MÓDULO N° 2: Teórico - práctico
Introducción a la mediación comunitaria y al enfoque de vulnerabilidades
1.- Mediación comunitaria. Concepto. Aportes. Principios de la
mediación. Flexibilización de dispositivos. Dinamismo. Roles y funciones.
Mediación comunitaria: Concepto, Aportes y Principios
Un planteo clave para acercarnos a un concepto de mediación comunitaria
es entenderla como un proceso. Ese punto de partida básico nos permite
acercarnos a la complejidad de sus procesos, roles y comprenderla como un
instrumento de intervención social más que como un rol determinado. Quienes
trabajamos como “terceros” en medio de los conflictos podemos asumir una
amplitud de funciones y desarrollarnos de diferentes formas en diversos
contextos. Entendemos que no debemos limitarnos a la noción clásica de “la
búsqueda del acuerdo” o “la entrega de un servicio”, ya que la práctica de la
mediación comunitaria se encuentra fundada en los valores de la emancipación,
deliberación, la pedagogía social, la participación, entre otros. Creemos en la
importancia de fortalecer las capacidades de las propias comunidades para
transformar sus condiciones de vida a través de la promoción del diálogo
deliberativo y del fortalecimiento de las redes y capacidades locales.
Durante las dos últimas décadas se han desarrollado nociones que
destacan a la mediación no solo como una práctica orientada a buscar acuerdos
entre las partes en conflicto, sino que han puesto el foco en sus potencialidades
emancipadoras, críticas y transformativas. Según tales planteamientos, la
mediación tiene como objetivo asistir a las partes para asumir la responsabilidad
por las decisiones que toman. Así se sientan las bases para cambiar la relación
entre ellas, generando un espacio en el cual se comparten recursos, se clarifica la
información y se cambian las estructuras bases que dan origen al conflicto.
Una de estas corrientes es la conocida como mediación transformativa,
desarrollada por Robert A. Baruch Bush y Joseph P. Folger. Otro exponente del
1
modelo transformativo de la conflictividad social es John Paul Lederach, quien
agrega al modelo desarrollado por Bush y Folger, la necesidad de que la
transformación de conflictos, además de los aspectos relacionales, aborde
también los patrones y causas subyacentes de los conflictos (dimensión
estructural), así como los patrones compartidos de interacción (dimensión
cultural). La dimensión transformativa de la mediación enfatiza no solo el acuerdo
entre intereses de las partes, sino la necesidad de considerar los aspectos
relacionales, contextuales y estructurales que perpetúan dinámicas asimétricas,
no pacíficas, entre las partes.
Otra aproximación desarrollada en las últimas décadas ha sido la
mediación narrativa. Ella enfatiza la construcción social de los conflictos y la
negociación de los espacios de poder, cobrando fuerza los relatos que las partes
hacen sobre la conflictividad. La mediación narrativa busca incorporar discursos
que se encuentran excluidos del debate público y que persiguen ser legitimados.
Se trata entonces de un proceso de construcción crítica entre discursos en pugna
por la búsqueda de legitimidad y aquellos que dominan el debate en la esfera
pública. Así, la persona mediadora no solamente asiste a las partes en la
búsqueda de acuerdos, sino que es un actor que interviene en la generación de
nuevos significados, nuevas narrativas y nuevos espacios sociales de poder.
Entre las miradas críticas a la mediación, se encuentran los aportes del
francés Michel Marcuse, quien alerta sobre los usos eficientistas en contextos de
conflictos urbanos y se muestra escéptico de la pretensión consensualista
respecto a la búsqueda fútil de resolver los conflictos. El debate, la contradicción,
lo plural, resulta ser un elemento constitutivo de lo social. En ese sentido la
mediación es observada por Marcuse como una forma de abordar las disputas en
las ciudades que permite generar nuevas opciones de conexión y respuestas
locales a los fenómenos de la violencia e inseguridad. Lo anterior no significa
entender la mediación como mecanismo de obtención de acuerdos, sino
reconocer en contextos comunitarios la importancia, antes que nada, de crear
confianza y conocimiento mutuos en torno a un proyecto colectivo.
2
En la dimensión comunitaria, la práctica debe estar orientada no solo a
lograr entendimientos y satisfacer los intereses de los grupos. En este sentido,
coincidimos con Nató; Rodríguez Querejazu; Carbajal (2006) en que la mediación
es: “Un recurso humano y un instrumento cívico mediante el cual los integrantes
de una sociedad pueden tramitar sus diferencias y/o gestionar los conflictos que
se les presentan en el ámbito privado y/o público, así como también participar en
la construcción de la sociedad que integran”. La mediación, así, es asumida como
un proceso que hace posible el cambio social a través del empoderamiento, la
educación y la construcción de redes sociales en las comunidades.
Dentro de los aportes significativos de la mediación comunitaria, se destacan:
● Fortalecimiento del tejido social: Al involucrar a los miembros de la
comunidad en la resolución de conflictos, se promueve la solidaridad y la
cooperación;
● Prevención de la violencia: Facilita la resolución pacífica de disputas,
reduciendo la posibilidad de escaladas violentas;
● Empoderamiento comunitario: Permite adquirir habilidades para manejar
conflictos futuros de manera autónoma;
● Reduce las tensiones en comunidades vulnerables;
● Promueve el diálogo, la inclusión, la participación y la educación.
Los principios de la mediación son estándares indiscutibles que responden
a una exigencia de justicia y equidad. Funcionan como garantías, estructuran el
procedimiento y delimitan el actuar del mediador/a, siendo su cumplimiento un
deber ético y profesional. En la mediación comunitaria se destacan:
Autocomposición; Voluntariedad; Confidencialidad; Neutralidad; Informalidad.
Sin embargo, en su aplicación práctica y concreta durante un proceso de
diálogo comunitario, resulta trascendental contrastar los principios del método con
el enfoque de derechos humanos. Lo que implica reconocer, en muchos casos,
que la absolutización de un principio de la mediación podría constituirse en una
barrera, es decir, un obstáculo para el ejercicio pleno de participación en un
3
proceso de gestión de conflictos, y por tanto que se requiere de un ajuste
concreto y preciso para prevenir la afectación de derechos.
Por ejemplo, bien sabemos que de conformidad con el principio de neutralidad,
mediadores y mediadoras deben abstenerse de propiciar soluciones a la
conflictividad en la que se encuentran interviniendo, así como despojarse de
juicios de valor, prejuicios, estereotipos, o conocimientos previos sobre
determinada materia que pueden incidir en la mesa del diálogo. Sin embargo, en
el marco de una mediación comunitaria muchas veces resulta imprescindible para
garantizar la toma de decisiones libre e informada de las personas, orientar sobre
el procedimiento para realizar determinado trámite, o brindar información. Lo
mismo sucede con el principio de imparcialidad, cuando se trabaja con alguna de
las personas en su fortalecimiento para la participación en el espacio de diálogo.
