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Cita recomendada:
Diéguez, A. (2017). Modelos falsos en la ciencia: un valioso recurso para la comprensión de los fenómenos.
Metatheoria, 8(1), 95-105. Disponible en RIDAA-UNQ Repositorio Institucional Digital de Acceso Abierto de la
Universidad Nacional de Quilmes [Link]
Resumen
En las ciencias basadas en modelos, como la biología, los modelos desempeñan un papel explicativo fundamental e
imprescindible. En los últimos años, algunos autores han señalado que la noción de ‘comprensión’ (understanding)1
puede arrojar alguna luz en el análisis de la explicación científica basada en modelos. Esta noción ha atraído una
creciente atención en la filosofía de la ciencia y, en particular, en la filosofía de la biología. Tres preguntas centrales se
han planteado en el debate que ha surgido al respecto: (1) ¿Qué es la comprensión científica?, (2) ¿es “factiva” (factive)2
la comprensión, es decir, presupone o implica la verdad de las creencias involucradas?, y (3) ¿puede ser objetiva la
comprensión? En este trabajo me centraré en la cuestión (2) y asumiré para ello la respuesta a la cuestión (1) ofrecida
por Catherine Elgin. Defenderé que la comprensión no es factiva en lo que respecta al uso de modelos falsos –no
implica aceptar como verdaderas las creencias involucradas. Distinguiré cuatro tipos de modelos falsos según el papel
que la falsedad juega en su función explicativa y argumentaré que estos modelos falsos son herramientas muy útiles
para la comprensión de los fenómenos y que su uso es frecuente en biología.
Palabras clave: comprensión científica - explicación - modelos científicos - modelos falsos
Abstract
In model-based sciences, like biology, models play a fundamental and indispensable explanatory role. In recent years,
some authors have pointed out that the notion of understanding could shed light on the analysis of scientific
explanation based on models. This notion has attracted growing attention in philosophy of science, particularly in
philosophy of biology. Three central questions have been raised in the debate: (1) What is scientific understanding?;
(2) is understanding factive, i.e., does understanding presuppose or imply truth of the beliefs involved?; and (3) can
understanding be objective? In this paper I will focus on question (2), taking as an assumption the answer to question
(1) offered by Catherine Elgin. I will argue that understanding is not factive when considering the use of false models -
it does not imply accepting the beliefs involved as true. I will distinguish four types of false models according to the
role that falsity plays in their explanatory function and I will argue that these false models are very useful tools for the
understanding of phenomena and that their use is frequent in biology.
Keywords: scientific understanding - explanation - scientific models - false models
Recibido: 22 de Marzo de 2016. Aceptado con revisiones: 5 de Diciembre de 2016.
†
Universidad de Málaga. Para contactar al autor, por favor, escribir a: dieguez@[Link].
1
Aunque puede haber otras alternativas, es habitual en la tradición filosófica traducir por ‘comprensión’ el término alemán ‘Verstehen’ y el
término inglés ‘understanding’. Sobre la dicotomía ‘explicación/comprensión” en las ciencias, puede verse el clásico de von Wright (1980).
2
El término ‘factive’ es un neologismo en inglés, y no se identifica con ‘factual’, por eso hemos utilizado aquí un neologismo en español
como es ‘factivo’.
Metatheoria 8(1)(2017): 95-105. ISSN 1853-2322.
© Editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Publicado en la República Argentina.
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1. Introducción
Algunos autores (p.e., Knuuttila & Merz 2009, Leonelli 2009) han mostrado que la estrecha conexión
existente entre explicación y comprensión es particularmente visible y reveladora en el uso explicativo
de modelos. Dado el carácter lingüístico de la mayor parte de las explicaciones científicas, puede
defenderse que la comprensión de los fenómenos es un objetivo más directo que la explicación en la
construcción de modelos científicos. Desde este punto de vista, la comprensión de los fenómenos no
sólo no es un subproducto de la explicación, sino que, al menos en ciertos casos, si podemos elaborar
una explicación es sólo porque un modelo nos permite explorar y comprender los detalles de un
fenómeno particular. La mera comprensión de un fenómeno a través de un modelo puede ser
considerada en ocasiones como una explicación, como sucede con algunos modelos en genética de
poblaciones. Podría decirse en tales casos que el modelo explica porque proporciona una comprensión
genuina del fenómeno. De este modo, la comprensión sería el objetivo primigenio y la explicación sería
un resultado del cumplimiento de dicho objetivo. Pero sea así o no en otros casos, es evidente que la
mejora de nuestra comprensión es un fin básico explícitamente buscado cuando se usa un modelo con
un propósito explicativo.
