CASOS DE ESTUDIO DERECHOS HUMANOS
1. Caso Verbitsky Comisión IDH. Informe 22/94.
Hechos del caso. Verbitsky, de profesión periodista, comienza su demanda por una publicación en el diario
Página /12, titulada “Cicatrices de dos guerras”, en la cual Verbitsky, llama al señor Augusto Belluscio
“asqueroso”; el problema radica en que el señor Verbitsky denuncia al Estado argentino por la violación del art.
8 (imparcialidad e independencia de los jueces), el art. 13 (libertad de pensamiento y expresión) y el art. 24
(igualdad ante la ley).
Normas jurídicas.
Art. 2 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos: “Si el ejercicio de los derechos y libertades
mencionados en el artículo 1 no estuviere ya garantizado por disposiciones legislativas o de otro carácter, los
Estados Partes se comprometen a adoptar, con arreglo a sus procedimientos constitucionales y a las
disposiciones de esta Convención, las medidas legislativas o de otro carácter que fueren necesarias para hacer
efectivos tales derechos y libertades.”
Art. 48, inc. 1, ap. f) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos: “1. La Comisión, al recibir una
petición o comunicación en la que se alegue la violación de cualquiera de los derechos que consagra esta
Convención, procederá en los siguientes términos… f) Se pondrá a disposición de las partes interesadas, a fin de
llegar a una solución amistosa del asunto fundada en el respeto a los derechos humanos reconocidos en esta
Convención.”
Art. 49 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos: “Si se ha llegado a una solución amistosa con
arreglo a las disposiciones del inciso 1.f del artículo 48 la Comisión redactará un informe que será transmitido al
peticionario y a los Estados Partes en esta Convención y comunicado después, para su publicación, al Secretario
General de la Organización de los Estados Americanos. Este informe contendrá una breve exposición de los
hechos y de la solución lograda. Si cualquiera de las partes en el caso lo solicitan, se les suministrará la más
amplia información posible.”
Ley 23.984
Art. 48, inc. b) del Reglamento de la Comisión Americana sobre Derechos Humanos: “1. Los peritos podrán ser
recusados cuando incurran en alguna de las siguientes causales… b) Ser o haber sido representante de alguna
presunta víctima en el procedimiento a nivel interno o ante el sistema interamericano de promoción y
protección de los derechos humanos por los hechos del caso en conocimiento de la Corte…”
Doctrina.
La Convención Interamericana de Derechos Humanos, resuelve expresa su reconocimiento tanto al gobierno
argentino por derogar el artículo 244 del Código Penal dando cumplimiento con el artículo 2 de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos; también al señor Verbitsky, por facilitar el proceso de solución amistosa
en su aceptación de los términos de la sentencia de la Cámara Nacional de Casación Penal.
La Comisión expone que en el caso que una ley resulte incompatible con la Convención, el Estado, está obligado
(según el artículo 2) a adoptar las medidas necesarias para hacer efectivos los derechos y libertades garantizados
por la Convención.
Expuso su satisfacción por la culminación del proceso de solución amistosa y reconoció que el mismo ha
concluido a entera satisfacción de las partes y de la Comisión, habiéndose dado cumplimiento a los artículo 48,
inc. 1, ap. f) y 49 de la Convención, y al art. 48 del Reglamento.
2. Opinión consultiva 1/82. Otros Tratados.
El Gobierno del Perú pregunta, en relación con el artículo 64 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos: ¿Cómo debe ser interpretada la frase: “o de otros tratados concernientes a la protección de los
derechos humanos en los Estados Americanos”?
El artículo 64 de la Convención señala: Los Estados Miembros de la Organización podrán consultar a la Corte
acerca de la interpretación de esta Convención o de otros tratados concernientes a la protección de los
derechos humanos en los Estados Americanos. Asimismo, podrán consultarla, en lo que les compete, los
órganos enumerados en el Capítulo X de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, reformada por
el Protocolo de Buenos Aires…
La presente consulta obedece justamente a que la Convención no ha fijado, a priori, límites precisos a las
materias que pueden ser objeto de interpretación por la Corte en su función consultiva.
Ese artículo, en efecto, dentro de la amplitud de sus términos, establece ciertos límites genéricos para la
actuación de la Corte, los cuales constituyen el marco dentro del cual se conocería la interpretación de dichos
tratados. La respuesta a la presente consulta está llamada a determinar, dentro de los fines generales del Pacto
de San José y la función que el mismo asigna a la Corte, si es necesario o no dar mayor precisión a los términos
del artículo 64.
3. Opinión consultiva 11/90. Excepciones al agotamiento de los recursos internos.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sometió a la Corte Interamericana de Derechos Humanos,
una solicitud de opinión consultiva sobre el artículo 46.1.a y 46.2 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos.
La solicitud de opinión consultiva plantea las siguientes preguntas:
¿Se aplica el requisito de agotar los recursos jurídicos internos a un indigente que, debido a circunstancias
económicas, no es capaz de hacer uso de los recursos jurídicos en el país?
En caso de eximirse a los indigentes de este requisito, ¿qué criterios debe considerar la Comisión al dar su
dictamen sobre admisibilidad en tales casos?
¿Se aplica el requisito de agotar los recursos jurídicos internos a un reclamante individual que, por no poder
obtener representación legal debido a un temor generalizado en los círculos jurídicos no puede hacer uso de los
recursos que le brinda la ley en el país?
En caso de eximirse de este requisito a tales personas, ¿qué criterios deberá considerar la Comisión al dar su
dictamen de admisibilidad en tales casos?
Las consideraciones que originan la consulta: Indigencia; Falta de Abogado.
Artículo 46
1. Para que una petición o comunicación presentada conforme a los artículos 44 ó 45 sea admitida por la
Comisión, se requerirá:
a. que se hayan interpuesto y agotado los recursos de jurisdicción interna, conforme a los principios del
Derecho Internacional generalmente reconocidos;
b. que sea presentada dentro del plazo de seis meses, a partir de la fecha en que el presunto lesionado en
sus derechos haya sido notificado de la decisión definitiva;
c. que la materia de la petición o comunicación no esté pendiente de otro procedimiento de arreglo
internacional, y
d. que en el caso del artículo 44 la petición contenga el nombre, la nacionalidad, la profesión, el domicilio y
la firma de la persona o personas o del representante legal de la entidad que somete la petición.
2. Las disposiciones de los incisos 1.a. y 1.b. del presente artículo no se aplicarán cuando:
a. no exista en la legislación interna del Estado de que se trata el debido proceso legal para la protección del
derecho o derechos que se alega han sido violados;
b. no se haya permitido al presunto lesionado en sus derechos el acceso a los recursos de la jurisdicción
interna, o haya sido impedido de agotarlos, y
c. haya retardo injustificado en la decisión sobre los mencionados recursos.
El literal c) del artículo 46.2 no es relevante para contestar las preguntas hechas a la Corte. Son los literales a) y
b) los que exigen un análisis detenido.
El artículo 46.1.a ordena que para que una petición sea admitida por la Comisión se requerirá que se hayan
interpuesto y agotado los recursos de jurisdicción interna y el numeral 2 contempla las circunstancias en las
cuales ese requerimiento no se aplica.
El artículo 46.2.a se refiere a aquellas situaciones en las cuales la ley interna de un Estado Parte no contempla el
debido proceso legal para proteger los derechos violados. El artículo 46.2.b es aplicable en aquellos casos en los
cuales sí existen los recursos de la jurisdicción interna pero su acceso se niega al individuo o se le impide
agotarlos. Estas disposiciones se aplican, entonces, cuando los recursos internos no pueden ser agotados porque
no están disponibles bien por una razón legal o bien por una situación de hecho.
ES DE OPINIÓN
Que si, por razones de indigencia o por el temor generalizado de los abogados para representarlo legalmente,
un reclamante ante la Comisión se ha visto impedido de utilizar los recursos internos necesarios para proteger
un derecho garantizado por la Convención, no puede exigírsele su agotamiento.
Que, en las hipótesis planteadas, si un Estado Parte ha probado la disponibilidad de los recursos internos, el
reclamante deberá demostrar que son aplicables las excepciones del artículo 46.2 y que se vio impedido de
obtener la asistencia legal necesaria para la protección o garantía de derechos reconocidos en la Convención.
4. Opinión consultiva 22/16. Titularidad de derechos de las personas jurídicas en el sistema interamericano de
Derechos Humanos.
Panamá expuso las consideraciones respecto a la titularidad de derechos de las personas jurídicas en el sistema
interamericano; las comunidades indígenas y tribales y las organizaciones sindicales; protección de derechos
humanos de personas naturales en tanto miembros de personas jurídicas, y agotamiento de recursos internos
por personas jurídicas.
Respecto a la titularidad de derechos de las personas jurídicas en el sistema interamericano, la Corte concluyó
que de una interpretación del artículo 1.2 de la Convención Americana, se desprende que “las personas jurídicas
no son titulares de derechos convencionales, por lo que no pueden ser consideradas como presuntas víctimas
en el marco de los procesos contenciosos ante el sistema interamericano”.
Asimismo, consignó que “las comunidades indígenas y tribales deben ser consideras como titulares de ciertos
derechos humanos por encontrarse en una situación particular, así como debido a que esto se encuentra
dispuesto en varios instrumentos jurídicos internacionales, de los que son partes los Estados del sistema
interamericano, y algunas de sus legislaciones nacionales”.
Sobre el artículo 8.1.a del Protocolo de San Salvador respecto a las organizaciones sindicales, estableció que “la
titularidad de los derechos de los sindicatos, las federaciones y las confederaciones, lo cual les permite
presentarse ante el sistema interamericano en defensa de sus propios derechos”.
Aseveró: "Bajo determinados supuestos el individuo que ejerza sus derechos a través de personas jurídicas
pueda acudir al Sistema para hacer valer sus derechos fundamentales, aun cuando los mismos estén cubiertos
por una figura o ficción jurídica. Resaltó que cada derecho implica un análisis distinto en cuanto a su contenido y
forma de realización”.
Por último, concluyó que “es viable establecer una fórmula única que sirva para reconocer la existencia del
ejercicio de derechos de personas naturales a través de su participación en una persona jurídica”, y añadió: “La
Corte determinará la manera de probar el vínculo cuando analice la alegada violación de uno de los derechos
presuntamente vulnerados en un caso contencioso concreto”.
5. Caso Carranza Latrubesse Vs Argentina.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos había ordenado indemnizar a Gustavo
Carranza Latrubesse, un ex juez de Chubut cesanteado durante la dictadura. Al aceptar esa decisión, la Corte
modificó sus propios precedentes, establecidos en los ’90.
El organismo internacional había ordenado reconocer una indemnización al considerar violados sus “derechos a
las garantías judiciales y a la protección judicial”. Los tribunales argentinos, originalmente, le habían negado la
posibilidad de reclamar al catalogar su demanda como una cuestión “política no justiciable”. Carranza
Latrubesse, hoy de 71 años, había sido nombrado juez en lo Civil y Comercial en la provincia de Chubut en 1971.
Fue removido por decreto meses después del golpe de Estado, el 17 de junio de 1976.
La Corte Suprema de Justicia firmó el un fallo que dispone que el Estado argentino debe acatar lo que dijo la
comisión y confirma que Carranza Latrubesse debe ser indemnizado. La decisión suprema es novedosa porque
modifica sus propios precedentes (establecidos de los años ’90), que negaban el acatamiento obligatorio de las
recomendaciones de la comisión por parte de los tribunales nacionales.