Ese fortalecimiento puede requerir la satisfacción de ciertas necesidades básicas,
la garantía de seguridad a su integridad psico-física, el acceso a otros derechos
(salud, vivienda, seguridad, alimentos, etc), entre otros.
Flexibilización de Dispositivos y Dinamismo
La complejidad social actual, nos demanda ajustar las estrategias según
las características culturales, sociales y económicas del entorno (flexibilidad) y
capacidad para responder de manera ágil y efectiva a las cambiantes dinámicas
comunitarias (dinamismo).
En algunas experiencias, tal como refieren Nató y Carbajal (2023) se
observa “(...) Que los procesos de participación ciudadana o de mediación,
gestión y transformación de conflictos no han sido efectivos o satisfactorio en
orden a las temáticas o problemáticas involucradas a las necesidades y los
deseos de quienes participan y de quienes no participan en ellos por voluntad
propia, porque no pueden (si la gente está pendiente de comer, de no quedarse
sin casa, de que no le corten el agua o la luz, o debe trabajar catorce horas para
poder subsistir, es difícil que pueda participar en algo que no sea su urgencia) o
porque son dejados de lado (Pág. 45), lo que nos requiere repensar las
4
herramientas, estrategias y dispositivos de intervención que sean capaces de
producir transformaciones o resultados esperados.
En esta línea, Gonzalo Frei propone la distinción de alternativas
disponibles para el abordaje de conflictividades comunitarias, dependiendo las
características de cada caso:
Mediación estándar: Dos partes identificadas - Conflicto manifiesto.
Es el proceso en el cual un tercero imparcial ayuda a las partes (número acotado
de personas) buscando un acuerdo consensuado, pero no le corresponde
proponer alternativas de arreglo. Se utiliza preferentemente cuando existe
equilibrio de poder entre las partes y se requiere trabajar desde los intereses de
cada una de ellas.
Conciliación: Dos partes identificadas - Conflicto manifiesto.
Es el proceso a través del cual un tercero imparcial intenta en forma activa avenir
a las partes (número acotado de personas) proponiendo bases de arreglo. Se
utiliza cuando por las características del conflicto o de los intervinientes, se
necesite un tercero más activo que encuentre las razones del conflicto y proponga
alternativas de solución. Generalmente el conciliador debe tener una autoridad o
capacidad técnica que lo habilite ante las partes para proponer bases de acuerdo.
Facilitación de diálogo: Multiparte- Conflicto latente o manifiesto.
Son espacios de trabajo en grupos comunitarios en que un facilitador dirige al
grupo en torno a la conversación de una temática específica o sobre una situación
de conflictividad que esté presente en la comunidad con la idea de generación de
un espacio de comprensión y entendimiento de las motivaciones, sentimientos y
razones que existen en las distintas comunidades sin pretender solucionar el
problema o buscar una solución determinada.
Facilitación de procesos de participación o construcción de consensos:
Multiparte situaciones de conflicto latente, manifiesto o crisis.
5
Son espacios facilitados para múltiples intereses en pugna para identificar los
problemas o divisiones generando espacios de conversación reglada y toma de
decisión basadas en consenso.
Prácticas restaurativas: Multiparte situaciones conflicto manifiesto o post
conflicto.
Son prácticas que reúnen a grupos de la comunidad afectada por un acto que
genera algún perjuicio, para dialogar sobre el hecho y sus consecuencias. El
objetivo es la superación de la hostilidad y/o agresión vivenciado por la
comunidad o grupo afectado, motivando la concientización, reparación de los
daños causados y asumir compromisos futuros para la no repetición.
Círculos comunitarios: Multiparte. Conflicto manifiesto o post conflicto.
Son espacios pequeños que reúnen a las personas en un ambiente seguro para
el diálogo y para el intercambio social. Se trata de provocar la construcción
colectiva de confianza en una comunidad donde se trabaja en base a la
reparación de relaciones, construcción de confianza.
Diagnóstico o mapeos de conflictos: Multiparte. Conflicto latente o
manifiesto.
Son actividades que buscan la identificación de principales conflictividades, sus
causas y efectos en una comunidad o territorio. Estos diagnósticos son de tipo
participativo y poseen un afán comprensivo, por lo que se privilegia una
descripción consensuada de las diversas situaciones analizadas.
Talleres de educación en derechos: Multiparte. Conflicto latente.
Son actividades orientadas a la asesoría de la ciudadanía para el acceso a
servicios y su empoderamiento como sujetos de derecho. Se busca facilitar la
reflexión respecto del grado de adecuación del derecho y las necesidades
individuales y/o comunitarias.
Talleres de sensibilización y formación: Grupales. Conflicto latente.
6
Son actividades formativas orientadas a entregar información y desarrollar nuevas
capacidades en las comunidades, de manera de promover la instalación de una
cultura de diálogo, derechos y una gestión pacífica de los conflictos entre las
personas, grupos e instituciones.
Promoción de redes comunitarias: Grupales - institucionales. Conflicto
latente.
Son actividades orientadas al establecimiento y mantenimiento de redes de
articulación entre personas, organizaciones y servicios públicos del territorio.
Estas alianzas tienden a la mejora de la coordinación de servicios, el desarrollo de
normas sociales compartidas y refuerzan la eficacia de las actividades realizadas.
Roles y Funciones del Mediador Comunitario
La mediadora o el mediador comunitario son al decir de Nató, Querejazu y
Carbajal, también agentes de cambio, ya que contribuyen a la transformación
positiva de las relaciones comunitarias y al fortalecimiento de la cohesión social.
Sus intervenciones dependen del contexto del conflicto y las necesidades de la
comunidad. Sus roles principales incluyen:
● Facilitador del diálogo: actúa como un puente entre las partes en conflicto,
asegurándose de que todas las voces sean escuchadas de manera
equitativa. Promueve la comunicación abierta y efectiva entre las partes.
Ejemplo: En un conflicto vecinal, facilita que los vecinos expresen su
percepción del conflicto, sin interrupciones ni ataques personales.
● Generador de confianza: crea un espacio seguro para el diálogo,
promoviendo la cooperación entre las partes.
Ejemplo: Utiliza estrategias para reducir tensiones y generar empatía en
comunidades polarizadas.
● Gestor de recursos comunitarios: identifica y articula recursos locales para
facilitar soluciones sostenibles.
Ejemplo: Trabaja con instituciones para intentar llegar/implementar
acuerdos alcanzados en la mediación.
7
A su vez, las funciones refuerzan los roles y son más operativas:
● Diagnóstico del conflicto: analiza las causas, dinámicas y actores del
conflicto para estructurar la mediación.
Ejemplo: Identifica que un conflicto surge por la falta de comunicación entre
vecinos y la gestión ineficiente de recursos comunes.
● Diseño del proceso de mediación: planifica cómo se desarrollará la
mediación, definiendo etapas y estrategias.
Ejemplo: Establece reglas de diálogo y organiza encuentros en espacios
neutros.