Dado que la noción de comprensión ha despertado un extenso debate y que han sido diversas las
propuestas para su caracterización, conviene que aclaremos cómo vamos a entender aquí dicho
concepto. No pretendo añadir una nueva definición a las ya existentes. Creo que la que ha propuesto
Catherin Z. Elgin es, por razones diversas, bastante apropiada. Es elegante, abarcadora y clarificadora.
Por lo tanto, es la que asumiré en este trabajo. Ella lo enuncia así:
La comprensión es la captación (grasp) de un cuerpo general amplio de información que está basada en
los hechos, es sensible a la evidencia y nos capacita para realizar inferencias no triviales, argumentos, y
quizás acciones relacionadas con el asunto al que la información pertenece. (Elgin 2009, p. 327)3
Una de las principales virtudes de esta caracterización es que resulta de utilidad para ver cómo los
modelos científicos son usados con funciones explicativas y cómo este uso nos permite comprender los
fenómenos, puesto que incluye tanto los aspectos teóricos como prácticos de la comprensión científica.
Por un lado, la comprensión es descrita como una captación mental de información que nos permite
inferir nuevas consecuencias acerca de los fenómenos. Por otro, este logro mental hace posible actuar
sobre dichos fenómenos, incluyendo su manipulación. Ambos aspectos se consideran como
fuertemente interconectados en la estrategia de las ciencias basadas en modelos (Godfrey-Smith 2006).
3
El texto original dice así: “Understanding is a grasp of a comprehensive general body of information that is grounded in fact, is duly
responsive to evidence, and enables non-trivial inference, argument, and perhaps action regarding that subject the information pertains
to”.
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parecen ser ni verdaderos ni falsos en sentido estricto. En primer lugar, normalmente no son entidades
lingüísticas, y en su uso formal y riguroso ‘verdadero’ y ‘falso’ son predicados metalingüísticos
aplicables, por tanto, sólo a entidades lingüísticas. En segundo lugar, los modelos en sí mismos no
parecen afirmar nada acerca de la realidad a menos que se les añada lo que Ronald Giere (1999) llamó
‘hipótesis teóricas’. Estas hipótesis declaran que el sistema real es similar al modelo en algunos aspectos
y en cierta medida. Son ellas, pues, las que serían verdaderas o falsas, y no los modelos como tales. Y,
en tercer lugar, por lo general los modelos presentan numerosas idealizaciones (y abstracciones) que
dejan de lado o distorsionan importantes aspectos del mundo real, lo cual hace de cualquier sistema-
modelo algo inevitablemente ficticio. Así, el sistema hipotético descrito por un modelo científico suele
ser irreal e idealizado. No hay gases ideales, péndulos perfectos, poblaciones completamente aisladas de
predadores y presas, o poblaciones infinitas de individuos que se cruzan entre sí de forma
completamente aleatoria. Tales cosas son sólo entidades hipotéticas imaginarias pero útiles, es decir,
constructos ficticios creados para la investigación. Ciertamente, podemos generar con ellos algunas
“verdades ficticias”, y en este sentido algunas proposiciones son verdaderas o falsas dentro del modelo
(p.e. en el modelo copernicano, el enunciado ‘las órbitas planetarias son circulares’ es verdadero). Pero
estas verdades ficticias no son verdades literales sobre el mundo real (véase Godfrey-Smith 2009, Frigg
2010, Contessa 2010).