El voto de la mayoría dice que si la Convención Americana obliga a los Estados parte “a respetar y hacer respetar
los derechos que ella enuncia, en el marco supranacional no tiende a desaprobar toda violación a estos derechos
cometida en el orden interno (...) Lo que es objeto de sanción en el campo supranacional son las violaciones que
el Estado ha cometido o dejado cometer, y que, además, no ha reparado o podido reparar por medio de su
propio ordenamiento jurídico interno”. A la vez, sostiene, “toda violación de una obligación internacional que
haya producido daño comporta el deber de repararlo adecuadamente”.
6. Caso Gelman Vs Uruguay
Los hechos del presente caso ocurrieron durante la dictadura cívico-militar que gobernó Uruguay entre 1973 y
1985, en el marco de prácticas sistemáticas de detenciones arbitrarias, torturas, ejecuciones extrajudiciales y
desapariciones forzadas perpetradas por las fuerzas de seguridad e inteligencia de la dictadura uruguaya en
colaboración con autoridades argentinas, en el marco de la doctrina de seguridad nacional y de la llamada
Operación Cóndor. La Operación Cóndor fue el nombre clave que se dio a la alianza entre las fuerzas de
seguridad y militares y servicios de inteligencia de las dictaduras del Cono Sur durante la década 1970, en su
lucha y represión contra personas designadas como elementos subversivos. Las operaciones clandestinas
incluyeron en muchos casos la sustracción, supresión o sustitución de identidad y apropiación ilícita de niños y
niñas, para lo cual mujeres embarazadas eran detenidas en el marco de las referidas operaciones y mantenidas
vivas. En numerosos casos, los niños y niñas recién nacidos o nacidos en cautiverio eran entregados a familias de
militares o policías o de terceros, luego de que sus padres fueran desaparecidos o ejecutados. María Claudia
García Iruretagoyena Casinelli, de nacionalidad argentina, y su esposo Marcelo Ariel Gelman Schubaroff fueron
detenidos junto con otros familiares y amigos el 24-8-1976 en Buenos Aires, Argentina, por militares uruguayos
y argentinos. Al momento de su privación de libertad, María Claudia tenía 19 años de edad y se encontraba en
avanzado estado de embarazo (alrededor de 7 meses).
Juan Gelman, padre de Marcelo Gelman y suegro de María Claudia García Iruretagoyena, y su esposa realizaron
por su cuenta averiguaciones para conocer lo ocurrido a su hijo, a su nuera y a la hija de ambos, que presumían
había nacido durante el cautiverio de sus padres. A finales de 1999, obtuvieron información que permitió
develar la verdadera identidad y la ubicación de María Macarena. El 31-3-2000, María Macarena tuvo por
primera vez contacto con su abuelo paterno, enterándose así de los hechos que rodearon la desaparición de sus
padres biológicos. A partir de ese momento, ella emprendió las acciones legales pertinentes para recuperar su
verdadera identidad, por lo que a partir del año 2005 adoptó el nombre de María Macarena Gelman García
Iruretagoyena.
Por otro lado, el 22-12-1986 el Parlamento uruguayo aprobó la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del
Estado (Ley 15.848), la cual, entre otros, concedió una amnistía respecto de los delitos cometidos hasta el 1-3-
1985 por funcionarios militares y policiales, equiparados y asimilados por móviles políticos o en ocasión del
cumplimiento de sus funciones y en ocasión de acciones ordenadas por los mandos que actuaron durante el
período de facto. Tras la promulgación de dicha Ley, la Suprema Corte de Justicia del Uruguay confirmó su
constitucionalidad. Asimismo, la Ley de Caducidad, en dos oportunidades, contó con el respaldo de la mayoría
de la ciudadanía que se expresó en el referéndum de 1989 y en una propuesta de anular la ley sometida a
plebiscito en el año 2009.
El 19-6-2002, Juan Gelman presentó una denuncia en Uruguay en relación con los hechos ocurridos a su nuera y
a su nieta. Por otro lado, la desaparición forzada de María Claudia está siendo investigada en Argentina en el
marco de la llamada Megacausa Plan Cóndor, caratulada Videla Jorge Rafael y otros s/ privación ilegal de la
libertad personal.
En su contestación de la demanda, el Estado de Uruguay reconoció parcialmente su responsabilidad
internacional por la violación de los derechos humanos de María Claudia García Iruretagoyena de Gelman y
María Macarena de Gelman García durante el gobierno de facto que rigió en Uruguay entre junio de 1973 y
febrero de 1985El Estado Uruguayo informó al Tribunal que reconocía a Juan Gelman la categoría de víctima en
el proceso. En consecuencia, en el proceso ante la Corte la controversia subsistió en cuanto a la determinación
de las consecuencias de los hechos ocurridos desde febrero de 1985. La Corte consideró que el referido
reconocimiento, si bien parcial, es una contribución positiva a la vigencia de los principios que inspiran la
Convención Americana y a la conducta a la que están obligados los Estados en esta materia, y tiene un alto valor
simbólico en aras de que no se repitan hechos similares.
SE DECIDIÓ: el Estado de Uruguay es internacionalmente responsable por: a) la desaparición forzada y la
violación de los derechos al reconocimiento de la personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal y a la
libertad personal, en perjuicio de María Claudia García Iruretagoyena Casinelli; b) la violación de los derechos al
reconocimiento de la personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal, a la libertad personal, a la familia,
al nombre, a los derechos del niño y a la nacionalidad, en perjuicio de María Macarena Gelman García
Iruretagoyena, por lo que constituyó una forma de desaparición forzada desde su nacimiento hasta el momento
en que recuperó su verdadera y legítima identidad; c) la violación de los derechos a la integridad personal y a la
protección de la familia, en perjuicio del señor Juan Gelman, y d) la violación de los derechos a las garantías
judiciales y a la protección judicial, en relación con las normas pertinentes de la Convención Americana y de la
Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas, por la falta de investigación efectiva de los
hechos del presente caso, en perjuicio de Juan Gelman y María Macarena Gelman. Además, el Estado ha
incumplido la obligación de adecuar su derecho interno a la Convención Americana, como consecuencia de la
interpretación y aplicación que le ha dado a la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado respecto de
graves violaciones de derechos humanos.
Por su parte, la Suprema Corte de Justicia del Uruguay declaró, en dos fallos recientes (en los años 2009 y 2010),
la inconstitucionalidad de los art. 1, 3 y 4 de la Ley, y resolvió que son inaplicables a los casos concretos que
habían generado la acción.
7. Fontevecchia, D’Amico vs. Argentina, Corte IDH.
La CIDH había instado a la Justicia a dejar sin efecto la condena civil contra el CEO de Editorial Perfil, Jorge
Fontevecchia, en el marco de una demanda por daños y perjuicios que entabló el ex presidente Carlos Menem,
cuando la revista Noticias reveló la existencia de un hijo extramatrimonial del entonces mandatario riojano. La
condena fue ratificada por la Corte Suprema en 2001 y el caso llegó a la CIDH, que una década después ordenó
al Estado argentino a dejar sin efecto la sentencia, por considerar que el fallo judicial violaba la libertad de
expresión, y lo instó a devolver el dinero que la editorial tuvo que pagarle a Menem.
Ante esto, en la resolución con fecha octubre 2018, la CIDH "advierte con preocupación que han transcurrido
casi cinco años desde que venció el plazo concedido en la Sentencia sin que el Estado haya procedido a realizar
los pagos por concepto de reintegro de costas y gastos".
"El Estado no ha dado cumplimiento al reintegro de costas y gastos, ordenado en el punto dispositivo cuarto de
la Sentencia. Mantener abierto el procedimiento de supervisión de cumplimiento respecto de las medidas de
reparación ordenadas en los puntos dispositivos segundo y cuarto de la Sentencia, relativas a: a) dejar sin efecto
la condena civil impuesta a los señores Jorge Fontevecchia y Héctor D’Amico así como todas sus consecuencias,
en los términos del párrafo 105 de la Sentencia (punto dispositivo segundo de la Sentencia), y b) entregar los
montos referidos en los párrafos 128 y 129 de la Sentencia por concepto de reintegro de costas y gastos (punto
dispositivo cuarto de la Sentencia)", completan. Por todo lo expuesto, solicitan: "Disponer que el Estado adopte,
en definitiva y a la mayor brevedad, las medidas que sean necesarias para dar efectivo y pronto cumplimiento…”
8. Caso Bulacio Vs Argentina.
La noche del 19 de abril de 1991, en inmediaciones del Estadio Obras Sanitarias, Núñez, donde se iba a realizar
un recital de “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota”. La Policía Federal Argentina a cargo del entonces
comisario federal Miguel Ángel Esposito realizó una detención masiva o “razzia”, entre ellas se encontraba
Walter David Bulacio, con 17 años de edad. Invocando el “Memorándum 40”una disposición pergeñada por dos
jueces correccionales en 1967, que autorizaba a los comisarios a no dar intervención a la Justicia por la
detención de un menor de edad, cuando el propósito era entregárselo a los padres.
Según constancia en las actuaciones, Bulacio murió como consecuencia de “Aneurisma No traumático”, tras ser
alojado en la comisaría 35°, pero Esposito solo fue procesado por detención ilegal y nunca por el delito de
torturas seguidas de muerte. El falleció una semana después en el Sanatorio Mitre.
La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso amplió el deber de investigar y
sancionar las violaciones a derechos humanos –que tienen los Estados Parte de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos– hacia otros delitos graves, pero técnicamente comunes, privando a los tribunales
nacionales de la facultad de adoptar límites a la persecución penal, cuando su uso pueda generar impunidad.
La aplicación irreflexiva de dicha sentencia por la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, en el caso
“Esposito Miguel Ángel”, provocó numerosas críticas de la doctrina penal por otorgarle un carácter absoluto a
dicho deber, y por entender que esto vulneraría otros derechos fundamentales como el debido proceso legal y
el de defensa.
9. Caso Fornerón Vs Argentina.
La progenitora de la niña recién nacida, la entregó en guarda pre adoptiva a un matrimonio domiciliado en la
Ciudad de Buenos Aires. El padre biológico, reconoció a su hija ante las autoridades desde poco después de su
nacimiento y acreditó su paternidad por estudio de ADN. Se vio obligado a realizarlo frente a la insistente
negación de paternidad por parte de su esposa y madre de la niña. La cuestión pasa por la AUSENCIA DE
CONSENTIMIENTO del Sr. Fornerón, padre biológico, en la entrega de su hija, motivo por el cual solicitó la
interrupción de la guarda y el pedido de RESTITUCIÓN DE LA MENOR. El progenitor mantuvo una conducta
procesal activa, tendiente a REANUDAR EL VÍNCULO con la NIÑA.
En este caso se registró una inusual e injustificada demora en la resolución del caso por parte de las autoridades
judiciales de la República Argentina. Los años fueron pasando y el proceso culminó en la adopción simple por
parte de los guardadores. El fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró la responsabilidad
del estado argentino por haber transgredido los artículos 1.1.; 2; 8.1; 17, 19 y 25.1 de la convención
interamericana de derechos humanos.
En concreto, se omitió velar por la protección de la familia y por el derecho de la niña en este caso, a no ser
separada de sus padres. La Sentencia obliga a entablar un proceso inmediato de vinculación paterno filial,
brindar apoyo terapéutico permanente a las partes, investigación y eventual sanción a los funcionarios públicos
involucrados en el caso, obligación de adoptar disposiciones de derecho interno que tipifiquen la “venta” de
menores como infracción penal, y se fija una indemnización compensatoria a favor del reclamante en concepto
de Daño Material e Inmaterial.