● Promoción de acuerdos sostenibles: asegura que las soluciones
propuestas sean viables y aceptadas por todas las partes.
Ejemplo: Redacta un acuerdo que contemple el compromiso mutuo y los plazos
de cumplimiento.
● Fortalecimiento de capacidades comunitarias: educa a la comunidad en la
resolución pacífica de conflictos. Brinda herramientas y conocimientos
para la gestión autónoma de los mismos.
Ejemplo: Organiza talleres sobre comunicación efectiva y manejo de
emociones.
● Seguimiento y evaluación: monitorea el cumplimiento de los acuerdos y
evalúa el impacto del proceso de mediación.
Ejemplo: Visita periódicamente la comunidad para verificar que el acuerdo
sigue vigente y efectivo.
2.- Conflicto en el ámbito social urbano. Enfoque. Tipología de
conflictos en el ámbito social urbano. Mediación y prácticas de mediación
comunitaria.
Conflicto en el Ámbito Social Urbano
El conflicto urbano surge como resultado de la interacción entre diversos
actores en un entorno caracterizado por la diversidad, la desigualdad y las
8
tensiones inherentes al espacio compartido. Las ciudades son escenarios de
constante transformación y disputas por recursos limitados, como el uso de
espacio público, vivienda, servicios básicos y transporte. En ellas se entrecruzan
la complejidad de los actores involucrados (vecinos, grupos sociales, autoridades
locales), la variedad de causas que subyacen a las conflictividades (desigualdad
económica, discriminación, falta de infraestructura), y la intensidad emocional
propia de la cercanía física y la interacción diaria entre las partes. En estos
escenarios, las conflictividades más que problemas a resolver, son oportunidades
para transformar las relaciones comunitarias y fomentar la cohesión social
mediante la participación activa en la gestión de problemas.
Tipología de Conflictos en el Ámbito Social Urbano
En las ciudades podemos identificar diferentes tipos de conflictos:
● Conflictos Interpersonales: En los cuales las causas más frecuentes son
las diferencias culturales, estilos de vida, o mala comunicación entre
vecinos/as.
Ejemplo práctico: Conflictos por ruidos molestos en edificios o el uso de
espacios comunes como patios o estacionamientos.
● Conflictos Grupales: Con motivos de rivalidades históricas, diferencias
económicas, o luchas por representación en espacios comunitarios.
Ejemplo práctico: Tensiones entre grupos de jóvenes y adultos mayores en
parques públicos.
● Conflictos con las Instituciones: Por percepciones de injusticia o falta de
respuesta por parte de las autoridades locales.
Ejemplo práctico: Reclamos por la falta de recolección de residuos o
deficiencias en el transporte público.
● Conflictos por Recursos Urbanos: Distribución desigual de servicios
básicos como agua, electricidad o acceso a la vivienda.
Ejemplo práctico: Disputas en asentamientos informales por el acceso a
redes de agua potable.
9
Mediación y Prácticas de Mediación Comunitaria en Conflictos
Urbanos
La mediación comunitaria en el ámbito urbano busca transformar el
conflicto mediante el diálogo y la búsqueda de soluciones colaborativas. Se
propone también, identificar y abordar necesidades subyacentes que hayan
motivado la erupción del conflicto y adaptar los métodos de abordaje a las
características culturales y socioeconómicas de las personas que participan. Las
prácticas de Mediación van desde las sesiones de mediación, hasta los espacios
de encuentro y los talleres de resolución de conflictos.
3.- Conflicto. Actores directos e indirectos. Mapa de actores y Mapa
del conflicto. Interculturalidad. Análisis multifactorial: factores culturales;
personales; socioeconómicos y/o políticos.
Mapa del conflicto
Al momento de analizar un conflicto y diseñar un dispositivo para la
intervención, hay muchas metodologías que pueden utilizarse. A continuación
reseñaremos algunos aportes para enriquecer este análisis.
Remo Entelman, en su libro “Teoría de conflictos”, propone una “estática” y
una “dinámica” del conflicto: en la estática del conflicto se analizará quiénes son
sus actores, cuáles son los objetivos de cada uno, qué grado de conciencia tienen
sobre el tema, el poder que cada uno posee en relación al otro y la existencia de
terceros que puedan participar o influir sobre la cuestión; mientras que, en la
dinámica del conflicto se evaluarán los eventuales cambios en la intensidad de
las conductas conflictivas, reconociendo los fenómenos de “escalada” y
“desescalada”; a la vez que se analizarán las dimensiones del conflicto,
evaluando si predomina una dimensión “actoral” (poniendo el acento en la
relación entre los actores y en la ponderación que cada uno de ellos hace del
beneficio que obtiene en comparación con la pérdida que experimenta el
10
oponente) o una dimensión “objetal” (enfatizando la temática conflictiva; es decir,
los objetivos, metas, pretensiones y propuestas de las partes). Es importante
señalar que el mismo autor aclara que tal distinción es a los meros fines
didácticos ya que el conflicto, en tanto relación social, es siempre dinámico.
- Actores del conflicto
Al momento de analizar quiénes son las personas que intervienen en el conflicto,
es importante distinguir si se trata de un conflicto con actores individuales (una
sola persona en cada polo de la relación) o un conflicto con actores plurales o
colectivos (más de una persona en alguno de los polos de la relación; por
ejemplo: un grupo, una institución, un movimiento). Recordemos que en la obra
de Entelman se toma al conflicto como un fenómeno bipolar; mientras que en
obras más recientes se profundiza en este punto y se lo caracteriza como un
fenómeno más complejo donde pueden reconocerse más de dos polos. No
obstante, la diferenciación resulta útil sobre todo cuando nos encontramos
inmersos en conflictos con actores colectivos, donde se dan algunas
particularidades.
Por un lado, es importante conocer qué grado de organización tiene el actor
colectivo. Por “organización” entendemos la existencia de pautas para la
regulación de las conductas recíprocas de sus miembros, obligándolos a
interactuar y que permita pensarlos en algún sentido como una unidad.
Por otro lado, al momento de considerar a actores plurales o colectivos, es muy
posible que se produzca una fragmentación y, dentro del mismo grupo, haya
intereses diversos a identificar. Pueden darse relaciones parciales intra-grupo que
genera a su vez vínculos, sentimientos e intereses más complejos. Ello tornará
más desafiante la tarea de identificar interlocutores válidos.
Sobre este punto, la profesora Cristina Di Pietro llama “involucrados” a todos los
actores, sujetos o partes del conflicto. Se incluye a todas aquellas personas que
adquieran un rol protagónico o actuación principal como a quienes les
corresponda un rol secundario o accesorio. Todos aquellos que tengan o puedan
tener algún interés, por mínimo que sea. Esta visión permite ampliar el espectro
del conflicto y considerar a un elenco de actores más amplio, teniendo en cuenta
11
incluso a aquellos “ausentes influyentes”, entendiéndolos como aquellas personas
que no han sido convocadas al proceso pero que poseen un grado de influencia
tal que pueden resultar decisivos en su gestión.
