Unidad VI: 1955-1983
La Revolución Libertadora: desperonizar la sociedad argentina. El peronismo sin
Perón. Gobiernos militares y civiles: la cuestión de la legitimidad y la tutela militar.
Proscripciones e intervenciones. Facciones militares y políticas: azules y colorados. La
crisis de los partidos políticos.
Los gobiernos condicionados: Frondizi e Illia. El modelo desarrollista y la dependencia.
Las presiones y desestabilizaciones del movimiento sindical y la agudización de los
conflictos sociales. El empate hegemónico. El fracaso por desperonizar la sociedad.
La Revolución Argentina: El Estado burocrático autoritario. La despolitización del
Estado y la sociedad. La Doctrina de la Seguridad Nacional. La ideología
revolucionaria: doctrinas de liberación e insurgencia armada. El fracaso de la
Revolución Argentina: Perón y su retorno a la política. El enfrentamiento entre la
derecha y la izquierda peronista. Violencia y represión ilegal. La caída del peronismo.
El Proceso de Reorganización Nacional y el terrorismo de Estado. Políticas represivas y
cultura del miedo. Resistencias y consentimientos. Las vicisitudes del régimen político
militar. El modelo económico de la dictadura: Libre mercado y desindustrialización. El
fracaso de la política económica y su impacto en la cúpula militar. La derrota de la
guerra de las Malvinas y el comienzo del fin. Movilizaciones sociales y reacción de las
Fuerzas Armadas.
GOLPES, PROSCRIPCIONES Y PARTIDOS POLÍTICOS – TCACH
El periodo iniciado en 1955 con el derrocamiento del presidente Perón fue para sus
protagonistas una ‘’revolución libertadora’’ o ‘’fusiladora’’, para los estudiosos se
abrió un nuevo periodo histórico que fue descripto en términos de ‘’semidemocracia’’
por la proscripción del peronismo, ‘’parlamentarismo negro’’ por el ejercicios de la
política fuera de los canales institucionales, ‘’empate’’ porque cada de uno de los
actores tenía capacidad para bloquear los proyectos de sus adversarios pero era
incapaz de realizar los suyos o ‘’juego imposible’’ dadas las dificultades de ganar
elecciones sin contar con el voto peronista y de conservarse en el gobierno sin el
apoyo del Ejercito que proscribía al peronismo.
LONARDI PRESIDENTE: LA FICCION NACIONALISTA
La oposición civil, militar y eclesiástica al gobierno peronista no podía ser más amplia.
Tras el objetivo de poner fin a la presidencia de Perón, confluyeron radicales
intransigentes y unionistas, conservadores y socialistas, demócratas cristianos y
grupos nacionalistas. Fue precisamente la presencia de éstos últimos lo que confirió
un rasgo distintivo al primer gobierno posperonista. El general Eduardo Lonardi y
muchos de sus colaboradores estaban caracterizados por su nacionalismo y
clericalismo.
La discordia apareció temprano: Lonardi anticipó que defendería los derechos de los
“hermanos trabajadores”. No habría ‘’ni vencedores ni vencidos’’. Desde su punto de
vista, cabía la posibilidad de reeditar (sin Perón) la vieja alianza que en 1943 había
encontrado a militares nacionalistas y dirigentes sindicales. Para ello era necesario
legitimar la revolución de septiembre ante los trabajadores que repugnaba los
sentimientos antiperonistas de la Marina, liderada por el contraalmirante y
vicepresidente de la Nación Isaac Rojas.
Rojas impulsó la formación de una Junta Consultiva Nacional de partidos políticos (el
Partido Comunista fue excluido) a efectos de contrapasar el poder de los lonardistas.
Las tensiones en el gabinete nacional tuvieron como epicentro el Ministerio de Trabajo
y Previsión, en el que su titular se rehusaba a intervenir la central obrera y su anuncio
de elecciones sindicales que confirmarían el predominio peronista disiparon la
esperanza patronal. Otro motivo de descontento era el ministro-secretario de Estado
con facultades para presentar proyectos de decreto-ley al presidente sin pasar por los
ministerios correspondientes. Los integrantes de la Junta Consultiva Nacional
renunciaron.
Presionado por un grupo de oficiales del Ejército que contaban, además, con el aval
de la Marina, Lonardi debió renunciar el 13 de noviembre. Culminaban sesenta días en
los que el escenario político se había convertido en un laboratorio de ensayo, donde
distintas fórmulas trabadas en competencia dejaban al desnudo los problemas
centrales que afectarían al país durante dieciocho años.
ARAMBURU: ILUSIÓN PEDAGÓGICA, REPRESIÓN, E INGENIERÍA INSTITUCIONAL
La asunción del nuevo presidente Pedro Eugenio Aramburu fue recibida por
radicales, conservadores, socialistas y demócratas cristianos que coincidieron en
haber frutado los intentos nacionalistas de torcer el sentido democrático de la
revolución de septiembre.
El presidente Aramburu intervino por decreto la CGT, disolvió el partido peronista,
inhabilitó a sus integrantes para obtener empleos en la administración pública y
proscribió de la representación gremial a quienes habían ocupado cargos sindicales a
partir de 1952.
El uso de la violencia política por los peronistas estaba en consonancia con las
instrucciones emanadas de su líder desde el exilio. El gobierno implantó la ley marcial
y fusilo a seis militares sublevados, dieciocho civiles y un grupo de obreros.