Sin embargo, los modelos pueden ser juzgados como verdaderos o falsos en un sentido más amplio
e indirecto. De forma análoga a lo que sucede con los mapas, los modelos pueden ser interpretados
como representaciones más o menos precisas o ajustadas de rasgos del mundo real. Un mapa es una
representación parcial, simplificada, convencional, situada en una perspectiva, históricamente
contingente e indefinidamente perfectible, de un territorio y de algunos de sus ítems geográficos (vías
de ferrocarril, carreteras, restaurantes, monumentos, etc.). Un modelo es también una representación
de alguna otra cosa; representa un sistema real. Una vez que tomamos en cuenta las convenciones de
lectura vigentes y los diferentes fines e intereses que los cartógrafos pueden haber tenido en mente, un
buen mapa debe mostrar algunas similitudes estructurales contextualmente útiles con el territorio
representado, y debe preservar las relaciones significativas entre sus partes o elementos. Estas relaciones
preservadas hacen posible que los razonamientos subrogatorios realizados a partir del mapa (tales como
‘si estoy en Toledo, entonces debo tomar esta carretera para llegar a Madrid’) conduzcan a las
consecuencias correctas en relación con las características reales del territorio. Si esta condición no es
satisfecha en un grado adecuado, no es extravagante afirmar que el mapa es desorientador, inexacto,
incorrecto, o –al menos en los casos extremos– simplemente falso. Por el contrario, si se cumple la
condición de la preservación de las relaciones estructurales, el mapa puede ser estimado como
suficientemente exacto o aproximadamente verdadero (véase Kitcher 2001, cap. 5, y, para una opinión
contraria, Sismondo & Chrisman 2001). Del mismo modo, teniendo en cuenta el propósito con el
que los científicos elaboran los modelos, es de esperar que un modelo proporcione descripciones
fiables de algunas propiedades interesantes y relevantes en un determinado contexto del sistema real
representado. Por lo tanto, un modelo muy poco realista, incompleto o contrafáctico, un modelo que
no comparta suficientes propiedades relevantes con el sistema representado, o que fracase en su
referencia a sus propiedades reales, podría ser considerado como falso (para una discusión y algunas
precisiones importantes, véase Chakravartty 2010, Mäki 2011). De hecho, debido a las idealizaciones
contenidas en muchos modelos, algunos autores piensan que dichos modelos no pueden ser si no
falsos. Los modelos científicos altamente idealizados son falsos en el sentido de que no ofrecen –y no
pueden ofrecer– una representación precisa del sistema real representado.
Esta idea necesita, sin embargo, de mayor cualificación, puesto que es bien conocido que a cada
instante los científicos derivan de estos modelos altamente idealizados consecuencias útiles y
suficientemente verdaderas acerca de las características y comportamiento de los sistemas
representados. Lo interesante aquí es que los modelos falsos, bajo ciertas circunstancias, pueden ser
usados para obtener una comprensión reveladora de los mecanismos de funcionamiento o de las
causas de los fenómenos reales. Una adecuada comprensión de esos modelos falsos conduce a una
adecuada comprensión del objeto o sistema representado. Algunos autores, como Hindriks (2008),
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Morrison (2009a) y Kennedy (2012) son más radicales y han argumentado –de forma convincente en
mi opinión– que estos modelos explican en virtud de sus inexactitudes y falsedades, y no a pesar de
ellas.
Creo que una forma útil de ver cómo estos modelos falsos pueden facilitar la comprensión de los
fenómenos consiste en distinguir varias modalidades dentro de ellos, para analizar de forma separada
sus peculiaridades como modelos explicativos. Porque, en efecto, los modelos pueden ser falsos en
diversas formas y esto no es irrelevante en su uso. En lo que sigue, esbozaré una clasificación que no
pretende ser exhaustiva, pero que creo que puede aportar bastante claridad a este complejo asunto.4
Distinguiré entre (1) modelos ajustables, (2) modelos plantilla, (3) modelos no-denotativos y (4)
modelos contrastantes. Veamos sus características y sus diferencias.
(1) Modelos ajustables: Son modelos falsos susceptibles de mejoramiento mediante un proceso de
des-idealización o concretización conducente a una descripción más precisa y realista de los fenómenos
en circunstancias específicas. El modelo de Volterra para una población de depredadores y presas es un
buen ejemplo. Dicho modelo afirma que la dinámica de interacciones entre dos especies en ese tipo de
población puede ser adecuadamente descrita por dos simples ecuaciones. Si D es la densidad de la
población de depredadores y P es la densidad de la población de presas, la tasa de cambio de las presas
sería:
dP/dt = rP – aPD,
Este nuevo factor introducido sustituye un crecimiento exponencial por un crecimiento logístico
mucho más realista. Y esta sustitución conduce a cambios importantes en el comportamiento dinámico
del sistema; a saber, las constantes oscilaciones del tamaño de las poblaciones de presa y depredador
que se producen con el primer sistema de ecuaciones son amortiguadas con el tiempo hasta alcanzar
un estado estacionario, o simplemente desaparecen. Y pueden realizarse correcciones similares para
tomar en consideración el hecho simple de que cualquier depredador tiene un límite en su tasa de
capturas (véase Rodríguez 1999, p. 274-287).
