ÍTULO: “¿Y si las brujas tenían razón?
[Intro musical sugerida: beat suave, algo medio oscuro o irónico, tipo loop con
suspenso juguetón]
BLOQUE 1: El feminismo nos llega como un golpe... pero suavecito primero
A (voz calmada, irónica):
Bueno, arrancamos este podcast que, como todo en la vida, empezó por una obligación
académica... pero terminó siendo un ataque existencial. Bienvenidos a esta especie de
exorcismo grupal llamado “¿Y si las brujas tenían razón?”.
B (más serio):
Exorcismo es la palabra perfecta, porque sinceramente, lo que salió al ver Las Brujas de
Zugarramurdi no fue análisis. Fue miedo. Risa nerviosa. Y después, incomodidad. Porque
esa película es un chiste hasta que te das cuenta de que no lo es.
C (con risa real):
A mí me dio risa al principio. Ver a esas “brujas” en versión gore, súper teatrales. Pero
después pensé: loco, este tipo de historias son metáforas de lo que nos da miedo como
hombres. Mujeres que no necesitan a nadie. Que deciden. Que te comen si hace falta.
Literalmente.
D (más cínico):
Es que si lo pensás, toda la película es una fantasía masculina del terror a ser dominado.
No es que las brujas sean “el mal”. El mal es el hombre que no sabe qué hacer con una
mujer que no quiere que la salven. O sea, el mal... somos nosotros.
A:
Pero pará, ¿cuántas veces en la vida real no reaccionamos igual? Cuando una mujer opina
fuerte, cuando cuestiona, cuando pone límites... lo primero que uno piensa es “qué
intensa”. O le decís que es “histérica”. Y eso lo decimos como si nada.
B:
Claro. Y ahí entra todo lo que vimos en el texto Fueron quemadas por brujas. Esa idea de
que históricamente a las mujeres que se salían del molde se las castigaba. Se las
quemaba, literal. Hoy no hay hogueras, pero hay cancelación social, hay burla, hay
aislamiento. Es el mismo mecanismo con otro nombre.
C (como bromeando):
O sea, si mi abuela hubiese sido más libre, seguro ya estaba prendida fuego. Porque la
vieja tenía carácter, ¿eh?
D (entre risas):
Y si nosotros hubiéramos nacido hace 400 años, seguro habríamos sido los tipos que
gritaban “¡bruja!” solo porque una mina sabía sumar. Con suerte no tirábamos la antorcha.
BLOQUE 2: La risa que tapa el miedo
A (más reflexivo):
Y eso me hizo pensar en cómo usamos la risa para evitar hablar de cosas serias. Como
hombres, crecimos con la idea de que si algo te incomoda, lo convertís en chiste.
B:
Sí. O lo ignorás. O le decís “feminazis” a las que te lo dicen en la cara. Es más fácil reírse de
una marcha, que cuestionarte por qué existe.
C:
Y esa risa también aparece en las películas. En Las Brujas de Zugarramurdi todo es
absurdo, grotesco, exagerado. Pero en el fondo, ¿no es así como muchos ven al
feminismo? Como algo exagerado, fuera de control, que se quiere “comer a los hombres”.
D:
Exacto. Como si el feminismo fuera una especie de venganza. Pero no lo es. Es una
reacción. Es el grito que sale después de siglos de estar silenciadas. Es como el
performance de Un violador en tu camino. No es arte para que te guste, es arte para
incomodarte.
A:
Esa coreografía es como una sentencia. No hay forma de verla y no sentir algo. Te
confronta con la idea de que el sistema entero, incluso cuando vos no hiciste “nada”, te
vuelve parte del problema.
C (más relajado):
Yo la vi y me dio un poco de miedo. No voy a mentir. Esa frialdad con la que lo dicen, el “el
violador eres tú”, mirándote fijo. Es como que no podés esquivar la mirada. Y uno se
pregunta: ¿soy yo? ¿He sido cómplice de algo sin saber?
D:
Y ahí está lo más jodido. Que no hace falta que seas un agresor. Basta con que te hayas
quedado callado. Con que hayas hecho un chiste. Con que hayas dudado de una
denuncia. Todos tenemos mierda encima.
BLOQUE 3: Ejemplos reales, confesiones incómodas
B (sincero):
Yo me acuerdo cuando en el colegio le metimos apodos a una profe porque se vestía
“raro”. Nadie le decía nada en la cara, pero en los pasillos... era burla tras burla. Y hoy lo
pienso y digo: loco, eso también es violencia. Era una mujer sola en medio de un colegio de
varones que se creían graciosos.
A:
Yo también tengo una que me cuesta. Estuve en una relación donde yo decidía si ella podía
ir a tal fiesta, o con quién podía hablar. Y en ese momento me parecía “normal”. Hoy me
doy cuenta de que era puro control. Pero como no había gritos ni golpes, yo me creía “el
bueno”.
