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El manejo de las emociones es fundamental en el proceso educativo, ya que influyen en la capacidad de aprendizaje de los estudiantes. Un ambiente emocional positivo y seguro promueve la motivación y la participación activa, mientras que la educación emocional debe integrarse sistemáticamente en el currículo escolar. Los educadores tienen la responsabilidad de enseñar a los estudiantes a gestionar sus emociones para ofrecer una educación integral que prepare para desafíos académicos y personales.

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El manejo de las emociones es fundamental en el proceso educativo, ya que influyen en la capacidad de aprendizaje de los estudiantes. Un ambiente emocional positivo y seguro promueve la motivación y la participación activa, mientras que la educación emocional debe integrarse sistemáticamente en el currículo escolar. Los educadores tienen la responsabilidad de enseñar a los estudiantes a gestionar sus emociones para ofrecer una educación integral que prepare para desafíos académicos y personales.

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"El Poder de las Emociones en el Aula es Clave para

un Aprendizaje Integral"

Estimados colegas, estudiantes y miembros de la comunidad educativa tengan ustedes un gran saludo de
mi parte en este día yo Wilson Alexander Ventura Sandoval les daré a conocer un tema que es
fundamental en nuestro día a día en el ámbito educativo: el manejo de las emociones. A menudo, cuando
hablamos de educación, nos centramos en los contenidos académicos, las estrategias pedagógicas o las
evaluaciones. Sin embargo, no debemos olvidar que las emociones desempeñan un papel crucial en este
proceso. Como bien lo señala Daniel Goleman, psicólogo y autor de la teoría de la inteligencia emocional,
en su obra de (1995) da a conocer que “la inteligencia emocional es más importante que el coeficiente
intelectual en la educación y en la vida”.

Las emociones influyen profundamente en nuestra capacidad para aprender. Según Howard Gardner,
autor de la teoría de las inteligencias múltiples, presentada en estados de ánimo en (1983) resalta que cada
estudiante tiene formas particulares de aprender, y estas están estrechamente relacionadas con sus estados
emocionales. Si un estudiante está abrumado por la ansiedad, es probable que tenga dificultades para
concentrarse, recordar información o participar activamente en las actividades. Por el contrario, si el
entorno emocional es positivo y de apoyo, el estudiante se sentirá más motivado y dispuesto a aprender.

Además, no podemos pasar por alto la influencia que el entorno emocional tiene en el aula. Como nos
recuerda César Coll, investigador en didáctica y autor de el currículo: Una reflexión sobre la práctica
educativa (1990), el contexto en el que se desarrolla el aprendizaje es tan importante como el contenido
académico. Un ambiente seguro, inclusivo y respetuoso permite que los estudiantes se sientan cómodos y
confiados para expresar sus emociones, compartir sus inquietudes y participar activamente en el proceso
de enseñanza-aprendizaje.

Este tipo de ambiente no solo ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, sino que también promueve la
empatía y la colaboración entre los estudiantes. María Acaso, pedagoga y especialista en educación
crítica, destaca en su obra La educación del futuro: Una mirada desde la pedagogía crítica (2007) que la
educación debe ir más allá de los contenidos tradicionales y abordar también el desarrollo emocional de
los estudiantes. Crear un aula en la que se validen las emociones y se fomente el respeto mutuo es clave
para que los estudiantes puedan desarrollarse integralmente, tanto en lo académico como en lo emocional.

Finalmente, debemos entender que la educación emocional no debe ser algo que solo se trate en
momentos de crisis o cuando los estudiantes tienen problemas. Según Pedro De Buitrago, sus enfoques
sobre la educación emocional han sido una influencia importante en el campo desde los años 2000,
señalando que debe integrarse de manera sistemática dentro del currículo escolar. Las habilidades
emocionales, como la autorregulación, la empatía, la resolución de conflictos y la toma de decisiones, son
tan importantes como las habilidades cognitivas y académicas. El aprendizaje de estas habilidades debe
ser promovido desde temprana edad, para que los estudiantes desarrollen una mayor inteligencia
emocional que les ayude no solo en la escuela, sino también en su vida personal y profesional.

En conclusión, las emociones son una parte esencial del proceso educativo. Un estudiante que aprende a
gestionar sus emociones es más capaz de enfrentar los desafíos académicos y personales que se le
presentan. Como educadores, tenemos la responsabilidad de crear un ambiente emocionalmente seguro y
de enseñar a nuestros estudiantes a reconocer y manejar sus emociones de manera efectiva. Solo entonces
podremos ofrecer una educación integral que prepare a los estudiantes no solo para el futuro académico,
sino también para un futuro emocionalmente equilibrado y saludable.

Gracias.

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