INFORME: VIGOREXIA
1. DEFINICIÓN
La vigorexia, también conocida como dismorfia muscular, es un trastorno psicológico que
pertenece al espectro de los trastornos dismórficos corporales. Se caracteriza por una
obsesión patológica con el desarrollo muscular y la imagen corporal. Las personas que lo
padecen tienen una percepción distorsionada de su cuerpo, viéndose a sí mismos como
débiles o poco musculosos, incluso cuando tienen un físico desarrollado.
2. CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO
- Factores psicológicos: baja autoestima, trastornos de ansiedad, depresión o traumas
emocionales.
- Factores sociales y culturales: presión por cumplir con ideales estéticos promovidos por
redes sociales, medios de comunicación o entornos deportivos.
- Factores biológicos: alteraciones en neurotransmisores como la serotonina o antecedentes
familiares de trastornos obsesivo-compulsivos o alimenticios.
3. SÍNTOMAS PRINCIPALES
- Preocupación excesiva por el tamaño y forma muscular.
- Rutinas de ejercicio físico compulsivas y prolongadas.
- Dietas extremadamente restrictivas y consumo excesivo de proteínas o suplementos.
- Uso de esteroides anabólicos u otras sustancias para aumentar masa muscular.
- Aislamiento social, irritabilidad o ansiedad si se interrumpe el entrenamiento.
- Insatisfacción constante con la apariencia corporal.
4. CONSECUENCIAS
- Físicas: lesiones musculares, articulares o cardiovasculares; efectos secundarios del abuso
de esteroides (acné, ginecomastia, infertilidad, problemas hepáticos y cardíacos).
- Psicológicas: ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, baja autoestima.
- Sociales: aislamiento, deterioro de relaciones interpersonales, afectación del rendimiento
laboral o académico.
5. DIAGNÓSTICO
El diagnóstico se realiza mediante entrevistas clínicas por parte de un psicólogo o
psiquiatra, evaluando el grado de distorsión de la imagen corporal, los hábitos de
entrenamiento y alimentación, y el impacto en la vida cotidiana. Puede incluir escalas
específicas como el Muscle Dysmorphia Inventory.
6. TRATAMIENTO
- Terapia psicológica: especialmente la terapia cognitivo-conductual, enfocada en modificar
pensamientos distorsionados sobre el cuerpo y desarrollar una autoimagen saludable.
- Tratamiento psiquiátrico: en algunos casos, uso de fármacos como antidepresivos o
ansiolíticos.
- Apoyo nutricional y médico: para establecer hábitos alimentarios equilibrados y
suspender el uso de sustancias nocivas.
- Red de apoyo: inclusión de familiares o amigos en el proceso terapéutico.
7. PREVENCIÓN
- Educación sobre imagen corporal realista desde edades tempranas.
- Promoción del ejercicio físico por motivos de salud y bienestar, no solo estéticos.
- Regulación de mensajes en medios y redes sociales que refuercen ideales corporales
extremos.
- Detección temprana en entornos deportivos o gimnasios.