C:
¡A mí me pasó que una amiga me contó que la habían tocado sin su consentimiento en una
fiesta y mi respuesta fue tipo “uh qué denso, seguro el man estaba borracho”! Y lo dije así,
como si fuera una excusa. Me quería meter una cachetada a mí mismo después.
D (más frío):
Y eso es lo más triste. Que nos enseñaron a restarle importancia a todo. Que si no hay
sangre o violación literal, no es tan grave. Pero ¿sabés cuántas veces hicimos comentarios
sobre el cuerpo de alguien, creyendo que era un halago? ¿Cuántas veces mandamos un
mensaje insistente, aunque nos ignoraran?
A:
El problema es que cuando uno empieza a revisar su pasado con esta nueva conciencia,
se da cuenta de que ha sido parte del problema muchas más veces de lo que le gustaría
admitir.
[Música de transición suave – un bajo continuo o algo atmosférico]
[Transición musical: beat más profundo, algo que suene a “esto se va a poner serio”]
BLOQUE 4: El cuerpo no es una metáfora. Es real.
B (sereno):
Una cosa que me dejó con nudo en la garganta fue la canción Sin Miedo. Porque ahí el
cuerpo no es una idea poética. Es carne. Es cicatriz. Es recuerdo. Y cada palabra es una
historia que se podría contar con nombre y apellido.
C (más emocional):
Sí, yo me lo puse a escuchar y tuve que pausarla. Porque no es que lo escuchás desde
afuera. De repente pensás en tu hermana, en tu mamá, en tu ex, en todas esas mujeres
que te rodean y que probablemente han sentido miedo caminando solas. Y vos ni
enterado.
A:
Es fuerte porque nosotros no sabemos lo que es caminar mirando al piso, ni cruzar la calle
porque hay un grupo de manes en la esquina. Nunca hemos tenido que pensar dos veces
qué ropa ponernos para “no provocar”.
D (más sarcástico):
A lo sumo uno piensa “uy, esta camisa me hace ver gordo”. No “¿y si me matan?”
C (entre risas):
Literal. El único miedo real que yo he sentido en la calle es que me roben el celular. Pero
nunca que alguien me toque sin permiso. Nunca que me sigan. Nunca que me echen una
mirada que parece amenaza.
B:
Y lo peor es que todo ese miedo se normaliza. Se vuelve parte de su día a día. Y si vos no lo
vivís, no lo ves. Por eso cuando lo cantan, cuando lo gritan, es tan potente. Porque están
diciendo: "¡Mirá, esto es real! ¡Está pasando!".
BLOQUE 5: El sistema sexo/género no es una clase, es una cárcel invisible
A:
El texto de Rubin me rompió la cabeza. La idea de que el género no es algo biológico, sino
una construcción. Que no nacemos hombre o mujer, sino que nos hacen actuar como
tales. Es como... una jaula invisible.
D (como burlón):
O sea que cuando mi papá me regaló una caja de herramientas a los 5 años, básicamente
me estaba metiendo en una estructura opresora. Gracias, viejo.
C (siguiendo el chiste):
¡Y a mí me regalaron una espada de plástico! O sea, desde chiquitos nos entrenan para
pelear, para dominar, para no llorar. Porque si llorás, “sos marica”.
B (más serio):
Y esa es la trampa. El sistema sexo/género no solo oprime a las mujeres. También nos
encierra a nosotros. Nos dice cómo tenemos que ser para ser “machos”, “de verdad”. Y si
no encajás, te castigan. Te burlan. Te aíslan.
A:
Yo creo que por eso muchos hombres le tienen miedo al feminismo. Porque no solo te
confronta con cómo tratás a las mujeres. También te obliga a mirarte a vos mismo. A
revisar tus miedos, tu forma de desear, tu forma de estar en el mundo.
C:
Y ojo, eso no es fácil. Porque uno se cría con un molde muy claro. “Sé fuerte. Sé proveedor.
Sé dominante”. Y de repente te dicen: “che, capaz todo eso es una mentira que está
haciendo daño”.
D:
Es como desarmarte desde adentro. Y nadie te enseña cómo reconstruirte después.
Entonces muchos reaccionan con burla o con odio. Porque es más fácil decir “las
feministas odian a los hombres” que decir “tengo miedo de no saber quién soy si dejo de
actuar como un macho”.
BLOQUE 6: Historias cotidianas que cargan siglos de historia
B:
Me acuerdo una vez que mi hermana se cambió de carrera porque su profesor le decía que
las mujeres “no servían para la ingeniería”. Así, sin filtro. Y cuando fue a quejarse, le dijeron
que “no hiciera escándalo”.
A:
¿Y sabés qué es lo más loco? Que no es un caso raro. Eso pasa todos los días. En
universidades, en oficinas, en la casa. Pero no lo vemos porque estamos en el lado
cómodo. El lado del que no necesita justificar su lugar.
