra y el lenguaje.
Lógico.
Numérico.
Apasionado.
Creativo.
Libre.
Intenso.
Movedizo.
Actúa por sensaciones y emociones.
Imaginación.
Todas las personas tenemos ambos hemisferios, pero lo cierto es que el hemisferio izquierdo es el
que más se ha desarrollado con los procesos de enseñanza tradicionales; por ello, hoy es tan
importante poder quebrar esos paradigmas y, como propone Kastika (2002), atrevernos a ejercitar
y entrenar nuestro hemisferio derecho.
El proceso creativo
Pensar y resolver todos los problemas bajo el proceso racional de toma de decisión nos llevaría
siempre a soluciones operativas. Por ello, es necesario utilizar otro método para poder decidir
sobre los desvíos no estructurados, que es el creativo-innovador.
Aportes de la convergencia y divergencia en el proceso creativo
Pasos involucrados en el proceso creativo-innovador, que está compuesto por cinco etapas
diseñadas para trabajar en análisis-generación (divergencia) y valoración de ideas (convergencia):
1) Preparación: análisis exhaustivo de un problema para identificar todas sus partes, con
datos objetivos e ideas.
2) Concentración: consiste en la identificación precisa de un problema y su posible solución.
3) Incubación: implica la inconsciente organización interna de la información recopilada.
4) Iluminación: es el momento del descubrimiento, el instante del reconocimiento.
5) Verificación: es la puesta a prueba de la solución.
1) Preparación.
2) Incubación.
3) Iluminación.
4) Verificación
El análisis de problemas
La técnica de las preguntas o de los cinco por qué - Como plantea Kastika (2002), consiste
en preguntar sobre el problema: ¿por qué sucede lo que se presenta?, ¿por qué en este
escenario?, ¿por qué con esta magnitud? etcétera.
Las preguntas de Osborn:
¿Qué otros usos podrían tener?, ¿qué nuevos usos hay para los existentes?, ¿otros usos si se
modifica?
¿Adaptar?, ¿se parece algo a esto?, ¿sugiere otras ideas?, ¿qué cosas semejantes se han dado en el
pasado?, ¿qué podría copiarse?, ¿a quién puedo emular?
¿Modificar?, ¿darle nueva forma?, ¿cambiar su sentido, su color, su movimiento, su sonido, su olor,
su forma, su aspecto?, ¿hacer otros cambios?
¿Agrandar?, ¿qué se puede añadir?, ¿más tiempo?, ¿mayor frecuencia?, ¿más fuerte?, ¿más alto?,
¿más largo?, ¿más grueso?, ¿añadir un valor suplementario?, ¿aumentar el número de
ingredientes?, ¿duplicarlo?, ¿multiplicarlo?, ¿exagerarlo?
¿Disminuir?, ¿qué se le puede quitar?, ¿qué se debe hacer más pequeño?, ¿más condensado?,
¿hacerlo en miniatura?, ¿más bajo?, ¿más corto?, ¿más ligero?, ¿qué se puede suprimir?, ¿cómo
hacerlo más aerodinámico?, ¿cómo dividirlo en piezas?, ¿cómo rebajarlo de categoría?
¿Sustituir?, ¿a quién poner en su lugar?, ¿qué poner en su lugar?, ¿qué otros ingredientes?, ¿qué
otros materiales?, ¿otros procedimientos?, ¿otras fuentes de energía?, ¿en otro lugar?, ¿diferente
forma de resolverlo?, ¿distinto tono de voz?
¿Reordenar?, ¿intercambiar los componentes?, ¿otros modelos?, ¿un orden diferente?, ¿otra
secuencia?, ¿otro orden entre la causa y el efecto?, ¿cambiar el aspecto?, ¿cambiar el orden
temporal?
¿Invertir?, ¿trasponer lo positivo y lo negativo?, ¿considerar lo opuesto?, ¿darle la vuelta?, ¿colocar
lo de arriba abajo?, ¿intercambiar los papeles?, ¿cambiar de posición?, ¿y si trocásemos el orden de
desarrollo?, ¿y si presentásemos otra cara?
¿Combinar?, ¿por qué no intentar una mezcla, una aleación, un conjunto, una combinación?,
¿enlazar las unidades?, ¿los fines?, ¿los incentivos?, ¿las ideas?
Naturalmente, actuamos como tenemos internalizado hacerlo, por ello, el gran desafío de hoy se
ha convertido en desaprender y aprender. Nuestra mente actúa y decide en función de nuestras
experiencias previas, en función de nuestras emociones y percepciones, y en ocasiones estás
pueden ser frenos para asumir desafíos nuevos o poder ver realidades de un modo diferente.
Los cambios y su velocidad en la última década han generado grandes impactos en la concepción
de los modelos de negocios. Pensar que un modelo exitoso hoy lo será en el futuro, gestionándolo
y concibiéndolo como se hizo en el pasado, es un gran error, pues la tecnología ha generado
cambios en los consumidores y la manera en que demandan y compran, en la competencia y en el
mercado en general.
¿Es posible, entonces, pensar que la tecnología o la utilización de ella influye en los procesos de
toma de decisiones de las organizaciones? Esto es una realidad que, desde la aparición de
internet, se está viviendo en los mercados, y se ha convertido en una de habilidades necesarias
que los dirigentes de empresas deben adquirir. Esta no implica ser especialistas en cómo
desarrollar la tecnología, sino más bien en poder visualizar, comprender y planificar nuevos
modelos de negocios que se pueden realizar por medio del uso de la tecnología.
Un escenario consiste en la proyección a futuro de las variables críticas del modelo de negocio,
donde se incluyen, analizan y describen las tendencias, las proyecciones y las situaciones que se
consideran que pueden llegar a ocurrir en el futuro. No podremos adivinar o conocer el mañana,
pero sí nos permitirá generar una aproximación estratégica de lo que podría pasar y modelizar las
posibles situaciones y contemplarlas en el plan estratégico y su proceso decisorio.
Los consumidores hoy consumen, se relacionan y poseen hábitos diferentes. Por ello, hay
que estudiarlos, entender cómo se comportan, analizar la información que generan y
comprenderlos en su proceso de toma de decisiones.
La competencia está cambiando y comienza a surgir de sectores que no precisamente son
la competencia o los competidores actuales. En la actualidad con el uso o la intervención
de la tecnología, hay nuevas maneras de cubrir necesidades.
La información, en la era digital y de la información, el gran desafío es saber qué
información utilizar, cómo buscarla y potenciarla. Hoy la tecnología y el desarrollo de big
data facilita la información para la toma de decisiones.
Hay que transformar la manera de hacer negocios, y hay dos caminos para hacerlo:
La evolución de la tecnología se está viviendo en mayor o menor medida en todos los sectores.
Como futuros gerentes de empresas, debemos analizar, reflexionar y proyectar los cambios que
podrán aprovecharse en: