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Trabajo de Literatura El Romancero Pag 249 - 2601919

El documento presenta una colección de romances que narran historias de amor, traición y desdicha en el contexto de la historia española, destacando la pérdida de Alhama y la figura del rey moro. A través de personajes como doña Alda, el Cid y Abenámar, se exploran temas de honor, destino y la lucha entre cristianos y moros. Cada romance refleja la cultura y las tradiciones de la época, utilizando un lenguaje poético y emotivo.

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Trabajo de Literatura El Romancero Pag 249 - 2601919

El documento presenta una colección de romances que narran historias de amor, traición y desdicha en el contexto de la historia española, destacando la pérdida de Alhama y la figura del rey moro. A través de personajes como doña Alda, el Cid y Abenámar, se exploran temas de honor, destino y la lucha entre cristianos y moros. Cada romance refleja la cultura y las tradiciones de la época, utilizando un lenguaje poético y emotivo.

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El

Romancero
Romance del rey moro Habéis de saber, amigos,
que perdió Alhama una nueva desdichada:
que cristianos de braveza
ya nos han ganado Alhama.
Paseábase el rey moro ¡Ay de mi Alhama!
por la ciudad de Granada Allí habló un Alfaquí
desde la puerta de Elvira de barba crecida y cana:
hasta la de Vivarrambla. ¡Bien se te emplea, buen rey!
¡Ay de mi Alhama! ¡Buen Rey, bien se te empleara!
Cartas le fueron venidas ¡Ay de mi Alhama!
que Alhama era ganada: Mataste los Bencerrajes,
las cartas echó en el fuego que eran la flor de Granada;
y al mensajero matara. cogiste los tomadizos
¡Ay de mi Alhama! de Córdoba la nombrada.
Descabalga de una mula, ¡Ay de mi Alhama!
y en un caballo cabalga; Por eso mereces, rey,
por el Zacatín arriba una pena muy doblada;
subido se había al Alhambra. que te pierdas tú y el reino,
¡Ay de mi Alhama! y aquí se pierda Granada.
Como en el Alhambra estuvo, ¡Ay de mi Alhama!
al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas, Romance del prisionero
sus añafiles de plata.
¡Ay de mi Alhama!
Y que las cajas de Guerra Que por mayo era, por mayo,
apriesa toquen al arma, cuando hace el calor,
porque lo oigan sus moros, cuando los trigos encañan
los de la Vega y Granada. y están los campos en flor,
¡Ay de mi Alhama! cuando canta la calandria
Los moros que el son oyeron y responde el ruiseñor,
que al sangriento Marte llama, cuando los enamorados
uno a uno y dos a dos van a servir al amor;
juntado se ha gran batalla. sino yo, triste, cuitado,
¡Ay de mi Alhama! que vivo en esta prisión;
Allí habló un moro viejo, que ni sé cuándo es de día
de esta manera hablara: ni cuándo las noches son,
¿Para qué nos llamas, rey, sino por una avecilla
para qué es esta llamada? que me cantaba el albor.
¡Ay de mi Alhama! Matómela un ballestero;
dele Dios mal galardón.
Romance de doña Alda y aquel monte es la iglesia
donde os han de velar.
En París está doña Alda, —Si así es, mi camarera,
la esposa de don Roldán. bien te lo entiendo pagar.
trescientas damas con ella Otro día de mañana
para la acompañar: cartas de fuera le traen;
todas visten un vestido, tintas venían de dentro,
todas calzan un calzar, de fuera escritas con sangre,
todas comen a una mesa, que su Roldán era muerto
todas comían de un pan, en la caza de Roncesvalles.
si no era sola doña Alda
que era la mayoral; Romance de la Jura de Santa
las ciento hilaban oro, Gadea
las ciento tejen cendal,
las ciento instrumentos tañen En Santa Gadea de Burgos
para doña Alda holgar. do juran los hijosdalgo,
Al son de los instrumentos allí toma juramento
doña Alda adormido se ha, el Cid al rey castellano,
ensoñado había un sueño, sobre un cerrojo de hierro
un sueño de gran pesar. y una ballesta de palo.
Recordó despavorida Las juras eran tan recias
y con un pavor muy grande, que al buen rey ponen espanto.
los gritos daba tan grandes —Villanos te maten, rey,
que se oían en la ciudad. villanos, que no hidalgos;
Allí hablaron sus doncellas, abarcas traigan calzadas,
bien oiréis lo que dirán: que no zapatos con lazo;
—¿Qué es aquesto, mi señora? traigan capas aguaderas,
¿quién es el que os hizo mal? no capuces ni tabardos;
—Un sueño soñé, doncellas, con camisones de estopa,
que me ha dado gran pesar: no de holanda ni labrados;