En la UCR, sabattinistas y unionistas habían coincidido en promover (a contragusto de
Frondizi) la abstención electoral que formaba parte de una estrategia orientada a
estimular el levantamiento armado contra Perón. Como era previsible, los resultados
de la encuesta interna legitimaron la precandidatura de Frondizi. UCRI (Unión Cívica
Radical Intransigente) y UCRP (Unión Cívica Radical del Pueblo). Perón anuncio su
respaldo a la candidatura presidencial de Frondizi porque perseguía dos objetivos. En
primer lugar, después del pacto ya no cabía hablar de la desaparición del peronismo.
Este acuerdo lo relegitimó como actor político. En segundo lugar, el pacto permitió a
Perón reafirmar su posición de predominio en el interior del justicialismo. Así frustró
las expectativas de quienes aspiraban a sucederlo.
La retórica de Frondizi era catch all, fue apoyado por nacionalistas y comunistas, por
ateos de izquierda y católicos. Su partido ganó todas las gobernaciones de provincias,
obteniendo una amplia mayoría en ambas cámaras del Parlamento.
FRONDIZI: INTEGRACIÓN FRUSTRADA Y PLANTEOS MILITARES
En el nuevo contexto internacional, marcado por el patrón dólar y la liberalización
económica la “teoría histórica de la transición al desarrollo” suponía la necesidad de
reconocer la importancia de los capitales extranjeros para desarrollar el país y suponía
también la necesidad de una sociedad integrada en la que el proletariado y sus
sindicatos tuvieran su lugar al sol.
Hizo aprobar en el Congreso Nacional una ley de amnistía y derogación de las
inhabilitaciones gremiales, anuló el decreto que prohibía el uso de símbolos peronistas
y concedió un aumento salarial del 60%. La ley 14.455, de asociaciones profesionales,
confirmó el poderío de la CGT y el predominio peronista en los sindicatos. Para la
UCRP, para los políticos de la derecha liberal antiperonista y para las FFAA, Frondizi
había roto la Revolución Libertadora.
El guiño hacia el movimiento obrero peronista fue acompañado de otro dirigido a la
lglesia Católica. Frondizi y su ministro de Educación remitieron al Congreso un
proyecto para legitimar y reglamentar el funcionamiento de universidades privadas.
Situada a contraviento de la tradición laica de la Reforma Universitaria de 1918, la
iniciativa indignó a amplios sectores de la cultura y el movimiento estudiantil. La
política de atracción hacia los “factores de poder” se combinaba con la necesidad de
seducir a los inversores extranjeros. La batalla del petróleo fue la iniciativa
presidencial destinada a permitir al capital extranjero la exploración y explotación de
las reservas petrolíferas.
Tras la implementación de un duro plan de estabilización económica y austeridad fue
seguida de las renuncias a sus cargos de las figuras que representaban el peronismo y
el movimiento obrero: Rogelio Frigerio (asesor presidencial) y David Blejer (ministro de
Trabajo), el PJ excluido de la arena electoral y el allanamiento en la sede del Consejo
Coordinador, Perón denuncio que Frondizi había traicionado el pacto preelectoral.
El plan de estabilización adoptado por el gobierno nacional (reducción del gasto
público, liberación de precios, limitación de los aumentos salariales) profundizó en lo
inmediato la brecha recesiva. Las huelgas fueron declaradas ilegales y el Partido
Comunista fue proscripto. El plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado) permitió
al gobierno de Frondizi encarcelar a millares de personas, acusadas de ser
izquierdistas o pertenecer a la resistencia peronista. Esta norma otorgaba facultades
Judiciales al Poder Ejecutivo Nacional y permitía la participación de las FFAA en la
represión interna.
La prueba de fuego tuvo lugar en marzo de 1962. Con motivo de los comicios para
elegir gobernadores y renovar parcialmente las legislaturas, el peronismo fue
autorizado por el gobierno a participar en las elecciones. El peronismo impuso su
predominio en la mayor parte del país. Presionado por los militares, Frondizi fue
obligado a disponer la intervención federal a las provincias en las que ganó el
peronismo. El 29 de marzo fue arrestado y recluido en la Isla Martín García.
UN PARÉNTESIS OSCURO: INTEGRADORES FRENTISTAS, LUCHAS INTRAMILITARES Y
MACARTISMO
Asunción del presidente del Senado, José María Guido. Anuló las elecciones de
marzo y dispuso el envío de interventores federales a las provincias. Influencia de la
Argentina tradicional, liberal en lo económico, conservadora en lo político y
reaccionaria en lo cultural.
Un nuevo estatuto de los partidos políticos declaraba a éstos en estado de asamblea y
les prohibía cualquier alusión a la “lucha de clases”. Se prohibió toda propaganda
peronista. Asimismo, el Ministerio de Trabajo anunciaba que la CGT carecía de
existencia legal en virtud de no haber renovado sus autoridades de acuerdo con los
estatutos.
El 19 de septiembre, el general Onganía exigió desde la Escuela de Logística de
Campo de Mayo la destitución de los militares antiintegracionistas. Las primeras
declaraciones de los rebeldes señalaban su intención de evitar una dictadura militar y
manifestaban su compromiso con la realización de elecciones democráticas. Los
comunicados rebeldes identificaban a las fuerzas propias como azules y a las
enemigas como coloradas. los militares “legalistas” fueron identificados con el primer
color y los que priorizaban la lucha antiperonista al mantenimiento de la legalidad
constitucional con el segundo. Tras cuatro días de pequeños combates y
hostigamientos mutuos, los azules lograron imponerse. El general Onganía fue
nombrado comandante en jefe del Ejército.