C:
Yo vi a mi mamá hacer malabares para trabajar, cuidar la casa, los hijos, el perro... y aún
así, cuando llegaba mi papá, se le servía la comida primero. Como si su día hubiese valido
más.
D:
A mí me impactó ver que una exnovia mía nunca se sentaba tranquila en el bus. Siempre
pendiente. Siempre alerta. Y me decía que le daba miedo que alguien se sentara al lado. Yo
pensaba que exageraba. Hoy entiendo que no. Que eso es sobrevivir en este mundo siendo
mujer.
BLOQUE 7: La comedia como cuchillo disfrazado
A (jugando):
Igual, también hay que decirlo: si algo aprendimos de Las Brujas de Zugarramurdi, es que
la comedia puede ser un arma afilada. Porque te hace reír... y después te clava el mensaje
sin que te des cuenta.
C (riendo):
Como cuando el man disfrazado de Jesucristo está en medio del tiroteo. O sea, qué
carajos. Pero si lo pensás... es perfecto. Están diciendo: “mirá a los hombres salvadores,
los mesías... no sirven de nada”.
B:
Es que esa película no es sutil. Te lo lanza en la cara. Pero lo hace riéndose. Y esa risa tiene
filo.
D:
Yo creo que por eso funciona. Porque usa el humor como entrada, pero después te da
vuelta el espejo. Y te ves vos ahí, disfrazado de héroe... haciendo desastre.
[Transición musical intermedia – beat más esperanzador, más aire]
.
[Música de fondo suave, melancólica. Algo tipo piano o cuerdas, que cree ambiente de
cierre]
BLOQUE 8: ¿Y ahora qué?
A (voz tranquila, más íntima):
Bueno... llegamos al final de esta conversación. Y lo digo así, “conversación”, porque no es
un debate cerrado, ni una clase. Es un intento torpe, pero honesto, de entender algo que
nos supera, pero que nos atraviesa todos los días.
B (pausado):
Yo me quedo con una idea que me dejó medio temblando desde que empecé a leer todo
esto... Que el feminismo no es una guerra contra nosotros. Es una guerra contra el sistema
que nos hace daño a todos. Incluso a nosotros.
C (más suelto):
Sí, como cuando decimos “los hombres también sufrimos”, pero lo usamos como excusa
para desviar la conversación. En realidad sí sufrimos, claro. Pero sufrimos en parte porque
ese machismo que heredamos no nos deja ser vulnerables. Nos encierra en personajes.
Nos ahoga.
D (serio):
Y mientras tanto, hay mujeres que sufren también... pero a veces por culpa nuestra. Por
cosas que hicimos. Por cosas que dejamos pasar. Por silencios que gritaban más que una
agresión.
A:
Yo no quiero que este podcast suene a “miren cómo deconstruidos somos”. Porque la
verdad es que no lo somos. Estamos en proceso. A veces avanzamos. A veces metemos la
pata. Pero lo importante es no quedarse quietos.
B:
El feminismo me mostró que ser hombre no tiene que ser una carga. Que podés soltar la
armadura, dejar de competir, dejar de mirar con desconfianza a todo lo que se siente
diferente. Que podés elegir ser mejor sin dejar de ser vos.
C (más irónico, suave):
Y ojo, no estamos diciendo que hay que flagelarse, ni dejar de reírse, ni vivir con culpa
eterna. Pero sí hay que vivir con conciencia. Ser un poco más incómodos con nosotros
mismos. Preguntarnos cosas. Y no siempre tener la respuesta.
D:
Porque a veces el mejor gesto feminista que podemos hacer como hombres... es
callarnos. Escuchar. Preguntar en vez de explicar. Y asumir que no somos el centro de
todo. Que el mundo no gira a nuestro alrededor.
BLOQUE 9: Reflexión final – cada uno deja una frase
A (mirando al frente, directo):
Yo me quedo con esto: o cambiamos nosotros, o todo sigue igual. Y si sigue igual, alguien
más va a pagar el precio.
B (más cálido):
Que el feminismo no me quitó nada. Me dio la posibilidad de ser más humano. Más libre.
Menos solo.
C (con una media sonrisa):
Que se puede ser hombre y no tener que demostrarlo todo el tiempo. A veces lo más
valiente que podés hacer... es pedir ayuda.
D (último, seco, directo):
Y que la próxima vez que veamos a alguien decir “un violador en tu camino”, no pensemos
“qué exageradas”. Pensemos: ¿cuánto de eso podría estar señalándome a mí?
[Silencio breve, música suave vuelve, sin voz]
VOZ FINAL (o ):
Este fue nuestro intento. Crudo, incómodo, pero necesario. Gracias por escuchar. Y si
llegaste hasta acá, ojalá te quedes con algo de lo que dijimos... aunque sea una duda.
Porque a veces, las dudas abren más puertas que las certezas.
[Cierre musical: beat suave, final reflexivo]