La Corte ha dicho que la “venta” de un niño o niña no estaba impedida o prohibida penalmente sino que se
sancionaban otros supuestos de hecho, como por ejemplo, el ocultamiento o supresión de la filiación. Dicha
prohibición no satisface lo establecido por el artículo 35 de la Convención sobre los Derechos del Niño de
adoptar todas las medidas necesarias para impedir la ”venta” de niños cualquiera sea su forma o fin”
“La obligación de adoptar todas las medidas para impedir toda “venta”, incluyendo su prohibición penal, está
vigente desde el momento en que Argentina ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño en el año 1.990.
La obligación de prohibir penalmente toda venta de niños y niñas ha sido afirmada por el Estado al ratificar, el 25
de septiembre de 2.003, el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la
Venta de Niños, la Prostitución Infantil y la Utilización de Niños en la Pornografía”.
concluyó: “Asimismo, el Estado debe garantizar la imparcialidad e idoneidad del o los expertos que participen en
el proceso de vinculación, quienes además deben conocer la presente Sentencia así como las demás
circunstancias relevantes sobre lo ocurrido al Señor F. y su hija”
10. Caso Olmedo Bustos y otros vs. Chile, denominado también caso “La última tentación de Cristo”
Fue una sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos el 5 de febrero de 2001, la cual
debía resolver acerca de si hubo violación por parte del Estado de Chile respecto a los artículos 12 y 13 de la
Convención Americana de Derechos Humanos, correspondientes a la libertad de conciencia y de religión y
libertad de pensamiento y de expresión por la censura del filme cinematográfico La última tentación de Cristo.
Prohibida en 1988 durante la dictadura de Pinochet, porque estaba reglamentado la Censura en su Constitución.
La Corte Interamericana concluye, entre otros que: “En los casos en los que una disposición constitucional
resulte incompatible con la Convención, el Estado parte está obligado, de confirmar con el artículo 2, a adoptar
las medidas legislativas (constitucionales y ordinarias) necesarias para hacer efectivos los derechos y libertades
garantizados por la Convención”
“que el Estado no violó el derecho a la libertad de conciencia y de religión consagrado en el artículo 12 de la
Convención Americana”
La prohibición de la exhibición de la película, violó el artículo 13 de la Convención, ya que éste señala que el
ejercicio de la libertad de pensamiento y de expresión no puede estar sujeto a la censura previa que fue
impuesta a la película porque resultaba ofensiva a la figura de Jesucristo a su honor y su reputación. La Corte
consideró que quienes están bajo la protección de la Convención tienen no sólo el derecho y la libertad de
expresar su propio pensamiento, sino también el derecho y la libertad de buscar, recibir y difundir
informaciones e ideas de toda índole; esto contiene una dimensión individual, pues nadie puede ser
arbitrariamente menoscabado o impedido de manifestar su propio pensamiento y representarlo a través de
cualquier medio que considere adecuado; y, una dimensión social, que implica un derecho colectivo a recibir
cualquier información y a conocer la expresión del pensamiento ajeno. Con respecto a la censura previa, la Corte
explicó que, se aplica en el caso de los espectáculos públicos pero únicamente con el fin de regular el acceso a
ellos, para la protección moral de la infancia y la adolescencia. En todos los demás casos, cualquier medida
preventiva implica el menoscabo a la libertad de pensamiento y de expresión.
11. Opinión consultiva 5/85. La colegiación obligatoria de periodistas.
El Gobierno de Costa Rica, mediante comunicación del 8 de julio de 1985, sometió a la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, una solicitud de opinión consultiva sobre la interpretación de los artículos 13 y 29 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos en relación con la colegiación obligatoria de los periodistas y
sobre la compatibilidad de la Ley No. 4420 de 22 de setiembre de 1969, Ley Orgánica del Colegio de Periodistas
de Costa Rica con las disposiciones de los mencionados artículos. Según declaración expresa del Gobierno, esta
solicitud de opinión ha sido formulada en cumplimiento de un compromiso adquirido con la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP).
La Convención, al permitir a los Estados Miembros y a los órganos de la OEA solicitar opiniones consultivas, crea
un sistema paralelo al del artículo 62 y ofrece un método judicial alterno de carácter consultivo, destinado a
ayudar a los Estados y órganos a cumplir y a aplicar tratados en materia de derechos humanos, sin someterlos al
formalismo y al sistema de sanciones que caracteriza el proceso contencioso.
Sin embargo, la Corte también ha reconocido que su competencia consultiva es permisiva y que consideraría
inadmisible toda solicitud de consulta que conduzca a desvirtuar la jurisdicción contenciosa de la Corte, o en
general, a debilitar o alterar el sistema previsto por la Convención, de manera que puedan verse menoscabados
los derechos de las víctimas de eventuales violaciones de los derechos humanos. (“Otros tratados” objeto de la
función consultiva de la Corte (Art. 64 Convención Americana sobre Derechos Humanos), Opinión Consultiva OC-
1/82.
Artículo 13.- Libertad de Pensamiento y de Expresión
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la
libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea
oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.
2. El ejercicio del derecho previsto en el inciso precedente no puede estar sujeto a previa censura sino a
responsabilidades ulteriores, las que deben estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para asegurar:
a) el respeto a los derechos o la reputación de los demás, o
b) la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas.
3. No se puede restringir el derecho de expresión por vías o medios indirectos, tales como el abuso de
controles oficiales o particulares de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas, o de enseres y
aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios encaminados a impedir la
comunicación y la circulación de ideas y opiniones.
4. Los espectáculos públicos pueden ser sometidos por la ley a censura previa con el exclusivo objeto de
regular el acceso a ellos para la protección moral de la infancia y la adolescencia, sin perjuicio de lo establecido
en el inciso 2.
5. Estará prohibida por la ley toda propaganda en favor de la guerra y toda apología del odio nacional, racial o
religioso que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier
persona o grupo de personas, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión, idioma u origen nacional.
El artículo 13 señala que la libertad de pensamiento y expresión “comprende la libertad de buscar, recibir y
difundir informaciones e ideas de toda índole…” Esos términos establecen literalmente que quienes están bajo
la protección de la Convención tienen no sólo el derecho y la libertad de expresar su propio pensamiento, sino
también el derecho y la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole. Por tanto,
cuando se restringe ilegalmente la libertad de expresión de un individuo, no sólo es el derecho de ese individuo
el que está siendo violado, sino también el derecho de todos a “recibir” informaciones e ideas, de donde resulta
que el derecho protegido por el artículo 13 tiene un alcance y un carácter especiales. Se ponen así de manifiesto
las dos dimensiones de la libertad de expresión. En efecto, ésta requiere, por un lado, que nadie sea
arbitrariamente menoscabado o impedido de manifestar su propio pensamiento y representa, por tanto, un
derecho de cada individuo; pero implica también, por otro lado, un derecho colectivo a recibir cualquier
información y a conocer la expresión del pensamiento ajeno.
En su dimensión individual, la libertad de expresión no se agota en el reconocimiento teórico del derecho a
hablar o escribir, sino que comprende además, inseparablemente, el derecho a utilizar cualquier medio
apropiado para difundir el pensamiento y hacerlo llegar al mayor número de destinatarios. Cuando la
Convención proclama que la libertad de pensamiento y expresión comprende el derecho de difundir
informaciones e ideas “por cualquier… procedimiento”, está subrayando que la expresión y la difusión del
pensamiento y de la información son indivisibles, de modo que una restricción de las posibilidades de
divulgación representa directamente, y en la misma medida, un límite al derecho de expresarse libremente. De
allí la importancia del régimen legal aplicable a la prensa y al status de quienes se dediquen profesionalmente a
ella.
En su dimensión social la libertad de expresión es un medio para el intercambio de ideas e informaciones y para
la comunicación masiva entre los seres humanos. Así como comprende el derecho de cada uno a tratar de
comunicar a los otros sus propios puntos de vista implica también el derecho de todos a conocer opiniones y
noticias. Para el ciudadano común tiene tanta importancia el conocimiento de la opinión ajena o de la
información de que disponen otros como el derecho a difundir la propia.
Las dos dimensiones mencionadas (supra 30) de la libertad de expresión deben ser garantizadas
simultáneamente. No sería lícito invocar el derecho de la sociedad a estar informada verazmente para
fundamentar un régimen de censura previa supuestamente destinado a eliminar las informaciones que serían
falsas a criterio del censor. Como tampoco sería admisible que, sobre la base del derecho a difundir
informaciones e ideas, se constituyeran monopolios públicos o privados sobre los medios de comunicación para
intentar moldear la opinión pública según un solo punto de vista.
Así, si en principio la libertad de expresión requiere que los medios de comunicación social estén virtualmente
abiertos a todos sin discriminación, o, más exactamente, que no haya individuos o grupos que, a priori, estén
excluidos del acceso a tales medios, exige igualmente ciertas condiciones respecto de éstos, de manera que, en
la práctica, sean verdaderos instrumentos de esa libertad y no vehículos para restringirla. Son los medios de
comunicación social los que sirven para materializar el ejercicio de la libertad de expresión, de tal modo que sus
condiciones de funcionamiento deben adecuarse a los requerimientos de esa libertad. Para ello es
indispensable, inter alía, la pluralidad de medios, la prohibición de todo monopolio respecto de ellos, cualquiera
sea la forma que pretenda adoptar, y la garantía de protección a la libertad e independencia de los periodistas.
Lo anterior no significa que toda restricción a los medios de comunicación o, en general, a la libertad de
expresarse, sea necesariamente contraria a la Convención, cuyo artículo 13.2 dispone:
Artículo 13.2.- El ejercicio del derecho previsto en el inciso precedente no puede estar sujeto a previa censura
sino a responsabilidades ulteriores, las que deben estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para
asegurar:
a) el respeto a los derechos o a la reputación de los demás o
b) la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas.
En efecto, la definición por la ley de aquellas conductas que constituyen causal de responsabilidad según el
citado artículo, envuelve una restricción a la libertad de expresión.
La disposición citada señala dentro de qué condiciones son compatibles restricciones a la libertad de expresión
con la Convención. Esas restricciones deben establecerse con arreglo a ciertos requisitos de forma que atañen a
los medios a través de los cuales se manifiestan y condiciones de fondo, representadas por la legitimidad de los
fines que, con tales restricciones, pretenden alcanzarse.
El artículo 13.2 de la Convención define a través de qué medios pueden establecerse legítimamente restricciones
a la libertad de expresión. Estipula, en primer lugar, la prohibición de la censura previa la cual es siempre
incompatible con la plena vigencia de los derechos enumerados por el artículo 13, salvo las excepciones
contempladas en el inciso 4 referentes a espectáculos públicos, incluso si se trata supuestamente de prevenir
por ese medio un abuso eventual de la libertad de expresión. En esta materia toda medida preventiva significa,
inevitablemente, el menoscabo de la libertad garantizada por la Convención.
El abuso de la libertad de expresión no puede ser objeto de medidas de control preventivo sino fundamento de
responsabilidad para quien lo haya cometido. Aún en este caso, para que tal responsabilidad pueda establecerse
válidamente, según la Convención, es preciso que se reúnan varios requisitos, a saber:
a) La existencia de causales de responsabilidad previamente establecidas,
b) La definición expresa y taxativa de esas causales por la ley,
c) La legitimidad de los fines perseguidos al establecerlas, y
d) Que esas causales de responsabilidad sean “necesarias para asegurar” los mencionados fines.
Todos estos requisitos deben ser atendidos para que se dé cumplimiento cabal al artículo 13.2.
Esta norma precisa que es la ley la que debe establecer las restricciones a la libertad de información y solamente
para lograr fines que la propia Convención señala. Por tratarse de restricciones en el sentido en que quedó
establecido (supra 35) la definición legal debe ser necesariamente expresa y taxativa.