El fracaso de los militares antiperonistas dio lugar a una reorganización ministerial
que permitió el retorno de Rodolfo Martínez a la titularidad del Ministerio del Interior.
Este puso en marcha un esquema de integración subordinada del peronismo con
participación de frondizistas, demócratas cristianos, nacionalistas, conservadores e
incluso, radicales del pueblo. Desde su óptica, se trataba de una operación a dos
puntas: reconocer al peronismo como parte de la realidad política nacional y ofrecer
garantías de que éste no tendría en sus manos el control del gobierno siguiente. Creía
también que el general Onganía podía ser el candidato “ideal” a presidente de la
República.
El radicalismo se solidarizó implícitamente con los militares derrotados, las comisiones
‘’Arturo Illia presidente (Por la Civilidad y la Democracia Argentina)’’ comenzaron a
multiplicarse. En los frustrados comicios de marzo Illia había sido elegido gobernador
de Córdoba, el único lugar del país donde la UCRP ganó las elecciones.
ILLIA PRESIDENTE: SOLEDAD RADICAL Y OPOSICIÓN CORPORATIVA
Arturo Illia obtuvo cerca del 25% de los sufragios, Oscar Alende (UCRI) superó el
16%, el expresidente Aramburu alcanzó el 7% de los votos. Se registró un 19% de
votos en blanco. El nuevo presidente pertenecía a la generación de antiguos
militantes radicales que se había fogueado en las luchas contra el conservadurismo
en la década del 30 y el peronismo después.
El gobierno anulo por decreto los contratos petroleros firmados por el gobierno de
Frondizi con empresas extranjeras. Al desagrado generado por la iniciativa
gubernamental en los inversionistas extranjeros, se sumó pronto el de los empresarios
nucleados en la Unión Industrial Argentina, quienes criticaron el “intervencionismo
estatal”, empeñado en poner límites al aumento del precio de los productos de la
canasta familiar. En la política económica y social del gobierno se combinaban
criterios keynesianos de intervencionismo estatal, la influencia de la CEPAL favorable
a una nueva inserción de la periferia en la DIT, y los viejos postulados reformistas que
los radicales intransigentes habían hecho suyos desde la década del 40.
En el ámbito militar mantuvo al general Onganía como comandante en jefe del
Ejército. Los integrantes de la Corte Suprema de Justicia permanecieron en sus cargos.
Del mismo modo, la Iglesia Católica pudo respirar tranquila.
Los integrantes del EGP (Ejercito Guerrillero del Pueblo) fueron reprimidos sin apelar al
Ejército y juzgados de acuerdo con las normas del Código Penal. La aprobación del
“salario mínimo, vital y móvil” y de una Ley de Abastecimiento (de dudosa
efectividad) distó de contentar a la CGT. Es que el gobierno quería modificar la Ley de
Asociaciones Profesionales para romper el monolitismo peronista en los sindicatos. La
respuesta de éstos fue un duro plan de lucha que incluyó ocupaciones de fábricas y
retención de sus directivos. Mientras algunos políticos como Oscar Alende y dirigentes
demócratas cristianos expresaban su respaldo al plan de lucha, los sectores
empresarios exigían que se respetaran el derecho de propiedad y la libertad de
trabajo. Para ellos, la resistencia del gobierno a declarar el estado de sitio era una
muestra de su pasividad.
La “operación retorno” alentada por Vandor puso entre las cuerdas al gobierno radical,
obligándolo a pedir a las autoridades militares brasileñas que impidieran la
prosecución del vuelo de Iberia que contaba con Perón. En marzo de 1965, la UCRP
perdió su mayoría en la Cámara de Diputados de la Nación.
Onganía había formulado en la V Conferencia de Ejércitos Americanos su opinión
respecto de la legitimación de los golpes militares. Éstos serían legítimos en el caso
de que los gobiernos electos usaran su prerrogativas constitucionales para desvirtuar
los valores occidentales y cristianos. La hora de la espada había sonado una vez más
en la Argentina. La campaña golpista culminó el 28 de junio de 1966 con el
derrocamiento de Illia por los comandantes en jefe de las FFAA.
DEL ANTIPERONISMO A LA ANTIPOLÍTICA: LA DICTADURA DE ONGANÍA
Al asumir la presidencia, el teniente general Juan Carlos Onganía juró “observar
fielmente los fines revolucionarios, el Estatuto de la Revolución y la Constitución de la
Nación Argentina”. Suponía reemplazar la constitución por el propio estatuto
elaborado por los golpistas, cuyo artículo 1º legitimaba la designación del presidente
por los militares. Entre los ‘’fines revolucionarios’’ se destacaban la necesidad de
‘’consolidar valores espirituales y morales’’ que eran ‘’patrimonio de la civilización
occidental y cristiana’’. Este objetivo iba acompañado del deseo de los empresarios
que se habían visto afectados por las luchas obreras ‘’alcanzar adecuadas relaciones
laborales’’. Las organizaciones burguesas respaldaron al nuevo presidente. Lo mismo
gran parte de la prensa.