Jean Paul Lederach define como “quiénes estratégicos” a aquellos líderes y
aquellas lideresas con posturas y visiones distintas (divergentes y a veces
antagónicas), con capacidad de influencia y decisión sobre la vida del territorio,
que participan a título personal y no como representantes de un sector. Participan
de buena fe y con la apertura a sondear y tantear posibilidades de un diálogo
significativo y constructivo con otros diferentes o antagónicos.
- Mapa de actores
El mapeo de actores es una herramienta que busca crear una referencia rápida
de los principales actores involucrados en un tema o conflicto. Idealmente,
trasciende una mera identificación o listado para indagar, por ejemplo, sus
capacidades, intereses e incentivos. En ocasiones el mapeo permite, entre otras
cosas, distinguir áreas de acuerdo y desacuerdo, clarificar canales de influencia
entre los actores e identificar el esquema general de alianzas y coaliciones. Es
importante destacar que esta herramienta ha de ser diseñada y adaptada según
las características de cada caso específico y el entramado comunitario objeto de
nuestro análisis, combinándose con otras herramientas.
Si bien el mapeo nos muestra una “foto” de la situación en un determinado
momento, no debemos olvidar que la realidad es cambiante y dinámica. Los
actores modifican sus percepciones sobre la realidad, adquieren mayor o menor
influencia sobre ciertos espacios, y refuerzan o cambian sus posiciones. En este
sentido, es importante propender a dotar al mapeo de actores de cierto
dinamismo en el tiempo a los fines de identificar los cambios que puedan irse
generando.
Para elaborar un mapeo de actores, es importante seguir los siguientes pasos:
1. Definir claramente el objetivo: ¿qué se quiere analizar de esta situación?
2. Definir las variables a considerar.
3. Diseñar un esquema metodológico apropiado (cuestionarios, cuadros, matrices,
etc.).
12
4. Recabar la información (a través de entrevistas, reuniones de equipo, revisión
de documentos, etc.).
5. Realizar el mapeo, utilizando la representación gráfica que se desee (cuadro
comparativo, esquema, mapa conceptual, cuadro sinóptico, nube, etc.)
- Mapa del conflicto
Otro aporte a rescatar es el Mapa del conflicto propuesto por Jean Paul Lederach,
que permite analizar al conflicto como un sistema, como un todo en su conjunto.
Está conformado por tres elementos fundamentales que se influyen entre sí y que
son conocidos como “las tres P”: Personas, Problema y Proceso. Las tres P nos
permiten esclarecer tres elementos clave de la situación o conflicto para
comprender su dinámica y evolución
Personas: son los actores que pueden ser protagonistas o terceros. Los
protagonistas son los más relevantes, pero también es fundamental tener en
cuenta a los terceros que pueden ser colaboradores o boicoteadores en el
proceso de diálogo. Busca identificar a los actores claves involucrados en el
proceso. Algunas preguntas que se pueden utilizar para indagar sobre los actores:
- ¿Quiénes son los actores involucrados? Pueden ser individuos,
organizaciones o grupos no organizados. Entre ellos, ¿quiénes son los
actores principales (aquellos cuyos intereses son afectados directamente o
tienen una responsabilidad concreta en la temática) y quiénes son los
actores secundarios?
- ¿Cuál es su posición sobre el tema? ¿Cuáles son los argumentos que
sostienen dicha posición? ¿Cuáles son sus intereses detrás de la posición?
¿Cuáles son aquellos intereses y necesidades comunes a las partes?
- ¿Las partes quieren trabajar en una solución? ¿Son capaces de trabajar
todas juntos? ¿Qué necesitan para hacerlo? ¿Quién es responsable por
tomar la decisión? ¿Quién podría ser directamente afectado por soluciones
potenciales? ¿Quién puede ser capaz de bloquear o asegurar la
implementación de los acuerdos?
13
- ¿Qué relaciones están involucradas? ¿Cuál es la historia pasada de
interacción entre las partes? ¿Hay emociones fuertes relativas a las
relaciones personales? ¿Hay valores involucrados en esas emociones?
Problemas: Se relaciona con las causales, con el objeto a trabajar, y con las
posiciones y los intereses. Se busca identificar la sustancia del problema. Algunas
preguntas que se pueden utilizar para indagar sobre el problema:
- ¿Cuáles son los temas centrales en discusión? ¿Cuáles son los temas
secundarios?
- ¿Cuál es la definición actual del problema? No todos definen o describen el
problema de la misma manera. El término o el modo que se utilice para
definirlo implicará que puedan o no incluirse algunos temas. Y ¿cuál sería
la manera más constructiva de definirlo?
- ¿Cuáles son las causas que le dieron origen? ¿Cuáles son los efectos que
está teniendo la situación actualmente?
- ¿Qué descripción caracteriza de mejor manera al problema o conflicto?
Enfocado en intereses diferentes. Enfocado en valores. Enfocado en
diferencias percibidas que no existen verdaderamente.
- ¿Cuáles son los desafíos y oportunidades que presenta el contexto actual
para abordar la problemática?
Proceso: El conflicto es un proceso con una dinámica propia, tiene gestación,
primeros indicios, etc. Se busca conocer la evolución de la situación/problema en
el tiempo. En general, todos los conflictos evolucionan en tres etapas: escalada,
estancamiento y desescalada. Algunas preguntas que se pueden utilizar para
indagar sobre el proceso:
- Sobre la historia del proceso: ¿Cómo ha evolucionado el problema o
conflicto hasta el presente? ¿Qué estrategias ha utilizado cada parte?
(diálogo, protesta, vía legal, etc.) ¿Cuáles fueron los resultados obtenidos
en cada uno de esos casos? ¿Cuáles han sido las políticas implementadas
para abordar la problemática o conflicto? ¿Cuáles fueron las características
y resultados principales de cada una de ellas? ¿Cuál es el estadio actual
del conflicto? (latente, en escalada, manifiesto)
14
- Sobre el futuro del proceso ¿Qué debería pasar para solucionar el
problema o conflicto? ¿Qué debería hacer y qué puede aportar cada una
de las partes para resolver el problema o conflicto? ¿Qué opinan las partes
sobre el uso de herramientas de participación y construcción de consenso?
¿Tienen el deseo/necesidad de colaborar? ¿Pueden las partes alcanzar
mejores soluciones por sí mismas sin colaborar? ¿Qué obstáculos podría
tener un proceso de colaboración (legales, económicos, políticos)?
Finalmente, ¿qué estrategias sería viable de utilizar?, ¿bajo qué
condiciones? ¿Cuáles son las posibilidades de éxito?
Interculturalidad
Una de las formas de entender la convivencia entre culturas es la que se
conoce como multiculturalismo. Esta palabra sugiere, de algún modo, la
coexistencia de cierta variedad cultural y a la vez una variedad de culturas que
coexisten de manera compartimentada, en el marco de espacios urbanos
segmentados.