que me veía en un monte cabalguen en sendas burras,
en un desierto lugar; que no en mulas ni en caballos,
bajo los montes muy altos las riendas traigan de cuerda,
un azor vide volar; no de cueros fogueados;
tras dél viene una aguililla mátente por las aradas,
que lo afincaba muy mal. no en camino ni en poblado;
El azor, con grande cuita, con cuchillos cachicuernos,
metióse so mi brial, no con puñales dorados;
el aguililla, con grande ira, sáquente el corazón vivo,
de allí lo iba a sacar; por el derecho costado,
con las uñas lo despluma, si no dices la verdad
con el pico lo deshace. de lo que te es preguntado:
Allí habló su camarera, si tú fuiste o consentiste
bien oiréis lo que dirá: en la muerte de tu hermano.
—Aquese sueño, señora, Las juras eran tan Fuertes
bien os lo entiendo soltar: que el rey no las ha otorgado.
el azor es vuestro esposo Allí habló un caballero
que viene de allende el mar, de los suyos más privado:
el águila sedes vos, —Haced la jura, buen rey,
con la cual ha de casar, no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor, Romance de Fonte Frida
ni Papa descomulgado.
Jura entonces el buen rey Fonte frida, fonte frida
que en tal nunca se ha hallado. fonte frida y con amor,
Después habla contra el Cid do todas las avecicas
malamente y enojado: van tomar consolación,
—Mucho me aprietas, Rodrigo, sino es la tortolica,
Cid, muy mal me has conjurado, que está viuda y con dolor.
mas si hoy me tomas la jura, Por ahí fuera a pasar
después besarás mi mano. el traidor del ruiseñor;
—Aqueso será, buen rey, las palabras que le dice
como fuer galardonado, llenas son de traición:
porque allá en cualquier tierra «Si tú quisieses, señora,
dan sueldo a los hijosdalgo. yo sería tu servidor.»
—¡Vete de mis tierras, Cid, «Vete de ahí, enemigo,
mal caballero probado, malo, falso, engañador,
y no me entres más en ellas, que ni poso en ramo verde
desde este día en un año! ni en ramo que tenga flor,
—Que me place —dijo el Cid—. que si el agua hallo clara
que me place de buen grado, turbia la bebiera yo;
por ser la primera cosa que no quiero haber marido
que mandas en tu reinado. porque hijos no haya, no;
Tú me destierras por uno no quiero placer con ellos
yo me destierro por cuatro. ni menos consolación.
Ya se partía el buen Cid ¡Déjame triste, enemigo,
sin al rey besar la mano; malo, falso, mal traidor;
ya se parte de sus tierras, que no quiero ser tu amiga
de Vivar y sus palacios: ni casar contigo, no!»
las puertas deja cerradas,
los alamudes echados, Romance de Fernán González
las cadenas deja llenas
de podencos y de galgos; Buen conde Fernán González,
solo lleva sus halcones, el rey envía por vos,
los pollos y los mudados. que vayades a las cortes
Con él iban los trescientos que se hacen en León,
caballeros hijosdalgo; que si vos allá vais, conde,
los unos iban a mula daros han buen galardón:
y los otros a caballo; daros han a Palenzuela
todos llevan lanza en puño, y a Palencia la mayor,
con el hierro acicalado, daros han las nueve villas,
y llevan sendas adargas con ellas a Carrión;
con borlas de colorado. daros han a Torquemada,
Por una ribera arriba la torre de Mormojón;
al Cid van acompañando; buen conde, si allá no ides,
acompañándolo iban daros hían por traidor.
mientras él iba cazando. Allí respondiera el conde
y dijera esta razón:
—Mensajero eres, amigo;
no mereces culpa, no;
que yo no he miedo al rey,
ni a cuantos con él son; los otros los Alixares,
villas y castillos tengo, labrados a maravilla.
todos a mi mandar son: El moro que los labraba
de ellos me dejó mi padre, cien doblas ganaba al día,
de ellos me ganara yo; y el día que no los labra,
las que me dejó el mi padre
otras tantas se perdía.
poblélas de ricos hombres,
El otro es Generalife,
las que me ganara yo
poblélas de labradores; huerta que par no tenía;
quien no tenía más que un buey, el otro Torres Bermejas,
dábale otro, que eran dos; castillo de gran valía.
al que casaba su hija Allí habló el rey don Juan,
doile yo muy rico don; bien oiréis lo que decía:
cada día que amanece —Si tú quisieses, Granada,
por mí hacen oración, contigo me casaría;
no la hacían por el rey, daréte en arras y dote
que no lo merece, no, a Córdoba y a Sevilla.
él les puso muchos pechos —Casada soy, rey don Juan,
y quitáraselos yo. casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
Romance de Abenámar muy grande bien me quería.