Durante sus primeros meses, el nuevo gobierno redujo el personal en la
administración pública, en los ferrocarriles y en otras empresas estatales. En el plano
cultural y educativo, el gobierno intervino las universidades nacionales (catalogadas
de focos de infiltración marxista). La resistencia estudiantil y docente fue reprimida
por la policía en la UBA en la conocida ‘’noche de los bastones largos’’. Las minifaldas,
el pelo largo, el uso de pantalones en las mujeres o el besarse en una plaza fueron
censurados. La asfixia cultural favoreció la emigración de científicos y académicos al
exterior, fenómeno que fue conocido como “fuga de cerebros”. Su lugar fue ocupado
por sectores clericales y conservadores.
La puesta en práctica del plan del ministro de Economía Krieger Vasena permitió
congelar los salarios y suspender las negociaciones colectivas hasta fines de 1968.
Devaluó el peso en un 40%, pero compensó los efectos mediante retenciones a los
exportadores. Durante su gestión los ingresos de capital privado extranjero fueron
notables, pero no como inversiones directas sino en carácter de préstamos a corto
plazo. Erosionar el Estado benefactor no suponía limitar el Estado intervencionista.
Los indicadores macroeconómicos eran exitosos a costa de sectores industriales
pequeños y medios, pequeños comerciantes (afectados por la ley que liberaba los
alquileres), trabajadores y empresarios de las economías regionales, cooperativas
agrarias y de crédito y los obreros industriales cuyas conquistas sociales habían sido
anuladas.
El 29 de mayo de 1969 en Córdoba la movilización de los trabajadores industriales,
acompañados por estudiantes y sectores medios, derrotó a la policía, ocupó la ciudad
y forzó la intervención del Ejército. Para las organizaciones populares, el Cordobazo
marcaba un camino: oponer a la violencia reaccionaria de los explotadores y de la
dictadura la violencia revolucionaria y libertadora de los explotados. El nacimiento del
Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) así como el rápido desarrollo de las
organizaciones armadas peronistas, demostraban que la dictadura habrá agravado los
peligros que deseaba eliminar.
LEVINGSTON: EL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN ARGENTINA
En junio de 1970, el general Roberto Marcelo Levingston fue el hombre elegido por
la reconstituida junta de comandantes para ejercer la primera magistratura del país.
En el económico-social promovió medidas nacionalistas como el “compre argentino”,
que obligaba a los organismos estatales a comprar productos generados en el país,
elevación de los aranceles a la importación y medidas de promoción industrial a
través de créditos orientados a las empresas nacionales.
En marzo de 1971, un nuevo levantamiento obrero y popular en Córdoba conocido
como el Viborazo frustro el segundo gobierno de la Revolución Argentina. Pero su
efectividad no se asociaba sólo a la movilización popular, era también el resultado de
las contradicciones internas en las FFAA.
LA ÚLTIMA CARTA: EL GRAN ACUERDO NACIONAL
El nuevo presidente impuesto por los militares, el general Alejandro Agustín
Lanusse, tenía lazos familiares y amistosos con el mundo de los negocios de la gran
burguesía. Se propuso avanzar hacia una transición política que tuviese un
compromiso previo entre las FFAA y las diversas fuerzas políticas y sociales. Este
proyecto, conocido con el nombre de Gran Acuerdo Nacional, implicaba el repudio a la
subversión, el reconocimiento de la inserción de las FFAA en el futuro esquema
institucional y el acuerdo en torno a la candidatura presidencial.
El primer punto implicaba la legitimación de la doctrina de la seguridad nacional en
virtud del reconocimiento de la noción de “enemigo interno”, así como el alejamiento
de Perón de cualquier coqueteo con los grupos guerrilleros. El segundo punto reflejaba
el deseo de que los comandantes en jefe del próximo gobierno tuvieran rango de
ministros de gabinete. El tercero suponía la necesidad de una renuncia del líder
exiliado a su postulación presidencial.
En 1971-1972, Perón desarrolló una táctica pendular. Alentó a las organizaciones
armadas peronistas, a las que llamó ‘’formaciones especiales’’, y creo con
agrupaciones políticas moderadas (Movimiento de Integración y Desarrollo,
democracia cristiana, conservadores populares y los intransigentes) el FRECILINA
(Frente Cívico de Liberación Nacional) y el FREJULI (Frente Justicialista de Liberación
Nacional), que a diferencia del anterior no contaba con la adhesión ni de Oscar Alende
ni de los demócratas cristianos que respondían a Horacio Sueldo. Contó con la
adhesión de la totalidad de los políticos neoperonistas de las provincias.
El 22 de agosto la credibilidad del gobierno nacional terminó de desmoronarse. La
ejecución de 16 presos políticos en Trelew pareció llevar la situación a sus límites.
Favorecido por la continuidad de las luchas populares y por el accionar de las
organizaciones armadas contra el gobierno militar, Perón fue renuente a establecer
compromisos.
Finalmente, Perón retorno a España y designó como candidato presidencial a su
delegado personal Héctor Cámpora, con el apoyo de Jos sectores juveniles, aspecto
clave en un país donde más del 50% de la población no alcanzaba los 30 años.
FREJULI obtuvo el 49,5% de los votos. El 25 de mayo la asunción de Cámpora parecía
coronar el fin de la pesadilla dictatorial. Esa noche, la multitud liberó a los presos
políticos recluidos en Villa Devoto. Mientras el protagonismo popular se hacía dueño
de las ciudades, las clases dominantes, la jerarquía eclesiástica y los propios militares
percibían en el otrora “tirano prófugo” el último dique de contención a la oleada de
radicalización política.
