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TEMA 2 AL ÁNDALUS 24-25 JUAN JOSÉ CORTÉS ARNALDOS

IRRUPCIÓN ISLÁMICA EN HISPANIA

La irrupción islámica en la Hispania visigoda tuvo lugar en un contexto de crisis interna.


Tras la muerte del rey Vitiza en 710, estalló una guerra civil entre sus partidarios y el
nuevo rey, Don Rodrigo. Aprovechando esta situación, en 711 tropas musulmanas bajo
el mando de Tariq desembarcaron en la península. Rodrigo fue derrotado en la batalla
de Guadalete, donde murió. Todo apunta a que la familia de Vitiza, el godo de Ceuta y
otros nobles facilitaron la entrada de los omeyas para destronar a Rodrigo, explicando
así la poca resistencia inicial y el interés de ciertos nobles por pactar y mantener así sus
privilegios. La ocupación de Hispania no fue planificada, sino que resultó del éxito de
expediciones previas en busca de botín. Tras la batalla de Guadalete se sistematizó la
acción gracias a la riqueza de las tierras peninsulares (minas, bosques y posibles
tributos). Las expediciones de Tariq, Muza y Abdelaziz lograron la conquista de gran parte
de la Península hasta 716 por medio de pactos con la aristocracia, que mantuvo
propiedades y gobiernos locales responsables de impuestos y orden.

La conquista de la península avanzó fácilmente, debido a factores como el descontento


de la población con las élites visigodas y la política de tolerancia religiosa de los
musulmanes hacia judíos y cristianos. Muchos núcleos de población se rindieron
mediante la institución islámica de la dhimma, que permitía a las comunidades
conquistadas conservar sus leyes y autoridades locales siempre que pagaran un
tributo, reflejado en el Pacto de Teodomiro de 713. Este sistema permitió que la
aristocracia conservara sus tierras y gestionara la recaudación de impuestos. La
conquista, que finalizó antes del 716, supuso una rápida transformación de la
sociedad. Surgieron los muladíes (hispanovisigodos/cristianos convertidos al islam),
mientras que los mozárabes (cristianos no convertidos) continuaron practicando el
cristianismo. Las familias judías mediterraneas impulsaron el comercio y se inició un
proceso de arabización que cambió la estructura social y cultural de la peninsula.

VALIATO (O EMIRATO DEPENDIENTE)

Al-Ándalus era una provincia dentro del imperio musulmán dirigida por los califas de la
familia de los Omeyas desde Damasco. Estaba gobernada por un Emir que dependía en
lo político y religioso del califa de Damasco. En un principio Sevilla fue la capital y
después pasó a Córdoba. En este período destacan las luchas internas en las que se
enfrentan las distintas tribus árabes por controlar el gobierno, a la vez que enfrentan
árabes con beréberes, por la discriminación que estos últimos sufrieron en el reparto de
territorios conquistados. El asentamiento de la nueva población se realizó siguiendo
ciertas vías de comunicación. Los beréberes, el grupo más numeroso de los
conquistadores, se instalaron principalmente a lo largo de la Ruta de la Plata, extremo
occidental de la cordillera Bética y serranía de Ronda, donde las condiciones físicas y
climáticas eran más parecidas a las de su entorno de procedencia en el norte de África, y
en parte de la región levantina. También ocuparon la región central, con la excepción de
Toledo, y los territorios más al norte que se corresponderían con Castilla.
Los distintos grupos tribales árabes se instalaron en la Andalucía suroccidental, desde
Málaga al Alemtejo portugués; Andalucía oriental, Murcia y la Marca Superior (Valle del
Ebro). Paralelamente se produjo el asesinato de la familia Omeya en Damasco, que fue
sustituida por los Abasidas que gobernaron desde Bagdad. El único superviviente
Omeya, Abderramán I, huyó a través de África y llegó a Al-Ándalus, donde se hizo con el
poder aprovechando las divisiones internas.
EMIRATO DEPENDIENTE (756-929)

Abderraman I (756-788) se proclamó emir (políticamente) independiente


(religiosamente seguía bajo el califa de Bagdad), iniciando una época de esplendor.
Realizó una importante política de construcciones. Reedificó la muralla de Córdoba,
construyó un nuevo alcázar y algunas almunias (haciendas rurales) de recreo para él y su
familia, intervino en el urbanismo de la ciudad y construyó una nueva mezquita aljama
(principal).

El nuevo emirato independiente se caracterizó por que el poder absoluto de base militar
del emir, el cual nombraba y destituía a funcionarios, era juez supremo y general de los
ejércitos. El emirato tenia una organización centralizada aunque en las provincias
fronterizas (conocidas como marcas: Mérida, Toledo y Zaragoza), los gobernadores o
valíes tenían atribuciones militares y mostraban tendencia a independizarse. Se
impusieron fuertes impuestos para sostener al estado, que al principio solo afectaban a
judíos y mozárabes, pero luego también a los muladíes. Se creó un ejército
permanente para controlar las fronteras, comandado por árabes e integrado por
mercenarios bereberes y esclavos eslavos, algunos de los cuales ocuparon altos cargos.

La centralización provocó sublevaciones, como la Jornada del Foso de Toledo


(Al Hakam I) en 797. En Córdoba, muladíes y mozárabes se rebelaron por motivos
fiscales y religiosos respectivamente. Abderramán II, además, fundó Murcia en 825 y
fortaleció el poder con un estilo de gobierno ceremonial y artístico de inspiración oriental.