Buscando superar la contradicción entre el conjunto y la diversidad encontramos
el concepto más amplio de interculturalismo, como la forma que propone una
sociedad abierta enriquecida por la diversidad cultural. Dicho de otro modo, esta
corriente propicia una relación de esto y aquello y más aquello, en lugar de esto o
aquello, y promueve una sociedad que pueda acoger las diferencias culturales sin
que estas pierdan su carácter.
Un concepto interesante a considerar es el de “choque” de culturas, entendiendo
con esta expresión “aquella convulsión, desorientación y agitación emocional
causados por estar inmersos en una cultura que no es la propia y según la
distancia entre las culturas y la capacidad del sujeto para adaptarse al nuevo
contexto e institucionalidad”.
Algunas fenómenos vinculados con el planteo intercultural:
15
1) Las minorías culturales
En el marco general de la cultura han surgido múltiples subculturas que esperan
un reconocimiento político y social. Estas se materializan en grupos minoritarios o
comunidades, definidos como conjuntos de ciudadanos de un Estado que se
constituyen y se hallan en posición no dominante en ese Estado, dotados de
características étnicas, religiosas o lingüísticas, que difieren de la mayoría de la
población, que tienen un sentido de solidaridad entre sí, motivados, aunque solo
fuera implícitamente, por un deseo colectivo de sobrevivir y cuyo propósito es
lograr la igualdad con la mayoría, de hecho y de derecho.
Al escapar, en cierto modo, a la lógica convencional de la sociedad, las formas
cerradas que adquieren estos grupos son objeto de fuertes cuestionamientos,
acusaciones e incluso persecuciones sociales. La discriminación se expresa
muchas veces en estereotipos que estigmatizan a estas minorías o a sus
integrantes. Ello deriva necesariamente en una desigualdad de condiciones,
materializadas en numerosas circunstancias en la privación de sus derechos y
libertades, afectando la autoestima y mancillando el honor de las personas, que
generalmente son víctimas del atropello por parte de aquellos que se encuentran
o se sienten en una situación de poder. Estos mecanismos operan fortaleciendo
argumentos excluyentes y ratificando sólidos prejuicios frente a ese “otro”
diferente.
2) La inmigración
Los procesos inmigratorios del siglo pasado en nuestro país fueron canalizados
en el proyecto fundacional de la nación. La mencionada fórmula del mítico “crisol
de razas” argentino puede ser vista, en algún aspecto, como un exitoso
aplanamiento de las diferencias que conformó una sociedad considerablemente
homogénea en la que se hizo difícil, por largo tiempo, percibir rasgos identitarios
que dieran cuenta de la diversidad cultural que la configuraba.
Sin embargo, flexibilizada la intervención del Estado en el sentido de la
“homogeneización”, así como la progresiva consideración de la “diferencia” como
valor, se han hecho evidentes aquellas diferencias culturales que antes no se
visualizaban o eran acalladas.
16
Podemos mencionar numerosos ejemplos que se presentan en las relaciones de
todos los días y definen situaciones vinculares que en innumerables
oportunidades desencadenan hechos violentos.
En un espectro más amplio la asignación de la categoría de “gente problemática”
a minorías étnicas, raciales o religiosas, y de modo más general a aquellos cuyos
estilos de vida presentan su diferencia, da lugar, al igual que en otras latitudes, a
un asociativismo social cuyo fin es la hostilidad y su contraparte una
diferenciación reactiva.
A medida que crece la exclusión del mundo del trabajo y que se acentúa la
restricción de los servicios sociales, que alcanza tanto a los residentes nacionales
como a inmigrantes de otros países, los primeros van rechazando a los segundos.
Los valores de la tolerancia y de la solidaridad social se debilitan material y
simbólicamente en la sociedad extensa. Desde luego, la valoración y la
aceptación del “otro inmigrante” serán de distinto signo (negativo-positivo) según
el grado de prestigio que dicha sociedad le haya otorgado a las distintas culturas
o a los distintos orígenes o nacionalidades. Así, los inmigrantes de origen europeo
o norteamericano gozan, en nuestro país, de cierto reconocimiento que no logran
los de origen sudamericano o asiático.
3) La globalización o mundialización
Uno de los fenómenos asociados con estos procesos en este escenario de flujos
es la desterritorialización, que alude al debilitamiento de las fronteras
nacionales. Junto a él aparecen los referentes conectados con la nación, y su
complementario, la reterritorialización, en el marco de las profundas
transformaciones contemporáneas relacionadas con la noción de espacio. Esta
suerte de “desencaje” del territorio físico ha consolidado una tendencia que incide
directamente en los modos de sociabilidad y de expresión cultural.
La desterritorialización propicia la emergencia de nuevas minorías o la
visualización de minorías antes acalladas por medio de distintos dispositivos
homogeneizadores. Se desarrollan nuevas formas de segmentación social y
espacial que transforman el espacio (público-privado) y el tiempo
17
(instantaneidad-virtualidad-simultaneidad), a partir de lo cual se organizan otros
modos de estar juntos.
4) La exclusión social
Los efectos de la exclusión se manifiestan en algo más que la simple
conformación de grupos diferenciados por su nivel de acceso a bienes o servicios.
La emergencia de numerosos y amplios grupos de excluidos, además de los
efectos que derivan de su agrupamiento en torno a las demandas sociales,
desarrollan nuevas formas culturales y articulan identidades necesarias para
sobrevivir en condiciones de carencia, privación y desigualdad.
En nuestro contexto, en los inicios de la década del ’90 aparecieron los primeros
carteles en las “villas miseria”, cuyo mensaje “bienvenida clase media” puede
suscitar connotaciones encontradas pero que de algún modo confirma el
nacimiento de una nueva categoría social: “los nuevos pobres”. La
heterogeneidad constituida en estas “comunidades” a partir de los “recién
llegados” es, sin duda, un campo propicio para un nuevo tipo de conflictividad
entre individuos o grupos de individuos, cuyas diferencias son seguramente
mayores que sus identificaciones, pero cuyo elemento central reside en la
diferencia de códigos y/o pautas culturales.
El interculturalismo nos invita a conciliar la diversidad con la igualdad de
oportunidades de los distintos grupos e identidades culturales que se inscriben en
el tejido social. Hoy, para la mayoría de la población de nuestro país, el problema
es llegar a “conectarse” sin que se los obligue a resignar su diferencia y sin que
se los condene a la desigualdad. En suma, llegar a ser ciudadanos en sentido
intercultural.
Esta situación nos propone un enorme desafío y, a su vez, nos revela la
necesidad de combinar múltiples campos de acción. Desde lo político y jurídico,
internacional e intranacional, y desde la sociedad civil, a fin de constituir una
sociedad diversa y universalista. El proyecto intercultural apunta, nada más ni
nada menos, a la capacidad para comunicarse entre sujetos diversos y para llegar
a un mutuo entendimiento.