PROTESTA, REBELIÓN Y MOVILIZACIÓN: DE LA RESISTENCIA A LA LUCHA
ARMADA, 1955-1973 – GORDILLO
La ‘’Revolución Libertadora’’, que derroco al gobierno de Perón pretendía diseñar un
nuevo modelo de "república posible" basada en la participación de los partidos que
habían conformado la oposición al gobierno. Sin embargo, aunque se sostuviera la
democracia en un sentido formal, los sucesivos gobiernos ilegítimos llevarían a los
marginados del sistema a la utilización de canales extraparlamentarios y a la creación
de nuevas redes por donde exteriorizar la protesta.
Se pueden discriminar tres etapas dentro de este período en las que se observa una
base común: la de la inestabilidad política y su imposibilidad de legitimar un modelo
económico y social alternativo al del peronismo.
El propósito principal es explicar el pasaje a la movilización y acción colectiva que
tuvo lugar a fines de los '60 y comienzos de los '70. Este período es la mudanza de
una cultura política de resistencia a otra de confrontación, donde se ensayaron
diferentes alternativas caracterizadas por su intención de excluir/eliminar al
adversario, en algunos casos simbólica y en otros hasta físicamente.
DE LA RESISTENCIA A LAS REBELIONES POPULARES
La ‘’pura resistencia’’: los ‘’gorilas’’, los ‘’caños’’, la revolución…
El gobierno militar que se instaló en 1955 quebrantó momentáneamente la estructura
legal dentro de la cual habían venido funcionando las organizaciones sindicales, a la
vez que intentó aniquilar la ideología peronista. Contrariamente al efecto buscado,
esto produjo un refuerzo de la identidad peronista alimentado por discursos y tácticas
violentos que llamaban a resistir hasta que se hiciese efectivo el esperado y seguro
retorno de Perón desde el exilio. El imaginario del retorno servía para justificar por
parte del gobierno medidas extremadamente represivas como el fusilamiento del
general Valle y otros seguidores acusados de preparar un golpe con el objetivo de
traer a Perón.
Arturo Frondizi llegó al poder en 1958 con el apoyo del voto peronista tras haber
"pactado" con Perón el levantamiento de la proscripción y el restablecimiento de la
legislación laboral. La etapa que se inició con Frondizi fue de gran expectativa. Pero,
luego de cumplir su promesa de restablecer la legislación laboral peronista
comenzaron a vislumbrarse signos negativos que llevaron a los trabajadores a
reestablecer huelga. Ejemplo: ocupación del Frigorífico Nacional Lisandro de la Torre.
Ante la continuación del conflicto los sindicatos y organizaciones gremiales peronistas
que habían decretado un paro nacional comenzaron a argumentar que se estaban
creando las condiciones para un nuevo golpe y decidieron levantar el paro.
Hacia fines de los '50 comenzaron a manifestarse los primeros indicios de una cultura
contestataria. Los factores: la proscripción del peronismo, el exilio de Perón y la
inestabilidad del sistema político, la insatisfacción de los sectores intelectuales que
habían apoyado la propuesta de Frondizi y luego se sintieron desilusionados.
Un lugar común fue la aceptación de la necesidad del cambio de estructuras: se
necesitaba modificar la estructura política, la frágil "democracia burguesa" que
mantenía marginada a la fuerza política mayoritaria. También se puso énfasis sobre la
necesidad de cambiar la estructura económica y social imponiendo un sistema donde
los sectores populares participaran efectivamente en el gobierno. Esto encajaba con
otro imaginario, tanto la izquierda como del nacionalismo de derecha, el de luchar
contra el imperialismo personificado en las grandes extranjeras en el país.
Afirmando un fuerte componente del peronismo pero no exclusivo de él, en la década
del 60 se afianzó el nacionalismo relacionado también con la idea de la ‘’liberación
nacional’’. Por un lado era la lucha contra el imperialismo. Al mismo tiempo, implicaba
la necesidad de afirmar el respeto y el bienestar de los sectores populares frente a los
privilegiados.
En el discurso peronista aludía permanentemente a la situación del país como la de un
"territorio ocupado" y a los distintos gobiernos como representantes del "ejército de
ocupación". La lucha contra esos gobiernos aparecía legitimada porque se estaba
luchando por la patria y por liberarla de los invasores. De ahí el paso a la justificación
de cualquier método de acción, incluida la vía armada. Esas alternativas alentadas por
la Revolución Cubana ocupaban todavía un ligar muy marginal. Las divisiones dentro
del peronismo pusieron en evidencia quienes querían mantener una línea de
intransigencia y profundizar los contenidos revoluciones y los que intentaron
posicionarse dentro del sistema. Entre los primeros se destaca John William Cooke.
Las distintas agrupaciones de izquierda fueron definiéndose en torno a dos grandes
ejes o líneas: la del Partido Comunista fiel a la URSS y otra, que veía con simpatía los
modelos cubano y chino y escogía la vía de la revolución como medio para llegar al
poder. Es revolución (que según el modelo cubano) debía ser continental y socialista
sólo podía llevarse a cabo a través de la lucha armada.
En 1963 una nueva etapa se abrió en el país. Los militares, después de derrocar a
Frondizi en 1962 e instalar el gobierno interino de Guido, habían acordado la salida
electoral aunque manteniendo la proscripción del partido peronista para las
elecciones presidenciales y de gobernadores, lo que hizo posible el triunfo de la
fórmula compuesta por Arturo Illia-Carios Perette de la Unión Cívica Radical del Pueblo
y con ello también se modificaría la estructura de las oportunidades políticas para la
manifestación de la protesta.