LA CORTE ES DE OPINIÓN,
Que la colegiación obligatoria de periodistas, en cuanto impida el acceso de cualquier persona al uso pleno de
los medios de comunicación social como vehículo para expresarse o para transmitir información, es
incompatible con el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Que la Ley No. 4420 de 22 de setiembre de 1969, Ley Orgánica del Colegio de Periodistas de Costa Rica, objeto
de la presente consulta, en cuanto impide a ciertas personas el pertenecer al Colegio de Periodistas y, por
consiguiente, el uso pleno de los medios de comunicación social como vehículo para expresarse y transmitir
información, es incompatible con el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
12. Caso Kimel vs Argentina.
El señor Eduardo Gabriel Kimel es un conocido periodista, escritor e investigador histórico”, quien habría
publicado varios libros relacionados con la historia política argentina, entre ellos “La masacre de San Patricio”,
en el que expuso el resultado de su investigación sobre el asesinato de cinco religiosos. El libro criticó la
actuación de las autoridades encargadas de la investigación de los homicidios, entre ellas un juez.
El 28 de octubre de 1991 el Juez mencionado por el señor Kimel promovió una querella criminal en su contra por
el delito de calumnia, señalando que si bien la imputación deshonrosa hecha a un Magistrado con motivo u
ocasión del ejercicio de sus funciones constituiría desacato en los términos del artículo 244 del Código de Penal,
hoy derogado, la específica imputación de un delito de acción pública configura siempre calumnia.
Luego de concluido el proceso penal, el señor Kimel fue condenado por la Sala IV de la
Cámara de Apelaciones a un año de prisión y multa de veinte mil pesos por el delito de calumnia.
Fundamentos
Artículo 8 (Garantías judiciales)
La Corte estima que la duración del proceso penal instaurado en contra del señor Kimel excedió los límites de lo
razonable. Del mismo modo, el Tribunal considera, conforme a su jurisprudencia que el Estado no justificó esa
duración tan prolongada. En consecuencia, declara que el Estado violó el artículo 8.1 de la Convención
Americana, en relación con el artículo 1.1 de la misma, en perjuicio del señor Kimel.
Artículo 13 (Libertad de pensamiento y de expresión) y artículo 9 (Principio de
Legalidad) en relación con los artículos 1.1. Obligación de respetar los derechos) y 2 (Deber de adoptar
disposiciones de derecho interno)
La Corte considera que la crítica realizada por el señor Kimel estaba relacionada con temas de notorio interés
público, se refería a un juez en relación con el desempeño de su cargo y se concretó en opiniones que no
entrañaban la imputación de delitos.
La Corte observa que el señor Kimel realizó una reconstrucción de la investigación judicial de la masacre y, a
partir de ello, emitió un juicio de valor crítico sobre el desempeño del Poder Judicial durante la última dictadura
militar en Argentina. Considera, que el señor Kimel no utilizó un lenguaje desmedido y su opinión fue construida
teniendo en cuenta los hechos verificados por el propio periodista.
Las opiniones vertidas por el señor Kimel no pueden considerarse ni verdaderas ni falsas.
Como tal, la opinión no puede ser objeto de sanción, más aún cuando se trata de un juicio de valor sobre un acto
oficial de un funcionario público en el desempeño de su cargo.
La Corte concluye que la afectación a la libertad de expresión del señor Kimel fue manifiestamente
desproporcionada, por excesiva, en relación con la alegada afectación del derecho a la honra. El Tribunal
considera que el Estado violó el derecho a la libertad de expresión consagrado en el artículo 13.1 y 13.2 de la
Convención Americana, en relación con la obligación general contemplada en el artículo 1.1 de la misma, en
perjuicio del señor Kimel.
Reparaciones
1. La sentencia constituye per se una forma de reparación.
2. El Estado debe realizar los pagos de las cantidades establecidas en la presente sentencia por concepto de
daño material, inmaterial y reintegro de costas y gastos dentro del plazo de un año a partir de la notificación de
la sentencia.
3. El Estado debe dejar sin efecto la condena penal impuesta al señor Kimel y todas las consecuencias que de ella
se deriven, en el plazo de seis meses a partir de la notificación de la sentencia.
4. El Estado debe eliminar inmediatamente el nombre del señor Kimel de los registros públicos en los que
aparezca con antecedentes penales relacionados con el presente caso.
5. El Estado debe realizar las publicaciones a las que hace referencia la sentencia, en el plazo de seis meses a
partir de la notificación de la misma.
6. El Estado debe realizar un acto público de reconocimiento de su responsabilidad, dentro del plazo de seis
meses a partir de la notificación de la sentencia.
7. El Estado debe adecuar en un plazo razonable su derecho interno a la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, de tal forma que las imprecisiones reconocidas por el Estado se corrijan para satisfacer los
requerimientos de seguridad jurídica y, consecuentemente, no afecten el ejercicio del derecho a la libertad de
expresión.
13. Caso Alloeboetoe Vs Suriname.
Caso introducido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra la República de Suriname. Los
hechos materia de la denuncia sucedieron en Atjoni (desembarcadero de la aldea de Pokigron en el Distrito de
Sipaliwini) y en Tjongalangapassi, a la altura del kilómetro 30 del Distrito de Brokopondo. En Atjoni, más de 20
cimarrones (bushnegroes), varones e inermes fueron golpeados con las culatas de las armas de fuego de los
soldados que, bajo la sospecha de que eran miembros del Comando de la Selva, los detuvieron. Algunos de ellos
fueron heridos gravemente con bayonetas y cuchillos. Se les obligó a acostarse boca abajo en el suelo y los
militares les pisaron la espalda y los orinaron. Estos hechos ocurrieron en presencia de unas 50 personas. Tanto
las víctimas como los espectadores venían de Paramaribo. Para regresar a su aldea tenían que pasar por Atjoni.
Todos negaron que ellos pertenecieran al Comando de la Selva. El Capitán de la aldea de Gujaba informó
explícitamente al Comandante Leeflang del Ejército que se trataba de civiles de varias aldeas. Este desatendió
dicha intervención. Después de los hechos ocurridos en Atjoni, los militares permitieron que algunos de los
cimarrones prosiguieran su viaje, pero siete personas, entre ellas un menor de 15 años de edad, fueron
arrastradas con los ojos vendados al interior de un vehículo militar y llevadas por el camino de Tjongalangapassi
rumbo a Paramaribo. Antes de partir, un militar dijo que celebrarían el fin de año con ellos. A la altura del
kilómetro 30 el vehículo se detuvo y los militares ordenaron a las víctimas que salieran de él; a las que no lo
hicieron las sacaron a la fuerza. Se les dio una pala y a poca distancia del camino se les ordenó que comenzaran
a excavar. Al preguntar una de las víctimas sobre el objeto de esta excavación, un militar respondió que iban a
plantar caña de azúcar y otro repitió que iban a celebrar el fin de año con ellos. “Aside” trató de escapar,
dispararon contra él, cayó herido y no lo persiguieron. Poco tiempo después se oyó un tiroteo y un griterío. Los
otros seis cimarrones fueron asesinados. El sábado 2 de enero de 1988, hombres de Gujaba y de Grantatai
salieron con destino a Paramaribo para demandar información de las autoridades sobre las siete víctimas. Al
llegar a Paramaribo nadie pudo dar información sobre su paradero. El lunes 4 de enero regresaron a la zona de
Tjongalanga y al llegar al kilómetro 30 a las 7 de la noche encontraron a Aside gravemente herido y en estado
crítico, así como los cadáveres de las otras víctimas. Aside, que tenía una bala enterrada en el muslo derecho
sobre la rodilla, indicó que él era el único sobreviviente de la masacre, cuyas víctimas ya habían sido en parte
devoradas por los buitres. La herida de Aside se hallaba infectada de gusanos y sobre el omóplato derecho tenía
una cortada en forma de equis. El grupo regresó a Paramaribo. El representante de la Cruz Roja Internacional
obtuvo permiso para evacuar al señor Aside después de 24 horas de negociación con las autoridades. Este fue
admitido en el Hospital Académico de Paramaribo el 6 de enero de 1988, pero pese a los cuidados que recibió,
falleció días después. El 8 y 9 de ese mes la Policía Militar impidió que los parientes visitaran a Aside en el
hospital. Hasta el 6 de enero los familiares de las otras víctimas no habían obtenido autorización para
enterrarlas. La denuncia está firmada por Stanley Rensch quien dice haber hablado dos veces con Aside sobre
los acontecimientos y que la historia relatada por éste coincide con la obtenida de más de 15 personas, testigos
de los sucesos y participantes en la búsqueda.
En la audiencia del 2 de diciembre de 1991, que fue convocada para conocer las excepciones preliminares, el
agente de Suriname manifestó que “La República de Suriname, en cuanto al primer caso siguiendo el
procedimiento que inicialmente determinó la Corte, reconoce la responsabilidad consecuente sobre el caso
Pokigron, mejor conocido como Aloeboetoe y otros”. Más adelante añadió: “simplemente quiero reiterar [que
Suriname] reconoce la responsabilidad en este caso”. Luego, ante una aclaración solicitada por el delegado de la
Comisión, señor Jackman, el agente de Suriname expresó: “Yo creo que fue claro lo que dije: reconoce la
responsabilidad y, por lo tanto, la Corte tiene el derecho de cerrar el caso, archivar el caso, determinar las
indemnizaciones correspondientes o hacer lo que a derecho corresponda”.
La Corte considera que, dado el reconocimiento de responsabilidad efectuado por el Gobierno de Suriname, ha
cesado la controversia en cuanto a los hechos que dieron origen al presente caso. Por lo tanto, corresponde a la
Corte decidir sobre las reparaciones y sobre las costas del procedimiento.
LA CORTE por unanimidad,
Toma nota del reconocimiento de responsabilidad efectuado por la República de Suriname y decide que ha
cesado la controversia acerca de los hechos que dieron origen al presente caso.
Decide dejar abierto el procedimiento para los efectos de las reparaciones y costas del presente caso.
14. Caso Kaliña Y Lokono Vs Suriname.
Este caso fue presentado por primera vez ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en enero de
2007 por los jefes de las ocho comunidades Kaliña y Lokono del Río Bajo Marowijne y la Asociación de Líderes de
Pueblos Indígenas en Suriname. La Corte encontró a Surinam responsable de múltiples violaciones de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos por no reconocer y garantizar la personalidad jurídica ni los
derechos territoriales de los Kaliña y los Lokono, así como por violaciones activas de esos y otros derechos en
conexión con actividades de extracción de bauxita, la concesión de títulos de propiedad a personas no indígenas
y la existencia de dos reservas naturales y las restricciones impuestas en ellas. En general las resoluciones de la
Corte son positivas y responden a muchas de las medidas solicitadas por los pueblos Kaliña y Lokono. Por
ejemplo, la Corte exigió delimitar y demarcar sus tierras así como otorgar títulos legítimos de propiedad de las
mismas, incluyendo procesos formales para la restitución de las tierras afectadas que habían sido otorgadas a
terceros y a reservas naturales, todo en un plazo de 3 años. Además la Corte ordenó que Surinam rehabilite los
«graves daños» causados por las actividades mineras de extracción de bauxita. Dichas actividades fueron
desarrolladas por subsidiarias de Alcoa y BHP Billiton, sin ninguna participación de los Kaliña o los Lokono y sin
ningún tipo de evaluación de impactos, a pesar de que el área era tanto un territorio indígena como una reserva
natural. Reconociendo que en Surinam se habían cometido «violaciones reiteradas de los derechos humanos»
de los pueblos indígenas, la Corte también ordenó al Estado la implementación de «garantías de no repetición»,
exigiendo el reconocimiento legal de los derechos territoriales y de otra índole de todos los pueblos indígenas y
tribales de Surinam.