(2) Modelos plantilla: Son modelos que describen una situación ideal no existente en la realidad de
la cual se desvían en cierto grado los sistemas reales debido a la influencia de diversos factores causales
que deben ser determinados empíricamente en cada caso concreto, y es en la posibilidad que abre para
realizar tal determinación en donde reside la utilidad del modelo. El modelo de Hardy-Weinberg
encaja bien dentro de esta modalidad. Dicho modelo establece que la frecuencia genética de una
4
Los tres primeros ítems de esta tipología pueden ser considerados en cierto modo como una simplificación de la clasificación que hace
Wimsatt (1987) de los modelos falsos.
Modelos falsos en la ciencia | 99
5
El protozoo ciliado Tetrahymena thermophile es uno de estos raros organismos. Posee siete tipos sexuales. Algunos insectos eusociales, como
las hormigas del género Pogonomyrmex, poseen un sistema reproductivo con tres sexos.
Modelos falsos en la ciencia | 101
Así pues, los modelos ajustables conducen a una mejor comprensión de los fenómenos reales en la
medida en que los procesos de des-idealización y concretización dan lugar a mejores predicciones y
análisis. Estos procesos, por el contrario, no son relevantes en el caso de los modelos plantilla, a pesar
6
Quizás sea oportuno hacer notar que esto no contradice la asunción que hemos hecho aquí de la noción de comprensión defendida por
Elgin. Estos modelos, aunque sean falsos, o contengan falsedades, o fracasen en la referencia, siguen siendo modelos que captan
información basada en hechos, son sensibles a la evidencia empírica y permiten realizar inferencias acerca de la realidad.
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de que éstos proporcionan comprensión de una forma parecida a los anteriores. Los modelos plantilla
son usados como un recurso para detectar las razones de la separación de la situación ideal por parte de
los sistemas reales. En la medida en que estas razones son descubiertas, alcanzamos una mejor
comprensión de las circunstancias que están implicadas en el funcionamiento del sistema real
representado, así como de los factores que lo modifican y lo configuran. En cuanto a los modelos
contrastantes (dejo los no-denotativos para el final), funcionan de forma diferente, pero no muy
diferente. A diferencia de los modelos ajustables –y en cierto sentido también de los modelos plantilla–,
en los que es la similitud con el sistema real lo que resulta interesante, en el caso de los modelos
contrastantes es la disimilitud, la disparidad, lo que porta la carga explicativa y arroja luz sobre el
funcionamiento del sistema real. Estos modelos responden a la pregunta contrastante ‘¿por qué p en
lugar de q?’, y así, por ejemplo, nos permiten entender por qué hay dos sexos en lugar de haber más.7
Los modelos no-denotativos presentan mayores dificultades. Es una cuestión controvertida si estos
modelos son capaces o no de proporcionar algún tipo de comprensión. Por un lado, puede argüirse
que no constituyen una base suficiente para una genuina comprensión. Se trataría simplemente de
casos de mala comprensión, de interpretaciones equivocadas (misunderstanding). Es cierto que la
astronomía de Ptolomeo fue útil para la navegación y para la predicción de eclipses, pero de hecho los
epiciclos no están ni siquiera remotamente conectados con los mecanismos que causan realmente los
movimientos planetarios. Por lo tanto, dichos epiciclos no pueden ofrecernos una comprensión
genuina de estos movimientos. Y lo mismo puede aplicarse a la química del flogisto y al modelo del
éter de Maxwell. Wimsatt (1987, p. 30) parece adoptar esta posición cuando escribe: “¿Proporcionará
cualquier modelo falso un camino hacia la verdad? La respuesta es obviamente un enfático «¡no!».