El movimiento obrero como factor de poder.
La legitimidad de un gobierno que no representaba la voluntad mayoritaria creaba la
necesidad por parte del gobierno de atraer al movimiento obrero con el fin de hacer
posibles la recuperación y la estabilidad económica tras la crisis desatada el año
anterior. Esto implicaba aceptar la apertura de canales donde se pudiera expresar el
movimiento obrero. Pero la misma debilidad del gobierno y la cuestión pendiente de la
proscripción del peronismo llevaron al movimiento obrero a buscar y encontrar aliados
para hacer efectivas sus demandas. Esa situación lo convirtió en un verdadero factor
de poder.
Los planes de lucha de la CGT, incluyeron marchas al Congreso, movilizaciones en
caravanas, ocupaciones de fábricas, cabildos abiertos, ridiculización del oponente,
actos conmemorativos, entre otras medidas. Otra variante de protesta fueron rituales
de recordación de las fechas más importantes del peronismo; por ejemplo ‘’Dia de la
Lealtad’’ o la del nacimiento o muerte de Evita.
En 1964 los actos presentaron similares características, con un lenguaje moderado
que planteaba levantar las banderas de la "pacificación social", de la "unidad
nacional" y de la "felicidad para todo el pueblo", que traería la redención argentina: el
regreso del general Perón. El año 1965 terminó con el cierre relativo de los canales de
comunicación con el gobierno de Illia y, con ello, se fue creando el marco para alentar
diversas alternativas: la incorporación autónoma del movimiento obrero dentro del
sistema político, una salida revolucionaria de izquierda y una salida autoritaria
apoyada por los principales dirigentes sindicales que se concretó el 28 de junio de
1966 cuando Onganía destituyo a Illia.
Los sectores juveniles asumen compromisos
Otro actor que cobró fuerza fue el sector estudiantil. Esto fue posible porque con el
gobierno de Illia funcionaron normalmente los canales para la participación en la
actividad universitaria. Pero la preocupación principal de los estudiantes comenzó a
vincularse con el movimiento obrero, donde comenzó a percibirse que, a pesar de la
legalidad formal mantenida por el gobierno, éste carecía de representatividad y era
necesario apoyar a las luchas populares. Durante la etapa de la ocupación de fábricas
también los estudiantes procedieron a la toma de las facultades como una muestra de
solidaridad.
Más tarde será el movimiento estudiantil uno de los primeros en reaccionar frente al
gobierno de Onganía y en esa actitud tuvo tanto que ver el ataque perpetrado contra
la autonomía universitaria como la experiencia previa de movilización y participación
adquirida durante los años del gobierno de Illia.
Las cupulas sindicales pierden poder: ¿cómo enfrentar a la dictadura?
¿Cómo se canalizó la acción colectiva? Como reacción a las medidas del gobierno que
trataban de limitar la autonomía de las universidades nacionales, las primeras
reacciones provinieron del ámbito universitario y fueron protagonizadas por los
estudiantes y algunos docentes que se manifestaron en contra de esas decisiones,
llevando a cabo diferentes manifestaciones de repudio que tuvieron como resultado la
intervención de casi todas las universidades.
Luego de la conformación de la CGT de los Argentinos y el impacto del mayo francés
durante 1968 que en las agrupaciones universitarias se abrió un debate interno en
torno a la alternativa de reforma o revolución.
A partir de 1967, cuando el gobierno de Onganía definió claramente su política y la
acción armada empezó a tomar cuerpo entre algunos sectores como la única
estrategia posible. Sumada al sindicalismo combativo liderado por Ongaro, llevó a los
sectores del peronismo que habían apoyado la línea de Cooke a organizar su propio
brazo armado, las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Este intento fue rápidamente
desarticulado por las fuerzas de seguridad que detuvieron a varios de sus integrantes
y desarmaron el "destacamento guerrillero 17 de octubre". Dentro de las
agrupaciones de izquierda no peronistas un desprendimiento del Partido Comunista
constituyó el PC-CNRR (Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria), luego
Partido Comunista Revolucionario (PCR). También ese año se constituyó el Ejército de
Liberación Nacional (ELN). En 1968 el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)
realizó su cuarto congreso que desembocó en la división y formación de dos
corrientes: PRT "El Combatiente" que al año siguiente dio nacimiento al Ejercito
Revolucionario del Pueblo (ERP) y PRT ‘’La Verdad’’. Para entonces también se
organizaron las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL).
LAS NUEVAS FORMAS DE LA PROTESTA OBRERA Y LA REBELIÓN POPULAR
El año 1969 marcó el inicio de la descomposición del régimen de la Revolución
Argentina. Diferentes circunstancias se conjugaron para transformar la protesta
obrera en rebelión popular; de ellas se destacan dos fundamentales y paradigmáticas:
el Cordobazo y Rosariazo.
El Cordobazo: los acontecimientos.
La policía abrió fuego y mató al obrero de IKA-Renault Máximo Mena. Los trabajadores
atacaron entonces al cordón policial desbandándolo, transformándose la movilización
en una revuelta urbana espontánea en la cual participo prácticamente la totalidad de
la comunidad cordobesa. Los dirigentes sindicales intentaron establecer cierto grado
control pero la rebelión había escapado de sus manos. Dirigentes sindicales se
mostraban recelosos de continuar participando en la protesta que ya no controlaban.