En relación con las restricciones impuestas a los Kaliña y los Lokono en las reservas naturales, la Corte llegó a la
conclusión de que «el respeto de los derechos de los pueblos indígenas puede redundar positivamente en la
conservación del medioambiente» y, por lo tanto, «el derecho de los pueblos indígenas y las normas
internacionales de medio ambiente deben comprenderse como derechos complementarios y no excluyentes».
Después dictaminó que «los criterios de a) participación efectiva, b) [como mínimo] acceso y uso de sus
territorios tradicionales y c) de recibir beneficios de la conservación [...] resultan elementos fundamentales para
alcanzar dicha compatibilidad». En lo que respecta a la participación efectiva, la Corte explicó que es
«necesario», entre otras cosas, «buscar acuerdos entre las respectivas comunidades y las agencias de
conservación que establezcan la gestión, el compromiso, las responsabilidades y los objetivos del área». En
cuanto al acceso y uso de los territorios tradicionales, la Corte resaltó, entre otras cosas, que se «deberán
mantener, proteger y promover las prácticas tradicionales de los pueblos indígenas que colaboren con el
cuidado y protección del medio natural y sostenibilidad. En este sentido, resulta pertinente apoyar los
conocimientos, instituciones, prácticas, estrategias y planes de gestión relacionados con la conservación de los
pueblos indígenas». La Corte destacó además las obligaciones de Surinam en virtud de los artículos 8 j) y 10 c)
del Convenio sobre la Diversidad Biológica y las correspondientes decisiones de la Conferencia de las Partes, en
esencia teniendo en cuenta estas disposiciones en su interpretación de los derechos de los pueblos Kaliña y
Lokono. Eso por un lado proporciona una dimensión vinculante relacionada con los derechos humanos a estas
disposiciones de legislación ambiental, y por otro requiere, en principio, que las decisiones a menudo detalladas
de la Conferencia de las Partes sean tenidas en cuenta e incorporadas a las leyes nacionales referentes a la
conservación de conformidad con las obligaciones de un Estado relativas a los derechos humanos.
15. Caso Ximenes Lopes Vs Brasil.
Primer caso brasileño juzgado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Brasil recién pasa a ratificar
los principales tratados de protección de los derechos humanos a partir del proceso de democratización,
iniciado en 1985. Con la Constitución de 1988 – que consagra los principios de la preponderancia de los
derechos humanos y de la dignidad humana – Brasil comienza a insertarse en el escenario de protección
internacional de los derechos humanos. El Sistema Interamericano de Derechos Humanos merece ser destacado
teniendo en cuenta su incidencia en el proceso de internacionalización de los sistemas jurídicos de distintos
países de América Latina. La Corte Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados
Americanos (OEA) comenzó a juzgar diversos casos de violaciones de derechos humanos, lo que ha contribuido a
importantes cambios institucionales en el ámbito de los sistemas de justicia nacionales. Como señala Flávia
Piovesan: Se advertirá que, de cara a las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial, la
comunidad internacional pasó a reconocer que la protección de los derechos humanos constituye una cuestión
de legítimo interés y preocupación internacional. Al constituirse en tema de legítimo interés internacional, los
derechos humanos trascienden y exceden el dominio reservado del Estado o la competencia nacional exclusiva.
Este es el primer caso brasileño a ser juzgado por la Corte Interamericana. Damião Ximenes Lopes, brasileño,
tenía 30 años cuando en octubre de 1999 fue internado por su madre en la única clínica psiquiátrica del
municipio de Sobral, en el Estado de Ceará. Este presentaba un intenso cuadro de sufrimiento mental, razón por
la cual fue llevado por su madre, Albertina Viana Lopes, a la citada institución para recibir cuidados médicos. La
clínica, Casa de Repouso Guararapes, tenía convenio con el Sistema Único de Salud (SUS). Cuatro días después,
su madre fue a visitarlo y el portero de la Casa de Repouso le impidió la entrada. Pese a tal impedimento, ella
logró entrar en la institución e inmediatamente comenzó a llamar a su hijo. A seguir, el relato de los hechos: Él
[Ximenes] vino hasta ella [madre] cayendo y con las manos atadas atrás, sangrando por la nariz, con la cabeza
toda hinchada y con los ojos casi cerrados, viniendo a caer a sus pies, todo sucio, lastimado y con olor a
excrementos y orina. Que él cayó a sus pies diciendo: policía, policía, policía, y que ella no sabía qué hacer y que
pedía que lo desataran. Que estaba lleno de hematomas y con la cabeza tan hinchada que ni parecía él. Ante tal
situación, Albertina Viana Lopes buscó a los profesionales para que atendieran a su hijo. Auxiliares de
enfermería lo bañaron mientras ella conversaba con el único médico que estaba en la institución. Sin realizar
ningún tipo de examen, el mismo recetó algunos remedios a Ximenes y se retiró de la Clínica. La madre dejó la
institución consternada y cuando llegó a su casa, situada en el municipio de Varjota, recibió el mensaje de que
habían llamado por teléfono de la Casa de Reposo para hablar con ella. Algunas horas después, logró retornar a
la institución, y allí supo que su hijo había muerto. La familia pidió que le hicieran una autopsia, al contrario del
médico de la Casa de Reposo, Francisco Ivo de Vasconcelos, que no había ordenado la realización del examen. El
mismo día trasladaron el cuerpo al Instituto Médico Legal Dr. Walter Porto, donde la autopsia fue realizada por
el mismo médico de la Casa de Repouso, que dictaminó “muerte real de causa indeterminada”. Para enfrentar
esa grave situación, la familia de Ximenes inició una acción criminal y una acción civil indemnizatoria contra el
propietario de la clínica psiquiátrica, y también peticionó contra el Estado brasileño ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a través de la hermana de Ximenes, Irene Ximenes Lopes.
Posteriormente, una organización no gubernamental brasileña que realiza acciones para denunciar violaciones
de derechos humanos, denominada Justicia Global, entró en el caso como co-peticionaria.
La CIDH recibió la petición con las denuncias relacionadas a Damião en el mismo año 1999 y prontamente el
Estado brasileño fue instado a presentar sus consideraciones sobre el caso. En 2000, fueron recibidas nuevas
comunicaciones de la familia de Damião y un nuevo plazo fue dado a Brasil para que se manifestara sobre las
denuncias. El Estado brasileño siguió sin presentar ningún comunicado. La CIDH entonces le proporcionó una
última posibilidad de respuesta, si no, aplicaría lo dispuesto en el artículo 42 del reglamento vigente (que afirma
que, en caso de ausencia de manifestación, los hechos presentados serán considerados verdaderos). En el año
2002, considerando la posición de la peticionaria y la falta de respuesta de Brasil, la CIDH aprobó el Informe de
Admisibilidad, concluyendo que la petición cumplía los requisitos de admisibilidad. En 2003 Brasil presentó por
primera vez una comunicación sobre el caso. De acuerdo con el reglamento de la CIDH, fue puesto a disposición
de las partes implicadas un procedimiento de solución amistosa. Esto fue acogido positivamente por parte de la
solicitante, que esperaba una propuesta del Estado brasileño. Sin embargo, no hubo ninguna manifestación en
ese sentido. Después de otros comunicados y respectivo análisis de los estándares médicos que deben ser
proporcionados a personas con enfermedades mentales, la CIDH, en el año 2003, concluyó que en este caso el
Estado brasileño había sido responsable: De la violación al derecho a la integridad personal, a la vida, a la
protección judicial y a las garantías judiciales consagradas en los artículos 5, 4, 25 y 8 respectivamente, de la
Convención Americana, debido a la hospitalización de Damião Ximenes Lopes en condiciones inhumanas y
degradantes, a las violaciones de su integridad personal, a su asesinato; y a las violaciones de la obligación de
investigar, al derecho a un recurso efectivo y a las garantías judiciales relacionadas con la investigación de los
hechos. La Comisión concluyó igualmente que con relación a la violación de tales artículos el Estado violó
igualmente su deber genérico de respetar y garantizar los derechos consagrados en la Convención Americana a
que se refiere el artículo 1(1) de dicho tratado. Al mismo tiempo, la CIDH recomendó que el Estado brasileño
hiciera “una investigación completa imparcial y efectiva de los hechos relacionados con la muerte de Damião
Ximenes Lopes y reparara adecuadamente a sus familiares por las violaciones (...)””Considerando la falta de
implementación adecuada de las recomendaciones hechas a Brasil, la Comisión decidió someter el caso a la
Corte Interamericana.
En el año 2006 tuvo lugar la audiencia final del caso. Tras oír a las partes, a los peritos y analizar toda la
documentación del proceso, la Corte presentó su sentencia, condenando a Brasil por primera vez en un caso de
mérito. Los principales puntos de la sentencia, además de que Brasil haya reconocido las violaciones de los
Artículos 4 y 5 de la Convención Americana, estaban relacionados con el hecho de que Ximenes tenía una
discapacidad mental y con el retardo de la Justicia brasileña en los procesos criminal y civil presentados por la
familia. Esto significa que, en el caso de personas con algún tipo de discapacidad, el Estado no debe solamente
impedir violaciones, sino que debe adoptar medidas positivas adicionales de protección que consideren las
peculiaridades de los casos. Sobre la morosidad de la Justicia brasileña, la Corte entiende que la demora en los
procesos favorece la impunidad y puede ser vista como una violación del derecho al acceso a la justicia. En el
caso de Damião, el hecho de que no hubiera habido sentencia de primera instancia, después de seis años de
iniciada la acción penal, fue considerado como violación del derecho a tener un proceso de duración razonable.
Al final, la Corte determinó que Brasil debía reparar moral y materialmente a la familia Ximenes, a través del
pago de una indemnización y otras medidas no pecuniarias. Entre ellas, Brasil fue instado a investigar e
identificar a los culpables de la muerte de Ximenes en tiempo razonable y también a promover programas de
formación y capacitación para el personal de salud, especialmente médicos/as psiquiatras, psicólogos/as,
enfermeros/as y auxiliares de enfermería, así como para todo el personal vinculado al campo de la salud mental.
16. Caso Yatama vs Nicaragua.
Este fallo sentó precedente para la creación de jurisprudencia sobre la participación de los pueblos indígenas en
las elecciones de representantes municipales gubernamentales. Yatama es un partido político indígena
representante de comunidades del Caribe Nicaragüense, especialmente de los Miskitos. En el año 2000, los
candidatos a alcaldes, vicealcaldes y concejales de este partido, fueron excluidos de la posibilidad de participar
en las elecciones municipales realizadas de las Regiones del Atlántico Norte y Atlántico Sur. En 2001, el caso fue
presentado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la cual destacó que este partido se regía por un
sistema organizativo ancestral basado en asambleas comunales, barriales, territoriales y regionales que no era
reconocido por la Ley Electoral. En el 2005 la CIDH decidió por unanimidad a favor del partido YATAMA: El
Estado Nicaragüense violó los derechos a garantías judiciales, a la protección judicial y los derechos políticos y
de igualdad ante la ley, por lo que deberá:
Adoptar las medidas legislativas necesarias para establecer un recurso jurídico sencillo y efectivo que
permita controlar las decisiones del Consejo Supremo Electoral que afecten los derechos humanos;
Reformar la Ley Electoral asegurando la participación de los miembros de comunidades indígenas en los
procesos electorales, en forma efectiva y tomando en cuenta sus tradiciones, usos y costumbres.