Algunos modelos están tan equivocados, o sus incorrecciones son tan difíciles de analizar, que mejor
buscamos en otra parte”. Pero, por otro lado, puede también argüirse que este tipo de modelos es capaz
de proporcionarnos una comprensión defectuosa o imperfecta, pero también en algún grado
epistémicamente valiosa, de los fenómenos. En cualquier caso, siempre será preferible a la mera
ignorancia. Desde un punto de vista instrumentalista o constructivista, estos modelos han hecho
posible un cierto control sobre los fenómenos o han contribuido a estructurar algunos mundos
posibles no carentes de interés, de modo que, aunque no puedan ser considerados como
representaciones aproximadamente verdaderas de la realidad, han sido sin duda herramientas útiles en
nuestro manejo cognitivo y práctico del mundo. Aparentemente, el conocimiento y la comprensión no
siguen las mismas reglas epistémicas. Un “conocimiento falso” no es conocimiento en absoluto, puesto
que el conocimiento ha de ser verdadero por definición. La comprensión, por el contrario, no parece
ser un asunto tan dicotómico. Una comprensión falsa (una mala comprensión) puede ser de algún
modo un cierto tipo comprensión incipiente o imperfecta, y podría ser visto en un momento ulterior
como el primer paso incorrecto en el camino que condujo a la comprensión adecuada de los
fenómenos.
Por lo tanto, un juicio equilibrado sobre el papel de los modelos no-denotativos exigiría en cada
caso un riguroso y extenso análisis histórico. Por supuesto que no podemos hacer ese análisis aquí para
ninguno de ellos, pero podemos recordar algunos hechos bien conocidos que ayudarán a
contextualizar el asunto. Los modelos planetarios de Ptolomeo significaron un progreso real en la
comprensión de la estructura del universo con respecto a los modelos de Eudoxo y Calipo o el modelo
aristotélico de las esferas. Asumiendo que una de las principales características funcionales de un
modelo científico es la de facilitar razonamientos subrogarorios acerca del sistema modelado (véase
7
Paul Humphrey ve aquí el límite para un uso explicativo de este tipo de modelos. Según su opinión, estos modelos podrían proporcionar
comprensión, pero no explicación. Así, escribe: “aquí, por tanto, es quizás donde se sitúa una parte de la frontera entre explicación y
comprensión. Aunque la exploración de modelos que violan las leyes de nuestro universo puede mejorar nuestra comprensión científica,
tales modelos no pueden ser usados en explicaciones. Un ejemplo bien conocido implica las condiciones bajo las cuales la vida pudo
emerger en el universo. Las preguntas ‘¿cómo pudo haber sido?’ (how possibly?) que surgieron en la vecindad de los principios antrópicos
añadieron cosas a nuestra comprensión de cómo la vida pudo haber emergido si las leyes hubieran sido distintas, pero las respuestas
dadas no pueden explicar cómo surgió la vida en nuestro universo” (Humphrey 2006, pp. 42-43). No obstante, creo que los tres ejemplos
que he mencionado antes muestran que los escrúpulos de Humphrey son exagerados y que estos modelos pueden desempeñar en
ocasiones funciones explicativas.
Modelos falsos en la ciencia | 103
Swoyer 1991, Suárez 2004, Contessa 2007), hemos de admitir que los modelos de Ptolomeo
cumplieron razonablemente esta función cuando fueron elaborados. Es posible –aunque algunos
historiadores disienten al respecto– que fueran propuestos como meros modelos matemáticos para
calcular las posiciones de los planetas, no como modelos físicos que intentaran representar los
mecanismos reales del cosmos. Al menos así fueron comúnmente interpretados durante la Edad
Media. Pero los modelos de Ptolomeo fueron capaces de generar algunas consecuencias acerca de los
cambios en el brillo de los planetas, acerca de sus aparentes movimientos de retrogradación, acerca de
sus variaciones en velocidad sobre el fondo de la eclíptica, acerca de la ausencia de paralaje estelar, etc.
Sin embargo, desde la perspectiva contemporánea, vemos a este conjunto de modelos como
representaciones completamente falsas de la realidad, no como verdades aproximadas (para una
opinión contraria, véase Niiniluoto 1999, p. 192), y tendemos a consideraros incapaces de
proporcionar una comprensión genuina de los movimientos planetarios. No pueden responder a la
mayor parte de las cuestiones que podrían suscitarse desde la perspectiva del conocimiento que
tenemos actualmente acerca de dichos movimientos. La representación que hacen de esos movimientos
difiere por completo de la nuestra. No podemos aceptar tal representación sin rechazar al mismo
tiempo casi todo nuestro conocimiento científico acerca del Sistema Solar y de la física en general. Por
ello, pocas personas estarían dispuestas a aceptar que los modelos de Ptolomeo proporcionan algún
tipo de comprensión sobre el funcionamiento del universo.