CALIFATO DE CÓRDOBA (929 -1031)

Periodo de mayor esplendor de Al-Ándalus. Abderramán III (912-961) comenzó como


emir, y en 929 se autoproclamó califa, rompiendo con Bagdad para consolidar la
dinastía Omeya y frenar el avance del califato Fatimí en el norte de África. A pesar de
una derrota en Simancas en 939, su supremacía sobre los cristianos del norte se
mantuvo a través de campañas militares y relaciones diplomáticas, trasladando además la
capital a Medina Azahara.

Al-Hakam II (961-976) consolidó la paz interna y fortaleció la defensa en el Estrecho


para mantener lazos con el norte de África, fortaleciendo las defensas e incorporando
tribus bereberes al ejército. Los cristianos reconocieron la supremacía cordobesa,
aunque él respondió a sus avances construyendo la fortaleza de Gormaz.

Hicham II (976-1013), accedió al trono siendo menor de edad, lo que generó


inestabilidad. Sin embargo, su madre Subh y el funcionario Almanzor asumieron el
poder como regentes, siendo Almanzor quien, desde 981 y hasta su muerte en 1002,
gobernó efectivamente Al-Ándalus, liderando exitosas campañas contra los cristianos y
manteniendo la estabilidad del Califato.

Medina Azahara: ciudad palatina (= residencia del jefe de Estado) que mandó edificar en el siglo X el primer califa de
Córdoba, Abderramán III, a unos 8 km a las afueras de Córdoba en dirección noroeste, a los pies de Sierra Morena.
DESINTEGRACIÓN CALIFAL: LOS REINOS DE TAIFAS

Tras el final del reinado de Hisham II, a comienzos del S. XI, Al-Ándalus entró en crisis
debido a luchas internas por el poder y a una crisis dinástica que fragmentó el Califato
de Córdoba. El territorio se dividió en pequeñas unidades independientes llamadas
taifas, destacando entre ellas las de Toledo, Sevilla, Zaragoza y Badajoz. Estas taifas
eran gobernadas por reyes (maliks) que no tenían poder religioso y se apoyaban en un
sistema de funcionarios y en ejércitos, en los que frecuentemente había mercenarios
cristianos.

La debilidad de estos reinos permitió a los monarcas cristianos imponerles parias


(tributos) a cambio de protección, lo que aumentó la carga fiscal en las taifas y generó un
creciente descontento entre la población. Esta situación de fragilidad facilitó
posteriormente la intervención de los almorávides, quienes llegaron a la península para
imponer su autoridad.

ALMORÁVIDES Y ALMOHADES: DE SAGRAJAS A LAS NAVAS DE TOLOSA

Entre los S. XI y XIII, los almorávides (1086-1143) y después los almohades (1146-
1212) lideraron reformas desde el Magreb hacia Al-Ándalus, centralizando el poder y
fomentando la cultura.

Los almorávides llegaron en 1086 para ayudar a las taifas frente al avance cristiano,
especialmente tras la caída de Toledo en manos de Alfonso VI (1085). En la batalla de
Sagrajas (1086), derrotaron al ejército castellano-leonés, frenando la expansión
cristiana. Al ver la debilidad de las taifas, decidieron controlarlas militarmente, logrando
grandes victorias contra los cristianos. Sin embargo, su dominio comenzó a debilitarse
tras la pérdida de Zaragoza (1118) y la revuelta de Córdoba (1121), generándose así las
"segundas taifas".

El movimiento almohade (1146-1212) fue liderado por Ibn Tumart, quien se proclamó
mahdi (guía religioso del islam) y promovió una reforma religiosa que combatía tanto a
los musulmanes desviados como a los cristianos. Los almohades conquistaron Al-Ándalus
en 1151, aunque enfrentaron resistencia en zonas como Murcia, gobernada por Ibn
Mardanis ("Rey Lobo"), que dominó el sudeste peninsular. Tras su muerte en 1172,
Murcia fue entregada a los almohades.

Aunque los almohades vencieron en la batalla de Alarcos (1195), esta ventaja terminó con
su derrota en las Navas de Tolosa (1212) ante los reyes cristianos, lo que marcó el
declive definitivo de su poder. Las divisiones internas facilitaron el surgimiento de
nuevas taifas (terceras taifas) que negociaron apoyos con los cristianos. Aunque hubo
intentos de reunificación, Al-Ándalus quedó finalmente reducido al reino de Granada a
causa de los problemas internos (avance cristiano).
EL REINO DE GRANADA (1248-1492)

Aunque fue perdiendo territorios en beneficio de Castilla, el reino de Granada logró


consolidarse y mantenerse hasta que en el S. XV fue conquistado. En el S. XIII, el reino
se consolidó gracias a la llegada de población mudéjar (español que vive en Al-Ándalus)
proveniente de Castilla y Aragón, y a su política de negociación con Aragón, Castilla y los
benimerines del norte de África. Durante el gobierno de Muhammad III (1306), Granada
conquistó Ceuta, y con Muhammad IV (1325-1333), Gibraltar.

El periodo más destacado fue el de Muhammad V (1354-1391), que se alió con Pedro I
en la guerra civil castellana contra Enrique II de Trastámara. La relación con Castilla
fluctuó entre períodos de victorias militares y otros en los que Granada aceptó el
vasallaje castellano y el pago de parias. Aunque la Banda Morisca mantuvo la frontera
relativamente estable, el territorio de Granada retrocedió desde mediados del S. XIV.

Las luchas internas fueron frecuentes, y en estos conflictos las mujeres de la familia real
tuvieron una destacada participación en política y diplomacia. Un ejemplo es la sultana
Fátima (1260-1349), madre de Ismail I y regente de Muhammad IV y Yusuf I (1333-1354),
quien jugó un papel fundamental en el mantenimiento de su linaje.

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