18
4.- Vulnerabilidades. El principio de vulnerabilidad como enfoque de
trabajo. Interseccionalidad. Condicionantes en el acceso a justicia. Vínculo
con los/as otros/as.Nociones básicas. Encuadre normativo. Grupos.
Barreras.
Vulnerabilidades
Siguiendo a Feito (2007), el término vulnerabilidad es un concepto con
múltiples significados, aplicable a ámbitos muy diversos que encierra una enorme
complejidad.
El aporte de la autora es central en el desarrollo de este concepto ya que
señala que la vulnerabilidad no solo se asocia con las condiciones personales del
individuo relacionadas a su salud o físicas (vulnerabilidad antropológica), sino
también y cada vez más, con condiciones del medio en que las personas
desarrollan su vida (sociales, culturales, económicas, ambientales), dando lugar a
la necesidad de incorporar los aspectos socioculturales en la comprensión de este
concepto (vulnerabilidad social). En este sentido, debemos tener en cuenta las
condiciones de especial fragilidad en que ciertos ambientes o situaciones
sociales, económicas y culturales colocan a determinadas personas y cómo eso
se traduce en dificultades, sufrimientos, barreras de acceso y exclusiones. Con
este aporte, Feito hace una ruptura con perspectivas que ubican a las
vulnerabilidades cómo característica reductiva de ciertas personas y
corporalidades, a los fines de dar lugar a la gestión de vulnerabilidades
compartidas.
En esta misma línea, las reglas de Brasilia nos ayudan a precisar la idea de
vulnerabilidad que proponemos . Este documento internacional define a los
sujetos en situación de vulnerabilidad cómo aquellas personas o grupos que, por
razón de la edad, la discapacidad, la pertenencia a comunidades indígenas o a
minorías, la victimización, la migración, el desplazamiento interno, la pobreza, el
género y la privación de libertad; se encuentran más expuestos a sufrir
discriminaciones, amenazas o restricciones al ejercicio pleno de sus derechos.
Debido a esto, merecen un trato especial y protección legal reforzada. Algunos
19
grupos vulnerables son: la niñez y adolescencia, los adultos mayores, las
identidades feminizadas, personas no binarias, las personas con discapacidad,
migrantes entre otros.
En este punto, queremos reforzar una idea nodal al momento de pensar la
vulnerabilidad: La determinación de qué personas o grupos se encuentran en
situación de vulnerabilidad no depende de las apreciaciones personales o de las
miradas subjetivas de cada una/o de nosotras/os. Por el contrario, existen criterios
objetivos para determinar qué grupos o personas se encuentran en esa condición.
Estos criterios responden a estructuras sociales y culturales arraigadas en
nuestras sociedades que producen una desigual distribución de derechos,
reconocimientos y privilegios que colocan a determinadas subjetividades en
condiciones de vulnerabilidad, entre ellos las mujeres, las personas migrantes, las
personas pobres, las NNA, portadores de discapacidad, adulto mayores, personas
no binarias, trans, travestis, gays, lesbianas, etc.
El principio de vulnerabilidad como enfoque de trabajo
Desde la práctica en mediación comunitaria se advierte que la complejidad
social actual que nos atraviesa, propia de “una globalización desigual y
asimétrica, en clave colonial y patriarcal” (Carbajal y Nató. 2023), ha profundizado
las divisiones económicas, sociales, ideológicas, ambientales y culturales, y con
ello la dificultad de acceso a derechos/justicia de ciertos grupos de personas. Esto
demanda, una forma de trabajo que desafíe los enfoques tradicionales y las
maneras de acercarnos y de mirar las realidades de otras/os consideradas
diferentes. Nos invita a entrar en una real conversación, alejada de la idea del
asistencialismo o la caridad, que nos permita identificar la complejidad de la
situación de esa persona y diseñar acciones, estrategias o mecanismos que
incluyan sus voces y realidades y permitan efectivizar los derechos que le
asisten a esa persona, que en ese momento se encuentran vulnerados y
desoídos.
Es importante resaltar en torno a este concepto que las reglas de Brasilia
instan a garantizar las condiciones de acceso efectivo a la justicia de las personas
en condición de vulnerabilidad, sin discriminación alguna. Puntualizan en que las
20
personas en condición de vulnerabilidad deben recibir de parte de todos los
operadores un trato adecuado a sus circunstancias singulares. Asimismo, se
recomienda priorizar actuaciones destinadas a facilitar el acceso a la justicia de
aquellas personas que se encuentren en situación de mayor vulnerabilidad, ya
sea por la concurrencia de varias causas o por la gran incidencia de una de ellas.
Interseccionalidad
Incorporando entonces este filtro perceptivo, en donde somos capaces de
advertir que existen grupos de personas para los cuáles el acceso a derechos se
puede encontrar afectado por encontrarse en situación de vulnerabilidad,
acuñamos otro concepto: el de Interseccionalidad, empleada como una
herramienta conceptual que nos permite observar de qué forma, diferentes
factores de desigualdad se articulan e interactúan de manera dinámica y
simultánea en torno a una misma persona. No es una suma de vulnerabilidades,
sino que se crea una nueva categoría, que generan situaciones especiales de
opresión, como resultado específico y particular, que surge del cruce de todas
ellas, por ejemplo: Mujer, migrante en situación de pobreza.
Condicionantes en el acceso a Justicia
Estos condicionantes del acceso igualitario al ejercicio de derechos por
parte de personas en situación de vulnerabilidad operan en tres niveles, que en
adelante llamaremos BARRERAS:
Micro: En este nivel, hablamos de barreras actitudinales y simbólicas que
funcionan como condicionantes en la interacción con la persona. Por ejemplo:
escucha sesgada, estereotipos, cerrazón en el pensamiento, lenguaje
discriminatorio, actitud infantilizante o culpabilizadora.
Meso: Hace referencia a barreras institucionales y procedimentales
condicionantes en el diseño institucional. Por ejemplo: espacios físicos hostiles o
inaccesibles, falta de coordinación entre instituciones, falta de capacitación de los
operadores, costos, tiempo.
21
Macro: Barreras estructurales/contextuales que surgen de la configuración social:
información desigual, falta de transporte, falta de conectividad, ruralidad.
Encuadre Jurídico-Normativo
En relación al encuadre jurídico de este enfoque de vulnerabilidades e
interseccionalidad debemos marcar tres elementos centrales en los que se ancla
y de los que surge el carácter obligatorio de su implementación en el ejercicio del
rol:
A).- Los tratados y convenciones internacionales de derechos humanos con
jerarquía constitucional a partir de la reforma de la CN en 1994 (Art. 75 inc. 22).
Entre ellos destacamos La Convención Americana de los Derechos Humanos
(Pacto de San José de Costa Rica), CEDAW, Belem do Para, Convención de los
Derechos de NNA, la Convención Internacional sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad, Convención internacional sobre la protección de los
derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, Las Reglas de
Brasilia sobre acceso a la justicia para las personas en condición de
vulnerabilidad, Las Reglas de Mandela para las personas Privadas de la Libertad,
por mencionar algunos;
B).- Las leyes Nacionales y Provinciales que receptan y operativizan los derechos
y garantías contenidos en esos convenios;
C).- El mecanismo del control de convencionalidad.