Indemnizar a YATAMA por los daños materiales e inmateriales y pagar los costos del proceso judicial.
Esta fue la primera sentencia de la CIDH sobre derechos políticos, y permitió crear jurisprudencia sobre la
participación de los pueblos indígenas en las elecciones de representantes municipales.
17. Caso Castañeda Gutman Vs Mexico.
En 2004, Jorge Castañeda solicitó al IFE su registro como candidato independiente a la Presidencia. La autoridad
administrativa le negó el registro, argumentando que, en aquel entonces, correspondía a los partidos, en
exclusiva, la prerrogativa de postular candidatos.
Frente a esa determinación, el aspirante presentó un amparo, el cual fue sobreseído, en virtud de que en
México ese recurso no es el adecuado para controvertir violaciones a derechos político - electorales. Así lo
confirmó la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al revisar un recurso de revisión propuesto por el propio
Castañeda. Ante esta nueva determinación, acudió a la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos
Humanos, en 2005 y 2007. Al emitir su sentencia, la Corte IDH consideró que, tanto los sistemas construidos
exclusivamente sobre la base de partidos políticos, como los que admiten candidaturas independientes, son
compatibles con la Convención Americana sobre Derechos Humanos y, por lo tanto, corresponde a cada país
decidir cuál es el más conveniente. La propia resolución explica que esa línea de pensamiento es consistente con
interpretaciones del Comité de Derechos Humanos de la ONU y resoluciones del Tribunal Europeo de Derechos
Humanos. En otras palabras, la Corte IDH no consideró que el sistema de registro exclusivo por partidos políticos
constituyera una restricción ilegítima al derecho a ser votado. No obstante, sí concedió razón de que el
ciudadano no había contado, en el derecho interno mexicano, con un recurso judicial efectivo para defender sus
derechos político electorales. En efecto, el juicio de amparo es improcedente en materia electoral y la acción de
inconstitucionalidad tiene una naturaleza extraordinaria. Además -consideró la Corte Interamericana- en el
momento en que Castañeda solicitó su registro, el juicio para la protección de los derechos político electorales
del ciudadano (JDC) era inaccesible e inefectivo para combatir la constitucionalidad de una norma. Se sancionó,
por tanto, al Estado Mexicano a modificar su normativa interna. Concluye así uno de los más emblemáticos
casos en que las reglas comiciales han sido revisadas por la jurisdicción interamericana. Es gratificante ver que,
no obstante que el Estado mexicano no quedó obligado a autorizar candidaturas independientes, éstas es una
realidad en la Constitución. Lo hace palpable el primer edil independiente desde la reforma constitucional, quien
tomó posesión del cargo. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) resolvió dar por concluido el
caso Castañeda Gutman vs México. Se trata de un asunto que, si bien no derivó en importantes efectos sobre el
derecho interno, sí ilustra con claridad el dinamismo que la legislación electoral mexicana ha adquirido.
18. Opinión consultiva 8/87. El habeas corpus bajo suspensión de garantías.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, mediante comunicación del 10 de octubre de 1986, sometió
a la Corte Interamericana de Derechos Humanos una solicitud de opinión consultiva sobre la interpretación de
los artículos 25.1 y 7.6 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos en relación con la última frase del
artículo 27.2 de la misma.
Artículo 27.- Suspensión de Garantías
1. En caso de guerra, de peligro público o de otra emergencia que amenace la independencia o seguridad del
Estado Parte, éste podrá adoptar disposiciones que, en la medida y por el tiempo estrictamente limitados a las
exigencias de la situación, suspendan las obligaciones contraídas en virtud de esta Convención, siempre que
tales disposiciones no sean incompatibles con las demás obligaciones que les impone el derecho internacional y
no entrañen discriminación alguna fundada en motivos de raza, color, sexo, idioma, religión u origen social.
2. La disposición precedente no autoriza la suspensión de los derechos determinados en los siguientes
artículos: 3 ( Derecho al Reconocimiento de la Personalidad Jurídica ); 4 ( Derecho a la Vida ); 5 ( Derecho a la
Integridad Personal ); 6 ( Prohibición de la Esclavitud y Servidumbre ); 9 ( Principio de Legalidad y de
Retroactividad ); 12 ( Libertad de Conciencia y de Religión ); 17 ( Protección a la Familia ); 18 ( Derecho al
Nombre ); 19 ( Derechos del Niño ); 20 ( Derecho a la Nacionalidad ), y 23 ( Derechos Políticos ), ni de las
garantías judiciales indispensables para la protección de tales derechos.
Artículo 25.- Protección Judicial
1. Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los
jueces o tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales
reconocidos por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por
personas que actúen en ejercicio de sus funciones oficiales.
Artículo 7.- Derecho a la Libertad Personal
6. Toda persona privada de libertad tiene derecho a recurrir ante un juez o tribunal competente, a fin de que
éste decida, sin demora, sobre la legalidad de su arresto o detención y ordene su libertad si el arresto o la
detención fueran ilegales. En los Estados Partes cuyas leyes prevén que toda persona que se viera amenazada de
ser privada de su libertad tiene derecho a recurrir a un juez o tribunal competente a fin de que éste decida sobre
la legalidad de tal amenaza, dicho recurso no puede ser restringido ni abolido. Los recursos podrán interponerse
por sí o por otra persona.
La interpretación de los artículos 25.1 y 7.6 de la Convención con respecto a la posibilidad de suspender el
hábeas corpus en los estados de excepción, frente a lo dispuesto en el artículo 27.2, debe hacerse utilizando las
normas de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, que pueden considerarse reglas de derecho
internacional general sobre el tema.
E1 artículo 25.1 de la Convención dispone:
Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o
tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la
Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por personas que actúen en
ejercicio de sus funciones oficiales.
E1 texto citado es una disposición de carácter general que recoge la institución procesal del amparo, entendido
como el procedimiento judicial sencillo y breve que tiene por objeto la tutela de todos los derechos reconocidos
por las constituciones y leyes de los Estados Partes y por la Convención. Puesto que todos los derechos son
susceptibles de amparo, lo son también los que están señalados de manera expresa por el artículo 27.2 como no
susceptibles de suspensión en situaciones de emergencia.
El habeas corpus en su sentido clásico, regulado por los ordenamientos americanos, tutela de manera directa la
libertad personal o física contra detenciones arbitrarias, por medio del mandato judicial dirigido a las
autoridades correspondientes a fin de que se lleve al detenido a la presencia del juez para que éste pueda
examinar la legalidad de la privación y, en su caso, decretar su libertad. En la Convención este procedimiento
aparece en el artículo 7.6 que dice:
Toda persona privada de libertad tiene derecho a recurrir ante un juez o tribunal competente, a fin de que éste
decida, sin demora, sobre la legalidad de su arresto o detención y ordene su libertad si el arresto o la detención
fueran ilegales. En los Estados Partes cuyas leyes prevén que toda persona que se viera amenazada de ser
privada de su libertad tiene derecho a recurrir a un juez o tribunal competente a fin de que éste decida sobre la
legalidad de tal amenaza, dicho recurso no puede ser restringido ni abolido. Los recursos podrán interponerse
por sí o por otra persona.
Si se examinan conjuntamente los dos procedimientos, puede afirmarse que el amparo es el género y el hábeas
corpus uno de sus aspectos específicos. En efecto, de acuerdo con los principios básicos de ambas garantías
recogidos por la Convención así como con los diversos matices establecidos en los ordenamientos de los Estados
Partes, se observa que en algunos supuestos el hábeas corpus se regula de manera autónoma con la finalidad de
proteger esencialmente la libertad personal de los detenidos o de aquéllos que se encuentran amenazados de
ser privados de su libertad, pero en otras ocasiones el habeas corpus es denominado “amparo de la libertad” o
forma parte integrante del amparo.
El hábeas corpus, para cumplir con su objeto de verificación judicial de la legalidad de la privación de libertad,
exige la presentación del detenido ante el juez o tribunal competente bajo cuya disposición queda la persona
afectada. En este sentido es esencial la función que cumple el hábeas corpus como medio para controlar el
respeto a la vida e integridad de la persona, para impedir su desaparición o la indeterminación de su lugar de
detención, así como para protegerla contra la tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.
Esta conclusión se fundamenta en la experiencia sufrida por varias poblaciones de nuestro hemisferio en
décadas recientes, particularmente por desapariciones, torturas y asesinatos cometidos o tolerados por algunos
gobiernos. Esa realidad ha demostrado una y otra vez que el derecho a la vida y a la integridad personal son
amenazados cuando el hábeas corpus es parcial o totalmente suspendido. Como lo manifestó el Presidente de la
Comisión en la audiencia sobre esta consulta,
LA CORTE ES DE OPINIÓN, Que los procedimientos jurídicos consagrados en los artículos 25.1 y 7.6 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos no pueden ser suspendidos conforme al artículo 27.2 de la
misma, porque constituyen garantías judiciales indispensables para proteger derechos y libertades que tampoco
pueden suspenderse según la misma disposición.
19. Opinión consultiva 9/87. Garantías judiciales en estados de emergencia.
El Gobierno de la República Oriental del Uruguay, sometió a la Corte Interamericana de Derechos Humanos una
solicitud de opinión consultiva sobre el alcance de la prohibición de suspender las garantías judiciales
indispensables para la protección de los derechos mencionados en el artículo 27.2 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos.
La solicitud del Gobierno se refiere al artículo 27 de la Convención que dice:
Artículo 27. Suspensión de Garantías
1. En caso de guerra, de peligro público o de otra emergencia que amenace la independencia o seguridad del
Estado Parte, éste podrá adoptar disposiciones que, en la medida y por el tiempo estrictamente limitados a las
exigencias de la situación, suspendan las obligaciones contraídas en virtud de esta Convención, siempre que
tales disposiciones no sean incompatibles con las demás obligaciones que les impone el derecho internacional y
no entrañen discriminación alguna fundada en motivos de raza, color, sexo, idioma, religión u origen social.
2. La disposición precedente no autoriza la suspensión de los derechos determinados en los siguientes
artículos: 3 ( Derecho al Reconocimiento de la Personalidad Jurídica ); 4 ( Derecho a la Vida ); 5 ( Derecho a la
Integridad Personal ); 6 ( Prohibición de la Esclavitud y Servidumbre ); 9 (Principio de Legalidad y de
Retroactividad ); 12 ( Libertad de Conciencia y de Religión ); 17 ( Protección a la Familia ); 18 ( Derecho al
Nombre ); 19 (Derechos del Niño ); 20 ( Derecho a la Nacionalidad ), y 23 ( Derechos Políticos ), ni de las
garantías judiciales indispensables para la protección de tales derechos.
3. Todo Estado Parte que haga uso del derecho de suspensión deberá informar inmediatamente a los demás
Estados Partes en la presente Convención, por conducto del Secretario General de la Organización de los
Estados Americanos, de las disposiciones cuya aplicación haya suspendido, de los motivos que hayan suscitado
la suspensión y de la fecha en que haya dado por terminada tal suspensión.
Del artículo 27.1, se deriva la necesidad genérica de que en todo estado de excepción subsistan medios idóneos
para el control de las disposiciones que se dicten, a fin de que ellas se adecúen razonablemente a las
necesidades de la situación y no excedan de los límites estrictos impuestos por la Convención o derivados de
ella.