¡Abenámar, Abenámar, Romance de la Infantina


moro de la morería,
el día que tú naciste A cazar va el caballero,
grandes señales había! a cazar como solía,
Estaba la mar en calma, los perros lleva cansados,
la luna estaba crecida, el halcón perdido había;
moro que en tal signo nace arrimárase a un roble,
no debe decir mentira. alto es a maravilla,
Allí respondiera el moro, en una rama más alta,
bien oiréis lo que diría: vido estar una infantina,
—Yo te lo diré, señor, cabellos de su cabeza
aunque me cueste la vida, todo el roble cubrían.
porque soy hijo de un moro —No te espantes, caballero,
y una cristiana cautiva; ni tengas tamaña grima.
siendo yo niño y muchacho Fija soy yo del buen rey
mi madre me lo decía y de la reina de Castilla,
que mentira no dijese, siete fadas me fadaron
que era grande villanía: en brazos de una ama mía,
por tanto, pregunta, rey, que andase los siete años sola
que la verdad te diría. en esta montiña.
—Yo te agradezco, Abenámar, Hoy se cumplían los siete años,
aquesa tu cortesía. o mañana en aquel día;
¿Qué castillos son aquéllos? por Dios te ruego, caballero,
¡Altos son y relucían! llévesme en tu compañía,
—El Alhambra era, señor, si quisieres, por mujer,
si no, sea por amiga.
y la otra la mezquita,
—Esperáisme vos, señora,
hasta mañana, aquel día, Romance de Rosafresca
iré yo tomar consejo
de una madre que tenía. Rosafresca, Rosafresca,
La niña le respondiera tan garrida y con amor,
y estas palabras decía: cuando yo os tuve en mis brazos
—¡Oh, mal haya el caballero
no vos supe servir, no,
que sola deja la niña!
y ahora que os serviría
Él se va a tomar consejo,
y ella queda en la montiña. no vos puedo haber, no.
Aconsejóle su madre —Vuestra fue la culpa, amigo,
que la tomase por amiga. vuestra fue, que mía no:
Cuando volvió el caballero enviásteme una carta
no la hallara en la montiña: con un vuestro servidor
vídola que la llevaban y en lugar de recaudar
con muy gran caballería. él dijera otra razón:
El caballero, desque la vido, que érades casado, amigo,
en el suelo se caía; allá en tierra de León,
desque en sí hubo tornado, que tenéis mujer hermosa
estas palabras decía:
y hijos como una flor.
—Caballero que tal pierde,
muy grande pena merecía: —Quien vos lo dijo, señora,
yo mismo seré el alcalde, no vos dijo verdad, no,
yo me seré la justicia: que yo nunca entré en Castilla
que me corten pies y manos ni allá en tierras de León,
y me arrastren por la villa. sino cuando era pequeño
que no sabía de amor.

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