En términos sencillos, la ratificación por parte del Estado Argentino de los
tratados de derechos humanos obliga a garantizar y efectivizar todos los derechos
establecidos en cada una de estas Convenciones. Este deber alcanza tanto al
Estado a través de sus tres poderes y a los particulares, tanto de manera positiva
(por medio de acciones concretas) cómo negativa (abstención de realizar
conductas violatorias de esos derechos). En este sentido, tanto el Poder Judicial,
administrativo cómo el legislativo deben trabajar en cada una de sus áreas y
mancomunadamente para que todos los habitantes del suelo argentino gocemos
de los derechos humanos consagrados en estos tratados.
22
Nos interesa detenernos en una herramienta fundamental, que tiene que
ver con el monitoreo del cumplimiento de dichos tratados: el control de
convencionalidad. Este mecanismo, aplicado por primera vez por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en el caso Almonacid vs. Chile 2006,
consiste en verificar la compatibilidad de una norma o de una práctica con la
Convención Interamericana de Derechos Humanos, con la interpretación que la
Corte Interamericana hace de ese Tratado en su jurisprudencia y con los demás
tratados interamericanos de los cuales el Estado es parte.
A partir del caso Gelman vs. Uruguay (2011), la obligación de realizar ese control
no corresponde exclusivamente a los jueces sino a todo operador vinculado a la
administración de justicia en todos los niveles, en el marco de su competencia.
Este control debe realizarse de oficio, es decir que no se requiere petición de
parte ni de ninguna autoridad.
A partir de allí , aparecen los/as mediadores/as como uno de los obligados a
hacer ese ejercicio de control de la adecuación de sus prácticas y de las normas
que aplican a lo dispuesto por las convenciones internacionales. Esta verificación
puede implicar la expulsión de normas contrarias a la CADH o a cualquier tratado
internacional ratificado por Argentina , o bien, su interpretación conforme al
mismo.
En este punto, nos interesa recuperar el planteo que realiza Nato (2023) en
“Convencionalidad y Mediación” cuando destaca la importancia de la formación de
mediadores/as en derecho convencional y Derecho Internacional de los Derechos
Humanos para ejercer el control de convencionalidad al que están obligados/as.
Destaca el carácter específico y complejo del contenido de esta materia, que se
presume conocido por todos/as, pero que en la realidad esto no se observa.
Reivindica la mediación cómo instancia propia de la discusión jurídica y del
análisis del derecho. Sobre esto desarrolla: “ Los inicios formativos del desarrollo
de la mediación que requirieron en un primer momento diferenciarse de tal
manera de la etapa judicial, que generó esta disociación entre mediación y
derecho, disociación que luce como una falacia cuando estamos trabajando o
gestionando un conflicto que claramente no solo en sus efectos tendrá efectos
23
jurídicos, sino que incluso en su delimitación tiene clara participación no solo la
norma jurídica sino en especial, la norma convencional.” (Nato, 2023, p. 3).
Concluye que el abordaje de los conflictos en mediación es amplio y excede el
encuadre netamente jurídico, pero no por ello el derecho deja de ser el regulador
esencial y una de las pautas principales para orientar la solución del conflicto. Y
reitera lo ya señalado en relación a que el control de Convencionalidad por
disposición de la Corte IDH (de lo que se ha hecho eco nuestra CSJN en su
doctrina del control de convencionalidad), corresponde a quienes forman parte de
la función pública en general y de los operadores del derecho en particular, entre
los cuales debemos incluir a los/as mediadores/as de registro que tienen a su
cargo el llevar adelante el proceso de mediación (Nato. 2023, p.5).
Vínculo con los/as otros/as.
“Incluso para quienes se presentan pensando dentro del paradigma de
“sujetos de derechos” parece quedar olvidado que el otro en tanto sujeto es un
“otro”. Podemos escuchar ideas restauracionistas de la idea de derechos (que se
le devolvieron “derechos” o “directamente que se dieron derechos”) en donde
siempre el que tiene capacidad es el que da -el Estado en muchos casos- y
donde los sujetos populares aparecen sin voz, sin potencia. Quienes transitan
estas explicaciones de un derecho que se “da” también pierden la oportunidad de
preguntarse acerca de qué espera o qué quiere este otro.” (Arias 2016:36).
En este punto, el aporte central es pensar al otro/a a la alteridad no cómo
una esencia desde mis marcos de conocimiento y preconceptos sino cómo
alguien que se construye en esa relación, en la que yo también me construyo. En
este sentido, la alteridad es un proceso y un dispositivo que me permite revisar y
cuestionar mi mismidad, poner en tensión mis modos de percibir y de representar
al otro/a. La idea es que podamos transitar las incomodidades que genera el
trabajo con el otro/a, sin romantizar a los demás y cuestionando nuestra posición
de poder y privilegio. De esta manera, la propuesta es empezar a
hacer/pensar/sentir con otros/as.
24
Para lograr esto, es elemental reunirse y conversar, y en esta interacción
dejar afectar mis puntos de vista y desmontar el lugar del especialista que
tematiza y conceptualiza sobre el otro/a, para incorporar su voz y su mirada en
pos de construir una respuesta.
La idea que aquí se plantea es rupturista y profunda, por eso queremos
acercar dos nortes que convocan a poner en práctica: en primer lugar, saber que
no podremos anticiparnos y planear respuestas para las múltiples situaciones que
se nos presenten con los otros/as, entonces lo importante es ser responsables y
estar disponibles -con apertura- para el trabajo con ellos. Segundo, saber que
acompañar al otro requiere de capacitación, pero sobre todo de una
transformación ética, se trata de dejar de poner el acento en “los diferentes” para
conversar con ellos/as y reflexionar sobre el vínculo que establecemos,
invitándolos a dejar atrás visiones anticipadas de su realidad preconcebidas
desde mis marcos y a desarmar la posición de poder del especialista.
5.- La importancia del trabajo en red/articulación de acciones.
Intervención efectiva - Derivación efectiva: Acción sin daño. Algunas
estrategias de intervención.
La importancia del trabajo en red/articulación de acciones
El desafío de intervenir como mediadores comunitarios requiere tomar
herramientas conceptuales, teóricas y metodológicas que permitan empezar a
desarmar las formas clásicas e instaladas de trabajar e incidir en mediación.
Buscamos generar nuevos enfoques, abordajes y prácticas que resulten
adecuados para responder las demandas y realidades complejas,
multidisciplinares y que muestran las sociedades actuales.