El punto de partida del análisis debe ser la obligación que está a cargo de todo Estado Parte en la Convención de
“respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y (de) garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona
que esté sujeta a su jurisdicción” (art. 1.1). De esa obligación general se deriva el derecho de toda persona,
prescrito en el artículo 25.1, “a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o
tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la
Constitución, la ley o la presente Convención”. Es una disposición de carácter general que recoge la institución
procesal del amparo, como procedimiento sencillo y breve que tiene por objeto la tutela de los derechos
fundamentales. Establece este artículo, igualmente, en términos amplios, la obligación a cargo de los Estados de
ofrecer, a todas las personas sometidas a su jurisdicción, un recurso judicial efectivo contra actos violatorios de
sus derechos fundamentales. Dispone, además, que la garantía allí consagrada se aplica no sólo respecto de los
derechos contenidos en la Convención, sino también de aquéllos que estén reconocidos por la Constitución o
por la ley. De donde se concluye, a fortiori, que el régimen de protección judicial dispuesto por el artículo 25 de
la Convención es aplicable a los derechos no susceptibles de suspensión en estado de emergencia. Incorpora el
principio, reconocido en el derecho internacional de los derechos humanos, de la efectividad de los
instrumentos o medios procesales destinados a garantizar tales derechos. Los Estados Partes se obligan a
suministrar recursos judiciales efectivos a las víctimas de violación de los derechos humanos (art. 25), recursos
que deben ser sustanciados de conformidad con las reglas del debido proceso legal ( art. 8.1 ), todo ello dentro
de la obligación general a cargo de los mismos Estados, de garantizar el libre y pleno ejercicio de los derechos
reconocidos por la Convención a toda persona que se encuentre bajo su jurisdicción
“las garantías judiciales indispensables” a las que alude el artículo 27.2 de la misma. A este respecto, en anterior
ocasión, la Corte ha definido, en términos generales, que por tales garantías deben entenderse “aquellos
procedimientos judiciales que ordinariamente son idóneos para garantizar la plenitud del ejercicio de los
derechos y libertades a que se refiere dicho artículo ( 27.2 ) y cuya supresión o limitación pondría en peligro esa
plenitud” Asimismo ha subrayado que el carácter judicial de tales medios “implica la intervención de un órgano
judicial independiente e imparcial, apto para determinar la legalidad de las actuaciones que se cumplan dentro
del estado de excepción”.
Las conclusiones precedentes son válidas, en general, respecto de todos los derechos reconocidos por la
Convención, en situación de normalidad. Pero, igualmente, debe entenderse que en la implantación del estado
de emergencia – cualquiera que sea la dimensión o denominación con que se le considere en el derecho
interno- no puede comportar la supresión o la pérdida de efectividad de las garantías judiciales que los Estados
Partes están obligados a establecer, según la misma Convención, para la protección de los derechos no
susceptibles de suspensión o de los no suspendidos en virtud del estado de emergencia.
El artículo 8 de la Convención en su párrafo 1 señala que:
Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o
tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley, en la sustanciación de
cualquier acusación penal formulada contra ella, o para la determinación de sus derechos y obligaciones de
orden civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter.
Este artículo, es denominado por la Convención “Garantías Judiciales”, lo cual puede inducir a confusión porque
en ella no se consagra un medio de esa naturaleza en sentido estricto. En efecto, el artículo 8 no contiene un
recurso judicial propiamente dicho, sino el conjunto de requisitos que deben observarse en las instancias
procesales para que pueda hablarse de verdaderas y propias garantías judiciales según la Convención. Reconoce
el llamado “debido proceso legal”, que abarca las condiciones que deben cumplirse para asegurar la adecuada
defensa de aquéllos cuyos derechos u obligaciones están bajo consideración judicial. Esta conclusión se confirma
con el sentido que el artículo 46.2.a; da a esa misma expresión, al establecer que el deber de interponer y agotar
los recursos de jurisdicción interna, no es aplicable cuando no exista en la legislación interna del Estado de que
se trata el debido proceso legal para la protección del derecho o derechos que se alega han sido violados. El
concepto de debido proceso legal recogido por el artículo 8 de la Convención debe entenderse como aplicable,
en lo esencial, a todas las garantías judiciales referidas en la Convención Americana, aún bajo el régimen de
suspensión regulado por el artículo 27 de la misma. Relacionado el artículo 8 con los artículos 7.6, 25 y 27.2 de la
Convención, se concluye que los principios del debido proceso legal no pueden suspenderse con motivo de las
situaciones de excepción en cuanto constituyen condiciones necesarias para que los instrumentos procesales,
regulados por la Convención, puedan considerarse como garantías judiciales. El artículo 7 (Derecho a la Libertad
Personal) en su inciso 6 reconoce y regula el recurso de hábeas corpus. La Corte ha examinado detenidamente
en otra opinión la cuestión del hábeas corpus como garantía no susceptible de suspensión. Dijo al respecto: Es
esencial la función que cumple el hábeas corpus como medio para controlar el respeto a la vida e integridad de
la persona, para impedir su desaparición o la indeterminación de su lugar de detención, así como para
protegerla contra la tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.
En cuanto al amparo, contenido en el artículo 25.1 de la Convención, El texto citado (art. 25.1) es una disposición
de carácter general que recoge la institución procesal del amparo, entendido como el procedimiento judicial
sencillo y breve que tiene por objeto la tutela de todos los derechos reconocidos por las constituciones y leyes
de los Estados Partes y por la Convención. Refiriéndose a estas dos garantías judiciales indispensables para la
protección de los derechos no susceptibles de suspensión, la Corte concluyó que los procedimientos de hábeas
corpus y de amparo son de aquellas garantías judiciales indispensables para la protección de varios derechos
cuya suspensión está vedada por el artículo 27.2 y sirven, además, para preservar la legalidad en una sociedad
democrática. La suspensión de garantías no debe exceder la medida de lo estrictamente necesario y que resulta
ilegal toda actuación de los poderes públicos que desborde aquellos límites que deben estar precisamente
señalados en las disposiciones que decretan el estado de excepción…Tampoco pueden apartarse de esos
principios generales las medidas concretas que afecten los derechos o libertades suspendidos, como ocurriría si
tales medidas violaran la legalidad excepcional de la emergencia, si se prolongaran más allá de sus límites
temporales, si fueran manifiestamente irracionales, innecesarias o desproporcionadas, o si para adoptarlas se
hubiere incurrido en desviación o abuso de poder.
La expresión “leyes” en el artículo 30 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, refiere a las
emanadas de órganos legalmente constituidos y de acuerdo a lo establecido en un Estado democrático. En una
sociedad democrática los derechos y libertades inherentes a la persona, sus garantías y el Estado de Derecho
constituyen una tríada, cada uno de cuyos componentes se define, completa y adquiere sentido en función de
los otros.
LA CORTE, ES DE OPINIÓN, por unanimidad
1. Que deben considerarse como garantías judiciales indispensables no susceptibles de suspensión, según lo
establecido en el artículo 27.2 de la Convención, el hábeas corpus (art. 7.6), el amparo, o cualquier otro recurso
efectivo ante los jueces o tribunales competentes (art. 25.1), destinado a garantizar el respeto a los derechos y
libertades cuya suspensión no está autorizada por la misma Convención.
2. También deben considerarse como garantías judiciales indispensables que no pueden suspenderse,
aquellos procedimientos judiciales, inherentes a la forma democrática representativa de gobierno (art. 29.c),
previstos en el derecho interno de los Estados Partes como idóneos para garantizar la plenitud del ejercicio de
los derechos a que se refiere el artículo 27.2 de la Convención y cuya supresión o limitación comporte la
indefensión de tales derechos.
3. Que las mencionadas garantías judiciales deben ejercitarse dentro del marco y según los principios del
debido proceso legal, recogidos por el artículo 8 de la Convención.
CASOS DE ESTUDIO DERECHOS HUMANOS
1. Caso Verbitsky Comisión IDH. Informe 22/94.
2. Opinión consultiva 1/82. Otros Tratados.
3. Opinión consultiva 11/90. Excepciones al agotamiento de los recursos internos.
4. Opinión consultiva 22/16. Titularidad de derechos de las personas jurídicas en el sistema interamericano de
Derechos Humanos.
5. Caso Carranza Latrubesse Vs Argentina.
6. Caso Gelman Vs Uruguay.
7. Fontevecchia, D’Amico vs. Argentina, Corte IDH.
8. Caso Bulacio Vs Argentina.
9. Caso Fornerón Vs Argentina.
10. Opinión consultiva 5/85. La colegiación obligatoria de periodistas.
11. Caso Olmedo Bustos y otros vs. Chile.
12. Caso Kimel vs Argentina.
13. Caso Alloeboetoe Vs Suriname.
14. Caso Kaliña Y Lokono Vs Suriname.
15. Caso Ximenes Lopes Vs Brasil.
16. Caso Yatama vs Nicaragua.
17. Caso Castañeda Gutman Vs Mexico.
18. Opinión consultiva 8/87. El habeas corpus bajo suspensión de garantías.
19. Opinión consultiva 9/87. Garantías judiciales en estados de emergencia.
20. Medios de comunicación y su jurisprudencia.
a) Doctrina de la “Real Malicia”.
b) Fallo “Campillay, Julio C. c/La Razón y otros”.
c) Caso “Patitó c. LA NACION”.
Concepto moderno de los medios de comunicación y su jurisprudencia.
Aspecto que ha preocupado a la doctrina: armonizar el derecho del honor y la libertad de expresión que gozan todas las
personas, especialmente los periodistas y los medios de comunicación. Se constata una búsqueda de encontrar una
solución justa al caso concreto.
La doctrina de la real malicia según se comprende de acuerdo con el análisis del leading case “New York Times”,
resueltos por la Corte Suprema de Estados Unidos, denota el inicio y corrección de un camino donde la prensa brinda un
servicio insoslayable para la democracia, pero interactuando en su justo medio con la honra de las personas privadas.
Similar orden de ideas conllevó a que nuestro Máximo Tribunal adoptara la doctrina “Campillay”.
No obstante la aplicación de las reglas de la real malicia, sin una adecuada adaptación, puede llevar a consecuencias
indeseadas: verbigracia, a la desprotección de la intimidad de las personas ajenas a las funciones públicas.
Por otra parte, no cabe olvidar que los medios de comunicación en muchas ocasiones han adquirido enormes porciones
de poder.
Doctrina de la “Real Malicia”.
Esta doctrina tiene su origen en el famosísimo caso “New York Times vs. Sulivan”, sentencia dictada por la Corte Federal
de EEUU en 1960. Sulivan, comisionado del Estado de Alabama encargado de la policía local, se sintió agraviado a raíz de
una solicitada que se publicó en el diario New York Times. En dicha solicitada - si bien no se lo nombraba a Sulivan - se
refería a que la policía de ese condado había reprimido a un grupo de estudiantes de raza negra que se manifestaban en
las escaleras de la Universidad reclamando por sus derechos. Al ser él el Jefe de la policía, entendió que esa mención a la
represión (que según él no existió) resultaba agraviante a su persona. Al llegar el caso a decisión de la Corte Suprema
estadounidense, argumentó que, en cualquier caso, e independientemente de si un periódico puede sobrevivir o no a
una sucesión de tales condenas, el manto de temor y timidez impuesto sobre aquellos que habrían de dar voz a la crítica
pública es una atmósfera en la cual las libertades de la primera enmienda (consagra la prohibición al Congreso de
restringir las libertades de expresión y de prensa, redacción que adoptó nuestro art. 32 de la CN) no pueden sobrevivir.
este caso que sólo si la afirmación -falsa- fue hecha de parte del Editor o periodista con dolo (conocimiento) o
La ley estatal en cuestión no alcanzaba a legitimarse sólo con permitir la defensa de la verdad. Por ello se determinó en
desconsideración temeraria, da lugar a la reparación. En nuestro derecho civil, la mera culpa bastaría pero en este caso
puntual no se aplicaría. Es así entonces que el estándar de la real malicia deja fuera toda posibilidad de indemnización
por responsabilidad objetiva, es decir, responsabilidad sin consideración de elementos subjetivos (dolo y culpa civiles).