Por su parte, al igual que los epiciclos, los humores hipocráticos, el flogisto o el calórico, el éter de
Maxwell es una entidad ficticia (si bien algunos científicos, como el físico británico Oliver Lodge, creyó
hasta cierto punto en su existencia real, como sucedió también con los epiciclos, el flogisto y el
calórico). Pero probablemente somos menos reticentes que en los otros casos a admitir que jugó un
papel fundamental en la comprensión de los fenómenos físicos. El modelo mecánico del éter
electromagnético cumplió una función muy valiosa en la articulación de la teoría electromagnética de
Maxwell. Por eso, desde nuestra actual perspectiva, es razonable pensar que su contribución al
desarrollo y el progreso de dicha teoría justificaba su uso, independientemente del hecho de su fracaso
a la hora de denotar un sistema real. Facilitó los cálculos, guio ulteriores investigaciones, tuvo un valor
heurístico y fue una herramienta útil para el razonamiento subrogatorio y para derivar algunas
relaciones matemáticas. El modelo del éter condujo a Maxwell, por ejemplo, a la conclusión de que la
luz debía ser un cierto tipo de onda electromagnética, puesto que las ondas transversales serían
transmitidas en el éter a la velocidad de la luz (véase Harman 1982, cap. 4; y véase también Chalmers
1986 para un punto de vista contrario). Pero Maxwell le atribuyó básicamente una función ilustrativa y
auxiliar, sin que pretendiera que reflejara nada real, y finalmente su teoría –las ecuaciones del campo
electromagnético– prescindía del modelo.8
¿Qué hace que sea tan diferente el modo en que vemos a los epiciclos de Ptolomeo del modo en
que vemos al éter de Maxwell en relación con su papel en la comprensión de los fenómenos naturales?
Creo que una buena sugerencia para contestar a esta pregunta se encuentra en la siguiente reflexión de
Margaret Morrison:
Dado que muchos modelos no pueden ser evaluados sobre la base de su capacidad para proporcionar
una representación realista, necesitamos centrar menos nuestra atención en la distinción entre modelos
“heurísticos” y modelos “realistas”, y en lugar de eso, hemos de subrayar el modo en que los modelos
funcionan en el desarrollo de leyes y teorías. (Morrison 2005, p. 170)
Una diferencia clara entre los epiciclos de Ptolomeo y el modelo de Maxwell es precisamente que este
último fue útil en el desarrollo de leyes y teorías que aceptamos en la actualidad, cosa que no sucede
con el primero. De acuerdo con esto, puede afirmarse que comprendemos los fenómenos reales por
medio de modelos no-denotativos sólo si estos modelos han sido útiles en el desarrollo de leyes o
hipótesis que puedan ser justificadas por medio de teorías aceptadas en el momento presente.
8
Aunque es posible que en ocasiones Maxwell jugara una doble estrategia. Debo este comentario a un evaluador anónimo.
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4. Conclusiones
Los modelos falsos son recursos muy eficaces para obtener una comprensión científica de los
fenómenos naturales, y han cumplido un importante papel histórico en el desarrollo de la ciencia,
particularmente en la biología, que suele ser considerada como una ciencia basada en modelos.
Teniendo en cuenta las diferentes formas en que podemos perseguir esta meta, pueden distinguirse
entre modelos ajustables, modelos plantilla, modelos no-denotativos y modelos contrastantes. El caso
más complejo es el de los modelos no-denotativos, cuya capacidad para aportar una comprensión de los
fenómenos no puede ser tratada mediante un análisis genérico, sino que debe atenderse a cada caso
particular para poder juzgar. Todos ellos implican falsedades que son necesarias para la explicación del
funcionamiento de los sistemas representados y para la comprensión de los fenómenos reales. Por lo
tanto, la comprensión, a diferencia del conocimiento, no es factiva. No presupone que la mayoría de
las creencias implicadas en el proceso de comprensión deban ser verdaderas.
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