En este sentido, tal como dicen Nató y Carbajal (2023) “Las intervenciones
nunca, para bien o para mal, son inocuas. No se trata entonces de voluntarismo o
entusiasmo, sino de saberes, ética y responsabilidad de los operadores de
conflicto de un adecuado proceso de intervención.” En este sentido la invitación
es a ser conscientes y responsables de nuestras prácticas y de los efectos que
25
generan, cómo toda tarea, al compartirla con otras/os se vuelve más liviana.
“Otros son los cambios, entonces, si nuestra convicción es que hay propósitos
que no pueden abordarse individualmente. Todo lo que nos separe y nos impulse
a trazar fronteras hace que ese propósito sea más difícil de realizar. Se trata
entonces de la necesidad de construir una configuración socioespacial entretejida
a partir del compartir y del cuidado mutuo; de ocuparse y responsabilizarse en
revertir las desigualdades, de promover la igualdad de derechos económicos,
sociales, culturales, políticos, ambientales y de la igualdad de posiciones -y desde
allí las oportunidades ciertas- para ejercer esos derechos.”
Intervención efectiva - Derivación efectiva: Acción sin daño
El concepto de acción sin daño de la estadounidense Mary Anderson está
enmarcado dentro de un enfoque ético de la Construcción de Paz. Es el límite que
el mediador y la mediadora deberán tener en su accionar teniendo en cuenta las
consecuencias de su actuación en el marco de los conflictos complejos, a los
fines de evitar profundizar, agravar o escalar la conflictividad o vulneración de
derechos. Para ello se debe tener conciencia de que ninguna acción es neutral, y
se deberá prever el impacto de las estrategias y herramientas a utilizarse. De
igual manera se tendrá que evaluar durante la marcha el desempeño y
consecuencias de las gestiones para poder corregir posibles cursos de acción.
Asimismo, en la etapa posterior a la mediación también es recomendable
hacer una evaluación de los resultados, no solo a la interna del procedimiento
sino también con una mirada de seguimiento de los efectos producidos por un
acuerdo o no-acuerdo y con la intención de tener un aprendizaje continuo, basado
en la experiencia.
Algunas estrategias de intervención
En la mediación comunitaria resultan susceptibles de aplicarse múltiples y
variadas técnicas, herramientas y estrategias a los efectos de cumplir con los
objetivos que se plantean las intervenciones: la toma de decisiones libre e
informada y la transformación de la situación de conflicto. Desde el enfoque de
26
vulnerabilidad las herramientas que suelen utilizarse son la escucha, las
preguntas, la reformulación, empoderamiento, rol play, replanteo, entre otras. Sin
embargo, hay otras como la del agente de la realidad, que requieren de un
análisis en su uso, ya que en contextos donde el acceso a un asesoramiento
jurídico o a un procedimiento judicial o una sentencia no resulta posible para
ciertos grupos vulnerables, podría generarse la percepción de que el conflicto solo
es posible de resolverse desde esa dimensión.
Entre las herramientas que se utilizan para preparar la intervención y
determinar el dispositivo de trabajo adecuado destacamos:
- Preguntero - Instancia de exploración: Se trata de una lista estructurada de
preguntas diseñadas para identificar posiciones, intereses y necesidades
de las partes en conflicto, terceros, redes, interrelaciones, objeto y estado
del conflicto, contexto, causas y efectos sobre las personas, comunidad o
territorio, obstáculos o barreras de acceso o participación en la mediación
de alguna de las personas implicadas, derechos en juego.
- El Diagnóstico o Mapa del conflicto: Consiste en analizar el conflicto como
un sistema en el que interactúan todos los elementos identificados con el
preguntero adicionando las dimensiones del conflicto (personal, relacional,
contextual, estructural, objetal, jurídico normativa).
- Crónica: Tipo de narración que presenta una serie de eventos en el orden
en que efectivamente ocurrieron e intenta ser lo más explicativa y exacta
posible respecto del tema que aborda. Consiste en la exposición de
acontecimientos, con la peculiaridad de la introducción de elementos de
valoración e interpretación por parte del o de la cronista. El objetivo de la
crónica en mediación es narrar el caso objeto de intervención, conforme a
lo escuchado, y vivenciado para servir como herramienta objetiva de
trabajo colaborativo, diagnosticar la situación de conflicto, elaborar
hipótesis, diagramar estrategias de intervención y valorar con posterioridad
estas últimas, entre otras.
27
BIBLIOGRAFÍA:
● Bourse, A. y Kaufman, E.De socios en conflictos a socios en la paz.
Métodos y estrategias para transformar las diferencias en oportunidades
para beneficio de todos.
● Carbajal, L. y Nató, A. (2023). “Conflictos en la ciudad y en el territorio.
Perspectivas y abordajes en escenarios intensos”. Editorial: EUDEBA.
● Di Pietro, Cristina (2001) La superación del conflicto. Córdoba, Alveroni.
● Entelman, Remo (2002) Teoría de conflictos. Hacia un nuevo paradigma.
Barcelona, Gedisa.
● FEITO, Lidia (2007). Vulnerabilidad. In Anales del sistema sanitario de
Navarra (Vol. 30, pp. 07-22). Gobierno de Navarra. Departamento de
Salud.
● Fundación Cambio Democrático (2002) Manual sobre prevención y
transformación de conflictos. Buenos Aires, FCD.
● García, D. (2010). Conflictos sociales urbanos: teorías y prácticas en la
mediación. Buenos Aires: Editorial Universitaria.
● Goldstein, N. (2003). Mediación comunitaria: una herramienta para el
fortalecimiento social. Buenos Aires: Paidós.
● Interseccionalidad: una herramienta para la justicia de género y la justicia
económica. Derechos de las mujeres y cambio económico, (9), 1-8.
Recuperado el 20/04/2021 de:
https://www.awid.org/sites/default/files/atoms/files/nterseccionalidad_-una_
herramienta_para_la_justicia_de_genero_y_la_justicia_economica.pdf
● Martínez, S. (2016). El impacto de la mediación comunitaria en barrios de
Buenos Aires. Revista de Mediación, 10(2).
● Nató, A; Rodríguez Querejazu; Carbajal (2006). Mediación Comunitaria:
Conflictos en el Escenario Social Urbano. Editorial Universidad
● Palacios, C. (2015). El mediador comunitario y sus múltiples roles: guía
práctica. Rosario: Fundación de Mediación Social.
● Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos
(ONU-HABITAT) en co publicación con Universidad Alberto Hurtado de
28
Chile e Instituto de Estudios de la religión ISER. Guía de Mediación
Comunitaria.
● Vázquez, L., & Romero, J. (2018). Innovación en mediación: estrategias
dinámicas en contextos de diversidad. Revista Jurídica Argentina, 45(3).
● 100 Reglas de Brasilia para el acceso a la justicia de Personas en situación
de vulnerabilidad.
MEDIADIVERSA1
Centro Público de Mediación Comunitaria
Defensoría del Pueblo de la Provincia de Córdoba
Córdoba, 2025.
1
Manuel Campodónico, Mónica Cornaglia, Luján D’Adam, Sabrina González Solé, Lucia Pérez.
29