En síntesis: el daño al honor de los funcionarios o personajes públicos debe ser soportado para salvaguardar el derecho
futuro de otros a la libertad de expresión. Así lo prevé esta doctrina que sumo la CSJN.
Caso “Patitó c. LA NACION”.
Miembros del Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial de la Nación entablaron demanda contra el diario La Nación por
publicar artículos y una nota editorial que analizaron sus intervenciones en distintos procedimientos judiciales. El Juez
de Primera Instancia declaró procedente la pretensión resarcitoria, decisión confirmada por la Sala H de la Cámara
Nacional en lo Civil. El procurador general de la Nación, Esteban Righi, hizo especial hincapié en que una adecuada
resolución al conflicto entre derecho al honor y la libertad de prensa amerita el análisis de las circunstancias especiales.
No se torna posible proyectar reglas abstractas. Irrumpe en escena principalmente el derecho a la construcción de la
propia identidad sin lesiones al honor, el derecho a publicar, expresarse e informar por medio de la prensa, y al
desarrollo de temas concernientes al manejo de la República. Las opiniones, críticas y pensamientos referidos a
cuestiones públicas no se tornan materia de restricción atendiendo al régimen democrático adoptado y,
simultáneamente, no admiten acreditación de su veracidad o equívoco. No deben describir situaciones fácticas.
La doctrina de la real malicia opera sobre el campo de los hechos. Sin embargo, el distingo apuntado no resulta fácil de
discernir en materia jurisprudencial. El método más legítimo radica en determinar si es posible detectar la veracidad o
falsedad. Si el supuesto es afirmativo, nos situamos ante un hecho; de lo contrario, se torna una opinión. El procurador
estima que la noticia publicada hacía referencia a hechos.
La real malicia implica apartarse de las reglas ordinarias de la responsabilidad si ellas “pueden perjudicar el margen del
ejercicio futuro de la libertad de prensa”. La regla asentada en el leading case “New York Times” implicó brindar una
tutela amplia a la libertad de prensa, aunque se conculcase el honor de algún ciudadano en particular.
Como el artículo que motivó el litigio hacía referencia a cuestiones de hecho, los Tribunales de Primera y Segunda
Instancia debieron aplicar la doctrina de la real malicia. Entendió que el demandado no había acreditado acabadamente
tal factor de atribución subjetiva. Aconsejó revocar la sentencia apelada.
La mayoría integrada por los magistrados Lorenzetti, Fayt, Zaffaroni y Argibay concordó con la opinión del procurador
general. Se resaltó el elevado grado de protección que goza la libertad de prensa, teniendo en cuenta que sin ella se
vaciaría de contenido a la democracia.
Se aclaró que la distinción entre hechos y juicios de valor que recogió el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el
caso “Ligens” no se aplica directamente al ordenamiento jurídico nacional, en atención a que el derecho austríaco, que
motivó la intervención del citado organismo supranacional, recurría a la prueba de la verdad(17). Fenómeno similar
ocurría en el caso “New York Times”, como hemos destacado. La decisión de la CSJN estableció, en primer término, que
“no corresponde que este Tribunal examine los artículos de investigación escritos por el periodista Urien Berri, en tanto
éste fue eximido de toda responsabilidad —en virtud de que los jueces de la causa consideraron que el profesional se
había limitado a cumplir con su tarea escribiendo información con cita de la fuente (doctrina C.184 y 189.XX "Campillay).
Lo que es materia de discusión y prueba, si de real malicia se trata, es el conocimiento que el periodista o medio
periodístico tuvo (o debió tener) de esa falsedad o posible falsedad. Esta es la primer e importante diferencia. La
segunda y no menos importante particularidad radica en que el específico contenido del factor subjetivo al que alude el
concepto de real malicia —conocimiento de la falsedad o indiferencia negligente sobre la posible falsedad— no cabe
darlo por cierto mediante una presunción, sino que debe ser materia de prueba por parte de quien entable la demanda
contra el periodista o medio periodístico.
El artículo de la Nación involucra cuestiones de hecho. Al no haber preservado la identidad de los afectados, no se aplica
la doctrina del fallo “Campillay”(22). Sin embargo, cabe aplicar la doctrina de la real malicia(23), al tratarse de la
transparencia que requiere el sistema republicano.
Las opiniones que también recoge el artículo de la Nación no pueden ser calificadas de verdaderas o falsas. Tal orden de
ideas permite descartar la aplicación de la teoría de la real malicia(24) y recurrir al criterio del interés público imperativo.
Este último debe justificar que se restrinja de alguna medida el derecho de información por algún motivo de vital
importancia.(25)
El pronunciamiento del doctor Petracchi se caracterizó por su remisión a votos anteriores, coincidiendo con la decisión
de la mayoría. Distingue entre hechos a los cuales debe aplicarse la doctrina de la real malicia si son funcionarios
públicos(26), y las opiniones; estas últimas deben ser cuidadosamente analizadas si emplean calificativos injuriantes.(27)
Finalmente, el magistrado Maqueda coincidió en la revocación de la sentencia emitida por el Tribunal de Alzada. Se
caracteriza por aceptar que se cumplió con los requisitos de la doctrina “Campillay” porque en la noticia publicada no se
individualizó concretamente a qué miembro del Cuerpo de Médico Forense se hacía referencia.(28)
Se caracterizó por remarcar la mayor posibilidad de los funcionarios y personas públicas a acceder a los medios de
prensa y la sujeción voluntaria a las críticas periodísticas.
Fallo “Campillay, Julio C. c/La Razón y otros”, de fecha 15/5/1986, publicado en Fallos Corte: 308:789.
La pretensión resarcitoria obedeció a la circunstancia de la publicación de una nota periodística en los matutinos La
Razón, Crónica y Diario Popular, donde se involucró a una persona erróneamente con un acontecimiento de índole
policíaco. Consistía en la perpetración de diversos delitos de los que resultó sobreseído definitivamente en sede penal.
El juez de primera instancia estimó cumplidos los requisitos de la responsabilidad civil, declarando procedente la acción
indemnizatoria. Decisión que fue compartida por la Sala E de la Cámara Nacional en lo Civil.
El procurador general, Juan O. Gauna, aconsejó confirmar la decisión recurrida por recurso de queja en atención a que la
solución arribada resulta una conclusión razonable de las probanzas acreditadas y la aplicación del derecho vigente.
La mayoría integrada por los magistrados Belluscio, Petracchi y Bacqué adoptó el mismo temperamento.
Se debió determinar qué recaudos se tornaban necesarios cumplir a fin de evitar responsabilidad por la transcripción de
un comunicado, en este caso particular, de la Policía Federal.(30)
Entendieron que la libertad de prensa hace a la esencia de un régimen democrático. Abarca “la libertad de buscar,
recibir y difundir información e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en
forma impresa o artística o por cualquier otro procedimiento de su elección”, en terminología del artículo 13, inciso 1),
de la Convención Americana de Derechos Humanos.(31)
Sin embargo, no obstante gozar de tan amplia protección, el ejercicio del derecho de informar no puede otorgar un bill
de indemnidad o una licencia para irrogar daño. Los medios de prensa deben desenvolverse en la más absoluta libertad
sin que ello denote una absoluta impunidad.(32)
A fin de evitar que opere el derecho de daños, se enunciaron tres criterios alternativos, cuyo uso se ha tornado
frecuente en la jurisprudencia nacional:
1. Propalar la información atribuyendo directamente su contenido a la fuente pertinente.
2. Empleo del tiempo verbal potencial.
3. Dejar asentada la reserva de la identidad de los implicados en el hecho ilícito(33). Comportamientos contrarios
denotan un ejercicio imprudente de su derecho de informar.
La mayoría reprochó que, si bien los demandados individualizaron la fuente, el comunicado de la Policía Federal, dieron
por ciertos los hechos, no recurriendo al uso de un tiempo verbal condicional.(34)
Cabe destacar que se hace referencia a factores de atribución subjetivo común(35). Todavía la regla de la real malicia no
había sido receptada con todas sus implicancias en la jurisprudencia del más Alto Tribunal de la República.(36)
También debe indicarse que ciertas afirmaciones de la mayoría se explican en atención a su circunstancia histórica,
verbigracia, la aplicación en hipótesis excepcionales del derecho de réplica.(37)
El juez Caballero disintió propiciando la revocación de la sentencia dictada en la instancia previa.
Ponderó la jerarquía que existe entre el derecho a la honra, el individual de expresión del pensamiento y el de la
comunidad a recibir información y formarse sus propias convicciones.(38)
Los medios de prensa se tornan objeto de tutela constitucional pero no disfrutan de impunidad. En otras palabras: “En el
sistema argentino la prensa no goza de impunidad, sino de seguridad por la función que desempeña y los riesgos a que
está expuesta. De ahí surge como principio, la responsabilidad que tiene la prensa por los daños que hubiera causado
mediante abuso o la represión penal de los sujetos que hubieran cometido delitos por su intermedio”.(39)
Estimó que la publicación de un comunicado oficial de la Policía Federal refleja el ejercicio de un derecho de
información, más aún cuando la legitimidad de la fuente conlleva a que se interprete su contenido como confiable en
cuanto a la veracidad objetiva(40). Además, se eliminaron calificativos injuriantes que contenía aquel.
Las limitaciones que puedan aplicarse a los medios de prensa deben surgir por la ley, aunque admite la remisión a
pautas legales. Ni el periódico ni el periodista responden cuando la calidad de la fuente los exonera de indagar la
veracidad de los hechos, y la crónica se reduce a la simple reproducción de la noticia, proporcionada para su difusión por
la autoridad pública competente.(41)
Igualmente, se inclinó por la disidencia el magistrado Fayt, quien llegara a convertirse en el decano de los miembros del
Tribunal Cimero.
Compartió sustancialmente el orden de ideas expuesto por su colega, el doctor Caballero. Es dable resaltar que destaca
notablemente la exoneración de responsabilidad de los medios de comunicación, la verificación o comprobación de las
noticias emanadas de órganos del poder público(42). Este proceder constituye un derecho regular, eliminando de
escena la figura del abuso del derecho.(43)
Como nota peculiar, se advierte su tesitura de la aplicación operativa del derecho de réplica en el derecho argentino.(44)
¿Qué significan las tres reglas que emergen del fallo ponderado? A criterio de Pizarro, uno de los juristas que con más
afán se dedicó a estudiar la responsabilidad de los medios de prensa, significa consagrar causales de justificación que
enervan el factor de la antijuridicidad(45). En la actualidad, atendiendo a la sanción del CCyCo., otros preferirían hablar
de un daño justificado.
Sin perjuicio de ver involucradas múltiples cuestiones, nos limitamos a resaltar que:
1. Se ha recogido el fair report privilege del derecho anglosajón: la reproducción íntegra y fiel de los actos públicos
conlleva la eximición de cualquier tipo de responsabilidad, siempre que se trate de asuntos de interés público. Se tiende
a evitar debilitar la información que necesita toda comunidad que aspire a vivir en democracia impidiendo que el
periodista se convierta en un censor de la noticia.
2.- El onus probandi de las reglas de eximición de responsabilidad que surgen del caso “Campillay” recae sobre quien lo
invoca.
Por último, ¿qué debe aplicarse primero, la doctrina del fallo “Campillay” o el instituto de la real malicia?
Indudablemente, cabe ponderar el primero, dado que opera en el presupuesto de la antijuricidad; el segundo consagra
un factor de atribución subjetivo agravado.