¿PARA QUIÉN TRABAJAMOS?
Por Eliseo Martínez
Usado con permiso
Una verdad que se aprende en el trabajo pastoral conforme pasan los años es que no importa lo que se
haga, no podemos complacer a todos. Pero a diferencia del comerciante que hace todo lo posible para
satisfacer al cliente, la preocupación prioritaria del pastor es complacer a Dios, el dueño de la mies.
El apóstol Pablo es un modelo por excelencia en el trabajo pastoral, se puede ver en todas sus cartas la
honda preocupación por servir a los creyentes pero para satisfacer al que lo llamó para el ministerio.
Pablo desarrollaba su ministerio esforzándose, él dice, que realizaba su trabajo, luchando según la
potencia de él (Colosenses 1:29). La palabra “trabajo” implica esfuerzo permanente hasta agotar la
energía disponible. El termino “luchando” es una palabra griega que habla de la agonía. Pablo trabajaba
de tal manera que prácticamente agotaba sus energías quedando exhausto y solo la potencia de Dios le
permitía seguir adelante.
En Gálatas 1:10 leemos: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar
a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (RV60).
El siervo auténtico de Cristo no busca congraciarse con quienes desarrolla su labor pastoral, sino que se
esmera para que toda la acción que desarrolla sea para agradar a su Señor a quien tiene que dar cuentas.
El dar cuentas a Dios es ampliamente enseñado en las Escrituras. Como lo requiere toda mayordomía, es
que el mayordomo tiene la responsabilidad de dar un informe de cómo ejecuta la administración de los
bienes o empresas de otro.
En el Nuevo Testamento los vocablos griegos epitropos y oikonomos encierran una misma idea de
administración y superintendencia, control de asuntos domésticos y servicio en bien del amo (Nuevo
Diccionario Ilustrado).
La tarea pastoral se desarrolla para bien de la iglesia del Señor, la cual él gano por su propia sangre
(Hechos 20:28). La iglesia no es del pastor, es de su Señor ante quien es responsable, es Cristo el dueño,
el príncipe de los pastores (1 Pedro 5:4).
Los pastores servimos a la iglesia, pero el cómo lo hacemos lo establece el Señor de la iglesia, el amo y
dueño. Judas lo llama: Dios el único soberano (4).
Pablo establece un paradigma en 1 Tesalonicenses 2, de cómo llevar a cabo el trabajo pastoral para bien
del rebaño y para agradar a Dios. Pablo dice que ni el sufrimiento ocasionado por la persecución y
constante oposición le fueran obstáculos insalvables para proclamar el evangelio de Dios (1
Tesalonicenses 2:1-2). Al contrario realizó su ministerio con denuedo. Predicó el evangelio en medio de
mucho conflicto con esfuerzo extremado. Otras palabras que describen el término denuedo de Reina
Valera del 60 son: valor, osadía, arrojo, intrepidez, esfuerzo y según un diccionario de sinónimos denuedo
es lo contrario a la cobardía.
Cuando se trabaja para el Señor, no hay conflicto, oposición verbal ni hechos violentos que impidan
realizar el ministerio. Pastor, ante la pregunta ¿Para quién trabajamos? Solo hay una respuesta:
Trabajamos para el Señor de la mies.
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