A la tarde intervino el Ejército, la aparición de algunos francotiradores en los techos
agregó un tercer elemento al Cordobazo. Pasados los dos días de protesta el saldo de
propiedades destruidas era considerable y la cifra oficial ascendía a 12 muertos y 93
heridos. El impopular gobernador Caballero tuvo que dejar el poder y la posición del
régimen comenzó a ser seriamente cuestionada.
El pos-Cordobazo: la conformación de un movimiento de oposición al régimen.
El Cordobazo cristalizó el cuestionamiento al régimen ya iniciado por diversos
sectores de la sociedad. Pondría de manifiesto una crisis de autoridad en el interior de
las diferentes organizaciones de la sociedad civil que coincidió con la aparición de la
juventud en la esfera pública. Las movilizaciones iniciadas mostraron al gobierno la
necesidad de modificar su orientación, instalando ciertas prioridades en su agenda
con objeto de frenar el descontento popular. Así se abrieron canales de acceso a la
participación por donde expresar el descontento obrero.
Entre los sectores dominantes se acentuaron también las divisiones tras el impacto
que significó la aparición pública de la organización guerrillera peronista Montoneros,
con el secuestro y muerte del expresidente Aramburu en junio de 1970, lo que
condujo al reemplazo de Onganía por Levingston.
El Rosariazo.
La huelga general nacional decretada por las dos CGT para el 27 de agosto de 1969
continúa el ciclo de protesta abierto iniciado en mayo. En ese contexto, también la
huelga ferroviaria que desde Rosario se irradió al resto del país sería el detonante de
la huelga general activa llevada a cabo en esa ciudad. Diferentes entidades
sindicales, políticas, estudiantiles, se solidarizaron con los obreros. Luego de la
experiencia del Cordobazo, las fuerzas policiales fueron reforzadas con objetivo de
impedir el ingreso de los manifestantes en la zona céntrica. Se atacaron comercios y
se registraron enfrentamientos con la policía con el saldo de un herido de bala. El
carácter más marcado de insurrección urbana que tuvo el Rosariazo insinuó ya los
cambios que se estaban operando en el escenario político y que se definirían más
claramente a comienzos de los '70.
La irrupción de las bases en las plantas fabriles y la expansión del ciclo de protesta.
Durante el desarrollo de la protesta, se fueron modificando los contenidos de las
reivindicaciones hasta convertirse en un cuestionamiento a la dirigencia sindical. A
partir de los '70 se observaron entonces importantes cambios en los repertorios de
confrontación. La experiencia acumulada por los trabajadores de los sindicatos líderes
durante la década del 60 había sido la permanente movilización a través de las
estructuras formales de los sindicatos, manteniendo una estricta disciplina sindical
como medio de conseguir sus reivindicaciones. Pero la situación abierta luego del
Cordobazo introdujo cambios en los que la disciplina y uniformidad anterior pasarían a
ser sustituidas por una creciente demanda de autonomía y democracia de base, que
se afirmó como un código común sobre todo entre los sectores juveniles. Lo novedoso
entonces luego de 1969 fue que, recogiendo la experiencia previa de movilización y
combatividad desplegada para hacer efectivas las demandas corporativas, se
produjeron cambios en las formas de enfrentamiento y en los contenidos. Estas
transformaciones se evidenciaban en la utilización de mecanismos más informales
para la exteriorización de la protesta y en medidas de acción directa como la
ocupación de fábrica con rehenes, que si bien formaba parte del acervo cultural de los
trabajadores antes se había ejercitado con otro sentido.
Nuevos actores ocupan el espacio público: las organizaciones armadas.
Si bien la protesta social y la guerrilla coincidieron en el tiempo como fenómenos del
pos-Cordobazo, es necesario diferenciarlos.
El gobierno de Onganía apareció como el precipitador para el proceso de
conformación de organizaciones armadas provenientes de diferentes vertientes
político-ideológicas. Lo novedoso del pos-Cordobazo fue que éstas ocuparon el
espacio público presentándose como una alternativa política más para el acceso al
poder, sobre todo para los sectores juveniles. La violencia comenzó a tematizarse
como una opción posible mientras diferentes actores se iban sumando al movimiento
social y alimentaban el ciclo de protesta.
Dentro de las organizaciones armadas de raíz marxista, el ERP y las FAL, surgidas
antes de 1969, se convirtieron en los principales referentes luego del Cordobazo. Pero
en el año '70 entraría en escena la más importante organización armada de la
Argentina por el caudal de personas que movilizó: la de la organización izquierda
peronista Montoneros. Su primera aparición pública tuvo un alto contenido simbólico:
al cumplirse un año del Cordobazo (fecha coincidente con la del Día del Ejército)
secuestraron a Aramburu. La consecuencia fue la remoción de Onganía diez días
después del secuestro y su reemplazo por Levingston.
En cuanto a las definiciones ideológicas, Montoneros no hizo diferencias al comienzo
entre los sectores que luchaban por el retorno de Perón al poder y los que buscaban
una transformación socialista del país. El aliento que Perón dio a Montoneros y a otras
agrupaciones tales como la Juventud Peronista, la Juventud Universitaria Peronista, la
Juventud Trabajadora Peronista los convenció de que su particular visión de la "patria
socialista" podría conseguirse con el retomo del líder.
Durante 1971, la otra organización armada más activa fue el ERP, que secuestró a
Stanley Sylvester y Oberdan Sallustro. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR),
cuyo origen se remontaba a 1966, cuando unas cuantas personas se unieron con la
esperanza de convertirse en el apéndice argentino del foco boliviano del ‘’Che’’. Su
muerte condujo al derrumbe del proyecto pero, conducidas por Enrique Olmedo,
iniciaron la guerrilla urbana en 1969. Al intentar salir del aislamiento político las FAR
se fusionan con los Montoneros a fines de 1972. Trataron de hacer un uso mínimo de
la violencia ofensiva que tenía blancos bien determinados, como representantes del
régimen o, sobre todo en el caso del ERP, con empresarios en conflicto con sus
obreros, sin realizar actos terroristas al azar. Los secuestros también se utilizaron
para obtener recursos para el mantenimiento de la organización o para ser
distribuidos en villas de emergencia.
LA TRANSFORMACIÓN DEL CICLO DE PROTESTA OBRERA, LA HORA DE LAS
DEFINICIONES POLITICAS
La presión que venían ejerciendo distintos sectores de la sociedad tuvo que ser
asumida por el gobierno de la Revolución Argentina y, nuevamente como en 1969, lo
acontecido en Córdoba fue crucial para decidir el cambio de actitud del gobierno.
Luego del segundo Cordobazo o Viborazo Levingston fue reemplazado por Lanusse,
quien lanzó el Gran Acuerdo Nacional (GAN) prometiendo la convocatoria a elecciones
en el corto plazo. Ya en noviembre de 1970 representantes de los principales partidos
políticos se habían reunido en un encuentro que se conoció como La Hora del Pueblo
para exigir la salida electoral y un cambio sustancial del modelo económico-social. En
el Viborazo aparecían los principales exponentes del cuestionamiento al régimen: los
trabajadores de los sindicatos líderes y representantes de las organizaciones
armadas.
El segundo Cordobazo o Viborazo: la caída de los gobiernos provincial y nacional.
Los problemas comenzaron a plantearse a partir de la ocupación de las plantas de Fiat
que tuvo lugar el 14 de enero de 1971 como reacción frente al despido de siete
obreros, que llevó a la empresa a solicitar la intervención del Ejército para desocupar
la fábrica. Los trabajadores tomaron a dos funcionarios de la empresa como rehenes y
la crisis de Fíat se extendió por toda la ciudad hasta que la patronal cedió. Pero más
que el fin del conflicto, la huelga de enero fue el primero de una serie de hechos que
culminarían en la segunda gran protesta obrera y levantamiento popular de Córdoba
en menos de dos años.
El 1º de marzo Levingston designó a José Camilo Uriburu, hijo de una familia
aristocrática y representante de la derecha católica como gobernador de Córdoba en
reemplazo de Bernardo Bas. Anunció en un discurso que “Dios le había encomendado
la misión de cortarle la cabeza a la víbora venenosa que anida en Córdoba”. La
respuesta del movimiento obrero fue programar una acción conjunta de todos los
sindicatos para el día 12 y se acordó primero hacer las tomas y luego marchar al
centro. Pero el día 12 los trabajadores de Fiat decidieron abandonar las plantas y
realizar una manifestación, marchando hacia los barrios de las cercanías donde lo
esperaban unidades policiales. La policía mató a un obrero provocando la ira
colectiva.
El fracaso de los sindicatos en la coordinación de la protesta aseguró la veloz
represión. El 17 se pidió la renuncia de Uriburu y, ante la nueva huelga general
decretada por la CGT para el 18 de marzo, la ciudad fue ocupada militarmente y antes
de fin de mes Levingston fue reemplazado por Lanusse.
Las definiciones políticas.
Luego del lanzamiento del GAN, el gobierno combinó la apertura por la promesa
electoral con la represión de los que no se integraran en ese esquema. Esto provocó
que a partir de entonces la lucha se planteara en términos políticos y obligó a definir
las estrategias que se utilizarían. Las cúpulas sindicales que buscaron ocupar un lugar
dentro de la nueva reorganización del movimiento peronista.
Para explicar el pasaje del movimiento social a la acción política fue necesario que se
dieran ciertas oportunidades políticas y tuvieran lugar una apertura y cambios en la
agenda política. Esto ocurrió con el lanzamiento del Gran Acuerdo Nacional y la
promesa de prontas elecciones sin proscripciones. Ante esta instancia las estrategias
debieron redefinirse. Comenzando a movilizarse recursos predominantemente
políticos, en especial tras las medidas dadas por el gobierno: el 2 de abril, diecisiete
días después del Viborazo, se declararon rehabilitados los partidos políticos y el 21 de
junio se entregó a Lanusse el proyecto de ley que reglamentaría su actividad. En
septiembre se reinició la afiliación en el justicialismo con una serie de actos
simbólicos.
El régimen en retirada: puebladas y represión.
En el contexto preelectoral de 1972 se combinó la lucha política llevada a cabo por los
diferentes actores con la represión utilizada por el gobierno para sofocar las
manifestaciones y las organizaciones armadas, algunas de ellas porque desconocían
la vía electoral de acceso al poder y otras, como Montoneros, porque significaba una
medida de refuerzo y de amenaza por si el gobierno no cumplía con sus promesas. En
noviembre de 1972, luego de diecisiete años de exilio, Perón regresó al país y terminó
de concretar la formación de un frente electoral encabezado por la fórmula Héctor
Cámpora-Vicente Solano Lima, ante la imposibilidad de postularse él mismo como
candidato. Sin embargo, el esperanzado retorno no traería la paz social. "Patria
socialista" no sería posible y un nuevo golpe (el más terrible de la historia argentina)
cerró definitivamente el ciclo abierto en 1955.